Falleció en Ginebra, a sus 91 años. Un encuentro con Walt Disney, a sus 10 años, signó su destino. Vivió en varios países y las mejores editoriales se disputaron sus dibujos, convertidos en piezas de culto.

Lilian Obligado, último adiós a la gran ilustradora argentina

Mirada pícara. Los dibujos de Lilian Obligado son parte de un legado invaluable. Foto: Andres D’Elia

Escrito por Verónica Abdala

Lilian Obligado pasó sus últimos días en Suiza, el país en el que había nacido su madre y en el que ella eligió vivir, a comienzos de la década del 80: se fue rodeada de un paisaje de ensueño, digno de los cuentos que ilustraba.

Asistida por sus hijos, Cristina y Sigismond de Vajay -artista plástico-, y mientras su cuerpo iba perdiendo fuerza, esperó la muerte escapando de a ratos de la cama para darle sorbitos a un brandy debajo de un tilo fresco que la invitaba a repasar su vida. Acababa de cumplir 90 años: ese día se dejó fotografiar sosteniendo gigantescos globos dorados.

La gran ilustradora argentina, que falleció el lunes 27 de septiembre, había tenido una vida nómade: nacida en 1931, pasó la infancia entre la Argentina y los Estados Unidos, donde a sus diez años conoció en California al mismísimo Walt Disney: un encuentro que marcó su destino. Entonces supo, repentinamente y de un modo misterioso, que lo suyo sería el dibujo.

Ilustraciones de Lilian Obligado.

Ilustración de Lilian Obligado

De regreso en Buenos Aires concurrió a las clases que impartía el profesor Puig, un hombre que le enseñó a dibujar retratos y animales: al descubrimiento de que podía recrear el mundo sin más elementos que un lápiz, sumó un talento innato, que sorprendió incluso al maestro.

En los años que siguieron, Obligado llegó a ilustrar unos 130 libros infantiles, e incluso uno escrito por el hombre más importante de su vida, su padre, titulado The Gaucho boy. Obra de la causalidad -¿o la magia?-, la muerte la alcanzaría justo un 27 de septiembre, la misma fecha en la que él había nacido.

Obligado era descendiente directa del escritor Rafael Obligado –su abuelo–, aunque también integraba un linaje de mujeres artistas: María Obligado, hermana de Rafael era pintora, y su sobrina es la escritora Clara Obligado.

La autora, que vive en España, evocaba así el impacto imborrable que la imagen de la joven Lilian le produjo en la niñez: “Entraba riéndose, trasmutaba las cosas, las volvía livianas y volvía a desaparecer. Tenía cara de gato, risa fácil un cuerpo menudo y espectacular, una melena oscura y ondulada como la de Ava Gardner.” La distinguía una “sensación indecible de libertad”, definió la escritora.

Lilian Obligado. La última foto. El humor y la ternura siempre estuvieron de su lado.

Lilian Obligado. La última foto. El humor y la ternura siempre estuvieron de su lado.

Cierta gracia inédita para dar vida a personajes y escenarios coloridos y de una ternura contagiosa llevaría a Lilian a convertirse, más temprano que tarde, en una profesional exitosa, que llegaron a disputarse las grandes casas editoriales durante sus años más prolíficos.

La artista publicó sus primeros dibujos en 1956, y fue también por aquellos años que se instaló en Nueva York, donde inició su etapa artística más fecunda: habrá que imaginarla, entonces, atravesando los corredores internos que unían oficinas y hasta edificios de la Quinta Avenida, en Nueva York, hasta con un trago en mano. « Las hice todas », contaba ella, risueña, en una entrevista que concedió a este diario tres años atrás.

Libros infantiles. llegó a ilustrar más de 130 títulos, que se imprimían en los Estados Unidos y se exportaban al mundo entero. / Foto: Archivo Clarín

Libros infantiles. llegó a ilustrar más de 130 títulos, que se imprimían en los Estados Unidos y se exportaban al mundo entero.         Foto: archivo Clarín

Por aquel tiempo trabajó para editoriales como Viking, Simon & Schuster, Random House, Golden Press, Western Publishing, Holiday House, Guild Press, Doubleday, Abelard, Flammarion y Gallimard. También escribió cuentos y adaptaciones de relatos clásicos.

El público argentino asomó a sus viñetas, historietas y pinturas partir de la gran retrospectiva que le dedicó el Museo Histórico Nacional en 2017. Fue entonces que muchos reconocimos su sello, característico de las portadas de los libros infantiles de amplia circulación en los años 70 y 80 en nuestro país: imposible permanecer indiferente a la belleza de esas composiciones que la convertirán con el tiempo, seguramente, en una artista de culto.

En 2017. Muestra de la ilustradora Lilian Obligado en el Museo Historico Nacional. / Foto: Andres D'Elia

En 2017. Muestra de la ilustradora Lilian Obligado en el Museo Histórico Nacional. Foto: Andres D’Elia

Los tres chanchitos, El patito feo, o la fábula de La tortuga y la liebre fueron algunos de los clásicos que produjo para algunas de las editoriales más importantes de Nueva York o París, las capitales desde donde sus dibujos se exportaban al mundo: Europa, Latinoamérica, incluso Japón.

Aquella muestra, titulada Trazos de vida se extendió durante cuatro meses en Buenos Aires y reunió por primera vez más de 300 dibujos entre bocetos, originales y portadas. Por fin, Lilian Obligado era profeta en su tierra.

La muestra porteña reunió más de  300 dibujos entre bocetos, originales y portadas. / Foto: Archivo Clarín

La muestra porteña reunió más de 300 dibujos entre bocetos, originales y portadas. Foto: archivo Clarín

 

[Fuente: http://www.clarin.com]