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Incluso cuando las fiestas de cumpleaños y las bodas han escaseado durante la pandemia, los conjuntos musicales han seguido trabajando en los velorios, entre ellos los de algunos de sus integrantes.

 Los integrantes del Mariachi Los Galleros de San Antonio, cuyas vidas se han visto alteradas por la pandemia, se preparaban para una actuación este mes.

Los integrantes del Mariachi Los Galleros de San Antonio, cuyas vidas se han visto alteradas por la pandemia, se preparaban para una actuación este mes. Foto: Christopher Lee

 

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Frente al arco de piedra del Centro de Retiro Juvenil Salesiano de San José, a las afueras de Los Ángeles, el ataúd de madera oscura donde se encontraba el cuerpo de Juan Jiménez fue colocado junto a un grupo de mariachis con cubrebocas. El conjunto se preparó para tocar levantando de manera simultánea los arcos de los violines, las manos sobre un arpa dorada y los dedos listos para digitar las cuerdas de los guitarrones, sus bajos.

Cuando terminó la oración del sacerdote, Jesus Guzmán dirigió a la banda, el Mariachi Los Camperos, durante casi una hora de música: canciones de dolor y despedida, como “Las Golondrinas”.

Las agendas de los mariachis de todo el país solían estar llenas de fechas reservadas para bodas, quinceaños y serenatas en las que la vigorosa música de la cultura mexicana ayudaba a animar algunos de los momentos más alegres de la vida. Con la llegada de la pandemia, esas oportunidades de trabajo desaparecieron y quedaron solo funerales, una creciente cantidad de funerales que ha salvado a algunos mariachis de la ruina financiera.

El Mariachi Los Camperos en un concierto antes de la pandemia. En febrero, tocaron en el funeral de su aclamado guitarrista nacional, Juan Jiménez (fila de atrás, segundo por la derecha), que murió por el coronavirus.

El Mariachi Los Camperos en un concierto antes de la pandemia. En febrero, tocaron en el funeral de su aclamado guitarrista nacional, Juan Jiménez (fila de atrás, segundo por la derecha), que murió por el coronavirus. Foto: Jesus Guzman

En este funeral, llevado a cabo en febrero, la interpretación fue especialmente apasionada, y los músicos, que se quitaron los sombreros, inclinaron la cabeza al pasar el cuerpo del difunto. Jiménez era uno de los suyos, un admirado ejecutante de guitarrón que había sucumbido a los 58 años a causa del coronavirus.

“Él estaba contento de que sus compañeros, sus amigos, estábamos ahí con él, tocándole, dándole gracias, siguiendo su trabajo”, señaló Guzmán, amigo de Jiménez desde la infancia y director musical del grupo de mariachis del que ambos eran propietarios.

Presenciar la cantidad de eventos tristes que han mantenido a algunos conjuntos de mariachis económicamente vivos es enfrentarse a los desgarradores estragos que ha causado el virus en la gente que alguna vez cantó su música. Los habitantes latinos y negros que fueron presa de la feroz ola de coronavirus de este invierno en todo el condado de Los Ángeles murieron a un ritmo dos o tres veces superior al de la población blanca del lugar.

Los integrantes del Mariachi Los Galleros de San Antonio dicen que la pandemia provocó la cancelación de docenas de eventos que tenían programados.

Los integrantes del Mariachi Los Galleros de San Antonio dicen que la pandemia provocó la cancelación de docenas de eventos que tenían programados. Foto: Christopher Lee

La situación es similar en otros lugares con poblaciones latinas grandes, y los estudios muestran que los latinos son más vulnerables a enfermar y morir por el virus. Sus comunidades y hogares tienden a estar más poblados y a depender del transporte público, su acceso a la atención sanitaria es limitado y sus trabajos suelen implicar contacto con otras personas.

Por eso, mientras sepultan los féretros, muchos grupos de mariachis de California, Texas, Illinois y otros lugares tocan canciones de dolor y pena para mitigar la tristeza del fallecimiento. Incluso para las bandas acostumbradas a tocar en funerales desde antes de la pandemia, la ola de muertes ha sido abrumadora. Muchos han perdido familiares y amigos, miembros de sus conjuntos y profesores de música.

Durante décadas, las bandas familiares de mariachis y los músicos autónomos de Los Ángeles han acudido a la Plaza del Mariachi, al este del centro de la ciudad, para competirse las contrataciones. Aquí es donde Christian Chávez, secretario de la Organización de Mariachis Independientes de California, ha repartido cajas de alimentos a los músicos en apuros desde que la pandemia comenzó a afectar el negocio.

En el estacionamiento se afinan los instrumentos.

En el estacionamiento se afinan los instrumentos. Foto: Christopher Lee

 

Ensayo en los minutos previos a un evento

Ensayo en los minutos previos a un evento. Foto: Christopher Lee

 

El Mariachi Los Galleros de San Antonio ensaya en la casa de uno de sus integrantes antes de un evento.

El Mariachi Los Galleros de San Antonio ensaya en la casa de uno de sus integrantes antes de un evento. Foto: Christopher Lee

 

Miguel Guzmán, del Mariachi Los Galleros de San Antonio, dijo que estuvo a punto de morir cuando el coronavirus lo mandó al hospital durante un mes en noviembre.

Miguel Guzmán, del Mariachi Los Galleros de San Antonio, dijo que estuvo a punto de morir cuando el coronavirus lo mandó al hospital durante un mes en noviembre. Foto: Christopher Lee

 

Como muchos de los músicos que conoció en la plaza, Chávez no fue inmune a los problemas económicos derivados de la pandemia. El grupo que fundó su abuelo en México, el Mariachi Tierra Mexicana, enfrentó dificultades. La pandemia acabó con sus ahorros en siete meses. El coronavirus obligó a Chávez y a otros mariachis a tomar decisiones muy duras para poder llegar a fin de mes. Eso llevó a muchos a seguir trabajando en eventos en los que la gente no se preocupaba por usar cubrebocas y mantener el distanciamiento social.

No obstante, para muchos, los funerales y los entierros se convirtieron en su sostén, el cual, aunque aliviaba las penas económicas, infligía otro tipo de daño aun para los que estaban acostumbrados a tocar en esas ceremonias de manera intermitente entre otros eventos. El llanto. La gente que se aferraba a los ataúdes mientras los bajaban. Chávez dijo que, en ocasiones, esos momentos eran tan devastadores que tenía que apartar la vista y concentrarse solo en su trompeta.

Chávez contó que, de los 400 miembros activos de la organización de mariachis de California, cerca de 80 han muerto a causa del virus, posiblemente tras contagiarse mientras se presentaban en fiestas y restaurantes, entre otros eventos. Esa cifra incluye a su padrino, Dagoberto Martínez, quien tocó la vihuela en su conjunto familiar durante 15 años.

“Cada vez que voy a trabajar, rezo para ser uno de los afortunados que regresan a casa”, dijo en una entrevista en video Chávez, quien está trabajando en eventos y tocando en decenas de funerales. Su familia y él también enfermaron gravemente de coronavirus en octubre.

Todos los trabajadores de las artes escénicas han tenido dificultades durante la pandemia, ya que el desempleo ha afectado desproporcionadamente a ese sector. En las entrevistas, muchos de ellos dijeron que una característica única de los mariachis es la importancia que adquirió su música como parte del ritual fúnebre para una población especialmente diezmada por la pandemia.

A medida que más personas se vacunan, el Mariachi Los Galleros de San Antonio está viendo un ligero aumento de los eventos mientras sigue tocando en muchos funerales.

A medida que más personas se vacunan, el Mariachi Los Galleros de San Antonio está viendo un ligero aumento de los eventos mientras sigue tocando en muchos funerales. Foto: Christopher Lee

En Pilsen, un barrio de Chicago con una importante comunidad latina, el círculo de mariachis de Enrique y Karen León ha disminuido en el último año, en parte por las muertes atribuidas al coronavirus.

“Cada mariachi representa un instrumento, un instrumento que va a escucharse en un grupo”, dijo Karen León, gerente del grupo Mariachi México Vivo, al describir lo que significa la pérdida de músicos para la estrecha comunidad de mariachis. “Mucha gente pensará: ‘Bueno, hay muchos más mariachis en Chicago’, pero es muy difícil reemplazar a alguien cuando tiene su propio talento, porque la vida no se puede reemplazar por otra, y el talento, tampoco”.

En los últimos cuatro meses, Enrique León y seis miembros de la banda han tocado en 15 funerales, la mitad de ellos por muertes relacionadas con el coronavirus. Aunque los funerales son esenciales, y ayudan a pagar las cuentas, no se comparan con el impulso emocional de actuar en un evento en el que uno puede ver cómo la música levanta el ánimo de la gente.

“Siempre me alegro de estar tocando mi guitarra, estar componiendo canciones, estar, por ejemplo, frente al público, cantando”, dice Enrique León. “Todo ese ambiente de estar conviviendo con la gente, eso me llena mucho. Y realmente donde estoy, digo, estoy trabajando y ganando dinero, pero no es lo mismo. No es lo mismo ver esas sonrisas, esos gritos, ese sentimiento de la gente cuando ve al mariachi que llega, esa emoción”.

El Mariachi México Vivo toca en una fiesta de 50 años en marzo.

El Mariachi México Vivo toca en una fiesta de 50 años en marzo. Foto: Samantha Cabrera Friend

 

La fiesta fue un regreso a la normalidad para un grupo cuyas actuaciones en ocasiones felices se habían visto interrumpidas por la pandemia.

La fiesta fue un regreso a la normalidad para un grupo cuyas actuaciones en ocasiones felices se habían visto interrumpidas por la pandemia. Foto: Samantha Cabrera Friend

 

Josefina Gonzales, la invitada de honor, en el centro, que sobrevivió al virus, se sorprendió y se emocionó, con la actuación del conjunto.

Josefina Gonzales, la invitada de honor, en el centro, que sobrevivió al virus, se sorprendió y se emocionó, con la actuación del conjunto. Foto: Samantha Cabrera Friend

 

Los integrantes del Mariachi México Vivo, que sonríen aquí en la fiesta de cumpleaños, han tocado en 15 funerales en los últimos meses.

Los integrantes del Mariachi México Vivo, que sonríen aquí en la fiesta de cumpleaños, han tocado en 15 funerales en los últimos meses. Foto: Samantha Cabrera Friend

 

En Texas, en noviembre, Miguel Guzmán, del Mariachi Los Galleros de San Antonio, tuvo que dar un descanso a su violín y su música cuando dio positivo en la prueba de coronavirus. Pocos días antes había ido, con cubrebocas, a la casa de un amigo, un vendedor de instrumentos de confianza, a comprar un violín para un estudiante. Su amigo falleció días después debido al virus.

Guzmán también enfermó de gravedad y pasó un mes en el hospital. El virus lo dejó sin aliento. Necesitaba un flujo constante de oxígeno para respirar con sus pulmones dañados; bajó 18 kilos y perdió toda la musculatura; necesitó fisioterapia tan solo para volver a caminar.

En casa, se le entumecieron los dedos en varias ocasiones en que intentó tomar su violín, pero lo que lo mantuvo motivado para recuperarse fue la promesa de volver a tocar en la banda con sus hijos y componer una canción para su mujer.

El mes pasado, Guzmán volvió por fin con su grupo y tocó en otra ronda de funerales y entierros. En su primer día de vuelta en el trabajo asistió al funeral del suegro de un amigo. La semana siguiente fue el funeral de uno de sus clientes de toda la vida, el dueño de una tienda de neumáticos que había muerto por complicaciones relacionadas con el coronavirus.

En ese funeral, estuvo de pie cerca del féretro con su banda tocando “Te vas, ángel mío”. Podía escuchar el llanto, sí, pero también podía oír su violín, que hacía que la vida continuara para quienes lloraban y para él.

“La música es la medicina, porque cuando estoy tocando, me olvido de que no puedo respirar”, concluyó Guzmán.

 

Christina Morales es una reportera que cubre noticias de última hora a nivel nacional para la sección Express. También forma parte de la generación de becarios 2020-2021 de The New York Times. @Christina_M18

 

[Fuente: http://www.nytimes.com]

Paris aposta nas duas rodas como a chave da futura mobilidade urbana. Pandemia vem acelerando construção de centenas de quilômetros de vias exclusivas, e o número de ciclistas aumentou 62% em dois anos

Dezenas de pessoas pedalam pela ciclovia da rua de Rivoli, uma das ruas mais centrais de Paris. GONZALO FUENTES/REUTERS

 

Escrito por Silvia Ayuso

A menos que caia um temporal, todas as quartas e sábados, uma dezena de futuros ciclistas pedala com mais ou menos resolução pelo campus da Cidade Universitária Internacional, no sudeste de Paris. São adultos de todas as idades determinados a aprender a montar ou a melhorar a sua técnica. E cada vez o número é maior. “Houve um boom no último ano”, disse Louis Staritzeky, que há uma década ensina a andar de bicicleta na capital francesa. Também observou uma evolução dos alunos: chegam cada vez mais pessoas que “não se sentem muito seguras na bicicleta”, mas que estão dispostas a dominá-la para fazer dela o seu meio de transporte habitual. Como Milène Jarmelus, uma mulher na casa dos 40 anos que quer trocar o bonde pela bicicleta para ir trabalhar, um conceito que até já tem uma palavra própria em francês, vélotaf, uma combinação de bicicleta (vélo) e trabalho (taf). E há outra palavra para a revolução do ciclismo em Paris: vélorrution. A prefeitura municipal construiu centenas de quilômetros de ciclovias nos últimos anos (170 quilômetros em 2020) e o resultado é espetacular: o número de pessoas que se deslocam de bicicleta aumentou 62% em dois anos. E a pandemia de coranavírus acelera essa transformação dos hábitos pessoais e da cidade.

As buzinadas e o som de freadas repentinas que chegam do périph, o cinturão periférico de 35 quilômetros que circunda o centro da capital francesa, fazem Jarmelus e os demais alunos lembrarem que estão investindo em uma alternativa saudável e ecológica ao carro poluente. Mas também que é importante dominar a bicicleta se a pessoa quiser entrar na selva que ainda continua sendo o trânsito parisiense. E isso, considerando que para quem está em duas rodas as coisas melhoraram inegavelmente nos últimos anos na Cidade das Luzes. E continuarão a melhorar.

A equipe da prefeita socialista Anne Hidalgo fixou como meta 2025 para completar sua vélorrution, como a revista L’Obs chamou as medidas, em um trocadilho entre bicicleta e revolução: criar uma densa rede de ciclovias na Paris intramuros, com conexões abundantes com a periferia, para que os pedais se tornem uma verdadeira alternativa de transporte.

Via exclusiva temporária aberta na cidade durante a pandemia, em uma imagem de maio de 2020. NurPhoto via Getty Images

Muito já foi feito, embora ainda haja muitas tarefas pendentes tanto em termos de ciclovias como de estacionamentos, algo fundamental em uma cidade onde o furto de bicicletas está na ordem do dia. “O medo de furto é o último freio para quem quer andar de bicicleta”, diz Paul Martichoux, presidente da 12.5, uma start-up que transforma vagas de garagem vazias em estacionamento de bicicletas. Desde o início do ano, também é obrigatório marcar as bicicletas novas com um “número exclusivo” —para as usadas, o regulamento entrará em vigor em julho—, de modo que sejam facilmente identificáveis em caso de furto.

A pandemia, paradoxalmente, transformou-se no melhor aliado deste ambicioso projeto que se vai impondo em uma cidade rendida durante décadas ao poluidor e barulhento tráfego convencional. “A crise foi um acelerador”, reconhece o secretário dos transportes de Paris, David Belliard.

O político, também responsável pela transformação do espaço público, está convencido de que a revolução da bicicleta já está em andamento e que é imparável. “Será feito conosco ou sem nós, porque as pessoas querem usar a bicicleta”, afirma. Ciclista há duas décadas, diz que “há muitos sinais, como a explosão da venda de bicicletas, que demonstram que algo está acontecendo”. Entre 2018 e 2019, o uso de bicicletas em Paris aumentou 49%. Apesar dos confinamentos da pandemia, entre 2019 e 2020 o uso continuou crescendo mais 13%, segundo a prefeitura.

