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El color de la incertidumbre

México lindo y querido, convulso y agitado, país de las mil maravillas y de los grandes desatinos, generoso y al mismo tiempo hostil, acogedor y violento, diverso y clasista, lugar en el que se loa a la mujer en las canciones populares mientras que en la vida real se la ultraja; que se dice un país democrático pero los gobiernos tradicionalmente son autoritarios, presidencialistas hasta lo faraónico… El reino de las contradicciones.

“El buitre”

Escrito por Rubén Bonet 

Esbozar una visión forzosamente incompleta, como extranjero —aunque lleve más de la mitad de mi vida en el país—, conlleva el riesgo de caer en estereotipos fáciles que ya han sido ampliamente desgranados hasta convertirlos en un lugar común, a pesar de que luego la realidad se encargue de desmentir cualquier idea preconcebida. Que si es un país de contrastes, que si la riqueza de los pueblos originarios y el fastuoso pasado prehispánico, su folclor y tradiciones, que si la exuberancia y majestuosidad de la naturaleza y sus playas, que si la belleza diversa de sus mujeres, que si su potente gastronomía y mi casa es tu casa, la célebre hospitalidad que es todo un rito social y, por otro lado, también lo arraigado de la corrupción, de la clase política, del funcionariado, de los policías de tránsito y un largo etcétera de mecanismos engrasados por la famosa mordida.

Pero ¿quién en algún momento no ha recurrido a soltar una lanita para solucionar una situación embarazosa que podría llegar a mayores, agilizar un trámite o saltarse una fila? Yo mismo he tenido que recurrir en un par de ocasiones a un arreglo con las autoridades, una falta de tránsito menor y el otro par, directamente para evitar mi merecida deportación, tales fueron los embrollos. La corrupción es una acción en la que todos participan, el que recibe y el que da. Un vicio endémico, aunque ahora se trate de combatirlo abiertamente, veremos con qué grado de éxito y si realmente se va a poder extirpar el tumor.

Otro tema aparte es la violencia que sacude al país entero de manera flagelante, instaurado el espanto y el horror en la vida cotidiana de muchas comunidades y territorios, y de rebote a la sociedad entera, nunca se sabe cuándo te puede tocar un asalto, una extorsión o una bala perdida. Si además eres mujer, los riesgos se multiplican incluso en el propio hogar.

La vivencia en México siempre es intensa, estímulos no faltan —peligros tampoco—; plantea más preguntas que respuestas y obliga a repensar la existencia en términos de trascendencia y también de presentismo, gozar el aquí y el ahora, luego quién sabe; el tiempo presentáneo de la Costa Chica que diría Da Jandra, y también el de los jóvenes sicarios con sus urgencias, para ganar dinero fácil, para morir…

Comer en una fondita de mercado asediado por gente humilde que pide limosna o tratan de vender alguna exigua mercancía, ya sean chicles o peines de madera, no es algo a lo que sea fácil acostumbrarse. La comida termina por atragantarse.

Nada, o muy poco, está garantizado en la actualidad y el futuro es incierto, cuando los planes de pensiones en la jubilación casi no existen, a no ser que sean privados o se haya laborado en instituciones de gobierno.

Hay que armarla a como dé lugar, de un modo u otro. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. No hay manera de prosperar si no se han tenido alternativas de formación, de acceso a la educación y las consiguientes habilidades para el desempeño social. Sin amistades ni conocidos —el famoso necte— que abran puertas es muy difícil, por no decir imposible, escalar socialmente. Muy extendida la idea de quien no transa no avanza.

Uno de los aspectos que más sorprenden al arribar al país —sobre todo si uno llega de Europa y no de Haití—, en mi caso a la Ciudad de México, es la abrumadora desigualdad reinante, palpable en las calles de la ciudad. Comer en una fondita de mercado asediado por gente humilde que pide limosna o tratan de vender alguna exigua mercancía, ya sean chicles o peines de madera, no es algo a lo que sea fácil acostumbrarse. La comida termina por atragantarse.

La miseria, aunque moleste y duela a quienes la ven, acaba normalizándose. Sobrevuela la ley del sálvese quien pueda. Paradojas del catolicismo piadoso, tan prolífico en imágenes de procesiones masivas y festejos populares dedicados al santo patrón o patrona. Otra de las señas de identidad de tan guadalupano país. Hordas de depauperados rindiendo culto a la virgen a la espera de ese milagro que nunca llega. A no ser que sobrevivir un día más no sea ya suficiente milagro. Regalo de dios, es la leyenda que portan algunos camiones de transporte público cuyo interior luce como discoteca con amplio despliegue de foquitos multicolores.

El tan publicitado México Mágico, esa visión idílica, es un mito, no porque no sea verdad —veinte millones de visitantes al año lo pueden atestiguar, aunque a los turistas les pase inadvertido que haya políticos obesos que lleguen a los mítines en coche fúnebre y metidos en un ataúd o que un candidato enmascarado se quede completamente mudo en una entrevista en televisión—, sino porque se combinan la magia y la tragedia, la majestuosidad de la naturaleza y la grandeza de la historia con lo duro de la supervivencia cotidiana para los actuales herederos de los imperios azteca y maya, entre los que se instaura el reinado de lo precario, de lo evanescente, del expolio y explotación de grandes territorios; lo que hoy es, mañana puede dejar de serlo por efecto de una salvaje entropía devoradora de expectativas, cuando no de la vida misma.

No hay producto que no pague diezmo al crimen, desde el aguacate michoacano hasta el pescado en su camino desde las costas, y es en definitiva el ciudadano de a pie quien acaba pagando todo ese exceso de cuotas. No hay dinero o mercancía que se mueva que no sea parasitado, que de un modo u otro no alimente las estructuras del crimen en un narcoestado.

Como es el caso de cientos de mujeres, periodistas, activistas ambientales y jóvenes —sicarios y militares por igual en la cruenta y eterna guerra contra el narco—, solo por mencionar algunos de los grupos más vulnerables, que alimentan de forma alarmante las estadísticas de muertes no naturales y desapariciones forzadas. En México pareciera que es cierto que la vida no vale nada, y en esta temporada de elecciones que acaba de terminar, casi un centenar de candidatos de diversas fuerzas políticas fueron asesinados y muchos más recibieron amenazas de algún tipo; un macabro juego democrático condicionado por las acciones del crimen organizado que trata de imponer su funesta ley. No hay producto que no pague diezmo al crimen, desde el aguacate michoacano hasta el pescado en su camino desde las costas, y es en definitiva el ciudadano de a pie quien acaba pagando todo ese exceso de cuotas. No hay dinero o mercancía que se mueva que no sea parasitado, que de un modo u otro no alimente las estructuras del crimen en un narcoestado.

Por otro lado, la desinformación de la población es crónica y la mayoría de los periódicos y estaciones de radio y televisión que pertenecen a grandes consorcios están más concebidos como negocios que como parte fundamental del derecho de los ciudadanos a ser informados con objetividad y veracidad. Y esto vale para cualquier plataforma y medio. Todo el espacio en el aire se vende, incluida la información, aunque afortunadamente existan excepciones de periodistas comprometidos ya no sólo con su trabajo, sino también con su misión social.

México siempre me ha parecido un país inabarcable, de códigos profundos, casi impermeables, sobre todo a ojos de un extranjero. Aunque existen ciertamente varios niveles de extranjería, en mi caso el idioma común —matices y albures aparte— me permitió una zambullida inmediata en una nueva realidad con una muy particular idiosincrasia…

Los escándalos quedan sepultados en el olvido bajo el predominio de la versión oficial y la avalancha de noticias de relleno, intrascendentes; parte del show mediático que abona a la confusión y la infodemia, en una ecosfera mediática dominada por fake news, el twitter —y casi todas las redes sociales— como arma arrojadiza y para esparcir bulos, bots a mansalva y algoritmos que conforman una guerra sucia que se libra en el omnipresente y ubicuo espectro dedicado a la comunicación social. La mentira sale muy barata y es el abono ideal para la polarización que lastra la posibilidad de verdaderos debates e influye en la percepción de la arena política y en la decisión de voto. Retorcer a tal punto la realidad que distorsiona incluso el concepto de democracia, hasta dejarla como un perro apaleado en la que cada vez menos creen.

México siempre me ha parecido un país inabarcable, de códigos profundos, casi impermeables, sobre todo a ojos de un extranjero. Aunque existen ciertamente varios niveles de extranjería, en mi caso el idioma común —matices y albures aparte— me permitió una zambullida inmediata en una nueva realidad con una muy particular idiosincrasia, arraigada incluso en gestos indetectables, silenciosos, ocultos a primera vista, más allá del deslumbramiento por el efecto de la luz cenital, la exuberancia del trópico y por la visión de decenas de pajarillos muertos en las banquetas ahogados por la contaminación. El pensamiento mágico impera, aunque la realidad cotidiana sea explosiva y de tintes catastrofistas.

Parte de esa idiosincrasia solo se va descubriendo con el paso de los años —como por ejemplo la inmensidad de tiempo muerto que cabe en un ahorita—, y aun así muchos matices se escapan y otras certezas se van afianzando, como la evidencia de cierta resignación ante la fatalidad y el infortunio, pero también la asombrosa capacidad para levantarse y seguir adelante. En todo caso, la comprensión nunca será total. Pero es que México dista mucho de ser solamente un país, son muchos en uno y las distintas realidades nunca son monolíticas, más bien poliédricas y multidimensionales, culturalmente disímiles. Decir que es un país de contrastes, además de lugar común, se queda corto. Es un mundo de universos paralelos y a veces raramente confluyen, si acaso, en la convivencia distante del servicio doméstico en los hogares acomodados.

La realidad es orgánica y convulsa, aunque ciertos valores o dogmas sean inquebrantables —la superioridad moral del licenciado en una sociedad clasista— y la movilidad social sea muy limitada, sobre todo para los prietos y para los integrantes de los pueblos originarios, en un país que ensalza la minoritaria güerez, una herencia de un pensamiento todavía colonial y ciertamente aspiracional. Por ese mismo motivo, el estrato social de bajos recursos —la gran mayoría— está en perpetua ebullición como magma incandescente. La necesidad impone su agenda. La solidaridad popular y el ingenio para sobrevivir atenúan las carencias en tiempos de penurias o desastres naturales. Otras veces, quizás demasiadas, el gandallismo es la norma. Ante la ausencia de un verdadero Estado de derecho, por si acaso siempre hay que tomar ventaja, aunque sea en detrimento de los demás, socavando el concepto de convivencia e incluso el de sociedad vista en su conjunto. La basura esparcida por doquier sería una metáfora útil de esto último. La idea de espacio público desfallece.

Como nada está ganado de antemano, no hay descanso alguno. La chinga es perpetua. Por eso, el mito del mexicano como un ser perezoso, una visión impuesta por el imaginario hollywoodense, es una falacia, porque en realidad la sociedad mexicana siempre está en acción, en muchos casos por estricta necesidad. No es nada fácil sobrevivir en este país —rico en recursos y de naturaleza pródiga—, menos sin mucho esfuerzo, que se puede traducir en salarios muy bajos en régimen de desprotección o en largas horas de camino para llegar al trabajo con un transporte tan oneroso como deficiente, y así con muchos otros aspectos, como la punzante inflación y lo costoso de los productos básicos. Más caro un litro de leche que un refresco rebosante de azúcar que malnutre la obesidad.

México es un país que por un motivo u otro siempre está en llamas, unas veces asolado por catástrofes naturales —temblores, erupciones, huracanes, inundaciones…— y la mayor de las veces por crisis sociales de envergadura, salpicadas constantemente por escándalos políticos ligados a la corrupción, deporte favorito de la oligarquía tropical, que va rotando cada sexenio sumiendo al país en una ruina crónica y en la anorexia de recursos para los servicios públicos.

Además, sucede que los puentes del metro se derrumban o que haya que llevar 50 pesos en la bolsa destinados a los asaltantes de combis para no recibir una madriza —o un balazo— por ser tan miserable. Mientras, las culturas y tradiciones de los pueblos originarios resisten a duras penas, cuando quizás su sentido comunitario y de respeto al territorio sean clave si finalmente el capitalismo colapsa o el desastre ecológico nos invade, si es que no lo ha hecho ya. Mientras, sobreviven subyugadas como en tiempos de la colonia con las migajas que les deja el turismo —claro está, a los territorios donde llega.

En todo caso, México es un país que por un motivo u otro siempre está en llamas, unas veces asolado por catástrofes naturales —temblores, erupciones, huracanes, inundaciones…— y la mayor de las veces por crisis sociales de envergadura, salpicadas constantemente por escándalos políticos ligados a la corrupción, deporte favorito de la oligarquía tropical, que va rotando cada sexenio sumiendo al país en una ruina crónica y en la anorexia de recursos para los servicios públicos, como la educación —creando una brecha social insalvable— o el sector salud, como la pandemia del coronavirus ha puesto en relieve. Las consecuencias de la corrupción y el paulatino adelgazamiento de la sanidad pública no sólo se han sufrido aquí, sino que ha sido la norma en muchos países que abrazan el libre mercado y el neoliberalismo. La salud para quien pueda pagársela, y en México, es cara, muy cara. Pero ¿qué significa pagar mil pesos por la consulta a un médico de cabecera privado si hay partidos políticos que ofrecen dos millones de pesos por un tuit y un retuit a conocidos influencers en la pasada campaña electoral?

En medio de este caos la clase media, o lo que queda de ella, trata de navegar con sus propios medios, salvando numerosos escollos y mirando hacia adelante, empujando de manera ardua el maltrecho proyecto de nación. Una gran parte de la población con bajos recursos vive totalmente en el desamparo y en la inmediatez del día a día, sin poder elaborar proyecciones de futuro o hacer frente a los imprevistos. No queda de otra más que aguantar y encomendarse al santo patrón de la preferencia de cada quien.

En medio de este caos la clase media, o lo que queda de ella, trata de navegar con sus propios medios, salvando numerosos escollos y mirando hacia adelante, empujando de manera ardua el maltrecho proyecto de nación. Una gran parte de la población con bajos recursos vive totalmente en el desamparo y en la inmediatez del día a día.

A pesar de que el entramado de la política mexicana —o más bien, necropolítica— ha sido para mí siempre un misterio, México es un país con una gran energía rebosante de talento individual y muy resiliente. La gran mayoría de la gente, las personas comunes, constituyen su verdadero tesoro, ejemplos de ello sobran, sobre todo entre los colectivos de mujeres o de defensa del territorio frente al expolio de las transnacionales. De todos modos, hay una luz que parpadea débilmente al final del camino. Pareciera que los hábitos democráticos se van afianzando y hay esperanzas de que el país experimente un verdadero cambio transformador, deseando que no sea para peor. La paciencia de los mexicanos tiene un límite.

Mientras tanto, la vida transcurre inmersa en un intenso patriotismo que no siempre se traduce en un ánimo soberanista —en temas como la alimentación, la industria y un largo etcétera que incluye a más de tres millones de avispados, y pudientes, mexicanos que han viajado a Estados Unidos para vacunarse contra la covid–19—, sino en un orgullo basado en un abstracto amor a unos colores, símbolos y arraigadas costumbres y tradiciones, que si la selección nacional de fut, celebraciones de fraternidad nacionalista —muchas veces etílicas— y fiestas patrias que conmemoran un pasado que siempre fue mejor, o por lo menos más heroico, en un no dejarse pisar ni por el vecino del norte ni por nadie y a la par un desprecio por lo propio, ensalzando lo extranjero pero odiándolo en secreto. Paradojas del malinchismo. Todo ello al son del mariachi armónico, ruidoso y triste, básicamente de índole patriarcal y machista; una letanía de abandonos y desamores, un clamor de macho herido pero orgulloso de haber nacido aunque tan solo sea para cantar sus penas y echarse unos buenos tragos de tequila, mientras quizás aporrea a una mujer.

Más allá del policromático mosaico cultural y social de México, el color que hoy predomina es el de la incertidumbre.

Que diosito nos agarre confesados.

 

[Foto: Héctor Guerrero – fuente: http://www.revistareplicante.com]

Un recensement national à venir en Pologne va laisser la possibilité aux minorités nationales d’exprimer leur appartenance culturelle et identitaire. En Silésie, région du sud-ouest du pays, une forte identité régionale demeure. Comment la nouvelle génération de Silésiens vit-elle son héritage ?

Image for En Silésie, que reste-t-il de l'identité régionale chez les jeunes ?

 

Écrit par Thomas Laffitte

« Dans une famille, on dit souvent que la deuxième génération s’intéresse de près à ses origines. Pour notre génération de Silésiens, c’est pareil ». Pour Mateusz, originaire de la région et vivant à Rybnik, non loin de la frontière tchèque, cela ne fait aucun doute : les jeunes silésiens s’intéressent à leurs origines. Même si les jeunes générations ne maîtrisent plus aussi bien le silésien que leurs aînés, la question de l’identité régionale a persisté, et refait aujourd’hui surface. La Silésie est non seulement la région la plus riche du pays après celle de Varsovie, mais c’est également la plus peuplée, avec un taux d’urbanisation très élevé (78% d’urbains).

Mateusz et sa compagne sont finalement revenus vivre en Silésie, après avoir voyagé à Cracovie, Munich et New York. « On travaille entièrement à distance, à mi-temps pour une boîte basée à Varsovie, à mi-temps en tant qu’entrepreneurs et activistes ». Cet activisme prend la forme d’un site web dédié à la Silésie. « Nous sommes des patriotes locaux qui utilisent leur temps libre et leurs ressources pour apprendre à mieux connaître la Silésie, la promouvoir, préserver sa langue et sa « conscience régionale » ». Ce jeune couple poste donc régulièrement du contenu sur les principales attractions touristiques de la région, tout en proposant des « guides touristiques, des articles en langue silésienne, des podcasts, des vidéos».

Pour ces patriotes, l’année 2021 pourrait peut-être marquer une étape importante dans la reconnaissance de cette identité. À partir du 1er avril, un recensement d’échelle nationale aura lieu en Pologne, et s’étalera jusqu’à fin septembre. Dans le formulaire obligatoire à remplir en ligne, en plus des questions administratives classiques, les citoyens polonais vont devoir répondre à des questions portant sur la religion ou leur nationalité. Sur cet aspect, les habitants de la Silésie pourront décider de déclarer (ou non) leur identité silésienne et le cas échéant, d’indiquer s’ils utilisent le silésien comme langue du quotidien.

D’un pays à l’autre, une histoire de frontières

Pour l’eurodéputé polonais Łukasz Kohut, pleinement engagé dans la reconnaissance de la Silésie en tant que région autonome, le recensement à venir est crucial. « Ma principale mission est de combattre pour le droit des citoyens à exprimer librement leur affiliation ethnique et linguistique », nous explique-t-il. L’évocation d’un combat n’est pas étonnante quand on connaît l’histoire de la région. Historiquement, la Silésie se trouve au carrefour – d’aucuns diraient « coincée » – entre la Pologne, l’Allemagne et la Tchéquie (historiquement la Bohême). Pour M. Kohut, cette histoire mouvementée est au cœur de la définition de l’identité silésienne, alors que « les Silésiens ont été divisés par des frontières imposées par les États-nations voisins, eux-mêmes hostiles les uns envers les autres ».

Durant l’entre-deux-guerres, la Silésie a disposé d’un parlement régional (en polonais sejm, de 1920 à 1945), qui a accordé une certaine autonomie à ses minorités. L’expérience fut toutefois de courte durée, car après la Seconde Guerre mondiale, le régime communiste en place pendant près de cinquante ans ne laissait aucune place à l’expression des identités régionales. Malgré la transition vers un régime démocratique au début des années 1990, M. Kohut explique que « la politique de l’État polonais dans les dernières décennies a été de nier les régionalismes ». Il ajoute même que « le gouvernement actuel, avec son obsession nationaliste, est de loin le pire depuis 1989 ». Il croit cependant à la possibilité d’un changement. « Je crois qu’avec le temps et avec un changement politique, la situation pourrait changer. Je vois beaucoup de jeunes politiciens démocrates, qu’ils soient de gauche ou centriste, comprendre et soutenir notre cause ».

Le destin bien connu d’une langue régionale

Asia, bientôt la vingtaine, est partie étudier en Grande-Bretagne après avoir joué pendant plus de 10 ans dans la troupe du théâtre Naumiony. Selon elle, « l’identité silésienne est inséparable de son dialecte. La manière dont vous parlez, l’intonation, la force du dialecte sont inséparables de l’histoire et des traditions de la Silésie ». Lors du recensement de 2002, un peu plus de 50 000 personnes de Haute-Silésie avaient déclaré parler la langue. Cela dit, ces chiffres ne couvrent pas la totalité de la région. Pour Mikołaj, 25 ans, lui aussi étudiant au Royaume-Uni, le lien avec la langue n’est plus si évident. « Même si c’est une part essentielle de la culture, personnellement, je ne pense pas que l’identité silésienne soit liée à la langue. Je sais que certains jeunes silésiens très engagés apprennent la langue, mais il n’y a pas de possibilités de le faire à l’école ». Il ne constate pas de réelle réappropriation de la langue par la jeune génération.

Qui plus est, comme toute langue régionale, le silésien fait face à la question de son statut. Asia préfère par exemple parler de dialecte. « Malheureusement, ça n’est pas une langue, mais j’espère que ça le sera un jour ! ». Comme c’est souvent le cas des langues régionales qui ne vivent qu’à travers le quotidien de ses locuteurs, elles souffrent d’un manque de standardisation. Maciej, la vingtaine, nous explique qu’« il n’y a pas une seule langue silésienne. C’est comme un pantalon troué : il y a beaucoup de choses similaires, mais il y a aussi des ajouts différents ». Le Silésien souffre également d’un héritage difficile. « Pour certains d’entre nous, on nous a enseigné que c’était très mal vu de parler silésien. C’était d’ailleurs une idée très répandue auparavant, auprès des anciennes générations, pour qui ça pouvait être juste naze de le parler », explique Maciej. Situation dont Asia se désole largement : « j’entends dire que le silésien sonne ‘primitif’, ça me rend si triste ! Les connotations autour du dialecte silésien sont déplorables ». Enfin, la question linguistique se heurte également à un autre obstacle, à l’heure où l’apprentissage des langues est souvent envisagé d’un point de vue utilitariste. Aussi, pour Stanisław, qui vient d’avoir 18 ans, « on n’a pas vraiment l’impression que le silésien serait utile pour notre futur, qu’on imagine le plus souvent hors de Silésie ».

