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La rápida desaparición de la vida judía en Lituania, apenas unos meses tras la ocupación del país por los alemanes en 1941, es una responsabilidad que se reparte casi a partes iguales entre los nazis y sus verdugos voluntarios en ese país.


Numerosos ciudadanos lituanos participaron en la « solución final » voluntariamente y se cuentan por centenares los criminales de guerra procedentes de  como perpetradores y responsables del Holocausto en este país. Por ejemplo, hay que reseñar el caso de una unidad de colaboradores sin escrúpulos dirigida por Algirdas Klimaitis y animada por alemanes de la Policía de Seguridad y del Servicio de Seguridad, que iniciaron de una forma conjunta un pogrom contra los judíos en Kaunas, la noche del 25 al 26 de junio de 1941. Más de 1.500 judíos -otras cifras hablan de hasta 3.000 víctimas- fallecieron en los siguientes días en lo que fue el primer pogromo de la  ocupada por los nazis

El final de la vida judía en Lituania

Vilna, considerada la Jerusalén de Europa del Este, contaba con más de 100.000 judíos, que hablaban ídish, hebreo, ruso, polaco y alemán, indistintamente, y contaba con numerosas organizaciones e instituciones hebreas bien organizadas. La ciudad había sido la capital de la República Socialista Soviética de Lituania entre junio de 1940 y junio de 1941, en que entraron los nazis y los soviéticos huyeron despavoridos ante la desproporción de las fuerzas militares entre ambos.

En esta ciudad, más bien en sus alrededores, se produjo una de las mayores matanzas en la  del Holocausto, la del bosque de Ponary, cuyo máximo responsable fue el comandante de los temidos Einsatzkomando Alfred Filbert. Así cuenta lo acontecido las páginas del Museo Yad Vashem: « Ponary, un bosque situado a unos 10 kilómetros de Vilna fue el sitio del exterminio y la sepultura de decenas de miles de judíos. Las víctimas eran traídas de esta ciudad y de los alrededores, fusiladas por los alemanes y lituanos, y arrojadas a las fosas allí cavadas. Solo algunos lograron escapar, y de ellos apenas unos pocos consiguieron escabullirse de la población local ». Se calcula que algo más de 70.000 judíos fueron asesinados en un breve periodo de tiempo, apenas unos meses del año 1941, en esos campos hoy abandonados y casi bucólicos.

A partir de 1943 y hasta 1944, los alemanes comienzan a destruir los escasos guetos lituanos y a asesinar a la población judía confinada en los mismos. El trabajo de exterminio de los judíos, con la ayuda de la Policía Auxiliar Lituana, se realizaba a un ritmo frenético y en el mismo participaban numerosos civiles lituanos que señalaban a los judíos escondidos, muchas veces con el fin de participar después en la rapiña de sus propiedades, tierras y bienes. En muy pocos lugares el Holocausto se produjo de una forma tan vertiginosa como en los países bálticos. « A fines de 1941, quedaban con vida en Lituania unos 40.000 judíos, concentrados en cuatro guetos: Vilna, Kovno, Siuauli y Svencionis (Swieciany) y algunos campos de trabajo », señalaban las páginas del Museo Yad Vashem al referirse a estas matanzas.

En el verano y otoño de 1943 fueron liquidados los guetos de Vilna, Svencionis, Kovno y Siauliai ante una inminente llegada de los soviéticos y sus habitantes, en su gran mayoría, fueron asesinados en crueles matanzas, algunas de ellas consistentes en ser quemados vivos en sinagogas y otros recintos judíos. Cuando ya quedaba claro que la suerte estaba cambiando para los alemanes y que la guerra contra la Unión Soviética no iba a ser un paseo militar, los ocupantes nazis comenzaron a deportar a algunos miles de judíos, sobre todo a los que podían ser mano de obra útil, hacia otros lugares, tal como lo señala la ya citada Enciclopedia del Holocausto: « Unos 15.000 judíos de Lituania fueron deportados a campos de trabajo en Letonia y Estonia, y unos 5.000 fueron deportados a centros de exterminio en Polonia, donde los asesinaron. Poco antes de retirarse de Lituania en el otoño de 1944, los alemanes deportaron a cerca de 10.000 judíos de Kovno y Siauliai a campos de concentración de Alemania ».

Ya en 1943, la vida judía había sido aniquilada y « extirpada » de Lituania y apenas unos miles de judíos, escondidos y otros que habían huido o sido deportados por los soviéticos a Siberia, conservaban su vida a finales de ese año. La mayor parte de las matanzas se produjeron en los primeros meses de la ocupación, en 1941, en que fueron asesinados, según cálculos objetivos, seguramente más de 175.000 judíos.

En 1944, cuando los soviéticos « liberan » Lituania y los alemanes huyen ante su previsible derrota, apenas quedaban con vida algo menos del 10% de los judíos lituanos. De los 220.000 judíos que había en 1941, según fuentes históricas, entre 190.000 y 195.000 habían sido asesinados en apenas dos años por los nazis y sus aliados lituanos. También un número indeterminado de judíos, huidos de Polonia y otros países ocupados por los nazis y un sinfín de deportados, habrían encontrado la muerte en territorio lituano.

