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O realizador frisa que perdeu “a emoção” e “já não é divertido” fazer filmes, por isso vai dedicar-se a escrever, em entrevista na página do Instagram do ator Alec Baldwin

Woody Allen

O realizador Woody Allen vai realizar “mais um ou dois filmes” antes de se reformar, porque perdeu “a emoção” e “já não é divertido”, anunciou esta quarta-feira o cineasta numa entrevista na página do Instagram do ator Alec Baldwin.

“Vou fazer mais um ou dois filmes e vou dedicar-me a escrever”, adiantou Woody Allen na última parte de uma conversa com o ator norte-americano para promover o se novo livro, “Zero Gravity”.

A razão por trás da falta de motivação do realizador, de 86 anos, está na redução do número de semana que os filmes permanecem nos cinemas e na forma como a indústria cinematográfica e o consumo mudaram.

PRÓXIMO FILME SERÁ RODADO EM PARIS

“Dantes eu fazia um filme e estava nos cinemas de todo o país [Estados Unidos]. Agora você faz e dura duas semanas no cinema, talvez quatro ou seis, e aí o público já o tem nas plataformas de ‘streaming’ ou através de ‘pay-per-view’ [pagar para ver determinados conteúdos codificados]”, criticou Woody Allen.

Esta entrevista foi a primeira vez que o também autor de “A propos of Nothing” se ligou à rede social Instagram e a sua inexperiência foi notada com até três cortes de conexão ou ‘frames’ da câmara, em que a sua cara não podia ser vista na totalidade.

Além disso, durante a conversa também falou sobre o lançamento de “Zero Gravity”, um compêndio de contos em tom humorístico que vai publicar nos Estados Unidos em agosto.

“A diferença entre um conto e um romance longo é que um romance pode ser 10 vezes mais longo, mas 100 mais difícil”, argumentou sobre por que não considerou dar o passo para investir nesse género.

Woody Allen vai viajar em breve para Paris, onde ficará vários meses para rodar um filme que, embora não tenha título, será um drama misturado com humor negro nos moldes de outras suas películas, como “Match Point” (2005).

[Foto: Eric Gaillard/Reuters – fonte: http://www.expresso.pt]

En la voluminosa biografía del escritor estadounidense que llegó a las librerías argentinas, Blake Bailey, aborda cómo Roth luchó contra sus críticos, sus exesposas y contra varias enfermedades para dar testimonio de hasta qué punto la obra puede decir tanto más que una vida.

Escritor estadounidense Philip Roth 19332018

Escritor estadounidense Philip Roth (1933-2018)

Escrito por ANA CLARA PÉREZ COTTEN

La voluminosa biografía del escritor estadounidense Philip Roth (1933-2018) llegó a las librerías argentinas después de varias idas y vueltas en torno a su publicación, que incluyeron la retirada de la venta por acusaciones de acoso sexual contra su autor, Blake Bailey, quien en el libro de casi mil páginas aborda cómo el creador de « Pastoral americana » y « La conjura de América”, artífice de 31 libros aunque el Nobel le fue esquivo, luchó contra sus críticos, sus exesposas y contra varias enfermedades para dar testimonio de hasta qué punto la obra puede decir tanto más que una vida.

Con el valor documental de haber tenido acceso a fotos familiares, actas universitarias, contratos editoriales y cartas, la posibilidad de haber mantenido largas charlas con el autor y el análisis literario de una obra monumental, Bailey construye la biografía de Roth y cuenta desde su crianza en Weequahic, un barrio casi íntegramente judío de Newark, Nueva Jersey, durante los años 30 y 40, las aventuras con sus alumnas en la universidad de Iowa o Pennsylvania y/o su vínculo con la nueva camada de escritores como Nicole Klauss, Jonathan Lethem o Zadie Smith.

¿Qué tipo de decisión toma un escritor cuando elige, en el último tramo de su vida, a su biógrafo? “No quiero que rehabilite usted mi persona. Haga solo que resulte interesante”, le dijo Roth a su biógrafo, quien incluyó el pedido como primera línea del libro, en un intento de dejar en claro desde el comienzo qué tipo de indagación desplegó. La elección del biógrafo fue meditada por Roth como cualquiera de sus otras elecciones literarias. Bailey es autor de las biografías de Cheever, Richard Yates y Charles Jackson. Finalista del Pulitzer y beneficiado con la beca Guggenheim, cuenta con una nutrida estantería de reconocimientos: el premio de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, el National Book Critics Circle Award y el máximo galardón que otorga la Sociedad de Historiadores de su país.

A Roth le interesaba mucho el destino de su biografía. En 1988 publicó su primera memoria, “Los hechos”, y tres años más tarde, “Patrimonio”, el libro en el que retoma el final de su padre. Primero se la encomendó a su amigo Ross Miller, pero en 2006, en pleno trabajo, se pelearon y la empresa fracasó. Retomó el asunto en 2009, cuando anunció que se retiraba de la literatura con una cita del boxeador Joe Louis: “Hice lo mejor que pude con lo que tenía”. De Bailey le gustaba su trabajo con la vida de Cheever y le dio, además de libertad, acceso a sus archivos, sus contactos y a largas sesiones de conversación. “Roth sabía que una biografía sobre su figura sería inevitable, y que estaría repleta de detalles sobre su vida, muchas veces poco convencional, vida privada. Por lo tanto, estaba resignado. Lo que él buscaba, por encima de todo, era precisión y perspectiva—es decir, que su biógrafo pusiera el énfasis necesario en todos los aspectos de su vida y de su obra, cada uno en su justa medida”, contó Bailey sobre su rol y el texto que escribió. Y durante aquella gran empresa, su relación fue “a veces complicada pero raramente desdichada”.

Como si fuera una de esas licencias que a veces se toma la buena literatura, la biografía de Roth, autor de historias cargadas de sarcasmo, humor y melancolía en las que abordó con intensidad la sexualidad y la muerte, tuvo desde su lanzamiento un derrotero digno del mismo universo que construyó.

La carrera profesional de Bailey, llena de reconocimientos, tambaleó cuando horas después de que la biografía llegara a la lista de los libros más vendidos del New York Times: la editorial W. W. Norton & Company decidió detener la publicación, la distribución y la promoción del libro luego de que se multiplicaran las denuncias por acoso y abuso contra Bailey.

Roth public su primera memoria Los hechos en 1988

Roth publicó su primera memoria, “Los hechos”, en 1988.

Según las acusaciones, Bailey (Oklahoma, 1963), habría agredido sexualmente a dos mujeres y, además, se habría comportado de forma inadecuada con varias estudiantes de secundaria cuando era profesor de secundaria en 1990. En aquel momento, en un correo electrónico enviado a la agencia de noticias AFP, el biógrafo negó las acusaciones al considerarlas « categóricamente falsas y calumniosas ». Al mes, el libro fue publicado por la editorial Skyhorse, con experiencia en la publicación de obras de autores denostados, tal como lo hizo el año pasado con la edición de la autobiografía de Woody Allen, « A propósito de nada », que inicialmente iba a publicar el sello Hachette en Estados Unidos, aunque desistió luego de las acusaciones de abuso sexual. Un año después de aquella “cancelación”, Penguin Random House publica el libro en Argentina.

A finales de los noventa, cuando Roth terminó su “Trilogía americana” de novelas, los críticos se referían a los tomos como “Carta a Estocolmo”, en referencia a la ciudad donde todos los años se otorga el Nobel de Literatura, un premio que le era esquivo al que muchos consideraban el mejor escritor estadounidense. Pero la Academia se mantuvo en su decisión. Bailey cuenta como el octogenario escritor, ya en los últimos días de su vida, caminaba de forma rutinaria entre su departamento en el Upper West Side de Nueva York hasta el Museo de Historia Natural, y hacía paradas para descansar en todos los bancos que encontraba. Uno de ellos estaba en los jardines del museo al lado de una estatua de color rosa en la que figuraban los nombres de todos los estadounidenses que habían ganado el premio de la academia sueca. « En realidad, la estatua es bastante fea, ¿no te parece? », le dijo cierto día un amigo. « Sí —contestó Roth—, y se pone más fea cada año que pasa ». « ¿Para qué la ponen ahí. No tiene sentido », le respondió su amigo. « Para fastidiarme », se rió Roth quién, según su biógrafo, no haber ganado el Nobel le molestaba más de lo que admitía en público.

Según BaileyRoth -sí ganador de Pulitzer, el Booker, el Príncipe de Asturias y otros como el Faulkner, el Hemingway o el Nabokov– tenía su teoría sobre por qué aquella “Carta a Estocolmo” nunca llegaba alrededor de la publicación de dos obras: el andamiaje políticamente incorrecto de “El lamento de Portnoy” y “Adiós a una casa de muñecas”, el libro de memorias que escribió su segunda esposa, la actriz Claire Bloom, quien lo acusó de “misógino maquiavélico”. “La literatura no es un concurso de belleza moral”, le dijo el gran narrador estadounidense al periodista.

Bailey dedica largos tramos del libro a matizar aquella teoría que sostiene que la obra de Roth era autobiográfica y, con eje en “El lamento de Portnoy”, exhibe los tramos que el autor tomó de su vida y cómo los “camufló” y alteró con dinámicas exclusivamente literarias. Las novelas eran “generadas por la interacción entre mi historia de ficción anterior, mi historia personal reciente mal diferida, las circunstancias de mi vida inmediata y los libros que había estado leyendo y sobre los que había estado dando clase”, según Roth.

El biógrafo no ahorra detalles sobre los chismes del mundillo de la crítica ni se priva de contar cómo el autor buscó acercarse a Nicole Kidman y a Penélope Cruz, pero asume con responsabilidad la misión de dar cuenta de por qué Roth fue “el gran escritor norteamericano del siglo XX” y “uno de los últimos representantes de una generación de novelistas heroicamente ambiciosos que incluía a amigos y rivales ocasionales como John Updike, Don Delillo y William Styron”.

Entonces, Bailey aborda el realismo de sus primeras obras cuando se inspiraba en Henry James, Flaubert, el humor negro y la farsa descarada de Portnoy, la sátira de su mítico Nathan Zuckerman, la experimentación posmoderna “La contravida”’ y la magistral “Trilogía americana” que reúne “Pastoral americana”, “Me casé con un comunista » y “La mancha humana”, de quien el poeta Mark Strand dijo que enseña “la imagen más real que tenemos de la forma en que vivimos ahora”.

Roth murió el 22 de mayo de 2018 a los 85 años. Hacia el final del libro, Bailey reconstruye el funeral, el último lunes de mayo de aquel año, un Día de los Caídos, en el cementerio de Bard College, cerca de la tumba de Hannah Arendt. Allí los seres queridos del novelista leyeron pasajes de sus novelas. “Sí, estamos solos, profundamente solos, y siempre nos aguarda una capa de soledad todavía más profunda”, leyó un niño de un ejemplar de « Pastoral americana » para homenajear al gran escritor norteamericano.

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Né en 1941 dans une famille juive américaine, Paul Simon devient célèbre par son duo avec Arthur Garfunkel, un ami d’enfance. Sorti en 1986, inspiré de la musique sud-africaine (Jaiva) Graceland est le plus grand succès de la carrière solo de ce musicien, compositeur, producteur et arrangeur de musiques folk, rock, pop. Arte diffusera le 27 mai 2022 à 22 h 15 « Simon & Garfunkel – L’autre rêve américain » (Simon & Garfunkel: Traumwandler des Pop) de Jennifer Lebeau puis à 23 h 10 « Simon & Garfunkel – The Concert in Central Park » (Simon & Garfunkel: Konzert im Central Park 1981)  réalisé par Michael Lindsay-Hogg.  

Publié par Véronique Chemla

Né en 1941 dans une famille juive d’origine hongroise, Paul Simon devient célèbre dans les années 1960 par son duo avec Arthur Garfunkel, un ami d’enfance new-yorkaise.

Simon & Garfunkel
Les deux amis débutent dans un duo dénommé Tom and Jerry.

Avec talent et complémentarité, avec lyrisme ou simplicité, en mêlant gospel et musique andine, ils ont interprété la bande-son d’une génération.

Sounds of Silence (1966) – chanson interprétée durant la commémoration des attentats terroristes islamistes du 11 septembre 2001 -, Mrs Robinson (1967) – chanson de la bande originale de The Graduate de Mike Nichols -, Bridge over Troubled Water(1970), El Condor Pasa, Cecilia, TheBoxerBye Bye Love, Song for the Asking… demeurent à la fois caractéristiques des Sixties et des standards.

La décennie suivante marque la rupture du groupe vocal, qui se reforme en 1981 pour le célèbre concert à Central Park pour une tournée aux États-Unis en 2003, puis en Amérique et en Europe (2004) et en Asie.

Paul Simon poursuit sa carrière de musicien, à peine interrompue par son apparition dans Annie Hall de Woody Allen en 1977.

En 1986, sort Graceland, le plus grand succès, public et critique, de Paul Simon. Un album qui mêle des styles musicaux divers – pop, a cappella, isicathamiya, rock, zydeco et mbaqanga -, et dont l’un des plus célèbres titres est You Can Call Me Al.

Paul Simon est l’un des rares artistes, avec les Bee Gees, titulaires du copyright sur ses enregistrements.

Couronné d’un Grammy Lifetime Achievement Award, Paul Simon  a remporté douze Grammy Awards, dont trois dans la catégorie Album de l’Année, grâce à « Bridge Over Troubled Water » (1970) – intronisé en 1998 au Grammy Hall of Fame -, « Still Crazy After All These Years » (1976) et « Graceland » (1986).

Membre du Songwriters Hall of Fame, Paul Simon a été récompensé par le Johnny Mercer Award et « a été intronisé au Rock n’ Roll Hall of Fame à deux reprises, en tant que membre de Simon and Garfunkel et en tant qu’artiste solo ». « Mrs. Robinson » figure dans le Top 10 des plus grandes chansons du cinéma par l’American Film Institute. Paul Simon a également été honoré par le Kennedy Center en 2003 et a figuré dans la liste de Time Magazine des « 100 personnes les plus influentes qui façonnent notre monde » en 2006. En 2007, il « a été lauréat du premier Prix Gershwin pour la chanson populaire décerné par la Bibliothèque du Congrès américain. Ce nouveau prix, qui porte le nom des légendaires frères Gershwin, George et Ira, et rend hommage à l’impact profond et positif de la musique populaire dans la culture, est octroyé tous les ans à un compositeur ou un interprète pour l’ensemble de son œuvre ».

Les concerts dont Mr Simon est le plus fier ? Ses deux concerts au Central Park de New-York avec Art Garfunkel en 1981 et en tant qu’artiste solo en 1991, et sa série de spectacles à l’invitation de Nelson Mandela en Afrique du Sud – le premier artiste américain à jouer en Afrique du Sud après la fin de l’apartheid.

En 1998, sa « prestation sur le terrain du Yankee Stadium pour la célébration du monument en l’honneur de Joe DiMaggio (illustre jouer de football américain) est un précieux souvenir pour le très grand fan de Yankee qu’il est », comme son père.

Paul Simon est également le cofondateur du Children’s Health Fund (Fonds pour la santé des enfants) avec le Dr Irwin Redlener. CHF « offre des dons et des unités mobiles de personnel médical qui apportent des soins aux enfants pauvres et nécessiteux dans les régions urbaines et rurales à travers les États-Unis. Depuis sa création en 1986, il a fourni plus de 2 millions médecin / patient visites. Dans le sillage des ouragans Andrew et Katrina, il a été la source de soins de santé primaires pour les communautés décimées par les tempêtes. M. Simon a également soulevé des millions de dollars pour de bonnes causes aussi variées que l’AMfAR, The Nature Conservancy, The le Fonds pour les enfants emprisonnés en Afrique du Sud et Autism Speaks and The Joe Torre Safe at Home Foundation ».

Sur le site d’Arte

Arte diffusa le 24 juillet 2020 « Simon & Garfunkel – L’autre rêve américain » (Simon & Garfunkel: Traumwandler des Pop ; Simon and Garfunkel: The Harmony Game) de Jennifer Lebeau.

« Un demi-siècle après son enregistrement en 1970, ce documentaire captivant retrace l’histoire de « Bridge Over Troubled Water », l’ultime album, devenu culte, du duo formé par Paul Simon et Art Garfunkel. »

« Après avoir livré, en temps réel, la bande-son des incertaines années 1960, Simon & Garfunkel sortent en 1970 leur chef-d’œuvre, Bridge Over Troubled Water. L’album devient instantanément culte, notamment grâce à son titre éponyme, composé comme « un hymne sans prétention » par Paul Simon. Chanson la plus écoutée de l’année 1970 aux États-Unis, elle sera reprise par plus d’une cinquantaine d’artistes, dont Elvis Presley et Willy Nelson. »

« Cinquante ans plus tard, Jennifer Lebeau plonge dans les coulisses de l’ultime opus des deux musiciens du Queens, considéré comme leur plus réussi et entré dans la mythologie du rock’n’roll. Paul Simon et Art Garfunkel reviennent sur cette extraordinaire période créative de leur carrière, appuyés par des images d’archives inédites et de nombreuses anecdotes des producteurs et artistes qui ont gravité autour de leur duo. On y entend aussi, toujours avec le même plaisir, les tubes « Cecilia », « El condor pasa », « Bye Bye Love », « The Boxer » et « Mrs. Robinson », sans oublier, bien sûr, « Bridge Over Troubled Water », véritable hymne symphonique à l’entraide qui a marqué toute une génération, composé en quelques minutes seulement par un Paul Simon qui baignait alors dans le gospel. »

Arte diffusa le 24 juillet 2020 « Simon & Garfunkel – The Concert in Central Park » (Simon & Garfunkel: Konzert im Central Park 1981)  réalisé par Michael Lindsay-Hogg. « En 1981, après onze ans de séparation, Simon & Garfunkel se retrouvent le temps d’un gigantesque concert de bienfaisance à Central Park. Un morceau d’anthologie. À l’origine, Paul Simon devait fouler seul la scène. Ce concert gratuit, destiné à sensibiliser le public sur l’état dégradé du parc new-yorkais, s’est finalement transformé en retrouvailles mythiques. »

« Le 19 septembre 1981, une foule compacte de plus de 500 000 personnes assiste ainsi à la prestation pleine d’émotion du duo, reformé pour l’occasion sur le Great Lawn de Central Park. Onze ans après leur rupture, Paul Simon et Art Garfunkel, en osmose, y interprètent leurs plus grands succès (« Mrs. Robinson », « America », « Bridge Over Troubled Water », « The Boxer », « The Sound of Silence »…), ainsi que des morceaux issus de leur répertoire personnel, spécialement réarrangés pour l’occasion et joués avec un groupe de onze musiciens ».