Une jeunesse très pragmatique

En vue du recensement à venir, Stanislaw ne compte pas « exprimer quoique ce soit en lien avec la Silésie ». Les questions identitaires et linguistiques sont souvent secondaires auprès d’une jeunesse très européenne, mobile et prête à saisir des opportunités à l’étranger. Stanisław l’affirme d’ailleurs sans détour : « l’identité silésienne n’a jamais été quelque chose de très important pour moi ». Maciej abonde, même s’il a entendu parler du recensement, lui non plus ne prévoit pas de renseigner quoi que ce soit de particulier en lien avec la Silésie, « du moins, rien d’extra. S’il y a une question au sujet de ‘l’ethnicité’, alors je répondrai, mais sinon je ne ressens pas le besoin de montrer mes origines ». Ces jeunes adultes ne manquent pas de souligner qu’ils ne sont pas forcément très intéressés par la politique, ou alors qu’ils ne sont pas bien renseignés sur ces sujets-là. Pourtant, un certain pragmatisme se dégage de cette jeunesse qui, si elle semble peu intéressée à l’idée de défendre le régionalisme silésien, a toutefois un certain nombre d’idées bien claires, notamment quant à la nécessité de sortir de l’industrie du charbon.

« La Silésie ne serait pas devenue ce qu’elle est aujourd’hui sans les mines de charbon », avance Asia, qui explique que les mines « font partie du paysage, elles sont partout ». De même, Stanisław souligne qu’ « un grand nombre de Silésiens pensent que le charbon est notre trésor ». Cette industrie, qui remonte au XVIIIe siècle, est la principale source d’emploi dans la région, avec près de 100 000 employés en 2015. Cela fait de la Silésie la région de la Pologne la plus dépendante à l’exploitation du charbon. Malgré cela, les jeunes sont unanimes : les mines doivent fermer. « Elles ne seront pas oubliées, au contraire, mais elles doivent être fermées le plus vite possible », explique Maciej. La plupart d’entre eux considèrent qu’une transition vers les énergies renouvelables est tout à fait possible dans un futur proche. « On peut tout à fait – et même, on doit vivre sans elles ! », affirme Asia. « On pourrait laisser l’identité industrielle rester prédominante, mais en utilisant d’autres types d’industrie, comme les énergies vertes », nous dit Stanisław. Qui plus est, « c’est possible d’avoir une institution défunte qui fonctionne toujours comme une part importante de notre culture », souligne Mikolaj.

L’horizon européen

L’autre sujet qui semble faire consensus auprès de la jeunesse silésienne est l’attachement à l’Union européenne. Stanisław compte même souligner sa qualité de « citoyen européen » lors du prochain recensement. « Je suis très attaché à la vision d’une Europe unie », nous dit-il. Au-delà du seul attachement à l’Europe, cette jeunesse semble espérer un approfondissement de l’intégration, dans une perspective fédérale. Si l’UE plaît autant, c’est aussi parce qu’elle semble représenter une solution politique moins envisageable au sein de l’État-nation polonais. Pour Mateusz, « s’il ne s’agissait que de l’UE, je serais calme et me sentirais en sécurité vis-à-vis de mon héritage silésien. Il y a clairement de la place pour les minorités au sein de l’UE, et c’est ça qui la rend si attractive et puissante ».

Les idées sécessionnistes ou séparatistes sont loin d’être la préoccupation de cette jeune génération. Mikołaj, qui compte bien mentionner son identité silésienne lors du prochain recensement, regrette que la Pologne soit si centralisée et aimerait voir plus de pouvoirs dévolus aux régions. « Évidemment, le rêve serait d’élire des eurodéputés au sein de régions qui transcendent les frontières, mais je comprends bien qu’en l’état actuel des choses, ça n’est pas à l’ordre du jour », ajoute-t-il. Un rêve à l’heure actuelle, mais peut-être une réalité quand cette génération se trouvera aux commandes.


Cet article a été réalisé en partenariat avec le Courrier d’Europe Centrale.

[Photo : Musée de Silésie à Katowice, sur le site d’une ancienne mine © Patrice Sénécal – source : http://www.cafebabel.com]

La revista L’Obs se dio a la tarea detectivesca de visitar el pueblo tunecino de Sidi Bou Saïd, donde presuntamente Foucault habría cometido actos de pedofilia. Esto es lo que una corresponsal del magazín francés se encontró durante su viaje a Túnez para reunir pruebas, hallar testigos, entrevistar exalumnos, vecinos y conocidos del filósofo.

Callejón en Sidi Bou Saïd en Túnez, Kassus, 2006. Fuente: Wikimedia, con licencia CC BY-SA 3.0

Marzo y abril, un mes más cruel que el otro, serán ahora recordados como los de la “cancelación” —palabra, sin duda, de vistosos tintes fascistoides— del filósofo estrella de Francia. Las acusaciones de Guy Sorman en su contra, difundidas el día 9 en televisión y reiteradas el 28 en una entrevista con el británico y conservador Sunday Times, nos llenaron de espanto: “Confieso haberlo visto comprándose niños en Túnez […] Les daba cita en el cementerio de Sidi Bou Saïd, en el claro de luna, y los violaba recostados sobre las tumbas”. El peso lapidario de estas declaraciones coincide con la publicación del tomo IV de la Historia de la sexualidad, Les aveux de la chair, en las que el filósofo estudia la concepción del deseo en San Agustín, entre otros. Mientras tanto, en Túnez prospera el anatema contra Foucault. Conservadores e islamistas se regodean en la condena. El diario árabe de Londres, Al-Qods al-Arabi, hace un llamado a “desacralizar a los filósofos”. En otra entrevista, esta vez con la revista francesa L’Obs el 31 de marzo, Sorman vuelve a la carga, pero cambia una fecha: sus recuerdos no son de un verano en 1969, sino de 1970; varios niños corren detrás de Foucault en una calle y lo saludan; él les tira moneditas y cita a algunos para esa noche en el cementerio. A la fecha, Sorman sigue sin aportar pruebas ni testigos que sustenten su escandalosa confesión, salvo por su expareja de entonces, Chantal Charpentier, quien dice recordar al tropel de niños corriendo detrás de Foucault, pero no sus propuestas indecorosas. También cita como fuente a un efebo de Foucault, “un joven Mohamed, muy guapo, de unos 17 o 18 años”, quien les habría contado los episodios ominosos del cementerio. Ante tanta invectiva, Marie Lemonnier de la revista L’Obs se dio a la tarea detectivesca de visitar el pueblo costero de Sidi Bou Saïd, reunir testigos, exalumnos, vecinos, etcétera.

Orientalismo en la era hippie

Bañadas por el sol, casas bajas de muros encalados serpentean por una ladera. Postigos, celosías y puertas de madera azulean al calor marino. Patios interiores, fuentes, cúpulas blancas. Frente a ellas las aguas del Mediterráneo: el golfo de Túnez y de la mítica Cartago. Refugio de morábitos abierto al horizonte que ya había seducido a Lamartine, Chateaubriand, Flaubert y Colette, así es el poblado de Sidi Bou Saïd, 19 km al norte de la capital tunecina, donde se instala Michel Foucault en 1966. Acaba de publicar Las palabras y las cosas. Es el filósofo con más talento de su generación. Decide huir de la plácida pero monótona ciudad de Clermont-Ferrand, donde tiene la cátedra de psicología, y acepta la de filosofía como profesor invitado en la Université de Tunis. “Quería tener con el mar una relación inmediata, absoluta, sin civilización”, escribe en ese entonces Foucault. “Era la estrella del campus. No me perdía ninguna de sus clases. Llegábamos a ser hasta 200 ahí apretujados”, recuerda uno de sus exalumnos, entrevistado por L’Obs. Otro de sus estudiantes de entonces, el lingüista Hammadi Sammoud, declara: “Foucault nos hizo descubrir la nueva crítica, fue un motor y un mentor para nosotros, un profesor que nunca era avaro con su tiempo ni con sus conocimientos, que continuaba las clases en los pasillos y venía a discutir con nosotros al Shiling, el café del mirador”. La afluencia de estudiantes y curiosos a las sesiones públicas que da Foucault los viernes por la tarde incluye hasta al secretario de economía Ahmed Ben Salah, uno de los pesos pesados del régimen de Bourguiba (1957-1987).

Pero, ¿qué nos dice todo esto sobre los crímenes pedófilos en Sidi Bou? Poco, salvo que el poblado tenía fama en ese entonces de liberal, cosmopolita, abierto al turismo sexual y tolerante de la homosexualidad. La vecina de Foucault en ese paraíso oriental, Tanya Matthews, fue famosa, además de por ser periodista de la BBC local, por sus affaires libidinales con jóvenes efebos. Eran los sesenta, aquí y en China. Otra joven de la época, Michèle Bancilhon, evoca sus escapadas nocturnas al cementerio de la infamia, acceso por una escalinata tras una puerta diminuta, al que nunca llevó a Foucault, pero en alguna ocasión sí subió ahí con Raymond Aron. Un lugar propenso a los relatos fantasmagóricos, que iluminaba la luna y en el que se había fisurado una tumba dejando entrever un esqueleto.

En una casa aledaña al cementerio Hamadi Moutaadi fue cocinero y sirviente de Foucault. Hoy insiste en que el filósofo era disciplinado, atento y cortés: “Cuando yo llegaba a las 8 am, él ya estaba escribiendo, rodeado de libros. Siempre fue carismático y me hablaba de ‘usted’ con mucho respeto. Siempre estaba solo, excepto viernes y sábados por la tarde en que grupitos de estudiantes, a menudo dos muchachas y tres muchachos, lo venían a visitar. Me sorprenden mucho las acusaciones. No solo no corresponde a nada que yo haya atestiguado, sino que me parece odioso atacar a un muerto, ¡alguien que no puede defenderse! Y es una ofensa para los niños de Sidi Bou Saïd. El pueblo tenía unas 700 u 800 almas en esa época, y nadie lo vio tener ese tipo de comportamiento con ellos.” “Violar a un niño, ¡y además en la tumba de un cementerio!, eso le hubiera costado un linchamiento”, afirma uno de los pilares de la comunidad, Abdallah Mellah, también entrevistado por L’Obs. Para otro vecino, el camino que llevaba al cementerio era lugar de cita para algunos amantes furtivos, pero “violar niños de noche en las tumbas, eso es imposible. Nuestros cementerios tienen vigilancia y a los niños los encierran sus padres de noche en casa”.

Más filósofos de la destrucción

Las pesquisas de la periodista de L’Obs conducen a un callejón sin salida. Ninguna prueba fidedigna. El último argumento en defensa de Foucault se relaciona inevitablemente con el 68. Praga, París, México… y Túnez. Ya en nuestras tierras el “gorila” Díaz Ordaz —ese era su apodo, con todo respeto— había acusado a los modernos “filósofos de la destrucción” que azuzaban a los revoltosos. Herbert Marcuse estaba en boga y en boca de todos: la alienación del individuo lo acerca a sus pulsiones de muerte y a renunciar al amor y a la libertad; Eros y Thanatos comprimidos en el infierno tecnológico e industrial.

“[Para mí] no fue mayo del 68 en Francia, sino marzo del 68 en un país del tercer mundo”, le contestó alguna vez Foucault al propio Marcuse cuando el alemán le reprochaba dónde estaba cuando se levantaron las barricadas. En la universidad de Túnez, Foucault tiene gran cercanía con un grupo de jóvenes críticos, creadores y animadores de la revista althusseriana-marxista Perspectivas (1963). La fuerza represiva se abate sobre ellos mientras crecen las protestas durante la primavera del 68. Mohamed Salah Fliss, uno de sus miembros, sufre torturas con picanas eléctricas, al igual que el resto de los líderes del movimiento. Purga ocho años de cárcel. Ante la ola contestataria, la casita de Foucault en Sidi Bou Saïd se vuelve centro de reuniones clandestinas; se imprimen panfletos en un mimeógrafo que tiene escondido, a salvo de registros policiales y aduaneros. Su Peugeot deportivo le permite escabullirse hasta el centro con los libelos y sus autores. Su casa sirve también de guarida a algunos líderes perseguidos como Ahmed Ben Othman. Por supuesto, el gobierno de Bourguiba no deja que este otro “filósofo de la destrucción” campe a sus anchas. Le intervienen la línea telefónica. Un misterioso vagabundo se instala afuera de su casa. Le revisan la correspondencia “por seguridad”. Una noche incluso sufre una sorpresiva golpiza. Al día siguiente, un ministro lo invita a una reunión. “Foucault estaba seguro de que el ministro quería comprobar que habían hecho bien el trabajo”, cuenta el sociólogo Daniel Defert. Y agrega: “Pueden ver que si hubiera habido el más mínimo affaire de pedofilia el gobierno lo hubiera usado de inmediato en su contra para correrlo del país”. Foucault vuelve efectivamente a Francia en octubre del 68. La mayor parte de sus estudiantes tunecinos están en la cárcel. La experiencia en la ciudad magrebí desencadena su interés en crear el Grupo de Información sobre Prisiones (GIP) en 1971, lo cual se traduce nada menos que en Vigilar y castigar (1975). Mucho más interesante y fecunda es esta parte de la historia que aquella de las acusaciones improbables, que, por cierto, Sorman atenuó hace poco, reconociendo que el orientalismo de Foucault lo impresionaba más que su “efebofilia”.

[Fuentes: L’Obs (6/05/21), The Times – publicado en http://www.nexos.com.mx]

 

Eduardo Mendoza, Barcelona

Transbordo en Moscú’ (Seix Barral) es la tercera entrega del personaje Rufo Batalla, en la que Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) nos traslada al año 2000, la época del crecimiento y pelotazo económico, y la de la masificación definitiva del turismo mundial.

Con este libro, termina la trilogía de Rufo Batalla, se acaba la aventura porque hacerlo en el último día del siglo XX cumplía mis objetivos”, explica el autor, que detalló que “la ficción sirve para dejar constancia de cómo se han vivido los momentos históricos por parte de los que han sido testigos, y me parecía importante dejar constancia de los años 70 y 80, un momento de grandes cambios y rápidos”. Mendoza aseguró que “en España, se produjo una transformación rápida y positiva, salíamos de una época incierta. Después hubo una segunda transformación, protagonizada por la corrupción, la atomización del país y la desorganización. Ahora estamos viviendo la resaca de esta segunda época, que hace que veamos la primera época por el espejo del retrovisor”.

Del argumento, afirmó que “esta tercera novela es bastante autobiográfica, con un personaje que se parece mucho a mí, resultado de la evolución del personaje hacia la madurez”. Mendoza recordó que “dos generaciones anteriores a la mía, crecieron a la sombra del fascismo, visto como promesa de salvación, y aquello acabó fatal, ahora fascista es el peor de los insultos”. Prosigue el narrador: “mi generación creció a la sombra del comunismo, que era la promesa de la solución a las desigualdades, todo eso se derrumbó, y comunista se ha convertido también en un insulto, contrapuesto a libertad”. El novelista contó que “el siglo XX vio desaparecer las grandes ideas sobre la sociedad, en cambio ahora ya no sabemos cómo funciona, nadie cree que una ideología pueda solucionar los problemas, de hecho, pensamos que no puede arreglar ningún problema. Surgen grandes movimientos de carácter religioso que mueven las fuerzas sociales. En el XX, las ideologías movían masas, pero fue un siglo de pérdida religiosa”.

El literato apuntó que “la Expo de Sevilla fue uno de los últimos coletazos de la voluntad de resumir el mundo entero y un intento de transformación de la ciudad. Paralelamente, en Barcelona, coinciden una serie de factores y la ciudad se transformó de manera extraordinaria, pasó de ser una ciudad normal a un referente mundial, una meca del turismo, es un fenómeno inesperado”, y asumió que “he disfrutado rememorando esos momentos, como si los contara a mis nietos”.

Los espías, en paro

Sobre los referentes de ‘Transbordo en Moscú’, Mendoza asintió que “la evolución personal conlleva una evolución literaria de mis gustos y aficiones. En mi entrega anterior, había un homenaje a las novelas de aventuras. En esta, hay un homenaje a la literatura de espías”. El autor confirmó que “soy un gran lector de novelas de espías, y lo soy angustiado porque es una literatura muy escasa. La época de los espías es corta y termina. En cambio, la novela de crímenes no se acabará nunca, porque siempre habrá alguien que maté a otro. Los espías se acabaron quedando en el paro. Por eso, hay pocos grandes escritores de novelas de espionaje”. 


NOTA DEL EDITOR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las aventuras de Rufo Batalla parecen encaminarse al remansamiento cuando contrae matrimonio con una rica heredera, pero no consigue olvidar al príncipe Tukuulo y a su exquisita esposa. La agitada transición política española ha dado paso a una prosperidad económica que parece destinada a no tener fin. Mientras, la caída del muro de Berlín culmina un proceso de transformación que presagia el descalabro de la URSS, y de repente lo que parecía una locura, la conquista del reino de Livonia, se vuelve posible.

Siempre por razones ajenas a su voluntad, Rufo Batalla viaja a Londres, Nueva York, Viena y Moscú, y se enfrenta a situaciones insólitas, obligado a desempeñar papeles que nunca habría elegido. Pero cuando descubre que el servicio de inteligencia soviético anda tras el príncipe, Rufo se dará́ cuenta de que la vida familiar y la de agente secreto no son fáciles de compaginar

Asiste el lector a los fenómenos sociales de la etapa final del siglo XX a través de la mirada de un Rufo Batalla dividido entre una plácida existencia y su compromiso con el pretendiente a un trono de opereta. El nuevo siglo presagia cambios irreversibles, pero siempre quedarán algunas certezas: la fe en la razón, el arte y la prosa chispeante y aguda del gran narrador Eduardo Mendoza.

 

[Foto: Carles Domènec – fuente: http://www.revistabearn.com]

Catedral de Tui / foto: xunta.gal

O concelleiro de Turismo, Laureano Alonso, a historiadora Sara Quintana e o ilustrador Xosé Tomás foron os responsables da presentación o pasado mércores das novas rutas para coñecer o Tui máis oculto. Trátase de tres rutas, polo Tui xudeu, o Tui de Dona Urraca e o centro histórico en xeral. Tres rutas para coñecer a riqueza dun dos máis importantes conxuntos históricos de Galicia.

Tui aposta así por un turismo activo e ó aire libre en tempos de pandemia desenvolvido a través de material gráfico e de novas guías. Estas “están pensadas para ser autoguiadas descubrindo os recunchos do conxunto histórico”, tal e como afirmaba o concelleiro de Turismo, Laureano Alonso.

As tres novas rutas propostas son “O tesouro de Salomón”, “O túnel de dona Urraca”, e unha ruta máis xeral guiada a través dun mapa da vila. Coma novidade na guía vanse facendo preguntas que o visitante ten que ir descubrindo e que “permiten coñecer un Tui distinto”.

Presentación do novo material turístico para as dúas rutas de Tui / foto: Concello de Tui

“O tesouro de Salomón” e “O túnel de dona Urraca”

“O tesouro de Salomón”, vinculado á ruta xudía, cunha duración de 120 minutos, está guiado por Francisco Sánchez, “quizais o persoeiro máis importante da historia de Tui”, segundo o Concelleiro. A ruta de “O túnel de dona Urraca”, cunha duración de 75 minutos “está plantexada cun percorrido polo conxunto histórico entorno á Catedral”.

A elección dos dous personaxes que guían as rutas, Francisco Sánchez e Dona Urraca, segundo se explicou, obedece a que “Francisco Sánchez é un personaxe moi destacado da historia de Tui e da historia mundial, e Dona Urraca tamén, e válennos para falar doutras partes da historia máis transversal coma a independencia de Portugal e o papel que tivo Tui”.

Estas novas guías estarán publicadas en galego e castelán, contan con deseño e ilustración de Xosé Tomás e guión da historiadora Sara Quintana. As guías poden atoparse na Oficina Municipal de Turismo, cunha tirada de ata 5.000 exemplares e tamén se poden descargar na web municipal.

Para o ilustrador Xosé Tomás, “foi un traballo moi agradecido pola enorme sintonía que tivemos á hora de plasmalo” que contou “cun diálogo moi bonito a nivel creativo”. Un traballo con dúas lecturas, unha primeira da lectura da visita, e unha segunda máis a fondo co material xa na casa.  Un traballo que persegue pór a historia de Tui á dispor dos nenos e do público en xeral.

 

[Fonte: http://www.historiadegalicia.gal]

Los europeos. Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita
Orlando Figes
Traducción al español de María Serrano
Taurus, 2020

Escrito por Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz

Ivan Turguénev (1818-1883) fue, dentro de los escritores rusos del siglo XIX, el más europeo o, dicho en negativo, el menos eslavo. Tanto por creencias como también por la vida, pues se alejó del eslavismo, aproximándose a Occidente. De hecho, murió en la comuna de Bougival, Francia. Nada que ver, por tanto, con sus contemporáneos, un Fiódor Dostoyevski (1821-1881), un León Tolstói (1828-1910) o un Nikolái Gógol (1809-1852).

De Louis Viardot (1800-1883) hay que recordar que se trató de un escritor francés al que se le califica -no sin razón- como hispanista. De hecho, fue nombrado miembro de la Real Academia Española.

Pauline García (1821-1910), cantante de ópera y compositora, la tercera en discordia, era hija del tenor Manuel García y de la soprano Joaquina Briones. Por tanto, hermana de María, la que se casó con François-Eugene Malibrán, dando lugar a que la conozcamos con ese apellido. Pauline, por su parte, matrimonió con el citado Louis Viardot y de ahí que sea conocida como Pauline Viardot.

Los tres -Turgénev, Viardot y Pauline- formaron en efecto un trío, en todos los sentidos del término. Y lo que hace este libro es situarlos como protagonistas de la historia europea en el periodo que, por poner fechas concretas, transcurre entre 1850 y 1870.

