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A punto de cumplir 70 años, la actriz se mantiene como una de las grandes damas de Hollywood. Pero para llegar a un tercer acto feliz tuvo que superar una historia familiar solitaria y complicada y una vida a la sombra del actor más carismático de su generación

Anjelica Huston con Jack Nicholson, que fue su novio durante 17 años de forma intermitente y fue uno de los dos hombres cuya sombra superó gracias a su talento. El otro fue su padre, John Huston.  GETTY IMAGES

 

Escrito por JUAN SANGUINO

En julio de 1951, un mensajero descalzo atravesó el Congo corriendo durante tres días para entregar un telegrama en las cataratas Murchison del río Nilo, al noroeste de Uganda. Su destinatario (John Huston, en pleno rodaje de La reina de África) lo leyó y lo guardó en su bolsillo sin inmutarse. “Por Dios, John, ¿qué dice?” preguntó Katharine Hepburn. “Ha sido niña”, respondió él. “Se llama Anjelica”.

Desde su nacimiento la vida de Anjelica Huston ha tenido textura de novela de aventuras, de cuento de hadas y de melodrama de Hollywood. John Huston conoció a Enrica Soma cuando esta tenía 13 años y él 37. Se reencontraron cuando ella era una prometedora bailarina de 17 años y su cara, que John Huston describía como “una madonna del quattrocento”, ya había aparecido en la portada de Time. “¿Qué hay de atractivo en ver a una niña crecer hasta una edad follable delante de tus narices?”, preguntó la tercera esposa de Huston cuando este la dejó para casarse con la bailarina.

Cuando John Huston se enteró de que su hija estaba a punto de ser la Julieta de Franco Zeffirelli, escribió una carta al director italiano para que contratase a otra actriz: quería ser él quien presentase a Anjelica al mundo

John retiró a Enrica del ballet y le compró St. Clarens, un terreno de 44 hectáreas a una hora de Galway y la única residencia con calefacción central de toda Irlanda. Había un castillo normando, una mansión donde se alojaba el director y otra casa en la que Enrica vivía con sus dos hijos. “Y aquí empieza mi historia –escribía Anjelica en sus memorias– con la fantasía de un hombre de mediana edad”. El director decoró aquella casita de muñecas con oros etruscos, tapetes franceses, muebles de Luis XIV, mármoles griegos, biombos japoneses, cabezas de animales de cacerías, jades imperiales y los Lirios de agua de Monet, que había ganado en una buena mano en un casino. John Huston era un coleccionista de cosas hermosas. Y eso incluía a las personas.

Durante su infancia, Anjelica solo veía películas de su padre (El halcón maltés, Cayo Largo, El tesoro de Sierra Madre) y sus juguetes eran planetarios de bronce, fotografías de Manolete (rezaba cada noche por su supervivencia) y docenas de ponis. En una ocasión le confesó a una amiga que El mago de Oz nunca le había conmovido particularmente y esta le replicó: “Claro, porque tú tenías St. Clarens”. El mago de todo aquello, John Huston, regresaba a casa solo por Navidad pero con tesoros de todo el mundo como si fuese, literalmente, Santa Claus: sedas orientales, kimonos japoneses, cristales venecianos. Cada operística reaparición del cineasta llenaba la casa de ruido y de invitados como John Steinbeck (que solía contarle a Anjelica historias de Trampoline, una prostituta mexicana), Peter O’Toole (para quien Anjelica representaba obras de Shakespeare), Jean-Paul Sartre, W. H. Auden o Robert Mitchum, con quien la niña jugaba al Scrabble.

Jack Nicholson y Anjelica Huston fotografiados en 1974. Eran la pareja de moda en Hollywood. En cualquier sitio, en realidad.

Jack Nicholson y Anjelica Huston fotografiados en 1974. Eran la pareja de moda en Hollywood. En cualquier sitio, en realidad.  GETTY IMAGES

La actriz, que estaba obsesionada con el cuerpo de su padre, lo describe como “más alto que nadie, un león, un líder, el pirata que todo el mundo desearía tener la audacia de ser”. En una ocasión regresó a casa con un loro africano en el hombro. “Cuando llegaba, el sol entraba en la casa, las cosas se volvían majestuosas, la plata brillaba. La casa adquiría otros colores, las lámparas de araña se iluminaban y el champán burbujeaba. Era el hombre más arrebatador que he conocido. Era como un dios. Me llamaba ‘cariño’, ‘querida’ o ‘mi niña’ y después se marchaba y todo volvía a las sombras”, recordaba Anjelica en su autobiografía. Como le gustaba ver a las mujeres cabalgar de lado, enseñó a su hija a hacerlo cuando esta tenía 11 años. También le explicó que si los samuráis solo tenían permitido llorar tres veces en toda su vida, no había motivo para que ella llorase tres veces al día.

“Mi único rol era ir de su brazo. Yo quería domesticar a la bestia, porque los hombres conquistan países pero las mujeres conquistamos corazones, pero mi deseo era ser como Jo March en ‘Mujercitas’. Quería un romance, casarme y tener montones de hijos”

Cuando tenía 11 años, Anjelica se enteró de que su padre había dejado embarazada a su niñera, Zoe Sallis (de 20 años). Cuando John Huston se enteró de que su hija estaba a punto de ser la Julieta de Franco Zeffirelli, escribió una carta al director italiano para que contratase a otra actriz: quería ser él quien presentase a Anjelica al mundo. El rodaje de Paseo por el amor y la muerte en 1969 traumatizó a Anjelica, que solo quería rebelarse contra su padre, con tan mala suerte de que su padre era además su director. Ella intentaba maquillarse en secreto, pero él le limpiaba la cara antes de cada toma. “Quería agradarle, pero también le tenía miedo”, admitiría ella. En aquel momento Anjelica ya tenía la edad de las conquistas más jóvenes de John (Marlon Brando la invitó a visitarlo en Tahití) y tenía que rodar escenas semidesnuda para él. Durante una discusión, le arrancó la ropa delante de todos los operarios.

La crítica sepultó la película ensañándose con el nepotismo: John Simon describió que la actriz debutante tenía ”la cara de un ñu exhausto, la voz de una raqueta de tenis aflojada y una figura sin forma discernible”. En plena promoción de Paseo por el amor y la muerte, su madre Enrica falleció en un accidente de tráfico a los 39 años. “Abrí su armario y todos aquellos Balenciaga que tanto había deseado probarme parecían lánguidos. Ni siquiera olían a ella”, recordaría Anjelica. Cuando un policía le entregó la cinta de casete que Enrica iba escuchando cuando se estrelló (Las cuatro estaciones, de Vivaldi, que Anjelica le había regalado días antes) todavía estaba manchada de sangre. Temiendo que su padre la internase en un convento, se refugió en la moda y llegó a posar para un reportaje de 30 páginas en Vogue fotografiada por Richard Avedon en Irlanda. “Me encantaban la ropa, el champán, la atención. Todo excepto mi aspecto. Compartía espejos con las mujeres más hermosas del mundo y lloraba sin parar porque me veía fea. Ahora miro esas fotografías y creo que estaba maravillosa”, explicó años después en la revista People.

Anjelica Huston con su padre John Huston en 1986. Él fallecería un año después.

Anjelica Huston con su padre John Huston en 1986. Él fallecería un año después. GETTY IMAGES

Anjelica mantuvo una relación de cuatro años con el fotógrafo Robert Richardson, marcada por los abusos psicológicos (Richarson fue diagnosticado con esquizofrenia años después): él le recriminaba no ser “una mujer de verdad” por no quedarse embarazada, ella llegó a rajarse las venas. Richardson tenía 42 años, ella 18 y no se le escapó el patrón en el que estaba cayendo. “Solo estaba buscando un padre, un padre que me diese su aprobación”. La relación acabó en cuanto John conoció a su yerno: pasaron unos días pescando y se llevaron tan mal que, nada más aterrizar en Los Ángeles, Anjelica estrechó la mano de su novio y no volvió a verlo nunca más. Se mudó con su padre, porque la mansión que compartía con su quinta esposa albergaba casi todos los tesoros de St. Clarens y sintió que estaba volviendo a casa. Para celebrarlo, John cambió el nombre de su barco Allegra (su quinta hija) por Anjelica. “Después de aquello solo quería risas. Quería pasármelo bien, salir a bailar, ver gente y tener una vida social con muchos amigos”, rememoró. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

Anjelica, este es Jack; Jack, esta es Anjelica

Anjelica confiesa que se enamoró por primera vez de Jack Nicholson cuando lo vio en Easy Rider (Buscando mi destino) (Dennis Hopper, 1969) y por segunda vez cuando él abrió la puerta de su mansión recibiéndola “con esa sonrisa” en una fiesta de cumpleaños. Pasaron la noche juntos y a la mañana siguiente Nicholson le pidió un taxi, en el que ella tuvo que montarse todavía con su vestido de noche. El actor canceló su segunda cita debido a “un compromiso previo” que resultó ser Michelle Phillips, la cantante de The Mamas and the Papas (Anjelica y Michelle son amigas desde entonces), pero acabaron embarcándose en una relación intermitente de 17 años. Ella se retiró de la moda para ejercer como consorte de Jack.

Huston y Nicholson se convirtieron en la personificación del glamur del Hollywood más nocturno. En una escena de Annie Hall en la que Paul Simon trataba de convencer a Diane Keaton de que le acompañase a una fiesta, Simon improvisó la frase “Jack y Anjelica van a venir”. Joni Mitchell escribió una canción sobre sus fiestas, People’s Parties (“toda la gente en esta fiesta tiene sonrisas de pasaporte”). “Había poetas, cantantes, travestis y modelos. La aristocracia rebelde americana se mezclaba con los círculos de Warhol”, presumió ella en The Guardian. En uno de sus cumpleaños, celebrado en un club que todavía no había abierto sus puertas, Jack le llevó un bebé elefante.

Anjelica Huston fotografiada por Arnaud de Rosnay en 1968 para Vogue.

Anjelica Huston fotografiada por Arnaud de Rosnay en 1968 para Vogue. ARNAUD DE ROSNAY/CONDE NAST COLLECTION

Jack, 14 años mayor que ella, era otro centro de gravedad más grande que la vida. La hija del capo se transformó en la chica del gángster. Y en una metáfora perversa, John Huston interpretó en Chinatown (Roman Polanski, 1974) al padre/amante de la novia de Jack Nicholson. Anjelica se instaló en la casa que Nicholson tenía en lo más alto de Mulholland Drive (“era como estar en la cima del mundo”, admiraría la actriz), en Los Ángeles, con Marlon Brando como vecino. Ella intentó aficionarse a los Lakers asistiendo a varios partidos por semana, disimuló su irritación cuando él la llamaba “colega” y se acostumbró a que siempre que sonase el teléfono fuese para Jack. Anjelica recuerda que a él, como a su padre, le encantaba coleccionar personas: “Nos llamaba paternalmente ‘mi gente’ cuando lo que yo quería era ser especial, sentía que estaba perdiendo mi identidad. Pero era bueno estar en aquel equipo de personas. Un equipo fuerte. Un equipo ganador”.

Tras 17 años de relación en los que él solía ridiculizar sus propuestas de matrimonio y en los que intentaron varios tratamientos de fertilidad, Nicholson le contó que había dejado embarazada a una camarera de 26 años

Jack solía llamar “mía” a Anjelica. Cuando la pareja acudió al festival de Cannes en 1974 (donde Nicholson ganó como mejor actor por El último deber), una rubia en moto se les acercó e invitó a Jack a subirse. Este no lo dudó ni un instante, dejando a Anjelica en el hotel llorando durante horas. En otra ocasión, se encontró a la modelo Apollonia van Ravenstein llorando en su casa y cuando le preguntó a Jack este le aclaró que se la había tirado por pena. “No quería parecer quejica ni celosa. Reaccionar me habría relegado a ser una persona aburrida, así que decidí dejarlo estar hasta que no pudiese más”, confesaría la actriz, quien además reconoce que cuando Jack la agarraba del brazo obligándola a sentarse para evitar un ataque de celos en público ella “disfrutaba de ese breve destello de posesividad”. Cuando Anjelica, entre lágrimas, buscó consuelo en su padre, este se mostró irritado: “Son cosas de hombres”.

Anjelica intentó plantar un rosal en el jardín de Jack. “Pero era difícil, porque iba en bikini, ya que también quería broncearme. ¿Has intentado plantar rosas en bikini? En cualquier caso Jack decidió plantar bambú para proteger su privacidad, el cual obstruía mis rosas. Así que no hubo más que hablar”. Las sistemáticas infidelidades de Jack empujaron a Anjelica a abandonarlo por Ryan O’Neal, entonces el actor más guapo del mundo gracias a Love Story. Pero durante una discusión, provocada por la confesión de él de que estaba acostándose con Ursula Andress y Bianca Jagger, O’Neal chocó su cabeza contra la de Anjelica y la abofeteó.

Anjelica Huston en un evento organizado por PETA en Los Ángeles en junio de 2019.

Anjelica Huston en un evento organizado por PETA en Los Ángeles en junio de 2019. GETTY IMAGES

Ella regresó con Nicholson sin que existiese ni una sola foto que documentase su año y medio con O’Neill. “Mi único rol era ir de su brazo. Yo quería domesticar a la bestia, porque los hombres conquistan países pero las mujeres conquistamos corazones, pero mi deseo era ser como Jo March en Mujercitas. Quería un romance, casarme y tener montones de hijos”, admitiría.

Una habitación propia

En 1980, Jack le regaló un Mercedes y Anjelica sufrió un accidente aquel mismo día, que acabó con su nariz rota en ocho partes. Tras salir del hospital decidió comprarse su propia casa a 15 minutos de la de Jack. Tenía casi 30 años. Decoró su casa con tapetes del siglo XIX, espejos italianos, artefactos egipcios, baúles marroquíes y bustos afganos. Seguía preguntándose si acaso no estaba viviendo en la casa pequeña mientras Jack vivía en su mansión, tal y como habían hecho sus padres, pero al menos ya no tendría que aguantar que los asistentes de Nicholson (encargados además de concertar sus citas con él) le pidiesen que por favor no escribiese en las libretas que había junto al teléfono.

Su nuevo proyecto de vida incluía volver al cine. Para ello tomó clases, en las que su profesora le recomendó que “si quieres un cenicero, no extiendas las manos suplicando, tienes presencia y eres imponente, la gente te presta atención, diles que te den el cenicero”. Y así fue como Anjelica aprendió a fingir tener confianza en sí misma: “Me di cuenta de que estaba suplicando cosas que podía simplemente pedir”. En 1985 John Huston la dirigió en El honor de los Prizzi junto a Nicholson. Cuando pidió un aumento de salario (le ofrecían 13.000 euros, el sueldo base para un actor en Estados Unidos), el productor le indicó que ni siquiera la querían en la película y solo la habían utilizado para conseguir a Huston y a Nicholson. En El honor de los Prizzi Anjelica interpretaba a Maerose, una mujer que anhelaba la aprobación de su padre (un capo de la mafia) y que resolvía crearse a sí misma desde cero para reclamar su legado en la saga familiar. La actriz ganó un Oscar y, en vez de atender a la prensa nada más bajarse del escenario, regresó al patio de butacas donde se encontró con John y Jack llorando.

El teléfono no dejaba de sonar y ahora siempre era para ella. Anjelica Huston encadenó dos nominaciones más al Oscar (por Enemigos y por Los timadores), dos colaboraciones con Woody Allen (Delitos y faltas y Misterioso asesinato en Manhattan) y un último trabajo con su padre antes de su muerte (Dublineses, una poética carta de despedida a aquella Irlanda que pareció solo existir para ellos). Mientras tanto, su relación con Jack Nicholson colapsaba como un telefilme de sobremesa. Tras 17 años de relación en los que él solía ridiculizar sus propuestas de matrimonio (y ella huía a su habitación para llorar en silencio) y en los que intentaron varios tratamientos de fertilidad, Nicholson le contó que había dejado embarazada a una camarera de 26 años.

Anjelica optó por retirarse con elegancia porque consideró que no quería ser un personaje secundario en su propia vida, pero días después se lo pensó mejor y condujo hasta los estudios de Paramount para agredir a Jack. Cuando cumplió 40 años, Anjelica lloró durante dos días. Jack le envió un brazalete de diamantes que Frank Sinatra le había regalado a Ava Gardner y firmó la tarjeta como “tu cerdo, tu Jack”. Anjelica se sintió tan furiosa como seducida, pero sobre todo triste porque Jack nunca había sido realmente suyo.

El mejor epílogo posible

El primer acto de su vida estuvo protagonizado por John. El segundo por Jack. Pero el tercero sería su propio relato: rodó los mayores éxitos comerciales de su carrera (La maldición de las brujas, donde traumatizó a toda una generación de niños arrancándose la cara, La familia Addams y Por siempre jamás). Nunca fue “la chica de la película”, nunca cayó en sentimentalismos y sus personajes tenían la confianza implacable en sí mismos que a ella siempre le faltó. En 1992 se casó con el escultor Robert Graham. “Fue el primer hombre que me miró en serio. Sus ojos se clavaban en mí”, confesó a Vanity Fair. Cuando ella se puso bótox, él se enfadó porque le contó una historia triste y no sabía si estaba conmovida o no. Graham nunca le prohibiría escribir en sus libretas, de hecho Anjelica aseguraba que “enmarcaría cualquier cosa que escribiese en ellas”. Y gracias a su condición de arquitecto le construyó, literal y metafóricamente, un hogar. Su matrimonio, que tampoco concibió descendencia, duró hasta la muerte de él en 2008.

Nicholson, por su parte, se separó de la camarera cuando esta le dejó por un hombre más joven. Anjelica y él hicieron las paces durante el rodaje de Cruzando la oscuridad (Sean Penn, 1995). “Fuimos a cenar juntos y me dijo: ‘Tú y yo somos como El amor en los tiempos del cólera”, recordaba la actriz. “Aquello me gustó, porque se trata de uno de mis libros favoritos, de uno de mis autores favoritos y sobre uno de mis temas favoritos: el amor sin esperanza pero eterno”. Hoy Huston sigue trabajando para pagar las facturas (ha aparecido en John Wick 3 y en varias películas de Wes Anderson) y vive con tres perros, una oveja, 13 cabras y cinco caballos. Su casa está decorada con las esculturas de su marido. Y su jardín tiene un rosal enorme.

 

 

[Fuente: http://www.elpais.com]

Fin avril 2021, la vie commerciale de la biographie de Philip Roth signée par Blake Bailey s’arrêtait brusquement : l’auteur américain se trouvait accusé de harcèlement sexuel et de viols. Bailey avait reconnu certains éléments, mais assurait n’avoir rien fait d’« illégal ». Son éditeur décidait toutefois de cesser la commercialisation de son livre, qui vient de retrouver une maison d’édition.

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Publié par Antoine Oury

L’éditeur américain de cette biographie de Philip Roth, WW Norton, avait rapidement réagi aux différentes accusations en cessant la commercialisation de l’ouvrage. Cette maison d’édition indépendante avait aussi annoncé qu’elle ferait don d’une somme équivalente à l’avance accordée à Bailey pour son livre à une association de lutte contre le harcèlement.

« Ces accusations calomnieuses sont anonymes, elles rapportent des propos infondés d’accusateurs anonymes, et elles ne peuvent être prises au sérieux », indiquait la défense de l’auteur après la publication de plusieurs témoignages de femmes, certaines dévoilant leur identité.

Valentina Rice, éditrice, rapportait ainsi que Bailey l’aurait violée, en 2015, alors qu’ils se trouvaient tous deux au domicile d’un critique littéraire du Times. Eve Peyton, une ancienne étudiante de l’écrivain lorsqu’il était professeur à la Nouvelle-Orléans, assurait également que l’auteur l’avait violée en 2003.

Dans des emails envoyés à plusieurs femmes dénonçant les faits, Blake Bailey reconnaissait un « comportement déplorable », tout en assurant n’avoir rien fait « d’illégal ».

S’assurer que le livre « ne disparaisse pas »

La décision de la maison d’édition WW Norton avait donné lieu à de nombreux commentaires, notamment celui de l’organisation PEN America, qui défend la liberté d’expression des écrivains. Reconnaissant la gravité des faits rapportés par plusieurs publications crédibles, l’organisation prévenait malgré tout l’éditeur, qui devait faire en sorte que le livre de Bailey « ne disparaisse pas ».

