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Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Incluso si no hubiese vivido Isaac Emmanuilovich Babel, Odessa sería lo que es. No quiero creer que algún misil, Tochka o Kalibr, haya caído sobre el Parque de la Ciudad, ese al que se entra por la Preobrazhenskaya y se sale por la Gavannaya, oasis de buenos restaurantes y bancos de plaza que trasladan a un lejano tiempo de arte, de elegancia incluso en la pobreza, de exotismo portuario. De ese mar que se abre al universo antiguo, a bajeles de Heródoto escriba, a mitos de la gran guerra de los mundos. Paso horas allí. A veces de nueve crepúsculo a dos noche. Faroles mortecinos, mesas y sillas arrumbadas en rincones de la floresta urbana. Algún gato, tal vez París apache sin salvajes, del 900; posiblemente Viena. Aire de ayer, no de anteayer, porque una cosa implica melancolía y la otra decrepitud.

Hay un café ruso en Leverkusen sobre la Stefan-Zweig-Straße. Contaba Paul Avrich acerca de la explosión simultánea de bombas en un café de Varsovia y en otro de Odessa. Los límites de este mundo a ratos se hacen difusos, son de hecho ubicuos. Uno cree estar en Austria-Hungría y está en una republiqueta soviética. Dicen que aquel espíritu de multiculturalidad, a ratos no pacífica, se escondió de la modernidad en ciudades ucranianas: Lviv, de paredes de chocolate rosa; por supuesto en Odessa, hasta en las estribaciones del Cárpato en Uzhzhorod, para pasar de allí a la concreta Hungría, también de colores en pastel tentador; Debrecen, por ejemplo.

Me decía Daniela Billus, mientras la luna llovía, del largo avatar de los pueblos de allí. En su caso familiar, desde la boscosa Lituania hasta el Danubio de Budapest. Fronteras como cicatrices que se borran con crema; otras cicatrices que no tienen cura y son como nervudas serpientes recordatorias. El búho grita en el bosque, muge el bisonte, crueles ejércitos arrebatan vida unos a otros. Estoy sentado en un banco del parque citadino en el puerto de Odessa y vuela en el aire un encantamiento de Merlín con nombres eslavos. Hechizo de quédate inmóvil, montaña. Banderas y cañones que cuando tocan la ciudad le producen carcajadas. Un enorme hoyo de obús no quitará la mística bandolera de la Moldavanka, ni cien años de soviet han logrado acallar el recuerdo rebelde. Los zares rojos, y el mico actual, han sido con mucho peores que cualquier rey. Cuando se ordena a nombre de la bondad, se mata a nombre de la miseria, se roba mencionando la indigencia, vamos por mal camino, que de cadáveres está llena la carretera de la dicen que revolución. Todo para mí y un retazo para ustedes y a idolatrar al dios sol.

Estoy sentado en aquel banco y cavilo. No por los muslos de blanca tez y suavidad de terciopelo. Pienso en lo leído, intento imaginar las páginas como seres concretos, el pincel de Pan Apolek, las naos griegas cargadas de hoplitas remando en un mar sin fondo. Sorbo un moscatel helado. Escucho hablar en lenguas sin creer que este es paraíso de iluminados. Miro el rostro del atamán, Diosdado Zenobio, y aunque no huela sangre veo torbellinos de ella en agudo cuchicheo de sables. La muerte habla con la muerte, goza de sus métodos y se embrutece o sofistica de acuerdo a la ocasión. Yo estoy, tercera vez que lo digo, sentado en el parque. Ya no hay comida disponible, los comideros están cerrados. Sé de la pobreza pero nadie me molesta en mi modorra. No he visto mendigos, que los hay, no dudo.

Stefan Zweig hubiera amado esta ciudad, buena para su nostalgia, suave para su bonhomía. No gusto mucho del mar, más bien montañés, pero el mar Negro es otra cosa, no es agua sino mito. Costas que escucho golpear por olas mientras camino. Lucecitas en distancia, luciérnagas o el último brillo de los guerreros griegos. O lidios, o tracios, o lacedemonios. Tengo el prurito del pasado, la enfermedad del recuerdo, ha picado mi piel la mosca que nunca olvida, la que no duerme y musita tristes canciones del taarab.

Eludo el ascensor, subo por las escaleras hasta el mirador del hotel. No es Odessa ciudad alta. Veo los bulbos de dios aquí y acullá. Tampoco hay tanto automóvil; chirrían los frenos del tranvía. En media calle se detiene, cargado de pasajeros, amarillo y rojo de colores, y el conductor corre al centro de la calle, agarra una barreta de hierro, y manualmente hace el cambio de vías en populosa encrucijada. Deja la palanca en el mismo lugar, se apresura, salta y arranca su carromato con agudísimo sonido de í, las íes mecánicas. Cuando voy en él, o en los largos omnibuses con acordeón al medio, contemplo las calles, las hierbas que crecen insurrectas porque la ciudad no debe tener dinero para educarlas. Me gusta ese aire travieso, desafiante, parecido al de Benia Krik.

Para mí cuatro años pero parece que crecí en las baldosas que brillan al anochecer. Mis pies van sin rumbo o con dirección con naturalidad. Me dicen en el bar de strip tease que van a asaltarme y sonrío. Águila del tiempo que vuela entre los lados del espejo. Si me aburro de la sábana limpia de mi lecho abriré la ventana y me pongo al vuelo, al cañaveral del delta, a los todavía bailes gitanos en piso movedizo entretejido de plantas. Música de violines.

Despierto; otra mañana. Desayuno muy bien en la terraza. Pido a la babushka que entra a limpiar si puede lavarme la ropa. Me la entrega aromática, doblada al cuchillo, por simples monedas. A la vuelta de “casa” hay un lugar tártaro de comida. Siempre elijo con el dedo porque no tengo idea qué es. Me lo envuelven en papel madera, lo pongo en el bolsillo de la chamarra y enfilo hacia otro parque para comer al lado de la fría estatua del poeta Iván Frankó. Otra vez me pongo somnoliento. Ebrio está, dirán los transeúntes, ebrio de no poder aprehenderlo todo.

Saludo al portero. Tomo el ascensor esta vez. Me ducho, desnudo miro a las putas debajo del farol de la esquina en el lado derecho. Observo al dueño del restaurante chino enfrente cerrar su cortina. De a poco se apacigua el ruido. Nunca he fumado, pero supongo que para un fumador sería buen momento de encender uno. Abro el pequeño refrigerador. Hay una botella de cocktail. Le digo salud a la noche y siento el frescor del alcohol de frutas bajar por la garganta. Mejor dormir. Soñar no, porque paso el día soñando.

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[Imagen: Odessa, Parque de la Ciudad – fuente: lecoqenfer.blogspot.com]

Arnold_Bocklin_3Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Vine de tomar un café con mi hija Emily en Dazbog, café ruso con un gran cartel: No a la guerra en Ucrania. Luego a casa. Iba a quitarme los zapatos pero decidí leer algo de Zweig en la terraza. Comenzaba cuando llegó mi vecino, escritor de la radio pública, jubilado, que enseñó en Harvard, que vio el 86, en Harvard, a un viejito de bastón del brazo de una hermosa joven cabello azul. Lo vio pasar. Alguien salió de una de las oficinas y preguntó: ¿lo viste? Era Borges.

De ahí me pidió esperar un momento, él vive en la casa separada de atrás, solo. Sale temprano con su maletín de cuero y lo veo caminando apresurado siempre. Volvió con su laptop, y leyó, en inglés, un poema de Borges. Un par de veces secó lágrimas. Perdón por lo emocional. Lo había leído por primera vez en Creta, junto a un relato. Habló de Homero, del mapa del Laberinto, de Odiseo, Palas Atenea, de la sangre en las manos. De Circe y las negras naos de Troya. Derivamos hacia un tema que nunca dejará de causarme asombro, la Ilíada y los libros alrededor de ella. Telamón y Tideo, padres de los héroes Ayax y Diómedes. Salónica, ciudad donde no se puede dormir, tan viva está. Rembétika, el subsuelo y Esmirna. Istanbul, puertas que invitan a ser abiertas y que al cerrarse terminan la historia. Otra lágrima cuando Borges menciona Northtumberland.

Vuelve a Creta. Desciende de griegos sin hablar la lengua. Está ante la tumba de Kazantzakis, lo llevan a la parte posterior. Unas líneas del escritor que dicen que no espera nada, que no teme a nada. La Carta al GrecoCristo redivivoZorba, Anthony Quinn y Theodorakis. Pasa otro vecino, embrutecido por el reefer, dando tumbos. Agarra el monopatín eléctrico y desaparece. Vuelve con paquete de cerveza, choca contra las paredes, rebuzna y desaparece.

Seguimos. Menciono a Schwob. Oyó de él sin leerlo. Del libro que tengo conmigo, todavía en la poesía, confiesa que ama a Joseph Brodsky. Osip Mandelstam, el hombre que escribía sabiendo que era su sentencia de muerte mientras otros hacían garabatos. Hablamos de Pasternak, un poco de Pilniak y Ajmátova. Por supuesto de Babel y de Odessa, la belleza del decaimiento.

El clima cambia, de un calor impresionante pasamos a un espléndido aire de lluvia. Le cuento que el clima de Cochabamba es parecido al de San Diego, sin el mar. California, San Francisco. Big Sur y Henry Miller. Comento que escribí ayer sobre mi largo abandono de la literatura norteamericana. De Marilyn sugiere que el único que lloró en serio fue Di Maggio, que era sentimental aunque tonto. Un amague burlón a los hermanitos Kennedy. Arthur Miller.

Pregunta sobre Buenos Aires. Le hablo de los bancos de madera del antiguo metropolitano, de mis tardes sentado en Miserere, del ajetreo prohibido de Constitución. Emma ZunzEl Sur, cuchilleros que se desembarazan de la mano herida. En Borges, el facón tiene mítica de espada escandinava. Recuerdo a Kipling y la saga de Thorfinn Karlsefni. Le agradezco la conversación, no suelo hacerlo. Yo tampoco. Eremitas somos y debiésemos escondernos en el Monte Athos, o en aquel monasterio en medio del Sinaí, un pequeño ojo en el infierno, donde el aroma de pan recién horneado es tan antiguo como las pirámides.

Mika Waltari, Sinuhé el Egipcio. Qué agradable conversar sobre las obsesiones, la cábala de los nombres, el hechizo de los tiempos, la construcción de la forma.

Borges amaba a Yeats. De Yeats leí poemas y leyendas irlandesas. Derivamos al pintor Arnold Böcklin, ni sé por qué, relacionado con el autor argentino. Resalta la Isla de los muertos y yo su autorretrato con la muerte. Han pasado dos horas. El hombre ha llorado por Borges. Mis ojos murieron en la sequía pero no el espíritu. Nos levantamos. Agarro mi libro, mis dos libros que ni abrí, y él cierra el ordenador. Se va por el pasillo lateral, el que tiene flores azules. A sentarse en su silla mesa solas. Ando en lo mismo. Oigo al vecino lanzar coces arriba, mugen las gentes que atraviesan la calle, faunos y langostas saltan y sobrevuelan encima de la carroña. Tipos manejan a gran velocidad, la baba les explota en las mejillas. Mejor me encierro, digo, que este Jardín de las Delicias me es conocido ya y hoy no quiero condescender con molinos y molinas de aspas giratorias. Dejad a los asnos su imperio que acá no entra nadie. Que copulen y paran bestias enanas que han de crecer, ya qué más da para los lustros restantes. Inmensa pena de dejar a los queridos en este fango. Pasa otro desnudo aullando, tiene patas de cabra y cola de cerdo. Escribe Mandelstam: “Y un coro enmudecido de pájaros nocturnos/Atraviesa el silencio”.

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[Imagen: Arnold Böcklin/Autorretrato – fuente: lecoqenfer.blogspot.com]

La prestigieuse collection de Gallimard publie ce jeudi 12 mai les tomes III et IV des œuvres de l’écrivain juif praguois. Entièrement retraduits sous la direction du germaniste Jean-Pierre Lefebvre, ses textes non romanesques montrent la défiance du romancier, pourtant bilingue, vis-à-vis de la langue de Goethe.

S’il écrivait en allemand, Franz Kafka, né à Prague dans une famille juive, parlait également le tchèque et le yiddish.

La nouvelle traduction française des journaux et lettres de Franz Kafka dans la Bibliothèque de la Pléiade est l’occasion de rétablir la langue d’un auteur pas toujours sûr de son allemand, mais qui vise juste. La collection de prestige des éditions Gallimard publie jeudi 12 mai les tomes III et IV des œuvres de l’écrivain juif praguois (1883-1924), ses textes non romanesques.

Tout a été retraduit de A à Z, réparti entre sept collaborateurs. L’histoire de la réception de Kafka en français, c’est celle d’un précurseur, l’écrivain Alexandre Vialatte, qui le découvre en 1924 avec Die Verwandlung (La Métamorphose).

Vialatte sera le traducteur attitré de Kafka pour Gallimard, longtemps intouchable. Ses traductions furent reprises dans les premières versions des Pléiade, entre 1976 et 1989, de ce romancier qui a marqué la littérature du XXe siècle par ses ambiances, ses intrigues, son style étrange, angoissant. Ces traductions, parfois fautives, étaient corrigées dans des notes de fin de volume.

«Tout refaire»

«Le bilan de Vialatte est simple : c’était un écrivain doué, parfaitement lisible, mais qui s’affranchissait un peu du texte original, voire beaucoup. Donc il fallait tout refaire», explique à l’AFP le germaniste Jean-Pierre Lefebvre, qui a coordonné ces nouvelles Pléiade.

Ce travail titanesque avait donné deux premiers tomes en 2018 (Nouvelles et récits et Romans). Il livre aujourd’hui des œuvres aussi essentielles de Kafka que la Lettre au père ou les correspondances avec les deux femmes qui l’ont marqué, Felice Bauer et Milena Pollak. 

Jean-Pierre Lefebvre, agrégé d’allemand et normalien qui a aussi beaucoup traduit Stefan Zweig ou Sigmund Freud, prévient en préface : « Nous, lecteurs francophones, nous faisons une idée pas toujours exacte de la langue kafkaïenne. Elle est en effet beaucoup plus directe que celle de Vialatte.»

«Cette sobriété lexicale s’observe surtout chez les locuteurs d’une langue apprise et moins instinctive, soucieux de ne pas risquer les erreurs de conjugaison ou les défauts de pertinence», écrit-il.

Kafka était bilingue. Dans sa jeunesse, on parlait beaucoup tchèque à la maison. Il avait étudié et travaillait (chez un assureur) en allemand. Par ailleurs, il apprit le yiddish – et certains passages de la Pléiade maintiennent l’alphabet hébreu. Efficace dans des contextes professionnels, son allemand, dans la littérature, se méfie du risque.

«Un allemand beaucoup plus simple»

«On a fait des recherches pointues, et constaté qu’il avait un allemand beaucoup plus simple, avec moins de vocabulaire, de variations que chez d’autres écrivains qui ne reculaient pas devant la répétition, alors que les éditeurs peuvent recommander des variations, au contraire», explique Jean-Pierre Lefebvre à l’AFP. Exemple : une traductrice avait écrit initialement «J’étais mal fagoté». La Pléiade retient : «J’étais mal habillé.»

«Mal fagoté, c’est parlant, mais ça ne correspond pas à Kafka. Il garde toujours cette prudence. En allemand, il y a des tournures un peu périlleuses, les régimes d’un certain nombre de prépositions qui sont complexes, une syntaxe qui permet de construire des phrases comme de vraies énigmes, résolues tout à la fin par un verbe… Lui, il évite», détaille le traducteur.

Autre exemple : la fréquence étonnante d’un adverbe peu élégant, «allerdings», littéralement «en tout état de cause»«Ce terme a un spectre assez large qui justifie des traductions différentes en français, selon le contexte. Mais il vaut mieux en limiter le nombre, selon Jean-Pierre Lefebvre. C’est une langue prodigieuse, avec des moyens simples».

L’un des textes les plus aboutis de Kafka, qui l’illustre le mieux, est la Lettre au père, jamais lue par le père en question, et sauvée miraculeusement par l’exécuteur testamentaire Max Brod, qui envisagea de la faire disparaître tant elle était virulente.

À cet homme autoritaire, Kafka lance: «Ce sentiment souvent prédominant chez moi de n’être rien (un sentiment qui peut aussi être par ailleurs noble et fructueux) est dû pour beaucoup à ton influence. J’aurais eu besoin d’un peu de stimulation, d’un peu d’amabilité, qu’on me fraie un peu mon chemin au lieu de me le barrer comme tu l’as fait.»

 

[Photo : PVDE / Bridgeman Images – source : http://www.lefigaro.fr]

Au cœur de La stupeur, dernier roman écrit par Aharon Appelfeld (mort en 2018), il y a Iréna. C’est une jeune femme qui fuit son village, son mari brutal, et veut, animée d’une foi nouvelle, échapper à l’effroi et à la honte. En même temps que ce roman, est réédité L’héritage nu, une série de trois conférences données aux États-Unis ; Valérie Zenatti a pris appui sur le manuscrit original en hébreu pour enrichir cette version. Frédéric Worms éclaire en philosophe l’œuvre du romancier israélien.