El trabajo de Figes -historiador británico, nacionalizado alemán en 2017, bien conocido sobre todo por sus estudios sobre Rusia y que ha dado lugar a varias reseñas en esta misma revista- ha sido muy celebrado. Y con toda la razón. El autor es, si se quiere emplear un calificativo convencional, un historiador de la cultura, que, a lo largo de más de quinientas páginas, emplea como hilo conductor el debate entre lo universal -el cosmopolitismo, el internacionalismo, lo que hoy llamaríamos la globalización- y lo particular: los nacionalismos, para entendernos, o, dicho con palabras actuales, las identidades, singularmente en su vertiente territorial. Pero, sobre el telón de fondo de ese dilema eterno, Orlando Figes, que se ubica claramente en pro del primero de los polos, hace especial hincapié en lo que aportó la tecnología: el ferrocarril -el medio de transporte que cambió la vida, porque sirvió para arrimar puntos hasta entonces muy lejanos- y también los modos de reproducción del arte, tanto el sonido -la ópera- como la imagen -el grabado-. Y, por encima de todo, la impresión de libros.

En suma, es en esa época cuando nace el turismo y más en concreto el turismo cultural. Y también, por supuesto, la moda de los casinos, tan vinculada al juego.

Aunque los tres protagonistas del libro -casi una novela- viajaron mucho, su centro de operaciones fue París o su entorno, el París del segundo imperio y de la exposición universal de 1855 (como réplica de la de Londres de 1851). La ciudad de Haussmann, en efecto. Y por las páginas del texto desfila todo el que significa algo: Brahms, Berlioz, Gounod, Víctor Hugo, George Sand, Rossini, Offenbach, Saint-Saëns, Flaubert, Bizet y Wagner, por citar solo a unos cuantos, a su vez entreverados por vínculos de todo tipo. Una verdadera pandilla, si se quiere explicar con esa palabra tan coloquial. El autor ha optado -otra decisión discutible pero probablemente acertada- por otorgar el protagonismo a segundones -los tres citados al inicio-, pero sin prescindir de las estrellas, como las que se acaban de mencionar. El resultado es un crisol de personajes que hace que el lector tenga que estar con un bolígrafo en la mano para que no se escape ningún detalle.

Puestos a buscar lo que con palabras de Stefan Zweig llamaríamos los momentos estelares, quizá pudiera ponerse el foco en las escenas por así decir más intimistas: el encuentro, nada plácido, entre Turgénev y Dostoyevski en Baden Baden en 1867 -páginas 352 a 356- y también las confidencias de Flaubert -un Flaubert ya en decadencia- en páginas 436 a 440. Pero sin que esa selección -arbitraria, como cualquier otra- puede dar lugar a equívoco, porque lo que de verdad vale es el conjunto y no las piezas sueltas.

El libro no concluye con la batalla de Sedan, del famoso 2 de septiembre de 1870, pero sí considera esa fecha como un hito -para mal- en la historia europea, la historia de las mentalidades, si es que se quiere hablar así. Lo que vino más tarde -la pintura impresionista y las exposiciones de París en 1878 y 1889, gloria y prez de la Tercera República, por ejemplo- pudo ser por supuesto brillantísimo, pero la batalla, ¡ay!, se había decantado del lado malo. Bien puede decirse que, casi ciento cincuenta años más tarde, no hemos salido del agujero.

Aunque, como suele suceder, no sin que en esos últimos treinta años del siglo, sucedieran -y Figes se detiene a relatarlas- cosas dignas de mención, como la aprobación de normas internacionales, como en Convenio de Berna de 1886, para proteger los derechos de autor. Lo que se llevaba anhelando tanto tiempo: una buena normativa forma parte del progreso tecnológico. Es el software.

La obra, se insiste, ha recibido muchos comentarios, casi siempre elogiosos. Y con justicia. Suele decirse -recientemente por Rafael Núñez Florencio en esta misma Revista, sin ir más lejos- que no hay nada tan cambiante como el pasado. Es una manifestación sin duda sarcástica, justificada -en España y no solo- en las manipulaciones a las que la historia se ve sometida con los propósitos innobles que están a la vista de todos. Del libro no puede afirmarse, por supuesto, que sea neutral ni que parta de premisas indiscutibles -siempre que se le pone una fecha precisa a algo tan continuo como la historia se está entrando en un terreno pantanoso-, pero sí se debe reconocer que Orlando Figes ha hecho un esfuerzo descomunal. Primero, en recoger cientos, miles de datos: sobre personas, sobre obras musicales o literarias, sobre ciudades y sobre casi cualquier detalle. Y segundo, porque un empeño tan ambicioso, y por ende tan arriesgado, ha terminado arrojando un resultado no ya bueno sino espectacular, aunque solo sea por el enorme goce que proporciona a los lectores. No es un libro para una tarde. La lectura se toma muchas horas, pero al acabar tiene uno la impresión de que se le ha abierto el apetito de saber y que le gustaría haber seguido.

Típico libro para regalar. Seguro que queda uno muy bien.

Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Politécnica de Madrid.

 

 

[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

 

Uma sociedade regida pelo pressuposto da igualdade de direitos e de dignidade entre todos os cidadãos produz, até certo ponto, subjetividades diferentes das produzidas pela lógica das sociedades capitalistas

Escrito por MARIA RITA KEHL*

Sim, já fui “convidada”, nada gentilmente, a ir viver na Ilha. Quem grita isso para um oponente de esquerda pensa estar fazendo a ofensa mais grave que se possa imaginar. Escrevo esse artigo para esclarecer que, no meu caso, não me ofendo com quem me “expulsa” daqui com destino a Cuba, assim como não me ofendo com quem me manda à puta que me pariu. Respeito as putas, mesmo que a senhora que me pariu, querida mãe, nunca tenha tido essa profissão. Pensando bem: é sempre mais difícil ofender uma pessoa de esquerda. Em geral, não temos preconceitos contra uma série de coisas que os agressores usam, na tentativa de atingir nossa autoestima. Acho que só me ofenderia se alguém me chamasse de… bolsonarista.

Mesmo assim, quero me explicar um pouco antes que me perguntem por que uma psicanalista brasileira, de classe média, resolveu escrever sobre aspectos da vida em Cuba.

A psicanálise é uma técnica de investigação sobre o sujeito: o trabalho conjunto entre analisando e analista busca integrar à consciência as formações do inconsciente responsáveis pelos sintomas e os padecimentos que motivaram a demanda de análise. A premissa, do lado do analista, é que na origem da formação de sintomas se encontram representações recalcadas de culpas, conflitos e, sobretudo, desejos. Não recalcamos todas as nossas fantasias: apenas aquelas que poderiam rasgar a imagem de perfeição que se tenta manter perante os outros e, sobretudo, diante do espelho.

Mas Freud não limitou sua investigação ao material subjetivo obtido em consultório. Também dedicou alguns ensaios muito importantes à análise de fenômenos sociais. Cito os mais conhecidos, fora de ordem. O inventor da psicanálise se indaga por que há guerras[1]; ou quais fatores provocam a uniformidade característica do comportamento das massas[2]; o que produz angústia nos homens ditos civilizados[3] e, no caso do mais ousado e imaginativo dentre eles, a origem do tabu do incesto[4].

Foram os filósofos da chamada Escola de Frankfurt que destacaram a importância dessa parceria investigativa entre a psicanálise e as teorias sociais. Os exemplos mais conhecidos são o ensaio de Adorno sobre a Indústria Cultural e a série de artigos de Walter Benjamin a respeito da vida em Paris[5], entre os quais se incluem os magníficos ensaios sobre a poesia de Baudelaire. Estes últimos, aliás, tiveram sua publicação na frankfurtiana Revista de estudos sociais recusada.

Recusa imperdoável, a meu ver. Adorno e Horkheimer já estavam refugiados nos Estados Unidos, enquanto Benjamin lutava para sobreviver numa Paris sob iminente ocupação alemã. Não, tal recusa não foi a causa de seu suicídio, na fronteira entre França e Espanha, quando tentava fugir do risco de uma segunda captura, dessa vez pelos nazistas (ele já havia estado em um campo de concentração francês durante o regime de Vichy). Mas a rejeição de seus últimos ensaios, cujo conjunto se chama Paris, Capital do século dezenove – e que inclui um capítulo extraordinário dedicado a Baudelaire – agravou a penúria do membro mais talentoso da Escola de Frankfurt, que já vivia em Paris quase na miséria. Durante a ocupação de Paris, Benjamin juntou-se a um grupo de outros judeus para tentar escapar pelos Pirineus em direção à Espanha. Ao chegarem finalmente a Port Bou, a fronteira estava fechada. Esgotadas as forças e as esperanças, Benjamin tomou, a noite, a cápsula de veneno que levava consigo caso fosse capturado pelos alemães. De manhã, a fronteira reabriu. O corpo de Walter Benjamin foi enterrado no pequeno cemitério do vilarejo francês.

Que introdução comprida, dirá o leitor. O que os filósofos de Frankfurt e o destino funesto de Benjamin teriam a ver com a provocação da direita brasileira ao mandar os opositores do presidente para Cuba?

De fato, esse breve ensaio há de valer-me mais algumas simpáticas recomendações para que vá terminar meus dias na Ilha. Esclareço que a evocação aos frankfurtianos se dá porque foram eles que ousaram o gesto intelectual de incluir elementos da psicanálise em suas tentativas de investigar a sociedade, seu funcionamento, suas mazelas. Nesse artigo, as breves observações de uma psicanalista que passou por Havana[i] me autorizam a partir deste princípio frankfurtiano. Não sou a pessoa indicada para analisar a situação política da Ilha, mas sou sensível às evidências de que mudanças nas condições do laço social – como a premissa, difícil de se cumprir, de que somos todos iguais em dignidade e direitos – produzem transformações na subjetividade dos cidadãos.

Os poucos dias que passei em Havana junto com muitos escritores brasileiros convidados para a Feira do Livro de 2005[6], me fizeram constatar que, sim: se as condições que regulam o laço social se transformam, a subjetividade se transforma também. Em Havana tive a alegria de observar alguns efeitos que a mudança de paradigma – do individualismo ao coletivismo – promoveu no laço social. Uma sociedade regida pelo pressuposto da igualdade de direitos e de dignidade entre todos os cidadãos produz, até certo ponto, subjetividades diferentes das produzidas pela lógica das sociedades capitalistas.

Não, leitor: não omito nem me esqueço dos paredones em que Fidel executava dissidentes. Serão mesmo a burrice e a brutalidade inerentes a todas as tiranias, necessárias para manter uma sociedade baseada nos ideais socialistas, em um mundo quase todo capitalista?

Sendo assim, o que será do socialismo cubano depois da morte de Raúl Castro, o irmão bem menos carismático do que Fidel – o qual, depois de morto, imortalizou-se como símbolo dos ideais da revolução?

Ouso supor que o que sobrou dos ideais da Revolução em Cuba não dependa tanto de quem ocupe o lugar do principal dirigente político. Eles são uma conquista do povo cubano. Também não estou certa de que esses ideais precisem ficar estagnados à força. Eles estão vivos entre os habitantes da ilha. Disse o motorista que nos conduziu do aeroporto ao centro de Havana: “Penso que muitas coisas poderiam mudar sem comprometer o socialismo”Quero apostar que o povo cubano se encarregará dessas transformações, sem destruir os pressupostos básicos do socialismo. Esta aposta se baseia, antes de mais nada, na observação da sociabilidade progressista mantida, por sua livre vontade, entre os membros do Movimento dos Trabalhadores Rurais sem Terra (MST). Muitos de seus valores foram inspirados… na sociedade cubana.

Mudanças de Paradigma

A diferença mais evidente, para quem vem de um país em que vigora a economia de mercado, é a mudança na relação com o tempo. Nas ruas de Havana, os cubanos não parecem correr atrás do paradigma alheio – isto é: das sociedades organizadas sob a pressão da hiperprodutividade, da corrida incessante para passar à frente dos outros e, hoje, da aquisição e substituição contínua de novas mercadorias e tecnologias superadas rapidamente pelo cálculo da obsolescência programada. Esse que também nos faz sentir obsoletos, se não corrermos o tempo todo atrás das “novidades”.

Os cubanos não parecem estar “correndo [para] buscar seu lugar no futuro”, como no samba do Paulinho da Viola[7]. Ainda tentam resolver os problemas criados por sua revolução, sem dispor de interlocutores em outros países para trocar experiências.

Não sei se é correto chamar essa temporalidade, vivida com menos pressa, de pré-capitalista. Talvez seja uma temporalidade que tangencia a nossa, sem nunca se encontrar com ela. Mas, ao contrário da nossa, ela também é consequência da permanência do impacto subjetivo e social de sua revolução. Não seria justo dizer que os cubanos estão presos ao passado, mas, sim, que o passado lhes fornece uma forte referência a respeito de quem eles são. Antes que digam que isso acontece porque o povo em Cuba não tem mais nada do que se orgulhar, se engana. Ninguém contesta ou ironiza o sentimento de identidade nacional dos franceses, que também se apoia em uma revolução que se passou há quase dois séculos e meio. Imaginemos, então, como ainda é atual, para os cubanos, o triunfo da revolução de 1953-59. Este que os mais velhos ainda se lembram de ter presenciado. Este que tem que ser defendido diariamente, contra a ameaça norte-americana.

“Faltam” outdoors, em Havana. Há a propaganda socialista, que afinal é bem discreta. Alguns dirão: mentirosa. Porém… o que é mais enganoso: acreditar que um carro novo seja o caminho da felicidade, que tudo fica melhor com Coca Cola ou… que “nossa força são nossas ideias”? Eu diria que a moção de desejo expressa na propaganda socialista aponta para a possibilidade de uma ética muitíssimas vezes melhor do que a lógica da exclusão e a ética da rivalidade permanente que alimentam a pulsão consumista no capitalismo, onde o valor de uma pessoa é medido pelo número de pessoas que ela conseguiu deixar para trás.

Assim, o outdoor que o visitante encontra ao desembarcar no aeroporto de Havana não anuncia um novo modelo de automóvel nem um hotel de luxuoso:

Nesse momento, no mundo, milhões de crianças dormem nas ruas. Nenhuma delas é cubana”.

Seria apenas um apelo publicitário, sentimental – se não fosse verdade. Crianças nas ruas, só quando vão de lá para cá. É bonito ver as crianças cubanas ao sair da escola, de uniforme, a fazer fila para comprar sorvetes na famosa Copelia. O preço dos sorvetes em pesos cubanos é acessível a elas. Nós, turistas, pagamos de boa vontade (não todos) o custo mais alto que permite a distribuição mais igualitária. Mas também há crianças que nos abordam pedindo se as podemos presentear com… uma caneta Bic! Isso não é pobreza: é embargo. Faltam canetas Bic e muitas coisas mais, em Cuba.

A burrice da tirania da família Castro é a contrapartida da burrice do país mais rico do mundo que comanda o embargo contra o comércio com Cuba. Mas apesar da pobreza que não é miséria, penso que não temos que comparar Cuba com o Brasil, mas com o Haiti. Sem o socialismo, Cuba seria um Haiti.

Não temos que comparar a população de Havana com a das classes médias brasileiras, mas com a das nossas favelas. O caso é que os moradores pobres do centro de Havana estão expostos aos olhos dos turistas, enquanto a vida em nossas favelas acontece longe dos bairros que a classe média frequenta. Mas os pobres de Havana não estão abandonados à própria sorte. Há escolas para seus filhos, há atendimento médico gratuito, para todos. O tecido social não se degradou, como aqui. Os cubanos sabem que seus filhos hão de formar-se e não passarão fome, e que eles próprios não estarão desamparados na velhice.

Isso confere a vida social uma espécie de relaxamento, um modo mais desarmado de se comunicar com o estranho, que nos é desconhecido na terra do “cada um por si e Deus por todos…” ou Deus pelos que já nasceram acima dos outros. Claro que tudo isso torna mais revoltante a burrice dos ditadores, que não confiam na consolidação, entre a população cubana, dos valores socialistas.

Estes são atualizados espontaneamente pelo comportamento dos cubanos que, em sua pobreza, não se sentem inferiores aos turistas. Assim como não se parecem preocupar em fazer pose de superiores a seus conterrâneos.

Relato, aqui, três episódios sobre os quais os leitores haverão de examinar o pressuposto freudiano de que a subjetividade também é afetada pelas condições do laço social. Uma sociedade que cria dispositivos de promoção de igualdade – tanto de direitos quanto de recursos – desenvolve sentimentos de dignidade em seus cidadãos. Embora a economia da Ilha dependa fortemente do turismo, os cubanos não me pareceram subservientes a seus visitantes, vindos de países mais ricos. Esses que, no Brasil, os serviçais costumam chamar de “patrões”.

O primeiro episódio me foi narrado por Emir Sader, que viveu como exilado em Havana durante a ditadura brasileira de 1964-85. Emir trabalhava em sua tese de doutorado. No terreno vizinho ao do quarto em que tentava estudar, um grupo de trabalhadores braçais ouvia música em alto volume. Emir saiu à janela e pediu, com delicadeza: por favor, compañeros, les pido que bajen el volumen de la música. Es que estoy trabajando…

Ao que os operários responderam, com naturalidade e sem nenhum rancor (desse que os pobres tentam disfarçar ao ter que obedecer às ordens desagradáveis dos “de cima”): ¡Nosotros también!

E dá-lhe salsa, rumba, boleros…

O embargo também atinge o turista, que nem sempre conta com fartura, por exemplo, en el desayuno del hotel. Não vale, num país mais igualitário, a norma de que “o freguês tem sempre razão”. As garçonetes do hotel tratavam-nos sem nenhuma deferência especial. As frutas do café da manhã, que nos hotéis brasileiros são abundantes a ponto do desperdício, lá – imaginem só – não são desperdiçadas, porque … se acabam! Sim, há pouca fartura em Cuba, para quem está acostumado com ela. Talvez, o que não sobrar para o turista seja o que permite que nenhuma criança, além de não dormir ao relento, também não passe fome. Diante da impossibilidade de atender a algum pedido, os funcionários não nos tentam enganar porque não sentem medo de nós.

¿Hay más papaya, señorita?
¡Se acabó!

Também ela estava chateada com que as frutas tenham se acabado. Só que não tinha medo de me dizer isso. Não me tentou enrolar, dizendo: ”Vou ver na cozinha”, para depois sumir da minha vista.

A Feira do Livro de Havana é em fevereiro. Quando viajei, não me dei conta de que mesmo no Caribe existe inverno. Levei vestidos leves, camisetas sem manga, nenhuma calça comprida. Tive que entrar numa loja para comprar algo mais quente. O ar condicionado estava ligado no grau mais frio. Pedi ao vendedor que o desligasse ou, pelo menos, aquecesse um pouco o ar. Ele não fingiu que atendia meu pedido, como fazem tantos vendedores no Brasil que curtem o friozinho do ar condicionado e não estão a fim de passar calor por causa da cliente. Respondeu-me com simpatia, sem nenhum ressentimento, como quem está diante de um igual:

¡Qué lástima: no puedo, señora. Es que siento un calor!

Este não é um texto sociológico. O que relatei são pequenas observações de campo que revelam uma diferença significativa de paradigma em relação, pelo menos, à sociedade brasileira – em que ninguém diz “não” a quem tem grana. Em que os pobres, na melhor das hipóteses, valem-se do jeitinho brasileiro – o mesmo que a burguesia aciona para justificar ao empregado por que não o pode registrar. O pressuposto de igualdade de direitos, ativo no imaginário social (ainda quando fraudado por algumas autoridades), confere um relaxamento nas relações entre estranhos. Entrei num banco para trocar dólares por pesos cubanos; a fila era enorme e me pareceu caótica. Cada vez que alguém via um conhecido lá na frente, saía de seu lugar para conversar com ele. Parecia a malandragem brasileira. Pensei que assim, minha vez não chegaria nunca. Ninguém reclamaria dos fura-filas? Claro que não, e logo entendi porque: cada vez que um deles saía de seu lugar para conversar com um conhecido lá na frente, declarava em voz alta: “Último”! O “combinado” era que se podia sair da fila desde que depois voltasse para o fim dela. Pelo jeito, dava certo. Mais tarde, em um grande encontro por ocasião do aniversário da fundação do MST, percebi que essa atitude livre, mas responsável, nas filas, tinha sido adotada pelos compas.

Anos atrás, num carnaval em Salvador, íamos todos terminar a noite num dos poucos restaurantes que ficavam abertos até de manhã. No corredor a caminho do banheiro havia um banco de madeira onde era comum se ver alguém dormindo. Perguntei a um funcionário se aquele era o banco para os fregueses de porre. Ele me disse que não: quem se revezava para dormir ali eram eles mesmos, quando não aguentam mais as jornadas de 24 horas durante o carnaval. Perguntei se valia a pena: o patrão deve pagar dobrado, certo? “Não, dona, ele não pode pagar mais pra nós! Aqui a gente ajuda ele, mas quando tem algum aperto ele também ajuda a gente. Quando a mulher do meu colega estava pra dar à luz, acredita que ele levou no carro dele pra maternidade?”.

Este é o jeitinho da dominação cordial brasileira. Funciona, não porque atenua o desamparo dos trabalhadores, mas porque tira partido desse desamparo. Nós é que deveríamos dizer “Vai pra Cuba!” para o patronato brasileiro. Na esperança de que, quem sabe, aprendam alguma coisa por lá.

*Maria Rita Kehl é psicanalista, jornalista e escritora. Autora, entre outros livros, de Ressentimento (Boitempo).

Publicado originalmente no Portal Carta Maior.

Notas:


[1] “Por que a guerra?”. Carta a Einstein, 1932.

[2] Psicologia de massas e análise do eu, 1921.

[3] O mal-estar na civilização, 1930.

[4] Totem e Tabu, 1912-13.

[5] “Paris, a capital do século dezenove”.

[6] O Brasil da era Lula foi o país homenageado na Feira do Livro de Havana, em 2005.

[7] “Sinal Fechado”.

[ i] O Brasil foi o país homenageado pela Feira do Livro de Havana, em 2005. A editora Boitempo enviou vários autores para fazer conferências lá – entre os quais tive a honra de me incluir. Minha conferência foi sobre os dois conceitos que participam, com sentidos diferentes mais concordantes, da psicanálise e da teoria críticas: Fetichismo e Alienação.