« Notre préoccupation, en tant qu’organisation qui défend la liberté d’expression et la littérature, est qu’une large offre de livres soit disponible », soulignait PEN America.

Le souhait de PEN America, mais aussi d’autres organisations, comme l’Authors Guild ou la National Coalition Against Censorship, se trouve satisfait. L’éditeur Skyhorse Publishing annonce en effet la publication de la biographie, dès le 15 juin prochain pour la version imprimée, et la semaine prochaine en numérique et audio, aux États-Unis.

Cette maison d’édition indépendante basée à New York s’était déjà portée volontaire pour publier l’autobiographie de Woody Allen, Apropos of Nothing, abandonnée par le groupe Hachette suite à des accusations d’agressions sexuelles portées à l’encontre du cinéaste.

via L.A. Times

[Photo : David Shankbone, CC BY 2.0 – source : http://www.actualitte.com]

Escrito por David Galcerá 

“El verdadero asunto es el ser humano”. Esto es lo que decía Berdiaev de las novelas de Fiodor Dostoyevski (1821-1881), el genial escritor ruso de cuyo nacimiento se cumplen 200 años. Sus reflexiones sobre el bien, el mal, la muerte, la inmortalidad y Dios, junto con sus profecías de los totalitarismos del siglo XX, le confieren un aura especial. Alguien de quien también se puede decir que tiene como asunto el ser humano es Woody Allen en sus películas. Una de ellas, Match Point (2005), es la primera de una serie cuyo argumento se desarrolla y se filma en Europa; en este caso, en Londres. Tal vez sea la obra de la que el cineasta se sienta más orgulloso. La película puede entenderse como una particular lectura de Crimen y castigo (1866), obra a la que también hay referencias en otros de los films del director neoyorquino.

Dicha novela aborda temas como el superhombre que se anuncia tras la “muerte de Dios”, uno de los referentes de sentido en la cultura occidental contemporánea. El protagonista de Crimen y castigo, Raskólnikov, movido por la rabia ante la pobreza, asesina a una vieja prestamista. Al hacerlo, mata también a su hermana, que aparece en la escena. El protagonista se ampara en que hay que dar lugar al nuevo superhombre, alguien para quien los valores no están predeterminados, sino que se crean a través de la acción, y que puede sacrificar todos los obstáculos que se cruzan en su camino. Sin embargo, posteriormente, al ser perseguido por la policía, es su propia conciencia la que le persigue y le conduce a cometer actos delatores, como si quisiera ser detenido, hasta que finalmente confiesa el crimen. Es entonces enviado a Siberia. Allí debe pagar su culpa. Pero Sonia, una joven prostituta, víctima también de las circunstancias, lo ama. El final de la obra nos presenta a un Raskólnikov que se arrepiente del mal cometido y resucita a una nueva vida, como en la historia del Lázaro del cuarto evangelio (que Sonia le regala y que Raskólnikov rememora en su lecho). Se inicia así el anhelo por cumplir la condena para poder salir del presidio y vivir con Sonia.

La obra de Dostoyevski planea en Match Point. El mismo director nos da dos guiños. Uno de los personajes habla del ruso con admiración, recordando una conversación sobre Dostoyevski. Y la cámara, en otra escena, muestra al protagonista, Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers), leyendo Crimen y Castigo, acompañado del Cambridge Companion dedicado a la obra del escritor de Moscú.

Chris es un humilde personaje que gracias al tenis ha conseguido abrirse camino, hasta que abandona. En ese momento conoce a Chloe (Emily Mortimer), de familia adinerada y propietaria de una importante empresa en la City londinense. Se enamora de ella, pero al poco aparece Nola Rice, a la que da vida Scarlett Johansson. Comienza así una relación simultánea con ambas mujeres. Tras casarse con Chloe, con la que no tiene hijos, Nola queda embarazada. Dado que esta no quiere abortar, Chris decide finalmente asesinarla para librarse de ella y de la futura criatura y poder seguir manteniendo su alto nivel de vida. Antes de dispararla, Chris se topa con una vecina anciana, a la que también asesina. De su casa se lleva joyas y medicamentos, de modo que los crímenes parecen perpetrados por algún drogadicto y que Nola tuvo la mala suerte de encontrarse por allí.

El debate moral subsiguiente al asesinato se presenta en forma de atormentada conciencia, de diálogo a tres bandas entre Chris y Nola y la anciana, que aparecen como espectros. La primera de las mujeres recuerda al homicida la torpeza de sus actos, que le delatan (como si deseara ser descubierto). Pero Chris se justifica (al igual que Raskólnikov) en la teoría del superhombre. A diferencia del protagonista de Crimen y castigo, Chris no solo no será descubierto por la policía, sino que ni siquiera será traicionado por su conciencia. Esta se apaga y es capaz de seguir adelante. La anciana es solo un “daño colateral”. Respecto a la criatura que no llega a nacer, el protagonista hace referencia a Sófocles, y menciona un célebre fragmento de su obra sobre Edipo (aunque la cita ya tenía recorrido en la literatura griega): “Lo mejor es no haber nacido, y si se ha hecho, lo mejor es morir cuanto antes”. Entre la ambigüedad del cinismo y una extraña sinceridad, Chris anhela ser castigado por sus crímenes.

En la película los disparos causan la muerte de la amante y de la anciana, pero el asesino tiene la fortuna de su lado. El tema de la suerte planea omnipresente en la película. La primera imagen del film ya nos sitúa ante este tópico: una pelota de tenis golpea la red y cae hacia uno de los lados, si bien se sabe que podría haber caído del otro, otorgando así la victoria a uno y la derrota a otro. Esta escena se repite al final: cuando Chris tira al río las joyas que extrajo de casa de la anciana, un anillo golpea la barandilla del Támesis y cae en la acera. Lo que podría parecer un golpe de mala fortuna se convierte en buena suerte: el anillo es encontrado por la policía en el bolsillo de alguien relacionado con las drogas, lo cual libra al protagonista de toda sospecha.

Woody Allen ha manifestado en diversas ocasiones el anhelo de sentido, de justicia y de que la suerte no sea la última palabra. Pero para el cineasta estamos solos en el universo. En entrevista con Richard Schickel, y a propósito de Delitos y faltas, dice:

Quería ilustrar de una forma entretenida que no hay Dios, que estamos solos en el universo, y que no hay nadie ahí fuera para castigarte, que no habrá ningún tipo de final al estilo Hollywood a tu vida, que tu moral depende de ti mismo. Si tú puedes cometer un crimen y vivir con ello, está bien; la gente comete crímenes todo el tiempo, crímenes terribles y violentos contra otra gente de una u otra manera, y salen impunes y pueden vivir con ello…

Richard Schickel, Woody Allen: A Life in Film,  Ivan R. Dee, Chicago, 2003, pp. 149-150.

En una de las conversaciones, Chris apunta que los científicos hablan de que todo se debe a la suerte. John Leslie, en su obra Universes (1989), en el contexto del llamado “principio antrópico”, término acuñado por Brandon Carter en 1974, usó una metáfora ilustrativa para expresar el dilema del sentido o su ausencia en el universo en relación al ser humano. Imaginemos a un condenado a muerte sobre el que disparan diez personas entrenadas para ello pero que yerran. Lo más normal es que el superviviente busque una razón de su milagrosa salvación. Se podría pensar que todos los disparos han errado el blanco (sería la versión débil del principio antrópico: si podemos observar orden en el universo es porque estamos aquí; no hay más misterio); la otra opción es pensar que los tiradores estaban de parte del ajusticiado y erraron intencionadamente (esta sería la versión fuerte del principio antrópico: el universo lleva necesariamente hasta nosotros, que observamos ese orden como una meta). Aunque desconozco si Allen conocía la metáfora, es evidente que ilustra dos posibilidades: creer que hay un propósito o sostener la ausencia de todo propósito. Woody Allen y Dostoievsky podrían encarnar estas opciones opuestas.

La metáfora de la ejecución ha sido empleada también en referencia a un tema sensible para el cineasta judío: la Shoah. Podemos referirnos aquí a Imre Kertész en su obra Kaddish por el hijo no nacido. El protagonista, superviviente de Auschwitz, dice que no quiere tener un hijo, citando, como Chris, a Sófocles: “Es mejor no haber nacido”. En un mundo donde se puede decidir sobre la vida y la muerte de los seres humanos, la existencia es siempre una supervivencia, y un nacimiento puede ser una condena. El propio Kertész cifró su existencia, su no muerte, como fruto del azar mediante el que escapó de la gran industria nazi de la muerte. Y asegura, así, con palabras que valen para todo el mal de la centuria pasada:

El siglo, ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente, se prepara otra vez para disparar, y quiso el destino que el diez me tocara a mí –eso es todo.

Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido, Acantilado, Barcelona, 2001, p. 94.

Decía san Agustín que la muerte es la muerte de las otras muertes posibles que no se han cumplido. Por ello, en el curso natural de la vida, la muerte siempre aguarda al final como un certero disparo, como los que recibieron Nola y la anciana. Cuando Dostoyevski, en su juventud, fue detenido por pertenecer al círculo de Petrashevsky (grupo de socialistas utópicos, seguidores de las ideas de Fourier) fue llevado al paredón, y se simuló su ejecución. La pena fue después conmutada por la prisión. Woody Allen recuerda ese incidente y, hablando a propósito de su película Amor y muerte: la última  noche de Boris Grushenko, afirma en conversación con Richard Schickel que “la muerte está siempre presente”, “es un compañero constante”. Ante ello, el amor es fútil.

En la prisión, tras serle conmutada la pena, Dostoyevski recibió de manos de un grupo de mujeres que iban a ver a sus maridos prisioneros (pertenecientes al grupo revolucionario de los decembristas) un Nuevo Testamento. Antes de morir pidió a su mujer que le leyera la parábola del hijo pródigo en ese viejo librito que aún guardaba. Para Dostoyevski, no podía haber moralidad si no había inmortalidad. Para el autor de Crimen y castigo, la muerte es el umbral que hay que cruzar para alcanzar la vida verdadera y la justicia definitiva, y por ello cree que el sufrimiento puede tener su recompensa. Como indica el epígrafe que enmarca el comienzo de Los hermanos Karamázov, y como reza también el epitafio del escritor: “Solo el grano que cae a tierra y muere da mucho fruto”. Y para ese fruto se necesita el amor divino y el amor humano, como el de Sonia. Lo que nos une en este mundo es la conciencia de que todos pertenecemos a la misma especie, que arrastramos el mal como un pecado original y que todos somos responsables de lo que le sucede al otro.

Woody Allen, pese a que desea la existencia de Dios y de la vida después de la muerte, considera que creer en ello es engañarse a uno mismo. No niega su valor, pero, como dice Chris Wilton en la película, la fe es “la mínima resistencia”. Aunque ello no significa, en respuesta al dilema planteado por el nihilista Ivan Karamázov en la última gran obra del escritor ruso, que si Dios ha muerto todo esté permitido. En réplica a un sacerdote católico que afirmaba que Match Point mostraba que sin Dios se puede cometer cualquier crimen, Woody Allen rechaza esa conclusión. El problema no es tanto el fundamento de los valores como la sanción y la reparación del mal. El anhelo de Dios y de justicia de Woody Allen se asemeja al anhelo de redención y del Otro de Max Horkheimer, al deseo de que la muerte no sea la última palabra para que las víctimas de la historia, los abandonados en la cuneta, no queden sin una respuesta y una vindicación.

En ese sentido, las afirmaciones del director de Match Point se asemejan a la postura de un atento lector de Dostoyevski: Albert Camus. El escritor francés consideraba que la rebelión contra el sinsentido y un cielo vacío era lo que nos constituía como humanidad: “Me rebelo, luego somos”. Woody Allen lo expresa así a propósito de Match Point:

El mundo está lleno de gente que escoge vivir su vida de una manera completamente centrada en sí misma, en una forma homicida. Pero también se puede tomar la opción de que uno está vivo, y que hay otra gente que está viva, y que estás en un bote salvavidas con ellos y que tienes que intentar hacerlo tan decentemente como puedas por ti mismo y por todo el mundo.

Eric Lax, Conversations with Woody Allen. His Films, the Movies, and Moviemaking, A. A. Knopf, Nueva York, 2007, p. 124.

Como dejó dicho Hannah Arendt siguiendo la máxima socrática, de lo que se trata es de si al llegar a casa podemos vivir con nosotros mismos. Raskólnikov no pudo. Pero sí pudo Chris. Cuando llega a casa, tras conversar con Nola y la vecina, con su conciencia, asegura que se aprende a seguir adelante. También es lo que hicieron muchos de aquellos que formaron parte del “pelotón del siglo”: fueron capaces de vivir consigo mismos, desdoblando su personalidad, siendo asesinos de día y hombres de familia amorosos al llegar a casa.

 

 

 

[Fuente: http://www.elvuelodelalechuza.com]

Escrich per Joan-Marc Leclercq

Es interessant d’espiar com cada lenga resistís o reagís a l’omnipreséncia deus mots angleses (o globish) dens lo mitan professionau o jornalistic. Segon son estructura o son grad de capacitat de creacion, cada lenga guardarà son originalitat … o pas.

L’exemple mès simple es lo deu mot computer. Lo japonés l’adoptat d’un biaish fonetic dambe コンピューター [Konpyūtā], que benlèu un anglofòne reconeisheré pas obligatòriament a l’escota, quan lo chinés creèc lo mot 电脑 [Diànnǎo] que vòu díser “cervèth electric” (电 = electricitat 脑 = cervèth).

Si lo catalan e l’espanhòu an causit la solucion latina ordinador e ordenador, l’italian, mès anglicizat, a cedit a computer quan lo portugués a creat lo mescladís risolièr computador. De notar tanben lo roman dambe son drin susprenent calculator, e lo prèmi de la concision reveng au suedés dambe dator que m’agrada fòrça.

Mes existís un nivèu superior a l’acceptacion de mots anglosaxons, es lo de’n crear autes que son quitament pas en usatge ni dens las isclas britanicas ni aus USA. Lo siti La culture générale n’a trobats 41 en francés. N’an hèit la lista. Podèm doncas comparar dambe l’usatge de l’occitan qu’es una lenga que resistís mès a l’envasida de l’anglés gràcia a son esperit creatiu. Vaquí doncas una seleccion personala:

Purmèr podèm remercar un beròi grop de mots en -ing que son sovent inventats o lavetz sonque la purmèra part d’una expression, que tot solets vòlon pas díser gran causa en anglés:

Brushing (blow-dry) Camping (campsite / campground) Dressing (wardrobe / closet) Forcing (-) Footing (jogging) Lifting (face lift) Parking (car park / parking lot) Pressing (dry cleaner’s) Relooking (makeover) Shampooing (shampoo) Smoking (dinner-jacket / tuxedo) Travelling (tracking shot / dolly shot / trucking shot) Warning (hazard lights, flashers).

L’occitan perpausa fòrça simplament las reviradas:

Brossatge, campatge, vestider, lo tot, corruda, tibapèth, parcatge/pargue, netejader, cambiamustra, lavacap, vèsta de serada, plan sus via, lutz de destressa (en francés tanben).

Puèi lo dusau grop es lo deus mots en -man e -woman qu’existissen pas tanpauc:

Perchman (boom operator) Recordman (record holder) Rugbyman (rugby player) Tennisman (tennis player).

Mercés a sas numerosas terminasons (-aire, -ista, -ador) l’occitan fòrma aisidament:

Perjaire, recordaire, jogador de rugbí, tenista.

E vaquí qu’arriba una tièra de mots que cadun per aicí crei de la lenga de Shakespeare mes qu’ac son pas brica:

Baby-foot (table football / table soccer) Baskets (sneakers) Catch (wrestling) Open space (open plan) Pin’s (lapel pin / enamel pin) Pompom girl (cheerleader) Slip (briefs).

L’occitan se trufa de tot aquò dambe:

Butabala de taula, solièrs d’espòrt, luta liura, burèu obèrt, espingleta, clapateras, culòta.

De notar tanben los risolièrs “Book” que los anglofònes disen portfolio (!), lo mot de soca gascona “Caddie” (trolley / shopping cart) vengut de “capdèth” (èi escrit un article suu caminament mondiau d’aqueste mot) e l’inexplicable Talkie-walkie qu’es en vertat walkie-talkie.

Dens un filme de Woody Allen, vesoi un còp que l’expression anglesa the daylies èra revirada “les rushes”.

Lo nivèu de penetracion deus anglicismes dens una lenga seguís reglas que son pas fòrça regularas. Se lo francés n’es victima, se lo shuc de “canneberge*” es vengut cranberry sus la botelhas, se lo “doubeurre[1]” estoc abandonat per butternut, la lenga de Coluche a totun resistit per çò qu’es de l’embarrament, sia “confinement”, que fòrça paises sequenon an adoptat devath la fòrma lockdown.

Çò qu’es meslèu rassegurant, es que, a còps, anglicismes pòden desaparéisher deu vocabulari. En tot huelhetar un vielh diccionari, èi trobat los mots macadam macintosh (per un manto de ploja) qu’èi pas ausits dempuèi … longtemps.


[1] Èi pas trobat de revirada en occitan d’aquestes plantas.
[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

De Simon & Garfunkel à Steven Spielberg, en passant par Serge Gainsbourg, Woody Allen et Mel Brooks, nombreux sont ceux à avoir revendiqué leurs origines juives ou les avoir évoquées dans leur œuvre. Et puis il y a ceux qui n’en parlent pas, voire la dissimulent, pour autant de raisons qu’il n’y a d’histoires à raconter.

Brice Depasse, le conteur de Nostalgie, l’auteur de La Story qui fête cette année ses vingt ans d’antenne, vous convie à revivre le parcours de personnages légendaires comme Bob Dylan, Patrick Bruel, Stanley Kubrick, Roman Polanski, de David Lee Roth de Van Halen, Mark Knopfler de Dire Straits, Gene Simmons de Kiss, Lou Reed, Peter Sellers ou encore Joey Ramone.

Brice Depasse présente et réalise quotidiennement depuis 2001 « La Story », la chronique de référence de Nostalgie Belgique, en studio mais aussi aux quatre coins du monde sur les traces des plus grandes légendes de la musique populaire et du cinéma. Après avoir prêté sa plume à plusieurs quotidiens et hebdomadaires de presse écrite, Brice Depasse a publié de nombreux ouvrages dont « Destins brisés » (2012) et « La Story, le meilleur de la légende » (2016), mais aussi des œuvres de fiction comme « Ob-La-Di, Ob-La-Dan » et « Les Enfants de la Lune ». Il ajoute aujourd’hui à son arc la corde de scénariste avec deux séries de bandes dessinées dont les premiers volumes sortiront en 2021. Son dernier ouvrage « La Story, 20 ans, Derrière chaque artiste, une grande histoire » vient de sortir en librairie. Il est dans la vie civile le mari de Nicky Depasse de Radio Judaïca.

 

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JEUDI, 11 MARS 2021, À 20:00
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ID de réunion : 851 7426 3882

 

[Source : http://www.cclj.be]

Nova tradução de “Memórias póstumas de Brás Cubas” nos Estados Unidos é destacada pelo crítico Parul Sehgal, que qualifica o romance como “moderno e surpreendentemente vanguardista”

Machado de Assis, autor de “Memórias póstumas de Brás Cubas”

Memórias póstumas de Brás Cubas, clássico de Machado de Assis, aparece na lista dos 20 melhores livros lançados em 2020, feita pelo The New York Times. Os três críticos do jornal — Dwight Garner, Parul Sehgal e Jennifer Szalai — escolhem os melhores títulos que ao longo do ano resenharam para o caderno de livros do jornal.

“O romance mais moderno e surpreendentemente vanguardista que li neste ano foi publicado originalmente em 1881”, escreve Parul Sehgal no breve comentário que compõe a lista. Ele também elogia a nova tradução do romance. Publicado pela editora Liveright, o livro foi vertido para o inglês por Margaret Jull Costa e Robin Patterson. “Leia este trabalho espirituoso e incrivelmente inventivo e veja como a ficção moderna parecerá de repente conservadora.”

A lista tem ainda autores contemporâneos como Elena Ferrante, Ayad Akhtar e Sigrid Nunez. As escolhas misturam livros de ficção e não ficção.