O crescimento na opção por bicicletas na pandemia pode ser um fenômeno mundial. A cidade de São Paulo, por exemplo, teve um aumento de 66% nas vendas de bicicleta em 2020 em relação a 2019, de acordo com a Associação Brasileira do Setor de Bicicletas (Aliança Bike) —no país, a alta foi de 50%. Como mostra reportagem do G1, que revelou os números, especialistas e ciclistas apontam que a diminuição do trânsito com as medidas de restrição pode ter deixado os moradores mais seguros para andarem nas ruas de bicicleta, que também se tornou uma forma de evitar a aglomeração no transporte público e de praticar atividade física com distanciamento.

Em Paris, o Vélib, o serviço municipal de aluguel de bicicletas urbanas, atingiu em setembro do ano passado os 400.000 usuários. O Vélib, que permite alugar por seis meses uma bicicleta elétrica para os que têm dúvidas em comprar uma própria —para o que Paris dá ajudas de até 500 euros (3.400 reais)—, tinha na mesma data 13.000 auxiliados. Até os supermercados estão lançando a entrega em domicílio de bicicleta e as oficinas de conserto não dão conta do trabalho, principalmente desde o lançamento no ano passado de um programa nacional de 50 euros (340 reais) de ajuda para reparar velhas bicicletas. Um número menos positivo, mas que também demonstra o boom dos pedais é o aumento de 36% dos acidentes de bicicleta: em 2020, 919 ciclistas ficaram feridos com 8 mortos em Paris, contra 680 em 2019 (quatro deles mortos).

Um ciclista pedala pelo bairro de Trocadero, perto da Torre Eiffel, em Paris. FRANCK FIFE/AFP

Há dois momentos essenciais na vélorrution parisiense. O primeiro foi a longa greve do transporte público em dezembro de 2019. Os protestos pela reforma das aposentadorias do presidente, Emmanuel Macron, paralisaram o metrô e os ônibus da capital durante mais de 40 dias. Nesse momento começaram a encher —e até a ficar estreitas— as ciclovias recém-ampliadas meses antes, pelas eleições municipais de 2020 em que Hidalgo foi reeleita. Depois veio a pandemia e o medo de usar um transporte público lotado.

Ao final do primeiro confinamento, em maio de 2020, os parisienses descobriram as coronapistas, vias exclusivas temporárias que ampliavam enormemente o espaço às bicicletas em uma cidade onde circular pedalando continua sendo, frequentemente, um esporte de risco. Atualmente são 170 quilômetros na capital e seus arredores, marcados com sinalizações temporárias, mas que a equipe de Hidalgo pretende tornar permanentes. Além disso, há planos para criar uma rede de mais de 600 quilômetros de ciclovias na região parisiense. Até mesmo o Governo central apoia a transição às duas rodas em Paris e no restante da França: o primeiro-ministro, Jean Castex, prometeu no verão passado um “plano de bicicleta muito ambicioso”. Em janeiro, foram acrescentados mais cem milhões de euros (678 milhões de reais) aos 350 milhões (2,3 bilhões de reais) previstos no plano inicial, apresentado em 2018, e que tem como objetivo fazer com que até 2024 9% dos deslocamentos no país sejam feitos de bicicleta (contra os 3% atuais).

Um caminho complicado

O caminho não tem sido fácil. Hidalgo chegou à prefeitura com o objetivo de reduzir o tráfego de veículos a motor, mas suas medidas encontraram uma forte oposição: como transformar em espaços para pedestres as margens do Sena antes dedicadas ao trânsito, que acabou nos tribunais. “Há 20 e até 30 anos estamos em uma batalha contra os carros, e cada vez há oposições extremamente fortes que se acabam por apagar, porque percebem, por exemplo, que as áreas de pedestres não matam o comércio; justamente o contrário”, diz Belliard.

Com as bicicletas não está sendo mais simples. O historiador Frédéric Héran, autor de Retour de la byciclette (O retorno da bicicleta), lembrou na L’Obs que na França, que tem uma indústria automobilística importante, “os industriais conseguiram convencer os franceses de que a bicicleta era algo reservado ao lazer e ao esporte”. Isso se junta à limitação do espaço de circulação provocado pelas coronapistas. Até hoje, muitos motoristas se lembram de todos os antepassados da prefeita e sua equipe quando se formam formidáveis congestionamentos nas entradas e saídas da cidade, onde os carros viram como seu espaço fica reduzido às vezes somente a uma pista, para favorecer os ônibus, que têm uma própria, e as bicicletas, que ganham outra. Será preciso fazer alguns ajustes, reconhecem os responsáveis, mas não há volta atrás.

“Não fazemos uma política de promover as bicicletas porque adoramos andar de bicicleta, e sim porque temos um problema importante de mudança climática e de crise sanitária: coronavírus e poluição, tudo é um pacote e um contexto que nos exige usar modos de mobilidade menos poluidores e que nos permitam reconquistar o espaço, tirar concreto e colocar mais natureza”, diz Belliard.

[Fonte: http://www.elpais.com]

 

 

Escrito por BIEITO ROMERO

 

Sempre que teño que viaxar e a non ser que non me quede máis remedio, son dos que evita ter que coller o avión . Son perfectamente consciente de que estatisticamente é o medio de transporte máis seguro e, por suposto, das vantaxes de ser unha viaxe rápida e cómoda mais, habendo alternativa, esa é a miña. Así que, desta volta, tocoume viaxar a Barcelona para facer promoción do concerto que iamos dar nun festival. Conducín case 11 horas e crucei a península de lado a lado sen ningún problema. A viaxe comezou no aeroporto de Alvedro na Coruña, onde collín o coche, ata a estación de Sants en Barcelona, onde o deixei despois de atravesar seis comunidades autónomas e ata o mesmísimo meridiano de Greenwich.

Así de dura é a vida do artista. E aquí estou de novo, en Barcelona, cidade á que vimos de concerto regularmente, como a Catalunya en xeral, terra onde se nos acolle cos brazos abertos, con agarimo e admiración. Nesta ocasión vimos convidados polo Festival Tradicionarius de músicas de raíz e folk, sendo os encargados de pechar a 34 edición deste prestixioso encontro musical, ademais e por fortuna, tendo que facer un dobre pase, xa que as entradas do inicialmente previsto, esgotáronse con rapidez. 

Tocamos case todos os anos varias veces en Catalunya e a cidade de Barcelona é cita anual obrigada. Unha cita que para min ten unha importancia especial polo a gusto que me fan sentir nesta cidade e porque facendo a promoción, visito e revisito os medios, encontrándome con vellos amigos da prensa, da radio e da televisión catalá cos que me sinto moi cómodo e dos que recibo un trato exquisito e cordial. Catalunya, pero sobre todo Barcelona e a súa area metropolitana, foron tamén terra de acollida de moitas e moitos galegos que tiveron que emigrar e facer vida aquí, polo que non é nada difícil ver referencias á nosa cultura con frecuencia. Durante varios días tocoume gozar de novo da fermosa Barcelona multicultural, histórica, capital da catalanidade, amable, aberta, pero sobre todo, agarimosa con outras culturas distintas que conviven nese gran espazo de encontro humano como eu sinto que fan coa nosa. 

Gràcies de nou!

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Los europeos. Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita
Orlando Figes
Traducción al español de María Serrano
Taurus, 2020

Escrito por Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz

Ivan Turguénev (1818-1883) fue, dentro de los escritores rusos del siglo XIX, el más europeo o, dicho en negativo, el menos eslavo. Tanto por creencias como también por la vida, pues se alejó del eslavismo, aproximándose a Occidente. De hecho, murió en la comuna de Bougival, Francia. Nada que ver, por tanto, con sus contemporáneos, un Fiódor Dostoyevski (1821-1881), un León Tolstói (1828-1910) o un Nikolái Gógol (1809-1852).

De Louis Viardot (1800-1883) hay que recordar que se trató de un escritor francés al que se le califica -no sin razón- como hispanista. De hecho, fue nombrado miembro de la Real Academia Española.

Pauline García (1821-1910), cantante de ópera y compositora, la tercera en discordia, era hija del tenor Manuel García y de la soprano Joaquina Briones. Por tanto, hermana de María, la que se casó con François-Eugene Malibrán, dando lugar a que la conozcamos con ese apellido. Pauline, por su parte, matrimonió con el citado Louis Viardot y de ahí que sea conocida como Pauline Viardot.

Los tres -Turgénev, Viardot y Pauline- formaron en efecto un trío, en todos los sentidos del término. Y lo que hace este libro es situarlos como protagonistas de la historia europea en el periodo que, por poner fechas concretas, transcurre entre 1850 y 1870.

El trabajo de Figes -historiador británico, nacionalizado alemán en 2017, bien conocido sobre todo por sus estudios sobre Rusia y que ha dado lugar a varias reseñas en esta misma revista- ha sido muy celebrado. Y con toda la razón. El autor es, si se quiere emplear un calificativo convencional, un historiador de la cultura, que, a lo largo de más de quinientas páginas, emplea como hilo conductor el debate entre lo universal -el cosmopolitismo, el internacionalismo, lo que hoy llamaríamos la globalización- y lo particular: los nacionalismos, para entendernos, o, dicho con palabras actuales, las identidades, singularmente en su vertiente territorial. Pero, sobre el telón de fondo de ese dilema eterno, Orlando Figes, que se ubica claramente en pro del primero de los polos, hace especial hincapié en lo que aportó la tecnología: el ferrocarril -el medio de transporte que cambió la vida, porque sirvió para arrimar puntos hasta entonces muy lejanos- y también los modos de reproducción del arte, tanto el sonido -la ópera- como la imagen -el grabado-. Y, por encima de todo, la impresión de libros.

En suma, es en esa época cuando nace el turismo y más en concreto el turismo cultural. Y también, por supuesto, la moda de los casinos, tan vinculada al juego.

Aunque los tres protagonistas del libro -casi una novela- viajaron mucho, su centro de operaciones fue París o su entorno, el París del segundo imperio y de la exposición universal de 1855 (como réplica de la de Londres de 1851). La ciudad de Haussmann, en efecto. Y por las páginas del texto desfila todo el que significa algo: Brahms, Berlioz, Gounod, Víctor Hugo, George Sand, Rossini, Offenbach, Saint-Saëns, Flaubert, Bizet y Wagner, por citar solo a unos cuantos, a su vez entreverados por vínculos de todo tipo. Una verdadera pandilla, si se quiere explicar con esa palabra tan coloquial. El autor ha optado -otra decisión discutible pero probablemente acertada- por otorgar el protagonismo a segundones -los tres citados al inicio-, pero sin prescindir de las estrellas, como las que se acaban de mencionar. El resultado es un crisol de personajes que hace que el lector tenga que estar con un bolígrafo en la mano para que no se escape ningún detalle.

Puestos a buscar lo que con palabras de Stefan Zweig llamaríamos los momentos estelares, quizá pudiera ponerse el foco en las escenas por así decir más intimistas: el encuentro, nada plácido, entre Turgénev y Dostoyevski en Baden Baden en 1867 -páginas 352 a 356- y también las confidencias de Flaubert -un Flaubert ya en decadencia- en páginas 436 a 440. Pero sin que esa selección -arbitraria, como cualquier otra- puede dar lugar a equívoco, porque lo que de verdad vale es el conjunto y no las piezas sueltas.

El libro no concluye con la batalla de Sedan, del famoso 2 de septiembre de 1870, pero sí considera esa fecha como un hito -para mal- en la historia europea, la historia de las mentalidades, si es que se quiere hablar así. Lo que vino más tarde -la pintura impresionista y las exposiciones de París en 1878 y 1889, gloria y prez de la Tercera República, por ejemplo- pudo ser por supuesto brillantísimo, pero la batalla, ¡ay!, se había decantado del lado malo. Bien puede decirse que, casi ciento cincuenta años más tarde, no hemos salido del agujero.

Aunque, como suele suceder, no sin que en esos últimos treinta años del siglo, sucedieran -y Figes se detiene a relatarlas- cosas dignas de mención, como la aprobación de normas internacionales, como en Convenio de Berna de 1886, para proteger los derechos de autor. Lo que se llevaba anhelando tanto tiempo: una buena normativa forma parte del progreso tecnológico. Es el software.

La obra, se insiste, ha recibido muchos comentarios, casi siempre elogiosos. Y con justicia. Suele decirse -recientemente por Rafael Núñez Florencio en esta misma Revista, sin ir más lejos- que no hay nada tan cambiante como el pasado. Es una manifestación sin duda sarcástica, justificada -en España y no solo- en las manipulaciones a las que la historia se ve sometida con los propósitos innobles que están a la vista de todos. Del libro no puede afirmarse, por supuesto, que sea neutral ni que parta de premisas indiscutibles -siempre que se le pone una fecha precisa a algo tan continuo como la historia se está entrando en un terreno pantanoso-, pero sí se debe reconocer que Orlando Figes ha hecho un esfuerzo descomunal. Primero, en recoger cientos, miles de datos: sobre personas, sobre obras musicales o literarias, sobre ciudades y sobre casi cualquier detalle. Y segundo, porque un empeño tan ambicioso, y por ende tan arriesgado, ha terminado arrojando un resultado no ya bueno sino espectacular, aunque solo sea por el enorme goce que proporciona a los lectores. No es un libro para una tarde. La lectura se toma muchas horas, pero al acabar tiene uno la impresión de que se le ha abierto el apetito de saber y que le gustaría haber seguido.

Típico libro para regalar. Seguro que queda uno muy bien.

Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Politécnica de Madrid.

 

 

[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

 

Escrito por Joseph Hodara

No pocos conocieron impagables deudas con Sara Bernhard. Cuando en 1870 París fue invadida por Prusia apurando al monarca Napoleón III a fugarse de la ciudad mientras miles de jóvenes soldados resistían al invasor, Sara no dudó en convertir su teatro Odeón en un hospital con el propósito de ofrecer atención y consuelo a los heridos. Un acto que acaso no sorprendió a médicos y soldados leales a Francia y que contrastaba con el del cobarde monarca. Una mujer que era ya sensual y celebrada figura en los escenarios de París después de haber conocido una áspera adolescencia. Y en el devenir como actriz y judía se presentará en múltiples escenarios desde Londres a Moscú y desde Nueva York a México y Buenos Aires, ante múltiples auditorios que, con escasa o nula comprensión del francés, se sintieron atrapados por su voz y semblante sin igual.

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Y años después, cuando un torcido tribunal militar pretendió juzgar a Alfred Dreyfus por presunta traición, Sara se unió a Émile Zola en una encendida protesta contra una trama que reveló una vez más que el odio al judío se manifestaba incluso en regímenes que se declaraban gobernados por la tolerancia y la fraternidad. Ciertamente, pagó alto precio por esta actitud no solo en los escenarios en los que interpretó a Shakespeare y a Dumas. Entre otros, también su hijo se alejó de ella por haber asumido actitudes que él apenas comprendía.

Los primeros años

Inserta en altos niveles de la aristocracia francesa, su madre Judith matizaba sus días y noches con múltiples amantes. Con alguien de ellos se embarazó y dio a luz a Sara en junio 1844. En el andar del tiempo, ya sea para abreviar sus labores como madre, o ya para reducir las penurias que como judía había conocido, Judith resolvió que el bautismo y el ingreso a un convento abrirían un tranquilo camino a ella y a su hija. Con este cálculo la hizo bautizar en la temprana adolescencia e ingresar a un convento. Sin embargo, uno de sus amantes prefirió facilitar a Sara otra opción. Le condujo a la música y al juego teatral que a la sazón matizaban el ocio de la nobleza y de la burguesía parisinas.