La stupeur, d'Aharon Appelfeld : le livre d'après

Aharon Appelfeld © Patrice Normand

Écrit par Norbert Czarny

Aharon Appelfeld, La stupeur. Trad. de l’hébreu par Valérie Zenatti. L’Olivier, 256 p., 22 €

L’héritage nu. Trad. de l’anglais par Michel Gribinski. Postface de Frédéric Worms. L’Olivier, coll. « Les feux », 120 p., 10,90 €

Tout commence par le moment du réveil. Iréna éprouve un sentiment de soulagement. Elle n’a pas eu à subir la brutalité d’Anton, son mari. Il est sorti travailler, elle est seule. Mais ce qu’elle voit de sa fenêtre est plus que pénible, effrayant : les Katz, ses voisins, sont alignés devant l’épicerie familiale. Ilitch, un vieux gendarme, les surveille. Il respecte « les ordres ». Lesquels viennent des Allemands, « des êtres responsables et cultivés ». Au bout de quelques jours, le couple et ses deux filles auront creusé une fosse avant d’être exécutés. On est en Ukraine, vers 1942.

Le narrateur du roman d’Aharon Appelfeld ne donne pas de dates. Il cite deux noms de villes, Kimpolung (aujourd’hui Câmpulung Moldovenesc) et Czernowitz, la seconde servant fréquemment de cadre aux romans de l’auteur. Deux lieux, simples décors pour rappeler une époque, l’avant-guerre, quand la capitale de la Bucovine se rêvait en petite Vienne et lisait Zweig. Maintenant, c’est un autre temps, et Iréna accomplit un autre parcours dans la campagne, à travers les forêts, au bord de la rivière Pruth qui fait la frontière avec la Roumanie, ou d’auberge en auberge. C’est là que, dans bien des romans européens, on se rencontre, on parle et on raconte.

Des retours en arrière font connaître cette jeune femme craintive, soumise à son mari. Des maux de tête la protègent de ses pressions, plus proches du viol que de la tendresse amoureuse. Ils n’ont pas d’enfant, il le lui reproche. Le seul lien auquel tient la jeune femme l’unit à sa tante Yanka, qui vit isolée dans la montagne. Iréna fuira chez elle, d’abord, et comprendra pourquoi cette tante a pris ses distances.

Iréna s’en veut d’avoir laissé Ilitch assassiner les Katz. Pourtant, elle entretenait avec eux, et avec Adéla en particulier, des rapports teintés de méfiance et d’envie : Adéla a son âge, elle est depuis toujours la bonne élève. Ses parents lui paient des études d’infirmière. Iréna a travaillé chez les Katz et n’a pu tout à fait échapper à ce que ses parents colportaient sur les Juifs. Les clichés antisémites habituels. Mais, quand elle a vu les villageois du coin piller l’épicerie et la maison, fouiller dans le jardin pour trouver une caisse remplie d’or, elle a éprouvé de la honte, s’est sentie coupable de ce qu’elle avait pu fugitivement éprouver. L’errance qui constitue l’essentiel du roman est la quête d’une réparation et d’une rédemption. Iréna, qui n’a pas appris à prier et ne connaît l’Histoire sainte qu’à travers quelques images naïves, sent que la souffrance de Jésus reste présente. À des paysans qui l’insultent, elle répond : « Jésus était juif. Son père et sa mère étaient juifs. Les Juifs assassinés sont la chair de notre chair. »

La stupeur, d'Aharon Appelfeld : le livre d'après

Les lieux qu’elle traverse prennent une autre dimension : la rivière Pruth ressemble au Jourdain ; une représentation de saint Jean-Baptiste, dans une église, lui rappelle que l’eau purifie. Les Carpates et la Galilée se confondent. Parfois, Iréna reçoit des pierres, est traitée de sorcière. Souvent des femmes l’approchent, disent leur effroi ou leur douleur devant le crime commis, et la jeune errante les rassure et les réconforte. Elle incarne un message et, jusqu’au bout, elle marche et parle.

L’œuvre d’Appelfeld est riche en portraits de femmes. De Tsili, la fillette qui fuit dans les forêts, à Mariana, la prostituée qui cache un jeune garçon dans La chambre de Mariana, en passant par les « femmes distinguées » et fragiles qui ne voient pas venir la catastrophe, toutes impressionnent, émeuvent, bouleversent. On ajoutera à cette galerie la mère de l’écrivain, dont il évoque le mysticisme et l’hypersensibilité dans Mon père et ma mère. Elle fréquentait les monastères, pleurait en écoutant Bach. Iréna et sa tante Yanka lui ressemblent. Mais tout fait écho chez le romancier israélien. Frédéric Worms, dans sa postface à L’héritage nu, montre comment l’écrivain a eu besoin de s’éloigner, par l’écriture de Tsili, de son expérience personnelle, pour y revenir dans Histoire d’une vie et dans ses romans.

Si Iréna est la présence qui domine dans La stupeur, ce terme de stupeur s’applique d’abord à Blanka Katz, sœur cadette d’Adéla. Elle souffre d’un retard, elle ne parle guère et fait l’objet de moqueries, d’insultes et autres humiliations. Sa mère la tient à l’écart. Elle aide à l’épicerie, sans contact avec la clientèle. Son « idiotie », au sens où, par exemple, Benjy l’incarne dans Le bruit et la fureur, joue comme révélateur de la vraie bêtise : celle liée à l’ignorance, à cet antisémitisme au quotidien qui sévissait dans la Hongrie que décrit Edith Bruck dans Le pain perdu, dans la Pologne rurale ou ailleurs en Europe centrale.

La stupeur, d'Aharon Appelfeld : le livre d'après

Mais Blanka est aussi la « porte-parole » d’Appelfeld. Il était « le garçon qui ne voulait pas dormir », il était aussi l’enfant mutique et presque sauvage qui traverse ses romans. Et un autre personnage se tait dans La stupeur. C’est Katz, l’épicier qui a eu le typhus. Il n’est pas que taciturne ; il n’écoute pas Iréna quand elle lui conseille de faire fuir ses filles du village vers la forêt. Le silence d’Appelfeld, on le retrouve dans ses phrases, dans leur économie stricte, dans ce qu’elles taisent plus qu’elles ne disent. Oh non, pas ce « style » qui consiste à utiliser le présent et un parler qui se croit moderne, non, une précision que trois adjectifs permettent de cerner. Ainsi des parents d’Iréna, « charnus, méfiants et amers », ou du silence, « estival, épais, étal ». Jamais de point d’exclamation, un minimum d’« expression ».

Comme dans les contes, comme chez Kafka dont Appelfeld était un grand lecteur, tout peut s’incarner en un mot et se déployer. La forêt, le chemin, la rivière, existent. Les auberges sont des havres, des refuges, et l’on y dit sa peur, on s’y confie, comme le fait la prostituée mélancolique qui a aimé Max, un homme respectueux, différent de tous les autres. Entre les femmes qui peuplent ce beau roman, il n’y a pas de hiérarchie, pas de différence. Toutes à leur manière sauvent ce qui reste d’humanité.

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

Adán y Eva encuentran el cuerpo de Abel, por William Blake. destierro exilio

Adán y Eva encuentran el cuerpo de Abel, por William Blake

Publicado por Andrea Calamari

Es el exilio, tal vez, el peor de los viajes posibles. El exiliado se desplaza porque no le quedan alternativas y se ve obligado a alejarse de su tierra. Durante siglos, la palabra exilio no tuvo independencia con respecto a la palabra destierro.

Caín. El Señor ve muerto a Abel.

—¡Qué has hecho! Desde la tierra, la sangre de tu hermano reclama justicia. Por eso, ahora quedarás bajo la maldición de la tierra, la cual ha abierto sus fauces para recibir la sangre de tu hermano, que tú has derramado. Cuando la cultives, no te dará sus frutos, y en el mundo serás un fugitivo errante.

—Este castigo es más de lo que puedo soportar —le dijo Caín al Señor—. Hoy me condenas al destierro, y nunca más podré estar en tu presencia. Andaré por el mundo errante como un fugitivo, y cualquiera que me encuentre me matará.

Primera imagen: el destierro como castigo divino.

Edipo. El rey de Tebas, se arrancó los ojos para no ver lo inevitable: es el asesino de su padre y se casó con su madre. Se ha convertido en un miserable que sufre de atimia: la ignominia, una condición moral y levemente jurídica para aquellos que han sido excluidos de la comunidad.

Edipo rey sabe que es culpable y no cae en el facilismo de alegar desconocimiento, deja Tebas y se autodestierra en Colono como un mendigo solo, ciego, errante.

Segunda imagen: el destierro como castigo autoimpuesto.

Ovidio. El poeta escribe una obra inconveniente para las leyes de Roma, tal vez ha visto algo que no debía, lo cierto es que recibe una comunicación oficial: el emperador Augusto lo condena a vivir lejos de Roma. Ovidio no está deportado, está relegado. «A nadie se le asignó nunca un lugar más alejado o más horrible», se lamentaba el poeta que debió rebajarse a usar pantalones para no morir de frío en una ciudad oscura, bárbara, sin cultura. El edicto imperial no explicita el proceso, solo la sentencia.

Tercera imagen: el destierro como castigo legal.

Los hijos de Israel. Dios le prometió a Abraham la tierra sobre la que está recostado. Será para él y después para su descendencia: su hijo Isaac y su nieto Jacob. Jacob fue renombrado Israel: el que pelea junto a Dios. Los hijos de Israel se han dispersado fuera de su reino y vagan por el mundo. Uno de ellos se llama Judá y sus descendientes, judíos. Desde entonces, a ese abandono forzado de la tierra propia se le llama diáspora.

Cuarta imagen: el destierro por motivos religiosos.

Dante. En el Purgatorio, Dante (el personaje) se encuentra con otros florentinos e intercambian ideas sobre el Estado y la patria. Hace un par de años que Dante (el poeta) vive en el exilio. Fue desterrado de Florencia por interponerse con los intereses del papa de Roma. Cuando se concede una amnistía, la condición para otorgarla es que los desterrados acepten ser tratados como delincuentes en una ceremonia religiosa. El poeta nunca regresó.

Quinta imagen: el destierro por motivos políticos.

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El desterrado pierde hogar, libertad, patria, ancestros y, cuando muere, no tiene ni el derecho de ocupar el sepulcro familiar. Se convierte en extranjero.

Hay ocasiones en las que no se exilia solo una persona sino toda una generación. Stefan Zweig, hijo de su tiempo y de su Europa, fue también símbolo de una generación que vivió sin retorno. Nada de lo anterior quedó.

Entre 1940 y 1941, cuando Europa parecía pertenecer irreversiblemente a un lunático, se refugió en América del Norte primero y en América del Sur después. Durante esos dos años escribió un relato de viaje, no el previsible que se hace en los lugares de destino sino uno sobre el punto de partida.

No es esta la crónica de un viaje en el espacio, es un viaje en el tiempo. Stefan Zweig, vienés, judío, escritor, está en el exilio y se siente cercado en la extensión del mundo. Por eso viaja al pasado y escribe El mundo de ayer.

El mundo de ayer era libre, sensible, vasto.

El mundo actual es cerrado, oscuro, bárbaro.

El mundo de ayer era Viena, metonimia de Europa, antes de 1914.

El mundo actual es todo lo que Viena no es.

Stefan Zweig está con su segunda esposa: Lotte Altmann. Nadie los persigue, tienen visado permanente, una dirección fija. Y sin embargo no es suficiente. El 22 de febrero de 1942 deciden morir.

Los encuentran, abrazados, sobre su cama en la ciudad brasileña de Petrópolis; los restos del veneno muy cerca, las cartas de explicación sobre la mesa, el manuscrito de El mundo de ayer enviado el día anterior hacia Estocolmo.

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Stefan Zweig y Lotte Altmann. DP destierro exilio

Stefan Zweig y Lotte Altmann

En los relatos de viaje, narrador y viajero son uno solo y el centro gravita alrededor de su experiencia con el lugar y los habitantes del punto de destino. Lo que hace diferente al libro El mundo de ayer es su cualidad de artefacto único: desde los confines, el narrador viaja en el tiempo a su lugar de origen.

Hasta entonces, Stefan Zweig, nunca había sentido la necesidad de escribir sobre sí: «Jamás le atribuí tanta importancia a mi propia persona». Se crió en un entorno seguro, sólido, previsible. El mundo tal como se le presentaba estaba dado, sin sobresaltos, sin preguntas. Así empieza su relato:

Si busco una fórmula práctica para definir la época de antes de la Primera Guerra Mundial, la época en que crecí y me crie, confío en haber encontrado la más concisa al decir que fue la edad de oro de la seguridad.

Sabe que es más fácil reconstruir los hechos concretos de una época que su atmósfera anímica. Para eso no tiene otras herramientas que sus propios recuerdos porque escribe desde el extranjero, eterno lugar de paso para él. No lleva consigo sus libros ni sus anotaciones, no hay cartas viejas ni actuales, no llegan los periódicos, las revistas, el correo. Está aislado. En su casa de Salzburgo dejó una colección. Hay que imaginar lo que eso significa para una persona como Stefan Zweig, un acumulador fino y ordenado de pequeños tesoros de la cultura universal: manuscritos literarios, partituras originales, una hoja del cuaderno de Leonardo, las órdenes militares de Napoleón, los garabatos de Mozart Brahms, los muebles que usó Beethoven. Una colección armada durante años de pronto debe ser guardada en cajas, escondida de los saqueadores hasta un regreso improbable.

Debió dejar su casa, primero la de Salzburgo, después la de Londres y otra vez la de la campiña inglesa. Ya no tiene pasaporte, ahora es un refugiado. ¿Qué pasa cuando uno no sabe a dónde ir? Junta lo que se tiene, cada vez menos, y vuelve a salir.

Es un apátrida, nada lo liga a ningún lugar porque el mundo desde donde viene ya no existe. No hay dónde volver y solo resta ir hacia adelante, pero ¿dónde queda adelante en un mundo fatalmente circular?

Para hacer su crónica, lejos de sus fetiches de coleccionista y escritor, debe apelar a su memoria, una narradora implacable que no se rige por el azar o la improvisación: ordena y elimina a sabiendas. El texto encontrado en su habitación está escrito en tinta violeta, tachado, corregido, cubierto de anotaciones. También están las versiones mecanografiadas por Lotte, esposa y secretaria.

Todo sale de su memoria pero él no es el protagonista de su libro, el protagonista es el tiempo pasado: «La época pone las imágenes, yo me limito a acompañar con palabras». Como si estuviera presentando una conferencia ilustrada con diapositivas, Zweig nos muestra el mundo en el que vivió hasta que Europa se sacudió como un volcán y con la erupción arrojó a gran parte de sus hijos. Algunos quedaron sepultados allí mismo, otros, por el mundo.

Se crio en Viena, la ciudad cosmopolita de las artes, la ciencia y los salones literarios a la que tuvo que abandonar «como un criminal antes de que la degradaran a una ciudad provincial alemana». Europa estaba viviendo la era de la razón y nada hacía suponer que terminara.

Zweig recuerda aquel mundo, viaja en el tiempo y se encuentra con el espíritu de época que lo rodeaba: seguridad, progreso, libertad y solidez. Pero claro, ya lo habían dicho Engels Marx: todo lo sólido se desvanece en el aire y, en el caso de la Europa que sobrevino, lo sólido estalló con la contundencia de las bombas y los tanques.

Zweig recuerda Viena y dice «vivir aquí era maravilloso». Aunque está en Brasil no dice allá, dice aquí. Los trenes atraviesan todo el territorio, las líneas telefónicas llevan las voces de un lado a otro, hombres y mujeres se desplazan en autos y en bicicletas, los tiempos se aceleran, hay un zepelín surcando el cielo europeo y las fronteras devienen absurdas. ¡Qué provincianos son los controles aduaneros! La fraternidad humana se está haciendo realidad.

Europa nunca fue más rica, ni más bella, ni más libre, ni más fuerte. Lo que esa generación no sabía, dice Stefan Zweig, es que todo aquello que los alegraba se estaba convirtiendo en un peligro: los hombres y los Estados se pueden enfermar de confianza y poder. No había motivos para la primera gran guerra y sin embargo se desató. Todo lo que siguió fue el siglo XX, trágico, desmesurado.

Stefan Zweig no alcanza a recordar cuándo ni cómo oyó por primera vez el nombre de Hitler, ese nombre que se volvió ubicuo. Su memoria lo lleva a Salzburgo, su hogar por aquellos años veinte, y a los comentarios cada vez más frecuentes sobre un agitador que instigaba contra la república y los judíos. Cada vez tenía más seguidores: «Crecientes pelotones de muchachitos con botas altas y camisas pardas». Algo de la escenografía le recuerda lo visto en Italia hace un tiempo, anticipa lo que verá en España. El ascenso de Hitler fue imparable y empezaron las persecuciones.

