Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficacísima contabilidad mortal.

La muerte de Sócrates. Jacques-Louis David, 1787

Escrito por Santigo Alba Rico

Hay tres formas de entender la inocencia. La primera tiene que ver con la práctica del sacrificio tal y como la concebían los pueblos antiguos. En la tradición tanto griega como judía, la víctima del sacrificio, humana o animal, debía ser escogida por su especial pureza. A los dioses no se les podía ofrecer una criatura con tacha, imperfecta o incompleta. El Levítico, por ejemplo, da toda una serie de instrucciones sobre las condiciones que debe cumplir el animal destinado al ara sacrificial: el peso, la belleza, la integridad anatómica. O pensemos en el mito griego de Ifigenia, la hija del rey Agamenón, a la que este tiene que sacrificar, de vuelta de Troya, para evitar el castigo de los dioses. Ifigenia es escogida porque al máximo rango social y emocional une la máxima inocencia, asociada a su edad y condición. Lo mismo ocurre con Isaac (Ismail, para los musulmanes), al que su padre Abraham, a petición de Dios, se dispone a sacrificar: es lo más querido y, al mismo tiempo, lo más puro que posee. Esta identidad primitiva entre sacrificio y pureza ha sobrevivido en la ilusión pertinaz de los perdedores y humillados, que deducen su superioridad moral -su condición de pueblos o individuos « elegidos »- del sufrimiento injusto que se les ha infligido. Si me persiguen y me matan, es que soy bueno. Este sentimiento, de origen sacrificial, ha operado de mecanismo de defensa colectivo en el caso de algunas minorías perseguidas: así ocurrió con el chiismo hasta la revolución de Jomeini o con los judíos europeos hasta la creación de Israel; y sigue muy vivo en las tradiciones revolucionarias, que han buscado consuelo para sus sucesivas derrotas en la idea misma de la derrota como prueba irrefutable de la verdad superior alojada en sus reivindicaciones.

Un residuo de este atavismo sacrificial pervive en la famosa frase de Sócrates, el filósofo griego ejecutado en Atenas en el año 399 a. de C.: « Es mejor sufrir una injusticia que cometerla ». Pero, más allá del prestigio del dolor y la derrota, o del imperativo de una moral absoluta, lo que Sócrates está proponiendo es el fin de la « ley de la selva ». En el diálogo platónico Gorgias, dos oligarcas de su época, Polo y Calicles, se habían burlado de él en nombre de la naturaleza, que distingue -sostenían- entre leones y gacelas y da siempre ventaja legítima al más fuerte. Sócrates no está defendiendo exactamente a los más débiles; defiende una ley que no responda a la pregunta « qué es más conveniente para mí o a para mi tribu o para mi clase » sino a esta otra cuestión mucho más decisiva  porque en ella, con todas sus ambigüedades, va a fundarse el derecho moderno: « Qué es lo más justo para todos ». En términos jurídicos, « inocente » no es el más bueno, el más puro, el más guapo, ni tampoco el más griego o el más rico; inocente es aquél que, con independencia de cómo se comporte con sus amigos o con su cónyuge, no es culpable en el caso particular que se juzga. No soy ni cortés ni generoso, es cierto, pero no he robado a Salah ni matado a Sofía.

Pero inocente se dice asimismo -incluso etimológicamente en el caso del latín- del que no hace daño. En un mundo tan complejo como el nuestro es muy difícil estar seguro de que pasamos por la vida sin hacer ningún daño. Si amamos sinceramente, es probable que inflijamos y recibamos también dolor; si vivimos normalmente en una sociedad capitalista, y nos vestimos, hablamos por teléfono y comemos en una sociedad capitalista, nuestros gestos más sencillos, inscritos en una red de intercambios y consumo global, tienen efectos inconmensurables sobre el conjunto de la vida. Ahora bien, lo más terrible que se puede decir de este mundo es que a veces, desde la aceptación cínica del propio poder o de la propia impotencia, los humanos llegan a un punto en el que desprecian la inocencia y llaman « ingenuo » al que intenta hacer el menor daño posible e incluso al que pretende introducir algún bien menor en su entorno más cercano.

Lo más terrible que se puede decir de este mundo es que, a veces, los humanos llegan a un punto en el que desprecian la inocencia y llaman ingenuo al que intenta hacer el menor daño posible

Conviene decir dos palabras, pues, sobre la ingenuidad. Una historia que siempre me ha gustado mucho es esa que la tradición medieval cristiana atribuye a san Agustín, el santo nacido en el año 359 en la actual ciudad argelina de Souk Ahras. Según esta leyenda, paseaba un día el teólogo por la playa, absorto en el problema insoluble de la Trinidad, cuando vio a un niño que recogía agua del mar con una concha para depositarla a continuación en un agujero excavado en la arena. Iba una y otra vez de la orilla a la playa, con un tesón infatigable, hasta que Agustín, intrigado, le preguntó por el propósito de su vano azacaneo. « Quiero vaciar el mar », respondió el niño. Conocemos el resto. El santo le dijo al niño que eso era imposible y el niño, que en realidad era un ángel, le replicó a su vez: « Tan imposible como resolver el enigma en el que estás pensando ».

Olvidemos que se trataba de un ángel. Es verosímil imaginar a un niño normal emprendiendo y reanudando sin fatiga, con obstinación imperturbable, esa tarea infinita. La ingenuidad de un niño no consiste en creer que va a ser capaz de vaciar el mar con un cubo o una concha; consiste en tomarse en serio una tarea que sabe imposible. El término « ingenuo » tiene en latín una etimología muy bonita; remite, por oposición al esclavo, al humano que es libre de nacimiento; y evoca por tanto la idea de « origen » y de « comienzo » y, si se quiere, la noción un poco paradójica de un « empezar otra vez » o « empezar de nuevo ». Es decir, la ingenuidad tiene que ver con la repetición de un gesto que, cada vez que se hace, se hace desde el principio, como si no se hubiera hecho nunca antes: un gesto, si se quiere, « libre » de la memoria de la humanidad que llamamos Historia. El sol, que sale todas las mañanas, es ingenuo. El niño que coge una y otra vez un cubo de agua del mar es ingenuo. La mujer que lava y tiende la ropa en medio de las ruinas de una guerra es ingenua. La ingenuidad no consiste en creer que es posible resolver los problemas del mundo; consiste en creer sencillamente que el mundo es posible. La ingenuidad, por así decirlo, crea el mundo cada mañana: en medio de la complejidad más inextricable, atrapados en una selva hostil cuya radical maldad no podemos cambiar, la ingenuidad cree todavía posible llenar un cántaro de agua, coser un botón, encender de nuevo el fuego, enseñar a un niño matemáticas, curar una herida. Por eso se puede ser al mismo tiempo pesimista e ingenuo. El optimista -casi siempre hombre- puede destruir alegremente el mundo; el ingenuo -casi siempre mujer- sigue sosteniéndolo entre sus manos, a veces cansado y de mal humor, sin hacerse muchas ilusiones sobre los hombres que lo están destruyendo.

Es lo que yo llamaría « la banalidad del bien ». De la del mal, lo recordamos, se ocupó la filósofa alemana Hannah Arendt en relación con Adolf Eichmann, el funcionario nazi encargado de transportar a los judíos a los campos de concentración: un hombre leal, competente, honrado, obediente, que se convirtió en cómplice de un exterminio en el ejercicio de estas triviales virtudes burocráticas. La banalidad del bien, mucho más frecuente, es sin embargo mucho menos visible y merece muchos menos laureles. El paleontólogo darwinista estadounidense Stephen Jay Gould, muerto en 2002, aseguraba que las especies se definen en los momentos de estabilidad, no en los de cambio y mutación, y que, si hay que seguir considerando a la humanidad una especie, es necesario recordar que, en las largas duraciones, no se define por la violencia, la crueldad o el egoísmo, como nos hacen creer las grandes conquistas y las grandes matanzas, sino por esa apretada red de pequeños gestos cotidianos -del intercambio desinteresado de servicios entre vecinos a los cuidados recíprocos dentro de una comunidad- que garantizan la consistencia y supervivencia del mundo común en medio de las más grandes calamidades.

El problema es que, si podemos contar los muertos de un bombardeo y las heridas de un cuchillo, no podemos medir los beneficios de la « banalidad del bien ». Las caricias, lo he dicho muchas veces, no dejan huellas, de manera que podemos dejar de acariciarnos sin que sintamos ningún dolor inmediato. Por eso mismo, en un mundo del que hubiese desaparecido la inconmensurable banalidad del bien -quiero decir- seríamos muy infelices, sí, pero sin llegar a averiguar qué es lo que echamos en falta. O dicho de otra forma: si de nuestras vidas se retirasen la belleza, la solidaridad, el cuidado, la cortesía, nos volveríamos malos sin sentir nada, aceptando más bien la maldad como un instrumento normalizado de supervivencia.

En este contexto civilizacional, los dos enemigos de la inocencia y la ingenuidad son, como ha ocurrido en otras crisis anteriores, la hipocresía y el cinismo

La banalidad del bien que he llamado ingenuidad, como variante de la inocencia, está hoy muy amenazada. Lo está no solamente en escenarios de guerra y dictadura, como es el caso de Siria, sino un poco por todas partes, como resultado de la erosión capitalista de los vínculos antropológicos, sustituidos por el egocentrismo digital, y de la aceptación subjetiva de un futuro sin horizonte. Digamos que estamos viviendo un retorno hipertecnológico a esa sociedad primitiva, presocrática, en la que los sacrificios humanos y la ley de la selva dominaban sobre la justicia y el derecho. En este contexto civilizacional, los dos enemigos de la inocencia y la ingenuidad son, como ha ocurrido en otras crisis anteriores, la hipocresía y el cinismo. La hipocresía es el primer síntoma de un desmoronamiento, pero no implica inevitablemente el paso al cinismo y, aun más, puede servir a veces de muro de contención. El hipócrita habla un « doble lenguaje », de manera que -dice el adagio clásico- homenajea públicamente a la virtud mientras practica oscuramente el vicio. Ahora bien, mientras la hipocresía no renuncie a su doblez la esfera pública sigue regida por la « virtud », y eso incluye también las leyes, los medios de comunicación y los partidos políticos. Es verdad: cuando uno corrompe las instituciones en nombre de la democracia, ocupa países en nombre de la paz o el humanitarismo y bombardea ciudades invocando los derechos humanos, se están cometiendo dos acciones graves. Una muy grave: matar seres humanos. Otra gravísima: matar palabras, principios y valores.

