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Copenhague

Escrito por Cristina Gironès

El día que abrí el correo y me encontré con la tan esperada carta de aceptación al programa de máster Erasmus Mundus tuve que irme a correr. Ahora que lo tenía entre las manos dudaba sobre mis deseos y capacidades. Por aquel entonces aún quedaba una semana larga para que Europa se paralizase por el coronavirus. Los meses anteriores no habían sido fáciles, y estaba a punto de tomar la decisión de dejar mi contrato indefinido para irme a vivir a un país tan pequeño, tan desconocido, tan insignificante para la geopolítica global como Dinamarca. Acostumbrada a escribir sobre desgracias, ¿dónde podía encontrar buenas historias en el –considerado– país más feliz del mundo?

Nunca había vivido en ninguna región más al norte de Hamburgo, ni, por supuesto, nunca se me había ocurrido visitar la aburridísima Escandinavia. Pero ahí me encontraba, explicándole a uno de mis mejores amigos en el coche dirección Barcelona que ya lo tenía, que sí, que el consorcio elitista había decidido aceptar a esta chica normalísima, crecida entre vacas y campos de trigo, para su programa de periodismo internacional.

En mi cabeza, Dinamarca era el país perfecto: los prados eran verdes –nunca amarillos–, los edificios estaban limpísimos –sin ningún graffiti–, y las bicicletas se podían aparcar sin candado y sin sufrir por si alguna persona decidía volver a su casa con tu medio de transporte. Y es que esto no es casual: el discurso occidental siempre se ha servido de este territorio como el paradigma del bienestar, de la sostenibilidad, de la igualdad. El resto de Europa es una copia imperfecta de Dinamarca, y su campo de desarrollo es siempre desde su posición.

Aproveché el confinamiento para ponerme al día. ¿Eran mis expectativas y mis ideas algo real? Por el momento, la universidad estaba cumpliendo todos los estereotipos nórdicos. Nos orientaron a la hora de buscar una habitación, nos ayudaron a tramitar la residencia o visado e, incluso, nos acompañaron emocionalmente durante todo el proceso. Y después de googlear a fondo encontré que, efectivamente, durante décadas Dinamarca ha sido conocida como uno de los países más tolerantes y abiertos del mundo, especialmente a lo que a migración y refugio se refiere. Y este último apunte es importantísimo para entender mi experiencia.

Movimientos sociales ¿de raíz?

Era la primera vez que entraba en el centro social en el que acabaría pasando gran parte de mi año en Dinamarca. Recuerdo que, al abrir la puerta, un fuerte aroma a café y a desinfectante de manos se coló por mi nariz. Ese lugar era especial, pero no tenía nada que ver con los CSO (centros sociales ocupados) o ateneus ocupados que había frecuentado en el pasado. Aun así, las paredes parecían un collage de llamamientos populares, banners pro-Palestina y muchos-muchos pósteres en contra del cambio climático.

La chica que me atendió –el espacio era, también, una cafetería– se dirigió a mí en inglés. Después de invitarme a una taza de un líquido negro aguado al que solían llamar filtered coffee, me explicó que tenían diversas asambleas que se celebraban semanalmente para organizar manifestaciones, eventos u otras acciones. Y me apunté, sin pensarlo, a dos grupos de movilización. Hacía tiempo que mis espacios de confort eran centros sociales como ese.

¡Qué guay! Me fui a casa contenta. Esto me duró, a lo sumo, un par de días. Después de la primera reunión –estaba vinculada a un focus group de migración–, mis ánimos estaban por los suelos. Las personas con roles de poder, danesas y en la treintena, repetían una y otra vez que Dinamarca había sido la primera nación en firmar la Convención sobre Refugio de la ONU, que había liderado la atención y aceptación de inmigrantes desde principios de los 2000. Que siempre había sido un ejemplo a seguir, y que todo lo que estaba sucediendo ahora era “momentáneo” y “poco relevante”.

Lo que era “momentáneo” y “poco relevante” en su opinión era la deriva nacionalista del gobierno socialdemócrata con la complicidad de una sociedad poco movilizada. Y es que después de haberse situado como el primer país europeo en iniciar los trámites de expulsión de un centenar de personas refugiadas Dinamarca también estaba endureciendo otras políticas. Por ejemplo, aprobó recientemente una nueva ley que dificulta el acceso a la ciudadanía y que plantea la deportación de migrantes desempleados o con historial delictivo. Y esto no es todo. La línea dura que ha marcado el gobierno de Mette Frederiksen también ha impulsado la externalización de fronteras para expulsar a los solicitantes de asilo a centros de detención fuera de Europa, posiblemente en África, para que se estudien allí sus casos.

¿Qué hacer cuando, ante semejantes recortes de derechos, los que deberían estar en primera línea justifican lo injustificable? Por suerte, otras voces empujaron a la organización a moverse. Y, a raíz de esto, concentraciones y campañas empezaron a ocupar tiempo y espacio públicos. Si bien es cierto que existen grandes iniciativas de muchas personas, mayoritariamente internacionales, que abogan por la carga política de los movimientos sociales, estos no brillan precisamente por el rigor y radicalidad de sus exigencias.

Y de aquí, creo, surgió una reflexión con un amigo del centro. Por aquel entonces ya era pleno invierno y, aunque hacía pocos días que Halloween había inundado las casas, la Navidad y sus luces empezaban a despuntar en todas las calles. Vivir a menos de 0 grados era una experiencia nueva para mí y, aparte de algún proceso de congelación, me adapté gentilmente al clima hostil de Dinamarca. Fue en una de esas tardes en que el sol se iba a las tres y el glögg –vino caliente con canela– brotaba fácilmente de las botellas, en que me encontré nuevas y flagrantes contradicciones políticas.

Una de las puntas de lanza que alimenta la imagen de Dinamarca como un estado perfecto en el que todo funciona bien, en que la salud y la educación son gratuitas, en que el gobierno se encarga de todos los asuntos públicos es, precisamente, el Estado del Bienestar. Y es, efectivamente, uno de los aspectos que más envidio de los países nórdicos. Donde se centra mi reflexión es más bien en las consecuencias sociales de todo esto. Que una estructura así funcione bien no es algo que se haya conseguido con la movilización social, por más que me pese. Es más, es precisamente esta estructura la que consigue que la sociedad esté cada vez más desmovilizada. Si todo funciona bien, si nadie tiene hambre y todos tienen techo, ¿qué vamos a pedir?

Esta pregunta resonó dentro de mí. La idea de que Dinamarca posee una sociedad civil fuerte es, de nuevo, mentira. Y es que esta deriva conservadora en grado sumo se está dando con la pasividad –y el apoyo– de casi todo el mundo. Innegable es que la despersonalización de los extranjeros, convertidos en una suerte de monstruos, es una imagen compartida, socialmente aceptada. Todas las decisiones políticas pretenden disuadir a los inmigrantes de poner un pie en el país con la idea de fondo de llegar a una política de cero refugiados, y esto, al parecer, no inquieta a nadie. Si el Estado decide esto, es por qué será lo mejor para todos. Esto, que entra de lleno en contradición con una Escandinavia idealizada, puede provocar un efecto llamada. ¿Quién puede resistirse a adoptar el ejemplo del país más feliz del mundo?

La moral luterana en un país confesional

Las políticas de migración y asilo se endurecen año tras año en un contexto europeo de crecimiento de la extrema derecha. Por tanto, ciertas decisiones políticas –legislativas– no serían tan extravagantes en, por ejemplo, Alemania. Pero, ¿Dinamarca? Nuevamente, la imagen del país prevalece por encima de todo. Los titulares y las noticias siguen apuntando a la confianza social, a las ayudas públicas y al sentido de igualdad entre los ciudadanos como la fórmula mágica para su satisfacción. Pero, ¿son estos los verdaderos pilares del sistema?

Compartir mi vida con quince daneses no me habría supuesto ningún problema si hubiese podido escoger. Y, aunque no pude, probablemente fue lo mejor que me pasó en esos meses. Sorteando los estereotipos puedo afirmar que, para conocer a una persona nórdica, tienes que ponerle mucho –muchísimo– empeño. Por tanto, no hay mejor fórmula que un confinamiento pandémico con esta finalidad. Y ahí estaba, intentando superar unas semanas especialmente frías y oscuras mientras practicaba mi duolingo diariamente a marchas forzadas.

Fue una de esas noches, en las que compartíamos la cena porque poco más podíamos hacer, que el debate sobre las religiones adquirió más relevancia que nunca. Cuestión de aburrimiento, supongo. Después de criticar encarnizadamente el papel de la Iglesia en los países del sur de Europa me atreví a sacar el gran tema del cristianismo en Dinamarca. Mis compañeros, algunos de ellos amigos, parecían empeñados en negar de manera reiterada que la religión fuese parte importante de sus vidas. Y, aun así, todos habían aprendido a comportarse como luteranos. El país, de los pocos Estados confesionales de Europa, está estrechamente ligado a la religión. Es más, los llamados valores daneses tienen mucho de religiosos y poco de identitarios: la necesidad de aparentar que todo va bien, que todo funciona a la perfección y que no hay nada que pueda mejorarse es algo intrínseco al modelo danés y su visión del mundo.

Es justamente este uno de los puntos en los cuales se puede criticar el famoso informe de las Naciones Unidas. ¿Es realmente Dinamarca el país más feliz del mundo? Sobre la base precisamente de esta pregunta se han escrito muchos artículos y un gran libro, Gente casi perfecta, de Michael Booth. Y es, también, basándome en ello, que seguí indagando en la terquedad de mis daneses, su negativa a aceptar su parte de culpa –consciente o no– en el asunto. Dinamarca se había convertido en el paradigma de la perfección sin ser, de lejos, un Estado perfecto. Y, volviendo a la deriva antiinmigración, esto también tiene mucho que ver con la radicalización de la socialdemocracia en el país.

En los años anteriores a este 2021, la socialdemocracia, agonizante en la mayor parte del continente, había perdido también importantes segmentos de votantes en Dinamarca. La mayoría de ellos habían ido a parar a la derecha, a los nacionalistas xenófobos, que consideran que la defensa de este autosatisfecho modelo blanco, nórdico, europeo y vikingo pasa por eliminar de la ecuación a los inmigrantes, ya que se conciben en bloque como una amenaza. En un país en el que la cobertura estatal es un pilar que sirve de pegamento, que estructura la sociedad, la piel oscura significa una quiebra del sistema social.

Mientras el flæskesteg –cerdo al horno– se cocía lentamente y el humillo iba ganando terreno en nuestra cocina número cinco, un compañero no dudó en defender al gobierno al que no había votado. “Lo que está claro es que tenemos ayudas porque pagamos impuestos. Somos un país pequeño y si ahora todo el mundo viene a estudiar gratis aquí, o a trabajar y a ganar dinero, perderemos lo que hemos conseguido”. En otro contexto esta frase quedaría enmarcada para la posteridad en un cómo justificar el racismo para principiantes. No obstante, en Dinamarca esta creencia está mucho más extendida de lo que yo misma imaginaba. Un chovinismo similar ya formaba parte del neonazismo nórdico en los inicios de los 2000; lo que cambia es que ahora la izquierda –y la sociedad en general– está adoptando esta misma retórica.

Además, y de puerta afuera, Frederiksen propone acoger a los refugiados buenos, a los que dictaminen las cuotas de la ONU o a los que el mercado laboral necesite. Una estrategia de corrección política como esta busca mantener su estatus y su buena imagen en los órganos europeos y del resto del mundo. A la vez, sus declaraciones en ruedas de prensa apuntan todo lo contrario. Y es que nuevamente la moralidad protestante vertebra el Estado en su conjunto: es importante demostrar una admirable tolerancia y progreso aunque no se correspondan con la realidad. La moral protestante y el énfasis en la nación, o lo que es lo mismo, el cristianismo y el ser danés, son fenómenos que se refuerzan mutuamente. Y es en este marco en que el Welcome refugees está institucionalizado y, a la vez, la xenofobia se ha vuelto mainstream, una tendencia general.

La periferia, lejos del Danishness

La ficción del ser danés ha impregnado el orgullo nacional de los escandinavos. No solo son las banderas, que se enarbolan en cualquier contexto, como aniversarios, cumpleaños, bodas y otros eventos sociales. Esta idea ha propulsado una guerra cultural, una estrategia mediante la cual el Danishness desafía al islam. Y en este conflicto el Estado aparta cada vez más a las personas migrantes y no blancas a la periferia tanto simbólica y como física.

Ya en primavera, mi bicicleta decidió dejar de funcionar y mi objetivo fue conseguir otra. El transporte público, escaso y caro, con controles de seguridad muy estrictos y multas estratosféricas, no me parecía una opción viable. Y a través de una app móvil llegué al mal llamado ghetto de la ciudad. Esta denominación no es gratuita: el gobierno propuso una legislación para reducir el número de residentes no occidentales que viven en los barrios desprotegidos. Esto se traduce en la práctica en la limitación de la cantidad de población no blanca al 30% y en otorgar a los municipios el derecho a denegar viviendas.

Si bien es cierto que cuando sales del centro de la ciudad el paisaje, físico y social, cambia muchísimo, mi impresión de ghetto –que por entonces no sabía que se consideraba como tal– no fue distinta a la que tengo sobre cualquier calle un poco alejada del Paseo de Gracia de Barcelona. La población ya no era totalmente blanca, alta, rubia y con abrigos afrancesados hasta los tobillos. Las bicicletas ya no eran dignas de Amelie, con flores en la cesta delantera. Pero no era, ni de lejos, lo que el gobierno –y por extensión la sociedad– pretendía mostrar: ese ghetto era ghetto porque la piel de sus habitantes no era blanquísima, porque el sistema de transporte los orillaba cada vez más a la periferia del Estado, porque nadie quería verlos como parte de un país que, para bien o para mal, ya no es lo que era.

Y en esta necesidad de ser danés sobrevive, también, la americanización de la cultura. Mientras reivindican el sentir nacional, la cultura y las tradiciones, el consumo general de todo esto se refleja más y más en el American dream. Mientras es guay desayunar porridge cada día, el cuscús, el tachín persa o el café turco son subproductos que causan, incluso, repulsión. Por tanto, en este contexto, repetir que Dinamarca es el país más feliz del mundo es, como mínimo, falaz. Dinamarca no es tan bueno –o, al menos, no para todos–. El producto interno per cápita, la esperanza de vida saludable y otros indicadores parecidos dicen que se encuentra en la posición más alta en la clasificación del bienestar. Pero si la media apunta esto, también cabe destacar que la población inmigrante es, nuevamente, marginada: estructuralmente reporta niveles más bajos de vida.

En esta paradoja nórdica hay miles y miles de personas que experimentan el paraíso de una forma muy distinta. El país, supuestamente abierto y tolerante, está intentando acabar con la diversidad, viviendo como si no existiesen daneses de piel negra o rasgos asiáticos. O lo que es lo mismo, está intentando expulsar a quienes no cumplen sus estándares de corrección –física, cultural, social y económica– lo más lejos posible de su oasis de felicidad.

 

 

[Foto de la autora – fuente: http://www.fronterad.com]

“A vida é igual a andar de bicicleta. Para manter o equilíbrio é preciso manter-se em movimento.”

– Albert Einstein

A maior conferência mundial de mobilidade em bicicleta acontece em Lisboa de 6-9 setembro 2021. O mote desta conferência é a diversidade que se encaixa perfeitamente na história da cidade de Lisboa.

O objectivo da conferência, influenciar os decisores a favor de uma mobilidade mais sustentável e inspirar debates vibrantes entre os participantes.

Os temas principais em discussão são a diversidade de bicicletas e mobilidade urbana, a Economia e turismo, a Reestruturação das cidades e política, a Construção comunitária, Cocriação e inclusão e a Saúde e resiliência climática.

Segundo os organizadores do evento, serão de 750 participantes presenciais, 1000 participantes digitais, 250 oradores, 45 países, 30 expositores e colaboradores e 4M de alcance social.

O Estrategizando estará presente a  pedalar e conta tudo nos próximos artigos e nas redes sociais.

 

[Fonte: http://www.estrategizando.pt]

 

 

Veronica Bergottini es misionera, 35 años, y gracias a sus dos títulos universitarios logró descubrir un nuevo material para hacer prendas sustentables. En diálogo con Infobae, contó de qué se trata este proceso innovador y ecofriendly

Escrito por Macarena Sánchez

Veronica Bergottini tiene 35 años y es oriunda de Eldorado, Misiones. Es licenciada en Genética de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales y doctora en Biología, título que obtuvo en una universidad en Suiza. Sin embargo, y por más improbable que parezca, encontró su pasión en el desarrollo de biomateriales para el diseño sustentable.

“Empecé a explorar el biodiseño como un hobby siendo estudiante de diseño de autor”, contó a Infobae. “Fue para un concurso de la escuela de Diseño que tenía que presentar una propuesta de moda sustentable y me llevó a investigar las últimas tendencias en sustentabilidad. Fue así que descubrí startups de biotecnología que estaban revolucionando la moda en otros países a través de la biofabricación de materiales”.

La doctora en Biología admite que sin sus conocimientos no hubiera sido posible crear el Karu, su marca sustentable. “Investigue qué técnica de biofabricación podía desarrollar desde casa y empecé a experimentar con un grupo de microorganismos que sintetizan un biomaterial con textura similar al papel/cuero. Con este biomaterial diseñé apliques para un prototipo de vestido que fue seleccionado para concursar en pasarela. Así pude fusionar mi experiencia en microbiología con el diseño”.

Un clutch realizado en TILEX: Tela de Ilex paraguariensis, el textil que la genetista puso al descubrimiento.

Confiesa que la moda la apasiona desde chica y por eso empezó también a involucrarse con la indumentaria. Siempre tuvo la necesidad de volcarse a lo artístico.

“Lo que más me apasiona del diseño es la comunicación y la posibilidad de transmitir valores a través de los nuevos materiales sustentables que están surgiendo a raíz de la problemática ambiental. El biodiseño en particular, nueva área de intersección entre la biotecnología, la tecnología y el diseño, es atrapante por la innovación disruptiva y la sinergia que se genera entre los científicos y los diseñadores”, afirmó Bergottini.

Los diseños de Bergottini tienen algo especial. Están realizados en yerba mate: “Tengo una larga relación de investigación con la yerba mate, pero lo que no me imaginé es que también iba a ser parte de esta faceta más artística. Conociendo la biología de los microorganismos que sintetizan el biomaterial, me di cuenta de que podrían crecer también en yerba mate. Utilizo un preparado de yerba mate para cultivar los microorganismos que sintetizan el biomaterial. Es por ello que denominé al biomaterial TILEX: Tela de Ilex paraguariensis (yerba mate)”.

