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Una de las bebidas más populares de México está depredando las montañas de Oaxaca. El monocultivo de maguey para la producción de mezcal, principal insumo del tequila, está aumentando las temperaturas y reduciendo las recargas de agua.

Escrito por Diana Manzo

Las montañas oaxaqueñas de la denominada “región del mezcal”, al sur de México, parecieran haber sido rastrilladas por un ser gigante. Ubicadas en Sierra Sur y Valles Centrales —donde predominan llanuras, lomeríos de baja altitud y cumbres tendidas, así como sierras bajas complejas con piso rocoso—, hoy están rasuradas.

A la catástrofe, resumida en fragmentos, puede verla cualquiera que recorra la zona. De momento, la región está embriagada del agave y de su industrialización para producir la “bebida ancestral de los dioses”. Pero, cuando el estado etílico pase y se tenga que lidiar con la cruda o resaca, las personas se percatarán de la deforestación de miles de hectáreas que amenaza con convertirla en tierra fértil para la minería.

Bebida de los dioses

El mezcal es una bebida alcohólica ancestral, que data de hace unos 500 años. Se obtiene de la destilación de jugos fermentados extraídos de cabezas maduras de maguey, cocido bajo un proceso artesanal, y se almacena en ollas de barro o madera.

Oaxaca es el principal productor de maguey y mezcal de México. De acuerdo con el Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam), el 75,5% de la exportación al extranjero sale de ahí. Y, en la última década, el número de marcas exportadoras creció en casi 400%. Actualmente, la Secretaría de Economía registra más de 700 marcas, entre las que se destaca “Mezcal Dos Hombres” de los protagonistas de la serie “Breaking Bad”, Bryan Cranston y Aaron Paul, así como otras de famosos.

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En total, hay 159 especies mezcaleras del género Agave en todo el país, según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). En los bosques y selvas húmedas de Oaxaca hay ocho, con el maguey espadín (Agave angustifolia) siendo el que mayormente se cultiva en las comunidades con fines comerciales. Se distribuye en “la región del mezcal”, que abarca Sierra Sur, Valles Centrales, Cañada y Mixteca.

“Bebida de los dioses”. “Oaxaca, principal productor de mezcal en México”. “El mezcal logró, para Oaxaca, una derrama económica de más de 3.800 millones de pesos”. “17.000 empleos deja la industria del mezcal”. “El mezcal frenó la migración”. Las frases se leen por todo el estado. Sin embargo, la publicidad deja por fuera los impactos ambientales del aumento del monocultivo y no aborda la responsabilidad de la industria.

Bajo esa tierra que llaman ociosa y esos arbustos color café que —para algunos— no sirven para nada, se encuentran cerros con ecosistemas vivos. Uno de ellos se localiza en San Lorenzo Albarradas y, en sus entrañas, nace una de las cuencas más importantes de Oaxaca, la cual irriga 25 municipios de la región del Istmo de Tehuantepec.

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No es casualidad que, ahora, la temperatura llegue a 42 °C en Nejapa de Madero, uno de los municipios oaxaqueños que cambió el paisaje de sus cerros al sembrar grandes extensiones de agave, provocando una deforestación incuantificable. Tampoco debe causar sorpresa que un cerro se haya desgajado y deslavado por las intensas lluvias en San Pedro Totolapan, pues el monocultivo de maguey provocó severos desmontes que afectaron una vivienda que colapsó, causándole la muerte a un campesino.

Milpa por maguey

Es primavera y el calor de 37 °C se siente sofocante en Nejapa de Madero, un municipio de Sierra Sur rodeado de cerros, con un ecosistema de la selva baja caducifolia con vegetación. Ubicado en el distrito geográfico de Yautepec, su paisaje está monopolizado por magueyes espadín, la especie que más se cultiva por su rápido crecimiento y que se vende al estado de Jalisco para la elaboración de tequila.

“Todo comenzó hace ocho años”, recuerda Juan Ruiz, mientras bebe un sorbo de agua y observa, bajo el intenso sol, sus cultivos. De 63 años, se dedica a la agricultura desde los 15, por herencia paterna. Ahora tiene magueyes de todas las edades —de dos, cuatro y seis años— y está en espera de la primera lluvia para sembrar espadín.

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Los campesinos de esta zona abandonaron sus cultivos tradicionales —como maíz, frijol y calabaza— para enfocarse en el monocultivo de maguey, escalando los cerros que ahora están cubiertos por agave. Solo unos cuantos siguen practicando el cultivo mixto que heredaron de sus ancestros. La opción es menos nociva para el medioambiente y les permite realizar combinaciones en su suelo, pero sin aquello que les deja dinero. Por eso, siembran mango con maguey, ciruela con maguey o papaya con maguey.

Para un litro de maguey se usa una veintena de piñas de agave, recalca Ruiz, al mencionar que el mezcal que se prepara en la zona es artesanal. “Toda la producción se va a Jalisco y, como ha aumentado cada vez, sembramos más. Lo que queda y no se vende es lo que se destina a la producción del mezcal que vendemos a granel, por tambos de 20 litros. Eso lo compran productores de la capital o de la Ciudad de México, que tienen negocios. Bueno, eso nos dicen”, cuenta.

Para sembrar en el cerro, los campesinos justifican: “Solo hay monte que no sirve para nada”. Prefieren echarles fuego, quemarlos y, de ahí, marcarlos con un hilo para comenzar la siembra acelerada de agave, que cada vez abarca más.

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La práctica de “roza, tumba y quema” es común en la zona, lo que ha generado que cientos de hectáreas de selva caducifolia desaparezcan. Esto significa que los procesos naturales, químicos y biológicos (biogeoquímicos) para la formación del suelo están hechos cenizas.

Ruiz sabe que la milpa (policultivo) es la mejor forma de trabajar sus parcelas, pero, para obtener ganancias ante la demanda del maguey, la opción es continuar con el monocultivo. “Antes, acá sembrábamos maíz, pero el maguey deja más”, confiesa y explica que, desde hace una década, el kilo de maguey comenzó a valer más por la demanda. Antes, lo vendían a 2 o 3 pesos; hoy, a 7.

Y es que, según el “Diagnóstico de la Cadena de Valor Mezcal en las regiones de Oaxaca”, la demanda de agave incrementó en más de un 50% durante los últimos cinco años. Pero convertir a Oaxaca en el principal productor de maguey mezcalero —destaca el documento—, con el 70% del inventario nacional y el principal abastecedor para la industria tequilera de Jalisco, tiene importantes consecuencias ambientales.

La ruta verdadera

La “verdadera ruta del mezcal” no está donde hay folklore y colorido, ni en los bares de la capital de Oaxaca que promocionan una infinidad de marcas. Tampoco es el tour que recorren turistas nacionales y extranjeros, o los que lo compran a granel y lo envasan, colocándole una etiqueta llamativa. La verdadera ruta del mezcal está en las decenas de cerros trasquilados que todos los días son desmontados, quemados y escalados para nuevas siembras. 

Aunque las autoridades saben de esta transformación y de sus graves consecuencias, prefieren seguir promocionándola como “la bebida de los dioses”, que “sirve para todo mal y también para todo bien”, sin medir el impacto ambiental que genera.

La herida ya se nota. La tierra ya resintió. El mal ya está hecho. “Es algo necesario”, dice Hugo Meza, mezcalero de la zona, “la única forma”, porque así lo heredaron para poder seguir elaborando una bebida cuyo precio se ha elevado.

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Una copa, que hace una década costaba no más de 10 pesos (US$0,51), hoy oscila entre 100 y hasta 350 pesos (US$5,09-17,80) en restaurantes y bares de la capital oaxaqueña, valor que se cuadriplica en el mercado internacional.

“El litro de mezcal que producimos lo vendemos en 50, 100 y hasta 150 pesos a granel sin etiquetas”, cuenta Antonio Salinas, de la zona de Yautepec, quien —para evitar la reventa de su producto— está armando su propia marca. Confiesa, sin embargo, que hay marcas en el mercado que “pegan la etiqueta” en su botella: “Acá llega mucha gente que viene a comprarnos y más tarde presume de tener una marca. La hacen bonita, colorida y venden nuestro mezcal a un precio elevadísimo”.

Productores como Salinas hay infinidad. “Sembrar maguey y venderlo a los productores de Jalisco nos deja, vale más y vivimos mejor”, reafirma.

Ganar es lo que importa

Es domingo 15 de mayo, a mediodía, y un incendio parece salirse de control en la comunidad El Gramal, ubicada sobre la carretera federal Panamericana 190 entre el Istmo de Tehuantepec y Yautepec, donde viven unas 800 personas, 90% de las cuales se dedica al mezcal. Es la zona que más vende a Jalisco para la producción de su tequila: aproximadamente 1.000 “piñas” de magueyes al día son cargadas en tractocamiones.

“Son simples arbustos estorbando”, acota Carlos Luis Martínez, un mecánico de 40 años. Mientras cuida el terreno prendido en fuego, explica que se trata de un incendio provocado: quiere dejarlo limpio para cultivar sus magueyes, tal y como lo hace su familia desde hace ocho años.

Con una bomba aspersora, él y su hermano riegan insecticida sobre los plantíos que no lograron quemarse. Esta es una imagen que cotidianamente practican los productores.

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Al preguntarle por el esquema de plantación, que es de forma lineal en los cerros —y no transversal a la pendiente, como recomiendan los agrónomos—, Martínez dice que lo hacen “como Dios les da a entender”. Puntualiza: “Acá nadie nos vino a decir cómo sembrar ni cómo tratar los cerros. Esto lo hacemos por lógica, porque creemos que está bien. Además, está a la luz de las autoridades, todos lo ven. Y, como nos deja dinero y buenas ganancias, creemos que es la mejor forma”.

No simples “manchones”

Daniel Ramírez López es ingeniero agrónomo de profesión y defensor de los bosques por pasión. Junto al activista Roberto Carlos Cruz Gómez coinciden en que la voraz destrucción de los cerros por el monocultivo del maguey “está imparable”.

En un recorrido de más de cinco horas por Sierra Sur —que colinda con los municipios mezcaleros del distrito de Tlacolula (San Antonio y San Lorenzo Albarradas, Santa Ana del Valle, San Luis del Río, San Juan del Río y San Pedro Totolapan)—, muestran “la verdadera ruta del mezcal”, ese rostro desolado que no se presume y por el cual se están destruyendo ecosistemas “a lo bruto” todos los días, explican.

Ramírez comenzó a detectar este fenómeno hace seis años. Observó cómo los cerros ya no tenían el color café de su cobertura vegetal y se convirtieron en verdes por el maguey, cambiando totalmente el paisaje.

“¿Ves esa montaña? Estaba llena de vida, de cactus, de maleza, de microorganismos, de un todo que ahora ya no está. En 30 minutos, lo pelonearon. Y, para regenerarlo, tardaremos un siglo. ¡Eso es lo que está pasando con el mezcal! Se está por un lado beneficiando a los productores, pero por otro hiriendo a la Madre Tierra”, lamenta.

“El agua es lo primero que se empieza a ir cuando llega la deforestación y en esta zona ya se empieza a resentir”, subraya el ingeniero agrónomo. Y completa: “Son muchos manchones en medio de un cerro. Todo eso es maguey. Pero, a cambio, se están acabando los cerros, que dicen que son ociosos, que no tienen vida, que no sirven para nada. Eso es mentira”.

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De acuerdo con estudios propios -expone-, en la primera y segunda cosecha, hay buena producción. Pero, a la tercera, el maguey ya no crece: es porque el suelo se erosiona. “Se queda sin minerales, sin cobertura vegetal, sin esa vida que le da fortaleza, sin la rizósfera, que es la parte del suelo inmediata a las raíces vivas. Por eso, al quitarle todos sus nutrientes, el cerro tiende a desgajarse y afectar casas y personas, pero nadie lo mira así: cuando hay un deslave, la culpa es del cerro, no de quienes lo ocasionaron”.

En esta zona, también hay un afluente natural, “el río grande”, así como un microecosistema de plantas campechanas amenazadas por el desmonte para la siembra de maguey, que, de no controlarse, podrían desaparecer en poco tiempo.

“Esa es la verdadera ruta del mezcal”, enfatiza Cruz Gómez, apuntando a cada uno de los daños que tienen los cerros, y explica que, además de la quema, también se usan insecticidas, que no es más que la muerte de los ecosistemas y que nadie controla. “Esta ruta nadie la muestra, acá nadie conoce. Para llegar, son muchas horas, es camino terracero. Y, desde acá, ya no se ve el folklore ni la algarabía. Lo que se ve es una zona deforestada, quemada y afectada por la siembra acelerada que ha dejado el ‘boom’, como llaman a la fiebre del mezcal”.

Mientras avanza en el recorrido y muestra el paisaje desolador, reitera que el desmonte ha provocado, también, las altas temperaturas: “Mucha gente cree que se trata de simples montes, lo quitan y siembran otra cosa. Lo que no saben es que están matando ecosistemas que nos dan vida, que nos purifican la tierra. Y las consecuencias ya las vivimos, intensos calores y lo que va a ocurrir son las fuertes lluvias, el cambio climático le llamamos”.

“Este 2022, Oaxaca llegó hasta 42 °C y no es casualidad que Nejapa de Madero haya sido uno de los municipios más cálidos, tampoco que en San Pedro Totolapan un cerro se haya desgajado. Vemos un devastador acelere del desmonte que se ha dado en la zona por la siembra de agave”, confirma el meteorólogo oaxaqueño, Cutberto Cruz, quien precisa que los productores deforestan sin planeación, sin técnica. Ese azolve que hacen, al no existir ese arbusto tradicional que sirve para retención de agua, ocasiona una degradación de la cuenca hidrológica.

“El agave no es una planta retenedora de humedad. Sin embargo, la voracidad y la falta de planeación les está ganando, así como el interés económico de los campesinos de la zona”, profundiza. “Ese cambio de uso de suelo ocasionado por el desmonte generará más deslaves, las inundaciones, porque hay una degradación de la cuenca y afectará a la parte más baja, a los pueblos”.

El mezcal es vida, pero debe ser sustentable

“Mezcal es vida”, dice un letrero que invita a recorrer la comunidad de San Luis del Río, agencia municipal de Tlacolula de Matamoros que se dedica desde hace un siglo y medio a producir agave. Es una de las principales zonas mezcaleras de Oaxaca, incluida en “la ruta del mezcal”, pero también una de las áreas donde la deforestación avanza aceleradamente.

Después de sortear la “nueva autopista” por Santa María Albarradas, que se construye por tramos y está en pésimas condiciones, se localiza la desviación para llegar a San Juan del Río. Desde ese punto, hay que atravesar 16 kilómetros, 12 de ellos en pura terracería, porque los trabajos que se habían iniciado se truncaron en la administración del actual gobernador priista, Alejandro Murat, aunque esta comunidad de 600 habitantes produce el 12% de las exportaciones de mezcal, principalmente hacia Estados Unidos, y un buen camino es importante para ello.

En Oaxaca, aún se elabora mezcal de forma artesanal. Sin embargo, en los últimos 10 años, se ha cultivado para una producción industrial —que, además, utiliza maquinaria en lugar de las ollas tradicionales—, lo que ha causado un daño ambiental considerable al requerir miles de pencas, detalla Ramírez.

“Es buen tiempo para corregir esos errores y volver sustentable todo”, considera, al precisar que los productores no han tenido un acompañamiento técnico. “La siembra del agave lo hacen de forma lineal, como si fuera un valle, y eso desgasta el suelo. Lo ideal es cultivar en curvas de nivel para no erosionar, pero eso pocos lo hacen. Y otra cosa: es necesario y urgente regresar a la plantación tradicional, a la milpa. Es decir, privilegiar el cultivo mixto, lo que significa que el monocultivo puede convivir con otras especies, esto es, agave con calabaza y maíz, o agave con ciruelos. Estamos a tiempo de remediar esta situación, queda en nosotros”, alerta.

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Mientras camina por los cerros invadidos de agave, el ingeniero agrónomo advierte que los productores tampoco han sido capacitados ni apoyados para cambiar el esquema de reproducción de agave. Al respecto, dice: “Se trata de una erosión genética, donde las plantaciones no tienen capacidad de respuesta ante fenómenos adversos como el cambio climático y las plagas. Por supuesto que los rendimientos se afectan y ellos lo notarán a largo plazo. Ahora, quizá, no, porque solo están viendo ganancias, pero, para su tercera cosecha, es decir, en unos ocho años más, seguro ese suelo, si no hacen nada, quedará erosionado”.

La minería al acecho

Cuando todo se ponga gris, seco, esté erosionado y no haya un Manifiesto de Impacto Ambiental, estas tierras estarán listas para la actividad minera.

“El costo ambiental no lo cobrará el banco, sino la naturaleza”, recalca Ramírez. “He recorrido varias veces la zona y lo que más temo es que las compañías mineras están al acecho. Este fenómeno de ir aniquilando poco a poco los cerros y sin que las autoridades lo paren no es casualidad”, enfatiza.

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Y es que, según el “Panorama Minero del Estado de Oaxaca” del Servicio Geológico Mexicano, en la ruta del mezcal, existen yacimientos de oro, plata, cobre y plomo. Al deforestar los cerros, se vuelve idóneo para que las empresas mineras puedan explotar el territorio, una vez que los suelos dejen de producir maguey.

De septiembre de 2019 a la fecha, en Oaxaca, se han otorgado 322 títulos de concesión mineros. En los municipios de San Lorenzo Albarradas y San Pedro Quiatoni, así como en las comunidades de Baeza (Yautepec) —denominado como el distrito minero de “San José de Gracia”—, hay concesiones para explotar zinc, cobre, oro y plata.

Actualmente, son tres las empresas que explotan el suelo de este estado: Don David Gold México S. A. de C. V., en la zona de El Águila y San José de Gracia; la Sociedad Cooperativa Manufacturera de Cemento Portland “La Cruz Azul” S. C. L., en el municipio de San Bartolo Yautepec; y Fortuna Silver Mines y Cia. “Minera Cuzcatlán” y Nuum Resources Mexico S. A. de C. V., en San José del Progreso.

Pese a los daños ambientales que se avizoran y las consecuencias sociales que tendrán, son pocas las personas que hacen resistencia.

Al no haber otra opción para la agricultura, será la actividad minera. Es una muerte lenta del territorio que llevará a la migración y al desplazamiento forzado, sin olvidar el ingreso del crimen organizado y la violencia. Eso lo hemos visto en otras zonas y seguro se multiplicará en nuestra región”, advierte con preocupación Francisco García, habitante de San Lorenzo Albarradas.

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Los productores de mezcal reconocen que, además del uso privado que dan a sus tierras, también hay quienes las rentan a inversionistas nacionales y extranjeros que llegaron por el “boom” del mezcal.

“No sabemos qué empresas son, pero llegan y nos rentan el terreno, nos dan el maguey y, a cambio, le pagan a un campesino una renta, dotándolo de todos los insumos. Pero, una vez que la planta está apta para corte, ellos la acaparan”, dice Mario Gómez, vecino de San Luis del Río. “Así pensamos igual que ocurrirá con la tierra erosionada: después vendrán las mineras y la rentarán, porque será el único uso que le den”.

Datos que pueden servir como “destacados”:

—En 2020, Oaxaca generó una derrama económica de US$ 386 millones por la producción del mezcal.

—Según la Denominación de Origen Mezcal de 1994, publicada en el Diario Oficial de la Federación, en México, solo se puede producir mezcal en los estados de Oaxaca, Guerrero, Zacatecas, San Luis Potosí, Durango, Guanajuato, Tamaulipas y Michoacán.

—El impacto de la deforestación es “brutal” en México, según el Global Forest Watch. Solo en 2021, el país perdió 321.000 hectáreas. Entre las causas: el aumento del monocultivo del que ahora vive el campo por el “boom” del mezcal en Oaxaca, los incendios forestales, la explotación ilegal y el crimen organizado.

[Imágenes: Diana Manzo – fuente: http://www.latinta.com.ar]

Comissão Europeia avança este ano com uma iniciativa para promover o sector das algas. A aposta na agricultura marinha promete trazer sabores novos, e mais sustentáveis, da água salgada para o nosso prato.

Escrito por Andréia Azevedo Soares

Há cerca de 1200 milhões de anos surgiam os primeiros parentes unicelulares das algas. Estas formas de vida ancestrais ficariam talvez com uma pontinha de inveja – se fossem dotadas de emoções, claro – da popularidade que as “primas” actuais gozam. Hoje as algas são vistas como um recurso com “enorme potencial” – as palavras são da Comissão Europeia, que vai avançar com uma “estratégia para as algas” – e, por isso, há todo um esforço financeiro e legislativo para apoiar o cultivo destes organismos. A aposta na agricultura marinha promete trazer sabores novos, e mais sustentáveis, da água salgada para o nosso prato.

“Não imaginava que as algas viriam a ter a explosão de interesse que têm hoje. Costumo dizer que se a empresa ALGAplus tivesse surgido agora, teríamos tido um percurso muito mais facilitado do que tivemos em 2012. Éramos vistos como completamente loucos, foi-nos dito muitas vezes pelos nossos parceiros científicos que estávamos [insanos] porque isto de cultivar algas só mesmo na Ásia. E só passaram dez anos e já estamos a ver um panorama completamente diferente em Portugal”, afirma ao PÚBLICO a bióloga marinha Helena Abreu, cofundadora e directora geral da ALGAplus, uma empresa em Ílhavo que produz e vende macroalgas.