En estas circunstancias y en el paso de los años, Sara empezó a interpretar modestos papeles en obras de Dumas y de Racine en el teatro Odeón sin distinguible resultado. Resolvió entonces peregrinar por diversas capitales europeas e intimar con casuales amantes, apegada por momentos al caprichoso ejemplo de su madre. Con uno de ellos se embarazó y dio a luz a Maurice, quien en el paso del tiempo será su agente teatral y un empedernido devoto de los juegos de azar. Después de diversas aventuras se reincorporará- esta vez con superior acierto- al teatro, interpretando personajes inventados por A. Dumas y J. Racine. Cuando se veía económicamente apremiada apelaba a su abuelo, un judío ortodoxo que residía en Holanda.

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Sus peculiares interpretaciones de celebrados personajes interesaron y conmovieron a múltiples audiencias. Frisando los treinta años se insertó en la Comédie Française, entonces el escenario más importante de Europa. Sus interpretaciones como el Figaro de Beaumarche, Margarit en las Camelias de Dumas y el Hamlet de Shakespeare suscitaron la admiración y el aplauso de amplias audiencias. Incluso S. Freud -cuando residía en París para ampliar sus escarceos en la psiquiatría- apuntó en repetidas cartas a su prometida esposa la admiración por la joven actriz.

En los ochenta recorrió Europa desde Londres a Leningrado. El francés no siempre fue comprensible para múltiples audiencias, pero su voz y su inquieto perfil encendieron sin treguas la admiración y los aplausos. Y para sorpresa de no pocos inició entonces el primero de sus múltiples tránsitos por el mundo desde Estados Unidos a México y Argentina, sin prescindir de Australia. Incursiones atrevidas y sin precedentes, considerando los lentos medios de transporte de aquellos tiempos.

Por ejemplo, el emperador Pedro II la recibió en Brasil y allí conmovió a un afrancesado público. Como prueba de su admiración, don Pedro obsequió a Sara un diamante que por su habitual descuido bien pronto interesó a algún ladrón. En una de sus actuaciones, resbaló y cayó de rodillas. Un infeliz accidente que en el andar de los años obligará la amputación de su pierna derecha.

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No solo el teatro fue su inesquivable obsesión. También la pintura y la escultura, dominios en los que dejó testimonio de su personal figura y de los múltiples personajes que interpretaba. Al despuntar el nuevo siglo resolvió levantar su propio teatro en el centro de París. Y en este marco exigió a las damas que asistían quitarse el sombrero en la audiencia para no estropear la vista de los que se sentaban detrás de ellas, y prescindió de los molestos claqueros tradicionalmente empleados para encender el aplauso del público. Hábitos y artificios que le irritaban.

Sin prescindir de sus amantes, contrajo matrimonio con Jacques Damala, un griego once años más joven que ella. Adicto a las drogas, Damala tempranamente falleció. Fue enterrado en Atenas, y Sara visitará a menudo su tumba.

Para gozar con personas cercanas sumadas a perros, aves y tortugas que admiraba, dispuso construir un castillo en una isla cercana a la costa francesa de Bretaña. Allí gozaba sus pocos tiempos libres. En marzo 1944 este pétreo refugio será destruido por los alemanes.

Al encender la primera guerra europea, Sara recorrió las trincheras presentando guiones teatrales para diversión y consuelo de los soldados. En 1916 viaja a USA en un intento de conducir a la opinión pública a un entendimiento con Francia. Y sin treguas, con la pierna amputada, allí actuó en más de 150 escenarios en múltiples ciudades.

Sara- mujer singular- falleció en 1923 a los 78 años. Miles acompañaron la carroza, y en su tumba hoy aparece una sola palabra: Bernhardt.

 

[Fuente: http://www.diariojudio.com]

Em Camaçari (BA), o fechamento da multinacional impacta todo o mercado de trabalho: de lojas de autopeças a colégios e babás. 118 mil empregos podem ser varridos do mapa, considerando-se a cadeia indireta de produção da empresa

Escrito por Hellen Guimarães

A segunda-feira começou agitada como tantas outras na casa de Luzinete Barros Bonfim, moradora de Camaçari, na Bahia. Era 11 de janeiro. Às cinco da manhã, a campainha tocou pela primeira vez, anunciando a chegada de uma menina de 3 anos de idade. Às sete horas, foi a vez de outro bebezinho. Há cerca de dois anos, as crianças passam o dia sob os cuidados de Bonfim – tanto a mãe da menina quanto o pai do menino são funcionários da fábrica da Ford e não têm com quem os deixar quando saem, de manhã cedo. Dona de casa, a baiana de 52 anos trabalha como babá para complementar a renda de sua família. Todos os dias, cuida da menina até as três da tarde e, do menino, até as seis. Naquela segunda, quando a mãe da primeira criança foi buscá-la, Bonfim recebeu dela a notícia que mudaria tudo: a montadora de carros havia anunciado o fechamento de suas fábricas no Brasil, demitindo, com isso, a maior parte de seus 6 mil funcionários. Desses, 4,6 mil – o equivalente a 75% – trabalhavam na unidade de Camaçari. Entre eles, os pais das duas crianças que estavam, até aquele momento, sob a supervisão de Bonfim.

Não tardou para que a babá fosse demitida, numa pequena amostra do efeito dominó que se impõe quando uma grande empresa fecha as portas em uma cidade que gira em torno de sua planta industrial. O que ocorreu em Camaçari, município de 300 mil habitantes, repetiu-se em Taubaté, em São Paulo, e também está previsto em Horizonte, no Ceará, onde a última fábrica da montadora será fechada até o fim do ano. Segundo estimativa do Departamento Intersindical de Estatística e Estudos Socioeconômicos (Dieese), o impacto da saída da Ford do Brasil deve ser vinte vezes maior do que apontam os números oficiais. Calcula-se que mais de 118 mil empregos podem ser varridos do mapa, considerando a cadeia indireta de produção da empresa.

“Quando veio o anúncio de que a fábrica iria fechar aqui na cidade, muitos pais de família ficaram desempregados. Foi um baque para todos nós”, lamenta Bonfim. Embora ainda tenha outras quatro crianças de quem cuidar, ela perdeu mais de um terço de sua renda. “Era um dinheirinho a mais que entrava. O preço que eu cobro varia de acordo com o horário, se a criança vai comer aqui ou não. As duas crianças que eu perdi eram justamente da faixa mais cara. Agora, infelizmente, os pais não têm como manter essa despesa.”

Quando a Ford chegou em Camaçari, em 2001, Bonfim ainda não trabalhava como babá. Porém, em pouco tempo a empresa começou a fazer parte de sua vida. De suas cinco irmãs, duas foram contratadas para trabalhar na fábrica naquele mesmo ano. A dona de casa só decidiu lançar-se na nova carreira quando, em 2008, ela e sua família se mudaram para o bairro de Ponto Certo, que fica a apenas 7 km da fábrica da Ford. Numa vizinhança repleta de funcionários da montadora, ela largou o emprego de copeira em um restaurante e se tornou babá. Desde então, essa vinha sendo sua única renda própria, com a qual banca seus próprios gastos e contribui para o INSS. Seu marido trabalha há anos no Polo Industrial de Camaçari, complexo petroquímico fundado em 1978. O casal tem dois filhos.

Desde aquele 11 de janeiro, Bonfim passou a notar um movimento menor de pessoas nas ruas. “A cidade parece mais vazia, o comércio ficou meio caído. O clima é de muita tristeza.” Ela deposita suas esperanças na possibilidade de que outra empresa assuma as instalações da Ford, preservando assim parte dos empregos. Recentemente, a imprensa noticiou que o Grupo Caoa, principal revendedor da Ford no Brasil, avalia comprar a fábrica de Camaçari. “Depois do Polo Industrial, a Ford era o maior ponto de geração de renda da cidade. Estou torcendo para que outras empresas venham e consigam suprir essa perda.”

Em outra parte de Camaçari, Kaíque Araújo da Silva, um professor de História de 25 anos, também sentiu o impacto imediato do anúncio da Ford. Na escola particular onde trabalha, na periferia da cidade, o mês de janeiro estava mais lento do que em anos anteriores, reflexo da pandemia. Mas o baque veio mesmo quando a notícia sobre o fechamento da fábrica começou a circular: de uma hora para outra, 40% das rematrículas que estavam em andamento foram canceladas. Pais de crianças que já estudavam na escola desistiram de renovar suas inscrições. Desde então, colegas de Silva foram demitidos, enquanto outros tiveram a carga horária reduzida. Para sobreviver, o colégio está cortando gastos onde pode.

“A situação já estava difícil antes, mas agora o clima na escola ficou muito ruim. Sem aluno, não tem demanda. Professores de outras escolas da cidade, sobretudo da rede privada, também vão sofrer com isso, porque têm esse mesmo perfil de pais e estudantes”, explica o jovem professor. Segundo ele, os colégios de Camaçari são muito dependentes da renda gerada indiretamente pela Ford: quando os pais de alunos não são funcionários diretos da montadora, eles trabalham em empresas que prestam serviços a ela.

Silva conta que, dias depois do comunicado da Ford, pediu um Uber para ir de casa até a escola, onde tinha uma reunião marcada. Ao entrar no carro, descobriu que o motorista, um homem de mais de 40 anos, era novato no aplicativo: até poucos dias antes, ele dirigia os ônibus de uma empresa que fazia o transporte dos funcionários da montadora. No dia seguinte ao anúncio de fechamento da Ford, ele deixou de receber os itinerários que deveria cumprir. Imediatamente, baixou o Uber no celular e começou a dirigir pela cidade.

“Ele estava bem cabisbaixo. Era um senhor que, de repente, se viu sem perspectiva de emprego”, relata Silva. “Eu também já noto uma mudança no movimento da cidade. Por aqui, sempre foi muito comum ver os funcionários da Ford bebendo nos bares depois do expediente. Agora não vemos mais isso. O impacto foi grande.”

Gleir Sousa, de 35 anos, estava num momento importante de sua vida. Funcionário da Ford desde 2012, o ferramenteiro tinha acabado de investir alto na construção de um imóvel próprio em Camaçari. Ele mora na cidade há doze anos, desde que se mudou de Betim, Minas Gerais. Deixou a cidade natal ao ser atraído para uma oportunidade de emprego em uma loja de autopeças, fornecedora direta da Ford. Casou na cidade baiana, teve um filho e não tinha planos de voltar para Minas tão cedo. Agora, não tem mais tanta certeza.

“Até ontem, eu estava empregado numa montadora multinacional. Do nada, recebo uma mensagem da Ford pelo WhatsApp dizendo que a empresa está fechada e eu estou desempregado. Em breve, estarei na fila da Caixa Econômica”, desabafou Sousa em uma rede social, na terça-feira, 12 de janeiro, dia seguinte ao anúncio feito pela Ford.

Segundo o ferramenteiro, até então a empresa não tinha dado qualquer sinal de que fecharia as portas. “Na véspera, a Ford transferiu o dia do feriado de São Tomás de Cantuária, padroeiro da cidade: ficou definido que a gente trabalharia na quinta-feira, feriado, e folgaria na segunda, para compensar. Ninguém estranhou, porque eles tinham o costume de fazer isso.” Aproveitando o dia de folga, Sousa foi acompanhar as obras de seu futuro imóvel. Fazia pouco tempo que havia comprado uma grande quantidade de materiais de acabamento. Como depois disso ele pegaria o turno da noite, foi para casa descansar durante a tarde. “Cheguei, tomei um banho e, antes de dormir, resolvi olhar o celular. A primeira mensagem que apareceu foi da minha sobrinha, lá de Minas, falando sobre o fechamento da Ford. Ela me perguntou se aquilo era verdade. E eu não sabia de nada.”

Quando Sousa abriu a conversa que mantém com seus colegas de trabalho, não havia outro assunto: fábrica fechada e produção suspensa. Em seguida, ligou para seu coordenador direto para entender o que estava acontecendo. O chefe também não sabia. Quando deu o horário em que deveria ir para a fábrica, Sousa perguntou ao supervisor se deveria, afinal, sair de casa. Ouviu que era melhor ficar até que houvesse uma posição oficial da empresa.

“Até hoje, nada. Só o que nos enviaram foi um talk paper, ou seja, um aviso interno por WhatsApp, dizendo que as atividades estavam suspensas por dois dias e que receberíamos novas notícias em breve. Não recebemos”, relata o ferramenteiro. Ele não vislumbra a possibilidade de achar um novo emprego em sua área de atuação – ao menos não em Camaçari. “A ferramentaria é um trabalho aplicado em lojas de autopeças, e por aqui esse tipo de vaga era oferecido pelas empresas que forneciam para a Ford. Sem a montadora, todas elas vão fechar. Não vai ter mais mercado. Estou sem saber o que fazer agora. Ainda dependo da Ford para definir quando serei demitido, se já estou demitido, qual será o dia de acertar essas contas, quando a demissão será homologada, e se haverá indenização.”

Agora, Sousa e sua esposa consideram voltar para Minas. Antes disso, porém, ele precisa recuperar o investimento que fez na casa própria. Segundo ele, o cenário de terra arrasada deixado pela Ford não favorece o surgimento de compradores interessados no imóvel.

“Infelizmente, estamos nas mãos dos empresários”, reclama o ferramenteiro. “Eles declaram falência, não pagam ninguém e, do nada, abrem empresa em outro lugar onde esteja jorrando dinheiro. Depois, é só declarar falência novamente e abrir uma filial em outro lugar, com financiamento do BNDES e incentivos fiscais.” Por meio de nota, o presidente e CEO da Ford, Jim Farley, afirmou que o fim das operações da empresa no Brasil faz parte de um conjunto de ações “muito difíceis, mas necessárias, para a criação de um negócio saudável e sustentável”. O texto credita a reestruturação ao fato de que “a pandemia de Covid-19 amplia a persistente capacidade ociosa da indústria e a redução das vendas, resultando em anos de perdas significativas”. A empresa garante ainda que estreitará a colaboração com sindicatos para desenvolver um plano “justo e equilibrado”, que minimize os efeitos do fim das atividades.

 

[Ilustração:  Zé Dassilva – fonte: http://www.piaui.com.br]

Comentário sobre o filme de Ruy Guerra

Mira Schendel, 1964, nanquim e aguada sobre papel, 48.00 cm x 66.00 cm. Reprodução fotográfica Eduardo Ortega

Escrito por ROBERTO SCHWARZ*

Assim como nos leva à savana, para ver um leão, o cinema pode nos levar ao Nordeste, para ver retirantes. Nos dois casos, a proximidade é produto, construção técnica. A indústria, que dispõe do mundo, dispõe também de sua imagem, traz a savana e a seca à tela de nossos bairros. Porque garante a distância real, entretanto, a proximidade construída é uma prova de força: oferece a intimidade sem o risco, vejo o leão, que não me vê. E quanto mais próximo e convincente o leão estiver, maior o milagre técnico, e maior o poder de nossa civilização.

A situação real, portanto, não é de confronto vivo entre homens e fera. O espectador é membro protegido da civilização industrial, e o leão, que é de luz, esteve na mira da câmara como podia estar na mira de um fuzil. No filme de bichos, ou de “selvagens”, esta constelação das forças é clara. Doutro modo, ninguém ficaria no cinema. Por este prisma, a despeito de sua estupidez, resulta destas fitas uma noção justa de nosso poder; o destino dos bichos é de nossa responsabilidade. Noutros casos, entretanto, a evidência tende a se apagar.

A proximidade mistifica, estabelece um contínuo psicológico onde não há contínuo real: o sofrimento e a sede do flagelado nordestino, vistos de perto e de certa maneira, são meus também. A simpatia humana, que sinto, barra a minha compreensão, pois cancela a natureza política do problema. Na identidade perde-se a relação, desaparece o nexo entre o Nordeste e a poltrona em que estou. Conduzido pela imagem sinto sede, odeio a injustiça, mas evaporou-se o principal; saio do cinema arrasado, mas não saio responsável, vi sofrimento, mas não sou culpado; não saio como beneficiário, que sou, de uma constelação de forças, de um empreendimento de exploração.