Podemos decir, en todo caso, que la hipocresía es lo propio de las sociedades estables y que solo se vuelve potencialmente peligrosa en los socavones de las grandes crisis de civilización, allí donde, de pronto, tanto los poderosos como los débiles asumen que nada puede ser cambiado: cuando unos y otros aceptan como natural, respectivamente, su poder y su impotencia. Hace unos días, en un seminario sobre Palestina, comentaba este deslizamiento inquietante. Hasta hace no mucho tiempo podía indignarnos la hipocresía de los EE.UU. o de la UE, que enunciaban grandes palabras y financiaban pequeños proyectos, mientras de hecho apoyaban, por activa o por pasiva, a Israel en Gaza y a Bachar el-Asad en Siria. La hipocresía tenía que ver, en todo caso, con la hegemonía formal del discurso de los derechos humanos, al que ni los más siniestros asesinos se atrevían a renunciar. Hoy eso se ha acabado. Hemos pasado de la hipocresía al cinismo; hemos acabado, si se quiere, con el « doble lenguaje » y no para ajustar nuestras prácticas a nuestros valores sino, al revés, para acomodar nuestros valores a nuestras prácticas. El cinismo, como demostraba ya el marqués de Sade en sus obras libertinas del siglo XVIII, es lo propio de las clases altas, emancipadas de todo freno democrático, las cuales defienden como « natural » su poder, su violencia y su impunidad. Lo defienden, es decir, como fatal e inevitable. Lo malo es cuando el cinismo se difunde desde las clases altas a las clases medias y populares. Eso es lo que estamos viendo en Europa con el crecimiento de la ultraderecha, cuya hegemonía discursiva se impone en algunos casos también en la izquierda: respecto de inmigrantes, refugiados, musulmanes, « nos nos podemos permitir » los derechos humanos. No seamos hipócritas, nos dicen: para defender nuestras casas, nuestras familias, nuestro modo de vida, no nos podemos permitir ya ser « buenos ».

No nos podemos permitir ni siquiera la amabilidad. En 1956, poco antes de morir, Bertolt Brecht escribió un bellísimo poema titulado Vergnügungen, que algunos traducen como « placeres » y otros como « satisfacciones », título que personalmente prefiero. En él el poeta alemán ofrece una lista casi oriental de pequeños placeres vinculantes (mirar por la ventana, nadar, rostros entusiasmados, el viejo libro vuelto a encontrar, la nieve, zapatos cómodos, la dialéctica) completamente incomprensibles para un occidental líquido disuelto en la velocidad de internet. De todas estas « satisfacciones » diminutas y concretas hay dos ya casi extinguidas, como los dinosaurios y los rinocerontes blancos, incompatibles con el orden del mercado capitalista y que desde Twitter suenan un poco extravagantes: « comprender » (begreifen) y « ser amable » (freundlich sein).

« Comprender » es cada vez más difícil porque objetivamente el mundo es crecientemente complejo. Pero hemos olvidado que, si pensar da tanta pereza como lanzarse en verano a la poza de agua helada que -lo sabemos- aliviará nuestro sofoco, el placer de arrojar luz sobre las sombras no se puede comparar a ningún otro, ni físico ni tecnológico. Resolver un problema matemático, apropiarse del pensamiento de un filósofo después de horas o días de lectura o desenredar el meollo político que nos tenía desazonados genera una alegría tan pura y profunda como el amor y mucho más intensa que el sexo, la comida o el juego. En cuanto a « ser amables » también es cada vez más difícil en un planeta en el que el propio cinismo desprestigia la amabilidad como signo de irrealismo o de debilidad. En todo caso, ¿qué tienen en común estos « placeres »? Que tanto comprender como ser amables son prácticas que requieren atención; y la atención es lo primero que se pierde en situaciones de guerra, pero también en el marco de una sociedad global que, ni en el terreno laboral ni en el informativo ni en el recreativo, permite detenerse a mirar. Creo que no somos capaces de medir las consecuencias civilizacionales de esta catástrofe. Estos placeres de la atención -uno por la vía del pensamiento, el otro por la del afecto- son inseparables del reconocimiento de la existencia del mundo. O, lo que es lo mismo, de su fragilidad radical. Lo que comprendo cada vez que comprendo algo es que el mundo, a punto de desvanecerse, hay que sostenerlo con el pensamiento y con las manos. Lo mismo ocurre con la amabilidad: cada vez que digo « gracias », que cedo el paso, que me muestro cariñoso o complaciente, que me detengo y dedico un minuto, arrancado al tiempo velocísimo de la digestión, a interesarme por mi vecino, estoy conociendo la fragilidad de los otros y declarando en voz alta la mía propia. En el revolcón de la crisis, lo mismo en Madrid que en Sidney, lo mismo en Damasco que en Nueva York, lo mismo en los círculos empresariales que en los militantes, una declaración de fragilidad es ya una invitación al desprecio y la agresión. En las grandes ciudades europeas, lo he dicho otras veces, « amables » ya solo lo son los que tienen algo que ocultar o algo que temer: los inmigrantes y refugiados, cuya misma cortesía los pone a merced de todos los golpes y todos los abusos.

« Comprender » y « ser amables », prácticas gemelas y hasta siamesas, son verbos dotados hoy de un valor casi « revolucionario ». Nada se parece tanto a una declaración de derrota como la renuncia al pensamiento y a la amabilidad. Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficacísima contabilidad mortal. Llegados a ese punto, cuando hemos descartado o rechazado la tercera forma de inocencia (la que implica el compromiso de « no hacer daño »), la salvación queda en manos de esos pocos ingenuos heroicos que, como el ángel-niño de san Agustín, siguen repitiendo, en medio de las ruinas, el mismo gesto reparador.

————–

Este artículo fue originalmente publicado el pasado 17 de junio en el periódico digital en lengua árabe aljumhuriya.net, fundado en el año 2012 por intelectuales y académicos sirios. Agradezco a su jefe de redacción, Yassin Swehat, su elegante, precisa y brillante traducción.

(*) Santiago Alba Rico es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus últimos dos libros son « Ser o no ser (un cuerpo) » y « España ».

 

[Fuente: http://www.ctxt.es]

O 21 de xullo cúmprense 122 anos do nacemento do premio Nobel de literatura Ernest Hemingway, quen deixou constancia nos seus escritos do amor que profesaba polo norte da península

Ernest Hemingway na fronte de Teruel durante a Guerra Civil española

Escrito por CARLOS PORTOLÉS / X.F.

Cando viña a España, soñaba que era toureiro. E pescador. E brigadista. E labrador. A inabarcable obra xornalístico-literaria do nobel Ernest Hemingway está salpicada de tristes e sentidas declaracións de amor ás paisaxes do Norte. Desde os lastres trementes da Pamplona en San Fermines ata as rías atuneiras de Vigo, hai nas letras do escribente ilinés un queixume sincero de emoción cara aos horizontes setentrionais da península. Ás rocas guerreiras dos seus cantís, os verdes clareados dos seus montes e o sentir fervoroso das súas tradicións e as súas xentes. Vía en Vigo unha cidade que «parece de cartón», e en cuxas augas repousa, impertinente, o esférico atún, «rei de todos os peixes, señor do Valhalla dos pescadores». Nalgún momento, e nalgún lugar, alguén a miles de quilómetros despregou un exemplar do Toronto Star e leu (probablemente con indiferenza) unha reportaxe sobre a pesca galega asinado por un novo cronista non demasiado notorio. Un tal Ernest. Un que contaba que un dólar ao día era o xornal que lle ofrecían os donos dos barcos por unirse a unha partida de pesca. Un que, seguramente, encarábase con o mar embravecida máis por hobbie (ou lirismo) que por oficio. O que fixo Hemingway con eses dólares galegos, xustamente gañados en duelo singular contra as bestas azuladas, só o sabe o vento.

En Santiago non vía beleza metafórica nin figurada. Con esta foi máis tallante. Nomeouna «cidade máis bonita de Europa». O da Coruña rozaba a mitoloxía. Para Hemingway, na cidade da torre de Hércules, «a choiva é tan natural que parece que non che mollas». O seu eloxio constante ás sinuosas curvas do galego foi recolleito, en toda a súa inusual extensión, por Carlos Casares no seu libro Hemingway en GaliciaComo tantos escritores de ollo vidroso, este xigante americano volveu a súa vista queixumosa cara aos pazos, as ondas e os barrios desta terra que era, tamén, un pouco súa.

Son moitos os lugares no mundo que recibiron o aloumiño hiperbólico do escritor. Pero só (ou sobre todo) a costa do Cantábrico abrigou o seu corazón de mocidade. Foi en Pamplona onde lanzou os seus olés ao toureiro e o seu verónica. No río Ulla onde voaron os anzois da súa cana. Nos barrios coruñeses, aínda sen pavimento, onde degustou a súa «primeira boa comida en todo o verán de 1927». Os suspiros do primeiro Hemingway pertencen ás botas de viño de Navarra, ás troitas e salmóns do Narcea, aos bordos irregulares de Fisterra e ás pedras da catedral de Compostela.

O home que tan cínico foi con terras e con xentes, non tivo forzas para selo co lugar que lle recibiu sempre con sorriso afiado e cantos elevados de xolda. A cambio dos seus risos e as súas bágoas, dos seus cafés abertos e os seus pesqueiros rompeolas, o yankee entregou sempre solícito a súa pluma á causa de que o mundo coñecese os segredos destas terras misteriosas. Daquilo que pinta a paisaxe ao norte das mesetas castelás.

 

[Imaxe: Robert Cappa – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

En 2020 el viñedo ecológico creció un 8% hasta superar las 130.000 hectáreas

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) acaba de publicar las Estadísticas de Producción Ecológica 2020, disponibles en la web del OeMv.

Según los datos del MAPA, España contaba en 2020 con 2.437.891 hectáreas de superficie de producción ecológica, que suponen un incremento del 3,5% respecto a la superficie de 2019. Fue en 2016, cuando se superaron por primera vez los dos millones de hectáreas. En cuanto al número de operadores, en 2020 se supera por primera vez la barrera de los 50.000 operadores, siendo estos 50.047. Se registró un aumento del 6,2% respecto al mismo dato de 2019.

En lo que se refiere al viñedo ecológico, destaca dentro de los cultivos permanentes con 131.183 hectáreas (el 13,8% de la superficie de viñedo total), obteniendo 491.194 toneladas de uvas de vinificación en 2020. Con respecto a 2019, aumentó la superficie un 8%.

En cuanto a las actividades industriales relacionadas con la producción ecológica vegetal, hay registradas 8.944 industrias, entre las que destacan 3.304 relacionadas con frutas y hortalizas, 1.467 dedicadas a la elaboración de bebidas (de las cuales 1.214 son bodegas y embotelladoras de vinos) y 1.092 de aceite de oliva.