En su colección tiene collares, carteras y accesorios para ropa elaborados todos con el biomaterial de origen microbiano. También se combinan otros tipos de materiales sustentables para combinar diferentes artículos.

Todos los diseños de Karu son sustentables, ya que los microorganismos de este material tienen la capacidad de sintetizarlo.

“Este biomaterial es biodegradable, compostable y además se puede producir bajo un modelo circular, es decir, empleando diferentes residuos agroindustriales. Todo esto está demandando a gritos la moda: una mayor sustentabilidad y, si es posible, circularidad”, detalló.

Por último, la diseñadora, bióloga y genetista dice que sus creaciones en principio tiene un ciclo de vida que puede variar desde 9 meses a 1 año, dependiendo su uso y su cuidado. “Estoy investigando para incrementar su tiempo de vida”.

 

 

 

[Fotos: Paula Penise – fuente: http://www.infobae.com]

A cada cinco anos, coincidindo com as eleições municipais, artistas e profissionais ligados à arquitetura e ao design da cidade de Montevidéu participam de uma campanha artístico-política paralela às eleições. Partindo de uma perspectiva ancorada nas artes, o projeto conclama a participação da sociedade para reimaginar como pode ser a vida na cidade.

Interação de visitantes com a obra “Somos Patrimonio, Plan Piloto barrio la Aguada“ (Somos patrimônio – Plano piloto para o bairro de La Aguada), criação realizada em realidade aumentada por Rodrigo Labella, Bruno Tortorella e Anaïs Vaillant para a exposição do Ghierra Intendente de 2020.

Interação de visitantes com a obra “Somos Patrimonio, Plan Piloto barrio la Aguada“ (Somos patrimônio – Plano piloto para o bairro de La Aguada), criação realizada em realidade aumentada por Rodrigo Labella, Bruno Tortorella e Anaïs Vaillant para a exposição do Ghierra Intendente de 2020. Foto: Rodrigo Labella, Bruno Tortorella e Anaïs Vaillant

Inspirador é um projeto que está repensando cidades sustentáveis ao identificar e compartilhar iniciativas inspiradoras e políticas de mais de 32 cidades em todo o mundo. A pesquisa está sistematizando esses casos e essas ideias em categorias, representadas por hashtags.

#imaginação_política
Questões que já eram importantes na vida cotidiana agora se mostram urgentes, e algumas ideias desenvolvidas podem inspirar-nos a lidar com o que se apresenta da melhor maneira possível. Campanhas criativas e políticas de emergência foram criadas para disputar o futuro do ponto de vista do desenvolvimento cultural. Nesta categoria, apresentamos laboratórios de design e sustentabilidade, cultura do cuidado, fóruns e plataformas de discussão filosófica sobre esperança, transformação e imaginação política.

O projeto Ghierra Intendente, que pode ser traduzido como “Ghierra Prefeito”, é uma performance-exposição que discute beleza, memória e patrimônio arquitetônico na cidade de Montevidéu. O grupo apresenta propostas que usualmente são deixadas de lado em campanhas tradicionais pela prefeitura, chamando a atenção para que entrem na agenda dos políticos. O coletivo traz uma outra visão sobre a cidade, ressaltando o papel dos habitantes de Montevidéu neste ambiente.

“O nosso projeto tem a ver com a recuperação do tempo e do espaço da cidade para os cidadãos, e da consciência de que a cidade somos nós.”

Alfredo Ghierra

Preservar o patrimônio histórico contribui para a qualidade do espaço público

Montevidéu não tem nem 300 anos, mas, no contexto da América Latina, parece ser uma cidade mais antiga do que outras por conta do seu incrível acervo de arquitetura. No entanto, nem a população nem os gestores políticos acabam dando atenção para esse tesouro, e a falta de políticas públicas nas cidades torna-se uma ameaça à preservação da memória.

“Tudo começou há dez anos pela minha preocupação com a destruição sistemática do patrimônio arquitetônico da cidade”, conta Ghierra. De início, o projeto realizava denúncias, e foi então que Ghierra percebeu que os problemas com que estavam lidando eram muito mais complexos.

Essa problemática incide sobre a identidade urbana. A preservação do patrimônio cultural contribui para a qualidade do espaço público e para a coesão geral da sociedade, além de ser uma indústria criativa e cultural enorme que gera muitos empregos.

O projeto foi desenvolvendo-se organicamente. No primeiro ano foi realizada uma mostra de ideias e olhares para a cidade de Montevidéu, e o sucesso foi muito grande. Mas foi só cinco anos depois, com o auge das redes, que o projeto realmente estourou. Para cada campanha, o grupo tem uma frase emblemática. Em 2015 foi “A cidade que a gente quer” e, em 2020, sob o lema “Somos a cidade”, a mostra foi dividida em três eixos: patrimônio, ecocidade e periferia.

“Quando você rompe esse elo com o que foi feito pelas gerações anteriores, você corre o risco de perder a noção histórica do que é a construção de uma cidade.”

Alfredo Ghierra

“Montevideo: las dos ciudades” (Montevidéu: as duas cidades) da BMR Productora Cultural para a exposição do Ghierra Intendente de 2020.

“Montevideo: las dos ciudades” (Montevidéu: as duas cidades) da BMR Productora Cultural para a exposição do Ghierra Intendente de 2020. Foto: BMR Productora Cultural

O Ghierra Intendente hoje reúne muitas pessoas. Uma de suas maiores preocupações ao convocar artistas, arquitetos e designers para o projeto foi criar espaço para que novas vozes e perspectivas fossem ouvidas. “Os governos dificilmente contam com o artista ou com o olhar das artes, e raramente você vê essas profissões fazerem parte dos quadros de governo”, conta Ghierra.

A beleza como forma de ação

A principal questão com a qual o projeto trabalha é a imaginação, tanto no sentido da criação de outro mundo possível quanto como forma de encorajar a participação das pessoas na construção da cidade. Através das mostras e outras iniciativas, o grupo busca criar ideias que provocam as pessoas a agir.

Ghierra diz que para governar uma cidade ou um país é necessário lidar com a realidade do dia a dia e também programar o futuro. Esta é uma tarefa muito difícil, e que demonstra a complexidade envolvida no funcionamento público. “O que não consigo perdoar é a falta de imaginação. É nisso que queremos insistir: na imaginação e também em muito humor”.

A cidade, se abandonada às regras do mercado, fica privada de processos democráticos. No Uruguai há uma forte tradição democrática, mas parte da sociedade civil acha que é suficiente votar a cada eleição e, no meio tempo, só pagar os impostos. “Os governos não são capazes de abranger o espectro inteiro do que significa uma cidade”, afirma Ghierra, ressaltando que, para ele, a cidade é um esforço coletivo, no qual a sociedade civil, cidadãos e artistas desempenham um papel decisivo. Se a sociedade não participa, a cidade não funciona. O projeto Ghierra Intendente revela como os artistas podem usar seu olhar como uma ferramenta que pode mudar a realidade.

O projeto insere-se na agenda da cidade temáticas que eram ignoradas

Em 2020, a performance aconteceu pela terceira vez. Ghierra nos conta que, surpreendentemente, as últimas eleições representaram a primeira vez em que todos os candidatos incluíram o reconhecimento, a preservação e a valorização do patrimônio histórico em suas agendas políticas. “Isso antes não existia, sabe? Todos incluem transporte, mobilidade, resíduos… mas dessa vez também incluíram patrimônio. Toda mudança cultural é muito lenta, não é imediata. É difícil dimensionar, mas vale a pena”.

Ao ocupar esse lugar que estava vago, o grupo se transformou em um interlocutor para as autoridades. Ghierra ressalta que demorou até que eles criassem esse vínculo de confiança com o poder político e que sua maneira de trabalhar fosse vista não como uma brincadeira, mas como uma voz importante.

“É realmente sério, mas seriedade não quer dizer falta de imaginação e muito menos falta de humor.”

Alfredo Ghierra

A mobilização nas redes também chamou a atenção do poder político. Uma publicação no Facebook feita pelo grupo sobre a demolição de uma casa foi apoiada por 150 mil pessoas. Para Montevidéu, que tem uma população de cerca de 1,3 milhão de habitantes, isso é muita gente: esse número de pessoas pode mudar uma eleição. “Eu acho que esse é o nosso poder: ter descoberto que esses temas que pareciam laterais, desimportantes, realmente importam para muita gente”, explica Ghierra.

Para aqueles que desejam começar um projeto semelhante, Ghierra recomenda que se tenha uma ideia inicial muito nítida. “A ideia do Ghierra Intendente é realmente muito simples: é dizer: ‘Venha cá, pessoal, vamos juntar-nos e fazer uma campanha em paralelo com as eleições reais’”.

Ele nos conta, que quando amamos nossa rua e de repente começamos a ver casas ou outros elementos que gostamos serem derrubados ou árvores sendo removidas, nossa primeira impressão é de que não podemos fazer nada. Que isso está sendo feito por alguma razão, que alguém decidiu isso. Mas algo diferente acontece durante as campanhas do Ghierra Intendente. As pessoas começam a investigar, denunciar, perguntar. É como se uma semente fosse plantada na cabeça delas, e elas começassem a acreditar que aquilo é possível. Artistas, arquitetos e toda a população se reúnem para pensar e imaginar juntos – ainda mais em tempos de pandemia, quando há a necessidade de mantermos distância uns dos outros.

ESTA SÉRIE É SOBRE O QUÊ?

O projeto Inspirador para Cidades Possíveis é uma criação colaborativa de Laura Sobral e Jonaya de Castro com o objetivo de identificar experiências entre iniciativas, conteúdos acadêmicos e políticas públicas que visam cidades mais sustentáveis e cooperativas. Se assumirmos que nosso estilo de vida dá origem aos fatores que estão por trás da crise climática, temos que admitir nossa corresponsabilidade. Cidades verdes planejadas com autonomia alimentar e saneamento baseado em infraestruturas naturais podem ser um ponto de partida para a construção do novo imaginário necessário para uma transição. O projeto apresenta políticas públicas e iniciativas coletivas de diversas partes do mundo que apontam para outros modos de vida possíveis.

O projeto sistematiza casos e ideias inspiradores nas seguintes categorias, representadas pelas hashtags:
#redefinir_desenvolvimento, #democratizar_espaço, #(re)generar_recursos, #intensificar_resistência_e_colaboração, #imaginação_política

[Fonte: http://www.goethe.de]

Um dos maiores pensadores contemporâneos, o francês Edgar Morin completa um século de vida. E comemora lançando um novo livro

O pensador francês Edgar Morin: “A palavra ‘filósofo’ talvez me conviesse bem, mas hoje a filosofia, no geral, fechou-se em si mesma e a minha filosofia é uma filosofia que observa o mundo, os acontecimentos”. Foto: Wikipédia

 

Escrito por Marcello Rollemberg

“A vida é curta, a arte é longa”, popularizou o poeta romano Sêneca, em um aforismo que venceu os séculos. Ou seja, a arte permanece mesmo quando seu autor já tiver cruzado a fronteira entre o terreno e o etéreo. O sonho de todos, contudo, é que a arte – cultura, consciência, criação, dê-se o nome que quiser – acompanhe pari passu o nosso caminhar, com a existência alongando-se ao ponto de fazer com que as linhas paralelas que acompanham criação e vida se toquem, mais do que se tangenciem. É uma quimera? Para ainda alguns poucos, não, com a arte perene confundindo-se com uma vida longa e criativa. Para ficarmos em apenas dois exemplos: o cineasta português Manoel de Oliveira viveu até os 107 anos, ativíssimo e trabalhando até o fim em três projetos inconclusos. E o arquiteto Oscar Niemeyer trabalhou em seu escritório quase até o fim, às vésperas de completar 105 anos. A esses, some-se agora talvez um paradigma dessa longevidade aliada à extrema lucidez nesses tempos estranhos: o sociólogo e filósofo francês Edgar Morin, criador da teoria do “pensamento complexo”, que neste dia 8 completa um século de vida. E como ele está comemorando essa marca centenária? Lançando mais um livro, que se soma aos 70 que ele publicou no decorrer de sua prolífica vida. Em Leçons d’un siècle de vie (Lições de um século de vida, em tradução literal), o pensador da transdisciplinaridade recorda etapas cruciais de sua vida, destaca os erros porventura cometidos, a dificuldade de compreender o presente e a necessidade do exercício da autocrítica para a vida em sociedade. Um longo e essencial inventário de cicatrizes e realizações.

O novo livro de Edgar Morin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundo Morin, como destaca o site da Radio France International (RFI), uma das grandes lições de sua vida foi deixar de acreditar na sustentabilidade do presente, na continuidade e na previsibilidade do futuro. “A história humana é relativamente inteligível a posteriori, mas sempre imprevisível a priori”, escreve ele em seu novo livro. E diante dessa imprevisibilidade do presente, o pensador destaca, é fácil cometer erros. Ele relaciona pelo menos dois que teria cometido ao longo de sua trajetória política e intelectual: seu pacifismo antes da Segunda Guerra Mundial, que o impediu de enxergar a verdadeira natureza do nazismo – ele depois consertaria esse equívoco, sendo parte atuante da Resistência Francesa, onde adotou o codinome “Morin”, que após a guerra o acompanharia para sempre, deixando de lado o sobrenome familiar judeu sefardita Nahoum. O outro foi sua crença no sistema soviético, mais tarde abandonada. “Minha estadia de seis anos no universo stalinista me educou sobre os poderes da ilusão, do erro e da mentira história”, relembra ele em Leçons d’un siècle de vie.

Mas, entre erros e acertos, na tabela de somas e débitos, Edgar Morin acertou muito mais. A conta final é totalmente favorável a ele – e sua obra e sua história pessoal e intelectual estão aí para provar. Uma obra, frise-se, monumental, não só na quantidade de livros publicados, mas principalmente – claro – na qualidade e na importância das ideias que ele estabeleceu.

“É impossível dar conta da importância de suas contribuições científicas, filosóficas, antropológicas, sociológicas, pedagógicas, mas, sobretudo, epistemológicas”, escreveu em artigo recente no jornal Valor Econômico o professor sênior do Instituto de Energia e Ambiente da USP e colunista da Rádio USP José Eli da Veiga. Em seu texto, Veiga faz referência aos seis volumes de O Método, talvez a obra maior de Morin, que trata “da natureza da vida, das ideias, da humanidade e da ética”. Aceitando a tortuosidade em se vencer as “difíceis 2.500 paginas” dos volumes, o professor aponta um outro caminho para iniciantes dispostos a “mergulhos mais profundos”: Meu Caminho, publicado pela Bertrand Brasil em 2010. “Não há melhor introdução à monumental obra de Morin do que estas treze entrevistas, concedidas em 2008, à jornalista Djénane Tager. Em linguagem coloquial, estão realçadas suas contribuições sociológicas, os estudos de física e biologia que o levaram à teoria da complexidade, a justificativa da escolha do termo ‘método’, sua maneira de analisar o estado do mundo”, assinala José Eli da Veiga em seu artigo.

Complexidades, educação e comunicação 

Por tantas contribuições fundamentais em vários campos do conhecimento, Edgar Morin fez – e ainda faz – da transdisciplinaridade seu campo fértil de ação e reflexão. Não é exagero chamá-lo de principal pensador ocidental contemporâneo. No campo da educação, por exemplo, ele foi um dos primeiros a sugerir uma reforma de paradigmas, questionando o ensino meramente disciplinar e pautado em conteúdos técnicos. Para ele, o que importa é aplicar o conhecimento de maneira crítica. Em entrevista publicada no jornal português O Público, em 2009, por exemplo, ele defendeu uma “reforma radical” no ensino para acabar com o que ele chamou de “hiperespecialização”.

“Apenas com esta mudança de paradigmas no ensino as pessoas serão capazes de compreender os problemas fundamentais da humanidade, cada vez mais complexos e globais”, afirmou o autor de Os Sete Saberes Necessários à Educação do Futuro, que criticou o fato de nas escolas e universidades não existir “um ensino sobre o próprio saber”, sobre “os enganos, ilusões e erros que partem do próprio conhecimento”. Para Morin, o ideal seria criar “cursos  de conhecimento sobre o próprio conhecimento”. “Conhecer apenas fragmentos desagregados da realidade faz de nós cegos e impede-nos de enfrentar e compreender problemas fundamentais do nosso mundo enquanto humanos e cidadãos, e isto é uma ameaça à nossa sobrevivência”, avaliou ele, com uma visão de humanismo que está difícil de se encontrar nos dias de hoje.

Em outra entrevista, esta para o programa Milênio, da GloboNews, Edgar Morin deu mais pistas da sua forma de pensar o mundo sensível e esclareceu, para quem ainda não tinha compreendido, sua teoria do pensamento complexo. “A tragédia do nosso sistema de conhecimento atual é que ele compartilha tanto os conhecimentos que a gente não consegue se fazer essas perguntas. Se perguntarmos ‘o que é ser humano?’, não teremos respostas, porque as diferentes respostas estão dispersas”, afirmou ele. “E, no fundo, é isso que chamo de pensamento complexo, um pensamento que reúne conhecimentos separados. O objetivo do ensino deve ser ensinar a viver. Viver não é só se adaptar ao mundo moderno. Viver quer dizer como, efetivamente, não somente tratar questões essenciais, mas como viver na nossa civilização, como viver na sociedade de consumo”, acrescentou o pensador na entrevista – para também apontar seu olhar para um outro problema dos tempos atuais: informação demais, conhecimento de menos.

“É preciso ensinar não só a utilizar a internet, mas a conhecer o mundo da internet. É preciso ensinar a saber como é selecionada a informação na mídia, pois a informação sempre passa por uma seleção”, afirmou ele. “Informação não é conhecimento. Conhecimento é a organização das informações”, esclareceu Morin, que ainda mantém uma conta bastante ativa no Twitter – “É uma forma de me expressar, de expressar ideias que me ocorrem, reações que tenho frente a acontecimentos e de uma forma muito concentrada”, revelou ele à Folha de S. Paulo em 2019.

Entre tantas áreas pelas quais Morin e suas complexidades trafegaram, talvez a da comunicação seja realmente aquela em que seu olhar se tenha debruçado com uma atenção mais específica. Já em 1960, ele fundou na École de Hautes Études en Sciences Sociales, em Paris – ao lado de Roland Barthes e Georges Friedmann –, o Centro de Estudos de Comunicação de Massa, com a intenção de adotar uma abordagem transdisciplinar do tema. E suas teorias, nesse campo, germinaram – no Brasil, inclusive.

