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La literatura tiene, entre las múltiples “funciones” que se le pueden asignar, la de mostrar el carácter no instrumental del lenguaje.

Escrito por Santiago Cardozo

Se dice y se repite, una y otra vez, que el lenguaje es un instrumento de comunicación. Los juicios más destemplados sobre la literatura lo confirman, también, una y otra vez. En efecto, suele pensarse la literatura en términos de una utilidad puesta siempre bajo sospecha, o mejor, de una inutilidad manifiesta, como si no fuera otra cosa que un pasatiempo, un inocente acceso a la cultura de todos los tiempos y las geografías. Pero la literatura no deja de poner de relieve, de forma persistente y tenaz, la naturaleza no solo no instrumental del lenguaje, sino también antiinstrumental; esto es, la naturaleza política del lenguaje.

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Un día me lo encontré, casi diez años después de la última vez que nos vimos, en una parada de ómnibus. Hacía frío, recuerdo, y ambos estábamos tapados hasta los ojos. Se me acercó y, de una, me tiró, sin solución de continuidad: ¿Qué es de tu vida?

La pregunta me cayó como del oscuro cielo en el que había quedado nuestra relación. No me la esperaba, pero me la espetó a boca de jarro, casi, diría, como un vómito. Entonces, tuve que atajarla. Sonaba a inquisición o, al menos, a una intromisión inadmisible; a fin de cuentas, él ya no era más mi amigo, había dejado de serlo por aquellos años. Sin embargo, antes de responderle, le toleré ambiguamente la pregunta con mi silencio y, en cierto modo, estábamos retomando un vínculo que su desidia había fracturado.

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Después de haberse leído la obra completa de Borges y de Onetti, le entró, deseoso, a Barthes. No sabía de su interés por el semiólogo francés; sin embargo, no me pareció extraño el paso de aquellos enormes escritores al tipo que estaba plenamente sujetado, primero, a su madre, cuya muerte le significó una cimbronazo bárbaro, y, después, a su fantasma. Tomó una libreta y transcribió:

“¿El lugar más erótico de un cuerpo no está acaso allí donde la vestimenta se abre? En la perversión (que es el régimen del placer textual) no hay ‘zonas erógenas’ (expresión por otra parte bastante inoportuna); es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pulóver), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es el centelleo el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición-desaparición”. (El placer del texto, 2003, 19)

Y abajo, con una letra ligeramente diferente, el trazo más errático y, a la vez, firme, como resultado de sus cavilaciones del momento y de los temblores de la abstinencia, escribió:

“De acuerdo con Barthes. Pero me pongo a pensar, por ejemplo, en otros objetos que pueden ser considerados a la luz del ‘placer del texto’, porque ellos mismos pueden ser concebidos como un texto con su propia codificación y decodificación, aunque un texto, ciertamente, no se reduzca a esto. Por ejemplo: un ventilador de pie o la ausencia de cuadros en las paredes de un apartamento en el centro de una ciudad capital”.

Copiada la cita de Barthes, se lanzó a una reflexión más bien especulativa, sin demasiado rigor teórico. Su análisis provenía de la experiencia; su decir, del deseo del deseo del otro: de ese otro que era Barthes. Escribió un par de enmiendas a las palabras del filósofo francés: añadió que la pornografía, a diferencia del erotismo, carece de sentido, está completamente desprovista de contexto, de trama y, como consecuencia, no produce ninguna interpelación al otro, en la medida en que tampoco suscita interpretación alguna. En cambio, señalaba, el erotismo, en el juego entre la mostración y el ocultamiento, inscribe el objeto en una trama, un argumento, quizás, en el interior de un contexto histórico que dota de sentido al juego erótico. En consecuencia, hay sentido e interpretación, lo que da lugar, tejía, a la interpelación de la mirada ajena, vale decir, suscita preguntas sobre el acto mismo de mirar y la forma en que la mirada se inscribe en el objeto. Y, como se sentía insatisfecho con lo explicado, le dio una vuelta de tuerca: decía que la mirada implicada en el erotismo permitía realizarle preguntas a la mirada envuelta en la pornografía (en este pasaje, aparecían subrayadas las palabras “implicada” y “envuelta”). Y cerraba el párrafo con esta observación: la mirada del erotismo está hecha de un deseo perpetuamente desplazado, mientras que la mirada de la pornografía es puro goce o, como escribía emulando la forma lacaniana que, a su vez, emulaba la fórmula marxiana, un plus de goce. El porno tiene como correlato el erizamiento o la emasculación del cuerpo del que mira; el erotismo, en cambio, seduce, procrastina el orgasmo a un momento indefinido, si es que llega.

Cuando hubo terminado estas anotaciones, pasó días sin escribir, encerrado en la serie de pensamientos que se le desprendían de la cabeza, como se descascara la pintura de una pared allí donde domina, hace largo tiempo, la humedad. (Sentía que, en efecto, los pensamientos se le desprendían de la cabeza, del cuero cabelludo; que se le salían por las orejas envueltos en la cera que removemos con una toalla o un cotonete, de “esta máquina roja”).

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Ese día, cuando me arrojó la pregunta a la que no pude reaccionar con la velocidad que requería la respuesta, me dijo que se había gastado toda la guita de la pensión que cobraba por retrasado en whisky y cigarros y que, ya que se había encontrado conmigo de casualidad, aprovechaba para pedirme prestados unos pesos, no muchos, agregó, pero los suficientes como para subsistir hasta el próximo cobro, quince días más adelante. Yo, nuevamente sorprendido, pero ahora por el pedido y, sobre todo, por el tono que le imprimió, solo atiné a tantear mis bolsillos a fin de constatar si tenía algo para darle (“algo para darle”, como si fuera, en cierto sentido, un indigente). Como siempre, solo andaba con un par de billetes de cincuenta pesos, de modo que se los di. No quedó conforme. Me rajó un pequeño insulto: siempre una rata. Se dio media vuelta y no lo volví a ver nunca más.

Dos años después, un pariente suyo me llamó por teléfono para darme la noticia de que había muerto y de que me había dejado una libreta, la misma a la que yo había tenido acceso en tiempos de una amistad razonable, cuando iba a poner un poco de orden a su casa. Solo había agregado otra cita de Barthes, con una caligrafía tambaleante y una palabra al final:

“El placer de la frase es muy cultural. El artefacto creado por los retóricos, los gramáticos, los lingüistas, los maestros, los escritores, los padres, este artefacto es imitado de manera más o menos lúdica; se juega con un objeto excepcional del que la lingüística ha señalado su carácter paradójico: inmutablemente estructurado y sin embargo infinitamente renovable: algo así como el juego de ajedrez”.

“Escribí”.

No sé el motivo, pero seguí la orden, y escribí.

¿Por qué se había obsesionado con Barthes? ¿Qué clase de atracción había ejercido sobre él el franchute? ¿Por qué había quedado trancado o capturado solo por algunos pasajes del intelectual galo mutante? De Borges y Onetti a Barthes: ¿cuál había sido la razón de ese trayecto y de ese destino que, por otra, parece muy natural?

¿Qué quiere decir que el placer de la frase es muy cultural? No que es cultural, sino muy cultural. Ahí está el signo del plus de goce: “muy”, cierto orden económico al que Barthes rechazaba, pero también su propio placer lector, el ejercicio de la crítica fundado en ese placer de decir según un estilo singularísimo, identificable a diez kilómetros; el placer de los fragmentos y de la novela fantasma en preparación. Hay un artefacto, una cosa creada por el pensamiento. (Quizá cupiera la interpretación de que, como creía Parménides, el pensamiento y la cosa pensada son lo mismo). Entidad hecha de palabras, de la irreductibilidad de la gramática, de la materialidad misma del significante. Este es el punto que no se puede traspasar. La lingüística, sin embargo, no puede absorber adecuadamente los efectos del artefacto, porque el plus que constituye su goce desborda al propio pensamiento lingüístico, en cualquiera de sus formas. Pero, aun así, el mérito primero y último de la lingüística es enseñarnos de la naturaleza paradójica del artefacto: tiene una estructura (piezas relacionadas cuyo valor se define a partir de la posición que aquellas ocupan en dicha estructura) y está sujeto a la apertura propia de la significación: las piezas se renuevan, cambian de posición y, con ellas, muda su valor y la estructura se reestructura sin dejar de ser una estructura. La lógica: la existencia implacable de la estructura como principio regulador del funcionamiento de los signos, en el interior de la cual las diferencias y las oposiciones constituyen las reglas de la definición del valor de las piezas del juego; la dinámica: movimientos, desplazamientos, remisiones, articulaciones cambiantes, choques, enfrentamientos, solidaridades, en suma, cambios. La lógica es atemporal; la dinámica, cultural, histórica. La lógica no sabe de ideología ni de interpelaciones; la dinámica, en cambio, activa movimientos centrífugos y centrípetos en los que intervienen escritores, lingüistas, maestros, retóricos, padres, etcétera. He aquí, pues, las dimensiones activas del tiempo y del espacio, de las formaciones discursivas que definen el sentido de las palabras o las expresiones lingüísticas utilizadas. Y, de la relación entre la lógica y la dinámica surge el exceso del placer del texto, que no es, en mi opinión, como decía Barthes, estrictamente muy cultural, sino también goce por fuera de la cultura, cuerpo, órgano, afecto, aunque cada uno de estos accidentes y/o afecciones estén en parte determinadas o al menos moldeadas históricamente. Si uno plantea las cosas en términos de un placer del texto muy cultural, presupone un nivel cultural carente del plus del placer y, antes que nada, un nivel precultural, o que se sitúa por debajo de lo cultural, más simple y, a la vez, más inaccesible a la representación: un síntoma devenido sinthome, una represión devenida forclusión.

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Dos cosas que a mi amigo le gustaban mucho de Onetti, por las cuales lo leía una y otra vez, prescindiendo por completo del resto de la literatura que se escribía en el mundo (menos de Borges), eran el decir sin decir, lo elíptico y sugerido, y las infinitas y sutiles prosopopeyas.

[1] “Hace un rato me estaba paseando por el cuatro y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez. Hay dos catres, sillas despatarradas y sin asiento, diarios tostados de sol, viejos de meses, clavados en la ventana en el lugar de los vidrios.

Me paseaba con medio cuerpo desnudo, aburrido de estar tirado, desde mediodía, soplando el maldito calor que junta el techo y que ahora, siempre, en las tardes, derrama adentro de la pieza. Caminaba con las manos atrás, oyendo golpear las zapatillas en las baldosas, oliéndome alternativamente cada una de las axilas. Movía la cabeza de un lado a otro, aspirando, y esto me hacía crecer, yo lo sentía, una mueca de asco en la cara. La barbilla, sin afeitar, me rozaba los hombros.

Recuerdo que, antes que nada, evoqué una cosa sencilla. Una prostituta me mostraba el hombro izquierdo, enrojecido, con la piel a punto de rajarse, diciendo:

—«Date cuenta si serán hijos de perra. Vienen veinte por día y ninguno se afeita»” (Onetti, El pozo, Montevideo, Editorial Arca, 1965, p. 7).

La cosa empieza como una reflexión casual que ocurre en un ambiente saturado de cansancio, de aburrimiento, de existencia. Una ruptura, un quiebre: el verbo “hay” divide las aguas y define una distancia, la que se establece entre el ojo que mira y los objetos mirados, los objetos que hay. El efecto del empleo de este verbo parece esconder al narrador en la impersonalidad sintáctica y semántica de la oración: “Hay esto y lo otro y aquello de más allá”. Algo así como una despersonalización que afecta a la humanidad de quien se siente, podemos pensar, abrumado por el calor y la humedad que dominan la pieza en la que vive, casi un cuchitril. La enumeración de objetos constituye una descripción a la distancia en la que el propio narrador, llegado el caso, es un objeto más de la serie enumerada, en la medida en que la mirada del narrador parece mutar, sencillamente, en mirada. Del pretérito imperfecto (“me estaba paseando”) al perfecto (“se me ocurrió”) y de este al presente (“hay”): del plano inactual del pasado al plano actual de esta misma porción del tiempo lingüístico y de este plano actual a la forma estirada, no marcada, “chiclosa”, del presente verbal, el tiempo no-tiempo o el tiempo que engloba al pasado y al futuro en la indeterminación de cuándo empezaron las cosas y cuándo terminarán de ser como son.

El salto al párrafo siguiente es, si se quiere, natural: volvemos a una forma imperfecta, indefinida, que se estira imprecisamente. Entonces, aparece el estiramiento y el detenimiento interminables del tiempo, la sucesión de fenómenos u observaciones que se inscriben en esa masa física gomosa que es el tiempo. La sintaxis se somete a la fuerza de gravedad de ese estiramiento y ese detenimiento, dentro de los cuales el cuerpo desnudo del narrador, que reaparece en la forma de la carne que ya no tolera el ambiente, ahogada por el calor y la humedad, adopta la centralidad del relato como un objeto vivo que, podemos pensar, vive precisamente por la densidad acuosa que le da vida. El imperfecto domina el párrafo: se instala como el eje de la trama, como la materia temporal y corporal que va ganando la narración, filtrándose por cada rendija del léxico y de la sintaxis, sustancia viscosa sometida al juego de las pausas.

Desnudez:

“La desnudez, en nuestra cultura, es inseparable de una signatura teológica. […] Antes de la caída, ellos [Adán y Eva], aun sin estar cubiertos por vestido humano alguno, no estaban desnudos: estaban cubiertos por un vestido de gracia que se adhería a ellos como un hábito glorioso […]. Es de este vestido sobrenatural del que los despoja el pecado […]” (Agamben, Desnudez, Barcelona, Anagrama, 2011, p. 77).

“A través del pecado, el hombre pierde la gloria de Dios, y en su naturaleza ahora se hace visible un cuerpo sin gloria: el desnudo de la pura corporeidad, el desnudamiento de la pura funcionalidad, un cuerpo al que le falta toda nobleza, puesto que la dignidad última del cuerpo estaba encerrada en la perdida gloria divina” (Erik Peterson, “Teología del vestido”, en Agamben, 2011, p. 80).

La prostituta: otro cuerpo semejante al del narrador, decadente, en proceso de deterioro, en este caso, por el efecto de la profesión y de la vida llevada adelante, del ejercicio de la libido (Agustín sostenía que la libido era la excitación incontrolable de las partes íntimas, una consecuencia del pecado; Pablo, por su parte, creía que era la rebelión de la carne y de su deseo contra el espíritu). Los cuerpos corrientes: los olores, las formas y las vidas marginales que la sociedad gustaría de suprimir, a los que preferiría no ver. Y, de nuevo, una particular forma de la desnudez, es decir, del pecado, de la burla a la religión, a la nobleza de los cuerpos cubiertos con y por la gracia divina (la libido como una forma indecente de la desnudez de los cuerpos). El espacio mitológico del burdel o, menos delicadamente, del quilombo, es el de la imaginería de la creatividad e inspiración literarias, allí donde los compromisos sociales quedan suspendidos, cesan a partir de su cuestionamiento: cae la máscara de la doble moral e, incluso, de la idea misma de moral, al menos en el sentido directivo que, por defecto, tiene, en el juego de la división entre actitudes y conductas moralmente elogiables y deseables y actitudes y conductas moralmente reprobables, cuestionables, deleznables. En el quilombo, la moral es destilada por los huevos de los clientes y por las conchas de las putas. Eladio Linacero y Junta son diferentes y el mismo, establecen con el lupanar una relación semejante, en el sentido del lugar central en que lo sitúan como fuente de la creación literaria y, a la vez, como el lugar en el que no se procrean seres humanos; la relación, en este sentido, es inversamente proporcional: cuanto mayor sea la inspiración y la creatividad literarias, menor es la procreación de la especie.

Entonces, se trata del cuerpo ataviado por la existencia, su exhibición como cuerpo mundano, sin ningún relieve poético específico más que aquel que se obtiene del propio acto creativo en el que se aparece insertado. El sudor en general y los efluvios femeninos del ejercicio de la prostitución provienen del sistema cloacal del cuerpo, por lo cual componen una muestra de los desechos que el cuerpo produce y expulsa al exterior. Así, el propio cuerpo humano es un pozo cuyo contenido parecería no tener ningún vuelo poético más allá del discurso de la comedia; sin embargo, el sudor, el vómito, la mierda, el moco, sustancias vulgares que, tanto en El pozo como en Juntacadáveres, cumplen una función política en la narración. En este sentido, el verbo “hay” constata la brutal existencia presente y presentificada de dichas sustancias.

Los cuerpos del narrador y de la prostituta son cuerpos pecaminosos: el primero por evocar al segundo, al que usa, alquila o “ultraja” en el prostíbulo; el segundo por “venderse” a los clientes que lo requieren, por cobrar por su uso o alquiler (es un cuerpo con valor de uso y valor de cambio). Nada de esto está tocado por la gracia divina, nada de esto está cubierto por el vestido invisible que Dios puso sobre los cuerpos de Adán y Eva. Los cuerpos del narrador y de la prostituta están, literalmente, desnudos; ambos ejercen la conciencia y la soberanía de su desnudez, por lo que su “esencia”, decía, es pecaminosa, en la medida en que están despojados del hábito glorioso que los resguardaba del pecado y de su propia conciencia como cuerpos desnudos que exhiben sus partes pudendas. Ahora, ambos cuerpos pertenecen al orden de la anatomía humana corriente, de la funcionalidad de las diferentes partes que lo componen, en particular, de los genitales, cuyos fluidos se intercambian en el sexo “innoble” que se ejerce en el mercado de los cuerpos; fluidos “diabólicos” que solo provocan el rechazo divino, la instalación definitiva del pecado en la vida de los propios cuerpos gozantes.

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Del pozo y los prostíbulos onettianos hay un solo paso a la novela El fondo del quilombo, del escritor canario Martín Bentancor.

[2] “Con los años, los libros me ofrecían las piezas faltantes para armar el cuadro astillado que la mañana caliente y pegajosa, saturada por el ruido del tránsito pesado de la ruta y los graznidos de las cotorras –vaya ironía– en los altos eucaliptus, además de los quince años cargados de fantasías y anhelos idiotizados por el magma pueblerino, me retaceaba. Después me enteraría de que William Faulkner había dicho que la morada ideal de un escritor era un burdel, el único sitio donde encontraría tranquilidad por las mañanas para enfrentar la hoja en blanco y variedad de tipos humanos por las noches para llenarla. Un poco antes y muy lejos del Condado de Lafayette, en un suburbio cercano al río Moldava, el escritor checo Jaroslav Hašek había abandonado esposa e hijo para irse a vivir a un prostíbulo” (Montevideo, HUM, 2019, p. 13).

Otra vez la imagen del prostíbulo como el lugar mitológico que suscita la creación literaria. Varios grandes lo han adoptado bajo ese halo mítico. El quilombo se yergue (es el lugar, sin duda, en el que, para funcionar, algo tiene que erguirse) como la nueva moral, que destrona a la doblada moral que permea los distintos estratos sociales y los diversos ámbitos de la vida de las personas. Esta nueva moral es transparente y, al mismo tiempo, opaca, al menos en el sentido en que lo son la polisemia, la homonimia y el equívoco, fenómenos propios de la creación literaria. Quilombo, burdel, prostíbulo, lupanar, queco, mancebía, casa de citas o de lenocinio, serrallo: los nombres que refieren el lugar en cuestión son varios; la inestable y aparente sinonimia ilustra, en este sentido, la importancia que posee para la vida social. En él se descargan el mundano estrés, la fatiga existencial, las complejidades de la vida laboral y doméstica, el vicio y la obsesión, la manía y la enfermedad, la tristeza y la melancolía y, sin duda, en él se descarga el líquido lechoso del debut.

Las agitadas noches del prostíbulo se convierten en mañanas serenas propicias para la escritura. Pródigo en olor a lavanda y a lejía, el lupanar pueblerino es centro de socialización y lugar donde se cocinan asuntos de interés público. La gente de recta moral se escandaliza con la prosperidad de estos lugares levantados por el mismísimo diablo y juntan firmas para extirparlos como células cancerosas, para sacar de su vista a las prostitutas que, según se escurre en los corrillos, han perdido la condición de mujeres. Estas son nuestro lado oscuro, como decía Roudinesco de las perversiones; son el cuerpo mismo en el que encarnan y se descargan los deseos más abyectos de esos otros cuerpos sin moral o con la moral hecha a un lado, empujada a los márgenes de la sociedad, mientras dura el servicio sexual, para retomar, más tarde, la vida hipócrita que transcurre en el seno del sagrado e inviolable hogar.

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En las últimas hojas del cuaderno, aparecía este fragmento de “La casa en la arena”, enigmática ubicación que parecería sugerir la circularidad fatal del tiempo y del espacio, de la vida de las personas.

[3] “Cuando Díaz Grey aceptó con indiferencia haber quedado solo, inició el juego de reconocerse en el único recuerdo que quiso permanecer en él, cambiante, ya sin fecha. Veía las imágenes del recuerdo y se veía a sí mismo al transportarlo y corregirlo para evitar que muriera, reparando los desgastes de cada despertar, sosteniéndolo con imprevistas invenciones, mientras apoyaba la cabeza en la ventana del consultorio, mientras se quitaba la túnica al anochecer, mientras se aburría sonriente en las veladas del bar del hotel. Su vida, él mismo, no era ya más que aquel recuerdo, el único digno de evocación y de correcciones, de que fuera falsificado, una y otra vez, su sentido” (Cuentos completos, Montevideo, Alfaguara, 2009, p. 136).

Este es, en mi opinión, y supongo que, en parte, era la opinión de mi amigo, uno de los mejores comienzos de Onetti: sus típicos desplazamientos prosopopéyicos, la forma en que la vida misma puede ser interpretada a través y a partir de un diminuto fragmento del pasado (el recuerdo que punza, del que no podemos desprendernos y en el que ciframos, secretamente, las expectativas de la comprensión del presente de nuestra vida), el papel que los personajes se limitan a cumplir, aun cuando al inicio parezcan tener las cosas bajo control, la simultaneidad de los acontecimientos que detiene el tiempo y fija para siempre la angustia de la existencia.

Retener furiosamente un recuerdo para evitar su falsificación solo puede significar la imposibilidad de vivir. El precio a pagar por el congelamiento del pasado –si este congelamiento fuera posible, si nos hubiera sido dada la posibilidad de clavar intactas, sobre la pared descascarada en la que se van imprimiendo nuestras experiencias, las fotografías del tiempo vivido– es demasiado alto como para empecinarse en la tarea.

El recuerdo asume la voluntad de una permanencia en quien lo recuerda, pero que, al mismo tiempo y en realidad, está sujeto a que aquel decida aparecer por encima de la conciencia de Díaz Grey. Es un recuerdo sustraído a la historia, un recuerdo cuya autonomía le permite hacerse a un lado del tiempo y sobrevivir los avatares del devenir, del irrevocable camino hacia la muerte. Sin embargo, como si fuera una escritura (en realidad, lo es), el recuerdo está fatalmente sometido a las correcciones que su sujeto ejerce sobre él, de modo que, al final, es el que sueña el que tiene el lápiz por la mano, con el cual entabla un enfrentamiento con las imágenes que el sueño genera. Un sueño, entonces, puede morir, como la memoria se deshace de los timbres de vos, de los olores, de las facciones, del balanceo del caminar, de las palabras que el ahora espectro profería cuando estaba vivo.

Finalmente, mi aporte a la causa barthesiana, digamos, que incluí en el cuaderno de mi amigo como una hoja anexada con ganchitos de grapadora, proviene de un coterráneo del franchute en cuestión: Pascal Quignard. Creo que Barthes hubiera estado bastante de acuerdo con las observaciones de su compatriota:

“El lenguaje es la única sociedad del hombre (cháchara, cotilleo, familia, genealogía, ciudad, leyes, charla, cantos, aprendizaje, economía, teología, historia, amor, novela) y no se conoce ningún hombre que se haya librado de él. Así el logos fue desatendido de la philosophia en su despliegue de la misma manera que el aire es ignorado por las alas de los pájaros, como el agua del río es ignorada por los peces excepto al morir por encima de la superficie del agua en donde se asfixian, una vez transportados por el anzuelo hacia la suavidad y la transparencia atmosféricas donde dejan de moverse y se iluminan” (Retórica especulativa, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2006, p. 15).

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Quién se atreve ahora a decir que el lenguaje es un instrumento de comunicación.

 

 

[Fuente: .vadenuevo.com.uy]

 

 

 

Le marché des « protéines alternatives » est en plein développement.

 

Écrit par Lucie Wiart

Docteure en sciences de gestion, Sciences Po Lille

et

Nil Özçaglar-Toulouse

Professeure des universités, Université de Lille

 

La surconsommation de viande est aujourd’hui considérée comme un problème public majeur par de nombreux scientifiques et organisations internationales.

La consommation moyenne globale de viande par personne aurait en effet doublé en 50 ans, un rapport de la FAO estimant même que cette consommation augmenterait de 76 % d’ici 2050.

Cet essor, notamment dans les pays émergents comme en Chine et Asie de l’Est, exerce une pression importante sur les ressources naturelles ; c’est ce que soulignent des rapports de la FAO, du GIEC ou des études scientifiques.

Pollution, antibiorésistance et questionnement éthique

L’élevage s’est intensifié et industrialisé : en France, par exemple, on a pu observer une réduction du nombre d’exploitations malgré une augmentation de la production ; dans un récent rapport l’ONG Greenpeace rappelle ainsi que 1 % des exploitations françaises produit aujourd’hui les deux tiers des porcs, poulets et œufs.

L’élevage génère d’autre part une importante pollution : l’azote et le phosphore présents dans les déjections animales dégradent les eaux de surface et souterraines, nuisant aux écosystèmes aquatiques et à la santé humaine. En France, Greenpeace a dénoncé le lien entre prolifération des algues vertes et industrialisation de l’élevage breton.

L’élevage serait également responsable de fortes émissions de gaz à effets de serre – la FAO estime cette part à 14,5 % des émissions de GES globales – et aurait des impacts négatifs sur les habitats naturels ; en constituant notamment un facteur clé de la déforestation et en occupant de manière préoccupante les surfaces émergées.

Toujours selon la FAO, 70 % des terres agricoles mondiales seraient aujourd’hui affectées à la production de nourriture pour les animaux d’élevage, soit 30 % des terres émergées.

Au-delà de ces impacts environnementaux, il faut aussi mentionner des problématiques de santé publique, l’élevage intensif ayant par exemple une part de responsabilité dans l’accélération du phénomène de résistance aux antibiotiques.

Par sa participation à la déforestation, l’élevage serait également responsable d’une fragmentation des habitats et d’une augmentation des contacts entre humains, animaux sauvages et pathogènes, développant le risque de zoonoses.

Mentionnons enfin la dimension éthique de cette consommation de viande et du sort réservé aux animaux d’élevage, qui s’invitent régulièrement dans le débat, alimenté par les actions d’associations de défense de la cause animale comme L214.

Proposer des alternatives

Face à ces multiples constats, un nouveau marché se développe : celui des protéines dites « alternatives ».

Ces protéines sont principalement d’origine végétale, on les retrouve notamment dans les légumineuses, mais aussi dans les céréales et fruits oléagineux.

Ces alternatives pourront également, dans le futur, provenir de l’agriculture cellulaire et de la viande dite « cultivée ».

Nous allons voir, en nous basant sur nos travaux, comment cette nouvelle offre a été construite pour les viandes végétales, en étudiant les représentations et la réception par les consommateurs.

De la viande élaborée avec des plantes

Les « viandes végétales » se basent sur la transformation de légumineuses, notamment du pois protéagineux et du soja. Elles peuvent également être développées à partir de champignons : la marque Quorn commercialise par exemple ses substituts de viande à base de mycoprotéine, produite à partir de Fusarium venenatum. Le produit est ensuite transformé et aromatisé.

Par leur imitation de la viande – tant sur le goût que l’apparence et la texture –, ces produits permettraient de la remplacer partiellement, tout en ne modifiant ni la structure des repas, ni les habitudes de cuisine des consommateurs. Elles permettent ainsi de corriger l’image d’une alimentation végétale et végétarienne considérée comme insipide, trop radicale et politique.

Si les légumineuses, riches en protéines, peuvent à elles seules constituer des substituts à fort potentiel pour élever l’apport en protéines végétales dans l’alimentation, elles pâtissent néanmoins d’une image assez négative ; délaissées au lendemain de la Seconde Guerre mondiale au profit des pâtes et de la viande, elles sont considérées comme étant difficiles à digérer, compliquées et chronophages à cuisiner.

Un secteur dynamique

Ces alternatives végétales étaient autrefois uniquement distribuées en magasins spécialisés, par des marques peu connues du grand public. Elles sont désormais de plus en plus visibles, grâce à l’investissement de grands groupes comme Carrefour, Herta ou Fleury Michon.

Grâce à leur légitimité sur le marché originel de la viande, ces entreprises visent une clientèle plus large et consommatrice de viande. Xerfi estimait ainsi en 2019 le chiffre d’affaires en France de la vente de produits végétariens et végans à 400 millions d’euros et prévoyait une croissance de 3 % par an.

Barclays estime de son côté le marché de la viande alternative à 140 billions de dollars d’ici 2029. La banque d’investissement estimait ainsi que la viande végétale occuperait d’ici à 2029 10 % du marché global de la viande… contre 1 % aujourd’hui.

Les start-up pas en reste

En complément des acteurs historiques (comme Cereal ou Quorn), des grandes marques de distributeurs et d’entreprises spécialisées dans les produits carnés, des start-up se lancent également sur ce marché, ouvrant des lignes de production en France, à l’image des Nouveaux Fermiers ou d’Hari&Co.

Elles sont à l’origine d’un soutien aux systèmes de cultures végétales, pour sécuriser un approvisionnement en légumineuses encore timide.

Un nouvel horizon pour les légumineuses

Contrairement à ce qui a pu être affirmé dans certains débats publics, ces produits ne viennent pas se construire « contre les agriculteurs » ; ils pourraient bien leur proposer des solutions en les accompagnant dans une transition agricole plus durable tout en leur offrant de nouveaux débouchés économiques.

Avec la prise de conscience d’une nécessaire diminution de la consommation de viande, le développement du marché des légumineuses pourrait en effet être favorisé.

Leur culture possède des atouts agro-environnementaux non négligeables ; elle permet, par exemple, de fixer l’azote atmosphérique et donc réduire l’usage d’engrais azotés pour les cultures suivantes. De tels atouts pourraient être davantage valorisés, notamment grâce à l’instauration de paiements pour services environnementaux.

Ces produits doivent toutefois gagner en légitimité auprès des consommateurs, en France notamment, où la question de l’alimentation végétale génère de forts débats politiques et où l’alimentation carnée reste centrale.

La tactique des noms

Les dimensions climatique et environnementale s’avèrent essentielles dans la communication des entreprises sur ces nouveaux produits.

Concernant la question du bien-être animal, par exemple, nous avons étudié comment ces entreprises encouraient le risque d’être targuées d’idéologie en vantant l’absence de produits d’origine animale dans leur production ; les vifs débats autour des noms donnés à ces aliments en témoignent : entre « viande végétale », « fausse viande » ou « viande végane », chaque dénomination aura une influence sur le choix des consommateurs.

Cette dynamique complexe pourrait à long terme questionner la légitimité de ces produits.

La culpabilité des mangeurs de viande

Ces aspects de représentations sont essentiels : dans leurs travaux sur la symbolique de la viande, les socioanthropologues comme Jean‑Pierre Poulain ou Noëllie Vialles mettent en avant la centralité de la question de l’animal, et surtout de sa mort.