Fuente: OEMV

Castilla-la Mancha, la comunidad autónoma con más viñedos ecológicos

Los datos disponibles del MAPA ofrecen la superficie de viñedo ecológico por provincias y por comunidades autónomas. Según estos datos, Castilla-la Mancha es la comunidad con mayor superficie de viñedo ecológico en 2020, con 62.719 hectáreas (+2,4%). Le sigue Cataluña, con 23.758 ha (+27,5%), Comunidad Valenciana, con 13.672 ha (+7%), y Murcia, que cerró el pasado año con 11.368 ha y una caída, respecto a 2019, del -3,7%. Además de Murcia, solo las Islas Canarias registraron evolución negativa el pasado año, perdiendo un ligero 0,5%. El resto de comunidades aumentaron su superficie de viñedo dedicada a la producción ecológica, destacando, además de Cataluña, Castilla y León (+26,4%), Aragón (+25%) o La Rioja (+19%).

Cataluña, la comunidad autónoma con más bodegas ecológicas

En cuanto al número de bodegas y embotelladoras de vino procedente de la agricultura ecológica, lidera en este caso el ranking Cataluña, con 298 industrias (+9%), seguida de Castilla-La Mancha con 215 industrias (+0,9%), Comunidad Valenciana, con 148 (+5%), por Castilla y León, con 133 (+14%) y por Andalucía, con 111 (+8,8%), todas ellas por encima de 100 bodegas y embotelladoras.

 

 

[Fuente: http://www.vinetur.com]

 

Ábreme a portiña,
ábreme o postigo,
Dame do teu lenzo
¡ai meu ben!
Que veño ferido.

Pois se vés ferido
Vés a mala hora,
Que as miñas portiñas
¡ai meu ben!
Non se abren agora.

Miña nai esperte,
Nin tanto dormir,
Veña ouvir un cego
¡ai meu ben!
Cantar e tañir.

E se il canta e pide
Dalle pan e viño,
Dille ó triste cego
¡ai meu ben!
Que siga o camiño.

Non quero seu pan,
Nin quero seu viño,
Quero que Rosiña
¡ai meu ben!
Me ensine o camiño.

Culle, ou Rosiña,
A roca e o liño,
Vai co triste cego
¡ai meu ben!
Decirlle o camiño.

Anda, ou Rosiña,
Máis outro pouquiño,
Son curto de vista
¡ai meu ben!
Non vexo o camiño.

De condes e duques
Xa fun pretendida
E agora dun cego
¡ai meu ben!
Véxome rendida.

Eu non che son cego,
Nin Dios o permita,
Sonche o conde Alberto
¡ai meu ben!
Que te pretendía.

Adeus miña casa,
Adeus meus quintais,
Adeus compañeiras
¡ai meu ben!
Para nunca máis.

Claude Berri (1934-2009), acteur, réalisateur, producteur, collectionneur d’art moderne, est né dans une famille juive d’origine polonaise. Après avoir réalisé des films inspirés de sa vie, Claude Berri s’oriente vers l’adaptation de romans. Personnage incontournable du cinéma français, mû par la volonté de produire des films populaires et d’auteur, il a ouvert une galerie d’art exposant des œuvres d’art contemporain qu’il collectionnait. CINE + CLASSIC diffusera le 23 juillet 2021 « Claude Berri, le donneur de cartes » de Jérôme Wybon.

 

Publié par Véronique Chemla 

 
« Autoportrait », de Claude Berri, c’est l’histoire émouvante de Claude Berel Langmann, le fils d’un fourreur polonais et d’une mère roumaine. Une autobiographie relatée sans fard. Ainsi, l’auteur révèle avoir causé involontairement l’accident de voiture ayant gravement blessé sa compagne, l’actrice alors débutante Marlène Jobert, évoque la maladie psychiatrique dont souffrait sa première épouse Anne-Marie Rassam, ses remords de n’avoir pas perçu à temps l’extrême sensibilité de son fils aîné Julien Rassam…

« Être celui qui donne les cartes, et à des gros »
Claude Berri grandit dans un quartier ouvrier, populaire, dans un domicile-atelier de confection au 8 passage du Désir, dans le 10e arrondissement de Paris. Son ex-beau-frère, Maurice Pialat s’inspirera de l’atmosphère familiale, parfois tendue de relations passionnelles, dans son film À nos amours (1983).

L’enfance de Claude Berri est marquée par l’Occupation. De son placement en « enfant caché » au sein d’une famille catholique en France campagnarde, Claude Berri réalise Le Vieil homme et l’enfant. Son premier long métrage, qu’il produit avec sa société de production, Renn productions, créée avec l’aide financière d’amies actrices, est salué par un François Truffaut, réalisateur admiré redevenu critique enthousiaste. Et son deuxième film, après son court métrage oscarisé Le Poulet (1966), inspiré d’un fait divers lu dans un journal.

Le garçon attaché à sa mère grandit en se rapprochant de son père. Et Claude Berri restera « le fils de son père », tant la relation entre tous deux demeure profonde. De son père, il retiendra la maxime : « Il faut être celui qui donne les cartes, et à des gros ». Un adage que l’un de ses fils, Thomas Langmann, heureux producteur césarisé et oscarisé pour The Artist, réalisé par Michel Hazanavicius, rappellera dans une déclaration publique de remerciement. Gardant un « souvenir éblouissant » de son père, Thomas Langmann, qui a débuté comme acteur, nomme sa société La Petite reine en clin d’œil à Renn productions.

Au célèbre cours Simon, Claude Berri se lie avec d’autres jeunes acteurs Gérard Lebovici, futur agent artistique et éditeur, Gérard Barray

Trop longtemps à son goût, il incarne des seconds rôles, vend des scénarios à des amis acteurs.

Il réalise son premier court métrage Le Poulet (1966), inspiré d’un fait divers lu dans un journal, et oscarisé.

Son premier long métrage Le Vieil homme et l’enfant, qu’il produit avec sa société de production, Renn productions, créée avec l’aide financière d’amies actrices, est salué par un François Truffaut, réalisateur admiré redevenu critique enthousiaste.

Cette veine personnelle se poursuit avec Mazel Tov ou le mariage (1968), Le Pistonné (1969), Le cinéma de Papa (1970) – un échec commercial qui le blessera -, Sex-Shop (1972), La Première fois (1976).

Admiratif du talent de Miloš Forman – avec son beau-frère Jean-Pierre Rassam, il amènera l’épouse et les fils jumeaux du réalisateur à Paris après le printemps de Prague (1968) – et de Roman Polanski – les soucis lors du tournage de Tess rendent diabétique Claude Berri, et des tensions avec le réalisateur empêcheront toute autre collaboration ultérieure -, marqué par des drames familiaux – divorce, suicide de sa première épouse Anne-Marie Rassam, issue d’une famille de la haute bourgeoisie chrétienne libanaise, accident puis suicide de son fils aîné Julien Rassam -, Claude Berri délaisse cette veine intimiste, pour adapter des romans, notamment Jean de Florette et Manon des sources (1986), Ensemble, c’est tout (2006).

Claude Berri compte parmi les réalisateurs dont il a (co)produit les films : Claude Zidi (Astérix et Obélix contre César), Pascal Thomas (Pleure pas la bouche pleine), Roman Polanski (Tess), Bertrand Blier (La Femme de mon pote), Patrice Chéreau (L’Homme blessé, La Reine Margot), Claude Sautet (Garçon !), Jean-Jacques Annaud (L’Ours et L’Amant), Milos Forman (Taking Off et Valmont), Pedro Almodovar (Tout sur ma mère), Dany Boon (Bienvenue chez les Ch’tis), Yvan Attal (Ils se marièrent et eurent beaucoup d’enfants).

Après s’être séparé de la costumière Sylvie Gautrelet avec qui il a son troisième fils, prénommé Darius, Claude Berri vit avec Nathalie Rheims, actrice et romancière. Il se réjouit de la judéité de sa compagne, fille du commissaire priseur et académicien Maurice Rheims (1910-2003) et de Lili Krahmer (1930-1996), liée à la branche « von Worms » de la famille Rothschild. Nathalie Rheims a choisi comme nom de sa société de production : « Bérel ».
Quinquagénaire, Claude Berri découvre et a un coup de foudre pour l’art moderne, en particulier non figuratif, conceptuel. Collectionneur d’art contemporain, il  réalise en 1988 un documentaire  en trois volets, didactique et passionnant : Portrait de Leo Castelli (1907-1999), galeriste et marchand d’art juif américain ayant promu l’expressionnisme abstrait. Nurith Avvi assure la direction de la photographie. En 2008, il ouvre l’Espace Claude Berri afin de permettre à tous d’apprécier ses œuvres d’art. En février 2011, ses fils Thomas et Darius Langmann vendent la collection d’art contemporain de leur père, notamment quatre Robert Ryman, un Ad Reinhardt et Lucio Fontana, à semble-t-il l’émirat du Qatar pour la somme de 50 millions d’euros.  Pour le plus grand dépit du Centre Pompidou qui espérait une dation au profit de son musée national d’art moderne.

Luttant contre sa dépression, victime d’un accident vasculaire cérébral, il continue son activité professionnelle et décède lors du tournage de Trésor, film inspiré de son couple et terminé par François Dupeyron.

 
Claude Berri est enterré au cimetière de Bagneux, lors d’une cérémonie religieuse juive.
« Claude Berri, le donneur de cartes »
CINE + CLASSIC diffusera le 23 juillet 2021 « Claude Berri, le donneur de cartes » de Jérôme Wybon. « 
« Un portrait classique, mais solidement écrit, d’un exemple rare de polyvalence dans le cinéma français. Car Claude Berri était aussi bien acteur, producteur, scénariste et réalisateur. »
« Comme il aimait à le souligner, le destin de Claude Berri n’a jamais été tout tracé. Fils de fourreur, il se rêve acteur de cinéma, devient scénariste, puis réalisateur. Et par la force des choses, se transforme en producteur et en distributeur influent du cinéma français. Son histoire est aussi portée par des milliers de mineurs en Hauts-de-France avec qui il entretenait une grande complicité. Ce documentaire est la retranscription d’un lien étroit entre un réalisateur et une région. C’est ce parcours incroyable et inédit que raconte Claude Berri, le donneur de cartes, avec l’aide d’interviews de Roman Polanski, Arlette Langmann, Claude Zidi, Pierre Grunstein, Jérôme Seydoux, Yvan Attal, Josiane Balasko. »
Le vieil homme et l’enfant
Pendant la Seconde Guerre mondiale, lors de l’Occupation, Claude, fils d’un pelletier juif et petit garçon turbulent interprété par Alain Cohen, « est reconduit chez lui après avoir volé un tank dans un magasin de jouets. Craignant que son geste n’attire l’attention de la Gestapo, son père le confie à une voisine qui le conduit chez ses vieux parents près de Grenoble. Influencé par la propagande de Vichy, le vieil homme, ancien poilu et maréchaliste, « bouffe » du juif, du bolchevik et du franc-maçon à longueur de journée. L’arrivée de cet enfant dont il ignore tout va transformer l’existence du vieux couple et l’arracher à la solitude ».
Émouvant et drôle, le premier long métrage de Claude Berri s’avère inspiré de faits réels mêlés d’éléments fictifs. « Monstre sacré », Michel Simon apprend au jeune réalisateur qu’on « ne dirige pas Michel Simon ».
« Depuis vingt ans, j’attendais le film réel de la France réelle de l’Occupation réelle, le film des Français de la majorité, c’est-à-dire de ceux qui ne se sont frottés ni à la collaboration ni à la Résistance, ceux qui n’ont rien fait, ni en bien ni en mal, ceux qui ont attendu en survivant, comme les personnages de Beckett. À comparer notre hexagone à un jeu d’échecs, le cinéma nous donnait toujours le point de vue de la tour ou du fou, jamais celui des pions. (…) Si l’on prend un plaisir intense en regardant ce film, c’est qu’il nous mène de surprise en surprise, nous ne pouvons jamais anticiper la scène à venir et, lorsqu’elle arrive, nous l’approuvons et la reconnaissons comme vraie tout en nous nous émerveillant de la folie qu’elle recèle. Observons à ce propos que les films qui ne brassent que du mensonge, c’est-à-dire des personnages exceptionnels dans des situations exceptionnelles, sont finalement raisonnables et ennuyeux alors que ceux qui partent à la conquête de la vérité – personnages vrais dans des situations vraies – nous donnent une sensation de folie, et cela se vérifie de Vigo à Berri en passant par Guitry et Renoir », écrit François Truffaut (Le Nouvel observateur, 8 mars 1967).