Na Resistência Francesa contra o regime nazista, o pensador francês adotou o codinome “Morin”, que após a guerra o acompanharia para sempre, deixando de lado o sobrenome familiar judeu sefardita Nahoum.

 

“Edgar Morin sempre teve uma relação particular com a comunicação, desde os seus primeiros escritos na década de 1960 sobre a cultura de massa e o cinema, até os influentes escritos sobre o imaginário. Mas é como pensador e crítico da ciência monodisciplinar e fragmentada que atinge uma repercussão que só fez crescer junto aos estudos de comunicação no Brasil”, afirmou ao Jornal da USP a professora sênior da Escola de Comunicações e Artes (ECA) da USP Maria Immacolata Vassallo de Lopes. “Tem havido uma singular correspondência da sua teoria da complexidade com o pensamento transdisciplinar, que é a marca da comunicação em torno dos princípios da dialogia, das interações e das interligações. A possibilidade de que a comunicação aproveite positivamente as reflexões de Morin fazem da ECA um centro irradiador de suas obras, não somente porque quebram e abrem as disciplinas, mas também porque as transbordam, estabelecendo relações cada vez mais densas entre as ciências exatas e ciências sociais e humanidades”, atesta a professora.

É por este caminho, apontando “transbordamentos” e interconexões no pensamento de Edgar Morin no campo das ciências humanas – e da comunicação, como extensão –, que acompanha a também professora sênior da ECA Mayra Rodrigues Gomes. “Ao entender a comunicação como processo que realiza o trânsito interpessoal de informações, ideias, opiniões, não a podemos dissociar das instâncias que ela costura. Ela invoca necessariamente saberes de diversas naturezas que brotam em diferentes campos do conhecimento, incluindo técnicas e métodos particulares”, contextualiza a professora. “Edgar Morin trouxe há várias décadas a concepção do ‘paradigma da complexidade’, com a qual criou um instrumental de trabalho que leva em conta a natureza interdisciplinar da comunicação, a complexidade das sociedades contemporâneas, a diluição das fictícias oposições entre razão e mito, ciência e arte, real e imaginário.”

Mas diante de tantas teorias, de tantos olhares trans e interdisciplinares – e com tantos anos de vida e sabedoria –, como será que Edgar Morin se definiria? Disse-se lá no começo deste texto que ele é sociólogo e filósofo. Seria reducionismo? “A melhor definição seria não ter definição. De bastar-se. A palavra ‘filósofo’ talvez me conviesse bem, mas hoje a filosofia, no geral, fechou-se em si mesma e a minha filosofia é uma filosofia que observa o mundo, os acontecimentos. Sou muito marginal, quer dizer, sou marginal em todas essas áreas. Então, sou aquele que querem que eu seja.”

 

[ Fonte: jornal.usp.br]

Organizadores:

Universidad Autónoma de Chihuahua; Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (MÉXICO); Universidad de Playa Ancha, Valparaíso (CHILE), Centro de Investigación Iberoamericano de Maguncia-Germersheim /Leipzig (CIIA, Alemania)

Tipo de actividad: Congreso, jornada, encuentro
Fecha límite de solicitud: Lunes, 6 septiembre de 2021
Descripción: 

La Universidad Autónoma de Chihuahua, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (MÉXICO), la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso, Chile) y el Centro de Investigación Iberoamericano de Maguncia-Germersheim /Leipzig (CIIA, Alemania) celebran este coloquio del 28 al 30 de octubre de 2021 en Chihuahua (México).

Ejes temáticos:

1. Significaciones desde lo local y lo global: Visitaciones/Revisitaciones al norte mexicano: exotismos
y postexotismos;

2. Geopoéticas norteño-mexicanas: espacio y `fronteras´ (nacionales, estatales y culturales);

3. Subjetividades norteñas: `fronterizas´, `transfronterizas´, `nómadas´ e `híbridas´;

4. Canon y contracanon: `cartografías´, `catalogación/descatalogación´ (obras, autorxs y receptorxs);

5. Ética, cuerpo/biopoderes/necropoderes y violencias: proyectos ético-políticos de la crítica cultural contemporánea para intervenir los fenómenos de las distintas violencias en el México actual;

6. Imagologías etnoculturales. `Marcos Culturales´ norteño-mexicanos: tensiones y experiencias entre las ideas de lo alto/bajo y centro/periferia;

7. Hibridaciones/Intermedia/Transmedia. Negociaciones: `alta cultura´/ `cultura popular´/ `cultura de masas´ (lo fantástico, ciencia ficción, horror, novela gráfica, cómic, redes sociales, series, memes, filmes/documentales/cortometrajes, videojuegos, performance, pintura, arquitectura, escultura, música, body art, diseño gráfico, espacios urbanos, graffiti);

8. Estudios de género: feminismos, transfeminismos, estudios queer, estudios trans*, masculinidades/nuevas masculinidades;

9. Colonialismo, poscolonialismo y decolonialismo: importancias o urgencias de continuar pensando el norte mexicano desde estas categorías;

10. Migrantes, migraciones y diásporas: emergencias, `precaridades´, historización/deshistorización;

11. Pandemias, pospandemias. Salud/Enfermedad: “esa frontera”;

12. `Eco-crítica´ en el norte de México: usurpaciones, apropiaciones, expropiaciones, territorialidades. Sustentabilidad, recursos naturales y sus relaciones con la crítica cultural;

13. Criminalización, singularidades, prisión, manicomios, etc.;

14. Cuerpos y corporalidades.

Ciudad: Chihuahua
País: México
Fecha de inicio: Jueves, 28 de octubre de 2021
Fecha de finalización: Sábado, 30 de octubre de 2021

Dirección postal completa:

Facultad de Filosofía y Letras, Rúa de las Humanidades S/N, Ciudad Universitaria, 31203 Chihuahua, Chih. México

Teléfono 1:  +526144279173
Teléfono 2:  +526143428461
Correo electrónico: literaturaculturanortedemexico@gmail.com
Página de Internet:  https://sites.google.com/view/literaturayculturadelnorte
Materias de especialidad: 

Cibercultura, Cine y audiovisuales, Estudios culturales, Literatura contemporáneaLiteratura contemporánea, Literatura del siglo XX, Literatura del siglo XXI, Literatura hispanoamericana, Narrativa, Narrativa gráfica, Narrativa transmedia, Poesía, Teatro y artes escénicas, Teoría de la literatura

Redes sociales Facebook: https://www.facebook.com/LitCultNortMex/
  Twitter:  @LitCultNortMex
Fuente de información:  Grupo de investigación Literatura y Cultura del Norte de México UACH
Observaciones:

Las propuestas podrán ser individuales o de mesa y deberán enviarse hasta el 06 de septiembre de 2021 al correo: literaturaculturanortedemexico@gmail.com. El comité organizador confirmará su recibido e informará antes del 24 septiembre de 2021 su aceptación o no aceptación.

*Nombrar los archivos adjuntos con apellido del autor (a) /coordinador (a) y `coloquionorte´, por ejemplo: “Acuña-coloquionorte.pdf”.

Los resúmenes no excederán las 300 palabras. Letra times new roman, tamaño 12 a doble interlineado. Se adjuntarán en un archivo en formato PDF con:

– Nombre

– Título de la ponencia

– Correo electrónico

– Filiación institucional

– Eje temático seleccionado

MESAS: (se conformarán de tres a cinco integrantes)

– Adjuntar en un archivo en formato PDF

– Título y resumen de la mesa

– Nombre y datos del coordinador

– Los resúmenes individuales de cada participante con los requisitos ya señalados arriba.

DESARROLLO DE LAS PRESENTACIONES:

La extensión de las ponencias será de 10 cuartillas en letra times new roman tamaño 12 a doble interlineado.

MODALIDAD DEL EVENTO:

El desarrollo de la actual pandemia por COVID-19 nos obliga a continuar con la modalidad virtual y con la posibilidad de desarrollar una parte de las presentaciones en modo presencial limitado. Informaremos de esto último con el tiempo adecuado y con detalles más precisos.

COSTOS:
– Ponentes extranjeros: 70.00 USD

– Ponentes nacionales: $800.00 pesos

ORGANIZACIÓN:
Facultad de Filosofía y Letras a través de la Secretaría de Investigación y Posgrado

Grupo de Investigación: Literatura y Cultura en el Norte de México (LICUNOME)

COMITÉ ORGANIZADOR:

Mónica Torres Torija (UACH/Literatura y Cultura en el Norte de México)

Felipe Saavedra (Universidad Iberoamericana/Literatura y Cultura en el Norte de México)

Vladimir Guerrero (UACH/Literatura y Cultura en el Norte de México)

 

[Fuente: hispanismo.cervantes.es]

O popular fruto antioxidante cresce em aldeias como Punã, às margens do rio Amazonas, onde os moradores buscam aumentar seus lucros em negócios sustentáveis que preservam a floresta tropical

 

Moradores da aldeia de Punã em junho de 2021.

 

Escrito por NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR

O açaí é a última moda planetária entre pessoas ligadas em alimentação saudável. Esse fruto que cresce no alto de palmeiras em aldeias como esta, nas profundezas da Amazônia, faz sucesso no mundo todo. Contém antioxidantes, nutre e dá energia. Transformado em um denso caldo roxo, é consumido diariamente e de mil maneiras pelos moradores da comunidade Punã (oeste do Amazonas). Com peixes como o pirarucu, com frango, ou misturado com farinha de mandioca crocante. De sobremesa, com ou sem açúcar. Alguns com sal. “A gente pegava para comer no mesmo dia, porque estraga rápido”, conta Ariel de Souza, 23 anos. Um edifício centenário e recém-restaurado, da época da febre da borracha, domina o pequeno povoado à beira do rio Solimões.

Este é um dos lugares mais remotos do planeta. Um ambiente peculiar, com roças familiares em meio à mata exuberante, jornadas de sol a sol, lares com dieta monótona, escassas posses e televisões grandes, onde ao entardecer as meninas também jogam futebol, e todos os adolescentes têm Instagram.

O açaí era um alimento de subsistência até a chegada do que Souza chama de “a revolução”: a eletricidade, o freezer. Aquilo deu outra vida ao açaí e a estas aldeias ribeirinhas, fundadas por brasileiros de outras regiões que chegaram por aqui no final do século XIX para trabalhar nos seringais. “Sempre foi só subsistência, mas há alguns anos o açaí virou um negócio”, conta seu vizinho Rocima Fração, de 46 anos.

Quando fala em negócio, ele não está pensado nas barraquinhas de açaí que se espalham pelo planeta. Refere-se a algo bastante modesto, mas que trouxe uma prosperidade desconhecida aos agricultores deste conjunto de casinhas de madeira atendidas por escola secundária e wi-fi.

Luciane do Nascimento, moradora da aldeia de Punã, aluna do curso de técnico em gestão de desenvolvimento sustentável da Fundação Amazônia Sustentável e mãe de oito filhos.

Luciane do Nascimento, moradora da aldeia de Punã, aluna do curso de técnico em gestão de desenvolvimento sustentável da Fundação Amazônia Sustentável e mãe de oito filhos.

Agora, produzem açaí para vender em outras aldeias à beira do Solimões ou inclusive na cidade. Tefé, a mais próxima, fica a uma hora de lancha, agora que a maior enchente em 120 anos permite tomar atalhos; para ir a Manaus é preciso navegar dois dias rio abaixo. Os rios são o equivalente às estradas em uma paisagem deslumbrante, mas que tornam infernal o deslocamento de pessoas e produtos. Os entardeceres são de tirar o fôlego ―ainda que esta lindíssima imensidão camufle importantes rotas do narcotráfico. Para o olho acostumado à cidade, pode parecer que pouco mudou nesta região nos últimos séculos, mas os moradores mencionam espécies de animais que já não são mais vistas, praias fluviais cada vez mais amplas na temporada de seca, e grandes enchentes na época de chuvas.

A saúde do planeta depende em boa medida das 150 famílias de Punã (uma aldeia imensa em comparação com suas vizinhas), de outras comunidades ribeirinhas e dos indígenas que vivem na Amazônia, porque desempenham um papel essencial na preservação da maior floresta tropical do mundo.

Fração recorda da época em que o quilo do açaí era vendido a seis centavos. “Você lembra?”, diz a outro morador, que comenta: “Quando comecei eram 12 centavos”. Parece que estão falando dos seus antepassados, de uma vida que nem conheceram. Agora vale cinco reais o quilo. Mas tudo está regulado para que o negócio seja ecologicamente sustentável. A comunidade se aliou à Fundação Amazônia Sustentável (FAS) para driblar os intermediários que reduzem os lucros dos produtores de açaí, pirarucu ou farinha de mandioca, um item básico da alimentação amazônica. A FAS, que convidou este jornal a visitar Punã, tem projetos diversos em mais de 500 comunidades. Alguns deles consistem em impulsionar negócios sustentáveis que contribuam para manter a floresta em pé e melhorem a vida de quem a cuida.

Uma aldeia nas margens do rio Amazonas entre a aldeia de Punã e a cidade de Tefé.

Uma aldeia nas margens do rio Amazonas entre a aldeia de Punã e a cidade de Tefé.

Outro produto local, o pirarucu, protagoniza uma das maiores histórias de sucesso da Amazônia. Esse grande peixe esteve prestes a extinguir-se depois que a chegada das lanchas a motor fez a pesca disparar. Então uma aliança entre ciência e tradição conseguiu recuperar sua população, a ponto de transformá-lo em uma iguaria presente nos cardápios de restaurantes sofisticados do Rio, São Paulo ou mesmo do exterior. E sua suave pele é usada em belas bolsas vendidas em lojas elegantes, que se orgulham de apoiar a sustentabilidade.

Um pesquisador da reserva natural de Mamirauá, visível à distância no horizonte, na margem em frente, descobriu que os ribeirinhos tinham um eficaz método ancestral para contar esses peixes gigantes de escamas avermelhadas que, coisa rara, saem para respirar a cada 20 minutos. Esse instante basta aos pescadores tradicionais para contá-los e saber se são filhotes ou adultos, explica Pedro Nassar, do Instituto Mamirauá. Essa contagem tradicional, de altíssima precisão, serve de base para a administração de quotas que permitiram a sobrevivência de uma espécie que esteve à beira da extinção.

“O pirarucu é 100% orgânico, alimenta-se de frutos silvestres”, destaca Raimon Rodrigues, um homenzarrão de 28 anos que preside a associação de moradores da reserva Mamirauá. “A margem de erro na contagem é de 2% a 5%, e podemos pescar 30% dos adultos para manter o estoque”, conta. Seu pai era pescador; ele estudou na cidade, mas voltou à aldeia. E agora defende os interesses dos seus, incluídos os 1.100 pescadores de pirarucu que podem pescar o ano todo para suas famílias, mas só durante três meses para o comércio. Planejam comprar um barco com freezer.

Estes produtos são uma via para gerar renda de forma lícita em uma região remota, na qual o Estado está pouco presente e as atividades ilegais são muito lucrativas. Cada família tira quase 2.000 reais por colheita de açaí, quase 3.000 reais com a farinha de mandioca, e 3.700 reais com o pirarucu. Mas o caminho desse rincão amazônico até o cliente é tortuoso e infestado de vorazes intermediários. “Queremos que vocês enriqueçam aqui, é como se estivessem sentados sobre uma grande mina de ouro”, diz Virgilio Viana, de 60 anos, o superintendente da FAS, a vários moradores de Punã que são os alunos do primeiro curso de técnico em gestão sustentável, promovido pela organização em parceria com o Governo do Amazonas. Embora os membros da comunidade estejam vacinados, todos usam máscara, como mandam estes tempos de pandemia.

A ideia é que desenvolvam projetos que lhes permitam prosperar na terra de seus antepassados, contendo o êxodo para a cidade. Os adolescentes daqui contam que nadar nos igarapés é o grande programa dos finais de semana. Entre os alunos, há muitos jovens recém-saídos da escola, mas também adultos valentes, como Luciane do Nascimento. Aos 34 anos, com oito filhos e dois netos, está entusiasmada por retomar os estudos. Diz que “cultivar sem desmatar é mais trabalhoso, mas dá para fazer”. O desmatamento ilegal e outros crimes ambientais vêm de longe, mas dispararam desde que o presidente Jair Bolsonaro chegou ao poder. Para ele, o meio ambiente é um entrave ao aproveitamento das riquezas naturais que permitiriam tirar a Amazônia da pobreza.

Francisca Miguel fabrica farinha en Punã.

Francisca Miguel fabrica farinha em Punã. 

Francisca Miguel, simpática, carismática e sempre com os óculos tortos, tem 63 anos. Cresceu nos tempos em que os barcos que atracavam na aldeia eram a vapor. Recorda bem quando alguém lhe falou pela primeira vez de sustentabilidade. Foi há alguns anos, quando os moradores da comunidade começaram a receber um pequeno pagamento como contrapartida por não desmatarem a floresta. “Desde então, não faço mais”, diz, solene. Esse dinheiro ajuda a pagar as contas, mas seu grande feito foi conscientizar os moradores. Pouco a pouco, espalha-se a ideia de que “a floresta é mais valiosa de pé do que destruída”. É um slogan que Viana bolou antes de criar a FAS, quando era secretário de Meio Ambiente e Desenvolvimento Sustentável do Amazonas ―uma frase que ambientalistas, agentes de cooperação internacional e até alguns produtores de soja adotaram.

Quando dona Francisca era pequena, a borracha já era história, mas o patrão ainda enriquecia à custa de manter os caboclos semiescravizados. Não a ela, que foi criada como faxineira pela família do senhor Gama, a qual detinha o monopólio de tudo que era comprado e vendido em Punã. Expulsava da aldeia quem tentasse lhe fazer concorrência. Após décadas estragando as costas para colher mandioca e batê-la no pilão, e de educar os oito filhos, dona Francisca ainda luta contra esses intermediários que compram sua produção barata e a vendem cara à clientela.

Vista de uma casa às margens do rio Amazonas na aldeia de Punã.

Vista de uma casa às margens do rio Amazonas na aldeia de Punã.

Ela e seus vizinhos estão envolvidos em mil projetos para que seus negócios sustentáveis lhes rendam mais. Seu marido insiste para que se aposente, mas ela não tem essa intenção. “Se não faço farinha, adoeço”, diz, agitando a peneira. Dedica todas as suas energias a adaptar-se às normas de produção necessárias para ter o selo de denominação de origem, o que daria “mais valor agregado” à produção que a aldeia empacota e vende com sua marca própria.