Helena Abreu faz parte do grupo de agricultores marinhos que a União Europeia quer ver crescer e singrar. A directora-geral da ALGAplus vê-se a si própria mais como uma aquacultora de algas, mas há vozes no sector que preferem evitar o termo aquacultura, que evoca muitas vezes conotações negativas associadas ao uso excessivo de antibióticos, por exemplo. E daí a expressão agricultura do mar.

“A bem dizer, fazemos aqui mais agricultura costeira do que do mar”, brinca Helena Abreu, uma vez que a empresa reaproveitou as antigas marinhas de Aveiro para o cultivo de algas. “São zonas de água salgada de boa qualidade que estavam, na sua maioria, completamente ao abandono. Estamos a trabalhar na recuperação deste património costeiro”, explica a responsável. Portugal actualmente não possui cultivo comercial em mar aberto, uma actividade que exigiria criar estruturas robustas para resistir ao hidrodinamismo.

A agricultura marinha é um dos temas abordados nos eventos paralelos da Conferência dos Oceanos, que decorre de 27 de junho a 1 de julho em Lisboa. A sessão informativa online “Algas: soluções alimentares aquáticas para as pessoas, o clima e os oceanos” está agendada para o dia 28, das 8h às 9h30, sendo organizada conjuntamente pelas organizações WorldFish, Universidade Agrícola Sylhet, no Bangladesh, WWF International e Safe Seaweed Coalition.

Esta última entidade, que agrega os diversos actores interessados numa indústria das algas segura e sustentável, também vai organizar uma reunião anual em Lisboa no próximo dia 29 de junho, à margem do grande evento das Nações Unidas. O objectivo do encontro é discutir as questões que preocupam e motivam o sector não só nesta fase de crescimento, mas também no contexto da urgência climática. A segurança alimentar e as condições dos trabalhadores na indústria também são dois tópicos que, segundo Helena Abreu, deverão estar em discussão.

Algas são as novas proteínas?

Nas próximas três décadas, a população global pode chegar aproximar-se dos 10 mil milhões de habitantes. Será necessário encontrar soluções para alimentar todas estas pessoas de uma forma mais sustentável, ou seja, produzindo alimentos nutritivos que envolvam o mínimo de emissões possível. As algas surgem então como uma das alternativas aos produtos que têm uma enorme pegada ecológica, como é o caso da carne bovina.

“Vendemos para empresas que depois vão transformar estes ingredientes em molhos para massas, pão, refeições prontas. Vemos muito também a substituição da proteína animal ou simplesmente a sua utilização para acrescentar valor nutricional aos alimentos, já que as algas são muito ricas em minerais específicos (ferro, cálcio, magnésio, potássio e iodo), além das proteínas. As algas são cada vez mais vistas como um alimento não só sustentável, mas também saudável”, explica Helena Abreu.

Um quilo de bifes de vaca requer cerca de 15 mil litros de água para ser produzido. Isto sem falar nas emissões. Já as algas podem ter um efeito positivo: armazenam carbono, produzem oxigénio e consomem azoto. Se feita de forma eficiente e sustentável, acredita a Comissão Europeia, a agricultura do mar pode ser um instrumento para mitigar os efeitos do clima e oferecer saídas para a insegurança alimentar e a seca hidrológica.

“O cultivo de algas tem funções semelhantes às das florestas naturais no sentido de captar CO2, produzir oxigénio e limpar a água, se houver excesso de nutrientes. Também pode retirar poluentes, mas depois o destino da biomassa tem de ser repensado. Não pode ir para a alimentação, uma vez que pode conter metais pesados”, explica ao PÚBLICO Isabel Sousa Pinto, professora do Departamento de Biologia da Faculdade de Ciências da Universidade do Porto e investigadora no Centro Interdisciplinar de Investigação Marinha e Ambiental (Ciimar).

Além do interesse para a alimentação humana, macro e microalgas podem ser usadas como matérias-primas para o fabrico de fármacos, cosméticos, suplementos nutricionais, combustíveis biológicos e até bioplásticos. E, claro, fertilizantes naturais, uma aplicação que já não é de todo uma novidade: a apanha e o uso do moliço e do sargaço traduz-se há muitas décadas em solos mais produtivos em Portugal.

“O outro mercado é para a alimentação animal: o salmão e outros peixes de que gostamos são carnívoros e nós não vamos andar a pescar para alimentar os peixes, então tem sido feito muito trabalho para identificar opções vegetais [para rações piscícolas]. Naturalmente pensou-se nas algas, uma vez que já faz parte, ainda que de uma forma indirecta, da cadeia alimentar dos peixes”, afirma Isabel Sousa Pinto.

O gado também pode comer algas, e  estudos que sugerem que este é um hábito alimentar amigo do ambiente. “Descobriu-se que uma pequena quantidade de algas adicionada à alimentação das vacas pode reduzir drasticamente a produção de metano, que o gado bovino produz naturalmente no seu metabolismo. Seria necessário produzir esta alga para aditivo numa proporção enorme [se fossemos usar no sector agropecuário]”, acrescenta a investigadora do Ciimar.

UE quer estratégia para as algas

Bruxelas anunciou para 2022 a adopção de uma iniciativa unicamente dedicada às algas, por forma a apoiar o desenvolvimento deste sector. “A iniciativa vai simplificar a autorização de algas como novos alimentos através da redução dos custos de submissão de propostas, da simplificação do acesso aos mercados, da promoção dos produtos com algas junto dos consumidores, tendo em vista a aceitação e consciencialização, e da colmatação de lacunas entre o conhecimento, a ciência e a inovação”, refere um documento da Comissão Europeia sobre a chamada economia azul (ou seja, a actividade económica ligada aos oceanos). Uma consulta pública já foi feita para abrir caminho para a indústria das algas.

Alimentar-se é tanto um acto de sobrevivência quanto uma prática sociocultural. Aquilo que é banal na Ásia há pelo menos dois séculos, pode ser visto como uma nova tendência na Europa. E daí a iniciativa da União Europeia para promover a agricultura do mar falar em “aceitação e consciencialização”. É preciso compreender a sensibilidade alimentar dos europeus, perceber quais são as algas nativas que são interessantes ou estratégicas para o cultivo e, por fim, imaginar formas criativas de apresentar estes ingredientes aos paladares do velho continente.

Já existem vários chefes de cozinha a fazer esse percurso, sendo o português Rui Paula um deles. O cozinheiro andaluz Angel León também defende que “o mar pode ser a nova despensa da humanidade”: foi buscar às águas salgadas a Zostera marina (esta não é uma alga, mas sim uma planta), que possui grãos nas extremidades e pode ser servida como um arroz marinho.

“A alimentação não é só uma questão nutricional, possui uma forte componente cultural. Nas últimas décadas, temos gostado de experimentar coisas novas e inovar. Na Europa, por exemplo, a alface-do-mar (Ulva lactuca) é muito apreciada porque é verdinha, parece uma salsa quando adicionada ao arroz ou à omelete. Então, esta aparência acaba por proporcionar um aspecto familiar que facilita a aceitação”, refere Isabel Sousa Pinto.

A investigadora da Universidade do Porto, que cocoordena o European Marine Research Network, esteve recentemente em Bruxelas precisamente para participar numa reunião sobre a iniciativa europeia para apoiar o sector das algas. “De repente, ficaram no centro das atenções”, diz ao PÚBLICO. A ideia é integrar a agricultura do mar nos objectivos do Pacto Ecológico Europeu e na transição para uma União Europeia neutra em carbono.

A cientista debruça-se sobre as algas enquanto objecto de estudo há pelo menos três décadas. Quando fez o doutoramento em biologia marinha pela Universidade da Califórnia, nos Estados Unidos, “já estava convencida do impacto positivo das algas nos ecossistemas globais”. Ao longo da carreira, que inclui a participação em múltiplos projectos europeus, Isabel Sousa Pinto foi partilhando a paixão por estes organismos com muitos alunos, colegas e colaboradores. A cientista diz não possuir “uma veia empreendedora”, mas tem feito do Ciimar um “alfobre” de onde saíram ideias para projectos como o ALGAplus.

“Foi uma empresa criada por ex-colaboradores meus. Tínhamos esse projecto piloto aqui no Ciimar: havia algas que estavam a crescer em água de uma aquacultura [piscícola]. Nós íamos buscar essa água para os nossos tanques de algas, vinha muito enriquecida com nutrientes porque os peixes produzem compostos azotados e com fósforo. As algas utilizavam isso e cresciam melhor do que na água limpa. Só tem nutrientes, nenhum composto nocivo. Os cientistas acabaram por criar uma empresa para fazer algo semelhante na Ria de Aveiro. São muito criativos, começaram a fazer os próprios produtos, tem diferentes espécies de algas”, recorda Isabel Sousa Pinto. Um dos produtos que os portugueses já encontram nos supermercados é a maionese do mar, um molho produzido pela marca nacional Paladin que inclui alface-do-mar na lista de ingredientes.

O projecto científico que começou na Universidade do Porto e deu um salto empreendedor para Aveiro exigiu, pelo meio, “muito trabalho e paciência”. Helena Abreu conta que “começar um sector quase do zero” traz vantagens e desafios. Quais foram as dificuldades? A resposta descreve um vazio regulamentar no cultivo comercial de algas de há uma década.

“Não havia regulamentação, não havia certificação biológica, não havia IVA previsto para as algas marinhas. Tivemos de trabalhar com a Associação Portuguesa de Aquacultura para ver isso. Tivemos de tratar das licenças para poder apanhar algas para iniciar o cultivo. Um biólogo marinho quando começa uma empresa não imagina [que vai lidar com todas estas burocracias]”, explica Helena Abreu. O que a iniciativa de Bruxelas pretende é precisamente facilitar o caminho dos novos agricultores do mar, de modo a promover o uso inovador das algas.

Há 11 mil espécies de algas que já foram descritas no mundo, das quais 221 possuem valor comercial e dez são vastamente cultivadas em países como a China (líder mundial) e a Coreia do Sul, refere um relatório da agência das Nações Unidas para a alimentação e agricultura (FAO, na sigla em inglês) sobre a produção global de algas. A escolha de espécies para o cultivo em águas portuguesas deve sempre recair sobre espécies nativas, sublinha Isabel Sousa Pinto, por forma a evitar invasoras, a exemplo do que se passa hoje nos Açores. Na ALGAplus, por exemplo, houve uma aposta forte na alface-do-mar, na nori-do-atlântico (Porphyra umbilicalis, também conhecida nos Açores como erva-patinha), no cabelo-de-velha (Gracilaria gracilis) e no chorão do mar (Codium tomentosum).

“Há muitas espécies de alga nori, a que cultivamos aqui não é a nori que as pessoas conhecem do sushi. Esta [que vem a enrolar o arroz na cozinha japonesa] ainda é 99,9% importada da Ásia, sobretudo da Coreia do Sul, da China e do Japão. Toda a Europa está ainda inundada de algas importadas da Ásia. Este foi um dos pontos que nos fez querer criar a empresa e escolher as espécies a dedo. A nori-do-atlântico é uma espécie de cá, foi preciso desenvolver todo o ciclo de produção e a parte de inovação”, explica Helena Abreu.

Estas espécies cultivadas nas antigas marinhas de sal beneficiam de uma “casa” com condições óptimas de crescimento: águas repletas de nutrientes originários dos dejectos dos peixes. Este sistema – chamado IMTA, ou aquacultura multitrófica integrada – reproduz os ecossistemas naturais na produção de peixes. À excepção do clima e da meteorologia, que podem tornar a vida das macroalgas mais ou menos feliz consoante a temperatura ou quantidade de luz solar, tudo é organizado para que possam crescer mais rapidamente, da salinidade à qualidade da água. É, ao que parece, uma vida bem mais confortável do que aquela que tiveram os primeiros parentes unicelulares das algas.

[Fonte: http://www.publico.pt]

 

Escrito por MARIA VICTORIA RODRÍGUEZ

Entrar en el ámbito del** Recinto Modernista de Sant Pau** es hacer un viaje en tiempo hacia principios del siglo XX. La época de oro del modernismo catalán, cuando la ciudad se iba llenando de hermosos ejemplos arquitectónicos que hoy atraen a miles de viajeros de todo el mundo hacia Barcelona.

Hablamos de un amplio complejo, el conjunto modernista más grande del mundo, que se encuentra muy cerca de la Sagrada Familia y que se levantara cuando este era un rincón periférico de la ciudad. Hoy, los pabellones, túneles, jardines y plazas que dan cuerpo al Recinto Modernista Sant Pau constituyen una visita ineludible en Barcelona.

Recinto Modernista Sant Pau, su historia

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La historia, sin embargo, comienza mucho antes, cuando en 1401 Barcelona abre un único hospital para reunir la atención que hasta entonces se ofrecía en cinco pequeños hospitales ligados a órdenes religiosas. El 5 de septiembre de 1401 con una bula del papa Benedicto XIII, se autoriza la constitución del Hospital de la Santa Creu.

Esta institución funcionó en su edificio gótico del barrio de Raval hasta finales del siglo XIX, en que se mostraba ya como insuficiente para una ciudad que continuaba creciendo. La actual sede la Biblioteca de Catalunya ocupa aquel primer edificio del hospital de la Santa Creu (carrer Hospital, 56).

A finales del siglo XIX, el crecimiento demográfico de Barcelona y los adelantos de la medicina hicieron que el hospital se quedara pequeño. Por esta razón se planteó la construcción de un nuevo edificio. Gracias al legado del banquero Pau Gil, el 15 de enero de 1902 se colocaba la primera piedra del nuevo centro hospitalario, diseñado por Lluís Domènech i Montaner, uno de los maestros del modernismo catalán.

El recinto se inaugura en 1930 mostrando un diseño atípico e innovador, dividiendo las especialidades nacidas con la evolución de la Medicina e incorporando adelantos que para la época fueron revolucionarios. Domènech i Montaner tuvo en cuenta conceptos nuevos (y por entonces casi desconocidos) para conseguir más higiene para prevenir contagios (como el usar azulejos de suelo a techo), o lo que hoy llamamos cromoterapia al dar luz y color diferente a cada pabellón.

Las líneas orgánicas y la inspiración de la naturaleza, tan del estilo, ayudaron a crear espacios únicos y bellos, entendiendo tanto a la salud física como la emocional. Una obra de esta envergadura no podría haberse realizado sin el apoyo del dinero del banquero Pau Gil (de allí que el recinto sumara a « la Santa Creu », el nombre de « Sant Pau » en su honor).

Recinto Modernista Sant Pau, sus características

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Hoy el Recinto se ha convertido en un centro del conocimiento, en el que cada uno de los pabellones que antiguamente atendían distintos tipos de dolencias, se dedica al conocimiento y a instituciones referentes en los ámbitos de la sostenibilidad, la salud y la educación.

Domènech i Montaner ideó un gran espacio donde se distribuyeron los pabellones a partir del magnífico edificio de Administración que domina el acceso en el cruce de las calles San Antonio María Claret y Cartagena. Ya en el interior, el Pabellón de las Operaciones se ubica en el centro de una amplia explanada y rodeado de los pabellones de especialidades. Y por debajo del nivel de la calle, una red de túneles por los que accedían los carros de entonces (y ambulancias después) con los pacientes.

El complejo sanitario estuvo en funcionamiento hasta el año 2009 en el que trasladó su atención a un moderno edifico colindante. El antiguo recinto, transformado durante décadas para dar cabida a los servicios de un hospital en la actualidad, necesitaba una gran tarea para volverlo a su esplendor.

A partir del año 2011 comienzan las obras de rehabilitación que aún hoy continúan. Actualmente, la visita guiada al Recinto Modernista Sant Pau incluye uno de los pabellones de pacientes, los túneles, los jardines y explanada, el pequeño Pabellón de Sant Jordi y « la joya de la corona« , el edificio de Administración.

Toda la imaginación del artista, toda la belleza del modernismo en su máxima expresión en cada detalle: ventanas, puertas, mosaicos, vidrierías, cornisas, arcos, elementos arquitectónicos y decorativos que han recibido cientos de horas de tratamiento y cuidados para devolverles a su estado original. En muchos casos escondidos detrás de paneles levantados para ganar espacio para consultas, estos detalles artísticos y la belleza del conjunto le ha valido ser declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997.

Una visita al Recinto Modernista Sant Pau te acerca a un trocito de la historia de la ciudad, a uno de los ejemplos más impresionantes del arte y a un espacio bello para disfrutar. Además, de conocer detalles y curiosidades, te asombrarás por una arquitectura pensada para dar servicio y, asimismo, maravillar con sus formas.

 

 

[Fotos de la autora – fuente: http://www.diariodelviajero.com]

 

bici holandesa

Primera documentació: 25/10/2017

Tipus sintagmació
Contextos
Al seu blog explica la utilitat de la bici holandesa per desplaçar-se d’un lloc a un altre per a les activitats quotidianes, bicis que ell anomena “bicicletes normals”, però que la resta del món coneix com a “bicicletes holandeses”, en les quals se seu amb l’esquena dreta. [Urban Thinkers Campus, 25/10/2017]
Swapfiets ofereix per llogar la clàssica bici holandesa sense marxes i una d’urbana de set velocitats, a banda de bicicletes elèctriques (per 75 euros al mes) i, properament, patinets i motos elèctriques. [Avui, 5/04/2021]
Observacions La bicicleta holandesa, abreviada com a bici holandesa, és un tipus de bicicleta el disseny de la qual prové dels Països Baixos, en què l’ús d’aquest mètode de desplaçament és tota una cultura, perquè resulta pràctic i ràpid per a tothom. Les bicis holandeses estan dissenyades perquè s’hi pugui pujar i baixar-ne còmodament, sigui quin sigui el tipus de roba que es porti (fins i tot un vestit o unes faldilles). A més, com que duen parafangs i un protector per a la cadena, les persones no s’embruten. La característica més prominent d’aquestes bicis és que permeten mantenir l’esquena recta mentre s’hi està assegut i pedalejant, la qual cosa resulta una posició molt còmoda i natural. Per aquest motiu, és un dels tipus de bicicleta preferits dels holandesos per als desplaçaments diaris i han aconseguit exportar-lo arreu del món. En l’actualitat, en què cada cop més països aposten per la sostenibilitat, l’ús de la bicicleta s’està estenent i, gràcies a la seva practicitat, les bicis holandeses són un dels models que té més èxit, sobretot a les zones urbanes.

 

 

[Font: neolosfera.wordpress.com]

El pasado nazi que algunas dinastías empresariales no quieren reconocer

Escrito por  

La columna vertebral de la economía alemana actual es la industria automotriz. Esto no solo se debe a que representa alrededor del 10 por ciento del PIB; marcas como Porsche, Mercedes, BMW y Volkswagen son reconocidas en todo el mundo como símbolos del ingenio y la excelencia de Alemania en el sector industrial. Estas empresas invierten millones en mercadotecnia y publicidad para sustentar esa imagen. Invierten menos dinero y energía en hablar sobre sus orígenes.

El éxito de estas corporaciones se remonta directamente a los nazis: Ferdinand Porsche convenció a Hitler de poner en marcha las operaciones de Volkswagen. Su hijo, Ferry Porsche, quien hizo crecer a la empresa, se ofreció voluntariamente como oficial de las SS. Herbert Quandt, quien convirtió a BMW en lo que es hoy, cometió crímenes de guerra. También Friedrich Flick, quien llegó a liderar Daimler-Benz. A diferencia de Quandt, Flick fue sentenciado en Núremberg.

No es que este sea un secreto en la Alemania moderna, pero sí se ignora con despreocupación. Estos titanes de la industria, los hombres que desempeñaron un papel central en el desarrollo del “milagro económico” del país después de la guerra, en general siguen siendo alabados y celebrados por su visión empresarial, no por sus actos bélicos. Edificios, fundaciones y premios llevan sus nombres. En un país que es tan elogiado por su cultura de remembranza y arrepentimiento, el reconocimiento honesto y transparente de los actos en tiempos de guerra de algunas de las familias alemanas más adineradas sigue siendo, en el mejor de los casos, una acotación. Pero las cuentas no estarán del todo ajustadas sino hasta que estas empresas —y Alemania— sean más explícitas sobre el pasado nazi de sus patriarcas.

He escrito sobre estas familias desde hace una década; primero, como periodista de Bloomberg News, luego, como autor de un libro sobre las dinastías empresariales alemanas y sus historias relacionadas con el Tercer Reich. He indagado en cientos de documentos históricos y estudios académicos, así como en memorias y autobiografías. He hablado con historiadores y visitado archivos dentro y fuera de las fronteras alemanas. Y mis descubrimientos me han asombrado.

Veamos primero a los Quandt. En la actualidad, dos de los herederos de la familia tienen un patrimonio neto de unos 38.000 millones de dólares, controlan BMW, Mini y Rolls-Royce y tienen participaciones considerables en las industrias química y tecnológica. Los patriarcas de la familia, Günther Quandt y su hijo Herbert Quandt, fueron miembros del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y sometieron hasta a 57.500 personas a trabajo esclavo y forzoso en sus fábricas, donde se producían armas y baterías para la iniciativa bélica alemana. Günther Quandt adquirió empresas de judíos que fueron obligados a vender sus negocios a precios inferiores a los del mercado y de otros cuyas propiedades fueron incautadas luego de que Alemania ocupara sus países. Herbert Quandt ayudó con al menos dos de estas adquisiciones sospechosas y también supervisó la planificación, la construcción y el desmantelamiento de un subcampo de concentración que jamás se finalizó en Polonia.