« Mon grand-père fut l’un des premiers distributeurs de cinéma à Paris. Il passait notamment les films de Charlie Chaplin… On répétait avec une doublure de Michel et ensuite Claude ne faisait qu’une prise. Sauf lorsque je merdais trop. Claude, pour sa part, était très exigeant. Quand il arrivait sur le plateau, il fallait qu’on puisse dire Moteur tout de suite. En même temps, je me souviens, autour de délires de Michel Simon, d’incroyables fous rires sur des fins de scène… On le disait très misanthrope mais il aimait les enfants et les animaux. Pour moi, c’était un père Noël de cinéma qui m’a tout donné. J’ai appris, bien longtemps après le tournage, qu’il avait interdit qu’on m’engueule… J’avais 30 ans lorsque j’ai retrouvé un 33 tours avec des dialogues de Drôle de drame, mais aussi une interview de Michel Simon à la radio où il disait que le petit Cohen était un gamin merveilleux… J’avais craqué pour lui mais il avait aussi craqué pour moi », se souvient Alain Cohen, architecte reconverti dans la découverte et la vente d’excellents fruits, légumes et fleurs, à de célèbres chefs étoilés.


Mazel Tov ou le mariage

En 1969, Claude Berri réalise Mazel Tov ou le mariage (1 h 27), avec Claude Berri (Claude), Elisabeth Wiener (Isabelle), Grégoire Aslan (monsieur Schmoll), Gabriel Jabbour (le père de Claude), Betsy Blair (une prof d’anglais). Un film qu’il a co-produit, et dont il est le scénariste-dialoguiste.

Issu d’un milieu modeste, « un fils d’artisans juifs est contraint de se marier avec la fille d’un riche diamantaire, qui attend un enfant de lui ». Mais il s’éprend d’une jolie Britannique interprétée par Prudence Harrington.

Le 19 mai 2017, OCS Géants diffusa Mazel Tov ou le mariage.

Le cinéma de Papa 

« Printemps 1946. Dans un Paris à peine libéré, un garçon juif grandit dans une famille d’artisans fourreurs, d’origine polonaise, rescapée de la Shoah. Il accueille la naissance d’une petite sœur. Alors que son père le pousse à réussir son certificat d’études pour reprendre l’entreprise familiale de peaux de lapin, le petit Claude se rêve en haut de l’affiche en vedette de cinéma ».

« Dans ce film hommage à son père, dédié à sa mère, Claude Berri tisse un récit autobiographique à l’humour irrésistible. L’enfance cancre y est le brouillon fidèle d’une jeunesse où se mènent tambour battant les péripéties d’un piètre comédien. La recréation de l’univers – à l’époque déjà en voie de disparition – des fourreurs du faubourg Poissonnière est l’une des réussites de ce portrait d’un père au verbe haut et d’un fils qui resta à jamais inconsolable de la mort prématurée de son yiddishe papa ».
Après avoir tourné brièvement dans un court métrage, le père de Claude Berri confie à son fils son bonheur sur le tournage, partager et avoir compris sa passion pour le jeu d’acteur. Il décède peu après son premier et dernier tournage, sans avoir vu son fils réussir de manière éclatante dans le milieu cinématographique.
 
Un moment d’égarement 

« Pierre et Jacques, associés et amis de toujours, partent en vacances avec leurs filles respectives sur la Côte d’Azur. Au cours d’une fête, Françoise, la fille de Jacques, se jette dans les bras de Pierre. À la fois troublé et embarrassé, Pierre tente de mettre fin à cette idylle inattendue. Mais l’adolescente, très amoureuse, avoue bientôt à son père sa passion pour un homme de 40 ans… »

« Signée Claude Berri, une chronique acidulée des années 1970, qui a inspiré à Jean-François Richet un remake sorti récemment. Galeries de 504 surchargées, plages bondées, soirées bercées par « Y a d’la rumba dans l’air » et répliques machos (« Quand les femmes se mêlent de réfléchir, c’est jamais bon »)…« 
« Ancrée à Saint-Tropez dans des années 1970 moins libérées qu’il n’y paraît, cette chronique d’un Claude Berri au regard lucide sur son époque met en scène deux copains perdus au tournant de la quarantaine, l’un divorcé (le toujours impeccable Jean-Pierre Marielle), l’autre (Victor Lanoux, parfait en peignoir bleu) contraint à la pause conjugale. Et dans la torpeur estivale, l’idylle dérangeante, portée à l’origine par le seul désir assumé de l’adolescente – lumineux débuts d’Agnès Soral –, traduit surtout l’émancipation féminine en cours. Laquelle laisse l’attachant duo de moustachus pantois, la tête dans le sable, face à une évolution des mœurs qui les dépasse ».
 
Tchao Pantin

« Pompiste de nuit revenu de tout, Lambert noie sa solitude dans l’alcool, au fond d’une station-service. Il y rencontre un petit voleur de Mobylette, Bensoussan, auquel il s’attache peu à peu. Entre les deux hommes s’instaure une relation presque filiale. L’assassinat du jeune homme ravive les blessures de Lambert, dont le fils est mort d’une overdose. Ancien flic, Lambert se lance à la poursuite des meurtriers. Il est aidé dans son enquête par une amie de Bensoussan, une jeune punk, Lola ».

Une « balade sauvage dans un Paris nocturne, signée Claude Berri. Premier rôle dramatique et son plus beau rôle de Coluche, dont la carrière cinématographique restera essentiellement cantonnée aux comédies, Tchao pantin impressionne tout d’abord par la densité et la sensibilité de l’interprétation de l’humoriste. Anti-héros à la silhouette massive, Lambert traîne son dégoût de la vie dans un univers lugubre, entre ambiance nocturne glauque et petits matins blêmes. Situé dans un Paris quasi spectral où l’on ne croise que des marginaux, Tchao pantin est un véritable film noir, sans doute l’un des plus sombres de son réalisateur».
« Habitué jusque-là à mettre en scène ses propres récits, souvent plus ou moins autobiographiques, Claude Berri adaptait pour la première fois un roman, aux couleurs de série noire, avec la collaboration de son auteur, Alain Page. De l’aperçu du milieu punk (avec des images du concert du groupe Gogol Ier) à l’esprit nihiliste qui plane, quelque chose du désenchantement du début des années 1980 imprègne l’image ».
j« Si le film a marqué son époque, on en retient surtout la performance inoubliable de Coluche, impressionnant en pompiste alcoolique et torturé, dont l’amitié pour un petit dealer prendra une dimension tragique, mais aussi la prestation de Richard Anconina en jeune paumé, qui donne au récit et à son personnage principal une touche d’humanité salvatrice ».

Lucie Aubrac

Le 6 mars 2018 à 20 h 55, Chérie 25 diffusa Lucie Aubrac, réalisé par Claude Berri (France, 1996), avec Carole Bouquet, Daniel Auteuil, Jean-Roger Milo, Patrice Chéreau, Heino Ferch, Eric Boucher, Jean Martin, Bernard Verley, Alain Maratrat, Andrzej Seweryn, Maxime Henry, Franck de La Personne.

« Lucie et Raymond Samuel se sont engagés dans la Résistance active sous le pseudonyme d’«Aubrac». Ils organisent des attentats, transportent des messages, se déplacent de manière constante et risquent ainsi leur vie quotidiennement. Le 21 juin 1943, Raymond se fait arrêter en compagnie de Jean Moulin, chez le docteur Dugoujon à Caluire. Au premier étage du cabinet médical devait se tenir une réunion secrète, mais une dénonciation a permis à Klaus Barbie de mettre la main sur le réseau de résistants. Ils ont tous de faux papiers et risquent gros. Raymond est soumis à la torture. Pendant ce temps, Lucie fait tout ce qu’elle peut pour sortir son mari de prison… »
 
Une femme de ménage 
Le 6 décembre 2017Arte rediffusa Une femme de ménage de Claude Berri (2002) avec Jean-Pierre Bacri, Emilie Dequenne, Brigitte Catillon. 
« Ingénieur du son, quinquagénaire désabusé et passionné de jazz, Jacques vit seul dans son grand appartement parisien depuis que sa femme l’a quitté quelques mois auparavant. Il s’ennuie et a laissé le désordre et la saleté envahir les lieux.
« Jusqu’au jour, où, dans une boulangerie, il aperçoit une petite annonce d’une femme de ménage qui recherche du travail. Il la contacte et l’embauche. L’intéressée, Laura, est une jolie jeune femme. Petit à petit, elle prend de plus en plus de place dans la vie de Jacques, au sens propre comme au figuré. Jacques s’éprend de cette jeune femme simple au cœur volage. Sa vie s’allège un peu… »
Claude Berri « signe un film intimiste et empreint d’une mélancolie légère, servi par le joli duo Bacri-Dequenne. Scindé en deux parties, l’une se déroulant à Paris, l’autre sur la côte bretonne, Une femme de ménage est l’histoire d’une rencontre improbable et touchante entre un homme d’âge mûr, bougon et désabusé, soudain saisi par le démon de midi, et une jeune fille au cœur tendre toujours prête à s’enflammer, mais incapable de faire la différence entre le désir et l’amour. Claude Berri offre à deux excellents acteurs, Jean-Pierre Bacri (égal à lui-même en ours mal léché se laissant aller à la tendresse) et Émilie Dequenne (ex-Rosetta, très émouvante ici, tout en fraîcheur et candeur), cette variation amoureuse adaptée du roman éponyme de Christian Oster. Nuancée, leur interprétation évite le piège de la lourdeur et du convenu. Ce film intimiste est ainsi une jolie comédie romantique et légère, teintée de mélancolie » sur la solitude, le désarroi du personnage principal.
 