 

[Ilustração: Hamilton Grimaldi – fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

En 2019, tandis que le Maroc commémorait le vingtième anniversaire de la mort de l’écrivain Paul Bowles, qui aura passé la plus grande partie de sa vie à Tanger, Hisham Aidi se demandait comment cet Américain raffiné en était venu à développer des liens si forts avec son pays. Et comment il est aujourd’hui «vendu» à l’Occident comme figure nostalgique du mythe d’un Tanger cosmopolite et artistique sur lequel plane toujours un fort soupçon d’orientalisme.

Paul Bowles à Tanger, en 1989

Au milieu des années 1990, j’avais pour habitude d’organiser des promenades littéraires dans « le Tanger de Paul Bowles » pour des amis ou des pèlerins littéraires en visite des États-Unis. Nous nous rencontrions à Madame Porte, le célèbre salon de thé du centre-ville où, en 1948, Jane Bowles et Tennessee Williams avaient passé de nombreux après-midi pluvieux à écrire. Cet endroit, qui grouillait d’espions italiens et allemands pendant la Seconde Guerre mondiale, est mentionné dans Après toi le déluge, le roman exquis de Paul sur le Tanger des années 1950. De là, nous marchions jusqu’à Paradise, le bar également légendaire où Jane aurait un soir retiré la perruque qu’elle portait dans les dernières années de sa vie, et se serait déshabillée. Puis, nous nous baladions jusqu’à l’hôtel Muniria, où Jack Kerouac et Allen Ginsberg résidèrent, et où à l’étage, dans la chambre n° 9, William Burroughs écrivit Le Festin nu. De là, nous traversions le boulevard jusqu’au Café de Paris, repaire de Jean Genet.

LA VILLE DES ÉCRIVAINS

Ensuite, nous tournions à droite et descendions vers l’Hôtel Villa de France, où Henri Matisse peignit La Fenêtre à Tanger en 1912, et où Gertrude Stein et Alice B. Toklas avaient séjourné dans les années 1920 dans la chambre n° 35 de Matisse. Plus bas dans la médina se trouvait le minuscule Café Raqassa, où le romancier Mohamed Choukri avait pour coutume de se lover sur la banquette de la table du coin et y lire le journal tous les matins. Puis quinze minutes de marche à l’ouest jusqu’à Merkala, la plage au pied de la « Montagne anglaise », avant d’arpenter un chemin escarpé jusqu’au lieu où Bowles loua une maison pour la première fois en 1931. Perché au sommet des falaises se trouve le bungalow où il écrivit son dernier roman, La Jungle rouge (1966). Enfin, en descendant la colline jusqu’au sanctuaire d’Ibn Battuta — le grand explorateur et natif le plus connu de Tanger — nous terminions par un dîner au restaurant de mon grand-père Hamadi : fondé en 1951, il demeure à ce jour le restaurant le plus ancien de la ville.

Depuis cette époque, j’ai essayé de ne pas trop songer à l’ombre que Paul Bowles laissa planer sur Tanger, mais les commémorations de cette année — le 20e anniversaire de sa mort et le 70e de la publication de Un Thé au Sahara — m’ont rendu la tâche difficile. À Tanger, des célébrations pour marquer ce « chef-d’œuvre existentiel » sont en cours, notamment de flamboyantes réceptions et autres bals masqués. Et ainsi, je me retrouve à demander comment cet écrivain américain raffiné en est venu à développer des liens si forts avec le Maroc, et comment il fut érigé ces dernières années à la fois en figure de la nostalgie et de la discorde.

Longtemps un refuge pour nombres d’écrivains espagnols et français, Tanger voit arriver les premiers auteurs américains à la fin du XIXe siècle : Mark Twain en route pour Jérusalem s’y arrêta en 1867, les peintres Louis Comfort Tiffany en 1870 et Henry Ossawa Tanner en 1912, et Edith Wharton en 1917. En 1931, lors de la première visite de Bowles, les artistes américains ayant trouvé résidence à Tanger étaient alors principalement noirs : Claude McKay, Anita Reynolds, Juice Wilson, Joséphine Baker. Ces Afro-Américains sont arrivés au Maroc via Paris, où ils avaient formé une importante communauté au lendemain de la Première Guerre mondiale, lorsque la renaissance de Harlem se propagea en France. À son arrivée, Bowles commença à fréquenter Claude McKay et Anita Reynolds. Tout comme les autres Américains, il avait également découvert l’Afrique du Nord à travers la France. Au lycée, il avait lu Marcel Proust, le comte de Lautréamont et André Gide — les récits de ce dernier, en particulier de ses voyages et de ses rendez-vous sulfureux en Algérie et en Tunisie, avaient fait apparaître l’Afrique du Nord dans l’imagination adolescente de Bowles.

Bowles s’installa à Tanger en 1947 et y vécut jusqu’à sa mort en novembre 1999. C’est là qu’il se sentait le plus libre, loin des contraintes de la vie bourgeoise américaine et de l’hystérie de la guerre froide. « Chaque jour passé de ce côté-ci de l’Atlantique, écrivait-il en 1933, était un jour de plus hors de prison ».

LA PÉRIODE DE L’APRÈS-GUERRE

Les puissances européennes et la monarchie marocaine se disputaient depuis longtemps le contrôle de Tanger. En novembre 1912, l’Espagne et la France négocièrent un traité qui divisa le Maroc, transformant leurs sphères d’influence en protectorats officiels. Le statut de Tanger fut négocié séparément et, en décembre 1923, la France, l’Espagne et le Royaume-Uni signèrent le protocole de Tanger à Paris, créant une nouvelle administration et plaçant la ville au centre d’une zone internationale de près de 400 km2 supervisée par un comité de neuf puissances occidentales. La ville était désormais dirigée par un tribunal qui comprenait des juges français, espagnols et britanniques, ainsi que le mendoub, le représentant du sultan marocain. C’est cette période internationale de l’après-guerre, de 1923 à 1956, qui façonna l’image de Tanger comme port franc, paradis fiscal et lieu international d’intrigues et d’excès (le Maroc obtint son indépendance de l’Espagne et de la France en 1956, mais Tanger conserva une partie de son statut spécial jusqu’en 1960).

Lorsque Bowles revint à Tanger en juillet 1947, la zone était encore au centre des machinations des grandes puissances, mais était également devenue un centre d’attention du mouvement anticolonial au Maroc. Les nationalistes marocains faisaient jouer les États-Unis et l’Orient arabe l’un contre l’autre, mais en se penchant tout de même du côté de la Ligue arabe. Dans ses reportages pour les magazines The Nation et Harper’s, entre autres publications, Bowles fit la chronique des dernières années de la zone internationale, rendant compte des luttes intestines entre dirigeants marocains, de l’impact de la guerre d’Algérie sur Tanger et de la manière dont le nationalisme façonnait la culture musicale. Il plaida contre le virage du Maroc vers l’Orient — vers le Mouvement des pays non alignés — et appela les États-Unis à intervenir. Dans sa fiction, il explora la rencontre de l’Amérique avec « l’esprit primitif », ainsi qu’il le décrivait à ses lecteurs.

Son premier roman, Le Thé au Sahara, raconte l’histoire d’un Américain qui fuit la modernité abrutissante de New York et erre à travers le désert algérien, avant de ne se détériorer psychologiquement. Publié à l’automne 1949, le roman est vite devenu un best-seller et fit de Bowles un nom reconnu. S’ensuivirent trois autres romans et plusieurs autres nouvelles avec Tanger comme toile de fond.

Le Thé au Sahara fut rapidement hissé au rang de culte, en particulier parmi le mouvement grandissant des Beats qui se tournait toujours plus vers le Proche et l’Extrême-Orient en recherche d’inspiration. Bowles n’a pas créé à lui seul le « mythe de Tanger », mais il a définitivement contribué à lui donner une respectabilité littéraire, un style et une audience américains. Très vite, des poètes et des écrivains new-yorkais commencèrent à affluer vers l’« interzone » — le surnom attribué par Burroughs à la Tanger coloniale — à la recherche d’un espace de conscience altérée et de libération, infusé de sexe et de drogue. Au début des années 1950, Burroughs, Ginsberg, Kerouac, Bryon Gysin, Tennessee Williams, Truman Capote et Susan Sontag gravitaient tous autour de ce « portail vers l’inconnu » que serait Tanger, baptisé ainsi par un auteur. Il en est de même pour les écrivains européens comme Jean Genet, Juan Goytisolo et Joe Orton, mais l’influence de Bowles ne se limitait pas à la communauté littéraire. Dans les décennies qui ont suivi, ses enregistrements et sa promotion de la musique marocaine ont attiré de nombreux producteurs et artistes tels que Patti Smith ou encore les Rolling Stones.

Un des grands paradoxes de la contribution de Paul Bowles est qu’il cessa d’écrire des romans sitôt que la ville de Tanger devint partie intégrante du Maroc en 1959. Au cours des années 1960 et 1970, il se concentra davantage à enregistrer et traduire le darija (dialecte arabe marocain) et retranscrire les récits des hommes qu’il rencontrait dans les cafés de Tanger. Au moment de sa mort, en 1999, l’idée de Tanger comme d’un lieu de découverte de soi était devenue sens commun en Occident et dans le monde arabe, et Bowles fut érigé en géant de la littérature américaine, malgré des décennies de silence.

« ORIENTALISME » ? »

Le 24 mai 1993, je frappai à la porte de l’appartement de Paul Bowles à l’Itesa, son immeuble. (Lui et Jane vivaient dans ce bâtiment depuis le début des années 1960. À l’image de leur mariage non conventionnel, Paul résidait au cinquième étage et Jane vivait quant à elle au quatrième, jusqu’à ce que sa santé mentale se détériore et qu’elle décède en 1973). Je suis arrivé ce jour-là avec une copie de ma thèse de premier cycle, intitulée Paul Bowles est-il orientaliste ?. Abdelouahid, son chauffeur, me fit entrer.

Bowles était allongé dans son lit, une serviette coincée dans son col, se préparant à boire son thé de l’après-midi. Je me présentai comme un local, un Tanjaoui, même si j’étais alors un jeune homme de 20 ans étudiant aux États-Unis. Il s’excusa de ne pouvoir parler beaucoup, car il venait de subir une opération dentaire. Nous pûmes cependant nous entretenir pendant vingt minutes, pendant qu’il sirotait son thé dans un bol à l’aide d’une paille et grignotait une tranche de fromage Gouda, sur la façon dont Tanger changeait, sur la manière dont même sa langue vernaculaire hispano-arabe colorée — un type de créole parlé principalement par les femmes locales — était en train de disparaître.

Je lui demandai si je pouvais prendre une photo avec lui. « Bien sûr » sourit-il faiblement. « J’ai peur de ressembler à un chat après la chirurgie ».

Je lui remis une copie de ma thèse. Il leva les yeux de la page de titre : « ‟Orientalisme” ? – C’est un terme négatif, n’est-ce pas ? » La fausse naïveté, j’apprendrais plus tard, faisait partie intégrante de sa personnalité. Il me dit de revenir le lendemain.

Le jour suivant, il se sentait mieux. « Eh bien, dit-il en se redressant, vous n’avez pas dit que j’étais innocent, mais vous m’avez jugé non coupable ». Dans ma dissertation, j’avais parcouru ses romans et ses nouvelles en analysant en particulier ses représentations du Maroc, et conclu que bien que tous les tropes de la tradition orientaliste — exotisme, intemporalité, barbarie — y figuraient, Bowles devait néanmoins être épargné. Bowles, ai-je soutenu, « use et détourne [les thèmes orientalistes] avec une telle ironie, qu’il en démontre essentiellement leur absurdité ». Il « cherche à étudier les Marocains en tant que peuple, et non en tant que vestiges d’un passé primitif ».

L’Américain était satisfait de mon verdict. J’étais, a-t-il dit, le premier chercheur marocain — originaire de Tanger de surcroît — à le défendre. Il ajouta sa signature sous l’imprimé de mon nom (il y a quelques semaines, un frisson me parcourut l’échine en tombant sur cette même fameuse copie que je lui avais remise — bien que désormais jaunie et tâchée de café — dans les archives de la Collection Paul Bowles de l’Université de Delaware). Plus tard, la thèse a été intégrée à une collection intitulée Writing Tangier (Écrire Tanger) (2004). Je vois encore parfois des citations dans des dissertations d’étudiants au sujet de Paul Bowles, lesquelles soulignent qu’un Tanjawi (Tangérois), au moins, ne l’aurait pas considéré comme un orientaliste.

« ARRÊTE, POURQUOI TU LE DÉFENDS ? »

J’avais commencé à organiser mes balades littéraires de Tanger ce mois juin. Trois mois plus tard, lorsque je suis arrivé à Columbia en tant que jeune doctorant, j’obtins un rendez-vous avec Edward Said lui-même pour partager avec lui mes réflexions quant aux raisons qui font que Bowles serait la grande exception. Je fus brusquement ramené à la raison.

« Bowles ? C’est le pire », a déclaré Said en balayant mon propos d’un revers de la main. Je mentionnai « The Delicate Prey », une courte nouvelle de Bowles. Said m’interrompit : « Oui, l’histoire du linguiste… » Alors que j’essayai de poursuivre mon argument, Said leva la main : « Arrête, pourquoi tu le défends ? Arrête ».

J’ai continué à rendre visite à Paul Bowles régulièrement au cours des cinq années suivantes. Lui et moi bavardions — sur les études supérieures, sur New York, sur le déclin de Tanger, etc.

**

LA MÉDINA, INSPIRANTE ET PAUVRE

La mémoire collective de Tanger est empreinte de nostalgie et centrée autour de la médina, la vieille ville. La médina, nous disaient les anciens, était autrefois l’épicentre du monde islamique : c’est depuis le port où la médina rencontre la mer, que Tariq Ibn Ziyad avait mis les voiles et conquis l’Espagne en 711. Après la chute de Grenade en 1492, c’est dans la médina de Tanger que les juifs et les morisques ont trouvé refuge, s’installant dans ses ruelles, préservant la mosaïque culturelle de l’Espagne islamique. De nos professeurs d’école de français et d’espagnol, nous avons également appris que la médina avait inspiré des chefs-d’œuvre de l’art occidental, dont le tableau d’Eugène Delacroix, Les Fanatiques de Tanger, peint après avoir vu des membres de la confrérie issawa danser dans la rue Es Siaghine. Le Zoco Chico, la place au bas de la médina, fut sacré espace littéraire. Tennessee Williams écrivit Camino Real au Café Fuentes, tandis que de l’autre côté de la place, William Burroughs a fait du Café central, que Genet fréquentait également, le modèle du Meet Café, avec sa clientèle de proxénètes et d’arnaqueurs, que l’on peut découvrir dans A Naked Lunch.

Pourtant, la misère économique et la répression politique des années 1980 et 1990 font qu’il est difficile de croire que la médina ait pu constituer un jour un espace libre. La plupart des habitants n’avaient jamais entendu parler de ces écrivains célèbres. Je n’ai personnellement entendu parler de Bowles que lorsque, en 1988, une équipe de tournage de Bernardo Bertolucci a commencé à travailler devant notre restaurant familial à l’entrée de la Kasbah sur l’adaptation de Le Thé au Sahara. Adolescents, nous nous demandions quelles vérités contenaient les livres de l’Interzone, et si Tanger avait en effet été mieux nanti sous la domination occidentale, comme les nostalgiques locaux et étrangers semblaient le laisser entendre. L’intégration progressive de Tanger au Maroc, dès la fin de 1959, déclencha un lent déclin économique et politique qui s’étalera sur plusieurs décennies. Cette année-là, un soulèvement éclata contre la monarchie, alors que le parti nationaliste arabe Istiqlal et l’armée tentaient de prendre le contrôle du Rif, la région au nord du pays autrefois sous domination espagnole. Le prince héritier réprima la rébellion. Plus tard, devenu roi, Hassan II, le petit souverain s’est montré vindicatif, privant la région d’investissements et de services. La version que nous apprenions à l’école était que la monarchie avait libéré le nord de l’oppression coloniale. Mais quelle libération le régime (makhzen) a-t-il véritablement apporté ? Après l’indépendance, alors que l’intelligentsia locale commençait à se former à Tanger, beaucoup en sont venus à considérer le corpus littéraire américain sur le Tanger des années 1950 comme un témoignage précieux d’un âge d’or perdu.

Lorsque je suis arrivé aux États-Unis, j’ai tenu à lire les auteurs américains qui avaient écrit sur l’Interzone de Tanger. Outre Bowles, j’ai été intrigué par les beats, en particulier les anciens élèves de l’université Columbia — Kerouac, Ginsberg, Lucien Carr —, étudiants de Lionel Trilling et fans d’Arthur Rimbaud. Ils avaient en quelque sorte cartographié Greenwich Village sur Tanger, transformant ainsi le boulevard Pasteur en « Bleecker Street de l’Afrique du Nord ». Or même en tant qu’étudiant en deuxième année d’université, je réalisai bientôt que leurs écrits portaient davantage sur l’Amérique maccarthyste étriquée qu’ils cherchaient à fuir que sur le Maroc en tant que tel.

UN MÉPRIS SOUVERAIN POUR LES « INDIGÈNES »

Le style de vie frivole et épicurien que ces écrivains menaient — passant d’une séance de fumage de haschisch aux bals masqués — ne me choquait pas. Les soirées extravagantes avec danseurs, acrobates et charmeurs de serpents organisées par des expatriés dans de luxueuses maisons flanquées à la colline connue sous le nom de « Montagne anglaise » à la périphérie de la ville, font partie du décor de Tanger. Ces mêmes expatriés oisifs qui se décrivaient comme « tangerines » et appelaient leurs servantes « la fatima » et leurs chauffeurs « el mohamito ». Il était même gratifiant de voir que Tanger, tout comme Berlin, joua un rôle important dans le lancement d’un mouvement littéraire gay – d’une certaine manière en avance sur l’Occident, en ayant le doigt sur le « pouls pronostique du monde », comme le disait William Burroughs.

Mais le plus surprenant était que, tandis que ces écrivains se délectaient des plaisirs de la ville, à l’exception des Bowles, ils n’aimaient pas vraiment Tanger. Les beats affichaient un mépris souverain à l’égard des indigènes, décrivant invariablement les Marocains comme « rakish » ou « raffish » (débauchés). Capote trouvait Tanger trop étranger, décrivant les hommes comme des « barbares bruyants » et les femmes comme des « paquets de linge anonymes ». Il alerta des amis à New York sur « l’odeur de l’Arabe ». Burroughs qualifia quant à lui les habitants de « groupe d’Ay-rabs » (bougnules) et en 1958, il déclara : « Tanger est finie. Les chiens arabes sont parmi nous ».

Paul et Jane Bowles, de par leur véritable intérêt intellectuel pour l’histoire et la culture populaire de Tanger, se démarquaient du reste de la communauté des expatriés. Dans des essais écrits pour la presse américaine, Paul Bowles retraça l’histoire de la médina du début des années 1930 à l’indépendance. Il y raconta notamment comment la répression du sultan contre les pratiques soufies (« la grande purge puritaine ») dans le centre du Maroc se propagea au nord du pays. Les nationalistes d’Istiqlal avaient spécifiquement ciblé le Zoco Chico comme un lieu de perdition. Les bars près des mosquées furent fermés, d’autres furent exhortés à ne pas servir les musulmans. Les femmes surprises dans des bars se firent raser la tête et les sourcils.

CRITIQUE DU NATIONALISME ARABE

Dans cette atmosphère, la défense de Bowles des Amazighs ou Berbères s’avérait audacieusement transgressive. La culture marocaine « n’est pas principalement arabe, mais berbère », insistait-il – face aux nationalistes arabes qui agissaient comme s’ils estimaient que « les Berbères n’avaient point de culture », et qui tentaient alors d’entraîner le pays dans la Ligue arabe. « L’opinion générale est que la population autochtone doit à tout prix être arabisée pour pouvoir bénéficier des avantages de l’indépendance », observa-t-il, acerbe. « Personne ne semble avoir songé à la possibilité d’un Maroc berbère indépendant. En fait, le simple fait de mentionner les Berbères revient à être qualifié de réactionnaire pro-Français. Aujourd’hui, devenir moderne signifie vraisemblablement devenir égyptien ».

Lire ces mots dans ma chambre de dortoir en Pennsylvanie durant l’hiver 1992 était à la fois passionnant et effrayant. En tant que Marocains — en particulier ceux d’entre nous issus de la région berbère du nord — nous avions grandi dans un climat de peur, et je n’avais alors jamais entendu ni lu qui que ce soit critiquer publiquement le nationalisme arabe, ni même parler si ouvertement de l’animosité de l’arrière-pays marocain envers Fès, la ville de l’intérieur, considérée comme le siège du régime. Entendre cet écrivain américain excorier ouvertement l’élite dirigeante marocaine pour sa cruauté et ses magouilles avait quelque chose de tout à fait grisant.

Bowles contribua à faire de Tanger un contrepoids à tout cela. Grâce à son influence, trois revues littéraires de langue anglaise y ont été lancées : Antaeus, Gnaoua et Zero. Mais surtout, Bowles m’aidait à réfléchir sur ma propre identité : pour un Maroc pris en étau entre les hégémonies occidentale et arabe, y avait-il une alternative ? Dans quelle direction la population berbère du Maroc devait-elle se tourner ? Bowles m’incitait à penser au-delà du binarisme « occidental » versus « arabe ».

En arrivant à New York, j’ai vite découvert une scène culturelle marocaine animée qui s’était formée autour d’Allen Ginsberg, le poète Ira Cohen, Ellen Stewart, fondatrice du Théâtre La Mama, et ses protégés ; le peintre Ahmed Yacoubi et le metteur en scène marocain Hassan Wakrim, lequel avait fondé dans les années 1970 le groupe de théâtre et ballet marocain berbère. À La Mama et dans les cafés du Village, des écrivains marocains comme le romancier Tahar Ben Jelloun présentèrent leur travail à Cohen, Ginsberg et aux autres Beats. Tous ces personnages s’étaient rencontrés à Tanger à travers Bowles.