Tras el fin de la guerra, los Quandt fueron “desnazificados” en un proceso jurídico malogrado durante la posguerra en Alemania, cuando la mayoría de los perpetradores del Holocausto eludieron el castigo por sus crímenes. En 1960, cinco años después de heredar una fortuna de su padre, Herbert Quandt salvó a BMW de la quiebra. Se convirtió en el accionista mayoritario de la empresa y comenzó a reconstruirla. Hoy en día, dos de sus hijos, Stefan Quandt y Susanne Klatten, forman parte de la familia más rica de Alemania, con un control casi mayoritario de BMW. Los hermanos gestionan sus fortunas desde una ciudad cerca de Fráncfort en un edificio que lleva el nombre de su abuelo.

Los Quandt de la actualidad no pueden alegar que desconocen las acciones de su padre y su abuelo. La información que acabo de mencionar se incluye en un estudio de 2011 que encargó la dinastía Quandt cuatro años después de que un documental crítico que apareció en la televisión expuso parte de la implicación de la familia en el Tercer Reich. Pese a haber ordenado el estudio, que fue realizado por un historiador y un equipo de investigadores, al parecer los herederos de la BMW prefieren seguir con su vida como si no se supiera nada.

En la única entrevista que ofreció en respuesta a los hallazgos de la investigación, Stefan Quandt describió el distanciamiento que la familia tomó de su padre y su abuelo como un conflicto necesario pero “enorme y doloroso”. Aun así, el nombre de Günther Quandt sigue plasmado en sus oficinas centrales, y Stefan Quandt concede un premio anual de periodismo que lleva el nombre de su padre. Stefan Quandt afirmó creer que el “trabajo de toda la vida” de su padre lo ameritaba.

En la entrevista, Stefan Quandt declaró que, para la familia, los objetivos principales del estudio eran “la apertura y la transparencia”. Pero durante una década más, el sitio web de Herbert Quandt Media Prize mostró una biografía de su homónimo que no mencionaba sus actividades durante la época nazi, excepto por el momento en que se unió al consejo administrativo de la empresa de baterías de su padre en 1940.

Eso no cambió sino hasta finales de octubre de 2021, más de una década después de que se realizó el estudio, pero, muy evidentemente, a pocos meses de que yo cuestionara a la familia al respecto. Ahora, una biografía ampliada menciona parte de los hallazgos del estudio, como la responsabilidad que tuvo Herbert Quandt en la contratación de personal en las fábricas de baterías de Berlín, donde personas fueron sometidas a trabajo esclavo y forzoso. Pero aún omite la participación de Herbert Quandt en el proyecto del subcampo de concentración, el uso que hizo de prisioneros de guerra en su propiedad privada y su contribución a la adquisición de compañías que fueron arrebatadas de empresarios judíos.

En 2016, la rama filantrópica de BMW se consolidó con el nombre BMW Foundation Herbert Quandt. Ahora es una organización benéfica de categoría mundial, con alrededor de 150 millones de dólares en activos, que apoya causas de sustentabilidad e inversiones de impacto. Stefan Quandt y Klatten se cuentan entre sus donantes fundadores. Si tomamos la información del sitio web de la fundación, la biografía entera de Herbert Quandt se resume a un solo acto: “Garantizó la independencia” de BMW. El lema de la organización benéfica es promover el “liderazgo responsable” e inspirar a “líderes de todo el mundo a trabajar para desarrollar un futuro más pacífico, justo y sustentable”.

BMW y sus accionistas mayoritarios, Quandt y Klatten, no están solos en su revisionismo. En 2019, la Ferry Porsche Foundation anunció que otorgaría la primera cátedra de Historia Corporativa de Alemania en la Universidad de Stuttgart. La empresa Porsche creó la fundación en 2018, 70 años después de que Ferry Porsche diseñó su primer auto deportivo. “Enfrentar nuestra historia es un compromiso de tiempo completo”, escribió el presidente de la organización benéfica en una declaración. “Este es precisamente el tipo de reflexión crítica que la Ferry Porsche Foundation quiere promover, porque: para saber a dónde vas, debes saber de dónde vienes”.

Podría haber comenzado más cerca de casa. La fundación lleva el nombre de un hombre que, de manera voluntaria, solicitó trabajo en las SS en 1938, fue contratado como oficial en 1941 y mintió al respecto por el resto de su vida. Durante la mayor parte de la guerra, Porsche estuvo ocupado con la administración de la empresa Porsche en Stuttgart, que explotó a cientos de trabajadores forzados. Como el director ejecutivo de Porsche en las décadas de la posguerra, se rodeó de personas que tenían puestos de alto rango en las SS.

En su autobiografía de 1976, Porsche ofreció un recuento histórico tergiversado, repleto de declaraciones antisemitas, sobre el cofundador judío de Porsche, Adolf Rosenberger. Incluso acusó a Rosenberger de extorsión luego de que se vio obligado a huir de la Alemania nazi. La verdad fue que, en 1935, Ferry Porsche recibió las acciones de la empresa que le correspondían a Rosenberger luego de que su padre, Ferdinand Porsche, y su cuñado, Anton Piëch, compraron las acciones del cofundador, a un precio muy inferior al del mercado.

Hoy, Porsche no solo auspicia cátedras o fabrica autos deportivos. Junto con sus primos, los Piëch, los Porsche controlan el Grupo Volkswagen, que incluye a Audi, Bentley, Lamborghini, Seat, Skoda y Volkswagen. El patrimonio neto combinado del clan Porsche-Piëch se valúa en unos 20.000 millones de dólares. Ahora se preparan para escindir a Porsche del Grupo Volkswagen y cotizarla en bolsa, en la que se perfila para ser una de las ofertas públicas iniciales más grandes de 2022.

Los Porsche nunca han mencionado en público las actividades que sus patriarcas perpetraron durante el régimen nazi. Y Ferry Porsche no fue el único implicado: Ferdinand Porsche, quien diseñó el Volkswagen, dirigió la fábrica de Volkswagen durante la guerra junto con Piëch. Ahí, decenas de miles de personas fueron explotadas en condiciones forzosas y de esclavitud para producir armas en masa.

La Ferry Porsche Foundation auspició la cátedra de la Universidad de Stuttgart porque, en 2017, los miembros de su Departamento de Historia publicaron un estudio financiado por la empresa sobre los orígenes de Porsche en la era nazi. Sin embargo, tal parece que el estudio omitió algo muy importante: por algún motivo, la investigación no incluyó ningún documento personal de Rosenberger. El estudio también describió de manera errónea cómo se dio la venta de las acciones de Rosenberger. Cuanto más analicé el estudio, más comenzó a revelarse como una fachada parcial en vez de un recuento íntegro.

Luego tenemos a los Flick. Friedrich Flick controló uno de los conglomerados de acero, carbón y armamento más grandes de Alemania durante el régimen nazi. En 1947, fue sentenciado a siete años de cárcel por crímenes de guerra y de lesa humanidad. En su juicio en Núremberg, fue declarado culpable de hacer uso de trabajo esclavo y forzoso, brindar apoyo económico a las SS y saquear una fábrica de acero. Tras su liberación anticipada en 1950, reconstruyó su conglomerado y se convirtió en el accionista mayoritario de Daimler-Benz, otrora el mayor fabricante de automóviles en Alemania. En 1985, Deutsche Bank adquirió el conglomerado de Flick, con lo cual sus descendientes se volvieron multimillonarios.

En la actualidad, una rama de la dinastía Flick valuada en alrededor de 4000 millones de dólares administra una fundación privada en Düsseldorf bautizada con el nombre de su patriarca. La fundación —que tiene un puesto en el consejo administrativo de una de las universidades más prestigiosas de Alemania y destina fondos a causas educativas, médicas y culturales, sobre todo en Alemania y Austria— sigue llevando el nombre de un criminal de guerra convicto en cuyas fábricas y minas decenas de miles de personas trabajaron en condiciones forzadas o de esclavitud, incluidos miles de judíos. Pero si revisas el sitio web de la fundación, jamás te enterarías del pasado sombrío de la fortuna de los Flick.

¿Cómo es posible que tres de las familias empresariales más poderosas de Alemania, así como sus compañías y sus organizaciones benéficas, estén tan desconectadas de la cultura de remembranza tan elogiada del país?

Cuando le pregunté a Jörg Appelhans, el vocero de años de Stefan Quandt y Klatten, acerca de su decisión de bautizar sus oficinas centrales y su premio para medios con el nombre de su padre y su abuelo, me envió un correo electrónico que decía: “No creemos que cambiar los nombres de calles, lugares o instituciones sea una manera responsable de lidiar con las figuras históricas”, porque hacerlo “impide que haya una exposición consciente del papel que tuvieron en la historia y más bien fomenta el olvido”.

Esta contorsión es desvergonzada a un nivel muy específico. Estas familias no exponen la historia sangrienta detrás de sus fortunas excepto, en ocasiones, en estudios encargados, redactados en un denso alemán académico y cuyos hallazgos luego se excluyen al describir el legado de la familia en internet. Ni siquiera enfrentan su pasado de manera honesta. De hecho, hacen lo contrario: conmemoran a sus patriarcas sin mencionar sus actos durante la era nazi.

Los representantes de los multimillonarios Flick se rehusaron a ofrecer comentarios cuando me comuniqué con la oficina de la familia. Cuando pregunté por qué no había una biografía de Ferry Porsche en el sitio web de la fundación que lleva su nombre, Sebastian Rudolph, el presidente de la fundación, respondió que se está “examinando en qué medida también debería representarse esto en el sitio web de la fundación” y agregó que “contemplamos el trabajo de toda la vida de Ferry Porsche desde una perspectiva diferenciada”.

Durante décadas, la cultura de remembranza ha sido un componente central de la sociedad alemana. En todas las ciudades y pueblos alemanes encontrarás los Stolpersteine, cubos de latón y concreto con nombres y fechas de muerte y nacimiento de las víctimas de la persecución nazi. Hay monumentos, grandes y pequeños, por todas partes. En las cafeterías, desde Berlín hasta Fráncfort y desde Hamburgo hasta Múnich, se escuchan conversaciones a diario sobre la culpa y la expiación colectivas. Son diálogos reflexivos, matizados y, sobre todo, conscientes.

No obstante, este movimiento encaminado a enfrentar el pasado, por algún motivo, no está llegando a muchos de los magnates más venerados de Alemania y sus historias turbias. Cuanto más tiempo dedicaba a aprender sobre estas dinastías empresariales y sus mancillados pasados, fortunas y empresas, además de su deseo de ignorar o encubrir el grado de implicación de sus patriarcas en el Tercer Reich, más comencé a dudar sobre la verdadera profundidad, sinceridad y durabilidad de esta cultura de remembranza en Alemania.

La industria automotriz es un arquetipo alemán por excelencia, es esencial no solo para la economía del país, sino también para su identidad. ¿Acaso repudiar a estos magnates sería un rechazo de la identidad nacional? ¿Acaso debemos alabar a estos hombres porque siguen siendo símbolos poderosos del resurgimiento y el poder económico alemanes? ¿Celebrar el éxito comercial sigue siendo más importante en Alemania que reconocer los crímenes contra la humanidad? ¿O será que la respuesta real es más simple? Quizá el país está en deuda con unos cuantos multimillonarios y sus empresas globales, que están más interesados en proteger sus reputaciones —y sus fortunas— que en hacer frente al pasado.

David de Jong es el autor de Nazi Billionaires: The Dark History of Germany’s Wealthiest Dynasties, del cual se adaptó este ensayo.

[Ilustración: Matt Chase – fuente: http://www.nytimes.com]

En el mundo, la crisis sanitaria está teniendo un efecto inesperado, los coches pierden espacio y las bicicletas se apropian de ellos.

carbón activado

Desde que se originó la pandemia de Covid-19, el estilo de vida de todos cambió de una manera drástica. Los efectos de la crisis sanitaria están en todos los rincones del mundo y algunos han sido inesperados. Uno de ellos es ver como las bicis ganan terreno, un medio de transporte saludable y sostenible, el cual se ha convertido en la alternativa más favorable y segura frente al virus.

En los últimos años muchas urbes ya promovían esta idea, y ahora han aprovechado la coyuntura para que su transformación sea más rápida. Cada vez son más los carriles de bicis que se han hecho sin grandes costos, utilizando pinturas y conos para diferenciarlos.

La ciudad de París es la que más asombra en Europa. Su transformación en tan poco tiempo es ejemplo para muchas otras. También es el caso de Bogotá, que ha construido 80 kilómetros de ciclovías adicionales, doblando el porcentaje de ciclistas. Mientras que otras ciudades no han hecho más que cambios cosméticos e insuficientes.

LAS BICIS, UNA ALTERNATIVA GLOBAL

En ciudades europeas la apuesta por las bicicletas lleva varios años, tal es el caso de Oslo, Copenhague o Ámsterdam. Sin embargo, ha sido la pandemia la que ha impulsado a otras capitales del mundo a seguir la misma estela. La preocupación de los ciudadanos por la salud y el medio ambiente fue el punto focal para optar por un cambio de trasporte saludable y sostenible.

Durante la desescalada, Londres construyó más de 30 kilómetros de carriles para bicis permanentes. Berlín por su parte, creó 27 kilómetros de infraestructura temporal. Mientras que Bruselas, ha construido 40 kilómetros, aumentando su red de 130 kilómetros a 170 y multiplicando en un 40% el número de ciclistas. Lisboa que cuenta con solo 105 kilómetros, planea doblar la cifra para inicios del 2022.

Pero la capital colombiana ha sido la ciudad más ambiciosa en este tema, a sus 550 kilómetros de ciclovías le sumó 80 más durante la pandemia, y quiere seguir aumentando su cifra.

CALIDAD DE LOS CARRILES PARA BICIS

Hasta hace un tiempo se le había dado muy poca importancia a este medio de transporte en las principales ciudades de España. Lo que trajo como consecuencia que algunos carriles para bicis terminaran abruptamente, sin continuidad y otros tengan graves problemas. Sin embargo, todos estos inconvenientes ya están siendo tratados para que la movilidad de los ciclistas no se vea afectada por coches y falta de señalización.

Las infraestructuras provisionales son una buena estrategia urgente, pero el plan global es ir más allá. No bastándose con facilitar el cambio, las grandes ciudades de Europa quieren mantenerlo y lograr que muchos más países de Latinoamérica puedan seguir el ejemplo de Colombia. Hasta conseguir que los medios de transporte puedan ser todos sostenibles y la población mundial no tenga una vida sedentaria.

 

[Fuente: http://www.bioguia.com]

Segundo a directora do jornal, Catarina Carvalho, este projecto “representa uma homenagem a essa cidade misturada”, Lisboa, “porto de tantas comunidades, que a Mensagem descobre todos os dias”. Dino d’Santiago é o padrinho da iniciativa. 

Lisboa passa a ter um jornal escrito em crioulo, a partir desta semana, uma iniciativa do projecto digital Mensagem, que ganhou uma bolsa de jornalismo europeu para línguas minoritárias, anunciou a directora do jornal.

O jornal digital Mensagem de Lisboa vai passar a publicar no site e a difundir através das redes sociais artigos jornalísticos escritos em crioulo. Segundo a directora do jornal, Catarina Carvalho, este projecto “representa uma homenagem a essa cidade misturada, porto de tantas comunidades, que a Mensagem descobre todos os dias”.

O cantor português de ascendência cabo-verdiana Dino d’Santiago é o padrinho da iniciativa, numa parceria com a sua plataforma Lisboa Criola, enquanto Karyna Gomes, jornalista de origem cabo-verdiana e guineense, assume o papel de coordenadora deste projecto, que ganhou uma bolsa do programa europeu NewsSpectrum.

Cantora e jornalista guineense de mãe cabo-verdiana, Karyna Gomes escolheu Lisboa para viver desde 2011, tendo estudado jornalismo em São Paulo, no Brasil, e trabalhado em vários órgãos de comunicação, como RTP, rádios locais na Guiné-Bissau, A Semana, em Cabo Verde, e a Associated Press.

Os trabalhos serão apresentados em crioulo e em português, para serem acessíveis a todos, esclarece a directora, acrescentando que “são histórias que interessam a toda a Lisboa” e que o objectivo “é juntar, dar visibilidade”, mas também responder ao desafio de conhecer melhor “esta cidade multicultural”.

“Ao nascer esta fusão entre a Mensagem e esta Lisboa Criola finalmente vai materializar-se um projecto que sinto que é um grande passo para a humanidade. Espero que essa crioulização se replique com as culturas anglo-saxónicas, com as francófonas, e com as hispânicas, e venham mais mensagens para esta nobre nação que sempre existiu mas acho que finalmente consegue reclamar o seu lugar”, defende, por sua vez, Dino d’Santiago.

Ao todo, foram atribuídas 12 bolsas pelo programa europeu NewsSpectrum, que tem como objectivo “apoiar a sustentabilidade de línguas minoritárias na UE”. Um júri composto por nove especialistas fez a escolha em 11 países e 14 línguas.

Este projecto é organizado e gerido pelo International Press Institute (IPI) de Viena, Áustria, em colaboração com a European Association of Daily Newspapers in Minority and Regional Languages (MIDAS) e a European Roma Institute for Arts and Culture (ERIAC).

 

Rezero, amb el suport de l’Agència de Residus de Catalunya, entre altres ens, elabora el Protocol per la Reutilització per reforçar el compromís de grans superfícies que operen a Catalunya en la lluita contra l’usar i llençar.

El Protocol per la Reutilització dona visibilitat als establiments signants i ofereix solucions per avançar en la venda de productes alimentaris, d’higiene i neteja sense generar residus. Font: Llicència CC (Pexels)

Escrit per Carlos Faneca

Entitat redactora: LaviniaNext

La reutilització d’envasos és un dels mètodes més estesos amb els quals la ciutadania, en el seu dia a dia, tracta de reduir l’ús dels plàstics, i altres elements d’un sol ús, una acció que arriba a diversos àmbits de la vida quotidiana, com ara la compra de productes. Moltes persones conscienciades promouen aquesta sostenibilitat, reutilitzant envasos propis durant la compra, un gest que, fins ara, només era possible en establiments especialitzats o al petit comerç de proximitat, quelcom que limitava molt l’aposta per la reducció del plàstic.

Ara, gràcies a Rezero, una entitat que treballa perquè les empreses, les administracions públiques i la ciutadania puguin tenir la possibilitat de gaudir d’un model de producció i de consum cap al Residu Zero, s’amplien les opcions de fer la compra sense generar residus. L’entitat ha elaborat un Protocol de Reutilització per garantir el dret de les persones consumidores a comprar amb elements reutilitzables en supermercats, hipermercats i grans superfícies que operen a Catalunya.

El Protocol per la Reutilització garanteix el dret de les persones consumidores a comprar amb elements reutilitzables. Font: Llicència CC (Pexels)

El document, a més d’estar adreçat a supermercats i cadenes de supermercats, també es dirigeix a gremis i associacions de comerciants d’alimentació o altres productes de consum quotidià. La idea del nou protocol és facilitar que els establiments signants acceptin i fomentin l’ús d’envasos de les persones consumidores. Les organitzacions també es comprometen a aplicar altres pràctiques de reutilització en la seva activitat, el que suposa un pas endavant més en el compromís d’organitzacions i empreses en la prevenció de residus.

Les persones consumidores tindran al seu abast la llista d’establiments en els quals és possible fer la compra fent ús dels seus propis envasos reutilitzables, quelcom que aporta visibilitat als supermercats conscienciats amb la sostenibilitat. Tal com assenyalen des de Rezero, el Protocol per la Reutilització també ofereix solucions, a les empreses i organitzacions, per avançar en la venda de productes alimentaris, d’higiene i neteja sense generar residus.

L’elaboració d’aquest Protocol de Reutilització, per part de Rezero, ha estat possible gràcies al suport de diversos ens, com ara l’Agència de Residus de Catalunya, l’Agència Catalana de Seguretat Alimentària, l’Agència Catalana del Consum, la Direcció General d’Empreses Agroalimentàries, Qualitat i Gastronomia, la Direcció General de Comerç de la Generalitat de Catalunya, l’Agència de Salut Pública de Barcelona, l’Institut Municipal de Mercats de Barcelona i l’Àrea Metropolitana de Barcelona.

Cadascun d’aquests ens han pogut posar el seu gra de sorra en l’elaboració d’un protocol transversal que permeti caminar, amb fermesa, cap a la sostenibilitat i la prevenció de residus. Aquesta gran notícia arriba durant la celebració de la Setmana Europea de la Prevenció de Residus.

Condicions dels envasos reutilitzables

El Protocol per la Reutilització estableix una sèrie de condicions en les quals han d’estar els envasos reutilitzables que utilitzaran les persones clients per realitzar la compra, amb unes mesures higièniques necessàries i protocols d’actuació per evitar la possible contaminació creuada entre els envasos de les persones consumidores i les superfícies de treball.

Presentació del Protocol per la Reutilització en el qual, Isaac Peraire, director de l’Agència de Residus de Catalunya sosté el cartell. Font: Agència de Residus de Catalunya

Així, les bosses reutilitzables han de ser de tela o malla, de silicona o de plàstic reutilitzable i disposar d’un mecanisme de tancament incorporat, ser rentables i estar netes i seques. Quan el tipus de producte ho permeti, s’ha d’oferir la possibilitat de posar a la mateixa bossa productes diferents, pesats per separat. També quan el tipus de producte ho permeti, s’ha d’oferir la possibilitat de no utilitzar bossa.