 
Claude Berri, « Autoportrait ». Editions Léo Scheer, 2003. 363 pages. ISBN 2 914172 68 0
« Claude Berri, le donneur de cartes » de Jérôme Wybon
France, 2018, 57 min
Image : Alexis Caillaud, Mehdi Manser
Son : Noël Paul
Montage : Jérôme Wybon, Mickaël Samson
Musique originale : Benjamin Ramón
Production / Diffusion : L’ Atelier d’images, Ciné+
Participation : Pathé Films, CNC
Sur CINE + CLASSIC les 16 juillet 2021 à 05 h 55 et 23 juillet 2021 à 19 h 50
« Le vieil homme et l’enfant » de Claude Berri
84 min, 1967
Producteur/-trice : Paul Cadéac, André Hunebelle ; P.A.C., Renn Productions, Valoria Films
Scénario : Claude Berri, Gérard Brach, Michel Rivelin
Musique : Georges Delerue
Image : Jean Penzer
Montage : Denise Charvein, Sophie Coussein
Son : Jean Labussière, Julien Coutellier
Avec Michel Simon, Alain Cohen, Charles Denner, Luce Fabiole, et Zorica Lozic
Sur Arte les 21 septembre à 20 h 55 et  24 septembre 2015 à 13 h 35, 18 juin 2018 à 13 h 35 et 1er juillet 2018
Visuels : © Pathé Renn Production
« Le cinéma de Papa » de Claude Berri
1970, 93 min
Sur Arte les 14 septembre à 22 h 25, 18 septembre à 13 h 35 et 22 septembre 2015 à 1 h 10
Production : Columbia France, Renn Productions
Producteur : Claude Berri
Musique : Lino Léonardi
Montage : Sophie Coussein
Image : Jean Penzer
Décor : Jacques Saulnier
Avec Yves Robert, Henia Suchar, Claude Berri, Alain Cohen
Visuels : © Pathé Distribution
« Un moment d’égarement » de Claude Berri 
1977, 82 min
Sur Arte les 21 septembre à 22 h 20 et 22 septembre 2015 à 13 h 35
Producteur : Pierre Grunstein
Production : Renn Productions, Société Française de Production (SFP)
Scénario et réalisation : Claude Berri
Musique : Michel Stelio
Montage : Jacques Witta
Image : André Neau
Son : Jean Labussière
Avec Jean-Pierre Marielle, Victor Lanoux, Christine Dejoux, Agnès Soral
Visuels : © Pathé Distribution
« Tchao Pantin  » de Claude Berri
1983, 91 min
Producteur : Pierre Grunstein
Production : Renn Productions
Musique : Charlélie Couture
Image : Bruno Nuytten
Montage : Hervé de Luze
Scénario : Claude Berri, d’après le roman d’Alain Page
Avec : Coluche(Lambert), Richard Anconina(Bensoussan), Agnès Soral(Lola), Mahmoud Zemmouri(Rachid), Philippe Léotard(Bauer), Albert Dray(Sylvio)
Sur Arte les 14 septembre à 20 h 55, 15 septembre à 13 h 35 et 25 septembre 2015 à 2 h 30
Visuels : © ARD Degeto

« Lucie Aubrac«  réalisé par Claude Berri 

France, 1996, 115 minutes

Scénario : Claude Berri et Lucie Aubrac
Production : Pierre Grunstein
Musique : Philippe Sarde
Photographie : Vincenzo Marano
Cadreur : Marc Koninckx
Montage : Hervé de Luze
Avec Carole Bouquet, Daniel Auteuil, Jean-Roger Milo, Patrice Chéreau, Heino Ferch, Eric Boucher, Jean Martin, Bernard Verley, Alain Maratrat, Andrzej Seweryn, Maxime Henry, Franck de La Personne
« Une femme de ménage » de Claude Berri
France, 2002, 85 min
Producteur : Claude Berri
Production : Hirsch, TF1 Films Production, Canal+, Centre National de la Cinématographie, Pathé Renn Productions
Montage : François Gédigier
Image : Eric Gautier
Scénario et réalisation : Claude Berri, d’après le livre de Christian Oster
Avec Jean-Pierre Bacri, Emilie Dequenne, Brigitte Catillon, Catherine Breillat, Jacques Frantz
Sur Arte les 9 septembre à 20 h 50 et 10 septembre 2015 à 13 h 35, 6 décembre 2017 à 20 h 55
Visuels : © Hirsch-Pathé Renn
 
 

Les citations viennent d’Arte. Cet article a été publié le 9 septembre 2015, puis les 9 juin 2016 et 17 mai et 5 décembre 2017, 7 mars et 18 juin 2018, 27 décembre 2019.

 

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Guerra cultural

Escrito por NICOLÁS MELINI

Cuestiones como “la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres” y “la lucha contra el cambio climático” (también “la lucha contra el racismo”) se han convertido en omnipresentes en el debate cultural. Feminismo y ecologismo (veganismo, animalismo, capitalismo-anticapitalismo, decrecionismo…) son algunas de las creencias de nuestro tiempo. No es descabellado que las diferentes creencias de una época confluyan o se estimulen o colisionen para fundar un nuevo orden de valores, dejando atrás el anterior. Y, en efecto, puede observarse que, por medio de los acuerdos durante las “cumbres del clima”, se está cimentando cierto nuevo orden de creencias por combinación de las distintas ideas que se han ido desarrollando durante las últimas décadas en el interior de las universidades, en los medios de comunicación y a través de los mercados. Sí, también a través de los mercados, porque hoy nos hemos convertido en consumidores de ideas: las distintas creencias se desarrollan, no solo en las universidades y en los medios de comunicación, también por el carril de los distintos nichos comerciales. Hoy no hay ideas apreciables que, a parte de ser consumidas por sus correligionarios, no “produzcan” sus propios bienes de consumo y, además, no “profesionalicen” a sus miembros más destacados. Consumimos todo, desde productos específicos hasta comportamientos identitarios.

« ¿Qué es primero, el ecologismo o su mercado, el feminismo o su mercado, el antirracismo —este de la última generación— o su mercado? »

Tanto en el feminismo como en el ecologismo hay mucho que consumir y por lo que profesionalizarse: también en el caso de la lucha contra el racismo, en el veganismo, en el animalismo y en el decrecionismo se cuenta con productos y profesionalizaciones propias, en ocasiones como negación de los productos y las profesionalizaciones que se quiere menospreciar, demonizar o, incluso, cancelar. Las ciencias sociales se apoyan en el feminismo y el antirracismo para financiarse y para financiar sus movimientos, y la ciencia a secas se apoya en el ecologismo (y más concretamente en la lucha contra el cambio climático) para lo mismo. Algunos escritores y otros tantos periodistas tratan de hacerse indispensables en la transmisión de las ideas del feminismo, como activistas, muchas veces relegando literatura o periodismo a un término subordinado. Extraordinarias asignaciones estatales impulsan sendos nichos: España está aportando 150 millones de euros al Fondo Verde para el Clima en este periodo 2019-2023, un Fondo Verde que, desde su creación en 2010, ha aprobado 124 proyectos por importe de 5.600 millones de dólares. Y, por otro lado, a pesar de haber reconocido un escaso avance hacia las metas que se establecieron en Pekín en 1995 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015, el Foro Generación Igualdad ha anunciado 40.000 millones para acabar con la violencia y la discriminación que sufren las mujeres.

Este tipo de sinergias entre las personas, las ideas y los bienes son propias del tiempo que nos ha tocado vivir, y rara vez sabemos cuál es su causalidad. ¿Qué es primero, el ecologismo o su mercado, el feminismo o su mercado, el antirracismo —este de la última generación— o su mercado? ¿Qué es más determinante, las ideas en sí, o el nicho de mercado en el que nacieron esas ideas y a través del cual se desarrollan e implantan en la sociedad?

« No es lo mismo estar a favor de cuidar el hábitat (algo razonable, evidente) que estar de acuerdo con que las instituciones limiten o prohíban, con ese objetivo, el consumo de carne »

En nuestras creencias (últimamente) aparece también un elemento dogmático, religioso, que revoluciona las sinergias apartando otros valores y sometiendo lo económico a sí mismas. De pronto, son más importantes las causas que los valores sólidos; de pronto, lo rentable ha de ser, primero, “verde”, o no ser; o “inclusivo”, o no ser. De pronto, la inversión pública ha de ser pura en estos aspectos (contra el cambio climático, contra la discriminación racial, en igualdad de género), independientemente del signo ideológico de los gobernantes: la moralidad pasa por cumplir con los dogmas que dictan los líderes de las distintas causas, ahora ya desde las instituciones, obviando toda lógica y despreciando, en caso de que fuera necesario, el sentido común, ya que lo primero ha de ser siempre la causa, el dogma de la causa, subvirtiendo los valores ilustrados. Esto, si bien no es —en absoluto— revolucionario, sí puede suponer cambios esenciales en nuestra forma de vida. En principio no nos preocupa mucho —o no preocupa mucho a la gran mayoría de nosotros—, pero, en la medida que podría suponer un órdago a la totalidad de lo que conocemos, y en la medida que lo dogmático, tarde o temprano, alcanza los intereses particulares de cada persona, tal vez acabe por preocuparnos. No es lo mismo estar a favor de cuidar el hábitat (algo razonable, evidente) que estar de acuerdo con que las instituciones limiten o prohíban, con ese objetivo, el consumo de carne; o, más aún, no es lo mismo promover la investigación del cambio climático que se está produciendo, que, siguiendo la lógica de nuestras creencias hasta su extremo, aducir que solo un descenso drástico de la población mundial salvará el planeta, y, por tanto, postular el uso de armas biológicas o atómicas para producir ese descenso, sacrificando a millones de personas. El dogmatismo de las ideas se percibe —o debería percibirse— en cuanto el creyente muestra signos de querer imponer a los otros su visión del mundo: qué decir cuando lo que el creyente transmite es un convencimiento que alcanza extremos tales como la imposición de un decrecimiento económico de índole moral, hasta el retroceso y la miseria (Greta Thunberg), o el germen de una posible “solución final” con la coartada de la supervivencia del ser humano.