***

UNE « LITTÉRATURE MAROCAINE » SANS HISTOIRE

La critique marocaine à l’encontre de Bowles commença à prendre forme au début des années 1970. Ses premiers critiques étaient le philosophe Abdallah Laroui et Tahar Ben Jelloun, qui tous deux réprimandèrent l’auteur américain pour avoir promu une image du pays comme une terre primitive, où sexe et drogue ne connaissent aucune limite. Laroui également fustigea la bourgeoisie marocaine pour avoir gobé et reproduit la représentation « folklorique » du Maroc de Bowles. Ben Jelloun, dans ses écrits en 1972, accusa l’Américain de dénigrer le patrimoine littéraire de la nation. Bowles, au milieu des années 1960, avait commencé à traduire les mémoires et récits de jeunes analphabètes fauchés de Tanger (bien qu’il ne puisse pas lire l’arabe, Bowles comprenait le dialecte darija). Les plus connus d’entre eux étaient A Life Full of Holes de Larbi Layachi (1966), récit d’un petit voleur, gigolo et prostitué masculin, de ses déboires avec la police et de ses combines avec les touristes (le livre a été adapté en film par la BBC) Look and Move On (1967), les périples de Mohamed Mrabet, un arnaqueur et caddie de golf qui travaillait pour un couple américain ; et l’ouvrage le plus fameux, Le pain nu (1972) de Mohamed Choukri, un récit autobiographique de son voyage du Rif à Tanger, de son enfance dans les rues de la zone internationale et de sa profession d’instituteur, qu’il raconta en détail à Bowles en espagnol.

Ces livres étaient commercialisés en Occident comme de la « littérature marocaine » et pour beaucoup dans le monde anglophone, il s’agissait de leur première incursion dans le monde littéraire et culturel marocain. Mais selon les critiques de Bowles, les entretiens avec les arnaqueurs de rue et autres proxénètes ont eu pour effet d’effacer toute une tradition littéraire antérieure qui avait vu des écrivains marocains publiés en français et en espagnol depuis les années 1930, sans parler des siècles précédents de poésie et autres écrits en arabe. Il fallait obtenir justice d’une certaine manière en tenant Bowles pour responsable : il n’avait en fait aucunement envie d’apprendre à lire l’arabe (« je n’avais ni le temps ni l’envie ») et s’avérait franchement méprisant de ce patrimoine. « Dans un pays comme [le Maroc], écrit-il, la production littéraire écrite est bien sûr négligeable. Mais d’un autre côté, les Marocains font preuve d’un remarquable sens du rythme, très évolué, qui se manifeste dans les arts jumeaux de la musique et de la danse ».

À Tanger, cependant, Laroui et Ben Jelloun passaient plutôt pour des étrangers aux agendas particuliers. Laroui, en tant que conseiller du roi, se trouvait être un ardent défenseur de l’arabisation. Les Tangérois estimaient que son attaque contre Bowles s’inscrivait dans une nouvelle tentative de l’élite nationaliste arabe de maîtriser la « ville du péché ». Ben Jelloun quant à lui souffrait également d’une relation compliquée avec Tanger. Fils d’un marchand, un Fassi (originaire de Fès) qui s’était installé à Tanger au début des années 1960, il avait fréquenté le lycée français et était considéré comme faisant partie de la nouvelle classe supérieure francophone fassie — comprenant les familles Alaoui, Alami, Ben Jelloun, Berrada, Omrani et Tazi — qui s’était étendue à travers le pays au moment du départ des Français et arrogé des postes de responsabilité au sein du gouvernement. Comme Laroui, Ben Jelloun ne parlait ni l’une ni l’autre des deux langues locales communes du nord – l’espagnol et le tarifit (la langue berbère). Un des paradoxes des travaux de Ben Jelloun, en particulier, était que sa plume présentait souvent les mêmes tropes de mysticisme, de violence et de déviance sexuelle qu’il dénonçait pourtant dans le travail de Bowles. Pour sa part, l’écrivain américain qualifiait ses détracteurs marocains de « marxistes confirmés ».

L’élite littéraire de Tanger était aux côtés de Bowles. Sa réputation dans la ville était à bien des égards liée à celle de l’imperium américain : tant que l’Amérique était vue comme un ami politique, Bowles serait considéré favorablement. Sans grande surprise, après la guerre du Golfe de 1990 et la sortie du film de Bertolucci Le Thé au Sahara la même année, d’autres articles ont commencé à paraître à travers le Proche-Orient, critiquant les représentations du Maroc de Bowles, l’accusant de racisme et d’orientalisme. Au début, les écrivains de Tanger vinrent à sa rescousse, le louant pour son intérêt et son amour de Tanger et pour avoir soutenu la culture indigène du Rif. Même si je ne m’en rendais pas pleinement compte à l’époque, je faisais moi-même partie de cette tendance : défendre Bowles contre les nationalistes arabes qui essayaient de le démolir et de nous imposer leurs préférences politiques. Dans ses dernières interviews, lorsqu’on lui demandait s’il était un « orientaliste », Bowles me citait souvent, notant qu’un universitaire né à Tanger, et maintenant établi aux États-Unis, avait estimé qu’il ne l’était pas.

Mais la solidarité ne dura pas. Deux livres, en particulier, ont suscité une réévaluation : la publication de In Touch : The Letters of Paul Bowles (1994) aggrava un conflit de longue date avec Choukri, et en 1997, le collaborateur et protégé le plus célèbre de Bowles publia Paul Bowles and the Isolation of Tanger. Bien qu’il reconnaisse les contributions de Bowles à la culture tanjaouie, sans oublier l’appui déterminant de Bowles sans qui la publication de l’histoire de Choukri n’aurait pas été possible, l’ouvrage prend à partie l’Américain pour sa nostalgie d’un Maroc arriéré datant d’une époque coloniale oppressive et pour avoir suggéré que les histoires qu’il entendait dans les cafés constituaient les débuts de la littérature marocaine moderne. La phrase qui a cependant eu un effet retentissant était la suivante : « Paul Bowles aime le Maroc, mais n’aime pas réellement les Marocains ». Choukri disposait de solides preuves.

Au fil des décennies, Bowles a fait d’innombrables remarques désobligeantes, qualifiant les Marocains de « puérils », « purement prédateurs » et « essentiellement barbares ». Il a également affirmé que les musulmans visaient la domination du monde par « l’épée et la bombe ».

HIÉRARCHIE DES RACES

Pourtant, la vision que Bowles avait des Marocains était plus complexe que cela et il ne les voyait pas tous sous le même jour. Il sympathisait avec les Amazighs, qu’il considérait comme les premiers habitants de l’Afrique du Nord, un peuple farouchement indépendant et seulement « partiellement islamisé ». Cette affection reposait néanmoins sur quelques idées troublantes de la hiérarchie raciale. Bowles fut profondément influencé par l’« hypothèse hamitique », une théorie anthropologique de la fin du XIXe siècle selon laquelle presque tout ce qui avait de la valeur en Afrique était importé par les Hamites, une branche de la race caucasienne jugée supérieure aux peuples négroïdes. Les Berbères, quel que soit leur teint réel — même les Touaregs à la peau foncée — étaient donc pour Bowles essentiellement une « race méditerranéenne » blanche. L’hypothèse traverse une grande partie de ses écrits de voyage : alors que les Arabes étaient plus civilisés que les « Berbères infiniment moins évolués », ces derniers étaient à leur tour supérieurs aux « nègres ».

Cette théorie influença même sa critique musicale. D’après lui, la musique andalouse (arabe) est « pleine de dignité, jamais primitive », tandis que « la mélodie berbère est bien sûr tout à fait primitive, une sorte de musique des grottes, beaucoup plus sombre et basique, je pense, que la musique nègre ». Dans la hiérarchie idiosyncrasique de Bowles, c’est la musique berbère qui traduit la véritable identité africaine du Maroc – et cette essence culturelle est menacée par les Arabes et leur musique. La collection Music of Morocco récemment publiée reflète ce parti pris, donnant foi à l’affirmation de Choukri selon laquelle Bowles a délibérément déformé la culture locale en faisant valoir sa vision personnelle du Maroc.

Plus le temps passait, plus je vivais en Amérique, et plus je remarquais à quel point Bowles avait façonné la compréhension populaire du Maroc. Je ne parviens même plus à compter le nombre de soirées ou réunions auxquelles j’ai assisté où, en apprenant que j’étais de Tanger, quelqu’un se mettait à citer : « Vous me dites que vous allez à Fès. Maintenant, si vous dites que vous allez à Fès, cela signifie que vous n’allez pas à Fès. Pourquoi m’avoir menti, vous qui êtes mon ami ? » Cette fad

se était censée être basée sur un proverbe marocain, mais il s’agissait en fait d’une bêtise que Bowles lui-même citait souvent, en ce qu’elle offrait ostensiblement une fenêtre sur l’esprit marocain. J’ai commencé à réaliser que le penchant de Bowles pour les Berbères et son aversion pour les Arabes était, à bien des égards, le reflet de la politique coloniale française. Bien qu’il fût tout à fait conscient de la violence de l’impérialisme français, il en appréciait néanmoins l’aménagement — « le bon vieux style de vie, facile et ouvertement colonial du Maroc » — et dès les années 1950, Bowles commença à déplorer le déclin du « Tanger colonial ». Avant tout, il croyait en la zone internationale, estimant que son « anarchie » et « son absence d’intervention bureaucratique » en faisaient une expérience politique extraordinaire. Mais ces libertés, qui ont attiré nombre des beats, étaient en fait le privilège des Européens et Américains — des privilèges généralement inconnus des habitants musulmans et juifs de la ville.

TOURISME SEXUEL CHEZ LES « PRIMITIFS »

Et qu’est-ce que cela signifiait que Bowles ait refusé de s’engager avec les intellectuels marocains, prétextant que « la pensée n’est pas un terme que l’on peut employer en rapport avec le Maroc » ? Les vagabonds de rue constituaient souvent son seul contact avec la société marocaine et lui fournissaient du matériel pour ses écrits. « Il faut des conflits, des frictions pour écrire sur un sujet, sinon personne ne le lira ». Il admit même avoir souvent délibérément fomenté des « conflits » en juxtaposant un natif « primitif » à un environnement civilisé. En 1931, par exemple, Bowles acheta la liberté d’Abdelkader (Cadour), un jeune de quinze ans apprenti dans un motel français à Marrakech ; la propriétaire accepta la transaction, mais demanda à Bowles de ne pas abuser sexuellement du garçon. Lorsque Bowles l’emmena ensuite à Paris, le jeune commit un faux pas culturel après l’autre, pensant par exemple que la gelée sur les brioches était du sang coagulé. Bowles, ravi de ces travers, emmena Cadour dîner avec Gertrude Stein et Alice Toklas. L’idole de Bowles, André Gide, séduisit le garçon, le ramenant à son appartement pour 50 francs. « Mon pauvre Arabe, écrivit Bowles, dont j’ai pris soin de Marrakech à ici, en passant par l’Espagne pour qu’il finisse par rencontrer ce scélérat [Gide] l’autre jour dans la rue, qui l’invite chez lui, où il lui offre robes de soie, djellabas, etc. Heureusement, l’enfant naïf oublia les cadeaux quand il partit. Mais le scandale sévit ! »

S’ensuivirent bien d’autres comportements de ce type. En 1947, Bowles rencontra Ahmed Yacoubi, 16 ans, à Fès, et de la même manière que pour Cadour, plaça le « garçon arabe complètement analphabète et à l’esprit médiéval » dans des situations culturelles inconfortables. En 1952, il poussa son jeu encore plus loin : « Je lâcherais Ahmed Yacoubi, de la médina de Fès, en plein milieu de l’Inde et j’observerais ce qui se passerait ». Les exemples de ce type de manigance abondent. Lorsque le romancier américain Alfred Chester se rendit à Tanger, Bowles le mit en relation, pour rire, avec Dris, un voyou du quartier qui avait agressé plusieurs hommes européens.

En 1972, Tahar Ben Jelloun accusa publiquement Bowles (et les Beats) d’exploiter les jeunes analphabètes vulnérables de Tanger, non seulement artistiquement, mais aussi sexuellement. Choukri en 1997 se fera l’écho de cette accusation, affirmant que Bowles souffrait d’une maladie sexuelle. Ces allégations devinrent toujours plus courantes sitôt que Farrar, Straus et Giroux publièrent les correspondances de Bowles en 1994, même si ce dernier s’était montré réticent à cette publication. Le volume comprenait des lettres dans lesquelles il décrivait les garçons avec lesquels il couchait, allant même jusqu’à se vanter du sexe bon marché en Algérie : « Où, dans ce pays [en Amérique], puis-je avoir 35 ou 40 personnes, et ne jamais risquer de les revoir ? Pourtant, en Algérie, c’est en fait le taux moyen ». (Dans ses correspondances, il rappela qu’il « n’avait jamais eu de relations sexuelles sans payer » et qu’il considérait le fait de payer pour des relations sexuelles comme une forme de « propriété »).

Ces lettres forment le cœur du cas de Choukri dans le livre qui rompit avec Bowles. Bien qu’elles aient simplement prêté foi aux rumeurs qui circulaient depuis longtemps à Tanger, Choukri et d’autres écrivains tanjaouis n’en étaient pas moins choqués. La critique littéraire au Maroc ajouta ainsi son soutien à l’effort fourni par les militants des droits humains pour mener une campagne contre le tourisme sexuel et la prostitution infantile. Même si Bowles avait toujours fait meilleure figure et jouissait d’une meilleure réputation que les beats — contrairement, par exemple, aux vantardises assumées de Burroughs concernant l’achat de « saletés pré-pubères » ou encore de Ginsberg, qui se targuait de « payer de jeunes garçons » pour du sexe — il devenait de plus en plus difficile de prendre sa défense. Venant de celui qui avait qualifié les Marocains de « purement prédateurs », son propre comportement semblait désormais de plus en plus grotesque.

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MOUVEMENTS DES DROITS CIVIQUES ET ANTICOLONIALISME

En 1993, je me suis installé à Harlem. Plus je passais de temps à la bibliothèque du centre culturel noir Schomburg, plus je découvrais une littérature américaine alternative sur Tanger. Je fis notamment la découverte des mémoires de Claude McKay A Long Way from Home racontant son séjour à Tanger à la fin des années 1920, où il termina son roman Banjo ; mais aussi le journal intime de l’actrice Anita Reynold narrant la vie dans l’Interzone dans les années 1930 ; ou encore les lettres de Joséphine Baker, où elle parle du tournage de La princesse Tam Tam (1935) dans la zone internationale, et des enregistrements de jazz produits par des musiciens afro-américains vivant à Tanger. Même s’ils rêvaient tous à leur manière d’une « mère Afrique », les écrivains afro-américains ne considéraient pas Tanger comme un bordel, ni ses habitants comme des primitifs devant être ménagés ou civilisés. La plupart écrivirent et créèrent des œuvres d’art en solidarité avec la population locale privée de ses droits, faisant ainsi le lien entre lutte pour les droits civiques et mouvements anticoloniaux d’Afrique du Nord.

La différence entre les récits des Afro-Américains et ceux des Américains blancs ne peut être plus explicite que dans l’antipathie entre Bowles et McKay. Trotskiste, McKay craignait que Bowles ne le dénonce pour ses tendances de gauche aux autorités britanniques et françaises de l’Interzone. Bowles disait de McKay : « Son moi intérieur a dix ans. C’est pourquoi il est si heureux là-bas, année après année avec les Arabes ».

En 1998, armé de cette nouvelle connaissance, et ressentant le besoin pressant de réviser mes précédents tours de la ville, je commençai donc à organiser des promenades dans le « Tanger noir ». Nous nous rencontrions au Cinéma Mauritanie, le théâtre où Joséphine Baker avait donné plusieurs représentations, jusqu’à son dernier spectacle là-bas en 1970. Elle vécut dans la zone internationale, avant de rejoindre les forces de libération françaises pendant la guerre, et eut ensuite une liaison avec le vice-calife du Maroc espagnol. Au premier étage du Cinéma Mauritanie, le pianiste Randy Weston avait autrefois ouvert African Rhythms, un spot musical qui attira Max Roach et Ahmed Jamal. Ensuite, nous descendions au café Fat Black Pussycat où le poète Ted Joans, l’un des rares écrivains noirs du mouvement beat, jouait de la trompette et « soufflait » des poèmes de jazz.

Puis, nous poursuivions avec la visite de la Galerie Delacroix, où Joans organisa un hommage de quatre heures à son mentor Langston Hughes, et y fit lire les vers du défunt poète en arabe, anglais, français et espagnol (en 1927, Hughes avait visité Tanger et écrit un beau poème sur les voyages et les désirs non partagés : « Je pensais que c’était Tanger que je voulais »). Nous nous rendions ensuite au majestueux Teatro Cervantes construit en 1913, où Weston avait organisé en juin 1972 (relancé en 2002), le premier festival panafricain de jazz au Maroc, lequel amena Dexter Gordon, Odetta, Billy Harper et Pucho et les Latin Soul Brothers à Tanger. Notre dernier arrêt était l’hôtel Chellah, où, selon la légende locale, le penseur anticolonial martiniquais Frantz Fanon aurait passé la nuit du 3 juillet 1959, à cause d’un accident de voiture à la frontière maroco-algérienne qui aurait vraisemblablement été l’œuvre de La Main rouge, le groupe paramilitaire dirigé par les services de renseignement français pour assassiner les principaux partisans de l’indépendance algérienne. Fanon aurait été transporté à Rome le lendemain avec un passeport marocain.

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LE ROMANCIER ET LE ROYAUME

Paul Bowles et le roi Hassan II sont tous deux décédés en 1999, à quelques mois d’intervalle. Le romancier et le tyran qui avaient dominé Tanger depuis des générations avaient plus en commun que ne l’aurait admis l’un ou l’autre – et cela explique en partie le respect dont jouit encore Bowles dans le Maroc officiel. Certes, Bowles détestait la religion, tandis qu’Hassan II prétendait être le « Commandeur des fidèles » et mobilisait l’islam politique pour contrer les mouvements berbères.

Bowles était un libertaire (plus que, comme on le pense souvent, un anarchiste), tandis que les services de sécurité de Hassan II s’immisçaient dans les aspects les plus intimes de la vie privée des gens. Pourtant, tous deux partageaient un mépris pour la politique de gauche et du tiers-monde. Tous deux détestaient le panarabisme et aimaient la culture berbère tant que celle-ci demeurait strictement « folklorique » et apolitique. Ils pensaient chacun que les Marocains étaient congénitalement mal adaptés à la démocratie. Comme le dit Bowles, « la démocratie est un mot vide pour le Marocain moyen ; en effet, par son tempérament et ses conditions, il est plus enclin au totalitarisme ». Et peut-être plus significatif encore, Bowles et le monarque célébraient tous deux un Maroc « primitif », mystique, illettré et libre, partageant un intérêt particulier pour les rythmes enivrants des Berbères. Pas étonnant que le roi Hassan II, qui expulsa du pays de nombreux critiques — intellectuels arabes, journalistes français et professeurs américains tous confondus — n’ait jamais embêté Bowles.

Pourtant, deux décennies après sa mort, Bowles est devenu aujourd’hui à la mode parmi l’élite politique marocaine, qui a adopté la vision du pays dépeinte par le « sage de Tanger », comme l’appelait le Washington Post. Quasiment aucun festival ou conférence sur la musique ne peut avoir lieu aujourd’hui sans que le nom de Bowles soit mentionné et que sa contribution à la préservation des trésors musicaux du Maroc à travers ses écrits et enregistrements ne soit considérée comme une validation des prouesses culturelles du pays. Le ministère de la culture, qui avait pratiquement bloqué son projet d’enregistrement en 1959, publia un remarquable essai en 2009 à l’occasion du dixième anniversaire de sa mort, défendant Bowles contre les critiques des intellectuels nationalistes marocains, soulignant comment celui-ci avait prévenu de façon prémonitoire des menaces que la modernisation ferait peser sur la culture marocaine et le paysage physique. Les porte-paroles du gouvernement tel que Hespress diffusent des articles flatteurs sur « l’Américain qui aimait le Maroc ».

Le Maroc que Bowles a surnommé « terre de magie » est précisément celui que le ministère du Tourisme cherche à vendre à l’Occident. En outre, son accent sur l’essence « africaine » du Maroc convient particulièrement bien au récent virage géopolitique du pays et à sa réintégration à l’Union africaine. À l’époque du déclin colonial, Bowles pensait qu’un Maroc indépendant serait coincé entre ce qu’il appelait dérisoirement deux « civilisations » — l’Occident et la civilisation arabo-islamique. Mais malgré toutes ses réticences à l’égard de la modernité occidentale, il pensait tout de même que le Maroc, en tant que pays africain, ferait mieux de se rattacher à l’Occident. C’est désormais la position que défend un important segment de l’élite dirigeante marocaine.

L’opposition à la réhabilitation de Bowles reste néanmoins forte, considérant son influence comme symptomatique de la corruption et de la vassalité culturelle du Maroc. Le fait que le régime marocain célèbre le folklore berbère et l’œuvre d’un romancier qui soutenait une « République berbère indépendante » alors même qu’il emprisonne des militants berbères à travers le pays, est la preuve de la fraude et de la mauvaise foi de ce régime. À cet égard, la renommée dont Bowles jouit encore suggère à quel point les choses ont finalement peu changé dans le royaume depuis l’ère coloniale, avec un régime autoritaire et un ordre social répressif largement intacts.

En octobre 2000, Joseph McPhillips, résident américain de longue date de Tanger, exécuteur testamentaire des biens personnels de Bowles et mon professeur d’anglais au secondaire, m’invita à un prestigieux mémorial en hommage à l’écrivain au 92nd Street Y à Manhattan. Même si une part de moi voulait rencontrer Debra Winger (du film Le Thé au Sahara), je ne pouvais me résoudre à y assister. J’avais cessé depuis un an mes balades culturelles à Tanger, et je me sentais plus qu’embarrassé par ma jeune et naïve défense de Bowles. D’une certaine façon, et bien malgré elle, mes visites guidées avaient également contribué à soutenir l’image, soigneusement entretenue par le régime répressif, d’un royaume tolérant et amusant. Même en déplaçant l’accent sur les écrivains afro-américains et latino-américains qui avaient résidé à Tanger et qui s’étaient montrés plus sympathiques à l’égard de mon pays et de mon peuple, cela ne résolvait pas le problème : au final, même leur art n’échappait pas aux distorsions orientalistes. Plus largement, je me demandais pourquoi l’intérêt était constamment porté sur la pensée et les expériences des expatriés au Maroc.