Las responsabilidades de los lituanos en el Holocausto

Al igual que en otras partes de Europa, pero especialmente en Hungría, Polonia y Rumanía, donde abundaron por doquier los verdugos voluntarios de Hitler, la responsabilidad de miles de lituanos en las matanzas perpetradas contra los judíos y en las deportaciones de otros miles a los campos de la muerte durante el Holocausto -amén de un grado de colaboracionismo que abarcaba a todos los sectores sociales- es un hecho indiscutible y controvertido aun hoy en día en la sociedad lituana.

En una fecha tan reciente como el año 2001, Efraim Zuroff, director de la oficina del Centro Centro Simón Wiesenthal en Jerusalén, presentó al fiscal jefe de investigaciones especiales de Lituania, Rimvydas Valentukevicius, una lista de 97 lituanos sospechosos de haber colaborado con los nazis en la  (1939-1945). Una cifra muy pequeña de los colaboradores lituanos en el Holocausto, ya que la mayoría habían muerto, vivían con otras identidades en otros países o murieron plácidamente en sus camas porque nunca fueron extraditados a pedido de las autoridades soviéticas tras la , fue juzgado por estos hechos deplorables. La mayoría de los responsables nunca tuvieron que responder por sus crímenes y los mismos quedaron impunes para siempre. En 1991, incluso el gobierno lituano reconoció que, en una amnistía a represaliados por el régimen comunista, con su consiguiente rehabilitación pública, podían haber salido beneficiados algunos antiguos colaboradores de los nazis, lo que indignó a la comunidad judía local y a numerosos medios de comunicación de todo el mundo.

Mención aparte merece el caso del héroe lituano Jonas Noreika, adorado, venerado y reconocido como un héroe partisano anticomunista y que fue ejecutado por los soviéticos tras la guerra, en 1947. Su nombre, venerado en las escuelas y que da nombre a numerosas calles y plazas lituanas, pasó de ser un sinónimo de héroe a criminal de guerra colaborador de los nazis, tal como aconteció en la vida real. La , paradójicamente, la descubrió su nieta, Silvia Foti, una ciudadana lituana-estadounidense residente en Chicago que pasó años investigando la vida y obra de su familiar venerado y que reveló, en un artículo en The New York Times, al público su impactante conclusión sobre el personaje: su abuelo era un feroz antisemita y colaborador nazi. El asunto no cayó en saco roto y el nacionalismo lituano, tan complaciente con los crímenes nazis, culpó a la nieta casi de alta traición, socavando la credibilidad de sus acusaciones y hoy en días las placas y esculturas del tal Noreika siguen ahí, entre la vergüenza de algunos -pocos- y la defensa a ultranza, por parte de otros, de un héroe de bastante dudosa trayectoria.



Fuentes utilizadas y consultadas:
Porat, Dina (2002): “The Holocaust in Lithuania: Some Unique Aspects”.

Enciclopedia del Holocausto de US Holocaust Memorial Museum: https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/lithuania

Inter Press Service:
https://ipsnoticias.net/2001/09/lituania-grupo-judio-acusa-a-97-criminales-de-guerra-nazis/

The New York Times: https://www.nytimes.com/es/2018/09/13/espanol/heroe-lituania-asesino-nazi.html

Base documental del Museo Yad Vashem de Israel: https://www.yadvashem.org/es/holocaust/about/final-solution-beginning/baltic-states.html

[Fotos del autor: imágenes de Vilna – fuente: diariojudio.com]

Escrito por Lucia Rud

Las vinculaciones entre teatro y judeidad fueron de gran productividad en la ciudad de Buenos Aires durante el siglo XX. El objetivo de este trabajo es dar cuenta de diferentes modalidades de lo judío en el teatro de Buenos Aires a lo largo del siglo XX: el teatro de la representación de lo judío, el teatro yiddish y el teatro judío-argentino. En este aspecto, interesa determinar cuáles y cómo son las relaciones entre lo judío y lo argentino manifiestas en las expresiones teatrales, y cuál y cómo son los vínculos de los judíos como grupo minoritario con la historia cultural del Estado nacional.

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[Fuente: http://www.diariojudio.com]

El 30 de octubre de 1902 Theodor Herzl, fundador del sionismo político, publicó una novela romántica utópica, “Altneuland” (Vieja-nueva nación), en la cual expresó su visión sobre el Estado judío y se convirtió en uno de los textos más importantes del movimiento sionista. Fue traducida al ídish por Israel Isidor Elyashev y al hebreo por Nahum Sokolow.

La novela cuanta la historia de Friedrich Löwenberg, un joven judío intelectual de Viena, quien, cansado de la decadencia europea, se une a un aristócrata prusiano americanizado llamado Kingscourt mientras se retira a una isla pacífica remota. Ellos pasan 20 años allí, lejos de la civilización. Cuando vuelven y pasan por Palestina para volver a Europa, descubren a una tierra drásticamente cambiada, con una sociedad cosmopolita moderna y abierta, y con una gran industria cooperativa que se basa en tecnología avanzada.

El escrito de Herlz deja su mara en la realización de la emancipación nacional judía. Este presenta un modelo de sociedad que adoptaría un modelo social liberal e igualitario, parecido al modelo de un Estado de bienestar. Él dijo que su modelo se llamaba “mutualismo” y que se basaba en una economía mixta, con propiedades de tierra y recursos públicos, cooperativas agrícolas e innovación privada.

En su imaginación, los ciudadanos de Altneuland no hablan exclusivamente hebreo, sino que son multilingües. Además, esta muestra a Jerusalén como la capital y a Haifa como el centro industrial del país.

[Fuente: http://www.itongadol.com]