Viana aposta em oferecer novos horizontes aos brasileiros da Amazônia. “Frequentemente a visão externa, do sul do Brasil ou do exterior, é que o desmatamento é um caso de polícia, quando o que eu acredito é que precisamos cuidar das pessoas que cuidam da floresta tropical. Esse é outro slogan que eu inventei. Não adiante investir em bioeconomia se eles não tiverem água potável ou se houver prostituição infantil.”

 

[Fotos da autora – fonte: http://www.elpais.com]

¿Sigue siendo importante la sostenibilidad del vino? Con esta pregunta Lulie Halstead, de Wine Intelligence, nos adelanta algunas de las claves del mercado del vino en Estados Unidos que se pueden extraer del informe « Opportunities for sustainable and organic wine in the US market 2021 », elaborado por la consultora británica.

La respuesta, según Halstead, es sí, aunque las percepciones de los consumidores sobre lo que constituye la ‘sostenibilidad’ en el vino están evolucionando desde la pandemia, e interrelacionándose con otras cuestiones de tipo ético.

La CEO de Wine Intelligence explica en un nuevo artículo publicado en su sitio web que el consumo sostenible es una tendencia que viene de la mano del consumo local, y se trata además de una corriente que ocurre no solo en los EE.UU. sino también en otros mercados.

« Los consumidores conocen bien los beneficios ambientales de comprar productos locales, como menos kilómetros y una cadena de suministro más pequeña y transparente », señalando que este cambio de hábito se ha manifestado especialmente a partir del año 2020.

Cuando se trata de saber quién está liderando esta nueva economía hacia la sostenibilidad, parece que « son los bebedores de vino masculinos quiénes tienen una mayor conexión con la sostenibilidad que las bebedoras de vino », añade, « con una mayor proporción de hombres que afirman que están dispuestos a gastar más en un producto sostenible ».

Por edades, « son las generaciones más jóvenes (Gen-Z y Millennials) los que están significativamente más conectados con la sostenibilidad en el vino », revela Halstead.

Ahora bien, el gran reto que plantea la consultora es como pueden hacer frente a este cambio los mercados del vino. Es decir, ¿cómo exportar y vender vino a miles de kilómetros, cuando los consumidores buscan precisamente lo contrario, vinos locales y con pocas emisiones que dañen al medio ambiente. « ¿Cómo puede un negocio del vino superar el localismo en los mercados de exportación? », señala la CEO.

La respuesta a este desafío podría estar en la propia naturaleza del vino. « Dadas las asociaciones positivas que los consumidores ya tienen con el vino y las asociaciones generales con el vino como producto natural, quizás una forma de que los exportadores superen el movimiento hacia el localismo sea reiterar los elementos ‘naturales’ de nuestra categoría », explica y añade para concluir que, « quizás un desafío clave, y una oportunidad, para el vino radica en el hecho de que los bebedores de vino creen actualmente que el vino, particularmente el vino en botellas de vidrio, ya es ‘sostenible’, en comparación con otras categorías de bebidas. De hecho, indicar que un vino es natural en la etiqueta frontal aumenta un 8% la probabilidad de compra entre los bebedores de vino de EE. UU ».

¿Cómo está afectando al mercado español el consumo sostenible?

A falta de informes concretos del sector del vino sobre el consumo sostenible, la consultora Accenture ha publicado recientemente algunos datos que pueden arrojar algo de luz al respecto.

En este sentido, 6 de cada 10 consumidores españoles realiza compras más ecológicas, sostenibles o éticas desde la pandemia, según esta firma de servicios.

En concreto, « el 60% de los consumidores afirma realizar compras de marcas socialmente responsables desde que estalló la pandemia del coronavirus, y es probable que 9 de cada 10 consumidores continúe haciéndolo después de la pandemia », aseguran desde Accenture. Unos datos muy similares a los del Informe de Wine Intelligence, en los que señalaban que el 58% de los bebedores habituales de vino dicen que se preocupan por el cambio climático y están tomando medidas para reducir su impacto personal, mientras que casi la misma proporción de bebedores habituales de EE. UU. (56%) eligen productos locales.

En cualquier caso, lo que parece claro es que el coronavirus ha cambiado las prioridades de los consumidores hacia productos más sostenibles, ecológicos y locales. « En muchos casos, los usuarios han aprovechado la pausa vital causada por la pandemia para reflexionar sobre el propio consumo, provocando una tendencia creciente hacia el consumo a nivel local, de forma consciente y con conciencia sobre los costes y el impacto medioambiental. En este sentido, el 56% de los usuarios compra en tienda de barrio o productos de origen local, y 8 de cada 10 personas encuestadas afirma tener la intención de continuar con estos hábitos de consumo cuando la nueva normalidad sea una realidad », revelan desde Accenture.

Además, desde la consultora señalan las cinco claves para mejorar la posición de las marcas ante esta nueva tendencia: « Tener un propósito de marca diferenciado, conocer a los clientes, humanizar las relaciones en la omnicanalidad, reinventarse o morir y rediseñar las dinámicas para orientarse al cliente, como son la nueva psicología de cliente y acercamientos más personalizados ».

 

[Fuente: http://www.vinetur.com]

 

 

Mexicanos crean techos verdes, más ligeros y capaces de reducir la temperatura hasta en 15°, a la par de cuidar del medio ambiente.
techos verdes mexicanos

Las cubiertas verdes se han convertido en una alternativa para viviendas sostenibles, se usan con el objetivo de mejorar el hogar y sus características. No obstante, suelen ser muy pesados y esto representa un impedimento para aquellos que desean incorporarlas. Pero por primera vez mexicanos han creado techos verdes ligeros que son capaces de refrescar más de 15°, una alternativa viable para los amantes de la naturaleza citadina.

techo plantas

Los techos o azoteas verdes son sistemas sustentables y ecofriendly que ayudan al cuidado del medio ambiente, a la par de dar un toque muy natural al hogar. Pero tienen un impedimento y es que generalmente suelen ser muy costosos y pesados, por lo que se requieren condiciones especiales para incorporarlos. Casi se han convertido en un lujo que solo aquellos más afortunados pueden costear.

techos verdes mexicanos

Mexicanos crean techos verdes ligeros y a bajo costo

El ingenio mexicano se destaca por volver lo impráctico en práctico, y gracias a esto ahora los techos verdes son accesibles para todo aquel que lo desee. Pensando en esto y en ayudar al medio ambiente, los mexicanos han creado techos verdes ligeros. Tras una exhaustiva investigación que demoró 12 años, un grupo de especialistas de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) crearon su propio modelo de techo verde al que nombraron Domotej, una estructura vegetal que es capaz de refrescar hasta 15°.

techos verdes mexicanos

El sistema incluye el mejoramiento de desempeño térmico y es apto para utilizarse en climas tropicales. Sus características ofrecen algunas ventajas sobre los sistemas tradicionales, ya que requiere menor inversión y se puede construir progresivamente por el mismo usuario. Lo que resulta todavía más especial, además de las ventajas térmicas que representa, la propia construcción abre la posibilidad de reconectar con la naturaleza.

El funcionamiento de Domotej está basado en la ganancia térmica directa generada por la radiación solar. El sistema complejo permite que la ganancia térmica se elimine, al igual que el albedo, es decir, el porcentaje de radiación que reflejan las superficies respecto a la radiación que incide sobre ellas. Con esto, se logra la disminución de la temperatura y a la vez, la vegetación que vive en el techo ayuda a purificar el aire.

techo verde

¡Más plantas en el planeta!

Más plantas siempre son bienvenidas, es lo que más necesita el planeta justo en estos momentos tan críticos de calentamiento global. Pero también cabe resaltar que este tipo de sistema busca cuidar de las plantas, por ello se recomienda plantar especies endémicas que se adapten bien al medio ambiente.

techos verdes mexicanos

Si lo miramos más a fondo, la regulación de la temperatura es solo un medio para aprovechar y equilibrar otros aspectos descuidados de las ciudades. Un techo verde aprovecha el agua de lluvia, así que se reduce la velocidad de caída y evita las encharcamientos, además los impermeabilizantes ya no serán necesarios.

La naturaleza actúa de manera perfecta y es la mejor vía para equilibrar nuestros espacios aun en medio de la ciudad.

[Fotos: Techos Alternativos – fuente: http://www.ecoosfera.com]

El reciente fallecimiento de Humberto Maturana Romesín, el pasado 6 de mayo, no solo es la partida de uno de los científicos más importantes del siglo XX, sino quizás una de las figuras sentipensantes más emblemáticas en lo que refiere la crítica del racionalismo moderno.

 

Escrito por Andrés Kogan Valderrama*

El reciente fallecimiento de Humberto Maturana Romesín, el pasado 6 de mayo, no solo es la partida de uno de los científicos más importantes del siglo XX, sino quizás una de las figuras sentipensantes más emblemáticas en lo que refiere la crítica del racionalismo moderno.

Sus investigaciones junto a Francisco Varela, en la década de los 70, lo llevó a construir la teoría de la autopoiesis, la cual lo pudo llevar a ganar el premio Nobel, al plantear la idea revolucionaria de que los sistemas vivos se producen a sí mismos, dejando en jaque la idea de objetividad de la ciencia y la autonomía de la razón.

En lo que respecta a su influencia, ha sido crucial su aporte a distintos campos del saber, como son los casos de la educación, comunicación, cibernética, antropología, sociología, psicología y las ciencias de la vida, en donde autores como Niklass Luhmann, Vittorio Guidano, Gregory Bateson y Fritjof Capra, entre muchos otros, han planteado lo fundamental que han sido sus aportes para el desarrollo de un constructivismo radical, cuestionador de las tradicionales dualidades modernas, como lo son objeto-sujeto, cuerpo-mente, razón-emoción, salud-enfermedad, cultura-naturaleza.

De ahí que su mirada siempre haya sido transdisciplinaria, posracionalista y muy crítica de concepciones del mundo reduccionistas provenientes de la ciencia objetivista y de filosofías antropocéntricas. No por nada, su desarrollo de una biología del conocer y del amor en los últimos años que vivió, en estrecha colaboración con Ximena Dávila en el Instituto de Formación Matríztica, buscaba incesantemente situarse desde un paradigma relacional y amoroso, en donde la empatía, el cuidado, la reflexión desapegada de certezas, la confianza y la convivencia democrática fueron sus horizontes hasta el día de su muerte.

Asimismo, es imposible no nombrar a quizás su máximo referente, su propia madre, Olga Romesín, de formación aymara, con quien aprendería que lo más importante en la vida es el colaborar y el compartir en comunidad. Por eso su fuerte crítica al fundamentalismo de grandes ideologías totalizantes, supuestamente liberadoras, que derivarían en la práctica en meras doctrinas que han imposibilitado la reflexión y a un buen convivir.

Es desde ese lugar que Maturana manifestó siempre su crítica a modelos políticos centrados en la competencia, en la negación del otro, a través del racismo, machismo, clasismo, y de un desapego completo de la Madre Tierra, como si fuéramos los únicos seres vivos, lo cual nos tiene en una crisis climática que está poniendo en riesgo la condiciones mínimas de vida en el planeta.

No es casualidad, por tanto, que durante el estallido social de octubre del 2019 en Chile, que derivaría en una histórica revuelta popular en el país y un inédito proceso constituyente, Maturana haya planteado que “El llamado estallido social fue una queja por no ser visto. Porque el Estado no estaba cumpliendo con el compromiso fundamental de ocuparse por el bienestar de toda la comunidad. Y esto tiene que ver con el trasfondo de esta cultura centrada en la competencia” (1).

Esta fue una de las últimas reflexiones que planteó Maturana sobre lo que estaba ocurriendo en Chile antes de morir, la cual sintoniza y se entrelaza completamente con lo que vienen planteando los distintos movimientos sociales en Chile (feminista, indígena, socioambiental, regional, estudiantil), en tanto no solo una crítica al modelo neoliberal y al fundamentalismo de mercado que se impuso en dictadura y se profundizó en los últimos 30 años, sino también en la búsqueda de un nuevo Estado y sociedad, centrado en la colaboración y en la confianza.

Por lo señalado anteriormente, con la elección de constituyentes el 15 y 16 de mayo en Chile, se abre una nueva posibilidad de construir un país distinto, en donde nos pensemos por primera vez el tipo de convivir que queremos tener, sin exclusiones, donde la interculturalidad, sustentabilidad, la diversidad sexual, la equidad de género, el derecho a la diferencia y los buenos vivires, se concreten en un nuevo marco institucional, que permita vincularnos de otra manera.

Han sido décadas de abusos, maltratos y abandono del Estado a sus ciudadanos y al resto de los seres vivos, por lo que tomar en serio las reflexiones de Humberto Maturana Romesín, puede ser un buen aporte para construir un horizonte más democrático.

Nota:

(1) https://www.cnnchile.com/pais/humberto-maturana-democracia-frases-estallido-social_20210506/


* Andrés Kogan Valderrama es sociólogo en Municipalidad de Lo Prado, doctorando en Estudios Sociales de América Latina e integrante de Comité Científico de Revista Iberoamérica Social. Es miembro del Movimiento al Buen Vivir Global https://buenvivir.global/ y director del Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org

 

 

[Foto: El Ciudadano – fuente: http://www.servindi.org]

La European Right to Repair Campaign, Halte a l’Obsolescence Programme i eReuse exposen iniciatives i demandes per augmentar la durabilitat dels productes electrònics al Mobile Social Congress.

"Dena doing repairs on her phone" de dam (CC BY 2.0) Font: Dam (CC BY 2.0)

Escrit per Carla Fajardo

Reparar els nostres dispositius electrònics, reutilitzar-los i exigir a les empreses un compromís contra l’obsolescència programada, abans de recórrer al reciclatge. El Mobile Social Congress organitzat per Setem recorda quins mecanismes tenim les organitzacions i la ciutadania per allargar la vida dels productes electrònics, que tenen un impacte en el medi ambient i en la situació de les persones treballadores als països d’extracció de minerals i de fabricació.

A la llarga, la reparació pot estalviar al consumidor uns 200 euros depenent del dispositiu, diu Chloé Mikolajczak, de European Right to Repair Campaign. Nascuda el 2019, la coalició d’organitzacions europees que lluiten pel dret a la reparació compta amb la participació de xarxes de reparació, persones reparadores professionals, ONGs i diversitat de membres.

Consideren que els productes han de ser dissenyats perquè durin i siguin reemplaçats quan sigui necessari de tal manera que permetin desmuntar i reparar els seus components. Mikolajczak assenyala el preu com una de les principals barreres de la reparació: « No té sentit reparar quan te’n pots comprar un de nou ». Per això, treballen en un fons de reparació per retallar despeses amb aportacions de les organitzacions col·laboradores.

Demanen que es reguli i s’abordi la reparació des de la política europea, que ho està començant a tractar des de l’ecodesign. « Sobretot la dels softwares que impedeixen reparar molts productes », explica.

D’altra banda, Laetitia Vasseur, de Halte a l’Obsolescence Programme (HOP), ha explicat que hi ha diversos tipus d’obsolescència programada, que qualifica de « crim jurídic »:

  • Tècnica. Per exemple, quan el xip de la impressora ens diu que no hi ha tinta encara que en quedi.
  • Software. Per exemple, quan et descarregues un nou sistema operatiu que detecta que un ‘software’ no està fet per la pròpia empresa o no pots actualitzar-lo.
  • Cultural i psicològica. És la que exerceix la pressió social de la publicitat, que ens transmet el missatge que « encara que funcioni ja no està de moda ». En aquest sentit, Vasseur reclama més control: « Té un discurs global d’economia circular, però diu que compris cada vegada més. La incitació al consumisme no és compatible amb un futur sostenible« .

HOP ha portat als tribunals Apple i Epson per aquest tipus de pràctiques i treballa en un índex de reparabilitat i durabilitat per incentivar la transparència de les empreses i donar detalls de sostenibilitat a les persones consumidores. « Per què no sabem les hores que hem passat davant de l’ordinador o els cicles que hem fet amb la rentadora? Aquesta transparència ens ajudaria a fer un millor manteniment dels productes », diu Vasseur.

A Catalunya, també volem saber quants anys poden durar els nostres dispositius. EReuse aplega entitats locals que treballen per donar una segona vida als dispositius, forma part de la campanya del dret a decidir i lluiten contra l’obsolescència programada. Està formada per centres federats de reparació com Solidança o Andròmines, que treballen a través d’una aplicació de programari lliure que monitoreja el trajecte dels productes.

David Franquesa, participant de l’organització, comença la ponència amb una imatge de la nau espacial Orion de la NASA que va utilitzar una tecnologia que va durar dotze anys basada en la fiabilitat. « Per què no veiem el planeta com una nau espacial on utilitzem els nostres finits recursos infinites vegades? », es pregunta Franquesa, després d’haver comprovat amb dades que les persones consumidores valorem més la durabilitat que les noves funcionalitats.

Per saber quan duraran els nostres dispositius investiga la durabilitat dels productes que s’han utilitzat fins ara a través d’observacions de les persones consumidores. L’objectiu és un etiquetatge que doni informació a les persones consumidores per tal que puguin premiar fabricants que en el passat han fet productes mes durables.

« Fins ara les dades ens parlaven del processador, el futur són etiquetes d’impacte: si s’ha reutilitzat, la qualitat, els materials que s’han fet servir i, ¿per què no? La durabilitat », afirma, i afegeix: « Això pot generar un canvi sistèmic ».

 

 

[Foto: CC BY 2.0 – font: http://www.xarxanet.org]

Carlos Hermenegildo

Publicat per Anna Mateu i Martí Domínguez

La pandèmia del coronavirus va agafar per sorpresa tota la societat a començament de 2020. Per a les universitats va representar de colp un canvi total en l’organització de la docència i en la investigació per al qual ningú estava preparat. Quan està a punt de complir-se l’any de la declaració de l’estat d’alarma i de l’inici del confinament domiciliari que es va allargar fins a juny, conversem amb Carlos Hermenegildo (Osca, 1966), vicerector d’investigació de la Universitat de València i catedràtic de Fisiologia, perquè ens explique com s’ha gestionat la crisi sanitària des de l’àmbit universitari, però també perquè ens oferisca el seu punt de vista com a especialista en salut sobre tot el que ha portat amb si la pandèmia.