Memórias póstumas de Brás Cubas marca a fase mais madura de Machado de Assis. O livro é considerado a transição do romantismo para o realismo. Num primeiro momento, a prosa fragmentária e livre de Memórias póstumas, misturando elegância e abuso, refinamento e humor negro, causou estranheza, inclusive entre a crítica.

Com o tempo, no entanto, o defunto-autor que dedica sua obra ao verme que primeiro roeu as frias carnes de seu cadáver tornou-se um dos personagens mais populares da nossa literatura. Sua história, uma celebração do nada que foi sua vida, foi transformada em filmes, peças e HQs, e teve incontáveis edições no Brasil e no mundo, conquistando admiradores que vão de Susan Sontag a Woody Allen.

POSTHUMOUS MEMOIRS OF BRÁS CUBAS
Machado de Assis
Tradução: Margaret Jull Costa e Robin Patterson
Liveright
256 págs.
[Fonte: http://www.rascunho.com.br]
Scarlett Johansson est une actrice et chanteuse américano-danoise, philanthrope et démocrate, née en 1984. Elle a manifesté son courage en résistant en 2014 aux pressions du BDS (Boycott Désinvestissement Sanction) visant une publicité dans laquelle elle vantait SodaStream. Arte diffusera les 9 et 12 décembre 2020 « Lost in Translation » (Lost in Translation – Zwischen den Welten) de Sofia Coppola (2003) avec Bill Murray et Scarlett Johansson
Publié par Véronique Chemla

Scarlett Johansson est une actrice et chanteuse américano-danoise née en 1984 à New York, d’un père architecte danois et d’une mère américaine juive ashkénaze.

Elle célébrait Hanoucca et Noël.
Ses parents divorcent quand elle est âgée de 13 ans.
Enfant, Scarlett Johansson suit des cours de comédie et débute au cinéma dans la comédie « North » de Rob Reiner (1994).
Son interprétation d’une adolescente blessée dans The Horse Whisperer(L’Homme qui murmurait à l’oreille des chevaux, 1998) de Robert Redford, d’après le roman éponyme de Nicholas Evans (1995), reçoit des critiques favorables de la presse.
Deux films – Lost in Translation et Girl with a Pearl Earring – marquent sa transition vers des rôles d’adultes.

Dans sa filmographie : trois films réalisés par Woody Allen – Match Point (2005), Scoop et Vicky Cristina Barcelona -, Le Dahlia noir (The Black Dahlia) de Brian De Palma (2006), Deux sœurs pour un roi (The Other Boleyn Girl) de Justin Chadwick (2008), Lucy de Luc Besson…

En octobre 2017, Scarlett Johansson a participé à l’émission télévisée américaine « Finding your roots » ( « Retrouver vos racines ») sur PBS. Cette émission effectue des recherches généalogiques sur leurs invités. Scarlett Johansson a découvert qu’une partie de sa famille maternelle avait péri dans le ghetto de Varsovie (Pologne) lors de la Deuxième Guerre mondiale. Elle a lu les certificats de décès de Saul, le frère de son grand-père, et d’autres membres de sa famille. Elle n’a pu retenir ses larmes. « Je m’étais promise de ne pas pleurer, mais c’est dur de ne pas le faire. C’est fou, on ne peut vraiment pas imaginer l’horreur, c’est trop surréaliste. Je comprends pourquoi un mouchoir en papier était posé sur la table !  », a-t-elle déclaré.  Et d’ajouter : « C’est fou d’imaginer que Saul serait de l’autre côté à vendre des bananes sur Ludlow Street. Et comme c’était différent d’être en Amérique à cette époque. Le destin d’un frère contre celui de l’autre. » L’actrice a estimé que grâce à cette émission, elle se sentait plus « profondément liée à cette partie de moi, cette branche de ma famille. Je ne m’attendais pas à cela”. Son grand-père avait quitté la Pologne pour les États-Unis où il a gagné sa vie comme épicier à New York.

L’actrice est mère d’une fille prénommée Rose Dorothy Dauriac, née en 2014 de son mariage avec Romain Dauriac.

« Lost in Translation »
Arte diffusera le 9 décembre 2020 « Lost in Translation » (Lost in Translation – Zwischen den Welten) de Sofia Coppola (2003) avec Bill Murray et Scarlett Johansson.
« Bob Harris, célèbre acteur américain sur le déclin, tourne à Tokyo un spot publicitaire pour un whisky japonais… Logé dans un palace de la ville, en proie au décalage horaire, il se sent radicalement étranger aux choses et aux gens qui l’entourent. Au bar de l’hôtel, il rencontre une jeune compatriote, livrée elle aussi à la solitude et à l’insomnie. Charlotte, fraîche émoulue de l’université, vient d’épouser un photographe de stars, qui ne cesse de courir d’un rendez-vous à un autre. Entre le blasé vieillissant et la femme-enfant délaissée se noue une étrange relation… »

« Bill Murray et Scarlett Johansson unissent leurs décalages pour un pas de deux drolatique, émouvant et subtil. Un petit bijou de cinéma. »

Lost in Translation « se dit d’une notion intraduisible, qui se « perd » dans le passage d’une langue à l’autre. Mais peut-être faut-il entendre ici l’expression littérale : « perdu dans la traduction » ? Parce qu’ils sont égarés dans un espace entre deux mondes, idéalement figuré par le cocon irréel d’un grand hôtel international, ces êtres en apesanteur se rencontrent et se touchent ».
« Sur un canevas léger, Sofia Coppola, épaulée par des comédiens en état de grâce, compose un petit bijou de cinéma, avec en toile de fond futuriste les lumières de Tokyo ».
« Dialogues ciselés, montage inspiré, acuité du regard : son deuxième long métrage après Virgin Suicides transpose avec subtilité dans le monde d’aujourd’hui l’élégance des sentiments et la drôlerie des grands classiques de la comédie américaine ».

« Aux côtés de Bill Murray, qui parvient d’un seul hilarant haussement de sourcil à exprimer la quintessence du dépaysement, de l’absurde ou de l’attendrissement, Scarlett Johansson ne se laisse pas intimider. Sa manière de suggérer la vulnérabilité, derrière son charme boudeur et son humour à froid, relève du grand art. »

« La jeune fille à la perle  »
« La jeune fille à la perle » (Das Mädchen mit dem Perlenohrring ; Girl with a Pearl Earring) est un film réalisé par Peter Webber avec Colin Firth, Scarlett Johansson, Tom Wilkinson et Cillian Murphy.
« Adapté du livre de Tracy Chevalier, ce film livre sa propre vision de l’énigmatique « jeune fille à la perle », incarnée par Scarlett Johansson » qui est sélectionnée pour les Golden Globes en 2003.
« Delft, XVIIe siècle, à l’âge d’or de la peinture hollandaise. Pour aider ses parents, la jeune et ravissante Griet se fait engager comme servante dans la maison du peintre Vermeer. Celui-ci vit et travaille presque en reclus dans son atelier tandis que sa femme et sa belle-mère se chargent de l’intendance et des finances. La jeune servante, très disciplinée, s’occupe du ménage et des six enfants ».
« Au fil du temps, les femmes de la maison développent envers elle une terrible jalousie. Mais la douceur et la vivacité de la jeune fille émeuvent le maître qui l’introduit dans son univers. L’œil sûr, celle-ci prépare en cachette les pigments de ses peintures et le seconde en silence dans son atelier. Un jour, un mécène richissime commande un portrait d’elle à Vermeer. Le scandale éclate lorsque la maîtresse de maison apprend que Griet lui a emprunté une boucle d’oreille sans sa permission pour poser devant le peintre… »
« Adapté du succès littéraire éponyme de Tracy Chevalier, lui-même inspiré par le tableau de Johannes Vermeer, ce film somptueux livre sa propre vision de l’origine de l’énigmatique jeune femme représentée par le peintre ».
« Ce portrait devenu célèbre dès sa redécouverte a souvent été qualifié de « Joconde du Nord » par les critiques ».

« Dans son film, centré sur la relation entre le maître et sa servante, le réalisateur Peter Webber a apporté un soin particulier à la photographie et aux décors, cherchant à recréer l’ambiance et les tonalités présentes dans toutes les œuvres de Vermeer : une lumière ciselée et une obscurité diffuse au service des sentiments des personnages. Une belle réussite, toute de sensualité et de pudeur ».

« #Chef« 

« #Chef » (Kiss the Cook – So schmeckt das Leben!) est un film américain réalisé par Jon Favreau avec Jon Favreau (Carl Casper), Bobby Cannavale (Tony), John Leguizamo (Martin), Emjay Anthony (Percy), Scarlett Johansson (Molly), Dustin Hoffman (Riva), Sofía Vergara (Inez), Oliver Platt (Ramsey Michel),  Amy Sedaris (Jen), Robert Downey Jr. (Marvin).

« Un cuisinier en rupture de ban prend la route avec son fils à bord d’un « food truck »… Une comédie 100 % carnivore, interprétée, scénarisée et réalisée par un maître du divertissement hollywoodien, Jon Favreau (qui a signé les deux premiers « Iron Man ») ».

« Le talentueux chef Carl Casper officie dans un resto branché de L. A., sous la surveillance pointilleuse du propriétaire du lieu, un homme aussi inflexible que conservateur. Quand un critique gastronomique réputé s’annonce pour le dîner, Carl se voit interdire toute fantaisie créative dans le menu préparé en conséquence et perd son sang-froid sur Twitter devant l’article dévastateur qui en résulte. Mis à pied, il embarque alors son fils de 10 ans, Percy, dans un road trip pour Miami, la ville de ses débuts. Le vieux minibus qu’ils croisent en chemin redonne un élan à sa fougue culinaire : il y voit le food truck de ses rêves, dans lequel, avec Percy et un copain recruté en renfort, ils vont proposer d’exceptionnels sandwichs cubains (spécialité qui, depuis la Floride, a conquis les États-Unis).  »

« À moins d’avoir la foi végane chevillée au corps, ne pas s’aviser de regarder le ventre vide cette ode à l’amour filial, à l’amitié, à l’appétit, à l’Amérique et à l’aventure  – un quintuple A, comme pour l’andouillette. Démultiplié derrière ses fourneaux, Jon Favreau, à la fois scénariste, acteur principal et réalisateur, a l’art de faire saliver d’un simple plan sur une viande en train de rôtir. Abonné aux blockbusters de super-héros (il a signé notamment les Iron Man 1 et 2), il explore avec cette comédie bon enfant et 100 % carnivore les fondamentaux du divertissement comme de la cuisine : une échappée simple et roborative, ponctuée d’escales pleines de séductions (du beignet made in New Orleans au barbecue mitonné à Austin), et épicée d’un défilé de guest stars. »
SodaStream

L’actrice américaine juive Scarlett Johansson est l’égérie de la publicité de SodaStream, firme israélienne leader mondial de la gazéification à domicile, destinée à être diffusée lors de la mi-temps de la finale le 2 février 2014 du Super Bowl, match de football le plus suivi – environ 130 millions de téléspectateurs aux États-Unis – et au tarif de 3,5 millions de dollars en 2012 pour un spot publicitaire de trente secondes.

SodaStream offre un « concept pratique, écologique, diététique et économique » de gazéification à domicile.
Cette actrice a affronté depuis la mi-janvier 2014 une campagne BDS contre son soutien à la société fabriquant des machines à soda et des sodas notamment dans l’usine d’une zone industrielle à Mishor Adumim, en Judée, soit en zone C, « sous contrôle de l’administration israélienne« , selon les accords d’Oslo (1993). Le 24 janvier 2014, Scarlett Johansson a expliqué dans le Huffington Post : « Je n’ai jamais eu l’intention d’être le visage d’un mouvement social ou politique. Cela n’a rien à voir avec mon affiliation à SodaStream… Je demeure une supportrice de la coopération économique, de  l’interaction sociale entre un État d’Israël démocratique et la Palestine. SodaStream est une compagnie qui n’est pas seulement engagée dans l’environnement, mais aussi dans la construction d’un pont pour la paix entre l’État d’Israël et la Palestine, en soutenant des voisins qui se soutiennent, et travaillent main dans la main, recevant le même salaire, des avantages égaux et des droits identiques. C’est ce qui arrive chaque jour dans l’usine Ma’ale Adumim… Je soutiens les produits de SodaStream et je suis fière du travail que j’ai accompli comme ambassadrice d’Oxfam pendant huit ans« . Devant la critique d’Oxfam, l’actrice a mis un terme le 30 janvier 2014 à sa mission pour cette organisation en raison d’une « différence fondamentale d’opinion » à l’égard du mouvement BDS. Le 31 janvier 2014, Osfam a accepté la démission de Scarlett Johansson : « Oxfam estime que les entreprises qui, comme SodaStream, exercent leurs activités dans les colonies contribuent à y perpétuer la pauvreté et le non-respect des droits des communautés palestiniennes que nous nous attachons à soutenir. Oxfam s’oppose à toute forme de commerce avec les colonies israéliennes, lesquelles sont illégales au regard du droit international« .
Et pourtant les ouvriers « palestiniens » sont heureux de travailler dans cette usine à Mishor Adumim, en Judée : « SodaStream emploie 900 personnes, dont 500 Palestiniens qui ont les mêmes avantages que les Israéliens et reçoivent des salaires cinq fois supérieurs à ceux payés dans les territoires administrés par l’Autorité palestinienne », a déclaré Philippe Chancellier, directeur général d’OPM France, société distribuant en France les produits SodaStream, le 29 janvier 2014. « 
Le 1er février 2014, la chaine Fox a annoncé qu’elle ne diffusera pas le spot de SodaStream car Scarlett Johansson le concluait par : « Sorry, Coke and Pepsi » (Désolée, Coke et Pepsi). Deux annonceurs internationaux très importants… Mais ce spot a bénéficié d’une extraordinaire publicité via les articles et le buzz. Depuis le 27 janvier 2014, donc en moins d’une semaine, il a été visionné par près de neuf millions d’Internautes sur YouTube ! Sans compter les Internautes qui l’ont vu sur d’autres sites…
SodaStream est un des partenaires du 41e festival international de la bande dessinée (31 janvier-2 février 2014).  Des dessinateurs ont demandé par une lettre-pétition à Franck Bondoux, délégué général de ce festival, de « couper tous les liens entre le festival et cette entreprise honteuse ». Parmi les signataires : les Américains Ben Katchor et Joe Sacco, le Français Siné, la tunisienne Willis From Tunis, le Brésilien Carlos Latuff, et l’Israélien Amitai Sandy. Franck Bondoux a déclaré au Monde (31 janvier 2014) qu’il était « particulièrement gêné par cette lettre ouverte qui ne repose sur rien de concret. Quand le festival s’engage avec un partenaire, il regarde naturellement qui il est. Concernant SodaStream, je ne vois pas en quoi cette entreprise est honteuse. Elle est implantée dans une colonie ancienne, en zone C, qui est née des accords d’Oslo entre Israël et l’OLP. Rien n’interdit à une entreprise de s’installer là dans l’attente d’un accord entre les deux parties, quand bien même celui-ci tarde particulièrement. SodaStream crée plutôt des passerelles. Elle emploie 500 travailleurs palestiniens qui travaillent dans de bonnes conditions. Cette entreprise n’a jamais été condamnée en France. Parler de “crime” à son encontre, comme le font ces auteurs, est une prise de position partisane. La rejeter reviendrait à la condamner : ce serait une injustice à l’envers ».
Ce n’était pas la première fois que SodaStream était visée par BDS : en janvier 2011, « sous la pression d’organisations pro-palestiniennes en France, France Télévisions avait d’abord retiré la publicité de SodaStream des écrans lors du jeu SLAM. Le BNVCA (Bureau national de vigilance contre l’antisémitisme) était alors intervenu auprès de directrice des relations de France Télévisions » et lui avait « signifié qu’en vertu des lois qui prévoient et punissent le délit de boycott en France, le BNVCA envisageait de poursuivre en justice cette instance. France Télévisions a immédiatement rétabli SodaStream dans son droit« .
Le 29 octobre 2014, SodaStream a annoncé « la fermeture progressive, d’ici à fin 2015 de sa principale unité de production« , située dans la localité de Mishor Adoumim, à l’est de Jérusalem, dans la zone industrielle de Maalé Adoumim. Éludant le boycott, elle a évoqué les difficultés actuelles et son souci de « rationalisation des coûts de production et de l’optimisation de la fabrication », d’« améliorer l’efficacité opérationnelle » du groupe coté sur le marché du Nasdaq à New York depuis 2010. Elle fermera aussi son autre usine dans le nord d’Israël, près de Nazareth. Ce qui représentera une réduction de neuf millions de dollars de ses coûts de production. Le chiffre d’affaires s’élève à 125,9 millions de dollars au troisième trimestre 2014 contre 144,6 millions à la même époque en 2013. Le chiffre d’affaires annuel devrait diminuer de 9 % par rapport à 2013.
Directeur général d’OPM, importateur et distributeur exclusif de Sodastream en France, Philippe Chancellier, nie auprès de MYTF1News que la firme ait cédé au boycott : « L’usine qui est Newsnotre site de production historique, existe depuis plus de 30 ans. Il est impossible qu’elle ferme du jour au lendemain. En revanche, il est vrai que cette fermeture est envisagée ».
« Nous lançons aujourd’hui un plan global de croissance pour remettre l’entreprise sur la bonne voie », a expliqué le PDG de la firme. SodaStream emploie plus de 2 000 personnes sur une vingtaine de sites en Australie, en Chine, en Allemagne, en Afrique du Sud, en Israël et en Cisjordanie. Le groupe a annoncé en 2012 vouloir construire une nouvelle usine dans le désert du Néguev, dans le sud d’Israël. Et d’ajouter : « L’entreprise Sodastream est aujourd’hui un succès dans 45 pays et dispose de 20 sites de production dans le monde, dont deux en Israël. Un troisième, de plus grande envergure, devrait ouvrir prochainement dans le Néguev, à l’extrême sud du pays ».
« SodaStream présente sur Internet son usine de Mishor Adoumim comme un « modèle d’intégration » employant 1 300 personnes : 500 Palestiniens, 450 Arabes israéliens et 350 Juifs israéliens jouissant des mêmes salaires et des mêmes conditions sociales. Les employés palestiniens y « perçoivent des salaires quatre à cinq fois supérieurs par rapport aux salaires moyens dans les territoires contrôlés par l’Autorité palestinienne ». Daniel Birnbaum, PDG de SodaStream, avait déclaré en janvier 2014 au magazine juif new-yorkais Forward, que Mishor Adoumim, « ancienne usine de munitions reconvertie en 1996, était devenue « une épine dans le pied » pour l’entreprise. Selon son conseiller Maurice Silber, cité par Forward, « tout le monde est contre l’occupation » et le PDG était prêt à payer des impôts sur les sociétés dans un futur État palestinien ».
Le 29 février 2016, Daniel Birnbaum a annoncé le licenciement des 74 derniers salariés palestiniens travaillant dans son usine à Lehavim, site de la nouvelle implantation de l’usine après la fermeture de celle de Maalé Adoumim sous la pression du BDS. Le permis de travail de ces ouvriers n’aurait pas été prolongé par les autorités israéliennes. SodaStream a recruté des salariés israéliens à la place de ceux palestiniens.
Anas Abdul Wadud Ghaïth « essuyait les larmes derrière ses lunettes. «On formait une famille. Je suis triste parce que je quitte mes amis», a confié le jeune homme de 25 ans dont quatre années passées chez SodaStream. « Il n’y a pas d’espoir en Palestine, et pas beaucoup de travail», a-t-il ajouté. Quelques centaines de salariés de l’usine de Lehavim ont manifesté contre l’attitude du gouvernement israélien et formé un signe de paix en solidarité avec leurs anciens collègues ».
Le COGAT, » organe du ministère de la Défense chargé de coordonner les activités israéliennes dans les Territoires, n’a pas fourni d’explication sur le non-renouvellement des permis. « Le COGAT a pris de nombreuses mesures pour aider l’usine, il a fourni des permis provisoires à des centaines de travailleurs au cours de l’année et demie écoulée pour rendre le transfert possible », a expliqué cet organisme public. Selon le COGAT, « 58 000 Palestiniens possèdent des permis pour travailler en Israël, et 27 000 autres pour des entreprises israéliennes dans les « localités de Judée et de Samarie. Ces « salariés gagnent en général mieux leur vie que dans des entreprises palestiniennes ».
Maayan Nave, « le porte-parole de SodaStream, a dit ne pas croire que le gouvernement ait voulu sanctionner le fait que l’entreprise ait cédé aux pressions du BDS. Il a assuré que la compagnie continuerait à se battre pour obtenir des permis pour les Palestiniens. Le PDG de SodaStream, Daniel Birnbaum, a, lui, affirmé que « le BDS n’a rien à voir avec ça», martelant: «c’est la faute du gouvernement». Le gouvernement «est incapable de surmonter sa propre bureaucratie et son propre entêtement pour résoudre cette énorme difficulté: permettre à 74 gens bien de continuer à faire ce qu’ils faisaient jusqu’alors», a-t-il dit ».