En el cas d’altres tipus d’envasos reutilitzables, han de ser de material apte per ús alimentari i fàcil de netejar, estar nets, sense esquerdes, taques i òxid, i disposar de tapa o d’un mecanisme de tancament. Els envasos que hagin de contenir líquids, hauran de ser estancs, suportar els esforços d’operacions normals de manipulació, sense obrir-se o trencar-se i poder tornar a tancar-se un cop oberts sense perdre la seva estanquitat.

Si les persones consumidores no duen un envàs reutilitzable per fer la compra de productes, els establiments poden posar a disposició de les persones consumidores envasos reutilitzables propis dels comerços. Els establiments poden rebutjar aquells envasos que no consideri adequats.

[Font: http://www.xarxanet.org]

Um braço do movimento vegano volta esforços para incentivar as corporações a produzirem mais produtos vegetais e políticas de bem-estar animal, enquanto abandonam as verdadeiras bases da luta antiespecista

Escrito por Nathália Iwasawa

Foi numa tarde em meados de maio que a cozinheira, escritora e militante antiespecista Sandra Guimarães falou comigo. O fim do outono no Brasil indicava que os ventos iam esquentar no norte, onde ela vive com a esposa, na periferia de Paris. Foi difícil encontrar um horário para conversar, mas não pelo fuso. Os motivos eram bem mais nobres. Sandra estava mergulhada em uma lista de tarefas que variava entre os compromissos com a Brigada de Solidariedade Popular e as manifestações contra a atuação do Estado de Israel na Cisjordânia.

Quando, enfim, conseguimos conectar-nos para a entrevista ela arrematou a questão desta reportagem numa só frase, logo no início: “A maneira mais fácil de você aniquilar um movimento social, qualquer um, não só a luta antiespecista, é cooptar. Se você não consegue combater, destruir, você coopta, abraça e diz que agora também faz parte das suas demandas”.

Essa afirmação ganha sentido quando olhamos para as empresas que navegam nesse nicho: são granjas, frigoríficos e a indústria de ultraprocessados, todas fabricantes de produtos de origem animal que inserem os de origem vegetal aos portfólios. Além das startups, que têm colocado esforços na expansão desse mercado.

Até aí, sem grandes novidades. A peculiaridade desse movimento de apropriação está nas ONG’s veganas, que defendem os direitos animais. Elas são o motor desse “ativismo corporativo” e influenciam muitas pessoas que procuram referências para uma mudança que deveria ultrapassar escolhas nas prateleiras.

Vivian Mocellin, ativista pelos direitos animais e ex-diretora de uma dessas ONGs que atuam no Brasil, explica o porquê dessa união: “Os caras que doam para organizações veganas também são investidores dessas empresas que lançam produtos. É óbvio que as organizações terão posicionamento favorável a esses produtos. Se você pensar, é uma forma muito interessante de se fazer marketing”, enfatiza.

De acordo com Vivian, as empresas podem até baixar os investimentos no marketing tradicional porque doam dinheiro às organizações que assumem o discurso de que as marcas e produtos são bons. “Tem uma legitimidade muito maior”, destaca.

Respiremos: para entender os motivos e os meios em que ocorre essa cooptação de uma bandeira essencialmente anticapitalista por corporações multinacionais é preciso trazer alguns números e uma porção de contexto.

O mercado vegetal interessa a quem?

Não existem dados públicos sobre a adesão dos brasileiros ao vegetarianismo, tampouco sobre o veganismo. O principal levantamento da população que se declara vegetariana no Brasil foi encomendado pela organização civil mais conhecida no país, a Sociedade Vegetariana Brasileira, a SVB, e realizada pelo Instituto Brasileiro de Opinião Pública e Estatística, o Ibope.

levantamento, de 2018, indicou que 8% da população concordava totalmente com a frase “sou vegetariano” e 6% concordava parcialmente. Os 14% que se identificaram de alguma forma com a afirmação, levou a SVB a comemorar o “crescimento histórico no número de vegetarianos no Brasil”, conforme publicação no site. Em comparação com a mesma pesquisa feita em 2012, esse público aumentou 6%.

Em texto, o entusiasmo da SVB – com a ampliação do “mercado” – é evidente: “as estimativas apresentadas na pesquisa do Ibope revelam que as oportunidades de negócios são também enormes para as empresas e investidores brasileiros atentos a esses dados”.

Em uma pesquisa mais recente, de 2021, a sociedade buscou identificar a parcela da população disposta a deixar de comer carne pelo menos uma vez na semana. Dessa vez, o levantamento foi realizado pelo Ipec (Inteligência em Pesquisa e Consultoria – empresa que vem substituir o Ibope) e identificou 37% da população que concorda totalmente com a frase “por vontade própria, deixo de comer carne pelo menos uma vez por semana”, enquanto 9% concordam parcialmente. A SVB, no entanto, concluiu que 46% dos brasileiros deixam de comer carne, pelo menos uma vez na semana, por vontade própria.

No texto de divulgação dos resultados, afirmam que o Brasil é um grande produtor de grãos e o mercado plant based converte “o grão em produto final a uma alta eficiência, sem a onerosa taxa de conversão alimentar usualmente implicada quando se usam os grãos para alimentar animais de produção. Hoje, algumas das empresas mais atuantes no mercado global de carnes vegetais estão justamente aqui.”

A reportagem entrou em contato com a SVB por e-mail questionando sobre a atuação da ONG no Brasil e as estratégias corporativas, mas, até o fechamento deste texto, não houve retorno.

Em 2020 foi publicada a pesquisa “O consumidor brasileiro e o mercado plant-based”, realizada pelo The Good Food Institute (GFI) e pelo Ibope, que apontou laticínios, ovos e leite, considerados produtos baratos pelo relatório, como os mais presentes no dia a dia da população. “Produtos vegetais que os substituam devem não só se incorporar à rotina como os tradicionais, mas também ser posicionados em uma faixa de preço equivalente”, indica o levantamento.

O GFI é uma instituição fundada em 2016 que gera dados e informações sobre o mercado de “proteínas alternativas” para as corporações em nível mundial, além de atuar como assessora de comunicação e legislação para essas empresas. O instituto se coloca como um acelerador de mudanças nos hábitos alimentares, promovendo investimento e desenvolvimento de produtos vegetais e da polêmica carne de laboratório. Além do Brasil, o GFI atua nos Estados Unidos, país sede, e em Israel, na Índia, na Ásia Pacífico e na Europa.

“Eles [GFI] aparecem muito pouco, mas estão muito envolvidos nisso. Na minha visão, parece o seguinte: é uma organização sem fins lucrativos que presta consultoria de graça para empresas bilionárias para lançar produtos ultraprocessados veganos que não são bons para a população, e que vão encher de dinheiro o bolso desses caras”, diz Vivian Mocellin.

O estudo do GFI contou com o financiamento de multinacionais do setor, como Unilever, JBS, ADM e Grupo GPA, controlado pelo francês Casino, que tem no Brasil as redes de supermercados e atacarejos Pão de Açúcar, Assaí, Extra e Compre Bem.

As startups que se dedicam à fabricação de produtos exclusivamente veganos também investiram na realização da pesquisa. Vida Veg, Not Co e N.ovo têm em comum a proposta de oferecer produtos semelhantes aos de origem animal, como iogurte, leite e hambúrguer. Até o ovo ganhou uma versão ultraprocessada.

Essas startups também encontram correspondência com a atuação no mercado financeiro global. Bilionários como Jeff Bezos – CEO da Amazon – têm investido nessas food techs, que buscam subsídios no Vale do Silício. É uma tentativa de resolver os problemas a partir da tecnologia, como se a tecnologia fosse, por si só, uma forma de resolver algo”, comenta Vivian.

É nesse mesmo lugar do mundo, onde as premissas tecnológicas e desenvolvimentistas impõem o ritmo de produção e consumo, que despontam os investimentos nas ONG’s animalistas e bem-estaristas que atuam internacionalmente. Em muitos países, elas dão aporte às indústrias para o desenvolvimento de novos produtos, ou práticas que diminuam o sofrimento dos animais em confinamento.

Vivian, que tem a experiência singular de quem viveu a elaboração dessas políticas internamente, explica que esse é o foco das ONG’s antes mesmo de chegarem no país-alvo. “Quando essas organizações vêm para o Brasil, o foco delas começa em empresas e campanhas de bem-estar animal. E falo isso porque fui uma das pessoas que abriu um suporte para várias organizações aqui. Eu fiz o engajamento corporativo com as grandes empresas”, conta.

Entre selos e “animais felizes” 

De forma genérica, existem dois tipos de pessoas veganas: as que comemoram o lançamento do KitKat vegano e as que boicotam essas corporações, não importa quantos produtos vegetais lancem. As primeiras podem ser consideradas veganas estratégicas, liberais ou pragmáticas, que veem o mercado como um aliado e acreditam na mudança “por dentro”. As segundas seguem a linha do veganismo abolicionista, que tem como horizonte a emancipação dos humanos e não humanos do sistema que explora todas essas formas de vida, inclusive a própria natureza.

Para Vivian, a tomada da pauta antiespecista pelas corporações constitui um esvaziamento da luta, a apropriação pelos objetivos financeiros do capital e engrossa o caldo do movimento neoliberal.

“O veganismo sempre foi um instrumento político, sempre entendido como instrumento político. Ele começa a ser esvaziado com a chegada dessa influência norte-americana, de ONGs norte-americanas, e pelo entendimento de mundo liberal dessas organizações. Elas têm como principal foco as questões corporativas”, diz a ativista.

Sobre as políticas de bem-estar animal que muitas ONGs encampam como forma de amenizar o sofrimento dos animais enquanto não há uma completa libertação, Vivian enxerga como uma medida paliativa, que significa uma grande oportunidade para as corporações pegarem carona.

Não raro, empresas também se apropriam dessas relaçõesAproveitando o gancho discursivo e a falta de políticas públicas dedicadas ao bem-estar animal, o marketing e a publicidade se encarregam de “lavar” imagens de corporações que exploram os animais de diversas formas, aplicando uma prática conhecida como veganwashing.

“As empresas que estão explorando os animais têm, no mínimo, a obrigação de respeitar os comportamentos naturais e terem métodos de criação, de abate, que reduzam ao máximo o sofrimento. Mas isso não quer dizer que o animal está feliz. Ele está lá, esperando para ser morto”, ressalta Vivian.

A marca Leitíssimo, criada por neozelandeses, anuncia o leite de “vacas livres no pasto”, como se criar vacas soltas fosse uma prática inovadora.

 

No site do Leitíssimo, uma marca de leite de “vacas livres no pasto”, é possível ver uma linha do tempo do crescimento do negócio. A empresa tenta passar uma imagem de pequena produtora, mas, na realidade, o que se vê na estrutura do negócio é uma fazenda do tamanho de duas ilhas de Fernando de Noronha. “Nosso leite é de um único rebanho, sem injeção de hormônios, livre de tuberculose e brucelose. Assim como antibióticos e substâncias carrapaticidas”, anuncia o site.

No Brasil, o decreto nº 9.013/2017 regulamenta duas leis que dispõem sobre a inspeção industrial e sanitária de produtos de origem animal. No texto, aparecem apenas seis menções do termo “bem-estar” para se referir às práticas com os animais vivos; mas, no que diz respeito ao papel da indústria, o artigo 88 é bem direto: “O estabelecimento é obrigado a adotar medidas para evitar maus-tratos aos animais e aplicar ações que visem à proteção e ao bem-estar animal, desde o embarque na origem até o momento do abate”.

Faz sentido, então, que a Leitíssimo tenha optado por beneficiar o leite na fazenda, estratégia que evita problemas, como a contração de doenças, morte de animais no transporte e partos prematuros. O artigo 243 proíbe que produtores enviem à indústria vacas leiteiras que, entre outros pontos, apresentem problemas de saúde infecciosos ao ser humano e “não se apresentem clinicamente sãs e em bom estado de nutrição”.

O texto também menciona as infrações que podem ser identificadas pelos órgãos competentes. Desobedecer ou inobservar os preceitos de bem-estar animal dispostos no documento é uma infração considerada moderada e pode acarretar em multa à empresa.

Mas, no lugar de cumprir a legislação honestamente, as multinacionais vão pelo caminho que o dinheiro abre com mais facilidade: elas batem nas portas das certificadoras. No Brasil, 28 empresas têm o Certified Humane, um dos certificados que garante práticas consideradas humanizadas na indústria de alimentos. Nessa lista, figuram corporações como JBS (com a marca Seara) e Ovos Mantiqueira, a maior granja da América Latina.

Entre 2003 a 2018, de acordo com o último relatório da Humane Farm Animal Care, instituição responsável pela certificação, 54.950 lojas e restaurantes foram certificados no mundo todo. Até 2003, havia somente 50.

Peguemos a Ovos Mantiqueira como exemplo. O relatório de sustentabilidade de 2020 informa que as granjas ativas da indústria somam 11,4 milhões de aves no Brasil. Dessas, somente 500 mil são livres de gaiola, o que significa míseros 4,38% da produção voltada para “o bem-estar animal”.

  • As linhas orgânico, caipira, e “happy eggs” da Ovos Mantiqueira têm o selo de práticas de bem-estar da Humane Farm Animal Care, assim como alguns produtos da empresa Netto Alimentos.

“A boa notícia é que está ficando mais fácil para os consumidores conscientes encontrarem produtos feitos por empresas cujos princípios incluem o carinho com os animais. Uma das razões é que vem crescendo o número de produtos com o selo Certified Humane, um atestado do cumprimento de boas práticas de bem-estar animal”, anuncia o site da certificadora. É um discurso que traduz as novas práticas do paradigma do desenvolvimento: “ações menos nocivas” em face a técnicas violentas viram exceções que as corporações usam como vitrine para seus negócios.

Apesar de considerar um movimento válido, que pode expressar uma mudança significativa na vida de milhares de galinhas poedeiras, que tendem a passar a vida toda confinadas sob muita crueldade, Vivian ainda vê como problemática a forma com que isso é apropriado pelas empresas para fazer marketing. “É problemática a forma com que isso foi imposto de fora para cá”, diz.

Deixe de comer animais, mas não deixe de consumir

Assim como têm investido em produtos de “bichos felizes”, as corporações também tentam agradar os que já decidiram adotar o veganismo e não consomem animais e derivados. Por isso voltamos à história do KitKat vegano. As velhas fabricantes do mercado global apostam em produtos com roupagens modernas e inovadoras, que prometem a mesma experiência sensorial e gustativa dos convencionais.

Chocolate, sorvete, hambúrguer… a lista é infinita. E como o capital das multinacionais, assim como o das startups, vem do norte global, não há benefício ao mercado interno dos países importadores.

O psicólogo e estrategista de campanhas publicitárias Lucas Napolitano lembra que “grande parte do motor financeiro dessas corporações alimentícias é mais movido por um número menor de marcas que têm um impacto massificado, com uma venda muito grande, do que pelas milhares de marcas do portfólio.”

A ativista Sandra Guimarães, que apareceu no começo da reportagem, avalia que a aparição de produtos vegetais no mercado não conquista quem está fora da luta antiespecista, nem diminui o consumo dos produtos convencionais. Não é uma lógica cartesiana. “O veganismo liberal quer manter as pessoas na condição de consumidoras, só quer dizer o que consumir”.

“Esse é um argumento muito utilizado pelo veganismo liberal: hoje é caro porque ainda são estruturas pequenas. Por isso, preciso comprar mais porque a escala vai aumentar e o preço vai baratear. Então, você pensa: quando o preço de um produto barateia porque a escala está gigante, qual é o sistema por trás que está sustentando isso? É esse sistema que a gente quer? Esse sistema é possível?”, questiona.

A Seara, por exemplo, dona do Incrível Burguer e de outros produtos à base de plantas, comemorou a alta na exportação de produtos de origem animal, que chegou a contar com 85% do faturamento só de carnes de aves. Enquanto a marca da JBS lança uma linha de produtos vegetais, outras duas de frango nascem com ela.

A versão vegetal do famoso KitKat foi lançada este ano no Brasil.

Outro aspecto importante sobre os ultraprocessados vegetais no Brasil é que normalmente são empacotados que não fazem parte da nossa cultura alimentar. Vivian Mocellin traz uma leitura importante a respeito, que ajuda a ligar alguns pontos. “Tem uma sanha de expansionismo imperialista, inclusive houve uma organização dessas que criou um cargo exclusivamente para isso, que era diretor de expansão”, diz. “E para onde eles querem expandir? África, sudeste asiático, América Latina. E, aí, não se pode falar de colonialismo internamente, porque ofende as sensibilidades.”

Sandra lembra que o veganismo não é o movimento em si, ele é um modo de fazer, “um manual de como a gente vai chegar lá, a prática. O antiespecismo seria a luta, o objetivo.” “Para mim, foi só a extensão lógica do meu compromisso de anticapitalista, de anti-imperialista, da minha luta contra a dominação. Mas quando se faz o sentido inverso, é muito muito fácil esvaziar de política o veganismo e transformar num lifestyle, num estilo de vida.”

Ela lembra que os animais estão na base da exploração capitalista. Depois deles, vêm as pessoas racializadas, as mulheres e, assim, a engrenagem vai mantendo-se hierarquicamente. “Sem a exploração animal, o capitalismo iria lucrar muito menos”, diz.

A estratégia das corporações, então, não é diminuir a produção que usa animais e derivados como ingredientes. Mas, sim, incorporar aos portfólios “novos estilos de vida”, que acabam seguindo a mesma lógica de produção e exploração, ainda que a carne não esteja diretamente no prato.

Autonomia e cultura alimentar

Sandra Guimarães é potiguar e, como orienta a tradição nordestina, teve a infância abastecida com macaxeira, cará, farinha de mandioca, cuscuz e tapioca. Uma alimentação afetiva, cultural e vegetal.

Quando conversamos, perguntei a ela o que a sociedade perde quando deixa que a lógica do consumo invada essa luta. “Quando você deixa o mercado pautar o que é vegano, que é o produto industrializado com aquele selo, você perde a sua cultura alimentar e também a sua autonomia de cozinhar coisas ”, ela responde.

Coco, caju, ora-pro-nóbis e tapioca são bons exemplos de comidas vegetais que não demandam um selo para ser consumida por pessoas veganas. Esses ingredientes estão disponíveis regionalmente em abundância e fazem parte da cultura alimentar nordestina. Fotos da autora

Tirar os bichos do prato não quer dizer que a substituição saudável e segura passe pelos produtos que prometem mil e uma proteínas e vitaminas. Entre selos e marcas “verdes”, há o perigo iminente de esquecer que pessoas veganas comem historicamente plantas e grãos in natura, que oferecem a nutrição adequada a todo ser humano saudável.

“A gente precisa de pesquisa antropológica, sociológica, para entender a realidade do Brasil, porque se a gente não entende a realidade do consumo alimentar, do consumo de carne, do que isso significa no Brasil, como é que a gente muda alguma coisa?”, diz Vivian Mocellin, que trabalhava para trazer a discussão para dentro das instituições. “Acreditei que daria para ter autonomia [nas ONG’s] no Brasil, mas não tem autonomia, não”, lamenta a ativista.

É justamente pela falta de entendimento sobre a realidade cultural e histórica que as corporações ganham espaço. Nessa relação comandada pela indústria, não se perde somente a cultura alimentar, o angu com feijão ou o cuscuz. “Você não vai aprender o histórico de luta. Você não vai aprender que a gente sempre fez essas alianças políticas [com o feminismo, com o movimento antirracista e LGBTQIA+]. Você só vai aprender a ler rótulos para identificar o que é de origem animal e o que é de origem vegetal”, afirma Sandra.

O veganismo, como uma escolha individual e um estilo de vida instagramável, produz uma confusão sobre os princípios da luta antiespecista. Sandra considera que o veganismo é uma oportunidade para enfrentar a dependência da sociedade da indústria do “agroalimentar”.

Porém, a pesquisa do Ibope de 2018, que foi mencionada no início da reportagem, revelou que 55% da população concorda totalmente ou parcialmente em consumir mais produtos de origem vegetal se isso estivesse indicado na embalagem. Parece que um selo diz mais do que mil palavras.

E os produtos que mais aparecem selados nas prateleiras são justamente os que tentam se assemelhar aos de origem animal, mas, uma leitura rápida na lista de ingredientes não surpreende: a soja reina na maioria deles.

Textura, sabor e aroma idênticos ao da carne, esses produtos carregam a ideia de que são importantes para a transição do animal ao vegetal, ou para quem não tem tempo para cozinhar. Para Sandra, isso é apenas um esparadrapo usado num corte muito profundo.

“Eu vejo isso como um band-aid, como uma muleta temporária, porque a gente está no sistema capitalista”, pondera. Uma alternativa de luta, segundo Sandra, seria por um mundo onde as mães vão ter toda uma comunidade para cuidar das crianças, vão ter acesso a comida, vão ter tempo para preparar uma refeição nutritiva  – se quiserem – com vegetais frescos. “A gente confunde, muitas vezes, o paliativo com o objetivo”, observa.

Além da apropriação de causas legítimas que enfraquecem os movimentos, as fabricantes de ultraprocessados vegetais continuam a nos enfiar no mesmo problema dos ultraprocessados de origem animal: processamento industrial excessivo com uso de ingredientes químicos, realçadores de sabor, aromatizantes e corantes, mais os altos índices de sal, gordura e açúcar. Isso porque, via de regra, são as mesmas megaempresas as líderes de vendas nos dois segmentos.