« Sublimée par leur voix douce et pure, leur jeu détendu et parfaitement synchronisé, cette performance a donné lieu à un album lui aussi mythique, et a scellé à jamais l’histoire d’amour entre les deux gamins du Queens, devenus stars internationales du folk rock, et la ville de leur enfance. »

« Personne ne bouge ! Simon & Garfunkel » (Abgedreht! Simon & Garfunkela été rediffusé par Arte. « Avec leurs voix d’anges et leur folk sous anxiolytique, Paul Simon (le petit brun trapu) et Art Garfunkel (le grand blond filiforme) ont envoûté l’Amérique psychotique et psychédélique des sixties. De 1965 à 1970, le duo le plus dépareillé de la planète rock signe cinq albums devenus cultes, dont Sounds of Silence et Bridge over Troubled Water. Retour sur cette success story à guitares, avec un passage obligé par « Mrs. Robinson », chanson iconique du Lauréat de Mike Nichols, un gros plan sur la carrière solo de Paul Simon, amorcée en 1972, et une perle rare : en 1980, à la télé canadienne, Art Garfunkel est venu tout seul et raconte ses souvenirs d’enfance. Il a 39 ans et raconte ses souvenirs d’enfance. Pleins feux sur un duo folk aussi dissemblable que merveilleusement accordé, avec un passage obligé par « Mrs. Robinson », chanson iconique du « Lauréat », un gros plan sur la carrière solo de Paul Simon, amorcée en 1972″.

« Personne Ne Bouge ! Art Garfunkel se souvient… » (Abgedreht! Rare Perle: Art Garfunkel). « Nous sommes en 1980, Art Garfunkel est en solo sur le plateau de la télé canadienne. Il a 39 ans et évoque ses souvenirs d’enfance, ses promenades d’enfant chantant, son goût pour les statistiques, et dévoile le nom de groupe que Paul Simon devaient porter ».

« Abgedreht! « Die Reifeprüfung » von Mike Nichols – Ikone » (Personne Ne Bouge ! « Le Lauréat » de Mike Nichols – Icônea été disponible juqu’au 30 juin 2018. « En 1967, dans « Le Lauréat » de Mike Nichols, Dustin Hoffman explose dans le rôle d’un jeune homme paumé qui entame par désœuvrement une liaison avec une femme de l’âge de sa mère, la fameuse Mrs Robinson, qui aura même droit à sa chanson iconique. Comment les chansons de Simon et Garfunkel se sont-elles retrouvées dans ce film ? Marie Sauvion nous raconte tout. »

Graceland
« Retour avec Paul Simon  en Afrique du Sud sur les traces de son album « Graceland », qui avait suscité en 1986, en plein apartheid, une polémique désormais oubliée ».

Réalisé en 1986 avec des artistes sud-africains – le groupe Ladysmith Black Mambazo, Ray Phiri (guitare), Bakithi Kumalo (basse) et Isaac Mtshali (batterie) – et enregistré en partie à Johannesburg, « à une époque où le boycott de l’apartheid interdisait ce genre de collaboration, Graceland, neuvième album solo de Paul Simon, est aujourd’hui considéré comme le premier opus de la world music ». Paul Simon était « conscient des problèmes politiques en Afrique du Sud« . Harry Belafonte l’invite à contacter « l’ANC, et lui propose d’en rencontrer les dirigeants ». Mais Paul Simon croyait en la liberté de la musique.

« J’étais intimidé et fasciné à l’idée de partir en Afrique du Sud. J’ai été frappé par les très vives tensions raciales. Mandela était toujours en prison« , se souvient Paul Simon. Pour des artistes Noirs sud-africains, malgré les boycotts adoptés par les instances onusiennes, enregistrer avec un artiste américain célèbre constituait une chance à saisir pour faire connaitre leur musique, leurs parties chantées mêlant de petits cris. Et l’occasion d’apprendre lors des « ambiances incroyables », « séances géniales » en studios d’enregistrements. La distance a aussi contribué à la liberté de Paul Simon, loin des demandes stressantes de sa société discographique. Tenté d’écrire une chanson politique, Paul Simon se rend compte que ses collègues sud-africains chantent sur des « filles qui portaient des jupes ». A la différence de Peter Gabriel, il choisit des airs de musique pop pour des thèmes non politiques.

Loué par la critique et vendu à 14 millions d’exemplaires dans le monde, distingué par un Grammy Award en 1987, Graceland « avait été la cible d’une intense polémique, le chanteur s’étant vu accusé de servir de caution au régime blanc de Pretoria », pour avoir enfreint le boycott culturel de l’Afrique du sud. L’ANC a reproché à Paul Simon de ne pas lui avoir demandé l’autorisation avant d’enregistrer son disque. Une attitude liberticide qui suscite l’indignation de l’artiste américain.

Une tournée est envisagée avec Miriam Makeba, chanteuse africaine la plus célèbre et en exil. Sur scène : Blancs et Noirs chantent. Une « manière de dire au public quelles étaient ses convictions profondes« , explique Harry Belafonte. En Europe, des alertes à la bombe empêchent certains concerts. Des manifestations anti-apartheid se tenaient à Londres devant la salle de spectacles. Un « univers magique » est révélé au public. Graceland a « permis cette prise de conscience« , reconnait Paul Simon. À la demande de Nelson Mandela, l’ANC finit par inviter Paul Simon à se produire en Afrique du sud.

« L’immense succès remporté par cette fusion inédite de styles et de langues, amplifié ensuite par une tournée qui s’étalera sur cinq ans, ainsi que la visibilité offerte à des musiciens sud-africains alors ostracisés dans leur propre pays ont fait oublier depuis la controverse ».

« En marge d’un mémorable concert d’anniversaire organisé en Afrique du Sud, avec Paul Simon et ses complices d’alors, ce documentaire revient avec eux vingt-cinq ans après sur l’album et sa genèse. En compagnie d’anciens activistes anti-apartheid et de figures comme Quincy Jones, Paul McCartney, David Byrne, Peter Gabriel, Whoopi Goldberg, Oprah Winfrey ou Harry Belafonte, ce passionnant voyage aux sources de la musique interroge aussi le rôle de l’artiste et l’évolution du monde depuis un quart de siècle ».

Le 14 novembre 2016, Paul Simon a donné un concert à Paris.

Paul Simon: Words & Music

Skirball Cultural Center présente l’exposition Paul Simon: Words & Music. « Reimagined and expanded by the Skirball, the exhibition explores Paul Simon’s creative process and indelible mark on the nation and the world ».
« Making its only West Coast stop at the Skirball, Paul Simon: Words & Music—a traveling exhibition organized by the Rock and Roll Hall of Fame and Museum—illustrates how the legendary artist’s music has reflected social and cultural ideals. Based on exclusive interviews with the artist, the show walks visitors through Paul Simon’s life and music and illuminates his creative process. On view are instruments, records, sheet music, handwritten lyrics, photography, costumes, and stage maquettes, as well as listening stations and performance footage spanning Simon’s six-decade career. Exclusively for the Los Angeles presentation, Paul Simon: Words & Music includes additional artifacts from Simon’s private archive and a newly created music lab developed by the Skirball in cooperation with Roland Corporation. Developed upon exclusive interviews with the artist, the show traces Simon’s life and career and illuminates his creative process ».
« Exclusively for the Los Angeles presentation, Paul Simon: Words & Music will include many additional artifacts from Simon’s private archive and a newly created music lab developed by the Skirball in cooperation with Roland Corporation U.S. The exhibition opens at the Skirball on April 27 and runs through September 3, 2017″.
“Through his extraordinary storytelling and trailblazing exploration of sounds, Paul Simon has captured the spirit of our nation and our times, from disillusionment and fear to hope and compassion,” remarked Robert Kirschner, Skirball Museum Director. “Our presentation of Paul Simon: Words & Music invites one and all to celebrate the life and legacy of this prolific artist, whose irresistible songwriting and landmark collaborations with artists around the world have built bridges of understanding and opened minds and hearts.”
« Born October 13, 1941, in Newark, New Jersey, Paul Simon rose to become one of the most influential and successful musicians of the past fifty years. Simon’s fame and commercial success began as part of the duo Simon & Garfunkel, formed in 1964 with musical partner Art Garfunkel ».

« When the duo parted ways in 1970, Simon launched a successful solo career, recording three highly acclaimed albums over the next five years and solidifying his status as one of the great American composers of the twentieth century. In the decades since, Simon has created beautifully crafted music that draws on diverse American musical genres as well as African American, Latin, South African, and West African sounds—notably on his 1986 landmark album, Graceland. Simon’s wide-ranging body of work is equally beloved for its musical vocabulary—style, rhythm, and instrumentation—and its compelling and poetic lyrics ».

« Paul Simon (b. 1941) has spent his life making music. From his first compositions as a teen and his celebrated work in Simon & Garfunkel to his transformative collaborations with world musicians up to and including his current work, Simon’s evolution has been grounded in a lifelong quest to find the words, music, and rhythms that connect most deeply with listeners. Through his songs, he has captured the story of generations and the mood of the nation, from disillusionment and fear to hope and compassion. As the exhibition reveals, he stands as a sterling example of the power of music to reflect social and cultural ideals and to communicate them to the rest of the world ».

« In choosing Simon among its “Greatest Songwriters of All Time,” Rolling Stone hailed, “If Paul Simon’s career had ended with the breakup of Simon & Garfunkel in 1970, he would still have produced some of the most beloved songs ever. … But Simon was just getting started. The quintessential New York singer-songwriter, he switches between styles effortlessly with as much attention to rhythm as melody, a rare quality among artists who came of age in the folk era. Over the decades, his music has incorporated Tin Pan Alley tunecraft, global textures, gentle acoustic reveries, gospel, R&B and electronic music, all without diluting his core appeal as an easeful chronicler of everyday alienation.”“It’s absolutely true that music brings people together in a way that they can’t find in any other form. It’s nonverbal, and it goes to something that’s deeply ingrained in our DNA. It’s a really powerful force.”—Paul Simon

« Simon has earned sixteen Grammys for his solo and collaborative work—three of which were for Album of the Year (Bridge Over Troubled Water, Still Crazy After All These Years, and Graceland)—as well as a Lifetime Achievement Award. He is one of a small group of two-time inductees into the Rock and Roll Hall of Fame: he was inducted in 1990 with Art Garfunkel and again in 2001 as a solo artist. In 2002, Simon was a recipient of the Kennedy Center Honors. In 2006, he was among the “TIME 100,” TIME magazine’s prestigious annual list of the “100 men and women whose power, talent, or moral example is transforming our world.” In 2011, Rolling Stone magazine named Simon one of the “100 Greatest Guitarists,” then named him one of the “100 Greatest Songwriters of All Time” in 2015. Simon was the first recipient of the Library of Congress’s Gershwin Prize for Popular Song in 2007″.
« Paul Simon: Words & Music at the Skirball Cultural Center is organized chronologically, with themed sections that cover Simon’s early years and Simon & Garfunkel period, his acclaimed solo work since 1971, and his songwriting process ».
« In the newly developed music lab, created exclusively by Roland Corporation U.S. for the Skirball, visitors will experience Simon’s recordings firsthand through various interactives. Music fans will be invited to keep the beat to “Cecilia” in a communal drum circle, manipulate tracks for “Me and Julio Down by the Schoolyard” and “Wristband” using mixing equipment, and more ».
« The Skirball’s presentation of Paul Simon: Words & Music expands on the original exhibition and includes many never-before-exhibited or rarely exhibited items from Simon’s own archives. Highlights include:
• Handwritten manuscript lyrics and lyric developments for “Mother and Child Reunion,” “American Tune,” “50 Ways to Leave Your Lover,” and “Diamonds on the Soles of Her Shoes,” « The Boxer » scrawled on an in-flight magazine, an early draft of « Mrs. Robinson » on an envelope, and the first-ever display of « Hearts and Bones. »
• Music sheets for “Bridge Over Troubled Water,” incorrectly titled « Like a Pitcher of Water » by arranger Ernie Freeman.
• Original pressings of 45 RPM singles of « America » and “El Condor Pasa.”
• Fan letters written to Simon after the 1969 television special « Songs of America. »
• Never-before-displayed photographs of Simon from his personal archives.
• Hand-colored photograph by Edie Baskin of Simon in the famous Saturday Night Live turkey outfit.
• Simon’s Kennedy Center Honors medal.
• Simon’s Library of Congress Gershwin Prize for Popular Song, of which Simon was the very first recipient.
• « We are the World » sheet music signed by the artists.
The exhibition also includes popular items displayed in the original Rock and Roll Hall of Fame and Museum exhibition, including:
• Stage maquette from Simon & Garfunkel’s famed concert in Central Park.
• Yamaha acoustic guitar used during the recording of Graceland.
• Simon’s very first guitar, given to him on his thirteenth birthday by his father and used during his early musical career.
• First recording contract with Big Records signed by Simon’s parents
• Simon’s copy of the rare LP of Simon & Garfunkel’s first album (when they were known as Tom & Jerry), Hey Schoolgirl, whose title track represented their first hit.
• Simon’s Saturday Night Live « Five-Timers Club » jacket.
• Several of Simon’s Grammy Awards.
• Media stations where visitors can watch interviews with the artist conducted specially for the exhibition, concert footage, and clips from Simon’s Saturday Night Live appearances ».
« Related Film Screening and Rare Evening Gallery Hours
On Friday, May 12, at 8:00 p.m., the Skirball presents a screening of the Emmy-nominated documentary Under African Skies, which traces the turbulent origins and lasting impact of Paul Simon’s landmark album Graceland. Prior to the screening, the public is welcome to enjoy rare evening Museum hours and gain free admission to Paul Simon: Words & Music. The exhibition will be open from 6:00 p.m. through 10:00 p.m. Reservations for the late-night event and ticket sales for the film screening will open in mid-April on skirball.org ».
« PAUL SIMON: WORDS & MUSICWAS CURATED BY THE ROCK AND ROLL HALL OF FAME AND MUSEUM, CLEVELAND, OHIO.
THE EXHIBITION AND ITS RELATED EDUCATIONAL PROGRAMS AT THE SKIRBALL CULTURAL CENTER ARE MADE POSSIBLE IN PART BY SUPPORT FROM THE FOLLOWING DONORS:
The Material World Foundation
Steve Tisch
ALONG WITH GENEROUS SUPPORT FROM THE FOLLOWING DONORS:
Sandy and Hank Abouaf
Bloomberg Philanthropies
Stephanie and Harold Bronson
Concord Music Group
Fischer Family Foundation
Shari and Richard Foos
Gang, Tyre, Ramer & Brown Charitable Foundation
David Geffen Foundation
Hillside Memorial Park and Mortuary
Karsh Family Foundation
Linda and Michael Keston
Suzanne and Dave Larky
Live Nation
Monterey International Pop Festival Foundation
Rock-It Cargo
Roland Corporation U.S.
Skirball Volunteer Service Council
Sony Music’s Legacy Recordings
Tiebreaker Productions/Forest Hills Stadium
MEDIA SUPPORT PROVIDED BY:
Los Angeles magazine
LA Weekly
About the Skirball

The Skirball Cultural Center is a place of meeting guided by the Jewish tradition of welcoming the stranger and inspired by the American democratic ideals of freedom and equality. We welcome people of all communities and generations to participate in cultural experiences that celebrate discovery and hope, foster human connections, and call upon us to help build a more just society ».

 
« Simon & Garfunkel – L’autre rêve américain » de Jennifer Lebeau
États-Unis, SME Production, 2011, 53 min
Sur Arte les 24 juillet 2020 à 22 h 25, 25 juillet 2020 à 5 h 40, 2 août 2020 à 0 h 25 et 8 août 2020 à 7 h 45, 27 mai 2022 à 22 h 15, 30 mai 2022 à 2 h 45, 3 juillet 2022 à 16 h 25

Disponible du 17/07/2020 au 21/10/2020
Disponible du 20/05/2022 au 24/08/2022
Visuel : © Whight Light TV

« Simon & Garfunkel – The Concert in Central Park« de Michael Lindsay-Hogg
États-Unis, Peregrine Productions, Above Average Productions, 1982, 87 min
Sur Arte les 24 juillet 2020 à 23 h 20 et 1er septembre 2020 à 5 h, 27 mai 2022 à 23 h 10, 13 juin 2022 à 5 h, 22 juin 2022 à 5 h
Disponible du 17/07/2020 au 21/10/2020

Disponible du 20/05/2022 au 24/08/2022
Visuels : 
Simon & Garfunkel: Konzert im Central Park 1981
© White Light Int. Media Ltd

« Personne Ne Bouge ! Art Garfunkel se souvient… » 
France, 2017, 36 min.
Sur Arte le 30 décembre 2018 à 5 h, disponible jusqu’au 30 juin 2018.

(Personne Ne Bouge ! « Le Lauréat » de Mike Nichols – Icône
Sur Arte disponible juqu’au 30 juin 2018.

Du 27 avril au 3 septembre 2017
À The Skirball Cultural Center
2701 N. Sepulveda Blvd. Los Angeles, CA 90049
Tel. : (310) 440-4500
Du mardi au vendredi de 12 h à 17 h. Vendredi de 12 h à 17 h, samedi et dimanche de 10 h à 17 h

 

Paul Simon « Graceland » – Retour aux sources africaines, par Joe Berlinger
2011, 83 min
Sur Arte les 27 février à 22 h 35 et 2 avril 2016 à 1 h 05, 10 juin 2018 à 5 h 50, 30 décembre 2018 à 5 h.
Visuels :
Paul Simon backstage at the Philharmonic Hall, Lincoln Center, New York, 1967. Photograph by Don Hunstein. Courtesy of Sony Music Entertainment.
Paul Simon, New York, 1975. Photograph by Edie Baskin
Paul Simon at the Concert in Central Park, 1991. Photograph by Nick Elgar. Courtesy of Paul Simon Archive
Paul Simon’s first acoustic guitar, made by Stadium. Collection of Paul Simon
“Mrs. Robinson” early lyric development, c. 1967, New York, New York. Collection of Paul Simon.
“50 Ways to Leave Your Lover” lyrics manuscript, 1975, New York, New York. Collection of Paul Simon.
Paul Simon’s Grammy Award, for Album of the Year, 1975: Still Crazy After All These Years. Collection of Paul Simon
“The Boxer” early lyric development, handwritten by Paul Simon on United Airlines Mainliner Magazine, Volume 12, N0.11, November 1968. The lyrics are written on an article by Richard H. Gratiot entitled « Davi Jones and the Crowd.” Collection of Paul Simon.
Paul Simon notepad featuring handwritten lyric development for « Graceland », with cover page dated 3/30/85. Collection of Paul Simon.
Gershwin Prize for Popular Song awarded to Paul Simon, 2007, Washington, DC. Collection of Paul Simon.
Paul Simon, 2000. Photo by Lynne Goldsmith. Courtesy of Paul Simon Archive.
Gershwin Prize for Popular Song awarded to Paul Simon, 2007, Washington, DC. Collection of Paul Simon.
Paul Simon’s first acoustic guitar, made by Stadium. Collection of Paul Simon.
Paul Simon with Ladysmith Black Mambazo during the Graceland tour (left to right: Joseph Shabalala, Miriam Makeba, Okyerema Asante, Paul Simon, and Ray Phiri), Zimbabwe, 1987. Photograph by Luise Gubb. Courtesy of Paul Simon Archive.
Paul Simon, 2000. Photo by Lynne Goldsmith. Courtesy of Paul Simon Archive.