Mesmo grandes fitas de intenção cortante, como Deus e o diabo e Vidas secas, têm falhas neste ponto – causando, me parece, uma ponta de mal-estar. Estética e politicamente a compaixão é uma resposta anacrônica; quem o diz são os próprios elementos de que o cinema se faz: máquina, laboratório e financiamento não se compadecem, transformam. É preciso encontrar sentimentos à altura do cinema, do estágio técnico de que ele é sinal.

O filme de Ruy Guerra, que é uma obra-prima, não procura “compreender” a miséria. Pelo contrário, ele a filma como a uma aberração, e dessa distância tira a sua força. À primeira vista é como se de cena em cena alternassem duas fitas incompatíveis: um documentário da seca e da pobreza, e um filme de enredo. A diferença é nítida. Depois do boi santo, com seus fiéis, depois da fala do cego e da gritaria mística, a entrada dos soldados, motorizados e falantes, é uma ruptura de estilo – que não é defeito, como veremos.

No documentário há população local e miséria; no filme de enredo o trabalho é de atores, as figuras são da esfera que não é da fome, há fuzis e caminhões. Na mobilidade facial dos que não passam fome, dos atores, há desejo, medo, tédio, há propósito individual, há a liberdade que não há no rosto opaco dos retirantes.

Quando o foco passa de uma a outra esfera, altera-se o próprio alcance da imagem: a faces que têm dentro seguem-se outras que não têm; os brutos são para ser olhados, e humanidade, trama ou psicologia, é só nos rostos móveis que se pode ler. Uns são para ver, e outros para compreender. Há convergência, que resta interpretar, entre esta ruptura formal e o tema do filme. O ator está para o figurante como o citadino e a civilização técnica estão para o flagelado, como a possibilidade está para a miséria pré-traçada, como o enredo está para a inércia. É desta codificação que resulta a eficácia visual d’Os fuzis.

O olho do cinema é frio, é uma operação técnica. Se for usado honestamente, produz uma espécie de etnocentrismo da razão, diante do qual, como ao contato da técnica moderna, o que for diverso não se sustém. A eficácia violenta da colonização capitalista, em que razão e prepotência estão combinadas, transforma-se em padrão estético: imigrou para dentro da sensibilidade, que se torna igualmente implacável, para bem e para mal – a menos que afrouxe, banalizada, perdendo o contato com a realidade.

“Dissolve-se tudo que é fixo e empedernido, mais o séquito das tradições e concepções vetustas… profana-se o que é santo, e os forçados, finalmente, a ver com vista sóbria as suas posições e relações.” Desde o início, n’Os fuzis, miséria e civilização técnica estão consteladas. A primeira é lerda, cheia de despropósito, um agregado de gente indefesa, desqualificada pela mobilidade espiritual e real – os caminhões – da segunda. Embora a miséria apareça muito e com força, as suas razões não contam; está em relação, e tem sinal negativo.

Ao mostrá-la de fora e de frente, o filme se recusa a ver nela mais que anacronismo e inadequação. Essa distância é o contrário da filantropia: aquém da transformação não há humanidade possível; ou, da perspectiva da trama: aquém da transformação não há diferença que importe. A massa dos miseráveis fermenta, mas não explode. O que a câmara mostra nas faces abstrusas, ou melhor, o que as torna abstrusas, é a ausência da explosão, o salto que não foi dado. Não há, portanto, enredo. Apenas o peso da presença, remotamente ameaçador. A estrutura política traduziu-se em estrutura artística.

Já os soldados, por contraste, é como se pudessem tudo. Em padrão citadino são homens quaisquer, de classe baixa. No lugar, entretanto, fardados e ateus, vadiam pelas ruas como se fossem deuses – os homens que vieram de fora e de jipe. Falam de mulheres, dão risadas, não dependem do boi santo, é o que basta para que sejam, efetivamente, uma coisa nova. São grandes cenas, em que a sua empáfia recupera, para a nossa experiência, o privilégio de ser “moderno”: ser citadino é ser admirável. O mesmo vale para o comerciante e o chofer de caminhão. Os seus atos importam; estão à altura da história, cujas alavancas locais – armazém, fuzis, transporte – afetam.

Nestas figuras importa mesmo o que não passe de intenção; a má vontade dos soldados, por exemplo, faz ver soluções alternativas para o conflito final. Noutras palavras, onde há transformação de destinos conta tudo, e há enredo. – Abriu-se um campo de liberdade, em que nos sentimos em casa. A natureza da imagem se transformou. Há psicologia em cada rosto; há senso de justiça e injustiça, destinos individuais e compreensíveis. Os soldados são como nós. Mais, são os nossos emissários no local, e gostemos ou não, a sua prática é a realização de nossa política. É nela que estamos em jogo, muito mais que no sofrimento e na crendice dos flagelados.

Do ponto de vista romanesco, a solução é magistral. Veta o sentimento anódino, obriga ao raciocínio responsável. Concentrando-se nos soldados, que vieram da capital a chamado, para defender um armazém, a trama força a identificação antipática, o autoconhecimento: entre os famintos e a polícia, a compaixão vai para os primeiros, mas é na segunda que estão os nossos semelhantes. Ao deslocar o centro dramático do retirante para a autoridade, o filme ganha muito, pois torna mais inteligível e articulada a sua matéria.

Se da perspectiva da miséria o mundo é uma calamidade homogênea, difusa, em que sol, patrão, polícia e satanás têm parte igual, da perspectiva dos soldados resulta um quadro preciso e transformável: a distância entre os retirantes e a propriedade privada é garantida pelos fuzis, que, entretanto, poderiam franqueá-la. A imagem, como quer Brecht, é de um mundo modificável: em lugar da injustiça frisam-se as suas condições, práticas, o seu fiador. Por força do contexto, os bons sentimentos não se esgotam em simpatia. Onde nos identificamos, desprezamos; de modo que a compaixão passa, necessariamente, pela destruição de nossos emissários, e, neles, de uma ordem de coisas.

Os soldados passeiam pela rua a sua superioridade, mas para o olho citadino, que também é seu, são gente modesta. São, simultaneamente, colunas da propriedade, e meros assalariados, montam guarda como poderiam trabalhar noutra coisa – o chofer de caminhão já foi militar. Mandam, mas são mandados; se olham para baixo são autoridades – se olham para cima são povo também. Resulta um sistema de contradições que será baliza para o enredo. A lógica deste conflito aparece, pela primeira vez, na cena talvez mais forte do filme: quando um soldado, diante de seus companheiros, explica aos caboclos o funcionamento e a eficácia de um fuzil. O alcance do disparo é X, vara tantos centímetros de pinho, tantos sacos de areia, e fura seis corpos humanos.

Até aqui, a informação visa ameaçar. Em seguida, quando especifica pelo nome as peças do fuzil, quer embasbacar. O vocabulário técnico, impessoal e econômico por natureza, é apaixonadamente desfrutado como superioridade pessoal, e talvez mesmo racial: nós somos de outra espécie, a que convém não desobedecer. Contrariamente à sua vocação de universalidade, o saber explora e consolida a diferença. Esta contradição, que em pequeno é um perfil de imperialismo, não vai sem má-fé.

Quando insiste na linguagem técnica, inacessível ao caboclo, o soldado desperta animosidade entre os companheiros, que deixam de rir. O esquema dramático é o seguinte: o vocabulário de especialista, prestigioso para uns, é lugar-comum para outros; para enaltecer-se, o soldado precisa da cumplicidade dos camaradas, que em seguida precisam de seu tombo para reaver a liberdade. A insistência, no caso, torna-se estúpida, logo aprisionada numa engrenagem: a ignorância alheia já não prova a própria superioridade, mas é preciso insistir nela, espezinhar o caboclo mais e mais, a fim de reter, por força da condição comum, de opressores, a solidariedade fugitiva dos companheiros irritados.

Uns nos outros, os soldados veem o mecanismo da opressão de que são agentes. Porque não são soldados só, recusam-se à confirmação recíproca, necessária à raça superior; e porque são soldados também, não vão até o desmascaramento radical. Daí a vacilação na postura, entre o peito inflado e a canalhice. E daí, também, as duas tentações permanentes: a destruição arbitrária dos retirantes, e a desagregação violenta da tropa. Os conflitos ulteriores serão desdobramento deste padrão. Assim o assassinato do caboclo, a briga deflagrada entre os soldados, e a cena de amor, que em sua brutalidade tem muito de estupro.

A série culmina com a violentíssima perseguição e morte do chofer de caminhão. O episódio é o seguinte. Os alimentos devem ser transportados para fora da cidade, para longe dos retirantes, que assistem a tudo sem piscar. Os soldados montam guarda, apavorados com a massa dos famintos, mas exasperados também, pela passividade que estes demonstram. O chofer, que está passando fome e já foi militar, faz o que também para os soldados estava à mão; tenta impedir o transporte dos mantimentos. Caçado pelo destacamento inteiro, é apanhado finalmente pelas costas, e varado por uma carga completa de fuzil. O excesso frenético dos tiros, assim como a sinistra alegria da perseguição, deixam claro o exorcismo: no ex-soldado os soldados fuzilam a sua própria liberdade, a vertigem de virar a bandeira.

Refratada no grupo dos soldados, a questão real, da propriedade, acaba por reduzir-se a um conflito psicológico. O embate das consciências, que tem movimento próprio, se esboça e acirra por várias vezes, e vai ao cabo no tiroteio final. Deflagrou-se uma dialética parcial, moral apenas, de medo, vergonha e fúria, restrita ao campo dos militares, ainda que decida à presença dos retirantes. Trata-se de uma dialética inócua, por sangrenta que seja a luta, pois não empolga a massa faminta, que seria o seu sujeito verdadeiro. É como se, em face do conflito central, o desenvolvimento dramático estivesse fora de centro [1].

Em termos técnicos, o clímax é falso, pois não resolve a fita, que por sua vez não caminha em direção dele: embora o tiroteio seja a culminação de um conflito, não governa a sequência dos episódios, em que se alternam, sempre separados, o mundo do enredo e o mundo da inércia. À primeira vista, esta construção descentrada é defeito; de que serve a sua crise, se é versão deslocada e distorcida do antagonismo principal? Se a crise é moral e o antagonismo é político, de que serve a sua aproximação? Serve, n’Os fuzis, para marcar a descontinuidade. Noutras palavras, serve à crítica do moralismo, pois acentua tanto a responsabilidade moral quanto a sua insuficiência. O nexo importante, no caso, está na ausência de um nexo direto.

Mesmo nas cenas finais, quando há paralelismo entre o campo dos soldados e o campo dos famintos, o hiato entre os dois é cuidadosamente preservado. A devoração do boi santo não decorre da morte do chofer. É um eco seu, como que uma resposta degradada. A perseguição e o tiroteio, embora tenham substrato político, não transmitem consciência aos retirantes, nem organização; mas transmitem excitação e movimento, uma vaga impaciência.

O profeta barbudo ameaça o seu boi-jesus: “Se não chover logo, você vai deixar de ser santo, e vai deixar de ser boi”. Ato contínuo, o sacro comestível, que fora preservado, é transformado, como diria Joyce, em Christeak. Os retirantes, inertes até agora, neste minuto final são como piranhas. – O grupo dos retirantes é explosivo, e a posição moral dos soldados é insustentável. A crise moral, entretanto, não alimenta os famintos, nem pode ser curada pelo que estes fizeram. A relação entre as duas violências não é de continuidade ou proporção, mas não é também de indiferença; é aleatória e altamente inflamável, como sente o espectador.

No filme de enredo, que é de nosso mundo, presenciamos a opressão e o seu custo moral; o close-up é da má-fé. No filme da miséria, pressentimos a conflagração e a sua afinidade com a lucidez. O close-up é abstruso, e não fosse assim seria terrível. No “defeito” desta construção, cujos elementos não se misturam, está fixada uma fatalidade histórica: o nosso Ocidente civilizado entrevê com medo, e horror de si mesmo, o eventual acesso dos esbulhados à razão.

*Roberto Schwarz é professor aposentado de teoria literária na Unicamp. Autor, entre outros livros, de Seja como for (Editora 34).

Publicado originalmente na Revista Civilização Brasileira. no. 9/10, setembro/novembro de 1966.

Ficha técnica


Os fuzis

Brasil, 1963, 80 minutos

Direção: Ruy Guerra

Roteiro: Ruy Guerra e Miguel Torres

Direção de Fotografia: Ricardo Aronovich

Cenografia: Calazans Netto

Elenco: Átila Iório, Nelson Xavier, Maria Gladys, Leonides Bayer, Paulo César Pereio, Hugo Carvana, Maurício Loyola.

Disponível em https://www.youtube.com/watch?v=7bHNKleRVb4

Nota


[1] Meu argumento e vocabulário são tomados, aqui, a um estudo de Althusser, “Notes sur um théatre matérialiste”, em que se descreve e discute uma estrutura desta espécie, “assimétrica e descentrada”. Cf. Pour Marx (Maspero, 1965).

 

[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

Avalanche de prazeres fúteis oferecidos pelo sistema é cada vez mais enfadonha. Mas alternativa seriam o sacrifício e o puritanismo? Ou acenar com o tempo livre, o fim do trabalho alienado e novas relações com a natureza e a sensualidade?

Por mais que aceitemos que somos responsáveis pelas mudanças climáticas, recusamo-nos a ver a oportunidade que elas oferecem para criar modos de vida que sejam melhores para o meio ambiente e mais agradáveis para nós. Isso não só é verdade para pessoas comuns, como também para economistas e outros “especialistas” que levam o aquecimento global muito a sério, mas que não conseguem pensar para além das soluções técnicas que podem nos permitir continuar com nossos modos de vida atuais. A maioria dos políticos e líderes empresariais parece igualmente incapaz de pensar “fora da caixa” do consumismo.

Obcecados como são pelo crescimento econômico e o PIB, não convidam a população e os eleitores a pensar em novas ideias de progresso e prosperidade, e ficam mais do que felizes com os publicitários mantendo o monopólio da imagem e da representação do prazer e de uma “vida boa”.

Até os críticos do capitalismo à esquerda têm-se preocupado mais com as desigualdades de acesso e distribuição que o sistema do que com as maneiras como nos confina a modos de vida orientados pelo mercado. A militância socialista e a atividade sindical no Ocidente têm sido amplamente limitadas à proteção da renda e dos direitos dos empregados dentro das estruturas já existentes do capital globalizado — e pouco fazem para desafiar, muito menos transformar, a dinâmica de “trabalhar e gastar” das culturas mais abastadas.

Mesmo quando a esquerda aborda questões relacionadas à necessidade e ao consumo de forma mais direta, ela tende a defender narrativas de uma “vida simples” para a realização humana, em vez de pensar de forma mais inspiradora nas complexidades e potencialidades do prazer humano, e nas direções barrocamente enriquecedoras que elas poderiam adquirir em uma sociedade pós-capitalista.

Mas a presunção, em todo o espectro político, de que o consumo mais sustentável sempre envolverá sacrifícios, em vez de melhorar o bem-estar, precisa ser enfrentada.

A nossa “vida boa”, hoje é reconhecida como uma das principais causas de estresse e de problemas de saúde. É uma vida muito barulhenta, poluente e desperdiçadora. Nossas rotinas de trabalho e prioridades comerciais forçaram as pessoas a direcionar todas as suas forças para a busca por empregos e carreiras. Muitos, durante a maior parte de suas vidas, começam seus dias em engarrafamentos ou sofrendo outras formas de desconforto causadas pelo trânsito. E passam grande parte do resto delas colados na tela do computador, muitas vezes envolvidos em tarefas entorpecentes.