« La contradicción es: el feminismo, el antirracismo y el ecologismo, que son ideas convertidas en bienes de consumo promulgan la abolición de la sociedad de consumo »

Según nuestras creencias (que en la teoría no podríamos sino seguir coherentemente hasta el extremo, aunque la gran mayoría de nosotros, por sensatez, no lo hagamos), ahora no cabría otra posibilidad que el fin del capitalismo. Por un lado, el feminismo dogmático asocia las jerarquías a una estructura patriarcal que hay que abolir, se acusa a la economía de promover y perpetuar desigualdades raciales, también de ser responsable de las desigualdades de género, y, por el otro lado, el ecologismo acusa al sistema capitalista de ensuciar el hábitat y destruir el planeta, responsabilizando al ser humano, totalmente y sin ninguna duda, del cambio climático. Estas ideas se están difundiendo incluso en periódicos cuya existencia no se explica sino en un contexto económico capitalista: poderes centrales de la democracia capitalista apuntan contra el sistema económico que explica y hasta produce su existencia. También se difunden estas ideas en colegios y en programas de televisión de máxima audiencia. La contradicción es: el feminismo, el antirracismo y el ecologismo, que son ideas convertidas en bienes de consumo, consumidas por las personas que a su vez quieren ser consumidas (identificadas) por las ideas mencionadas, promulgan la abolición de la sociedad de consumo. En definitiva: son consumo, pero quieren destruir el capitalismo.

« Lo viable no es la abolición del capitalismo sino que el consumo se someta a las creencias de nuestro tiempo »

Cabría preguntarse si acaso quieren acabar consigo mismas, pero no es probable, al menos conscientemente: con semejante órdago a la totalidad, lo viable no es la abolición del capitalismo sino que el consumo se someta a las creencias de nuestro tiempo y, muy especialmente, que el sistema económico sea tomado —conquistado— por las creencias que dan más duro en este momento. Esto es, que el capital se ponga a su servicio. No que el capitalismo resulte abolido, sino que financie una “transición ecológica” (que, por cierto, además, confiera poder a sus mejores intérpretes), y que se ponga de parte del feminismo y el antirracismo, profesionalizando y confiriendo poder al activismo antirracista y a las y los feministas. Y lo viable es también que el sistema económico, que nadie en particular dirige, convierta en sí mismo nuestras creencias, es decir, que aproveche la estupenda positividad de determinadas causas nuestras para convertir esas causas en negocio.

Como suele suceder con las creencias, una cosa es la voluntad expresada y otra lo que se obtiene, y normalmente lo obtenido tiene que ver con el poder (de algunos), no con la voluntad expresada, ni siquiera con el bienestar de todos. Nada nuevo. Por decirlo con palabras de Nietzsche, “todo medio a través del cual la humanidad ha sido moralizada hasta ahora fue, en el fondo, inmoral”. Por supuesto, en la actualidad, esta cita de Nietzsche podría ser contestada, perfectamente, con el derribo de alguna estatua a manos de una horda vociferante, irracional. Cree el creyente, ese que observa que sus ideas caminan hacia el poder, que ese poder es el medio adecuado para hacer valer sus creencias y que el ser humano obtenga finalmente lo que dice querer obtener (en este caso la igualdad total o la salvación del planeta), pero eso no ha sucedido nunca. Jamás unas creencias aupadas al poder ofrecieron de vuelta, por fin, el paraíso o la salvación que por medio de ellas nos habíamos prometido.

 

[Fuente: http://www.zendalibros.com]

El tercer sector social està exposat als ciberatacs i ha de complir unes lleis de seguretat per protegir la informació. Aquesta feina és el dia a dia d’aquesta advocada especialista en protecció de dades i ciberseguretat.

Àngela Lleixà i Alsina és advocada i especialista en protecció de dades. Font: Prodat

Àngela Lleixà i Alsina és advocada i especialista en protecció de dades.

Escrit per Sònia Pau

Àngela Lleixà i Alsina és advocada especialista en protecció de dades i en ciberseguretat. Forma part de l’equip de Prodat, una firma de consultoria, auditoria, formació i assessoria legal i informàtica. Entre la clientela, tenen federacions de l’àmbit del tercer sector i entitats socials.

Deixa clar que les entitats socials tenen deures legals en protecció de dades, remarca que és una feina que involucra tot l’equip i, com a element positiu, subratlla que, malgrat la falta de recursos habitual, és un sector conscienciat de com un mal ús de les dades i la informació pot afectar, i molt, la vida de les persones usuàries.

Com afecta la llei de protecció de dades a les entitats socials?

La normativa de protecció de dades afecta a tot tipus d’entitat per igual, tant a les botigues de barri com a les grans multinacionals passant per l’administració pública entitats del tercer sector. En totes hi ha un denominador comú: en totes hi podem trobar dades referent a una persona física. Tot i així cada una ho fa des d’una perspectiva diferent.

Quines particularitats té en aquest àmbit?

En el meu parer, una de les peculiaritats més evident dins del tercer sector és la tipologia de dades que es poden arribar a tractar per portar a terme les prestacions, ja que en molts casos estarem parlant de dades sensibles que afecten col·lectius vulnerables. Per tant, les haurem de guardar amb molta cura amb l’objectiu de protegir-ne la privacitat. Cal entendre que l’ús de les dades d’una persona comporta conseqüències per a la seva vida, incloent perjudicis importants si no es fa correctament.

Potser per desconeixement, es veu com un tema pesat i complicat. Hi ha tres elements clau que s’hagin de tenir clars i siguin fàcils d’entendre?

Molta gent m’ho diu, però en el fons el compliment en matèria de protecció de dades és el que sempre hem fet: no donar la informació a terceres persones externes a l’entitat i protegir les dades per poder continuar amb la nostre prestació.

Elements clau: document de confidencialitat i comunicació de les mesures de seguretat a aplicar per a persones treballadores i col·laboradores; la signatura de contractes amb els encarregats de tractament amb menció a la nova normativa RGPD /LOPDGDD (l’encarregat de tractament és aquell proveïdor extern a qui voluntàriament cedim dades) i el dret d’informació i obtenció de consentiment de la persona. Això és on informem l’usuari del que farem amb les seves dades, com ara la fitxa d’usuari o quan sol·licitem autorització per ús de la imatge.

Com a experta, insisteixes sobretot en la necessitat de prevenir i protegir la informació de possibles riscos en un futur. Com es fa això?

És molt simple, cada entitat posarà les mesures que tingui al seu abast per protegir el seu principal actiu, la informació d’un tercer extern a l’entitat. Una vegada establert això es tracta de netejar sobre net i anar millorant en aquells aspectes que haguem pogut detectar que hi pot haver una filtració d’informació. És el que es diu un pla de millora continu.

Com ho podem fer?

Fàcil: limitant la informació per àrees, fent signar els contractes en matèria de protecció de dades als nostres proveïdors, canviant les contrasenyes mínim una vegada a l’any i no deixar-les amb un post-it enganxada als ordinadors. També cal que utilitzem programes autoritzats, no deixar la informació a la vista i utilitzar un internet amb contrasenya. En el fons, cada entitat, dins dels seus recursos, ha d’utilitzar tot allò que tingui al seu abast per salvaguardar la informació.

I si tenim un incident que afecta la seguretat de les nostres dades?

És important informar a la persona en matèria de protecció de dades referent a l’entitat i valorar si s’ha de notificar a l’autoritat competent en aquesta matèria i també a les persones usuàries. El termini que tenim és de setanta-dues hores per analitzar i valorar des del descobriment de l’incident.

En aquests casos és important tenir l’assessorament d’una persona experta en matèria de protecció de dades. Una persona que també ens pot ajudar fent les auditories periòdiques de protecció de dades que estableix la normativa. Són cada un o cada dos anys.

Aquesta prevenció i protecció semblen clares en les empreses… Al tercer sector social ens n’oblidem?

No depèn del volum de l’entitat o del sector, sinó de la voluntat de cada entitat de complir amb la normativa de protecció de dades. En molts casos, podem pensar que no ho podem fer perquè no tenim els recursos econòmics suficients, però no és veritat, la normativa deixa oberta la porta al fet que cadascú usi les mesures que tingui al seu abast per salvaguardar el principal actiu, és a dir, les dades.

Al tercer sector no és fàcil arribar a un equilibri adequat entre risc de les dades i garantir la seva seguretat, perquè no es tenen els mateixos mitjans que a altres sectors. Per altra banda, al sector social existeix un alt grau de conscienciació i sensibilitat davant d’aquesta matèria i això és un punt fort de molta ajuda.

Què pot comportar per a una entitat no fer bé la protecció?

Pot comportar des de multes per part de AEPD (si enviem publicitat a gent que ni són usuaris nostres ni ens han autoritzat), fins a la pèrdua completa de l’entitat si patim un atac ransomware i no teníem còpia de seguretat feta correctament.

Els últims mesos s’han conegut molts segrestos de webs i d’informació d’empreses. Demanen un rescat. Això també passa al tercer sector?

Amb l’augment de l’ús de les noves tecnologies els ciberatacs han augmentat. En aquests moments els més famosos, però no els únics, són aquests tres: ‘Ransomware’“frau del CEO” i recepció de SMS/correu electrònic o trucada dient que el banc a patit un atac.

I com actuen?

El ‘Ransomware’ ens encripta la informació i ens demana un rescat. És fonamental tenir dues còpies de seguretat separades i que es facin periòdicament. Millor que siguin diàries. A l’entitat tenim dades personals, però també comptables i de coneixement. En el cas que ens encriptin tota la informació un dia abans de presentar impostos o una subvenció la bona còpia ens salva.

En el “frau del CEO”, els delinqüents suplanten el correu electrònic d’un membre de l’entitat i sol·liciten a la persona de comptabilitat que faci un pagament en un compte bancari nou d’un proveïdor. Sempre que es rebi un correu amb un canvi de compte bancari cal confirmar-ho amb el remitent. El tercer cas, és la recepció de SMS, correus o trucades dient que el banc ha patit un atac i hem de donar les dades bancàries per un d’aquest canals. També que hem rebut un paquet a Correus i hem d’entrar a un enllaç. Sempre cal confirmar-ho.

Què aconsella?

Per prevenir aquest atacs és fonamental la implicació de tots els membres de l’entitat en matèria de protecció de dades i fer seguiment de les instruccions de l’entitat per poder portar a terme el control de la informació.

Per tant, amb tenir còpies de la informació no n’hi ha prou?

Absolutament no. És important que tots els membres de l’entitat, tant persones treballadores com col·laboradores, estiguin implicades i formades en matèria de protecció de dades (confidencialitat i mesures de seguretat). Per què? Perquè tota entitat no deixa de ser una activitat en equip. És fonamental que tota entitat tingui sempre el control de la seva informació.

[Foto: Prodat – font: http://www.xarxanet.org]

Cuba volvió a estar en el ojo del huracán, como cíclicamente hace 62 años, y la maquinaria mediática mundial acompañada por una megaingeniería de bots desplegó toda su artillería inundando pantallas y confundiendo subjetividades.

(AFP)

Escrito por Gerardo Szalkowicz

De este lado de la mecha predominó la defensa acrítica de la revolución, que además de inexacta resulta ineficaz en la disputa de sentido. ¿Hay margen para defender a Cuba en esta guerra no convencional sin caer en pensamientos binarios y conclusiones lineales?