Hambrientos, andrajosos, trastornados; con ellos había empezado la fuga a causa del miedo pánico ante lo inhumano, que luego se extendería por toda la Tierra. Cuando miraba a esos expulsados, sin embargo, yo todavía no intuía que sus pálidos rostros preanunciaban mi propio destino.

En pocas semanas Stefan Zweig tuvo que despojarse de la fe en la humanidad que había desarrollado a lo largo de cincuenta años. El tiempo que vivió su muerte fue como desterrado.

***

Stefan Zweig pertenecía a un grupo que no era tal. Se trataba de millones de personas que huían de la muerte buscando refugio en algún lugar, cualquier lugar, donde los aceptaran. Millones de judíos europeos no fueron desterrados por un castigo divino o uno autoimpuesto, tampoco por una sentencia legal, no fueron expulsados por motivos políticos ni por razones religiosas. No había culpa, razón ni sentido.

Los expulsaban de sus tierras y no les daban ninguna otra. Les decían «no vivan con nosotros», pero no les decían dónde vivir. Y con ojos ardientes se miraban entre sí durante la fuga, preguntando: «Por qué yo? ¿Por qué tú? ¿Por qué yo contigo, a quien no conozco, cuyo idioma no comprendo, cuyo modo de pensar no entiendo, al que nada me liga? ¿Por qué todos nosotros? Y nadie tenía una respuesta.

 

[Fuente: http://www.jotdown.es]

Escrit per Joan Safont Plume

Al costat de les llargues cròniques dels corresponsals de Roma, Londres, París i Nova York –Miguel MoyaAugusto Assía, Bartomeu Calderón Fonte i Francisco Lucientes, respectivament–, un petit requadre al marge dret sobre un gran anunci del Diccionario Hispánico Manual que es podia comprar a la Casa del Libro –l’antiga Catalònia rebatejada després de 1939– o a terminis. El 25 de febrer de 1942, La Vanguardia feia saber als seus lectors, amb la transcripció d’una nota d’agència d’EFE des de Rio de Janeiro que tres dies abans l’escriptor Stefan Zweig s’havia suïcidat a la ciutat de Petrópolis, acompanyat de la seva dona, Lotte. Com aclaria la nota, Zweig, “cèlebre novel·lista i biògraf austríac”, era “de raça jueva i tenia seixanta anys”. A la tercera pàgina es podia llegir que Zweig havia deixat una nota adreçada al president del PEN Club del Brasil, Claudio Souza, en què li expressava que es llevava la vida davant l’espectacle d’una Europa –”la meva pàtria espiritual”– destruïda moralment i materialment per molt de temps. I hi afegia més causes: estava cansat de dur una vida nòmada i se sentia exhaust per a construir una nova existència a la seixantena.

La mort d’un dels escriptors més populars de l’Europa d’entreguerres, que havia estat una presència constant a la premsa catalana dels anys vint i trenta, per les seves famoses biografies o per les novel·les i contes adaptats al cinema, potser no era gaire oportuna en un any 1942 en què semblava que el domini nazifeixista d’Europa era total. Aquell dia, Roosevelt apel·lava als seus conciutadans a fer tots els esforços possibles per a guanyar la guerra, al París ocupat els diaris sortien cada vegada més prims i a Roma s’acusava Churchill d’estar totalment venut a Stalin, que en realitat no s’acabaven de posar d’acord sobre com derrotar els nazis. Lluny de Barcelona, a l’exili, la revista Ressorgiment, editada a Buenos Aires, dedicava un fragment dels Diàlegs de Plató en el qual Sòcrates parla del suïcidi, a la memòria de Stefan Zweig. Poca memòria per a un escriptor que, segons la revista Mirador, havia pogut llegir, amb l’ajuda d’un diccionari, el pròleg a la primera traducció de la seva obra al català –Amok (seguit de Vint-i-quatre hores en la vida d’una dona), publicada per Proa en traducció d’Ernest Martínez Ferrando–, gràcies a les nocions de català que havia après de Jaume Brossa.

L’escriptor Stefan Zweig i la seva esposa Lotte

Unes memòries que van recuperar un escriptor oblidat

Aquell breu que el 25 de febrer mereixia al diari barceloní la memòria d’un escriptor que fins l’any 1939 havia omplert pàgines i pàgines del rotatiu –l’última referència és de pocs dies abans de l’entrada dels franquistes a Barcelona– també aclaria que l’escriptor, que acabava de publicar Brasil, pàtria de futur, deixava almenys tres texts inèdits: una biografia de Garibaldi, una de Balzac i la seva autobiografia. De fet, es pot dir que, passada la recuperació de la dècada dels cinquanta, fins a la celebrada recuperació per part de Jaume Vallcorba d’El món d’ahir. Memòries d’un europeu, nostrades per Joan Fontcuberta, la figura de Zweig a casa nostra havia romàs en l’oblit, com més autors considerats passats de moda i que l’enyorat editor de Quaderns Crema es va entossudir a reivindicar. El ressò de les memòries va permetre de recuperar alguns dels seus títols més famosos –Carta d’una desconeguda, la referida Vint-i-quatre hores en la vida d’una dona, Novel·la d’escacs...– i bona part de les seves biografies: Fouché, Erasme, Montaigne, a més de Moments estel·lars de la humanitat.

Al tombant del mil·lenni, el fenomen Zweig va sintonitzar amb les temences d’una societat sotragada plenament per les crisis. El 2001, el mateix any que es publicaven les memòries de Zweig en català, els esbirros de Bin Laden feien caure les Torres Bessones i el món entrava en una espiral de violència gairebé apocalíptica. L’europeisme de l’escriptor austríac, a més, sintonitzava amb les esperances d’una Unió Europea que, malgrat tot, encara no havia perdut part del prestigi de què s’anà desprenent a còpia de burocràcia, estatisme i decadència. El difunt Zweig i les seves magistrals memòries es convertien en un llibre tan atractiu com narcotitzant, sobretot si anava aparellat de la dolçor de la nostàlgia austro-hongaresa que es desprenia de la seva lectura, i contra la qual ja ens va alertar el professor Antoni Martí Monterde a El món de 1914, publicat per Edicions de la Ela Geminada, on parlava de la complexitat d’un pacifista amb clarobscurs durant la Primera Guerra Mundial. Ho tornà a fer a Stefan Zweig i els suïcidis d’Europa, publicat per Lleonard Muntaner (guanyador del premi Crítica Serra d’Or).

Zweig i la glòria catalana

Fos com fos, els darrers deu anys Zweig ha tingut la glòria catalana que no va tenir quan es va suïcidar a Petrópolis, ara fa vuitanta anys. L’any passat, Quaderns Crema –que continua defensat un dels seus autors fetitxe– va publicar per primera vegada els seus Dietaris, traduïts per Tiana Puig i Soler, i algunes altres editorials s’afanyaven a recuperar-ne uns altres textos. Així, per exemple, mentre Ela Geminada traduïa els volums de contes El canelobre enterrat i Petita crònica –a càrrec de Carme Gala i Marc Jiménez Buzzi–; la col·lecció Petits Plaers de Viena Edicions publicava L’amor d’Erika Ewald, en traducció de Clara Formosa; i Univers portava a les llibreries els escrits del viatger Zweig, a Viatges, i els assaigs Missatges d’un món oblidat, a cura d’Oriol Gil Sanchis.

De fet, la fortuna de Zweig en català té, fins i tot, una notabilíssima obra teatral escrita pel dramaturg Toni CabréZweig, la fugida impossible (Edicions de la Font del Cargol), en què, tot i partir de l’enlluernament causat per la lectura de les memòries, s’allunya de la temptació de fer vida de sant, per descobrir-nos un personatge apassionant: l’escriptor derrotat en tota la seva complexitat humana, política, literària, amorosa i mental, fins a la tràgica mort, però amb un cert missatge d’esperança. L’esperança que, sens dubte, d’alguna manera cal mantenir vuitanta anys després del suïcidi de l’escriptor i humanista, quan els tambors de guerra tornen a ressonar a Europa.

[Font: http://www.vilaweb.cat]

DESPUES DE 80 ANYOS DE SU MUERTE, STEFAN ZWEIG (1881 – 1942)

Prezentado por Süzet FRANSEZ

“TODOS LOS PUENTES ENTRE EL OY, EL AYER I EL ANTIYER ESTAN ROTOS”

Aze 80 anyos en febrero, ke el otor el mas popular de Evropa, se suisido en Petropolis, una sivdad breziliana. Zweig nasio en una famiya rika i kultivada en Vienna. Resivio una edukasion ekselente i avlava el latin, el fransez, el ingles i el grego. Tenia doktora de filozofia de la Universita de Vienna. Su padre era fabrikante de tekstil i su madre, ija de una famiya de bankeres italianos. Eran una famiya edukada i kompletamente entegrada a la kultura almana. A parte su orijin, la relijion judia no fue nunka parte de su edukasion. “Mi padre i mi madre eran judios por un aksidente de nasimiento”, disho Zweig. El era enamorado de la kultura evropea i no se sintio nunka atirado por el movimiento de Theodore Hertzel. El eskrivio una sola istoria sovre el judaizmo, “El kandelabre enterrado”, istoria de un judio, ke su objektivo de vida era de prezervar la menora.

Su konsantrasion prinsipal era en favor del umanizmo evropeo. Ya estava konsiente ke reinava un nasionalizmo ekstremo. El keria inkulkar a las personas el sentimiento i el orguyo de ser “Evropeo”. Antes de la Primera Gerra Mundial, el eskrivio sovre la idea utopika de una Evropa unika, pasifista i sin frontieras nasionales. Fue el primer ke motivo la ideolojia de la Union Evropea. Durante la gerra de 1914-1917, para servir su patria, se eskrivio voluntario para lavorar komo archivisto de guerra.

En 1920, Zweig se kazo kon Frederika Von Winternit i se instalo en una kaza maraviyoza, en medio de la natura, serka de Salzburg. En este atmosfer feeriko, eskrivio sus mas famozas ovras. Estava enserklado de artistos i entelektuales de su epoka, komo Freud, Einstein, Thomas Mann, James Joyce, Dali, Toscanini i Richard Strauss, por ken eskrivio un libretto.

Zweig fue el eskritor el mas popular de Almanya. Fue tradusido en 50 linguas. Era muy popular i todo lo ke eskrivia se konvertia en oro. A parte de sus romansos i biyografias ke le dieron su reputasion, el eskrivio ovras teatrales, poemas, kronikas de viaje i izo munchas traduksiones. Era un ombre a ken le gustavan las relasiones sosiales. Bushkava a kreer kontaktos entre personas, porke pensava ke estas relasiones yevarian a unos interkambios kulturales pozitivos. Su intelekto estava vibrando ariento de el i en su konsekuensia, estava produsiendo muevas ovras a kada momento.

Jeneralmente, las fantazias de los intelektueles kon los de los politikos no koinsidan. La ideolojia de una Evropa unida no estava en kamino de realizarse. En 1933, los Nazis kemaron los livros de Zweig i de todos los eskritores judios. Sus sentimientos umanistos se estavan desparesiendo. La venida de los Nazis al poder i la asfiksia de los judios fue intolerable para Zweig. Kon el korason roto, el fue ovligado de deshar su patria amada, i kon su sigunda mujer Lotte, empeso el nomadizmo. Por el, el langaje de Schiller, Goethe i Rilke se avia okupado i deformado por el Nazizmo.

En primero emigro a Londra. En 1940, tomaron la sujesion ingleza, ma Zweig no se sintio bien i pasaron a Nueva York. La amerikanizasyon era para el la segunda destruksion de la kultura evropea. Se siente mal. De Amerika se pasa al Brazil, pais ke lo avia fasinado durante una konferensia. Se instalo en Petropolis, kaji a 50 km de Rio de Janeiro. Ayi eskrivio “Brazil, Tierra del Futuro”. La ambiensia le plazia “todas diferentes rasas biven en kompleta armonia entre eyos, no ay barriera de kolor, no ay segregasion”. Ma su anksiedad i su desguste de la vida no lo deshava repozado. Se sintia estranjero en todos los paizes i no tenia esperansa ke la gerra se terminara. Se desida de suisidarse. Su nota: “Mi propia lingua se desaperesio de mi espiritu i Evropa se destruyo a si mizmo”.

“Mi kriza interior proviene porke yo no me puedo identifikar kon el “yo” de mi pasaparto i el “yo” del egzilo”. La idea ke el nazizmo iva envahir el mundo, no lo deshava sintir su libertad i del espanto empeso a pedrer su ekilibrio mental. Era de natura pasifista.

“Prefero terminar mi vida en el momento djusto, komo un ombre para ken, el lavoro kultural fue siempre la mas pura de sus alegrias i de su libertad personal, mi mas presioza posesion en esta tierra. No me kedo mas la fuersa de asperar la salida del sol, ma vozotros devesh de asperarlo absolutamente”.

La djilve de la istoria:

Por el asko de Hitler, Zweig se suisido kon su mujer i despues de 3 anyos kuando los Rusos konkistaron la Almanya, Hitler se suisido kon su mujer.

 

[Orijin: http://www.salom.com.tr]

Stefan Sweig 
de Dominique Bona
 à paraître le 13 janvier aux éditions Perrin (Tempus)

 

Comment un écrivain aussi discret que Stefan Zweig (1881-1942) est-il parvenu à embraser le cœur de ses créatures romanesques et à envoûter tant de ses lecteurs ? Homme impétueux, sous son élégance Mitteleuropa de juif autrichien, cet artiste attire la foudre. Choyé par les élites, il aurait pu demeurer l’archétype d’une civilisation disparue, broyée par les guerres et les totalitarismes. Or, bien plus que certains de ses contemporains naguère illustres, il n’a pas cessé de séduire. Ses biographies de Fouché et de Marie-Antoinette conservent un charme et une profondeur inégalés. La Confusion des sentiments continue de troubler. Peut-être les lueurs sombres, les fumées délétères de son œuvre correspondent-elles à nos tourments contemporains.

« Tenter de rendre vivant cet homme de passion à travers une biographie passionnée », telle était l’ambition de Dominique Bona : défi relevé, et avec quel talent !

 

 

[Source : http://www.academie-francaise.fr]

El 1976 va morir a Nova York, oblidat i desconegut del públic literari, l’escriptor jueu Soma Morgenstern. Nascut a la Galítzia oriental el 1890 dins d’una família jueva ortodoxa, havia arribat l’any 1941 als Estats Units fugint dels nazis. El 1946 li va ser concedida la ciutadania nord-americana. La pèrdua de llocs, d’escrits i documents, d’amics, la desaparició de gran part de la seua família en els camps de concentració, el descobriment de l’extrem a què havien arribat els crims dels nazis, el van enfonsar en una profunda depressió de la qual no es va recuperar mai més.
 
Amic íntim de Joseph Roth i Alban Berg, relacionat amb escriptors i músics com Stefan Zweig i Otto Klemperer, Anton Webern i Robert Musil, Elias Canetti i Hermann Broch, Morgenstern va ser un exponent destacat d’aquella brillant cultura centreuropea, elaborada en gran part per jueus, i que seria esborrada per sempre durant la Segona Guerra Mundial. A finals de 1935 va aparèixer la seua novel·la El fill del fill pròdig, la primera d’una trilogia. Aquesta obra va ser l’única que es va publicar, en vida de l’autor, en la seua llengua original.
 
A partir de 1994 es va començar a recuperar la seua obra, que va començar a editar-se completa i en la seua llengua original, en alemany. L’editorial Pre-Textos va iniciar en el 2000 la traducció dels seus llibres de memòries amb Huída y fin de Joseph Roth, que va continuar amb el volum Alban Berg y sus ídolos. El 2005 l’editorial Minúscula es va afegir a la difusió de l’obra de Morgenstern amb la publicació d’un altre volum de memòries: En otro tiempo. Años de juventud en Galitzia oriental.
La mateixa editorial Pre-Textos va publicar un altre llibre de Morgenstern, Huída en Francia. un relat novel·lat de les experiències que va patir a França com a refugiat. Morgenstern, que havia fugit a París el mateix dia que Àustria va ser annexionada per l’Alemanya nazi, va ser internat a França en diversos camps de concentració, com tants altres refugiats de tota Europa que hi havien arribat fugint dels nazis. El 1941 va aconseguir passar a Marsella i, a través de Casablanca i Lisboa, arribar a Nova York. A les condicions duríssimes que van haver de suportar els internats en els camps, s’hi afegia la desmoralització de no haver trobat refugi a França, el país de la Il·lustració. I, sobretot, la desesperació de veure que ni tan sols els deixaven continuar fugint. La consecució d’un permís de residència o d’un visat es va convertir en un malson tan absurd com cruel. Hi havia la sensació d’haver quedat atrapats en una ratera, mentre la Gestapo s’acostava inexorablement. «La vieja Europa —constata el narrador d’aquest relat— se ha convertido en una reserva de caza. En ella se despliega una batida colosal al estilo alemán.» 
 