SodaStream avait cédé au BDS en changeant le lieu d’implantation de son usine. Il a contribué à la situation actuelle. Sans se soucier du sort de tous ceux, célèbres ou anonymes, qui avaient défendu la marque et son site dans une terre biblique.

« Deep fake »

« L’actrice la mieux payée d’Hollywood, Scarlett Johansson, vient d’ajouter son nom à la liste des personnalités qui s’engagent contre le phénomène des « deep fake » – ces vidéos ultraréalistes dans lesquelles les visages et les voix de ceux qui apparaissent à l’écran sont modifiés. »
« Dans une interview accordée au quotidien The Washington Post, l’actrice dont la tête a été utilisée dans des dizaines de vidéos pornographiques s’inquiète de la montée en puissance de ces technologies : « Les personnes vulnérables comme les femmes, les enfants, et les personnes âgées doivent prendre des précautions supplémentaires pour protéger leur identité et leur contenu personnel », déclare-t-elle ».

« Lost in Translation » de Sofia Coppola

Etats-Unis, Japon, 2003
Scénario : Sofia Coppola
Production : American Zoetrope, Elemental Films, Tohokushinsha Film Company
Producteurs : Ross Katz, Sofia Coppola
Image : Lance Acord
Montage : Sarah Flack
Musique : Kevin Shields
Avec Scarlett Johansson (Charlotte), Bill Murray (Bob Harris), Akiko Takeshita (Madame Kawasaki), Kazuyoshi Minamimagoe (attaché de presse), Kazuko Shibata (attaché de presse), Nancy Steiner (Lydia Harris), Giovanni Ribisi (John), Ryuichiro Baba (le concierge), Anna Faris (Kelly)
Sur Arte les 27 décembre 2011 à 20 h 40, 28 décembre 2011 à 14 h 45, 19 août 2015 à 20 h 50, 9 décembre 2020 à 20 h 55 et 12 décembre 2020 à 1 h 00
Disponible du 09/12/2020 au 15/12/2020
Visuels :
© ARD/Degeto Film
© Yoshio Shato
© DR

« La jeune fille à la perle » par Peter Webber
Royaume-Uni, Luxembourg, 2003
Image : Eduardo Serra
Montage : Kate Evans avec Alexandre Desplat
Production : Archer Street, Delux, Film Fund Luxembourg, Pathé, UK Film Council, Wild Bear
Producteur/-trice : Andy Paterson, Anand Tucker
Scénario : Olivia Hetreed
Avec Colin Firth, Scarlett Johansson, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Essie Davis, Judy Parfitt
Auteur : Tracy Chevalier
Sur Arte les 14 octobre 2018 à 20 h 50, 17 octobre 2018 à 13 h 35
Visuels :
Scarlett JOHANSSON
Tom WILKINSON, NON IDENTIFIE
Essie Davis, Scarlett JOHANSSON
NON IDENTIFIE, Tom WILKINSON, Scarlett JOHANSSON, NON IDENTIFIE
© PATHE

« #Chef » de Jon Favreau

États-Unis, 2014, 111 min

Scénario : Jon Favreau

Production : Aldamisa Entertainment, Kilburn Media
Producteurs : Jon Favreau, Sergei Bespalov, Roy Choi, John Bartnicki
Image : Kramer Morgenthau
Montage : Robert Leighton
Musique : Stefan Karrer et Lyle Workman
Avec Jon Favreau (Carl Casper), Bobby Cannavale (Tony), John Leguizamo (Martin), Emjay Anthony (Percy), Scarlett Johansson (Molly), Dustin Hoffman (Riva), Sofía Vergara (Inez), Oliver Platt (Ramsey Michel),  Amy Sedaris (Jen), Robert Downey Jr. (Marvin)

Visuels : 
© TF1 Studios
© Merrick Morton

Les citations sur le film sont d’Arte. Cet article a été publié le 14 octobre 2018.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]
Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot
Por dos meses tuve en mi mesa de noche una edición del Financial Times de Londres. La de sábado, que es amena, discursiva, donde aparte de un almuerzo semanal con alguna personalidad (Roger Waters, Michael Moore, Martin Amis), hay artículos sobre vino, cine, pintura, literatura. Pasamos columnas y columnas de índices bursátiles y nos deleitamos, en casa, con textos inteligentes sobre arte y cultura.
El diario, en la primera página de su sección Vida y Artes, tenía una extensa colaboración de Simon Kuper acerca del robo de la Mona Lisa en 1911, pretexto delicioso para trashumar por un tiempo que moría. Pensé en Midnight in Paris, de Woody Allen, filme de calidad visual y tenue romanticismo, con un dejo de narración gringa que no molestó. Allen visita la ciudad de sus sueños, no la de Armani y Dior, sino la de Shakespeare y Cia, los norteamericanos en París, Gertrude Stein, Scott Fitzgerald, Hemingway, en medio del talentoso tumulto internacional que incluía a Picasso y Dalí, a Miró y a Buñuel, los años 20. Cierta acompañante casual del protagonista, en el mundo onírico que lo seduce y sucumbe, se adentra más allá, hasta los recovecos de la Belle Époque, donde se materializan los espectros de Lautrec, Degas y Gauguin. Hay como un vacío entre esos dos tiempos, un espacio que llenó la guerra, pero antes de ella, también durante y hasta el armisticio, convivieron en la capital de Francia personajes no menores a los desenterrados por el cineasta: el París de Apollinaire, de André Salmon y Max Jacob, del joven Picasso, del maestro Schwob, hundido en un sillón de mimbre mientras lo asistía un enigmático criado chino. Allí es donde, en la cronología, un pobre inmigrante italiano roba La Joconde y la mantiene, a dos cuadras del sitio, en su cocina por dos años.
Action Française acusó a los judíos; cómo no. El Louvre cerró sus puertas por unos días; cuando las reabrió, filas de gente intentaban ver el espacio vacío donde había estado el Leonardo, al cual, hasta entonces, nadie le había prestado demasiada atención. Kuper cita a Jérôme Coignard, diciendo que sin quererlo el museo exhibía la primera instalación conceptual en la historia del arte: la ausencia de un cuadro. Entre la multitud que visitó el salón entonces se hallaban dos escritores de Praga: Max Brod y Franz Kafka, quienes, viajando barato, redactaban una guía de cómo hacerlo “en Suiza, en París”, para viajeros de escasos recursos como ellos. “Kafka siempre se adelantó a su tiempo”, añade Kuper.
Vincenzo Peruggia, el inmigrante que sufría de envenenamiento de plomo, aparentemente durmió en algún ropero al interior del recinto. El Louvre cerraba sus puertas lunes y muchos trabajadores se dedicaban a limpieza o reparaciones. No extrañó que uno de ellos, al menos vestido igual, saliera con un pequeño promontorio debajo de su overol. La falta de la pieza pasó desapercibida hasta el jueves, porque no era inusual que los fotógrafos del museo se llevaran los cuadros a casa sin dar razón de ello. Cuando les preguntaron qué día retornarían el da Vinci, respondieron que jamás lo tomaron. Entonces comenzó el revuelo.
La policía siguió pistas sin éxito, mas un día un amigo del poeta Guillaume Apollinaire trató de vender una estatuilla ibérica que había robado del Louvre, y se dedujo que también él tendría el retrato renacentista. El individuo se había hecho de estatuillas provenientes de la península en dos ocasiones. Dio algunas a Apollinaire y otras a Picasso. Muchísimo más tarde, Pablo aclararía que si se contemplaba bien las orejas de las Señoritas de Avignon, se sabría que eran las mismas de las figuras robadas. Poeta y pintor se desesperaron. Agarraron los peligrosos objetos con intención de tirarlos al Sena fuera de la villa. No lo hicieron; tampoco lograron eludir a los investigadores y terminaron detenidos. Apollinaire pasó seis días en una celda, donde escribiría Mes prisons. Ambos sollozaron ante el juez y el corpulento vate quedó alelado escuchando a Picasso jurar desconocerlo: Pedro negando a Jesús…
La justicia los absolvió. Era evidente que no formaban parte del rarísimo complot. En 1913, en Italia, alguien de la casa Uffizi fue contactado por un individuo que aseguraba tener consigo la pintura. Quisieron verla y la autentificaron. Peruggia alegó que deseaba devolverla a Italia, por el saqueo de arte que hiciera en su tierra Napoleón. Lo único que consiguió fue ser arrestado por las autoridades italianas, y juzgado -en medio de simpatía popular-, recibiendo una breve condena.
Contó que la mantuvo en la cocina de su cuarto de soltero y se enamoró. No era raro, la Joconde ejercía un hechizo sobre los hombres. Incluso en 1910 alguien se suicidó ante ella. El pintor holandés Kees van Dongen dijo: “Ella no tiene cejas y tiene una divertida sonrisa. Seguro que sus dientes son inmundos para sonreír tan cerrado”, mientras que Somerset Maugham desdeñó “la insípida sonrisa de esa afectada y hambrienta de sexo joven mujer”.
Recurro a esa obra maestra de Roger Shattuck, The Banquet Years, relato del origen del avant-garde francés en cuatro figuras: Alfred Jarry, Henri Rousseau, Erik Satie y Guillaume Apollinaire. Allí el autor, en la sección dedicada a Wilhelm Apollinary Kostrowicki, llamado Apollinaire, describe el asunto y cómo, por un momento, opacó la rutilante estrella de aquél. La decepción del juzgado, la negativa de Picasso de conocerlo, no mellaron la amistad de los dos hombres, quienes, junto a Salmon y Jacob, sellaron “una de las más significativas colaboraciones literario-artísticas del siglo”.
Peruggia murió en la oscuridad. Incluso se confundió su muerte con la de un homónimo; por el contrario, la popularidad de la ahora Gioconda se extendió sin límites. ¿Quién robó la Mona Lisa? resulta una historia ingenua, la última feliz por los siguientes 30 años, según Kurten. Es que a tiempo de su reaparición se asesinaba al archiduque Francisco Fernando y desaparecía una Europa para dar lugar a otra, la de Nietzsche y la de Kafka.
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[Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz) y en Semanario Uno 431 (Santa Cruz de la Sierra) – imagen: noticia del robo de la Joconde en Le Petit Journal – fuente: lecoqenfer.blogspot.com]

El director novaiorquès es defensa de les acusacions de pederàstia en la seva autobiografia, ‘A propòsit de no res’, que ha publicat en català Alianza

Woody Allen i Mia Farrow a ‘Hannah and Her Sisters’.

Escrit per Joan Simó i Rodríguez

Un cop vaig lligar després de veure una pel·lícula de Woody Allen. Aquell dia havia plogut, la Gran Via feia olor de crispetes i jo explicava els acudits més enginyosos que us pugueu arribar imaginar. Sense tenir cap prova que serveixi per validar la meva teoria, estic força segur que, d’haver-se projectat una pel·lícula de qualsevol altre director, l’escena hagués sigut molt menys destacable. Aquest mateix convenciment em porta a creure que no dec ser l’únic que ha viscut una experiència semblant gràcies a l’autor d’A propòsit de no res (Alianza Editorial, 2020), una de les autobiografies més esperades del que portem de segle.

L’estima incondicional que sento per la figura del millor escriptor de guions -alhora que pitjor clarinetista- dels Estats Units, no m’impedeix acceptar que, del seu darrer llibre, només mereix ser destacada la primera meitat. Escrita al frenètic ritme d’un monòleg hilarant, en ella, Allan Stewart Konigsberg, ens explica tot allò que va passar des que el seu pare va sobreviure a un naufragi durant la Gran Guerra fins que, sis dècades després, Mia Farrow va descobrir el romanç d’Allen amb Soon-Yi, filla adoptiva de l’actriu.

El relat és fluït i captivador –el seu ascens, d’escriptor d’acudits a director oscaritzat és, certament fascinant– fins que, arribats a l’equador del text, l’autor comença a parlar de les acusacions d’abús sexual que l’han perseguit des de principis dels noranta. A partir d’aquí, A propòsit de no res esdevé un intent de cercar l’absolució i tot passa a ser una espècie d’al·legat repetitiu d’un Dreyfus contemporani mancat d’un defensor cèlebre i erudit. Durant paràgrafs i paràgrafs, el còmic s’autoexculpa a través de declaracions de testimonis, resolucions d’informes mèdics i detalls diversos que acaben conduint al lector a cert grau d’extenuació.

La lectura d’‘A propòsit de no res’ és un exercici lleuger, divertit i, fins i tot, recomanable.

Més enllà de l’interès morbós que pugui tenir el tema, la cosa no porta gaire enlloc. Als seus admiradors, aquells disposats a creure la seva versió dels fets, no els cal escoltar, per enèsima vegada, que no existeixen indicis capaços d’incriminar-lo. Els que, altrament, opinin que el guionista i director és culpable de tot allò de què la família Farrow l’acusa, dubto que estiguin disposats a perdre el seu temps llegint les justificacions d’algú a qui consideren un pedòfil, més encara si ha de pagar per a fer-ho.

Deixant de banda això, que implicaria, com ja he dit, prescindir de gairebé la meitat del llibre, només queda assenyalar que, arribats a cert punt, les mil i una descripcions elogioses que Woody Allen fa de tots els seus actors protagonistes –elles sempre són “guapíssimes, intel·ligents i encantadores” mentre que a ells els pertoquen adjectius com “fantàstics, divertits i lúcids”–, acaben fent certa mandra.

Malgrat tot, no es pot negar que la lectura d’A propòsit de no res és un exercici lleuger, divertit i, fins i tot, recomanable. Com les pitjors pel·lícules del director que, tot i haver estat vilipendiades per la crítica i el públic, tenen sempre quelcom de valuós, el llibre val la pena. I el lector –aquell qui experimenti certa simpatia per Allen– acabarà la darrera pàgina amb un somriure dibuixat als llavis. Més encara si ho fa en aquest moment de l’any, quan l’octubre amenaça de despullar els arbres i els dies es tornen d’un gris melancòlic que et fa entrar ganes de passejar per Central Park amb les mans a les butxaques dels pantalons. L’orquestra comença a tocar un jazz que sona entre cínic i trapella. El protagonista s’allunya de càmera. Fosa a negre. Entren els crèdits. Written and Directed by Woody Allen.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

 

 

 

La película de Woody Allen, que ha abierto la 68.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, no excede la categoría de divertimento. Los guiones de ‘Patria’ mantienen la composición coral de la novela y el director malayo Tsai Ming-liang ha sido el encargado de abrir Zabaltegi-Tabakalera con ‘Rizi/Days’, cuyo tempo lento está en consonancia con su titánico intento por atrapar el tiempo

Un momento de ‘Rifkin’s Festival’, la última película de Woody Allen rodada en San Sebastián

Escrito por ENRIC ALBERO

Los primeros aplausos que disiparon la neblina de murmullos que enrarecía la atmósfera del Kursaal -las mascarillas amortiguando los comentarios sobre lo extraño de la situación, palabras pronunciadas en sordina como si un aumento del volumen pudiera convertir cualquier mal presagio en realidad- adquirieron el aplomo de un convencido acto de autoafirmación. La reacción de la audiencia no obedecía al entusiasmo despertado por esa obra maestra que (casi) todo el mundo espera descubrir en un festival, sino que ponía el cierre al anuncio de los protocolos sanitarios establecidos por la organización para impedir cualquier rebrote pandémico. Esa reacción espontánea retumbó como la traducción sonora de una certidumbre: a pesar de todos los inconvenientes, Zinemaldia ha arrancado; a pesar de los rostros semiocultos, la distancia entre butacas, de las abluciones con gel hidroalcohólico y de tantas otras medidas profilácticas obligadas por la COVID-19, el certamen ya está en marcha.

Esa inopinada efusividad continuaría con la proyección de Rifkin’s Festival (Woody Allen, 2020), amable juego metatextual consagrado a la celebración del cine. Abrir esta 68.ª edición con el filme de Allen era, además de una decisión insoslayable y acertada, una manera de prolongar la fiesta por otros medios. En primer lugar, por la ya citada pirueta autorreflexiva que la propia película plantea -se desarrolla durante una edición del Festival de San Sebastián-, pero también por la edénica visión de la ciudad que destila la fotografía de Vitorio Storaro (que plasma esa mirada de turoperador que Allen aplica a la mayoría de ficciones que rueda fuera de su siempre añorada Nueva York) y, sobre todo, porque la nueva producción europea del director de Match Point (2005) posee una mecánica idéntica a la de un festival de cine. Una sesión de terapia sirve como pretexto para que Mort Rifkin (Wallace Shawn), un viejo exprofesor de cine que trata de escribir su primera novela, repase los diez días que vivió en Donosti y que supusieron el fin de su matrimonio con Sue (Gina Gershon), una agente de prensa encargada de la campaña de medios de un engreído director francés.

El marco elegido determina el tono de una historia en la que todas sus filias temáticas (infidelidad, la pedantería cultural o la búsqueda de la felicidad) y tropos escriturales van ordenándose alrededor de una colección de secuencias oníricas. En esos interludios Allen recrea, pasadas por su filtro cómico, pasajes de la mitología cinematográfica acuñados por Orson Welles (Ciudadano Kane), Fellini (Ocho y medio), Godard (Al final de la escapada), Truffaut (Jules et Jim), Buñuel (El ángel exterminador) o Bergman (los gags a propósito de Persona y el El séptimo sello figuran entre lo más brillante de este filme decididamente menor) de manera que asistimos a una breve muestra retrospectiva de grandes clásicos, un pequeño festival que rinde sentido homenaje a los cineastas que el director de Annie Hall (1977) reverencia. El tono ligero y el guiño a la cinefilia depararon una puesta de largo amable, porque Rifkin’s Festival no excede la categoría de divertimento en el que la competente dirección de actores trata de disimular la escasa entidad de la mayoría de los personajes secundarios (abundan los estereotipos, desde el cineasta engreído al artista tempestuoso) y los escasos destellos de puesta en escena apenas logran brillar en mitad de tanta grisura formal (por ejemplo, el uso del plano/contraplano en la secuencia que avanza la ruptura entre Mort y Sue en la que no comparten espacio ni tema de conversación, a pesar de estar en la misma mesa: la atención de ella, y la compañía en el encuadre, será para el director al que representa).