Cette mort – contestée par de nombreux philosophes depuis l’Antiquité, on pense ici à Plutarque – apparaît incontournable lorsqu’on étudie la viande et les viandes dites « végétales ».

La socioanthropologie de l’alimentation montre que cette mort est source de forte culpabilité pour le mangeur. Autrefois légitimée dans le cadre de sacrifices, la mort animale est désormais soustraite aux consommateurs, par une mise en distanciation du processus d’abattage et une esthétisation des produits carnés.

Pour l’anthropologue Noëlie Vialles, cette culpabilité se gère par un comportement dit « sarcophage » : les consommateurs feraient tout pour éviter de faire le lien entre viande et provenance animale. La viande est ainsi vidée de sa substance symbolique.

Mais les actions d’organisations de défense animale bousculent désormais cette posture, avec par exemple la diffusion de vidéos tournées dans les abattoirs. En soulignant d’autre part les nombreuses capacités cognitives des animaux de ferme, elles viennent lutter contre les représentations négatives vis-à-vis de ces êtres vivants en mobilisant une approche scientifique.

Ce sont ces consommateurs qui peuvent constituer la cible principale de ce nouveau marché des viandes alternatives, en remplaçant l’origine animale de la viande par une origine végétale (on peut en consommer sans culpabilité).

À l’instar de la viande cultivée en laboratoire, les « viandes végétales » participeraient ainsi à cette même « ruse » de substitution.

Une nécessité de transparence nutritionnelle

Reste un enjeu majeur pour ce nouveau marché, qui porte sur la nécessité d’une transparence nutritionnelle, environnementale et sanitaire.

Notre recherche rappelle la volonté croissante des consommateurs de s’affranchir des produits industrialisés, suremballés et non issus de l’agriculture biologique. Pour ces derniers, si la « viande végétale » peut faire office de facilitateur de transition, elle ne peut représenter une solution sur le long terme.

Une forte attention doit donc être portée aux qualités nutritionnelles et environnementales de ces produits, régulièrement attaqués. Il faudrait ainsi limiter la trop grande transformation, éviter certaines techniques (comme le cracking, qui consiste à décomposer à l’extrême les légumineuses) afin de limiter la dégradation des micronutriments.

Une réduction des prix serait également souhaitable, afin d’augmenter l’acceptation de ces produits, certains étant parfois plus chers que leurs équivalents « carnés ». Enfin, d’autres innovations pourront être développées dans le domaine des substituts : il n’existe par exemple à ce jour que très peu de substituts à viande de porc, l’une des plus consommées par les Français.

 

[Photo : Shutterstock – source : http://www.theconversation.com]

Chercher, Pierre-Carl Langlais adore : il s’est lancé dans des études en histoire de la presse, mobilisant les ressources de l’Intelligence Artificielle pour analyser des corpus entiers. Et au fil des morceaux de code, s’est intéressé à l’outil GPT-2 – logiciel de traitement automatique du langage, produit par OpenAI (société de Elon Musk). « À partir d’un corpus, on propose à la machine un début de phrase, et elle génère le texte qui suit. On peut ainsi croiser deux types de textes, pour emprunter un style à l’un et un univers à l’autre », nous explique le post-doctorant.

Actus Livres - Radio Marseillette

Publié par Nicolas Gary

En se penchant sur Proust, il découvre un « bon candidat : son style est reconnaissable, et l’on dispose d’énormément de textes – tous dans le domaine public ». Comprendre : librement réutilisables. Il décide alors de puiser dans les romans de Marcel, pour former sa machine.

« Les nouveaux outils de génération de texte s’appuient sur de l’apprentissage profond par “réseaux de neurones” : ils ne lisent pas seulement des mots en vrac comme on le fait traditionnellement, mais sont capables de déceler des relations syntaxiques, sémantiques et stylistiques entre les mots. Nous avons là des outils assez souples, en mesure d’apprendre et de monter en abstraction par rapport au texte de départ en nous immergeant dans une esthétique précise (par exemple le style d’un auteur ou d’un genre), voire dans une société ou une époque en faisant des références précises à des noms de personnes, des pratiques sociales ou des usages culturels. »

Mais il faut partir d’un support : la machine n’a pas de connexion directe avec des Muses 2.0. « Cet ensemble de documents va être fourni, pour définir des réglages — dont le taux d’apprentissage. Or, de même que l’on peut ajouter des couches de savoir, de même, il est possible d’effacer une mémoire antérieure, pour laisser place à un nouveau corpus. Plus le taux d’apprentissage est élevé et plus GPT-2 va se focaliser sur les nouveaux textes fournis. »

GProusT-2

Par de délicieuses méthodes de calcul, la machine ingérer les textes et délivrera un fichier, baptisé modèle. Ce dernier présente plusieurs paramètres, intégrant les probabilités de présence de mots, les combinaisons entre les mots et les combinaisons de combinaisons. « Pour faire écrire de la science-fiction à Proust, rien de plus simple, si je peux dire : on fournit un corpus Proust et on ajoute un roman de SF. La machine aura deux entraînements successifs, et il suffit ensuite de contrôler la température. »

Pas question ici de chaleur thermique : la température désigne le niveau de créativité concédé à la machine. Suivant le curseur que l’on pousse, on aura une ambiance proustienne, dans le style, avec un sens totalement délirant, ou bien un vocabulaire proustien, s’inscrivant dans un monde de SF. Et ainsi de suite. Voilà ce que cela donne :

Je vivais depuis plusieurs années sur la planète Mars et je me demandais à voir les vals; je me donnais la carte d’argent pour vouloir porter sur moi un poisson de voyage. Aussi je n’en gardai plus ce morceau. De mon état de méfération faisait une saine. Sa maison, au milieu de cela, était un des plus simples éléments d’un grand plaisir mais, le pire des milliers, je montai en voiture et m’habillais avant le dîner; la ville, où la promenade des gambins sur l’intérieur est assez nouveau, me semblait que ma maison était là

– GPT-2 d’après Marcel Proust 

GPT-2, décrié par son fondateur même, a d’ailleurs donné vie à un nouvel entrant : GPT-3. « Plus puissant, avec énormément de mémoire, il est capable de prouesses techniques dingues », s’enthousiasme Pierre-Carl. Avec le début d’un roman du XIXe siècle, la machine serait en mesure de concevoir toute une écriture sur le même principe. Elle gère également des transitions de langue, de l’anglais au français, par exemple, et bien plus. Voici, par exemple, une extrapolation réalisée à partir du style de Michel Foucault.

« Si je fournis un patron Pokemon, associé aux textes de Balzac, la machine me sortira des fiches Pokemon Balzac avec les personnages de la Comédie humaine. » Impressionnant, certes… mais à quoi bon ? « L’objectif de ces outils est vague », reconnaît le chercheur. « L’assistance à l’écriture est l’un des éléments affichés, et d’ici un à deux ans, ils fonctionneront plutôt bien. Aujourd’hui ils arrivent déjà à rédiger des dépêches et des articles journalistiques crédibles avec des sources, des citations, des références, mais… entièrement inventé. Avec, si l’objet se généralise, un véritable risque de créations de fake news généralisé. »

Et plus encore : pour l’heure, les robots sont certes en mesure d’avoir des conversations raisonnées… mais absolument pas raisonnables. « Ils racontent absolument ce qu’ils veulent, et personne n’a de maîtrise, on l’avait vu avec le cas Microsoft. Politiquement, les IA sont des machines incontrôlables, mais… d’excellentes stylistes. »

Fin de la page blanche

Le style ? Mais quid du droit d’auteur sur les textes créés ? « C’est une question… embarrassante pour les concepteurs de ces machines. Aujourd’hui, les IA écrivent à partir du style d’un auteur spécifique : elles reprennent donc “à la manière de”. Prenons le cas d’un auteur de polar avec des personnages récurrents : la machine pourrait organiser des séquences, pour décharger le créateur de passages spécifiques. Mais entre-t-on dans le droit des marques ou celui du droit d’auteur ? L’IA capitalise sur l’image et un style propre à l’auteur… »

À ce titre, on retrouvera la délicieuse plaisanterie d’Alexandre Gefen, réalisée en avril 2020, le 1er, qui revendiquait un poème « quasi inédit de Mallarmé, d’avril 1874, retranscrit au mieux d’après le scan de la lettre manuscrite transmise par mon ami Pierre-Carl Langlais ». L’exercice est bluffant de mallarmisme…

Les robots pourraient donc écrire le prochain roman de Michael Connelly ? « Nous n’y sommes pas, pas du tout. Si les modèles sont opérationnels, c’est à l’échelle d’une page, uniquement. À cette heure, l’IA n’a aucune notion de schéma narratif. Concrètement, on pourrait remplacer une écurie entière de scénaristes par l’IA, mais il faudrait un chef d’orchestre pour tout harmoniser : l’intrigue serait totalement à revoir dans le cadre d’un roman. »

En revanche, la littérature expérimentale, elle, fonctionne plus que bien, comme le montre le cas Mallarmé. À ce titre, l’IA repousse les limites connues de la stylistique, ou même de la poétique.

En ce jour d’avril inattendu
Je goûte au plaisir du temps suspendu
De naître à quelque lieu de mai
Au cours de la tribu s’enroulant

Sens, son courage n’endort bientôt
La pourpre de l’œil inscrit
Qu’échappe au pli qu’une allée s’y mêle
Surgit après les épaves

Surgi le glaive inscrit
Surgi le repousset assourdi
Tous, vils et frémi
Pour la même allocution

Qui le maintient, ô l’air effarouché
Toutes dans un mouvement
Ne puisse à l’abandon surpriant
S’ensurre de la désuétude

– Mallarmé, d’après GPT-2

« Si dans les réglages, je choisis de la dispenser de sens, elle peut produire des résultats hallucinants. Et qui contestent la notion universitaire même de style, de création. La dimension artistique, c’est ce qui était sensé échapper à la machine, or ici, pas du tout », relève Pierre-Carl Langlais. « Un style s’identifie par un ensemble de critères connus. Or, ces outils font la même chose : ils exercent une analyse, avec un véritable raisonnement, pas simplement en perroquets numériques. »

Les dangers du DeepFake en littérature

De quoi bouleverser bien des préconçus. « Qui parle, c’est la première question des cours de français au lycée : identifier le narrateur. Ici, l’idée d’un narrateur devient passablement inconfortable, au point de bouleverser l’idée même d’une école de littérature, parce que les mécanismes à l’œuvre sont chamboulés. » Chamboulés, certes, mais également découverts, mis à nu, comme jamais. Parce qu’en interconnectant les textes, les époques, les machines parviennent à produire une histoire de la littérature jamais vue.

« Prenons le cas des romans-feuilletons du XIXe siècle. Une masse significative de cette littérature n’a jamais été diffusée. Or, par son fonctionnement, le DeepLearning met en place des relations, à mesure de ses fouilles. Il agit comme un archéologue. C’est ainsi que l’on découvre, juste en intégrant les corpus, que la figure du gentleman cambrioleur est apparue dans les années 1840, dans la presse, jusqu’à donner progressivement vie à Arsène Lupin. »

Cette capacité, découlant du text and data mining, pourrait changer notre perception de la littérature, des courants et des influences… pour ne pas dire des cas de plagiat jusqu’à lors inconnus. « Je reprends le cas du roman-feuilleton : à l’époque, pas de gestion des droits d’auteurs. On assiste à une multiplication des rééditions, des réécritures… bref, on s’inspire sans trop le dire. Ici, l’IA est en mesure d’observer, d’analyser et de faire les rapprochements entre les textes, sans peine. » Donc, de confondre un pirate…

Reste à comprendre cette alchimie numérique, « et il faut reconnaître que pour l’heure, elle nous échappe totalement, autant qu’elle peut échapper à ses créateurs ». Frankenstein, sors de ce corps… « On ignore bien des choses sur la manière dont GPT-3 a été alimenté. Ce manque de transparence a été amplement reproché à Elon Musk et OpenAI… et l’on n’en sait toujours pas plus. » Certainement des contenus qui ne relèvent pas que du domaine public — et selon certains, le procès Google Books, en comparaison, ressemblerait à une gentille plaisanterie…

Alors quoi ? On aurait scanné tout internet, récupéré toutes les bases de données de Google Books ? « On l’ignore, mais il y a des quantités d’archives impressionnantes. » D’ailleurs, pourquoi Google ne s’intéresse pas à cette solution ? « OpenAI avait d’abord hésité à sortir GPT-2 en jugeant l’outil trop dangereux avant de finalement monétiser sa version plus puissante GPT-3. Google a déjà produit son outil, mais se trouve confronté aux mêmes problématiques : qui assumerait d’avoir fourni à la planète un puissant — trop puissant, trop convaincant ? – générateur de Fake News ? Ou un bot chargé de conseiller des personnes, qui finit par proposer de se suicider ? »

Pour aboutir à des résultats semblables, nul besoin de science-fiction. En revanche, travailler sur des ensembles de corpus permettrait d’affiner les constructions de machines. « Améliorer la documentation, cela implique d’avoir une certaine compétence en littérature, peut-être en sciences sociales : tout cela est un enjeu pour l’avenir de ces outils et leur perfectionnement. »

D’autant que d’ici à quelques années, outre la capacité de GPT-3 (dont la proximité avec le Geppetto, le menuisier qui donnera forme à Pinocchio reste troublant) s’affinera plus encore. À cette heure, l’outil est en mesure, au-delà des éléments stylistiques, d’ajouter un certain savoir local, voire historique. « On peut imaginer qu’il intégrerait des éléments de vécu liés à un auteur — comme des biographies. Non pas pour en calquer et reproduire le style, mais pour assimiler les éléments comme constitutifs de la personne dont l’IA a avalé le corpus. »

Mais d’ici là, quelques recherches sont à mener : « Aujourd’hui, il faut l’avouer, même les spécialistes ne comprennent pas encore le fonctionnement heuristique de ces machines. Mais comme on peut faire évoluer un texte dans un contexte historique — celui de Proust, de Mallarmé, qu’importe —, il suffirait de trouver comment procéder aux branchements pour que cela fonctionne. »

[Illustration : Alexander Andrews/ Unsplash ; OpenClipart-Vectors CC0 ; Andy Kelly/ Unsplash – source : http://www.actualitte.com]

Enganam-se os que creem que suas vidas não serão expostas – e por isso admitem a vigilância na rede. Novo livro mostra como a captura em massa dos dados pessoais manipula a democracia, as economias e as próprias escolhas pessoais

O capitalismo de vigilância precisa ser reconhecido
como uma força profundamente antidemocrática.”1

Shoshana Zuboff

Escrito por Ladislau Dowbor

A invasão da privacidade é hoje avassaladora, mas as pessoas em geral ainda estão pouco informadas ou indiferentes. Na rotina e monotonia do nosso cotidiano, nos pequenos embates da vida, a quem interessará bisbilhotar o que conosco acontece? A realidade é que interessa, e muito. A pessoa comum vai sentir de repente o impacto das informações pessoais apropriadas por diversos sistemas ao buscar um emprego, ao abrir uma conta ou um crediário, ao pedir um visto, ao contratar um seguro ou um plano de saúde, ao tentar proteger-se de ataques online e bullying cibernético. E ainda poderá constatar que pagou mais caro, numa compra online, do que outras pessoas pagaram, simplesmente porque o algoritmo constatou que o produto lhe é mais necessário, e que provavelmente estará disposta a desembolsar mais: chamam isso de discriminação de preço. A informação detalhada sobre a nossa pessoa, com nome, endereço e detalhes íntimos, na mão de poderosas instituições ou simplesmente de irresponsáveis, pode afetar profundamente as nossas vidas. E o sistema não esquece. Qualquer imagem comprometedora da alguma bobagem de juventude ficará gravada no nosso perfil para sempre.

O primeiro ponto é que as tecnologias tornaram a invasão da privacidade simples e barata. Na era da informática, ter informações detalhadas sobre milhões de pessoas não representa nenhum problema técnico. Os algoritmos permitem o tratamento e cruzamento de dados de tal maneira que se torna fácil para agentes interessados, sejam governos, empresas ou organizações criminosas, individualizar as informações para focar apenas uma pessoa, ou uma família, ou um grupo de trabalhadores de uma empresa, ou um tipo de doente e assim por diante.

A invasão de privacidade pode igualmente ter caráter estratégico nas áreas política e econômica. A NSA gravar conversas privadas de Angela Merkel ou Dilma Rousseff constitui um instrumento de política internacional — inclusive permite repassar as informações para outras instituições interessadas de outros países, pequenos favores que se fazem. Acessar as conversas internas de governos antes de reuniões internacionais, para conhecer de antemão as propostas que virão à mesa em reuniões internacionais, constitui uma vantagem estratégica que provocou protestos de países da União Europeia. Invadir os computadores da Petrobrás para ter acesso aos dados sigilosos sobre reservas do Pré-Sal configura espionagem política e industrial com impactos evidentes. Não é apenas a privacidade individual e pessoal que está em jogo.

Por trás desse acelerado processo de transformação está, naturalmente, a tecnologia. Os avanços são absolutamente impressionantes, e as transformações ultrapassam radicalmente em ritmo os lentos passos da legislação, da regulamentação, da própria mudança cultural. Os envelopes podiam ser fechados e lacrados, os dossiês podiam ser guardados em cofres, as portas de uma reunião podiam ser trancadas, as fotos íntimas ou simplesmente familiares dormiam na paz dos álbuns. Hoje tudo são sinais magnéticos, informações imateriais acessíveis por toda parte e passíveis de serem armazenadas, tratados com tecnologias de Big Data, analisados por meio de algoritmos, transmitidos para todas as partes do planeta em instantes. As técnicas de reconhecimento facial por meio de câmeras instaladas nas ruas de numerosas cidades já estão causando indignação. O próprio George Orwell não imaginaria o que o Big Brother de 1984 poderia ser, que dirá com as tecnologias de 2020.

O processo é profundamente assimétrico. Enquanto indivíduos, somos radicalmente vulneráveis. Mas os gigantes que manejam o sistema, seja em níveis governamentais (como por exemplo a NSA nos Estados Unidos ou a GCHQ na Grã-Bretanha, por onde passa o essencial dos fluxos de informação do mundo), seja em gigantes da informação como Facebook, Alphabet (Google), Microsoft, Apple, Amazon, Verizon e poucos mais constituem, para o comum dos mortais, caixas pretas. A não ser em momentos de raros vazamentos heroicos como os arquivos revelados por Edward Snowden, ou as iniciativas de Julian Assange, a população em geral não tem ideia do que acontece com as informações, e encontra-se na realidade impotente. Só conhecerá a extensão do problema justamente, como vimos, quando for pedir um emprego, um visto e assim por diante.

Em grande parte, somos nós mesmos que alimentamos essas cadeias de informação, através das nossas conversas online, dos arquivos que guardamos nos nossos computadores, das inúmeras mensagens e fotos nas mídias sociais, dos likes que traçam o nosso perfil, de cada informação comercial quando pagamos com o cartão de crédito, de cada medicamento que adquirimos na farmácia, dos nossos registros nos hospitais. Hoje nada escapa, tudo deixa rastros que, uma vez cruzados, servem aos mais variados fins de instituições que estão acima de nós, e sobre as quais nossas informações são praticamente nulas.

Não há como não ver também os lados positivos da maior abertura de informações e de uma maior transparência. Com a pandemia do covid-19, ficamos impressionados com a capacidade dos algoritmos, que, ao identificarem uma pessoa contaminada, reconstituem em poucos minutos todos os contatos, locais, pessoas que o doente visitou, e criam uma bolha de quarentena de todos em situação de risco. As tecnologias de reconhecimento facial inclusive permitem localizar as pessoas até em lugares públicos.

Nos países nórdicos, as declarações de impostos são abertas e acessíveis, o que reduz radicalmente a dimensão da corrupção. As conversas gravadas e divulgadas pelo Intercept, demonstrando a deformação profunda dos procedimentos jurídicos no quadro da Lava-Jato, permitem evidenciar as manipulações. O acesso aos arquivos hospitalares e registros dos doentes permite realizar análises mais profundas sobre a eficácia de diversos tipos de tratamentos. A Amazon analisa as minhas compras de livros e me sugere obras de perfil semelhante.

Mas é isso que eu quero? A transparência maior nos países escandinavos leva os capitais a migrarem para paraísos fiscais, o Deep Mind da Google admitiu uso ilegal de informações pessoais de doentes nos hospitais britânicos, o fato de a Amazon empurrar-me livros semelhantes tende a trancar-me numa bolha de repetição de opiniões parecidas. O uso de informações individualizadas para fins eleitorais, tanto na eleição do Trump, como no Brexit da Inglaterra, e evidentemente no Brasil, levou a uma deformação profunda do processo eleitoral. O escândalo do Cambridge Analytica permite hoje entender a profundidade e amplitude do processo, e a ameaça que isso representa para a democracia. O reconhecimento facial em lugares públicos veio para ficar, com milhões de câmeras.

Imaginamos sempre, com otimismo, sociedades em que o uso das nossas informações seria de certa forma controlado e regulamentado. Não é mais o mundo em que vivemos. Há uns tempos em Tunis, encontrei-me com jovens que tinham participado da Primavera Árabe, tendo conseguido, inclusive com ampla comunicação pelas redes sociais, mobilizar-se para derrubar a ditadura. Voltando a vê-los alguns anos depois, com novo governo forte, relataram que hoje o regime tem todas as informações das redes, dos organizadores, das amizades, inclusive com o conteúdo das mensagens trocadas. Devemos pensar não só o que fazem com as nossas informações, mas também o que poderão fazer.

Na realidade, a explosão mundial de acesso às informações e de invasão de privacidade ainda anda à procura tanto das respostas técnicas, com criptografia, antivírus e semelhantes, como de um sistema de regulação, de codificação de limites. É um mundo novo que se descortina, com oportunidades e ameaças. Por enquanto, claramente, quem está ganhando são as ameaças.

Nesta sociedade vigiada para a qual avançamos a passos largos, entender as dinâmicas torna-se muito importante, inclusive para acompanhar os novos marcos legais que estão sendo desenhados para proteger-nos.

Neste pequeno livro, tentamos abordar alguns temas-chave, resultado de uma pesquisa que realizamos no quadro da pós-graduação em Administração da PUC de São Paulo, com o apoio de pesquisadores da USP. Não é um texto de grandes complexidades, mas que dará sim ao leitor uma dimensão básica dos aspectos técnicos e jurídicos, formas de proteger-se, a evolução das principais tendências, as novas legislações protetivas.

Waldir Mafra apresenta a dimensão geral do desafio, a privacidade como direito humano, inclusive inscrito na nossa Constituição: “São invioláveis a intimidade, a vida privada, a honra e a imagem das pessoas, assegurado o direito a indenização pelo dano material ou moral decorrente de sua violação.” (Art. 5º) Mas o que a Constituição proíbe, as tecnologias permitem, e em escala impressionante. O desequilíbrio é claro.

O capítulo de Vicente Argentino está centrado na evolução da base de regulamentação com a qual as sociedades buscam proteger-se, restabelecendo um certo equilíbrio entre os gigantes da informação e a nossa fragilidade individual. É essencial a definição do que constituem “dados pessoais”, e os limites da invasão. A análise da legislação recente nos EUA, na União Europeia e no Brasil mostra as dificuldades de controlarem-se plataformas mundiais com leis locais. Este capítulo interessará em particular a empresas que se terão de adaptar ao novo marco regulatório.

O trabalho de Pedro Kelson apresenta em termos simples os principais mecanismos de invasão da privacidade e manipulação dos dados, com uso de psicometria, análise de Big Data, publicidade segmentada e semelhantes. Fica explícita a visão de Inacio Ramonet, de que mais eficiente do que os cassetetes e jatos d’água das forças de segurança são as novas armas de vigilância, que permitem identificar as lideranças de grupos não hegemônicos e tirá-las de campo antecipadamente. Os diversos mecanismos utilizados em diferentes países dão ao leitor a dimensão dos desafios.

Arlindo Rodrigues discute os riscos envolvidos na perda do controle sobre as informações pessoais da sociedade civil e as ferramentas utilizadas nessa apropriação indébita pelas corporações e pelo Estado. Elenca desde as ferramentas de vigilância massiva até a formação de “bolhas” de opinião política. Detalha também as inúmeras atividades por meio das quais inadvertidamente alimentamos os bancos de dados que irão permitir desde sistemas individualizados de influência até ataques pessoais como o cyberbullying.

José Roberto de Mello Franco Júnior entra mais profundamente nas dimensões técnicas de como nos podemos proteger da invasão, quando somos todos os dias submetidos a uma barganha: qualquer produto que acessamos online nos sugere que o autorizemos a instalar cookies e a disponibilizar informações. Na falta de opções, e precisando avançar no que pesquisamos, não temos opção senão dar o nosso acordo, inclusive confirmando que “lemos e estamos de acordo” com o que o clique significa. Quem é que alguma vez leu as dezenas de páginas que definiriam com o quê estamos de acordo? Mas no essencial, o capítulo de José Roberto detalha as diversas formas de protegermo-nos, desde o elementar para amadores, até o sofisticado para quem se quer proteger de forma mais rigorosa. Links para as principais ferramentas de proteção darão ao leitor, seja pessoa física ou empresa, instrumentos práticos para defender-se.

Bruno Bioni e Rafael Zanatta fecham o volume com um estudo acadêmico, em profundidade, das transformações em curso na área do que é hoje a batalha mundial em torno da economia da informação. Apoiam-se inclusive no recente aporte fundamental de Shoshana Zuboff, sobre a sociedade vigiada. Revisando as discussões nos Estados Unidos, na União Europeia e no Brasil, inclusive sobre a nossa recente Lei Geral de Proteção de Dados Pessoais, os autores fornecem-nos um instrumental particularmente rico para aprofundar as pesquisas, com notas e links para os principais documentos internacionais.

No conjunto, visamos com o presente livro dar ao leitor instrumentos práticos, ou ferramentas, para situar-se neste campo essencial da economia da informação, que traz novos desafios e também novas ameaças. O que não podemos é deixar de entender do que se trata. Bibliografias muito ricas no final de cada capítulo asseguram que o presente texto constitui inclusive um ótimo instrumento para avançar para pesquisas ulteriores, segundo o interesse do leitor. Como os diversos autores tiveram acesso aos trabalhos uns dos outros, além das discussões em grupo, acreditamos colocar nas mãos da comunidade de interessados um texto coerente e articulado. Boa leitura.

1“Surveillance capitalism must be recokoned as a profundly antidemocratic social force” – Shoshana Zuboff, The Age of Surveillance Capitalism, Public Affairs, New York, 2019, p. 515

 

¿Qué induce a alguien a utilizar una palabra que no será entendida por la mayoría de quienes la oyen?

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

Muchos españoles se habrán extrañado ante una palabra de Pablo Casado leída con toda solemnidad el pasado martes y contenida en esta frase: “Cambiaremos la sede nacional de ubicación y crearemos un nuevo departamento de compliance”.

Ésa es la palabra, pronunciada compláyans.

Dejemos de lado el pleonasmo “crearemos un nuevo departamento” (si se crea, habrá de ser nuevo), para observar que el presidente del PP no se molestó en explicar ese término inglés inusual en el lenguaje común; si bien informó acerca de la misión de esa oficina: establecer “a semejanza de lo que sucede en las grandes empresas”, mecanismos de transparencia y de rendición de cuentas, así como un canal anónimo de denuncias.

Esas palabras que siguieron a compliance habrán llevado a mucha gente a deducir que el vocablo inglés equivale a “vigilancia”. Sin embargo, puede significar, dependiendo de los contextos, “sumisión”, “conformidad”… o “cumplimiento”.

Compliance procede de la raíz latina complere (llenar, completar). En la Edad Media todavía se usaba en castellano el verbo “complir”, forma más próxima entonces a sus parientes ingleses completely compliments, por ejemplo, según recogen Corominas y Pascual. Y dentro de todas esas palabras pervive la idea de poner algo que falta (es decir, “completar”, “complementar”, siempre con la misma raíz). Y en el fondo, eso es lo que significa “cumplir”: redondear con hechos lo que se ha anunciado con palabras.

El Diccionario LID de economía y empresa (2003) traduce compliance department como “departamento de control”. Pero hay otras opciones. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia publicó en 2020 un documento donde señalaba: “Los programas de cumplimiento normativo o programas de compliance (en adelante, ‘programas de cumplimiento’) han experimentado un auge significativo en España”. Esos programas se conciben para establecer modelos de gestión que alerten ante la comisión de infracciones administrativas y reduzcan las posibilidades de incurrir en delitos. Es decir, sirven para vigilar que se cumplen las normas.

Todos podemos caer en desatinos cuando hablamos o escribimos con prisa. Faltaría más. Pero Casado leyó (mediante un sistema de sobreimpresión en cámara) un discurso preparado; muy preparado. El uso del anglicismo fue por tanto muy consciente.

¿Qué lleva a alguien a utilizar una palabra que no será entendida por una inmensa mayoría de quienes la oyen, ni siquiera por muchos que hablan inglés? Nunca lo sabremos, porque no estamos dentro su cerebro, pero sí podemos imaginar qué pensarán los que se hallen a la escucha. Por ejemplo, quizás crean que quien usa el anglicismo no sabe cómo traducirlo. O también que tal vez esté latiendo en el autor el mismo intento de aquellos conquistadores de América que escribían en sus cartas determinadas palabras indígenas aunque supieran de sobra que sus superiores las desconocerían cuando las leyesen. No las usaban para significar, sino para significarse: pretendían transmitir subliminalmente su gran conocimiento del terreno, su experiencia en la conquista. Y puede que la gente perciba eso mismo hoy en día ante políticos, periodistas o expertos de distinta condición que presumen de su léxico en inglés como si no se supiera ya que también existen los ignorantes en varios idiomas.

 

[Foto: ANDREA COMAS/AP – fuente: http://www.elpais.com]

Le gouvernement, qui « cible les imams extrémistes », veut imposer la traduction en danois de tous les sermons en langue étrangère, explique « Le Figaro ».

La première ministre danoise, Mette Frederiksen, veut « frapper les prédicateurs de haine islamistes ».

C’est un sujet hautement polémique dans le petit pays de 5 millions d’habitants du nord de l’Europe. Comme le raconte Le Figarole gouvernement danois souhaite imposer la traduction de l’ensemble des sermons religieux prononcés dans le pays. Une mesure qui toucherait les 160 communautés religieuses, mais dont l’ambition première est de « frapper les prédicateurs de haine islamistes », selon la Première ministre Mette Frederiksen.

Cette traduction, en danois, serait faite aux frais des communautés et vise à « créer une plus grande transparence lorsque les leaders religieux prêchent dans des langues autres », détaille encore le gouvernement. Un projet de loi, unique en Europe, mais qui était une promesse électorale du parti social-démocrate lors des élections législatives de 2019. Selon Mattias Tesfaye, le ministre de l’Immigration et de l’Intégration, ce sont bien les « imams extrémistes » qui sont ciblés par cette législation, mais une loi « spécialement pour la communauté religieuse musulmane » contreviendrait aux conventions internationales.