Grande parte da atividade produtiva em nossas vidas é projetada para aprisionar o tempo na criação de uma cultura material de contínua melhoria da casa, expansão urbana, rotatividade de produção cada vez mais rápida e obsolescência programada. Em outras palavras, excluindo formas de realização humana mais dignas, duradouras ou fascinantes. Nosso sistema atual também lucra enormemente com a venda de bens e serviços para os quais temos muito pouco tempo ou espaço (aqui entra o papel dos setores de fast food, lazer e terapia, ou as academias onde pagamos para caminhar numa esteira porque a ditadura do carro tornou a caminhada em outros lugares impossível ou muito desagradável).

Os movimentos verdes são rejeitados e vistos por alguns como estraga-prazeres, como se estivessem empenhados em nos levar de volta à Idade da Pedra. Mas a “abundância” dos dias de hoje, contaminada por trabalho, escassez de tempo e excesso de lixo, é em muitos aspectos puritana e ofensiva para com a sensualidade. Muito disso nem corresponde a um desejo inato nosso de trabalhar constantemente e consumir mais. Se assim fosse, os bilhões gastos em publicidade e preparação de crianças para uma vida de consumo dificilmente seriam necessários.

Um número cada vez maior de pessoas vem percebendo isso e descobrindo, após refletir, que a vida não se reduz a “trabalhar e gastar”. Desencantados com seu estilo de vida estressante, elas começam a revisar ideias sobre o que mais valorizam e desejam. O fato de ansiarmos outra vida com a qual sentiríamos mais prazer é corroborado por uma pesquisa recente que mostra que mais riqueza não nos torna necessariamente mais felizes, e sugere que há algo inerentemente autodestrutivo na busca incessante pelo consumo.

É verdade que as pesquisa precisam ser analisadas com cautela. O que relatamos sobre nosso grau de satisfação nem sempre é o melhor guia sobre como realmente nos estamos saindo. E nem sempre a falta de correlação relatada entre uma renda mais alta e maior satisfação com a vida significa que um consumo maior não melhore o bem-estar. Isso ocorre porque os padrões que usamos para avaliar nosso nível de satisfação podem tornar-se mais exigentes à medida em que nossa experiência de vida muda com o aumento da renda.

Experiência e educação podem melhorar nosso senso de liberdade e potencial pessoal justamente ao gerar descontentamento com nossa situação de vida existente. À medida que aprendemos uma nova habilidade, frequentemente criamos novas formas de frustração e exigências sobre nós mesmos (quanto melhores nos tornamos em um determinado esporte ou tocando um instrumento musical, mais conscientes estaremos daquilo que faz falta em nosso desempenho).

O que deveria, então, ser considerado na estimativa da “boa vida” — a intensidade de seus momentos de prazer mais raros ou seu nível geral de contentamento? A fuga da dor e da dificuldade ou sua superação bem-sucedida? E quem está na melhor posição para decidir se o bem-estar pessoal aumentou: seria inteiramente uma questão de relato pessoal ou aberto a uma avaliação mais objetiva?

Há muito que essas questões estão no centro dos debates, entre a abordagem utilitarista e a aristotélica, para refletir sobre o bem-estar. Enquanto a ênfase da primeira está no prazer e em sua quantificação (deve contar, na estimativa da felicidade, o número de prazeres experimentados ou dores evitadas), o foco aristotélico baseia-se no curso geral de uma vida (o que você foi capaz de fazer com ela — tomando em conta,  portanto, as capacidades, funções e realizações, ao invés de sentimentos mais imediatos de gratificação).

Em defesa de sua posição, os aristotélicos argumentarão que as pessoas nem sempre são os melhores juízes de seu próprio bem-estar e que muito prazer imediato pode também ser obtido com um comportamento autodestrutivo. Além disso, se proibirmos quaisquer avaliações objetivas da “vida boa”, também seremos privados de motivos para criticar formas egoístas e ambientalmente agressivas da busca pelo prazer. Também foi afirmado, de forma relacionada, que uma “felicidade” concebida ou medida em termos de sentimentos subjetivos desestimularia o desenvolvimento do senso de cidadania e solidariedade intergeracional — que é essencial para o bem-estar social e ambiental.

No entanto, a abordagem mais utilitarista não precisa excluir as formas de prazer com orientação cidadã, que vêm com o consumo responsável para com os outros e o meio ambiente. Afinal, o prazer de muitas atividades, como andar de bicicleta, inclui tanto os prazeres sensuais pessoais mais imediatos, quanto aqueles que vêm do fato de não contribuir para o perigo e a poluição do transporte automotivo. Além disso, é difícil, em última análise, legitimar reivindicações sobre o bem-estar de alguém sem alguma medida de endosso da pessoa em questão.

Há, então, uma tensão nas discussões sobre o hedonismo e “boa vida”, entre o privilégio utilitarista do prazer experimentado e o viés mais objetivo da tradição aristotélica. Enquanto o primeiro corre o risco de ignorar os componentes mais objetivos da “boa vida” e da “boa sociedade”, o último faz justiça a esses pilares, mas corre o risco de superestimar, ou até mesmo de preferir o conhecimento superior de “especialistas” por sobre os próprios indivíduos.

Mas aceitar a complexidade de avaliar as afirmações sobre a qualidade de vida e a satisfação pessoal é uma coisa. Negar que haja hoje evidências da natureza autodestrutiva do consumo em constante expansão seria outra bastante diferente. De fato, é consenso de ambos os lados do debate hedonista que a felicidade não reside no acúmulo infinito de coisas. E embora não tenha — e nem possa — a aspiração de resolver as questões filosóficas dessa área, a perspectiva hedonista alternativa destaca as narrativas sobre prazer e bem-estar que estão implícitas nas formas emergentes de insatisfação com a cultura afluente. Assim, busca abrir uma ótica pós-consumista sobre a “boa vida”, que pode se conectar com os sentimentos dos consumidores no aqui e agora.

O “hedonismo alternativo” nesse sentido tenta evitar moralizar a questão do que as pessoas deveriam precisar ou querer (apesar de ser verdade que esses dois não podem ser evitados ao mesmo tempo…), enquanto se relaciona com novas respostas de anticonsumismo. Seu principal interesse, assim, (evocando um conceito do crítico cultural Raymond Williams) é em uma “estrutura de sentimentos” em ascensão, que é ao mesmo tempo perturbada por formas de consumo que antes eram tidas como certas, ciente de antigos prazeres perdidos, e sensível pela primeira vez ao convite a uma nova forma de viver.

Com o aquecimento do planeta, precisamos construir uma resposta que apele para essa “estrutura de sentimentos”. Seu apoio irá desafiar o estrangulamento da ética de trabalho no modo de vida ocidental, será um esforço para alcançar uma ordem socioeconômica na qual trabalho e renda sejam distribuídos de maneira mais justa, em que a coparentalidade e que o trabalho doméstico compartilhados sejam regra, e na qual todos tenham os meios e o tempo para formas sustentáveis de atividades e melhorias de vida.

Se fizéssemos a mudança para uma economia de trabalho menos intensiva, ela iria reduzir o ritmo em que as pessoas, os bens e as informações têm que ser entregues ou transmitidas, e o impacto nas fontes de atrito e nas emissões de carbono seriam de grande impacto para todos. Poderíamos recuperar tempo para nossa vida pessoal e familiar. Diminuiríamos as viagens diárias e adotaríamos maneiras mais saudáveis de deslocamento, como as caminhadas, a bicicleta e os barcos. Supermercados e compras online seriam substituídos por um ressurgimento do varejo de rua, evitando a síndrome da “cidade clone” e dando força às comunidades locais, de maneira que poderíamos reduzir o crime e adotar novas formas de convívio e troca intergeracional.

Tudo isso transformaria a vida rural e urbana, especialmente para as crianças, e proporcionaria mais espaço para a reflexão, além de oportunidades para experiências sensoriais negadas pela rotina atormentada e isolada de trabalho e deslocamento. E os custos para isso acontecer seriam insignificantes em relação aos representados pela organização atual, especialmente se as despesas médicas pudessem ser substituídas por uma saúde pública de mais qualidade, com menos acidentes.

Há, é claro, algumas vantagens e prazeres que teríamos de sacrificar em uma economia de baixo carbono: confortos de vários tipos; algumas das excitações de uma vida acelerada; a facilidade de que dispúnhamos até recentemente das viagens ao exterior. Mas o conforto constante pode tanto satisfazer quanto entorpecer os apetites. A inventividade conseguirá certamente criar uma série de emoções mais ecológicas. Mesmo viagens a lugares distantes nem sempre cumprem sua promessa de oferecer experiências raras, e o ritmo diferente das férias perto de casa também pode ser fonte de formas inesperadas de encantamentos e escape da vida banal.

A mudança para um modo de vida pós-consumismo traz uma perspectiva chocante, dada a estrutura da existência moderna e a subordinação das economias nacionais ao sistema globalizado. Além disso, é irrealista supor que podemos continuar com as taxas atuais de expansão de produção, trabalho e consumo material do último século, para não falar das últimas décadas. Tecnologias mais verdes ajudarão a conter o aquecimento global.

Mas a adoção de alternativas ao crescimento econômico tem que se tornar uma preocupação central no planejamento e na criação de políticas — não ser ignorada ou desprezada, como se fosse uma fantasia impraticável. Além disso, em abalos climáticos ou financeiros, somados a um grande cinismo em relação aos comprometimentos dos governos com o aquecimento global, mais honestidade a respeito desse assunto pode também gerar mais cooperação e respeito de parte do eleitorado — especialmente se for acompanhado de imaginação sobre as singularidades de viver em uma sociedade sustentável. Essas ideias transformadas de “vida boa” podem também ser projetos que os países menos desenvolvidos terão, se quiserem reconsiderar as convenções e objetivos de seu próprio “desenvolvimento”, e evitar algumas das consequências mais indesejáveis do modelo dominante.

Meu argumento sobre o hedonismo alternativo é frequentemente rejeitado e taxado de utópico. Mas há algo bem irrealista na projeção de futuro focada nos “negócios, como sempre”. E dada a urgência atual de políticas de prosperidade que dissociem prazer e realização de consumo de uso intenso de recursos, é importante evitar suposições fantasiosas sobre o que seriam formas globalmente sustentáveis de indústria e estilo de vida. Nós não podemos, é claro, defender acesso igualitário e universal à riqueza e ao estilo de vida ocidental. A demanda por pleno emprego, o fim da austeridade e a segurança econômica para todos devem estar ligadas a demandas de expansão do tempo livre, da diminuição de ritmo da economia e do estabelecimento de uma ordem baseada em uma forma de consumo material essencialmente reprodutiva. A reconceitualização de “progresso” segundo  essas linhas deve oferecer as bases em que nos apoiaremos para pensar sobre arranjos de trabalho e instituições políticas para um futuro socialmente justo e viável.

[Imagem: María Berrio – fonte: outraspalavras.net]

El proyecto ferrocarrilero pretende conectar las principales ciudades y zonas turísticas de la península de Yucatán.

Diferentes colectivos sociales han denunciado que el proyecto invade territorio ocupado por pueblos originarios mayas.

Diferentes colectivos sociales han denunciado que el proyecto invade territorio ocupado por pueblos originarios mayas.

La organización Kanan Derechos Humanos y la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíinbal informaron en sus cuentas oficiales de redes sociales que el Juzgado Tercero de Distrito con sede en Yucatán otorgó la suspensión provisional del Tren Maya en México.

El comunicado emitido por estas organizaciones mexicanas resalta que esta decisión es para que las autoridades se abstengan de realizar nuevas obras públicas mientras se decide la suspensión definitiva y el juicio de amparo interpuesto por las comunidades mayas.

“Personas habitantes en los municipios de Chocholá, Mérida e Izamal, el pasado julio de 2020, decidieron promover, un juicio de amparo por la falta de información durante la consulta pública de la Manifestación de Impacto Ambiental del Proyecto”, precisó la declaración.

Las comunidades denunciaron que la falta de información ha sido responsabilidad de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).

Con la decisión del tribunal, las organizaciones esperan “que se mantenga la suspensión provisional y el Juzgado conceda la definitiva. Asimismo instamos a las autoridades federales a cumplir con las resoluciones judiciales”.

Diferentes colectivos sociales han denunciado que el proyecto invade territorio ocupado por pueblos originarios mayas e intenta convertirlo en « centro comercial y turístico de manera que sea redituable para el gran capital”.

El polémico Tren Maya es uno de los más importantes proyectos de desarrollo y turismo promovido por Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El plan consiste en establecer un servicio de transporte férreo que interconecte a las principales ciudades y zonas turísticas de la Península de Yucatán.


[Foto: EFE – fuente: http://www.telesurtv.net

‘Chegadas, saídas. O antigo camiño de ferro Santiago de Compostela-A Coruña é o título do volume compilado por Manuel Pazos no que fai un percorrido exhaustivo e emocional pola vella vía de tren entre Compostela e A Coruña. Unha viaxe á situación na que está a infraestrutura que logrou manterse en pé até hoxe.
Imaxe da antiga estación de Oroso, hoxe derruída. (Foto: Enrique Castillo)

Imaxe da antiga estación de Oroso, hoxe derruída.

Escrito por Ana Triñáns

« Tentei elaborar un volume que constituíse unha documentación complementaria, non só con carácter técnico senón tamén literaria, con poemas e con fotografía, o que nomeei ‘fotopoemas’, cos testemuños da xente… Un libro para o público xeral ». Así presenta Manuel Pazos o seu volume Chegadas, saídas. O antigo camiño de ferro Santiago de Compostela-A Coruña, editado pola A. C. Obradoiro da História e co patrocinio do Concello de Oroso.

Esta publicación de case 200 páxinas e que combina documentación técnica, mapas, fotografías, versos e memoria oral, tardou en xestarse arredor de ano e medio. Un tempo no que o autor percorreu o tramo da vía férrea da liña Zamora-A Coruña que comunicaba a capital galega, Compostela, e a cidade herculina. Neste camiño puido comprobar en primeira persoa o abandono no que permanece este capítulo da historia socioeconómica da área noroccidental da Galiza.

A obra dos autores Lluís Prieto e Pedro Pintado, O ferrocarril directo á Galiza, foi para Manuel Pazos un cimento importante a partir do que construír a súa obra, coa que, entre outras cuestións, consegue darlle á historia do tren « o carácter galego necesario para entender a xente », e o seu vencello co tren.

A estrutura deste volume

Chegadas, saídas. O antigo camiño de ferro Santiago de Compostela-A Coruña constitúe un documento pormenorizado da historia deste tramo da vía Zamora-A Coruña. Nel, Manuel Pazos compila a cronoloxía dun século de comunicación entre Galiza e Castela por tren, entre 1858 e 1958.

A construción e posta en funcionamento do cuarto treito desta vía, o que uniría as cidades de Compostela e da Coruña, é outro dos capítulos do libro, no que non se pasan por alto nin os anos da represión nin a visita do ditador Franco para inaugurar o tramo, en 1943. « Moita xente maior acórdase da apertura da vía, cando veu Franco », explica Pazos, « moita desa rapazada agora ten arredor dos 80 anos e viron inaugurar o tren, fechar a vía… Nesas persoas ten un impacto que só pasaran 60 anos », recalca o autor.

A partir de aí, a arquitectura que rodeaba cada unha das estacións (con vivendas, almacéns, apeadoiros, depósitos da auga, aseos, túneles…) e a fiel descrición das súas estacións e dos elementos máis destacados do percorrido completan un catálogo ao que se une a memoria oral da xente coa que se entrevistou Manuel Pazos e a combinación poética que elixiu.

Unha ollada desde a lírica

O que le chama « fotopoemas » son conxuntos de fotografías e fragmentos poéticos de autores e autoras de todo o mundo nos que o tren é protagonista. Desde o afamado « Na chegada a Ourense da primeira locomotora » de Curros, até « O tren » que cantaba Andrés do Barro, pasando por Gerardo Diego, Pablo Neruda ou Fernando Pessoa, percorren o volume de Manuel Pazos ilustrando imaxes dos anos 50 e 60 até instantáneas máis recentes daqueles puntos máis importantes da vella vía.