[Fuente: http://www.elcultural.com]

Écrit par Enrique SEKNADJE

« Lou Reed 1972… Du velours au glamour »
Aujourd’hui, le Velvet Underground est une référence majeure pour tout musicien et auditeur de rock relativement averti… Le son du groupe, l’image de la banane créée par Andy Warhol pour la pochette du premier album, se retrouvent partout – y compris, pour ce qui concerne le fruit phallique, sur certains agendas pour lycéens de l’année 2020-2021 !!! Mais, en 1970, quand Lou Reed quitte ce groupe qu’il a cofondé six ans auparavant, le Velvet ne vend pratiquement pas de disques et c’est une formation connue uniquement dans le milieu de l’avant-garde musicale et cinématographique.
Il est difficile pour Lou Reed d’entamer une carrière solo. Le chanteur obtient cependant un contrat avec la maison RCA en 1971 et enregistre son premier album cette année-là, à Londres. Des titres du Velvet, pour la plupart non édités, sont retravaillés. Il y a des choses intéressantes, comme I Can’t Stand ItLisa SaysRide Into The Sun… mais malgré la présence de pointures comme Steve Howe et Rick Wakeman, musiciens de Yes, le disque est artistiquement un échec. Il est mal produit. Le son est lourd, poussif, terne. Lou Reed n’y joue pas lui-même de la guitare, ce qui est un comble ! Le public ne suit pas, et on peut le comprendre.
Mais, comme l’a affirmé le chanteur, à l’époque on donnait une deuxième chance aux artistes ! Le « on », en l’occurrence, c’est Steve Katz qui travaille à RCA. Katz est d’autant plus rassuré que Lou Reed vient de faire une rencontre décisive, celle de David Bowie, et que celui-ci va s’occuper de la production du nouveau disque. « Ziggy Stardust » a alors le vent en poupe et il ne cache pas son admiration pour Lou Reed, le Velvet, Andy Warhol et toute la tribu de phénomènes qui gravitent autour de celui-ci. Il faut notamment se reporter au disque Hunky Dory pour s’en convaincre, si besoin en est, et rappeler que, en concert, le créateur de Queen Bitch reprend souvent deux morceaux du VU  : I’m Waiting For The Man (Bowie titre : Waiting For My Man) et White Light/White Heat. Bowie et Warhol se sont rencontrés à la Factory en septembre 1971. Travailleront très vite pour la star britannique des personnalités faisant partie du spectacle du peintre-cinéaste, Pork, dont certaines représentations ont lieu à Londres (Cherry Vanilla, Leee Black Childers, Tony Zanetta…). Ziggy fait entrer Reed dans l’écurie Mainman, la société de son manager Tony Defries, qui travaille entre autres pour la maison RCA chez qui Bowie a également signé en 1971. L’enregistrement a lieu en août 1972 au fameux Trident Studio, et la sortie en novembre – Ziggy Stardust, conçu lui aussi au Trident Studio, est sorti en juin. Le 8 juillet, Bowie a invité Lou Reed sur scène pour son fameux concert au Royal Albert Hall en faveur de l’espèce menacée des baleines.
Le disque est en fait produit par Bowie ET Mick Ronson, le guitariste des Spiders. Ronson joue de plusieurs instruments, écrit des arrangements. Ken Scott, qui produit alors les disques de Bowie (de 1971 à 1973), prend la simple place d’ingénieur du son. Le travail effectué sur les morceaux de Lou Reed est exceptionnel. De l’ouvrage d’orfèvre. Le son est d’une brillance rare. Il faut, pour s’en rendre compte, comparer le premier album solo de Reed et ce Transformer. On se rend compte alors de tout ce que des producteurs, des arrangeurs, des ingénieurs du son peuvent apporter de positif et de déterminant à un artiste qui vient en studio avec des démos relativement simples (parfois juste une voix et une guitare sèche) ou des versions anciennes plus rêches. Ils enrobent, magnifient et tirent de l’artiste le meilleur de ce qu’il a en lui. Beaucoup de compositions sont nouvelles, mais quelques morceaux du Velvet sont réutilisés : Satellite Of LoveAndy’s Chest
Lou Reed offre ses mélodies, ses mots, son expérience, son imaginaire… notamment ce qu’il a produit et vécu à l’époque de la Factory, de son activité aux côtés de Andy Warhol. Mais le son, la manière de travailler changent. Finis les disques enregistrés en quelques heures, les improvisations comme mode de fonctionnement et de production. Ici, on est au pays de la pop bien léchée, et de l’argent est en jeu. Il faut vendre. Il s’agit donc de synthétiser les qualités de Reed et de Bowie et sa bande d’artistes et de business(wo)men… Et cela peut marcher : Bowie a produit entre mai et juillet un album pour Mott The Hoople, un groupe britannique qu’il apprécie mais qui ne connaît pas les faveurs du public : All The Young Dudes. Il a même écrit pour eux la chanson-titre, un hymne daté mais quasi intemporel du glam. Le disque, sorti en septembre, fait un carton. Il monte jusqu’à la 21e place des charts et le single en 3e place, pour ce qui est du Royaume Uni.
Transformer est nickel chrome. Simple, relativement épuré, mais taillé avec une précision quasi scientifique. Une perle d’huître dans un écrin de velours mordoré, le tout précautionneusement assemblé par des ingénieurs et chirurgiens aux gants blancs. Et il offre son seul grand succès à Lou Reed. En Grande Bretagne, il atteint la 13e place, le single Walk On The Wild Side la 10e. Certains puristes grincheux reprocheront ses compromissions à l’auteur de Lady Godiva’s Operation. Plus tard, Lou Reed semblera renier lui-même ce disque. Mais le chanteur aurait-il pu réaliser le sublime Berlin, son chef d’œuvre absolu, s’il n’y avait pas eu Transformer ? Assurément non. Et ce même si Berlin est comme un croche-pied au disque précédent.
A été critiquée la tournure ironique, kitsch, bien lissée que prennent les récits pervers et réalistes de Lou Reed. Le fait que des tubas puissent faire l’affaire des musiciens. La façon dont l’univers souterrain et salement new-yorkais devient maintenant présentable et présenté sous les reflets multicolores des boules à paillettes des discothèques de la City. Ainsi Vicious et son « Tu me frappes avec une fleur / Tu le fais toutes les heures » paraît artificiel, ruisseler d’une perversité à l’eau de rose. Rien à voir avec le Venus In Furs du Velvet inspiré par le célèbre ouvrage littéraire de Sacher-Masoch. Les pourfendeurs de Bowie crient au scandale… Lou Reed a subi les outrages d’un dandy de pacotille. Sauf que l’Américain a révélé que l’idée était venue de Warhol lui-même, quelques années auparavant. Et, de toute façon, la chanson est extrêmement efficace et précise, avec son riff velvetien façonné rock glam, et elle fait du bien là où ça fait mal quand Ronson lance des aigus sciants avec sa Gibson saturée, à intervalles parfaitement réguliers.
Pas un morceau n’est à jeter, mais on retiendra le très « glitter » Make Up qui chante le maquillage comme son titre l’indique, sur une musique à connotation « fanfare » ou « music-hall ». Une pièce paradisiaque :  « Ton visage, quand il dort, est sublime /  Et puis tu ouvres les yeux / Alors arrivent Pancake (fond de teint) et (Max) Factor numéro 1 / eye-liner, Rose Hips (cynorrhodon) et brillant à lèvres / C’est si plaisant ». Comme l’est le célèbre slow Perfect Day. Une ballade sur un quotidien (si l’on peut dire) tout sauf glauque : dégustation de sangria, promenade au zoo, séance de cinéma… la dolce vita in fine settimana… Solaire, lumineux, lunaire, idyllique. Et puis il y a cette extraordinaire phrase finale, répétée à plusieurs reprises, qui approfondit la chanson de façon inattendue, lui donne un côté quasi métaphysique : « Tu vas récolter ce que tu as semé ». Tout est transcendé. C’est Ronson qui a écrit les arrangements de violons. On peut les entendre, mis en avant par Lou Reed qui écoute les bandes sur la table de mixage d’un studio, dans le documentaire de Bob Smeaton Transformer (USA, 2000 – visible sur Youtube). Le Transformer de Lou Reed, c’est un peu aussi, mutatis mutandis, du Federico Fellini et du Woody Allen… Avançons-nous un peu ! Satellite Of Love, précieux et léger à souhait. Bowie, comme le soulignera Lou Reed, élabore pour la fin du morceau un ensemble de chœurs d’une grande beauté et complexité. On pense aux autres réussites de l’Anglais dans ce registre, comme les finaux de Friday On My Mind (1973) ou Somebody Up There Likes Me (1975). On peut entendre ces chœurs, mis en avant également à travers un re-mixage, dans le film de Bob Smeaton.

Andy’s Chest
 où, très poétiquement, très lyriquement, Lou Reed évoque la tentative d’assassinat de Warhol par Valerie Solanas en juin 1968. Et Walk On The Wild Side, bien sûr. LE hit. Une fresque composée d’historiettes sur la faune new-yorkaise et warholienne. C’est la sarabande à la fois réaliste et imaginaire des drogués, des prostituées et prostitués, des transsexuels et autres travestis… Lou Reed met en scène des personnalités qu’il n’a pas forcément connues : Candy Darling, Sugar Plum Fairy (alias Joe Campbell), Joe Dallessandro… Il s’agit d’un jazz langoureux et flegmatique, nocturne et coloré, avec deux basses d’anthologie et un solo de saxophone phénoménal. Très longtemps a couru la fausse rumeur selon laquelle Bowie interprétait cette partie. Impossible, celui-ci n’a jamais été capable de jouer aussi bien du saxophone. Et, de fait, on a un jour su que c’était son professeur, Ronnie Ross, qui avait été derrière le micro. Ross a longtemps enragé car il n’a pas été payé au pourcentage mais comme un vulgaire musicien de studio : à la session !!!
Walk On the Wild Side est inspiré du roman éponyme de Nelson Algren où il est entre autres question de prostitution. Dans son enregistrement Live : Take No Prisoner (1978), on entend Reed raconter qu’au début des années soixantes-dix, il avait été impliqué dans un projet de comédie musicale basé sur ce texte littéraire. Le projet n’a pas abouti. Mais la chanson a vu le jour. Il faut savoir que le cinéaste Edward Dmytryk a adapté le roman pour l’écran en 1962 (Titre français : La Rue chaude).

Une question reste encore… toujours… Bowie est-il bien l’auteur de Wagon Wheels ?… au train où ça va, on pourra toujours se lever tôt pour le savoir. So, goodnight ladies, ladies goodnight.

 

[Source : http://www.culturopoing.com]

 

 

L’escrip­tora i his­to­ri­a­dora Fania Oz-Salz­ber­ger va visi­tar, fa pocs dies, Girona per impar­tir la con­ferència La iden­ti­tat jueva més enllà de la religió, com a clo­enda del cicle La iden­ti­tat des de l’absència, al pati del Museu d’Història dels Jueus.

Fania Oz-Salzberger, durant la conferència al Museu d’Història dels Jueus de Girona

 

Escrit per MARCELA TOPOR

És la segona vegada que visita Girona. En la con­ferència, va dir que la seva relació amb Girona és gai­rebé mística. Per què?
Pri­mer, vaig sen­tir a par­lar de Cata­lu­nya com a ado­les­cent al qui­buts on vaig anar fins als 18 anys, a través d’una tra­ducció d’un lli­bre del meu pare; era alguna cosa que m’atreia, però no sabia per què. Vaig pen­sar que pot­ser era perquè els cata­lans i els jueus es van cre­uar en la història, però també perquè són dues naci­ons, grups petits però amb un sen­tit de la cul­tura i la iden­ti­tat molt pro­nun­ci­ats, i amb l’altra simi­li­tud de ser dues cul­tu­res inten­tant sobre­viure en ambi­ents hos­tils, que les van inten­tar dis­sol­dre però no se’n van sor­tir. Per tant, vaig fer aquesta com­pa­ració intel·lec­tual. Després, un poder místic em va por­tar aquí per la meva lluna de mel, el 1989, encara no sé per què. Lla­vors, em vaig sen­tir molt trista i molt feliç a la vegada. Con­tenta perquè la ciu­tat vella era plena de memòria jueva, però estava bas­tant aban­do­nada i sola. Hi havia aquest mateix museu, però era molt petit, només feia dos anys que exis­tia, hi havia molt pocs visi­tants i ens vam sen­tir una mica sols, com els últims jueus del món, perquè tot sem­blava una mica arti­fi­cial. Era com una ciu­tat fan­tasma.
I ara que hi ha tor­nat?
És molt gra­ti­fi­cant veure com ha cres­cut i flo­rit aquest museu, la vella ciu­tat medi­e­val res­plen­dent i que hi ha una comu­ni­tat i un gran interès a recu­pe­rar la memòria històrica.
I la cosa mística? Vostè no és cre­ient.
Final­ment, vaig des­co­brir, només poques set­ma­nes abans de tor­nar a Girona, que la branca Horowitz de la meva família eren uns Girondí, a través del rabí Isa­iah Halevi Horowitz. Resulta que soc d’aquí i no en tenia ni idea! Això em va posar els pèls de punta, però encara no crec en Déu. No és una coin­cidència, té a veure amb el movi­ment i la con­tinuïtat secu­lar dels jueus.
Prové d’una família amb arrels a Ucraïna i Bes­saràbia (actual Moldàvia). Ja hi ha tor­nat?
El meu pare encara rebutja tor­nar-hi. Jo hi vaig anar amb un pro­grama de tele­visió d’Israel, al poble Rivne del nord d’Ucraïna, el poble de la meva àvia paterna, Fania, que va morir de manera tràgica quan el meu pare era un nen. Ella va enyo­rar molt el seu poble, on no va poder tor­nar mai més. Durant molts anys, ell no em va expli­car mai la seva història i després va escriure el lli­bre Tale of Love and Dark­ness, que és quan vaig enten­dre per què em deia Fania i la seva ver­da­dera història. La meva experiència allà va ser una mica trista, perquè vaig tro­bar el lloc buit de memòria. La pel·lícula basada en el lli­bre la va diri­gir Nata­lie Port­man, en el seu inici com a direc­tora.
En el lli­bre Los judíos y las pala­bras, diu que un dels meca­nis­mes secrets de la super­vivència jueva és la tex­tu­a­li­tat, la paraula i el debat. La tex­tu­a­li­tat va sal­var la con­tinuïtat de la cul­tura jueva?
No m’agrada gaire la paraula iden­ti­tat; la con­si­dero una mica fata­lista. La fe va ser molt impor­tant, però les parau­les van ser més impor­tants que els ritu­als. La nos­tra no és una línia de sang, sinó de text. És la frase més impor­tant del lli­bre que vaig escriure con­jun­ta­ment amb el meu pare. Es tracta de trans­me­tre conei­xe­ment a les noves gene­ra­ci­ons no a través d’obediència o sub­missió, sinó a través de con­versa, debat i argu­ments. La metàfora moderna és el lla­pis de memòria, que, per cert, va ser un invent jueu. El patri­moni històric jueu ha estat sem­pre així, anant pel món amb el nos­tre bagatge en un lla­pis de memòria.
Sense obli­dar l’humor.
Sí, per al meu pare és molt impor­tant també. És bas­tant autocrític, fins i tot absurd, a l’estil de Woody Allen, Monty Pyt­hon… Es tracta de par­lar directe, però, al mateix temps, fer gràcia i també ser irre­ve­rent i cap­gi­rar la rea­li­tat. És part de l’argu­men­tació: sor­pren­dre l’altre, deba­tre i posar-ho en tot dubte. El debat és part de la nos­tra cul­tura des de petits.
Vostè explica com els jueus abans de córrer, en perill, només sal­va­ven els lli­bres i els nens.
Els pilars de la nos­tra cul­tura i con­tinuïtat. Una altra cosa cru­cial és la com­bi­nació entre el men­jar i els lli­bres. No només els popu­lars de folk­lore, sinó lli­bres sofis­ti­cats ja a par­tir de tres anys eren a la taula, com a ali­ment per a argu­men­tació i con­versa. I la bibli­o­teca com un ele­ment esta­bi­lit­za­dor i gene­ra­dor de con­versa i debat i un pilar molt sòlid a què vas afe­gint lli­bres cada vegada.

[Font: http://www.elpuntavui.cat]

 

 

Publicado por Javier Aznar

Hay tres tipos de personas de las que inmediatamente suelo desconfiar. Me sirven como radar para detectar cretinos, algo de una tremenda utilidad en estos tiempos convulsos que vivimos:

1. Los que se meten con los últimos Simpson.

2. Los que desprecian lo último de Aaron Sorkin.

3. Los que critican al último Woody Allen.

Si alguien reúne los tres requisitos mencionados anteriormente, es del todo imposible que pueda llegar a entablar cierta relación de amistad con dicha persona. Y estoy siendo generoso otorgándole la categoría de persona, y no rebajándole a la de homínido poco evolucionado, cercopiteco, protozoo o insignificante coleóptero infrahumano. ¿Prejuicios? No. Optimización del tiempo. De su tiempo y del mío. ¿Cómo compartir un café con alguien que no valora que Los Simpson sigan creando situaciones descacharrantes tras veinticinco temporadas en antena? ¿Cómo ir de viaje, cenar, compartir confidencias o ser el testigo en la boda de una persona que desprecia sistemáticamente cada nueva película Woody Allen? Sí, definitivamente puedo permitirme prescindir de la amistad de este tipo de personas. A fin de cuentas, como escribía David Trueba en Cuatro amigos, la amistad está sobrevalorada, como los estudios universitarios, la muerte y las pollas largas.

Cuidado. Obsérvese el matiz recurrente de «último». Es importante. Porque no tengo problema alguno con aquellos a los que nunca les han gustado Los Simpson, Aaron Sorkin o Woody Allen. Ahí hay una coherencia, unos principios atornillados. Un credo. Si bien incomprensible, me parece algo respetable. Mi problema reside en tener que soportar a esos ventajistas que se declaran fans únicamente de los «primeros trabajos» de Woody Allen. De su «primera época». Esos mismos que tienen una lámina glicée de Manhattan colgada en el salón de casa y luego se permiten la osadía de despedazar Blue Jasmine sin miramientos, proclamando que Woody Allen está acabado.

¿Acabado? Decir que Woody Allen está acabado es una boutade de una temeridad insultante, es una muestra de una lacerante falta de humanidad y, sobre todo, es una mentira de proporciones extraordinarias.

Pero esto no es ninguna novedad. Woody Allen lleva colgando toda su carrera el sambenito de que sus películas inmediatamente anteriores —da igual que estemos en 1978 o en 2003— son siempre mejores. Ese «tú antes molabas» ha sido una constante en su vida. Incluso cuando dejó de rodar esas sucesiones de sketches como Toma el dinero y corre (1969) o Bananas (1971) para comenzar a hacer películas algo más «serias», como Annie Hall (1977) o Manhattan (1979), le cayeron palos por todos lados. Muchos lo consideraron como una traición a su propio estilo. De hecho, su película Recuerdos (1980) fue duramente criticada porque se interpretó (creo que con toda la razón) como una parodia de sus fans y críticos más iracundos. Hay una escena inolvidable en esta película en la que un Woody Allen en plena angustia existencial establece contacto con unos extraterrestres buscando respuestas, y estos le contestan con la eterna cantinela: «La verdad es que nos gustaban más tus primeras películas».

Los que se meten con el último Woody Allen suelen ser los mismos que usan comillas en el aire cuando hablan, los que emplean ergo en sus discusiones de Twitter y los que siempre tienen un «su primer disco era mejor» en la boca. Esa gente que repite lugares comunes porque se aburre de la excelencia. «La quinta temporada de The Wire es muy floja». «Los Planetas no vocalizan». Cuñados ilustrados. La corriente más peligrosa del haterismo: los permanentemente insatisfechos. Los toreros de salón que se permiten dar consejos al matador que salta al ruedo. Y suelen llevar coderas en la chaqueta.

No tengo reparos en admitir que a veces me gustaría llevar un guante y abofetear con un seco movimiento de muñeca al primero de mis amigos que me diga durante un cena que Woody Allen está acabado y que ya solo se dedica a rodar postales desde ciudades europeas. Y citarnos al acabar los postres a la salida del gastrobar al que nos hayamos visto arrastrados, y que nuestras novias nos sujeten las gafas de pasta, las libretas y nuestros portátiles, mientras nos remangamos los jerséis de pico de lana merino y nuestras camisas de leñador, para partirnos la cara como si formáramos parte de un Club de la Lucha nerd.

Porque Woody Allen forma parte del acervo de mi cultura sentimental y no estoy dispuesto a que se mancille su honor de forma gratuita. Cada película de Woody Allen me fue enseñando a acercarme a la vida, como un animal que se arrima por primera vez al fuego. Woody Allen no es simplemente un director de cine. Woody Allen son los discos de Dylan y de la Creedence de mi padre, los libros que leía a escondidas, los amigos de la adolescencia, el colegio de curas, mi equipo de fútbol, las noches frías en el parque, la chica a la que intentaba hacer reír, Casablanca y Fellini, las tardes bañadas en Barcardi en la playa, el póster de Nueva York colgado en mi habitación, los chicles de fresa ácida, las monedas en los bolsillos, los autobuses al cine, buscar con el dedo Manhattan en el atlas y a NabokovFreud o a Wagner en la Larousse del salón. Si construyera una máquina del tiempo, volvería sin dudar un instante a la primera tarde que vi solo en un cine una película de Woody Allen, aquella primera vez en la que me reí con sus frases porque las entendía realmente, y no porque algún mayor al que admiraba se reía a mi lado. Esa sofisticación que tiene descubrir torpemente los límites de tu propia inteligencia. Sí, volvería a aquella tarde. Jamás volvería al primer beso. Qué horror. Un perro nunca vuelve sobre su propio vómito. Ni siquiera volvería para asesinar a Hitler. Llámenme cobarde y egoísta. Jódase la humanidad. Me da igual. Volvería a ese cine apolillado en el que reponían Manhattan para caer otra vez como un piano de cola desde un ático en los ojos de Mariel Hemingway.