Un projet de loi qui fait polémique

Christian Krieger, le président de la Conférence des Églises européennes (CEC), a écrit au gouvernement danois pour protester contre ce projet de loi. Le Français évoque une « atteinte à la liberté religieuse (…) qui entacherait l’image du Danemark comme nation ouverte, libérale et libre ». L’Association des évêques de l’Église luthérienne d’État, le Conseil national des Églises et la Conférence des évêques européens se sont aussi joints aux protestations, souligne Le FigaroJorgen Skov Sorensen, secrétaire général de la CEC, souligne pour sa part ce qu’il considère comme une limite du projet de loi. « Il n’empêchera pas des imams de prêcher contre la démocratie tout en envoyant aux autorités une traduction différente de la version originale de leurs prédications. ». Un autre problème existerait, selon le professeur Lene Kühle, de l’université d’Aarhus. « Seulement environ un tiers des quelque 170 mosquées sont reconnues par le ministère des Cultes. Les autres échapperaient à tout contrôle. »

Face aux critiques, le projet de loi a été repoussé. Il sera finalement examiné dans la seconde moitié du mois de mars par le Parlement. Mais le gouvernement continue de le défendre bec et ongles. Pour Mattias Tesfaye, « une lutte pour les valeurs a lieu en Europe occidentale et au Danemark. Nous sommes confrontés aux mêmes défis : une reconnaissance de plus en plus profonde que l’islamisme extrême – dans certains pays, ils l’appellent l’islam politique – œuvre consciemment pour saper les valeurs démocratiques qui nous tiennent à cœur. »

[Photo : MADS CLAUS RASMUSSEN / Ritzau Scanpix / AFP – source : http://www.lepoint.fr]

 

 

Un vigneron bio a été sollicité par l’enseigne de super et hypermarchés Carrefour qui souhaitait lui acheter la bagatelle de 50.000 bouteilles de vin naturel labellisées « vin méthode nature ». Ce nouveau label encadrant les vins dits nature ou naturels, créé en 2019, s’avère être le premier à être officiellement reconnu, notamment par les Fraudes, et intéresse donc tous les réseaux de distribution, y compris la plus grande.

Une bouteille de vin méthode nature. NWII

Écrit par Antonin Iommi-Amunategui

La GD à l’affût des vins de niche

En l’occurrence, les vins dans le viseur de l’enseigne Carrefour ne pourront être certifiés « vin méthode nature », pour des questions d’ordre technique (les raisins dont ils sont issus n’ayant pas été vendangés à la main, l’une des conditions d’obtention du label), mais il est à peu près certain que la grande distribution continuera de courir après ces vins porteurs d’un nouveau label jugé valorisant.

Au-delà de cette anecdote, il semble en effet plus que probable que d’autres grandes enseignes de distribution cherchent rapidement – si ce n’est déjà le cas – à mettre la main sur des lots importants de vins certifiés « vin méthode nature ». C’est à l’évidence une nouvelle niche commerciale, potentiellement forte, qui ne peut qu’intéresser ces grands metteurs en marché (le récent rachat par le groupe Carrefour de la chaîne « Bio c’ bon » aura d’ailleurs peut-être été un catalyseur de ce point de vue). Car nous parlons ici de vins naturels certifiés, une première en France.

Dans quelle mesure Carrefour, Leclerc et les autres pourront-ils acquérir ce type de vin ? À la marge (par exemple par le biais du marché gris, qui voit s’échanger des vins par des canaux de distribution qui, s’ils sont légaux, ne sont pas autorisés par le producteur original) ou dans des volumes bien plus conséquents ? C’est tout l’enjeu ici.

Un cahier des charges suffisamment exigeant pour empêcher toute récupération ?

Le Syndicat de défense des vins naturels (par souci de transparence, sachez que l’auteur de ces lignes en est l’un des acteurs) a été créé en 2019 suite à la distillation d’un lot de vins naturels du vigneron ligérien Sébastien David ; des vins jugés impropres à la commercialisation pour cause d’acidité volatile trop élevée, ce que le vigneron a contredit, analyses à l’appui – en vain.

Le propos du syndicat est double : d’une part, encadrer par une charte technique les vins dits nature ou naturels afin d’éviter tout abus et, d’autre part, soutenir les vigneron·nes et autres professionnel·les (cavistes, etc.) de ce secteur, encore relativement isolés au sein de la filière.

Pour ce faire, le syndicat a notamment élaboré un cahier des charges définissant en douze points ce à quoi correspond un « vin méthode nature » (les expressions « vin nature » ou « vin naturel » ayant été retoquées par les Fraudes). Parmi les pré-requis, on retrouve l’agriculture biologique certifiée, les vendanges manuelles, l’usage exclusif de levures indigènes et une vinification sans intrants (seul un faible ajout de sulfites est autorisé, après la fermentation, et il doit être indiqué sur le logo le cas échéant).

Est-ce suffisant pour prévenir toute récupération, en particulier de la part des plus gros metteurs en marché, tels l’enseigne Carrefour, qui chercheront à acquérir les plus gros volumes possibles de ces vins au meilleur prix ?

Historiquement, pour rappel, dans un souci de cohérence et d’éthique artisanale allant de la vigne au verre, la très grande majorité des vignerons et vigneronnes « nature » ne travaillent en effet pas avec la grande distribution, mais avec les cavistes indépendant·es.

« C’est une bonne nouvelle »

Alors, risque de récupération ou non ? Pour en avoir le cœur un peu plus net, j’ai demandé son avis au vigneron Jacques Carroget, président du Syndicat de défense des vins naturels.

Agnès et Jacques Carroget, domaine La Paonnerie. Raisin

La GD est dans son rôle d’épicerie que de vouloir vendre des vins nature, il y a un marché ; et ils ont épuisé tous les autres marchés. Mais je trouve que c’est tout de même une bonne nouvelle. Cela démontre que notre démarche est connue et reconnue.

On peut aussi constater, comme nous l’avons toujours dit avec Gilles [Azzoni, autre vigneron cofondateur du syndicat, ndlr], que notre cahier des charges est suffisamment restrictif pour préserver l’âme du vin. Le vigneron en question n’a pas pu fournir, il aurait peut-être aimé ?

Néanmoins, si les différentes contraintes techniques inscrites dans la charte peuvent a priori empêcher la labellisation de volumes industriels, le syndicat a-t-il d’autres moyens d’éviter que des « vins méthode nature » se retrouvent sous les néons de la grande distribution ?

Nous ne pouvons pas mettre de restrictions autres que techniques à notre label, sinon la DGCCRF [les Fraudes, ndlr], à la base de notre réussite, ne nous suivrait pas.

Lors des discussions de création de la charte, ce sujet avait cependant été maintes fois abordé. Le garde-fou que nous avons inscrit dans nos statuts est notre capacité à faire des audits de production ciblés [pour s’assurer par exemple qu’un domaine qui produirait soudain des volumes très importants de vins labellisés « vin méthode nature » respecte bien la charte, ndlr]. Je n’étais pas pour, y préférant les contrôles purement aléatoires, pour ne pas risquer d’avoir affaire à des formes de délation. Mais je me suis rangé aux avis majoritaires.

Avec, je l’espère, un accroissement qualitatif et quantitatif de notre syndicat, le risque sera surtout d’être plus laxistes. L’histoire des appellations nous l’enseigne. Gardons-nous donc de toute surenchère, pour pouvoir tenir notre ligne.

La voie du caviste

Il existe d’ailleurs une manière bien plus simple de trancher net toutes ces questions : ne pas acheter ses vins en grande distribution. No wine is innocent vous encourage en effet à n’acheter vos vins, qu’ils soient « vin méthode nature » ou non, que ce soit pour une petite ou une grande occasion, qu’en cave indépendante. Des ouvrages spécialisés et surtout l’application gratuite « Raisin » peuvent vous y aider au besoin.

 

[Source : http://www.nowineisinnocent.com]

Plaidoyer pour des masques transparents.

Sylviane Jelly qui a mis au point un masque transparent pour sourds et malentendants.

Sylviane Jelly qui a mis au point un masque transparent pour sourds et malentendants.

Écrit par Gilles Hertzog

Comme l’immense majorité d’entre nous, vous en avez assez, sous l’impératif de s’entre-protéger (impératif que vous ne contestez pas), de vivre dans une société anonyme composée de milliers d’êtres sans visage, sans identité, sans beauté ni laideur, sans grâce naturelle ou affichée. Vous en avez assez de vivre sans pouvoir saisir l’humanité courante des traits de vos semblables, leur (fausse) hiérarchie. Vous avez dit adieu à la morphopsychologie au débotté, ce péché mignon de bonne, sale ou belle gueule prêtée, sur sa seule mine, à autrui et à soi. Vous avez, plus sérieusement, renoncé à cette reconnaissance de l’Autre, ce commerce du regard et des âmes qui passe par le visage d’autrui. Il n’y a plus d’étranger puisque tout le monde l’est in abstentia. Plus de semblables qui, tel un miroir, direct ou inversé, nous font nous connaître et reconnaître en eux, nous y perdre, nous en rapprocher, nous en inspirer, nous en garder, nous en méfier ou tout simplement nous en ficher. Plus, ou presque plus, de comédie humaine. Plus, ou presque plus, de paraître. Plus de ces mille et un petits gestes et parades inconscients qui faisaient notre vie au quotidien à destination de nous-mêmes et d’autrui. Plus d’acteurs spontanés ou affectés de nous-mêmes.

Et la politique !
Imagine-t-on Jaurès haranguant la foule au Pré-Saint-Gervais, à la veille de 1914, porteur d’un masque ?
Imagine-t-on Hugo écrivant à Guernesey les Châtiments avec un masque ?
De Gaulle au 18 juin 40, a l’Hôtel de Ville en août 44 ?
Malraux au Panthéon lors des cendres de Jean Moulin ?
Vous voulez tuer l’éloquence ? Tuer Démosthène ? Au bord des flots, les domptant par la parole, Cicéron et ses Catilinaires, Martin Luther King et ses rêves ? La Pasionaria et son No Pasaran ?
Masquons, Masquons !
Qu’un sang impur abreuve nos bâillons.

La faute à qui ? À un petit morceau de tissu opaque porté sous le menton jusqu’à mi-nasal.

C’est tout ? Oui, c’est tout. Et ce n’est rien, ou pas grand-chose.

Que faudrait-il pour que le monde d’avant, le monde de nos visages, renaisse ? Que ces fichus masques aveugles soient transparents. En plastique, en je ne sais quoi, mais transparents ! C’est aussi simple que cela, et personne ou presque n’y a pensé. Sauf les instituts de sourds-muets, car il fallait bien que les malentendants communiquent en lisant les mots sur les lèvres de leurs semblables.

Il paraîtrait que de tels masques coûteraient un peu plus cher que les bouts de tissus bavoirs d’aujourd’hui.

Mais nos visages de frères et sœurs humains n’ont-ils pas de prix ?

Nos visages de femmes et hommes libres et fraternels ne sont-ils pas hors prix ?

Fabricants français, encore un effort : inventez le masque transparent !

 

[Source : http://www.laregledujeu.org]

Com um ousado filme experimental, um dos mais respeitados e queridos diretores do cinema nacional volta a oferecer uma janela de liberdade ao espectador

(Assessoria de Imprensa Festival Internacional de Moscou)

Um dos diretores mais respeitados e dos mais estimados pelas equipes com as quais trabalha no cinema brasileiro, Ruy Guerra está de volta às telas em grande estilo, depois do seu filme Quase memória,* de 2015. E vem destacado, com a participação, representando o Brasil, no 5o Festival de Cinema dos BRICS, em Moscou, que se encerra esta semana. Por causa da pandemia, o festival foi realizado on line, no âmbito do 48o Festival Internacional de Cinema da capital russa.

Aos pedaços foi um dos dez trabalhos indicados para a competição e produzidos no Brasil, Rússia, Índia, China e África do Sul. O outro representante brasileiro é Silêncio da chuva, de Daniel Filho.

O filme recebeu também, no recente Festival de Cinema de Gramado, o Kikito de Melhor Direção, Fotografia (de Pablo Baião) e Som (Bernardo Uzeda). Luciana Mazzotti assina o roteiro junto com o diretor e a assistência de direção é de uma das duas filhas de Ruy, a atriz Dandara Guerra.

A narrativa do filme (final de 2018) é experimental e se sustenta nos fundamentos da escola do cinema pelo cinema, o cinema  »da opacidade ». O  »cinema que é imagem », anti-ilusionista, dos soviéticos e de Eisenstein, como acentua Ruy. O avesso do cinema  »da transparência », da realidade  »idealizada » de André Bazin.  » É como sair da caixinha », brinca Ruy.

Aos pedaços foi feito em preto e branco, é iluminado com grandes contrastes de luz e sombra que acentuam a angústia do protagonista. Desafia a fronteira entre a realidade e a imaginação e retrata um momento na vida do personagem Eurico, dividido entre alucinações e a sua vida palpável, cotidiana.

O elenco é composto por um quarteto. O ator Emílio de Melo é Eurico, Júlio Adrião faz o seu interlocutor e confidente. Simone Spoladore e Chris Ubach interpretam as duas Anas, entre as quais Eurico se questiona e se debate.

Os interiores de duas casas, nas cidades de Cataguases e Maricá, são os cenários por onde trafegam as duas personagens Anas. As duas têm arquitetura e decoração modernistas. Uma das Anas, o protagonista suspeita, deseja matá-lo. E ambas as mulheres são idênticas e vivem em residências análogas, ainda que em continentes diferentes; um desértico, e o outro paradisíaco.

« Fazer um filme sem as amarras da necessidade comercial permitiu que Ruy trabalhasse com experimentalismos », diz a sua produtora, Janaína Diniz Guerra, filha do diretor. « Ele também se permitiu errar, lembrando que a possibilidade do erro é o que provoca a inovação. O filme tem alguns personagens fora de quadro, como por exemplo o narrador, na voz de Arnaldo Antunes, a fotografia e as próprias casas – uma no deserto, a outra na praia ».

« Todo o cinema americano adotado no mundo se baseia em uma estrutura de narrativa viciada », acredita o diretor, que nasceu e foi criado em Maputo (então Lourenço Marques), em Moçambique, filho de pais portugueses, e veio para o Rio de Janeiro via Lisboa e Paris, onde estudou no legendário IDHEC, o Instituto de Altos Estudos Cinematográficos. Chegou ao Brasil em 1958. Mesmo agora, aos 89 anos, dos quais 70 anos foram dedicados ao cinema, desde a era do Cinema Novo do qual foi uma das estrelas, Ruy continua buscando a inovação.

Um dos principais nomes do cinema brasileiro, ele teve participação fundamental no movimento do Cinema Novo, com seu primeiro longa-metragem, Os Cafajestes, de 1963, e Os Fuzis, em 1964. Na ocasião, os dois causaram furor. Na década de 80, Guerra dirigiu o belo musical A ópera do Malandro (85), em parceria com Chico Buarque de Holanda.

Agora, em entrevista para a mídia russa, diz ter sido uma grande experiência para ele  »sair daquela linha tradicional do cinema que faz com que os filmes sejam todos iguais ». Diz Guerra: « Com Aos pedaços, temos, sim, um grito de liberdade. »

E ressalta que sua proposta inovadora propiciou também o trabalho de atores com mais liberdade.  »Como a narrativa é diferente, eles participam do processo criativo e isso nos traz, a todos, muita liberdade. É dessa liberdade que eu extraio coisas novas. »

Essa janela de liberdade se espraia pela plateia porque  »o espectador pode construir a sua própria história », realça o diretor à repórter Ana Esteves, do site Sputnik. Para os críticos de cinema que assistiram a Aos Pedaços, ele mostra a juventude e ousadia do diretor que não perdeu o vigor e segue desafiando convenções.

Agradecendo aos Kikitos recebidos em Gramado, mês passado, Ruy Guerra sublinhou, mais uma vez, que arte é sinônimo de resistência.

«Quero agradecer a coragem de dar uma premiação a um filme como Aos Pedaços que foge às regras, é um filme que nem todo jurado teria coragem de premiar. Agradeço à minha equipe, que me ajudou a descobrir o filme que eu queria fazer. Foi um filme em que precisei de muitos talentos, e tive esses talentos. Mas também não posso deixar de falar da escuridão em que estamos vivendo. Um governo que dizima as populações indígenas e quilombolas. Um governo racista, que promove uma avalanche de destruição. Obrigada ao Festival por abrir essa janela por onde respiramos um pouco de ar puro».

*Disponível no Now
[Foto: Assessoria de Imprensa Festival Internacional de Moscou – fonte: http://www.cartamaior.com.br]
Personne échangeant du gel

Se soucier de l’autre répond à des prescriptions parfois difficiles à appliquer. Pexels, CC BY-SA

Écrit par Mélissa Fox-Muraton, professeur de Philosophie, Groupe ESC Clermont

Nos actions ont des conséquences ; nos décisions affectent la vie de ceux qui nous entourent. C’est une affirmation triviale, qu’on ne devrait pas avoir besoin de rappeler, tant il est vrai nous sommes des êtres sociaux. Et pourtant, l’ampleur que prennent aujourd’hui certains mouvements, comme celui des anti-masques, ravive le débat. Pourquoi faut-il s’occuper du bien pour autrui ? Pourquoi faut-il accepter certaines contraintes que la société ou les circonstances nous imposent ? Et pourquoi certaines personnes refusent-elles de le faire ?

Cette question prend toute son importance face aux contestations actuelles contre les mesures de prophylaxie partout à travers le monde, des démonstrations massives contre les restrictions sanitaires en Allemagne ou aux États-Unis, à la déclaration du médecin Eve Engerer comme quoi le port du masque serait un « acte de soumission ».

De telles affirmations, on peut vite les dénoncer comme délirantes et irresponsables. On peut aussi montrer en quoi l’obligation du port du masque ne contrevient pas à nos libertés fondamentales. Mais il restera toujours certaines personnes que les arguments de la raison ne convaincront pas. Certains argumentent : « c’est mon corps, c’est mon choix ». Ou d’autres s’interrogent : pourquoi est-ce que cette raison devrait constituer pour moi une raison d’agir ? Pourquoi devrais-je faire ce que la moralité (ou le pouvoir) me dicte ?

La question vraiment difficile

Il est impossible de comprendre le problème tant que nous n’aurons pas reconnu que cette question de la normativité est l’une des plus difficiles de la philosophie morale. Car les prescriptions morales sont des prescriptions normatives : elles commandent, elles exigent certaines actions, elles nous disent ce qui est bien ou juste.

Et pourtant, en tant que prescriptions normatives, les arguments moraux sont toujours soumis à des critères de justification. Qu’est-ce qui garantit qu’ils sont vrais ou bien ? Et même si nous reconnaissons qu’ils le sont, pourquoi devrions-nous agir en conséquence ? Car si les normes morales ont toujours un caractère général (« on doit », « tout le monde doit »), ce sont toujours des individus particuliers qui doivent décider et agir. Et les raisons que l’on donne peuvent ne pas persuader ou ne pas être perçues comme suffisantes pour l’individu particulier qui doit se les approprier.

Le décalage entre cette normativité générale et l’appropriation particulière est d’autant plus problématique que les arguments moraux font appel à l’autorité. C’est ce qui explique en partie le mouvement anti-masque, et les revendications de ceux qui disent que les règles imposent la soumission.

Manifestants anti-masques à Londres

Des manifestants lors d’une marche anti-vaccins et anti-masques sur Trafalgar square, à Londres, le 19 septembre 2020. AFP

La tendance à remettre en question la validité d’une norme est d’autant plus forte que sa justification semblera floue pour l’individu. Il faut porter un masque ? Mais voici quelques mois, l’on nous disait que ce n’était pas nécessaire. Il faut protéger les plus vulnérables ? Mais les chances statistiques pour que je contamine une personne à risque sont faibles.

Notre but ici n’est pas de donner raison à ces objections. Cependant, si nous souhaitons savoir comment persuader, il faut reconnaître que ces doutes ne sont pas toujours absurdes. Il s’agit d’un vrai problème moral : comment convaincre celui qui n’y croit pas que la norme est justifiée ? Comment le persuader qu’il faut l’accepter même s’il va à l’encontre de son intérêt ?

La cause juste

Une première approche doit partir d’une appréciation collective de la « cause juste ». Cette notion est habituellement appliquée à la guerre (par exemple en cas de génocide) pour justifier une intervention exceptionnelle, mais pourrait être étendue à d’autres situations d’urgence où il s’agit de relativiser certains principes moraux en vue d’une cause supérieure, comme lors d’une pandémie où des mesures exceptionnelles visant la protection de la population se révèlent nécessaires.

Quelles sont les valeurs et les causes qu’il convient de défendre ?

Dans le débat sur le masque, les arguments et objections portent souvent sur des éléments d’utilité ou sur la liberté individuelle. Ces questions faussent le débat et divisent. La vraie question à laquelle il faudrait répondre serait plutôt : est-ce que la vie vaut la peine d’être sauvegardée ? Est-ce que la lutte pour préserver des vies qui peuvent l’être est un combat que notre société doit mener ?

Il est certes possible de répondre non à cette question. Cependant, dans les nombreux arguments avancés par les anti-masques, rien ne laisse présager que la raison profonde serait un mépris de la valeur de la vie. L’acceptation globale des restrictions sévères des mois de confinement témoigne, à vrai dire, du contraire.

Un accord tacite nécessaire

Cet accord tacite est nécessaire pour deux raisons. La première, c’est qu’aucune discussion morale ne peut avoir lieu si nous ne nous accordons pas sur les termes du débat.

C’est seulement lorsque nous sommes d’accord sur une cause commune que nous pouvons discuter des mesures les plus efficaces pour la défendre. Opposer la protection à la liberté, sans contexte, n’a aucun sens. Nous pouvons débattre ensuite sur l’efficacité des mesures, et peser les conséquences relatives : l’inconfort dû au port du masque est-il une raison suffisante pour le rejeter ? Les conséquences économiques ou les inégalités produites par le confinement sont-elles des raisons suffisantes pour sacrifier des vies ?

La seconde, c’est qu’elle permet de reconnaître que les restrictions imposées constituent de réels sacrifices. Et c’est seulement en reconnaissant que l’acceptation d’une norme constitue un sacrifice individuel que l’on peut délibérer sur la justification qu’un individu donnera à un tel sacrifice.

Le poids du libre arbitre

Même si l’on s’accorde sur la justesse de la cause, il reste la question : pourquoi devrais-je me sentir concerné ? Pourquoi devrais-je accepter des normes imposées de l’extérieur ? Et il faut bien admettre que l’obligation heurte quelque chose de fondamentalement ancré dans l’humain : la revendication de son autonomie et de son libre arbitre. Obliger par l’autorité, c’est dire en quelque sorte : « tu n’es pas qualifié pour juger par et pour toi-même ».

Il ne faut pas sous-estimer le poids symbolique d’un tel affront, surtout dans le contexte de la philosophie morale qui, depuis Kant au moins, met l’accent sur la raison et l’autonomie.

C’est ce type de raisonnement que l’on peut retrouver chez les personnes qui revendiquent leur liberté de choisir, et qui explique peut-être que ce sont aussi en grande partie des personnes instruites qui refusent le port du masque. Elles disent : c’est mon droit de choisir si je veux me mettre en danger.

Elles ont raison sur ce point. Pourtant, la difficulté est qu’il ne s’agit pas uniquement de se mettre en danger soi-même ; c’est aussi autrui qui peut tomber malade et mourir, c’est aussi autrui qui peut perdre des proches et souffrir.

La chance morale

Et c’est ici qu’intervient une notion qui mériterait d’être citée plus souvent aujourd’hui : celle de la « chance morale », développée par Thomas Nagel. La chance morale, c’est le fait que les conséquences de nos actions dépendent presque toujours de facteurs extérieurs que nous ne pouvons pas contrôler. Nagel en donne un exemple :

« il y a une différence morale significative entre la conduite dangereuse et l’homicide. Mais si un conducteur imprudent heurte un piéton dépend de la présence du piéton à l’endroit où il brûle un feu rouge de manière imprudente. »

Autrement dit, la différence entre le comportement imprudent et le meurtre ne tient pas toujours de la décision ou du choix de l’individu ; c’est la (mal)chance qui en décide.

Nos conditions de vie dépendent des autres

Faut-il se soucier d’autrui ? Il n’existe, certes, aucune raison à même de persuader celui qui pense que seul son intérêt ou son bien-être compte. Mais nous oserons émettre l’hypothèse optimiste que ce n’est qu’une petite minorité des individus qui se trouve dans cette catégorie. Pour la grande majorité d’entre nous, nous reconnaissons que nos vies et nos conditions de vie dépendent des autres, que nous sommes vulnérables, que nos actions ont des conséquences sur autrui.

C’est à cette reconnaissance que le discours moral ou public doit parler, en faisant appel à notre sens de la juste cause et à nos capacités de raisonnement et de délibération, non par une voix uniquement d’autorité, mais en responsabilisant les individus. Comme l’affirme Christine Korsgaard, pour réussir à persuader l’individu d’accepter une norme générale, l’on doit remplir trois critères : s’adresser à l’individu qui doute de la légitimité de la norme, être transparent, et faire appel à son identité.

Foule de masques

Pour réussir à persuader l’individu d’accepter une norme générale, il faut aussi faire appel à son sens du collectif. Francesco Unaro/Pexels, CC BY

C’est peut-être là que les discours publics ont failli jusqu’ici, et ce dès le début de la crise. En effet, les communications du gouvernement français, comme celles d’autres pays, ont dès le départ faussé le débat, en oubliant de prendre en compte l’importance d’autrui dans nos réflexions, par exemple lors des campagnes « Protéger vous. Protéger vos proches », ou dans l’allocution du 16 mars 2020 du président de la République mettant en avant le fait que les mesures prises avaient pour objectif de « nous protéger », de protéger « la France ».

Ce type de discours oriente la réflexion morale autour de l’intérêt individuel, et celui de sa communauté. Il occulte ainsi l’importance d’autrui, de nos prochains qui ne sont pas toujours nos proches.

Il n’est peut-être pas trop tard pour remédier à ces défaillances, en faisant appel au sens moral des individus, en faisant preuve de plus de transparence, en prenant au sérieux le sentiment de sacrifice individuel, et en revendiquant une adhérence commune à une cause que nous jugeons juste.

 

[Source : http://www.theconversation.com]

Confinado numa aldeia portuguesa, ele acaba de concluir novo livro. A pandemia abre o século XXI, argumenta, e surgem três cenários possíveis. É preciso lutar, com “otimismo trágico”, pela saída pós-capitalista. Ou aguardar, em apatia, o pior

Entrevista a José Cabrita Saraiva, no I

No livro que acaba de enviar para a editora defende que o século XXI começa agora. Entre as mudanças que antevê, aponta o fim do turismo internacional e o redimensionamento de centros comerciais.

Estudou na Alemanha, doutorou-se nos Estados Unidos, viaja com frequência para o Brasil e a Colômbia, mas agora vive numa aldeia de apenas 12 famílias perto de Coimbra, Portugal. Homem de esquerda e de causas, o sociólogo Boaventura de Sousa Santos considera-se um “otimista trágico”. Recusa deixar de acreditar na utopia e diz que não se tem dado mal com isso.

Ainda há poucos meses a editora portuguesa Almedina publicou um volume com as suas aulas magistrais dos anos 2011-2016, sob o título Na Oficina do Sociólogo Artesão. Mas Boaventura de Sousa Santos tem aproveitado o confinamento para trabalhar e já entregou à editora seu novo livro. Chama-se O Século XXI Começa Agora — Da Pandemia à Utopia e defende que a crise sanitária que atravessamos mostrou que existem alternativas ao modelo do capitalismo global. Isso dá-lhe esperança no futuro. Ainda assim, considera-se um “otimista trágico”. Nessa entrevista ao i, concedida por skype a partir do seu escritório numa pequena aldeia próxima de Coimbra, explica por quê.

Como tem vivido estes meses? Está confinado ou não se preocupa muito com isso?

Obviamente que me preocupo. Estou desde março aqui na minha aldeia, a 30 km de Coimbra. É uma casa onde já tinha meu escritório e onde escrevi muitos livros. De alguma maneira, pertenço àquele grupo de privilegiados que podem trabalhar em casa. Tinha um grande número de compromissos este ano que me levariam a estar permanentemente em viagem, e muitos deles foram transformados em transmissões ao vivo. Estou agora a enviar para a minha editora um novo livro sobre a pandemia. De modo que tenho aproveitado o tempo para trabalhar.

O confinamento tem tido aspectos positivos ou essa parte de não poder viajar, por exemplo, foi uma grande contrariedade?

Não, não foi. Tive mais tempo para me dedicar à escrita e à leitura. Mas tudo isto assumindo que se trata de uma coisa transitória. Diferente será se o novo normal implicar que as coisas vão ser muito mais difíceis, sendo certo que os meus destinos internacionais, além da Europa, estão muito centrados em dois países: os Estados Unidos, onde tenho vivido metade do ano há 35 anos, em Madison; e o Brasil. E ainda a Colômbia, que é outro país onde também estou muito envolvido. De maneira que as reuniões têm de ser virtuais. Vamos ver o que vai passar-se. Por enquanto eu vivo numa bolha, a minha aldeia são doze famílias.

Então não há risco de contágio.

Aqui na região Centro as coisa estão calmas, vou dar as minhas voltas com os cães, vou ver os meus amigos lavradores ou pastores, conversamos à distância — aqui no campo é assim. Pouca gente vejo, tem essa grande vantagem.

Esses pastores são pessoas para quem a pandemia é uma realidade distante?

Não, não. Estão muito bem informados. Veem televisão, conversam, perguntam-me. “Doutor, vai cá chegar? O que é que a gente deve fazer?” Estão bastante conscientes e penso que tomam as suas medidas, sobretudo neste período do mês de agosto, que é o mês de grande perigo nas aldeias portuguesas, com a vinda dos emigrantes.

Falou-me de sua ligação ao Brasil e aos Estados Unidos. Neste momento tem uma espécie de relação amor-ódio com esses países?

Não, é só uma relação de amor. Ódio às condições políticas, tanto num como noutro.

Era a isso que me referia.

Mas eu distingo entre o país e os seus governos, até porque o meu trabalho é na universidade. Desde há 35, entre agosto e dezembro eu ficava nos Estados Unidos, e passava o resto do tempo aqui em Portugal. E continuo obviamente a estar totalmente informado. Para mim, como sociólogo, esta pandemia tem sido uma revelação extraordinária, e servido como confirmação de algumas das coisas que eu tinha vindo a suspeitar nos últimos tempos. Estou naquela situação em que preferia que as minhas previsões ou análises não se confirmassem.

Pode dar um exemplo?

Fiz o meu doutorado em Yale [em New Haven, Connecticut, a terceira universidade mais antiga dos EUA], terminei em 1973, e a partir de 82 ou 83 comecei a ir regularmente para Madison, Wisconsin, onde existe uma excelente universidade. E, portanto, assisti a uma certa degradação progressiva da sociedade norte-americana, em termos democráticos. Tem de ver que quando fui para os Estados Unidos fazer meu doutorado, ia da ditadura de Salazar. Pode imaginar a minha reação perante uma sociedade onde não só havia uma discussão extraordinariamente viva — a universidade era bem liberal –, como eram o movimento contra a guerra do Vietnã, o movimento pelos direitos cívicos, o Black Panther, enfim, era um meio onde o progresso das sociedades ocidentais se notava fortemente nas agendas políticas e sociais.

Esse ambiente estimulou-o?