Ingolf Schulte, en l’epíleg que va redactar per a la primera edició en alemany d’aquesta obra, i que ha estat reproduït en l’edició castellana, assenyala que Huída en Francia, a pesar de presentar-se com una novel·la, s’ha d’incloure entre els textos de memòries de Morgenstern. La tria d’un marc fictici en aquest llibre podria estar relacionat amb el caràcter opressiu dels fets que s’hi descriuen. Sobretot, la invenció del narrador «ari» Petrykowsky, que parla en representació de Morgenstern en primera persona, que al seu torn apareix doblat també en un altre personatge amb el nom de Morgenroth. El relat acaba amb unes paraules del narrador des de Casablanca, des d’on espera aconseguir un visat per fugir als Estats Units, que expressen un sentiment de destrucció total i definitiva, i que resumeixen el que va ser la vida de Morgenstern després del gran desastre: «A veces me parece que se escaparan palabras vivas de una pluma muerta, en proliferación absurda, póstumas y sin objetivo, como uñas, todavía vivas, que crecen en los dedos muertos de un cadáver».




[Font: laserpblanca.blogspot.com]

Elias Canetti

Escrito por Antonio Costa

El tren se paró en Russe, a orillas del Danubio, entre Rumanía y Bulgaria. Íbamos en un viaje por tierra hasta el Cáucaso. Me acordé de Elías Canetti, de sus libros de memorias,  el primero La lengua absuelta, donde habla de su infancia en Russe. Cuando amaba tanto las palabras que un día se cabreó mucho porque su prima no le dejó ver un cuaderno donde apuntaba palabras. Y cuando deseaba intensamente conocer la lengua secreta en que se comunicaban sus padres cuando querían estar solos, que era el alemán.

En la estación de Russe entraron en el tren los burócratas para mirar con dedicación los papeles. Se pusieron a mirar si Consuelo podía pasar. Les dije que era solo un tránsito. Pero incluso para tránsito había que mirar bien los papeles. Y el Danubio que negaba los papeles, que recorría toda Europa. El Danubio del agua y de los sueños. El Danubio de Claudio Magrís y de montones de escritores europeos de mil maneras. Escritores que bebían de muchos modos en sus aguas fertilizantes.

El tren también era un río, un río de irrealidad y de comunicaciones, la esencia del viaje y del desplazarse. De las visiones y del hablar con todos fugazmente. Pero también subían burócratas a los trenes. Íbamos en un tren desde Bucarest a Estambul, en medio de un viaje por tierra desde Madrid hasta Yerevan. Conocimos a un trotamundos que se llamaba Antonio, viajaba con su mujer, su hija y su suegra. Antonio se burló de aquel tren, lo comparó con los españoles, dijo que era como los de España en los años sesenta. Pero a mí me gustaba más ese tren que los AVE españoles para ricos, con ese diseño frío, con ese encierro hermético en una cápsula, aislados del mundo, como la pesadilla de aire acondicionado de Henry Miller.

En la estación de Russe recordé aquel viaje por el Danubio que Canetti cuenta en La antorcha al oído, cuando fue desde Viena a Russe para recordar su infancia. Cuando todos querían que fuese médico y él se puso a estudiar Química porque en realidad lo que quería era ser escritor. Cuando todos sus familiares estaban haciendo las maletas en el fin de una época para escapar de los nazis y marcharse a Palestina. Cuando se encontró a su prima que cuando era niño le robaba las palabras hecha una tirana y una furia sin comprensión. El Danubio era un tren entonces lleno de sugestión que simbolizaba todo lo que era fluido y cambiante en Europa, toda la personalidad variada y onírica de Europa. Cuando aún no existía esta cruzada moderna contra todo lo que es sugestivo y tiene encanto.

En la estación de Russe Consuelo pensaba si la dejarían pasar. Estábamos entre dos países, con el rollo de los papeles, de los visados, de los permisos. La gente se ha convertido en papeles. Qué digo, en datos de ordenador, mucho peor. Al final la dejaron pasar y lo celebramos levantando las cervezas en el vagón.

Y me acordé de Canetti, que traspasó las fronteras. Canetti estuvo en sus libros, en su cultura libre como el sueño. Tenía un nombre español, pero nació en Bulgaria, se hizo adulto en Viena, despertó en Berlín y llegó a la madurez en Londres. Y escuchó voces en Marraquech. Y se puso de frac en Estocolmo y resistió a los periodistas en Zúrich. Y, como dice Muchnik, todo su mundo eran los libros.

En la estación de Russe pensé que el protagonista de su Auto de fe vivía en una casa llena de libros, y peleaba a muerte con su criada. Tenía relaciones sexuales con ella de algún modo, pero la criada desconfiaba de los libros. Y al final se los quema todos. El pobre hombre que se libera en sus libros se encuentra en un mundo donde los libros son cenizas. Igual que cuando los intolerantes nazis quemaron libros en las plazas.

En la estación de Russe recordé sus memorias. La lengua absuelta, La antorcha al oído, El juego de ojos. Canetti vivía en los libros, fuera de los países. Vivía en Berlín o en Londres, en Zúrich. Conocía a Freud, a Karl Kraus, a Bertolt Brecht, a Mahler. Vivía en la Viena del imperio austrohúngaro que era una superación de los países. Una superación literaria de las fronteras, con unos emperadores familiares que iban a refrescarse al mar en Trieste. En aquella Viena donde manó como un géiser la cultura europea en el fin de una época, cuya crónica hizo Stefan Zweig en El mundo de ayer.

En la estación de Russe me acordaba de cuando encontró a los grandes escritores, a los pensadores sin fronteras en Viena, en Berlín. Todos aquellos que trajeron lo más sorprendente de la época moderna. Y él sin hacer aspavientos, con su bigote de Nietzsche escondido, reflexionaba sobre ellos. Ya reflexionaba de niño junto al Danubio en Russe.

Recordé que a lo largo de años pergeñó su teoría de las masas en Masa y poder. Había unas masas que son un desafío inconsciente al poder. Y otras que son la manifestación del poder que se mete por todas partes y lo despersonaliza todo. Las personas pierden su personalidad al meterse en ese gregarismo. Se metamorfosean, se vuelven kafkianas y ciegas. A Canetti le fascina la masa y la teme. Lo alucinan las multitudes de los cuadros de Brueghel, pero se mantiene al margen porque lee libros. Se mete en los libros en sus sucesivos despachos (su vida fue una sucesión de despachos) y resiste los embates de la ignorancia.

Estaba en la estación de Russe junto al Danubio y soñaba con Europa. Y esperaba que los burócratas nos dejaran pasar a Consuelo y a mí. Y al final pudimos pasar. Había unos jovencitos suecos en nuestro vagón y se alegraron de que pudiéramos pasar por Bulgaria. Y levantamos las cervezas en el aire.

 

[Fuente: http://www.fronterad.com]

Escrit per Tomàs Vibot

Stefan Zweig (Viena 1881-Petròpolis 1942) és un dels genis de la tècnica narrativa i sobretot de la construcció psicològica dels personatges, trets que es palesen de manera extraordinària en El viatge al passat. Aquesta novel·leta —que alguns han qualificat de «conte llarg»— va ser publicada el 1929, quan l’escriptor havia assolit el zenit de la maduresa literària (ja portava més de vint títols a la seva carrera). Narra la història del retrobament entre un home i una dona que en el passat s’havien estimat i que encara creuen que ho fan. Ell, feiner i humil, amb moltes privacions i esforços aconsegueix abandonar «els soterranis de la pobresa» per ser secretari personal del director d’una empresa, amb l’esposa del qual naixerà una història d’amor, tan apassionada com dramàtica.

Sobre la base d’aquest argument —que a priori pot semblar anodí— Zweig basteix un relat agombolat de subtileses, detalls carregats d’expectatives i moments tan desesperats com apassionats. La primera besada entre els protagonistes ben bé mereix un requadre apart: «No era que ell l’hagués atreta a ella, i ni ella a ell; era, senzillament, que havien caigut en braços l’un de l’altra, com arrossegats per una tempesta, i es precipitaven tots dos, l’un dins l’altra, en un abisme inconscient i insondable, mentre sentien en fer-ho una dolça i ardent impotència… Aquell sentiment tant de temps contingut es va descarregar en un sol segon, inflamat per l’imant de l’atzar».

Edicions 1984 (2009)

Separats els amants durant nou anys a causa de la I Guerra Mundial, el retrobament obrirà més interrogants que certeses, més desassossecs que no pas joies: «Eren ombres, ombres que volien esdevenir vives i no ho aconseguien; ni ella ni ell no eren els mateixos i, en canvi, continuaren esforçant-se endebades a buscar-se, fugint i retenint-se en un afany immaterial i mancat d’energia vital».

fa navegar els personatges entre les confusions i les passions; entre les sensacions més intenses i els buits més desconsoladors

Zweig és en aquesta novel·la un narrador que fa navegar els personatges entre les confusions i les passions; entre les sensacions més intenses i els buits més desconsoladors. L’austríac és «l’autor de l’evanescència», tal com el va titllar Jordi Corominas, capaç de manejar amb el bisturí els mots i disseccionar emocions amb precisió quirúrgica on qualsevol lector pot veure reflectida la seva pròpia experiència («Però, encara que ell ho desitgés, no va aconseguir mai posseir del tot el cos estimat que s’arborava apassionadament sota la barrera del vestit insensible»). Un univers atrapat en les ombres fugisseres del passat.

Una obra on l’eco del Romanticisme es percep, encara que d’enfora, barrejat amb el desassossec d’una mena d’existencialisme

Aquesta és una obra on l’amor idealitzat —i especialment tot el relat que porta amb ell— sosté anys de dramàtica vida dels protagonistes per arribar pràcticament a un no-res. Una obra on l’eco del Romanticisme es percep, encara que d’enfora, barrejat amb el desassossec d’una mena d’existencialisme provocat pel període d’entreguerres i l’ascens dels totalitarismes que portaran Occident a l’infern.

Si bé l’argument d’El viatge al passat pot resultar inicialment poc encoratjador, la dinàmica narrativa i la cadència sobre la qual ens porta Zweig, i sobretot la preciositat de maridar subtilment mots amb imatges d’allò viscut, d’allò percebut i d’allò desitjat fan d’aquesta novel·la una magnífica oportunitat per gaudir en moltes poques hores d’un dels més brillants narradors del segle XX. Una trama basada en gestos i en detalls sobre la base d’un dels drames que ens agermana a tots els humans: amor i passió sotmesos a la sentència inapel·lable del temps.

 

[Font: http://www.laveudelsllibres.cat]

Dostoievski, foto colorizada Klimbim

Publicado por @stanislausbhor

El mecanismo absurdo de la justicia ha sido objeto de exploración constante en algunos de los clásicos contemporáneos de la literatura. Dostoievski fue su pionero. Impuso en Raskólnikov, protagonista de Crimen y castigo (1866), un estudiante asesino, la postura moral del justiciero bueno, que mata a una usurera para hacer justicia a la humanidad por su propia mano (con el hacha). Kafka, como lo demostró Guillermo Sanchez Trujillo, también derivó de Crimen y castigo un punto de partida para la pesadilla patibularia de El Proceso (1925) y la parábola nefelibata de La Metamorfosis (1915), novelas sobre la justicia y la desintegración del sujeto, así como Memoria de la casa de los muertos (1864), sobre la condena en Siberia, influyó en El Extranjero (1942) de Camus y La Nausea (1938) de Sartre, constituyéndose Dostoievski como antecedente del existencialismo. Freud destinó un ensayo para analizar el sentimiento de culpa de Dostoievski por la muerte de su padre con la representación del parricidio en Los hermanos Karamazov. En El maestro de Petersburgo (1994), Coetzee examina un viaje de Dostoievski a San Petersburgo en busca de su hijastro Pavel Alenxadrovich Isaev, hijo de su difunta primera esposa, quien ha muerto en soledad mientras en Rusia se gesta un nuevo conato revolucionario en 1869, continuación de aquella conspiración nihilista (de la que luego se retractará) por la cual fue antes condenado a muerte por el propio Zar Nikolas I. de Rusia y luego indultado en el paredón de fusilamiento. En esa novela Dostoievski adquiere la actitud de un detective privado que quiere averiguar por qué murió su hijo. Ha regresado de incógnito, después de purgar la condena en Siberia y descubre que su hijastro razonaba como Raskólnikov.

Dostoievski, nacido el 11 de noviembre de 1821, es tal vez el escritor ruso más influyente en la escritura de los autores contemporáneos. Su técnica introspectiva y la creación de personajes delimitados por conflictos morales y paradojas éticas dieron paso a la literatura que posteriormente el psicoanálisis llamaría “psicológica”, aunque la gran literatura puede hablar sobre los sentimientos y pulsiones humanas a partir de personajes que son tipologías de la ficción, es decir toda la buena literatura es psicológica. El perfil biográfico que dedicó Stefan Zweig a Dostoievski en Tres maestros (1920) establece que los personajes de sus novelas derivaban de experiencias cercanas a las vividas por el autor nacido hace 200 años en Moscú. Dostoievski, como sus personajes, fue ludópata, liberal revolucionario, alcohólico, epiléptico, cristiano. Zweig repara en algunos momentos que marcaron su vida para reaparecer en transposiciones de su literatura. El indulto frente al paredón de fusilamiento que aparece narrado en Memoria de la casa de los muertos, el asesinato del padre de Dostoievski (con una intoxicación de vodka) a manos de sus propios trabajadores tiranizados reaparece escenificado como parricidio en Los hermanos Karamazov, el ataque de epilepsia en la luna de miel de su primer matrimonio reaparece ficcionalizado y aplicado como tara a varios de sus personajes en distintas novelas, Myskyn (El idiota), Kilov (Los demonios), Smerdiakov (Los hermanos Karamazov), la memoria infantil y las crisis nerviosas de la novela breve Nietovska Nezvanova (1849) muestran las condiciones de miseria del pueblo ruso y el endeudamiento perenne en que vivió el escritor, la  bancarrota de la que su primera esposa lo salva con un préstamo, lo hace regresar del exilio para narrar El jugador. Su segundo matrimonio con la taquígrafa Anna Snitkina le dio una familia y le hizo asumir obligaciones y deudas con sus editores y acreedores para la subsistencia de los suyos, pero también funcionó como relieve de fondo y presión para escribir sus novelas más ambiciosas. Murió tras una hemorragia después de sufrir un ataque grave de epilepsia.
Dostoievski sigue siendo editado y leído hoy porque su obra no solo enseña a pensar en las paradojas de la justicia humana y la compasión y la condición absurda de la existencia, también porque es realmente la única escuela de escritura donde se aprende a escribir leyendo.

 

[Fuente: http://www.revistacoronica.com]

La última película de Wes Anderson expande el idilio del director estadounidense con una cierta “idea de Europa” presente en varias de sus obras. Analizamos su nuevo festín visual para desentrañar qué tradición cultural hace palpitar sus coloristas imágenes.

“La Crónica Francesa”: disfraces del viejo continente.

Escrito por Ramón Ayala

“La Crónica Francesa” (2021), la nueva obra de Wes Anderson, reúne varias voces periodísticas y narrativas en cuatro relatos cinematográficos englobados en una trama mayor, que pende del suplemento cultural de un periódico de Kansas elaborado en Francia que da título al filme. Esta columna vertebral está auspiciada por la muerte del director de la revista, Arthur Howitzer Jr., interpretado por Bill Murray. Cuatro cortos, como en aquellas películas europeas de episodios de los sesenta y setenta… solo que de la mano de un solo autor, en lugar de la reunión de cineastas que proponían dichos omnibuses. Cada relato esconde sus propias sorpresas visuales; unas originalísimas, otras caprichosas y unas terceras calcos de obras de cineastas del panteón de la cinefilia (es fácil encontrar aquí guiños a Tati, a Godard o a Clouzot).

Cuando ya nos hayamos enfrentado a todas las posibles lecturas de vuelo raso sobre la película de Anderson, a la enumeración de sus manías y lenguaje de realización, las odas y querellas por su tendencia a constreñir con paletas de color la dirección de arte, su capacidad para reunir elencos all-star (aquí comparecen, además de Murray, habituales de su cine como Tilda Swinton, Owen Wilson, Willem Dafoe o Edward Norton, además de incorporaciones como las de Timothée Chalamet, Elisabeth Moss, Lyna Khoudri y Benicio del Toro) y otras excentricidades vistosas, habrá que plantearse por qué pese a todo el cineasta texano ha conseguido ser un autor con todas las de la ley desde una aparente ligereza de las formas. Por qué más allá de ser generador de una tendencia de Pinterest e icono de altar de influencer, es una figura culturalmente significativa.

Una pregunta pertinente puede abrir un canal de especulación lo bastante rico para construir quizá no una tesis, pero sí un hilo rico en entradas y meandros que configure un acercamiento a la cuestión de si estamos ante un corpus de obra relevante. Un buen principio sería preguntarse en qué momento Wes Anderson ha dejado de ser un cineasta americano. O, formulado de un modo más específico: ¿ha dejado Wes Anderson de ser un cineasta culturalmente alejado de lo americano para abrazar abiertamente la tradición europea? Insisto, es más una sensación que una pregunta que obligue a una respuesta rotunda.

Evocaciones “garrelianas” en blanco y negro.