Cualquier mirada sobre la isla que se pretenda honesta debe partir del omnipresente bloqueo impuesto en 1962, sostenido por todos los inquilinos de la Casa Blanca y ampliado por Trump con 243 nuevas sanciones en medio de la pandemia. Con Biden, por ahora, nada nuevo bajo el sol. El bloqueo no es abstracto ni discursivo: restringe por ejemplo el ingreso de alimentos e insumos básicos como medicamentos, jeringas o respiradores. Los daños acumulados en seis décadas ascienden a 144 mil millones de dólares.

Desde 1992, cada año la asamblea de la ONU vota una resolución casi unánime condenando el bloqueo; en junio pasado, 184 países pidieron ponerle fin y otra vez solo se opusieron Estados Unidos e Israel. Dimensionemos esto: nunca en la historia de la humanidad una superpotencia económica y militar agredió a un país pequeño por tanto tiempo y con tanta virulencia.

Solo un puñado de líderes de la región pusieron en primer plano este innegable condicionamiento de la realidad cubana: Lula da Silva, Alberto Fernández, Nicolás Maduro, Evo Morales, el futuro presidente peruano Pedro Castillo y el mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien sintetizó: “Si se quisiera ayudar a Cuba, lo primero que se debería hacer es suspender el bloqueo”.

Dicho esto, vamos a lo novedoso que explotó el 11 de julio. Las protestas de ese día reclamaron por el desabastecimiento, los precios de los alimentos, la falta de medicinas y los cortes de energía. El escenario mediático se había cocinado desde el extranjero con un ejército de trolls que posicionaron la campaña #SOSCuba (operación probada por Julián Macías Tovar en su cuenta de Twitter). Germinó así una jornada inédita solo comparable al “Maleconazo” de 1994. Inédito también fue el grado de violencia de algunos grupos de manifestantes, así como la respuesta policial, las detenciones arbitrarias y el apagón digital.

La heterogeneidad de los sectores movilizados dificulta la caracterización a 6.900 km de distancia. Dice la revista cubana La Tizza: “Los que salieron a protestar eran pueblo, esa parte del pueblo que ha sido más desfavorecida con el inevitable aumento de la desigualdad social. Este sector fue activado por la agenda política de la contrarrevolución. Hubo espontaneidad pero también hubo una operación política y de inteligencia”.

Hace tiempo venían madurando las condiciones para que pasara algo así. El proceso de reformas económicas iniciado en 2011 viene demasiado lento e ineficiente, y durante la pandemia se agravó la crisis por el desplome del turismo y el recrudecimiento del bloqueo. La unificación monetaria de este año derivó en una devaluación-inflación que agudizó el desgaste, generando un escenario similar al “período especial” de los ´90.

En los últimos años emergieron algunos grupos opositores como el Movimiento San Isidro, artistas y youtubers, con cierta incidencia a partir de la masificación del internet móvil en 2018. Es indudable que hay un caldo de cultivo fogoneado y financiado desde Washington y Miami, como también que hay un sector de la población, sobre todo en la juventud, que salió a las calles a expresar genuinamente un descontento acumulado. Hace agua entonces la narrativa oficial del “son todos mercenarios proyanquis” que menosprecia el malestar ciudadano; el “golpe blando” es real pero no explica toda la película.

El asunto se complejiza por la descomunal sobredimensión y distorsión de los hechos en la prensa internacional, con un torbellino de noticias falsas y fotos manipuladas (imágenes de Egipto o de marchas oficialistas haciéndolas pasar por opositoras). Y con toda la derecha mundial bombardeando hipocresía. Llegaron al colmo tipos como Mauricio Macri predicando sobre “libertad y democracia” luego de revelarse que apoyó con armamento el golpe de Estado en Bolivia, o comunicados como el del gobierno colombiano pidiendo “respetar el derecho a la protesta” tras un tendal de 74 manifestantes asesinados en dos meses.

El escenario abierto el 11-J evidencia la necesidad de una revisión profunda. El escritor cubano Leonardo Padura describe el momento como “resultado de la desesperación de una larga crisis económica y sanitaria pero también de una crisis de confianza y de pérdida de expectativas. Una crisis que requiere respuestas no solo de índole material sino también de carácter político”. El gobierno enfrenta el desafío de encontrar soluciones inmediatas con tanto viento en contra pero sobre todo de proyectar una renovación política más pluralista que corrija anacronismos. De tener sentido del momento histórico para, como pregonaba Fidel, “cambiar lo que deba ser cambiado”.

Cuba siempre genera pasiones encontradas. Por haber elegido un camino de soberanía. Por ser bastión de resistencia y alternativa al capitalismo. Por eso desde hace seis décadas EE.UU. se obsesiona en asfixiarla y destruir su revolución. Una revolución que deberá reinventarse pero a partir del rumbo que decidan las cubanas y cubanos, sin bloqueos criminales ni injerencia extranjera.

 Gerardo Szalkowicz es editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo”.

 

 

[Foto: AFP – fuente: http://www.pagina12.com.ar]

 

Un musée absolument remarquable vient d’ouvrir ses portes en Israël. Le Musée Joseph Fetter des nanosciences et de l’art logé au sein de l’université Bar Ilan veut initier ses visiteurs, sur cinq étages, à la magie du monde microscopique. Dans des laboratoires spécialisés dans la biologie, la physique, la chimie, l’ingénierie et l’informatique sont présentées des œuvres d’art inspirées par les résultats de la recherche ou par les sciences naturelles, par exemple par les structures de nanocristaux.

C’est ainsi que la sculpture „Distendre les limites“ de Vardi Bobrow visualise la découverte de la professeure Orit Shefi, selon laquelle les neurones défectueux se dilatent et croissent pendant leur processus de régénération. Dans une œuvre exposée sur plusieurs écrans du compositeur Elad Shniderlan et du professeur Moti Fridman 16 violonistes illustrent une nouvelle découverte scientifique sur des schémas à la lisière de la synchronisation et du chaos.

Le musée doit permettre à un large public de mieux appréhender les découvertes scientifiques souvent très complexes. Parallèlement aux œuvres d’art, le musée proposera également des activités interactives aux enfants et adultes.

 

[Source : http://www.israelentreleslignes.com]

El neologismo machoexplicación es una alternativa válida al anglicismo mansplaining.

En los medios de comunicación se ven escritas frases como «Ante este intento de mansplaining, la periodista no dudó en responder al hombre», «El concepto de ‘mansplaining’ me parece muy práctico» o «En ciencia y tecnología, el mansplaining es aún peor porque se asocia a áreas del conocimiento típicas masculinas».

Según el diccionario de Oxford, la palabra mansplain es un término informal que significa (dicho de un hombre) ‘explicar (algo) a alguien, normalmente una mujer, de forma condescendiente’.

El neologismo machoexplicación (de macho y explicación), que tiene ya cierto uso y comparte el mismo carácter informal del original inglés, es una alternativa que recoge adecuadamente su significado y que permite además la creación de otras voces de la misma familia léxica, como el sustantivo machoexplicador o el verbo machoexplicar. Otra variante que también se consideraría válida es machiexplicación.

Una alternativa más formal es la fórmula condescendencia (machista o masculina si se quiere hacer hincapié en esos matices).

En español, condescender es, de acuerdo con el Diccionario de la lengua española, ‘acomodarse por bondad al gusto y voluntad de alguien’, término que, sin embargo, se emplea con frecuencia con un matiz negativo.

Así, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido escribir «Ante este intento de machoexplicación, la periodista no dudó en responder al hombre», «El concepto de machoexplicación me parece muy práctico» y «En ciencia y tecnología, la condescendencia machista es aún peor porque se asocia a áreas del conocimiento típicas masculinas».

Se recuerda que si se opta por la forma inglesa, lo recomendable es escribirla en cursiva o, se no dispone de este tipo de letra, entrecomillada.

 

 

[Foto: archivo Efe/Felipe Trueba – fuente: http://www.fundeu.es]

À la suite d’un 14 juillet qui s’est conclu, comme chaque année, par un feu d’artifice mémorable, quoi de mieux que de plonger dans l’histoire de ce spectacle pyrotechnique ? Au Japon, la bibliothèque de la ville de Yokohama propose de découvrir les pages d’une série de catalogues publicitaires pour des feux d’artifice, datant du XIXe siècle. 

ActuaLitté
Publié par Valentine Costantini

Inventé en Chine vers le IIe siècle avant notre ère, selon les estimations, l’art des feux d’artifice est apparu au Japon vers 1600. On les appelle hanabi — soit « fleurs de feu », dans une traduction plus littérale. Alors que les histoires de feux d’artifice chinois et européens sont largement documentées, la situation est bien différente au Japon. Pourtant, les artisans japonais ont su faire preuve de savoir-faire, mais aussi d’inventivité.

La bibliothèque de la ville de Yokohama a effectué la numérisation de catalogues, qui contiennent des publicités en anglais pour Hirayama Fireworks et Yokoi Fireworks. Ils ont été publiés par C.T. Brock and Company, le plus ancien fabricant de feux d’artifice du Royaume-Uni. Jinta Hirayama, qui a fondé la société Hirayama Fireworks en 1877, aurait été le premier citoyen japonais à enregistrer un droit d’auteur américain pour ces catalogues.

Certaines images de ces catalogues sont pour le moins intrigantes puisqu’elles représentent des formes et figures bien trop complexes pour être logiquement réalisables. Des bougies, des oiseaux et autres animaux, un sumo ou même des lettres géantes… de quoi déboussoler n’importe quel lecteur.

Alan St. Hill Brock, un descendant de John Brock fondateur de Brock’s Fireworks Ltd, en 1698, fut l’éditeur de ces catalogues. Dans Pyrotechnics: The History and Art of Firework Making, ouvrage publié par D. O’Connor en 1922, il explique qu’à l’origine, les feux d’artifice au Japon ressemblaient plutôt à « un amusant ballon en forme d’animal, d’humain ou d’autre chose, qui, étant ouvert et lesté à l’extrémité inférieure, se gonfle en tombant et reste en l’air pendant un certain temps ».

Pas grand-chose à voir, donc, avec les projectiles pyrotechniques que nous connaissons aujourd’hui. Mais ceux-ci avaient l’avantage de pouvoir être utilisés en plein jour.