Se habla mucho de la corrección política. No estaría mal tratar la corrección intelectual, ese volátil conjunto de normas sociales no escritas que dictaminan que todo aquel autoproclamado intelectual tiene que declararse fan del primer Woody Allen (ManhattanAnnie Hall o Hannah y sus hermanas) y repudiar al Woody Allen europeo (Match PointScoop o A Roma con amor). Sucede últimamente algo parecido con Joaquín Sabina. Lo intelectualmente correcto estos días es decir que era mejor cuando se drogaba. Ni siquiera es moderno ni estimulante afirmar que 19 días y 500 noches probablemente sea el mejor disco en español de los últimos veinte años. Es considerado como algo rancio y casposo. Del mismo modo también parece obligatorio decir que al de Nueva York se le acabó la gasolina hace tiempo. Porque está mal visto que alguien con talento sea tan prolífico. Va contra los cánones. Un verdadero genio no trabaja. La inspiración tiene que llegarle y sus obras tienen que espaciarse generosamente en el tiempo. ¿Una película cada año? ¡Blasfemia!

Pero vayamos a los hechos: Match Point es una película colosal y de un gran belleza. Y sirvió para reencontrarnos en Londres con el Woody Allen más salvaje y sentimental. Midnight in Paris es una obra maestra. A los puristas no les gustará porque trata de forma superficial a Dalí, a Buñuel o el París de aquella época. Seguramente estos querrían un biopic de tres horas protagonizado por un atormentado actor de método que hubiera engordado cuarenta kilos para encarnar a Hemingway. Y qué decir de Blue Jasmine con una Cate Blanchett magistral que encarna a la generación de la crisis subprime. Un retrato agridulce de toda una época.

Por supuesto que no todas las últimas películas de Woody Allen son obras maestras. Ni mucho menos. Vicky Cristina Barcelona se me hizo de difícil digestión (por muy bien que estuviera Penélope Cruz) y, a pesar de recibir buenas críticas fuera de nuestras fronteras, no la considero uno de los grandes trabajos de Woody Allen. El sueño de Casandra es una Match Point fallida. Scoop nos demostró que Hugh Jackman no encajaba bien con el estilo alleniano. Y también se criticó duramente su película romana: A Roma con amor. Y estoy de acuerdo: no es uno de sus trabajos más inspirados. No obstante, la historia del hombre dotado con un vozarrón magistral pero que solo sabe cantar cuando está bajo la ducha, por lo que termina dando un recital en la ópera frente a un auditorio entregado mientras se enjabona en una ducha portátil, es una genialidad tremenda. Y ahí está todo Woody Allen: en cada una de las películas, incluso en sus proyectos más mediocres, siempre hay una frase, un momento, un destello que emerge de la nada y compensa el precio de la entrada. Y que la convierte automáticamente en una obra superior a la vasta mayoría de estrenos de viernes con gafas 3D y efectos especiales millonarios. Woody Allen es como ese periodista al que jamás dejarías de leer. Podrás estar de acuerdo o no. Pero siempre encuentras un motivo por el que merece la pena leerle. Porque simplemente te interesa su mirada personal y única sobre el mundo que nos rodea.

Dentro de quince años, o de veinte, o de veinticinco, Woody Allen morirá. Y correrán ríos de tinta sobre su vida, obra y milagros. Y los que ahora despotrican contra él se rasgarán las vestiduras. Se llevarán el dorso de la mano a la frente, como una dama victoriana, y clamarán al cielo que qué haremos nosotros, oh, simples mortales, sin la chispa de Woody Allen iluminando este valle de lágrimas. Sin nuestra ración anual de su ingenio. Y todo el mundo pondrá ocurrentes citas de Woody Allen en Facebook ilustradas con una foto con su pelo alborotado y sus gafas de pasta negra inspiradas en Mike Merrick. Y escritores de relumbrón publicarán en los diarios principales artículos de seis mil caracteres sobre aquella vez que coincidieron en un ascensor de Oviedo con el genio de Manhattan y este les dijo una frase ingeniosa solo para sus oídos.

Por eso ahora es cuando hay que ensalzar el trabajo de Woody Allen. Ahora que podría dedicarse perfectamente a almorzar sus sándwiches de atún y a tocar el clarinete por Nueva York, o a dar de comer a las palomas, o a esconder la cabeza como un avestruz tras sufrir de nuevo acusaciones sobre su vida personal en los medios estadounidenses, y en lugar de todo esto, cada año hace una nueva película, con más o menos inspiración, pero siempre rezumando buen gusto, cuidado por los detalles y sentido del humor.

Yo no considero a Woody Allen un genio. Ninguna de sus películas me parece un diez redondo. Tal vez porque fui educado por un profesor que siempre decía que el diez solo estaba reservado para Sophia Loren y para Dios. Pero sí creo firmemente que el mundo es un lugar un poco mejor con una película suya cada año.

En la icónica escena de Manhattan, viendo sentados el amanecer en un banco junto al puente de Queensboro, Woody Allen le dice a Diane Keaton: «Qué maravilla. Esta es una gran ciudad. No me importa lo que opinen los demás. ¡Es tan extraordinaria!».

Siempre que salgo del cine tras ver algo de Woody Allen, sobre todo si se trata de alguna de sus peores películas, pienso exactamente eso mismo: «Qué maravilla. Es un gran director. No me importa lo que opinen los demás. ¡Es tan extraordinario!».

Y cuento los días para su siguiente estreno.

Porque la vida es eso tan aburrido que nos pasa entre película y película de Woody Allen. Y que me perdonen la Loren y Dios.

 

[Foto: United Artists – fuente: http://www.jotdown.es]

Né en 1941 dans une famille juive américaine, Paul Simon devient célèbre par son duo avec Arthur Garfunkel, un ami d’enfance. Sorti en 1986, inspiré de la musique sud-africaine (Jaiva) Graceland est le plus grand succès de la carrière solo de ce musicien, compositeur, producteur et arrangeur de musiques folk, rock, pop. Arte diffusera le 24 juillet 2020 « Simon & Garfunkel – L’autre rêve américain » (Simon & Garfunkel: Traumwandler des Pop) de Jennifer Lebeau et « Simon & Garfunkel – The Concert in Central Park » (Simon & Garfunkel: Konzert im Central Park 1981)  réalisé par Michael Lindsay-Hogg. 


Publié par Véronique Chemla 

Né en 1941 dans une famille juive d’origine hongroise, Paul Simon devient célèbre dans les années 1960 par son duo avec Arthur Garfunkel, un ami d’enfance new-yorkaise.

Simon & Garfunkel
Les deux amis débutent dans un duo dénommé Tom and Jerry.

Avec talent et complémentarité, avec lyrisme ou simplicité, en mêlant gospel et musique andine, ils ont interprété la bande-son d’une génération.


Sounds of Silence (1966) – chanson interprétée durant la commémoration des attentats terroristes islamistes du 11 septembre 2001 -, Mrs Robinson (1967) – chanson de la bande originale de The Graduate de Mike Nichols -, Bridge over Troubled Water(1970), El Condor Pasa, Cecilia, TheBoxerBye Bye Love, Song for the Asking… demeurent à la fois caractéristiques des Sixties et des standards.

La décennie suivante marque la rupture du groupe vocal, qui se reforme en 1981 pour le célèbre concert à Central Park pour une tournée aux États-Unis en 2003, puis en Amérique et en Europe (2004) et en Asie.

Paul Simon poursuit sa carrière de musicien, à peine interrompue par son apparition dans Annie Hall de Woody Allen en 1977.

En 1986, sort Graceland, le plus grand succès, public et critique, de Paul Simon. Un album qui mêle des styles musicaux divers – pop, a cappella, isicathamiya, rock, zydeco et mbaqanga -, et dont l’un des plus célèbres titres est You Can Call Me Al.

Paul Simon est l’un des rares artistes, avec les Bee Gees, titulaires du copyright sur ses enregistrements.

Couronné d’un Grammy Lifetime Achievement Award, Paul Simon  a remporté douze Grammy Awards, dont trois dans la catégorie Album de l’Année, grâce à « Bridge Over Troubled Water » (1970) – intronisé en 1998 au Grammy Hall of Fame -, « Still Crazy After All These Years » (1976) et « Graceland » (1986).

Membre du Songwriters Hall of Fame, Paul Simon a été récompensé par le Johnny Mercer Award et « a été intronisé au Rock n’ Roll Hall of Fame à deux reprises, en tant que membre de Simon and Garfunkel et en tant qu’artiste solo ». « Mrs. Robinson » figure dans le Top 10 des plus grandes chansons du cinéma par l’American Film Institute. Paul Simon a également été honoré par le Kennedy Center en 2003 et a figuré dans la liste de Time Magazine des « 100 personnes les plus influentes qui façonnent notre monde » en 2006. En 2007, il « a été lauréat du premier Prix Gershwin pour la chanson populaire décerné par la Bibliothèque du Congrès américain. Ce nouveau prix, qui porte le nom des légendaires frères Gershwin, George et Ira, et rend hommage à l’impact profond et positif de la musique populaire dans la culture, est octroyé tous les ans à un compositeur ou un interprète pour l’ensemble de son œuvre ».

Les concerts dont Mr Simon est le plus fier ? Ses deux concerts au Central Park de New-York avec Art Garfunkel en 1981 et en tant qu’artiste solo en 1991, et sa série de spectacles à l’invitation de Nelson Mandela en Afrique du Sud – le premier artiste américain à jouer en Afrique du Sud après la fin de l’apartheid.


En 1998, sa « prestation sur le terrain du Yankee Stadium pour la célébration du monument en l’honneur de Joe DiMaggio (illustre jouer de football américain) est un précieux souvenir pour le très grand fan de Yankee qu’il est », comme son père.

Paul Simon est également le cofondateur du Children’s Health Fund (Fonds pour la santé des enfants) avec le Dr Irwin Redlener. CHF « offre des dons et des unités mobiles de personnel médical qui apportent des soins aux enfants pauvres et nécessiteux dans les régions urbaines et rurales à travers les États-Unis. Depuis sa création en 1986, il a fourni plus de 2 millions médecin / patient visites. Dans le sillage des ouragans Andrew et Katrina, il a été la source de soins de santé primaires pour les communautés décimées par les tempêtes. M. Simon a également soulevé des millions de dollars pour de bonnes causes aussi variées que l’AMfAR, The Nature Conservancy, The le Fonds pour les enfants emprisonnés en Afrique du Sud et Autism Speaks and The Joe Torre Safe at Home Foundation ».

Sur le site d’Arte

Arte diffusera le 24 juillet 2020 « Simon & Garfunkel – L’autre rêve américain » (Simon & Garfunkel: Traumwandler des Pop ; Simon and Garfunkel: The Harmony Game) de Jennifer Lebeau.

« Un demi-siècle après son enregistrement en 1970, ce documentaire captivant retrace l’histoire de « Bridge Over Troubled Water », l’ultime album, devenu culte, du duo formé par Paul Simon et Art Garfunkel. »

« Après avoir livré, en temps réel, la bande-son des incertaines années 1960, Simon & Garfunkel sortent en 1970 leur chef-d’œuvre, Bridge Over Troubled Water. L’album devient instantanément culte, notamment grâce à son titre éponyme, composé comme « un hymne sans prétention » par Paul Simon. Chanson la plus écoutée de l’année 1970 aux États-Unis, elle sera reprise par plus d’une cinquantaine d’artistes, dont Elvis Presley et Willy Nelson. »

« Cinquante ans plus tard, Jennifer Lebeau plonge dans les coulisses de l’ultime opus des deux musiciens du Queens, considéré comme leur plus réussi et entré dans la mythologie du rock’n’roll. Paul Simon et Art Garfunkel reviennent sur cette extraordinaire période créative de leur carrière, appuyés par des images d’archives inédites et de nombreuses anecdotes des producteurs et artistes qui ont gravité autour de leur duo. On y entend aussi, toujours avec le même plaisir, les tubes « Cecilia », « El condor pasa », « Bye Bye Love », « The Boxer » et « Mrs. Robinson », sans oublier, bien sûr, « Bridge Over Troubled Water », véritable hymne symphonique à l’entraide qui a marqué toute une génération, composé en quelques minutes seulement par un Paul Simon qui baignait alors dans le gospel. »

Arte diffusera le 24 juillet 2020 « Simon & Garfunkel – The Concert in Central Park » (Simon & Garfunkel: Konzert im Central Park 1981)  réalisé par Michael Lindsay-Hogg. « En 1981, après onze ans de séparation, Simon & Garfunkel se retrouvent le temps d’un gigantesque concert de bienfaisance à Central Park. Un morceau d’anthologie. À l’origine, Paul Simon devait fouler seul la scène. Ce concert gratuit, destiné à sensibiliser le public sur l’état dégradé du parc new-yorkais, s’est finalement transformé en retrouvailles mythiques. »

« Le 19 septembre 1981, une foule compacte de plus de 500 000 personnes assiste ainsi à la prestation pleine d’émotion du duo, reformé pour l’occasion sur le Great Lawn de Central Park. Onze ans après leur rupture, Paul Simon et Art Garfunkel, en osmose, y interprètent leurs plus grands succès (« Mrs. Robinson », « America », « Bridge Over Troubled Water », « The Boxer », « The Sound of Silence »…), ainsi que des morceaux issus de leur répertoire personnel, spécialement réarrangés pour l’occasion et joués avec un groupe de onze musiciens ». 

« Sublimée par leur voix douce et pure, leur jeu détendu et parfaitement synchronisé, cette performance a donné lieu à un album lui aussi mythique, et a scellé à jamais l’histoire d’amour entre les deux gamins du Queens, devenus stars internationales du folk rock, et la ville de leur enfance. »

 

« Personne ne bouge ! Simon & Garfunkel » (Abgedreht! Simon & Garfunkela été rediffusé par Arte. « Avec leurs voix d’anges et leur folk sous anxiolytique, Paul Simon (le petit brun trapu) et Art Garfunkel (le grand blond filiforme) ont envoûté l’Amérique psychotique et psychédélique des sixties. De 1965 à 1970, le duo le plus dépareillé de la planète rock signe cinq albums devenus cultes, dont Sounds of Silence et Bridge over Troubled Water. Retour sur cette success story à guitares, avec un passage obligé par « Mrs. Robinson », chanson iconique du Lauréat de Mike Nichols, un gros plan sur la carrière solo de Paul Simon, amorcée en 1972, et une perle rare : en 1980, à la télé canadienne, Art  Garfunkel est venu tout seul et raconte ses souvenirs d’enfance. Il a 39 ans et raconte ses souvenirs d’enfance. Pleins feux sur un duo folk aussi dissemblable que merveilleusement accordé, avec un passage obligé par « Mrs. Robinson », chanson iconique du « Lauréat », un gros plan sur la carrière solo de Paul Simon, amorcée en 1972″.

« Personne Ne Bouge ! Art Garfunkel se souvient… » (Abgedreht! Rare Perle: Art Garfunkel). « Nous sommes en 1980, Art Garfunkel est en solo sur le plateau de la télé canadienne. Il a 39 ans et évoque ses souvenirs d’enfance, ses promenades d’enfant chantant, son goût pour les statistiques, et dévoile le nom de groupe que Paul Simon devaient porter ».

« Abgedreht! « Die Reifeprüfung » von Mike Nichols – Ikone » (Personne Ne Bouge ! « Le Lauréat » de Mike Nichols – Icônea été disponible juqu’au 30 juin 2018. « En 1967, dans « Le Lauréat » de Mike Nichols, Dustin Hoffman explose dans le rôle d’un jeune homme paumé qui entame par désœuvrement une liaison avec une femme de l’âge de sa mère, la fameuse Mrs Robinson, qui aura même droit à sa chanson iconique. Comment les chansons de Simon et Garfunkel se sont-elles retrouvées dans ce film ? Marie Sauvion nous raconte tout. »
Graceland 

« Retour avec Paul Simon  en Afrique du Sud sur les traces de son album « Graceland », qui avait suscité en 1986, en plein apartheid, une polémique désormais oubliée ».

Réalisé en 1986 avec des artistes sud-africains – le groupe Ladysmith Black Mambazo, Ray Phiri (guitare), Bakithi Kumalo (basse) et Isaac Mtshali (batterie) – et enregistré en partie à Johannesburg, « à une époque où le boycott de l’apartheid interdisait ce genre de collaboration, Graceland, neuvième album solo de Paul Simon, est aujourd’hui considéré comme le premier opus de la world music ». Paul Simon était « conscient des problèmes politiques en Afrique du Sud« . Harry Belafonte l’invite à contacter « l’ANC, et lui propose d’en rencontrer les dirigeants ». Mais Paul Simon croyait en la liberté de la musique.

« J’étais intimidé et fasciné à l’idée de partir en Afrique du Sud. J’ai été frappé par les très vives tensions raciales. Mandela était toujours en prison« , se souvient Paul Simon. Pour des artistes Noirs sud-africains, malgré les boycotts adoptés par les instances onusiennes, enregistrer avec un artiste américain célèbre constituait une chance à saisir pour faire connaitre leur musique, leurs parties chantées mêlant de petits cris. Et l’occasion d’apprendre lors des « ambiances incroyables », « séances géniales » en studios d’enregistrements. La distance a aussi contribué à la liberté de Paul Simon, loin des demandes stressantes de sa société discographique. Tenté d’écrire une chanson politique, Paul Simon se rend compte que ses collègues sud-africains chantent sur des « filles qui portaient des jupes ». A la différence de Peter Gabriel, il choisit des airs de musique pop pour des thèmes non politiques.

Loué par la critique et vendu à 14 millions d’exemplaires dans le monde, distingué par un Grammy Award en 1987, Graceland « avait été la cible d’une intense polémique, le chanteur s’étant vu accusé de servir de caution au régime blanc de Pretoria », pour avoir enfreint le boycott culturel de l’Afrique du sud. L’ANC a reproché à Paul Simon de ne pas lui avoir demandé l’autorisation avant d’enregistrer son disque. Une attitude liberticide qui suscite l’indignation de l’artiste américain.

Une tournée est envisagée avec Miriam Makeba, chanteuse africaine la plus célèbre et en exil. Sur scène : Blancs et Noirs chantent. Une « manière de dire au public quelles étaient ses convictions profondes« , explique Harry Belafonte. En Europe, des alertes à la bombe empêchent certains concerts. Des manifestations antiapartheid se tenaient à Londres devant la salle de spectacles. Un « univers magique » est révélé au public. Graceland a « permis cette prise de conscience« , reconnait Paul Simon. À la demande de Nelson Mandela, l’ANC finit par inviter Paul Simon à se produire en Afrique du sud.

« L’immense succès remporté par cette fusion inédite de styles et de langues, amplifié ensuite par une tournée qui s’étalera sur cinq ans, ainsi que la visibilité offerte à des musiciens sud-africains alors ostracisés dans leur propre pays ont fait oublier depuis la controverse ».

« En marge d’un mémorable concert d’anniversaire organisé en Afrique du Sud, avec Paul Simon et ses complices d’alors, ce documentaire revient avec eux vingt-cinq ans après sur l’album et sa genèse. En compagnie d’anciens activistes anti-apartheid et de figures comme Quincy Jones, Paul McCartney, David Byrne, Peter Gabriel, Whoopi Goldberg, Oprah Winfrey ou Harry Belafonte, ce passionnant voyage aux sources de la musique interroge aussi le rôle de l’artiste et l’évolution du monde depuis un quart de siècle ».

Le 14 novembre 2016, Paul Simon a donné un concert à Paris.

Paul Simon: Words & Music

Skirball Cultural Center présente l’exposition Paul Simon: Words & Music. « Reimagined and expanded by the Skirball, the exhibition explores Paul Simon’s creative process and indelible mark on the nation and the world ».
« Making its only West Coast stop at the Skirball, Paul Simon: Words & Music—a traveling exhibition organized by the Rock and Roll Hall of Fame and Museum—illustrates how the legendary artist’s music has reflected social and cultural ideals. Based on exclusive interviews with the artist, the show walks visitors through Paul Simon’s life and music and illuminates his creative process. On view are instruments, records, sheet music, handwritten lyrics, photography, costumes, and stage maquettes, as well as listening stations and performance footage spanning Simon’s six-decade career. Exclusively for the Los Angeles presentation, Paul Simon: Words & Music includes additional artifacts from Simon’s private archive and a newly created music lab developed by the Skirball in cooperation with Roland Corporation. Developed upon exclusive interviews with the artist, the show traces Simon’s life and career and illuminates his creative process ».