 

Les citations proviennent d’Arte et du site de Paul Simon.
 
Cet article a été publié le  27 février puis les 16 novembre 2016, 1er mai et 2 septembre 2017, 10 juin et 28 décembre 2018, 23 juillet 2020.
[Source : http://www.veroniquechemla.info]

O alcoholismo e as depresións marcaron a vida do protagonista de «Lume no corpo»

Hurt en una imagen del 2014

Hurt nunha imaxe do 2014, de CARLO ALLEGRI | REUTERS

William Hurt reinou nos 80 e 90. Foi algo así como un sex symbol intelectual, un actor superdotado cun ollo incrible para elixir proxectos que bordaba, personaxes intensos e ao mesmo tempo arrebataba a un público feminino que quedaba obnubilado polo seu apostura. Algúns xa se fixaron nel en «Viaxe alucinante ao fondo da mente» (1980), pero as portadas chegaron un ano máis tarde con «Lume no corpo», de Lawrence Kasdan, onde encarnaba a un avogado sureño, un pelele en mans da femme fatale que bordaba Kathleen Turner. Os seus corpos suorentos tras facer o amor permanecen como unha dos cumes do erotismo nos 80.

Hurt faleceu este domingo aos 71 anos por causas naturais segundo a súa familia. «Con gran tristeza, lamentamos o falecemento de William Hurt, amado pai e actor gañador do Óscar, unha semana antes de cumprir 72 anos. Morreu en paz, xunto á súa familia, por causas naturais. A familia solicita privacidade neste momento», dixo o fillo do actor, Will, nun comunicado difundido por Deadline. Este medio aseguro que en 2018 o actor revelou que lle diagnosticaron un cancro de próstata terminal que se estendeu ata os ósos. Aínda que nunca deixou de traballar e nos últimos anos envorcouse na televisión, a súa filmografía non volveu encadear tantos pelotazos como ao comezo da súa carreira. Kasdan quíxolle de novo en «Reencontro», un influente drama xeracional onde era o rarito do grupo de amigos que volvía verse para sacarse as miserias e experimentar unha catarse. Nomeado en catro ocasiones ao Óscar, obtívoo en 1985 por «O bico da muller araña», na que o arxentino Héctor Babenco regaloulle unha papeleta escrita por Manuel Puig, un homosexual encarcerado nunha prisión suramericano xunto a un revolucionario. O logopeda namorado da súa alumna xorda en «Fillos dun deus menor» e o xornalista televisivo de «Ao fío da noticia» foron tamén personaxes popularísimos de Hurt, que en 1998 abordou o seu personaxe máis memorable: o escritor de guías de viaxe devastado pola morte do seu fillo e o desmoroamento do seu matrimonio en «O turista accidental», de novo ás ordes de Kasdan.

Catro fillo de tres mulleres

Fillo de dous funcionarios, William Hurt naceu en Washington en 1950 e estudou interpretación na prestixiosa Juilliard School. Antes de chegar a Hollywood labrouse un nome en producións teatrais rexionais e do Off-Broadway. Traballou con Woody Allen en «Alice», con Wim Wenders en «Ata o fin do mundo», con Spielberg en «A.I. Intelixencia Artificial» e con Wayne Wang e Paul Auster na marabillosa «Smoke». As novas xeracións coñécenlle como o xeneral Thaddeus Ross de «O incrible Hulk», papel que retomou noutros títulos da saga «Vengadores».

A intensidade de moitos dos seus papeis extraíaa da súa propia personalidade. O alcoholismo e as depresións marcaron a existencia dunha estrela que se divorciou en dúas ocasións e tiña catro fillos de tres mulleres diferentes. Pasou polos tribunais nalgunha das súas relacións e a actriz Marlee Matlin acusoulle de ter abusado de ela, mentres a actriz loitaba coa súa propia adicción á cocaína. Alérxico ás entrevistas e ao glamour de Hollywood, o actor vivía en Oregón xunto a dous dos seus fillos.

 

[Imaxe: CARLO ALLEGRI | REUTERS – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Gabriel Rodríguez Liceaga escribe sobre su experiencia como espectador del cine de Woody Allen, incluyendo la reciente ‘Rifkin’s Festival’

Gina Gershon y Wallace Shawn en ‘Rifkin’s Festival’ (2000), de Woody Allen

Escrito por Gabriel Rodríguez Liceaga

La primera película de Woody Allen que vi en mi vida fue Los enredos de Harry (1997). Yo trabajaba en Blockbuster (así de noventero puedo llegar a ser) y parte de mi salario consistía en poder rentar cinco pelis gratis por semana. Es importante mencionar que no existía Netflix. Allen estaba en la sección de Cine de Arte. Me pareció impresionante. La escena en la que todos los personajes se reúnen para aplaudirle a su escritor-creador me dejó muy entusiasmado. Vi todas las cintas de Allen que teníamos en esa sucursal e incluso pagué por ver las que tenían en otros clubes de videorrenta. Años después acudí a la digna piratería de DVDs en bolsas de plástico y fotocopias de portada afuera de la Cineteca o en Metro Pino Suárez.

Recuerdo cuando fui a ver Pícaros ladrones (2000) al ahora extinto Cinemex WTC. Solo estábamos un señor y yo, además de sus nietos, que meneaban la pantalla sobre la que se proyectaba la peli, gritando y corriendo durante toda la función. Esta anécdota me encanta porque ilustra cómo nadie veía el cine de Woody Allen en aquel entonces. Había una opinión unánime de que todas sus películas son iguales y nomás se la pasa burlándose de los judíos. Allen es un director que siempre ha provocado repelús. Se decía, en aquellos tiempos también, que los gringos lo odian pero a los franceses les encanta y por eso sigue haciendo pelis.

Muchos años después me di cuenta de que Los enredos de Harry no era sino un homenaje o fusil o copia de Fresas salvajes. Digámoslo mejor: una versión allenesca. Lo mismo me pasó con El gran amante (1999) y La strada, con Días de radio (1987) y Amarcord, con Comedia sexual de una noche de verano y… vaya, todo el cine de Woody Allen padece del mal de los gringos: apoderarse de la belleza mundial adaptándola a sus fines y cuentas bancarias. Esta circunstancia no medró mi cariño por el director neoyorquino. Por el contrario, siempre he pensado que su cine lleva tácitamente al descubrimiento de otros cineastas. Allen arroja su ancla y uno acaba viendo a Bergman, a Fellini, a los dulces franceses, a Hitchcock. El cine de Allen se divide en perfectas etapas. La fama mediática que consiguió a inicios de siglo con La provocación (2005) y Vicky Cristina Barcelona (2008) se vio opacada por los escándalos y juicios respecto a su vida personal. No es el tema de este texto.

Hay en cartelera ahora mismo una película nueva de Woody Allen. Juro que no lo sabía. Me tomó por sorpresa. Han sido años duros de gitana pandemia y el regreso a ver cine en las salas está entre lo insensato y lo necio. Rifkin’s Festival (2020) es una película horrenda, aburrida y caduca. Da la sensación de que hubiera sido mejor no filmarla, de que es una película de despedida, pero ¿de qué? (Toda creación artística es de por sí un ¡áhi nos vidrios!) Los recursos, la comedia, los personajes… todo en esta película es tan soso como el bobo segundo título que le pusieron para su distribución en México (Un romance equivocado, en el lugar adecuado).

El problema con Rifkin’s Festival es que Woody Allen filma parodias de películas que lleva años robando o versionando o imitando u homenajeando. Que cada quién se haga bolas. Recrea escenas inmortales de , de El séptimo sello y de Persona, pero de la forma más chafa y manipulada. Mete a los personajes de su película inerme en fragmentos sólidos de Historia del Cine. Lo repito: Allen lleva años imitando a grandes cineastas, y en esta última película de plano filmó pastiches del cine que lo formó como creador. Agh. Hay en esto una altísima traición, un chiste que posiblemente se veía bien en el guion e hizo reír a los productores. Yo, que crecí aceptando el cine de Allen, quedé petrificado.

Allen ya no es Allen, o precisamente el problema es que siga siéndolo. El día que no lo dejen filmar una película se nos muere. Ya es insostenible la idea de hacer una al año. Qué héroe, por lo demás. (Pese a todo, en esta última etapa ha entregado tres obras maestras: El hombre irracional [2015], Los inquebrantables [2007] y la primorosa La rueda de la maravilla [2017].) El cine de Woody Allen me reconfortó durante muchas etapas de mi vida. Muchas. Estoy convencido de que generaciones de seres humanos que aún no tienen rostro ni ojos ni cerebro lo descubrirán en un futuro y no podrán sino asombrarse, ver las cintas con una sonrisa (aún inexistente). La rosa púrpura del Cairo (1985), Zelig (1983), Poderosa Afrodita (1995), Balas sobre Broadway (1994). Cine hermoso, divertido y que hace feliz.

 

[Fuente: http://www.latempestad.mx]

Sobre los artistas hay un foco y una lupa: hoy se estudian sus trayectorias de manera exhaustiva, en busca de episodios escandalosos, condenables y feos

Escrito por Javier Marías

LA OBRA DE Baretti, de cuyo crimen hablé la semana pasada, no es la de un grande de la literatura, y su nombre sólo aparece en los diccionarios italianos e ingleses. Pero el hecho de que matara a un hombre no ha impedido a nadie acercarse a su Viaje de Londres a Génova y disfrutarlo, desde 1770. Otro tanto sucede con los cuadros de Caravaggio o las esculturas de Cellini, quienes también se llevaron por delante a algún individuo. Se lee Vida de este capitán, de Alonso de Contreras, y eso que ahí él mismo relata su historia desaforada, con unos cuantos homicidios, el primero cometido a los once años, si mal no recuerdo. Claro que él no era un literato, sino un soldado que dio cuenta de sus andanzas por escrito. Christopher Marlowe, el coetáneo de Shakespeare y de casi igual talento, fue violento y delictivo hasta que lo acuchillaron a los veintinueve de edad. Sería penoso que, en función de su turbia biografía, sus extraordinarios dramas fueran proscritos, incluidos Tamerlán el Grande y Doctor Fausto. De todos estos fantasmas hace ya mucho tiempo.

A menudo se dice —una vieja superstición— que los artistas tienen un lado oscuro, y se los pinta como a seres más bien desagradables o pesadísimos: atormentados, iracundos, histéricos, engreídos, despóticos, abusivos. Se les suele achacar una vanidad excesiva que a veces los lleva a creerse por encima de las leyes y de las demás personas, y a permitirse actitudes y acciones que a cualquier otro se le reprobarían. Yo creo que los artistas no se diferencian apenas del resto, de los funcionarios, los zapateros y los relojeros, los profesores, los jueces y los médicos. El problema es que sobre ellos hay un foco y una lupa: hoy se estudian sus trayectorias de manera exhaustiva, por lo general en busca de aspectos y episodios escandalosos, condenables y feos. Y cuando se rasca se descubre, desde luego, porque no ha habido mujer ni hombre que hayan pasado por el mundo sin tacha, sin incurrir en alguna indignidad o bajeza a lo largo de sus días. Lo mismo el escritor que el zapatero, el pintor que el relojero, el juez que el músico. La cuestión es que nadie se dedica a indagar en la vida de un juez o un relojero. Durante siglos los artistas eran en realidad artesanos, cuando no menestrales, y hasta sus nombres eran desconocidos, no digamos sus actos. Plantearse, como pasa ahora, si debemos seguir admirando su arte cuando sabemos que algunos fueron todo menos ejemplares, es tan ridículo como preguntarnos si podemos visitar catedrales o palacios ignorando si fueron buenas personas quienes los planearon y construyeron. O si nos es lícito contemplar un fresco sin tener ni idea de si quien lo ejecutó fue un rufián o un ciudadano probo. Tampoco averiguamos las virtudes o vicios del artífice de nuestras ropas o nuestro calzado, ni del chef que ha preparado los platos del restaurante. Nos los comemos sin más, sin que nos importe nada si el cocinero trata bien a su mujer o es buen padre.

En cambio, con los artistas… Cada cual es muy dueño de reaccionar como le parezca ante lo que sabe. Hoy hay quienes han decidido no volver a ver películas de Woody Allen, por las sospechas que pesan sobre él —jamás probadas—. Hay emisoras que han desterrado de su programación cualquier canción de Michael Jackson, y admiradores que han destruido sus discos. Kevin Spacey aún no ha sido declarado culpable por ningún jurado, pero hace tiempo que se lo ha expulsado y vetado en las pantallas. Uno es libre de ver y oír lo que quiera, por los motivos que sean. Ya he contado otras veces que mi abuela Lola, muy católica, se negaba a ver nada de Chaplin porque se había divorciado muchas veces. Respeto esas decisiones, naturalmente, pero las entiendo mal. Una cosa es la persona y otra su obra, que no por fuerza está teñida por las peores pasiones de aquélla. Tengo una lista mental de individuos a los que nunca estrecharía la mano, por lo que sé de ellos, por lo que han dicho o hecho. Si viviera, no saludaría a Michael ­J­ackson, quizá, pero no me privo de escuchar sus magníficas canciones. No me abstengo de ver El pianista o La semilla del diablo, de Polanski, y eso que a él se lo condenó en un juicio. Rehuiría al antisemita Céline en un hipotético más allá en el que nos juntáramos todos, pero eso no me obliga a mantener cerrado su Viaje al fin de la noche. Que Heidegger tuviera tentaciones nazis me resultaría engorroso si hubiera de tratarlo, pero no por eso voy a perderme lo que expuso en El ser y el tiempo. Pero en fin, allá cada cual con sus manías y sus elecciones. Lo que no es admisible es que se intente borrar de la faz de la tierra —que se trate de impedir que otros elijan— la obra de quienes son o fueron “malos ciudadanos”. Llegará un día en que Amazon se avergonzará de haber secuestrado A Rainy Day in New York, la última película de Allen, de haberle impuesto la brutal censura de la inexistencia. No por su contenido, sino por su autoría. Y habrá quienes se avergüencen de haber prohibido a Spacey y a Jackson sin veredicto. Quizá haya que esperar a que haga tanto tiempo de ellos como de Baretti, Caravaggio, Contreras y Marlowe. Esta época tan “virtuosa” se verá entonces, me temo, como un baldón de intransigencia y precipitada injusticia.

 

[Fuente: http://www.elpais.com]

La editorial Flammarion ha publicado este viernes 7 de enero la octava novela de Michel Houellebecq, anéantir. Todo son rumores. ¿Novela realista, notas distópicas, trama de intriga política y, lo más sorprendente tal vez, una novela « positiva »? 

El escritor francés Michel Houellebecq.

El escritor francés Michel Houellebecq

Escrito por Sanz Irles

El 7 de enero la industria editorial francesa tiene su propia epifanía y lleva al mercado sus novedades, en medio de una atención mediática y social que muchos envidiamos.

La industria editorial francesa no es cualquier cosa; en 2020 vendió 422 millones de libros. ¡422 millones! Eso son muchos libros. Puestos en línea y promediando grosores, haría falta una estantería de 10.550 km; una estantería que empezara en Pontevedra y terminara en Osaka. Eso es como si cada francés se hubiera comprado 6,3 libros ese año, aunque, claro está, libros en francés se compran y se venden por todo el mundo, no solo en Francia o en la pomposona francofonía (más ruido que nueces, en realidad, pero subvencionada con largueza).

Este año sacan libro todos los jabatos y las tigresas de la literatura gala. La avalancha es de algo más de 500 nuevos títulos en pocos días: Éric Vuillard, Leïla Slimani, Pierre Lemaitre, Nicolas Mathieu, Frédéric Beigbeder, Philippe Besson, David Foenkinos, Pascal Quignard, Véronique Olmi, Nathalie Azoulai, Louise Erdrich y muchos más son los justos protagonistas de una gran fiesta de la literatura. Si hay una república que aún merezca ser llamada « de las letras », podría ser la República Francesa, (esa que condecoró al tío Alberto de Serrat).

La 8ª de HouellebecqPero no todo es alegría en el mundo editorial parisino, porque este año saca también novela, tres años después de Serotonina, Michel Houellebecq, que –como ya tengo leído en algún sitio– va a ser el árbol que no deja ver el bosque. En efecto, desde que se supo que estaba lista su nueva novela, todo el mundillo literario, y no solo en Francia, se puso como gallina que ve lombriz, en un clima de agitación y frenesí astutamente fomentado por la editorial, Flammarion, y por el propio autor, con secretismos, prohibiciones, susurros, pseudofiltraciones y con la difusión, tardía y controlada, de 600 ejemplares destinados a críticos de los medios de comunicación y gurús de la cultura. La queja –en voz baja y lastimera– de las demás editoriales y de sus autores es comprensible: Houellebecq acapara demasiada atención y empalidece sus novedades.

Que Houellebecq es la estrella es un hecho apodíctico. La Voix du Nord ha dicho que Houellebecq tiene « la grandeur » de un Balzac, y aunque la comparación no me parece la más lograda, la intención es clara. Para su octava novela, cuya primera tirada es de 300.000 ejemplares, Flammarion ha preparado un artefacto bellamente diseñado, con intervención muy directa del autor, yendo a un papel de buen gramaje, cinta señaladora y cubiertas duras de un blanco inmaculado con el título en letras rojas y todo en minúsculas:

anéantir

Me imagino que en español saldrá como « aniquilar ». Es la traducción más directa, también etimológicamente. Tanto néant (no-ser, ausencia de ser) como -niquil (nihil) remiten a « la nada ». No obstante hay que leer la novela entera antes de elegir una traducción para el título, porque si se trata de opciones, haberlas haylas.

Anéantir, por cierto –y es otra novedad chez Houellebecq– tiene 736 páginas. ¡Dimensiones tolstoianas! Yo me alegro. Al superar las quinientas páginas las buenas novelas adquieren una cualidad ulterior: enclaustrar al buen lector –incluso en los ratos en los que no esté leyendo– en un universo paralelo, autónomo y autosuficiente durante unos cuantos días o semanas y del que no puede salir. En realidad no quiere salir. Yo pago gustoso por ese cautiverio.

El caso es que Houellebecq no pasa inadvertido. Es polémico a sabiendas y a queriendas. Pero aunque sus provocaciones sean eficaces armas comerciales, también son una parte sustancial y jugosa de su literatura. Sus detractores son feroces y en muchos de ellos se detecta un asco sincero. Supongo que esos ascos se reparten, no sé en qué proporciones, entre su obra y su persona. Durante varios años de su vida, su apariencia física no era precisamente tranquilizadora: huesudo, semianoréxico, alambrado, casi disecado, harapiento sacamantecas, recordaba una broma de Woody Allen en Hannah y sus hermanas a propósito de unos rockeros que estuvo obligado a ver una tarde y de los que decía que tenían pinta de asesinar a sus madres; pero unos años antes solía aparecer en público como un hombrecito atildado y suave, con aires de monaguillo de Sigüenza o de camarerito de Cracovia.