Foi extraordinário para mim, vi como nós na Europa estávamos longe do que devia ser a organização social. Mas a pouco e pouco fui começando a perceber os lados negativos daquela sociedade, fundamentalmente a extratificação social, que era já grande àquela altura. Por outro lado, a luta dos Panteras Negras mostrava que o racismo era uma das feridas dos Estados Unidos. Nessa altura, a ideia era que estávamos com um paradigma de progresso irreversível, e portanto isso iria ser ultrapassado dentro de algum tempo. E foi isso que pensei durante muito tempo. Mas não foi isso que aconteceu. E fui vendo ao longo do tempo como as coisas voltavam para trás. Depois comecei a perceber que era uma sociedade que internacionalmente, independentemente de quem estivesse no poder — fossem os Kennedy, fossem depois os conservadores — tinha uma visão de mundo imperialista. A Guerra Fria dominava praticamente tudo. Na minha tese de doutoramento eu tinha um capítulo em que falava da importância do Karl Marx — entre outros — para a teoria social. Um dos meus orientadores, que era um grande sovietólogo, aconselhou-me a tirar esta parte. Não que ele tivesse nada contra Marx, obviamente — mas não era relevante para o meu argumento. Vi que havia uma certa atitude e essa opinião consolidou-se quando eu fui fazer meu trabalho de campo no Brasil. Vivi durante alguns meses numa favela do Rio e vi qual era a participação dos Estados Unidos na ditadura brasileira.

Foi viver numa favela por opção?

Exato. É o que se chamava a “observação participante”, que é uma das metodologias da sociologia quantitativa. Essa metodologia indica que o investigador tem que viver no lugar, não deve fazer nenhuma entrevista, tem de viver com as pessoas e conversar com elas, e o tempo suficiente para ter um conhecimento aprofundado dessa realidade. Foi isso que eu fiz. Era uma comunidade tão grande quanto a cidade de Coimbra de onde saí, que tinha 60 mil habitantes. Tive muita informação que me foi dada na base da confiança, precisamente porque eu não era um sociólogo americano, porque aquilo estava cheio de antropólogos e sociólogos americanos, e eles [os residentes da favela] tinham muito medo que a sua informação fosse ter à CIA, e portanto mentiam. Até tinha gente treinada nas favelas para responder aos antropólogos e sociólogos  americanos, para não darem nenhuma informação sensível — por exemplo, que havia atividade política clandestina nas favelas. Depois disso continuei a viver [nos EUA], fazendo uma distinção entre a sociedade e o país, porque vivia também numa bolha — Madison era uma cidade bastante progressista. E comecei a desenvolver o conceito de que os Estados Unidos seriam o país do novo Terceiro Mundo, onde eu via o Estado falido emergir. Agora vê-se a situação em que estão, não só pela condução desta pandemia como pela degradação democrática. Os meus amigos telefonam-me angustiados. Neste momento, o grande problema deles é se vão votar quanto antes porque o Trump está a sabotar os serviços do correio e têm medo que esta seja a forma de ele fazer fraude eleitoral. Estão absolutamente convencidos de que vai haver fraude, e que o Joe Biden teria de ganhar por muito para a sua vitória ser reconhecida. [A entrevista foi feita antes dos acontecimentos que abalaram Wisonsin]

Além da degradação em termos políticos ou sociais, não se confrontava com outras questões como consumismo e a competição, que estão tão presentes na sociedade norte-americana? Isso não lhe fazia confusão no dia a dia?

De que maneira! Nessa da competição tive um tratamento traumático. Eu formei-me em Direito em Portugal, e quando fui para os Estados Unidos já era assistente da Faculdade de Direito em Coimbra. Em Portugal, quando fazíamos exames, não podíamos consultar nada e tínhamos pessoas a vigiar as salas para não haver cola. O primeiro exame em Yale foi um exame closed book, como eles chamam, não se podia consultar. “Como é? Esta gente está aqui toda sozinha?” Achei estranho, mas enfim, adaptei-me e fui escrevendo. A certa altura esqueci-me do nome de alguém para responder a uma pergunta. Foi um daqueles lapsos que a gente tem. Eu até era bom aluno e portanto não tinha dificuldades. Foi um lapso. De maneira que perguntei ao meu colega do lado: “Podes-me dizer quem é fulano?” Ele olha para mim absolutamente espantado — mas absolutamente espantado, não pode imaginar! “Ó Boaventura, mas tu pensas que, se eu sei, te vou dizer? Se eu te digo ficas a saber tanto quanto eu.” Fiquei absolutamente traumatizado com aquilo. Cheguei em casa e disse à minha mulher: “Meu deus, isto é uma lei da selva!”

Um mundo cão.

Um mundo cão! Portanto desde aí fiquei vacinado para a competitividade. Depois fui-me adaptando. Como pode imaginar, ao longo de tantos anos fui transferindo essas questões para as minhas análises, em vez de viver intensamente os sentimentos de raiva que algumas atitudes da sociedade norte-americana me suscitavam, e ao mesmo tempo procurando os nichos. É uma sociedade onde também há muito nicho, quem se pode proteger está protegido. Mas é uma sociedade realmente… para a análise é extraordinária e continua a interessar-me. E o Brasil é a mesma coisa. Continuo muito ativo no Brasil politicamente e acompanhando as lutas também com as organizações, com os movimentos sociais. Como sabe, sou uma pessoa de esquerda, tenho escrito livros como é que as esquerdas se podem unir, é uma coisa que eu nunca percebi, como é que nesta situação as esquerdas continuam divididas por sectarismos, quando praticamente está um fascista no poder e provavelmente vai continuar depois de 2022. Continuo muito envolvido nestas lutas.

Li um destes dias um artigo na Rolling Stone que dizia que a pandemia marca o fim de uma era na América. Quem diz na América diz no mundo inteiro. Como é que aquilo que estamos a viver pode alterar os equilíbrios de poder globais?

Vou adiantar em primeira mão o título deste livro que acabei de terminar. Chama-se O Século XXI Começa Agora — da Pandemia à Utopia. Num e-book que publiquei para a Almedina, em Portugal, eu chamava-lhe “a cruel pedagogia do vírus”. Os séculos normalmente nunca começam, do ponto de vista sociológico e político, no primeiro dia do primeiro ano. Começam com um acontecimento que os marca. No século XIX foi a Revolução Industrial, nos anos 30, no século XX é a Primeira Guerra Mundial e depois da Revolução Russa, o século XXI vai começar com esta pandemia. Eu termino o livro analisando três cenários possíveis, que em meu entender estão totalmente em aberto, é impossível saber o que vai acontecer.

Que cenários são esses?

O primeiro é que nada mude, e que acabaremos por voltar ao normal, que é um inferno para a grande população mundial, que vive em favelas, em prisões superlotadas, as mulheres violentadas, enfim… Que nada mude será quase este distópico, porque vamos assistir a muito mais pandemias e a muito mais securitarismo. Depois há um segundo cenário, que é o que o Financial Times aponta: têm de mudar algumas coisas, mas que tudo fique na mesma. Isto é, mudam algumas coisas mas continuamos a ter o capitalismo global, continuamos a explorar a natureza… Podemos fazer algumas mudanças, mas vamos continuar a depender do petróleo e do gás etc. Depois há um terceiro cenário, que é o de uma alternativa que por enquanto é utópica mas que capta muita juventude, que é uma contraconcepção da natureza, no fundo esta ideia que defendo muito neste  livro, a ideia de que a natureza não nos pertence, nós é que pertencemos à natureza. Isto é o que sempre pensaram os indígenas das Américas ou os camponeses da África. Nós na Europa com o Descartes, a partir do século XVII, é que começamos com esta ideia estúpida de que a natureza se pode dominar e explorar sem limites. Isto tem de acabar.

E em Portugal? Temos muitas empresas a fechar, o desemprego aumentou acentuadamente as pessoas estão a perder rendimentos. O que pode fazer isto ao tecido social?

Portugal está muito dependente da política europeia. Penso que, no que se respeita à condução da crise, Portugal posicionou-se muito bem neste período de emergência porque houve uma política de mitigação no achatamento da curva, porque obviamente o perigo era o colapso do sistema nacional de saúde, que tinha vindo a ser enfraquecido. O Serviço Nacional de Saúde estava mais bem preparado há 10 anos para enfrentar esta pandemia do que estava hoje. Foram 10 anos de privatização, de crescimento da medicina privada, de cortes orçamentais. Essa política deu plenamente resultado e continua a dar. Qual é a consequência? É que naturalmente não só a pandemia durou mais tempo como por outro lado, para não sobrecarregar o sistema nacional de saúde, adiaram-se outros cuidados de saúde que eram urgentes, e isso está a ter um preço alto. O número de mortes naquele igual período do ano passado foi inferior ao deste ano, o que significa que houve descuido porque muito trabalho urgente dos serviços de saúde não pode ser feito, muito acompanhamento não pode ser feito, sobretudo no domínio oncológico, e isto tem consequências. No que diz respeito à crise econômica e social, penso que Portugal teve uma característica que é boa e que nem sempre existe em todas as sociedades: Portugal foi onde houve o maior consenso das forças políticas. O comportamento foi muito correto e realmente tornou-se claro que a prioridade era combater a pandemia e defender a vida. O Rui Rio, líder do PSD, disse isso muito claramente logo no início: “A partir de agora o nosso adversário não é o Partido Socialista mas a pandemia”.

Foi colaborante?

Foi colaborante. O primeiro-ministro e o presidente também foram estando articulados. Essa foi a diferença que houve entre governos de direita e governos um bocadinho mais à esquerda, com mais responsabilidade social: não se pôs a economia à frente da vida. Houve países que puseram a economia à frente da vida, como os Estados Unidos, o Brasil e a Inglaterra, e os resultados foram desastrosos. (…) Temos uma circunstância boa, em meu entender, que não existia em 2011: é que a União Europeia chegou à conclusão de que haveria que mutualizar parte das dívidas, porque perceberam que a condução da União Europeia pela comissão foi responsável em parte pelo Brexit e certamente se a condução fosse do mesmo tipo haveria outros “Brexits” na Europa. Procuraram placar isso e essa política também vai beneficiar Portugal. A grande questão é que  Portugal tem que usar esse dinheiro de uma forma diferente daquela que usou o primeiro dinheiro que tivemos quando entramos para a União Europeia, e que tem muito a ver com todos os desmandos daquele longo período em que Cavaco Silva esteve à frente do governo. Foram 10 anos que tiveram consequências extremamente graves, com muita destruição e muita corrupção. Espero que se tenha aprendido essa lição, e que se possa minimizar um pouco a crise. Temos que lidar com a incerteza. Isto é uma grande característica do novo tempo no século XXI, é uma incerteza que não é segurável. E os seguros fugiram todos. Nenhuma seguradora apareceu para salvar as empresas ou as pessoas. Isto chama a atenção para quê? Para uma instituição que tinha vindo a ser menosprezada ao longo deste tempo todo que é o Estado. O Estado assumiu uma centralidade para a qual não estava preparado, no meu entender, em muitos países, mas as pessoas recorreram ao Estado porque não havia mais ninguém a quem podiam recorrer. É esta situação em que estamos. Penso que Portugal vai reproduzir as crises da Europa, com alguma intensidade acrescida. É uma economia muito dependente da Europa…

E do turismo.

Neste livro procuro explicar por que é que o turismo internacional tem os dias contados, é uma das conclusões a que cheguei. Tem uma pegada ecológica tremenda — em cinco dias em Miami para ir ver a Disneyland faz-se um estrago ambiental absolutamente horrível — e portanto deve ser compensado como muito mais turismo cá dentro. Está a acontecer uma coisa bonita que é o turismo rural, as pequenas instalações ao norte e do centro estão cheias, e o Algarve está a tentar aguentar-se de alguma maneira com os turistas portugueses. Vamos ver.

Uma das ideias que retive da leitura deste seu livro é que o mundo não gira todo à mesma velocidade. Isso foi algo de que se apercebeu através de suas experiências em diferentes países — Portugal, Alemanha, Estados Unidos, Brasil…?

Claro. Tenho há muito tempo a ideia de que o capitalismo global tem o que nós chamamos um desenvolvimento desigual e combinado. Durante muito tempo as empresas europeias exploraram as riquezas da América Latina e da África, da maneira mais brutal possível, para que nós pudéssemos ter alguma proteção social. E isso continua a reproduzir-se de uma ou de outra forma, sobretudo agora, que estamos com uma nova guerra fria entre os Estados Unidos e a China, que é extremamente preocupante. Num dos capítulos deste livro eu falo da “trágica transparência do vírus”. O vírus torna tudo mais transparente. Eu falava do declínio dos Estados Unidos — é um declínio que está a ser agravado exatamente por esta pandemia. Um país que tem um poderio militar para destruir o mundo várias vezes, no entanto não produz coisas elementares como máscaras,  ventiladores ou álcool gel suficiente para proteger os cidadãos, tem que os mandar vir da China? São países extremamente frágeis. O que é o desenvolvimento? O que é ser um país desenvolvido? Certos países do sul global, por exemplo na África, e certos países do mundo asiático — o Vietnã é um caso extraordinário, a Coreia do Sul, Singapura, Taiwan e a própria China — têm tido um comportamento muito superior ao dos países mais desenvolvidos da Europa. Basta ver o que aconteceu na Bélgica, o que aconteceu no Reino Unido, o que aconteceu nos Estados Unidos. Há aqui uma certa inversão. A lógica do capitalismo global, continua porque ela é hoje dominada por um setor que está muito bem centrado no norte, que é o capital financeiro. O capital financeiro está num eixo entre Frankfurt, Londres e Nova York, portanto ele aguenta. Mas outros setores do capital e da economia sofreram exatamente o desgaste de toda a tendência, e aí é que está a transparência de que falo. Desde jovem habituei-me a ler os documentos públicos dos serviços de segurança do Ocidente, que são dos mais interessantes para ver o que é que vem aí. A CIA, por exemplo, tem um dos institutos de estudos políticos mais notáveis nos Estados Unidos e que produz de quatro em quatro anos um relatório para o presidente. Claro que este presidente não ligou absolutamente nada. Mas o último chamava-se Tendências Globais 2030, e deixava claro que em 2030 a China será a primeira economia do mundo. E mostra como é que isso ocorrerá e o que os Estados Unidos devem fazer para se defender. Os Estados Unidos tiveram que apertar o garrote, porque de outra maneira é fatal essa ascensão, daí toda essa guerra comercial com o 5G, proibindo a Huawei — que segundo dizem os especialistas é o melhor sistema. Isto mostra que a dinâmica está a leste, o poder repressivo está a ocidente e vamos estar nessa durante as próximas décadas.

Acha que a China oferece uma alternativa credível ao modelo capitalista? É que eu diria que a China adaptou o capitalismo às suas condições, nomeadamente a disponibilidade de mão de obra, centralização política etc. Mas acabou por adaptar o modelo capitalista ao seu sistema.

Absolutamente. Neste livro — e até noutros anteriores — analiso o sistema [chinês] como um capitalismo de Estado. Pode ter até muitas virtudes, não tem a virtude de ser democrático. A China inseriu-se na economia mundial entrando duro na competição com o capitalismo global. E fê-lo com uma mão de obra extremamente barata. Veja só hoje quantas empresas americanas produzem os seus produtos na China. Não há nada que venha dos EUA. Qual é a vantagem da China neste momento? A vantagem é que internacionalizou tudo, exceto o capital financeiro, portanto está mais ou menos defendida da crise do capital financeiro que se calcula que virá a seguir isto. Por outro lado, a China e a Rússia foram os países do mundo que nos últimos 10 anos compraram mais ouro. Combinadas, têm as maiores reservas de ouro do mundo, de modo que estão a preparar-se para uma crise global, e já têm um acordo para as transações entre si já não serem feitas em dólares. Como sabe todos os impérios quando declinam não declinam facilmente. Será um processo traumático. Vamos ter mais guerra fria, alguma guerra quente. E é nessa situação que a gente se encontra. Acho que as alternativas ao domínio do capitalismo ocidental não são nada boas em termos de democracia. O que está a acontecer, e isto é trágico, é que o ocidente também está a perder conteúdo democrático. Os Estados Unidos é o grande sinal do futuro. É evidente que o grande capital ainda pensa que o Trump é o melhor trunfo, porque fez mais cortes de impostos e eles ganharam muito dinheiro. Mas talvez agora o Biden os convença de que afinal o Trump acaba por ser um tiro no pé.

Falou da erosão da democracia nos Estados Unidos. Durante este período, em Portugal, temos vivido com muitas imposições, restrições, proibições. A nossa liberdade também está sob ameaça?

Não, não, de maneira nenhuma. Acho que a liberdade tem que ter restrições em função do bem comum, digamos assim. Esse é o grande argumento hiperliberal — os conservadores norte-americanos fazem essa grande publicidade contra as máscaras, contra distanciamento social, distanciamento sanitário. A mesma coisa no Brasil: todos eles se afirmam contra tudo o que é restrição, é quase uma posição anarquista. Acho que sabemos muito bem que uma sociedade para ter um mínimo de coesão social não pode ter essa liberdade total. No século XIX você sabe como é que as empresas na Inglaterra viram a primeira grande tributação dos empresários? Chamavam-lhe um roubo. “Então nós ganhamos dinheiro e agora vamos ter que contribuir?” Era a limitação da liberdade deles, para criar um Estado, o que temos hoje — ainda. Em Portugal, até talvez pela sensibilidade do presidente da República, sobretudo, houve todo o cuidado em não rastrear posições de pessoas e controlar os movimentos, ao contrário de outros países. Itália controlou, Espanha controlou, a Nova Zelândia — que é liderada por uma das grandes primeiras-ministras do nosso tempo — também controlou. O que acontece é o seguinte: no ocidente nós temos uma consciência da liberdade individual que outras sociedades, para quem a obediência a um bem comum é fundamental, não têm. A Coreia do Sul é um bom exemplo. As pessoas estão perfeitamente acostumadas de que essa utilização é para o seu bem. Qual é o problema? É que passa a pandemia e os esquemas de vigilância e de controle estão no terreno. Amanhã podem ser utilizados para outros efeitos. Ninguém nos tira desse perigo. Em Portugal, jogando com a liberdade das pessoas, julgo tem havido até uma certa sabedoria dos políticos, devo dizer. Veja a arrogância de alguns países, como a Suécia, ou a própria Holanda, e o resultado que teve depois. Se Portugal fosse um país melhor, maior, se tivesse um prestígio na Europa que ainda não tem, apesar do Mário Centeno, nós seriamos um exemplo nalgumas coisas. A reconstrução portuguesa em 2016-20 é modelar em alguns aspectos — o New York Times chegou a ter uma página dedicada ao “milagre português”. Só que Portugal não consegue impor o que faz de bem e tudo o que faz de mal é ampliado na Europa.

Falou da vigilância a que somos sujeitos, através dos celulares, por exemplo — se calhar, até esta conversa que estamos a ter pode estar sendo vigiada. Como olha para isso? Preocupa-o?

Tremendamente. Por enquanto estamos alarmados com as chamadas fake news, eu cito aqui um estudo do American Journal of Tropical Deseases, que calculou que pelo menos 800 pessoas morreram no mundo devido a um boato falso que circulou em muitos países, que dizia que ingerir álcool puro matava o vírus. Foram 800 pessoas que morreram, 60 ficaram cegas, no caso da Turquia dezenas de milhares foram hospitalizadas. Claro que foram as redes sociais que propagaram essas notícias falsas. Estamos preocupados com isso, mas a vigilância está a outro nível. Nas empresas, na universidade, todos continuamos a usar sistemas privados de acesso à internet, não só nos telemóveis, mas também o skype e o zoom, por exemplo. O indivíduo que inventou o zoom em dois meses viu a sua riqueza aumentada em 7,5 bilhões de dólares. Se fosse só ganhar dinheiro, não havia problema. O que acontece é que estes dados estão obviamente — todos — depositados num lugar. Vejo com muita preocupação isso, acho que é um dos problemas do século XXI. Se queremos salvaguardar a democracia, acho que vamos ter de enfrentar limitações à liberdade nas redes sociais, por exemplo. Todos os teóricos liberais, que estudaram isso muito bem, estavam conscientes de que se a liberdade for concentrada em alguém com muito poder, é destrutiva. Se o poder estiver todo concentrado, é um poder despótico. Temos três ou quatro empresas que controlam praticamente todos os dados. E são todas do mesmo país. Ao nível delas está a AliBaba, da China, que não seria melhor, faz vigilância na mesma, mas para outro projeto. É um dos novos problemas para os quais não temos ainda nem teoria nem grandes recursos. Vou dar um exemplo daquilo em que estou a trabalhar. Toda a teoria da sociologia política assenta na distinção entre democracia e ditadura. Acho que estamos a entrar num período, em muitos países, que eu chamo “democradura” — nunca se sabe muito bem quais são os elementos ditatoriais e os elementos democráticos. O caso do Brasil é patético nesse sentido, porque condicionaram uma eleição e continuam a condicionar a vida dos brasileiros, que estão a morrer num desastre sanitário incrível em grande parte por causa disso.

Penso que o Julian Assange vai ganhar o Nobel da Paz durante este século, talvez daqui a 50 anos ou assim. O Edward Snowden é outro grande candidato. Nós chegamos a um ponto em que o sistema é de tal maneira integrado e de tal maneira secreto que até as forças da oposição não têm acesso ao conhecimento relevante para o questionar. Portanto, as crises do sistema vêm de insiders, de gente que está lá dentro do sistema e que sabe o que se está a passar. O Julian Assange a certa altura dá-se conta: “Que diabo, estou a participar de uma monstruosidade” — e é isso que mais tarde ou mais cedo o Mark Zuckerberg acabará por também constatar. Claro que isso pode levar também à destruição do sistema. O hacker pode querer entrar no Sistema Nacional de Saúde e destruí-lo de um dia para o outro. Seria capaz de o fazer. Podiam atacar o controle de tráfego aéreo e provocar num dia milhões de mortos. Não fizeram isso. Foram seletivos, onde viram que a liberdade em democracia estava a ser posta em casa por falsidades.

Por falar em futuro. Por um lado temos o progresso da ciência, da medicina, da tecnologia, mas sabemos que o progresso não é linear, que não estamos sempre a evoluir para melhor. Encara o futuro com otimismo ou com preocupação?

Não acredito muito na ideia de progresso. Fomos extremamente seletivos em tudo aquilo que consideramos ser progresso e aquilo que achamos regressivo ou atrasado. Isso teve consequências incalculáveis. O meu otimismo é reservado, isto é, nós temos alternativas. É por isso é que este livro tem o subtítulo Da Pandemia à Utopia. A pandemia neste contexto deu-me algum ânimo.

Primeiro, mostrou que há alternativa. Aqueles que podiam tiveram mais tempo para ficar em casa, para tratar dos filhos, cuidar da família, ler mais um pouco. Em segundo lugar, muita gente tinha deixado de ir às suas mercearias de bairro, porque gostavam era de ir ao Colombo e aos grandes shoppings. Quem é que abriu primeiro? Quem é que os protegeu? Quem é que tinha os produtos mais naturais? A mercearia. Aqui na aldeia tenho toda a agricultura que nós chamamos orgânica, que é a agricultura que eles sempre tiveram, dos camponeses aqui à volta. E não pense que é uma coisa primitiva, até produz mirtilos para exportar. E claro, como são espaços pequenos, não tem congestionamento. Têm álcool gel, têm máscaras etc. Acho que caminhamos para aí, e também defendo no livro que vamos ter de redimensionar os shoppings, são zonas de alto risco para o futuro.

Nunca frequentou?

Frequentei o mínimo. Tenho quase claustrofobia. Se estiver mais de quinze minutos não aguento. Mas vou lá para qualquer coisa mais pontual. São espaços de concentração de gente, com ares condicionados, por isso é que é de alto risco. Mas não estou a dizer que acabem os shoppings ou supermercados — agora, vão ser redimensionados.

Até aqui íamos tendo espaços cada vez maiores. Mas também não podiam crescer indefinidamente, não é?

O que eles fizeram foi continuar a crescer e diferenciar-se internamente. Como havia uma parte da classe média que gostava de produtos orgânicos e locais, abriram esses departamentos nas grandes superfícies. As coisas que tenho aqui na mercearia são feitas em Portugal, mas se for a Coimbra a um shopping, o mais provável é os produtores agrícolas ou o peixe virem da Espanha. Agora fazem muita propaganda do produto nacional. Nós chamamos a isso de soberania alimentar. Um país que não tenha soberania alimentar numa pandemia está liquidado. Moçambique teve uma crise brutal porque perdeu parte da soberania alimentar, a África do Sul fecha as fronteiras de um dia para o outro e os caminhões não passam. Isso foi uma crise momentânea, mas grave. temos que ter soberania alimentar, ou seja, favorecer a agricultura familiar. Por que é que eu falei dos erros que se cometeram com os primeiros fundos da Europa? Porque destruíram a agricultura familiar.

E as pescas.

E a pesca artesanal. Foi o grande crime que se cometeu. Hoje estaríamos muito melhor se não fosse isso. Mas agora há jovens que estão a fazer agricultura com responsabilidade social, muitos até são filhos de camponeses. É por aí que a gente tem que ir.

O meu pessimismo vem em relação às classes políticas e o otimismo vem de que os cidadãos, se forem suficientemente informados, viram a possibilidade de alternativa.

Por que essa desconfiança em relação aos políticos?

Porque desde os últimos 40 anos, sobretudo depois da queda do muro de Berlim, nós deixamos de discutir processos civilizatórios. Até então, com todos os limites, havia a possibilidade de uma alternativa neocapitalista, havia aquele debate todo sobre que tipo de socialismo… mas debatia-se! A partir daí não se debateu. Os políticos destas gerações são todos mais do mesmo, não são capazes de pensar além do ciclo eleitoral. Por melhores que sejam, e alguns são bons. Mas não pensam no que está para além dos quatro anos. Ora, nós vamos precisar agora de pensar, e tem que ser a opinião pública e as organizações sociais e a sociedade civil a fazerem pressão para estes modelos alternativos.

Vamos ver como as sociedades vão se comportar nesse sentido. O meu otimismo é ainda reservado por uma outra razão, que é a razão de por que tanta gente ainda se deixa atrair por Trump, apesar daquela desgraça. Há uma fração pequena da classe média que ficou tão assustada com o que está a passar, que está ansiosa por que alguém lhe diga que isto não foi grave, que vai tudo voltar ao normal, que a gente…

…pode seguir com a nossa vida?

Exatamente. E essa gente sente-se confortada. Quem é que dá normalmente essa mensagem? Políticos de direita, que não estão muito esclarecidos — também há políticos de direita mais esclarecidos. Mas penso que há algum campo para alguma reflexão sobre alternativas e vai haver uma disputa de narrativa a seguir a isto. O que é que a comunicação social vai fazer? Quando deixar de haver crise já não vai tratar disso, até que venha a próxima? É por essa razão que não temos  uma vacina. A vacina para estes vários tipos de coronavírus esteve quase descoberta em 2016, mas como não havia crise as empresas acharam que não era rentável.

Uma última questão. Há pessoas que com a idade tendem a ficar mais acomodadas, ou mais conservadoras. No seu caso, vemo-lo sempre inconformado. Também sente isso?

Sim, sinto isso. Acho que não tem tanto a ver com a idade. Trabalho muito com jovens, quer acadêmicos, quer dos movimentos e de organizações sociais, e muitas vezes são bons. Mas também vejo muito jovem prematuramente velho, com um certo ceticismo, um certo niilismo, um certo cinismo. Costumo dizer há muito tempo que sou um otimista trágico, isto é, recuso-me a deixar de ver alternativas, mas sou trágico no sentido em que sei quais são as dificuldades, e agora mais do que nunca. Tenho seguido essa linha e não tenho achado mal.

E é por isso que seu livro tem a palavra “utopia” no título?

Sim. A alternativa à utopia é a miopia. Quem não acreditar na utopia hoje é porque é míope. É porque não está a ver verdadeiramente. Pensa que a gente vai continuar a destruir o meio ambiente e a natureza, e que a natureza não nos vai mandar os pedagogos cruéis que são os novos vírus? Aliás, caracterizo o novo período como “período da pandemia intermitente”. Daqui em diante vamos estar confinados/desconfinados, confinados/desconfinados. O novo normal vai ser isso durante algum tempo.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Les Yézidis ou Yazidis forment une des minorités confessionnelles en Irak, persécutées par l’État islamique (ISIS ou Daech). Arte rediffusera le 1er septembre 2020 « Esclaves de Daech – Le destin des femmes yézidies » (Sklavinnen des IS – Suche nach Gerechtigkeit), documentaire réalisé par Philippe Sands et David Evan.

 

Publié par Véronique Chemla

Les Yézidis ou Yazidis constituent une minorité ethnique, kurdophone confessionnelle. 

Le yézidisme ou yazidisme est une religion monothéiste, née au Moyen-Orient. Il emprunte des éléments au zoroastrianisme, au judaïsme, au christianisme et à l’islam.


« Bien que monothéistes, les Yézidis croient que Dieu a confié la direction des affaires terrestres à Malek Taous, littéralement « l’ange-paon », qu’ils adorent également, ce qui leur vaut de la part des musulmans les accusations de satanisme… Avant de repartir ils nous montrent avec fierté leur sanctuaire à l’architecture si particulière : une pièce très sombre dans laquelle on pénètre par une petite porte basse, sans poser le pied sur le seuil. Un dôme en étoile surmonte le bâtiment ».

Les Yézidis souffrent d’être appréhendés comme des « adorateurs de Satan ». « Pour Daech, nous ne sommes que des païens. Au prétexte que nos textes religieux ne sont pas cités dans la Bible ou le Coran, l’État islamique nous a exclus de la communauté des gens du Livre et ne nous laisse comme choix que la conversion ou la mort », a expliqué Khurto Hajji Ismail, « le baba cheikh des yézidis, le chef spirituel de cette minorité », en 2016.

Le calendrier des Yézidis commence 990 ans avant celui juif, 4 750 ans avant celui chrétien, et 5 329 ans avant celui islamique.


Les Yézidis pratiquent l’endogamie, et non le prosélytisme. 

Ils vivent principalement dans le nord de l’Iraq. La Syrie, la Géorgie, l’Arménie, la Turquie et divers pays occidentaux abritent des communautés yézidies. 


Les Yézidis ont été victimes de génocides en 1915 à 1918.  En 1914, plus de 750 000 Yézidis vivaient dans l’Empire ottoman. « Dans le Yezdistan, territoire au nord de l’Iraq, des Turcs ont massacré les Yézidis. Sinjar, Sinoun, Gobal, Dgour, Gali Ali Bage, Dhok, Zorava, Karse et Bare, Siba, Tlizer, Tlzafe, Khrbade Kavala, Grzark, Rmbousi, Sharok, Tlkazar, Tlbanta, Kocho, Khotmi, Mosoul, Rndavan, Amadia… Plus de 200 000 Yézidis y ont été assassinés« .

Les Yézidis ont aussi été tués par des soldats turcs dans l’ouest de l’Arménie : région de Van – 100 000 victimes innocentes -, région de Moush – plus de 60 000 victimes -, région d’Erzroum – 7 500 victimes -, région de Kars – 5 000 victimes -, Sourmalu – 10 000 victimes yézidis… Cette liste n’est pas exhaustive.


Outre les massacres et les déportations, le gouvernement turc a contraint des Yézidis, dont la religion est liée au Soleil, à se convertir à l’islam. L’historien turc Katib Tchelebi estime qu’entre 1915 et 1918 environ 300 000 Yézidis ont été massacrés dans l’empire ottoman. D’autres sources évaluent à 500 000 le nombre de victimes yézidies de ce génocide commis par des Turcs et Kurdes.


Environ 250 000 Yézidis ont été déportés et ont trouvé un refuge en :

– Iraq, près de Sinjar Mountain : 100 000 ;
– Turquie, dans les régions de Batman et Diarbeqir : 12 000 ;
– Syrie, dans la localité de El-Kamishli : 15 000 ;
– Arménie : 12 500 ;
– Géorgie : 3000.