Quant au travail de Bowles, j’en étais venu à réaliser qu’il reflétait mal le Maroc et l’Amérique. Certes, il avait eu le mérite d’attirer l’attention sur l’effacement de l’histoire berbère et fait des enregistrements musicaux dont la valeur est inestimable, mais la décolonisation était censée avoir démantelé les représentations coloniales. Au lieu de cela, le régime marocain a validé, voire même institutionnalisé les représentations du Maroc d’après Paul Bowles.

Pendant de nombreuses années après sa mort, j’ai décidé que la meilleure façon pour moi de ne pas nourrir le « mythe de Tanger » était de ne pas écrire davantage sur Paul Bowles. Et donc, quand j’observais, décontenancé, certains commentateurs occidentaux dans l’ère post-11 septembre qui redécouvraient le romancier comme une sorte de guide pour comprendre l’islam, je me mordais la langue. Pourtant, le mythe persiste. Et aujourd’hui, une nouvelle génération d’écrivains marocains — parmi eux des laïcs, des militants berbères, des critiques de musique et des panafricanistes — revendique Bowles comme allié. Et ainsi, je me retrouve donc à écrire sur Bowles, une fois de plus.

 

[Photo : Antonin Kratochvil/VII/Corbis – source : http://www.orientxxi.info]

Verticais do Private Selection da Herdade do Esporão mostram como um vinho ícone pode evoluir em todos os sentidos

Garrafeira é um termo que os produtores portugueses costumavam usar para designar alguns de seus vinhos mais especiais, a ideia é que ele fosse um “vinho de garrafeira”, ou seja, o lugar onde eles são guardados e conservados, a adega, por exemplo. Com o tempo, o termo passou a integrar a legislação dos vinhos portugueses que diz:

“Garrafeira”, menção reservada para vinho associada ao ano de colheita que apresente características organolépticas destacadas e tenha, no caso do vinho tinto, um envelhecimento mínimo de 30 meses, dos quais pelo menos 12 meses em garrafa de vidro, e, no caso dos vinho branco ou rosado, um envelhecimento mínimo de 12 meses, dos quais pelo menos 6 meses em garrafa de vidro, devendo constar de uma conta-corrente específica.

Atualmente, porém, boa parte dos produtores prefere usar outros nomes. Em 1987, por exemplo, a Herdade do Esporão lançou seus primeiros garrafeiras. Na época, eles selecionavam as melhores barricas do Reserva para compor esse vinho. No entanto, com o passar dos anos, Esporão compreendeu que não bastava selecionar as barricas, mas sim as parcelas de vinha. Assim, em 2001 nasceu o Private Selection, a evolução do garrafeira.

Degustação

[Colocar Alt]

Para entender melhor como esse vinho evoluiu tanto em diversas frentes para chegar ao que é hoje (e também para onde vai), o enólogo David Baverstock, australiano radicado em Portugal, apresentou uma vertical de 10 safras tanto do rótulo tinto quanto do branco (este último criação sua) com exclusividade para ADEGA. Esta foi a primeira e única vez que ele fez uma vertical com tantas safras de Private Selection fora de Portugal. Confira a seguir.

VERTICAL DE ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO

SAFRAS 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013 e 2014

Apesar de se dizer praticamente português, o enólogo australiano David Baverstock pensou nas similaridades entre o clima alentejano e de algumas regiões mais quentes da Austrália para se inspirar num branco majoritariamente de Sémillon com pequenas partes de Marsanne e Roussanne em pleno Alentejo. Segundo ele, que trabalha na Herdade do Esporão desde 1992, essa ideia foi baseada nos brancos produzidos em Barrossa Valley, na Austrália, “mais estruturados e mais alcoólicos dos que os vindos de Hunter’s Valley”. Assim, em 2001 foi lançada a primeira safra do Esporão Private Selection Branco. “Desde então, passamos a ter um melhor conhecimento da variedade e de como é importante controlar os rendimentos no vinhedo se se pretende obter maior qualidade”, diz Baverstock. Conjuntamente a essa maior compreensão do vinhedo, a partir da safra 2012 as barricas de 225 foram trocadas por barris de 500 litros para fermentar e estagiar os vinhos, buscando maior expressão da fruta.

Ao experimentarem-se as 10 safras deste branco, é evidente o direcionamento para um estilo mais vertical, privilegiando mais fruta fresca e maior precisão nas safras mais recentes. Nesse sentido, Baverstock divide em três etapas a produção do Private Branco. A primeira, de 2001 até 2005, de vinhos mais gordos, maduros e mais potentes. A segunda, entre 2005 e 2009, uma fase intermediária. E a terceira, de 2010 até o presente momento, “já com uma visão mais clara do estilo do Sémillon alentejano que queríamos”. E resume: “Creio que na safra 2014 realmente atingimos a maturidade em nosso entendimento do que possa ser a Sémillon no Alentejo”.

AD 90 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2005

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Ano mais fresco, no início mostra algo oxidativo, depois foi abrindo e mostrando camomila, erva cidreira e toques de mel, tudo envolto por acidez vibrante. Potente, amanteigado, com ótimo volume e textura. Tem final cheio, com traços cítricos e tropicais em compota, além de toques de caramelo. Álcool 14,5%. EM

AD 90 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2006

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Ano mais quente. Comparado ao 2005, mostra estilo menos gordo e mais refinado, com ótima acidez e textura, tudo envolto por notas cítricas e defumadas aportadas pela madeira. Álcool 13,5%. EM

AD 93 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2007

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Ano clássico (para o Alentejo significa dias quentes e noites frias). Foi um dos que melhor se mostrou na vertical de 10 safras deste branco, surpreendendo, inclusive David Baverstock, o enólogo. Tenso, fresco, vibrante, mantendo o estilo estruturado e amanteigado, porém com mais verticalidade. Final longo, cremoso e persistente, com toques minerais e de camomila. Álcool 14,5%. EM

AD 91 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2008

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Ano clássico (para o Alentejo significa dias quentes e noites frias). Mantém a acidez, o frescor e o estilo do 2007, porém com mais notas florais e menos cremosidade e volume de boca. Álcool 14%. EM

AD 89 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2009

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). O ano mais quente se sente nos aromas e sabores de frutas brancas e de caroço compotadas. Num estilo mais cheio quando comparado ao 2008 e também ao 2007. Mostra final mais cheio que longo, com notas de mel e de cera de abelha. Álcool 14,5%. EM

AD 92 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2010

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Ano clássico (para o Alentejo significa dias quentes e noites frias). Comparado aos anos anteriores, este 2010 mostra mais precisão tanto nos aromas quanto no palato. As frutas cítricas e tropicais aparecem envoltas por notas florais, amanteigadas e de especiarias doces. Longo, refinado e com ótima textura. Álcool 14,5%. EM

[Colocar Alt]

AD 91 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2011

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Ano clássico (para o Alentejo significa dias quentes e noites frias), mas com chuva fora de época. Mostra cativantes notas de mel que envolvem os aromas de frutas cítricas e de caroço maduras. Mais preciso como o 2010, porém menos potente. Mantém o estilo cremoso, característico da cepa, com menor volume de boca quando comparado à safra anterior. Álcool 14,5%. EM

AD 92 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2012

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Um ano mais frio para os padrões do Alentejo. É o mais mineral quando comparado aos provados anteriormente, mostrando perfil de fruta mais fresca, acidez vibrante, ótima textura e final persistente, com notas florais e amanteigadas. Álcool 14%. EM

AD 93 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2013

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal. Nesta safra, é ainda mais clara a expressão que este branco está buscando ano após ano, gradativamente ganhando frescor, tensão e texturas, que equilibram seu lado untuoso e de frutas tropicais, brancas e de caroço maduras. Aqui é claramente perceptível que a madeira passou a ser somente uma coadjuvante, trazendo estrutura e complexidade ao conjunto, praticamente não interferindo nos sabores. Álcool 14%. EM

AD 94 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION BRANCO 2014

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal. Aqui parece a consumação do que David Baverstock entende que possa ser a Sémillon cultivada no Alentejo. Mostra estilo menos potente e cheio, mas mais tenso, com os nervos e texturas da cepa dando as caras, mas mostrados com precisão e refinamento. Um vinho compacto, bem nascido, de final profundo e que se projeta com intensidade na boca. Ainda está jovem e tem tudo para ficar ainda melhor nos próximos anos. Álcool 14,5%. EM

VERTICAL DE ESPORÃO PRIVATE SELECTION TINTO SAFRAS

1997, 1999, 2000, 2001, 2003, 2005, 2008, 2009, 2011 e 2013

O “Garrafeira” do Esporão começou como uma seleção das melhores barricas e evoluiu para uma “seleção” de parcelas.

A primeira safra deste tinto foi elaborada em 1985, na época era chamado Garrafeira. Até 1997 foi realizado com o conceito de ser a seleção dos melhores vinhos Reserva da vinícola. Segundo Baverstock, a partir da safra 1999, mudou-se esse conceito, passando a ser pensado desde o vinhedo e a usar somente barricas de carvalho francês, deixando de lado as de carvalho americano. Já em 2001, para refletir essas mudanças, o nome foi alterado para Private Selection Garrafeira Tinto, que foi usado até 2005. Depois disso, tirou-se a expressão Garrafeira e o vinho recebeu o nome atual de Private Selection Tinto.

Essas mudanças são evidentes também nas cepas usadas no blend. Das safras provadas, entre 1997 e 2001, possuía Trincadeira, Aragonês e Cabernet Sauvignon. Em 2003, mudou radicalmente, sendo elaborado majoritariamente partir de Alicante Bouschet, com pequena porcentagem de Aragonês. Já em 2005, incorporou-se Syrah à mescla, mantendo-se assim em 2008, 2009 e 2011. Em 2014, além de Alicante Bouschet, Aragonês e Syrah, foi incorporada Petit Verdot pela primeira vez.

Assim como nos brancos, a degustação comparativa de dez safras de Private Selection Tinto mostra um caminho semelhante, ou seja, progressivo em direção a mais frescor, mais precisão e maior respeito à fruta, com a madeira tendo cada vez menor impacto nas safras mais jovens, comprovando na taça que as mudanças realizadas neste vinho nos últimos 20 anos valeram a pena.

AD 91 pontos

ESPORÃO GARRAFEIRA 1997

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível).

Tinto composto de Trincadeira, Aragonês e Cabernet Sauvignon, com 12 meses em barricas de carvalho americano e francês. Vivo, intenso e estruturado, com vibrante acidez e ótima textura de taninos. Complexo nos aromas, mostra frutas negras envoltas por notas terrosas, defumadas, florais, de tabaco e de ervas secas. Elegante, gastronômico e em ótima forma para seus 20 anos. Álcool 14%. EM

AD 90 pontos

ESPORÃO GARRAFEIRA 1999

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Tinto composto de Trincadeira, Aragonês e Cabernet Sauvignon, com 12 meses em barricas de carvalho francês. Tenso, cheio de fruta e de vivacidade, com refrescante acidez e taninos de ótima textura. Segundo David Baverstock, lembra mais um Dão que um Alentejo. Álcool 14%

AD 91 pontos

ESPORÃO GARRAFEIRA 2000

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Tinto composto de Trincadeira, Aragonês e Cabernet Sauvignon, com 12 meses em barricas de carvalho francês. Mostra cativantes notas florais, de chocolate e de tabaco envolvendo as frutas negras mais maduras. Cheio de vida, com gostosa acidez e taninos macios dando os contornos. Comparado ao 1999, apresenta mais volume e fruta de melhor qualidade. Álcool 14%. EM

AD 92 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION GARRAFEIRA 2001

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Tinto composto de Trincadeira, Aragonês e Cabernet Sauvignon, com 12 meses em barricas de carvalho francês. Aqui já se percebe maior concentração, estrutura e volume de boca, com taninos marcante e muita fruta negra madura acompanhado de especiarias e de cânfora. Álcool 14,5%. EM

AD 90 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION GARRAFEIRA 2003

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Tinto composto majoritariamente de Alicante Bouschet e pequenas parte de Aragonês, com 18 meses de estágio em barricas de carvalho francês. Mostra os efeitos de um ano mais quente no perfil de fruta negra mais madura, quase em compota. Tem taninos de ótima textura, acidez na medida e final persistente, com toques de alcaçuz. Álcool 14,5%. EM

AD 91 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION GARRAFEIRA 2005

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível).

Tinto composto de Alicante Bouschet, Aragonês e Syrah, com 18 meses de estágio em barricas de carvalho francês. Sedutor e cativante, mostra notas florais envolvendo os aromas de ameixas maduras, que se confirmam na boca. Tem taninos de ótima textura e final persistente, com toques de tabaco e de especiarias doces. Álcool 14,5%. EM

[Colocar Alt]

AD 91 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION TINTO 2008

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Tinto composto majoritariamente por Alicante Bouschet, Aragonês e Syrah, com estágio de 12 meses em barricas de carvalho e mais 18 meses em garrafa antes de ser comercializado. Mostra aromas de ameixas e cassis escoltados por notas florais, tostadas e de especiarias doces, além de toques de chocolate. Estruturado tem acidez refrescante, taninos finos e final longo e carnudo. Ainda cheio de vida. Álcool 14,5% EM

AD 92 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION TINTO 2009

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor – não disponível). Tinto composto majoritariamente por Alicante Bouschet, Aragonês e Syrah, com estágio de 18 meses em barricas de carvalho e mais 18 meses em garrafa. Semelhante ao estilo maduro do 2008, porém com mais potência e força. Estruturado e untuoso, tem taninos firmes e de ótima textura e final persistente e cheio, com toques minerais, florais, de tabaco e de especiarias doces. Álcool 14%. EM

AD 94 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION TINTO 2011

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor R$ 485). Tinto composto majoritariamente por Alicante Bouschet, Aragonês e Syrah, com estágio de 18 meses em barricas de carvalho francês 30% novas. Beneficiando-se da ótima safra 2011, esta versão esbanja frescor e verticalidade, mantendo a qualidade da fruta e a ótima textura de taninos. Está também mais tenso e vibrante, mostrando maior precisão e o uso mais consciencioso da madeira. Seguramente a melhor versão deste tinto até agora. Álcool 14,5%. EM

AD 93 pontos

ESPORÃO PRIVATE SELECTION TINTO 2013

Herdade do Esporão, Alentejo, Portugal (Qualimpor R$ 485). Tinto composto majoritariamente por Alicante Bouschet, Aragonês, Syrah e Petit Verdot, com estágio de 18 meses em barricas de carvalho francês 30% novas. Mesmo em pequena proporção, a força e os ossos da Petit Verdot são sentidos aqui. Em comparação ao 2011, mostra estilo mais potente e de maior concentração, tudo envolto por cativantes notas florais e de especiarias doces. Ainda está jovem e tem tudo para ficar ainda melhor nos próximos 10 anos. Álcool 14,5%. EM

História

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A torre do Esporão é um monumento histórico da região de Monsaraz, edificada no século XV.

Incrustada no Alentejo, não muito distante da histórica cidade de Reguengos de Monsaraz fica a Herdade do Esporão. As primeiras demarcações da herdade (na época Defesa do Esporão) são de 1267, não muito depois da reconquista cristã de Monsaraz, então nas mãos dos mouros. Desde então, os limites quase não se alteraram. O primeiro proprietário teria sido Soeiro Rodrigues, juiz da cidade de Évora e somente em 1973 é que os condes de Alcáçovas venderam o local para a José Roquette e Joaquim Bandeira. A primeira colheita, que dá origem à marca Esporão, ocorreu em 1985 e as primeiras exportações quatro anos depois.

A herdade tem três monumentos históricos: a Torre do Esporão (símbolo do poder militar da região), o Arco do Esporão e a Ermida de Nossa Senhora dos Remédios – ligada a um culto popular que faz com que as pessoas sigam em procissão sempre que há estiagem na região. Em 1995, Esporão adquiriu a Herdade dos Perdigões, onde encontrou-se um complexo arqueológico importantíssimo para a descoberta de artefatos de 4.500 até 2.000 antes de Cristo.

Enoturismo

O enoturismo é uma vocação da Herdade do Esporão. Além das visitas guiadas, que apresentam a história dos edifícios da propriedades, como a Torre do Esporão (edificada por D. Álvaro Mendes de Vasconcelos entre os anos 1457 e 1490), o Arco do Esporão e a Ermida de Nossa Senhora dos Remédios, das caves, do famoso túnel das barricas etc., e degustações, há ainda o complexo arqueológico dos Perdigões, uma referência para a pesquisa da pré-história europeia e também o charmoso e excelente Restaurante Esporão, comandado pelo chef Pedro Pena Bastos, que faz maravilhas com ingredientes locais. Em suas paredes ainda estão os quadros originais dos artistas portugueses comissionados para ilustrar os rótulos que adornam as garrafas da Herdade do Esporão desde 1985. Para quem quiser algo mais descontraído, há a Sala dos Petiscos, onde podem-se provar os vinhos e azeites locais acompanhados de típicos petiscos alentejanos.

David Baverstock

[Colocar Alt]

Australiano de Adelaide, David Baverstock é o enólogo responsável pelos principais vinhos da Herdade do Esporão desde 1992. Ele conheceu Portugal pouco depois de formar-se em enologia, quando vinha para a Europa participar de colheitas na França e na Alemanha e, em seguida, aproveitava para tirar férias em terras portuguesas. Nesse período, conheceu uma lisboeta com quem se casou. Decidiu então mudar-se para Portugal e, ao não encontrar trabalho na área de “vinho de mesa”, pôs-se a trabalhar com Vinho do Porto (na Croft e com os Symington). Depois começou a atuar nos tintos do Douro como enólogo da Quinta de la Rosa e da Quinta do Crasto. Fã de tênis, esporte que pratica com frequência, Baverstock é um dos mais respeitados enólogos em atuação em Portugal atualmente.

Arnaldo Grizzo e Eduardo Milan

[Fonte:  revistaadega.uol.com.br]

 

 

Les travailleuses du sexe seraient poussées en périphérie de la capitale.

Le quartier rouge est l'une des zones les plus touristiques d'Amsterdam. | Anoek De Groot / AFP 

Le quartier rouge est l’une des zones les plus touristiques d’Amsterdam.

Repéré par Robin Tutenges [The Guardian]

Amsterdam pourrait bientôt dire adieu à son célèbre quartier rouge. Dans une série de propositions, la maire de la capitale néerlandaise, Femke Halsema, compte radicalement changer le tourisme de la ville en faisant notamment une croix sur ce quartier mythique, haut lieu de la prostitution. Selon DutchNews, une majorité de membres du conseil d’Amsterdam se sont prononcés en faveur du projet lors d’une réunion le 28 janvier.

Exit donc les travailleuses du sexe derrière les célèbres vitrines aux néons rouges. Le plan prévoit la fermeture des maisons closes du centre-ville, puis de les relocaliser en périphérie, dans un «centre érotique» dont l’emplacement exact reste encore à déterminer.

L’objectif? Attirer de «meilleurs touristes» dans le centre historique de la capitale et rendre ses ruelles plus vivables pour les locaux.

Selon le Daily Mail, la dirigeante écologiste à la tête de la ville, désormais soutenue par de nombreux partis politiques, aurait donc les mains libres pour mener à bien ce projet, qui sera voté prochainement.

Les coffee shops également dans le viseur

En plus du quartier rouge, Amsterdam pourrait également faire une croix sur une autre attraction touristique majeure: ses coffee shops et son herbe.

Dans son objectif de rendre le centre-ville plus agréable pour ses habitants, la maire écologiste compte d’un côté limiter à quelque 70 le nombre de coffee shops à Amsterdam (contre 166 aujourd’hui) et, surtout, interdire leur accès aux touristes étrangers.

Il faut dire que l’herbe et le cannabis, qui peuvent être légalement achetés et consommés dans ces coffee shops, attire les foules. Chaque année près de 17 millions d’étrangers passent par la capitale pour s’approvisionner en marijuana, parfois pour le plus grand malheur des habitants de la ville.

Selon l’office du tourisme d’Amsterdam, 57% des Français, Allemands, Belges mais aussi Italiens et Espagnols qui se rendent dans la capitale néerlandaise ne le font en réalité que pour la drogue douce.

Pour autant, ces propositions ne font pas l’unanimité au sein du conseil municipal. Certains craignent que de tels projets ne viennent augmenter la gentrification du centre-ville d’Amsterdam, excluant au passage les personnes aux faibles revenus.

 

[Photo : Anoek De Groot / AFP – source : http://www.slate.fr]

Escrito por Alexandra Lucas Coelho

1. A duas portas da minha há lâmpadas de Casablanca, taças de Essaouira, bules, tapetes, sobretudo peles (cor de pele, carmim, esmeralda, laranja, azul-real), porque tudo o mais são trabalhos de longe e as peles o ofício do meu vizinho. De resto, esse longe fica muito perto deste extremo da Europa onde agosto tem um vento atlântico mas a forma de guardar o interior é mediterrânea.

2. Há oito anos que eu não vinha ao Algarve. O meu vizinho estava a coser uma sandália quando entrei no bazar dele (metade loja, metade oficina, mas bazar é o que está escrito no toldo). Falou-me em português com sotaque, não pensei que fosse marroquino, não tinha cara de árabe. Claro que não tinha cara de árabe porque era berbere, foi a primeira coisa que disse quando perguntei de onde vinha, sou berbere, só depois acrescentou que era de Casablanca. Perguntei se viviam muitos marroquinos aqui, e ele enumerou, um, dois, três, quatro, depois explicou, o meu sobrinho, a mulher dele e os dois filhos. Tudo porque certa noite lá em Marrocos conheceu um português daqui. Mas se calhar Portugal já lhe estava no sangue, sugeriu, contando como desde criança se sentia tão bem em Mazagão, entre os vestígios portugueses. Dizer Mazagão (em berbere) no lugar de El Jadida (em árabe) faz parte da corte. Todo o mercador é uma xerazade cosendo-nos na sua história. É ou era? Alguém ainda viaja para o Norte de África este verão? O medo vai só da Tunísia a Luxor ou começa logo em Casablanca?