Sus novelas, por otra parte, están hechas de temas ácidos y decididamente incómodos, y la forma de tratarlos es, en el mejor de los casos, corrosiva, cuando no emética tout court. Tal vez sus detractores abominen, sobre todo, de su tratamiento, ya directo, ya indirecto, de la religión en medio de una descarnada obscenidad, de una mundanidad queridamente profana y desacralizadora. Sin embargo la religión es algo que Houellebecq se toma muy en serio, algo que le importa, y en realidad lo que parece estar haciendo, a su retorcida manera, es tratar de presentarnos el horror de un mundo sin Dios y, justo por eso, de una humanidad perdida o « abandonada », en déréliction, como dramáticamente se dice en francés.

A fuer de extremo, el realismo de Houellebecq, fabricado con una esforzada (y por tanto falsa) ausencia de estilo, tiene con frecuencia efectos lisérgicos, oníricos, irreales y, por eso mismo, de dudosa « credibilidad », pero es rápidamente reconducido a un realismo más manejable, más familiar. Ese vaivén entre uno y otro es marca de la casa, de la peculiar relación que su literatura busca establecer con la verdad o, rizando el rizo un poco más, de la frontera que pueda haber entre la verdad de la vida y la verdad literaria, si es que aceptamos que tales cosas existan. No es rara, pues, su confesada devoción por el danés Hans Christian Andersen, en quien parece querer explorar la desdibujada frontera entre sueño y realidad, entre lo onírico y lo –digámoslo así– telúrico.

El valor novelístico de Houellebecq también le debe mucho a su fascinante capacidad de enlazar lo privado con lo público, lo individual e íntimo con lo colectivo, lo efímero y lo transcendente, y de saltar con facilidad pasmosa entre distintos géneros, dentro de una misma novela: el psicológico, el político, el policiaco, el pornográfico, el filosófico…

Mientras cuento los días que faltan para que me llegue de Francia mi ejemplar de anéantir, me llegan chivatazos: novela realista, notas distópicas, trama de intriga política y, lo más sorprendente tal vez, una novela « positiva », un deseo de proponer fórmulas morales para sobrevivir y para tener a raya el mal, para escapar a su fascinación, esa fascinación que para Houellebecq explica que tantos intelectuales franceses del siglo XX se hayan deshecho en elogios a sanguinarios asesinos como Mao, Pol Pot o Che Guevara, sin que se les haya exigido responsabilidades ni retractaciones ni excusas. Se han ido de rositas, con cara de yo-no-fui.

Una de las claves de su última novela debe de estar, con toda probabilidad, en sus recientes declaraciones a Jean Birnbaum en Le Monde, negándose a dar por bueno el archifamoso aserto de que con los mejores sentimientos se hace la peor literatura. Al contrario, dice Houellebecq, la buena literatura se hace con los buenos sentimientos. En boca suya suena rarísimo, pero estoy dispuesto a creer que ese ha sido el motor interior que ha puesto en marcha la escritura de anéantir. Apuesto doble contra sencillo a que será una lectura formidable.

Sanz Irles es escritor y traductor literario. Es también presidente del Consejo Asesor de IASP (International Association of Science Park and Areas of Innovation).

 

[Fuente: http://www.elespanol.com]

Yasmina Reza ha vingut a Barcelona a parlar de ‘Serge’ (Anagrama), un llibre breu i àgil que retrata les vides de tres germans jueus que decideixen anar a Auschwitz o, més ben dit, el museu en què s’ha convertit Auschwitz.

 

Escrit per Joan Simó i Rodríguez

Yasmina Reza (Paris, 1959) no li agraden les entrevistes. Les considera “un exercici absurd” i així prova de deixar-ho clar en totes les que concedeix, que no són més de les que hom podria sospitar. Partint d’aquesta base, prefereixo no saber què opina de les presentacions de llibres. És una d’aquestes que l’ha portat a Barcelona, ciutat a la qual compadeix pel fet de tenir massa turistes, “plaga” que, segons ella, està a l’altura del terrorisme. Reza ha vingut a parlar de Serge (Anagrama, 2021), la seva darrera novel·la, un llibre breu i àgil que retrata les vides de tres germans jueus que ronden la seixantena i que, per iniciativa de la filla d’un d’ells, decideixen anar a Auschwitz o, més ben dit, el museu en què s’ha convertit Auschwitz.

Alliberada pel fet de narrar la història des del punt de vista d’en Jean -un dels germans-, l’escriptora es dedica a reflexionar sobre com el “fetitxisme de la memòria” pot convertir-se en un “simulacre” que arrossega a molts a plorar per desgràcies que no han viscut i que fan seves en un intent desesperat per trobar una identitat, una tragèdia que justifiqui el seu lloc al món. Això ho diu ella, no m’acuseu a mi d’antisemita, que soc un pobre cronista innocent i sense cap mena de problema amb el poble elegit. Reza suposo que sí que el té, potser pel fet de formar part d’ell, i el que al text només s’insinua, adquireix, durant la presentació, un to molt més directe. “No em molesta gaire l’antisemitisme, sempre que no es transformi en actes de violència greus. Tinc molts amics que veuen antisemitisme a tot arreu, jo no. A mi, que passo part de la meva vida a Venècia, m’incomoda estar envoltada de xinesos. Tots som una mica racistes”.

La cara de Xavier Ayén, l’encarregat de guiar aquest interrogatori-col·loqui-presentació, és un poema. Entenc que ell vol que parli dels perills del feixisme, del compromís que se li pressuposa a una escriptora jueva i d’aquesta mena de coses, coses a les quals ella s’hi nega de forma desenfadada, rient sempre que pot. Sembla que s’ho passi bé. Començo a dubtar sobre la seva presumpta aversió a les entrevistes.

Les bromes de l’escriptora em fan pensar en els assassinats que es poden veure a The House That Jack Built, la darrera pel·lícula de Lars Von Trier. Durant l’escena del primer homicidi, tothom riu. El segon té un punt més macabre i el quòrum sorneguer es trenca, reduint-se encara més amb el tercer i arribant al silenci incòmode després del quart, silenci que només trenca algun dels assistents, amb un humor massa negre per als temps que corren, temps que no semblen els més propicis per als acudits de l’autora de Serge. A mi em fa gràcia, però no digueu que ho he dit. El seu posat de boomer cínica que se sap per sobre del bé i del mal pel fet de ser més intel·ligent que la majoria dels que la critiquen li atorga un punt d’heroïcitat, la fa simpàtica. Passa amb ella un mica el mateix que amb Woody Allen, o el detestes o l’adores -a vegades els clixés són útils-.

Més enllà de compartir nacionalitat -una religió que s’hereta és una nacionalitat, no?-, Allen i Reza tenen força coses en comú. Hi trobo el mateix art per transformar la desgràcia –escrit per molts altres, aquest llibre, seria un drama infumable– en comèdia sense oblidar-se d’un toc de tendresa que, prescindint de melodrames barats, m’ha estat a punt de fer plorar en més d’una ocasió. I és que, sempre que es parla de la família -per molt disfuncional que aquesta sigui-, queda espai per una certa comprensió, comprensió que a mi -serà perquè el diumenge vaig anar a missa- em sembla força interessant de practicar.

Serge és una novel·la maca i cruel, com la vida en general, que en la seva misèria i la seva ridiculesa pot arribar a ser divertida, hilarant a vegades, emotiva d’altres. Els seus protagonistes en són un bon exemple. En Jean és un home gris i sense personalitat que sovint es deixa arrossegar per l’imbècil del seu germà, però veure’l cuidar del fill retardat de la seva nòvia promíscua et fon el cor. La Nana, l’única dona dels tres, arriba a fer molta mandra per la seva superioritat moral, contagiada, molt probablement, pel seu marit, espanyol i de Podemos, però no pots evitar empatitzar amb ella. En Serge és un impresentable, el típic self-made man, arruïnat, cafre i propens al cunyadisme que enganya la dona i fa de beure, fumar i menjar carn una personalitat. Li pregunto a la senyora Reza si, en cas d’existir realment, votaria a l’Éric Zemmour. Crec que la pregunta no li agrada i generem entre els dos un dels moments més tensos de la sessió, preguntes i repreguntes que acaben amb servidor posant-se més vermell que l’Ayén -que ja és dir- i amb l’escriptora dient-me que això de voler reduir els personatges a les seves opinions és un perill que amenaça de carregar-se la literatura. Potser té raó.

Segons l’autora d’Art, Un Déu Salvatge i el llibre aquell sobre la campanya de Sarkozy en què la Rahola es va inspirar per fer allò que va fer sobre l’Artur Mas, l’escriptura es basa en la contradicció, en la plasmació de l’exabrupte sense necessitat de qüestionar-lo, tot el contrari del que defensen els literats compromesos i antifeixistes que tan de moda estan darrerament. Reza no és així i prefereix parlar de la immoralitat verbal dels homes i la credulitat ingènua de les dones: “Ella s’ho ha cregut. No ho jures per la teva filla si no és veritat”. Suposo que per això em cau bé, suposo que per això li he demanat que em firmi el llibre, per molt ridícul que pugui semblar.

 

[Foto: Pascal Victor/Opale – font: http://www.nuvol.com]

El autor del superventas ‘El ruido eterno’ rastrea en su monumental ‘Wagnerismo’ la presencia del músico alemán en el arte y la política y matiza el cliché hitleriano que le persigue

Escrito por IKER SEISDEDOS

En una de las secuencias más famosas de la filmografía de Woody Allen, este y Diane Keaton salen a paso ligero del Met de Nueva York en el primer acto de Der fliegende Holländer (El holandés errante). Keaton dice: “El trato era que yo aguantaría el partido de hockey y tú verías toda la ópera”. A lo que este responde: “No puedo escuchar tanto Wagner, ¿sabes? Empiezan a entrarme ganas de invadir Polonia”. El chiste es tan famoso que seguramente usted ya lo conocía. Pero sigue siendo un buen resumen de una ecuación arraigada en la cultura popular: Wagner es igual a nazismo (imposible comprobar si el cineasta judío escribió ese diálogo con esta otra frase de Hitler, de estructura parecida, en la cabeza: “Cuando oigo a Wagner, tengo la sensación de estar escuchando los ritmos primigenios”).

El nuevo libro del crítico musical de The New Yorker Alex Ross (Washington, 1968) es una refutación de 976 páginas de esa identificación. Para ello, Ross recorre pormenorizadamente la gigantesca sombra que el compositor ha proyectado sobre la cultura occidental, ya en vida, pero sobre todo después de su muerte, en Venecia, en 1883. Un terremoto de alcance global que originó “decenas de poemas”.

Wagnerismo (Seix Barral, traducción de Luis Gago) cuenta la historia de la “influencia más grande que un compositor haya tenido nunca más allá de la música”. “Los hay más escuchados y los hay más populares, pero nada es comparable a Wagner, salvo quizá los Beatles o Dylan en los sesenta. No hay un bachismo, ni un beethovenismo, y sí un wagnerismo como fenómeno cultural autónomo”, explicaba el lunes Ross ante una pared de CD, en una videoconferencia celebrada con él y su gata Minerva desde Los Ángeles. Llegó a la costa Oeste hace tres años de Nueva York con su marido por “motivos personales, pero también musicales”: el escritor considera la Filarmónica de la ciudad, dirigida por Gustavo Dudamel, la orquesta más estimulante de Estados Unidos por la atención que presta a la música contemporánea, que es la que más le interesa para su “trabajo como crítico”.

Por las páginas del último ensayo del autor de El ruido eterno (2009), fenomenal superventas, también en España, sobre la música del siglo XX, desfilan el Wagner teosófico y el animalista, el satánico, el vegetariano, el socialista, el anarquista, el feminista, el gay, el negro y también el judío. Y lo hacen de la mano de un impresionante club de fans, presidido por Nietzsche, que abandonaría pronto el cargo, e integrado por Baudelaire, Mallarmé (que adoraba al “dieu Wagner”), Proust y el resto de la hinchada francesa. William Morris y la “nostalgia progresista” de los pintores prerrafaelitas. George Bernard Shaw (“el perfecto wagnerófilo”), Virginia Woolf, James Joyce, Willa Cather, Thomas Mann, Coppola en Apocalypse Now o Tàpies y Joan Brossa en la muy wagneriana Barcelona, que corrió en la Nochevieja de 1913 para convertirse en la primera ciudad europea fuera de Bayreuth en estrenar Parsifal.

Tal es la magnitud de su figura y tales sus contradicciones como músico, pensador y escritor que en siglo y medio ha servido a cada una de esas decenas de personalidades para los más variados propósitos: desde preparar el camino a las vanguardias hasta revolucionar el teatro o la arquitectura; desde acuñar el concepto multiusos de Gesamkuntswerk (obra de arte total), a poner banda sonora al matrimonio (con el coro nupcial de Lohengrin) o alimentar el cine fantástico. “El libro trata sobre cómo todos ellos acudieron al compositor y se vieron reflejados en él, como si suplantaran su personalidad en su propio provecho”, añade el escritor.

El crítico musical Alex Ross. JOSH GOLDSTINE (SEIX BARRAL / PLANETA)

La poblada galería de invitados no aparta a Ross, que ha empleado 10 años en la tarea, del espinoso tema del feroz nacionalismo antisemita de Wagner, aunque lamenta que un artista capaz de la universalidad de “Shakespeare o Esquilo” haya quedado reducido al cliché de haber servido de “hilo musical del genocidio”. Más bien al contrario, el crítico se adentra con aplomo en territorios sombríos de la mano de las opiniones más deleznables del compositor, recogidas en los diarios que Cosima, su segunda mujer, empezó a redactar en 1869, así como de su libro más tristemente famoso: El judaísmo en la música, publicado primero como un anónimo y reimpreso “consecuentemente” con su propio nombre 19 años después, cuando ya estaba en la cúspide de la fama.

Entonces, ¿a quién hay que culpar de los malentendidos en torno al compositor? ¿A él mismo o a los que vinieron después? “Wagner fue responsable de esa catástrofe, sin duda”, opina Ross. “En sus últimos años se mezcló con algunos elementos muy siniestros de la sociedad alemana, que propugnaban un racismo pseudocientífico y que colocaron los cimientos de la ideología nazi. Y al mismo tiempo participó de ello solo en parte, porque hay muchos aspectos de su obra que no casan bien con esas ideas totalitarias. En términos políticos, fue anarquista, siempre opuesto a la organización del Estado y a la militarización que propugnó el Tercer Reich. Se enfrentó al Imperio alemán. Y era muy decadente, poco convencional. El nazismo se quedó solo con parte de su legado. Su antisemitismo, sin duda, sus ideas nacionalistas, también, pero no su izquierdismo, su religiosidad (Parsifal es un dechado de compasión, sentimiento sin duda ajeno al Führer) o su sexualidad poco ortodoxa. Quiero que se entienda que no trato de exculparlo, sino de exponer sus complejidades”.

En esa “falsificación” fueron borrando capas y capas de su inabarcable personalidad, que luego hubo que restaurar tras la guerra en un proceso de “desnazificación” en el que se afanaron musicólogos, filósofos, directores de orquesta y escenógrafos. “Es una historia trágica; nada habría hecho más feliz a Hitler que saber que su compositor favorito quedaría ligado eternamente a su nombre”. Ross pone en cuestión otra oscura convención: pese a la imagen forjada por el cine, Wagner no sonaba sin parar en los campos de exterminio. “Hay un par de testimonios de supervivientes que lo recuerdan, pero la mayoría, incluido Primo Levi, habla de melodías populares, marchas, valses, canciones de éxito. Todo formaba parte de un diseño psicológico brutal; emplear la música ligera como arma de sadismo”.

El crítico recuerda que cuando empezó con el proyecto algunos en su círculo torcían el gesto al saber en qué andaba. En la era de la cancelación, el músico, que tiene estatuas en Cleveland y Baltimore cuya retirada se pide de tanto en tanto, no es el tema más cómodo en el Estados Unidos actual. “La confusión es pensar que el arte solo debe tratar sentimientos puros y bellos”, dice Ross. “Entiendo que haya quien va a un concierto o a un museo para verse transportado a lugares bonitos y amables; yo mismo busco eso a veces, pero el arte es también enfrentarse a lo tenebroso. Wagner nos pone ante el espejo de la humanidad, y la imagen que nos devuelve no siempre es agradable. Además, nadie es puro, ningún creador, ninguna obra”.

Adolf Hitler saluda a Winifred Wagner, viuda del hijo del compositor, en Bayreuth.

Adolf Hitler saluda a Winifred Wagner, viuda del hijo del compositor, en Bayreuth. BETTMANN (BETTMANN ARCHIVE)

¿Ve posible entonces la tan debatida separación entre artista y obra de arte? “Respeto a quienes no pueden escuchar a Wagner porque son judíos o porque sus padres murieron en el Holocausto. En Israel, por ejemplo, no se representa, y aunque creo que ahí se mezclan asuntos políticos, no me atrevería a criticarlo. También respeto a quienes dicen que no verán nunca más una película de Woody Allen. La obra de arte es inseparable de su creador, pero no creo que se pueda imponer una interpretación unívoca. Eso es problemático. Acudir a una ópera de Wagner no te hace peor persona. Además, no solo está él, sino también los cantantes, los técnicos, los músicos, los escenógrafos… Al desdeñar un filme de Roman Polanski estás borrando el trabajo de sus actores. Y eso no me parece justo”.

“Durante mucho tiempo”, continúa, “se extendió la idea de que los judíos que eran apasionados de Wagner, que los hubo, como Theodor Herzl, padre del sionismo, o el escritor Arthur Schnitzler, lo hacían como parte de un ritual de odio a sí mismos”. En su constante recurso a la cultura pop, Wagnerismo incluye una anécdota que resume bien eso. La protagoniza el cómico judío estadounidense Larry David. En un capítulo de su serie Curb Your Enthusiasm, se le ve a la entrada de un cine, “silbando distraídamente el Idilio de Siegfried”. Un desconocido le acusa de ser un “judío que se aborrece a sí mismo”. Aquél responde: “Me odio a mí mismo, efectivamente, pero eso no tiene nada que ver con ser judío”. El extraño grita: “¡Miles de ellos fueron conducidos a los campos de concentración mientras sonaba de fondo música de Wagner!”. “Y David”, escribe Ross, “se venga contratando a varios músicos para que toquen el preludio de Die Meistersinger (Los maestros cantores) bajo la ventana de su acusador, de un modo muy parecido al elegido por Wagner para ofrecer a Cosima su Idilio como si se tratase de una serenata”.