A exploração do veganismo pelas corporações tira do eixo o objetivo central da causa. Afinal, não se deveria perder de vista que “o veganismo é uma ferramenta para descolonizar o imaginário, a comida, a vida e a luta”, que é como Sandra Guimarães arremata a sua fala.

É verdade irrefutável que é sempre bom ter mais produtos vegetais? Não se os contextos forem desconsiderados e as ações restringirem-se a ler rótulos nas prateleiras enquanto a causa legítima foi apropriada pelas mesmas empresas que exploram bichos e pessoas todos os dias.

 

[Fonte: http://www.ojoioeotrigo.com.br]

El jueves se celebró un encuentro entre productores de vinos biodinámicos y orgánicos. Los referentes del sector  se reunieron para firmar un manifiesto por un vino bueno, limpio y justo. Promover un producto que transmita la fuerte conexión que existe entre el vino como alimento y el territorio

Escrito por MELISA BUBICA

El movimiento internacional Slow Food fue fundado en 1989 en Italia, y es presidido por Carlos Petrini y Mario Bottura, dos referentes de la gastronomía internacional.  Petrini, debido a su activismo y promoción de una educación alimentaria con una mirada integral para el sector enogastronómico, ha sido nombrado como una de las 50 personas que pueden cambiar el mundo: así lo anunció The Guardian.

Desde Mendoza, y a la luz de esta movida, se pensó el Slow Wine, para pensar el vino como alimento y fomentar una cultura y filosofía más sostenible. El vino como alimento, es un alimento natural obtenido exclusivamente por fermentación alcohólica, total o parcial.

En el 2003, España trabajó la Ley del Vino, donde este producto entró en consideración en la estructura de la pirámide alimenticia como reflejo de la dieta mediterránea; adaptándose al ritmo de vida actual y combinando pautas del orden social y cultural como la comida en familia, el consumo de productos locales, entre otras.

SITIO LA ESTOCADA – TUPUNGATO – MENDOZA

El movimiento presidido por Carlo Petrini promueve tres pilares: un alimento limpio, donde se considera la forma en la que se produce y se consume: que no dañe el ambiente, tampoco el bienestar animal o genere consecuencias negativas en nuestra salud. Que el alimento sea bueno, requiere consumir productos de temporada y locales, eso nos hace conocer el territorio y fomenta nuestra cultura. El tercero y último pilar tiene que ver con pensar en un alimento justo, y se refiere a precios accesibles, en la retribución y a sus condiciones desde su producción, hasta la logística.

Bajo esta misma perspectiva se generó el encuentro y firma de tratado de Slow Wine en el Sitio La Estocada, en Tupungato, Mendoza. El evento reunió a productores y enólogos para dialogar sobre los desafíos en torno al trabajo que significa hacer “un vino lento” o más amigable y limpio.

Hacer vino biodinámico por ejemplo, garantiza una práctica consciente sobre el uso del suelo, el agua, el impacto social y el ambiente. Desafiar los métodos tradicionales y evitar el uso de pesticidas y fertilizantes es un paso para reducir las emisiones agrícolas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.

HERMOSAS ÁNFORAS DE BARRO – SITIO LA ESTOCADA 

La agricultura biodinámica trabaja al ritmo del sol, la luna y las constelaciones. El uso del calendario biodinámico y la bioagricultura conduce a una mirada integral a la hora de producir alimentos.

La realización de vinos biodinámicos requiere de una visión integral de la vid: es un sistema vivo donde se cuidan, optimizan y reflejan todas las interacciones del ambiente. Este calendario establece cuándo son los momentos óptimos para trabajar la tierra y obtener los mejores resultados de la vid.

En la biodinamia las plantas se fertilizan con preparados naturales, se realiza compost y preparados homeopáticos de origen vegetal. Siempre todo esto va de la mano de la búsqueda de un sentido de unidad, donde la intención está en llegar a la máxima expresión de esa vid y terroir. A la hora de hablar de la fermentación, se destacan las levaduras indígenas que son las propias del viñedo, son aquellas que vienen con la uva, especialmente las que se adhieren a la pruina y el raspón.

SITIO LA ESTOCADA – TUPUNGATO – MENDOZA

El vino es un producto emblemático y resulta ser el recorte y la presentación de un territorio al mundo. Qué mejor que sea limpio, bueno y justo.

[Fuente: http://www.mdzol.com]

 

En su primera novela, la autora, que es una argentina que reside en Dinamarca, explora las emociones que producen el amor y el desamor, el desarraigo y la búsqueda de la propia identidad en un texto que alterna el pasado y el presente y la mirada de tres narradores diferentes. 

Gabriela Eunice nació en Buenos Aires y estudió arquitectura pero reside en Copenhague desde 2015.

Gabriela Eunice nació en Buenos Aires y estudió arquitectura pero reside en Copenhague desde 2015.

 

Escrito por  Eva Marabotto

La Costa Atlántica, la Costanera porteña y las frías aguas de Copenhague son los paisajes que se alternan como escenarios en “Busco extras para actuar en mis sueños”, la primera novela de Gabriela Eunice, una argentina residente en Dinamarca. Pero a cada uno de ellos le corresponde también un vínculo que le es propio en una serie creciente que va de la amistad y el amor filial a las relaciones violentas.

La historia de Amanda, una mujer emigrante toma elementos de la vida de la autora, sus amigas y las entrelaza con anécdotas inventadas en un caleidoscopio de sensaciones amables, melancólicas e incluso dolorosas. La sigue de cerca un narrador que la conoce profundamente, le cede su voz para que por momentos el texto se vuelva intimista y confesional, y adopta una segunda persona para aconsejar y hasta adoptar un tono admonitorio para con la protagonista.

“Busco extras para actuar en mis sueños” fue editada a fines de septiembre por Inguz Editorial con la consigna de “hacer un libro sostenible” impreso en papel reciclado, pero además el 15 % de las ganancias por su venta son donadas al Fondo de Mujeres del Sur.

Gabriela Eunice González Alcalde nació en Buenos Aires y se recibió de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires. Estudió música y canto y en 2019 estrenó una performance literaria-musical titulada “Amanda”. Desde julio de 2015 y después de varios viajes por América, Europa y Asia reside en Copenhague, Dinamarca.

En la primera semana de octubre la autora presentó su novela en el Festival de Literatura de Copenhague que reunió a autores latinoamericanos, españoles y portugueses y contó con el auspicio de las embajadas de España y Portugal.

Sobre los alcances de una historia que describe una experiencia de desarraigo e incomunicación pero también de violencia de género, en la que la escritura ofrece una posibilidad de salvación y de recuperación de la identidad, conversó la autora con Télam. A continuación, los principales tramos de la entrevista.

La autora al rescate de su propia lengua.

La autora al rescate de su propia lengua.

-Telam: ¿En la historia que narrás hay una relación en la que se produce violencia de género? ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción?
-Gabriela Eunice: Tiene un poco de autobiográfico y otro poco, no. Lo que es autobiográfico es que Amanda es una persona migrante de Argentina que se muda a Copenhague. Eso sí lo puedo situar en el ámbito autobiográfico. Después. cada una de las pequeñas historias que van pasando entre los personajes, no todas son necesariamente autobiográficas. Muchas cosas de las que escribo también las he tomado de biografías de otras personas. Hay anécdotas de otra gente que me gustan y también. Las he incorporado a la historia pero también hay cosas que he inventado.

-T: ¿Favorece la violencia el hecho de que se trate de una mujer migrante?
-G.E.: Creo que no importa donde vivas, creo que hay cosas que se perciben de igual modo en todo el mundo, no importa el lugar en el que vivas. En este caso no es una novela que yo escribí para hablar necesariamente de la violencia de género pero sí trata el tema. Amanda tiene herramientas pero no importa dónde vivas o a qué estatus social pertenezcas, la violencia puede estar presente en cualquier situación y obviamente hay situaciones más privilegiadas que otras para poder salir de eso. El hecho de poder contar esta historia es un modo de generar mayor conciencia acerca de cuáles son los modos de salir del espiral de violencia.

-T: ¿La diferencia de lenguas genera incomunicación y quizás violencia?
-G.E.: La incomunicación no tiene por qué llevar a la violencia. Hay algo que la protagonista se plantea todo el tiempo que es que ella dice haber perdido la lengua por no saber cómo comunicarse. Creo que el tema de la incomunicación no reside tanto en que hablen lenguas diferentes sino en lo que Amanda dice al principio del libro, de que, muchas veces las personas intentamos comunicarnos con palabras sin darnos cuenta de que el modo más sensato de comunicarnos es a través de nuestros cuerpos y nuestros sentimientos.

Ahí hay una incomunicación entre Amanda y Josué que no tiene que ver con su lengua, sino con que son dos personas que no se entienden.

-T.:Hace años que vivís en Dinamarca y hablás danés, ¿por qué escribir en español que no es tu lengua cotidiana?
-G.E.: Justamente porque el español es mi lengua desarraigada, escribir en español me permite recuperar mi lengua materna. Por un lado tiene que ver con que cuando yo me mudé a Copenhague no conocía tanta gente que hablase español y escribir era para mí un modo de recuperar mi lengua, de encontrarme con mi idioma. Tampoco tenía acceso a tantos libros. La verdad es que me mudé con muy pocos libros acá y en aquel momento cuando vine, la única librería que tenía libros en español cerró y volvió a abrir otra recién hace dos meses. En todo ese tiempo escribir era encontrarme con mi lengua en un contexto en el que tenía pocas oportunidades.

-T.: Venís del ámbito de la arquitectura, ¿cuál es el aporte de esa disciplina a tu escritura?
-G.E.: No poemas ni cuentos sino textos académicos. Soy arquitecta y trabajé como docente de Historia y de Proyecto arquitectónico pero tuve la suerte de que en la Facultad de Arquitectura de la UBA muchos docentes incorporaban textos literarios a la hora de hablar de arquitectura, por eso me acostumbré incluso en la descripción de proyectos arquitectónicos a darle un lado más artístico y poético.

-T.: La historia de Amanda también dio origen a una performance de tipo teatral…
-G.E.: A fines de 2019 con la novela casi terminada, en proceso de corrección, Miguel Angel Crozzoliu, un amigo músico y compositor, me propuso hacer una obra de microteatro con fragmentos de la vida de Amanda. Aquella performance focalizó la historia del desamor de Amanda. Ella decía en aquel fragmento que extrañaba no conocerlo a Josué porque cuando lo conoció lo vio como realmente era, su peor costado.

-T.: El texto incorpora términos que son netamente porteños como “changüí” y otros más ligados al español neutro, como “grifo” en lugar de “canilla”, ¿Amanda habla la lengua del desarraigo, una construcción artificial que comparten muchos emigrantes?
-G.E.: Ese tema lo traté mucho con el editor, Horacio Fiebelkorn, cuando comencé a editar la novela. Sucedía que a veces usaba el español de España y otras el porteño. Creo que tiene que ver con no haber estado en la Argentina muchos años y no haber hablado con argentinos. Entonces uno adquiere una lengua que comparte con los inmigrantes latinos o europeos, incluso con los daneses que estudiaron español. Si yo dijese “canilla” seguramente no sabrían de qué hablo. Pero hay otros términos como “changüí” que no podría explicar de otro modo. No creo que alcance con decir “#otra oportunidad”. Es “changüí”.

"Busaco extras para actuar en mis sueños"

« Busaco extras para actuar en mis sueños »

-T.: Aunque se centra en el presente de una mujer argentina que reside en Copenhague, la historia recupera el pasado porteño de Amanda e incluso sus vacaciones en la Costa Atlántica en un ida y vuelta permanente en el tiempo del relato.
-G.E.: Es que Amanda la de ahora es también la Amanda del pasado, la que vivió en Buenos Aires. Esos raccontos son un modo de reconectar con su lengua y de reconectar con sus raíces y dar a entender de dónde viene ella y darla a conocer al lector.

-T.: El nombre no es una casualidad,,, En latín “Amanda” significa “la que debe ser amada”. Es casi una ironía para una historia en la que está presente la violencia.
-G.E.: Sí. Pensé en ese significado, en la carga del nombre. Pero además, es un nombre muy común en Dinamarca entre las mujeres de clase media.

-T.: ¿Tenés prevista una traducción al danés?
-G.E.: Voy a tratar de que así sea. Hay fondos estatales que financian la traducción de textos que podrían ser relevantes para la cultura danesa por ende si una editorial está interesada en hacerlo se puede aplicar a los fondos para pagar a un traductor.

-T.: ¿Cómo construiste al narrador? Por momentos es una tercera persona omnisciente, en otros una segunda persona, y en otras una primera que parece ser Amanda. Llevás al lector a girar 360 grados en derredor de la protagonista.
-G.E.: No me fue fácil de llegar a esas diferentes personas y uno de mis mayores miedos es que no se llegara a entender sobre todo cuando habla esta Amanda en segunda persona que puede verse como ella misma o alguien que le habla. Creo que la primera persona es la protagonista con todos sus sentimientos y sus dudas. La segunda persona es un poco más dura, le marca lo que hizo y la lleva a reflexionar y la tercera es un narrador omnisciente que, sin embargo, la conoce muy bien a Amanda. Todas la construyen.

-T.:¿Cuál es tu experiencia de editar en una editorial independiente como Inguz?
-G.E.. Fue muy interesante. Me gustó que fueran todas mujeres detrás de la editorial. También que donen parte de las ganancias de sus libros al Fondo de Mujeres del Sur para ayudar a combatir la violencia de género y que las mujeres que sufran estos actos violentos tengan otras oportunidades en sus vidas. Sucede que aunque Amanda viva de modo naïf la violencia que sufre el tema está presente y por eso comparto esta causa con la editorial. Además el libro está impreso con papel reciclado y la sustentabilidad es un tema en el que vengo trabajando desde mi profesión de arquitecta.

 

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Nueve países concentran los 24 negocios que se han alzado con el Green Emblem, un sello que valora los vinos más sostenibles.

Robert Parker Wine Advocate, considerada como una de las mayores autoridades mundiales sobre vino, ha lanzado la distinción Robert Parker Green Emblem, centrada en la sostenibilidad de bodegas y productores vitivinícolas. Esta distinción, para la que se han evaluado más de 5.000 productores de 32 países diferentes, premia a aquellas empresas que extienden su compromiso por el medio ambiente más allá de la calificación de cultivo orgánico o biodinámico. Las ganadoras son 24 bodegas que han enarbolado la bandera del desarrollo y se han posicionado como embajadores de la sostenibilidad, liderando el cambio de la industria y aportando su grano de arena al bienestar del planeta. País a país, estas son las primeras viticultoras reconocidas.

España

Foto: ISTOCK

Escrito por Mari Carmen Duarte

ESPAÑA
Descendientes de José Palacios es la única bodega española en la selección de Parker. La finca, ubicada en la comarca de El Bierzo, ha aplicado los principios biodinámicos desde sus inicios, más de dos décadas de cultivo sostenible del que el productor nunca ha querido hacer alarde. Su experiencia avala un congreso anual sobre viticultura en la que expertos de España y Portugal aprenden a trabajar con animales en sus cultivos y a conseguir una producción cada vez más ecológica. Ricardo Pérez vive de la forma más artesanal y sostenible posible: elabora, cultiva y cría prácticamente todo lo que come y bebe, creando un ecosistema sostenible de autosuficiencia y aun así sacando tiempo para elaborar algunos de los mejores vinos de la región y de todo el país. De esta manera, Descendientes de José Palacios demuestra que una forma de vida ecológica y un cultivo biodinámico de la vid está mucho más al alcance de lo que se creía.
Bodegas Milton

Foto: MILTON VINEYARD – FB

NUEVA ZELANDA
Desde el comienzo de la historia de Millton, fundada por James y Annie Millton en 1984, la familia ha apostado no solo por aumentar la calidad de sus vinos, sino también la de su tierra, dos objetivos que, sin duda, van de la mano. Solo cinco años después de su fundación, Millton se convirtió en el primer productor en obtener la certificación BioGro en Nueva Zelanda para la producción de vino orgánico. En 2009 consiguieron ser la única bodega de todo el hemisferio sur en sumar a su palmarés la distinción Demeter por su vino de producción biodinámica.
Austria

Foto: TRIEBAUMER

AUSTRIA
La familia Triebaumer forma parte de la cultura vitivinícola austriaca desde hace más de 300 años, una saga de agricultores y campesinos que producen vinos excelentes, como los Ruster Ausbruch, entre los mejores vinos dulces del planeta, o el Blaufränkisch Ried Mariental, considerado como el primer gran vino tinto de Austria. La fórmula de su sistema ecológico: el uso de un sistema fotovoltaico y una producción cada vez más comprometida, que incluye procesos como la recuperación del suelo verde de la viña, en la que pastan sus ovejas, y el cuidado del hábitat de las abejas, un conjunto de acciones que contribuyen a mejorar sustancialmente la fertilidad del suelo y aumentar sus propiedades.
Alemania

Foto: WEINGUT ODINSTAL

ALEMANIA
Una finca cerca de un volcán, a 300 metros sobre el nivel del mar en Alemania parecía una locura para muchos, pero Thomas Hensel, dueño de Weingut​ Odinsal, estaba decidido. El resultado es una bodega biodinámica que ha hecho posible que su vino se alce con una certificación Demeter. La naturaleza está por todas partes y todo parece estar pensado para que fluya por si misma: muros de piedra, postes de madera y arbustos generan una mayor afluencia de insectos que enriquecen el terreno, abonado durante todo el año con estiércol. En cuanto a la producción, Hensel se ha deshecho de los plásticos en sus envíos, cambiando incluso la cinta adhesiva convencional por otra de papel y sus corchos están lacrados con cera de abeja. Toda una declaración de intenciones con las que pretenden lograr un equilibrio neutro en CO2 en un futuro próximo.
henschke

Foto: HENSCHKE

AUSTRALIA
Dos bodegas han australianas han conseguido colarse entre las más ecológicas del mundo. Por un lado, Cullen Wines, certificada como biodinámica desde 2008 y con Vanya Cullen al frente. Además de compensar las emisiones de carbono a través de proyectos locales, el 40% de la energía de esta bodega se consigue a través de paneles solares, mientras que el porcentaje restante se compra a fuentes solares y eólicas externas. Botellas de carbono reducido, cartón local y un buen programa de reciclaje son algunas de sus señas de identidad.
En cuanto a la segunda bodega, se trata de Henschke, una bodega cuyos viñedos tienen más de un siglo de antigüedad. Aunque el negocio no está oficialmente categorizado como biodinámico, su dueña, Prue Henschke, se ha comprometido con este tipo de prácticas desde 1987, realizando ensayos y estudios con varios composts y pastos. Su esposo, Stephen, fue uno de los primeros en implementar un sistema de gestión de calidad con paquetes reciclajes, restauración de la vegetación original y la mejora de vida de la comunidad local. Toda una declaración de intenciones de cara a un futuro mucho más sostenible.
iStock-1173825447. Sudáfrica

Foto: ISTOCK

SUDÁFRICA
Los dos únicos representantes africanos en esta distinción se encuentran en Sudáfrica: las bodegas Reyneke y Sadie Family. Las bodegas Reyneke tienen numerosas certificaciones, entre las cuales se encuentran Demeter y Ceres. Guiado por Johan Reyneke, este proyecto vinícola ha rechazado el uso de materiales químicos y cambiándolo por algo tan sencillo como patos, que cuidan por sí mismos del cultivo; maleza, que aleja la cochinilla de la vid; preparaciones biodinámicas, con las que favorece la biodiversidad del suelo, o el seguimiento del calendario lunar para la plantación, la poda y la vendimia.
En cuanto a Sadie Family, que dirige Eben Sadie, se centra en el cuidado y cultivo de viñas viejas y en la mínima intervención en estas, con un proceso totalmente orgánico que dota al vino de una profundidad de sabor reservada a los mejores. Sus botellas son tan codiciadas que el primer día que salen a la venta tardan pocas horas en agotarse. Sadie es un experimentador nato: su curiosidad le ha llevado a afinar durante años sus habilidades para conseguir un vino armonizado con la naturaleza, sabiduría que trabaja para transmitir a sus descendientes y futuros portadores de su legado.
Alois Lageder

Foto: JOHN MCDERMOTT / ALOIS LAGEDER

ITALIA
Alois Lageder es una de las tres bodegas de Italia que han conseguido el Green Emblem de Robert Parker. Esta explotación es la prueba de que se puede hacer un vino biodinámico a gran escala, concretamente en 55 hectáreas de viñedos. Esto le ha situado en el punto de mira de muchos agricultores, lo que le llevó a crear el festival Summa, dedicado a la viticultura sostenible. Otro claro ejemplo a seguir es el de Tasca Conti d’Almerita, una bodega que no solo se preocupa por hacer de sus propios viñedos una plantación biodinámica, sino que ha creado un modelo de agricultura que se aplica a toda la región a través del programa SOStain, un protocolo de sostenibilidad integrado para este tipo de negocio y con un plan de acción.
En uno de los rincones más bellos de la Toscana se encuentra Salcheto, que afirma ser la primera bodega del mundo en certificar la huella de carbono de una botella de vino. Gracias a un estudio con la Università di Siena, calcularon que cada botella equivalía a 1,83 kg de emisiones de CO2, lo que derivó en la iniciativa Salcheto Carbon Free. Hoy en día, la bodega está alimentada por energías renovables, incluidas sus suites.
littorai. Estados Unidos