Todo o mercador é uma xerazade cosendo-nos na sua história. É ou era? Alguém ainda viaja para o Norte de África este verão? 
3. Na véspera de conhecer o meu vizinho eu jantara com amigos no Barrocal, interior o bastante para brilharem estrelas, lua finíssima, alguém disse que aquele era o concelho de Portugal com mais moradores estrangeiros, e depois alguém falou nesse novo turismo de massa, o que antes enchia resorts na Tunísia, na Líbia. Só conheço os dois extremos do Norte de África, então não imagino bem os ex-resorts na Líbia, onde o mais difícil agora não é chegar e sim partir. Nessa tarde mesmo eu lera sobre os magrebinos, talvez berberes, torturados e mortos por traficantes e outras gangues líbias antes de chegarem à tortura e morte no Mediterrâneo.
4. Quando foi a última vez que esteve em Marrocos, perguntei ao meu vizinho, há três meses, respondeu. Percorre várias cidades, vem com tudo às costas, metais, loiças, tecidos, mas só trabalho bom, disse, sem deixar de coser. Nesse momento entrou uma rapariga com as sandálias que lhe comprara dias antes, ele cumprimentou-a em francês como se fosse uma velha amiga, ela disse-lhe em francês que tinha os pés frágeis, descalçou uma sandália, mostrou-lhe a ferida no dedo grande, ele exclamou, oh, vamos resolver isso, e trabalhou o couro para o alargar. Depois um rapaz encostou a bicicleta à porta, entrou, pôs em cima do balcão uma bolsa de couro escurecida do uso, disse-lhe que aquela bolsa era dali mesmo, mas agora queria uma correia para a usar a tiracolo, então o meu vizinho agarrou na fita métrica, mediu o rapaz do pescoço ao quadril, o rapaz perguntou se a alça seria cosida, ele disse, deixe isso comigo, amigo, o rapaz sorriu, e o orçamento, ele disse, depois vemos, marcou a entrega para dois dias depois, apertou-lhe a mão, e quando o rapaz saiu é que o meu vizinho contou como chegou aqui.
5. Primeiro saiu de Casablanca para Bagdad. Era a arabização em Marrocos, ele ia fazer o último ano do liceu em árabe, o árabe de Bagdad tinha uma reputação, meses depois começou a guerra Irão-Iraque, então ficou retido no racionamento da guerra. O segundo país em que morou foi França: Marselha, Avignon, Perpignan, a fazer o que calhava para ganhar dinheiro, porteiro, homem-a-dias. Segue-se uma longa temporada de Alemanha, uma mulher alemã, arredores de Frankfurt. E pelo meio aquela noite em Chefchaouen, um homem à chuva, português, daqui mesmo, abrigou-o, tomaram chá. Anos depois, a sua mulher alemã veio com uma bolsa para Lisboa e ele foi aprender português na Universidade Nova. Fazendo contas aos anos, é possível que nos tenhamos cruzado no pátio da faculdade.
6. Só faltava a cidade-natal do português à chuva, esta onde estamos e o vento se divide em pelo menos dois, ensinou-me entretanto um pescador (há o vento frio do Atlântico, que neste meio de agosto soprou a sessenta quilómetros por hora, e há o vento quente marroquino, o do deserto, de que ainda estou à espera). Quando o meu vizinho aqui pôs o pé achou que podia ficar, e isso já foi há tempo bastante para parte da família também ter vindo. Hoje mora por trás do bazar, o que quer dizer que sai de casa às nove para estar às nove no trabalho, o que não tem preço, diz. Fala berbere, árabe, francês, inglês, alemão e português, não mencionou espanhol, mas aposto que também. Enquanto entravam e saíam turistas ouvi-o dizer, há que aproveitar só as partes boas, ou então, não há experiência má, ou então, a religião é uma coisa íntima. No caso dele, no fim das frases por vezes diz, se deus quiser, assim em português.
7. Só depois de tudo isto falámos do “Estado Islâmico”, que acabava de decapitar o arqueólogo octogenário responsável por Palmira. Não falámos sobre isso, o arqueólogo, Palmira, mas sobre o “Estado Islâmico” em geral. O meu vizinho acha que o “Estado Islâmico” é uma criação de quem o armou, porque o mundo não é realmente governado pelos governos e sim por poderes paralelos, como o mercado de armas. E como explicar os voluntários vindos de todo o mundo, perguntei, lavagem cerebral, respondeu, porque as pessoas são fracas, vejo todos os dias aqui como é fácil manipulá-las, em meia hora vão atrás de alguém. E, talvez porque eu continuava em silêncio, repetiu, as pessoas são fracas.
8. Na manhã seguinte, passei a cumprimentar, disse-lhe que o meu trabalho era escrever, perguntei se podia escrever sobre ele sem dizer o nome. Ele disse que sim. Depois, na manhã seguinte a essa chamou-me quando lhe acenei da rua, e quando entrei escreveu no cartão o seu email para que lhe mandasse o que ia escrever antes de publicar. Já sabia o meu nome completo, e onde escrevia, tinha amigos, tudo se sabe, disse. Portanto, a última frase desta crónica, enquanto o sino toca entre os pinheiros, é para dizer que ela será mostrada ao vizinho.

 

 

[Fonte: http://www.publico.pt]

A correspondencia do tradutor e intelectual Lois Tobío é pública a través da web do Consello da Cultura Galega. Unha ferramenta para mergullarse na vida e na obra do xornalista así como no mundo da emigración galega.
Imaxe do autor Lois Tobío. (Foto: CCG)
Consello da Cultura Galega (CCG) pon na rede o epistolario do diplomático, xornalista e tradutor Lois Tobío. Un total de 432 cartas nas que se “dá conta da variedade e da riqueza das súas relacións, así como da vixencia do seu pensamento”.

O CCG explica que a través destas misivas se “nos permite descubrir a visión europeísta e integradora de Tobío e da súa xeración”, así como as iniciativas culturais da emigración e que nos axudan a reflexionar sobre a historia recente da Galiza, de Europa e de América.

O epistolario presentase acompañado dun artigo da profesora da Universidade de Alcalá de Henares Montserrat Bascoy, no que dá as claves para comprender e contextualizar a correspondencia.

“O que mais me chamou á atención é actualidade e a vixencia dos temas que se tratan. Hai moitas ideas que nos poden servir para reflexionar sobre cousas que nos afectan hoxe, como son os aspectos derivados da memoria histórica ou a dependencia económica do turismo”, conta Bascoy.

As cartas que conforman o epistolario que agora se pon na rede pertencen ao fondo familiar que a súa filla, Constanza Tobío, que o cedeu ao CCG para a súa difusión.

Tecnoloxía e patrimonio

« Que poden facer as técnicas de análise non destrutiva pola restauración e conservación do Patrimonio?” é o título da nova sesión dos Encontros Monográficos co Patrimonio Cultural, unha cita que organiza a Sección de Patrimonio e Bens Culturais do CCG e que busca mostrar, a través de casos prácticos, como a tecnoloxía destinada á conservación e á recuperación nos axuda coñecer mellor o patrimonio.

O debate en directo ten lugar ás 18 horas de hoxe, pero os vídeos das intervencións están tamén dispoñíbeis a través da web do Consello.

 

[Imaxe: CCG – fonte: http://www.nosdiario.gal]

 

 

 

El proyecto ferrocarrilero pretende conectar las principales ciudades y zonas turísticas de la península de Yucatán.

Diferentes colectivos sociales han denunciado que el proyecto invade territorio ocupado por pueblos originarios mayas.

Diferentes colectivos sociales han denunciado que el proyecto invade territorio ocupado por pueblos originarios mayas.

La organización Kanan Derechos Humanos y la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíinbal informaron en sus cuentas oficiales de redes sociales que el Juzgado Tercero de Distrito con sede en Yucatán otorgó la suspensión provisional del Tren Maya en México.

El comunicado emitido por estas organizaciones mexicanas resalta que esta decisión es para que las autoridades se abstengan de realizar nuevas obras públicas mientras se decide la suspensión definitiva y el juicio de amparo interpuesto por las comunidades mayas.

“Personas habitantes en los municipios de Chocholá, Mérida e Izamal, el pasado julio de 2020, decidieron promover, un juicio de amparo por la falta de información durante la consulta pública de la Manifestación de Impacto Ambiental del Proyecto”, precisó la declaración.

Las comunidades denunciaron que la falta de información ha sido responsabilidad de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).

Con la decisión del tribunal, las organizaciones esperan “que se mantenga la suspensión provisional y el Juzgado conceda la definitiva. Asimismo instamos a las autoridades federales a cumplir con las resoluciones judiciales”.

Diferentes colectivos sociales han denunciado que el proyecto invade territorio ocupado por pueblos originarios mayas e intenta convertirlo en « centro comercial y turístico de manera que sea redituable para el gran capital”.

El polémico Tren Maya es uno de los más importantes proyectos de desarrollo y turismo promovido por Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El plan consiste en establecer un servicio de transporte férreo que interconecte a las principales ciudades y zonas turísticas de la Península de Yucatán.


[Foto: EFE – fuente: http://www.telesurtv.net

La troisième étoile reste la voie royale pour les chefs d’accéder à la gloire médiatique.

Il a fallu attendre 1933 pour découvrir le système des étoiles | Joel Saget / AFP

Il a fallu attendre 1933 pour découvrir le système des étoiles. Photo : Joel Saget / AFP

Écrit par Nicolas de Rabaudy

La haute direction du guide rouge a hésité à sortir le guide touristique 2021 malgré la fermeture durant six mois des restaurants et hôtels dans la France de la pandémie du Covid-19. À quoi bon?

Une année noire devait-elle provoquer une année blanche sans le guide annuel? La question a tourmenté les têtes pensantes de la grande société de pneumatiques à l’origine de la création en 1900 du premier guide Michelin inventé alors qu’il n’y avait que 3.000 automobilistes dans la «France mère des arts, des armes et des lois» (Joaquim du Bellay). Oui, une innovation sur papier issue du génie de François Rabelais, d’Antonin Carême et de Fernand Point: la France du bien manger hors de chez soi.

Le fameux guide des restaurants et des hôtels (et des garages au début) allait s’imposer dans la vie quotidienne des Français sur la route des vacances. Ce fut le livre le plus vendu en France dans les années 1970-1990: plus de 600.000 exemplaires. Cet exploit annuel a correspondu avec l’essor des vacances, des voyages, du tourisme, de l’automobile et des congés payés.

Chaque automobiliste avait dans sa boîte à gants le guide rouge dont la notoriété s’est accrue avec la création des étoiles, ces brevets d’excellence inventés dans les années 1930. Le guide devient alors prescripteur de restaurants, d’auberges, d’hôtels bien utiles pour les vacanciers au volant de voitures Renault, Citroën, Simca et Bugatti pour les collectionneurs.

La société Michelin, issue de l’industrie automobile à travers les pneumatiques, s’était trouvé une activité complémentaire: l’accompagnement par un ouvrage annuel des conducteurs en partance sur les routes de France pour les déplacements familiaux, les fins de semaine et les vacances.

Le guide rouge, ses cartes, ses villes, ses adresses testées, ses conseils, est devenu après la Seconde Guerre mondiale le compagnon en papier des Français en villégiature. Pour aller de Paris à Marseille, où s’arrêter? Où loger? Où se nourrir? Où séjourner avec les enfants et le chien? Et à quel prix pour une nuit d’hôtel à Colmar, à Lyon, à Bordeaux, à Montélimar?

Le système des étoiles

Il a fallu attendre 1933 pour découvrir le système des étoiles, ce classement annuel des hôtels, des palaces, des auberges et des tables conseillées dont les meilleures de France: La Tour d’Argent, Lapérouse, Maxim’s, Lucas Carton à Paris et Fernand Point à Vienne. Les premiers trois étoiles ont largement bénéficié à ces établissements chics et chers, l’orgueil de la France gourmande.

Le pays de la bonne restauration, des chefs de valeur, des monuments de la gastronomie comme le Girondin Raymond Oliver, premier cuisinier star au Grand Véfour en 1950, s’est trouvé mis en valeur, testé, conseillé par les inspecteurs du guide, d’anciens chefs ou professeurs de cuisine reconvertis dans les périples gourmands: cinq à dix restaurants jugés par semaine selon un itinéraire détaillé défini par les directeurs du guide. Un singulier pari pour le guide annuel, il fallait parcourir la France les papilles en alerte et en forme.

Le Michelin a bien vu que la sélection des tables, des restaurants, des palaces et des hôtels lui apportait un plus, un complément décisif: c’est l’âme du guide.

Le Michelin a bien vu que la sélection des tables, des restaurants, des palaces et des hôtels lui apportait un plus.

À côté des itinéraires, des cartes, des distances mentionnées (Paris-Lyon 550 kilomètres), les familles pouvaient se restaurer aux tables recommandées, faire étape, prolonger un séjour, rêver d’une ville de vacances comme La Baule, Juan-les-Pins, Biarritz… Les adresses avaient été vérifiées par la brigade du guide rouge: les inspecteurs règlent la note et sont anonymes. Pas question de décliner sa fonction au Michelin.

Tout cela a façonné la crédibilité du guide rouge et accru sa valeur, son indépendance et son poids dans la société des loisirs.

La galaxie des chefs stars

La promotion des grands cuisiniers chaque année a entraîné du buzz, un écho, des répercussions dans le monde des restaurants en vue.

Les journaux, la radio, les magazines puis la télévision ont relayé les verdicts du guide qui donne de la bonne information touristique. Paul Bocuse, tripe étoilé en 1965, a obtenu la une de France Soir (tirage à un million d’exemplaires à l’époque). Sa formidable célébrité a pris naissance grâce au guide rouge.

Le principe de starisation des chefs élus par le Michelin a fait tache d’huile: les Troisgros, les HaeberlinMichel GuérardRoger Vergé à Mougins, Louis Outhier à La Napoule, les Bras père & fils, Georges Blanc à Vonnas (Ain) ont profité de l’effet Michelin. La troisième étoile reste la voie royale pour accéder à la gloire médiatique, c’est un sommet et la perdre un drame.

Le Biarrot René Lasserre, créateur du grand restaurant de l’avenue Franklin Roosevelt (un ancien bistrot ouvert en 1942), le disait clairement: «La troisième étoile a été le plus beau jour de ma vie, une récompense inespérée qui a forgé la notoriété française de mon restaurant. Du jour au lendemain, les complets à midi et au dîner se sont enchaînés et Lasserre est devenu le rival de Maxim’s créé en 1900. Jamais je ne remercierai assez le guide rouge.»

La crainte de perdre une étoile

La suppression de la troisième étoile de Maxim’s en 1981 a été vécue comme une mauvaise action du guide rouge, une injustice flagrante que les Vaudable, propriétaires historiques, ont vécu comme un affront. La troisième étoile n’est jamais revenue, ce qui a été pour Pierre Cardin, le repreneur, un mystère jamais élucidé.

De même pour La Tour d’Argent rétrogradée en 1986 à une seule étoile, Claude Terrail ne s’en est jamais remis. C’était le propriétaire du plus beau restaurant du monde, un monument de la restauration française inventé en 1480: cinq siècles de prestige. La seconde étoile paraissait aller de soi, mais elle n’est plus là en 2020.

Les sanctions annuelles du guide font mal, elle minent le moral des restaurateurs et les font vivre dans la crainte de la perte d’une étoile. Pourquoi enlever l’étoile de La Poule au Pot à Paris, un bistrot de rêve de Jean-François Piège?

Le feuilleté de ris de veau aux morilles. Photo : La Poule au Pot

Alain et Eventhia Senderens vivaient dans la peur de voir s’envoler la troisième étoile de Lucas Carton, place de la Madeleine à Paris. Et l’Alsacien Marc Haerberlin a été affecté des mois durant par l’envol de la troisième à l’Auberge de l’Ill en 2019, ce qui n’a eu aucun effet négatif sur la fréquentation. Quand le restaurant est inscrit durablement dans le panorama des grands restaurants reconnus, fréquentés et aimés des gourmets, la sanction a peu d’effet. Les restaurants vivent leur vie grâce à la clientèle.

L’Astrance à Paris (75016), rétrogradé à la seconde étoile en 2020, n’a perdu aucun client. Ses fidèles le restent, ce sont des abonnés disait Robert Courtine le critique très craint du Monde décédé en 1998.

Et mieux, quand le Carré des Feuillants d’Alain Dutournier, près de la place Vendôme, s’est retrouvé gratifié d’une seule étoile en 2019, les fidèles du Gascon expert en foie gras et truffes se sont empressés d’effectuer des réservations afin de montrer leur attachement à ce chef très admiré, le meilleur cuisinier de Paris pour certains fins becs dont Jean-François Revel, l’académicien si regretté.

Le Michelin ne fait plus l’unanimité, ce n’est pas la bible des mangeurs à la mémoire pleine d’émotions et de préparations superbes. Est-il démodé, peu ouvert aux nouveaux chefs?

Pourquoi déclasser les deux Ateliers de Joël Robuchon, dont celui de l’Étoile promu à la seconde étoile l’an dernier? Est-ce l’absence définitive du maestro poitevin, dont les disciples reproduisent les plats mémoriels avec constance et précision? Là aussi on aimerait des explications, de la clarté et non le mutisme permanent des cadres du guide: quelles ont été les regrets, les assiettes décevantes, les préparations ratées?

C’est dans ce sens que le guide doit évoluer, s’ouvrir au dialogue et aux débats: la cuisine est une discipline à géométrie variable et les chefs seraient enchantés de rectifier les erreurs, les manques, une cuisson trop appuyée, des garnitures banales… Les cuisiniers sont des perfectionnistes, ils veulent offrir le meilleur de leur répertoire. Le Michelin doit mieux s’expliquer dans cette quête du meilleur, de l’excellence culinaire.

Après tout, le guide rouge reste un ouvrage de référence œuvrant pour la bonne réputation de la restauration française. Il est nécessaire plus que jamais et doit être modernisé.

 

[Source : http://www.slate.fr]

El país, sexto productor mundial de uva, planea convertirse en un mercado de calidad, alentado por bodegueros e inversores

Escrito por ANDRÉS MOURENZA

Hace unos 8.000 o 9.000 años, los habitantes de Anatolia Sudoriental lograron domesticar las uvas silvestres y cultivar la vid, lo que facilitó una feliz práctica —fermentar el mosto— que también había comenzado en algún lugar de estas tierras o del Cáucaso o de Irán. En eso los arqueólogos aún no se han puesto de acuerdo. Sin embargo, la actual Turquía no es precisamente famosa por sus caldos, pese a ser el sexto productor mundial de uva. Algo que varias bodegas turcas llevan años empeñadas en que cambie. Y empiezan a lograr resultados.

“Hasta los noventa, había solo un puñado de productores en el país, y hacían un vino que a veces se podía beber, pero la mayoría eran excesivamente oxidados y muy astringentes. Las cosas empezaron a mejorar en los 2000”, escribe el crítico gastronómico Vedat Milor. Con la entrada de nuevos actores —fundamentalmente empresarios ya consolidados que fundaron bodegas casi como un pasatiempo— y nuevas inversiones, la calidad de los vinos ha mejorado y, en la última década, bodegas como Kavaklidere, Doluca, Turasan o Pasaeli han cosechado numerosas medallas en las competiciones internacionales Decanter, International Wine Challenge y Concours Mondial de Bruxelles.

“Cuando Güler Sabanci [presidenta del conglomerado Sabanci, uno de los mayores del país] viajaba por el mundo se preguntaba por qué los vinos de Turquía no eran conocidos, cuando esta es la patria del vino. Así que contrató a especialistas de Francia e Italia que hicieron una investigación de las variedades del país y, tras escuchar sus recomendaciones, plantó viñas y fundó una bodega en Sarköy [Tracia]”, explica Abdullah Tek, sommelier de la marca Gülor: “Ahora producimos 350.000 litros de vino al año. Podríamos producir diez veces más, pero solo utilizamos las mejores uvas porque nuestro objetivo es la calidad, poner el vino turco en el mapa. De hecho, media docena de restaurantes de EE UU con estrellas Michelin sirven nuestros vinos”.

No solo Gülor, las bodegas más grandes han hecho importantes inversiones en equipamiento y han fichado a enólogos de Burdeos, Toscana o California a golpe de talonario, como el renombrado Michel Rolland, que asesora a Porta Caeli, bodega del grupo Toksöz. O Daniel O’Donnell, que ha levantado la calidad de los vinos del antiguo monopolio público de tabaco y alcohol turco (Tekel), tras su adquisición por la multinacional británica Diageo en 2011.

Turquía produce cada año cuatro millones de toneladas de uva, pero el 51% se dedica al consumo directo, un 37% a hacer pasas y un escaso 11% a vino. Tan solo se producen entre 65 y 75 millones de litros de vino al año (frente a los casi 5.000 de España) y se exporta un mero 4% o 5 %. Es decir, la actual producción vinícola es incluso inferior a la de finales del siglo XIX, cuando, debido a la plaga de la filoxera en Europa Occidental, el vino se convirtió en una de las principales exportaciones del Imperio otomano (más de 300 millones de litros al año), sin que importase que el jefe de Estado ostentase el título califa de todos los musulmanes. Claro está que, entonces, la producción de vino estaba en manos de las minorías cristianas de Anatolia. Ahora, esas regiones vinícolas —la Tracia Oriental, la costa del Egeo, Anatolia Oriental y Capadocia— están viendo una recuperación de sus viñedos, si bien se trata en su mayoría de nuevas plantaciones, tanto de variedad local como extranjera.

En Turquía se bebe poco vino: un litro al año por cabeza. Se prefieren alcoholes más baratos —cerveza— o de mayor graduación —el anisado local raki—. Además, el Gobierno está empeñado en que se beba aún menos, oficialmente debido a la preocupación por la salud de los ciudadanos —aunque en Turquía no hay graves problemas de alcoholismo—, pero sobre todo por su ideología islamista. Casi cada año incrementa la tasa especial sobre bebidas alcohólicas, que es fija (actualmente de algo más de un euro por litro). “Esto hace que producir vino barato sea poco provechoso, por lo que muchas bodegas están invirtiendo en vinos de calidad y una gama de precios alta”, explica Taner Ögütoglu, fundador de la plataforma Wines of Turkey.