Des génocides à l’écho douloureux dans une actualité marquée par les crimes commis par les islamistes, notamment l’État islamique (ISIS) dans ce Moyen-Orient.

Environ 300 000 Yazidis se sont réfugiés auprès des Kurdes irakiens pour fuir les persécutions de l’État islamique : mise en esclavage, viols, etc.


L’État islamique (Daech, État islamique en Irak et au Levant (EIIL) ou en anglais Islamic State of Iraq and al-Sham (ISIS) – al-Sham désignait la province de Syrie dans les précédents califats – a commis un génocide notamment à l’égard des Yézidis.


CYCI et Steve Maman

Homme d’affaires philanthrope canadien juif d’origine marocaine, Steve Maman a fondé CYCI (Christian and Yazidi Children of Iraq) en 2015. Cette fondation vise à libérer des femmes chrétiennes et yézidies réduites à l’esclavage sexuel par l’État islamique.

CYCI a allégué avoir libéré, via des intermédiaires et Gill Rosenberg, 140 Yézidies contre le versement de sommes d’argent.

Une polémique a surgi concernant l’authenticité de ces libérations. Certains ont aussi réclamé plus de transparence sur les actions menées par CYCI. Et ce, d’autant que cette fondation reçoit des fonds.

Prix Sakharov pour la liberté de l’esprit 
Le 13 décembre 2016, au Parlement européen, Nadia Murad et Lamia Haji Bachar, deux jeunes Irakiennes yézidies « ont reçu  le prix Sakharov pour la liberté de l’esprit ». Kidnappées, asservies en esclaves sexuelles par l’État islamique, elles avaient fui. Elles ont exhorté à poursuivre les chefs de l’EI devant la Cour pénale internationale (CPI). 

Lamia Haji Bachar « raconte son enlèvement à 15 ans par des membres de l’État islamique, comment elle a été vendue à quatre reprises, l’enfermement, les tortures, les viols… Elle porte les stigmates de l’horreur sur son visage. Une mine antipersonnel l’a défigurée quand elle tentait de s’échapper. « Promettez-moi que plus jamais vous ne permettrez de tels actes », lance-t-elle à l’assemblée ». Et de poursuivre : « Quand nous avons subi les viols, quand nous avons été vendues et revendues par Daech, nous n’avons jamais perdu confiance en Dieu parce que nous savons que Dieu est là et nous n’avons jamais pensé à nous venger ».  

« En costume traditionnel, le visage inexpressif, les yeux dans le vague », Nadia Murad « demande à l’Europe, à la communauté internationale d’en faire beaucoup plus pour les siens ! « Les minorités religieuses doivent être protégées, si le monde n’en est pas capable, je vous invite à ouvrir vos portes, à accueillir les quelques 500 000 Yézidis d’Irak, à organiser une migration comme celle qui a suivi l’Holocauste. Ce qui se passe à Alep, c’est de l’injustice pure et dure. Les premières victimes sont des innocents. Tout ce qui se passe en ce moment en Syrie se passait aussi en Irak. Et la cause de tout cela, c’est Daech  », a-t-elle expliqué. Et d’indiquer aux journalistes : « C’est notre espoir que le prix Sakharov aide à changer la perception des gens vis-à-vis des réfugiés, que les réfugiés soient mieux tolérés ». Nommée mi-septembre ambassadrice de l’ONU pour la dignité des victimes du trafic d’êtres humains, Nadia Murad milite pour que les persécutions commises en 2014 contre les Yézidis soient considérées comme un génocide.

Toutes deux ont souligné « l’importance de ne pas seulement vaincre l’EI militairement, mais également de traduire ses chefs devant la Cour pénale internationale (CPI) : « Daech n’est pas qu’une force militaire. C’est aussi une idéologie. Il faut aussi stopper cette idéologie. Il faut prendre toutes les mesures pour mettre fin au soutien dont jouit Daech maintenant. Il faut combattre Daech militairement, il faut traduire les responsables de Daech devant la Cour pénale internationale. Il faut mettre fin à tout soutien militaire, logistique ou financier dont jouit encore Daech », a plaidé Nadia Murad. Elle a également souligné que « 3 500 femmes yézidies » restaient prisonnières du groupe jihadiste. La jeune femme est désormais ambassadrice de l’ONU pour la dignité des victimes du trafic d’êtres humains et milite pour que les persécutions commises en 2014 contre les Yézidis soient considérées comme un génocide. Les deux jeunes femmes ont exprimé l’espoir que le prix Sakharov pour la liberté de l’esprit, dont elles sont donc les lauréates 2016, aide à faire évoluer les mentalités et changer la perception des réfugiés auprès des citoyens européens ».

Père Patrick Desbois
Prêtre catholique, le père Patrick Desbois « a consacré sa vie aux recherches sur la Shoah, au combat contre l’antisémitisme et à l’amélioration des relations entre catholiques et Juifs. Il préside Yahad-In Unum« .

Il a coécrit, avec Nastasie Costel, La Fabrique des terroristes – Dans les secrets de Daech. Le 29 juin 2017, sur i24News, le père Patrick Desbois s’est indigné du silence sur le génocide commis par l’État islamique à l’égard des Yézidis, et probablement aussi d’autres minorités religieuses : « Ce qui est le plus choquant pour moi c’est que Baghdadi, la police religieuse, ont commis un génocide contre les Yézidis et peut-être contre d’autres minorités. Ils ont aussi expulsé tous les chrétiens, les ont maltraités. Personne n’est accusé de génocide, on parle de l’État islamique comme d’une entité qui disparaît ». Il a souligné l’importance de désigner les coupables de ce génocide par leur nom. Il demeure sceptique à l’égard de la « mort » de l’État islamique qui selon lui « a besoin d’argent », se projette ailleurs », dans d’autres pays, et compte sur ses « lionceaux » pour poursuivre sa guerre. Il a évoqué le sort bouleversant des enfants captifs, convertis de force, victimes de « lavages de cerveaux », revendus – 25 000 dollars la fille, 15 000 dollars le garçon – et ne reconnaissant pas leurs parents ou les traitant de « koufars » (mécréants, en arabe). Yadad-In Unum construit des « ateliers avec des psychologues pour réveiller les enfants yazédis », forme des femmes, souvent veuves, à des métiers afin qu’elles acquièrent leur indépendance, etc.

Yad Vashem

En juillet 2017, Nadia Murad et Haider Elia ont visité Yad Vashem, musée de la Shoah, à Jérusalem (Israël). Si d’autres Yézidis s’y étaient déjà rendus, Nadia Murad et Haider Elia s’en distinguaient par leurs objectifs : « apprendre comment raconter, commémorer et enseigner un génocide ».

Lors de cette visite, « l’ancienne esclave sexuelle de l’État islamique s’est effondrée. Deux ans après la découverte des premiers charniers à Sinjar, cette région du nord de l’Irak où sa mère et six de ses neufs frères ont été assassinés par l’État islamique en 2014, Nadia Murad, 24 ans, était en train de découvrir des photographies montrant les pelotons nazis de la mort en train d’observer les dépouilles des Juifs empilées dans des fosses fraîchement creusées ». Ambassadrice de bonne volonté de l’ONU et nominée au prix Nobel, elle vit en Allemagne.

 

« Si seulement nous étions en mesure de retourner sur notre terre ancestrale dont nous avons été chassés… Nous ferions la même chose », a-t-elle déclaré à l’issue de la visite. La communauté yézidie « serait capable de créer une sorte de musée similaire où on conserverait… Les foyers qui ont explosé, les piles d’os, les squelettes abandonnés, nous pourrions faire quelque chose de tout cela. Et toutes les choses qui nous sont arrivées – nous le rappellerions aux générations futures pour qu’elles puissent… se défendre et s’assurer que cela ne leur arrivera jamais à elles [ou à nous] à l’avenir », a-t-elle dit. Et de pointer des éléments communs avec la Shoah : « Le guide de Yad Vashem évoquait la faim, la colère, un morceau de pain – plus de 100 000 Yézidis se trouvaient dans les montagnes et ils étaient affamés, et cela est arrivé à des centaines d’entre eux, sinon des milliers. Les gens mourraient de faim tout comme il le racontait ». « S’adressant au personnel de Yad Vashem, Murad a indiqué qu’elle avait « toujours désiré pouvoir rencontrer des gens qui ont traversé les mêmes choses que ce qu’à traversé mon peuple ». Elle a souligné que les Yézidis ont appris qu’ils « doivent se protéger eux-mêmes » par un organisme sécuritaire régional. Et ce, pour éviter les conquêtes territoriales par l’État islamique.

« Contemplant une photographie représentant un soldat nazi tuant une femme et son enfant à bout portant, Haider Elia a écouté le guide de Yad Vashem se référer à une recherche de Christopher Browning, auteur du livre « Ordinary men », qui affirmait que les êtres humains sont intrinsèquement capables de faire le mal dans certains cadres sociaux. Des mots qui ont résonné pour Elias, né à Sinjar, qui a répondu que cette observation était « très pertinente » concernant les meurtres des Yézidis tombés entre les mains de l’État islamique ». « La nuit dernière, une femme musulmane me demandait : ‘Ces membres de l’EI, ils avaient pris de la drogue ? Ils étaient alcooliques ? Ils étaient normaux ?’ » « Ce qu’elle avait compris, m’a-t-elle dit, était qu’ils étaient toujours drogués avant de commettre un crime. Et je lui ai dit : ‘Non, ils étaient des gens ordinaires. C’était seulement des gens ordinaires mais qui se levaient pour tuer les autres ». Elias se trouvait au Texas le 3 août 2014 durant ces massacres au cours desquels son frère, son neveu et 50 de ses amis ont été tués par l’État islamique. À la fin de ce mois fatal, il a cofondé une organisation, Yazda, qui a commencé à réunir des témoignages oraux et des preuves contre les djihadistes dans l’espoir d’une future traduction en justice du groupe terroriste devant les tribunaux internationaux. Son témoignage personnel, où il se rappelle de sa vie à Sinjar avant l’État islamique et la tentative d’annihilation de son peuple, dure 13 heures et demi. Ce projet est une course contre le temps parce que « les souvenirs s’évanouissent et on oublie le détail de ce qu’il s’est exactement passé. La première année, les gens étaient très concentrés et ils pouvaient nous raconter exactement ce qu’ils avaient vécu », explique-t-il, ajoutant que certaines victimes ont été capables de dire les noms de leurs bourreaux de l’EI. « Aujourd’hui, ils ont tendance à oublier les détails et c’est pour cela que si c’est si important pour Yazda et pour ceux qui croient à ce projet… de créer ces archives ».

Vers un État yézidi ? « Cela dépendra largement du soutien apporté par la communauté internationale parce que les Yézidis forment une communauté minuscule et ils n’ont pas de diaspora pour faire du lobby, juste quelques personnes comme moi… Peut-être en avons-nous une – il y a 100 000 personnes – mais nous ne sommes pas encore forts. [Sans intervention de la communauté internationale pour contribuer au retour des Yézidis à Sinjar] bien sûr, chacun partira dans un pays différent et nous n’aurons plus de terre natale », a expliqué Haider Elias. 

Environ 3 000 femmes yézidies se trouveraient captives des djihadistes dans le « califat » dominant des régions de l’Irak et de la Syrie. Les « garçons yézidis ont été intégrés par la force dans les rangs de l’EI et les tous petits ont été réduits en esclavage. Cinq différentes milices sont actuellement sur le front dans toute la région et des centaines de milliers de yézidis sont déplacés en Irak et en Turquie », selon les militants. Des milliers ont fui en Allemagne, au Canada et en Australie.

Les « Nations unies ont affirmé que les atrocités commises constituaient un génocide, puis les dirigeants américains, du Royaume-Uni, du Canada, de la France et d’Écosse, ont également approuvé cette reconnaissance officielle. 

Lors d’une audience à la Knesset, Nadia Murad a demandé que le Parlement israélien reconnaisse ce génocide. « Les Juifs et les Yézidis partagent une histoire commune de génocide qui a modelé l’identité de nos populations, mais nous devons transformer notre douleur en action. Je respecte la manière dont vous reconstruisez une communauté juive globale dans le sillage du génocide. C’est un voyage que ma communauté va devoir effectuer… Nous, Yézidis, sommes un peuple pacifique. Jamais, dans notre histoire de 5 000 ans, nous avons combattu et tué les autres. Mais ce caractère pacifique ne nous a pas rendu service. Nous avons dû affronter 74 pogroms, souvent motivés par des interprétations extrêmes de l’islam. Et j’ai peur que ce génocide, celui qui continue aujourd’hui, ne soit mené à bien si nous ne pouvons pas retourner sur la terre qui nous a vus naître », a déclaré Nadia Murad.

« L’État islamique a cherché à éliminer les yézidis par le meurtre, l’esclavage sexuel, l’esclavage, la torture et des traitements inhumains et dégradants, ainsi que par des transferts forcés qui ont causé des maux graves, que ce soit au niveau physique ou mental. L’organisation terroriste a infligé des conditions de vie qui entraînent une mort lente, l’imposition de mesures pour empêcher les enfants yézidis de naître, dont des conversions forcées d’adultes, la séparation des hommes et des femmes et des traumatismes psychologiques ; et le transfert des enfants yézidis obligés de quitter leur propre famille pour rejoindre les combattants de l’EI, en les coupant par conséquence de leurs croyances et des pratiques de leur propre communauté religieuse », indique un rapport onusien de juin 2016.
 
« Les Yézidis, un peuple entre exil et résistance »

En 2018, l’Espace architecture La Cambre Horta à Bruxelles (Belgique) a accueilli « Les Yézidis, un peuple entre exil et résistance », exposition de photographies prises par Johanna de Tessières. Une initiative de la cellule Démocratie ou barbarie de la Fédération Wallonie-Bruxelles, en partenariat avec l’ONG ULB-Coopération.

Johanna de Tessières a effectué trois reportages en trois ans sur les Yézidis en Irak, pour La Libre Belgique (« avec Christophe Lamfalussy dont les textes éclairent parfaitement l’exposition) ». « L’émotion, et donc la prise de conscience, sont encore plus fortes quand on voit ces femmes esclaves qui ont pu s’échapper et sont arrivées au camp de Dohuk. Elles se cachent le visage pour ne pas être reconnues et que leurs familles en subissent les conséquences. Une d’elle a gravé sur l’avant-bras, « Sinjar » pour ne jamais oublier. On y reconnaît la militante Nadia Murad, prix Sakharov 2016. L’expo montre judicieusement que les Yézidis ne sont pas que victimes. On voit les portraits de ces « activistes » courageux qui ont organisé les exfiltrations des réfugiés et alerté les opinions. Johanna de Tessières a suivi le grand pèlerinage annuel des Yézidis au temple de Lalesh dans le Kurdistan irakien. Son reportage photographique continue en s’invitant dans la diaspora yézidie, en Allemagne (40 000 Yézidis, installés parfois depuis les années 60) et, en Belgique, à Liège où vit – bien peu le savent – une communauté yézidie de près de 5000 personnes, souvent arrivés de Turquie, déjà fin des années 80, fuyant les exactions alors de l’armée turque, quand la Belgique était plus ouverte aux réfugiés ».

« Minorité parmi les minorités, le peuple yézidi installé dans le nord de l’Irak a connu au cours de son histoire de nombreuses vagues de persécutions. Tantôt tolérés tantôt faisant l’objet de répressions, les Yézidis ont été, à partir d’août 2014, directement visés par l’idéologie de Daech et ses atrocités. La population a été décimée, des milliers de femmes enlevées et réduites à l’état d’esclaves sexuelles, les hommes exécutés et de nombreux enfants convertis en enfants soldats appelés « lionceaux du califat ». Ceux qui ont pu fuir (420.000 personnes) ont trouvé refuge dans des camps ou se sont exilés. En Belgique, la communauté yézidie représente aujourd’hui entre 35.000 et 45.000 personnes, principalement installées à Liège. »

« ARTE Regards – Des mots contre Daech  

Arte diffusa le 19 juin 2018 « ARTE Regards – Des mots contre Daech » (Re: Mit Worten gegen den IS – Eine Jesidin erhebt die Stimme) .

« Farida Khalaf est Irakienne et fait partie de la communauté kurdophone des Yézidis, persécutés de longue date par les djihadistes. Avec sa mère et ses deux frères, elle a échappé aux griffes de Daech et vit désormais en Allemagne. Elle témoigne des sévices dont elle a été victime ».

« Esclaves de Daech – Le destin des femmes yézidies »
« Esclaves de Daech – Le destin des femmes yézidies » (Sklavinnen des IS – Suche nach Gerechtigkeit) est un documentaire réalisé par Philippe Sands et David Evans : « Deux femmes yézidies réduites en esclavage sexuel par Daech en Irak livrent leur terrible témoignage, dans l’espoir que justice soit rendue. Bouleversant et courageux ». 

À l’été 2014, les yézidis se retrouvent au centre de l’attention internationale, quand l’État islamique » (ISIS ou ISIL) « prend Sinjar, principale ville de cette minorité monothéiste kurdophone, située dans le nord-ouest de l’Irak, près de la frontière syrienne ».

« Là et dans les villages alentour, Daech a perpétré des crimes épouvantables, jetant sur les routes des dizaines de milliers de personnes, assassinant les hommes et réduisant les femmes à l’esclavage sexuel ».

« Avec le concours de Jan Ilhan Kizilhan, psychologue allemand et yézidi, un millier de femmes victimes de violences sexuelles en Irak et en Syrie sont accueillies dans le Land allemand du Bade-Wurtemberg. Parmi elles, Dalal et Lewiza réapprennent à vivre, portées par l’espoir que, notamment grâce à leur témoignage, justice soit rendue. Dalal et Lewiza ont accepté de raconter à visage découvert leur sort tragique face à la caméra de l’écrivain, avocat et réalisateur franco-britannique Philippe Sands, spécialisé dans la défense des droits de l’homme. Enlevées avec d’autres femmes et jeunes filles de leur famille, vendues puis revendues comme esclaves sexuelles, elles sont parvenues à fuir leurs ravisseurs après plusieurs mois de captivité. Dans une communauté où le viol déshonore celles qui en sont victimes et entraîne leur exclusion, ces deux témoignages se révèlent d’autant plus courageux et précieux que des dizaines de femmes yézidies abusées ont préféré se donner la mort plutôt que d’être reniées. Bouleversant et courageux ».

« Dans ce documentaire d’une rare intensité, coréalisé avec David Evans, Philippe Sands porte jusqu’à la Cour pénale internationale (CPI) le récit des atrocités subies par les deux jeunes femmes, avec pour but la tenue d’un procès international. »

Lewiza souligne l’attachement des Yézidis à leur village, se souvient de la peur généralisée à l’égard de l’État islamique.

Les femmes ayant pu fuir l’État islamique ont rejoint des camps de réfugiés.

« À terme, le calvaire des femmes yézidies pourrait être qualifié de génocide, le viol systématique étant reconnu comme tel et l’esclavage sexuel, comme un crime contre l’humanité ».

« Dans l’attente d’une telle issue, le film nous immerge dans le quotidien de Dalal et Lewiza, femmes à l’incroyable force de caractère, chacune tentant de surmonter son traumatisme et de s’intégrer dans un pays inconnu, si loin des quelques membres rescapés de leurs familles. Une lueur d’espoir apparaît quand, pour la première fois dans l’histoire de la communauté yézidie, le grand prêtre, qui représente l’instance suprême, s’emploie à réformer la tradition afin que les femmes violées ne soient plus rejetées par leurs familles, offrant ainsi un possible avenir à ces vies brisées ».

« Le combat de Nadia Murad« 

Arte diffusa le 9 décembre 2018 à 23h55 « Le combat de Nadia Murad » (Nadia Murad) par Alexandria Bombach. « Transformée en esclave sexuelle par les djihadistes de Daech, Nadia Murad, prix Nobel de la paix 2018 (avec Denis Mukwege), se bat pour son peuple, les yézidis d’Irak, minorité chrétienne persécutée par l’État islamique. »

« Je suis l’une des victimes de la guerre, du terrorisme et de l’esclavage sexuel. » À seulement 21 ans, Nadia Murad a côtoyé l’horreur. Celle qui se destinait à ouvrir un salon de beauté à Kocho, petite localité du Sinjar dans le nord de l’Irak, a vu sa vie basculer un jour d’août 2014 lorsque des combattants de l’État islamique ont ravagé son village, assassiné les hommes et condamné femmes et jeunes filles à l’esclavage sexuel. Rescapée de l’enfer, Nadia Murad, qui a perdu 18 membres de sa famille (morts ou emprisonnés), milite pour faire reconnaître comme génocide les atrocités commises sur sa communauté. Un engagement qui lui a valu le prix Sakharov en 2016 et le Nobel de la paix cette année, partagé avec le docteur Denis Mukwege. Aujourd’hui, outre les milliers de réfugiés yézidis, plus de 3 000 femmes et fillettes sont toujours captives dans les prisons de Daech.»

« Des camps de réfugiés aux tribunes onusiennes, Alexandria Bombach a suivi pendant plusieurs mois la jeune Irakienne dans sa lutte pour la cause des Yézidis. Entre réunions officielles, interviews et quotidien, elle la filme avec pudeur dans son combat, montrant aussi le fardeau de sa mission. Voix d’un peuple meurtri, abandonné par la communauté internationale, Nadia Murad, qui porte encore les stigmates de souffrances indicibles, tente inlassablement de panser les plaies des siens. En témoigne cette séquence poignante où, lors d’une commémoration yézidie à Berlin, après un discours, au bord des larmes, elle surmonte son émotion pour apaiser une femme en proie au désespoir. D’une rare intensité, ce documentaire rend hommage à son courage et à sa force de résilience.»

« Le combat de Nadia Murad » par Alexandria Bombach 
États-Unis, 2018
Sur Arte le 9 décembre 2018 à 23h55
 
Allemagne, 2017
Sur Arte les 19 juin 2018 à 13 h, 4 juillet 2018 à 10h50
 
Allemagne, 2018
Sur Arte les 19 juin 2018 à 22 h 20, 5 mars 2019 à 22 h 40, 1er septembre 2020 à 23 h 15
Visuels : © SWR/Oxford Films 
Les citations sur les émissions sont d’Arte. Cet article a été publié le 18 juin 2018, puis le 9 décembre 2018.


[Source : http://www.veroniquechemla.info]

« La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2”. Artículo 53.6

A su vez, dispone el 64 que:
« Los actos del rey serán refrendados por el presidente del Gobierno y, en su caso, por los ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del presidente del Gobierno, y la disolución prevista en el artículo 99 (si no se obtuviere la confianza de ningún candidato a la presidencia transcurridos dos meses a partir de la primera votación de investidura) serán refrendadas por el presidente del Congreso »; y,
« De los actos del rey serán responsables las personas que los refrenden ».
Constitución española de 1978

juancarlos

Escrito por Daniel Raventós, Gustavo Buster y Miguel Salas

Es difícil imaginar una situación peor: las primeras cifras del desplome del PIB en la mayor crisis económica desde 1929; incremento desbordado del desempleo; al borde de un segundo confinamiento por el coronavirus; a punto de evaporarse los espejismos sobre la resistencia del « escudo social » ante el ajuste fiscal neoliberal que anuncia la UE para 2023; con el « estado de las autonomías » convertido en un bazar mensual de transferencias a cambio de apoyos caciquiles y los ayuntamientos esquilmados de los superávits impuestos por el ministro de hacienda del PP, Cristóbal Montoro…

Y a pesar de ello, el PSOE se sitúa 11 puntos por delante del PP y se prepara para una negociación a todas las bandas de los presupuestos « progresistas » que deben sostener la reestructuración de la economía del país sin alternativas políticas, por la derecha o la izquierda. Los márgenes del Régimen del 78 parecen ser suficientes para esta operación de consolidación institucional, agotado el ciclo político de rebeldías del 15 M y del procés soberanista catalán, el primero cooptado electoralmente en parte por Unidas Podemos como socio menor del Gobierno de Coalición Progresista, y el segundo reprimido primero y acosado después por un Tribunal Supremo más vengativo que justiciero y enfangado en la crisis de hegemonía que se disputan JuntsXCatalunya y ERC, lo que no le impide aumentar en las encuestas. El péndulo ha oscilado de un incipiente período constituyente popular más allá de los límites del Régimen del 78 a otro desconstituyente de refundación reaccionaria del mismo, para situarse de nuevo en el « centro » que representa el PSOE y subordinar a la « estabilidad institucional del régimen constitucional de 1978 » la orientación estratégica del Gobierno de Coalición Progresista. A pesar de estos márgenes, la huida del emérito ha abierto otro boquete en esa más que difícil estabilidad.

Y de pronto, en la primera semana de agosto, el escándalo esperpéntico de la salida del Reino de España del rey emérito y el choque, una vez más con los límites constitucionales del Régimen del 78, cuya estabilidad institucional lleva a asegurar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que « no se juzga a las instituciones, sino a las personas ». Aunque como es evidente, si se desmorona finalmente el tinglado del « juancarlismo », si ya no se sostiene el mito de su intervención redentora frente al golpe de estado del 23-F, si lo que queda es una institución restaurada por el franquismo e impuesta por los « poderes fácticos » como institución arbitral de última instancia en la Constitución de 1978, como demostró el discurso de Felipe VI el 3 de octubre de 2017, dos días después del referéndum catalán y antes de la aplicación del artículo 155 contra la Generalitat de Catalunya, si el rastro de las comisiones cobradas y el reguero de los actos anticonstitucionales del rey emérito es su legado… ¿No cuestiona eso a la institución?

La trama judicial

Pero, efectivamente, conviene comenzar juzgando a la persona, como recomienda el propio presidente del Gobierno, refrendo legítimo institucional de todos los actos del monarca y de la Casa Real según el artículo 64 de la Constitución española de 1978.

En junio de 2015 el comisario Villarejo se entrevista en Londres con Corinna Larsen, « amiga entrañable » del emérito, como se la define. Villarejo graba la conversación, en la que busca pruebas de las presiones y chantajes que habría sufrido por parte del director general del CNI, el general Félix Sanz Roldán, tras su distanciamiento de Juan Carlos I. El motivo de Villarejo es proteger a su vez la red de espionaje político e industrial mercenaria que ha montado y que implica desde miembros de la oligarquía española hasta políticos catalanes, con apoyos en la « policía patriótica » del Ministerio del Interior en la época del PP y a la que quiere poner coto, según Villarejo, el general Sanz Roldán tras el conocido caso « Pequeño Nicolás ». La conversación con Corinna Larsen queda grabada en la cinta 150416_16R, que solo se conocerá públicamente tres años más tarde, aunque el juez instructor Diego de Egea haya conocido el contenido tras la detención del ya excomisario Villarejo en noviembre de 2017, haya abierto una causa aparte -el « caso Carol ». En julio de 2018, desde la cárcel, Villarejo filtra a las webs OKDiario y El Español, situadas en la extrema derecha, el contenido de la grabación con Corinna Larsen, como punta del iceberg de los dosieres de chantaje que asegura poseer y amenaza revelar si su situación no prospera. A pesar de ello, el juez instructor archiva provisionalmente la causa en septiembre de ese mismo año.

No es esa la actitud de la justicia suiza. Ese mismo verano, el fiscal Yves Bertossa abre una investigación sobre una transferencia, entre otras, de 65 millones de euros en 2012 que recibe Corinna Larsen en su cuenta en Bahamas desde una cuenta suiza vinculada a la fundación panameña Lucum, creada el 31 de julio de 2008 por los gestores financieros suizos Arturo Fasana y Dante Canonica, en el que se nombra como beneficiarios a Juan Carlos I y Felipe VI. Corinna Larsen reconoce ante el fiscal Bertossa esa transferencia en declaración el 19 de diciembre de 2018. Asimismo, hay una conexión directa con una segunda fundación, Zagatka, a nombre de Álvaro de Orleans, pariente lejano de la familia Borbón, en la que también figuran como beneficiarios los miembros de la Casa Real y desde la que se han efectuado diversos pagos de viajes del rey emérito. En marzo de 2020 Felipe VI, tras las revelaciones del diario británico The Telegraph, comunica al gobierno que desconocía todo lo relativo a estas fundaciones y en un comunicado de la Casa Real « renuncia » a cualquier herencia de su padre, con efectos legales inexistentes por hallarse este con vida.

El 8 de junio la fiscalía general del Tribunal Supremo español había anunciado apertura de investigación sobre las cuentas suizas mencionadas, estableciendo que el origen de los fondos antes de 2014 y la abdicación de Juan Carlos I estaban protegidos por la inviolabilidad prevista en el artículo 56.3 de la Constitución de 1978 y en cuanto al movimiento de las cuentas, que podían haber incurrido en blanqueo de capitales y delitos fiscales, estos prescriben a los 10 años si se trata de una cantidad superior a los 600.000 euros. El 4 de julio de 2020, el diario El País, filtra la declaración en Suiza de Corinna Larsen. Hasta el 27 de julio, el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón no reabrirá el « caso Carol », archivado provisionalmente dos años antes. Corinna Larsen y Villarejo están convocados para declarar ante la justicia española el próximo 7 y 8 de septiembre.

La « negociación »

La trama investigada se remonta sin embargo a años atrás. En concreto, a tres casos sobradamente conocidos: la visita empresarial a Arabia Saudí en abril de 2006 para presentar la oferta para la construcción del AVE Medina-La Meca; el caso Noos (2010), que acabó con la condena de Iñaki Urdangarín, miembro de la Casa Real como esposo de la infanta Cristina, en 2017 a cinco años de prisión; y el viaje de caza a Botswana en abril de 2012, que acabó con una ruptura de cadera y el embarazoso encubrimiento del gobierno Rajoy. Todo ello forzó la abdicación de Juan Carlos I en junio de 2014, en un consenso bipartidista dinástico del PP y el PSOE, para salvar la institución monárquica de los escándalos judicializados que han acabado en la traca final actual.

En definitiva, resultaba ya imposible en 2014 negar u ocultar que la labor diplomática de la jefatura del Estado ejercida por Juan Carlos I había conllevado la solicitud de comisiones o donaciones para su provecho particular a otros jefes de Estado de monarquías no parlamentarias y violadores sistemáticos de los derechos humanos como Arabia Saudí, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos. Que estos actos no refrendados eran anticonstitucionales. Que en esta labor habían participado y se habían beneficiado también importantes empresas multinacionales españolas, emergiendo ese « capitalismo de amiguetes » que ha caracterizado el Régimen del 78 y que, además, como ponía de manifiesto el « caso Villarejo » implicaba prácticas ilegales y mafiosas en las que estaban envueltas instituciones del Estado. Como bien ha señalado el constitucionalista Javier Pérez Royo, si en el estado de derecho la discusión del principio de legitimidad conlleva siempre la actuación de organismos jurídicos de control para asegurar el principio de legalidad, en el caso de la jefatura del Estado, por su propia inviolabilidad, esto solo puede corresponder a los representantes de la soberanía popular, las Cortes Generales.

Es decir, ya no se trata de un problema de « juzgar » a una persona que, por definición constitucional es una institución, sino que además su conducta plantea la cuestión del refrendo o no de sus actos por otra institución, el gobierno, y de la delimitación de cuál de ellas ha actuado anticonstitucionalmente. Lo que en caso de refrendo implica al Tribunal Constitucional y en el caso de no existir este, correspondería a las Cortes Generales como representante de la soberanía popular, según Pérez Royo, opinión que parece compartir asimismo como jurista Gerardo Pisarello.