« Exclusively for the Los Angeles presentation, Paul Simon: Words & Music will include many additional artifacts from Simon’s private archive and a newly created music lab developed by the Skirball in cooperation with Roland Corporation U.S. The exhibition opens at the Skirball on April 27 and runs through September 3, 2017″.

“Through his extraordinary storytelling and trailblazing exploration of sounds, Paul Simon has captured the spirit of our nation and our times, from disillusionment and fear to hope and compassion,” remarked Robert Kirschner, Skirball Museum Director. “Our presentation of Paul Simon: Words & Music invites one and all to celebrate the life and legacy of this prolific artist, whose irresistible songwriting and landmark collaborations with artists around the world have built bridges of understanding and opened minds and hearts.”

« Born October 13, 1941, in Newark, New Jersey, Paul Simon rose to become one of the most influential and successful musicians of the past fifty years. Simon’s fame and commercial success began as part of the duo Simon & Garfunkel, formed in 1964 with musical partner Art Garfunkel ».

« When the duo parted ways in 1970, Simon launched a successful solo career, recording three highly acclaimed albums over the next five years and solidifying his status as one of the great American composers of the twentieth century. In the decades since, Simon has created beautifully crafted music that draws on diverse American musical genres as well as African American, Latin, South African, and West African sounds—notably on his 1986 landmark album, Graceland. Simon’s wide-ranging body of work is equally beloved for its musical vocabulary—style, rhythm, and instrumentation—and its compelling and poetic lyrics ».


« Paul Simon (b. 1941) has spent his life making music. From his first compositions as a teen and his celebrated work in Simon & Garfunkel to his transformative collaborations with world musicians up to and including his current work, Simon’s evolution has been grounded in a lifelong quest to find the words, music, and rhythms that connect most deeply with listeners. Through his songs, he has captured the story of generations and the mood of the nation, from disillusionment and fear to hope and compassion. As the exhibition reveals, he stands as a sterling example of the power of music to reflect social and cultural ideals and to communicate them to the rest of the world ».

« In choosing Simon among its “Greatest Songwriters of All Time,” Rolling Stone hailed, “If Paul Simon’s career had ended with the breakup of Simon & Garfunkel in 1970, he would still have produced some of the most beloved songs ever. … But Simon was just getting started. The quintessential New York singer-songwriter, he switches between styles effortlessly with as much attention to rhythm as melody, a rare quality among artists who came of age in the folk era. Over the decades, his music has incorporated Tin Pan Alley tunecraft, global textures, gentle acoustic reveries, gospel, R&B and electronic music, all without diluting his core appeal as an easeful chronicler of everyday alienation.”

“It’s absolutely true that music brings people together in a way that they can’t find in any other form. It’s nonverbal, and it goes to something that’s deeply ingrained in our DNA. It’s a really powerful force.”—Paul Simon

« Simon has earned sixteen Grammys for his solo and collaborative work—three of which were for Album of the Year (Bridge Over Troubled Water, Still Crazy After All These Years, and Graceland)—as well as a Lifetime Achievement Award. He is one of a small group of two-time inductees into the Rock and Roll Hall of Fame: he was inducted in 1990 with Art Garfunkel and again in 2001 as a solo artist. In 2002, Simon was a recipient of the Kennedy Center Honors. In 2006, he was among the “TIME 100,” TIME magazine’s prestigious annual list of the “100 men and women whose power, talent, or moral example is transforming our world.” In 2011, Rolling Stone magazine named Simon one of the “100 Greatest Guitarists,” then named him one of the “100 Greatest Songwriters of All Time” in 2015. Simon was the first recipient of the Library of Congress’s Gershwin Prize for Popular Song in 2007″.

« Paul Simon: Words & Music at the Skirball Cultural Center is organized chronologically, with themed sections that cover Simon’s early years and Simon & Garfunkel period, his acclaimed solo work since 1971, and his songwriting process ».

« In the newly developed music lab, created exclusively by Roland Corporation U.S. for the Skirball, visitors will experience Simon’s recordings firsthand through various interactives. Music fans will be invited to keep the beat to “Cecilia” in a communal drum circle, manipulate tracks for “Me and Julio Down by the Schoolyard” and “Wristband” using mixing equipment, and more ».

« The Skirball’s presentation of Paul Simon: Words & Music expands on the original exhibition and includes many never-before-exhibited or rarely exhibited items from Simon’s own archives. Highlights include:

• Handwritten manuscript lyrics and lyric developments for “Mother and Child Reunion,” “American Tune,” “50 Ways to Leave Your Lover,” and “Diamonds on the Soles of Her Shoes,” « The Boxer » scrawled on an in-flight magazine, an early draft of « Mrs. Robinson » on an envelope, and the first-ever display of « Hearts and Bones. »

• Music sheets for “Bridge Over Troubled Water,” incorrectly titled « Like a Pitcher of Water » by arranger Ernie Freeman.

• Original pressings of 45 RPM singles of « America » and “El Condor Pasa.”

• Fan letters written to Simon after the 1969 television special « Songs of America. »

• Never-before-displayed photographs of Simon from his personal archives.

• Hand-colored photograph by Edie Baskin of Simon in the famous Saturday Night Live turkey outfit.

• Simon’s Kennedy Center Honors medal.

• Simon’s Library of Congress Gershwin Prize for Popular Song, of which Simon was the very first recipient.

• « We are the World » sheet music signed by the artists.

The exhibition also includes popular items displayed in the original Rock and Roll Hall of Fame and Museum exhibition, including:

• Stage maquette from Simon & Garfunkel’s famed concert in Central Park.

• Yamaha acoustic guitar used during the recording of Graceland.

• Simon’s very first guitar, given to him on his thirteenth birthday by his father and used during his early musical career.

• First recording contract with Big Records signed by Simon’s parents

• Simon’s copy of the rare LP of Simon & Garfunkel’s first album (when they were known as Tom & Jerry), Hey Schoolgirl, whose title track represented their first hit.

• Simon’s Saturday Night Live « Five-Timers Club » jacket.

• Several of Simon’s Grammy Awards.

• Media stations where visitors can watch interviews with the artist conducted specially for the exhibition, concert footage, and clips from Simon’s Saturday Night Live appearances ».

« Related Film Screening and Rare Evening Gallery Hours

On Friday, May 12, at 8:00 p.m., the Skirball presents a screening of the Emmy-nominated documentary Under African Skies, which traces the turbulent origins and lasting impact of Paul Simon’s landmark album Graceland. Prior to the screening, the public is welcome to enjoy rare evening Museum hours and gain free admission to Paul Simon: Words & Music. The exhibition will be open from 6:00 p.m. through 10:00 p.m. Reservations for the late-night event and ticket sales for the film screening will open in mid-April on skirball.org ».

« PAUL SIMON: WORDS & MUSICWAS CURATED BY THE ROCK AND ROLL HALL OF FAME AND MUSEUM, CLEVELAND, OHIO. 

THE EXHIBITION AND ITS RELATED EDUCATIONAL PROGRAMS AT THE SKIRBALL CULTURAL CENTER ARE MADE POSSIBLE IN PART BY SUPPORT FROM THE FOLLOWING DONORS:

The Material World Foundation

Steve Tisch

ALONG WITH GENEROUS SUPPORT FROM THE FOLLOWING DONORS:

Sandy and Hank Abouaf

Bloomberg Philanthropies

Stephanie and Harold Bronson

Concord Music Group

Fischer Family Foundation 

Shari and Richard Foos

Gang, Tyre, Ramer & Brown Charitable Foundation

David Geffen Foundation

Hillside Memorial Park and Mortuary

Karsh Family Foundation

Linda and Michael Keston 

Suzanne and Dave Larky

Live Nation

Monterey International Pop Festival Foundation

Rock-It Cargo

Roland Corporation U.S.

Skirball Volunteer Service Council 

Sony Music’s Legacy Recordings

Tiebreaker Productions/Forest Hills Stadium

MEDIA SUPPORT PROVIDED BY:

Los Angeles magazine

LA Weekly

About the Skirball

The Skirball Cultural Center is a place of meeting guided by the Jewish tradition of welcoming the stranger and inspired by the American democratic ideals of freedom and equality. We welcome people of all communities and generations to participate in cultural experiences that celebrate discovery and hope, foster human connections, and call upon us to help build a more just society ».

« Simon & Garfunkel – L’autre rêve américain » de Jennifer Lebeau
États-Unis, SME Production, 2011, 53 min
Sur Arte les 24 juillet 2020 à 22 h 25, 25 juillet 2020 à 5 h 40, 2 août 2020 à 0 h 25 et 8 août 2020 à 7 h 45

Disponible du 17/07/2020 au 21/10/2020
Visuel : © Whight Light TV
 

« Simon & Garfunkel – The Concert in Central Park« de Michael Lindsay-Hogg
États-Unis, Peregrine Productions, Above Average Productions, 1982, 87 min
Sur Arte les 24 juillet 2020 à 23 h 20 et 1er septembre 2020 à 5 h
Disponible du 17/07/2020 au 21/10/2020
Visuels : 
Simon & Garfunkel: Konzert im Central Park 1981
© White Light Int. Media Ltd


 

« Personne Ne Bouge ! Art Garfunkel se souvient… » 
France, 2017, 36 min.
Sur Arte le 30 décembre 2018 à 5 h, disponible jusqu’au 30 juin 2018.

(Personne Ne Bouge ! « Le Lauréat » de Mike Nichols – Icône)
Sur Arte disponible juqu’au 30 juin 2018.

Du 27 avril au 3 septembre 2017
À The Skirball Cultural Center
2701 N. Sepulveda Blvd. Los Angeles, CA 90049
Tel. : (310) 440-4500
Du mardi au vendredi de 12 h à 17 h. Vendredi de 12 h à 17 h, samedi et dimanche de 10 h à 17 h

Paul Simon « Graceland » – Retour aux sources africaines, par Joe Berlinger

2011, 83 min

Sur Arte les 27 février à 22 h 35 et 2 avril 2016 à 1 h 05

Visuels :

Paul Simon backstage at the Philharmonic Hall, Lincoln Center, New York, 1967. Photograph by Don Hunstein. Courtesy of Sony Music Entertainment.

Paul Simon, New York, 1975. Photograph by Edie Baskin

Paul Simon at the Concert in Central Park, 1991. Photograph by Nick Elgar. Courtesy of Paul Simon Archive

Paul Simon’s first acoustic guitar, made by Stadium. Collection of Paul Simon

“Mrs. Robinson” early lyric development, c. 1967, New York, New York. Collection of Paul Simon.

“50 Ways to Leave Your Lover” lyrics manuscript, 1975, New York, New York. Collection of Paul Simon.

Paul Simon’s Grammy Award, for Album of the Year, 1975: Still Crazy After All These Years. Collection of Paul Simon

“The Boxer” early lyric development, handwritten by Paul Simon on United Airlines Mainliner Magazine, Volume 12, N0.11, November 1968. The lyrics are written on an article by Richard H. Gratiot entitled « Davi Jones and the Crowd.” Collection of Paul Simon.

Paul Simon notepad featuring handwritten lyric development for « Graceland », with cover page dated 3/30/85. Collection of Paul Simon.

Paul Simon, 2000. Photo by Lynne Goldsmith. Courtesy of Paul Simon Archive.

Gershwin Prize for Popular Song awarded to Paul Simon, 2007, Washington, DC. Collection of Paul Simon.

Paul Simon’s first acoustic guitar, made by Stadium. Collection of Paul Simon.

Paul Simon with Ladysmith Black Mambazo during the Graceland tour (left to right: Joseph Shabalala, Miriam Makeba, Okyerema Asante, Paul Simon, and Ray Phiri), Zimbabwe, 1987. Photograph by Luise Gubb. Courtesy of Paul Simon Archive.

Paul Simon, 2000. Photo by Lynne Goldsmith. Courtesy of Paul Simon Archive.

Les citations proviennent d’Arte et du site de Paul Simon.

Cet article a été publié le  27 février puis les 16 novembre 2016, 1er mai et 2 septembre 2017, 10 juin et 28 décembre 2018.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

David King s’occupe de tout, de Joshua Cohen, raconte les déboires du propriétaire d’un business, Moving Kings, dans la métropole new-yorkaise. La vie de ce quinquagénaire originaire du New Jersey bascule lorsqu’il embauche un cousin et un camarade de celui-ci, tous deux récemment démobilisés après leur service militaire en Israël. EaN a pu s’entretenir par courriel avec l’auteur culte pendant son confinement chez lui à Brooklyn. Nous l’avons interrogé sur son roman, sa carrière, son New Jersey natal et sa vision de la littérature, à l’aune de notre lecture de ses articles rassemblés dans le recueil Attention(inédit en français).

Joshua Cohen, David King s’occupe de tout. Trad. de l’anglais (États-Unis) par Stéphane Vanderhaeghe. Grasset, 336 p., 20,90 €

Propos recueillis par Steven Sampson 

Joshua Cohen, ancien correspondant du Jewish Daily Forward en Europe et autrefois critique littéraire au magazine Harper’s, est célébré aux États-Unis pour ses articles, ses nouvelles et ses romans, dont deux pavés, Witz et Book of Numbers. Jeune, beau, prolifique, polyglotte et cosmopolite – il travaille entre Berlin, Israël et Brooklyn –, s’il se suicidait aujourd’hui (on ne le souhaite pas), il pourrait devenir le prochain David Foster Wallace.

David King s’occupe de tout, son deuxième roman traduit en français, a pour héros un homme autodestructeur. Sa vie est un enfer, le reflet de ce qu’il crée pour ses femmes, sa fille et ses clients : Moving Kings, son business (et le titre original du roman), fournit non seulement des services de déménagement et d’entreposage, mais confisque les biens des clients endettés. C’est donc une sale affaire que rejoignent les deux anciens soldats israéliens, impatients d’oublier la Cisjordanie, mais occupés de nouveau à occuper.

Quelle a été la genèse de ce roman ?

À l’origine, je voulais décrire des Israéliens dans le monde, suivre une unité entière pendant leur année à l’étranger, à la fin de leur service. Certains d’entre eux iraient en Asie, d’autres en Europe, d’autres encore en Afrique, etc. L’ampleur de cette dispersion aurait constitué une légère exagération. Après que j’ai travaillé sur ce schéma, les soldats que j’avais amenés en Amérique ont pris le dessus. L’histoire de la littérature juive est celle de la diaspora : je me suis dit qu’il était temps de décrire celle d’Israël, ces garçons qui partent de leur propre gré, et dont certains ne reviennent jamais.

Vous êtes américain et vous écrivez en anglais. Pourquoi parler des Israéliens ? Pour quel public ?

Pour qui j’écris ? Je n’en sais rien. Probablement pour les morts. Je crois que j’écris soit pour eux, soit pour la phrase elle-même : pour plaire à la phrase. Lorsque celle-ci est satisfaite, le paragraphe l’est aussi. Et ensuite la page, des pages, et le monde.

Cela me rappelle le personnage d’E. I. Lonoff dans L’écrivain fantôme de Philip Roth. On demandait souvent à Roth s’il se considérait comme un écrivain juif américain. Et vous ?

Je ne me soucie pas de cela, de cette idée d’Américains ou de Juifs : l’obligation de définir et de codifier les contours de leurs littératures respectives est ridicule. Imaginez si on posait ces questions sur quelque chose qui compte vraiment, par exemple la nourriture. Ce que j’appelle les « French fries » sont-elles vraiment françaises ? Un hamburger vient-il de Hambourg? Un frankfurter de Francfort ? Doivent-ils être préparés et consommés uniquement par des Hambourgeois et des Francfortois ? Je ne me suis jamais préoccupé de la race, de l’ethnie, de la religion, du genre ou de l’orientation sexuelle d’un chef. Les gens feraient mieux de consommer la littérature – même de manger cru un livre – plutôt que d’interroger l’identité d’un auteur.

La première phrase de votre roman a une sonorité biblique : « Vous les reconnaîtrez à leurs véhicules… ». Par cet incipit, s’inscrit-il dans la tradition juive ?

Ce livre fait partie de la tradition juive de la même manière que la source de cette citation, l’évangile selon saint Matthieu : « C’est à leurs fruits que vous les reconnaîtrez. » Le christianisme et le judaïsme font-ils une seule religion ? Jésus était-il sioniste ? Ma réponse : oui, le christianisme et le judaïsme sont la même religion, comme le Maroc, l’Algérie, la Tunisie et la Libye sont essentiellement le même pays que la France.

Ce roman a-t-il été influencé par votre enfance et votre adolescence dans le New Jersey ? Que pensez-vous d’autres représentations littéraires ou cinématographiques de cet État ?

C’est la rive de l’autre côté du fleuve, la terre non promise. Mais j’insiste sur le fait que je suis du sud : Atlantic City, le Jersey Shore. En termes new-jerseyesques, c’est le plus éloigné possible. C’est là où l’influence de la ville s’écroule dans le sable, vaincue par la mer. Cette partie de l’état a été négligée par la littérature – on la voit dans Atlantic City de Louis Malle, oui, et dans The King of Marvin Gardens de Bob Rafelson, mais pas en littérature. Je crois que l’isolement de l’endroit s’oppose au langage : l’Atlantique emporte le langage et nous interdit de réfléchir, de narrer, d’élaborer des intrigues.

Dans Woody et les robots de Woody Allen, le héros dit : « Je crois qu’il y a de l’intelligence dans l’Univers, excepté dans certaines parties du New Jersey. » Votre portrait de cet état, ici et dans Attention, a quelque chose d’infernal. Et puis ce roman s’achève dans un incendie.

Je ne crois pas à l’enfer. Et je n’arrive pas à imaginer ce à quoi je ne crois pas. À mes yeux, l’eschatologie se résume à une fuite – de haut niveau – devant la réalité. Le New Jersey que je décris est celui que je connais, il n’est pas dépourvu de qualités rédemptrices. Walt Whitman était un enfant du New Jersey, ainsi qu’Allen Ginsberg. Quant à Atlantic City, pendant presque deux décennies, l’été, Johnny Hodges et Wild Bill Davis jouaient régulièrement chez Grace’s Little Belmont sur la Kentucky Avenue. Là où Johnny Hodges et Wild Bill Davis jouent, on est sûr de ne pas être en enfer.

David King a grandi dans le New Jersey. A-t-il été éduqué comme vous, dans une « académie hébraïque » avant d’aller dans un lycée public ?

Jusqu’à ma bar mitzvah, j’étais à la Hebrew Academy du comté d’Atlantic. Anecdote amusante : les écoles à Atlantic City étaient si mauvaises – ou considérées comme telles par les riches – que la jeune Ivanka Trump a fait l’école maternelle chez nous. Cela serait-il à l’origine de son philosémitisme ? On faisait une demi-journée d’études juives – TanachMishnaGemara – et une demi-journée pour le reste. L’idéologie était sioniste, orthodoxe. Il fallait porter la kippa et éviter les filles. Je m’attirais pas mal d’ennuis. L’éducation de David King est moins formelle, c’est celle d’une génération plus ancienne : le fondement est essentiellement yiddish, alors que le mien est hébraïque. Chaque vendredi, il fallait écrire une lettre à Gorbatchev en lui demandant de libérer les Juifs soviétiques, pour qu’ils puissent émigrer en Israël : « Cher Gorbatchev, laissez mon peuple partir ! »

Comment voyez-vous ce déplacement du yiddish vers l’hébreu ?

David King est de la génération de mes parents, mais américain. Yoav et Uri sont plus proches de mon âge, mais israéliens. Je suis entre les deux, et c’est un endroit puissant pour l’écriture, qui me permet de les faire converser, de jouer le rôle du traducteur.

Vous avez étudié la composition musicale au conservatoire. Book of Numbers et Witz se lisent comme de longs poèmes. Votre vocation repose-t-elle sur la musique ?