La apuesta por la calidad pasa por dar valor a las variedades autóctonas. Algunas de ellas son las que más cercanía genética mantienen con las uvas silvestres de hace miles de años, según los estudios del botánico José Vouillamoz y el arqueólogo Patrick McGovern. “En Turquía hay variedades que solo existen aquí como Kalecik Karasi, Bogazkere, Öküzgözü, Emir, Narince… y que desconocemos en los países tradicionalmente productores de vino”, explica el enólogo francés Nathan Plentier, de la bodega Turasan de Capadocia. En la Universidad Namik Kemal de Tekirdag (Tracia) se trabaja en la recuperación de variedades perdidas y algunas bodegas destinan fondos a estas investigaciones. “Están dando muy buenos resultados y hemos redescubierto variedades como la Barburi, de Hatay; la Foçakarasi, de la costa del Egeo, o la Karaoglan, en Anatolia Central”, asegura Ögütoglu.

La ausencia de un consejo regulador permite experimentar a los vinateros. Casi todas las bodegas turcas compran uvas de diferentes regiones y las mezclan, buscando coupage atrevidos. “Buena parte de las vides que se plantan en el resto del mundo salieron de esta zona y luego fueron mutando y cambiando de nombre. Incluso cuando plantas esas variedades aquí, te dan un sabor especial, como si no hubiesen olvidado sus orígenes”, opina Yavuz Demir, inversor de la bodega Gülor.

Rutas en Capadocia

En Capadocia, los empresarios intentan repensar el negocio en este año negro para el turismo. Y una de las atracciones es el enoturismo. Turasan recibe cientos de visitantes al día en sus bodegas, excavadas en la roca como las construcciones trogloditas que tunelan la Capadocia y que se usan todavía como almacenes de frío para guardar cítricos fuera de temporada, ya que se mantienen a entre 4 y 10 grados. Gülor también acaba de abrir un lugar de catas allí, que pretende convertir en un centro de cultura del vino. “Intentamos hacer promoción, talleres y catas en hoteles, tenemos diseñadas rutas por viñedos…”, explica Demir: “Pero muchas veces nos chocamos con los obstáculos del Gobierno”.

Tan grave como los altos impuestos, les resulta a los bodegueros la prohibición de anunciar sus vinos. Una ley aprobada por el gobierno islamista en 2013 impide la promoción de cualquier bebida alcohólica (obligó a un equipo de baloncesto con solera como el EFES Pilsen a cambiar su nombre). “En otros países se ayuda a la industria del vino. Aquí no tenemos siquiera un plan sobre el sector”, se queja Ögütoglu. Efectivamente, ni el Ministerio de Comercio ni el de Agricultura han querido responder a las preguntas sobre el tema. “El Gobierno se debería dar cuenta de que el vino es un producto con mucho mayor valor añadido que el resto de productos que exportamos y nos podría ayudar a reducir el déficit comercial”, añade.

[Foto del autor – fuente: http://www.elpais.com]

« La table à la montagne » dans une cascade de glace. Thibault Cattelain

Écrit par Hélène Michel

Enseignant-Chercheur – Gamification & Innovation, Grenoble École de Management (GEM)

et Marielle Salvador

Enseignant chercheur, comportement du consommateur, marketing de l’alimentation, Institut Paul Bocuse

 

Les beaux jours sont là. Poussés par l’appel de la nature, vous préparez votre prochaine microaventure, cette aventure « courte, proche de chez soi et qui s’insère dans le quotidien ».

Vous avez vérifié vos chaussures de randonnée ou votre vélo. Vous avez repéré l’itinéraire et contacté vos compagnons. Vous prenez votre sac à dos, votre duvet… Mais qu’emportez-vous à manger ? Sardines à l’huile, nourriture lyophilisée, fromage local, grand vin pour un repas de roi ?

Cette question est tout sauf anodine car le repas contribue à forger des souvenirs. Chargé de symboles, il constitue un rituel dont la saveur se décuple en pleine nature. Au menu : lieux et temporalité, aliments, arts de la table, modes de préparation, choix des invités… et un ingrédient magique. À table !

Réenchanter un été pas comme les autres

Au regard des restrictions actuelles en matière de voyage, le tourisme en 2020 devrait faire la part belle au staycation, ce mode de vacances où l’on reste à proximité de chez soi. L’occasion de redécouvrir sa région, mais comment remettre du merveilleux dans un territoire qui nous semble si familier ? Par exemple en décalant le regard et en créant de nouveaux rites. C’est ce que propose la microaventure.

Par rite, on entend une pratique sociale de caractère sacré ou symbolique, qui rend le moment esthétique, le scénarise et marque la mémoire. Il est composé de rituels, c’est-à-dire de pratiques prescrites ou interdites, liées à des croyances magiques ou religieuses, à des cérémonies et à des fêtes, selon les dichotomies du sacré et du profane, du pur et de l’impur.

Le rituel du feu en randonnée. David Lebrun

Dans le contexte de la microaventure, les adeptes se retrouvent et se reconnaissent autour de pratiques susceptibles de devenir des rituels dès lors qu’elles se chargent de symboles. La microaventure requiert ainsi un engagement du corps, elle nécessite au moins que l’on sorte de sa zone de confort, par exemple, en dormant à la belle étoile. Elle renvoie également à la façon de se nourrir durant l’expérience, or l’alimentation se pense traditionnellement à travers des rites.

Nous avons interrogé 10 personnes (5 hommes et 5 femmes) de 35 à 49 ans, vivant dans des Alpes ou à proximité (Savoie, Isère, Hautes-Alpes, Rhône). Cadres moyens, ils vivent pour la majorité en ville, en appartement, et s’échappent régulièrement pour des microaventures en pleine nature, généralement en couple ou entre amis. Nous leur avons demandé de choisir leurs photos favorites de repas et de nous en raconter l’histoire. L’analyse révèle cinq éléments-clés structurant le rituel culinaire de la microaventure.

Lieux et temporalité : un cadre magique

Une constante dans les réponses données est celle de la beauté du lieu : un cadre « magique », parfois un point de vue « exceptionnel » voire même un lieu « secret » et donc rare qui donnent à cette expérience certaines caractéristiques propres au luxe.

Premières neiges. Fabien Cartier-Moulin

Le cadre est toujours associé au repas, ce qui suggère une reconstruction de l’expérience culinaire par nos microaventuriers : l’assiette seule ne suffit pas, elle doit s’enrichir d’un environnement adéquat pour lui permettre de magnifier le moment et de s’inscrire durablement dans les mémoires, comme lors d’une expérience gastronomique.

« Ce qui prévaut c’est de se trouver un beau spot, avec une jolie vue. Pour magnifier le repas. Pour que ce soit impressionnant. » (Fabien)

« On est monté dans un endroit tenu secret. De là où on était, on avait une supervue sur les glaciers et les montagnes. » (Yoann)

L’ergonomie du lieu est minutieusement étudiée avant de s’installer. Une forme de confort est recherchée afin de prendre le temps et profiter de l’instant :

« On choisit en fonction du vent. Si c’est humide ou pas. En fonction de l’inclinaison pour être bien posée tranquille. » (Marianne)

« Tu trouves des pierres tapées par le soleil pour être bien. » (Fabien)

Tea time. Marianne Brun

De même, le moment du repas n’est pas laissé au hasard. Il n’est pas fixé par un horaire mais par les éléments naturels. « Tu manges toujours au sommet. Ou à la redescente. Mais pas à la montée sinon tu n’as plus le jus. Quand il fait beau, selon le programme, tu peux même enchaîner avec une sieste derrière. » (Fabien)

Une fois la contrainte technique ou physique prise en compte, le choix est souvent lié au soleil qui dicte d’autres temporalités.

Des aliments chargés de sens

L’aliment est perçu comme récompense : pour de nombreux adeptes, il est synonyme d’effort accompli. Chacun a alors un aliment qui lui est propre, qu’il met souvent en scène sur les photos : bières pour certains, carottes pour d’autres !

« Parfois en montagne, nous sommes dans un environnement où on ne fume pas. Un copain a proposé de remplacer la clope par une carotte. Tu la mets dans ton sac et quand tu arrives en haut tu as envie de la croquer. C’est la carotte du sommet ! » (France)

La bière au sommet. Marianne Brun

Une distinction s’opère ensuite entre le cuit et le cru. Les aliments crus ou pouvant être ingérés dans l’instant sont réservés aux repas et en-cas de la journée alors que le cuit, nécessitant une phase de préparation, est souvent réservé au soir.

La nourriture lyophilisée est évoquée par les nouveaux initiés. Elle semble faire partie de leurs représentations mentales liées à la microaventure.

« Manger lyophilisé, c’était ma première fois. Et ça m’a plu. C’était rigolo, sympa et adapté à l’aventure. » (Delphine)

Certains se réapproprient cet aliment industriel, en y ajoutant un ingrédient.

« On a emmené de la fondue lyophilisée. Ce n’est pas si mal mais on y a rajouté des morilles séchées pour améliorer cela. » (Hélène)

Pour les microaventuriers confirmés, les plats consommés sont généreux, revigorants (raclette, fondue, riz) et surtout partagés : un plat où chacun a mis la main à la pâte. Au centre, le feu sert à la cuisson mais fait aussi office de lieu de rassemblement, de partages et d’échanges. Enfin, le breuvage est une autre constante : si la bière, bue individuellement, est associée à la récompense, le vin est destiné à être partagé pour sublimer la magie de l’instant.

L’alimentation sert aussi à s’approprier le lieu. La boisson ou l’aliment est un facteur de lien avec l’histoire de l’endroit et ceux qui ont tracé la voie.

« Il y a du fromage et du saucisson, de la bière ou du rouge. Comme les anciens faisaient en montagne. » (Clément)

Une place centrale est faite aux produits locaux qui participent à une appropriation symbolique du lieu par leur ingestion. Cela va même jusqu’à boire l’eau des rivières (pour Marianne) ou n’utiliser que le bois du lieu pour faire cuire des aliments (pour Clément).

Les arts de la table en pleine nature

Mettre une bouteille de vin dans son sac à dos nécessite d’anticiper le transport et la dégustation. Certains le transvasent dans un contenant en plastique mais l’expérience s’avère décevante.

« J’avais mis du vin dans deux petites bouteilles en plastique pour le soir. Il aurait dû être pas mal mais une fois arrivé là-haut, bu dans la bouteille plastique, il n’avait pas le même goût. Je ne l’ai même pas fini. » (Delphine)

D’autres conservent la bouteille et emportent même un verre à pied. Quitte à s’encombrer, transformons le transport en défi !

« J’ai un verre à vin grand, gros, fragile. C’est un challenge de l’emmener ! Ça a un côté rigolo. Et ça valorise le breuvage. » (Yann)

À chaque couteau son aventure. Fabien Cartier-Moulin

Le couteau fétiche, l’Opinel, tient quant à lui une place à part. Il est évoqué comme élément déterminant, moins dans son usage que pour ce qu’il évoque pour ses propriétaires. Souvent reçu en cadeau, il rappelle non seulement la personne qui l’a offert mais également « l’esprit du lieu ».

À l’image des produits locaux, l’Opinel par sa filiation avec un terroir devient un élément d’incorporation symbolique du lieu pour son propriétaire. « Je suis en Savoie donc j’emmène un Opinel ! » nous explique Clément. Certains, comme Fabien, en ont même plusieurs, en fonction des aventures à vivre. Ils sont alors exposés tels des trophées.

Les modes de préparation et les ustensiles

Nous avons évoqué la place importante du feu dans le rituel culinaire de la microaventure. Certains parlent même de cérémonial, à l’image de la cérémonie du thé. Les interviews réalisées ont révélé l’utilisation d’ustensiles de préparation encombrants voire surprenants mais partie intégrante du rituel culinaire : plat à paëlla qui permettra le partage du repas du soir (David), marmite (Clément) ou encore… tronçonneuse (Yoann) !

« On a fait une bûche finlandaise. On creuse à l’intérieur d’une bûche à la tronçonneuse. On a pris des pommes de pin, des morceaux de sapin et épicéa pour allumer le feu. On a trouvé une ardoise pour mettre sur la bûche. Le temps de tout mettre en place, cela nous a pris une heure. » (Yoann)

Les chamallows grillés. David Lebrun

La commensalité désigne l’art de partager son repas. Le plaisir gustatif grandit dans le partage. Le feu apparaît comme un de ces éléments : cercle autour duquel on se rassemble, pour se réchauffer, pour échanger tout en cuisinant ensemble. C’est aussi une sorte de « retour aux sources », fait le soir et le matin au lever du soleil.

« Le feu prend une grande place là-dedans. Cela a un côté rassurant. C’est aussi la chaleur. Et le fait de cuisiner sur le feu, cela lui donne une autre fonction, une autre dimension. » (David)

« Cette commensalité s’obtient chez certains lorsque l’on « apporte un truc (à manger) qui a de l’affect. » (Fabien)

À la manière d’un hôte qui reçoit, chacun doit apporter un cadeau pour rentrer dans le cercle des autorisés à vivre pareil moment. On est là dans le don cérémoniel qu’ont développé des chercheurs à la suite de Mauss (1923) sur les marqueurs anthropologiques de l’échange.

Parfois même, le cadeau doit avoir été fait par la personne elle-même.

« Je dis aux copains : tu prends ce qui te fait plaisir et tu partages. Un truc qu’ils ont fait eux. Moi je fais des conserves. Des tomates séchées. » (Fabien)

« J’emmène du génépi, que j’ai fait moi-même en allant cueillir les fleurs près du Grand Paradis l’été précédent. » (Hélène)

Raclette sauvage sur bûche finlandaise. Yoann Genier

Lacommensalité de la microaventure s’exprime par des éléments de partage mais ne s’immortalise pas sur pellicule : presque aucune des photos données par nos répondants ne met en scène les participants.

L’expérience sensorielle suffit à satisfaire nos répondants dans la construction de souvenirs mémorables. D’autant plus que d’autres éléments favorisant la mise en scène du rituel culinaire sont parfois mobilisés pour ajouter une touche de magie à l’expérience.

La guirlande magique. Hélène Michel

Guirlande ou nappe blanche : la mise en scène du rituel

En microaventure, l’individu dirige sa propre mise en scène et mobilise pour cela tous les éléments qu’il a à sa disposition : aliments, ustensiles, éléments naturels (le bois, le feu, l’eau des rivières). Mais il arrive qu’un adepte apporte un élément supplémentaire qui participera, via la surprise que son introduction suscite, à enrichir l’expérience.

« Manger dehors, mais avec une guirlande. J’adore cette rupture. La surprise générée. Souvent j’apporte un aliment ou un accessoire surpris. Pour surprendre et faire plaisir. Et on se souvient ainsi encore plus fortement du moment. » (Hélène)

« Ce que j’adore faire en randonnée, et surtout avec les citadins, c’est juste avant de manger tu dis “oh… ça aurait été bien de prendre une bonne bouteille de rouge ! Puis au deux tiers du repas tu sors une bonne bouteille. Et tout le monde fait « Ahhhhh”. » (Fabien)

Cet élément, un objet banal de la vie quotidienne, devient incongru dans le contexte de la microaventure : guirlande d’Hélène, grand verre à pied de Yann ou bouteille de vin surprise de Fabien. L’objet se révèle source de satisfaction et de ravissement.

« La table à la montagne » à Saint Honoré. Nadia Probst

Dans une démarche poétique, Nadia pousse la théâtralisation encore plus loin en emmenant « la table à la montagne », avec nappe blanche et vaisselle pour recevoir son invité devant des mets locaux soigneusement cuisinés.

Peut-on mettre la microaventure en boîte ?

L’instauration de rituels culinaires magnifie l’expérience et donne une saveur nouvelle à la microaventure. Mais sommes-nous tous capables d’organiser une telle cérémonie quand il s’agit de détecter les produits typiques à emporter, porter sur son dos un wok ou une table en bois pliante, ou découper une « bûche finlandaise » ?

Insidentes : chaise grandeur nature. David Lebrun

Heureusement, la gamme de l’équipement outdoor s’élargit pour accompagner ce rituel en proposant des ustensiles permettant de cuisiner en pleine nature. Pour procéder aux rituels culinaires, des espaces sont scénarisés pour créer des lieux d’exception : ainsi David disposera sa chaise géante en bois en pleine nature tel un objet spectaculaire qui nous fait sentir encore plus petit devant un paysage. En ajoutant de l’incongru, en décalant les proportions, on accentue le côté dramaturgique du moment.

Mais ces pistes restent volontairement brouillées. Il ne s’agit pas ici de signaler les aires de pique-nique ou d’installer des barbecues. Une façon d’accompagner la microaventure pourrait être d’autoriser plus largement feux et bivouacs en responsabilisant ses adeptes. Car la magie du rite tient à son côté symbolique, libre et éphémère. Il n’est pas question de la formater pour la rendre totalement accessible. À l’idée de se rendre dans un lieu aménagé pour faire du feu, Clément rigole : « Je ne suis pas un Américain, moi ! »

 

[Source : http://www.theconversation.com]

[1] Montaje hecho por Global Voices que retrata a Julio Garay y sus galletas Nutri H. Fuentes: video de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria de Perú [1] y Mercadolibre.com.pe [2].

 

Escrito por Gabriela Garcia Calderon Orbe

El 29 de enero de 2020 se anunció que el ganador del concurso de la cadena de televisión History Channel, “Una idea para cambiar la historia” [3], era el ingeniero agroindustrial peruano Julio Garay Barrios, natural de la región peruana de Ayacucho [4]. La idea que lo hizo acreedor del reconocimiento son las galletas Nutri H [3]:

[…] una galleta enriquecida que sea agradable al paladar de los niños, de fácil transporte, conservación y de consumo directo. Sus componentes ricos en proteínas y hierro sirven para combatir la anemia y la desnutrición infantil.

Sus galletas aumentaron el nivel de hemoglobina en los niños de tres a seis años que consumieron un paquete de 30 gramos todos los días durante 30 días, según las pruebas pilotos [3] que se llevaron a cabo en el Perú.

Las galletas Nutri H se distribuyen en locales autorizados en todo el Perú [5]. Son también parte de los planes contra la anemia infantil en diversas municipalidades y gobiernos regionales.

Casi 50 % de menores peruanos sufren de anemia

Paradójicamente, en un país que está ganando renombre como destino turístico gastronómico [6], cerca del 50 % de niños sufre de anemia [7], una condición que surge muchas veces de la deficiencia de hierro y vitaminas [8] en el alimento. La anemia se redujo de 46,1% en menores de 6 a 35 meses de edad a 41,1%, sobre todo dado a actividades preventivas, según datos de 2019 del Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú [9].

Según refiere el propio Julio Garay [3], sus galletas Nutr iH contienen tres ingredientes básicos en Perú: quinua, cacao y hemoglobina bovina, el que aporta más cantidad de hierro. Él mismo tuvo anemia de niño, y eso lo motivó a buscar una solución.

La anemia tiene consecuencias graves [10] en el niño, acarrea bajo rendimiento académico, pues los menores con anemia suelen estar cansados y no tienen el mismo nivel de atención que otros niños, por lo que tienen bajo rendimiento escolar. Además corren mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas por tener la defensas bajas, tienen menos desarrollo psicomotor, y deficiencia de atención y concentración.

En Twitter, la cuenta de galletas Nutri H celebró el triunfo de su producto:

Y entidades estatales y ciudadanos peruanos felicitaron a Julio Garay por este logro:

 

 

 

Artículo publicado en Global Voices en Españolhttps://es.globalvoices.org

URL del artículo: https://es.globalvoices.org/2020/02/04/galletas-que-curan-ingeniero-peruano-gana-concurso-internacional-con-galletas-que-combaten-anemia/

URLs en este posteo:

[1] Image: https://twitter.com/SUNATOficial/status/1191860261793218560

[2] Mercadolibre.com.pe: https://articulo.mercadolibre.com.pe/MPE-439198354-galletas-nutri-h-previene-la-anemia-_JM?quantity=1#position=17&type=item&tracking_id=93830dd2-9945-4048-8cb9-762a67c3bbb1

[3] “Una idea para cambiar la historia”: https://unaidea.historyplay.tv/votar/NutriH

[4] Ayacucho: https://es.wikipedia.org/wiki/Ayacucho

[5] locales autorizados en todo el Perú: https://andina.pe/agencia/noticia-peruano-creador-galletas-contra-anemia-gana-concurso-history-channel-783226.aspx

[6] destino turístico gastronómico: https://caretas.pe/mundo/peru-fue-elegido-como-el-mejor-destino-culinario-por-octavo-ano-consecutivo/

[7] 50 % de niños sufre de anemia: https://news.un.org/es/story/2019/05/1456881

[8] deficiencia de hierro y vitaminas: https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/iron-deficiency-anemia/symptoms-causes/syc-20355034

[9] Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú: http://m.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/noticias/nota-de-prensa-n017-2019-inei.pdf

[10] consecuencias graves: http://www.prisma.org.pe/blog-ninos/cinco-consecuencias-graves-de-la-anemia-en-los-ninos-y-las-gestantes/

[11] #JuntosVenceremosLaAnemia: https://twitter.com/hashtag/JuntosVenceremosLaAnemia?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[12] pic.twitter.com/8tKimpiESJ: https://t.co/8tKimpiESJ

[13] January 30, 2020: https://twitter.com/NutrihPeru/status/1222671782223798273?ref_src=twsrc%5Etfw

[14] #NutriH: https://twitter.com/hashtag/NutriH?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[15] @HistoryLA: https://twitter.com/HistoryLA?ref_src=twsrc%5Etfw

[16] pic.twitter.com/3PqLwr1Neu: https://t.co/3PqLwr1Neu

[17] January 29, 2020: https://twitter.com/MTPE_Peru/status/1222646496249753600?ref_src=twsrc%5Etfw

[18] @JulianaOxenford: https://twitter.com/JulianaOxenford?ref_src=twsrc%5Etfw

[19] @malditaternura: https://twitter.com/malditaternura?ref_src=twsrc%5Etfw

[20] @sigridbazan: https://twitter.com/sigridbazan?ref_src=twsrc%5Etfw

[21] #OrgulloPeruano: https://twitter.com/hashtag/OrgulloPeruano?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[22] https://t.co/RwDgaxsbwg: https://t.co/RwDgaxsbwg

[23] January 30, 2020: https://twitter.com/lzorrillah/status/1222688392716128256?ref_src=twsrc%5Etfw