El segon quadrimestre del curs 2019-2020 havia començat amb normalitat quan, de sobte, va haver de passar a impartir-se totalment en línia. Els laboratoris i els centres d’investigació de la universitat es van veure obligats a tancar les portes fins a l’estiu, a excepció d’aquells relacionats directament amb la investigació en coronavirus. Tota la comunitat universitària va fer un enorme esforç d’adaptació per a poder continuar duent a terme les activitats universitàries de la manera més eficaç possible. Un any després, amb un nou estat d’alarma, i a l’espera de l’arribada de la vacuna a tota la població, la situació encara està lluny de ser la d’un curs universitari habitual.

De tots aquests mesos, el professor Carlos Hermenegildo destaca el compromís que la comunitat universitària ha demostrat amb la societat, i lamenta la visió negativa que s’ha oferit de vegades de l’alumnat universitari. «La universitat ha sigut un lloc segur, i la immensa majoria de l’alumnat s’ha comportat de manera exemplar, igual que la major part de la societat», subratlla el catedràtic.

Carlos Hermenegildo

Quins reptes ha suposat la pandèmia des del punt de vista de la gestió universitària?

Al març la prioritat va ser salvar la docència. Passar d’una modalitat presencial a haver d’utilitzar unes tecnologies que no estaven ni tan sols posades a punt va implicar molt d’esforç per part nostra, però sobretot per part del professorat i l’alumnat. En aquell moment, quan ens trobàvem en el confinament més estricte, es va paralitzar totalment la investigació, cosa amb la qual personalment no vaig estar d’acord. Vam aconseguir mantenir oberts uns quants centres i laboratoris que investigaven sobre COVID, però ens va costar molt. Vam rebre moltes crítiques per part dels investigadors, i pense que d’una manera justificada. No era el mateix un investigador en ciències socials o en humanitats, al qual se li podia facilitar l’accés a bases de dades o xarxes per a poder continuar treballant, que aquells que havien de seguir amb els seus experiments en el laboratori i no van poder fer-ho. Ací és on vam trobar més dificultats des del principi, perquè legalment no estava permès dins de l’estat d’alarma.

Com és la nova normalitat a la universitat?

Des de l’estiu, des del punt de vista de gestió de la investigació ha sigut un poc més senzill. Els laboratoris estan oberts, amb restriccions d’aforament i algunes dificultats produïdes per la pandèmia, però s’ha pogut mantenir la investigació. Fins i tot ara quan es parla de disminuir la presencialitat, tothom entén que els laboratoris i la investigació no han de tancar. Els que considerem que la investigació és una activitat essencial estem més tranquils en aquest sentit. Però després la part de gestió administrativa i de la docència continua sent complicada. Per molt bé que puguem realitzar el teletreball, no és el mateix fer les teues gestions des del teu lloc de treball i interaccionant de manera normal amb la resta de companys i serveis, que treballar des de casa i dependre d’altres vies. A més, la pandèmia afecta tothom i, per exemple, enguany teníem diverses infraestructures científiques en construcció o pendents de dotar amb instruments, i molts subministraments no poden arribar, amb la qual cosa tot s’alenteix i estem tenint dificultats per a complir els objectius de realització dels projectes, malgrat l’ampliació dels terminis en investigació. Tot això està desesperant els investigadors i també ens desespera a nosaltres.

Quin impacte tindrà a mitjà i llarg termini en els resultats de la investigació?

Hem observat en la Universitat i en altres centres associats que probablement en la memòria d’investigació de 2020 no es notarà tant, perquè hi ha hagut molts investigadors que han publicat tot el que tenien pendent i per tant la producció científica no es veurà massa minvada. Però és clar que en els pròxims anys es notarà. Els laboratoris han estat tancats durant mesos, i des de l’estiu no estem treballant a un rendiment normal, per totes les restriccions i dificultats associades. Ara bé, una de les coses de les quals estem més orgullosos com a institució, i és una sensació compartida amb totes les universitats i centres d’investigació, és de la resposta que hem donat a la pandèmia. A la Universitat de València hi ha hagut més de 60 projectes d’investigació, sols o en col·laboració amb altres institucions sanitàries, amb el CSIC o altres universitats, que s’han posat en marxa per a dissenyar protocols d’actuació, aparells, màscares, kits de diagnòstic. Hi ha hagut un esforç molt generós per part del personal d’investigació, més enllà dels seus horaris i de les limita­cions de la mateixa Universitat. Els grups d’investigació i els centres han entès que era un moment de molt d’estrès i de molta necessitat, i els investigadors i treballadors de la universitat han respost molt més enllà del que se’ls podia exigir.

Pensa que la societat ha percebut aquest esforç i la importància de la investigació que s’ha realitzat des de la Universitat de València?

Sospite que no, però això és més aviat culpa nostra com a institució. A la Universitat de València hi ha aspectes a millorar, però trobe també que no sabem destacar allò que fem bé. Però, com dic, durant la pandèmia s’han fet moltes coses, i no sols des dels grups de bioquímica o virologia que podien estar més relacionats amb el coronavirus. En àrees com ara economia, dret, cièn­cies socials o psicologia, per posar alguns exemples, s’han adaptat les línies d’investigació per a ajudar en la pandèmia. Per no parlar de tot el personal que és sanitari, personal mèdic, d’infermeria, de fisioteràpia… que han estat treballant en primera línia. Així que la satisfacció està ací, si el reconeixement social del paper de les universitats no es correspon, haurem de millorar-lo també. Hem d’aprendre a vendre millor la nostra activitat, no sols durant la pandèmia, sinó el paper que realitzem en investigació en general.

Arran de la pandèmia, allò que sí que s’ha produït és una major visibilitat social de la ciència, i també d’alguns problemes que els investigadors fa anys que denuncien, com ara la precarietat. Pot ajudar aquesta visibilització a solucionar les mancances del sistema?

Crec que la societat en general reconeix la importància de la investigació, però sóc prou escèptic amb la possibilitat que açò es traduïsca en millores de la situació laboral o en un millor finançament. Ara mateix és més fàcil aconseguir el millor aparell del món per a fer investigació que aconseguir un contracte d’un tècnic per als pròxims cinc o deu anys perquè el pose en marxa i li traga profit. I ací, tant des de l’administració estatal i l’autonòmica com des de la de la mateixa universitat, no som capaços de donar resposta a aquestes situacions. Disposem d’infraestructures molt bones, que possiblement no tenen res a envejar a altres universitats similars, però tenim un problema amb el personal tècnic i d’investigació, que està mal pagat i té males perspectives laborals. Estem molt lluny de països del nostre entorn quant a inversió i a retorn de la investigació.

Carlos Hermenegildo

Aprendrem alguna cosa d’aquesta crisi sanitària com a societat?

Sóc de naturalesa optimista, i trobe que ara tenim una oportunitat. Les ajudes europees ens proporcionen una part dels diners necessaris per a canviar l’economia i la manera de fer les coses. Ara bé, no sé si serem capaços de fer-ho i promoure un canvi substancial. És evident que les pandèmies que vindran seran fruit del canvi climàtic i altres problemes ambientals com la desforestació. Malalties com la sida, l’ebola o la COVID-19 són provocades per virus provinents d’animals salvatges amb els quals pràcticament no havíem interaccionat, però que ara han de conviure amb nosaltres perquè destruïm els seus hàbitats o envaïm els seus espais. Tant de bo férem un esforç de veritat per a aconseguir una economia i unes fonts d’energia sostenibles, a les quals en teoria estan enfocades les ajudes de reconstrucció econòmica.

Què podem fer des de la universitat per a contribuir a aquest canvi de model?

En primer lloc, intentar convèncer els gestors de les diferents administracions perquè les ajudes es destinen a canviar les formes de producció, de generació d’energia, de comunicació, etc. Per exemple, el teletreball pot tindre una part negativa per al nostre dia a dia dins de la universitat per la falta de contacte, però també té aspectes positius, com una reducció de la pèrdua de temps, dels desplaçaments i, per tant, de la petjada de carboni de la nostra activitat. Es pot intentar millorar, i això exigeix un procés de digitalització i de millora de les comunicacions. La digitalització, de fet, és un repte per a l’àmbit de la investigació, però no sols per a la universitat, també per a l’estat i probablement per a la Unió Europea, perquè ens facilitaria molt el treball. Estem en un sistema garantista de control absolut dels fons, en el qual en comptes de confiar en l’investigador se li exigeix contínuament que demostre que està utilitzant bé aquells fons, la qual cosa implica una pèrdua de temps terrible. Podríem canviar molt la gestió en aquest sentit, per a estalviar temps i poder-lo dedicar al que realment ens agrada, que és investigar.

Tanmateix, en lloc d’estar promovent-se un debat se­­riós sobre un possible canvi de model, fa l’efecte d’estar desitjant tornar al sistema anterior el més ràpidament possible. Som excessivament curtterministes?

Fixeu-vos, un dels problemes que ha posat de manifest la pandèmia és que no teníem mascaretes a Espanya ni pràcticament a Europa, perquè no es produïen ací. És absurd. Ara ja estem fabricant-ne, i pràcticament al mateix preu que si venen de la Xina. Així que econòmicament a mi em costa entendre-ho. Necessitem ser capaços de mantenir l’agricultura, la indústria i els serveis. La pandèmia obre moltes possibilitats, perquè una de les coses que trobe que es quedarà serà l’ús de les noves tecnologies per a treballar, per a comunicar-nos i per a relacionar-nos, i cada vegada tindrà menys sentit viure concentrats en quatre ciutats d’Espanya. Moltes activitats laborals serà possible realitzar-les a distància i això té molts avantatges per al territori i el medi ambient. Des de la universitat pense que hauríem de fer un esforç per encaminar estudis en aquest sentit, i des dels governs realitzar accions perquè això tinga un impacte real en la societat, des d’un punt de vista econòmic, ecològic, productiu, i també humà. Però sembla que, en lloc de treballar per una economia més diversificada o amb major valor afegit, com a societat el que estem esperant és que tornen els turistes. A curt termini és el més eficaç, però a mi em preocupa aquesta situació. Si tornem a tenir 70 milions de visitants, l’economia millorarà, però a llarg termini no és ni sostenible ni raonable.

Carlos Hermenegildo

Un debat que s’ha plantejat també és el del model biofarmacèutic arran del desenvolupament de les vacunes i els problemes de producció. Hi ha alternatives al model actual?

És un problema amb molts matisos. Per a les companyies farmacèutiques, com per a qualsevol empresa, la premissa és guanyar diners. I per a això necessiten tenir una patent que els permeta rendibilitzar el que han invertit en investigació, que és molt. El que ocorre és que, en els últims anys, el nombre de farmacèutiques internacionals s’ha reduït de manera considerable, fins a formar pràcticament un oligopoli amb el qual és difícil negociar. Són capaços de doblegar estats importants en aquest sentit. La col·laboració publicoprivada fun­ciona, sobretot en situacions de molta emergència. Però la producció de fàrmacs per part dels estats, excepte a Rússia o la Xina, no ha avançat el que es necessitava. A Espanya hi ha hagut alguns intents en el passat, però es van limitar a comprar patents i produir fàrmacs barats. Així que, en aquest moment, el que tenim és un problema de subministrament de vacunes. Cal tenir en compte que fabricarem vacunes durant un any o dos, i després ja no seran necessàries, o almenys no en les quantitats en les quals es requereixen en el moment actual, així que a les empreses no els ix rendible invertir per a produir a un nivell que en uns anys no els farà falta. És molt fàcil condemnar les companyies farmacèutiques, però sense elles no tindríem la vacuna. És una situació complexa, perquè, a més, hi ha molts països que tindran molts problemes per a adquirir-les, amb la qual cosa la solidaritat internacional ací sí que tindrà un paper important. Però demanar-los solidaritat a les grans empreses és molt més complicat.

A Espanya s’estan desenvolupant diverses vacunes, però el problema és traslladar després els resultats al sector empresarial i al mercat. És viable una vacuna espanyola?

Les vacunes que s’estan investigant a Espanya són quasi totes públiques, les està desenvolupant el CSIC o universitats públiques, soles o en col·laboració. Però si s’aconsegueix una vacuna que funcione i que millore les que ja tenim, és a dir, que siga més eficaç o que tinga menys efectes adversos, el problema serà la fabricació. Si tenim vocació que servisca per a altres països s’haurien de buscar col·laboracions o acords amb farmacèutiques. A Espanya no tenim aquesta capacitat de producció, i això és un problema de visió a llarg termini i de sostenibilitat del sistema. No depenem només de les patents, sinó de la capacitat de producció i distribució d’altres països.

Des de la comunitat científica, ha de fer-se una autocrítica també de la manera com s’ha gestionat i comunicat la pandèmia? S’han transmès missatges confusos a la població?

Hem fallat com a comunitat científica. Però també és prou evident que això ho sabem ara. Les primeres notícies que van arribar des de Xina era que havien tingut 20 casos i que s’havia confinat una ciutat de 10 milions d’habitants, i semblava desproporcionat. Si mirem cap enrere, pràcticament tots els epidemiòlegs es van equivocar, excepte alguns que des del començament van avisar que això anava a ser terrible i són els que ara diuen «jo ja ho vaig dir». Però ara és més fàcil veure que ens hem confós. Cal tenir en compte que els temps en ciència no són els temps del virus. Fins que es té una evidència científica suficientment establerta passa molt més temps, i cada setmana calia prendre una decisió política o de gestió. En un any hem après moltíssim del virus, sobre epidemiologia, genètica i s’han desenvolupat diverses vacunes en pocs mesos, que ha sigut una fita científica de primer ordre. És veritat que s’ha fallat en comunicació, però també és cert que no és gens fàcil informar en temps real de la pandèmia. Hem seguit quasi en directe tot el desenvolupament de les vacunes, fins al punt que s’entrevistava els voluntaris dels assajos per a veure com es trobaven, s’analitzaven els símptomes, etc., quan és una situació habitual en qualsevol tipus d’assaig clínic. I aquesta sobreinformació ha dut a errors, i també al fet que la població fóra conscient de la manera com canviaven alguns missatges. Qualsevol persona de ciències sap que les veritats no són immutables i que el que avui és veritat demà es pot demostrar que no ho era. No obstant això, la societat el que demanda són veritats inamovibles.

En aquest sentit es parla d’una infodèmia, d’una pandèmia d’informació i de notícies falses. És important que la Universitat de València, a través de revistes com Mètode, cree el seu propi contingut i intente contrarestar d’alguna manera aquesta informació que ens arriba a través de les xarxes socials?

La veritat és que a mi em sorprèn molt la facilitat amb què com a societat ens creiem determinades mentides amb un cert to científic. I sí, per descomptat tenim una labor important per a combatre-les des de l’àmbit universitari. He pogut assistir a algunes reunions de la CRUE [Conferència de Rectors de les Universitats Espanyoles] en les quals es tractava aquest tema, perquè fins i tot en algunes universitats s’havia donat espai a negacionistes que directament recomanaven productes que atemptaven clarament contra la salut. Em preocupa la facilitat amb què com a societat estem disposats a creure’ns coses absurdes.

 

[Fotos: Miguel Lorenzo – font: http://www.metode.cat]

 

Escrito por Alethea Rodrigues

Caçula de uma família considerada burguesa no Vietnã, Thái Quang Nghiã viu seu pai gerir campos de arroz e vender ao governo por muitas décadas, até que em 1974 o Vietnã do Norte (comunista) invade sua cidade natal, Saigon [atual Ho Chi Minh, então no Vietnã do Sul], e sua família teve todos os seus bens confiscados.

O vietnamita, com 20 anos na época, abandonou a escola e foi enviado para um campo de reeducação, onde era forçado a trabalhar o dia todo como escravo.

“Faziam na gente um tipo de lavagem cerebral para que mudássemos nossos pensamentos. Trabalhávamos desde as cinco da manhã até a noite. Saí de lá mais revoltado do que era”, lembrou Thái.

Nesse local, permaneceu por um mês, até que conseguiu a liberdade e decidiu, juntamente com a família que a melhor escolha seria fugir do país para não ser morto.

Foi em outubro de 1978 que Thái partiu sozinho em um barco pesqueiro com mais 67 vietnamitas. Foram resgatados em alto mar pelo navio Jurupema, de propriedade da Petrobras.

“Víamos vários barcos passando, mas ninguém parava para nos ajudar. Até que o Jurupema nos resgatou. Foram dias muito difíceis, inclusive passamos muita fome”, contou o refugiado.

Após chegar no Brasil sem falar uma palavra, vietnamita criou próprio método de estudo do português e tempos depois passou em matemática na USP. (Foto da autora)

Ao chegar ao Brasil, desembarcou no Rio de Janeiro em pleno carnaval. Thái lembra de que o Rio estava lotado por conta do feriado e foi acolhido pela Cruz Vermelha. Só depois de dois meses foi encaminhado pelas Nações Unidas (ONU) para São Paulo, no abrigo temporário da instituição filantrópica Missão Paz.

A casa que acolheu os vietnamitas resgatados se chamava AVIM (Associação dos Voluntários para a Integração de Migrantes) e, desde 2002, passou a chamar-se Casa do Migrante. Nesse local permaneceu por seis meses.

“Quando cheguei não entendia nada de português, não sabia uma palavra e me era impossível comunicar. Era cego, surdo e mudo. Como sempre gostei de estudar, criei um dicionário vietnamita-português e passei a estudar sozinho”, contou Thái.

O dicionário, que posteriormente foi publicado, contém cerca de 14 mil palavras e ajudou o vietnamita a garantir fluência no português em pouco tempo.

No abrigo, dividia quarto com outros quatro vietnamitas. Na época, o local recebia migrantes internos e um grande número de chilenos que fugiram do país de origem devido a repressiva e violenta ditadura de Pinochet (1973-1990).

A persistência e a vontade de vencer, fez com que Thái conseguisse passar no vestibular da USP e cursou a graduação em matemática. Durante o período como universitário já tinha um bom emprego, trabalhava como programador em um dos melhores bancos do país. Ele tinha um bom salário, o emprego era estável, mas o destino deu uma reviravolta na vida dele.

Recebido na Casa do Imigrante por 6 meses, Thái elaborou dicionário vietnamita-português com 14 mil palavras e passou a estudar sozinho. (Foto da autora)

“Tinha uma pessoa que devia uma quantia em dinheiro para mim na época, e pagou essa dívida e, uma fábrica que havia falido e um estoque de mais ou menos 400 bolsas para que eu administrasse. Eu resolvi arriscar”, disse o empresário.

Como as vendas iam muito bem, Thái decidiu cursar Administração de Empresas, que foi concluído em 2002. Logo em seguida, teve uma ideia que mudaria a sua vida. Ao se dar conta de que todos os estrangeiros que visitavam o Vietnã levavam uma sandália feita da borracha do pneu como lembrança, decidiu produzir os mesmos calçados no Brasil.