El libro se publicó en Estados Unidos al final del primer verano de la pandemia, tiempo de reclusión que, “pese a lo terrible del confinamiento, tuvo algo bueno”: Ross aprovechó para exprimir la oferta de conciertos por streaming de orquestas y teatros de todo el mundo. Tras la unánime recepción positiva de El ruido eterno, algunos críticos objetaron la falta de concreción de su nuevo ensayo, que achacaron a su empeño en dar voz, sin tomar partido, a todos los bandos de las guerras wagnerianas. Él lo habría hecho aún más largo: el primer borrador era una vez y media más extenso. El tema se había tocado siempre parcialmente, afirma. En las 180 páginas de notas hay citados tratados sobre Wagner y las mujeres, Wagner y la literatura, Wagner y el cine, Wagner y el impulso erótico (!)… “Pero no existía un libro que lo abarcara todo, así que decidí ser el tonto que se metiera en ese fregado. Probablemente habría sido más popular un libro más conciso. Pero esta historia solo puede contarse en un ensayo muy largo, muy denso y con muchos nombres”. En el prólogo define su escritura como “la gran educación” de su vida.

Cartel de la representación de 'Parisfal' en la Nochevieja de 1913 en el Liceo de Barcelona. Fue el primer teatro de Europa en representar la gran ópera wagneriana después de Bayreuth en 1882.

Cartel de la representación de ‘Parisfal’ en la Nochevieja de 1913 en el Liceo de Barcelona. Fue el primer teatro de Europa en representar la gran ópera wagneriana después de Bayreuth en 1882.

Los capítulos más inesperados son los relativos al Wagner gay y feminista (“quienes no pertenecían a la clase dominante de la época tendían a sentir una gran identificación con él”), así como al ascendiente del compositor en Estados Unidos, especialmente entre las comunidades negras. El crítico combina casos más o menos conocidos, como el de W. E. B. Du Bois —que introdujo en su clásico antirracista Las almas del pueblo negro un personaje que acaba linchado y vive un único momento de libertad mientras escucha Lohengrin—, con descubrimientos como el de la cantante negra Luranah Aldridge, que frecuentó el círculo de los Wagner y llegó a actuar en Bayreuth.

Tras repasar todas esas relaciones, Ross deja la suya con Wagner para el final, en un Posludio en el que confiesa que su música le producía una “desazón casi física” en la infancia. La lectura del Doktor Faustus, de Thomas Mann, otra de sus grandes pasiones (siempre vuelve a él, ahora lo está releyendo en alemán), le señaló el camino. Siendo ya veinteañero, se dio cuenta de que no se trataba solo del sonido; que, si los contemplaba con atención, los personajes se fundían con su “propio mundo emocional atrofiado”. “Aunque me resulte incómodo reconocerlo”, escribe, “asocio las primeras experiencias del Anillo con los altibajos de varias relaciones amorosas. Más de una vez me senté al lado de otro hombre en la representación de una ópera de Wagner, comparándome con Tristan, Isolde o, en los días malos, Alberich”.

Una vez recuperado del alcoholismo llegó finalmente la “conexión más profunda”. Después vendría su profesionalización como melómano, y el “privilegio algo elitista” de asistir al Festival de Bayreuth, que se celebra cada verano en el teatro que El Hechicero mandó construir a su medida en una pequeña ciudad alemana. Allí se estrenaron el Anillo y Parsifal. Y allí reposan los restos de todos los Wagner que caben en Wagnerismo.

Las valquirias van al cine

Wagnerismo dedica un capítulo a la influencia del compositor en el cine, de El nacimiento de una nación (1915), de D. W. Griffith, a The Blues Brothers (1980), de John Landis, en la que unos neonazis corren al ritmo de La cabalgata de las valquirias, pasando por Bugs Bunny (What’s Opera, Doc?, 1957). Alex Ross explica que el arte de las bandas sonoras no sería el mismo sin la recurrencia de los leitmotive, que el músico empleó magistralmente con fines dramáticos. Podría decirse que el estreno del Anillo en 1876 en Bayreuth se adelantó casi 20 años a la experiencia de la sala de cine. ¿Y qué es una película si no una Gesamtkunstwerk, aspiración wagneriana a la obra de arte total?

Ross oye el eco de Parsifal en The Matrix (1999): “Cuando Neo para las balas en el aire recuerda a cuando Parsifal detiene en la lanza de Klingsor”. Aunque la simbiosis más famosa tal vez sea Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola (con, de nuevo, las valquirias en danza). “La célebre escena de los helicópteros retrata a los americanos como a despiadados agresores, no muy distintos a cómo los alemanes se presentan en muchas películas. Es un cliché cinematográfico que los villanos escuchen a Wagner. Ahí son los americanos los que lo hacen mientras bombardean una aldea”.

La web de Ross es una fuente inagotable de conocimiento: llamada como el título original de su primer libro, The Rest is Noise, incluye muchos materiales audiovisuales para acompañar la lectura de Wagnerismo, así como sus artículos para The New Yorker y textos creados exclusivamente para la página.

[Fuente: http://www.elpais.com]

El crítico musical Alex Ross analiza en un colosal ensayo el poderoso y perpetuo influjo del genio alemán en las artes, la política, el pensamiento o el cine

Richard Wagner y Cósima, su segunda esposa, en 1872. /Fundación Wagner

Escrito por Miguel Lorenci

Al escuchar la música de Wagner se pueden sentir deseos de invadir Polonia, como le ocurría a Woody Allen, tener escalofríos o ganas de vomitar pensando en el Holocausto, o de ascender al Walhalla guiados por Odín y las valquirias. Tan proteico es el genio de Richard Wagner (1813-1883) que el influjo de su legado en el arte, la política, el pensamiento y, desde luego en la música, pervive y se agiganta 138 años después de su muerte. «Rivaliza con Shakespeare en alcance universal», asegura Alex Ross (Washington, 53 años), autor de ‘Wagnerismo’ (Seix Barral), un monumental ensayo de casi mil páginas que escruta todos los perfiles del controvertido compositor alemán.

Aborda Ross todos lo ‘wagneres’ posibles, reales, alternativos e imaginarios: genial, misógino, feminista, antisemita, socialista, anarquista, romántico, simbolista, satánico, homosexual, animalista, vegetariano o teosófico. También el negro o el judío. Confirma así que wagneriano es un adjetivo tan reconocible y expresivo como kafkiano o felliniano.

Con su colosal y cautivador ensayo quiere Ross «equilibrar» las múltiples y contrapuestas perspectivas de la figura de Wagner, uno de los compositores más sublimes e influyentes de la historia, pero también un redomado «supremacista y antisemita» del que Hitler quiso apropiarse.

Advierte su autor que ‘Wagnerismo’, subtitulado ‘Arte y política a la sombra de la música’, «no es ni una apología ni una condena». Es «la educación de mi vida» y fruto de una concienzuda investigación de una década para desentrañar la madeja de la decisiva influencia de Wagner, «en ocasiones luminosa, a veces nefasta, no solo en la literatura, el teatro, la arquitectura, el arte y el cine, sino también en la vida intelectual y la política».

La reputación del compositor se contaminó para siempre por la ideología nazi «lo que no minimizó el enorme influjo que ejerció sobre una increíble sucesión de doctrinas, movimientos y artistas», reitera Ross, uno de los más reputado críticos musicales del mundo que refuta la identificación Wagner-nazismo y lamenta que se reduzca al creador de la obra de arte total al cliché de ser «el hilo musical del Holoausto».

«Atribuir a Wagner las terribles acciones de Hitler es un error», sostiene Ross, que destaca cómo el genocida nazi mostró interés por el compositor «antes de radicalizarse». «Es erróneo que Hitler defina la percepción que tenemos de Wagner», insiste Ross en un encuentro virtual con periodistas españoles desde su casa en Los Ángeles. Pese a la ideología que se atribuye al compositor de ‘Parsifal’, ‘Tristán e Isolda’ o ‘El anillo del Nibelungo’, «muchas de sus expresiones fueron bien acogidas por la izquierda, el movimiento feminista y las culturas africana y judía».

Fue el poeta e historiador Peter Viereck quien en 1939 identificó a Wagner como «el manantial individual quizá más importante de la ideología nazi». «La campaña de Hitler para exterminar judíos formaba parte de su amor por Wagner», escribía en 1997 Joachim Köhleren en el libro ‘El Hitler de Wagner. El profeta y su discípulo’. «Hitler alimentó este tipo de especulaciones afirmando que un encuentro temprano con ‘Rienzi’, cuando escuchó de joven esa ópera de Wagner, le impulsó a emprender una carrera política», escribe Ross. Pero aclara que destacados historiadores del Tercer Reich no conceden credibilidad a sus palabras «y dudan de que Wagner desempeñara un papel significativo en la evolución política del dictador».

Alex Ross reputado crítico musical de ‘The New Yorker’ y autor de Wagnerismo. Foto: Josh Goldstine

El ensayo aborda la «misoginia evidente» que marcó la relación de Wagner con las mujeres y que para algunos sería evidente en muchas de sus protagonistas femeninas, víctimas de muertes trágicas y fatales desenlaces en sus óperas. Argumento que resulta, de nuevo, escurridizo y matizable para Ross. «Los papeles femeninos de las óperas de Wagner inspiraron a muchas mujeres del siglo XX porque representaban libertad y ofrecían un retrato heroico de la mujer», afirma.

Alargada sombra

Ross inicia su ensayo tras la muerte de Wagner y rastrea la influencia del compositor alemán en Nieztsche,_Baudelaire, Proust, Virginia Wolf, Tomas Mann o Francis Ford Coppola. Y es que para su autor, «lo verdaderamente extraordinario es que, tras su muerte, su sombra siguió creciendo».

«No es necesario amar a Wagner o su música para dejar constancia de las asombrosas dimensiones del fenómeno», detalla Ross, que da cuenta de las apropiaciones, mitificaciones, transformaciones y deformaciones que experimentaron Wagner y su música desde la muerte del compositor, en la tarde del 13 de febrero de 1883, a los 69 años en el Palazzo Vendramin Calergi de Venecia. Allí comienza a agigantarse a leyenda del ‘Hechicero de Bayreuth’, el genio «a quien Nietzsche describió como una ‘erupción volcánica de la capacidad artística completa, indivisa, de la naturaleza misma’, y a quien Thomas Mann llamó ‘probablemente el mayor talento de toda la historia del arte’».

Crítico musical de ‘The New Yorker’, el primer libro de Ross, ‘El ruido eterno’ (2009), fue finalista del Pulitzer y un bestseller multipremiado. En ‘Escucha esto’ (2012), otra de sus obras, enlaza a los clásicos con el pop y el rock. Ha sido profesor de escritura en Princeton, tiene un doctorado honorífico de la Manhattan School of Music y ha ganado infinidad de premios.

 

A punto de cumplir 70 años, la actriz se mantiene como una de las grandes damas de Hollywood. Pero para llegar a un tercer acto feliz tuvo que superar una historia familiar solitaria y complicada y una vida a la sombra del actor más carismático de su generación

Anjelica Huston con Jack Nicholson, que fue su novio durante 17 años de forma intermitente y fue uno de los dos hombres cuya sombra superó gracias a su talento. El otro fue su padre, John Huston.  GETTY IMAGES

 

Escrito por JUAN SANGUINO

En julio de 1951, un mensajero descalzo atravesó el Congo corriendo durante tres días para entregar un telegrama en las cataratas Murchison del río Nilo, al noroeste de Uganda. Su destinatario (John Huston, en pleno rodaje de La reina de África) lo leyó y lo guardó en su bolsillo sin inmutarse. “Por Dios, John, ¿qué dice?” preguntó Katharine Hepburn. “Ha sido niña”, respondió él. “Se llama Anjelica”.

Desde su nacimiento la vida de Anjelica Huston ha tenido textura de novela de aventuras, de cuento de hadas y de melodrama de Hollywood. John Huston conoció a Enrica Soma cuando esta tenía 13 años y él 37. Se reencontraron cuando ella era una prometedora bailarina de 17 años y su cara, que John Huston describía como “una madonna del quattrocento”, ya había aparecido en la portada de Time. “¿Qué hay de atractivo en ver a una niña crecer hasta una edad follable delante de tus narices?”, preguntó la tercera esposa de Huston cuando este la dejó para casarse con la bailarina.

Cuando John Huston se enteró de que su hija estaba a punto de ser la Julieta de Franco Zeffirelli, escribió una carta al director italiano para que contratase a otra actriz: quería ser él quien presentase a Anjelica al mundo

John retiró a Enrica del ballet y le compró St. Clarens, un terreno de 44 hectáreas a una hora de Galway y la única residencia con calefacción central de toda Irlanda. Había un castillo normando, una mansión donde se alojaba el director y otra casa en la que Enrica vivía con sus dos hijos. “Y aquí empieza mi historia –escribía Anjelica en sus memorias– con la fantasía de un hombre de mediana edad”. El director decoró aquella casita de muñecas con oros etruscos, tapetes franceses, muebles de Luis XIV, mármoles griegos, biombos japoneses, cabezas de animales de cacerías, jades imperiales y los Lirios de agua de Monet, que había ganado en una buena mano en un casino. John Huston era un coleccionista de cosas hermosas. Y eso incluía a las personas.

Durante su infancia, Anjelica solo veía películas de su padre (El halcón maltés, Cayo Largo, El tesoro de Sierra Madre) y sus juguetes eran planetarios de bronce, fotografías de Manolete (rezaba cada noche por su supervivencia) y docenas de ponis. En una ocasión le confesó a una amiga que El mago de Oz nunca le había conmovido particularmente y esta le replicó: “Claro, porque tú tenías St. Clarens”. El mago de todo aquello, John Huston, regresaba a casa solo por Navidad pero con tesoros de todo el mundo como si fuese, literalmente, Santa Claus: sedas orientales, kimonos japoneses, cristales venecianos. Cada operística reaparición del cineasta llenaba la casa de ruido y de invitados como John Steinbeck (que solía contarle a Anjelica historias de Trampoline, una prostituta mexicana), Peter O’Toole (para quien Anjelica representaba obras de Shakespeare), Jean-Paul Sartre, W. H. Auden o Robert Mitchum, con quien la niña jugaba al Scrabble.

Jack Nicholson y Anjelica Huston fotografiados en 1974. Eran la pareja de moda en Hollywood. En cualquier sitio, en realidad.

Jack Nicholson y Anjelica Huston fotografiados en 1974. Eran la pareja de moda en Hollywood. En cualquier sitio, en realidad.  GETTY IMAGES

La actriz, que estaba obsesionada con el cuerpo de su padre, lo describe como “más alto que nadie, un león, un líder, el pirata que todo el mundo desearía tener la audacia de ser”. En una ocasión regresó a casa con un loro africano en el hombro. “Cuando llegaba, el sol entraba en la casa, las cosas se volvían majestuosas, la plata brillaba. La casa adquiría otros colores, las lámparas de araña se iluminaban y el champán burbujeaba. Era el hombre más arrebatador que he conocido. Era como un dios. Me llamaba ‘cariño’, ‘querida’ o ‘mi niña’ y después se marchaba y todo volvía a las sombras”, recordaba Anjelica en su autobiografía. Como le gustaba ver a las mujeres cabalgar de lado, enseñó a su hija a hacerlo cuando esta tenía 11 años. También le explicó que si los samuráis solo tenían permitido llorar tres veces en toda su vida, no había motivo para que ella llorase tres veces al día.

“Mi único rol era ir de su brazo. Yo quería domesticar a la bestia, porque los hombres conquistan países pero las mujeres conquistamos corazones, pero mi deseo era ser como Jo March en ‘Mujercitas’. Quería un romance, casarme y tener montones de hijos”

Cuando tenía 11 años, Anjelica se enteró de que su padre había dejado embarazada a su niñera, Zoe Sallis (de 20 años). Cuando John Huston se enteró de que su hija estaba a punto de ser la Julieta de Franco Zeffirelli, escribió una carta al director italiano para que contratase a otra actriz: quería ser él quien presentase a Anjelica al mundo. El rodaje de Paseo por el amor y la muerte en 1969 traumatizó a Anjelica, que solo quería rebelarse contra su padre, con tan mala suerte de que su padre era además su director. Ella intentaba maquillarse en secreto, pero él le limpiaba la cara antes de cada toma. “Quería agradarle, pero también le tenía miedo”, admitiría ella. En aquel momento Anjelica ya tenía la edad de las conquistas más jóvenes de John (Marlon Brando la invitó a visitarlo en Tahití) y tenía que rodar escenas semidesnuda para él. Durante una discusión, le arrancó la ropa delante de todos los operarios.

La crítica sepultó la película ensañándose con el nepotismo: John Simon describió que la actriz debutante tenía ”la cara de un ñu exhausto, la voz de una raqueta de tenis aflojada y una figura sin forma discernible”. En plena promoción de Paseo por el amor y la muerte, su madre Enrica falleció en un accidente de tráfico a los 39 años. “Abrí su armario y todos aquellos Balenciaga que tanto había deseado probarme parecían lánguidos. Ni siquiera olían a ella”, recordaría Anjelica. Cuando un policía le entregó la cinta de casete que Enrica iba escuchando cuando se estrelló (Las cuatro estaciones, de Vivaldi, que Anjelica le había regalado días antes) todavía estaba manchada de sangre. Temiendo que su padre la internase en un convento, se refugió en la moda y llegó a posar para un reportaje de 30 páginas en Vogue fotografiada por Richard Avedon en Irlanda. “Me encantaban la ropa, el champán, la atención. Todo excepto mi aspecto. Compartía espejos con las mujeres más hermosas del mundo y lloraba sin parar porque me veía fea. Ahora miro esas fotografías y creo que estaba maravillosa”, explicó años después en la revista People.

Anjelica Huston con su padre John Huston en 1986. Él fallecería un año después.

Anjelica Huston con su padre John Huston en 1986. Él fallecería un año después. GETTY IMAGES

Anjelica mantuvo una relación de cuatro años con el fotógrafo Robert Richardson, marcada por los abusos psicológicos (Richarson fue diagnosticado con esquizofrenia años después): él le recriminaba no ser “una mujer de verdad” por no quedarse embarazada, ella llegó a rajarse las venas. Richardson tenía 42 años, ella 18 y no se le escapó el patrón en el que estaba cayendo. “Solo estaba buscando un padre, un padre que me diese su aprobación”. La relación acabó en cuanto John conoció a su yerno: pasaron unos días pescando y se llevaron tan mal que, nada más aterrizar en Los Ángeles, Anjelica estrechó la mano de su novio y no volvió a verlo nunca más. Se mudó con su padre, porque la mansión que compartía con su quinta esposa albergaba casi todos los tesoros de St. Clarens y sintió que estaba volviendo a casa. Para celebrarlo, John cambió el nombre de su barco Allegra (su quinta hija) por Anjelica. “Después de aquello solo quería risas. Quería pasármelo bien, salir a bailar, ver gente y tener una vida social con muchos amigos”, rememoró. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

Anjelica, este es Jack; Jack, esta es Anjelica

Anjelica confiesa que se enamoró por primera vez de Jack Nicholson cuando lo vio en Easy Rider (Buscando mi destino) (Dennis Hopper, 1969) y por segunda vez cuando él abrió la puerta de su mansión recibiéndola “con esa sonrisa” en una fiesta de cumpleaños. Pasaron la noche juntos y a la mañana siguiente Nicholson le pidió un taxi, en el que ella tuvo que montarse todavía con su vestido de noche. El actor canceló su segunda cita debido a “un compromiso previo” que resultó ser Michelle Phillips, la cantante de The Mamas and the Papas (Anjelica y Michelle son amigas desde entonces), pero acabaron embarcándose en una relación intermitente de 17 años. Ella se retiró de la moda para ejercer como consorte de Jack.