En cualquier caso, Juan Carlos I se encontraba semanas antes del comunicado de la Casa Real de 15 de marzo de 2020, en el que se reconocía la existencia de la Fundación Locum y la « renuncia » de Felipe VI a su herencia en República Dominicana, disfrutando de la hospitalidad de la familia Fanjul. Tuvo que regresar al reino para seguir desde el Palacio de la Zarzuela la reapertura del « caso Carol » por la justicia española. Y prepararse para los efectos que sin duda tendrán las declaraciones judiciales de Corinna Larsen y el excomisario Villarejo el 7 y 8 de septiembre.

La desazón pública del presidente del Gobierno Pedro Sánchez se hizo evidente el 17 de marzo tras el comunicado de la Casa Real: « un asunto que ha sobresaltado al conjunto de la opinión pública ». Y apareció ya la triada que se convertiría en el mantra de su posición: « ejemplaridad, transparencia y regeneración », que evidentemente se quedaron en palabras vacías, o si se quiere en un ejemplo de significantes portadores de nuevos significados. La ejemplaridad, legalmente no pasaba de ser un truco de prestidigitador por su carencia de efectos y por hurtar las conductas cuestionadas del control político y judicial. La transparencia desapareció a continuación alegando el secreto de los despachos entre el presidente del Gobierno y Felipe VI, hasta el punto de no comunicar lo que estaba sucediendo a sus socios de gobierno, Unidas Podemos, ni a la oposición representada por el PP. ¿Regeneración? Con la excepción de los nombramientos civiles y militares de la Casa Real, los actos de Felipe VI deben ser refrendados por el presidente del Gobierno…

Pero el esperpento se podía haber ahorrado, más en las circunstancias de la pandemia. Tras dimes y diretes sobre una supuesta negociación a tres bandas, la portavoz del gobierno María Jesús Montero declaró que esta solo había existido a dos bandas, Felipe VI y Juan Carlos I y que el refrendo gubernamental solo había sido, por lo tanto, a posteriori. Pero, por otro lado, ¿qué se había negociado? Ante las especulaciones quedó claro que el rey emérito seguía conservando su título, sin reforma de los decretos que se lo atribuyen, siendo miembro de la Casa Real, con escolta y protección y que en realidad su salida del país era « temporal », entre otras cosas porque, como señaló su abogado, sigue a disposición del ministerio fiscal, aunque no esté imputado en este momento por delitos cometidos después de su abdicación. Es decir, el rey emérito se disponía a proseguir su vida donde la había dejado antes de volver de República Dominicana en febrero. Y en este contexto hay que leer la carta remitida a su hijo, auténtica joya del realismo mágico.

No hacía falta que lo confirmase, pero lo hizo. El domingo se fue a las regatas de Sanxenxo con sus amigos, se trasladó por carretera a Portugal y de allí voló a paradero « desconocido » con sus escoltas, mientras hacía llamadas a conocidos, filtradas a la prensa, para asegurar que tenía « billete de vuelta ».

El lunes 3 de agosto, el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, no pudo contenerse más y apuntó que se trataba de una « huida indigna », que la ejemplaridad exigía dar cuentas en España a los españoles de sus actos y reclamar un debate sobre Monarquía o República. La ministra Irene Montero denunciaba al día siguiente que Unidas Podemos había desconocido todo el proceso. La alcaldesa de Barcelona y dirigente de los Comunes exigía un referéndum sobre la forma de Estado y Jaume Assens, el portavoz parlamentario de Unidas Podemos, prometía llevar el debate al Congreso de los Diputados. La revuelta o revueltilla no duró 48 horas. Pedro Sánchez impuso la disciplina del gobierno entorno a la posición del PSOE, aunque con margen para la pataleta de Unidas Podemos. En definitiva, concluyó de forma clarividente, no se podía entregar la defensa de la Constitución de 1978 a la derecha: el pilar de la estabilidad institucional de la segunda restauración borbónica es el propio PSOE.

Nada ha reflejado mejor está situación que el bloqueo del debate sobre las circunstancias que atraviesa la corona en el Congreso de los Diputados por el ampliado espectro de los partidos dinásticos, que amenaza con reducir a lo anecdótico las anunciadas iniciativas de Unidas Podemos. Y en el caso del Parlament de Catalunya, la cosa ha llegado el 7 de agosto a una declaración mayoritaria (69 contra 65 votos) de que « Cataluña es republicana y no reconoce a ningún rey ». Para a continuación no publicarla en su boletín oficial tras la advertencia de los letrados de la institución de las consecuencias penales que podía acarrear.

La república como alternativa

Pero, ¿qué ocurre cuando las instituciones centrales de un régimen son inestables per se? ¿Cuándo a pesar de la voluntad de las fuerzas políticas de lograr la estabilidad -lo que no es el caso tras las crisis del bipartidismo dinástico y la polarización de bloques existente tras 2015- esta es imposible por la pérdida de legitimidad?

El ejemplo histórico más evidente fue la Primera Restauración borbónica. Su larga agonía de 36 años no solo bloqueó el proceso de modernización del Reino de España, sino que alentó dos guerras coloniales en Marruecos, la corrupción generalizada, la represión contra el movimiento obrero y los movimientos autonomistas, la dictadura « regeneradora » de Primo de Rivera y finalmente el golpe militar contra la única alternativa, la II República. Sin duda es una causalidad simplista de los acontecimientos históricos, tan simplista como los cuarenta años de dictadura franquista que siguieron para dar paso a una segunda restauración borbónica.

A estas alturas no es necesario defender una vez más los argumentos teóricos a favor de la república como forma de Estado democrática. Para los partidarios de la libertad republicana el énfasis y la urgencia se sitúan en como asegurar las condiciones materiales de la ciudadanía, haciendo que la república sea la forma de Estado más democrática, expresión de la autogestión política de los intereses de la inmensa mayoría. Lo que implica que querer « todas las libertades » supone no dejar alguna en la cuneta. Exigir la garantía de las condiciones materiales de existencia, no debe servir de pretexto para olvidar libertades democráticas como el derecho a la autodeterminación, y defender este derecho tampoco debe servir de pretexto para « dejar para más delante » la defensa de las condiciones materiales de existencia de toda la ciudadanía. Unas libertades republicanas no están subordinadas a otras. La libertad republicana implica que cualquier ciudadano y ciudadana pueda levantar la cabeza y poder « mirar directamente a los ojos » a cualquiera. Quien no tiene la existencia material garantizada no puede hacerlo; quien vive bajo una monarquía impuesta por una de las dictaduras más sanguinarias de Europa del siglo XX y no puede elegir democráticamente la república, tampoco; quien no tiene reconocido el derecho de autodeterminación de una nación cuya gran mayoría de la población lo exige, y sufre la existencia de presos políticos por defender libertades democráticas, tampoco.

Estos días hemos tenido que soportar otra avalancha de justificaciones de los « juancarlistas », que no monárquicos, sumergidos en la melancolía de las patrañas justificativas del golpe de Estado del 23-F que sigue bajo secreto en los archivos del Estado. De los « monárquicos republicanos », como los propios portavoces de un PSOE que no reconocería el republicano Pablo Iglesias Posse, que identifican la estabilidad institucional con esta monarquía bananera. Hasta las Juventudes Socialistas han tenido que salir a proclamar ritualmente su republicanismo. Y de los monárquicos a secas, por no decir reaccionarios, para los que el objetivo es un Estado fuerte que recorte los derechos democráticos de los ciudadanos. Han añadido al esperpento, el escarnio.

Tras los acontecimientos vividos y que quedan por vivir, la crisis de sus instituciones acabará devorando al Régimen del 78 y con él a una monarquía que va dejando tras de sí el reguero descrito de su falta de legitimidad, de su disfuncionalidad democrática, de su bloqueo a la modernización y a la reconstitución plenamente democrática del Estado. No solo porque es un baluarte de los intereses de clase de las oligarquías, sino porque se interpone a la solución democrática de la cuestión nacional, que implica el derecho de autodeterminación, y por lo tanto a la libre relación entre iguales de los distintos pueblos que constituyen el actual Reino de España.

La combinación de diversos elementos es lo que puede quebrar ese entramado político y económico que sostiene a la monarquía. Su propia crisis de legitimidad, la alianza de fuerzas parlamentarias (68 diputados se reclaman del republicanismo) y, especialmente, si crece la exigencia por abajo de un cambio republicano, como la campaña que en Cataluña desarrolla Ómnium Cultural, o la comenzada en Euskadi. La respuesta social y sindical a la crisis de la gestión del Covid 19 podrá ser un acicate para unir la satisfacción de las necesidades sociales con los cambios políticos que quiebre los actuales poderes económicos y antidemocráticos.

A quienes desde la izquierda se contentan con el « alma » pero posponen el « cuerpo » republicano conviene recordarles las consecuencias de haber preterido la república como espacio de confluencia unitario. El fracaso que supuso para la resistencia antifranquista en los años 1940 y 1950 los intentos de negociar con el pretendiente Borbón en Estoril. Las consecuencias de la aceptación de la monarquía franquista y su bandera por el PCE de Santiago Carrillo antes del proceso constituyente « controlado » que estructuraría el Régimen del 78.

La alianza republicana es la condición de la construcción de una alternativa a esta degradada segunda restauración borbónica. Prepararla y construirla desde la unidad de las izquierdas y el respeto a las soberanías de los pueblos puede ser el mejor acicate para recuperar la vía de procesos constituyentes que ofrezcan una salida democrática a este largo y deformado callejón sin salida institucional.

(*) Daniel Raventós es editor de Sin Permiso.

(*) Gustavo Buster es editor de Sin Permiso.

(*) Miguel Salas miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

[Fuente: http://www.sinpermiso.info]

Escrito por Juan Camilo Parra

El libro llegó en los primeros días de agosto. Así lo había anunciado el mismo Andrés Felipe Solano en sus redes sociales. Agarré el casco, destapé la moto -después de un mes- y volví a cruzar calles, avenidas, lugares que de alguna u otra forma, me recordaban las veces en que esos espacios fueron míos. Por unas horas, por unos instantes en los cuales viví momentos de felicidad, de angustia y de tristeza. En donde amé y me amaron, en donde besé y me besaron. Todo eso lo pensé de forma efímera, mientras pasaba por la calle 45, la 51, la 72. Pude haber ido a un lugar más cercano, pero necesitaba llenarme de aire, de otras realidades, de otros campos visuales. Debía asegurarme -aunque no totalmente- de que todo esto terminará pronto. Después de llegar a la casa y cumplir con los protocolos que hemos impuesto para nuestra tranquilidad, siempre queda en el aire la idea, la sensación de haber hecho algún movimiento en falso con el cual pude contagiarme. Hago un recuento de mis movimientos, todo claro, no hubo cercanía con nadie y no me quité los guantes de la moto en ningún momento. ¡Tanto miedo nos han infundido!
Destapé Los días de la fiebre y lo leí de una sola sentada; 126 páginas de un texto híbrido que no es totalmente un ensayo, ni un reportaje ni una ficción. Es un texto con una narración lenta, reflexiva, letal. Algo más parecido a su libro Corea: apuntes desde la cuerda floja, en donde Andrés Felipe Solano reflexiona sobre su vida en Corea del Sur, la comida, el trago, las relaciones con los otros, el trabajo y los asuntos políticos entre las dos Coreas y el enemigo de siempre: Estados Unidos. La vida de un escritor que busca sobrevivir en Seúl, una ciudad tranquila, con algunas oportunidades para un hombre que había ganado un Premio Simón Bolívar de periodismo y que, en el continente asiático, poco o nada valía. Aunque estos dos textos tienen un ritmo diferente, su melodía no cambia, lo sé, he leído a Solano desde Ayúdame, Joe Louis, lo reconozco, es su impronta. Sin embargo, Los días de la fiebre necesita otra dinámica para leerse, es corto, pero no liviano.
«Me pregunto qué es una vida normal, si alguien tiene acaso una vida normal, si se puede dejar de tener una vida normal. Todos tienen una vida que es solo suya, a eso se refieren, supongo». Esta es la columna vertebral del libro de Solano. Aquí se posiciona su reflexión desde Corea. Entre clases, el trabajo como lector de noticias en la radio y algunos artículos y cuentos publicados en diferentes revistas, el escritor bogotano veía como poco a poco un monstruo recorría las calles de ese continente. El asunto no solo radica en su experiencia desde el confinamiento, sino en cómo el gobierno coreano le hizo frente a la pandemia con estrategias que dejaban ver la cara del poder, su manipulación, su dominio desde el miedo. Más de cinco aplicaciones creadas para celular con el fin de dar a conocer en tiempo real los lugares de contagio, las personas contagiadas y la cantidad de individuos que de alguna u otra forma podrían ser, en pocos días, los nuevos pacientes por covid-19. Era una carrera contra el tiempo, estaba bien pensarlo así, pero, también, fue una carrera por el control del individuo: bienvenido al gran hermano.
Desde el inicio del confinamiento la presencia de George Orwell o Aldous Huxley en los discursos sobre la pérdida de la libertad, el poder político y el control sobre los individuos no es nuevo. Esta pandemia nos ha permitido, a quienes están con los ojos y la mente bien dispuesta, entender los movimientos del gobierno, su vigilancia y castigo. «Autocontrol ciudadano, transparencia e información oportuna, pruebas masivas, rastreo y aislamiento de posibles infectados: esos son los cuatro elementos que han remplazado al fuego-aire-tierra-agua». Andrés Felipe Solano va narrado a la inversa, como si fuera el cuento Casa tomada de Julio Cortázar, en donde el escritor argentino expone la historia de dos hermanos que terminan siendo expulsados de su propia casa por una fuerza maligna, extraña, poderosa que les va ganando espacios hasta dejarlos en la calle. En este caso es el virus, y a su vez, el gobierno quienes te van quitando espacio de la calle, tus lugares, los recuerdos, la somera libertad de moverte por la ciudad y te empujan a la casa, te obligan a que entres y te someten a la cuarentena. Sin embargo, es paradójico, las medidas necesarias para salvarnos, terminan siendo nuestro peor enemigo. «Quedarse encerrado en casa porque lo mande alguien ya no es aceptable. Hacerlo por decisión propia tiene todo el sentido». Entonces, ya no son solo las aplicaciones para ayudar a los ciudadanos, sino que también, es saber en dónde están, con quién, cuánto tiempo tardan, si compraron o no la cantidad de tapabocas permitida, salir a las calles de acuerdo a la fecha de nacimiento y automáticamente, me encuentro con Bogotá, con Colombia. Llenar formularios para saber a dónde vas, aplicaciones que promueven el cuidado traen consigo el interés de saber más sobre los individuos y sus síntomas: ¿cuántas veces al día compartimos nuestros datos para conocer si estamos o no enfermos? Días para salir a la calle según el número de cédula, cuarentenas distribuidas, control de cada ciudadano y su interacción con el exterior. En el nombre de la salud, con la bandera de guerra ante el Covid-19 como una unión nacional, la empresa política nos impide pensar en ¿quién nos controla?
La religión también juega un papel fundamental. Solano abre una línea interesante para analizar la fuerza que puede ejercer en este caso los pastores sobre sus feligreses. Los discursos de salvación, curación y de poder divino se desboronaron frente a los seguidores, que, como buenos fieles, siguieron buscando en sus templos la cura definitiva ante el fatal virus. Los intereses personales de aquellos que se hacen llamar el mesías buscan cómo seguir incautando el dinero de los hombres y mujeres que los idolatran, los protegen y los defienden, aunque rompan las reglas, aunque vayan en contra del bien común. La crisis biológica destapó la crisis ideológica, la fuerte relación entre Estado e iglesia. Parafraseando al escritor caleño Andrés Caicedo, diríamos que todo esto nos convierte en una sociedad creyente de todo y devota de nada.
Más allá de una reflexión que pueda caer en asuntos de conspiraciones, Andrés Felipe Solano se acerca para pensar sobre eso que llamamos la existencia. «El país está lleno de gente caminando en la cuerda floja». Y es así, mientras con afanosos imperativos nos encerraban, los trabajadores sin garantías empezaban un calvario diferente; porque en nombre del ejército liberador del virus, se condenó a la incertidumbre, al hambre y al olvido de aquellos que a duras penas lograban sobrevivir el día. Entonces, vimos como el manto del capitalismo se deslizaba, vimos la cara del egoísmo y del rencor, vimos una Colombia impotente, sin las mínimas garantías reales para salvaguardar a un ciudadano. Nos lanzaron al encierro con los temores, miedos y desproporciones que existen en cada hogar. La salud mental, el maltrato de género, el abuso infantil y la descompensación económica nunca estuvo en las agendas de los gobernantes.
Corea del Sur se convirtió en un ejemplo mundial por erradicar, o mejor, por controlar al nefasto Covid-19. El mundo lo aplaude y copia el ejemplo, pero en verdad, también nos mostró la cara más horripilante del sistema, de ese capitalismo rampante cuando se siente atacado, amenazado, ultrajado por un enemigo invisible al cual no le pueden poner un precio por su cabeza, al cual no pueden descargarle sus discursos bélicos. En cambio, si lo utilizaron para atemorizar de forma exagerada, mientras tomaron decisiones que serán nocivas en el futuro. Esto último, bien lo podemos ver en Colombia, un gobierno que firma, que promueve, que descarta y proyecta el futuro a espaldas de los ciudadanos.
______________
Andrés Felipe Solano. Los días de la fiebre. Madrid: Planeta, 2020. 

 

 

[Fuente: http://www.revistacoronica.com]

Aquí, una charla-making of de los trece temas que conforman Para la espera, el nuevo disco del trovador que llega este viernes, donde retorna al icono de sí mismo volviendo a ser hombre solo con guitarra. Además, habla de su encierro, del posible mundo postpandemia y del presente de Cuba.

El cantautor Silvio Rodríguez

Escrito por Mónica Rivero, desde La Habana

También Silvio Rodríguez va enmascarado estos días. Es lo único distinto que resalta en él cuando llega a la puerta de los estudios Ojalá, en La Habana. Por lo demás, podría tratarse de un momento cualquiera. Tiene el pelo tan corto como suele llevarlo. Ahora que la pandemia mantiene a tantos alejados de las tijeras de barbero, su costumbre de pelarse él mismo con máquina lo ha librado de una posible melena involuntaria mientras dura el aislamiento por la Covid-19.

Entra al estudio y saluda chocando nudillos. Veo de cerca la calavera y la flor tatuadas en su mano derecha, su marca. Como dicen, « con el puño cerrado no se puede dar la mano », pero el saludo tiene algo fraternal, algo de rapero. Detrás del cristal de sus espejuelos creo ver que lo divierte.

Con los puños cerrados también se puede jugar. Esconder algo pequeño en una mano, cerrar las dos y entrecruzarlas para que alguien pruebe suerte y escoja, tratando de adivinar cuál guarda la prenda, a veces aun sin saber qué es. La expectativa, la promesa de una sorpresa posible, crean fascinación. A eso le canta Silvio en « La adivinanza », el primer sencillo en ver la luz de cuatro que se presentarán como adelanto de su nuevo disco, “Para la espera”, el que estará disponible en digital desde este viernes 12.

Como manda el protocolo vigente, nos separan casi dos metros durante esta entrevista, que se propone ser algo parecido al making of de las doce canciones y una pieza instrumental que conforman el disco. Su único autor e intérprete conversa cómodamente y se saca los zapatos, dejando ver unas medias rojas a rayas.

Después de Amoríos (2015), donde lo acompañó un formato al estilo jazz band, Silvio ha vuelto a ser trovador con guitarra. Regresa al ícono de sí mismo. Escribió y compuso los temas, primeras versiones todos; los toca y canta solo él.

« A veces uno no sabe bien de dónde salen las canciones. Creo que esta es de una foto. Siempre que la canto, esa foto es lo que veo », cuenta sobre la canción « La adivinanza ».

Con dirección de Eduardo Tito Delgado, Silvio fue con Diákara a un monte a filmar un video clip para « El Güije ». Allí los rodeó un grupo de niños. « Y quedó esa imagen donde Tito, una persona maravillosa, les tiene las manos puestas así –dice Silvio cruzando las suyas. Quedó esa cara de los niños… ».

En el disco Silvio también interpreta el bajo, la percusión y hace las segundas voces. Es suyo el silbido mitad alegre mitad melancólico que suena en « Aunque no quiero, veo que me alejo », « una canción medio esotérica: es un tipo que se muere y le deja un mensaje a la amada en el espejo », dice.

« Conteo atrás » es la historia sobre alguien que debía coger un tren y se le fue, « lleno de gente más puntual ».

« Llegó tarde, pero no se quiere excusar », explica Silvio. « Él dice ‘ya aprendí, no me pasa más’. Pretende ser una especie de ‘No me justifico’. ‘No quiero exceso de bondad’… No quiero que sean blandos conmigo cuando me juzguen ».

¿Es una declaración?

Es una metáfora de muchas cosas, tanto personales como colectivas. Pero lo que repito en esta canción es la necesidad, la voluntad de aprender y de ser autocrítico en cualquier circunstancia adversa, sea momentánea o trascendente; por eso dice y repite el compromiso de no equivocarse al día siguiente, aunque con esto no pretende justificarse ni un “exceso de bondad al hacer (el) conteo atrás”. Es algo que le puede haber pasado a cualquiera.

¿Qué es “La cosa”?

Es algo que está ahí, pendiendo. Yo no quisiera que llegara. Ojalá nunca llegue; pero por momentos parece que viniera. “La cosa” que reescribe el pasado.

***

Solo tres canciones del disco no son inéditas. « Viene la cosa » es una de ellas, cantada varias veces en los conciertos en los barrios, que ya suman 109 a lo largo de más de diez años. « Jugábamos a Dios » es otra.

« La hice para Afinidades –cuenta–, una película de Pichy [Jorge Perugorría] y Vladimir Cruz sobre la corrupción. Entonces yo quise compensar ese tema con algo de la inocencia original, de que llegamos a esto pero antes fuimos de otra manera, tuvimos otro pasado ».

« Si Lucifer volviera al paraíso » también trata sobre el desvío, el destino que no fue, lo que pudo ser otra cosa o tomar un camino diferente.

« A mí siempre me fascinó esa historia de que Lucifer había sido un ángel. Tú me dices que lo más malo que hay… había sido un ángel, ¡¿fue ángel?!”, dice Silvio con la intensidad de quien pronuncia una mala palabra.

¿Por qué te fascinó?

Descubrir que el símbolo del mal, Lucifer (portador de la luz), fue primero uno de los arcángeles de Dios; esto, y el hecho de que después adoptara el nombre de Satán (oponente o adversario), me hizo pensar que este tema crucial de la cultura cristiana –que en diversos sentidos heredamos– viene de una diferencia de opiniones, de un hijo que se rebela a los preceptos paternos, de un hecho generacional. Ese es un tema. Que no se detiene ahí, porque continúa con la posibilidad de que el supuesto diablo de tiempos gloriosos ya no sea tal sino más bien “un pobre diablo” del que algunos hacen mofa. Pasa en la vida en muy diferentes direcciones, sobre todo a quienes tienen la costumbre de alardear (de lo que sea).

« Noche sin fin y mar », escrita en 2017, está dedicada a Luis Eduardo Aute porque su amigo, cantautor español fallecido en abril, tiene una historia propia con la canción. “Yo estaba tocando su guitarra –cuenta Silvio– porque Miguel, su hijo, la llevaba al hospital para tocarle mientras estuvo en coma. Cuando llegué con el Dr. Calixto Machado, neurólogo cubano que fue decisivo en su recuperación, me puse a cantarle ‘Noche sin fin y mar’, y en ese momento despertó”.

“Modo frigio” la soñó. “Hay canciones que sueño. Y cuando la estaba escribiendo me pareció que podía haber sido una canción de Alberto Cortez. Estuve esperando a verlo para mostrársela pero no me dio tiempo, de pronto se había ido”.

« Pues a veces –retoma– me pasa eso: pensar ‘esta pudo ser una idea de Fulano, o de Mengano’ y lo siento como una presencia en ese momento. Esta me lo recordó porque es dramática. ¿Nunca viste a Alberto Cortez en escena? Fascinaba, se convertía en otra cosa, era un perfecto animal de escena. Yo quería verlo para decirle: ‘Coño, hice una canción como las tuyas’, pero murió y no pude decírselo, no la pudo conocer. A lo mejor tampoco le gustaba. Eso también puede pasar ».

Es la primera vez que Silvio Rodríguez lanzará un disco solamente en plataformas digitales; pero quiere « que la gente aquí en Cuba lo tenga, que lo copien, que lo graben. Quiero regalarles este disco a los cubanos ».

También Silvio Rodríguez va enmascarado estos días. Es lo único distinto que resalta en él cuando llega a la puerta de los estudios Ojalá, en La Habana. Por lo demás, podría tratarse de un momento cualquiera. Tiene el pelo tan corto como suele llevarlo. Ahora que la pandemia mantiene a tantos alejados de las tijeras de barbero, su costumbre de pelarse él mismo con máquina lo ha librado de una posible melena involuntaria mientras dura el aislamiento por la Covid-19.

Entra al estudio y saluda chocando nudillos. Veo de cerca la calavera y la flor tatuadas en su mano derecha, su marca. Como dicen, « con el puño cerrado no se puede dar la mano », pero el saludo tiene algo fraternal, algo de rapero. Detrás del cristal de sus espejuelos creo ver que lo divierte.

Con los puños cerrados también se puede jugar. Esconder algo pequeño en una mano, cerrar las dos y entrecruzarlas para que alguien pruebe suerte y escoja, tratando de adivinar cuál guarda la prenda, a veces aun sin saber qué es. La expectativa, la promesa de una sorpresa posible, crean fascinación. A eso le canta Silvio en « La adivinanza », el primer sencillo en ver la luz de cuatro que se presentarán como adelanto de su nuevo disco, “Para la espera”, el que estará disponible en digital desde este viernes 12.

Como manda el protocolo vigente, nos separan casi dos metros durante esta entrevista, que se propone ser algo parecido al making of de las doce canciones y una pieza instrumental que conforman el disco. Su único autor e intérprete conversa cómodamente y se saca los zapatos, dejando ver unas medias rojas a rayas.

Después de Amoríos (2015) donde lo acompañó un formato al estilo jazz band, Silvio ha vuelto a ser trovador con guitarra. Regresa al ícono de sí mismo. Escribió y compuso los temas, primeras versiones todos; los toca y canta solo él.

« A veces uno no sabe bien de dónde salen las canciones. Creo que esta es de una foto. Siempre que la canto, esa foto es lo que veo », cuenta sobre la canción « La adivinanza ».

Con dirección de Eduardo Tito Delgado, Silvio fue con Diákara a un monte a filmar un video clip para « El Güije ». Allí los rodeó un grupo de niños. « Y quedó esa imagen donde Tito, una persona maravillosa, les tiene las manos puestas así –dice Silvio cruzando las suyas. Quedó esa cara de los niños… ».

En el disco Silvio también interpreta el bajo, la percusión y hace las segundas voces. Es suyo el silbido mitad alegre mitad melancólico que suena en « Aunque no quiero, veo que me alejo », « una canción medio esotérica: es un tipo que se muere y le deja un mensaje a la amada en el espejo », dice.

« Conteo atrás » es la historia sobre alguien que debía coger un tren y se le fue, « lleno de gente más puntual ».

« Llegó tarde, pero no se quiere excusar », explica Silvio. « Él dice ‘ya aprendí, no me pasa más’. Pretende ser una especie de ‘No me justifico’. ‘No quiero exceso de bondad’… No quiero que sean blandos conmigo cuando me juzguen ».

¿Es una declaración?

Es una metáfora de muchas cosas, tanto personales como colectivas. Pero lo que repito en esta canción es la necesidad, la voluntad de aprender y de ser autocrítico en cualquier circunstancia adversa, sea momentánea o trascendente; por eso dice y repite el compromiso de no equivocarse al día siguiente, aunque con esto no pretende justificarse ni un “exceso de bondad al hacer (el) conteo atrás”. Es algo que le puede haber pasado a cualquiera.

¿Qué es “La cosa”?

Es algo que está ahí, pendiendo. Yo no quisiera que llegara. Ojalá nunca llegue; pero por momentos parece que viniera. “La cosa” que reescribe el pasado.

***

Solo tres canciones del disco no son inéditas. « Viene la cosa » es una de ellas, cantada varias veces en los conciertos en los barrios, que ya suman 109 a lo largo de más de diez años. « Jugábamos a Dios » es otra.

« La hice para Afinidades –cuenta–, una película de Pichy [Jorge Perugorría] y Vladimir Cruz sobre la corrupción. Entonces yo quise compensar ese tema con algo de la inocencia original, de que llegamos a esto pero antes fuimos de otra manera, tuvimos otro pasado ».

« Si Lucifer volviera al paraíso » también trata sobre el desvío, el destino que no fue, lo que pudo ser otra cosa o tomar un camino diferente.

« A mí siempre me fascinó esa historia de que Lucifer había sido un ángel. Tú me dices que lo más malo que hay… había sido un ángel, ¡¿fue ángel?!”, dice Silvio con la intensidad de quien pronuncia una mala palabra.

¿Por qué te fascinó?

Descubrir que el símbolo del mal, Lucifer (portador de la luz), fue primero uno de los arcángeles de Dios; esto, y el hecho de que después adoptara el nombre de Satán (oponente o adversario), me hizo pensar que este tema crucial de la cultura cristiana –que en diversos sentidos heredamos– viene de una diferencia de opiniones, de un hijo que se rebela a los preceptos paternos, de un hecho generacional. Ese es un tema. Que no se detiene ahí, porque continúa con la posibilidad de que el supuesto diablo de tiempos gloriosos ya no sea tal sino más bien “un pobre diablo” del que algunos hacen mofa. Pasa en la vida en muy diferentes direcciones, sobre todo a quienes tienen la costumbre de alardear (de lo que sea).

« Noche sin fin y mar », escrita en 2017, está dedicada a Luis Eduardo Aute porque su amigo, cantautor español fallecido en abril, tiene una historia propia con la canción. “Yo estaba tocando su guitarra –cuenta Silvio– porque Miguel, su hijo, la llevaba al hospital para tocarle mientras estuvo en coma. Cuando llegué con el Dr. Calixto Machado, neurólogo cubano que fue decisivo en su recuperación, me puse a cantarle ‘Noche sin fin y mar’, y en ese momento despertó”.

“Modo frigio” la soñó. “Hay canciones que sueño. Y cuando la estaba escribiendo me pareció que podía haber sido una canción de Alberto Cortez. Estuve esperando a verlo para mostrársela pero no me dio tiempo, de pronto se había ido”.

« Pues a veces –retoma– me pasa eso: pensar ‘esta pudo ser una idea de Fulano, o de Mengano’ y lo siento como una presencia en ese momento. Esta me lo recordó porque es dramática. ¿Nunca viste a Alberto Cortez en escena? Fascinaba, se convertía en otra cosa, era un perfecto animal de escena. Yo quería verlo para decirle: ‘Coño, hice una canción como las tuyas’, pero murió y no pude decírselo, no la pudo conocer. A lo mejor tampoco le gustaba. Eso también puede pasar ».

Es la primera vez que Silvio Rodríguez lanzará un disco solamente en plataformas digitales; pero quiere « que la gente aquí en Cuba lo tenga, que lo copien, que lo graben. Quiero regalarles este disco a los cubanos ».

“En general –resume– el disco está hecho de canciones que, aunque haya sentimientos afines, son muy distintas entre sí, y eso es algo que me complace. Eso y que no hay violencia. Son canciones introspectivas, suavecitas; aunque nunca me gustaron las canciones bonitas”.

¿Cuáles son las canciones bonitas?