Do abandono á Vía Verde

« O que pasou con esta vía está a pasar con outras, onde se comezan a transformar os percorridos co gallo de habilitalos para os trens de alta velocidade », advirte Manuel Pazos, quen lembra que as estacións « quedaron abandonadas e a xente entrou e levou fotografías, reloxos… ». « Ninguén desde Madrid, desde Adif (Administrador de Infraestruturas Ferroviarias), tivo a preocupación de protexer ese patrimonio, non só arquitectónico senón tamén documental », denuncia.

E o fío da creación da Vía Verde entre a Sionlla e Meirama, o tramo no que xa non queda vía, Manuel Pazos expón que entre o abandono da vía e esta iniciativa « o que non se fixo foi aproveitar os raís, como se fai por exemplo en Escocia, onde se lle dá ao tren un sentido turístico e de proximidade, utilizando locomotoras a vapor con vagóns de época que levan xente e turistas, cobren unha dupla función ». Por iso, o autor de Chegadas, saídas. O antigo camiño de ferro Santiago de Compostela-A Coruña lamenta a chegada desta Vía Verde sobre o que foi parte da nosa historia.

Abandono de túneles e pontes

A vía que unía Compostela e Meirama (Cerceda) desapareceu case por completo e, con ela, chegaron as silvas e as matogueiras aos camiños, aos túneles e aos viadutos. O abandono das estacións e dos apeadoiros carrexou o estrago e espolio do patrimonio arquitectónico e documental que supuña a contorna dunha estación de tren. Este tramo da liña Compostela-A Coruña é o que agora pasará a formar parte da chamada Vía Verde da Sionlla a Meirama.

 

[Imaxe: Enrique Castillo – fonte: http://www.nosdiario.gal]

Escrito por Isaak Begoña Ortiz

Myriam, tangerina de nacimiento y que ronda la treintena, me cuenta durante el trayecto del ferry con rumbo a Tánger que no reconoce esta ciudad en la que pasó su niñez. Un lugar que en los últimos años se ha transformado, de manera vertiginosa, en otro muy distinto. Según sus palabras el aumento de población venida de otros puntos de Marruecos y el dinero del Golfo Pérsico han cambiado su fisonomía: “Los saudíes llegaron para incitar al salafismo y empezaron a pervertir la sociedad de Marruecos con sus petrodólares”, dice con cierta amargura. Ella está casada con un español, tienen un hijo y los tres residen en el País Vasco. Los últimos veranos solo han vuelto a Tánger de manera ocasional para ver a la familia. Este agosto han venido a dejar al chico con su abuela unas semanas, pero ellos no se van a quedar en la ciudad. Sienten que ya no les pertenece.

Literatura internacional

Tánger siempre estará ligada a grandes escritores: Paul Bowles, Jean Genet, Jack Kerouac, Mohamed Chukri, Rodrigo Rey Rosa… La lista es larga y sin lugar a duda este es uno de sus activos inmateriales más importantes, lo que buscaban miles de turistas cuando venían aquí por primera vez. Digo buscaban porque, tal y como me cuenta el filólogo y académico tangerino Abdelkhalak Najmi, el número de veraneantes y divisas extranjeras disminuyó drásticamente en la ciudad a partir de los atentados contra las Torres Gemelas, algo que, a su vez, empeoró el tejido económico de toda la región del Rif y que la crisis económica del 2008 terminó de rematar.

También me cuenta que no solo ha cambiado la geografía física de Tánger, también ha cambiado el habla popular que antes se encontraba durante el protectorado, salpicada de palabras españolas y francesas. Todo ese legado y jerga vernácula se lo ha llevado por delante el cambio de siglo y el tren de alta velocidad. Inaugurado en noviembre de 2018, el nuevo sistema ferroviario de última generación une Tánger con Rabat y Casablanca en menos de dos horas. Esta aventura arriesgada con un coste de más de 2.300 millones de euros está todavía por evaluarse, aunque de momento ya es juzgada por muchos actores sociales y asociaciones, como Stop TGV, que no entienden este desembolso tan grande por parte del Gobierno alauita cuando hay tremendas deficiencias en campos tan importantes como la sanidad y la educación.

Una lluvia de millones que desde luego no ha llegado a la maravillosa librería internacional Les Insolites, perfectamente situada en el número 28 de la calle Khalid ibn Oualid (antes calle Velázquez). Su dueña, Stéphanie, llegó a esta ciudad desde Niza y decidió abrir este pequeño espacio cultural hace diez años.

Durante todo este tiempo no ha recibido ningún dirham de subvención o ayuda pública. Estos días he estado hablando bastante con ella. Me dice que la profesión de librera en esta ciudad debería tener una prima de riesgo. Es una mujer que ha luchado mucho para mantener su negocio abierto, incluso hubo una vez que fue a su banco a decir que tiraba la toalla, pero, una vez allí, le convencieron para que se diese otra oportunidad. Ahora se alegra, ya que la situación económica ha mejorado un poco gracias a una clientela fija que confía en su criterio y hace pedidos de libros desde otros puntos de Marruecos. A estos últimos hay que sumar algunos turistas despistados que entran a curiosear, tomar un té y comprar algún libro.

Stéphanie se queja de lo caro que es montar un negocio para un extranjero en Marruecos y lo difícil que es vender libros a la clase media tangerina. Como sugieren sus palabras, buena parte de ella es demasiado beata y practicante, por lo que es difícil un maridaje con sus autores preferidos y su fondo editorial, más internacional y laico. Para el escritor rifeño Mohamed Saïyd las quejas y el amor están muy cercanos y quizá esta también es un poco la historia de nuestra librera francesa: Le jour où disparaît le reproche, disparait l’amour.

Los que terminan de llegar

Muy cerca de la plaza 9 de Abril, al lado del cine más bonito del norte de África, se encuentra un parque lleno de tumbas y gente en tránsito hacia Europa. Venidos desde todos los rincones del continente, acaban de llegar a la ciudad. Hay madres subsaharianas, casi adolescentes, que dejan a sus hijos gatear entre las lápidas. Al igual que Stéphanie también se quejan, aunque sus motivos son distintos: el maltrato que sufren a manos de la policía marroquí, los atropellos y trabas legales que les impiden trabajar aquí y les convierte, de facto, en mendigos y parias. Maldicen su legendaria mala suerte que les ha dejado varados a este lado del estrecho de Gibraltar.

Me cuentan que se suelen reunir alrededor de la catedral de Nuestra Señora de la Ascensión, donde hay un comedor social, pero que como es agosto el personal se ha ido a España y estos días no hay nadie por allí.

Como muy bien cuenta Mahmud Traoré en su libro Partir para contar, en esta comunidad hay mucha crítica hacia el trato que reciben, hablan sin complejos de la falta de atención que tienen en Marruecos y sobre la ausencia de un amor que, según ellos, debería ser panafricano y cómplice.

Detalle de la fachada del cine Rif, sede de la Cinemateca de Tánger, en la plaza 9 de Abril.

 

Tumbas en el cementerio judío de Tánger, cerca de la plaza 9 de Abril. Foto: Rachid I. Aadnani. Fuente: https://archnet.org/sites/14814/media_contents/128736

[Fuente: http://www.fronterad.com]

« La table à la montagne » dans une cascade de glace. Thibault Cattelain

Écrit par Hélène Michel

Enseignant-Chercheur – Gamification & Innovation, Grenoble École de Management (GEM)

et Marielle Salvador

Enseignant chercheur, comportement du consommateur, marketing de l’alimentation, Institut Paul Bocuse

 

Les beaux jours sont là. Poussés par l’appel de la nature, vous préparez votre prochaine microaventure, cette aventure « courte, proche de chez soi et qui s’insère dans le quotidien ».

Vous avez vérifié vos chaussures de randonnée ou votre vélo. Vous avez repéré l’itinéraire et contacté vos compagnons. Vous prenez votre sac à dos, votre duvet… Mais qu’emportez-vous à manger ? Sardines à l’huile, nourriture lyophilisée, fromage local, grand vin pour un repas de roi ?

Cette question est tout sauf anodine car le repas contribue à forger des souvenirs. Chargé de symboles, il constitue un rituel dont la saveur se décuple en pleine nature. Au menu : lieux et temporalité, aliments, arts de la table, modes de préparation, choix des invités… et un ingrédient magique. À table !

Réenchanter un été pas comme les autres

Au regard des restrictions actuelles en matière de voyage, le tourisme en 2020 devrait faire la part belle au staycation, ce mode de vacances où l’on reste à proximité de chez soi. L’occasion de redécouvrir sa région, mais comment remettre du merveilleux dans un territoire qui nous semble si familier ? Par exemple en décalant le regard et en créant de nouveaux rites. C’est ce que propose la microaventure.

Par rite, on entend une pratique sociale de caractère sacré ou symbolique, qui rend le moment esthétique, le scénarise et marque la mémoire. Il est composé de rituels, c’est-à-dire de pratiques prescrites ou interdites, liées à des croyances magiques ou religieuses, à des cérémonies et à des fêtes, selon les dichotomies du sacré et du profane, du pur et de l’impur.

Le rituel du feu en randonnée. David Lebrun

Dans le contexte de la microaventure, les adeptes se retrouvent et se reconnaissent autour de pratiques susceptibles de devenir des rituels dès lors qu’elles se chargent de symboles. La microaventure requiert ainsi un engagement du corps, elle nécessite au moins que l’on sorte de sa zone de confort, par exemple, en dormant à la belle étoile. Elle renvoie également à la façon de se nourrir durant l’expérience, or l’alimentation se pense traditionnellement à travers des rites.

Nous avons interrogé 10 personnes (5 hommes et 5 femmes) de 35 à 49 ans, vivant dans des Alpes ou à proximité (Savoie, Isère, Hautes-Alpes, Rhône). Cadres moyens, ils vivent pour la majorité en ville, en appartement, et s’échappent régulièrement pour des microaventures en pleine nature, généralement en couple ou entre amis. Nous leur avons demandé de choisir leurs photos favorites de repas et de nous en raconter l’histoire. L’analyse révèle cinq éléments-clés structurant le rituel culinaire de la microaventure.

Lieux et temporalité : un cadre magique

Une constante dans les réponses données est celle de la beauté du lieu : un cadre « magique », parfois un point de vue « exceptionnel » voire même un lieu « secret » et donc rare qui donnent à cette expérience certaines caractéristiques propres au luxe.

Premières neiges. Fabien Cartier-Moulin

Le cadre est toujours associé au repas, ce qui suggère une reconstruction de l’expérience culinaire par nos microaventuriers : l’assiette seule ne suffit pas, elle doit s’enrichir d’un environnement adéquat pour lui permettre de magnifier le moment et de s’inscrire durablement dans les mémoires, comme lors d’une expérience gastronomique.

« Ce qui prévaut c’est de se trouver un beau spot, avec une jolie vue. Pour magnifier le repas. Pour que ce soit impressionnant. » (Fabien)

« On est monté dans un endroit tenu secret. De là où on était, on avait une supervue sur les glaciers et les montagnes. » (Yoann)

L’ergonomie du lieu est minutieusement étudiée avant de s’installer. Une forme de confort est recherchée afin de prendre le temps et profiter de l’instant :

« On choisit en fonction du vent. Si c’est humide ou pas. En fonction de l’inclinaison pour être bien posée tranquille. » (Marianne)

« Tu trouves des pierres tapées par le soleil pour être bien. » (Fabien)

Tea time. Marianne Brun

De même, le moment du repas n’est pas laissé au hasard. Il n’est pas fixé par un horaire mais par les éléments naturels. « Tu manges toujours au sommet. Ou à la redescente. Mais pas à la montée sinon tu n’as plus le jus. Quand il fait beau, selon le programme, tu peux même enchaîner avec une sieste derrière. » (Fabien)

Une fois la contrainte technique ou physique prise en compte, le choix est souvent lié au soleil qui dicte d’autres temporalités.

Des aliments chargés de sens

L’aliment est perçu comme récompense : pour de nombreux adeptes, il est synonyme d’effort accompli. Chacun a alors un aliment qui lui est propre, qu’il met souvent en scène sur les photos : bières pour certains, carottes pour d’autres !

« Parfois en montagne, nous sommes dans un environnement où on ne fume pas. Un copain a proposé de remplacer la clope par une carotte. Tu la mets dans ton sac et quand tu arrives en haut tu as envie de la croquer. C’est la carotte du sommet ! » (France)

La bière au sommet. Marianne Brun

Une distinction s’opère ensuite entre le cuit et le cru. Les aliments crus ou pouvant être ingérés dans l’instant sont réservés aux repas et en-cas de la journée alors que le cuit, nécessitant une phase de préparation, est souvent réservé au soir.

La nourriture lyophilisée est évoquée par les nouveaux initiés. Elle semble faire partie de leurs représentations mentales liées à la microaventure.

« Manger lyophilisé, c’était ma première fois. Et ça m’a plu. C’était rigolo, sympa et adapté à l’aventure. » (Delphine)

Certains se réapproprient cet aliment industriel, en y ajoutant un ingrédient.

« On a emmené de la fondue lyophilisée. Ce n’est pas si mal mais on y a rajouté des morilles séchées pour améliorer cela. » (Hélène)

Pour les microaventuriers confirmés, les plats consommés sont généreux, revigorants (raclette, fondue, riz) et surtout partagés : un plat où chacun a mis la main à la pâte. Au centre, le feu sert à la cuisson mais fait aussi office de lieu de rassemblement, de partages et d’échanges. Enfin, le breuvage est une autre constante : si la bière, bue individuellement, est associée à la récompense, le vin est destiné à être partagé pour sublimer la magie de l’instant.

L’alimentation sert aussi à s’approprier le lieu. La boisson ou l’aliment est un facteur de lien avec l’histoire de l’endroit et ceux qui ont tracé la voie.

« Il y a du fromage et du saucisson, de la bière ou du rouge. Comme les anciens faisaient en montagne. » (Clément)

Une place centrale est faite aux produits locaux qui participent à une appropriation symbolique du lieu par leur ingestion. Cela va même jusqu’à boire l’eau des rivières (pour Marianne) ou n’utiliser que le bois du lieu pour faire cuire des aliments (pour Clément).

Les arts de la table en pleine nature

Mettre une bouteille de vin dans son sac à dos nécessite d’anticiper le transport et la dégustation. Certains le transvasent dans un contenant en plastique mais l’expérience s’avère décevante.

« J’avais mis du vin dans deux petites bouteilles en plastique pour le soir. Il aurait dû être pas mal mais une fois arrivé là-haut, bu dans la bouteille plastique, il n’avait pas le même goût. Je ne l’ai même pas fini. » (Delphine)

D’autres conservent la bouteille et emportent même un verre à pied. Quitte à s’encombrer, transformons le transport en défi !

« J’ai un verre à vin grand, gros, fragile. C’est un challenge de l’emmener ! Ça a un côté rigolo. Et ça valorise le breuvage. » (Yann)

À chaque couteau son aventure. Fabien Cartier-Moulin

Le couteau fétiche, l’Opinel, tient quant à lui une place à part. Il est évoqué comme élément déterminant, moins dans son usage que pour ce qu’il évoque pour ses propriétaires. Souvent reçu en cadeau, il rappelle non seulement la personne qui l’a offert mais également « l’esprit du lieu ».

À l’image des produits locaux, l’Opinel par sa filiation avec un terroir devient un élément d’incorporation symbolique du lieu pour son propriétaire. « Je suis en Savoie donc j’emmène un Opinel ! » nous explique Clément. Certains, comme Fabien, en ont même plusieurs, en fonction des aventures à vivre. Ils sont alors exposés tels des trophées.

Les modes de préparation et les ustensiles

Nous avons évoqué la place importante du feu dans le rituel culinaire de la microaventure. Certains parlent même de cérémonial, à l’image de la cérémonie du thé. Les interviews réalisées ont révélé l’utilisation d’ustensiles de préparation encombrants voire surprenants mais partie intégrante du rituel culinaire : plat à paëlla qui permettra le partage du repas du soir (David), marmite (Clément) ou encore… tronçonneuse (Yoann) !