Huston y Nicholson se convirtieron en la personificación del glamur del Hollywood más nocturno. En una escena de Annie Hall en la que Paul Simon trataba de convencer a Diane Keaton de que le acompañase a una fiesta, Simon improvisó la frase “Jack y Anjelica van a venir”. Joni Mitchell escribió una canción sobre sus fiestas, People’s Parties (“toda la gente en esta fiesta tiene sonrisas de pasaporte”). “Había poetas, cantantes, travestis y modelos. La aristocracia rebelde americana se mezclaba con los círculos de Warhol”, presumió ella en The Guardian. En uno de sus cumpleaños, celebrado en un club que todavía no había abierto sus puertas, Jack le llevó un bebé elefante.

Anjelica Huston fotografiada por Arnaud de Rosnay en 1968 para Vogue.

Anjelica Huston fotografiada por Arnaud de Rosnay en 1968 para Vogue. ARNAUD DE ROSNAY/CONDE NAST COLLECTION

Jack, 14 años mayor que ella, era otro centro de gravedad más grande que la vida. La hija del capo se transformó en la chica del gángster. Y en una metáfora perversa, John Huston interpretó en Chinatown (Roman Polanski, 1974) al padre/amante de la novia de Jack Nicholson. Anjelica se instaló en la casa que Nicholson tenía en lo más alto de Mulholland Drive (“era como estar en la cima del mundo”, admiraría la actriz), en Los Ángeles, con Marlon Brando como vecino. Ella intentó aficionarse a los Lakers asistiendo a varios partidos por semana, disimuló su irritación cuando él la llamaba “colega” y se acostumbró a que siempre que sonase el teléfono fuese para Jack. Anjelica recuerda que a él, como a su padre, le encantaba coleccionar personas: “Nos llamaba paternalmente ‘mi gente’ cuando lo que yo quería era ser especial, sentía que estaba perdiendo mi identidad. Pero era bueno estar en aquel equipo de personas. Un equipo fuerte. Un equipo ganador”.

Tras 17 años de relación en los que él solía ridiculizar sus propuestas de matrimonio y en los que intentaron varios tratamientos de fertilidad, Nicholson le contó que había dejado embarazada a una camarera de 26 años

Jack solía llamar “mía” a Anjelica. Cuando la pareja acudió al festival de Cannes en 1974 (donde Nicholson ganó como mejor actor por El último deber), una rubia en moto se les acercó e invitó a Jack a subirse. Este no lo dudó ni un instante, dejando a Anjelica en el hotel llorando durante horas. En otra ocasión, se encontró a la modelo Apollonia van Ravenstein llorando en su casa y cuando le preguntó a Jack este le aclaró que se la había tirado por pena. “No quería parecer quejica ni celosa. Reaccionar me habría relegado a ser una persona aburrida, así que decidí dejarlo estar hasta que no pudiese más”, confesaría la actriz, quien además reconoce que cuando Jack la agarraba del brazo obligándola a sentarse para evitar un ataque de celos en público ella “disfrutaba de ese breve destello de posesividad”. Cuando Anjelica, entre lágrimas, buscó consuelo en su padre, este se mostró irritado: “Son cosas de hombres”.

Anjelica intentó plantar un rosal en el jardín de Jack. “Pero era difícil, porque iba en bikini, ya que también quería broncearme. ¿Has intentado plantar rosas en bikini? En cualquier caso Jack decidió plantar bambú para proteger su privacidad, el cual obstruía mis rosas. Así que no hubo más que hablar”. Las sistemáticas infidelidades de Jack empujaron a Anjelica a abandonarlo por Ryan O’Neal, entonces el actor más guapo del mundo gracias a Love Story. Pero durante una discusión, provocada por la confesión de él de que estaba acostándose con Ursula Andress y Bianca Jagger, O’Neal chocó su cabeza contra la de Anjelica y la abofeteó.

Anjelica Huston en un evento organizado por PETA en Los Ángeles en junio de 2019.

Anjelica Huston en un evento organizado por PETA en Los Ángeles en junio de 2019. GETTY IMAGES

Ella regresó con Nicholson sin que existiese ni una sola foto que documentase su año y medio con O’Neill. “Mi único rol era ir de su brazo. Yo quería domesticar a la bestia, porque los hombres conquistan países pero las mujeres conquistamos corazones, pero mi deseo era ser como Jo March en Mujercitas. Quería un romance, casarme y tener montones de hijos”, admitiría.

Una habitación propia

En 1980, Jack le regaló un Mercedes y Anjelica sufrió un accidente aquel mismo día, que acabó con su nariz rota en ocho partes. Tras salir del hospital decidió comprarse su propia casa a 15 minutos de la de Jack. Tenía casi 30 años. Decoró su casa con tapetes del siglo XIX, espejos italianos, artefactos egipcios, baúles marroquíes y bustos afganos. Seguía preguntándose si acaso no estaba viviendo en la casa pequeña mientras Jack vivía en su mansión, tal y como habían hecho sus padres, pero al menos ya no tendría que aguantar que los asistentes de Nicholson (encargados además de concertar sus citas con él) le pidiesen que por favor no escribiese en las libretas que había junto al teléfono.

Su nuevo proyecto de vida incluía volver al cine. Para ello tomó clases, en las que su profesora le recomendó que “si quieres un cenicero, no extiendas las manos suplicando, tienes presencia y eres imponente, la gente te presta atención, diles que te den el cenicero”. Y así fue como Anjelica aprendió a fingir tener confianza en sí misma: “Me di cuenta de que estaba suplicando cosas que podía simplemente pedir”. En 1985 John Huston la dirigió en El honor de los Prizzi junto a Nicholson. Cuando pidió un aumento de salario (le ofrecían 13.000 euros, el sueldo base para un actor en Estados Unidos), el productor le indicó que ni siquiera la querían en la película y solo la habían utilizado para conseguir a Huston y a Nicholson. En El honor de los Prizzi Anjelica interpretaba a Maerose, una mujer que anhelaba la aprobación de su padre (un capo de la mafia) y que resolvía crearse a sí misma desde cero para reclamar su legado en la saga familiar. La actriz ganó un Oscar y, en vez de atender a la prensa nada más bajarse del escenario, regresó al patio de butacas donde se encontró con John y Jack llorando.

El teléfono no dejaba de sonar y ahora siempre era para ella. Anjelica Huston encadenó dos nominaciones más al Oscar (por Enemigos y por Los timadores), dos colaboraciones con Woody Allen (Delitos y faltas y Misterioso asesinato en Manhattan) y un último trabajo con su padre antes de su muerte (Dublineses, una poética carta de despedida a aquella Irlanda que pareció solo existir para ellos). Mientras tanto, su relación con Jack Nicholson colapsaba como un telefilme de sobremesa. Tras 17 años de relación en los que él solía ridiculizar sus propuestas de matrimonio (y ella huía a su habitación para llorar en silencio) y en los que intentaron varios tratamientos de fertilidad, Nicholson le contó que había dejado embarazada a una camarera de 26 años.

Anjelica optó por retirarse con elegancia porque consideró que no quería ser un personaje secundario en su propia vida, pero días después se lo pensó mejor y condujo hasta los estudios de Paramount para agredir a Jack. Cuando cumplió 40 años, Anjelica lloró durante dos días. Jack le envió un brazalete de diamantes que Frank Sinatra le había regalado a Ava Gardner y firmó la tarjeta como “tu cerdo, tu Jack”. Anjelica se sintió tan furiosa como seducida, pero sobre todo triste porque Jack nunca había sido realmente suyo.

El mejor epílogo posible

El primer acto de su vida estuvo protagonizado por John. El segundo por Jack. Pero el tercero sería su propio relato: rodó los mayores éxitos comerciales de su carrera (La maldición de las brujas, donde traumatizó a toda una generación de niños arrancándose la cara, La familia Addams y Por siempre jamás). Nunca fue “la chica de la película”, nunca cayó en sentimentalismos y sus personajes tenían la confianza implacable en sí mismos que a ella siempre le faltó. En 1992 se casó con el escultor Robert Graham. “Fue el primer hombre que me miró en serio. Sus ojos se clavaban en mí”, confesó a Vanity Fair. Cuando ella se puso bótox, él se enfadó porque le contó una historia triste y no sabía si estaba conmovida o no. Graham nunca le prohibiría escribir en sus libretas, de hecho Anjelica aseguraba que “enmarcaría cualquier cosa que escribiese en ellas”. Y gracias a su condición de arquitecto le construyó, literal y metafóricamente, un hogar. Su matrimonio, que tampoco concibió descendencia, duró hasta la muerte de él en 2008.

Nicholson, por su parte, se separó de la camarera cuando esta le dejó por un hombre más joven. Anjelica y él hicieron las paces durante el rodaje de Cruzando la oscuridad (Sean Penn, 1995). “Fuimos a cenar juntos y me dijo: ‘Tú y yo somos como El amor en los tiempos del cólera”, recordaba la actriz. “Aquello me gustó, porque se trata de uno de mis libros favoritos, de uno de mis autores favoritos y sobre uno de mis temas favoritos: el amor sin esperanza pero eterno”. Hoy Huston sigue trabajando para pagar las facturas (ha aparecido en John Wick 3 y en varias películas de Wes Anderson) y vive con tres perros, una oveja, 13 cabras y cinco caballos. Su casa está decorada con las esculturas de su marido. Y su jardín tiene un rosal enorme.

 

 

[Fuente: http://www.elpais.com]

Fin avril 2021, la vie commerciale de la biographie de Philip Roth signée par Blake Bailey s’arrêtait brusquement : l’auteur américain se trouvait accusé de harcèlement sexuel et de viols. Bailey avait reconnu certains éléments, mais assurait n’avoir rien fait d’« illégal ». Son éditeur décidait toutefois de cesser la commercialisation de son livre, qui vient de retrouver une maison d’édition.

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Publié par Antoine Oury

L’éditeur américain de cette biographie de Philip Roth, WW Norton, avait rapidement réagi aux différentes accusations en cessant la commercialisation de l’ouvrage. Cette maison d’édition indépendante avait aussi annoncé qu’elle ferait don d’une somme équivalente à l’avance accordée à Bailey pour son livre à une association de lutte contre le harcèlement.

« Ces accusations calomnieuses sont anonymes, elles rapportent des propos infondés d’accusateurs anonymes, et elles ne peuvent être prises au sérieux », indiquait la défense de l’auteur après la publication de plusieurs témoignages de femmes, certaines dévoilant leur identité.

Valentina Rice, éditrice, rapportait ainsi que Bailey l’aurait violée, en 2015, alors qu’ils se trouvaient tous deux au domicile d’un critique littéraire du Times. Eve Peyton, une ancienne étudiante de l’écrivain lorsqu’il était professeur à la Nouvelle-Orléans, assurait également que l’auteur l’avait violée en 2003.

Dans des emails envoyés à plusieurs femmes dénonçant les faits, Blake Bailey reconnaissait un « comportement déplorable », tout en assurant n’avoir rien fait « d’illégal ».

S’assurer que le livre « ne disparaisse pas »

La décision de la maison d’édition WW Norton avait donné lieu à de nombreux commentaires, notamment celui de l’organisation PEN America, qui défend la liberté d’expression des écrivains. Reconnaissant la gravité des faits rapportés par plusieurs publications crédibles, l’organisation prévenait malgré tout l’éditeur, qui devait faire en sorte que le livre de Bailey « ne disparaisse pas ».

« Notre préoccupation, en tant qu’organisation qui défend la liberté d’expression et la littérature, est qu’une large offre de livres soit disponible », soulignait PEN America.

Le souhait de PEN America, mais aussi d’autres organisations, comme l’Authors Guild ou la National Coalition Against Censorship, se trouve satisfait. L’éditeur Skyhorse Publishing annonce en effet la publication de la biographie, dès le 15 juin prochain pour la version imprimée, et la semaine prochaine en numérique et audio, aux États-Unis.

Cette maison d’édition indépendante basée à New York s’était déjà portée volontaire pour publier l’autobiographie de Woody Allen, Apropos of Nothing, abandonnée par le groupe Hachette suite à des accusations d’agressions sexuelles portées à l’encontre du cinéaste.

via L.A. Times

[Photo : David Shankbone, CC BY 2.0 – source : http://www.actualitte.com]

Escrito por David Galcerá 

“El verdadero asunto es el ser humano”. Esto es lo que decía Berdiaev de las novelas de Fiodor Dostoyevski (1821-1881), el genial escritor ruso de cuyo nacimiento se cumplen 200 años. Sus reflexiones sobre el bien, el mal, la muerte, la inmortalidad y Dios, junto con sus profecías de los totalitarismos del siglo XX, le confieren un aura especial. Alguien de quien también se puede decir que tiene como asunto el ser humano es Woody Allen en sus películas. Una de ellas, Match Point (2005), es la primera de una serie cuyo argumento se desarrolla y se filma en Europa; en este caso, en Londres. Tal vez sea la obra de la que el cineasta se sienta más orgulloso. La película puede entenderse como una particular lectura de Crimen y castigo (1866), obra a la que también hay referencias en otros de los films del director neoyorquino.

Dicha novela aborda temas como el superhombre que se anuncia tras la “muerte de Dios”, uno de los referentes de sentido en la cultura occidental contemporánea. El protagonista de Crimen y castigo, Raskólnikov, movido por la rabia ante la pobreza, asesina a una vieja prestamista. Al hacerlo, mata también a su hermana, que aparece en la escena. El protagonista se ampara en que hay que dar lugar al nuevo superhombre, alguien para quien los valores no están predeterminados, sino que se crean a través de la acción, y que puede sacrificar todos los obstáculos que se cruzan en su camino. Sin embargo, posteriormente, al ser perseguido por la policía, es su propia conciencia la que le persigue y le conduce a cometer actos delatores, como si quisiera ser detenido, hasta que finalmente confiesa el crimen. Es entonces enviado a Siberia. Allí debe pagar su culpa. Pero Sonia, una joven prostituta, víctima también de las circunstancias, lo ama. El final de la obra nos presenta a un Raskólnikov que se arrepiente del mal cometido y resucita a una nueva vida, como en la historia del Lázaro del cuarto evangelio (que Sonia le regala y que Raskólnikov rememora en su lecho). Se inicia así el anhelo por cumplir la condena para poder salir del presidio y vivir con Sonia.

La obra de Dostoyevski planea en Match Point. El mismo director nos da dos guiños. Uno de los personajes habla del ruso con admiración, recordando una conversación sobre Dostoyevski. Y la cámara, en otra escena, muestra al protagonista, Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers), leyendo Crimen y Castigo, acompañado del Cambridge Companion dedicado a la obra del escritor de Moscú.

Chris es un humilde personaje que gracias al tenis ha conseguido abrirse camino, hasta que abandona. En ese momento conoce a Chloe (Emily Mortimer), de familia adinerada y propietaria de una importante empresa en la City londinense. Se enamora de ella, pero al poco aparece Nola Rice, a la que da vida Scarlett Johansson. Comienza así una relación simultánea con ambas mujeres. Tras casarse con Chloe, con la que no tiene hijos, Nola queda embarazada. Dado que esta no quiere abortar, Chris decide finalmente asesinarla para librarse de ella y de la futura criatura y poder seguir manteniendo su alto nivel de vida. Antes de dispararla, Chris se topa con una vecina anciana, a la que también asesina. De su casa se lleva joyas y medicamentos, de modo que los crímenes parecen perpetrados por algún drogadicto y que Nola tuvo la mala suerte de encontrarse por allí.

El debate moral subsiguiente al asesinato se presenta en forma de atormentada conciencia, de diálogo a tres bandas entre Chris y Nola y la anciana, que aparecen como espectros. La primera de las mujeres recuerda al homicida la torpeza de sus actos, que le delatan (como si deseara ser descubierto). Pero Chris se justifica (al igual que Raskólnikov) en la teoría del superhombre. A diferencia del protagonista de Crimen y castigo, Chris no solo no será descubierto por la policía, sino que ni siquiera será traicionado por su conciencia. Esta se apaga y es capaz de seguir adelante. La anciana es solo un “daño colateral”. Respecto a la criatura que no llega a nacer, el protagonista hace referencia a Sófocles, y menciona un célebre fragmento de su obra sobre Edipo (aunque la cita ya tenía recorrido en la literatura griega): “Lo mejor es no haber nacido, y si se ha hecho, lo mejor es morir cuanto antes”. Entre la ambigüedad del cinismo y una extraña sinceridad, Chris anhela ser castigado por sus crímenes.

En la película los disparos causan la muerte de la amante y de la anciana, pero el asesino tiene la fortuna de su lado. El tema de la suerte planea omnipresente en la película. La primera imagen del film ya nos sitúa ante este tópico: una pelota de tenis golpea la red y cae hacia uno de los lados, si bien se sabe que podría haber caído del otro, otorgando así la victoria a uno y la derrota a otro. Esta escena se repite al final: cuando Chris tira al río las joyas que extrajo de casa de la anciana, un anillo golpea la barandilla del Támesis y cae en la acera. Lo que podría parecer un golpe de mala fortuna se convierte en buena suerte: el anillo es encontrado por la policía en el bolsillo de alguien relacionado con las drogas, lo cual libra al protagonista de toda sospecha.

Woody Allen ha manifestado en diversas ocasiones el anhelo de sentido, de justicia y de que la suerte no sea la última palabra. Pero para el cineasta estamos solos en el universo. En entrevista con Richard Schickel, y a propósito de Delitos y faltas, dice:

Quería ilustrar de una forma entretenida que no hay Dios, que estamos solos en el universo, y que no hay nadie ahí fuera para castigarte, que no habrá ningún tipo de final al estilo Hollywood a tu vida, que tu moral depende de ti mismo. Si tú puedes cometer un crimen y vivir con ello, está bien; la gente comete crímenes todo el tiempo, crímenes terribles y violentos contra otra gente de una u otra manera, y salen impunes y pueden vivir con ello…

Richard Schickel, Woody Allen: A Life in Film,  Ivan R. Dee, Chicago, 2003, pp. 149-150.