Não demorou muito para os produtos se transformarem na marca Goóc, que no idioma nativo do empresário significa “raiz”. A empresa chegou a exportar para 35 países e vender mais de 6 milhões de unidades por ano. Em 2006, por exemplo, Thái chegou a faturar mais de R$ 60 milhões.

Em 2011, mais um episódio marcaria profundamente a vida do vietnamita; um incêndio destruiu por completo sua fábrica em Brotas, no interior de São Paulo. O empresário perdeu todo o estoque, máquinas e até os clientes por não conseguir cumprir os prazos de entrega. Diante das dificuldades que quase levaram sua marca à extinção, o empreendedor terceirizou sua produção e apostou no modelo de franquia, o qual deu certo e mantém até os dias de hoje.

Atualmente Thái vive com a família e tem três filhas. O vietnamita é conhecido em vários cantos do mundo por ser um especialista em dar a volta por cima.

Filho de burgueses em Saigon, Thái viu a família perder plantação de arroz e, aos 20 anos, ele foi enviado a campo de reeducação após ocupação comunista. (Foto: arquivo pessoal)

Hoje, a Goóc é mundialmente conhecida pela preocupação com sustentabilidade, por pensar em reciclagem. Mas, segundo o vietnamita, a mensagem que quer passar aos clientes vai muito mais além. “Antes de salvar o mundo, você tem de ser forte o suficiente pra aguentar os trancos e barrancos da vida. Aguentar os desafios da vida. Essa é a raiz da Goóc”, ressaltou o empresário.

A visita ao abrigo onde tudo começou

Na primeira semana de dezembro, Thái retornou a Missão Paz, e visitou a Casa do Migrante, primeiro abrigo que o acolheu quando chegou ao Brasil. Visitou cada cômodo, e relembrou tudo que viveu há mais de quarenta anos. Durante o tour, logo encontrou o quarto 4, onde dormia e estudava português todos os dias.

“Naquela época a luz era bem fraquinha, as camas eram de ferro e as regras muito rígidas. Eu sentava no chão, apoiava meu caderno na cama e produzia meu dicionário. Aprender português foi fundamental para o meu crescimento no Brasil”, relembrou emocionado.

Thái não conteve a ansiedade. Em cada canto que passava contava uma história diferente. No final da visita, revelou que naquela época, ao escutar Roberto Carlos e Asa Branca, emocionava-se porque sentia muita solidão e saudade da família.

Ao sentar na área de lazer do abrigo, finalizou a entrevista com uma mensagem ao refugiados e migrantes que estão passando pela mesma situação que viveu:

“Quando cheguei aqui estava perdido, mas aqui vivemos em um país livre onde podemos construirmos a nossa vida. A gente fica longe da família, da nossa cultura, mas estamos salvos e podemos trabalhar, estudar e crescer na vida novamente. Tente esquecer o passado e viva uma nova vida, vai dar certo!”, finalizou o vietnamita.

 

[Fonte: http://www.migramundo.com]

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Mariana Castillo

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Este proyecto nació en 2006, en medio de la incertidumbre. Por aquella época estalló el conflicto magisterial en Oaxaca y la situación social no era fácil. Berenice Barragán, una abogada internacionalista, volvió a su ciudad natal para atender algunas situaciones familiares, mientras que Kyle Drumgoole, un sociólogo gringo adicto al café, se la pasaba leyendo y probando distintos cafés en la ciudad de Oaxaca. Un día, con un poco de suerte, coincidieron en un establecimiento. Platicaron, se gustaron, tomaron una taza de café y ninguno se imaginó lo que pasaría. El cuento corto: se hicieron novios y emprendieron un pequeño negocio de café en la calle García Vigil. El cuento largo: él ya había sido barista en una barra de especialidad durante años en Estados Unidos —en Small World Coffee, para ser exactos— y uno de sus sueños era tener un café en México que ofreciera productos de la mejor calidad, velara por el bienestar social y comunitario, y fuera un epicentro de creatividad. Ella estaba dispuesta a tomar riesgos y asentarse nuevamente en Oaxaca.

El inicio fue extraño. Cuando tomaron el local, este estaba literalmente en cenizas debido a los conflictos armados. Tenían café, desayunos y hacían pan. “Era un lugar muy pequeño, pero con mucho encanto. Al principio eran unas jornadas larguísimas y hacíamos todo nosotros”, nos cuenta Berenice. No era para menos, pues Café Brújula fue la primera barra de especialidad en la ciudad de Oaxaca y la primera en ofrecer panadería europea, según nos cuenta el ahora matrimonio de emprendedores. “Cuando llegué a Oaxaca me sentí en casa. Este caso ha sido de tenacidad, de intentar perseguir tus oportunidades y que la suerte te agarre trabajando”, nos dice Kyle con confianza.

Quince años después de haber puesto la primera piedra, Café Brújula tiene más de 10 sucursales (sin ser franquicia) y 29 variedades de mezclas de café. No es gratuito. Parte importante es el sentido de comunidad y confianza por el que han apostado. Kyle cuenta que una de las primeras innovaciones que hizo fue la distribución de los asientos y mesas. “Quería crear una atmósfera horizontal, donde la gente pudiera convivir y el espacio se prestara para intercambiar ideas”. Fue así que instalaron mesas comunales. Otra parte fundamental es la trazabilidad de sus productos. En cada bolsa de café se encuentra la información del productor, la fecha de tostado, las notas y un código QR que te abre una página con más información, como la historia de cada café e incluso con la fotografía de los productores.

Brujufinca

Café Brújula

La Brujufinca nació en el 2016 como parte del crecimiento de Café Brújula y el deseo por cultivar ellos mismos el café y otros productos. Es un proyecto que se ubica en el bosque de niebla, en la región de Pluma Hidalgo. Ahí trabajan con dos agrónomos y un equipo que se encarga que mantener los suelos nutridos y vivos. Cultivan variedades como Pluma Hidalgo, Geisha y Borbón. La pizca se hace a mano y el fruto de café pasa por un proceso de fermentación controlada para potenciar los sabores y aromas en la taza final. Además del café se producen huevos, algunas frutas y verduras, y miel.

Café Brújula vela por la conservación del entorno y el respeto a la naturaleza, por lo que ha conseguido el certificado ‘Bird Friendly’, esto garantiza que los árboles proveen suficiente sombra para que las aves migratorias tropicales usen esta tierra como hábitat, lo que se traducen en ecosistemas que garantizan la sustentabilidad e influyen en la calidad de las cosechas.

Café con causa

café mexicano

Nathan Dumlao/Unsplash

Uno de los principales objetivos de Café Brújula ha sido el apoyo a la economía local, así como la dignificación y revalorización del trabajo de pequeños productores oaxaqueños. Es por ello que la compra de algunos granos de café se hace directamente con los productores, pagando por arriba de los precios convencionales de café regulados por la Bolsa de Nueva York, para generar una relación de confianza con los caficultores y evitar precios predatorios.

Dentro de las 29 mezclas que existen actualmente —donde se trabaja con las siete regiones caficultoras del estado—, ha habido colaboraciones sociales. Por ejemplo, Mujeres Voladoras fue una iniciativa en 2019 cuyo propósito era empoderar a 20 caficultoras —10 de Tierra Blanca y 10 de San Miguel Yotao— con apoyo de la ONG Heifer México. A cada productora se le dieron gallinas y materiales para construir gallineros para fomentar la diversificación de ingresos, además de capacitación sobre catas, análisis físico en café verde, secado de café y buenas prácticas para obtener café de alta calidad.

Otra serie memorable es Maestros, en la que cada mes un maestro caficultor presenta un nuevo café de alta calidad. Cada bolsa tiene un código QR que despliega la foto y nombre completo del productor, lo que transparenta la relación y permite que otros tostadores se acerquen y paguen un precio justo a los caficultores.

El día a día

A pesar de la amplia variedad de cafés que se ofrecen en Brújula —hay opciones aromatizadas con mezcal, con notas a miel, manzana, cereza, chocolate, vainilla, etc.—, en las sucursales normalmente se ofrecen el café de la casa y el descafeinado. Además, cada semana se rota un café especial de los 29 disponibles, estos últimos se preparan normalmente con métodos como Chemex o V-60.

En la tienda en línea puedes elegir no solo el tipo de café, sino el molido que necesitas según el método con el que vayas a prepararlo. Tienen distribución en todo México —con envíos gratis a partir de $1,000 pesos— y también distribuyen en Estados Unidos.

Tips para elegir café y método

cold brew

Devin Avery / Unsplash

Kyle nos dice que para comprar un café él recomienda que te fijes en la fecha de tostado, en la procedencia del café (de dónde viene o quién lo hizo), así como las notas que puedes esperar al tomarlo. Esta información genera confianza. Sobre los métodos, la realidad es que —por muy cliché que suene— el mejor es el que a ti te guste. Sin embargo, si no tienes mucha experiencia al elegir métodos de especialidad, Kyle nos comparte las siguientes generalidades sobre lo que puedes esperar de cada uno. Por supuesto, aquí juegan variables como la experiencia del barista, la temperatura del agua, la mezcla del café, el contacto del café con el agua y los utensilios.

Prensa francesa: el molido es más grueso, puedes encontrar sedimentos, por lo que el café tiene más cuerpo.

Chemex: el filtrado es mucho más fino. Gracias al papel se filtran los aceites, sedimentos y un poco del dulzor del café. Normalmente este método resalta la acidez.

Hario V60: es un método de extracción rápida, por lo que es muy difícil de controlar. Sin embargo, normalmente sale un café muy balanceado.

Aeropress: filtra los sedimentos, pero la ventaja es que puedes controlar tiempo de contacto del agua con el café, por lo que salen perfiles diferentes de café según la manipulación del utensilio.

Prensa italiana: el café normalmente se quema, aunque hay métodos para controlar esta reacción. El sabor del café suele ser muy fuerte.

[Fuente: http://www.foodandwineespanol.com]

 

Avalanche de prazeres fúteis oferecidos pelo sistema é cada vez mais enfadonha. Mas alternativa seriam o sacrifício e o puritanismo? Ou acenar com o tempo livre, o fim do trabalho alienado e novas relações com a natureza e a sensualidade?

Por mais que aceitemos que somos responsáveis pelas mudanças climáticas, recusamo-nos a ver a oportunidade que elas oferecem para criar modos de vida que sejam melhores para o meio ambiente e mais agradáveis para nós. Isso não só é verdade para pessoas comuns, como também para economistas e outros “especialistas” que levam o aquecimento global muito a sério, mas que não conseguem pensar para além das soluções técnicas que podem nos permitir continuar com nossos modos de vida atuais. A maioria dos políticos e líderes empresariais parece igualmente incapaz de pensar “fora da caixa” do consumismo.

Obcecados como são pelo crescimento econômico e o PIB, não convidam a população e os eleitores a pensar em novas ideias de progresso e prosperidade, e ficam mais do que felizes com os publicitários mantendo o monopólio da imagem e da representação do prazer e de uma “vida boa”.

Até os críticos do capitalismo à esquerda têm-se preocupado mais com as desigualdades de acesso e distribuição que o sistema do que com as maneiras como nos confina a modos de vida orientados pelo mercado. A militância socialista e a atividade sindical no Ocidente têm sido amplamente limitadas à proteção da renda e dos direitos dos empregados dentro das estruturas já existentes do capital globalizado — e pouco fazem para desafiar, muito menos transformar, a dinâmica de “trabalhar e gastar” das culturas mais abastadas.

Mesmo quando a esquerda aborda questões relacionadas à necessidade e ao consumo de forma mais direta, ela tende a defender narrativas de uma “vida simples” para a realização humana, em vez de pensar de forma mais inspiradora nas complexidades e potencialidades do prazer humano, e nas direções barrocamente enriquecedoras que elas poderiam adquirir em uma sociedade pós-capitalista.

Mas a presunção, em todo o espectro político, de que o consumo mais sustentável sempre envolverá sacrifícios, em vez de melhorar o bem-estar, precisa ser enfrentada.

A nossa “vida boa”, hoje é reconhecida como uma das principais causas de estresse e de problemas de saúde. É uma vida muito barulhenta, poluente e desperdiçadora. Nossas rotinas de trabalho e prioridades comerciais forçaram as pessoas a direcionar todas as suas forças para a busca por empregos e carreiras. Muitos, durante a maior parte de suas vidas, começam seus dias em engarrafamentos ou sofrendo outras formas de desconforto causadas pelo trânsito. E passam grande parte do resto delas colados na tela do computador, muitas vezes envolvidos em tarefas entorpecentes.

Grande parte da atividade produtiva em nossas vidas é projetada para aprisionar o tempo na criação de uma cultura material de contínua melhoria da casa, expansão urbana, rotatividade de produção cada vez mais rápida e obsolescência programada. Em outras palavras, excluindo formas de realização humana mais dignas, duradouras ou fascinantes. Nosso sistema atual também lucra enormemente com a venda de bens e serviços para os quais temos muito pouco tempo ou espaço (aqui entra o papel dos setores de fast food, lazer e terapia, ou as academias onde pagamos para caminhar numa esteira porque a ditadura do carro tornou a caminhada em outros lugares impossível ou muito desagradável).

Os movimentos verdes são rejeitados e vistos por alguns como estraga-prazeres, como se estivessem empenhados em nos levar de volta à Idade da Pedra. Mas a “abundância” dos dias de hoje, contaminada por trabalho, escassez de tempo e excesso de lixo, é em muitos aspectos puritana e ofensiva para com a sensualidade. Muito disso nem corresponde a um desejo inato nosso de trabalhar constantemente e consumir mais. Se assim fosse, os bilhões gastos em publicidade e preparação de crianças para uma vida de consumo dificilmente seriam necessários.

Um número cada vez maior de pessoas vem percebendo isso e descobrindo, após refletir, que a vida não se reduz a “trabalhar e gastar”. Desencantados com seu estilo de vida estressante, elas começam a revisar ideias sobre o que mais valorizam e desejam. O fato de ansiarmos outra vida com a qual sentiríamos mais prazer é corroborado por uma pesquisa recente que mostra que mais riqueza não nos torna necessariamente mais felizes, e sugere que há algo inerentemente autodestrutivo na busca incessante pelo consumo.

É verdade que as pesquisa precisam ser analisadas com cautela. O que relatamos sobre nosso grau de satisfação nem sempre é o melhor guia sobre como realmente nos estamos saindo. E nem sempre a falta de correlação relatada entre uma renda mais alta e maior satisfação com a vida significa que um consumo maior não melhore o bem-estar. Isso ocorre porque os padrões que usamos para avaliar nosso nível de satisfação podem tornar-se mais exigentes à medida em que nossa experiência de vida muda com o aumento da renda.

Experiência e educação podem melhorar nosso senso de liberdade e potencial pessoal justamente ao gerar descontentamento com nossa situação de vida existente. À medida que aprendemos uma nova habilidade, frequentemente criamos novas formas de frustração e exigências sobre nós mesmos (quanto melhores nos tornamos em um determinado esporte ou tocando um instrumento musical, mais conscientes estaremos daquilo que faz falta em nosso desempenho).

O que deveria, então, ser considerado na estimativa da “boa vida” — a intensidade de seus momentos de prazer mais raros ou seu nível geral de contentamento? A fuga da dor e da dificuldade ou sua superação bem-sucedida? E quem está na melhor posição para decidir se o bem-estar pessoal aumentou: seria inteiramente uma questão de relato pessoal ou aberto a uma avaliação mais objetiva?

Há muito que essas questões estão no centro dos debates, entre a abordagem utilitarista e a aristotélica, para refletir sobre o bem-estar. Enquanto a ênfase da primeira está no prazer e em sua quantificação (deve contar, na estimativa da felicidade, o número de prazeres experimentados ou dores evitadas), o foco aristotélico baseia-se no curso geral de uma vida (o que você foi capaz de fazer com ela — tomando em conta,  portanto, as capacidades, funções e realizações, ao invés de sentimentos mais imediatos de gratificação).

Em defesa de sua posição, os aristotélicos argumentarão que as pessoas nem sempre são os melhores juízes de seu próprio bem-estar e que muito prazer imediato pode também ser obtido com um comportamento autodestrutivo. Além disso, se proibirmos quaisquer avaliações objetivas da “vida boa”, também seremos privados de motivos para criticar formas egoístas e ambientalmente agressivas da busca pelo prazer. Também foi afirmado, de forma relacionada, que uma “felicidade” concebida ou medida em termos de sentimentos subjetivos desestimularia o desenvolvimento do senso de cidadania e solidariedade intergeracional — que é essencial para o bem-estar social e ambiental.

No entanto, a abordagem mais utilitarista não precisa excluir as formas de prazer com orientação cidadã, que vêm com o consumo responsável para com os outros e o meio ambiente. Afinal, o prazer de muitas atividades, como andar de bicicleta, inclui tanto os prazeres sensuais pessoais mais imediatos, quanto aqueles que vêm do fato de não contribuir para o perigo e a poluição do transporte automotivo. Além disso, é difícil, em última análise, legitimar reivindicações sobre o bem-estar de alguém sem alguma medida de endosso da pessoa em questão.

Há, então, uma tensão nas discussões sobre o hedonismo e “boa vida”, entre o privilégio utilitarista do prazer experimentado e o viés mais objetivo da tradição aristotélica. Enquanto o primeiro corre o risco de ignorar os componentes mais objetivos da “boa vida” e da “boa sociedade”, o último faz justiça a esses pilares, mas corre o risco de superestimar, ou até mesmo de preferir o conhecimento superior de “especialistas” por sobre os próprios indivíduos.

Mas aceitar a complexidade de avaliar as afirmações sobre a qualidade de vida e a satisfação pessoal é uma coisa. Negar que haja hoje evidências da natureza autodestrutiva do consumo em constante expansão seria outra bastante diferente. De fato, é consenso de ambos os lados do debate hedonista que a felicidade não reside no acúmulo infinito de coisas. E embora não tenha — e nem possa — a aspiração de resolver as questões filosóficas dessa área, a perspectiva hedonista alternativa destaca as narrativas sobre prazer e bem-estar que estão implícitas nas formas emergentes de insatisfação com a cultura afluente. Assim, busca abrir uma ótica pós-consumista sobre a “boa vida”, que pode se conectar com os sentimentos dos consumidores no aqui e agora.