Esas que son así, melódicas… No las persigo, ni las odio tampoco, pero desconfío un poco de lo bonito, por principio.

“En el disco también hay canciones un poco raras, y hay hasta algo lúdico como ‘Los aliviadores’, que es una canción familiar para mi hija Malva y mi nieto Diego. Ellos nacieron al mismo tiempo y se criaron con una relación más de hermanos que de tía y sobrino. Siempre pensé que el doctor Schweitzer, de quien se decía que caminaba mucho como médico misionero en África, debió tener unos dolores de pies y de espalda terribles, y juego con eso en la canción”.

« Danzón para la espera », de donde viene el título del disco, « es una de esas canciones –cuenta– que uno empieza a hacer, pero se demora en ella, y luego por lo que la empezó ya pierde sentido ».

¿Por qué la empezaste?

Empecé a hacerla cuando los Cinco todavía estaban presos. Yo quería hacer una canción sobre eso; pero a veces a esos temas tan obviamente políticos es difícil acercarse de una manera que no sea… vulgar. Pero siempre le quedó esa aureola de esperanza; así que la retomé ahora con lo que estamos viviendo y el hecho de que todo el mundo esté esperando y  esperando.

¿Estás componiendo algo en estos días de cuarentena?

No he tocado la guitarra –lo confirman unas uñas muy cortas. La paso escribiendo, pintando, atendiendo el blog y disfrutando de mi familia.

***

Silvio ha detenido la producción de dos discos por las medidas impuestas para prevenir la propagación de la Covid-19. Espera retomar el trabajo cuando pase el aislamiento en vigor. ¿Seguirá igual la vida? ¿Cómo es el mundo que está por venir?

« Hay muchos pensadores de distinto calibre y tendencias reflexionando sobre lo que estamos  viviendo. Yo personalmente no creo que el mundo vaya a cambiar mucho. Vamos a tratar de volver a ser nosotros, para bien y para mal. Ya estamos mal acostumbrados y mal hechos, y hay muchos intereses con poder. Sí creo que es posible que todo esto nos ayude a reflexionar sobre la libertad y la transparencia », dice quien tiene a su cargo hace diez años la pequeña república democrática que es un blog personal, foro de comentarios incluido.

¿Sigues sintiéndote en control de tu blog?

No, yo ahora soy un servidor público –se ríe. Empecé siendo el dueño y ahora estoy en función del colectivo. No me desagrada eso, pero me recuerda por qué nunca me atrajo la política. No tengo lo que hay que tener para estar 24 horas dedicado al público. Me necesito, necesito tener rinconcitos propios para hacer lo que tenga ganas de hacer. Con los años uno cada vez más quiere hacer solamente lo que tiene ganas de hacer.

¿Cómo entra el público en eso?

Nunca me gustó el público, los escenarios. Yo salí porque entendí que debía y porque quise hacerlo, y sí, puede que haya cogido algún vicio de eso. Uno era más joven y necesitaba probar cosas, probarse cosas, y eso está bien si uno tiene algo interesante que decir; pero tampoco es lo más grande: hay cosas mucho más grandes.

Sin embargo, es una afirmación instalada en la cultura que el público es lo más grande que tiene un artista.

Bueno, el público es el que hace al artista; pero a la vez también hay grandes artistas sin mucho público, y personas que no son ni artistas y sí lo tienen. La escena y la relación con el público tiene mucho extra artístico que influye. En los conciertos en los barrios por ejemplo eso es distinto, porque no es propiamente « un público » sino personas que están en sus casas, y somos nosotros los que vamos. Yo quiero ir allí a compartir, nadie pagó para vernos. En ese sentido los barrios rompen esa dinámica de espectáculo, y es lo apasionante.

¿Qué música estás escuchando en estos días?

Emerson, Lake & Palmer, un trío británico de los 70 que después se hizo cuarteto. Oigo música antigua, de cámara, sinfónica… para distintos instrumentos, canciones antiguas. Rara vez escucho trovadores. Aprovecho porque cuando estoy trabajando escucho menos música. En ese momento estoy enfocado en lo que esté grabando. Y después de tanto trabajo, cuando lo termino no lo oigo más nunca.

¿El futuro de Cuba?

No solo el futuro de los cubanos, sino el del mundo. En los 60 y los 70 parecía que lo que vendría iba a ser distinto. Había un Tercer Mundo buscando, y parecía que llegaríamos a un lugar donde habría menos prejuicios, menos guerra, que se iban a aprovechar los recursos en cosas más nobles. ¿Por cuántas guerras hemos pasado en los últimos cincuenta años? ¿Cuánto ha sido el gasto en armas y aparatos para destruir a la gente? ¡Y no hay para dónde irse! Me costaría trabajo cantarla ahora. Ahora hay que cantar otra cosa.

”Preguntándome aún cuál será la absoluta, profunda y rotunda verdad” se escucha en “Modo frigio”. ¿Con el paso de los años sientes que has ido acercándote a “la verdad”?

Estamos siempre buscando verdades. Tampoco soy un obseso de la verdad, me basta que haya algunas verdades básicas, que son útiles. La solidaridad es una verdad, ser capaz de ponerte al lado del otro. La compasión, que nos hace verdaderamente humanos. Pero la verdad se parece a lo que escribió Eduardo Galeano sobre la utopía, citando a Fernando Birri: sirve para caminar. La verdad es ir, es caminar, la intranquilidad, no conformarse. En Cuba no somos nada perfectos, y uno de nuestros grandes problemas fue la idea de « ya llegamos ». Para algunos, ahora lo único que hay que hacer es defender el poder. Ha sido espantoso porque nos ha enquistado. Todo lo que cristaliza es muerte.

 

[Fuente: www.latercera.com]

“Sabrem que ens hem convertit en un país normal quan lladres jueus i prostitutes jueves condueixin els seus negocis en hebreu”
David Ben Gurion

 

Escrit per Paul Sánchez Keighley

Tel Aviv Noir és una col·lecció de contes negres ubicats a la ciutat israeliana de Tel Aviv-Jaffa. Forma part de la Noir Series que l’editorial independent Akashic Books va iniciar a l’any 2004 amb Brooklyn Noir, en la qual diversos autors locals escrivien relats basats en aquest barri novaiorquès. En veure el seu èxit, van decidir exportar el mateix concepte a altres ciutats nord-americanes; després d’uns anys, es van aventurar a fer el salt a l’estranger. A dia d’avui ja han tocat localitats de molts racons del planeta, tres de les quals es troben a l’Orient Mitjà: Tehran NoirBeirut Noir i Tel Aviv Noir. En aquests moments s’està editant Jerusalem Noir, Baghdad Noir i Marrakech Noir.
Tel Aviv Noir, cada conte ocorre en un barri diferent de la ciutat. Per això, abans de continuar, vull fer un parèntesi generós per parlar de Tel Aviv, els seus barris i els seus crims; crec que ajudarà a donar context a la crítica que en faré a continuació.

Tel Aviv Noir (Akashic Noir): Keret, Etgar, Gavron, Assaf, Ad, Gai ...

Punt 1: Crims i “crims”
El matí de l’1 de gener de 2016, un individu amb un subfusell va obrir foc a un bar del centre de Tel Aviv; va matar dues persones i va deixar uns quants ferits, i es va donar a la fuga. A Israel és bastant freqüent que la policia ràpidament sospiti dels nacionalistes palestins quan passen aquest tipus d’incidents. Però en aquest cas van trigar més temps de l’habitual en esclarir si es tractava, en paraules del seu portaveu, “d’un atac terrorista o d’un crim”. Aquesta distinció pot semblar risible, però té teca.
Una primera lectura pot fer pensar que la distinció és important per les implicacions polítiques de la nacionalitat de l’atacant (palestí=terrorisme; israelià=crim), però la cosa va més enllà. En aquest cas, l’autor de l’atac va resultar ser palestí, així que la premsa local va sospirar tranquil·la; van etiquetar el tiroteig d’“atac terrorista” i es va reemprendre la simfonia de sempre. Els periodistes investiguen el passat del culpable, la policia ordena la caça de l’home, en Netanyahu fa algun comentari racista, etcètera. I si i l’atac hagués estat un “crim”, és a dir, si no l’hagués comés un palestí, segurament tot hauria anat exactament igual, però sense comentaris racistes per part de Netanyahu. I doncs, si en principi l’objectiu nacional és posar els assassins entre reixes, siguin d’on siguin, calia que la policia vacil·lés tant a l’hora de compartir aquesta informació amb la premsa?
Per a qualsevol persona que hagi viscut un bon temps a Tel Aviv, com servidor, la resposta és clara: sí.
Durant les onades de violència palestina, com la que es viu des de l’octubre passat, els habitants de Tel Aviv se senten relativament fora de perill; la majoria d’atacs tenen lloc a la disputada Jerusalem o a Cisjordània. No obstant això, Tel Aviv té un risc particular. De tant en tant, hom sent a parlar de tirotejos o assassinats sobre els quals la premsa local informa en un primer moment. Acte seguit, però, callen com putes. No hi ha feedback de la policia, no hi ha reportatges sobre el passat de l’atacant i no hi ha captura de l’home. I això és perquè Israel (i més concretament, la regió central, que té per cor Tel Aviv) és el camp de batallà d’unes 16 màfies poderoses que tenen un control aclaparador sobre molts sectors de la societat, i amb les quals la policia local està empantanada des de fa dècades en una lluita llarga, lenta i feixuga digna d’un guió de The Wire. (Pels curiosos, hi ha una sèrie de televisió local anomenada HaBorer, “L’àrbitre”, que tracta sobre una família de mafiosos a Israel.)
Amb aquesta informació, és més fàcil entendre la vacil·lació del portaveu de la policia després de l’atac de l’1 de gener. La naturalesa de l’atac (un tiroteig amb un subfusell) és més pròpia de les màfies locals que dels nacionalistes palestins, que últimament solen apunyalar les seves víctimes o atropellar-les amb cotxe. La policia va vacil·lar perquè és molt diferent anar a caçar un “llop solitari” que enfrontar-se a una màfia, una operació que requeriria molta més paciència, destresa i investigació, i van voler estar 100% segurs que es tractava del primer cas abans de convidar el circ mediàtic a la festa.
Punt 2: Ciutat blanca, ciutat negra
Des dels anys vuitanta, Tel Aviv s’ha publicitat a l’exterior com la “Ciutat Blanca”. En l’imaginari popular israelià, Tel Aviv era un símbol de puresa, de falta de màcula, perquè, a diferència d’altres ciutats que van ser construïdes sobre poblats palestins, aquesta va néixer sobre les dunes.
Amb el temps ens hem desencantat d’aquesta narrativa. Ara sabem que només la meitat de Tel Aviv va ser construïda sobre dunes, mentre que l’altra meitat es va edificar sobre cases i horts palestins. Aquests horts van ser destruïts arran de les lluites entre els britànics i els otomans durant la Primera Guerra Mundial, així que els palestins van decidir que els sortia més a compte vendre les terres als colons jueus que començaven a arribar. Els horts en qüestió quedaven sota l’administració de la metròpolis costanera de Jaffa.
Paral·lelament, al 1909, la primera ciutat jueva del món modern, Tel Aviv, va aparèixer com un bolet sobre les dunes del nord de Jaffa, i durant un temps les dues ciutats van fer-se companyia. Però després de la guerra d’independència d’Israel, al 1948, els ajuntaments de Tel Aviv i de Jaffa van decidir fusionar-se per crear el conglomerat modern de Tel Aviv-Jaffa.
Al llibre White City Black City: Architecture and War in Tel Aviv and Jaffa (Pluto Press, 2015), l’arquitecte i escriptor Sharon Rotbard argumenta que el concepte de “Ciutat Blanca” que es va popularitzar als vuitanta només fa referència a una part de Tel Aviv-Jaffa: la meitat nord, és a dir, la Tel Aviv històrica. Rotbard defineix la meitat sud com la “Ciutat Negra”, i exposa la teoria que la Ciutat Blanca va poder créixer i prosperar a expenses de la Ciutat Negra. Certament, el que avui dia s’anomena Jaffa és només un petit barri al sud de Tel Aviv, que ha estat renovat i transformat en un nucli artístic i turístic. La resta del territori de la Jaffa històrica (la que corresponia a les cases i els horts comprats després de la Gran Guerra) és avui un grapat de barris deixats de la mà de Déu on viuen els sectors més pobres de la societat israeliana (àrabs, ultraortodoxos, refugiats africans, jo, etcètera). Tot això, per a Rotbard, és la “Ciutat Negra”, el rabeig d’aigua pudent que l’administració ha concentrat en una zona geogràfica concreta per tal que la “Ciutat Blanca” pugui brillar i fer goig.
Dit d’una altra manera, tots els delictes menors, la pobresa, la prostitució, els venedors i consumidors de drogues i un llarg i vergonyós etcètera es troben al sud de la ciutat per tal que els turistes, els israelians de classe mitjana, els yuppies i els businessmen de la meitat nord puguin gaudir d’una ciutat jove, dinàmica, cultural i moderna.
Val a dir, com ja he esmentat, que el sobrenom “Ciutat Blanca” actualment es considera antiquat; els habitants de Tel Aviv són més conscients de la història i les complexitats del seu país. Pel que fa la indústria del turisme, ara es dedica a publicitar Tel Aviv com la capital gai de l’Orient Mitjà (innegablement, ho és; la regió no ofereix gaire competència). El blanc ha estat substituït pels colors de l’arc de Sant Martí. Però, com diria Rotbard, aquests colors no inclouen el negre, perquè quan parlem de la capital gai, parlem només de la Ciutat Blanca. La Ciutat Negra, tot i presentar algunes senyals d’aburgesament, continua en essència tan estancada com sempre.
Punt 3: Per què parlo de tot això?
Tenint en compte tot el que acabo d’explicar, podeu comprendre per què em va fer il·lusió veure que s’havia publicat la col·lecció Tel Aviv Noir. Tel Aviv és un camp molt fèrtil on ubicar històries sucoses de crims. Ara faré una simplificació brutal, però per entendre’ns: d’una banda tenim el món misteriós i sofisticat de les màfies, que es concentra a la meitat nord de Tel Aviv, la “Ciutat Blanca”; i, de l’altra, tenim el món de la pobresa i tots els crim que la solen acompanyar a la meitat sud, la “Ciutat Negra”.
Parlem un moment del gènere noir (en francès, “negre”). A grans trets podem dir que tracta sobre crims, però enlloc de posar èmfasi en la resolució del crim, com faria una novel·la detectivesca, el noir es dedica a explorar l’atmosfera fosca i viciada entorn als crims. Enlloc de detectius, els personatges acostumen a ser assassins, camells, prostitutes, lladres, usurers i altres personatges típics de l’univers criminal. Per filar prim, si el protagonista és un detectiu (típicament tèrbol, cínic i desencantat), parlem del gènere hardboiled, però queda sota el paraigües del noir. El referent per excel·lència en aquest últim cas és l’autor nord-americà Raymond Chandler que, amb els monòlegs del seu protagonista recurrent, el detectiu Philip Marlowe, va crear l’estil de prosa que avui relacionem amb el noir: to aspre, frases breus, humor càustic.
Ergo, tindria sentit que la majoria de contes de Tel Aviv Noir (“Tel Aviv NEGRA”) estarien ubicats als barris de la Ciutat Negra, no? No?
Clarament els editors van decidir que no. No sé per què. Potser perquè pensen que els hipsters, culturetes i turistes que es compraran aquest llibre només coneixen i freqüenten la Ciutat Blanca. Jo què sé. En fi, tota aquesta divagació se me n’ha anat de les mans, però només volia donar-vos cert context per tal que, com jo, us indigneu una mica quan veieu la contraposició d’aquests dos mapes. El de l’esquerra és de Tel Aviv Noir i indica les localitzacions dels contes; el segon és de l’Ajuntament de Tel Aviv i indica el territori que pertoca vigilar a cadascuna de les dues subdivisions de la policia local.
Com veieu, la policia local té dues subdivisions a Tel Aviv, i la del nord, la de la Ciutat Blanca, és considerablement més grossa que la segona. Perquè al nord de Tel Aviv, en comparació amb el sud, hi estan de puta mare. Es poden permetre el luxe de controlar un territori el doble de gran perquè gairebé tot el crim està concentrat en el sud. Tindria sentit, doncs, que una col·lecció de contes noir ubiqués la majoria de contes al sud; o és que aquest llibre és un pamflet turístic i no me n’he assabentat? D’acord que al nord s’hi troben les màfies i algunes dones fent cantonades, però collons, una col·lecció de contes noir no pot dedicar dos terços dels contes al nord de la ciutat quan la definició mateixa de noir es veu reflectida en el teixit social del que Rotbard anomena la “Ciutat Negra”, una casualitat terminològica meravellosament encertada! Però els editors de Tel Aviv Noir només dediquen cinc (!) dels catorze contes a explorar la part amb més crim de la ciutat.
Tel Aviv Noir: el llibre
Ara que m’he tret això de sobre, un últim apunt abans de parlar dels contes (l’últim, ho prometo), i aquest és per pura transparència: Tel Aviv Noir és el primer llibre que he llegit sencer en un Kindle. Ara bé, no sé què ha passat que a l’hora de començar a escriure aquest article he tingut la ingrata sorpresa de descobrir que el llibre, junt amb els dos altres que tenia descarregats (ehem, comprats) a l’aparell, ha desaparegut. He intentat solucionar-ho, però sembla que l’única forma de recuperar-los és pagant de nou i, com comprendreu després de llegir la crítica que faré a continuació, passo. Així doncs, escric aquest article de memòria i basat en els comentaris que enregistrava a la gravadora mentre llegia els contes. Más se perdió en Cuba, però aviso per si de cas.
Anem als contes. Tots els autors són israelians excepte dos: la periodista noruega Silje Bekeng i l’escriptor colombià Antonio Ungar, que està casat amb l’autora palestina Zahiye Kundos. El llibre està dividit en tres parts: “Encounter”, “Estrangements” i “Corpses”.
Els editors del llibre són dos autors locals especialment populars entre el jovent, els moviments d’esquerres i els estrangers: Assaf Gavron i Etgar Keret, sobre qui ja hem parlat diverses vegades. Potser el tret més distintiu del recull és la disparitat en la qualitat dels contes; mai no saps si et tocarà un relat de 10 o d’un zero digne d’en Nobita. Els que són dolents ho són amb ganes, pecaminosament soporífers, enutjosos i oblidables, fins al punt que llegir el llibre sencer es fa una experiència dura de pair. Parlaré una mica de tots els contes, però primer vull ressaltar el que per a mi és el top 3:
Clear Recent History, de Gon Ben Ari
El millor de la col·lecció, una autèntica meravella. Fosc, intel·ligent, recargolat. Ben Ari, per cert, és un autor relativament nou que ha fet un salt a la fama amb la seva segona novel·la: Yaldei Sekoya, “Els nens sequoia”, que està a punt de ser traduït a l’anglès. Després de llegir aquest conte, espero la traducció amb ànsia. Sobre el relat, només em cal escriure el punt de partida. Un famós escriptor israelià rep un e-mail anònim amb un vídeo adjunt. El vídeo està gravat amb la webcam de l’ordinador de l’autor i en ell es veu l’autor masturbant-se davant la pantalla. El correu electrònic, firmat per un tal “Déu”, conté instruccions: “Déu” pot veure l’autor a través de la seva webcam, i li ordena masturbar-se cada dia davant de l’ordinador. Si un dia no ho fa, difondrà públicament els vídeos.
Sleeping Mask, Gadi Taub
Obre la col·lecció i és un dels que més em va agradar, perquè és el més creïble. És la història d’una noia que agafa un préstec d’un usurer per pagar els deutes del seu pare, que és addicte al joc, i decideix entrar al món de la prostitució per poder retornar el préstec, que té un interès alt com l’Himàlaia. Gadi Taub és un veterà, un escriptor amb seny i traça. El conte té lloc al barri dels hotels del centre turístic de Tel Aviv, i Taub ha sapigut crear una història de crim molt versemblant en un escenari improbable. Es tracta del tipus d’història que segurament passa cada dia al nostre voltant sense que ens n’adonem. El narrador és l’editor d’una revista que publica anuncis de prostitutes, i en un moment deixa anar una perla referint-se a les meretrius, però que podria aplicar-se a tots els protagonistes de l’univers noir:
We all walk inside the grid of normal life. But they walk under it, crossing all the lines diagonally. The world doesn’t just look different from that angle, it looks upside down. I’m not trying to say that’s where you see the truth. It’s a half-truth, the half most people don’t want to see.
The Tour Guide, de Yoav Katz
El conte amb la millor atmosfera. Té lloc a Neve She’anan, un barri particularment ple d’activitat criminal de la “Ciutat Negra” de Tel Aviv. El protagonista és un expolicia que es guanya la vida organitzant tours del costat fosc de Tel Aviv; porta grups de turistes a conèixer i sentir les històries morboses de prostitutes, gigolós, lladres i criminals que acaben de sortir de la presó. Però un dia els protagonistes dels seus tours comencen a ser misteriosament assassinats. No sé rés de l’autor, però ha fet una bona feina.
Mencions honorífiques
Hi ha quatre contes més que són dignes de menció: Women, de Matan Hermoni, que no és del gènere noir ni de lluny però que és un bon conte. Un escriptor divorciat es troba al seu pis el fantasma d’un altre escriptor divorciat. El primer és israelià; l’espectre, un jueu de la diàspora que va viure a l’Ucraïna del segle XIX. La mitologia israeliana tendeix a representar el jueu de la diàspora com una persona dèbil, submisa i amb orxata a les venes, mentre que el jueu israelià és fort, heroic i emprenedor. El conte posa els dos arquetips de costat i obliga el lector a pensar que potser no són tan diferents.
Els contes firmats pels dos editors, Etgar Keret i Assaf Gavron, no estan a l’alçada de la resta de les seves obres, però tampoc són contes dolents del tot. Allergies, de Keret, aconsegueix angoixar el lector més pel que queda implícit que pel que realment passa. Ara bé, crec que només fica la poteta en un territori tenebrós que podria ser molt interessant d’explorar. Center, de Gavron, m’agrada més, però tampoc és noir. És més aviat un homenatge satíric al gènere detectivesc, com una burla d’Agatha Christie o de Conan Doyle. Em va engrescar perquè l’ha sabut salpebrar amb picardia israeliana: tracta sobre dos obrers que es fan passar per investigadors privats i els contracten per trobar una persona desapareguda. És un cant a l’actitud informal i barroera que domina el món laboral d’Israel, on les qualificacions importen poc i l’única cosa que es necessita per a aconseguir una feina és molta barra.
Swirl, de Silje Bekeng, no és noir (això passa molt, com veieu…) i li falta una mica de gràcia, però és bo. En parlaré més al pròxim punt, on descendeixo als averns de la qualitat literària, perquè el vull contrastar amb una altra història que no mereix menció honorífica.
Despropòsits i estirabots

Death in Pajamas, d’Alex Epstein, és una premissa sense història, com si l’autor hagués tingut una bona idea però no hagués sabut col·locar-la en un marc narratiu. La Mort es pren un cafè de bon matí a una cafeteria de Tel Aviv mentre les notícies informen sobre un terrorista suïcida que ha fet rebentar un bar i sobre un míssil disparat des de Gaza que ha matat unes quantes persones. Sona guai, oi? No ho és.
The Time-Slip Detective, de Lavie Tidhar, és una anada d’olla a molts nivells. Sembla que l’autor hi volia incloure masses idees; una a una són bones, però juntes es converteixen en un poti-poti innavegable i marejant. El protagonista està a punt d’entrevistar l’autor del conte (com sentiu) quan de cop i volta és transportat en el temps i arriba a un passat alternatiu: es troba al Tel Aviv de mitjans de segle, el que va ser descrit per Theodor Herzl a la novel·la utòpica Altneuland. Allà és perseguit pel protagonista d’una sèrie de novel·les detectivesques barates dels anys cinquanta que el vol matar perquè sí. Repeteixo, una anada d’olla.
Tant My Father’s Kingdom de Shimon Adaf com Saïd the Good d’Antonio Ungar podrien haver estat interessants, però són enrevessats fins al punt de ser pràcticament il·legibles. Un apunt sobre Saïd the Good, i aquí enllaço amb la crítica de Swirl que he deixat penjada abans: no acabo d’entendre la decisió d’incloure autors estrangers. Com he mencionat, Ungar és colombià i Bekeng, noruega. Ungar està casat amb una autora palestina i viuen junts a Jaffa; no hagués tingut més sentit que ella escrigués un conte? Potser li ho van demanar però no va voler, i el seu home s’hi va oferir?
Explico per què em molesta la decisió. Jo mateix vaig escriure un conte basat a Tel Aviv un mes després d’arribar. Els meus amics israelians em van dir: “És un bon conte, però es nota que l’ha escrit un estranger”. En el moment em vaig ofendre i vaig preguntar per què. “Els teus personatges no pensen com nosaltres. Un àrab o un israelià no faria les coses que fan els teus protagonistes”, em van dir. Ara que he viscut aquí més de tres anys, puc dir que tenien raó. No és que ara sigui cap expert en els entrellats de la psique israeliana, però alguna cosa he après. I quan llegeixo el conte d’Antonio Ungar, no puc evitar recordar aquella frase: “Es nota que l’ha escrit un estranger”. És la història del fill d’una màfia àrab i la filla d’una màfia russa que s’enamoren, però com que les seves famílies són enemigues, les passen putes. A part de ser Romeu i Julieta, l’única cosa que em passava pel cap quan llegia les descripcions dels àrabs i dels russos era, insisteixo: “Es nota que l’ha escrit un estranger”.
El conte de Bekeng, per contra, se salva perquè pren la sàvia decisió de fer que la protagonista sigui estrangera: la dona d’un diplomàtic que es passa els dies tancada al seu pis de luxe i només veu el caos de la ciutat per la finestra. Ni l’entén ni el vol entendre. En canvi, s’obsessiona amb la idea que un agent dels serveis secrets israelians li està deixant missatges ocults per la casa. El conte és bo: explora el xoc entre la imatge de l’Israel mític, la d’un país d’espies i intrigues polítiques i l’Israel real: a través de la finestra, la protagonista veu les protestes contra els preus desorbitats de la vivenda i contra la ocupació dels territoris palestins. El conte fa una bona reflexió sobre la sensació de desconnexió que un té quan viu a l’ull de l’huracà, en un país tan carregat de mites, narratives i atenció mediàtica.
Continuem. Who’s a Good Boy! de Julia Fermentto i Slow Cooking de Deakla Keydar són avorrits i no tenen res de noir. Res. El de Keydar és particularment difícil de llegir. És com el guió d’una mala pel·lícula: està ple de coincidències, personatges que actuen de manera incoherent… He trobat una cita de Keydar publicada per la agència de noticies jueva JTA que aboca una mica de llum sobre l’estranyesa del seu conte:
I remember thinking to myself that Tel Aviv is so lightened, happy and hot —not very ‘noirish’. And then came July and the war hit us. I found myself with my two little girls sitting in a shelter, hiding from bombs whistling over our heads nonstop, every day and night for 48 days straight. These were the darkest days, not only in Tel Aviv but all over Israel —and for both sides— Israelis and Palestinians. I guess I miss the days when I was looking for a good noir-darkness to write about.
Equiliquà. Keydar sembla patir la típica hipermetropia israeliana de pensar que Tel Aviv és una ciutat meravellosa i que l’únic problema real que tenim en aquest país és el conflicte. És com si no sabés que tenim tot un submón criminal sota la superfície, com qualsevol altre país, esperant a ser explotat per les ments brillants i perverses dels autors locals. La guerra no és noir, el conflicte no és noir, el terrorisme no és noir. Recordem per un moment la cita del portaveu de la policia que he mencionat al Punt 1 d’aquest article: “No sabem si es tracta d’un atac terrorista o un crim”. El portaveu de la policia ho entén! El portaveu de la policia podria haver escrit un conte noir si l’hi haguessin demanat! Noir és crim!
En fi. Per últim, dir que The Expendables de Gai Ad és tan insípid que ni recordo de què anava.
La majoria d’autors han intentat imitar l’estil de Raymond Chandler. Alguns se’n surten, però a d’altres no els acaba de sortir bé i enlloc de sonar cínics, parcs i desencantats, els seus narradors sonen analfabets i avorrits. Sospito que, com que molts contes han estat traduïts de l’hebreu a l’anglès, en ocasions s’ha perdut quelcom pel camí. I per últim, com haureu vist, les referències culturals i l’humor tendeixen a ser extremadament locals, de manera que una persona que no ha estat mai a Tel Aviv gaudirà el llibre encara menys que jo.
[Font: http://www.elsdedalt.com]

Compositor de pezas de contaxioso optimismo, o músico conmoveu a todo o país co seu xeito de afrontar o cancro

Pau Donés riseiro nunha imaxe de arquivo

Por JAVIER BECERRA

Foi no verán de 1996. Unha canción perezosamente lenta e que goteaba calor fíxose omnipresente. Tratábase da fraca, a composición coa que o publicista Pau Donés ía levar á fama a Jarabe de Pau. A dicción lenta, con pouso aragonés e sabor caribeño, recreábase nunha bela e espigada muller que o artista vira en Cuba. Esa por a que el «daría o que fose». Os ventos da industria sopraban a favor do rock latino, tras o traballo previo feito por Radio Futura. E A fraca videoclip homenaxe ao Where The Streets Have Non Name de U2 mediante– arrasou. O disco que a incluía despachou dous millóns de copias.

Vinte e catro anos despois, o mesmo artista co mesmo proxecto lanzaba Iso que ti me dás, o seu novo sinxelo. Ocorreu en maio, en pleno confinamento polo covid-19. Un luminoso canto á amizade, preñado de vitalismo e optimismo, por un artista que mostraba no vídeo o dano físico que o cancro lle causou. Sentado nunha banqueta sen perder o sorriso, ao seu lado danza a súa filla Sara. Quería bailar con ela, pero xa se atopaba demasiado débil para facelo. Supuña un abrazo á vida na conta atrás desta. O disco que inclúe o tema, Tragas ou chospes, ía saír en setembro. O artista decidiu adiantalo cando xa vía que o destino estaba escrito. Este martes confirmábase a súa morte. Tiña 53 anos.

Entre estes dous momentos desenvolveuse a carreira musical de Donés, músico que, máis aló do artista dun só éxito do que se puido sospeitar coa fraca, desenvolveu unha carreira con constantes visitas ao número uno. Dono dunha fórmula sinxela, directa e pegadiza, logrou que temas como Depende (1998), Grita (1999) ou Bonito (2003) adherísense na radio colectiva de todo o país. Contaxiaban. Moitos o achacaban á súa vinculación ao mundo da publicidade e os eslóganes, pero o certo é que seguidores e detractores non se saltaron durante un tempo ningún dos seus hits. Resultaría imposible.

Con todo, tras varios anos de constante exposición, o proxecto foi perdendo o impacto da sorpresa inicial, aínda que sen deterse en ningún momento. Discos autoeditados como Orquestra reciclando (2009), ¿E agora que facemos? (2011), Como un pintor (2012) e Somos (2014) mantiveron o grupo en constante movemento ata que chegou a noticia crucial. No 2015 operábase dun cancro de colon e cancelaba a xira prevista.