En una de las conversaciones, Chris apunta que los científicos hablan de que todo se debe a la suerte. John Leslie, en su obra Universes (1989), en el contexto del llamado “principio antrópico”, término acuñado por Brandon Carter en 1974, usó una metáfora ilustrativa para expresar el dilema del sentido o su ausencia en el universo en relación al ser humano. Imaginemos a un condenado a muerte sobre el que disparan diez personas entrenadas para ello pero que yerran. Lo más normal es que el superviviente busque una razón de su milagrosa salvación. Se podría pensar que todos los disparos han errado el blanco (sería la versión débil del principio antrópico: si podemos observar orden en el universo es porque estamos aquí; no hay más misterio); la otra opción es pensar que los tiradores estaban de parte del ajusticiado y erraron intencionadamente (esta sería la versión fuerte del principio antrópico: el universo lleva necesariamente hasta nosotros, que observamos ese orden como una meta). Aunque desconozco si Allen conocía la metáfora, es evidente que ilustra dos posibilidades: creer que hay un propósito o sostener la ausencia de todo propósito. Woody Allen y Dostoievsky podrían encarnar estas opciones opuestas.

La metáfora de la ejecución ha sido empleada también en referencia a un tema sensible para el cineasta judío: la Shoah. Podemos referirnos aquí a Imre Kertész en su obra Kaddish por el hijo no nacido. El protagonista, superviviente de Auschwitz, dice que no quiere tener un hijo, citando, como Chris, a Sófocles: “Es mejor no haber nacido”. En un mundo donde se puede decidir sobre la vida y la muerte de los seres humanos, la existencia es siempre una supervivencia, y un nacimiento puede ser una condena. El propio Kertész cifró su existencia, su no muerte, como fruto del azar mediante el que escapó de la gran industria nazi de la muerte. Y asegura, así, con palabras que valen para todo el mal de la centuria pasada:

El siglo, ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente, se prepara otra vez para disparar, y quiso el destino que el diez me tocara a mí –eso es todo.

Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido, Acantilado, Barcelona, 2001, p. 94.

Decía san Agustín que la muerte es la muerte de las otras muertes posibles que no se han cumplido. Por ello, en el curso natural de la vida, la muerte siempre aguarda al final como un certero disparo, como los que recibieron Nola y la anciana. Cuando Dostoyevski, en su juventud, fue detenido por pertenecer al círculo de Petrashevsky (grupo de socialistas utópicos, seguidores de las ideas de Fourier) fue llevado al paredón, y se simuló su ejecución. La pena fue después conmutada por la prisión. Woody Allen recuerda ese incidente y, hablando a propósito de su película Amor y muerte: la última  noche de Boris Grushenko, afirma en conversación con Richard Schickel que “la muerte está siempre presente”, “es un compañero constante”. Ante ello, el amor es fútil.

En la prisión, tras serle conmutada la pena, Dostoyevski recibió de manos de un grupo de mujeres que iban a ver a sus maridos prisioneros (pertenecientes al grupo revolucionario de los decembristas) un Nuevo Testamento. Antes de morir pidió a su mujer que le leyera la parábola del hijo pródigo en ese viejo librito que aún guardaba. Para Dostoyevski, no podía haber moralidad si no había inmortalidad. Para el autor de Crimen y castigo, la muerte es el umbral que hay que cruzar para alcanzar la vida verdadera y la justicia definitiva, y por ello cree que el sufrimiento puede tener su recompensa. Como indica el epígrafe que enmarca el comienzo de Los hermanos Karamázov, y como reza también el epitafio del escritor: “Solo el grano que cae a tierra y muere da mucho fruto”. Y para ese fruto se necesita el amor divino y el amor humano, como el de Sonia. Lo que nos une en este mundo es la conciencia de que todos pertenecemos a la misma especie, que arrastramos el mal como un pecado original y que todos somos responsables de lo que le sucede al otro.

Woody Allen, pese a que desea la existencia de Dios y de la vida después de la muerte, considera que creer en ello es engañarse a uno mismo. No niega su valor, pero, como dice Chris Wilton en la película, la fe es “la mínima resistencia”. Aunque ello no significa, en respuesta al dilema planteado por el nihilista Ivan Karamázov en la última gran obra del escritor ruso, que si Dios ha muerto todo esté permitido. En réplica a un sacerdote católico que afirmaba que Match Point mostraba que sin Dios se puede cometer cualquier crimen, Woody Allen rechaza esa conclusión. El problema no es tanto el fundamento de los valores como la sanción y la reparación del mal. El anhelo de Dios y de justicia de Woody Allen se asemeja al anhelo de redención y del Otro de Max Horkheimer, al deseo de que la muerte no sea la última palabra para que las víctimas de la historia, los abandonados en la cuneta, no queden sin una respuesta y una vindicación.

En ese sentido, las afirmaciones del director de Match Point se asemejan a la postura de un atento lector de Dostoyevski: Albert Camus. El escritor francés consideraba que la rebelión contra el sinsentido y un cielo vacío era lo que nos constituía como humanidad: “Me rebelo, luego somos”. Woody Allen lo expresa así a propósito de Match Point:

El mundo está lleno de gente que escoge vivir su vida de una manera completamente centrada en sí misma, en una forma homicida. Pero también se puede tomar la opción de que uno está vivo, y que hay otra gente que está viva, y que estás en un bote salvavidas con ellos y que tienes que intentar hacerlo tan decentemente como puedas por ti mismo y por todo el mundo.

Eric Lax, Conversations with Woody Allen. His Films, the Movies, and Moviemaking, A. A. Knopf, Nueva York, 2007, p. 124.

Como dejó dicho Hannah Arendt siguiendo la máxima socrática, de lo que se trata es de si al llegar a casa podemos vivir con nosotros mismos. Raskólnikov no pudo. Pero sí pudo Chris. Cuando llega a casa, tras conversar con Nola y la vecina, con su conciencia, asegura que se aprende a seguir adelante. También es lo que hicieron muchos de aquellos que formaron parte del “pelotón del siglo”: fueron capaces de vivir consigo mismos, desdoblando su personalidad, siendo asesinos de día y hombres de familia amorosos al llegar a casa.

 

 

 

[Fuente: http://www.elvuelodelalechuza.com]

Escrich per Joan-Marc Leclercq

Es interessant d’espiar com cada lenga resistís o reagís a l’omnipreséncia deus mots angleses (o globish) dens lo mitan professionau o jornalistic. Segon son estructura o son grad de capacitat de creacion, cada lenga guardarà son originalitat … o pas.

L’exemple mès simple es lo deu mot computer. Lo japonés l’adoptat d’un biaish fonetic dambe コンピューター [Konpyūtā], que benlèu un anglofòne reconeisheré pas obligatòriament a l’escota, quan lo chinés creèc lo mot 电脑 [Diànnǎo] que vòu díser “cervèth electric” (电 = electricitat 脑 = cervèth).

Si lo catalan e l’espanhòu an causit la solucion latina ordinador e ordenador, l’italian, mès anglicizat, a cedit a computer quan lo portugués a creat lo mescladís risolièr computador. De notar tanben lo roman dambe son drin susprenent calculator, e lo prèmi de la concision reveng au suedés dambe dator que m’agrada fòrça.

Mes existís un nivèu superior a l’acceptacion de mots anglosaxons, es lo de’n crear autes que son quitament pas en usatge ni dens las isclas britanicas ni aus USA. Lo siti La culture générale n’a trobats 41 en francés. N’an hèit la lista. Podèm doncas comparar dambe l’usatge de l’occitan qu’es una lenga que resistís mès a l’envasida de l’anglés gràcia a son esperit creatiu. Vaquí doncas una seleccion personala:

Purmèr podèm remercar un beròi grop de mots en -ing que son sovent inventats o lavetz sonque la purmèra part d’una expression, que tot solets vòlon pas díser gran causa en anglés:

Brushing (blow-dry) Camping (campsite / campground) Dressing (wardrobe / closet) Forcing (-) Footing (jogging) Lifting (face lift) Parking (car park / parking lot) Pressing (dry cleaner’s) Relooking (makeover) Shampooing (shampoo) Smoking (dinner-jacket / tuxedo) Travelling (tracking shot / dolly shot / trucking shot) Warning (hazard lights, flashers).

L’occitan perpausa fòrça simplament las reviradas:

Brossatge, campatge, vestider, lo tot, corruda, tibapèth, parcatge/pargue, netejader, cambiamustra, lavacap, vèsta de serada, plan sus via, lutz de destressa (en francés tanben).

Puèi lo dusau grop es lo deus mots en -man e -woman qu’existissen pas tanpauc:

Perchman (boom operator) Recordman (record holder) Rugbyman (rugby player) Tennisman (tennis player).

Mercés a sas numerosas terminasons (-aire, -ista, -ador) l’occitan fòrma aisidament:

Perjaire, recordaire, jogador de rugbí, tenista.

E vaquí qu’arriba una tièra de mots que cadun per aicí crei de la lenga de Shakespeare mes qu’ac son pas brica:

Baby-foot (table football / table soccer) Baskets (sneakers) Catch (wrestling) Open space (open plan) Pin’s (lapel pin / enamel pin) Pompom girl (cheerleader) Slip (briefs).

L’occitan se trufa de tot aquò dambe:

Butabala de taula, solièrs d’espòrt, luta liura, burèu obèrt, espingleta, clapateras, culòta.

De notar tanben los risolièrs “Book” que los anglofònes disen portfolio (!), lo mot de soca gascona “Caddie” (trolley / shopping cart) vengut de “capdèth” (èi escrit un article suu caminament mondiau d’aqueste mot) e l’inexplicable Talkie-walkie qu’es en vertat walkie-talkie.

Dens un filme de Woody Allen, vesoi un còp que l’expression anglesa the daylies èra revirada “les rushes”.

Lo nivèu de penetracion deus anglicismes dens una lenga seguís reglas que son pas fòrça regularas. Se lo francés n’es victima, se lo shuc de “canneberge*” es vengut cranberry sus la botelhas, se lo “doubeurre[1]” estoc abandonat per butternut, la lenga de Coluche a totun resistit per çò qu’es de l’embarrament, sia “confinement”, que fòrça paises sequenon an adoptat devath la fòrma lockdown.

Çò qu’es meslèu rassegurant, es que, a còps, anglicismes pòden desaparéisher deu vocabulari. En tot huelhetar un vielh diccionari, èi trobat los mots macadam macintosh (per un manto de ploja) qu’èi pas ausits dempuèi … longtemps.


[1] Èi pas trobat de revirada en occitan d’aquestes plantas.
[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

De Simon & Garfunkel à Steven Spielberg, en passant par Serge Gainsbourg, Woody Allen et Mel Brooks, nombreux sont ceux à avoir revendiqué leurs origines juives ou les avoir évoquées dans leur œuvre. Et puis il y a ceux qui n’en parlent pas, voire la dissimulent, pour autant de raisons qu’il n’y a d’histoires à raconter.

Brice Depasse, le conteur de Nostalgie, l’auteur de La Story qui fête cette année ses vingt ans d’antenne, vous convie à revivre le parcours de personnages légendaires comme Bob Dylan, Patrick Bruel, Stanley Kubrick, Roman Polanski, de David Lee Roth de Van Halen, Mark Knopfler de Dire Straits, Gene Simmons de Kiss, Lou Reed, Peter Sellers ou encore Joey Ramone.

Brice Depasse présente et réalise quotidiennement depuis 2001 « La Story », la chronique de référence de Nostalgie Belgique, en studio mais aussi aux quatre coins du monde sur les traces des plus grandes légendes de la musique populaire et du cinéma. Après avoir prêté sa plume à plusieurs quotidiens et hebdomadaires de presse écrite, Brice Depasse a publié de nombreux ouvrages dont « Destins brisés » (2012) et « La Story, le meilleur de la légende » (2016), mais aussi des œuvres de fiction comme « Ob-La-Di, Ob-La-Dan » et « Les Enfants de la Lune ». Il ajoute aujourd’hui à son arc la corde de scénariste avec deux séries de bandes dessinées dont les premiers volumes sortiront en 2021. Son dernier ouvrage « La Story, 20 ans, Derrière chaque artiste, une grande histoire » vient de sortir en librairie. Il est dans la vie civile le mari de Nicky Depasse de Radio Judaïca.

 

Participer à la réunion zoom

JEUDI, 11 MARS 2021, À 20:00
https://us02web.zoom.us/j/85174263882

ID de réunion : 851 7426 3882

 

[Source : http://www.cclj.be]

Nova tradução de “Memórias póstumas de Brás Cubas” nos Estados Unidos é destacada pelo crítico Parul Sehgal, que qualifica o romance como “moderno e surpreendentemente vanguardista”

Machado de Assis, autor de “Memórias póstumas de Brás Cubas”

Memórias póstumas de Brás Cubas, clássico de Machado de Assis, aparece na lista dos 20 melhores livros lançados em 2020, feita pelo The New York Times. Os três críticos do jornal — Dwight Garner, Parul Sehgal e Jennifer Szalai — escolhem os melhores títulos que ao longo do ano resenharam para o caderno de livros do jornal.

“O romance mais moderno e surpreendentemente vanguardista que li neste ano foi publicado originalmente em 1881”, escreve Parul Sehgal no breve comentário que compõe a lista. Ele também elogia a nova tradução do romance. Publicado pela editora Liveright, o livro foi vertido para o inglês por Margaret Jull Costa e Robin Patterson. “Leia este trabalho espirituoso e incrivelmente inventivo e veja como a ficção moderna parecerá de repente conservadora.”

A lista tem ainda autores contemporâneos como Elena Ferrante, Ayad Akhtar e Sigrid Nunez. As escolhas misturam livros de ficção e não ficção.

Memórias póstumas de Brás Cubas marca a fase mais madura de Machado de Assis. O livro é considerado a transição do romantismo para o realismo. Num primeiro momento, a prosa fragmentária e livre de Memórias póstumas, misturando elegância e abuso, refinamento e humor negro, causou estranheza, inclusive entre a crítica.

Com o tempo, no entanto, o defunto-autor que dedica sua obra ao verme que primeiro roeu as frias carnes de seu cadáver tornou-se um dos personagens mais populares da nossa literatura. Sua história, uma celebração do nada que foi sua vida, foi transformada em filmes, peças e HQs, e teve incontáveis edições no Brasil e no mundo, conquistando admiradores que vão de Susan Sontag a Woody Allen.

POSTHUMOUS MEMOIRS OF BRÁS CUBAS
Machado de Assis
Tradução: Margaret Jull Costa e Robin Patterson
Liveright
256 págs.
[Fonte: http://www.rascunho.com.br]
Scarlett Johansson est une actrice et chanteuse américano-danoise, philanthrope et démocrate, née en 1984. Elle a manifesté son courage en résistant en 2014 aux pressions du BDS (Boycott Désinvestissement Sanction) visant une publicité dans laquelle elle vantait SodaStream. Arte diffusera les 9 et 12 décembre 2020 « Lost in Translation » (Lost in Translation – Zwischen den Welten) de Sofia Coppola (2003) avec Bill Murray et Scarlett Johansson
Publié par Véronique Chemla

Scarlett Johansson est une actrice et chanteuse américano-danoise née en 1984 à New York, d’un père architecte danois et d’une mère américaine juive ashkénaze.

Elle célébrait Hanoucca et Noël.
Ses parents divorcent quand elle est âgée de 13 ans.
Enfant, Scarlett Johansson suit des cours de comédie et débute au cinéma dans la comédie « North » de Rob Reiner (1994).
Son interprétation d’une adolescente blessée dans The Horse Whisperer(L’Homme qui murmurait à l’oreille des chevaux, 1998) de Robert Redford, d’après le roman éponyme de Nicholas Evans (1995), reçoit des critiques favorables de la presse.
Deux films – Lost in Translation et Girl with a Pearl Earring – marquent sa transition vers des rôles d’adultes.

Dans sa filmographie : trois films réalisés par Woody Allen – Match Point (2005), Scoop et Vicky Cristina Barcelona -, Le Dahlia noir (The Black Dahlia) de Brian De Palma (2006), Deux sœurs pour un roi (The Other Boleyn Girl) de Justin Chadwick (2008), Lucy de Luc Besson…

En octobre 2017, Scarlett Johansson a participé à l’émission télévisée américaine « Finding your roots » ( « Retrouver vos racines ») sur PBS. Cette émission effectue des recherches généalogiques sur leurs invités. Scarlett Johansson a découvert qu’une partie de sa famille maternelle avait péri dans le ghetto de Varsovie (Pologne) lors de la Deuxième Guerre mondiale. Elle a lu les certificats de décès de Saul, le frère de son grand-père, et d’autres membres de sa famille. Elle n’a pu retenir ses larmes. « Je m’étais promise de ne pas pleurer, mais c’est dur de ne pas le faire. C’est fou, on ne peut vraiment pas imaginer l’horreur, c’est trop surréaliste. Je comprends pourquoi un mouchoir en papier était posé sur la table !  », a-t-elle déclaré.  Et d’ajouter : « C’est fou d’imaginer que Saul serait de l’autre côté à vendre des bananes sur Ludlow Street. Et comme c’était différent d’être en Amérique à cette époque. Le destin d’un frère contre celui de l’autre. » L’actrice a estimé que grâce à cette émission, elle se sentait plus « profondément liée à cette partie de moi, cette branche de ma famille. Je ne m’attendais pas à cela”. Son grand-père avait quitté la Pologne pour les États-Unis où il a gagné sa vie comme épicier à New York.

L’actrice est mère d’une fille prénommée Rose Dorothy Dauriac, née en 2014 de son mariage avec Romain Dauriac.

« Lost in Translation »
Arte diffusera le 9 décembre 2020 « Lost in Translation » (Lost in Translation – Zwischen den Welten) de Sofia Coppola (2003) avec Bill Murray et Scarlett Johansson.
« Bob Harris, célèbre acteur américain sur le déclin, tourne à Tokyo un spot publicitaire pour un whisky japonais… Logé dans un palace de la ville, en proie au décalage horaire, il se sent radicalement étranger aux choses et aux gens qui l’entourent. Au bar de l’hôtel, il rencontre une jeune compatriote, livrée elle aussi à la solitude et à l’insomnie. Charlotte, fraîche émoulue de l’université, vient d’épouser un photographe de stars, qui ne cesse de courir d’un rendez-vous à un autre. Entre le blasé vieillissant et la femme-enfant délaissée se noue une étrange relation… »

« Bill Murray et Scarlett Johansson unissent leurs décalages pour un pas de deux drolatique, émouvant et subtil. Un petit bijou de cinéma. »

Lost in Translation « se dit d’une notion intraduisible, qui se « perd » dans le passage d’une langue à l’autre. Mais peut-être faut-il entendre ici l’expression littérale : « perdu dans la traduction » ? Parce qu’ils sont égarés dans un espace entre deux mondes, idéalement figuré par le cocon irréel d’un grand hôtel international, ces êtres en apesanteur se rencontrent et se touchent ».
« Sur un canevas léger, Sofia Coppola, épaulée par des comédiens en état de grâce, compose un petit bijou de cinéma, avec en toile de fond futuriste les lumières de Tokyo ».
« Dialogues ciselés, montage inspiré, acuité du regard : son deuxième long métrage après Virgin Suicides transpose avec subtilité dans le monde d’aujourd’hui l’élégance des sentiments et la drôlerie des grands classiques de la comédie américaine ».