O “hedonismo alternativo” nesse sentido tenta evitar moralizar a questão do que as pessoas deveriam precisar ou querer (apesar de ser verdade que esses dois não podem ser evitados ao mesmo tempo…), enquanto se relaciona com novas respostas de anticonsumismo. Seu principal interesse, assim, (evocando um conceito do crítico cultural Raymond Williams) é em uma “estrutura de sentimentos” em ascensão, que é ao mesmo tempo perturbada por formas de consumo que antes eram tidas como certas, ciente de antigos prazeres perdidos, e sensível pela primeira vez ao convite a uma nova forma de viver.

Com o aquecimento do planeta, precisamos construir uma resposta que apele para essa “estrutura de sentimentos”. Seu apoio irá desafiar o estrangulamento da ética de trabalho no modo de vida ocidental, será um esforço para alcançar uma ordem socioeconômica na qual trabalho e renda sejam distribuídos de maneira mais justa, em que a coparentalidade e que o trabalho doméstico compartilhados sejam regra, e na qual todos tenham os meios e o tempo para formas sustentáveis de atividades e melhorias de vida.

Se fizéssemos a mudança para uma economia de trabalho menos intensiva, ela iria reduzir o ritmo em que as pessoas, os bens e as informações têm que ser entregues ou transmitidas, e o impacto nas fontes de atrito e nas emissões de carbono seriam de grande impacto para todos. Poderíamos recuperar tempo para nossa vida pessoal e familiar. Diminuiríamos as viagens diárias e adotaríamos maneiras mais saudáveis de deslocamento, como as caminhadas, a bicicleta e os barcos. Supermercados e compras online seriam substituídos por um ressurgimento do varejo de rua, evitando a síndrome da “cidade clone” e dando força às comunidades locais, de maneira que poderíamos reduzir o crime e adotar novas formas de convívio e troca intergeracional.

Tudo isso transformaria a vida rural e urbana, especialmente para as crianças, e proporcionaria mais espaço para a reflexão, além de oportunidades para experiências sensoriais negadas pela rotina atormentada e isolada de trabalho e deslocamento. E os custos para isso acontecer seriam insignificantes em relação aos representados pela organização atual, especialmente se as despesas médicas pudessem ser substituídas por uma saúde pública de mais qualidade, com menos acidentes.

Há, é claro, algumas vantagens e prazeres que teríamos de sacrificar em uma economia de baixo carbono: confortos de vários tipos; algumas das excitações de uma vida acelerada; a facilidade de que dispúnhamos até recentemente das viagens ao exterior. Mas o conforto constante pode tanto satisfazer quanto entorpecer os apetites. A inventividade conseguirá certamente criar uma série de emoções mais ecológicas. Mesmo viagens a lugares distantes nem sempre cumprem sua promessa de oferecer experiências raras, e o ritmo diferente das férias perto de casa também pode ser fonte de formas inesperadas de encantamentos e escape da vida banal.

A mudança para um modo de vida pós-consumismo traz uma perspectiva chocante, dada a estrutura da existência moderna e a subordinação das economias nacionais ao sistema globalizado. Além disso, é irrealista supor que podemos continuar com as taxas atuais de expansão de produção, trabalho e consumo material do último século, para não falar das últimas décadas. Tecnologias mais verdes ajudarão a conter o aquecimento global.

Mas a adoção de alternativas ao crescimento econômico tem que se tornar uma preocupação central no planejamento e na criação de políticas — não ser ignorada ou desprezada, como se fosse uma fantasia impraticável. Além disso, em abalos climáticos ou financeiros, somados a um grande cinismo em relação aos comprometimentos dos governos com o aquecimento global, mais honestidade a respeito desse assunto pode também gerar mais cooperação e respeito de parte do eleitorado — especialmente se for acompanhado de imaginação sobre as singularidades de viver em uma sociedade sustentável. Essas ideias transformadas de “vida boa” podem também ser projetos que os países menos desenvolvidos terão, se quiserem reconsiderar as convenções e objetivos de seu próprio “desenvolvimento”, e evitar algumas das consequências mais indesejáveis do modelo dominante.

Meu argumento sobre o hedonismo alternativo é frequentemente rejeitado e taxado de utópico. Mas há algo bem irrealista na projeção de futuro focada nos “negócios, como sempre”. E dada a urgência atual de políticas de prosperidade que dissociem prazer e realização de consumo de uso intenso de recursos, é importante evitar suposições fantasiosas sobre o que seriam formas globalmente sustentáveis de indústria e estilo de vida. Nós não podemos, é claro, defender acesso igualitário e universal à riqueza e ao estilo de vida ocidental. A demanda por pleno emprego, o fim da austeridade e a segurança econômica para todos devem estar ligadas a demandas de expansão do tempo livre, da diminuição de ritmo da economia e do estabelecimento de uma ordem baseada em uma forma de consumo material essencialmente reprodutiva. A reconceitualização de “progresso” segundo  essas linhas deve oferecer as bases em que nos apoiaremos para pensar sobre arranjos de trabalho e instituições políticas para um futuro socialmente justo e viável.

[Imagem: María Berrio – fonte: outraspalavras.net]

Por que o Brasil é estratégico no avanço de corporações sobre a produção de alternativas à carne. Por que isso não é necessariamente saudável. E por que o mercado financeiro chegou com tudo

Escrito por Carol Almeida

O mercado de alimentos veganos (e vegetarianos) faz parte de um nicho em ascensão. Basta observar as geladeiras dos supermercados para perceber que a oferta de produtos plant-based é cada vez maior. Segundo pesquisa realizada pela Euromonitor Internacional, os consumidores que desejam reduzir o consumo de produtos de origem animal representaram 40% do mercado global em 2020. O estudo também apontou que a demanda por esses produtos foi impulsionada por conta da pandemia.

“Carnes” produzidas a partir de células. Pós que simulam ovos. Hambúrgueres feitos em laboratório. A nova geração de produtos veganos mira bem além do público vegano, bebendo na fonte das preocupações crescentes com bem-estar animal e com a insustentabilidade ambiental da pecuária. Essas questões aparecem em um relatório feito pelo pelo The Good Food Institute, uma organização que promove alternativas ao consumo de matéria-prima animal.

O documento aponta o Brasil como um candidato ao protagonismo na produção de “carnes” e produtos de matérias-primas vegetais no mundo, justamente por ser um grande consumidor de bois, porcos e frangos. Além disso, por contraditório que possa parecer, o modelo do agronegócio de produção e exportação de alimentos é algo que coloca o país à frente nessa corrida — são produzidos aqui 250 milhões de toneladas de grãos, em particular a soja e o milho, importantes na produção de processados e ultraprocessados vegetarianos ou veganos.

N.OVO – Substituto para Ovos Plant Based - Ovos Mantiqueira

Corporações da carne e do leite, dos ovos, fundos de investimentos, consultorias estratégicas: todos estão de olho no crescimento de um setor que mira em pessoas que querem reduzir a compra de produtos de origem animal.

É preciso, então, que haja grandes investimentos financeiros em empresas de tecnologia voltadas para suprir todas essas demandas. “Com o amadurecimento da indústria, o mercado de investimentos aprendeu como analisar esses fatores e entendeu que o potencial de retorno financeiro é gigantesco”, aponta o estudo, e complementa: “O interesse do setor financeiro cresce proporcionalmente ao desenvolvimento desse mercado, fazendo com que fundos deixem de dar apoio apenas monetário para também tornarem-se parceiros estratégicos de empresas no setor.”

Dados de um estudo lançado recentemente pelo The Business Research Company estimavam que o mercado vegano global cresceria de 14,80 bilhões de dólares, em 2019, para 15,12 bilhões em 2020 – 2,3%. A aposta é que esses números atinjam a marca de 20 bilhões de dólares em 2023. Grande parte ligada ao mercado de carnes criadas por meio da tecnologia baseada em células.

A Memphis Meats, empresa de tecnologia de alimentos com sede nos Estados Unidos, recebeu um financiamento de 161 milhões de dólares por meio de alguns investidores, como a Cargill — uma multinacional dos setores alimentício, agrícola e farmacêutico — e a Tyson — uma das maiores produtoras de carne do mundo. Outra gigante internacional, a Unilever, comprou a The Vegetarian Butcher, uma empresa de produtos à base de soja que foi criada no início dos anos 2000, na Holanda, em dezembro de 2018. Segundo o site da empresa, os produtos da Butcher são vendidos em mais de 4.000 lojas em 17 países e chegaram ao mercado brasileiro em outubro de 2020.

Olhando para os Estados Unidos, a Nielsen, uma das principais empresas de pesquisa de comportamento de consumo, conduziu um levantamento no qual concluiu que 61% dos entrevistados queriam reduzir a ingestão de carne, enquanto 22% tinham intenção de tornar-se veganos ou vegetarianos. Em 98% dos casos, pessoas que procuraram por alternativas plant-based eram, também, compradoras de carne. “As marcas precisam claramente e consistentemente demonstrar por que seus produtos melhor se encaixam no estilo de vida e nas aspirações de saúde do usuário final”, menciona a consultoria.

Em dezembro de 2020, a empresa Eat Just criou barulho com uma carne criada a partir de células de aves. Com o nome de “frango premium”, a startup norte-americana, sediada em San Francisco, teve o seu produto aprovado pela Agência de Segurança Alimentar da Cingapura, o que torna o país o pioneiro em comercializar carne feita inteiramente em laboratório.

De acordo com uma reportagem publicada pelo The New York Times, um restaurante do país asiático ofertará os nuggets de “frango”. Não há informações sobre qual será o valor do produto, mas se sabe que apenas o custo de produção fica em 50 dólares por porção. Esse não é o primeiro produto vegano da empresa: a East Just já oferece no mercado uma maionese e um “ovo” à base de feijão.

Produtos lançados nos últimos anos abriram uma fenda na discussão sobre os propósitos do veganismo e em relação às opções alimentares que existiam antes. Itens como o Futuro Burguer, baseados em células, ganharam espaço rapidamente ao tentar simular textura, cor e sabor de carne. São produtos relativamente caros – a caixa com duas unidades desse hambúrguer (230g), por exemplo, custa R$ 19, em média. E são ultraprocessados, ou seja, formulações alimentícias à base de aditivos, algo que o Ministério da Saúde recomenda evitar.

A discussão se desenvolve até mesmo em torno da nomenclatura. A indústria se divide entre investir nesse novo cenário e brigar para que esses produtos não possam receber nomes como carne, ovos e leite. As agências regulatórias têm promovido discussões para entender como devem nomear esses produtos e qual é o processo de liberação dos mesmos, já que há dúvidas em termos de impacto à saúde.

Mais barato

O perfil Vegano Periférico, criado em 2017, tem hoje 354 mil seguidores no Instagram. Os irmãos gêmeos Eduardo e Leonardo Santos postam receitas e outras dicas sobre alimentação, além de refletir sobre o mercado capitalista. “Quando me tornei vegano, estava desempregado e a única opção viável era consumir legumes e vegetais. E eu percebi que era mais saudável consumir isso”, conta Eduardo, que já tinha uma visão prévia dos problemas a respeito dos malefícios de consumir ultraprocessados.

“Se a gente pensa em satisfazer o nosso paladar com produtos químicos ‘saborosos’ e muito coloridos, estamos com uma visão estreita do que é alimentação.” Ele ainda ressalta que o veganismo atua na raiz dos problemas e é contra todo tipo de exploração. “O produto de origem vegetal incentiva a produção da empresa, pois tanto o hambúrguer vegetal quanto o resto vai para a mesma finalidade.”

Pão de queijo, hambúrguer, quibe e kafta vegetal são novidades da linha vegana na rede Pão de Açúcar | Revista Nutri Online

No Brasil, o crescimento de produtos feitos por corporações para o mercado plant-based é notório. Em menos de dois anos e com lucros perceptíveis, marcas como Seara, Sadia e Taeq (do Grupo Pão de Açúcar) lançaram congelados à base de vegetais. O Grupo Pão de Açúcar fez a sua estreia nesse nicho em janeiro de 2020 e a Sadia se lançou no mercado com produtos veganos e vegetarianos em março de 2020.

Outro produto que em breve chega aos supermercados é um substituto em pó para ovos mexidos e omeletes. A novidade foi criada pela startup Novo, que pertence ao Grupo Mantiqueira, que está entre as 12 maiores granjas do mundo e é o maior distribuidor de ovos da América Latina, segundo a Forbes. Ao todo, são 11,5 milhões de galinhas, distribuídas em quatro unidades no Brasil, como informa o site do grupo. Uma linha de maioneses veganas completa os produtos da startup, na proposta de expandir seus negócios para consumidores veganos, flexitarianos e alérgicos.

Um exemplo marcante da estratégia de difusão desses novos produtos é o da norte-americana Beyond Meat, que não distribuía suas carnes vegetais no setor de produtos veganos, já que o objetivo é atrair quem continua consumindo carne convencional.

Beyond Meat anuncia construção de fábrica na China | BeefPoint

A Danone também cita essa estratégia com o objetivo de ampliar o alcance dos iogurtes e dos leites à base de plantas, diante do crescimento do público flexitariano, conforme informado no site da corporação. Os flexitarianos também são alvo dos produtos da Seara, que lançou a linha veggie em maio de 2019, assim como a Fazenda Futuro.

Em setembro de 2020, a Fazenda do Futuro, responsável pelo Futuro Burguer, finalizou uma segunda rodada de captação de investimentos, contabilizando um montante total de US$ 29,8 milhões. Se em 2019 havia conseguido US$ 8,5 milhões, dessa vez as apostas do mercado financeiro se multiplicaram. A venda do hambúrguer teve início em maio de 2019 e, agora, a corporação diz ter mais de 8 mil pontos de venda. A segunda onda de captação atraiu gigantes como BTG Pactual (banco de investimento), Turim MFO (escritório de gestão familiar, cujo único investimento é na Fazenda Futuro) e ENFINI Investments, que pertence ao Grupo PWR Capital, empresa que investe em outros oito negócios ligados a tecnologia e alimentação.

“Essa captação reforça ainda mais o potencial do Brasil para ser um hub de produção plant-based para o mundo. Para isso, vamos intensificar nossa operação comercial e de marketing na Europa e acelerar a nossa chegada nos Estados Unidos. As pessoas estão começando a entender que não há mais planeta se mantivermos o consumo exagerado de carne animal”, afirma Marcos Leta, sócio-fundador da startup.

O setor passa por um processo muito semelhante ao de outras áreas, como transportes e hospedagem. Fundos do mercado financeiro fazem apostas pesadas no crescimento de empresas nascidas há meses ou há poucos anos. A Eat Just, por exemplo, tem apenas 11 funcionários, e já recebeu aportes de US$ 220 milhões.

Uma pesquisa encomendada em 2018 ao Ibope tentou estimar a presença de vegetarianos dentro da população brasileira. Entre os 2.002 entrevistados, 8% declararam “concordar totalmente” com a afirmação de que são vegetarianos, enquanto 6% concordam “parcialmente”. A interpretação da Sociedade Vegetariana Brasileira (SVB) é de que 14% dos brasileiros seguem uma dieta exclusivamente à base de vegetais.

Selo vegano

Existem algumas certificações que indicam se determinado produto não realiza testes em animais ou é totalmente livre de matéria-prima desses seres. Uma dessas certificações foi desenvolvida pela SVB a partir de um programa que confere ao produto o Selo Vegano, criado em 2013. De acordo com a ONG, qualquer empresa pode solicitar o selo, pois somente o produto em questão é avaliado, e não as práticas corporativas em geral.

Ao ser questionada sobre frigoríficos produzirem alimentos veganosa SVB pontuou que acredita “que todos temos um papel fundamental na construção de um mundo melhor, mais justo, ético e sustentável, não só como pessoas, mas também como organizações e empresas. Infelizmente, nossa sociedade foi moldada em cima de um consumo errôneo e cruel, mas hoje, é evidente que não dá mais para seguir de acordo com os padrões antigos daquilo que acreditávamos ser uma alimentação saudável”.

A SVB também reforçou que apoia “qualquer iniciativa de uma empresa em colocar no mercado um produto que não tenha gerado nenhuma demanda animal. Sabemos do potencial que os microempreendedores e startups possuem em inovar e trazer uma visão totalmente diferente e nova do que estamos acostumados, mas também reconhecemos a responsabilidade que as grandes corporações possuem em fazer realmente parte do movimento, e gerar impactos positivos, nesse caso, na oferta de produtos a base de vegetais, o que significa uma revisão de seus valores quanto à sustentabilidade (e tudo o que está relacionado a ela) de seus processos”.

No site do Selo Vegano estão listados 1.112 itens, entre sapatos, cosméticos, doces, castanhas, farinhas e alimentos congelados. Esses produtos são distribuídos em supermercados, restaurantes e lojas especializadas, como o Vegan Sisters, inaugurado em maio de 2019, em Belo Horizonte. Paula Gomes, proprietária e “faz-tudo” do negócio, sentiu a necessidade de abrir o empório vegano quando percebeu a dificuldade de encontrar alguns produtos na cidade. “Os itens passam por uma curadoria. Eu experimento tudo antes de trazer, vejo qualidade  e custo-benefício, além dos diferenciais de cada um”, relata. Com investimento de R$ 150 mil e despesas fixas de R$ 8 mil, o comércio tem lutado para sobreviver durante o período da pandemia. “Ficamos alguns meses fechados e ainda não tivemos lucros, os últimos meses foram só prejuízo”, conta.

Um levantamento feito pela Associação Brasileira de Startups, a pedido da reportagem, informou que há 12 “soluções” veganas. Na interpretação da organização, “soluções” são empresas que oferecem inovações reais. Uma delas é a Natural Science, uma empresa sediada em Curitiba que nasceu em 2012, a partir da criação de produtos vegetarianos. Atualmente conta com cinco produtos diferentes no catálogo, entre queijos em pó e doces. Em 2016, a startup participou da versão brasileira do programa Shark Tank e recebeu um investimento de R$ 400 mil de Carlos Wizard, empresário próximo ao bolsonarismo e dono da rede Mundo Verde.

Os leites vegetais têm conquistado destaque entre os produtos veganos, pois algumas marcas pretendem atingir o público celíaco e intolerantes à lactose, vendendo a ideia de colocar no mercado opções mais saudáveis para o consumidor.

A Nestlé, por meio do Programa Scale-Up Endeavor Alimentos e Bebidas, é uma das investidoras da NoMoo, produtora de laticínios à base de castanhas. Segundo notícia divulgada no portal da empresa suíça, entre 2017 e 2019, foram investidos mais de R$ 15 milhões em produtos plant-based. Uma das linhas que faz parte da companhia é a Nature’s Heart, que além de atuar no seguimento dos leites, também produz lanches e refeições semiprontas.