Partamos de la base que a día de hoy estamos culturalmente dominados por lo que dicta Estados Unidos. Una ideología que de fondo tiene el nuevo amanecer y el futuro al volante, la búsqueda pragmática de la utopía, un asunto descrito hasta la saciedad con consecuencias sociales, políticas y culturales de calado hondo que se empezaron a describir en 1835, a través de “La democracia en América” de Tocqueville, y tienen su últimas desembocaduras en la vida digital e hiperconectada y un capitalismo deshumanizador (los cines periféricos pueden responder a la cuestión de si se puede culturalmente ir en contra de esta corriente principal).

Según el pensador franco-estadounidense George Steiner, en su ensayo-conferencia dictada en Ámsterdam “La idea de Europa” (2005), el llamado viejo continente resulta, en cambio, algo así como un“lieu de la mémoire”. Un espacio donde las calles no se numeran o se le ponen nombres de árbol como en Estados Unidos, sino que recuerdan a poetas, científicos y hombres y mujeres de estado y religión. Donde se recuerda todo: los momentos estelares de la humanidad, pero también las guerras, las matanzas, los fanatismos, o se encuentra el sentido de la vida escuchando un fragmento de una misa de Bach. Trasluce un sistema cultural de enanos a hombros de gigantes, de agentes culturales subidos a una tradición que se recuerda y, ojo aquí, sobre la que de alguna manera existe respeto y nostalgia. Steiner añade a la europeidad algunos rasgos más: el paisaje caminable, el café como lugar de intercambio cultural y algo que no es poca cosa, la alimentación continua de Atenas y Jerusalén como origen de la cultura del pensamiento y de la religión que, aunque fuente de sangre y desgarros, ha traído grandes frutos tanto a la filosofía como al arte. De un modo realista, hemos de ver esto como un sistema de representación que cada vez está más fuera del mainstream cultural, acercándose a la periferia.

La mitología bohemia de un suplemento cultural.

Pero volvamos a la idea de la Europa que tiene como rasgo la mirada al pasado. Anderson, bajo la ligereza de la superficie de unas ficciones que empiezan como juegos de patio de escuela y acaban atenazando el corazón, viene coqueteando desde “Life Aquatic” (2004) con la nostalgia al pasado cultural europeo. Desde el modo de vivir al sentido de la vestimenta. En “Viaje a Darjeeling” (2007) el trazo lo ponía el corto “Hotel Chevalier”. Y lo que en un principio se puede tomar como una excentricidad o un homenaje o un capricho de cineasta esteta se va solidificando cuando se usan materiales literarios de Roald Dahl –“Fantástico Sr. Fox” (2009), su primera incursión en la stop-motion– y finalmente se dedica una película al estilo de temática y prosa del europeísta por excelencia, Stefan Zweig, en “El Gran Hotel Budapest” (2014).

“La Crónica Francesa” no hace más que confirmar esta tendencia. Si bien, por lo que respecta al elemento nostálgico e irreal es evidente hay que ir más allá. Anderson se sube al barco de la cultura europea de después de la Segunda Guerra Mundial. Un momento de actividad artística fascinante que recogía lo mejor de dos mundos: la tradición del viejo continente y la sangre fresca del nuevo. Los expatriados escribiendo literatura, inspirada por ejemplo en la potencia de Joseph Roth o Isaak Bábel, en ciudades europeas, fundando revistas literarias en la capital del Sena (la siempre brillante ‘The Paris Review’) y con Estados Unidos dedicado a insuflar capital a través de un plan de ayudas a economías devastadas por la guerra que dieron como fruto recuperaciones milagrosas y el florecimiento de las artes. Particularmente, las cinematografías francesa e italiana.

Un cine y cultura cuyos temas y métodos tienen reflejo en “La Crónica Francesa”: el Godard de mayo del 68 de “La chinoise” (1968) o incluso el blanco y negro de Philippe Garrel en el episodio protagonizado por Timothée Chalamet (cuyo personaje se llama “Zeffirelli” de modo nada casual). Sus manifiestos, su concepto de liberación sexual. La cultura gastronómica del episodio “jamesbaldwiniano” de Nescaffier (Steve Park) como algo tan enriquecedor para el espíritu como la obra de Montaigne, amén del acercamiento al polar francés. El paisaje de la villa de Ennui y el encuadre a caballo entre el Hergé de Tintín y las guías de ciudades para niños del ilustrador checo Miroslav Šašek. La idea de artista maldito y sus características asociadas: locura, pobreza, candor en la figura del personaje encarnado por Benicio del Toro, Moses Rosenthaler (el conteo de apellidos judíos en la obra de Anderson, identificados como guardianes de la cultura, es llamativo y tiene algo de reivindicativo), donde hay ecos de Rimbaud y Van Gogh, además del pertinente guiño cinéfilo a “La bella mentirosa” (1991) de Jacques Rivette, basada en la obra de Balzac.

Archivos del saber

Lo que produce este punto de confluencia hecho película no es una negación de la cultura norteamericana y una subida a los altares de todo lo europeo. Aquí se dan la mano. Formalmente, el cine de Wes Anderson es más de los Lumière que de Edison, más de Hergé que de Stan Lee, aunque es incapaz de abandonar los logros de la cultura americana, la fiereza y concisión de su prosa (¿quién renunciaría a la escritura eléctrica y escultórica, a las bellas estructuras de J. D. Salinger, James Salter, James Baldwin y Peter Matthiessen?), el desparpajo de sus personajes, el sistema de comedia que levantó Preston Sturges. Es una mirada al pasado donde vivir con un pie en cada orilla del Atlántico era posible y enriquecedor. O la validación de que cierta cultura pop puede ser alta cultura. Y en este ejercicio de nostalgia es donde podemos bautizar a Anderson como un europeo nacido en Houston, Texas.

Más allá de que “La Crónica Francesa” sea un festín visual entretenidísimo, las imágenes de la película poseen algo que nos obliga a adaptarnos a ella. No es amable con su audiencia. No busca gustar como un mero entretenimiento. Hay que esforzarse por entrar en la obra y explorarla. Parar, pensar, informarse y volver a ella. Verla es una experiencia agotadora. El ojo sabe que se ha perdido mil detalles en el primer visionado. Sumemos esto a la creación del punto de confluencia de las dos orillas generado a través de los años por Anderson y podremos concluir que, más allá de ser un “modernito”, es un cineasta que navega en la corriente de creadores clásicos que cabalgan sobre la tradición y, en su caso, mirando al futuro de la forma a través de un lenguaje personal y cada vez más depurado. Un autor de los que crean belleza que aclara el espíritu y creen en una humanidad más noble y digna. ∎

[Fuente: http://www.rockdelux.com]

De diglòssia, com de quasi tot, n’hi ha d’alta i de baixa intensitat, essent aquesta darrera el pa nostre de cada dia tant a la vida quotidiana com a les xarxes socials.

Escrit per Gerard Furest i Dalmau

Professor de Llengua Catalana a Secundària

 

L’any 1927, l’escriptor austríac Stefan Zweig va escriure una d’aquelles obres divulgatives que li són tan pròpies i que, sense ser la de més qualitat (aquest lloc caldria reservar-lo amb tota probabilitat al memorialisme de El món d’ahir), sí que n’és una de les més populars. L’obra en qüestió es titula Moments estel·lars de la humanitat, i l’autor hi tria catorze moments que, al seu parer, van marcar el devenir de l’ésser humà. Com que, a imitació del de Zweig, d’escrits que recopilen episodis inflexius de la història del país ja se n’han escrit a gavadals, us proposo de fer un repàs a quatre moments de la nostra soferta vida política que corprenen per la seva excelsitud diglòssica.

Són exemples que certifiquen que els partits treballen bé -amb argumentaris interns i tot- la Formació de l’Esperit Sectari, però que en canvi negligeixen la conscienciació sociolingüística de què sovint (i aquí excloem el PP valencià) fan gala els seus programes electorals. Traginen, en els casos que ens ocupen, una forta càrrega simbòlica, perquè de diglòssia, com de quasi tot, n’hi ha d’alta i de baixa intensitat, essent aquesta darrera el pa nostre de cada dia tant a la vida quotidiana com a les xarxes socials.

Estalviem-nos però els excursos i entrem en matèria.

1) Desembre del 2006Ernest Maragall, actual alcaldable fallit d’ERC a la ciutat de Barcelona i aleshores conseller d’Educació de la branca -en teoria- més catalanista del PSC, compareix al Parlament. Amb aquell visionarisme genialoide tan maragallià, que consisteix a prioritzar sempre i en tot cas l’ocurrència a l’oportunitat, anuncia a ses senyories parlamentàries la bona nova: cal fer una tercera hora setmanal de castellà a les escoles de primària. El motiu? Com veureu, d’allò més científic: l’honorable ha assistit a una exposició que han fet vuit nens olotins a Barcelona -on us pensàveu, si no?- i ha quedat espaordit del nivell de castellà que han gastat. Siguem equànimes i deixem-lo justificar-se amb veu pròpia: “Diumenge passat vaig constatar les dificultats d’uns nens d’Olot per fer una presentació pública en castellà en un concurs internacional del Museu de la Ciència. Aquesta llei és per al bé del català i Catalunya”.

No arrufeu el front, si és que n’heu tingut la temptació. Qui pot dubtar per un sol moment que, en una situació de bilingüisme depredador, fer més hores en la llengua dominant és en benefici de la llengua subordinada? A qui li pot passar pel cap de qüestionar que vuit nanos i llur accent heterodox són representatius de la sapiència del castellà en tota una comarca? I encara més: qui pot ser tan agosarat de posar en entredit (vade retro, filibusters parlamentaris!) que aquest fet anecdòtic, que revela la persistència de focus gals per civilitzar, ha de comportar un canvi en el sistema educatiu del país? Les desenes de milers d’alumnes -i milions de ciutadans- que amb prou feines saben enxampurrar un “bon dia” ja són tota una altra història. La minúcia que els incompetents alumnes d’Olot es classifiquin en cinquena posició estatal i primera de les comarques gironines al concurs, també. I ara ja ho sabeu: qui tercera hora proposa, país empeny.

2) Maig del 2021: Després de dur a terme una temporada futbolísticament brillant i de derrotar l’UCAM Murcia en el tercer partit del play off d’ascens, la U.D. Eivissa aconsegueix deixar enrere el pou sense fons que ha estat sempre la Segona Divisió B i posa un peu a la categoria de plata del futbol estatal. Com és natural, l’eufòria, tan necessària en temps de depressió pandèmica, es desborda a la major de les Pitiüses. Encara no quaranta-vuit hores després, el club esportiu fa una celebració pública al seu estadi i, per a solemnitzar l’acte, hi convida la primera insitució del país, na Francina Armengol. La presidenta, entre aplaudiments dels jugadors i del públic, s’encamina al faristol i comença el seu discurs en català. No passen ni cinc segons que una vociferació fendeix l’aire encalmat, primaveral: “En español!” La màxima representant dels illencs roman uns instants en estat de xoc per la brutalitat de la interrupció, fins al punt de demanar a la concurrència “un momentito” per a refer-se amb un parell de sospirs. Això sí, dòcil davant l’amabilitat vandàlica, i oblidant la representativitat del seu càrrec, passa a fer la resta del seu discurs en bon castellà. Encara avui no són fàcils de calcular les afectacions en el prestigi de la llengua d’aquesta renúncia al·legòrica, catalitzada per uns automatismes necrolingüístics que la pressió de l’entorn malda perquè adquirim des del bressol. Sí que sabem, però, que és una maçada -una més- a la línia de flotació de l’inconscient col·lectiu dels catalanoparlants.

No sempre és fàcil fer tabula rasa del propi passat, i no és en absolut sobrer recordar que la senyora Armengol va tenir una etapa juvenil d’allò més abrandada al Bloc d’Estudiants Independentistes (BEI). Tot i ser d’Inca, municipi de mida mitjana però de sociologia complexa, la seva família geneològica i política sempre ha estat de la branca més mallorquinista del PSOE. D’aquella facció que, en temps de Francesc Antich, sentenciava que “hem de ser més PSIB i menys PSOE”. Aital condició no ha impedit que, després de la legislatura catastròfica de Bauzá, la seva sigui una de les pitjors pel que fa a l’incompliment del marc legal d’autogovern i a la violació massiva dels drets civils, especialment en un àmbit tan sensible com el de la Sanitat. La resposta de la presidenta al menyspreu constant al català (no ho oblidem: la seva llengua familiar i pròpia de les illes) ha estat crear, després de la insistència collonera de Més per Mallorca, una Oficina de Drets Lingüístics. L’Oficina no té, però, una funció sancionadora, sinó una funció recordatòria i recomanadora. Que, si busqueu la definició d’ambdós adjectius al DIEC, significa nul·la. I això és tot (el que han fet en matèria de llengua) fins ara, amics!

3) Juliol del 2021: La consellera d’Acció Exterior Victòria Alsina acaba el curs polític organitzant una trobada amb el cos consular establert a Barcelona. Poques hores després, els mitjans de comunicació i les xarxes reprodueixen fragments, sempre en castellà, de la seva al·locució. La revolada, en aquest país afecte a tota mena de linguomàquies, està servida. Algú del seu partit, creat per a representar l’independentisme més octubrista, surt a la palestra i dona a entendre tant l’artificialitat de la polèmica com les bondats del trilingüisme. L’obús argumental que, suposadament, ho ha de desmuntar tot: l’honorable també ha emprat el català i l’anglès. Cronòmetre (és a dir, ciència) en mà, el minutatge de l’speech és el següent: 6 minuts i 30 segons en castellà, 1 minut i 18 segons en anglès, 40 segons en català i -atenció al pintoresquisme folklòric- 2 segons en francès.

Vistes les xifres, la descompensació és prou evident, i només poden respondre a dues explicacions. La primera, de caire simbòlic, seria que els usos lingüístics susdits responen a la representació mental -a la importància- que l’emissor concedeix a cada llengua. La segona, de caire més infraestructural, seria que el govern de la Generalitat, que ha pressupostat per enguany 42.179 milions d’euros, no pot disposar de traductors ni d’orelleres per a un acte d’aquestes característiques.

Fem un xic de política-ficció i d’anàlisi comparativa: us imagineu el ministre d’Afers Exteriors filipí afirmant que el Japó reprimeix els filipins i el seu patrimoni lingüístico-cultural de manera insofrible mentre s’adreça als ambaixadors en japonès, és a dir, amagant el tagal, marcant-lo com un idioma d’estar per casa? Tindria cap pàtina de credibilitat, un discurs que es vehiculés així? Doncs justament això és el que va fer la representant del govern català a l’exterior.

La senyora Alsina no és -heus aquí el drama- un bolet aïllat. De fet, què es pot esperar en matèria de promoció lingüística d’un govern i d’uns partits “independentistes” que dupliquen submisament al castellà les seves intervencions públiques en territori nacional i col·laboren amb els mitjans estatals en la seva croada per amagar el plurilingüisme real i constitutiu de l’estat espanyol? Aquesta contradicció flagrant intenta ser tapada pels clams d’uns polítics que denuncien que el govern espanyol impedeix l’oficialitat i l’ús normal -i normal vol dir no necessàriament bilingüe o trilingüe- del català a les institucions europees. Çò és, a les quimbambes. Que, com bé sabeu, és on es juga el futur de la llengua, i on aneu a comprar cada dia el pa.

4) Març del 2011: El fet de no respectar l’ordre estrictament cronològic dels esdeveniments pot ser vist com una mostra de desordre, però també com un recurs inestimable que propulsi el text cap al clímax. Comprovareu que, en el cas que ens ocupa, es tracta més aviat d’això darrer, perquè una cosa és un moment -per estel·lar que sigui- i una altra és un aquelarre amb totes les de la llei.

Situem-nos: som en una convenció que ha organitzat el PP del País Valencià -per als seus líders, Comunidazzz (allargat així, com els ofidis) o, simplement, Levante-. L’objectiu, presentar en públic les principals candidatures del partit per a les eleccions municipals del 2011. Tot transcorre amb normalitat -és a dir, en castellà- fins que l’alcalde de Vila-real, tan joliu ell, es posa davant del micròfon per a adreçar-se als seus correligionaris. “Deixeu-me que parle un poquet del meu poble, de Vila-real”, té temps de dir abans que un imperatiu “habla en castellano!” l’interrompi. L’alcalde Rubert, ràpid de reflexos, respon a l’andanada amb una teatralitat de xòuman que no deixa de recordar la de l’advocat expert en picaresca Saul Goodman, personatge cabdal de la mítica sèrie Breaking bad. Hablo en castellano. Como queráis, perfecto!”, diu amb llefiscositat abans d’assenyalar els concurrents amb el dit índex -”ahí la has dao, chaval”, ens sembla la traducció més aproximada del gest- i de fer-se mereixedor d’una ovació tancada.

Ja escarmentada, l’alcaldessa de Torrent, Maria José Català, s’excusa de bestreta per si en algun moment se li escapa res en valencià, perquè “el valenciano es mi lengua materna y tengo este defecto”. Atureu-vos en el nom, perquè les paraules són l’espill de l’inconscient: defecte. Un defecte que, es pot deduir, li deuen haver llegat uns irresponsables progenitors per via oral, potser cromosòmica i tot. Un defecte que, no en tingueu cap dubte, ella mateixa, com a bona conservadora valenciana, s’encarregarà d’extirpar si mai Déu la beneeix amb els fruits de la maternitat.