Foto: LITTORAI

ESTADOS UNIDOS
El segundo país con más representación de esta clasificación es Estados Unidos, con cinco bodegas. Eyrie Vineyards está certificada como orgánica desde 2013 y se basa en una agricultura sin labranza, esencial para las viñas viejas, ya que disminuye el estrés por sequía. El método seguido por Jason Lett, que consiste en no regar ni cultivar la tierra, podría verse como un punto importante a estudiar de cara a un futuro agrícola más responsable. Otra de las bodegas escogidas es Horsepower Vineyards, que rinde homenaje a las tradiciones vinícolas más antiguas, como el uso de caballos de tiro belgas. Además, más de dos décadas de estudio sobre la biodinámica avalan su compromiso y su apuesta por una agricultura circular en la que el humano influye mínimamente.
La agricultura generativa, una mezcla de agricultura biodinámica, permacultura y agroecología son las señas de identidad de Littorai, fundada por el matrimonio de Ted y Heidi Lemon. Su labor no se ha limitado solo a producir un vino sostenible, sino también en ayudar a otros a conseguirlo. También hay bodegas que no nacieron bajo la premisa de la sostenibilidad, como Ridge, cuya conversión a lo largo de los últimos años se ha centrado en cambiar los sistemas de funcionamiento de la explotación y en reutilizar materiales, además de utilizar un etiquetado en el que se muestran los ingredientes. Por último Spottswoode, uno de los dos únicos viñedos orgánicos en el Valle de Napa hasta la fecha, con más de 30 años de historia a sus espaldas, con un uso casi exclusivo de energía solar y su donación del 1% del beneficio anual a organizaciones ambientales.
zusslin. Francia

Foto: ZUSSLIN

FRANCIA
El país que se lleva la palma en esta clasificación es Francia, con ocho bodegas escogidas. En Domaine Bruno Lorenzon las vides se cultivan a más altura y se producen barricas propias, con un proceso monitorizado personalmente desde la recogida de la fruta del cultivo hasta el tostado del vino. Las frutas también tienen un papel importante en Luis Roederer, que dejó atrás los herbicidas y fertilizantes sintéticos y aró la tierra para conseguir raíces más profundas, algo que reviste de fuerza a la vid. Un ejemplo de que la conversión es posible es la bodega Pontet-Canet, cuyos inicios fueron costosos pero que hoy en día tiene triple certificación biodinámica: Biodyvin, Demeter y Ecocert. Arada con caballos y con una bodega alimentada por energía geotérmica, cuatro veces más eficiente que cualquier combustible, hace uso de un sistema innovador: unas ánforas de arcilla hechas en parte con tierra y grava de los viñedos.
Un servicio comunitario en toda regla es el que lleva a cabo Gerard Bertrand, que ha conseguido convertir gran parte de su producción en biodinámica, pero que también quiere que otros viticultores abracen esta forma de agricultura, por eso ofrece asesoramiento técnico y fondos.
Otra bodega que sirve de inspiración es Gabin et Félix Richoux, que han demostrado que la viticultura sin herbicidas, pesticidas y fungicidas es viable, inspirando a otros a seguir su ejemplo, al igual que la bodega Larmandier-Bernier, que abandonó estos métodos en los 90.
En Borgoña, el Domaine Leroy utiliza regularmente cocciones de dientes de león, manzanilla y cola de caballo en los suelos en un proceso de descontaminación química que llevará años.
Por último, merece la pena destacar la bodega Valentin Zusslin, en cuya propiedad se encuentra una reserva natural declarada con plantas mediterráneas y con un viñedo del que se adueñan las ovejas en invierno y las colmenas y pajareras en verano, una apuesta por la vida que mejora el cultivo exponencialmente.
[Fuente: http://www.nationalgeographic.com.es]

Copenhague

Escrito por Cristina Gironès

El día que abrí el correo y me encontré con la tan esperada carta de aceptación al programa de máster Erasmus Mundus tuve que irme a correr. Ahora que lo tenía entre las manos dudaba sobre mis deseos y capacidades. Por aquel entonces aún quedaba una semana larga para que Europa se paralizase por el coronavirus. Los meses anteriores no habían sido fáciles, y estaba a punto de tomar la decisión de dejar mi contrato indefinido para irme a vivir a un país tan pequeño, tan desconocido, tan insignificante para la geopolítica global como Dinamarca. Acostumbrada a escribir sobre desgracias, ¿dónde podía encontrar buenas historias en el –considerado– país más feliz del mundo?

Nunca había vivido en ninguna región más al norte de Hamburgo, ni, por supuesto, nunca se me había ocurrido visitar la aburridísima Escandinavia. Pero ahí me encontraba, explicándole a uno de mis mejores amigos en el coche dirección Barcelona que ya lo tenía, que sí, que el consorcio elitista había decidido aceptar a esta chica normalísima, crecida entre vacas y campos de trigo, para su programa de periodismo internacional.

En mi cabeza, Dinamarca era el país perfecto: los prados eran verdes –nunca amarillos–, los edificios estaban limpísimos –sin ningún graffiti–, y las bicicletas se podían aparcar sin candado y sin sufrir por si alguna persona decidía volver a su casa con tu medio de transporte. Y es que esto no es casual: el discurso occidental siempre se ha servido de este territorio como el paradigma del bienestar, de la sostenibilidad, de la igualdad. El resto de Europa es una copia imperfecta de Dinamarca, y su campo de desarrollo es siempre desde su posición.

Aproveché el confinamiento para ponerme al día. ¿Eran mis expectativas y mis ideas algo real? Por el momento, la universidad estaba cumpliendo todos los estereotipos nórdicos. Nos orientaron a la hora de buscar una habitación, nos ayudaron a tramitar la residencia o visado e, incluso, nos acompañaron emocionalmente durante todo el proceso. Y después de googlear a fondo encontré que, efectivamente, durante décadas Dinamarca ha sido conocida como uno de los países más tolerantes y abiertos del mundo, especialmente a lo que a migración y refugio se refiere. Y este último apunte es importantísimo para entender mi experiencia.

Movimientos sociales ¿de raíz?

Era la primera vez que entraba en el centro social en el que acabaría pasando gran parte de mi año en Dinamarca. Recuerdo que, al abrir la puerta, un fuerte aroma a café y a desinfectante de manos se coló por mi nariz. Ese lugar era especial, pero no tenía nada que ver con los CSO (centros sociales ocupados) o ateneus ocupados que había frecuentado en el pasado. Aun así, las paredes parecían un collage de llamamientos populares, banners pro-Palestina y muchos-muchos pósteres en contra del cambio climático.

La chica que me atendió –el espacio era, también, una cafetería– se dirigió a mí en inglés. Después de invitarme a una taza de un líquido negro aguado al que solían llamar filtered coffee, me explicó que tenían diversas asambleas que se celebraban semanalmente para organizar manifestaciones, eventos u otras acciones. Y me apunté, sin pensarlo, a dos grupos de movilización. Hacía tiempo que mis espacios de confort eran centros sociales como ese.

¡Qué guay! Me fui a casa contenta. Esto me duró, a lo sumo, un par de días. Después de la primera reunión –estaba vinculada a un focus group de migración–, mis ánimos estaban por los suelos. Las personas con roles de poder, danesas y en la treintena, repetían una y otra vez que Dinamarca había sido la primera nación en firmar la Convención sobre Refugio de la ONU, que había liderado la atención y aceptación de inmigrantes desde principios de los 2000. Que siempre había sido un ejemplo a seguir, y que todo lo que estaba sucediendo ahora era “momentáneo” y “poco relevante”.

Lo que era “momentáneo” y “poco relevante” en su opinión era la deriva nacionalista del gobierno socialdemócrata con la complicidad de una sociedad poco movilizada. Y es que después de haberse situado como el primer país europeo en iniciar los trámites de expulsión de un centenar de personas refugiadas Dinamarca también estaba endureciendo otras políticas. Por ejemplo, aprobó recientemente una nueva ley que dificulta el acceso a la ciudadanía y que plantea la deportación de migrantes desempleados o con historial delictivo. Y esto no es todo. La línea dura que ha marcado el gobierno de Mette Frederiksen también ha impulsado la externalización de fronteras para expulsar a los solicitantes de asilo a centros de detención fuera de Europa, posiblemente en África, para que se estudien allí sus casos.

¿Qué hacer cuando, ante semejantes recortes de derechos, los que deberían estar en primera línea justifican lo injustificable? Por suerte, otras voces empujaron a la organización a moverse. Y, a raíz de esto, concentraciones y campañas empezaron a ocupar tiempo y espacio públicos. Si bien es cierto que existen grandes iniciativas de muchas personas, mayoritariamente internacionales, que abogan por la carga política de los movimientos sociales, estos no brillan precisamente por el rigor y radicalidad de sus exigencias.

Y de aquí, creo, surgió una reflexión con un amigo del centro. Por aquel entonces ya era pleno invierno y, aunque hacía pocos días que Halloween había inundado las casas, la Navidad y sus luces empezaban a despuntar en todas las calles. Vivir a menos de 0 grados era una experiencia nueva para mí y, aparte de algún proceso de congelación, me adapté gentilmente al clima hostil de Dinamarca. Fue en una de esas tardes en que el sol se iba a las tres y el glögg –vino caliente con canela– brotaba fácilmente de las botellas, en que me encontré nuevas y flagrantes contradicciones políticas.

Una de las puntas de lanza que alimenta la imagen de Dinamarca como un estado perfecto en el que todo funciona bien, en que la salud y la educación son gratuitas, en que el gobierno se encarga de todos los asuntos públicos es, precisamente, el Estado del Bienestar. Y es, efectivamente, uno de los aspectos que más envidio de los países nórdicos. Donde se centra mi reflexión es más bien en las consecuencias sociales de todo esto. Que una estructura así funcione bien no es algo que se haya conseguido con la movilización social, por más que me pese. Es más, es precisamente esta estructura la que consigue que la sociedad esté cada vez más desmovilizada. Si todo funciona bien, si nadie tiene hambre y todos tienen techo, ¿qué vamos a pedir?

Esta pregunta resonó dentro de mí. La idea de que Dinamarca posee una sociedad civil fuerte es, de nuevo, mentira. Y es que esta deriva conservadora en grado sumo se está dando con la pasividad –y el apoyo– de casi todo el mundo. Innegable es que la despersonalización de los extranjeros, convertidos en una suerte de monstruos, es una imagen compartida, socialmente aceptada. Todas las decisiones políticas pretenden disuadir a los inmigrantes de poner un pie en el país con la idea de fondo de llegar a una política de cero refugiados, y esto, al parecer, no inquieta a nadie. Si el Estado decide esto, es por qué será lo mejor para todos. Esto, que entra de lleno en contradición con una Escandinavia idealizada, puede provocar un efecto llamada. ¿Quién puede resistirse a adoptar el ejemplo del país más feliz del mundo?

La moral luterana en un país confesional

Las políticas de migración y asilo se endurecen año tras año en un contexto europeo de crecimiento de la extrema derecha. Por tanto, ciertas decisiones políticas –legislativas– no serían tan extravagantes en, por ejemplo, Alemania. Pero, ¿Dinamarca? Nuevamente, la imagen del país prevalece por encima de todo. Los titulares y las noticias siguen apuntando a la confianza social, a las ayudas públicas y al sentido de igualdad entre los ciudadanos como la fórmula mágica para su satisfacción. Pero, ¿son estos los verdaderos pilares del sistema?

Compartir mi vida con quince daneses no me habría supuesto ningún problema si hubiese podido escoger. Y, aunque no pude, probablemente fue lo mejor que me pasó en esos meses. Sorteando los estereotipos puedo afirmar que, para conocer a una persona nórdica, tienes que ponerle mucho –muchísimo– empeño. Por tanto, no hay mejor fórmula que un confinamiento pandémico con esta finalidad. Y ahí estaba, intentando superar unas semanas especialmente frías y oscuras mientras practicaba mi duolingo diariamente a marchas forzadas.

Fue una de esas noches, en las que compartíamos la cena porque poco más podíamos hacer, que el debate sobre las religiones adquirió más relevancia que nunca. Cuestión de aburrimiento, supongo. Después de criticar encarnizadamente el papel de la Iglesia en los países del sur de Europa me atreví a sacar el gran tema del cristianismo en Dinamarca. Mis compañeros, algunos de ellos amigos, parecían empeñados en negar de manera reiterada que la religión fuese parte importante de sus vidas. Y, aun así, todos habían aprendido a comportarse como luteranos. El país, de los pocos Estados confesionales de Europa, está estrechamente ligado a la religión. Es más, los llamados valores daneses tienen mucho de religiosos y poco de identitarios: la necesidad de aparentar que todo va bien, que todo funciona a la perfección y que no hay nada que pueda mejorarse es algo intrínseco al modelo danés y su visión del mundo.

Es justamente este uno de los puntos en los cuales se puede criticar el famoso informe de las Naciones Unidas. ¿Es realmente Dinamarca el país más feliz del mundo? Sobre la base precisamente de esta pregunta se han escrito muchos artículos y un gran libro, Gente casi perfecta, de Michael Booth. Y es, también, basándome en ello, que seguí indagando en la terquedad de mis daneses, su negativa a aceptar su parte de culpa –consciente o no– en el asunto. Dinamarca se había convertido en el paradigma de la perfección sin ser, de lejos, un Estado perfecto. Y, volviendo a la deriva antiinmigración, esto también tiene mucho que ver con la radicalización de la socialdemocracia en el país.

En los años anteriores a este 2021, la socialdemocracia, agonizante en la mayor parte del continente, había perdido también importantes segmentos de votantes en Dinamarca. La mayoría de ellos habían ido a parar a la derecha, a los nacionalistas xenófobos, que consideran que la defensa de este autosatisfecho modelo blanco, nórdico, europeo y vikingo pasa por eliminar de la ecuación a los inmigrantes, ya que se conciben en bloque como una amenaza. En un país en el que la cobertura estatal es un pilar que sirve de pegamento, que estructura la sociedad, la piel oscura significa una quiebra del sistema social.

Mientras el flæskesteg –cerdo al horno– se cocía lentamente y el humillo iba ganando terreno en nuestra cocina número cinco, un compañero no dudó en defender al gobierno al que no había votado. “Lo que está claro es que tenemos ayudas porque pagamos impuestos. Somos un país pequeño y si ahora todo el mundo viene a estudiar gratis aquí, o a trabajar y a ganar dinero, perderemos lo que hemos conseguido”. En otro contexto esta frase quedaría enmarcada para la posteridad en un cómo justificar el racismo para principiantes. No obstante, en Dinamarca esta creencia está mucho más extendida de lo que yo misma imaginaba. Un chovinismo similar ya formaba parte del neonazismo nórdico en los inicios de los 2000; lo que cambia es que ahora la izquierda –y la sociedad en general– está adoptando esta misma retórica.

Además, y de puerta afuera, Frederiksen propone acoger a los refugiados buenos, a los que dictaminen las cuotas de la ONU o a los que el mercado laboral necesite. Una estrategia de corrección política como esta busca mantener su estatus y su buena imagen en los órganos europeos y del resto del mundo. A la vez, sus declaraciones en ruedas de prensa apuntan todo lo contrario. Y es que nuevamente la moralidad protestante vertebra el Estado en su conjunto: es importante demostrar una admirable tolerancia y progreso aunque no se correspondan con la realidad. La moral protestante y el énfasis en la nación, o lo que es lo mismo, el cristianismo y el ser danés, son fenómenos que se refuerzan mutuamente. Y es en este marco en que el Welcome refugees está institucionalizado y, a la vez, la xenofobia se ha vuelto mainstream, una tendencia general.

La periferia, lejos del Danishness

La ficción del ser danés ha impregnado el orgullo nacional de los escandinavos. No solo son las banderas, que se enarbolan en cualquier contexto, como aniversarios, cumpleaños, bodas y otros eventos sociales. Esta idea ha propulsado una guerra cultural, una estrategia mediante la cual el Danishness desafía al islam. Y en este conflicto el Estado aparta cada vez más a las personas migrantes y no blancas a la periferia tanto simbólica y como física.

Ya en primavera, mi bicicleta decidió dejar de funcionar y mi objetivo fue conseguir otra. El transporte público, escaso y caro, con controles de seguridad muy estrictos y multas estratosféricas, no me parecía una opción viable. Y a través de una app móvil llegué al mal llamado ghetto de la ciudad. Esta denominación no es gratuita: el gobierno propuso una legislación para reducir el número de residentes no occidentales que viven en los barrios desprotegidos. Esto se traduce en la práctica en la limitación de la cantidad de población no blanca al 30% y en otorgar a los municipios el derecho a denegar viviendas.

Si bien es cierto que cuando sales del centro de la ciudad el paisaje, físico y social, cambia muchísimo, mi impresión de ghetto –que por entonces no sabía que se consideraba como tal– no fue distinta a la que tengo sobre cualquier calle un poco alejada del Paseo de Gracia de Barcelona. La población ya no era totalmente blanca, alta, rubia y con abrigos afrancesados hasta los tobillos. Las bicicletas ya no eran dignas de Amelie, con flores en la cesta delantera. Pero no era, ni de lejos, lo que el gobierno –y por extensión la sociedad– pretendía mostrar: ese ghetto era ghetto porque la piel de sus habitantes no era blanquísima, porque el sistema de transporte los orillaba cada vez más a la periferia del Estado, porque nadie quería verlos como parte de un país que, para bien o para mal, ya no es lo que era.

Y en esta necesidad de ser danés sobrevive, también, la americanización de la cultura. Mientras reivindican el sentir nacional, la cultura y las tradiciones, el consumo general de todo esto se refleja más y más en el American dream. Mientras es guay desayunar porridge cada día, el cuscús, el tachín persa o el café turco son subproductos que causan, incluso, repulsión. Por tanto, en este contexto, repetir que Dinamarca es el país más feliz del mundo es, como mínimo, falaz. Dinamarca no es tan bueno –o, al menos, no para todos–. El producto interno per cápita, la esperanza de vida saludable y otros indicadores parecidos dicen que se encuentra en la posición más alta en la clasificación del bienestar. Pero si la media apunta esto, también cabe destacar que la población inmigrante es, nuevamente, marginada: estructuralmente reporta niveles más bajos de vida.

En esta paradoja nórdica hay miles y miles de personas que experimentan el paraíso de una forma muy distinta. El país, supuestamente abierto y tolerante, está intentando acabar con la diversidad, viviendo como si no existiesen daneses de piel negra o rasgos asiáticos. O lo que es lo mismo, está intentando expulsar a quienes no cumplen sus estándares de corrección –física, cultural, social y económica– lo más lejos posible de su oasis de felicidad.

 

 

[Foto de la autora – fuente: http://www.fronterad.com]

“A vida é igual a andar de bicicleta. Para manter o equilíbrio é preciso manter-se em movimento.”

– Albert Einstein

A maior conferência mundial de mobilidade em bicicleta acontece em Lisboa de 6-9 setembro 2021. O mote desta conferência é a diversidade que se encaixa perfeitamente na história da cidade de Lisboa.

O objectivo da conferência, influenciar os decisores a favor de uma mobilidade mais sustentável e inspirar debates vibrantes entre os participantes.

Os temas principais em discussão são a diversidade de bicicletas e mobilidade urbana, a Economia e turismo, a Reestruturação das cidades e política, a Construção comunitária, Cocriação e inclusão e a Saúde e resiliência climática.

Segundo os organizadores do evento, serão de 750 participantes presenciais, 1000 participantes digitais, 250 oradores, 45 países, 30 expositores e colaboradores e 4M de alcance social.

O Estrategizando estará presente a  pedalar e conta tudo nos próximos artigos e nas redes sociais.

 

[Fonte: http://www.estrategizando.pt]

 

 

Veronica Bergottini es misionera, 35 años, y gracias a sus dos títulos universitarios logró descubrir un nuevo material para hacer prendas sustentables. En diálogo con Infobae, contó de qué se trata este proceso innovador y ecofriendly

Escrito por Macarena Sánchez

Veronica Bergottini tiene 35 años y es oriunda de Eldorado, Misiones. Es licenciada en Genética de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales y doctora en Biología, título que obtuvo en una universidad en Suiza. Sin embargo, y por más improbable que parezca, encontró su pasión en el desarrollo de biomateriales para el diseño sustentable.

“Empecé a explorar el biodiseño como un hobby siendo estudiante de diseño de autor”, contó a Infobae. “Fue para un concurso de la escuela de Diseño que tenía que presentar una propuesta de moda sustentable y me llevó a investigar las últimas tendencias en sustentabilidad. Fue así que descubrí startups de biotecnología que estaban revolucionando la moda en otros países a través de la biofabricación de materiales”.

La doctora en Biología admite que sin sus conocimientos no hubiera sido posible crear el Karu, su marca sustentable. “Investigue qué técnica de biofabricación podía desarrollar desde casa y empecé a experimentar con un grupo de microorganismos que sintetizan un biomaterial con textura similar al papel/cuero. Con este biomaterial diseñé apliques para un prototipo de vestido que fue seleccionado para concursar en pasarela. Así pude fusionar mi experiencia en microbiología con el diseño”.

Un clutch realizado en TILEX: Tela de Ilex paraguariensis, el textil que la genetista puso al descubrimiento.

Confiesa que la moda la apasiona desde chica y por eso empezó también a involucrarse con la indumentaria. Siempre tuvo la necesidad de volcarse a lo artístico.