« On a fait une bûche finlandaise. On creuse à l’intérieur d’une bûche à la tronçonneuse. On a pris des pommes de pin, des morceaux de sapin et épicéa pour allumer le feu. On a trouvé une ardoise pour mettre sur la bûche. Le temps de tout mettre en place, cela nous a pris une heure. » (Yoann)

Les chamallows grillés. David Lebrun

La commensalité désigne l’art de partager son repas. Le plaisir gustatif grandit dans le partage. Le feu apparaît comme un de ces éléments : cercle autour duquel on se rassemble, pour se réchauffer, pour échanger tout en cuisinant ensemble. C’est aussi une sorte de « retour aux sources », fait le soir et le matin au lever du soleil.

« Le feu prend une grande place là-dedans. Cela a un côté rassurant. C’est aussi la chaleur. Et le fait de cuisiner sur le feu, cela lui donne une autre fonction, une autre dimension. » (David)

« Cette commensalité s’obtient chez certains lorsque l’on « apporte un truc (à manger) qui a de l’affect. » (Fabien)

À la manière d’un hôte qui reçoit, chacun doit apporter un cadeau pour rentrer dans le cercle des autorisés à vivre pareil moment. On est là dans le don cérémoniel qu’ont développé des chercheurs à la suite de Mauss (1923) sur les marqueurs anthropologiques de l’échange.

Parfois même, le cadeau doit avoir été fait par la personne elle-même.

« Je dis aux copains : tu prends ce qui te fait plaisir et tu partages. Un truc qu’ils ont fait eux. Moi je fais des conserves. Des tomates séchées. » (Fabien)

« J’emmène du génépi, que j’ai fait moi-même en allant cueillir les fleurs près du Grand Paradis l’été précédent. » (Hélène)

Raclette sauvage sur bûche finlandaise. Yoann Genier

Lacommensalité de la microaventure s’exprime par des éléments de partage mais ne s’immortalise pas sur pellicule : presque aucune des photos données par nos répondants ne met en scène les participants.

L’expérience sensorielle suffit à satisfaire nos répondants dans la construction de souvenirs mémorables. D’autant plus que d’autres éléments favorisant la mise en scène du rituel culinaire sont parfois mobilisés pour ajouter une touche de magie à l’expérience.

La guirlande magique. Hélène Michel

Guirlande ou nappe blanche : la mise en scène du rituel

En microaventure, l’individu dirige sa propre mise en scène et mobilise pour cela tous les éléments qu’il a à sa disposition : aliments, ustensiles, éléments naturels (le bois, le feu, l’eau des rivières). Mais il arrive qu’un adepte apporte un élément supplémentaire qui participera, via la surprise que son introduction suscite, à enrichir l’expérience.

« Manger dehors, mais avec une guirlande. J’adore cette rupture. La surprise générée. Souvent j’apporte un aliment ou un accessoire surpris. Pour surprendre et faire plaisir. Et on se souvient ainsi encore plus fortement du moment. » (Hélène)

« Ce que j’adore faire en randonnée, et surtout avec les citadins, c’est juste avant de manger tu dis “oh… ça aurait été bien de prendre une bonne bouteille de rouge ! Puis au deux tiers du repas tu sors une bonne bouteille. Et tout le monde fait « Ahhhhh”. » (Fabien)

Cet élément, un objet banal de la vie quotidienne, devient incongru dans le contexte de la microaventure : guirlande d’Hélène, grand verre à pied de Yann ou bouteille de vin surprise de Fabien. L’objet se révèle source de satisfaction et de ravissement.

« La table à la montagne » à Saint Honoré. Nadia Probst

Dans une démarche poétique, Nadia pousse la théâtralisation encore plus loin en emmenant « la table à la montagne », avec nappe blanche et vaisselle pour recevoir son invité devant des mets locaux soigneusement cuisinés.

Peut-on mettre la microaventure en boîte ?

L’instauration de rituels culinaires magnifie l’expérience et donne une saveur nouvelle à la microaventure. Mais sommes-nous tous capables d’organiser une telle cérémonie quand il s’agit de détecter les produits typiques à emporter, porter sur son dos un wok ou une table en bois pliante, ou découper une « bûche finlandaise » ?

Insidentes : chaise grandeur nature. David Lebrun

Heureusement, la gamme de l’équipement outdoor s’élargit pour accompagner ce rituel en proposant des ustensiles permettant de cuisiner en pleine nature. Pour procéder aux rituels culinaires, des espaces sont scénarisés pour créer des lieux d’exception : ainsi David disposera sa chaise géante en bois en pleine nature tel un objet spectaculaire qui nous fait sentir encore plus petit devant un paysage. En ajoutant de l’incongru, en décalant les proportions, on accentue le côté dramaturgique du moment.

Mais ces pistes restent volontairement brouillées. Il ne s’agit pas ici de signaler les aires de pique-nique ou d’installer des barbecues. Une façon d’accompagner la microaventure pourrait être d’autoriser plus largement feux et bivouacs en responsabilisant ses adeptes. Car la magie du rite tient à son côté symbolique, libre et éphémère. Il n’est pas question de la formater pour la rendre totalement accessible. À l’idée de se rendre dans un lieu aménagé pour faire du feu, Clément rigole : « Je ne suis pas un Américain, moi ! »

 

[Source : http://www.theconversation.com]

IMAGE: Plenty

Escrito por Enrique Dans

Nate Storey, fundador de una startup de lo que se ha dado en llamar AgTech, o tecnología aplicada a la agricultura, está convencido de que el futuro de los cultivos vegetales es vertical y en interiores, algo que permitirá obtener cosechas en cualquier lugar del mundo y abastecer los mercados localmente. Su compañía, Plenty, acaba de conseguir la demostración práctica de que unos dos acres (unos 8,100 metros cuadrados) en disposición vertical y en régimen de cultivo hidropónico producen más que un terreno de cultivo convencional de casi 720 acres.

La compañía, que utiliza intensivamente robots y algoritmos para la dosificación de los nutrientes en vegetales y frutas, cerró el pasado octubre una ronda de financiación de 140 millones de dólares que eleva el total obtenido hasta los $500 millones, reflejando el creciente interés inversor por este tipo de tecnología. Otras empresas también en el área de San Francisco, como Iron Ox Robotic Farms, recurren también a la robotización para todo tipo de procesos, desde el sembrado a la dosificación de nutrientes o la cosecha, y obtienen rendimientos similares.

La alta densidad de cultivo y el control que puede ejercerse sobre la producción, que reduce drásticamente la incidencia de plagas y enfermedades, unida a la reducción de los costes de transporte (un cultivo de este tipo puede hacerse en cualquier sitio) lleva a un recálculo drástico las economías del negocio, cuyos costes fundamentales pasan a ser la mano de obra especializada (razón por la cual se incide en la robotización), la amortización de la instalación inicial, y la energía, cada vez más barata y eficiente gracias al desarrollo de la energía solar y de la tecnología LED para la iluminación.

Otra compañía fundada hace tres años, la finlandesa iFarm, levantó el pasado agosto una primera ronda de cuatro millones de dólares. La empresa proporciona tecnología a unos cincuenta proyectos en Europa y Oriente Medio con un total de 11,000 metros cuadrados de explotación, y es capaz de automatizar el cuidado de alrededor de 120 variedades de plantas, con el objetivo de llegar a 500 para 2025 (afirma que agregan diez nuevas variedades de cultivo cada mes).

Otras, como Rise Gardens, que obtuvo $2.6 millones en capital semilla a finales del pasado mayo, se centran en ofrecer kits de hardware y software para el cultivo hidropónico en el hogar, que se ensamblan en 45 minutos y vienen en tres tamaños diferentes, al estilo IKEA, que también tiene una oferta de productos similares. Otras, como la alemana Infarm, ofrecen instalaciones de este tipo a negocios como tiendas y restaurantes, y han tenido también buena acogida entre los inversores.

Y hay bastantes más: Bowery FarmingBrightFarmsFreight FarmsAeroFarms… un panorama movido tanto en número de compañías como en inversión, que parecen presagiar una orientación cada vez mayor hacia este tipo de cultivos. Un modelo completamente distinto al de las explotaciones convencionales (que no obstante, también están experimentando su fuerte transición tecnológica), que puede instalarse en cualquier nave industrial en cualquier sitio o incluso en un contenedor (o en el espacio), y que promete una transformación similar a la que ya obtuvimos en su momento con los cultivos bajo plástico. ¿Procederán de este tipo de explotaciones los vegetales que consumiremos en el futuro?

 

[Fuente: http://www.enriquedans.com]

As Neves foi outro dos topónimos deturpados, recollido como ‘Nieves’.

Topónimos deturpados nun tren de Renfe

Topónimos deturpados nun tren de Renfe | Fonte: A liña do galego

A polémica da lingua, tema espiñento coma poucos, vén de cruzar camiños cunha das empresas máis criticadas nos últimos meses: RENFE. A entidade pública, que dende o desconfinamento de xuño vén de recibir ataques pola redución de traxectos en Galicia, segue a colleitar o rexeitamento dunha parte de tuiteiros galegos que, estes días, atoparon indignante un novo movemento da compañía.

Desta vez, a cousa vai de lingua, e ten que ver cos anuncios que os trens da compañía con sede en Madrid fai das vilas galegas polas que pasa o seu servizo. As alarmas saltaron cando os usuarios dun traxecto saínte de Vigo advertiron que algúns dos topónimos galegos foron recollidos pola compañía nunha forma castelanizada, ben diferente da recoñecida como legal polas institucións.

En cuestión de minutos, as imaxes publicadas contaban con múltiples mostras de rexeitamento por parte dos tuiteiros da esfera galega.

[Fonte: http://www.galiciaconfidencial.com]

Escrito por Rosauro Varo

Hay rostros que representan mucho más que cualquier símbolo nacional. Que son en sí mismos un himno, un escudo, una bandera, o todo eso a la vez. Como si las líneas que dibujan sus facciones también surcaran el camino recorrido y por recorrer de un pueblo. Y como si a través de su expresión o de su voz se manifestara y cantara el espíritu de un país entero. Así, podríamos pensar en el Mali de Oumou Sangaré, el Senegal de Youssuou N’Dour, la Sudáfrica de Miriam Makeba, la Angola de Bonga…Y por supuesto, el Cabo Verde de Cesária Évora. Cuando viajé a este archipiélago atlántico hace dos veranos, me sorprendió la omnipresencia de su figura, presente no solo en los billetes de 2000 escudos, sino en incontables retratos en comercios, casas particulares o edificios públicos. Incluso presidiendo con una estatua el aeropuerto de la isla de San Vicente, que lleva su propio nombre. Y era de lo más habitual escuchar sus canciones en la calle, en algún bar o cualquier medio de transporte. Las canciones de una artista que es cabeza de cartel de un caladero musical increíblemente fértil, diseminado a través del conjunto de las diez islas que componen el país. Pero también alrededor del mundo, espoleado por una diáspora que, por motivos fundamentalmente económicos, ha hecho que los caboverdianos en el extranjero superen en número al de sus propios habitantes. Desde la vastedad oceánica que rodea esas islas, su influjo se ha extendido y consolidado a nivel global para hacer de la música caboverdiana una de las más famosas y escuchadas del continente africano. Enriquecida por múltiples influencias culturales que se entrelazan llegadas de África, Europa y América, sus sonidos son un híbrido que transpira aromas marítimos y que posee, gracias a dicha mezcolanza, una idiosincrasia única, que se aleja orgullosa de tópicos prefabricados. Como el mismo Cabo Verde.

Retrato de Cesária Évora en una puerta de Cidade Velha (Isla de Santiago), considerada la primera ciudad fundada por colonos en el África tropical.

Porque existen países que se resisten a caer en mistificaciones. De hecho, visitarlos supone la destrucción de ideas preconcebidas por la ignorancia y el desconocimiento. Pero, como me dijo una vez un gran amigo asturiano, no hay nada más sano que desmontar tus propios prejuicios. Cabo Verde no es esa imagen de voluptuosidad tropical que se espera sentir nada más pisarlo, rezumando a borbotones en cada uno de sus paisajes y de sus gentes. O sí. Pero no solo eso. Porque Cabo Verde también es una tierra rodeada de horizontes de agua cargada de saudades, con una naturaleza lejos de la frondosidad verdosa que uno imagina y con un carácter que guarda el eco doliente de aquellos esclavos con los que Portugal pobló estas islas. Ellos fueron los que hicieron nacer el kriolu, lengua criolla nacida de la herencia colonial, el idioma que engasta las músicas caboverdianas y con el que suenan la melancolía de la morna, los ritmos latinos de la coladeira, el sensualismo del funana, la ancestralidad del batuke, o la agitación de la tabanka.  Y toda esa esencia confluye en la figura, la mirada y la voz de Cesária Évora, apodada pé na txon, tal y como se llamaba en Cabo Verde a aquellos que no tenían la fortuna para poseer unos zapatos. Aunque con esos pies descalzos ha guiado la ruta de un elenco interminable de artistas como Bau, Nancy Viera, Ildo Lobo, Lura, Tito Paris, Ceuzany, Teófilo Chantre, Fantcha o la de Mayra Andrade, una de sus cantantes más cotizadas en la actualidad.

Mayra Andrade – Afeto (Official Video) – YouTube

Mayra Andrade, radiante heredera de Cesária Évora, forma parte de esa diáspora caboverdiana que navega por su legado transatlántico y que bebe del tridente formado por las culturas europea, africana y americana. Así, en su reciente disco MangaMayra Andrade se nutre sin complejos del afrobeat, las músicas urbanas o la música tradicional de Cabo Verde para cantar los grandes temas de su música y formar un conjunto de canciones de una nostalgia luminosa. En Vapor di Imigrason se canta el sacrificio y la fortaleza de aquellos que tuvieron que migrar. Terra de saudade está cruzada por la tristeza que abona una tierra desesperanzada y que, a menudo, solo te permite abandonarla. En Segredu, las cosas que no se dicen vienen de gotas que no caen del cielo sino del mar. La melodía de Festa de Santiago evoca con nitidez el ambiente lúdico y ceremonioso de sus celebraciones. Y en Afeto, hay un cariño que se aloja entre besos y abrazos tímidos que no se saben dar, pero que a su vez, guardan el vigor de las olas de un océano.

Manga es un disco que invita a dejarse llevar por ellas.

[Fuente: http://www.fronterad.com]

Se començarà a la fin de decembre amb las anóncias en catalan per la linha entre Tolosa e Portbou

Yoyo697 / Wikimedia

Los trens TER que fan lo trajècte Tolosa-Portbou auràn d’anóncias sonòras en catalan, çò rapòrta Ràdio Arrels. E mai, es previst d’i incorporar l’occitan pus tard.

Dempuèi qualques meses, l’SNCF e la region qu’a pres lo nom d’Occitània son a trabalhar per que los convòis de tipe Regiolis fagan lors anóncias sonòras en catalan e en occitan. A la fin de decembre las anóncias se faràn en catalan per la linha Tolosa-Portbou, tant dins los trens coma dins las garas. Serà lo primièr còp qu’aquò se passa dins l’estat francés.

Mai tard es previst d’i apondre l’occitan e de generalizar lo plurilingüisme a totas las linhas de la region.

 

[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

 

Escrito por Pablo Martínez Sánchez

A II Guerra Mundial na península balcánica (1941-1944) amosou toda unha amalgama de problemáticas étnicas e nacionais sen resolver durante o goberno da dinastía Karadjordjevic en Iugoslavia. Os problemas aparecerán con gran forza durante a guerra e serán causas que poden explicar a violencia e dureza emprendida polos diferentes movementos que se consolidan durante a invasión de Hitler.