L’obligació d’un escriptor és no doblegar-se en l’àrdua lluita per a posar paraules a les imatges i conceptes, per enrevessats que aquests siguin. Tot i això, algunes vegades cal acceptar la derrota i reconèixer el poder reproductor de l’audiovisual. Si mireu aquest vídeo entendreu per què:

És incontestable que una cerca exhaustiva sobre la qüestió que hem tractat donaria per a una monografia voluminosa. Ens reservem, per tant, el dret d’escriure-la algun dia. Mentrestant, dels tastets tragicòmics que hem cuinat per a vosaltres se’n poden extreure dues conclusions inductives: la primera, que els qui haurien de ser l’avantguarda en la recuperació de la llengua catalana no només no ho són, sinó que a més són el reflex emmirallador de l’autoestima corcada de la comunitat lingüística; la segona, que el bipedisme no és necessàriament sinònim de consciència o d’intel·ligència situacional.

[Font: http://www.nuvol.com]

 

 

O secretario xeral de Cultura fai balance do traballo realizado neste eido nos actos da celebración da efeméride que se celebra hoxe

Beneficiáronse 120 empresas editoras desta liña de apoio coa que tamén se impulsa tanto a internacionalización da literatura galega como a promoción da lectura en galego de obras da literatura universal

No marco da efeméride, o Goberno autonómico participa hoxe en obradoiros internacionais, simposios e entregas de premios para promover este día

A Xunta conmemora hoxe o Día Internacional da Tradución a través da participación en diferentes iniciativas, como simposios, obradoiros e entregas de premios, co acto central na actividade Contigo na distancia, promovida pola Asociación Galega de Profesionais da Tradución e a Interpretación (AGPTI) en colaboración co Goberno galego, no que participa o secretario xeral de Cultura, Anxo M. Lorenzo.

No marco desta efeméride, Anxo M. Lorenzo, recorda a aposta do Goberno autonómico co sector da tradución, para o que a Xunta destinou preto de 3M€ desde a súa posta en marcha para este eido de xeito específico, hai 15 anos. Así, neste tempo, beneficiáronse un total de 120 empresas editoriais, tanto galegas como de fóra da comunidade, que editaron 1.196 proxectos.

O representante da Consellería de Cultura, Educación e Universidade apunta, neste sentido, a importancia desta liña de apoio tanto para a internacionalización da literatura galega, ao promover a súa tradución a outros idiomas, como para incentivar a lectura e edición en galego de obras procedentes doutras linguas. “Contribuímos a que a nosa literatura teña tamén unha saída cara ao exterior, o que implica unha maior visibilidade do libro galego e a apertura de novos públicos e mercados”, indica.

En cifras, durante este tempo, a Xunta facilitou 350 traducións de obras publicadas en galego a outras linguas, como o inglés, portugués, francés, italiano, alemán, ou finés, entre outras. Tamén se promoveu a tradución ao galego de máis de 800 obras orixinariamente publicadas noutras linguas, algo que, como engade, “tamén favorece que a cidadanía teña acceso ás obras da literatura universal en galego”.

Anxo M. Lorenzo afonda, ademais, na importancia deste apoio desde o punto de vista empresarial, xa que estas axudas están a contribuír a que as empresas editoras podan cubrir unha parte importante dos gastos derivados da tradución e da edición, “apoiando a profesionalización da actividade editora en Galicia”, engadiu.

Simposios e conversas

No marco do Día Internacional da Tradución a Xunta participa en actos como a apertura do XVIII Simposio O Libro e a Lectura, organizado polo Consello da Cultura Galega. Baixo o título Libros pola diversidade, afóndase na edición de contidos para a inclusión.

O simposio contou coa intervención da presidenta da Asociación de Familias de Menores Trans de Galicia (ARELAS), Cristina Palacios, responsable da conferencia de apertura. O panel de experiencias, Contidos Diversos, correu a cargo de representantes da Asociación BATA e de Kalandraka Editora, de docentes e dunha pedagoga. Tamén participan representantes da Consellería de Cultura, Educación e Universidade, de Hércules de Ediciones e da Editorial Galaxia; mentres que a conferencia de clausura estivo a cargo do filósofo, docente e escritor José Miguel Valle.

Ademais, celébrase Contigo na distancia, no Auditorio Neira Vilas da Biblioteca de Galicia, que reúne a dous tradutores galegos, Samuel Solleiro e Roi Vidal Ponte, nunha conversa sobre o día a día do seu labor, a relación co texto e cos seus códigos, a distancia e a proximidade coa autora ou co autor. Ambos conversarán sobre un traballo que ten como obxecto levar dunha lingua á outra as palabras, os matices, e os sensos que cohabitan en cada texto e cos que nos achegamos á voz da persoa que escribe. Samuel Solleiro e Roi Vidal Ponte artellan a conversa a partir das súas traducións máis recentes: Noite fiel e virtuosa de Louise Glück en galego no caso de Solleiro e Doentes de Roberto Vidal Bolaño —pai do tradutor— en castelán no caso de Vidal Ponte.

Tradución poética

Continuando coas conmemoracións, preséntase a décima edición do Obradoiro Internacional de Tradución Poética con barqueira e remador, que conta co apoio da Xunta. Trátase dunha iniciativa que se celebrará do 18 ao 23 de outubro na Illa de San Simón. Participarán seis persoas procedentes de diversos países e realizarán unha tradución colectiva, presencial e recíproca aos idiomas representados, que nesta edición serán o galego, o grego, o eslovaco, o flamengo e o albanés. Participarán a galega María Lado, o asturiano Pablo Texón, a grega Katerina Iliopoulou,o albanés Arian Leka, a eslovaca Maria Ferenčuhova e o belga Tom van de Voorde.

Ao remate, cada participante dará a coñecer os resultados en revistas especializadas, magazines literarios ou publicacións colectivas, completando o círculo dun proxecto singular que contribúe á divulgación dun xénero referencial como a poesía. Froito da X edición do Obradoiro publicarase un libro que recolle os poemas que produzan durante o período de dito obradoiro.

Recoñecemento a Laureano Araujo en Cambados

Pola súa parte, o secretario xeral de Política Lingüística, Valentín García, participou en Cambados na entrega do Premio Plácido Castro de Tradución, un galardón co que a fundación homónima, a Asociación Galega de Profesionais da Tradución e a Interpretación e o Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional (IGADI), en colaboración coa Xunta de Galicia, destacan a calidade das traducións ao galego dos clásicos da literatura universal, ao tempo que contribúen ao proceso de normalización do galego e enriquecen o universo literario engrosándoo con grandes obras escritas noutras linguas.

Na 19ª edición do Premio Plácido Castro, cuxa entrega de premios tivo que aprazarse por mor da pandemia, o galardoado é Laureano Araujo pola súa tradución de Schlumpf, Erwin: Homicidio, obra do escritor suízo Friedrich Glauser. Formado en Dereito e Ciencia Política, ademais de poeta, Araujo (Berna, 1964) é profesor de alemán no ensino secundario e xa ten traducido a autores como Joseph Roth, Heinrich Böll, Thoman Mann ou Stefan Zweig. O premio consistiu nun diploma acreditativo, unha peza escultórica, obra de Xaquín Chaves, deseñada expresamente para o certame e 2.000€.

[Fonte: http://www.lingua.gal]

Uno de los escritores con más independencia intelectual y cultura universal que hay entre nosotros publica un libro misceláneo de saberes diversos, exploración histórica y crítica sobre lo peor que tiene hoy nuestra sociedad

Publicado por TONI MONTESINOS

El último libro de Mauricio Wiesenthal ((Barcelona, 1943), «El derecho a disentir», se podría decir que es una condensación de algunos de los elementos que más le han caracterizado en estos últimos lustros y que le ha granjeado tanta admiración a ambos lados del océano; estamos ante una serie de ensayos en que se mezclan, de una manera punzante y hasta provocadora –por lo sincera y lo nada políticamente correcta que se muestra–, su propia biografía y su revisionismo intelectual, una reflexión sobre nuestra atmósfera cultural y una crítica a la actualidad –«mucha universidad y pocos maestros de verdad, muchos ejecutivos y pocos ejecutantes»– sin contemplaciones.

–¿Es en efecto todo eso?; ¿cómo concibió el libro?

Stefan Zweig ya escribió y describió «El mundo de ayer». Y, luego, se quitó de en medio. Yo he resistido un poco más para poder llegar hasta el «mundo de hoy». Escribí este libro a lo largo de cincuenta años en el curso de mis viajes, mis estudios, mis clases, mis andanzas, mis hoteles… En resumen, me propuse escribir unos ensayos festivos, aunque al concluirlos me di cuenta de que había escrito también un testimonio crítico de mi tiempo. Y por eso lo titulé «El derecho a disentir».

–Por lo que puede leerse en sus páginas, ¿cree que estamos ante el fin de la tolerancia, ante un gran peligro que amenaza la libertad de expresión frente a lo políticamente correcto?

–Ya estamos viviendo esa tiranía de la intolerancia, que presenta una particularidad siniestra. A menudo los fanatismos antiguos tenían como intérpretes y secuaces a unos ilustrados dogmáticos y brutales. Pertenecían a escuelas filosóficas y academias herméticas, a prioratos despiadados y logias sectarias, a inquisiciones y bandas de sicarios que buscaban coartadas para sus pretensiones reformistas, igualitarias, revolucionarias o morales. Hoy todo es aún más oscuro, porque ya no disimulan su vesania salvaje y animalesca y exhiben su ignorancia espeluznante con sadismo, soberbia y crueldad. Es una regresión animal de la especie humana, que podría preocuparnos tanto o más que la amenaza del cambio climático. A los años del terrorismo (asesinos que necesitan banderas) sucede ya la rebelión de los brutos, criminales que solo buscan víctimas porque beben en el mismo botellón y gozan en manada.

–El análisis no puede ser más contundente. Los intolerantes no pueden, en esencia, aceptar lo meramente diferente, ¿a qué nos lleva tal cosa?

–Cada ser humano que trabaja es diferente a cada compañero que comparte la tarea, y necesitan organizarse en jerarquías, en órdenes, y en especialidades. Observe que los vagos son los únicos que son iguales a los otros vagos. Por eso, este tiempo que odia la «diferencia» no puede crear más que represión y censura. Sin diferencias no puede haber libertad. Todas las revoluciones de los siglos XX y XXI han proclamado el colectivismo, han cometido crímenes horribles para establecer sus pretendidos paraísos, y han menospreciado nuestro «compromiso social». El racismo, los fascismos, el comunismo, la homofobia, el populismo y el nacionalismo se fundamentan en el odio a las diferencias. Eso ya lo diagnosticó Freud cuando dijo que el racismo no tiene otro fundamento que el «miedo» que ciertos ignorantes –una vez más los brutos vestidos de doctores– sienten hacia todo el que es distinto, por su físico, por su educación, por su fortuna, por sus ideas o por sus creencias.

El polifacético Mauricio Wiesenthal, retratado en uno de sus rincones de leer, en su casa de Barcelona.

–¿A qué nos veremos abocados de seguir así en el futuro inmediato, en este entorno de instantaneidad, redes sociales, noticias que buscan lo llamativo o el entretenimiento vacuo?

–Me horrorizan ciertos conceptos técnicos del léxico actual que han entrado como moneda corriente en nuestra vida, sin que nadie los someta a juicio y límite crítico. Pido disculpas, pero no sé, por ejemplo, qué quieren decir con la expresión «realidad virtual». Me parece más razonable hablar de «irrealidad virtual», porque el nombre sagrado de la realidad no puede confundirse con la irrealidad, sin caer en el delirio. Acostumbramos a los jóvenes desde muy temprana edad a manejar mentiras. Todo además con un matiz inquietante, ya que las fantasías del arte eran imaginaciones y sucedáneos que podíamos contemplar siempre «desde nuestra irrenunciable realidad», mientras que ahora se nos concede un «poder virtual» para adentrarnos en ellas, manipularlas y disponerlas.

–Toda una confusión entre la irrealidad y la realidad, entonces.

–Puro terrorismo moral. ¿Por qué se extrañan del poder maldito que tienen las «fake news»? ¿Tendremos que llegar a la locura de divorciar las palabras «realidad» y «verdad»? ¿A qué pesadilla criminal y sombría nos veremos abocados? Nuestras herramientas humanas y nuestros sentidos tienen limitaciones: unas veces por saciedad, y otras porque remueven nuestra conciencia y reclaman nuestro sentido de «responsabilidad». Pero actuar «virtualmente» no exige sentir la responsabilidad de los actos. Un cretino cualquiera pude bombardear un pueblo en un juego virtual y no sentir ninguna responsabilidad. Así, con este «entrenamiento al delito impune», se comprenden ciertas brutalidades de nuestro tiempo, y la orgía de irresponsabilidad que nos va invadiendo.

–¿Qué sería a la luz de la actualidad la que podríamos llamar cultura tradicional? ¿Hay formas de rescatarla por si arroja luz en estos tiempos?

–Prefiero hablar de «cultura humanista o clásica», que se impartía a través de la «educación tradicional» en los libros, en las escuelas y en los hogares. Los «clásicos» llegaban a serlo por medio de una selección hecha a través de los tiempos. Así seleccionamos también nuestros materiales de construcción, nuestros árboles, nuestros alimentos o el tesoro de nuestro léxico. Ciertos maestros y sus obras forman parte imborrable de nuestra memoria; no una referencia guardada en Internet, sino una memoria real que actúa en nosotros porque está radicada en nuestro cerebro, y ha sido aprendida y experimentada en nuestro corazón.

–¿En su libro habla de ser antimoderno? ¿Es un posible punto de vista salvador para encarar esta época marcada por el materialismo y la pérdida de valores morales?

–«Si hubiese querido caer en la depravación –escribió Goethe– solo tenía que haberme dejado llevar por los que me rodeaban». El gran Antoine Compagnon y algunos autores franceses de la segunda década del siglo XX utilizaron la palabra antimodernos para referirse a los maestros que nos legaron una visión desencantada de la modernidad. No se trata de reaccionarios ni de ultras, sino de autores que podríamos llamar «intempestivos» (este adjetivo tan querido por Nietzsche), porque no se dejaron arrastrar por las modas de su tiempo, y reivindicaron la vigencia de empeños y valores que habían sido prematuramente enterrados por la soberbia de las revoluciones populistas.

–¿Qué políticas tendrían que implantarse para que la sociedad y lo cultural se encauzaran hacia la sabiduría, la espiritualidad, la fe, esos elementos tan caros a usted y que son tan formativos para el intelecto y el alma?

–Creo, ante todo, en la educación, en los pactos sociales y en el trabajo, y no me gusta la «cultura subvencionada del ocio» que produce tantos irresponsables como desocupados. Pero permítame que sea un poco prudente y no fantasee con paraísos, ya que pienso que este mundo tiene algunos desarreglos crónicos que dan precisamente sentido a nuestra lucha y a nuestras vidas. Es mejor no encomendar las cosas del espíritu a los políticos, que ya tienen bastante si intentan administrar honradamente y en justicia las cosas materiales. Las revoluciones culturales suelen ser «muy mala idea».

 

[Foto:  ORIOL CAMPUZANO MANOBENS – fuente: http://www.larazon.es]

Irmgard Keun fut, dans les années 1930, une figure proéminente de la littérature allemande. Mais elle fut aussi à l’origine d’une histoire de disparition, qui lui a permis de vivre dans l’obscurité jusqu’aux années 1970. Poussée à l’exil à cause des thèmes jugés par les nazis « anti-allemands » de son travail, Keun aurait mis fin à ses jours en août 1940, d’après des propos rapportés par un journal britannique…

Publié par Valentine Costantini

Son premier roman fut traduit en français en 1933, sous le titre Gilgi découvre la vie. Suivra La jeune fille en soie artificielle (Gallimard, 1934), traduit en français par Clara Malraux. Ce récit prend la forme d’un journal, écrit par la narratrice, Doris, une jeune fille de dix-huit ans. En 1982, une nouvelle traduction de Dominique Autrand permet aux éditions Balland de republier ce roman en 1982. Aujourd’hui, les éditions du Typhon proposent le travail de Keun sous un nouveau titre : Une vie étincelante.

Résumé de l’éditeur :

Il n’y a qu’une ville à la taille de l’énergie de Doris : Berlin ! Fuyant la ville moyenne où elle végète, Doris, séduisante et séductrice, part à la conquête de la Babylone des années 30. Un objectif en tête : devenir une vedette. Elle plonge alors dans un univers éclatant et éclaté : le champagne coule à flot comme les êtres à pic dans la misère. Artistes, mondains, miséreux se lancent à corps perdu dans un dernier tour de piste avant le désastre qui s’annonce en Europe. Ne pouvant compter que sur elle-même, Doris va tout vivre au risque d’être emportée par ce torrent.