“Lo que más me apasiona del diseño es la comunicación y la posibilidad de transmitir valores a través de los nuevos materiales sustentables que están surgiendo a raíz de la problemática ambiental. El biodiseño en particular, nueva área de intersección entre la biotecnología, la tecnología y el diseño, es atrapante por la innovación disruptiva y la sinergia que se genera entre los científicos y los diseñadores”, afirmó Bergottini.

Los diseños de Bergottini tienen algo especial. Están realizados en yerba mate: “Tengo una larga relación de investigación con la yerba mate, pero lo que no me imaginé es que también iba a ser parte de esta faceta más artística. Conociendo la biología de los microorganismos que sintetizan el biomaterial, me di cuenta de que podrían crecer también en yerba mate. Utilizo un preparado de yerba mate para cultivar los microorganismos que sintetizan el biomaterial. Es por ello que denominé al biomaterial TILEX: Tela de Ilex paraguariensis (yerba mate)”.

En su colección tiene collares, carteras y accesorios para ropa elaborados todos con el biomaterial de origen microbiano. También se combinan otros tipos de materiales sustentables para combinar diferentes artículos.

Todos los diseños de Karu son sustentables, ya que los microorganismos de este material tienen la capacidad de sintetizarlo.

“Este biomaterial es biodegradable, compostable y además se puede producir bajo un modelo circular, es decir, empleando diferentes residuos agroindustriales. Todo esto está demandando a gritos la moda: una mayor sustentabilidad y, si es posible, circularidad”, detalló.

Por último, la diseñadora, bióloga y genetista dice que sus creaciones en principio tiene un ciclo de vida que puede variar desde 9 meses a 1 año, dependiendo su uso y su cuidado. “Estoy investigando para incrementar su tiempo de vida”.

 

 

 

[Fotos: Paula Penise – fuente: http://www.infobae.com]

A cada cinco anos, coincidindo com as eleições municipais, artistas e profissionais ligados à arquitetura e ao design da cidade de Montevidéu participam de uma campanha artístico-política paralela às eleições. Partindo de uma perspectiva ancorada nas artes, o projeto conclama a participação da sociedade para reimaginar como pode ser a vida na cidade.

Interação de visitantes com a obra “Somos Patrimonio, Plan Piloto barrio la Aguada“ (Somos patrimônio – Plano piloto para o bairro de La Aguada), criação realizada em realidade aumentada por Rodrigo Labella, Bruno Tortorella e Anaïs Vaillant para a exposição do Ghierra Intendente de 2020.

Interação de visitantes com a obra “Somos Patrimonio, Plan Piloto barrio la Aguada“ (Somos patrimônio – Plano piloto para o bairro de La Aguada), criação realizada em realidade aumentada por Rodrigo Labella, Bruno Tortorella e Anaïs Vaillant para a exposição do Ghierra Intendente de 2020. Foto: Rodrigo Labella, Bruno Tortorella e Anaïs Vaillant

Inspirador é um projeto que está repensando cidades sustentáveis ao identificar e compartilhar iniciativas inspiradoras e políticas de mais de 32 cidades em todo o mundo. A pesquisa está sistematizando esses casos e essas ideias em categorias, representadas por hashtags.

#imaginação_política
Questões que já eram importantes na vida cotidiana agora se mostram urgentes, e algumas ideias desenvolvidas podem inspirar-nos a lidar com o que se apresenta da melhor maneira possível. Campanhas criativas e políticas de emergência foram criadas para disputar o futuro do ponto de vista do desenvolvimento cultural. Nesta categoria, apresentamos laboratórios de design e sustentabilidade, cultura do cuidado, fóruns e plataformas de discussão filosófica sobre esperança, transformação e imaginação política.

O projeto Ghierra Intendente, que pode ser traduzido como “Ghierra Prefeito”, é uma performance-exposição que discute beleza, memória e patrimônio arquitetônico na cidade de Montevidéu. O grupo apresenta propostas que usualmente são deixadas de lado em campanhas tradicionais pela prefeitura, chamando a atenção para que entrem na agenda dos políticos. O coletivo traz uma outra visão sobre a cidade, ressaltando o papel dos habitantes de Montevidéu neste ambiente.

“O nosso projeto tem a ver com a recuperação do tempo e do espaço da cidade para os cidadãos, e da consciência de que a cidade somos nós.”

Alfredo Ghierra

Preservar o patrimônio histórico contribui para a qualidade do espaço público

Montevidéu não tem nem 300 anos, mas, no contexto da América Latina, parece ser uma cidade mais antiga do que outras por conta do seu incrível acervo de arquitetura. No entanto, nem a população nem os gestores políticos acabam dando atenção para esse tesouro, e a falta de políticas públicas nas cidades torna-se uma ameaça à preservação da memória.

“Tudo começou há dez anos pela minha preocupação com a destruição sistemática do patrimônio arquitetônico da cidade”, conta Ghierra. De início, o projeto realizava denúncias, e foi então que Ghierra percebeu que os problemas com que estavam lidando eram muito mais complexos.

Essa problemática incide sobre a identidade urbana. A preservação do patrimônio cultural contribui para a qualidade do espaço público e para a coesão geral da sociedade, além de ser uma indústria criativa e cultural enorme que gera muitos empregos.

O projeto foi desenvolvendo-se organicamente. No primeiro ano foi realizada uma mostra de ideias e olhares para a cidade de Montevidéu, e o sucesso foi muito grande. Mas foi só cinco anos depois, com o auge das redes, que o projeto realmente estourou. Para cada campanha, o grupo tem uma frase emblemática. Em 2015 foi “A cidade que a gente quer” e, em 2020, sob o lema “Somos a cidade”, a mostra foi dividida em três eixos: patrimônio, ecocidade e periferia.

“Quando você rompe esse elo com o que foi feito pelas gerações anteriores, você corre o risco de perder a noção histórica do que é a construção de uma cidade.”

Alfredo Ghierra

“Montevideo: las dos ciudades” (Montevidéu: as duas cidades) da BMR Productora Cultural para a exposição do Ghierra Intendente de 2020.

“Montevideo: las dos ciudades” (Montevidéu: as duas cidades) da BMR Productora Cultural para a exposição do Ghierra Intendente de 2020. Foto: BMR Productora Cultural

O Ghierra Intendente hoje reúne muitas pessoas. Uma de suas maiores preocupações ao convocar artistas, arquitetos e designers para o projeto foi criar espaço para que novas vozes e perspectivas fossem ouvidas. “Os governos dificilmente contam com o artista ou com o olhar das artes, e raramente você vê essas profissões fazerem parte dos quadros de governo”, conta Ghierra.

A beleza como forma de ação

A principal questão com a qual o projeto trabalha é a imaginação, tanto no sentido da criação de outro mundo possível quanto como forma de encorajar a participação das pessoas na construção da cidade. Através das mostras e outras iniciativas, o grupo busca criar ideias que provocam as pessoas a agir.

Ghierra diz que para governar uma cidade ou um país é necessário lidar com a realidade do dia a dia e também programar o futuro. Esta é uma tarefa muito difícil, e que demonstra a complexidade envolvida no funcionamento público. “O que não consigo perdoar é a falta de imaginação. É nisso que queremos insistir: na imaginação e também em muito humor”.

A cidade, se abandonada às regras do mercado, fica privada de processos democráticos. No Uruguai há uma forte tradição democrática, mas parte da sociedade civil acha que é suficiente votar a cada eleição e, no meio tempo, só pagar os impostos. “Os governos não são capazes de abranger o espectro inteiro do que significa uma cidade”, afirma Ghierra, ressaltando que, para ele, a cidade é um esforço coletivo, no qual a sociedade civil, cidadãos e artistas desempenham um papel decisivo. Se a sociedade não participa, a cidade não funciona. O projeto Ghierra Intendente revela como os artistas podem usar seu olhar como uma ferramenta que pode mudar a realidade.

O projeto insere-se na agenda da cidade temáticas que eram ignoradas

Em 2020, a performance aconteceu pela terceira vez. Ghierra nos conta que, surpreendentemente, as últimas eleições representaram a primeira vez em que todos os candidatos incluíram o reconhecimento, a preservação e a valorização do patrimônio histórico em suas agendas políticas. “Isso antes não existia, sabe? Todos incluem transporte, mobilidade, resíduos… mas dessa vez também incluíram patrimônio. Toda mudança cultural é muito lenta, não é imediata. É difícil dimensionar, mas vale a pena”.

Ao ocupar esse lugar que estava vago, o grupo se transformou em um interlocutor para as autoridades. Ghierra ressalta que demorou até que eles criassem esse vínculo de confiança com o poder político e que sua maneira de trabalhar fosse vista não como uma brincadeira, mas como uma voz importante.

“É realmente sério, mas seriedade não quer dizer falta de imaginação e muito menos falta de humor.”

Alfredo Ghierra

A mobilização nas redes também chamou a atenção do poder político. Uma publicação no Facebook feita pelo grupo sobre a demolição de uma casa foi apoiada por 150 mil pessoas. Para Montevidéu, que tem uma população de cerca de 1,3 milhão de habitantes, isso é muita gente: esse número de pessoas pode mudar uma eleição. “Eu acho que esse é o nosso poder: ter descoberto que esses temas que pareciam laterais, desimportantes, realmente importam para muita gente”, explica Ghierra.

Para aqueles que desejam começar um projeto semelhante, Ghierra recomenda que se tenha uma ideia inicial muito nítida. “A ideia do Ghierra Intendente é realmente muito simples: é dizer: ‘Venha cá, pessoal, vamos juntar-nos e fazer uma campanha em paralelo com as eleições reais’”.

Ele nos conta, que quando amamos nossa rua e de repente começamos a ver casas ou outros elementos que gostamos serem derrubados ou árvores sendo removidas, nossa primeira impressão é de que não podemos fazer nada. Que isso está sendo feito por alguma razão, que alguém decidiu isso. Mas algo diferente acontece durante as campanhas do Ghierra Intendente. As pessoas começam a investigar, denunciar, perguntar. É como se uma semente fosse plantada na cabeça delas, e elas começassem a acreditar que aquilo é possível. Artistas, arquitetos e toda a população se reúnem para pensar e imaginar juntos – ainda mais em tempos de pandemia, quando há a necessidade de mantermos distância uns dos outros.

ESTA SÉRIE É SOBRE O QUÊ?

O projeto Inspirador para Cidades Possíveis é uma criação colaborativa de Laura Sobral e Jonaya de Castro com o objetivo de identificar experiências entre iniciativas, conteúdos acadêmicos e políticas públicas que visam cidades mais sustentáveis e cooperativas. Se assumirmos que nosso estilo de vida dá origem aos fatores que estão por trás da crise climática, temos que admitir nossa corresponsabilidade. Cidades verdes planejadas com autonomia alimentar e saneamento baseado em infraestruturas naturais podem ser um ponto de partida para a construção do novo imaginário necessário para uma transição. O projeto apresenta políticas públicas e iniciativas coletivas de diversas partes do mundo que apontam para outros modos de vida possíveis.

O projeto sistematiza casos e ideias inspiradores nas seguintes categorias, representadas pelas hashtags:
#redefinir_desenvolvimento, #democratizar_espaço, #(re)generar_recursos, #intensificar_resistência_e_colaboração, #imaginação_política

[Fonte: http://www.goethe.de]

Um dos maiores pensadores contemporâneos, o francês Edgar Morin completa um século de vida. E comemora lançando um novo livro

O pensador francês Edgar Morin: “A palavra ‘filósofo’ talvez me conviesse bem, mas hoje a filosofia, no geral, fechou-se em si mesma e a minha filosofia é uma filosofia que observa o mundo, os acontecimentos”. Foto: Wikipédia

 

Escrito por Marcello Rollemberg

“A vida é curta, a arte é longa”, popularizou o poeta romano Sêneca, em um aforismo que venceu os séculos. Ou seja, a arte permanece mesmo quando seu autor já tiver cruzado a fronteira entre o terreno e o etéreo. O sonho de todos, contudo, é que a arte – cultura, consciência, criação, dê-se o nome que quiser – acompanhe pari passu o nosso caminhar, com a existência alongando-se ao ponto de fazer com que as linhas paralelas que acompanham criação e vida se toquem, mais do que se tangenciem. É uma quimera? Para ainda alguns poucos, não, com a arte perene confundindo-se com uma vida longa e criativa. Para ficarmos em apenas dois exemplos: o cineasta português Manoel de Oliveira viveu até os 107 anos, ativíssimo e trabalhando até o fim em três projetos inconclusos. E o arquiteto Oscar Niemeyer trabalhou em seu escritório quase até o fim, às vésperas de completar 105 anos. A esses, some-se agora talvez um paradigma dessa longevidade aliada à extrema lucidez nesses tempos estranhos: o sociólogo e filósofo francês Edgar Morin, criador da teoria do “pensamento complexo”, que neste dia 8 completa um século de vida. E como ele está comemorando essa marca centenária? Lançando mais um livro, que se soma aos 70 que ele publicou no decorrer de sua prolífica vida. Em Leçons d’un siècle de vie (Lições de um século de vida, em tradução literal), o pensador da transdisciplinaridade recorda etapas cruciais de sua vida, destaca os erros porventura cometidos, a dificuldade de compreender o presente e a necessidade do exercício da autocrítica para a vida em sociedade. Um longo e essencial inventário de cicatrizes e realizações.

O novo livro de Edgar Morin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundo Morin, como destaca o site da Radio France International (RFI), uma das grandes lições de sua vida foi deixar de acreditar na sustentabilidade do presente, na continuidade e na previsibilidade do futuro. “A história humana é relativamente inteligível a posteriori, mas sempre imprevisível a priori”, escreve ele em seu novo livro. E diante dessa imprevisibilidade do presente, o pensador destaca, é fácil cometer erros. Ele relaciona pelo menos dois que teria cometido ao longo de sua trajetória política e intelectual: seu pacifismo antes da Segunda Guerra Mundial, que o impediu de enxergar a verdadeira natureza do nazismo – ele depois consertaria esse equívoco, sendo parte atuante da Resistência Francesa, onde adotou o codinome “Morin”, que após a guerra o acompanharia para sempre, deixando de lado o sobrenome familiar judeu sefardita Nahoum. O outro foi sua crença no sistema soviético, mais tarde abandonada. “Minha estadia de seis anos no universo stalinista me educou sobre os poderes da ilusão, do erro e da mentira história”, relembra ele em Leçons d’un siècle de vie.

Mas, entre erros e acertos, na tabela de somas e débitos, Edgar Morin acertou muito mais. A conta final é totalmente favorável a ele – e sua obra e sua história pessoal e intelectual estão aí para provar. Uma obra, frise-se, monumental, não só na quantidade de livros publicados, mas principalmente – claro – na qualidade e na importância das ideias que ele estabeleceu.

“É impossível dar conta da importância de suas contribuições científicas, filosóficas, antropológicas, sociológicas, pedagógicas, mas, sobretudo, epistemológicas”, escreveu em artigo recente no jornal Valor Econômico o professor sênior do Instituto de Energia e Ambiente da USP e colunista da Rádio USP José Eli da Veiga. Em seu texto, Veiga faz referência aos seis volumes de O Método, talvez a obra maior de Morin, que trata “da natureza da vida, das ideias, da humanidade e da ética”. Aceitando a tortuosidade em se vencer as “difíceis 2.500 paginas” dos volumes, o professor aponta um outro caminho para iniciantes dispostos a “mergulhos mais profundos”: Meu Caminho, publicado pela Bertrand Brasil em 2010. “Não há melhor introdução à monumental obra de Morin do que estas treze entrevistas, concedidas em 2008, à jornalista Djénane Tager. Em linguagem coloquial, estão realçadas suas contribuições sociológicas, os estudos de física e biologia que o levaram à teoria da complexidade, a justificativa da escolha do termo ‘método’, sua maneira de analisar o estado do mundo”, assinala José Eli da Veiga em seu artigo.

Complexidades, educação e comunicação 

Por tantas contribuições fundamentais em vários campos do conhecimento, Edgar Morin fez – e ainda faz – da transdisciplinaridade seu campo fértil de ação e reflexão. Não é exagero chamá-lo de principal pensador ocidental contemporâneo. No campo da educação, por exemplo, ele foi um dos primeiros a sugerir uma reforma de paradigmas, questionando o ensino meramente disciplinar e pautado em conteúdos técnicos. Para ele, o que importa é aplicar o conhecimento de maneira crítica. Em entrevista publicada no jornal português O Público, em 2009, por exemplo, ele defendeu uma “reforma radical” no ensino para acabar com o que ele chamou de “hiperespecialização”.

“Apenas com esta mudança de paradigmas no ensino as pessoas serão capazes de compreender os problemas fundamentais da humanidade, cada vez mais complexos e globais”, afirmou o autor de Os Sete Saberes Necessários à Educação do Futuro, que criticou o fato de nas escolas e universidades não existir “um ensino sobre o próprio saber”, sobre “os enganos, ilusões e erros que partem do próprio conhecimento”. Para Morin, o ideal seria criar “cursos  de conhecimento sobre o próprio conhecimento”. “Conhecer apenas fragmentos desagregados da realidade faz de nós cegos e impede-nos de enfrentar e compreender problemas fundamentais do nosso mundo enquanto humanos e cidadãos, e isto é uma ameaça à nossa sobrevivência”, avaliou ele, com uma visão de humanismo que está difícil de se encontrar nos dias de hoje.

Em outra entrevista, esta para o programa Milênio, da GloboNews, Edgar Morin deu mais pistas da sua forma de pensar o mundo sensível e esclareceu, para quem ainda não tinha compreendido, sua teoria do pensamento complexo. “A tragédia do nosso sistema de conhecimento atual é que ele compartilha tanto os conhecimentos que a gente não consegue se fazer essas perguntas. Se perguntarmos ‘o que é ser humano?’, não teremos respostas, porque as diferentes respostas estão dispersas”, afirmou ele. “E, no fundo, é isso que chamo de pensamento complexo, um pensamento que reúne conhecimentos separados. O objetivo do ensino deve ser ensinar a viver. Viver não é só se adaptar ao mundo moderno. Viver quer dizer como, efetivamente, não somente tratar questões essenciais, mas como viver na nossa civilização, como viver na sociedade de consumo”, acrescentou o pensador na entrevista – para também apontar seu olhar para um outro problema dos tempos atuais: informação demais, conhecimento de menos.

“É preciso ensinar não só a utilizar a internet, mas a conhecer o mundo da internet. É preciso ensinar a saber como é selecionada a informação na mídia, pois a informação sempre passa por uma seleção”, afirmou ele. “Informação não é conhecimento. Conhecimento é a organização das informações”, esclareceu Morin, que ainda mantém uma conta bastante ativa no Twitter – “É uma forma de me expressar, de expressar ideias que me ocorrem, reações que tenho frente a acontecimentos e de uma forma muito concentrada”, revelou ele à Folha de S. Paulo em 2019.

Entre tantas áreas pelas quais Morin e suas complexidades trafegaram, talvez a da comunicação seja realmente aquela em que seu olhar se tenha debruçado com uma atenção mais específica. Já em 1960, ele fundou na École de Hautes Études en Sciences Sociales, em Paris – ao lado de Roland Barthes e Georges Friedmann –, o Centro de Estudos de Comunicação de Massa, com a intenção de adotar uma abordagem transdisciplinar do tema. E suas teorias, nesse campo, germinaram – no Brasil, inclusive.

Na Resistência Francesa contra o regime nazista, o pensador francês adotou o codinome “Morin”, que após a guerra o acompanharia para sempre, deixando de lado o sobrenome familiar judeu sefardita Nahoum.

 

“Edgar Morin sempre teve uma relação particular com a comunicação, desde os seus primeiros escritos na década de 1960 sobre a cultura de massa e o cinema, até os influentes escritos sobre o imaginário. Mas é como pensador e crítico da ciência monodisciplinar e fragmentada que atinge uma repercussão que só fez crescer junto aos estudos de comunicação no Brasil”, afirmou ao Jornal da USP a professora sênior da Escola de Comunicações e Artes (ECA) da USP Maria Immacolata Vassallo de Lopes. “Tem havido uma singular correspondência da sua teoria da complexidade com o pensamento transdisciplinar, que é a marca da comunicação em torno dos princípios da dialogia, das interações e das interligações. A possibilidade de que a comunicação aproveite positivamente as reflexões de Morin fazem da ECA um centro irradiador de suas obras, não somente porque quebram e abrem as disciplinas, mas também porque as transbordam, estabelecendo relações cada vez mais densas entre as ciências exatas e ciências sociais e humanidades”, atesta a professora.

É por este caminho, apontando “transbordamentos” e interconexões no pensamento de Edgar Morin no campo das ciências humanas – e da comunicação, como extensão –, que acompanha a também professora sênior da ECA Mayra Rodrigues Gomes. “Ao entender a comunicação como processo que realiza o trânsito interpessoal de informações, ideias, opiniões, não a podemos dissociar das instâncias que ela costura. Ela invoca necessariamente saberes de diversas naturezas que brotam em diferentes campos do conhecimento, incluindo técnicas e métodos particulares”, contextualiza a professora. “Edgar Morin trouxe há várias décadas a concepção do ‘paradigma da complexidade’, com a qual criou um instrumental de trabalho que leva em conta a natureza interdisciplinar da comunicação, a complexidade das sociedades contemporâneas, a diluição das fictícias oposições entre razão e mito, ciência e arte, real e imaginário.”