Enfant, j’étais très musicien, passion approfondie par des études formelles, oui, avant mon effondrement mental, émotionnel et psychologique. Ce qui me reste de cette époque est un attachement pour le contrepoint, la polyphonie vocale, ainsi qu’un intérêt un peu abstrait pour la manière dont l’art peut structurer le temps. Cela dit, je me suis toujours méfié de la musique, même si je ne l’ai pas avoué avant de l’abandonner. Pour sa capacité de nous inonder d’émotion, de nous influencer jusqu’à tuer la pensée. Je suis trop sensible à cela : j’ai trop envie de « me rendre ».

Vous vous rendez moins dans ce roman, non ?

Chaque livre a ses exigences propres. Certains demandent de l’ampleur, d’autres de la concision. Ce qui importe, ce qui relève de la musique, c’est d’écouter ce que demande le matériau.

Book of Numbers et Moving Kings concernent des business, thème généralement absent dans la fiction contemporaine, selon Chris Kraus. Êtes-vous d’accord ?

J’aime le travail, c’est quelque chose d’important. Comment on fabrique, comment on gagne sa vie, la fierté ou la honte qui va avec, les familles alternatives dans lesquelles on s’emmêle. Le travail est une partie importante de la vie, c’est alarmant de constater à quel point sa présence est rare dans les romans. Le lecteur cherche-t-il à lui échapper ? Les écrivains ont-ils peu d’expérience du travail ? Ou est-ce qu’ils ne conçoivent pas leurs propres efforts comme du travail ? C’est mon cas, quand ça avance bien.

Y a-t-il une différence entre le travail en général et celui de l’écrivain ?

Je comprends que certains lecteurs s’intéressent au travail du romancier et qu’ils se dirigent donc vers l’autofiction. Pour ma part, je m’intéresse à d’autres métiers : lire sur les difficultés qu’il y a à enchaîner des mots m’ennuie à mourir (c’est quelque chose que j’ai essayé de transmettre et de ridiculiser dans Book of Numbers). En revanche, je suis capable de lire à l’infini sur des médecins, des avocats, des gantiers, des cordonniers, des charpentiers, des soldats, des membres du clergé, et, enfin, sur n’importe qui travaillant avec des chevaux.

En même temps, vous êtes fasciné par les mots, dont ceux de l’hébreu. Ce texte est-il un roman israélien écrit en anglais ?

Le casting est global, donc je dirais que c’est un roman new-yorkais. Alors que les New-Yorkais trouveraient peut-être que c’est un livre du New Jersey. Il y a des thèmes juifs, mais l’écriture est celle de la langue de la Bible du roi Jacques et de Monty Python. Le monde est suffisamment compliqué sans ajouter des étiquettes.

Pourtant, vous écrivez : « Mais les soldats […] n’étaient pas juifs, ou pas seulement juifs, – ils étaient, avant toute chose, israéliens ». Quelle différence entre le Juif et l’Israélien ?

Je laisserai cette question aux rabbins, qui ont tendance à répondre horriblement. Encore une fois, je ne crois pas aux étiquettes, mais plutôt au narcissisme des petites différences – ce qui explique pourquoi je ne m’« identifierais » pas comme freudien. Toute la vie est une lutte entre les identités qu’on revendique pour soi et celles qu’on nous impose. Ensuite on meurt. Mais les autres continuent pour l’éternité.

Selon le critique Harold Bloom, mort en 2019, Book of Numbers est l’un des quatre meilleurs romans juifs américains : « David King s’occupe de tout est un livre fort et plutôt blessant, ce qui aide à le valider. Book of Numbers est d’une puissance bouleversante. »

Bloom a été très gentil, et s’il a été blessé par ce roman, c’est parce qu’il y a trouvé certaines vérités : le judaïsme dans lequel il a grandi devenait méconnaissable. Cela dit, le judaïsme n’était qu’un cas limite, parce que toute la culture de sa jeunesse devenait méconnaissable. C’était un homme qui respirait la littérature ; pendant les dernières décennies de sa vie, il sentait que le philistinisme contre lequel il s’était toujours battu avait pris le dessus. Les nécrologies horribles qu’il a eues le confirment : on s’est moqué de lui, on l’a tourné en dérision, on l’a sorti comme les poubelles. Mais c’était un ange.

En quoi le judaïsme est-il un « cas limite » ? Quel a été le judaïsme de Harold Bloom ?

Bloom croyait que la politique avait saboté la tradition : contre les beautés de celle-ci, on épinglait les péchés du passé. Les Juifs, par ailleurs, n’ont jamais réagi comme ça, pas de manière sérieuse : ma grand-mère, bien que toute sa famille ait été assassinée par les nazis, aimait toujours la culture allemande. Je me sens plus à l’aise en parlant pour ma grand-mère que pour Bloom, donc je me limiterai à dire qu’ils ont partagé l’idée que l’assimilation pouvait être une force corrosive, si l’identité majoritaire prétendait remplacer, plutôt qu’accompagner, celles des minorités. Ma grand-mère pensait ceci de l’Allemagne : on a fait sentir au Juif qu’il devait quitter le judaïsme afin de devenir pleinement allemand. Et Bloom pensait ceci de l’Amérique : on a fait sentir au Juif qu’il devait quitter le judaïsme afin de devenir pleinement américain.

Quelles sont les manifestations contemporaines de ce « philistinisme » ?

Ouvrir votre fenêtre, sortir votre tête : voilà.

Vivian Gornick affirme que le roman juif américain est mort, parce qu’il dépendait d’un sentiment d’exclusion maintenant dépassé. Cela expliquerait-il le changement d’ambiance, du yiddish vers l’hébreu ?

Vivian Gornick, qui, la dernière fois que je l’ai vérifié, était plus vivante que sa conception du roman, ne se sent-elle pas exclue ? Pour une nouvelle, c’en est une ! Pense-t-elle que son style de critique et même son style de féminisme prospèrent ? Il n’y a pas de roman juif américain, il n’y a que des romans : ils ne mourront que quand les romanciers mourront, et non les derniers critiques ou les derniers lecteurs. Ce qui m’amuse, c’est que sa critique quasi gauchiste rejoint celle des sionistes de droite qui ont prononcé l’acte de décès de l’art de la diaspora juive à cause de la naissance d’Israël. La dernière fois qu’on a émis ce jugement avec la moindre conviction, ce fut dans les années 1950, même si des écrivains israéliens tels que A. B. Yehoshua continuaient à le répéter machinalement pendant les carrières de Bellow, Roth, Malamud et Ozick, pour ne pas évoquer Woody Allen (est-il permis d’évoquer Woody Allen ?) ou les frères Coen – aucun lien familial. On a dit la même chose lorsque I. B. Singer est parti à Stockholm recevoir son Nobel et pérorer en yiddish, et c’est étonnant que ce raisonnement existe encore, après que l’académie suédoise a honoré Dylan. C’est Idiot WindTangled up in its own blueness [jeux de mots d’après les titres de deux chansons de Dylan]. Pas Gornick, mais gornisht [« rien », en yiddish].

David King s’occupe des déménagements. Est-ce un commentaire sur le Juif errant ? Avez-vous fait des recherches ?

Oui. Comme vous le suggérez, la résonance est probablement trop évidente : errer ; être sans foyer ; dépossession ; perte ; vos seules possessions sont vos souvenirs. Moving Kings était basé sur plusieurs business, dont tous risquent un jour de me faire un procès.

David King passe beaucoup de temps dans le Queens. Dans la même veine, la citation mise en exergue au début du roman, tirée du psaume 32, sert-elle à évoquer le roi David ?

Oui, j’ai voulu intégrer la légende du roi David et Batchéva, Yoav et Uriah, selon le schéma d’une certaine possessivité juive. Mais allez ! C’est le travail du critique de porter les cartons et de les déballer.

La description d’Israël est convaincante. C’est du vécu ?

J’ai grandi en allant régulièrement en Israël, pour rendre visite à ma famille, ou pour mes études. J’y vais encore chaque année, s’il n’y a pas de confinement. Mais ma connaissance d’Israël a moins compté pour ce livre que mon expérience avec les Israéliens à l’étranger, à New York, dans le New Jersey, et surtout en Europe. J’ai quitté les États-Unis à vingt ans, juste avant ce qu’on appelle en Europe le « 11-Septembre » (tout est inversé !). J’habitais un autre siècle : traverser l’ancien bloc de l’Est, des Balkans à la Baltique, faire des reportages pour le Jewish Daily Forward, qui, malgré son nom, était un hebdomadaire. C’était une époque solitaire, très solitaire. « SAD », comme dirait Trump. J’étais un « LOSER » ! Mais je savais ce que je faisais : j’améliorais mon écriture en aggravant ma vie. Je m’obligeais à devenir romancier. Loin des pairs. Loin de l’industrie. Dans les villes et les fosses septiques qui ont nourri mes ancêtres et par conséquent la culture dans laquelle j’ai été élevé. Je devais écrire deux articles par mois pour The Forward – deux articles qui payaient mon loyer. C’est-à-dire, jusqu’à ce que l’UE se soit levée et que tout devienne propre, cher et luisant. La plupart de mes amis étaient israéliens, surtout à Berlin, qui était à l’époque la ville où il y avait le plus d’Israéliens (en pourcentage) en dehors d’Israël. Il s’agissait de garçons tout juste sortis de l’armée, jeunes, fauchés, drogués et libidineux. L’un d’entre eux prétendait avoir été dans un club de strip-tease à Prague avec Mohammed Atta : « Un gars sympa ».

Votre portrait d’Israéliens fait penser à Opération Shylock et à Portnoy. Dans ce dernier livre, le héros se fait humilier sexuellement par deux soldates. Dans la scène avec Yoav et Tammy, vous inversez l’équation. L’érotisme met-il en lumière la différence entre Juif et Israélien ?

Le sexe est l’une des façons les plus agréables de se naturaliser en pays étranger, bien sûr. Le sexe, et être chauffeur de taxi.

Imamu Nabi, le musulman (converti) sans abri, fonctionne ici comme une sorte de deus ex machina. Là aussi, on pense à Roth, au personnage de Lester Farley dans La tache. Roth vous a-t-il influencé ? Comment avez-vous conçu ce personnage ?

Roth est incontournable. C’est un peu votre oncle préféré que vous auriez voulu avoir comme père, jusqu’à un certain âge… Puis vous arrivez à vraiment apprécier votre père. Quant à Imamu Nabi, j’avais travaillé avec quelqu’un comme lui dans les casinos, au Resort’s, à Atlantic City, la ville où il y avait le plus de propriétés saisies pendant quelques années après la crise de 2008. Je n’avais pas entendu parler de lui pendant très longtemps, puis, en 2010 à peu près, je l’ai vu dans le journal : la banque avait saisi la maison de sa mère et il l’avait incendiée.

Vous avez écrit qu’on est tous écrivains à cause d’Internet, qui crée « un excès de distraction ». En 2018, au MAHJ, on a présenté un texte, PCKWCK, que vous avez écrit en quarante-huit heures en échangeant avec des internautes. Que cherchiez-vous à réaliser ?

Comme prévu, ça m’a rendu fou. Ce fut une première mondiale pour un roman écrit en live. J’ai été étonné que les gens croient que j’étais sérieux, que je ne me moquais pas d’Internet, de sa vanité artistique, induite par son appétit implacable de « contenu ».

Quels écrivains ont compté pour vous ? Lisez-vous le yiddish ou l’hébreu ?

Yoram Kaniuk a été important pour moi, comme romancier et comme ami. Je lis l’hébreu, pas le yiddish. Et j’ai fait des traductions depuis l’hébreu, plutôt de la poésie, dont les poèmes de Yitzhak Laor.

Selon vous, les modernistes ont cherché à imposer forme et structure à leurs personnages et donc destin, plutôt que de laisser celui-ci naître de leur « nature » essentielle.

Cela relève des années 1960 et 1970, de la « contre-culture », la génération en Amérique qui cherchait un plan secret ou un schéma – la génération de la paranoïa et de la conspiration. Aujourd’hui, tout cela me semble pittoresque. Tellement vieillot. Parce que, soyons honnêtes, à l’époque du piratage, qu’est-ce qui est caché ? Qu’est-ce qui est encore suspect ? Pour le dire autrement : si pour Pynchon, la question était : « est-ce vrai ? », pour moi, la question aujourd’hui est : « comment le vivre ? » Mon objection principale à propos de certains romans importants des années 1960 et 1970 concerne la netteté et la logique de leurs cabales : on part toujours en quête d’une source, d’une explication, d’une intention, d’un but. C’est presque religieux, comiquement religieux, cette chasse pour savoir qui ou quoi nous contrôle. Ce n’est qu’une façon d’éviter, de nier le désordre fondamental du monde. Et sa stupidité. Pensez à ce concept américain de l’État profond, ou aux émotions et aux attentes que les Américains sous Trump y ont investies. C’est poignant. C’est « triste », comme Trump le dirait lui-même. Qu’autant de gens, même des gens qui se définissent comme des « libertaires », espèrent publiquement être protégés par le FBI ou la CIA ou la NSA – que le FBI ou la CIA ou le NSA organisent un coup d’État. Ou cette idée selon laquelle les militaires seraient suffisamment « responsables » et « professionnels » pour empêcher Trump de faire quelque chose de catastrophique. Cette notion idiote des « adultes présents dans la pièce ». Chaque jour, il me paraît plus évident qu’il n’y a pas d’« adultes », il n’y a même pas de « pièce ». Il n’y a que du chaos. Pour revenir aux livres, je dirais que, dans cette génération, c’est DeLillo qui a le mieux compris tout cela. Il sait que ses phrases doivent fournir le galbe et la clarté formelle dont manque notre gouvernance.

En quoi les phrases de DeLillo sont-elles meilleures ? 

J’entends ses rythmes, sa musique. C’est du pur parler new-yorkais, de la rue, pas mâché. Et ses virgules sont aussi efficaces pour interrompre la signification que le sont des klaxons.

Et DeLillo, contrairement aux autres, ne verse pas dans la paranoïa ?

Au début, il était préoccupé par la paranoïa et les complots, mais jamais en soi : il s’intéressait à leurs effets sur les gens. Chez lui, cela prend un aspect religieux : qu’est-ce que cela signifie qu’on vous cache la vérité ? Et lorsqu’on arrête d’y croire, pour quelle raison devrait-on vivre ?

Donc, les destins des personnages ici ne dépendent pas de forces cachées et mystérieuses.

Dans David King s’occupe de tout, j’ai cherché à éviter tout secret. Je ne voulais même pas cacher une métaphore. Au contraire, je voulais tout étaler. Avec un homme ayant servi dans l’armée occupante en Palestine – qu’il n’aurait jamais appelée « Palestine », bien entendu –, qui déménage à New York, y trouvant un nouveau métier comme déménageur, voire déménageur/expulseur dans les arrondissements extérieurs. La métaphore est là non seulement pour le lecteur – même le mec, mon héros, la pige. C’est lui qui entend la rime entre les deux situations, les deux contextes de la – disons – dépossession. C’est lui qui doit vivre cette rime. C’est juste devant sa gueule. C’est quotidien. Et donc il doit faire face – il doit interroger ses certitudes, peser ses actions. Savoir pourquoi une personne se politise, comment, où et quand, lorsqu’elle commence à affronter les implications morales et éthiques de son travail, cela me semblera toujours plus intéressant, parce que plus familier, que de me demander : « Puis-je identifier les systèmes manipulateurs et globaux à l’œuvre dans les coulisses ? »

Vous dites qu’Israël est le seul sujet juif contemporain, le seul qui ne soit pas kitsch. Pourquoi?

Parce que c’est une entreprise viable. Ce n’est pas fini. Ce n’est pas historique. C’est maintenant et c’est vivant.

Dans Attention, vous évoquez la réitération, un aspect de l’hébreu et d’autres langues sémites, engendrée par la narration du Déluge, celle-ci composée de sources multiples ou de multiples strates d’une source. Visez-vous cet effet dans votre écriture ?

J’ai toujours admiré les romans qui racontent en redisant, à travers des voix multiples. Seul le roman peut le faire : la polysémie ; la création de personnages par les seuls dialogues, via des récits conflictuels, des mondes en concurrence. Le lecteur est l’unique gagnant.

Votre parcours professionnel paraît démodé : au lieu de faire une école d’écriture créative, vous avez travaillé comme journaliste et critique. Quel effet cela a-t-il eu sur votre fiction ? 

J’étais idiot, et je le suis encore. J’ai cru à tout ce que j’ai lu : que l’Histoire était le meilleur guide pour le présent et l’avenir. Si les romanciers du passé avaient produit de la non-fiction pour subvenir à l’écriture de leurs romans, alors je ferais pareil. C’était du travail de « la main gauche », qui a rapidement requis ma main droite. Et qui a éventuellement pris en charge ma vie. Pour l’écrivain de fiction, la non-fiction est l’endroit où vous allez pour enterrer le self, pour cacher vos secrets comme s’ils étaient des os ; pour les écrivains de non-fiction, c’est le contraire. Et j’en ai toujours eu honte. Parce que, même si tout dans ma non-fiction est vrai et vérifié, l’impulsion est fausse. On doit obscurcir l’impulsion, la motivation.

Après Witz et Book of Numbers, il me semble qu’avec David King vous délaissez le « roman de systèmes », pour citer Tom LeClair. Comptez-vous continuer dans ce sens ?

Je ne suis pas d’accord : s’il y a un problème avec David King s’occupe de tout, c’est qu’il est trop « systémique ». Quant à l’avenir, je n’ai pas de projets, si ce n’est d’écrire des livres de la manière dont ils doivent être écrits.

Pour revenir à Pynchon, il y a quand même un truc : la musique. Quelles que soient vos réserves, votre prosodie ressemble à la sienne.

J’admire Pynchon, absolument, mais je ne souhaite pas qu’on nous range ensemble, et encore moins avec Foster Wallace : la longueur ne veut pas dire l’affinité et, contrairement à eux, j’ai aussi écrit quelques livres plus courts.

Selon l’un de vos articles, L’arc-en-ciel de la gravité a été écrit sur du papier quadrillé, des cigarettes Kool, avec du café et des cheeseburgers à Manhattan Beach. Comment et où avez-vous écrit ce roman ?

De la même manière que j’écris tout : je l’ai rédigé à la main avec une plume, sur des feuilles volantes dans un classeur. Je l’ai écrit à New York, à Berlin et à Tel Aviv. Cela m’a pris environ six mois. Cigarettes, oui, café, oui, pas de cheeseburgers. Peut-être des sandwiches au fromage fondu.

J’insiste : dans Attention, le chapitre sur Pynchon est passionnant. On y voit votre fascination pour le projet moderniste (mouvement essentiellement non juif). Dans ce roman sur un roi (« King »), auriez-vous cherché à réconcilier deux traditions, l’une et l’autre aristocrates ?

Vraiment, je ne suis pas en train d’esquiver vos questions sur Pynchon. C’est juste que je ne l’ai pas lu depuis un moment. Si nous avons quelque chose en commun, à part du superficiel, je suppose qu’on peut le trouver chez Nabokov [Pynchon a apparemment eu Nabokov comme professeur à l’université de Cornell]. Voilà une aristocratie que je pourrais appuyer, d’autant plus qu’elle serait essentiellement auto-inventée et volontaire.

L’un des chapitres d’Attention – intitulé « Israel Diary » – se termine par la phrase suivante : « Je suis oncle. » Tel David King, qui semble un oncle par rapport à son jeune cousin. Ce roman avunculaire rappelle la Genèse et la figure d’Abraham.

J’aime la figure avunculaire, aussi bien que celle du sandak, le parrain juif, celui qui tient l’enfant mâle pendant la bris [la cérémonie de la circoncision] et qui est responsable de son éducation religieuse. Je dois confondre les deux figures parce que mon oncle Danny était mon sandak. Il est mort juste après la publication de David King s’occupe de tout. Il gérait un quai de pêche et travaillait sans cesse : les poissons ne dorment jamais. Il y a un peu de lui, c’est-à-dire plus qu’il n’aurait voulu, dans David King.

À part DeLillo et Nabokov, y a-t-il des écrivains anglophones qui ont compté pour vous ?

Je déteste les listes. Est-ce Borges qui a dit qu’une liste n’est intéressante que par ce qu’elle omet ? Pour les seuls Américains, disons Nathaniel West et Henry Roth, et restons-en là.

[Photo : Beowulf Sheehan – source :www.en-attendant-nadeau.fr]