Texte féministe avant l’heure, Irmgard Keun crée un personnage qui résiste à toute assignation.

Romancière reconnue, Irmgard Keun s’était vue condamnée par le gouvernement nazi, qui jugeait que ses romans — qui traitaient de sujets comme l’indépendance des femmes — étaient « anti-allemands ».

« Elle les méprisait », a expliqué Michael Hofmann, traducteur anglais de plusieurs de ses romans, pour décrire les sentiments de Keun envers les nazis. « Pour elle, c’étaient des idiots déguisés en uniformes qui criaient et piétinaient dans tous les sens. »

En 1933, la confiscation de son travail par la Gestapo la priva de revenus : elle fuit alors l’Allemagne, pour exister entre la France et les Pays-Bas. Elle rejoignit par la même occasion d’autres écrivains allemands en exil, comme Thomas Mann, Stefan Zweig et Joseph Roth. Elle continua d’écrire et de publier, sans pour autant atteindre son lectorat allemand comme par le passé.

Disparaître sans laisser de trace

Le traducteur Michael Hofmann a produit deux versions récentes en anglais des romans de Keun, sans pour autant tout savoir de la romancière. « Les faits biographiques précis sur Keun sont très minces », a-t-il avoué. « Nous savons que Keun est née à Berlin en 1905 et a commencé sa vie professionnelle en tant qu’actrice vers 1921. »

Irmgard Keun aura vécu dans l’obscurité jusqu’aux années 1970, lorsque ses livres ont été redécouverts par une nouvelle génération de lecteurs allemands. À cette époque, nombre d’entre eux cherchaient à construire une identité nationale en opposition à un sombre passé. Aujourd’hui, de récentes traductions et rééditions présentent les œuvres de cette romancière à un public plus conséquent.

« Elle était encore en Hollande, en 1940, et son suicide a été annoncé dans un journal britannique », a raconté Hofmann. « D’une manière ou d’une autre, elle en a profité, a obtenu de faux papiers et est retournée chez ses parents juste de l’autre côté de la frontière, à Cologne. »

À l’heure actuelle, il est encore impossible de déterminer si Keun avait créé cette histoire de toute pièce en collaboration avec un éditeur, ou si tout ceci n’avait été qu’une erreur dont elle aurait profité. Keun — devenue Charlotte Tralow, son nom de plume — parvint alors à retourner en Allemagne, avec la publication de Tendre Ferdinand (publié en 1983 par Balland, avec une traduction de Yves Jambert), son dernier roman.

Écrit en 1950, ce roman suit un soldat enrôlé qui revient à Cologne d’un camp de prisonniers de guerre, luttant à s’habituer à sa vie d’après-guerre. Ce récit offre un aperçu du pays en reconstruction, d’un peuple privé de l’essentiel, au milieu des débris.

Keun, à travers le personnage de Ferdinand, aura avoué : « Ce n’est pas si facile d’écrire une histoire d’amour dans l’Allemagne d’aujourd’hui. Il y a des lois strictes. »

via Smithsonian Magazine et Liberation

 

[Photo : ullstein bild / Getty Images – source : http://www.actualitte.com]

Psicografia de “Os demônios” no Brasil

Escrito por MARIANA LINS COSTA*

“Embora sejamos provincianos e por isso, é claro, dignos de pena, sabemos entretanto que

por enquanto ainda não aconteceu no mundo nada de tão novo que nos fizesse chorar”

(Dostoiévski, Os demônios).

É verdade que quando Dostoiévski afirmou que a sua época era a mais literária possível, ele justificou esse seu diagnóstico pela constatação de que a divisão interna e externa que então se via na sociedade era na verdade expressão de uma sede generalizada por convicção moral e direção.[i] Noutras palavras: se a sua época era a mais literária possível, isso se devia também às próprias convicções e direção estarem para ser novamente criadas, o que por sua vez implicava em que já estavam sendo efetivamente criadas, naquele momento mesmo, nas ruas. O que, como não poderia ser diferente, abria caminho para todo tipo de vigarice e vigarista.

“Ainda existem nos jornais muitos vestígios da inesperada falta de firmeza nas convicções, que leva à prática dos atos mais terríveis” – escreveu em carta, na ocasião em que rascunhava Crime e castigo.[ii] Uma falta de firmeza nas convicções que, de um lado, se fazia ver nos próprios fatos relatados nos jornais. E de outro, na forma mesma com que eles, os “fatos”, eram relatados, posto que nem sempre os jornalistas se manteriam fiéis à causa da verdade factual, fosse pela falta de cuidado na verificação das fontes, fosse porque a distorção mesma era o que efetivamente possibilitava uma “boa” história.[iii]

Que a “boa história” pudesse acarretar na destruição de vidas e reputações, tal como os mais atrozes dos fatos relatados, ora, isso era justamente o que se garantia tratar de uma boa história! E o ponto é que foi justamente aí, onde o escritor vislumbrou o “horror real” que então se anunciava na sua época: “A possibilidade de considerar a si mesmo – e algumas vezes ser efetivamente – uma pessoa honrada enquanto comete uma vilania óbvia e inegável”.[iv]

Lido tal paradoxo com as lentes estapafúrdias deste nosso triste ano de 2021, parece deveras surpreendente que Dostoiévski tenha chegado a tais conclusões sem conhecer o Brasil atual. Remetendo-nos a um dos casos mais recentes, o acompanhamento midiático das buscas pelo assassino e estuprador, Lázaro Barbosa, testemunhamos que fatos atrozes moldados em “boas histórias” são capazes não só de transformar um miserável numa espécie de anti-herói digno de Hollywood, como, justamente, por isso, espetacularizar a sua execução – que apesar de ter conseguido furar o cerco da invisibilidade estatística, de outro lado, a cada dia que passa se torna tão banal e pouco memorável quanto um blockbuster. Revelação de uma miséria tão nossa de convicção moral e direção, que faz até pensar com mais benevolência na grotesca declaração do grotesco “Abe” Weintraub de que somente a “pena de morte pode nos devolver a esperança”;[v] benevolência, porque se fosse mesmo o caso de ter de escolher entre um coliseu high-tech estrelado em meio à aula remota das crianças – num tempo em que sequer é mais possível distinguir quem é fera e quem é gladiador – e a assepsia de uma morte indolor, programada e privada, com direito a uma última refeição e um padre ou pastor para arrepender-se dos pecados caso deseje… a verdade é que coisa toda estaria em maus lençóis.

Mas Dostoiévski vai além. Assim, ainda mais surpreendente é que esse magnânimo tenha, já no seu tempo, antevisto que dentre as mais variadas espécimes de vigarista e vigarice, o caos e atrocidade absolutos poderiam ter os caminhos deliberadamente abertos, quando não só os fatos relatados fossem cada vez mais atrozes eles mesmos, mas quando os seus relatos, sob o formato de “boas histórias”, dispusessem dos mecanismos necessários para espraiá-los aos quatro cantos de maneira contraditória suficiente até o ponto de gerar uma descrença e desorientação tão absolutas que se transmutariam em perplexidade, quando não em desespero. Embora as fake news, hoje se apresentem a muitos de nós como uma amarga novidade, os seus métodos já se encontram descritos em Os demônios, há exatos 150 anos. E mais do que seus métodos, lá encontramos também os seus fins: o caos absoluto como preparatório de um regime político de dominação até então inaudito e que, segundo postulado em Os demônios, virá simplesmente por ser “ourivesaria” e “coisa do futuro”.[vi] Quiçá o Brasil seja mesmo o país do futuro! Ainda que num sentido bem outro do vislumbrado por Stefan Zweig que, de todo modo, visto de hoje, como se por vaticínio se suicidou.

Para confirmar o velho ditado apocalíptico “Quem tiver ouvidos para ouvir que ouça”! – é o caso de espiarmos um excerto justamente de Os demônios: “— Até onde pude compreender, […] o senhor mesmo, no início e depois mais de uma vez, desenvolveu […] um quadro da Rússia coberta por uma rede infinita de nós. Por sua vez, cada um dos grupos em ação, ao fazer prosélitos e disseminar-se em seções laterais ao infinito, tem como tarefa desacreditar constantemente, mediante uma propaganda sistemática de denúncias, a importância do poder local, gerar perplexidade nos povoados, engendrar o cinismo e escândalos, a total descrença no que quer que exista, a sede do melhor e, por fim, lançando mão de incêndios como meio predominantemente popular, no momento determinado lançar o país até no desespero em caso de necessidade. São ou não são suas essas palavras que procurei lembrar literalmente? É ou não é seu esse programa de ação, comunicado pelo senhor na qualidade de representante de um tal comitê central, ainda hoje absolutamente desconhecido e quase fantástico para nós?

— Está certo, só que o senhor delonga demais.”[vii]

Não foram poucos os intelectuais e estudiosos, caso de Charles Taylor e Albert Camus, que viram no ideal político prenunciado em Os demônios o que posteriormente veio a se chamar de totalitarismo e nos meios para um tal ideal certa sistematização do que, pouco tempo depois de publicada a obra, veio a ser designado terrorismo. Em Os demônios, testemunhamos a tessitura da relação entre terrorismo e totalitarismo como se passos subsequentes de uma única dança. Como se método e fim. Se o fim não for passível de ser imediatamente atingido não significa que o método não possa causar suficientes estragos, de modo inclusive a abrir caminho para a futura instauração desse fim mesmo.

É surpreendente observar como Dostoiévski estava consciente de que a desestruturação absoluta de uma sociedade era preparatória para o fanatismo e dominação. Conforme ilustrado no excerto acima, as táticas terroristas apresentadas em Os demônios já incluíam além do derramamento de sangue propriamente dito, sobretudo a desestabilização psicológica e social propiciada via a “propaganda sistemática” “por uma rede infinita de nós” com a “tarefa” de “desacreditar constantemente”, como se houvesse aí um esboço da cartilha da guerra híbrida com as suas Opsis, antes mesmo da sua existência.[viii]

E isso quando o escritor vivia numa sociedade czarista e não poderia, segundo os fatos, sequer suspeitar que o terrorismo ao invés de grupos clandestinos de jovens radicais viria a ser levado a cabo pelo próprio Estado – auxiliado quer deliberadamente ou não pelas chamadas big techs – com o fim da ampliação do poder de certos vigaristas até o ponto de tornar necessário reduzir à maioria se não à morte, à condição mais abjeta. É deveras terrível a insistência com que o teórico do totalitarismo do romance ou, segundo as suas palavras, o teórico “da organização social da sociedade do futuro que substituirá a atual”, assegura já não haver mais qualquer outra solução possível para a “fórmula social” – “Ne-nhu-ma!”, soletra.[ix]

Partindo da liberdade ilimitada que todos os vigaristas de todos os tempos buscaram atingir (e não só eles, convenhamos) chegar-se-á, garante-nos, por necessidade lógica, finalmente ao despotismo ilimitado; e se “rebaixar o nível da educação, das ciências e do talento” seria uma das primeiras ações necessárias, a dificuldade real que se lhe apresentava era a de não haver na sua época meios eficazes o suficiente para promover a morte em massa. Afinal, resume um dos seus entusiastas, se “é impossível curar o mundo por mais que tratemos dele”, cortar “cem milhões de cabeça” certamente facilitaria a coisa toda.

Em face de tamanha incurabilidade é que o teórico assegura não estar a propor qualquer infâmia, mas antes “o paraíso terrestre”.[x] Ou ainda, conforme berra aquele que disse saber como dar o primeiro passo para transformar a teoria em plano e ação: “Já sem a ciência há material suficiente para mil anos, mas precisamos organizar a obediência. No mundo só falta uma coisa: obediência”![xi] Sim, sob uma tal perspectiva, o nosso ex-ministro da Educação, a despeito do seu kafta, nem sabe que coisa profunda conseguiu predizer.

Se fosse o caso de não só compreender a vida como literatura, mas interpretá-la à luz da literatura, mesmo uma leitura superficial de Os demônios tornaria difícil, ao vivenciar o governo Bolsonaro, não se juntar às fileiras dos que aclamam Dostoiévski como profeta; uma aclamação que, de todo modo, no nosso caso, implica supor que o grande número do circo dos horrores orquestrado pelo presidente (ou do qual ele é o representante de um quase fantástico partido fardado absolutamente desconhecido para nós) talvez ainda esteja por vir.

Pois, se de um lado, a desestabilização social (acompanhada da morte em massa) tem sido levada a cabo, em múltiplas frentes, com maestria pelo seu governo, recentemente reunido com a CIA,[xii] essa mesma desestabilização é alimentada com ininterruptas ameaças de golpe – como a do dia 19 de março, em que o presidente apresentou ipsi literirs o caminho antevisto em Os demônios ao afirmar que “um terreno fértil para a ditadura é exatamente a miséria, a fome, a pobreza, onde o homem com necessidade perde a razão”.[xiii]

E que Bolsonaro pareça excessivamente tosco ou demasiadamente estúpido para algo como um golpe, talvez um motim, neste nosso país do pós-pré-sal, bem isso também está previsto no romance, na fala daquele que poderia ser compreendido como o seu duplo literário, o personagem Piotr Stiepanovitch Vierkhoviénski: “Pois bem, resolvi em definitivo que o melhor é a gente falar, e precisamente por mediocridade, isto é, muito, muito, muito, apressar-se muito em demonstrar e acabar sempre se enredando em suas próprias demonstrações, de modo que o ouvinte sempre se afaste de você, fique sem saber o que dizer, mas o melhor é que dê de ombros. […] Com licença, depois disso quem vai suspeitar de que você tem intenções misteriosas? Sim, qualquer um deles ficaria ofendido com quem dissesse que eu tenho intenções secretas. Além do mais, às vezes eu faço rir — e isso já é precioso. […] Eles vão me assediar e tornarei a mentir. Todos já me deixaram de lado; “É capaz, dizem, mas caiu da lua”.[xiv]

E eis que, para além dos fatos transmutados em boas histórias, ao olhar para a nossa realidade com as lentes de Os demônios, parece que estamos a nos aproximar do momento determinado em que este nosso país já desesperado será lançado numa outra qualidade de desespero. Pois é confirmado pelo prognóstico oferecido pelo romance que o fenômeno Bolsonaro não se encerrará com a sua tão sonhada derrocada, seja via impeachment ou pela derrota nas próximas eleições. E para o caso de um outro analista político surrealista e mais otimista vir a gritar “Lula presidente em 2022!”, baseando-se para isso, além de nas pesquisas de intenções de voto, inclusive no final mesmo do romance, dado que a cidadezinha em que se passam os terríveis acontecimentos narrados na obra volta aparentemente

, num jantar em Washington: “O Brasil não é um terreno aberto onde nós pretendemos construir coisas para o nosso povo. Nós temos é que desconstruir muita coisa. Desfazer muita coisa. Para depois nós começarmos a fazer. Que eu sirva para que, pelo menos, eu possa ser um ponto de inflexão, já estou muito feliz”[xvii]

*Mariana Lins Costa é pós-doutoranda em Filosofia pela Universidade Federal de Sergipe.

Notas


[i] Dostoiévski apud Moser, C. A. “Dostoevsky and the aesthetics of journalism”. Dostoevsky’s Studies, vol. 3, 1982.

[ii] Dostoiévski apud Frank, J. Dostoiévski: os anos milagrosos, 1865-1871. São Paulo: Edusp, 2003, p. 75.

[iii] Moser, C. A. “Dostoevsky and the aesthetics of journalism”. Dostoevsky’s Studies, vol. 3, 1982.

[iv] Dostoiévski. A writer’s diary. Volume One 1873-1876. Evanston, Illinois: Northwestern University Press, 1994, pp. 286-287.

[v] https://www.correiobraziliense.com.br/politica/2020/08/4871753-weintraub-defende-pena-de-morte—pode-nos-devolver-a-esperanca.html

[vi] Ou como diria Piero Leirner: Reboot. http://www.ihu.unisinos.br/610493-projeto-bolsonaro-e-finito-mas-e-preciso-ficar-atento-aos-militares-entrevista-especial-com-piero-leirner

[vii] Dostoiévski. Os demônios. Trad. Paulo Bezerra. São Paulo: Editora 34, 2004, p. 532-533.

[viii] É inevitável que pensemos aqui sobre quantas “narrativas” giraram – e ainda giram entre smartphones e farmácias –, em torno do fármaco hidroxocloroquina; o que, de outro lado, faz também pensar que para além de Bolsonaro, seus representantes e do follow the money (agora praticamente esquecido com a nova história da Covaxin), não só a Dra. Nise Yamaguchi (até junho deste ano, médica no Hospital Albert Einstein), como parte significativa da significativa classe médica aderiu ativamente (ou autonomamente) à recomendação do “kit”, vide o caso de nada menos do que o Conselho Federal de Medicina. Detalhe que traz alguma perturbação à verdadeiramente inspiradora história da ciência contra o genocídio contada, até outro dia, na CPI da covid, quando as duas coisas na História mesma, a com “H” maiúsculo, digamos assim, de um modo geral, sempre andaram juntas…

(https://www.diariodocentrodomundo.com.br/essencial/cfm-nao-nos-representa-diz-nota-da-rede-de-medicos-populares-e-medicos-pela-democracia/)

[ix] Dostoiévski. Os demônios, p. 391;392.