Se frigoríficos entraram nesse mercado, não haveria por que a empresa-símbolo dos produtos lácteos ficar de fora. A Danone lançou em 2018, no mercado brasileiro, a linha Silk de leites vegetais, após uma transação, finalizada em 2017, em que a multinacional francesa adquiriu a Whitewave (uma empresa americana de produtos orgânicos) por US$ 12,5 bilhões. No fim de 2020, a corporação expandiu a linha de produtos à base de plantas a partir dos produtos da Alpro (de bebidas e comidas vegetais) e da Vega (linha de suplementos alimentares).

Segundo uma reportagem publicada pela Reuters, um dos executivos da Danone, Emmanuel Faber, declarou estar preocupado com o rumo que as grandes indústrias alimentícias estão tomando. Em um encontro de varejistas das maiores empresas de produtos industrializados do mundo, em Berlim, Faber destacou que as pessoas estão cozinhando cada vez mais, e que os consumidores deixarão de consumir os produtos industrializados se as empresas não começarem a enfrentar questões como obesidade, desigualdade e mudança climática.

Ainda segundo a reportagem, ele declarou: “A revolution is cooking, what are we going to do about it?”. Traduzindo: uma revolução está cozinhando, o que vamos fazer em relação a isso?

 

[Fonte: http://www.ojoioeotrigo.com.br]

La evidencia del advenimiento de ese nuevo Perú está, además de la producción artística de los y las quechuas, aimaras y afroperuanos, en los productos literarios que están apareciendo en territorio peruano y americano. Obras literarias gestadas desde una conciencia de la multiculturalidad desarrolladas a partir de diferentes lenguas, en un periodo que ojalá ya no siga siendo de lucha descarnada, sino de reconocimiento respetuoso.

Escrito por Luis Chávez Rodríguez*

El Perú del siglo XXI presenta una ruptura mucho más acentuada con respecto al siglo anterior. El Perú de hoy está sosteniendo una nueva etapa de lucha entre las fuerzas colonizadoras y la población indígena que 500 años después de la invasión siguen defendiendo su territorio y su cultura. A diferencia del siglo pasado, donde las luchas se dieron especialmente en la parte andina del territorio, en la actualidad esa lucha de independencia, de autonomía, se da de modo sostenido también en el área amazónica, y tiene en el llamado “Baguazo” su punto de quiebre. Esta lucha es una lucha política y también, por supuesto, cultural.

De igual modo que en periodos anteriores el enemigo es de procedencia foránea, con la colusión de gobiernos corruptos que han hecho del Estado un instrumento mafioso que se maneja con reglas exógenas para administrar de modo eficaz la extracción de recursos naturales, favoreciendo a lo que a estas alturas de la historia se llama, “el capital”, en contra de la vida y la salud de la mayoría de los peruanos para quienes el Estado en un monstruo burocrático, incapaz de proteger a sus ciudadanos y ciudadanas en áreas tan básicas como la alimentación, salud, vivienda y educación.

El Perú del siglo XXI está iniciando una segunda gesta de independencia para convertirse realmente en un nuevo Perú. Estamos en tiempos que ya se puede ver una ruptura mucha más clara entre el pasado colombino-virreinal-republicano y un nuevo Perú. En el Perú de hoy se está construyendo activamente una nueva República, cuya nación, paradójicamente, hunde sus raíces en una gran variedad de culturas precolombinas mucho más antiguas que la cultura occidental, que es uno de sus componentes, y en esta gesta la contribución de José María Arguedas, en el campo de la literatura, la educación y la cultura, es la del escritor que condensó no solo la resistencia en contra del empeño colonizador sino la del escritor, el poeta visionario, que en tiempos muy oscuros pudo sentir este nuevo Perú que se está forjando desde una marginalidad con respecto al sistema imperante.

¿Cuáles son los elementos, en el legado intelectual y artístico de José María Arguedas, cuál es el material que le permitió componer su obra, cuáles son los recursos estéticos y el lugar de su enunciación, como para mantener esa vigencia, que no solo es actual, sino que se proyecta poderosamente hacia la cultura peruana del futuro?

Estas preguntas, que en realidad son una sola -¿qué tipo de escritor es José María Arguedas Altamirano?- nos dan lugar a una entrada más para el análisis de su obra, dentro de los miles de estudios que se vienen dando, en el Perú y alrededor de todo el mundo, para explicar su magnitud universal y trascendencia histórica a más de un siglo de su nacimiento y a más de medio siglo de su muerte.

Plantaremos aquí, esta entrada a la obra de Arguedas, trazando a grandes rasgos su genealogía y poniéndolo a contraluz con otro importante escritor peruano, Mario Vargas Llosa, quien, por los premios que el mundo occidental otorga para establecer su canon, y sus incuestionables méritos estéticos, ha logrado un lugar importante en la llamada literatura universal de occidente.

José María Arguedas, al que en el siglo pasado se le ubicó dentro del movimiento artístico llamado indigenismo, y más exactamente, neoindigenismo, y que en el futuro se le incorporará, junto a Gamaliel Churata, en un indigenismo futurista, creciente en la estética que se está elaborando en las provincias del Perú, tiene su parentela ancestral en el escritor chachapoyano Blas Valera Pérez (Levanto, “Amazonas”, 1545-¿1599?).

La escritura de Valera la conocemos gracias a los cientos de páginas citadas textualmente por el Inca Garcilaso, en sus Comentarios Reales, y a los documentos, ensayos, diccionarios, crónicas y poemas del chachapoyano que han ido apareciendo de modo tardío, especialmente, en el siglo pasado. Del mismo modo se le va apreciando cada vez más con la aparición reciente de documentos que muestran los testimonios de cronistas de su época, que lo conocieron, lo leyeron y se dejaron influenciar por su escritura, su pensamiento y su compromiso social con la población indígena que por aquél tiempo iba en camino a su exterminio.

La obra de Blas Valera, que como venimos señalando es el primer antecedente de Arguedas, es una obra monumental, de la cual tenemos fragmentos que, al igual que las monolíticas paredes y templetes incas, nos dan una idea suficiente de su magnitud arquitectónica y que más temprano que tarde lo pondrán en el sitial de héroe cultural amerindio, como el que tiene Arguedas en el Perú andino. Sin embargo Blas Valera Para no gozó del prestigio ni de la difusión oficial de su época como sí lo tuvo su par, el Inca Garcilaso de la Vega. Para dar una idea de la posición marginalizada de Valera en ese antiguo Perú que termina con el inicio del siglo XXI, después de un periodo de vigencia en el que su escritura y su lucha en defensa del mundo indígena eran atendidas por sus colegas más cercanos, en el siglo XVI y XVII, hacia finales del virreinato y especialmente en el Perú republicano, se dio un silenciamiento sistemático de su legado, que al fin parece terminar recién en nuestros días.

El prestigioso historiador Porras Barrenechea, como de algún modo lo hizo su maestro Riva Agüero, en las arduas polémicas que tuvo con Gonzales de la Rosa hacia inicios del siglo pasado (Revista Histórica, Lima, 1906) sobre el manejo de las fuentes que el Inca Garcilaso realizó en los Comentarios Reales, estuvo muy empeñado en instituir al Inca, como el paradigma de la peruanidad, privilegiando su lado estético castizo y renacentista. Porras Barrenechea, en sus estudios sobre los cronistas, reseña a Varela de siguiente modo:

“Valera, como escritor es duro, seco y pesado, artificioso y libresco, sin alas de ingenio ni gracia alguna de narrador, en contraste con la manera amena, espontánea y natural del Inca […] En mi opinión, lo más penoso y deleznable de Garcilaso, pertenece a Valera (Cronistas del Perú, Lima, 1962).”

Esta escritura según el historiador es “pesada”, por no decir densa, “artificiosa”, queriendo decir inusual y hasta “sospechosa”, como lo insinúa líneas abajo, en oposición al registro “ameno”, manejado por Garcilaso, hasta entonces paradigma de la buena prosa y el estilo renacentista imperante. Toda esta empresa hispanizante a favor de un Perú contrahecho que se ha querido imponer hasta el siglo pasado sobre una cultura autóctona, mucha más rica y variada, mucho más densa, es el antiguo intento de mantener una posición domesticada y sin aristas frente a la hegemonía occidental, que durante siglos ha tratado de imitar su producción cultural.

El legado de Valera se irá visualizando más nítidamente, en los próximos años, como el acta de nacimiento de la otra variante vigorosa, arisca y combativa del un nuevo Perú plurinacional; un Perú más indígena y menos occidentalizado que ya no tardará en mostrarse, gracias a los nuevos rescates, tanto de su prosa como de poesía escrita en quechua y en latín, así como en estudios académicos que en su mayoría se vienen realizando en la academia anglosajona y en la italiana, pero que, en los últimos años, se puede ver también en producciones intelectuales peruanas.

El tipo de escritura que nace con Varela, quien forma una escuela de resistencia cultural con otros cronistas indígenas y españoles tuvo vigencia a lo largo del siglo XVII, y entre sus más nítidos representantes está Felipe Guamán Poma de Ayala; pero es en el siglo XX, desde el campo de la literatura, que vuelve a sentirse poderosamente. La figura de Gamaliel Churata es una de aquellas, que antecede a la de José María Arguedas. Esta línea creativa, que florece en Arguedas, tiene como rasgos principales, en primer lugar, un origen lingüístico multicultural quechua-español y hasta latín en tiempos de los inicios de la colonia. En el caso de Arguedas es específicamente quechua-español, aspecto que se ha constituido en una las ramas de estudio del universo arguediano. Esta factura bilingüe lo acerca de modo central a la tradición oral como fuente o recurso para darle a su poesía en quechua la profundidad mitológica y fluidez que tiene. Del mismo modo, desde la oralidad le viene su entronque con géneros precolombinos como el Haylli Taki que es evidente en su poemario Katatay, especialmente en el extraordinario poema: Tupac Amaru kamaq taytanchisman; haylli-taki. Otro tanto sucede en su narrativa, escrita en español, donde su matiz lingüística quechua logra introducir en el género novelístico, de origen europeo, un proceso inverso de conquista, donde la oralidad andina quechuiza la forma novelesca hasta ponerla en crisis, como en el libro El zorro de arriba y el zorro de abajo, que desdibuja al género novelesco y se puede leer también como un mito o como un testimonio literario de no ficción.

Otro elemento en la obra de Arguedas es el manejo de referentes culturales y religiosos andinos precolombinos en el mundo que representa y que se ponen en juego, encarando, confrontando, o a veces fusionándose con los referentes occidentales.

Como lugar de enunciación de esta tendencia creativa está el territorio peruano y americano, en un acto de posicionamiento de un territorio concreto, reclamado como original y perteneciente a las comunidades que lo poblaron milenariamente. Un territorio, cuya conceptualización no solo se circunscribe a localización geográfica ni a la propiedad individual o colectiva, sino refiere a un territorio que contiene aspectos culturales y espirituales específicos y que están indesligables de la vida humana y no humana, hasta el punto de concebir la noción de persona incluso en los reinos no humanos. El lugar de la enunciación incluye de manera natural a la naturaleza, como Los ríos profundos, las montañas, los animales, las plantas y hasta las piedras con su propia facultad de emitir una voz desde una personalidad definida. Toda este sistema de conocimientos viene de una cosmovisión diferente a la occidental, que da cuenta de una relación no occidental entre lo humano y su contexto medioambiental. En la obra de Arguedas, el lugar desde donde se emite la voz del poeta o la del narrador es el territorio peruano, en una coyuntura de lucha por su liberación. Desde este territorio “peruano” es desde donde se delinea el horizonte no solo geográfico sino simbólico y donde la omnisciencia del narrador o del enunciador es naturalmente construida a través de una epistemología no occidental, llamémosla indígena, y que está en permanente conflicto o en una lucha encarnecida con la episteme invasiva occidental.

Una lucha, en términos alegóricos, que es como la de dos serpientes, una más bien joven y aventurera, expansiva y depredadora, venida desde el mar, y otra milenaria, ancestral y fecunda, venida desde la selva. Las dos serpientes se encuentran en las montañas para enfrentarse en un combate donde la una intenta tragarse a la otra, y después de una batalla campal, la serpiente advenediza al no poder digerir a su presa la regurgita, sin sosiego, durante siglos. Por fin, la vieja serpiente vuelve a mostrar su perfil multicolor que contiene “todas las sangres”, mientras que la invasora, cansada de cambiar su piel, se da por vencida y deja que sus escamas, como cenizas evanescentes, desaparezcan buscando que alguna corriente marina los devuelva a las costas en donde emprendieron su aventura. Llevando esta alegoría al espacio literario peruano, simbólicamente estas dos serpientes están representadas por aquella milenaria serpiente americana que se personaliza en un monje sin abolengo de padre español y madre indígena, como lo fue Blas Valera “Pérez”, para emprender una larga lucha de resistencia, alrededor de 500 años. La otra serpiente, paradójicamente, la joven, con ínfulas aristocratizantes, estaría representada por el Inca Garcilaso de la Vega. Después de casi 500 años las nuevas caras visibles de esta lucha sin sosiego serían las obras literarias de José María Arguedas, en la línea valerina; y la de Mario Vargas Llosa, en la garcilasiana.

Parafraseando a Caitlin Rolston, hay dos tipos de artistas y en este caso escritores: los que pueden escribir y los que tienen que escribir. Para un país como el Perú, esta dicotomía aplica, especialmente para el caso de nuestros escritores mayores. Para el tipo de escritores que pueden escribir, además del talento, están las condiciones materiales favorables de una educación y una posición social y económica holgada que les genera un tiempo de ocio para dedicarse a la escritura, y el otro tipo de los escritores que deben escribir. Ellos están obligados a escribir porque tienen una sensibilidad artística y un compromiso no solo consigo mismos sino con la comunidad a la que pertenecen. Un compromiso con su realidad social e histórica, con la cultura que les dio los elementos para gestionar su identidad, de modo incluso, angustioso, como se puede ver en El zorro de arriba y el zorro de abajo, en donde su autor se juega la vida misma en el acto de la escritura. Un compromiso que le permitió a Arguedas, al igual que a Blas Valera, traspasar desde un nivel estético hacia un nivel trascendental de héroes culturales.

El perfil que asoma de ese nuevo Perú, que fue diseñado desde el inicio de la resistencia indígena, es el de una nación compuesta por muchas naciones, es un perfil de múltiples y persistentes rasgos. El Perú que asoma ya no es el país andino o criollo solamente, es también el amazónico, y el afroperuano. Un viejo Perú diverso que ha mantenido una larga lucha, sostenida por culturas ancestrales que se encargarán de modelar a los peruanos en el futuro.

Artistas y escritores cómo José María Arguedas, construyeron su legado cultural, desde la base de las culturas autóctonas, a diferencia de escritores como Vargas Llosas, quienes pulieron sus recursos creativos con la su mirada estética puesta en occidente; si bien es cierto, teniendo como centro de sus temáticas al Perú, cumplieron sus roles dando continuación a un impulso colonizador, llevando agua para el molino de una cultura occidental que ahora muestra su declive y su falta de recursos para su propia sostenibilidad en un largo plazo, y que estaría en una crisis irreversible si no fuera por el uso de sus estrategias depredadoras.

Ese territorio que los escritores postarguedianos muestran en nuestras épocas ya sin trabas segregacionistas, donde todas las lenguas son bienvenidas, es ese espacio prodigioso que el mismo Arguedas lo describió en su discurso, al recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega, es el que se contará y cantará en el nuevo Perú:

“No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y calor, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacámac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo.”

La evidencia del advenimiento de ese nuevo Perú está, además de la producción artística de los y las quechuas, aimaras y afroperuanos, en los productos literarios que están apareciendo en territorio peruano y americano. Obras literarias gestadas desde una conciencia de la multiculturalidad desarrolladas a partir de diferentes lenguas, en un periodo que ojalá ya no siga siendo de lucha descarnada, sino de reconocimiento respetuoso. Poemas y narraciones, testimonios, cuentos y canciones y cuanto soporte narrativo este al alcance son la expresión de ese nuevo Perú por el que trabajó Arguedas. Muestra de ello son los poemas y narraciones de escritores y escritoras como Dina Ananco, desde su matriz lingüística wampís; Bikut T. Sanchium, desde el awajún; Raquel Antun Tsamaraint, desde el shuar (poeta hermana “ecuatoriana”); Inin Rono Ramírez, desde la cultura shipibo-konibo; Shirley Canaquiri, poeta kukama; o Jessica Sánchez Comanti y Enrique Casanto Shingiari, desde la nación peruana asháninka, solo para mostrar unos cuantos nombres de ese nuevo Perú arguediano que se nos viene.


*Luis Chávez Rodríguez es poeta y fundador de La casa del colibrí de Chirimoto, en Amazonas, una asociación civil fundada en el 2006. Trabaja con un sistema de voluntarios, recibiendo y movilizando estudiantes y profesionales para realizar proyectos en áreas de educación, arte, organización comunal, saneamiento, agricultura y medioambiente.

 

 

[Fuente: http://www.servindi.org]

 

La marca de calzado independiente CLAE celebrará su 20 aniversario el año que viene con el lanzamiento de sus nuevas zapatillas fabricadas de cuero de cactus vegetal.

La compañía con sede en Los Ángeles está comprometida con la moda sostenible, con algunas de sus anteriores zapatillas ecológicas hechas de materiales como el cáñamo y la malla reciclada.

Los zapatos de piel de cactus son fruto de la colaboración entre CLAE y DESSERTO. Según la compañía de zapatillas, este será el primero del mundo hecho de un cactus.

El cuero se hace en Zacatecas, México, a partir de las hojas maduras del nopal (también conocido como chumbera), sin dañar la planta. Cultivado solo con minerales naturales y agua de lluvia a 2.500 metros de altura, el nopal es conocido por su baja huella ecológica y es 100% orgánico.

Las hojas se cosechan cada seis u ocho semanas para dar a la planta tiempo suficiente para regenerarse y ayudar a preservar la biodiversidad local.

Después de que las hojas maduras se cortan, pasan unos días secándose al sol antes de someterse al proceso patentado de DESSERTO que transforma la planta en un cuero vegetal suave pero duradero.

Las zapatillas Bradley Cactus también están equipadas con cordones hechos de nylon reciclado de residuos plásticos, mientras que la suela está hecha con 100% de caucho natural. Este caucho natural proviene de la savia de látex de los árboles de Hevea y se cosecha en bosques gestionados de forma sostenible. Las zapatillas también vienen empaquetadas en materiales ecológicos como el cartón reciclado.

Más información: clae.eu

[Fuente: http://www.ecoinventos.com]