« Aux côtés de Bill Murray, qui parvient d’un seul hilarant haussement de sourcil à exprimer la quintessence du dépaysement, de l’absurde ou de l’attendrissement, Scarlett Johansson ne se laisse pas intimider. Sa manière de suggérer la vulnérabilité, derrière son charme boudeur et son humour à froid, relève du grand art. »

« La jeune fille à la perle  »
« La jeune fille à la perle » (Das Mädchen mit dem Perlenohrring ; Girl with a Pearl Earring) est un film réalisé par Peter Webber avec Colin Firth, Scarlett Johansson, Tom Wilkinson et Cillian Murphy.
« Adapté du livre de Tracy Chevalier, ce film livre sa propre vision de l’énigmatique « jeune fille à la perle », incarnée par Scarlett Johansson » qui est sélectionnée pour les Golden Globes en 2003.
« Delft, XVIIe siècle, à l’âge d’or de la peinture hollandaise. Pour aider ses parents, la jeune et ravissante Griet se fait engager comme servante dans la maison du peintre Vermeer. Celui-ci vit et travaille presque en reclus dans son atelier tandis que sa femme et sa belle-mère se chargent de l’intendance et des finances. La jeune servante, très disciplinée, s’occupe du ménage et des six enfants ».
« Au fil du temps, les femmes de la maison développent envers elle une terrible jalousie. Mais la douceur et la vivacité de la jeune fille émeuvent le maître qui l’introduit dans son univers. L’œil sûr, celle-ci prépare en cachette les pigments de ses peintures et le seconde en silence dans son atelier. Un jour, un mécène richissime commande un portrait d’elle à Vermeer. Le scandale éclate lorsque la maîtresse de maison apprend que Griet lui a emprunté une boucle d’oreille sans sa permission pour poser devant le peintre… »
« Adapté du succès littéraire éponyme de Tracy Chevalier, lui-même inspiré par le tableau de Johannes Vermeer, ce film somptueux livre sa propre vision de l’origine de l’énigmatique jeune femme représentée par le peintre ».
« Ce portrait devenu célèbre dès sa redécouverte a souvent été qualifié de « Joconde du Nord » par les critiques ».

« Dans son film, centré sur la relation entre le maître et sa servante, le réalisateur Peter Webber a apporté un soin particulier à la photographie et aux décors, cherchant à recréer l’ambiance et les tonalités présentes dans toutes les œuvres de Vermeer : une lumière ciselée et une obscurité diffuse au service des sentiments des personnages. Une belle réussite, toute de sensualité et de pudeur ».

« #Chef« 

« #Chef » (Kiss the Cook – So schmeckt das Leben!) est un film américain réalisé par Jon Favreau avec Jon Favreau (Carl Casper), Bobby Cannavale (Tony), John Leguizamo (Martin), Emjay Anthony (Percy), Scarlett Johansson (Molly), Dustin Hoffman (Riva), Sofía Vergara (Inez), Oliver Platt (Ramsey Michel),  Amy Sedaris (Jen), Robert Downey Jr. (Marvin).

« Un cuisinier en rupture de ban prend la route avec son fils à bord d’un « food truck »… Une comédie 100 % carnivore, interprétée, scénarisée et réalisée par un maître du divertissement hollywoodien, Jon Favreau (qui a signé les deux premiers « Iron Man ») ».

« Le talentueux chef Carl Casper officie dans un resto branché de L. A., sous la surveillance pointilleuse du propriétaire du lieu, un homme aussi inflexible que conservateur. Quand un critique gastronomique réputé s’annonce pour le dîner, Carl se voit interdire toute fantaisie créative dans le menu préparé en conséquence et perd son sang-froid sur Twitter devant l’article dévastateur qui en résulte. Mis à pied, il embarque alors son fils de 10 ans, Percy, dans un road trip pour Miami, la ville de ses débuts. Le vieux minibus qu’ils croisent en chemin redonne un élan à sa fougue culinaire : il y voit le food truck de ses rêves, dans lequel, avec Percy et un copain recruté en renfort, ils vont proposer d’exceptionnels sandwichs cubains (spécialité qui, depuis la Floride, a conquis les États-Unis).  »

« À moins d’avoir la foi végane chevillée au corps, ne pas s’aviser de regarder le ventre vide cette ode à l’amour filial, à l’amitié, à l’appétit, à l’Amérique et à l’aventure  – un quintuple A, comme pour l’andouillette. Démultiplié derrière ses fourneaux, Jon Favreau, à la fois scénariste, acteur principal et réalisateur, a l’art de faire saliver d’un simple plan sur une viande en train de rôtir. Abonné aux blockbusters de super-héros (il a signé notamment les Iron Man 1 et 2), il explore avec cette comédie bon enfant et 100 % carnivore les fondamentaux du divertissement comme de la cuisine : une échappée simple et roborative, ponctuée d’escales pleines de séductions (du beignet made in New Orleans au barbecue mitonné à Austin), et épicée d’un défilé de guest stars. »
SodaStream

L’actrice américaine juive Scarlett Johansson est l’égérie de la publicité de SodaStream, firme israélienne leader mondial de la gazéification à domicile, destinée à être diffusée lors de la mi-temps de la finale le 2 février 2014 du Super Bowl, match de football le plus suivi – environ 130 millions de téléspectateurs aux États-Unis – et au tarif de 3,5 millions de dollars en 2012 pour un spot publicitaire de trente secondes.

SodaStream offre un « concept pratique, écologique, diététique et économique » de gazéification à domicile.
Cette actrice a affronté depuis la mi-janvier 2014 une campagne BDS contre son soutien à la société fabriquant des machines à soda et des sodas notamment dans l’usine d’une zone industrielle à Mishor Adumim, en Judée, soit en zone C, « sous contrôle de l’administration israélienne« , selon les accords d’Oslo (1993). Le 24 janvier 2014, Scarlett Johansson a expliqué dans le Huffington Post : « Je n’ai jamais eu l’intention d’être le visage d’un mouvement social ou politique. Cela n’a rien à voir avec mon affiliation à SodaStream… Je demeure une supportrice de la coopération économique, de  l’interaction sociale entre un État d’Israël démocratique et la Palestine. SodaStream est une compagnie qui n’est pas seulement engagée dans l’environnement, mais aussi dans la construction d’un pont pour la paix entre l’État d’Israël et la Palestine, en soutenant des voisins qui se soutiennent, et travaillent main dans la main, recevant le même salaire, des avantages égaux et des droits identiques. C’est ce qui arrive chaque jour dans l’usine Ma’ale Adumim… Je soutiens les produits de SodaStream et je suis fière du travail que j’ai accompli comme ambassadrice d’Oxfam pendant huit ans« . Devant la critique d’Oxfam, l’actrice a mis un terme le 30 janvier 2014 à sa mission pour cette organisation en raison d’une « différence fondamentale d’opinion » à l’égard du mouvement BDS. Le 31 janvier 2014, Osfam a accepté la démission de Scarlett Johansson : « Oxfam estime que les entreprises qui, comme SodaStream, exercent leurs activités dans les colonies contribuent à y perpétuer la pauvreté et le non-respect des droits des communautés palestiniennes que nous nous attachons à soutenir. Oxfam s’oppose à toute forme de commerce avec les colonies israéliennes, lesquelles sont illégales au regard du droit international« .
Et pourtant les ouvriers « palestiniens » sont heureux de travailler dans cette usine à Mishor Adumim, en Judée : « SodaStream emploie 900 personnes, dont 500 Palestiniens qui ont les mêmes avantages que les Israéliens et reçoivent des salaires cinq fois supérieurs à ceux payés dans les territoires administrés par l’Autorité palestinienne », a déclaré Philippe Chancellier, directeur général d’OPM France, société distribuant en France les produits SodaStream, le 29 janvier 2014. « 
Le 1er février 2014, la chaine Fox a annoncé qu’elle ne diffusera pas le spot de SodaStream car Scarlett Johansson le concluait par : « Sorry, Coke and Pepsi » (Désolée, Coke et Pepsi). Deux annonceurs internationaux très importants… Mais ce spot a bénéficié d’une extraordinaire publicité via les articles et le buzz. Depuis le 27 janvier 2014, donc en moins d’une semaine, il a été visionné par près de neuf millions d’Internautes sur YouTube ! Sans compter les Internautes qui l’ont vu sur d’autres sites…
SodaStream est un des partenaires du 41e festival international de la bande dessinée (31 janvier-2 février 2014).  Des dessinateurs ont demandé par une lettre-pétition à Franck Bondoux, délégué général de ce festival, de « couper tous les liens entre le festival et cette entreprise honteuse ». Parmi les signataires : les Américains Ben Katchor et Joe Sacco, le Français Siné, la tunisienne Willis From Tunis, le Brésilien Carlos Latuff, et l’Israélien Amitai Sandy. Franck Bondoux a déclaré au Monde (31 janvier 2014) qu’il était « particulièrement gêné par cette lettre ouverte qui ne repose sur rien de concret. Quand le festival s’engage avec un partenaire, il regarde naturellement qui il est. Concernant SodaStream, je ne vois pas en quoi cette entreprise est honteuse. Elle est implantée dans une colonie ancienne, en zone C, qui est née des accords d’Oslo entre Israël et l’OLP. Rien n’interdit à une entreprise de s’installer là dans l’attente d’un accord entre les deux parties, quand bien même celui-ci tarde particulièrement. SodaStream crée plutôt des passerelles. Elle emploie 500 travailleurs palestiniens qui travaillent dans de bonnes conditions. Cette entreprise n’a jamais été condamnée en France. Parler de “crime” à son encontre, comme le font ces auteurs, est une prise de position partisane. La rejeter reviendrait à la condamner : ce serait une injustice à l’envers ».
Ce n’était pas la première fois que SodaStream était visée par BDS : en janvier 2011, « sous la pression d’organisations pro-palestiniennes en France, France Télévisions avait d’abord retiré la publicité de SodaStream des écrans lors du jeu SLAM. Le BNVCA (Bureau national de vigilance contre l’antisémitisme) était alors intervenu auprès de directrice des relations de France Télévisions » et lui avait « signifié qu’en vertu des lois qui prévoient et punissent le délit de boycott en France, le BNVCA envisageait de poursuivre en justice cette instance. France Télévisions a immédiatement rétabli SodaStream dans son droit« .
Le 29 octobre 2014, SodaStream a annoncé « la fermeture progressive, d’ici à fin 2015 de sa principale unité de production« , située dans la localité de Mishor Adoumim, à l’est de Jérusalem, dans la zone industrielle de Maalé Adoumim. Éludant le boycott, elle a évoqué les difficultés actuelles et son souci de « rationalisation des coûts de production et de l’optimisation de la fabrication », d’« améliorer l’efficacité opérationnelle » du groupe coté sur le marché du Nasdaq à New York depuis 2010. Elle fermera aussi son autre usine dans le nord d’Israël, près de Nazareth. Ce qui représentera une réduction de neuf millions de dollars de ses coûts de production. Le chiffre d’affaires s’élève à 125,9 millions de dollars au troisième trimestre 2014 contre 144,6 millions à la même époque en 2013. Le chiffre d’affaires annuel devrait diminuer de 9 % par rapport à 2013.
Directeur général d’OPM, importateur et distributeur exclusif de Sodastream en France, Philippe Chancellier, nie auprès de MYTF1News que la firme ait cédé au boycott : « L’usine qui est Newsnotre site de production historique, existe depuis plus de 30 ans. Il est impossible qu’elle ferme du jour au lendemain. En revanche, il est vrai que cette fermeture est envisagée ».
« Nous lançons aujourd’hui un plan global de croissance pour remettre l’entreprise sur la bonne voie », a expliqué le PDG de la firme. SodaStream emploie plus de 2 000 personnes sur une vingtaine de sites en Australie, en Chine, en Allemagne, en Afrique du Sud, en Israël et en Cisjordanie. Le groupe a annoncé en 2012 vouloir construire une nouvelle usine dans le désert du Néguev, dans le sud d’Israël. Et d’ajouter : « L’entreprise Sodastream est aujourd’hui un succès dans 45 pays et dispose de 20 sites de production dans le monde, dont deux en Israël. Un troisième, de plus grande envergure, devrait ouvrir prochainement dans le Néguev, à l’extrême sud du pays ».
« SodaStream présente sur Internet son usine de Mishor Adoumim comme un « modèle d’intégration » employant 1 300 personnes : 500 Palestiniens, 450 Arabes israéliens et 350 Juifs israéliens jouissant des mêmes salaires et des mêmes conditions sociales. Les employés palestiniens y « perçoivent des salaires quatre à cinq fois supérieurs par rapport aux salaires moyens dans les territoires contrôlés par l’Autorité palestinienne ». Daniel Birnbaum, PDG de SodaStream, avait déclaré en janvier 2014 au magazine juif new-yorkais Forward, que Mishor Adoumim, « ancienne usine de munitions reconvertie en 1996, était devenue « une épine dans le pied » pour l’entreprise. Selon son conseiller Maurice Silber, cité par Forward, « tout le monde est contre l’occupation » et le PDG était prêt à payer des impôts sur les sociétés dans un futur État palestinien ».
Le 29 février 2016, Daniel Birnbaum a annoncé le licenciement des 74 derniers salariés palestiniens travaillant dans son usine à Lehavim, site de la nouvelle implantation de l’usine après la fermeture de celle de Maalé Adoumim sous la pression du BDS. Le permis de travail de ces ouvriers n’aurait pas été prolongé par les autorités israéliennes. SodaStream a recruté des salariés israéliens à la place de ceux palestiniens.
Anas Abdul Wadud Ghaïth « essuyait les larmes derrière ses lunettes. «On formait une famille. Je suis triste parce que je quitte mes amis», a confié le jeune homme de 25 ans dont quatre années passées chez SodaStream. « Il n’y a pas d’espoir en Palestine, et pas beaucoup de travail», a-t-il ajouté. Quelques centaines de salariés de l’usine de Lehavim ont manifesté contre l’attitude du gouvernement israélien et formé un signe de paix en solidarité avec leurs anciens collègues ».
Le COGAT, » organe du ministère de la Défense chargé de coordonner les activités israéliennes dans les Territoires, n’a pas fourni d’explication sur le non-renouvellement des permis. « Le COGAT a pris de nombreuses mesures pour aider l’usine, il a fourni des permis provisoires à des centaines de travailleurs au cours de l’année et demie écoulée pour rendre le transfert possible », a expliqué cet organisme public. Selon le COGAT, « 58 000 Palestiniens possèdent des permis pour travailler en Israël, et 27 000 autres pour des entreprises israéliennes dans les « localités de Judée et de Samarie. Ces « salariés gagnent en général mieux leur vie que dans des entreprises palestiniennes ».
Maayan Nave, « le porte-parole de SodaStream, a dit ne pas croire que le gouvernement ait voulu sanctionner le fait que l’entreprise ait cédé aux pressions du BDS. Il a assuré que la compagnie continuerait à se battre pour obtenir des permis pour les Palestiniens. Le PDG de SodaStream, Daniel Birnbaum, a, lui, affirmé que « le BDS n’a rien à voir avec ça», martelant: «c’est la faute du gouvernement». Le gouvernement «est incapable de surmonter sa propre bureaucratie et son propre entêtement pour résoudre cette énorme difficulté: permettre à 74 gens bien de continuer à faire ce qu’ils faisaient jusqu’alors», a-t-il dit ».

SodaStream avait cédé au BDS en changeant le lieu d’implantation de son usine. Il a contribué à la situation actuelle. Sans se soucier du sort de tous ceux, célèbres ou anonymes, qui avaient défendu la marque et son site dans une terre biblique.

« Deep fake »

« L’actrice la mieux payée d’Hollywood, Scarlett Johansson, vient d’ajouter son nom à la liste des personnalités qui s’engagent contre le phénomène des « deep fake » – ces vidéos ultraréalistes dans lesquelles les visages et les voix de ceux qui apparaissent à l’écran sont modifiés. »
« Dans une interview accordée au quotidien The Washington Post, l’actrice dont la tête a été utilisée dans des dizaines de vidéos pornographiques s’inquiète de la montée en puissance de ces technologies : « Les personnes vulnérables comme les femmes, les enfants, et les personnes âgées doivent prendre des précautions supplémentaires pour protéger leur identité et leur contenu personnel », déclare-t-elle ».

« Lost in Translation » de Sofia Coppola

Etats-Unis, Japon, 2003
Scénario : Sofia Coppola
Production : American Zoetrope, Elemental Films, Tohokushinsha Film Company
Producteurs : Ross Katz, Sofia Coppola
Image : Lance Acord
Montage : Sarah Flack
Musique : Kevin Shields
Avec Scarlett Johansson (Charlotte), Bill Murray (Bob Harris), Akiko Takeshita (Madame Kawasaki), Kazuyoshi Minamimagoe (attaché de presse), Kazuko Shibata (attaché de presse), Nancy Steiner (Lydia Harris), Giovanni Ribisi (John), Ryuichiro Baba (le concierge), Anna Faris (Kelly)
Sur Arte les 27 décembre 2011 à 20 h 40, 28 décembre 2011 à 14 h 45, 19 août 2015 à 20 h 50, 9 décembre 2020 à 20 h 55 et 12 décembre 2020 à 1 h 00
Disponible du 09/12/2020 au 15/12/2020
Visuels :
© ARD/Degeto Film
© Yoshio Shato
© DR

« La jeune fille à la perle » par Peter Webber
Royaume-Uni, Luxembourg, 2003
Image : Eduardo Serra
Montage : Kate Evans avec Alexandre Desplat
Production : Archer Street, Delux, Film Fund Luxembourg, Pathé, UK Film Council, Wild Bear
Producteur/-trice : Andy Paterson, Anand Tucker
Scénario : Olivia Hetreed
Avec Colin Firth, Scarlett Johansson, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Essie Davis, Judy Parfitt
Auteur : Tracy Chevalier
Sur Arte les 14 octobre 2018 à 20 h 50, 17 octobre 2018 à 13 h 35
Visuels :
Scarlett JOHANSSON
Tom WILKINSON, NON IDENTIFIE
Essie Davis, Scarlett JOHANSSON
NON IDENTIFIE, Tom WILKINSON, Scarlett JOHANSSON, NON IDENTIFIE
© PATHE

« #Chef » de Jon Favreau

États-Unis, 2014, 111 min

Scénario : Jon Favreau

Production : Aldamisa Entertainment, Kilburn Media
Producteurs : Jon Favreau, Sergei Bespalov, Roy Choi, John Bartnicki
Image : Kramer Morgenthau
Montage : Robert Leighton
Musique : Stefan Karrer et Lyle Workman
Avec Jon Favreau (Carl Casper), Bobby Cannavale (Tony), John Leguizamo (Martin), Emjay Anthony (Percy), Scarlett Johansson (Molly), Dustin Hoffman (Riva), Sofía Vergara (Inez), Oliver Platt (Ramsey Michel),  Amy Sedaris (Jen), Robert Downey Jr. (Marvin)

Visuels : 
© TF1 Studios
© Merrick Morton

Les citations sur le film sont d’Arte. Cet article a été publié le 14 octobre 2018.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]