A partir de aí, o artista expuxo con toda transparencia os seus problemas de saúde. Tanto os seus éxitos -no 2016 anunciaba que estaba limpo de cancro- como as súas recaídas -un ano despois daba a mala noticia de que volvía telo-. Ondeando sempre a mesma bandeira do optimismo das súas cancións. Esa vitalidade converteuse nun símbolo. E incluso os que rexeitaban a súa música mostraban a súa admiración pola súa enteireza e determinación. «Sinto que a vida é o momento / e a sorte que eu teño é que me sobran argumentos para non botala a perder», cantaba nese último disco, dando fe dunha actitude que conservou ata o final.

[Imaxe: EUROPA PRESS – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

[1] Illustration de Mozilla, utilisé avec permission.

Écrit par Guest Contributor – traduit par Henri Murden

L’article suivant a été rédigé par les auteur·e·s invité·e·s Solana Larsen, responsable du rapport sur la santé d’Internet chez Mozilla [2], et Leil Zahra, un boursier Mozilla intégré à WITNESS [3].

Sauf mention contraire, tous les liens de cet article renvoient vers des pages en anglais, ndt.

Alors que les gens du monde entier se mettent à l’abri de la pandémie de COVID-19, Internet est devenu une ressource encore plus vitale qu’auparavant. Désormais des millions d’entre nous se connectent, compatissent, apprennent, travaillent et jouent exclusivement en ligne.

D’une certaine manière, la pandémie a révélé le potentiel d’Internet en tant que bien public mondial. Mais elle révèle aussi ce qu’Internet a de néfaste : les personnes qui n’y ont pas accès [4] [fr] sont aujourd’hui encore plus pénalisées et les lacunes [5] en matière de protection de la vie privée et de sécurité des technologies grand public exposent désormais infiniment plus de gens.

Un problème troublant mis en évidence par la pandémie est l’écosystème de modération des contenus sur Internet, qui est en panne. En d’autres termes, la façon dont les grandes plateformes technologiques traitent les discours de haine, la désinformation et les contenus illégaux en ligne est profondément défectueuse. Malgré de nombreuses avancées, Facebook, YouTube et d’autres plateformes modèrent souvent les contenus de manière capricieuse ou carrément dangereuse : les contenus nuisibles sont laissés à l’abandon et les contenus acceptables sont injustement supprimés. Ces décisions touchent souvent de manière disproportionnée les populations du Sud et les personnes qui parlent des langues moins bien représentées.

En ce moment, nous sommes à un point d’inflexion. Les failles de la modération des contenus vont-elles s’accentuer ? Ou cette crise peut-elle être un tremplin pour un changement positif et durable dans notre façon de communiquer en ligne ?

L’un des problèmes les plus épineux de la modération de contenu est de savoir qui – ou quel système – assure la modération. Avec la désinformation liée à la pandémie qui submerge les plateformes [6] et l’impossibilité de travailler [7] pour de nombreux modérateurs de contenu, de nombreuses plateformes se tournent de plus en plus vers l’intelligence artificielle. Les limites de cette approche sont claires. Le filtrage automatisé n’a pas réussi à empêcher la désinformation sur le COVID-19 de se propager comme une trainée de poudre et de mettre en danger la santé publique. Les plateformes sont inondées de messages suggérant que la consommation d’eau de javel peut guérir le virus, ou que la technologie 5G propage d’une manière ou d’une autre la maladie.

Outre le fait de passer sous silence la désinformation, la modération automatisée peut également censurer accidentellement un contenu de qualité. Les internautes qui posent des questions sérieuses, ou qui s’expriment en utilisant un vocabulaire ou des contextes locaux, peuvent être qualifié·e·s à tort de problématiques. En pleine pandémie, la modération automatisée sur Facebook a entraîné le retrait par erreur d’une grande quantité de contenu, y compris des liens vers des articles de presse sur le COVID-19. En mars, Facebook [7] a affirmé qu’un « problème » technique était à l’origine de cette situation et a déclaré avoir restauré le contenu retiré. Mais cet épisode soulève de sérieuses questions sur l’efficacité de ces systèmes et, jette en outre un doute sur la transparence de Facebook. Lorsque YouTube a annoncé en mars avoir renforcé le filtrage automatique en raison de la pandémie de COVID-19, l’entreprise a déclaré [8] : « Ce faisant, il est possible les utilisateur·rice·s et les créateurs voient une augmentation des suppressions de vidéos, y compris certaines vidéos qui ne violent pas nécessairement le règlement. » De même, Twitter a expliqué [9] au cours du même mois que leur modération automatisée « pouvait parfois manquer du contexte que [leurs] équipes apportent, et cela pouvait [les] amener à faire des erreurs ».

Le fait que la procédure d’appel puisse être opaque lorsque le contenu est injustement retiré ou qu’un compte est suspendu, n’aide pas. Dans de nombreux cas, les utilisateur·rice·s sont laissé·e·s dans le doute quant aux raisons du retrait d’un contenu ou de la suspension d’un compte. Et même avant la pandémie, le contexte a été une question majeure dans le débat sur la modération des contenus. Par exemple, la question de savoir si une approche centrée sur les États-Unis pour ce qui est du langage accepté ou non doit être appliquée au niveau international.

La modération des contenus souffrent d’un problème de technologie défectueuse ; les politiques inéquitables en sont un autre. Aux États-Unis et dans certains pays européens, les grandes plateformes technologiques peuvent être assez vigilantes quant au respect des lois locales et de leurs propres engagements politiques internes. Ailleurs, ce n’est pas le cas. Lors des élections au Nigeria en 2018, la chercheuse et collaboratrice de Global Voices Rosemary Ajayi et un groupe de collègues ont catalogué [10] des centaines de tweets diffusant des informations désobligeantes et ont été consterné·e·s par le taux de réponse imprévisible et incohérent aux rapports sur cette activité. « Si vous signalez quelque chose de grave le jour des élections et qu’ils vous répondent une semaine plus tard, à quoi bon ? », a déclaré [11] Mme Ajayi. Cette idée est tout aussi effrayante dans le contexte actuel : si une plateforme supprime la désinformation liée au COVID-19 alors que des millions de personnes l’ont déjà vue, le mal est déjà fait.

Ce ne sont là que deux des nombreux problèmes qui se posent depuis longtemps dans le domaine de la modération de contenu. Dans la récente étude [11] de Mozilla sur l’espace des médias sociaux, nous en avons examiné plusieurs autres. Nous avons parlé avec un groupe polonais à but non lucratif de réduction des risques liés à la drogue, SIN, qui a été suspendu par Facebook [12] et qui ne peut pas faire appel de la décision. Et nous avons parlé avec le groupe de recherche sur les droits humains Syrian Archive [13], qui affirme que les preuves de violations des droits humains en temps de guerre sont souvent effacées par les plateformes. Il n’est pas difficile de voir comment de tels cas peuvent être particulièrement graves pendant une pandémie aussi. Que se passe-t-il si des informations critiques sur la santé disparaissent ou si des preuves de violations des droits humains liées au confinement sont supprimées à tort ?

Il n’y a pas de panacée pour ces problèmes. Mais une plus grande transparence sur ce qui est retiré, quand et pourquoi, ainsi que sur la proportion des retraits qui font l’objet d’un appel et sont rétablis, pourrait aider les chercheur·e·s et les communautés concernées à mieux conseiller les plateformes et les décideurs politiques. Les rapports de transparence des principales plateformes sont néanmoins devenus plus détaillés au fil des ans, en partie grâce à la pression de la société civile, notamment des signataires des principes de Santa Clara [14]. Cette initiative communautaire visant à définir les bases de la transparence et de la responsabilité en matière de modération de contenu a été lancée en 2018, et plusieurs plateformes y ont adhéré par la suite. En mars, constatant que les principes bénéficieraient d’une mise à jour, l’Electronic Frontier Foundation (EFF) a lancé un appel à propositions [15] mondial pour savoir comment mieux répondre aux besoins des voix marginalisées qui sont fortement touchées (la date limite est fixée au 30 juin).

On ignore tellement de choses sur les modèles de modération et les procédures d’appel dans les différents contextes mondiaux que même les témoignages anecdotiques des utilisateur·rice·s concerné·e·s constitueraient une ressource précieuse. Silenced.online [16] est un nouvel outil de base pour le crowdsourcing et la discussion des expériences de retrait injustifié à travers le monde. Il vise à créer un réseau d’organisations et d’individus qui ont travaillé, ou veulent commencer à travailler, sur le retrait et la modération de contenus.

D’autres groupes conviendront qu’il est crucial que la société civile et les chercheur·e·s s’engagent sur les questions de modération des contenus et de régulation des plateformes. Les scandales et les crises ont tendance à provoquer de nouvelles règles et réglementations, ou des appels à une plus grande automatisation, qui ne sont pas nécessairement basés sur une analyse indépendante de ce qui fonctionne. Les nouvelles approches visant à créer des mécanismes de responsabilité et d’appel, comme le nouveau Conseil de surveillance [17] de Facebook, exigent l’attention d’un public mondial.

Comme indiqué plus haut, la pandémie de COVID-19 met en évidence les défauts de modération du contenu, mais les problèmes sont anciens, notamment en matière de santé et de désinformation. Ils nécessitent un changement dans le fonctionnement quotidien des plateformes [18] ainsi que dans la manière dont elles sont tenues responsables. Une attention et une concentration accrues sur la question pourraient catalyser quelque chose de positif. Cela peut susciter une plus grande transparence, et aller dans le sens d’une technologie plus humaine, de meilleures lois et d’un Internet plus sain.

Article publié sur Global Voices en Français: https://fr.globalvoices.org

URL de l’article : https://fr.globalvoices.org/2020/06/05/251736/

URLs dans ce post :

[1] Image: https://fr.globalvoices.orgIma

[2] Mozilla: https://www.mozilla.org/en-US/

[3] WITNESS: https://www.witness.org/

[4] ont pas accès: https://fr.globalvoices.org/2020/05/15/250504/

[5] les lacunes: https://foundation.mozilla.org/en/blog/video-call-apps-get-bit-more-secure/

[6] submerge les plateformes: https://www.poynter.org/ifcn-covid-19-misinformation/

[7] l’impossibilité de travailler: https://www.wired.co.uk/article/coronavirus-facts-moderators-facebook-youtube

[8] déclaré: https://youtube-creators.googleblog.com/2020/03/protecting-our-extended-workforce-and.html

[9] Twitter a expliqué: https://blog.twitter.com/en_us/topics/company/2020/An-update-on-our-continuity-strategy-during-COVID-19.html

[10] ont catalogué: https://globalvoices.org/2018/09/17/nigerian-twitter-has-an-impersonation-problem-and-the-platform-is-failing-to-take-action/

[11] a déclaré: https://foundation.mozilla.org/en/blog/when-content-moderation-hurts/

[12] supendu par Facebook: https://panoptykon.org/sinvsfacebook/en

[13] Syrian Archive: https://syrianarchive.org/en

[14] des principes de Santa Clara: https://santaclaraprinciples.org/

[15] appel à propositions: https://santaclaraprinciples.org/cfp/

[16] Silenced.online: https://silenced.online/

[17] Conseil de surveillance: https://www.oversightboard.com/

[18] le fonctionnement quotidien des plateformes: https://www.newamerica.org/oti/reports/its-not-just-content-its-business-model/

A ‘¿Puedes oírme?’, Pedro Ballesteros dibuixa el mapa filosòfic fonamental de l’escultor

Jaume Plensa, espiritualitat i matèria

Escrit per Gerard E. Mur

De petit, els dies de tempesta, després de barallar-se amb el seu germà, Jaume Plensa s’amagava al piano vertical del pare. Hi cabia replegat en un costat. De vegades, el pare tocava aquell piano sense saber que un dels fills s’hi refugiava dins. Al llarg dels anys, l’escultor ha deduït que va ser a l’interior d’aquell instrument on va començar a entendre la vibració del material, “el moment en què tu i el tot esteu en la mateixa vibració, el mateix ritme, com si tu i l’univers forméssiu part del mateix organisme; potser per això vaig acabar sent escultor”. Aquesta i altres reflexions de l’artista desfilen pel documental ¿Puedes oírme?, de Pedro Ballesteros, una de les propostes de la nova edició del DocsBarcelona. El film funciona com una antologia de la filosofia de Plensa. Una filosofia que cristal·litza en la seva obra, sovint monumental: l’espiritualitat dels grans rostres, la comunitat representada en les figures de lletres, la proximitat permanent amb l’aigua, la col·locació de l’escultura com una plantació, un arrelament.

Ballesteros ha seguit l’escultor per un grapat dels països on té instal·lades obres. El director no ha volgut tancar-se al taller de Plensa (que en un determinat moment sí que visitem). La reflexió aflora al costat de cada creació. Com una invocació. De vegades, l’obra està en plena materialització (Voices); en altres ocasions –la majoria–, l’escultura ja fa temps que està integrada en el seu entorn. El mapa de Plensa abasta una bona part del globus. El seu pensament ha niat als Estats Units, al Japó, a Suècia, a França, etc. Als llocs on l’obra ja porta uns anys instal·lada, Plensa recorda, confirma i detecta canvis (penso en les tortugues del petit pavelló d’Ogijima). Ballesteros ha distribuït els viatges en funció dels conceptes claus de l’escultor: paraules, plaça, memòria, silenci, temps… Cada obra explica un d’aquests conceptes. Algunes, però, n’expliquen, en manifesten, més d’un.

La filosofia escultòrica de Plensa llança idees recurrents; i és aquí on el documental guanya volum: Ballesteros ha dibuixat el mapa filosòfic fonamental de l’artista. Afermen cinc conceptes concomitants i obstinats: l’espiritualitat i l’energia (“necessitem que els espais urbans tinguin alguna cosa que ens abraci i ens protegeixi”), l’espai públic (“el gran espai públic és l’aigua”), la comunitat, el valor de la diferència (“la uniformització sempre és un desastre”) i la reclusió de l’obra (“l’escultura també ha de saber viure sola”). De mica en mica, reflexió rere reflexió, absorbim la idea central del documental: l’ofici de Jaume Plensa és el pensament, que ell mateix precisa i projecta en escultures. Cal dir, però, que, de vegades, el sentit del missatge es perd, per confús o perquè no hi trobem la solidesa que esperem.

Més enllà del pensament, Ballesteros també s’atura en altres punts de la vida, l’obra i la trajectòria de Plensa: els orígens de la reflexió artística (el pare, lector de novel·les, li transmet la passió per la literatura, que ell adquireix a través de la poesia; “el poeta és l’ànima d’una societat”, diu l’artista, que parla de Baudelaire, Blake, Rilke, Williams Carlos Williams…); el treball de projecció manual del seu equip, que l’escultor supervisa de prop; el taller de Sant Feliu (Plensa diu que necessita treballar en zones de neutralitat, buides de bellesa); la connexió japonesa (“el meu treball a l’espai públic va començar al Japó”); la dedicació solitària que demanen les obres de format menor (dibuix, pintura, instal·lació, gravat…); la retrospectiva que va muntar el MACBA el 2018, etc.

Paral·lelament al testimoni de Plensa, Ballesteros exposa l’opinió de veus expertes que valoren el treball de l’artista: la galerista Mary Sabbatino (Galeria Lelong), Ferran Barenblit, director del MACBA, Fumio Nanjo, del Mori Art Museum, el comissari Sune Nordgren, els també galeristes Stefan Andersson i Fram Kitagawa, etc. Sabbatino destaca “la commoció i la humanitat presents en cada manifestació física de la seva obra” i la combinació, quan parla dels grans rostres, de la fugacitat de la imatge amb la resistència material, “una nova manera de retratar”. Nanjo subratlla el trencament de Plensa respecte de la tradició escultòrica: “Sovint, una escultura és un objecte voluminós i tancat. Les seves figures humanes formades per lletres retallades [Roots] no tenen volum; això transmet una sensació de lluminositat i transparència; ens deixa veure l’altre costat de l’obra”. Tots coincideixen en un punt: el seu treball és una presència que converteix la ciutat en un lloc més acollidor. Reconeixen seducció i immediatesa.

Finalment, toca avaluar la forma. La factura del documental és notable. El ritme és bo, no encalla. Els testimonis complementaris estan inserits amb sentit. La música apareix en el moment oportú. Cap element grinyola amb estridència. És una narració compacta i lleugera –amable– alhora. Ballesteros, a més, ha decidit no intervenir; una decisió que ajuda a tancar el focus del documental sobre Plensa; es tracta d’aïllar el personatge, acompanyar-lo, que s’expliqui únicament ell.

[Font: http://www.nuvol.com]

Rue Mouffetard, Paris, le 19 avril 2020. François Guillot/AFP

Écrit par Marcel Moritz

Maître de conférences HDR et avocat. Directeur du Master droit du numérique. Directeur du DU informatique et libertés, Faculté des sciences juridiques, Politiques et Sociales (FSJPS), Université de Lille

et Audrey Dequesnes

Doctorante en Droit, Université de Lille

Le 24 mars dernier a été mis en place le Comité d’Analyse Recherche et Expertise (CARE), dont la mission est d’éclairer les pouvoirs publics sur les suites à donner aux propositions innovantes, notamment quant à l’opportunité de la mise en place d’une stratégie numérique d’identification des personnes ayant été au contact de personnes infectées. Alors que le gouvernement français a annoncé, le 8 avril, la mise en chantier de l’application « StopCovid », les enjeux juridiques soulevés par une telle technologie sont nombreux.

Les stratégies déployées dans le monde

C’est en Asie, berceau de l’épidémie, que se trouvent les pays les plus en avance sur ces questions. Certains États avaient été touchés par le SARS-CoV-1 en 2003 puis le MERS-CoV, dix ans plus tard. En Corée du Sud, ces épisodes ont marqué la population ; depuis, la loi a autorisé la collecte des données de géolocalisation des téléphones mobiles et des cartes bancaires, ainsi que l’utilisation de la reconnaissance faciale afin de tracer les déplacements des personnes infectées. Leurs données sont mises à la disposition des citoyens grâce à une application qui les identifie d’un point de couleur différente en fonction du temps écoulé depuis leur dépistage positif. Ne pas se soumettre à ce suivi pour une personne positive est passible de deux ans d’emprisonnement, et briser le confinement est puni d’une amende de 2 300 €. Taïwan a adopté une stratégie de suivi similaire, en suivant les déplacements des personnes revenant d’une zone contaminée et en leur imposant un confinement strict et surveillé.

Des messages d’alerte s’affichent sur ce smartphone pour alerter son propriétaire sur les lieux où des patients atteints de Covid-19 se sont rendus, à Séoul, le 10 mars 2020. Jung Yeon-Je/AFP

En Chine, à Wuhan, sortir de chez soi est conditionné par l’installation d’une application qui récupère, en plus de la géolocalisation, l’adresse postale, les numéros de téléphone et de pièce d’identité de l’utilisateur. L’application génère un QR code dont la couleur varie en fonction de l’état de santé présumé de l’utilisateur, de ses déplacements et des personnes qu’il a croisées. Cette couleur conditionne l’accès aux transports et aux commerces, et peut amener à un isolement dans une structure désignée.

En Russie, le traçage par les opérateurs téléphoniques des personnes revenant de l’étranger a été organisé, afin de vérifier qu’elles respectent leur confinement.

Israël confie cette partie de la lutte contre l’épidémie aux responsables de la sécurité intérieure, afin d’utiliser les moyens de lutte antiterroriste déjà en place pour suivre les déplacements des porteurs du virus, et identifier les personnes avec qui elles ont été en contact. Les données de circulation de malades sont publiques, et il est possible pour chacun de croiser ses propres déplacements avec celles-ci.

Enfin, au sein de l’Union européenne, en Pologne, les personnes revenant de l’étranger ont dû installer une application qui les géolocalise et peut leur demander un selfie, à envoyer sous 20 minutes, pour confirmer qu’elles respectent les consignes. En cas de retard, ou de refus de cette solution numérique, c’est la police qui vient effectuer les contrôles. L’Italie, quant à elle, envisage de s’inspirer de la Corée du Sud pour retracer les déplacements de diagnostiqués positifs.

Ces exemples sont tous teintés d’un certain autoritarisme et d’atteintes à la vie privée. Un contre-exemple est cependant à relever : celui de Singapour, où les autorités ont opté pour un logiciel open source, utilisé sur la base du volontariat, dont il est souligné qu’il traiterait un minimum de données personnelles et anonymiserait les identifiants des utilisateurs. Basé sur le Bluetooth, il permet de constituer une liste de personnes qui se sont trouvées à proximité de la première. Si cette personne est diagnostiquée positive au virus, la liste sera contactée par les autorités afin que les personnes s’isolent et se fassent dépister. Ce même type d’application fait actuellement l’objet de recherches à l’Université d’Oxford et par le « Pan-European Privacy-Preserving Proximity Tracing », une organisation à but non lucratif formée de 130 membres européens (universités, instituts de recherche et entreprises) collaborant pour proposer et améliorer des solutions qui utilisent la détection de proximité sans renoncer à la vie privée.

Quelles stratégies numériques en France ?

Les opérateurs téléphoniques sont les premiers à avoir été sollicités : ils ont accès, grâce à nos téléphones mobiles, à nos données de géolocalisation. Indépendamment d’un service de détection de la position activé sur un smartphone, le simple fait de solliciter le réseau téléphonique via une antenne relais permet de donner la position approximative du téléphone. Plusieurs utilisations des données ainsi récupérées sont envisageables : mesurer le respect des mesures de confinement, repérer les rassemblements non autorisés d’un nombre de personnes, ou suivre les mouvements de la population.

Les données des opérateurs de téléphonie sont dites « anonymisées » et « agrégées » : le résultat obtenu n’est donc pas une localisation ou des déplacements individuels, mais des statistiques sur l’ensemble de la population. Il faut toutefois rester prudent en la matière face au terme d’« anonymisation ». Concernant la géolocalisation, il a ainsi été démontré que les parcours individuels étaient réidentifiables en connaissant seulement quatre points de géolocalisation approximative horodatés d’une personne.

Le second type d’utilisation des données est plus individualisé : sans aller jusqu’à montrer les personnes potentiellement contagieuses sur une carte, des applications mobiles proposent aux utilisateurs de collecter leurs positions et de les informer si l’une des personnes qu’elles ont croisées dans les 14 jours précédents a déclaré être atteinte du Covid-19. Le but recherché est que les personnes qui se savent potentiellement porteuses renforcent les mesures de précaution qu’elles emploient, et d’établir une carte de la dissémination. Du point de vue de la protection individuelle, l’efficacité de ce type de traçage GPS n’est pas prouvée.

La géolocalisation a ses limites : comment savoir si deux personnes qui se suivent sont à l’intérieur du même bus ou dans les habitacles séparés de deux voitures ? Les endroits où les personnes sont le plus à risque d’avoir des contacts proches et de toucher les mêmes objets, par exemple les supermarchés ou les transports en commun, sont aussi ceux où la géolocalisation ne permet pas d’être précis. La seconde fonction de ces applications, à savoir cartographier la propagation du virus a posteriori en suivant les personnes en contact qui s’avèrent positives à leur tour, semble plus réaliste.

Une femme portant une combinaison de protection et un masque facial utilise son téléphone pour scanner un code sanitaire avant d’entrer dans un complexe résidentiel à Wuhan, Chine, le 11 avril 2020. Hector Retamal/AFP

Le hub IA France imagine une solution à code couleur, qui n’est pas sans rappeler celle de la Chine : le téléphone de l’utilisateur lui attribue un code couleur différent en fonction des endroits dans lesquels il s’est rendu, et qui peuvent représenter des zones à risque. Une « zone à risque » serait, pour cette application, caractérisée par une prédiction basée sur les médicaments vendus dans les pharmacies de la zone, tels que les antipyrhétiques et les antitussifs, qui correspondent au traitement des symptômes du Covid-19.

S’ajoutent à ces stratégies la possible exploitation des données des GAFAM – Google a par exemple diffusé des données en ce sens – ou de la technologie Bluetooth sur le modèle singapourien, qui est au cœur du projet français.

Quel cadre juridique pour la mise en œuvre de ces technologies ?

Les technologies citées sont encadrées de différentes façons en France, au moyen de la directive 2002/58/CE « e-Privacy », du RGPD, et de la loi informatique et libertés.

Le traitement de données personnelles – dont la géolocalisation – par des applications mobiles est réglementé par le RGPD. Dans le cas présent, les données pourraient être recueillies avec le consentement de l’utilisateur, mais le motif de la nécessité du traitement à « l’exécution d’une mission d’intérêt public ou relevant de l’exercice de l’autorité publique dont est investi le responsable du traitement » (article 6-1 e) pourrait être invoqué dans le cas où une telle mission serait déléguée par les pouvoirs publics à un organisme, public ou privé. Les données de santé, de la même façon, ne peuvent être traitées que si la personne a exprimé son consentement explicite, ou si le traitement est « nécessaire pour des motifs d’intérêt public important », « aux fins de diagnostics médicaux, de la prise en charge sanitaire ou sociale, ou de la gestion des systèmes et des services de soins de santé », ou « pour des motifs d’intérêt public dans le domaine de la santé publique » (article 9-2 g, h et i).

Le traçage de la localisation des utilisateurs du réseau mobile grâce aux antennes relais est, lui, l’objet de la transposition de la directive ePrivacy dans le droit français. Ainsi, l’article L. 34-1 du Code des postes et des communications électroniques précise que « les opérateurs de communications électroniques […] effacent ou rendent anonyme toute donnée relative au trafic » et que « les données permettant de localiser l’équipement terminal de l’utilisateur ne peuvent ni être utilisées pendant la communication à des fins autres que son acheminement, ni être conservées et traitées après l’achèvement de la communication que moyennant le consentement de l’abonné, dûment informé des catégories de données en cause, de la durée du traitement, de ses fins, et du fait que ces données seront ou non transmises à des fournisseurs de services tiers ». Une donnée issue de ce type de localisation qui ne soit pas personnelle, donc anonyme, correspondrait par exemple à un comptage du nombre d’utilisateurs sollicitant le réseau à un endroit donné.

Dans le partenariat en cours entre Orange et l’Inserm, qui a pour but de mettre en relation les mouvements des personnes et des modèles épidémiologiques, les déplacements des téléphones mobiles sont analysés et regroupés par tranches d’âge des utilisateurs, appuyant le fait qu’il s’agit ici d’un suivi de terminaux identifiés et non d’un simple comptage des connexions aux antennes relais. Par conséquent, l’analyse statistique qui en est faite concerne des données personnelles, qui sont traitées sans le consentement des abonnés au service.

Le Comité européen de la protection des données (CEPD) estime dans son avis du 19 mars que les données de localisation des téléphones mobiles peuvent permettre de « générer des rapports sur la concentration d’appareils mobiles à un certain endroit (“cartographie”) » et enjoint les autorités publiques à n’utiliser que des données anonymes. Le CEPD poursuit cependant en soulignant que ces obligations peuvent être contournées pour des motifs de sécurité nationale ou de sécurité publique, sous réserve que les mesures prises soient proportionnées.

Les États européens disposent donc dans le cadre du RGPD, de la Directive ePrivacy ou de leur droit national des moyens de mettre en place des technologies de suivi de la population présentant différents niveaux de respect de la vie privée.

C’est dans ce contexte que la CNIL a rappelé dès le 6 mars 2020 qu’en dehors de toute prise en charge médicale, la collecte de données de santé est limitée à des cas précis. Auditionnée le 8 avril devant la commission des lois, la présidente de la CNIL a donné sa position : elle demande de privilégier le traitement de données anonymisées et non de données individuelles, lorsque cela permet de satisfaire l’objectif, et précise qu’un suivi individuel devrait être basé sur une démarche volontaire.

« Si la France souhaitait prévoir des modalités de suivi non anonymes plus poussées, le cas échéant sans le consentement préalable de l’ensemble des personnes concernées, une intervention législative s’imposerait. Il faudrait alors s’assurer que ces mesures législatives dérogatoires soient dûment justifiées et proportionnées (par exemple en termes de durée et de portée) ».

Passer par la loi pour autoriser un nouveau dispositif de traçage assure certains garde-fous : un amendement au projet de loi instituant l’état d’urgence autorisant pour une durée de six mois « toute mesure visant à permettre la collecte et le traitement de données de santé et de localisation » a ainsi déjà été rejeté. Il est cependant légitime de rester attentifs aux nouvelles atteintes aux libertés décidées durant l’état d’urgence. Nous avons déjà vu en France se pérenniser des systèmes qui avaient été mis en place lorsque le pays était en état de choc. Ainsi le plan Vigipirate s’est fondu dans le quotidien depuis plus de vingt ans, et certaines dispositions de l’état d’urgence de 1955, remis en application après les attaques terroristes de 2015, sont à présent inscrites dans le droit commun.

On comprend dès lors pourquoi le recours possible à un système d’application basé sur la technologie Bluetooth est présenté à l’heure actuelle comme fondé sur le volontariat (juridiquement le consentement des personnes concernées) et non comme une obligation, condition sine qua non à une liberté de circulation retrouvée, par exemple.

Les technologies de traçage, réponse efficace à la pandémie ?

La question de la possibilité d’utiliser un système de suivi ne doit en outre pas occulter celle de son utilité. Or, pour le moment, évaluer l’efficacité des différentes mesures semble illusoire.

Les modèles épidémiologiques prennent en compte les déplacements des populations pour mieux comprendre la diffusion des maladies infectieuses, avec pour but de permettre l’anticipation des foyers de contamination. Contacter les personnes ayant été en contact avec une personne atteinte du virus grâce à leur téléphone mobile semble être une piste sérieuse pour ralentir la propagation de l’épidémie et la plus respectueuse de la vie privée en comparaison à la géolocalisation, mais, d’une part, elle repose sur des hypothèses d’acceptation issues de sondages ne donnant pas l’intégralité des possibles conditions de déploiement en vie réelle et, d’autre part, elle exclut les personnes les plus vulnérables, la population utilisant le moins de smartphones étant les personnes âgées.

L’efficacité de ces dispositifs dépend du nombre de participants et donc de l’adhésion de la population, or les critères d’acceptabilité sont nombreux : le type de données collectées, le statut de celui qui les collecte et qui a développé l’outil, la durée de conservation des données, les organismes qui vont y avoir accès, l’implication des pouvoirs publics dans la promotion de l’outil, la transparence sur l’hébergement des données et sur le code, par exemple grâce à un outil open source, les garanties de sécurité dont le stockage local, la simplicité d’utilisation, le caractère inclusif (en considérant notamment les personnes âgées), l’analyse en continu ou rétrospective uniquement pour les cas confirmés, le fait que les entrées dans l’application dépendent d’un professionnel de santé ou de l’utilisateur lui-même, la réutilisation des données ou leur suppression (si elles sont réutilisées, à quelles fins et par qui).

Le succès relatif des solutions numériques en Asie dans la maîtrise de l’épidémie ne doit pas faire oublier que d’autres facteurs ont pu influencer le cours de l’épidémie. Le déploiement du dépistage systématique à grande échelle en dehors des hôpitaux, le fait de protéger les soignants, le port du masque par la très grande majorité de la population, ou le fait qu’un pays comme la Corée du Sud dispose de 12,3 lits d’hôpital pour 1 000 habitants, contre 6 en France, ont sans doute joué un rôle déterminant dans la gestion de la crise. De plus, l’émergence de nouveaux clusters et le diagnostic de 20 % de cas dont on ne connaît pas l’origine rappelle que l’efficacité des dispositifs de traçage n’est pas totalement prouvée.

En tout état de cause, quelle que soit leur efficacité réelle, de telles applications exercent un fort attrait sur le public. Dans ce contexte, et compte tenu de la nature sensible des données potentiellement collectées, mieux vaut peut-être une initiative publique juridiquement maîtrisée que des initiatives privées parfois hasardeuses.

[Source: http://www.theconversation.com]