Mas diante de tantas teorias, de tantos olhares trans e interdisciplinares – e com tantos anos de vida e sabedoria –, como será que Edgar Morin se definiria? Disse-se lá no começo deste texto que ele é sociólogo e filósofo. Seria reducionismo? “A melhor definição seria não ter definição. De bastar-se. A palavra ‘filósofo’ talvez me conviesse bem, mas hoje a filosofia, no geral, fechou-se em si mesma e a minha filosofia é uma filosofia que observa o mundo, os acontecimentos. Sou muito marginal, quer dizer, sou marginal em todas essas áreas. Então, sou aquele que querem que eu seja.”

 

[ Fonte: jornal.usp.br]

Organizadores:

Universidad Autónoma de Chihuahua; Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (MÉXICO); Universidad de Playa Ancha, Valparaíso (CHILE), Centro de Investigación Iberoamericano de Maguncia-Germersheim /Leipzig (CIIA, Alemania)

Tipo de actividad: Congreso, jornada, encuentro
Fecha límite de solicitud: Lunes, 6 septiembre de 2021
Descripción: 

La Universidad Autónoma de Chihuahua, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (MÉXICO), la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso, Chile) y el Centro de Investigación Iberoamericano de Maguncia-Germersheim /Leipzig (CIIA, Alemania) celebran este coloquio del 28 al 30 de octubre de 2021 en Chihuahua (México).

Ejes temáticos:

1. Significaciones desde lo local y lo global: Visitaciones/Revisitaciones al norte mexicano: exotismos
y postexotismos;

2. Geopoéticas norteño-mexicanas: espacio y `fronteras´ (nacionales, estatales y culturales);

3. Subjetividades norteñas: `fronterizas´, `transfronterizas´, `nómadas´ e `híbridas´;

4. Canon y contracanon: `cartografías´, `catalogación/descatalogación´ (obras, autorxs y receptorxs);

5. Ética, cuerpo/biopoderes/necropoderes y violencias: proyectos ético-políticos de la crítica cultural contemporánea para intervenir los fenómenos de las distintas violencias en el México actual;

6. Imagologías etnoculturales. `Marcos Culturales´ norteño-mexicanos: tensiones y experiencias entre las ideas de lo alto/bajo y centro/periferia;

7. Hibridaciones/Intermedia/Transmedia. Negociaciones: `alta cultura´/ `cultura popular´/ `cultura de masas´ (lo fantástico, ciencia ficción, horror, novela gráfica, cómic, redes sociales, series, memes, filmes/documentales/cortometrajes, videojuegos, performance, pintura, arquitectura, escultura, música, body art, diseño gráfico, espacios urbanos, graffiti);

8. Estudios de género: feminismos, transfeminismos, estudios queer, estudios trans*, masculinidades/nuevas masculinidades;

9. Colonialismo, poscolonialismo y decolonialismo: importancias o urgencias de continuar pensando el norte mexicano desde estas categorías;

10. Migrantes, migraciones y diásporas: emergencias, `precaridades´, historización/deshistorización;

11. Pandemias, pospandemias. Salud/Enfermedad: “esa frontera”;

12. `Eco-crítica´ en el norte de México: usurpaciones, apropiaciones, expropiaciones, territorialidades. Sustentabilidad, recursos naturales y sus relaciones con la crítica cultural;

13. Criminalización, singularidades, prisión, manicomios, etc.;

14. Cuerpos y corporalidades.

Ciudad: Chihuahua
País: México
Fecha de inicio: Jueves, 28 de octubre de 2021
Fecha de finalización: Sábado, 30 de octubre de 2021

Dirección postal completa:

Facultad de Filosofía y Letras, Rúa de las Humanidades S/N, Ciudad Universitaria, 31203 Chihuahua, Chih. México

Teléfono 1:  +526144279173
Teléfono 2:  +526143428461
Correo electrónico: literaturaculturanortedemexico@gmail.com
Página de Internet:  https://sites.google.com/view/literaturayculturadelnorte
Materias de especialidad: 

Cibercultura, Cine y audiovisuales, Estudios culturales, Literatura contemporáneaLiteratura contemporánea, Literatura del siglo XX, Literatura del siglo XXI, Literatura hispanoamericana, Narrativa, Narrativa gráfica, Narrativa transmedia, Poesía, Teatro y artes escénicas, Teoría de la literatura

Redes sociales Facebook: https://www.facebook.com/LitCultNortMex/
  Twitter:  @LitCultNortMex
Fuente de información:  Grupo de investigación Literatura y Cultura del Norte de México UACH
Observaciones:

Las propuestas podrán ser individuales o de mesa y deberán enviarse hasta el 06 de septiembre de 2021 al correo: literaturaculturanortedemexico@gmail.com. El comité organizador confirmará su recibido e informará antes del 24 septiembre de 2021 su aceptación o no aceptación.

*Nombrar los archivos adjuntos con apellido del autor (a) /coordinador (a) y `coloquionorte´, por ejemplo: “Acuña-coloquionorte.pdf”.

Los resúmenes no excederán las 300 palabras. Letra times new roman, tamaño 12 a doble interlineado. Se adjuntarán en un archivo en formato PDF con:

– Nombre

– Título de la ponencia

– Correo electrónico

– Filiación institucional

– Eje temático seleccionado

MESAS: (se conformarán de tres a cinco integrantes)

– Adjuntar en un archivo en formato PDF

– Título y resumen de la mesa

– Nombre y datos del coordinador

– Los resúmenes individuales de cada participante con los requisitos ya señalados arriba.

DESARROLLO DE LAS PRESENTACIONES:

La extensión de las ponencias será de 10 cuartillas en letra times new roman tamaño 12 a doble interlineado.

MODALIDAD DEL EVENTO:

El desarrollo de la actual pandemia por COVID-19 nos obliga a continuar con la modalidad virtual y con la posibilidad de desarrollar una parte de las presentaciones en modo presencial limitado. Informaremos de esto último con el tiempo adecuado y con detalles más precisos.

COSTOS:
– Ponentes extranjeros: 70.00 USD

– Ponentes nacionales: $800.00 pesos

ORGANIZACIÓN:
Facultad de Filosofía y Letras a través de la Secretaría de Investigación y Posgrado

Grupo de Investigación: Literatura y Cultura en el Norte de México (LICUNOME)

COMITÉ ORGANIZADOR:

Mónica Torres Torija (UACH/Literatura y Cultura en el Norte de México)

Felipe Saavedra (Universidad Iberoamericana/Literatura y Cultura en el Norte de México)

Vladimir Guerrero (UACH/Literatura y Cultura en el Norte de México)

 

[Fuente: hispanismo.cervantes.es]

O popular fruto antioxidante cresce em aldeias como Punã, às margens do rio Amazonas, onde os moradores buscam aumentar seus lucros em negócios sustentáveis que preservam a floresta tropical

 

Moradores da aldeia de Punã em junho de 2021.

 

Escrito por NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR

O açaí é a última moda planetária entre pessoas ligadas em alimentação saudável. Esse fruto que cresce no alto de palmeiras em aldeias como esta, nas profundezas da Amazônia, faz sucesso no mundo todo. Contém antioxidantes, nutre e dá energia. Transformado em um denso caldo roxo, é consumido diariamente e de mil maneiras pelos moradores da comunidade Punã (oeste do Amazonas). Com peixes como o pirarucu, com frango, ou misturado com farinha de mandioca crocante. De sobremesa, com ou sem açúcar. Alguns com sal. “A gente pegava para comer no mesmo dia, porque estraga rápido”, conta Ariel de Souza, 23 anos. Um edifício centenário e recém-restaurado, da época da febre da borracha, domina o pequeno povoado à beira do rio Solimões.

Este é um dos lugares mais remotos do planeta. Um ambiente peculiar, com roças familiares em meio à mata exuberante, jornadas de sol a sol, lares com dieta monótona, escassas posses e televisões grandes, onde ao entardecer as meninas também jogam futebol, e todos os adolescentes têm Instagram.

O açaí era um alimento de subsistência até a chegada do que Souza chama de “a revolução”: a eletricidade, o freezer. Aquilo deu outra vida ao açaí e a estas aldeias ribeirinhas, fundadas por brasileiros de outras regiões que chegaram por aqui no final do século XIX para trabalhar nos seringais. “Sempre foi só subsistência, mas há alguns anos o açaí virou um negócio”, conta seu vizinho Rocima Fração, de 46 anos.

Quando fala em negócio, ele não está pensado nas barraquinhas de açaí que se espalham pelo planeta. Refere-se a algo bastante modesto, mas que trouxe uma prosperidade desconhecida aos agricultores deste conjunto de casinhas de madeira atendidas por escola secundária e wi-fi.

Luciane do Nascimento, moradora da aldeia de Punã, aluna do curso de técnico em gestão de desenvolvimento sustentável da Fundação Amazônia Sustentável e mãe de oito filhos.

Luciane do Nascimento, moradora da aldeia de Punã, aluna do curso de técnico em gestão de desenvolvimento sustentável da Fundação Amazônia Sustentável e mãe de oito filhos.

Agora, produzem açaí para vender em outras aldeias à beira do Solimões ou inclusive na cidade. Tefé, a mais próxima, fica a uma hora de lancha, agora que a maior enchente em 120 anos permite tomar atalhos; para ir a Manaus é preciso navegar dois dias rio abaixo. Os rios são o equivalente às estradas em uma paisagem deslumbrante, mas que tornam infernal o deslocamento de pessoas e produtos. Os entardeceres são de tirar o fôlego ―ainda que esta lindíssima imensidão camufle importantes rotas do narcotráfico. Para o olho acostumado à cidade, pode parecer que pouco mudou nesta região nos últimos séculos, mas os moradores mencionam espécies de animais que já não são mais vistas, praias fluviais cada vez mais amplas na temporada de seca, e grandes enchentes na época de chuvas.

A saúde do planeta depende em boa medida das 150 famílias de Punã (uma aldeia imensa em comparação com suas vizinhas), de outras comunidades ribeirinhas e dos indígenas que vivem na Amazônia, porque desempenham um papel essencial na preservação da maior floresta tropical do mundo.

Fração recorda da época em que o quilo do açaí era vendido a seis centavos. “Você lembra?”, diz a outro morador, que comenta: “Quando comecei eram 12 centavos”. Parece que estão falando dos seus antepassados, de uma vida que nem conheceram. Agora vale cinco reais o quilo. Mas tudo está regulado para que o negócio seja ecologicamente sustentável. A comunidade se aliou à Fundação Amazônia Sustentável (FAS) para driblar os intermediários que reduzem os lucros dos produtores de açaí, pirarucu ou farinha de mandioca, um item básico da alimentação amazônica. A FAS, que convidou este jornal a visitar Punã, tem projetos diversos em mais de 500 comunidades. Alguns deles consistem em impulsionar negócios sustentáveis que contribuam para manter a floresta em pé e melhorem a vida de quem a cuida.

Uma aldeia nas margens do rio Amazonas entre a aldeia de Punã e a cidade de Tefé.

Uma aldeia nas margens do rio Amazonas entre a aldeia de Punã e a cidade de Tefé.

Outro produto local, o pirarucu, protagoniza uma das maiores histórias de sucesso da Amazônia. Esse grande peixe esteve prestes a extinguir-se depois que a chegada das lanchas a motor fez a pesca disparar. Então uma aliança entre ciência e tradição conseguiu recuperar sua população, a ponto de transformá-lo em uma iguaria presente nos cardápios de restaurantes sofisticados do Rio, São Paulo ou mesmo do exterior. E sua suave pele é usada em belas bolsas vendidas em lojas elegantes, que se orgulham de apoiar a sustentabilidade.

Um pesquisador da reserva natural de Mamirauá, visível à distância no horizonte, na margem em frente, descobriu que os ribeirinhos tinham um eficaz método ancestral para contar esses peixes gigantes de escamas avermelhadas que, coisa rara, saem para respirar a cada 20 minutos. Esse instante basta aos pescadores tradicionais para contá-los e saber se são filhotes ou adultos, explica Pedro Nassar, do Instituto Mamirauá. Essa contagem tradicional, de altíssima precisão, serve de base para a administração de quotas que permitiram a sobrevivência de uma espécie que esteve à beira da extinção.

“O pirarucu é 100% orgânico, alimenta-se de frutos silvestres”, destaca Raimon Rodrigues, um homenzarrão de 28 anos que preside a associação de moradores da reserva Mamirauá. “A margem de erro na contagem é de 2% a 5%, e podemos pescar 30% dos adultos para manter o estoque”, conta. Seu pai era pescador; ele estudou na cidade, mas voltou à aldeia. E agora defende os interesses dos seus, incluídos os 1.100 pescadores de pirarucu que podem pescar o ano todo para suas famílias, mas só durante três meses para o comércio. Planejam comprar um barco com freezer.

Estes produtos são uma via para gerar renda de forma lícita em uma região remota, na qual o Estado está pouco presente e as atividades ilegais são muito lucrativas. Cada família tira quase 2.000 reais por colheita de açaí, quase 3.000 reais com a farinha de mandioca, e 3.700 reais com o pirarucu. Mas o caminho desse rincão amazônico até o cliente é tortuoso e infestado de vorazes intermediários. “Queremos que vocês enriqueçam aqui, é como se estivessem sentados sobre uma grande mina de ouro”, diz Virgilio Viana, de 60 anos, o superintendente da FAS, a vários moradores de Punã que são os alunos do primeiro curso de técnico em gestão sustentável, promovido pela organização em parceria com o Governo do Amazonas. Embora os membros da comunidade estejam vacinados, todos usam máscara, como mandam estes tempos de pandemia.

A ideia é que desenvolvam projetos que lhes permitam prosperar na terra de seus antepassados, contendo o êxodo para a cidade. Os adolescentes daqui contam que nadar nos igarapés é o grande programa dos finais de semana. Entre os alunos, há muitos jovens recém-saídos da escola, mas também adultos valentes, como Luciane do Nascimento. Aos 34 anos, com oito filhos e dois netos, está entusiasmada por retomar os estudos. Diz que “cultivar sem desmatar é mais trabalhoso, mas dá para fazer”. O desmatamento ilegal e outros crimes ambientais vêm de longe, mas dispararam desde que o presidente Jair Bolsonaro chegou ao poder. Para ele, o meio ambiente é um entrave ao aproveitamento das riquezas naturais que permitiriam tirar a Amazônia da pobreza.

Francisca Miguel fabrica farinha en Punã.

Francisca Miguel fabrica farinha em Punã. 

Francisca Miguel, simpática, carismática e sempre com os óculos tortos, tem 63 anos. Cresceu nos tempos em que os barcos que atracavam na aldeia eram a vapor. Recorda bem quando alguém lhe falou pela primeira vez de sustentabilidade. Foi há alguns anos, quando os moradores da comunidade começaram a receber um pequeno pagamento como contrapartida por não desmatarem a floresta. “Desde então, não faço mais”, diz, solene. Esse dinheiro ajuda a pagar as contas, mas seu grande feito foi conscientizar os moradores. Pouco a pouco, espalha-se a ideia de que “a floresta é mais valiosa de pé do que destruída”. É um slogan que Viana bolou antes de criar a FAS, quando era secretário de Meio Ambiente e Desenvolvimento Sustentável do Amazonas ―uma frase que ambientalistas, agentes de cooperação internacional e até alguns produtores de soja adotaram.

Quando dona Francisca era pequena, a borracha já era história, mas o patrão ainda enriquecia à custa de manter os caboclos semiescravizados. Não a ela, que foi criada como faxineira pela família do senhor Gama, a qual detinha o monopólio de tudo que era comprado e vendido em Punã. Expulsava da aldeia quem tentasse lhe fazer concorrência. Após décadas estragando as costas para colher mandioca e batê-la no pilão, e de educar os oito filhos, dona Francisca ainda luta contra esses intermediários que compram sua produção barata e a vendem cara à clientela.

Vista de uma casa às margens do rio Amazonas na aldeia de Punã.

Vista de uma casa às margens do rio Amazonas na aldeia de Punã.

Ela e seus vizinhos estão envolvidos em mil projetos para que seus negócios sustentáveis lhes rendam mais. Seu marido insiste para que se aposente, mas ela não tem essa intenção. “Se não faço farinha, adoeço”, diz, agitando a peneira. Dedica todas as suas energias a adaptar-se às normas de produção necessárias para ter o selo de denominação de origem, o que daria “mais valor agregado” à produção que a aldeia empacota e vende com sua marca própria.

Viana aposta em oferecer novos horizontes aos brasileiros da Amazônia. “Frequentemente a visão externa, do sul do Brasil ou do exterior, é que o desmatamento é um caso de polícia, quando o que eu acredito é que precisamos cuidar das pessoas que cuidam da floresta tropical. Esse é outro slogan que eu inventei. Não adiante investir em bioeconomia se eles não tiverem água potável ou se houver prostituição infantil.”

 

[Fotos da autora – fonte: http://www.elpais.com]

¿Sigue siendo importante la sostenibilidad del vino? Con esta pregunta Lulie Halstead, de Wine Intelligence, nos adelanta algunas de las claves del mercado del vino en Estados Unidos que se pueden extraer del informe « Opportunities for sustainable and organic wine in the US market 2021 », elaborado por la consultora británica.

La respuesta, según Halstead, es sí, aunque las percepciones de los consumidores sobre lo que constituye la ‘sostenibilidad’ en el vino están evolucionando desde la pandemia, e interrelacionándose con otras cuestiones de tipo ético.

La CEO de Wine Intelligence explica en un nuevo artículo publicado en su sitio web que el consumo sostenible es una tendencia que viene de la mano del consumo local, y se trata además de una corriente que ocurre no solo en los EE.UU. sino también en otros mercados.

« Los consumidores conocen bien los beneficios ambientales de comprar productos locales, como menos kilómetros y una cadena de suministro más pequeña y transparente », señalando que este cambio de hábito se ha manifestado especialmente a partir del año 2020.

Cuando se trata de saber quién está liderando esta nueva economía hacia la sostenibilidad, parece que « son los bebedores de vino masculinos quiénes tienen una mayor conexión con la sostenibilidad que las bebedoras de vino », añade, « con una mayor proporción de hombres que afirman que están dispuestos a gastar más en un producto sostenible ».

Por edades, « son las generaciones más jóvenes (Gen-Z y Millennials) los que están significativamente más conectados con la sostenibilidad en el vino », revela Halstead.

Ahora bien, el gran reto que plantea la consultora es como pueden hacer frente a este cambio los mercados del vino. Es decir, ¿cómo exportar y vender vino a miles de kilómetros, cuando los consumidores buscan precisamente lo contrario, vinos locales y con pocas emisiones que dañen al medio ambiente. « ¿Cómo puede un negocio del vino superar el localismo en los mercados de exportación? », señala la CEO.

La respuesta a este desafío podría estar en la propia naturaleza del vino. « Dadas las asociaciones positivas que los consumidores ya tienen con el vino y las asociaciones generales con el vino como producto natural, quizás una forma de que los exportadores superen el movimiento hacia el localismo sea reiterar los elementos ‘naturales’ de nuestra categoría », explica y añade para concluir que, « quizás un desafío clave, y una oportunidad, para el vino radica en el hecho de que los bebedores de vino creen actualmente que el vino, particularmente el vino en botellas de vidrio, ya es ‘sostenible’, en comparación con otras categorías de bebidas. De hecho, indicar que un vino es natural en la etiqueta frontal aumenta un 8% la probabilidad de compra entre los bebedores de vino de EE. UU ».

¿Cómo está afectando al mercado español el consumo sostenible?

A falta de informes concretos del sector del vino sobre el consumo sostenible, la consultora Accenture ha publicado recientemente algunos datos que pueden arrojar algo de luz al respecto.

En este sentido, 6 de cada 10 consumidores españoles realiza compras más ecológicas, sostenibles o éticas desde la pandemia, según esta firma de servicios.

En concreto, « el 60% de los consumidores afirma realizar compras de marcas socialmente responsables desde que estalló la pandemia del coronavirus, y es probable que 9 de cada 10 consumidores continúe haciéndolo después de la pandemia », aseguran desde Accenture. Unos datos muy similares a los del Informe de Wine Intelligence, en los que señalaban que el 58% de los bebedores habituales de vino dicen que se preocupan por el cambio climático y están tomando medidas para reducir su impacto personal, mientras que casi la misma proporción de bebedores habituales de EE. UU. (56%) eligen productos locales.

En cualquier caso, lo que parece claro es que el coronavirus ha cambiado las prioridades de los consumidores hacia productos más sostenibles, ecológicos y locales. « En muchos casos, los usuarios han aprovechado la pausa vital causada por la pandemia para reflexionar sobre el propio consumo, provocando una tendencia creciente hacia el consumo a nivel local, de forma consciente y con conciencia sobre los costes y el impacto medioambiental. En este sentido, el 56% de los usuarios compra en tienda de barrio o productos de origen local, y 8 de cada 10 personas encuestadas afirma tener la intención de continuar con estos hábitos de consumo cuando la nueva normalidad sea una realidad », revelan desde Accenture.

Además, desde la consultora señalan las cinco claves para mejorar la posición de las marcas ante esta nueva tendencia: « Tener un propósito de marca diferenciado, conocer a los clientes, humanizar las relaciones en la omnicanalidad, reinventarse o morir y rediseñar las dinámicas para orientarse al cliente, como son la nueva psicología de cliente y acercamientos más personalizados ».

 

[Fuente: http://www.vinetur.com]