[x] Idem, p. 395.

[xi] Idem, p. 407.

[xii] https://oglobo.globo.com/mundo/em-visita-ao-brasil-diretor-da-cia-se-encontra-com-ministros-de-bolsonaro-1-25085980

[xiii] https://www.correiobraziliense.com.br/politica/2021/03/4912817-bolsonaro-o-caos-vem-ai–a-fome-vai-tirar-o-pessoal-de-casa.html

[xiv] Dostoiévski. Os demônios, p. 222; 227.

[xv] Idem, p. 649.

[xvi] Idem, p. 392.

[xvii] https://noticias.uol.com.br/colunas/rubens-valente/2020/05/24/reuniao-bolsonaro-governo.htm

[Imagem: Stanislav Kondratiev – fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

 

Stefan Zweig (1881-1942) est né dans une famille juive viennoise. Biographe, chroniqueur de l’Empire austro-hongrois, ce romancier a décrit avec finesse les ressorts psychologiques de ses personnages. Un représentant de l’intelligentsia juive de la Mittle Europa fuyant le nazisme et disparue lors de la Seconde Guerre mondiale. Un des auteurs les plus lus au monde. Un « homme du paradoxe », discret sur ses tourments et biographe. Arte diffusera le 8 juillet 2021, dans le cadre de « Ah ! Ça lira… » (Lesefieber), « Le joueur d’échecs » (Schachnovelle). 


Publié par Véronique Chemla 
 
« Stefan Zweig, histoire d’un Européen » (Stefan Zweig. Ein Europäer von Welt) est un documentaire de Jean-Pierre Devillers et François Busnel (2013). Pourquoi pas un Européen juif ? Un « Européen ». C’est ainsi que le définit ce documentariste. Certes, mais un Européen Juif.

Le 22 février 1942, après avoir écrit à leurs proches et aux édiles de Petrópolis (Brésil), Stefan Zweig et sa fJemme Lotte, habillés élégamment, se suicident en consommant des barbituriques à Petrópolis où leur exil les avait conduits. 
 
« Malgré le fracas de la Seconde Guerre mondiale, le suicide de l’écrivain autrichien, dont les livres ont été brûlés quatre ans plus tôt, à Salzbourg, suscite une immense émotion. Le Brésil lui organisera des funérailles nationales ». Une « mort inexplicable ». Zweig « a perdu l’amitié et l’Europe ».
 
« Pourquoi le romancier, nouvelliste et biographe de génie, qui a connu un succès phénoménal de son vivant, a-t-il cédé à l’appel du vide ? »
 
Ce documentaire « remonte le fil de la vie tourmentée d’un écrivain de génie, l’un des premiers à rêver d’une Europe cosmopolite et moderne ».
 
« Pour démêler le jeu des forces obscures qui ont emporté sa vie, François Busnel et Jean-Pierre Devillers égrènent les étapes d’un parcours marqué par la recherche constante de la liberté ». 
 
Stefan Zweig est né en 1881 dans une famille bourgeoise viennoise apôtre de l’intégration. Son père dirige une usine de textile dans un empire austro-hongrois en déclins.

Zweig espère en une Europe au-delà des nationalismes. Sans passeport, il voyage en Europe, en Inde, aux États-Unis. Un goût de liberté.

« Spéléologue des âmes »
Zweig parle et écrit en cinq langues. Lucide, il décerne l’espoir dans la jeunesse, et l’ennui. Admirateur de Rimbaud, il publie ses poèmes à quinze ans.


Il découvre les innovations technologiques du début du XXe siècle, et une nouvelle discipline : la psychanalyse. Le Dr Sigmund Freud ouvre une voie originale.

Zweig publie Brûlant secret, une nouvelleUn premier livre qui exploite les mêmes thématiques que Freud : secret, paradoxe, forces obscures.

 
Ses « premiers succès, qui le rendent célèbre à 30 ans, son enthousiasme pour Freud, son goût du voyage et sa passion pour le progrès technique, annonciateur, croit-il, d’une humanité meilleure… : autant d’éléments biographiques qui éclairent une personnalité complexe ».

Marié, Zweig s’engage lors de la Première Guerre mondiale. Romain Rolland affirme son pacifisme. Zweig est convaincu par sa position. En 1915, Zweig se voit confier une mission.


En 1918, disparaît l’empire d’Autriche-Hongrie. Zweig se fixe à Salzbourg, en Autriche.

L’Allemagne de Weimar a succédé au Reich. En 1922, Zweig est profondément marqué par l’assassinat de Walther Rathenau, ministre allemande juif.

Zweig voyage. À Paris, « ville de l’éternelle jeunesse », il souhaite rencontrer Francis Scott Fitzgerald, déjà reparti aux États-Unis.

 
Mais l’auteur d’Amok, Lettre d’une inconnueconfession bouleversante d’un cœur aimant sans retour merveilleusement adapté par Max Ophüls, d’Amok, d’Ivresse de la métamorphose, roman à la structure complexe, ou du Joueur d’échecs voue un culte à l’amitié et exprime une foi profonde en une Europe moderne et cosmopolite.

« Ce livre est un chef d’œuvre ». Ainsi, est saluée La confusion des sentiments par Freud. Le succès de Zweig, quarantenaire, suscite jalousie et irritation. L’auteur se sent emprisonné dans sa fonction d’écrivain. Il puise dans l’écriture la force d’affronter la vie.

En 1929, Zweig est invité dans l’Union soviétique. Il constate la misère, la répression. Mais il ne dénonce pas publiquement le régime communiste. Ce qui lui vaut de vives critiques de la presse autrichienne.

 
« Deux croyances cruellement déçues : l’Europe se déchire dès 1933 et certains des proches de l’écrivain – comme beaucoup de ses lecteurs – critiquent sa réticence à prendre publiquement parti contre les régimes nazi et soviétique ».

Zweig présente des points communs à son personnage, Le bouquiniste Mendel. Les livres revêtent une importance majeure dans sa compréhension du monde et des êtres humains.

1933. Après l’avènement du nazisme, les écrivains juifs sont interdits de publication, et leurs livres brûlés.

 
Mais « si Zweig peine à s’engager, c’est qu’il préfère dans ses livres se faire l’archéologue des passions amoureuses ». Sa langue s’avère sa patrie.
 
Blessé, refusant la haine, silencieux – ce que critiquent Joseph Roth et Klaus Mann -, « devenu en tant qu’écrivain progressiste et Juif un paria en Autriche, il s’exile et ne se relèvera pas de ses désillusions  ». Déchiré, Zweig ne saisit pas l’ampleur des bouleversements à venir. Son épouse demeure à Salzbourg, et sa secrétaire l’accompagne. À Londres, ce quinquagénaire doit recommencer sa vie sans l’enthousiasme qui le portait dans sa jeunesse. Dans Erasme, il justifie ses positions, répond aux critiques…

En 1935, il poursuit ses voyages. Son opéra coécrit avec Strauss est interdit au bout de quelques jours. Ses livres sont définitivement mis à l’index par les Nazis. Brésil, Argentine… L’accueil est enthousiaste à l’exilé. Zweig achève La Pitié dangereuse.

Apatride, déchu de sa nationalité, Zweig sollicite la nationalité britannique qu’il obtient en 1940. Il prononce l’oraison funèbre de Freud.

En 1939, la Deuxième Guerre mondiale éclate. Divorcé, Zweig épouse Lotte.

Il quitte définitivement l’Europe en 1940. L’année suivante, il arrive à New York où il soutient le Comité de soutien aux réfugiés. Il débute son autobiographie, Le Monde d’hier.

En 1941, il rejoint le Brésil, pays de métissage, où il rencontre Bernanos.

Une « fatigue morale doublée d’un découragement politique » le saisissent. « La terreur que m’inspire l’époque croît jusqu’à la démesure », écrit Stefan Zweig avant de se suicider. Lotte souffre d’asthme. Zweig classe ses archives…

Arte rediffusera « Stefan Zweig, histoire d’un Européen » (Stefan Zweig. Ein Europäer von Welt), documentaire de Jean-Pierre Devillers et François Busnel (2013). Une « relecture passionnante d’une existence aussi tourmentée que son temps, et des œuvres qu’elle a brillamment produites ».

Du 16 septembre au 2 avril 2017, le Théâtre des Mathurins a présenté Le monde d’hier, d’après Stefan Zweig dans une mise en scène par Patrick Pineau et Jérôme Kircher. « Le Monde d’hier », l’autobiographie de Stefan Zweig, « est un livre-phare. Seul des grands textes de l’auteur de « Lettre d’une inconnue » à n’avoir jamais été adapté au théâtre, ce récit d’une vie dans le siècle embrasse toutes les splendeurs et les catastrophes de l’Europe depuis l’époque de la grandeur de Vienne jusqu’à son anéantissement. À la fois chant du cygne et message d’espoir, ce texte s’y avère d’une poésie et d’une puissance inouïes. Aujourd’hui plus que jamais, la voix de Zweig, éteinte un soir de février 1942, nous manque. Le projet de ce spectacle, adapté par Laurent Seksik (auteur des « Derniers Jours de Stefan Zweig ») et joué par Jérôme Kircher, est de la faire à nouveau entendre et de faire revivre sous nos yeux un  monde étincelant et perdu ».
« Conscience contre violence »

Republié en livre de poche en 2010, « Conscience contre violence » (Ein Gewissen gegen die Gewalt) écrit en 1936 sur une commande du pasteur Jean Schorer, « ce précieux document était devenu introuvable depuis près de cinquante ans ! À partir du conflit exemplaire entre Sébastien Castellion (1515-1563) et Calvin, Stefan Zweig nous fait vivre un affrontement qui déborde de beaucoup son cadre historique. Cette cause nous intéresse tous : liberté et tolérance contre intégrisme. »

Ce livre s’ouvre par une citation de l’humaniste défenseur de Michel Servet ayant contesté l’austère et autoritaire Calvin, maître de Genève : « La postérité ne pourra pas comprendre que nous ayons dû retomber dans de pareilles ténèbres après avoir connu la lumière. » (De Arte Dubitandi, 1562)

« Si Stefan Zweig finit de rédiger ce texte prémonitoire en 1936, en pleine montée du fascisme, il faut y voir un sens profond. En effet, comment ne pas faire le rapprochement entre la ville de Genève et l’Allemagne nazie, entre Calvin et Hitler, les sbires de Farel et les hordes hitlériennes ? »

« Quelques décennies plus tard, fanatisme religieux et résurgence des extrêmes droites doivent à nouveau nous ouvrir les yeux. Cet écrit polémique devient alors une charge d’une force redoutable. »


« Stefan Zweig, adieu l’Europe »

Le 21 novembre 2018, Arte diffusera « Stefan Zweig, adieu l’Europe » (Vor der Morgenröte) par Maria Schrader, avec Josef Hader, Aenne Schwarz, Barbara Sukowa, Nahuel Pérez. « En 1936, Stefan Zweig quitte l’Europe pour l’Amérique du Sud. D’abord accueilli à Rio de Janeiro, l’auteur de Vingt-quatre heures de la vie d’une femme est célébré par la bonne société brésilienne. Mais le romancier, interrogé sur ses positions et son engagement, refuse de se laisser aller aux simplifications. Par ailleurs, fasciné par le Brésil, l’écrivain entreprend l’écriture d’une nouvelle œuvre. Accompagné par sa nouvelle épouse, Lotte, il explore différentes régions du pays. »

« De 1936 à 1942, cinq instantanés du long exil qui a précédé le suicide au Brésil de l’écrivain Stefan Zweig. Une sobriété documentaire que l’acteur autrichien Josef Hader rend bouleversante.

« 1936, Rio de Janeiro. Voici deux ans déjà que le mondialement célèbre Stefan Zweig, mis à l’index par l’Allemagne hitlérienne, a fui l’Autriche pour s’installer provisoirement en Grande-Bretagne, habité par la certitude prémonitoire que les nazis vont s’emparer de son pays et propager la guerre en Europe. Invité au Brésil avec sa jeune épouse Lotte, qui fut sa secrétaire, pour présider un dîner de gala, il rejoint ensuite à Buenos Aires le congrès du Pen Club, où on l’attend comme un oracle. Mais alors qu’à la tribune on scande son nom parmi ceux des écrivains persécutés par le IIIe Reich, l’auteur d’Amok et de Lettre d’une inconnue refuse face aux journalistes de condamner publiquement le régime. « Tout geste de résistance qui ne comporte aucun risque et reste sans effet relève de la pure vanité », objecte-t-il à Brainin, le jeune compatriote ulcéré qui le somme de dénoncer Hitler. »

« Je salue tous mes amis. Puissent-ils voir encore l’aurore après la longue nuit ! Moi je suis trop impatient, je pars avant eux », écrira Zweig le 22 février 1942, avant de se suicider au véronal avec Lotte dans leur maison de Petrópolis, non loin de Rio. Entre les prémices de la guerre et la sauvagerie qui jour après jour, à l’autre bout du monde, détruit tout ce qui lui est cher, entre un hiver new-yorkais et les luxuriances tropicales du Brésil, Maria Schrader (dont le film s’intitule en allemand « Avant l’aurore ») met en scène avec une précision et une sobriété documentaires cinq tableaux d’une errance de plus en plus douloureuse. Sans prétendre percer le mystère d’un homme qui décrivit si finement l’âme humaine, et dont les mots portent ce film, l’acteur autrichien Josef Hader suggère de façon bouleversante la souffrance, la peur et l’épuisement qui affleurent sous l’élégance. »
« Le joueur d’échecs »

Arte diffusera le 8 juillet 2021, dans le cadre de « Ah ! Ça lira… » (Lesefieber), « Le joueur d’échecs » (Schachnovelle). Ce court roman de Stefan Zweig a été édité à titre posthume en 1943. Sur un paquebot naviguant de New York à Buenos Aires,  deux joueurs d’échecs, aux parcours et style de jeu différents, se rencontrent…
« Avec la complicité du conteur Daniel Pennac, une invitation à la lecture et à l’écriture pour le jeune public. Lire et raconter ce qu’on a lu pour susciter l’envie, confronter Riad Sattouf ou Thomas Fersen aux Droits du lecteur de Daniel Pennac, sauter le pas et prendre soi-même la plume… Cette collection illustrée par les étudiants de l’École Estienne est une invitation à plonger dans dix romans classiques, aux âges où la littérature jeunesse se double d’une faim de littérature tout court. »
« Aujourd’hui : Joseph embarque sur un bateau pour une palpitante partie avec Le joueur d’échecs de Stefan Zweig. Est-on obligé de lire ? Lena et Zach posent la question à des stars de la littérature. Elia et Joseph imaginent un voyage dans le temps provoqué par l’ingestion de champignons phosphorescents. »
« Le joueur d’échecs »
France, 2020, 10 x 26mn
Collection documentaire de Charles Castella, Christian Popp et Alice de Poncheville
Coproduction : ARTE GEIE, Yuzu Productions
Sur Arte le 8 juillet 2021 à 6 h 35
Disponible sur arte.tv du 29/06/2021 au 06/08/2021

« Stefan Zweig, adieu l’Europe » par Maria Schrader
Allemagne, Autriche, 2016, 99 min
Scénario : Jan Schomburg, Maria Schrader

Production : Idéal Audience, Maha Productions, Dor Film Produktionsgesellschaft, BR, WDR, ARTE France Cinéma, ORF, X Filme Creative Pool
Producteur/-trice : Stefan Arndt, Danny Krausz, Denis Poncet, Uwe Schott, Pierre-Olivier Bardet, Kurt Stocker
Image : Wolfgang Thaler
Montage : Hansjörg Weissbrich
Musique : Tobias Wagner
Avec Josef Hader, Barbara Sukowa, Aenne Schwarz, Matthias Brandt, Charly Hübner, André Szymanski, Lenn Kudrjawizki, Vincent Nemeth
Sur Ciné + Club les 29 mai 2018 à 19 h et 1er, 3, 4, 7 ainsi que 8 juin 2018

Sur Arte le 21 novembre 2018 à 20h55

Du 16 septembre au 2 avril 2017
Au Théâtre des Mathurins

Adapté du texte original « Le Monde d’Hier »
Edition Les Belles Lettres – Traduction Jean-Paul ZIMMERMANN
Mise en scène : Patrick PINEAU et Jérôme KIRCHER
Scénographie et Lumières : Christian PINAUD
Musique : Michel WINOGRADOFF
Collaboratrice à la mise en scène : Valérie NEGRE
 
« Stefan Zweig, histoire d’un Européen » par Jean-Pierre Devillers, François Busnel
2013, 52 minutes
Sur Arte le 6 janvier 2015 à 22 h 35, le 29 novembre 2017 à 22h50 
 
Visuels :
La maison de Stefan Zweig à Salzbourg
© Rosebud Productions
 
 
Les citations sur le concert viennent d’Arte. L’article a été publié le 6 janvier 2016, puis les 14 mars et 29 novembre 2017, 28 mai et 21 novembre 2018.
 
[Source : http://www.veroniquechemla.info]