A operación 25

Iugoslavia era unha entidade política que comezou a súa andadura tras a I Guerra Mundial. Foi unha monarquía que estaba dirixida pola dinastía dos Karadjordjevic1 . Durante a formación de alianzas previas á II Guerra Mundial, Iugoslavia mantiña unha posición de neutralidade a pesar das continuas presións de Hitler. O rexente Pablo de Iugoslavia, gobernante durante a minoría de idade do príncipe e herdeiro Pedro, tratou de seguir con esa postura de neutralidade. Porén, as conquistas das potencias do Eixo no territorio dos Balcáns como Grecia e Albania, levaron a que Iugoslavia  se unira ao Pacto Tripartito comandado por Alemaña, Italia e Xapón. Isto vai provocar un golpe de Estado en 1941 por parte do exército serbio contrario á adhesión ao pacto. Posteriormente, a fuxida do rexente ao exilio e a subida ao trono do príncipe herdeiro Pedro II. O novo rei non tardará en firmar un pacto de amizade coa Unión Soviética en 1941, posicionándose en contra das potencias do Eixo2 .

Retrato de Pedro II de Iugoslavia, herdeiro ao trono iugoslavo.

O pacto de amizade coa Unión Soviética fixo que un Hitler furioso, ordenase a invasión de Iugoslavia. A península balcánica tiña un forte atractivo tanto para Alemaña como para Italia, debido ás importantes materias primas que había na rexión3 , destacando o petróleo que se encontraba en Romanía. As redes de comunicación tamén eran un foco de atracción, xa que o petróleo podería ser transportado polo río Danubio, a principal ruta fluvial de transporte do territorio4 .

Estas vantaxes dos Balcáns levaron á conquista xermana. A invasión foi denominada Operación 25 polo alto mando do exército Nazi. Durou doce días e os xermanos capturaron 360.000 soldados, os cales eran serbios na súa maioría5 . Belgrado sería bombardeada o 6 de abril de 1941, provocando a rendición dos iugoslavos6 . Sen unha firme oposición aos invasores, as tropas xermanas e itálicas provocarían desequilibrios territoriais, políticos e sociais de inmensa envergadura.

Cambios territoriais e poboacionais

A consecuencia inmediata da invasión das tropas de Hitler foi un profundo cambio territorial nos Balcáns. Eslovenia foi repartida entre Italia e Alemaña, a costa de Dalmacia e as illas do mar Adriático que pertencían a Croacia foron anexionadas por Italia. Montenegro e Kosovo foron incorporadas por Albania e Italia e creouse a Serbia de Nedic, un Estado monicreque baixo a administración directa dos Nazis7 .

As transformacións territoriais e políticas afectaron á sociedade, incidindo no aumento de tensións entre as minorías étnicas e nacionais da zona. Un claro exemplo foi a creación do Reino de Croacia. Os croatas non se sentían integrados dentro de Iugoslavia e comezaron a aparecer movementos que proclamaban unha nación independente nos Balcáns. A caída de Iugoslavia foi a oportunidade perfecta para que se creara un Estado monicreque croata baixo o goberno dos Ustashas; unha organización terrorista formada por seguidores e colaboradores dos nacional-socialistas xermanos. Gozaban empregando a violencia contra poboacións como os xudeus e os serbios, os cales eran enviados a campos de concentración como o de Jasenovac8 .

Ustashas cortándolle a cabeza a un prisioneiro en Jasenovac. Fonte: Wikimediacommons

O Reino de Croacia foi un claro exemplo de uso da violencia contra as minorías do seu territorio. Co seu líder Ante Pavelic, denominado co título de Poglavnik, promoveu a persecución dos xudeus coas leis de 1941. O principal obxectivo desta organización era limpar o país dos serbios que vivían nas fronteiras9 .

Neste sentido, todas as transformacións experimentadas durante a invasión derivarán en importantes movementos de poboación por todo o país e un aumento da homoxeneización étnica10 .

A resistencia iugoslava e o final da guerra

As palabras de Julián Casanova no seu libro “Una violencia indómita. El siglo XX Europeo” reflicten moi ben a gravidade da situación, cando afirma que “Foi unha guerra contra as potencias do Eixo e unha guerra civil”11 . A II Guerra Mundial nos Balcáns propiciou a aparición de movementos guerrilleiros contra os invasores como os Chetniks. Dirixidos por Draza Mihailovic, eran monárquicos que defendían o nacionalismo serbio fronte a outras minorías como os musulmáns, para levar a cabo unha limpeza étnica en beneficio dos serbios12 . Foron importantes as campañas no territorio de Bosnia-Herzegovina cando os Chetniks mataron a miles de habitantes que non eran serbios no país13 , ou as atrocidades documentadas na rexión de Sandzak, onde unha trintena de vilas musulmáns foron queimadas14 .

O outro movemento de resistencia foi o dos partisanos. Nacen durante a invasión da Unión Soviética por parte dos nazis en xuño de 1941. Stalin pide axuda aos continxentes comunistas de todo o mundo e o Partido Comunista Iugoslavo crea este grupo armado liderado polo croata Josip Broz Tito, englobando a diversas nacionalidades como serbios, croatas e musulmáns15 .

O nome oficial do movemento de resistencia dos comunistas iugoslavos fronte á invasión foi Fronte Nacional de Liberación, o cal era dirixido polo Consello Antifascista de Liberación Nacional de Iugoslavia, un nome máis atractivo que non incorporaba referencias ao comunismo para conseguir apoios sociais16 . O obxectivo de Tito foi crear un Estado socialista en Iugoslavia para levar a cabo o comunismo unha vez se liberase a rexión dos invasores. A pesar das diferenzas ideolóxicas, os Chetniks e os partisanos colaboraron inicialmente para loitar contra nazis, fascistas italianos e Ustashas. Liberaron zonas de Montenegro, Bosnia e a rexión occidental de Serbia. Uns buscaban a revolución social e outros a limpeza étnica en beneficio dos serbios12 .

Tito e Churchill en Nápoles, 1944.

A medida que a guerra chegaba ao seu fin, as tropas de Mihailovic e as de Tito entraron en conflito debido as súas diferenzas ideolóxicas insalvables, loitando en zonas de Bosnia como a famosa batalla do río Neretva de 1943. Os partisanos posteriormente aceptaron a axuda dos Aliados para gañar a guerra na conferencia de Teherán de 1943, aínda que temían que logo tomaran Iugoslavia e non puideran construír o Estado socialista que desexaban17 . Así, o vinte de outubro de 1944, os partisanos, o exército vermello e as tropas búlgaras liberaron Belgrado. Formouse un goberno de coalición respaldado pola Unión Soviética e Tito foi elixido primeiro ministro en 1945 da República Popular Federativa de Iugoslavia. Mihailovic sería executado en 1946 e Tito lideraría unha república socialista composta por Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Montenegro e Serbia, máis as rexións autónomas de Vojvodina e Kosovo18 . Nace a Iugoslavia socialista, un Estado multiétnico e multinacional con tres alfabetos, tres relixións e enormes diferencias que non saerán á luz ata os últimos anos previos á desintegración de Iugoslavia nos anos 90. Iugoslavia, un experimento artificial que aglutinaba a diferentes nacionalidades unidas baixo un partido e un líder emprendía o camiño do socialismo que duraría trinta e cinco anos.

*Foto de portada. Tito durante a II Guerra Mundial en Iugoslavia (maio, 1944). Fonte: wikimediacommons

Bibliografía

BAREFIELD, Michael R.: Overwhelming Force, Indecisive Victory: The German Invasion of Yugoslavia, 1941, School of Advanced Military Studies, Fort Leavenworth, Kansas, 1993.

BIBB, Brian Robert: “Dueling Eagles: Mihailovic, Tito, and the Western impact on World War II Yugoslavia”, Chancellor’s Honors Program Projects, University of Tennesse, Knoxville, tese doutoral, 2009.

CASANOVA, Julián: Una violencia indómita. El siglo XX europeo, Crítica, Barcelona, 2020.

De DIEGO GARCÍA, Emilio: Los Balcanes ante el siglo XX, Arco Libros S.L., Madrid, 2001.

HARMON, Gail: War in the Former Yugoslavia: Ethnic Conflict or Power Politics?, Boston College, Boston, tese doutoral dirixida por Kathleen Bailey, 2007.

MALCOLM, Noel: Bosnia a short history, Pan Books, London, 2017.

MAZOWER, Mark: The Balkans. From the end of Byzantium to the Present Day, Weidenfeld & Nicolson,  Phoenix, 2001.

NAVARRO, Marcos Ferreira: “Crisis y conflictos en el siglo XX. Yugoslavia: desde la idea nacional hasta la Guerra de Croacia”, Tiempo y sociedad, no 18, 2015, pp. 87-132.

SÁNCHEZ ARANAZ, Fernando: Breve historia de la guerra de Bosnia, Nowtilus, Madrid, 2019.

VUCICEVIC, Damir: Tito, Yugoslavia and Communism: Historical Revisionism of the Second World War and its Competing Memories, Tufts University, Boston, Tese Doutoral dirixida por Peter Wim, 2017.

  1. De DIEGO GARCÍA, Emilio, Los Balcanes ante el siglo XX, Arco Libros S.L., Madrid, 2001, p. 28. []
  2. NAVARRO, Marcos Ferreira, “Crisis y conflictos en el siglo XX. Yugoslavia: desde la idea nacional hasta la Guerra de Croacia”, Tiempo y sociedad, no 18, 2015, pp. 98-100. []
  3. MALCOLM, Noel, Bosnia a short history, Pan Books, London, 2017, pp. 174-176. []
  4. BAREFIELD, Michael R., Overwhelming Force, Indecisive Victory: The German Invasion of Yugoslavia, 1941, School of Advanced Military Studies, Fort Leavenworth, Kansas, 1993, pp. 4-5. []
  5. BAREFIELD, Michael R., Overwhelming Force, Indecisive Victory: The German Invasion of Yugoslavia, 1941, School of Advanced Military Studies, Fort Leavenworth, Kansas, 1993, p. 16. []
  6. NAVARRO, Marcos Ferreira, op. cit. pp. 98-100. []
  7. VUCICEVIC, Damir, “Tito, Yugoslavia and Communism: Historical Revisionism of the Second World War and its Competing Memories”, Tufts University, Boston, Tesis Doctoral dirigida por Peter Wim, 2017, p. 13. []
  8. MAZOWER, Mark, The Balkans. From the end of Byzantium to the Present Day, Weidenfeld & Nicolson,  Phoenix, 2001, pp. 123-124. []
  9. MALCOLM, Noel… op. cit. pp. 174-176. []
  10. MAZOWER, Mark, op. cit. pp. 124. []
  11. CASANOVA, Julián, Una violencia indómita. El siglo XX europeo, Crítica, Barcelona, 2020, pp. 254-255. []
  12. MALCOLM, Noel… op. cit. pp. 176-179. [] []
  13. MAZOWER, Mark, op. cit. p. 124. []
  14. HARMON, Gail, “War in the Former Yugoslavia: Ethnic Conflict or Power Politics?”, Boston College, Boston, tese doutoral dirixida por Kathleen Bailey, 2007, pp. 103-104. []
  15. HARMON, Gail, op. cit. pp. 103-104. []
  16. BIBB, Brian Robert, “Dueling Eagles: Mihailovic, Tito, and the Western impact on World War II Yugoslavia”, Chancellor’s Honors Program Projects, University of Tennesse, Knoxville, tese doutoral, 2009, pp. 20-21. []
  17. HARMON, Gail… op. cit. p. 107. []
  18. SÁNCHEZ ARANAZ, Fernando, Breve historia de la guerra de Bosnia, Nowtilus, Madrid, 2019, p. 36. []

 

[Fonte: http://www.mazarelos.gal]

 

 

 

Escrito por ÓSCAR HERNÁNDEZ-CAMPANO

Sumergirse en las páginas de esta sugerente novela te transporta en el tiempo y en el espacio, cosa muy de agradecer. El lector se halla en Ilhéus, una boyante ciudad de la región cacaotera de Bahía, en Brasil. Estamos en la década de los años veinte del siglo pasado; hace cien años. Un poco antes, tres o cuatro décadas, los jóvenes emprendedores habían entrado a sangre y fuego en una región virgen, donde una vegetación exuberante escondía a la población autóctona. No hubo misericordia. Aquella tierra debía ser arrasada y cultivada con el oro marrón: el cacao. Aquellos jóvenes se convirtieron en viejos caudillos llamados coroneles; señores feudales, en definitiva. Su líder, Ramiro Bastos, es el primus inter pares y dueño de una región que gobierna con mano de hierro. El dinero corre a espuertas y los burdeles, las queridas y los divertimentos masculinos constituyen un modo de vida y una doble moral que, sin darse cuenta los interesados, se acaba. El progreso llama a las puertas de Ilhéus. El joven y ambicioso Mundinho Falcão, al que los Bastos consideran un extraño por llevar solo cuatro años en la ciudad, aspira a modernizarla, invierte en los transportes, logra que se abra una escuela secundaria, financia el periódico local y, por encima de todo, mueve hilos en la capital para que se acometan las obras del puerto que permitirán exportar el cacao directamente desde Ilhéus. Los viejos coroneles, fosilizados en un status quo que no da más de sí, amenazan con soltar sus cuadrillas de pistoleros como hicieron antaño para evitar el progreso. Las cosas no deben cambiar, no puede modernizarse ni alterarse el orden que ellos crearon.

En paralelo, Nacib, el sirio, dueño del bar Vesubio, centro de la vida social de la ciudad y ubicado en la plaza, desde donde se ve lo que hay que verse, se ha quedado sin cocinera. Tras una intensa búsqueda, aparece Gabriela. Esta es una muchacha mágica, tan inocente como sensual. Gabriela, sin más, huérfana, pobre e ignorante, llega a Ilhéus desde el Sertão, en busca de un futuro. Apenas sabe nada, salvo cocinar, y pronto el Vesubio, con ella en su cocina, atrae más clientes que nunca. Gabriela ha obrado el milagro. No solo sus platos, exquisitos, sino su sola presencia, llena el local. Gabriela es bellísima. Su sencillez, su aroma natural a clavo, su juventud exultante de sensualidad, el color canela de su piel, su sonrisa contagiosa, su bondad… Todo en Gabriela es atractivo y así, los hombres de Ilhéus le ofrecen elevados sueldos, casa y cuenta corriente, lujos y criadas, todo, por ser sus amantes. Nacid muere de celos. Ella lo adora. Sus noches juntos son festivales de pasión y dulzura. Nacib no soporta que ella sea tan deseada, por lo que se determina a tomarla como esposa.

Se podrían decir mil cosas más del argumento de Gabriela, clavo y canela (1958), esta extraordinaria novela de Jorge Amado (1912-2001) quien, con una prosa dulce, clara, conmovedora y certera, retrata el mundo de los cacaotales en la región de Bahía y en la ciudad de Ilhéus, en la que vivió su infancia y donde su padre fue uno de aquellos terratenientes. El brasileño, comprometido toda su vida con los desfavorecidos y con el comunismo, recogió en sus novelas la desigualdad lacerante que veía a su alrededor. Tanto en Gabriela, clavo y canela como en Capitanes de la arena (1937), por citar solo dos ejemplos de su vasta producción literaria, Amado denunció la desigualdad, la esclavitud, la corrupción, la discriminación, la pobreza, la sumisión de la mujer, los abusos o la violencia sobre niños, pobres, mujeres y no blancos. Jorge Amado construye en Gabriela, clavo y canela un inmenso y colorido mural repleto de personajes inolvidables, de estampas divertidas, de momentos sabrosos en los que se respiran los aromas de la cocina del Vesubio, se siente el calor húmedo de las noches del trópico, se escucha el jolgorio de los burdeles o se estremece uno con la sensualidad que rezuma en cada página. Pero el mayor logro, para mí, es crear uno de los personajes femeninos más intensos de la Literatura. Gabriela está a la altura de otros mitos como Emma Bovary, Lolita o Anna Karenina.

Esta novela, deliciosa en todos los sentidos, tiene reservado un lugar especial en la isla desierta.

 

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]