Quelques exemples sont toutefois plus proches des feux que nous pouvons admirer en levant les yeux…

via The Public Domain Review

[Source : http://www.actualitte.com]

Adolf Eichmann, alto jerarca nazi durante la Segunda Guerra Mundial y principal artífice de la « Solución Final », vivió y trabajó en Tucumán tras escapar de Alemania. El escritor tucumano Marcos Roszenvaig reconstruye en su nuevo libro cómo fueron los años del criminal nazi en nuestra provincia

En 1949 (la fecha es imprecisa) un hombre flaco y de aparente carácter dócil se instaló junto a su esposa y sus tres hijos en un paraje llamado Las Estancias, ubicado en el límite entre la provincia de y Catamarca.
El hombre respondía al nombre de Ricardo Klement (por lo menos, eso atestiguaban sus papeles) y llegó a este rincón del país para trabajar en una empresa Capri, encargada de realizar los primeros estudios para la concreción del proyecto Potrero del Clavillo.
Sin embargo, nadie imaginaba que ese hombre de buenos modales y bajo perfil era uno de los personajes más siniestros de la historia. Su nombre real era , y se había desempeñado como oficial y criminal de guerra de alta jerarquía en el régimen nazi durante la segunda Guerra Mundial. Eichmann había sido el ideólogo de la “Solución Final”, que secuestró y exterminó a seis millones de judíos que vivían en Europa.
El profesor y licenciado en Historia Eduardo Vela, quien conoció personalmente al jerarca nazi en Concepción, reconstruyó algunas anécdotas en una entrevista brindada al semanario “200”, de la Asociación de Presa de , en mayo de 2018.
Según contó en aquella oportunidad, el proceso que terminó con la captura de Eichmann se gestó en nuestra provincia. El mayor de los hijos del jerarca nazi visitaba seguido la ciudad de Concepción, donde trabó amistad con un hombre conocido como “El Loco” Pena. Pena tenía una condición médica por la que era tratado por el psiquiatra Arturo Gelsi, hermano del exgobernador de Celestino Gelsi. En una entrevista, Pena le cuenta a su psiquiatra que había entablado amistad con el hijo de un alto oficial alemán. Arturo le transmite el dato a su hermano Celestino, quien junto a un diputado ligado a la Comunidad Judía Argentina rastrearon los expedientes de Eichmann y enviaron sus datos a Austria. Allí se inició el operativo para deportarlo a Israel, donde fue juzgado y condenado a la pena de muerte el 15 de diciembre de 1961.
Este domingo, el sitio Infobae publicó en su sección Cultura un fragmento de “Querido Eichmann”, la novela del escritor tucumano Marcos Rosenzvaig que relata cómo fueron los días del oficial nazi en nuestra provincia y en Catamarca, mientras participaba del proyecto de construcción de una represa.
A continuación, el fragmento de “Querido Eichmann”, la apasionante novela histórica de Rosenzvaig:
La celda era un dado sin cielo. hubiese deseado rodar la noche entera, supongo, pero no fue así, porque ese 31 de mayo de 1962 la noche goteó lenta. Y probablemente él la haya pasado al borde de la cama paladeando su vino. Ese había sido el último deseo del condenado. Dos días antes, el 29 de mayo, escribió una solicitud de clemencia dirigida al presidente israelí, Reuven Rivlin, y algunas cartas a su esposa Vera y otras a sus hijos. Tuvo la intención de escribirle a su hermana Irmgard, pero a último momento sintió que ella no lo merecía. Se la imaginó en la hoguera y se vio a él mismo como un Judas en el cadalso. La diferencia era que Judas se ahorcó por decisión propia, en cambio él debía soportar las decisiones ajenas.
Hacía calor y las lagartijas estaban de festejo, eso creo, porque en Israel la mayor parte del tiempo hace calor. Tanto las estrellas como las lagartijas tenían bloqueado el paso a su celda. Esa noche, el único habitante del dado ciego se aseguró de que nadie lo observara y –supongo, solo supongo– que se bajó en secreto los pantalones para corroborar la limpieza de sus calzoncillos. Se hubiesen reído de él al mirar nubecitas marrones después de muerto. Es sabido que a los ahorcados se los desnuda para darles sepultura. Al menos él creía que sería sepultado, como un hombre. Pero creyó mal. La realidad indica que fue quemado como un bicho cerca de un farol, sus cenizas arrojadas bien lejos de Jerusalén, en el mar Mediterráneo.
El silencio de la cárcel de Ramala era casi perturbador, supongo. Para otros, una invitación a pensar, pero él no tenía esa costumbre, pues su rutina era obedecer. Sin embargo, esa noche, sentado en el camastro, balanceando las piernas como un niño carcomido por la duda, imagino que pensó en la soga apretada, anudada a la garganta. Le resultó raro estar con la camisa desabrochada y, cuando el botón de arriba se deslizó entre sus manos, ese gesto le hizo elucubrar preguntas censuradas: ¿Cómo sería quedarse asfixiado por una cuerda? Él prefirió siempre el anonimato antes que ser el primer actor ante una audiencia.
El pedido de clemencia había sido denegado y ya no le quedaba más que esperar dos horas; después vendría el esparto largo, duro y resistente para que sus piernas bailoteen en el aire ante una multitud de espectadores que lo observarían en vivo y en televisión. Eso al menos fue lo que imaginó: había visto hombres ahorcados. Lo que ignoraba hasta ese momento era que le atarían las piernas.
Tenía cincuenta y seis años. Los zapatos esperaban a un costado de la cama, ordenados en un cuadrante del piso. Un tanto cansado de aguardar el final, se levantó hasta rozar las rejas y aplaudió con ambas manos para exigir la presencia urgente de su carcelero. Lo escuchó llegar lento, arrastrando los zapatos gordos hasta pararse frente a él. Eichmann, reja de por medio, lo abordó con una pregunta indecisa. Casi tartamudeó su persistente inquietud con respecto a la distancia que mediaba entre la celda y el patíbulo. El guardia miró hacia ambos lados, se aseguró de que nadie lo viera y lo escupió certero en el rostro. Eichmann regresó humillado a su cama y se dispuso a continuar la espera; al mismo tiempo pensó que le hubiese convenido haber estado en el juicio de Núremberg. Pero a quién se le hubiera ocurrido que un comando israelí llegaría a la Argentina para secuestrarlo.
¿Estará lloviendo? Las piernas bailotearon sin otro oficio que la espera, hasta que escuchó pasos ligeros por el corredor. Eran los pasos de otro guardia. Se despidió con un largo sorbo de vino. Supuso que era la hora, que lo venían a buscar, y aprovechó para colocarse los zapatos. Pero no, era un sacerdote protestante con un Cristo espantado colgado del cuello y cayendo en el centro de sus hábitos. El reverendo William Hull entró en la celda y Eichmann lo recibió mudo. El reverendo permaneció en el centro como un domador de leones. Eichmann ni lo miró. Estaba enojado. ¿Con Dios? ¿Con el mundo? ¿Con la injusticia de los hombres? El clérigo abrió el libro en un intento por sosegar al león. El reverendo lo detuvo con la mirada y le propuso leer juntos la Biblia. Eichmann se sintió avergonzado, supongo, y se negó a hacerlo alegando que él no era cristiano y que no creía en la vida después de muerto. Tomó un sorbo más de vino ante la mirada impávida del reverendo y dijo: “¡Hasta que se rompan las copas!”. Supongo que fue una ironía o una vulgar frase dicha en tiempos felices entre bebedores. Se estudiaron antes de que el religioso llamara al guardia. No tardó en llegar. Se lo veía más joven que el anterior. Le abrió la puerta y el reverendo se esfumó dejando en el aire un tibio olor a misales. Eichmann aprovechó para preguntar, esta vez de lejos, cuál era la distancia que había entre la celda y el patíbulo.
–Cincuenta metros –afirmó el guardia con una sonrisa y cerró la puerta.
Eichmann se quedó ensimismado calculando la cantidad de pasos que abarcaban cincuenta metros. Desde niño contaba los pasos de la casa a la escuela, el hábito lo continuó de grande cuando abordó la disciplina de la oficialidad, enumeraba los pasos que distaban desde el crematorio de Auschwitz hasta el cuartel de oficiales, y en Buenos Aires contaba 525 pasos desde el descenso del colectivo hasta su casa. La última noche llegó al número 315, lo interrumpieron unos agentes israelíes. Lo alteraba cuando en el medio del conteo alguien lo llamaba. Hacer dos cosas inconexas al mismo tiempo resultaba algo que lo superaba hasta dejarlo exhausto.
Sentado en el camastro improvisó la cuenta calculando el tamaño de un paso mediano, ni pequeño temeroso ni grande y ansioso; se imaginó la caminata de un mártir dando cincuenta y ocho pasos rumbo a la gloria, un santo incomprendido recibiendo todas las flechas envenenadas por quienes se negaron a advertir que no es lo mismo ser un administrador de la muerte que un vulgar asesino. Jamás lo entenderán. Llegará un tiempo en que la historia no solo me perdonará –piensa Eichmann– sino que me cubrirá de honras. Será el día en que los pueblos comprendan que incinerar a los judíos es una prenda de paz. Supongo que se hinchó de autoelogios para después pararse enhiesto, con la mandíbula hacia adelante, como un oficial nazi decidido a recibir a sus verdugos con la mayor altanería posible.
Se me acusa de ser un genocida, pero si lo único que hice fue matar la invisibilidad de los muertos. Qué pudo haber de malo en firmar documentos y organizar los envíos de cientos de miles de personas en trenes. En tal caso me deberían acusar de haber sido un mal administrador, pero a un hombre que yerra en la contabilidad se le asigna un castigo de menos de cinco años; jamás la horca.
–El mundo se volvió loco. ¿No le parece? –dijo hablándole a las paredes de la celda.
Se sorprendió divagando solo y, justo en ese instante vergonzoso, sintió los pasos de varias personas acercándose. Tres de ellos eran guardias. Los esperó erguido, con los zapatos puestos, el mentón hacia adelante y el botón superior de la camisa abrochado. La puerta del calabozo se abrió en cámara lenta. Tuvo tiempo de beber el último sorbo de vino. Las manos de esos hombres eran gigantes. Permaneció mudo. Uno de ellos se acercó para llevar sus brazos hacia la espalda y atarlos. El otro preguntó: “¿Vamos?”. Él asintió con la cabeza y se dispuso a caminar, no sin antes contar minuciosamente los pasos. El conteo comenzó con los cuatro pasos, desde la cama hasta los barrotes, tuvo tiempo para observar la cama tendida, y el frío de un dado envenenado. Conjeturó que otro hombre lo ocuparía al día siguiente, pero abandonó ese pensamiento por el temor de olvidar los pasos dados. Había calculado que desde la celda hasta el patíbulo daría 58 pasos. Cuando dio el número cinco, se detuvo para recomponerse, siempre erguido y con la mandíbula hacia adelante. Dos de los guardias lo llevaron sujetando sus brazos; no obstante, él continuó en silencio el conteo calculando un paso de tipo mediano. Al llegar finalmente al 58, detuvo el conteo y levantó la cabeza: ahí estaba el patíbulo. Todavía restaban, aproximadamente, unos doce pasos. Los contó con el orgullo herido. Los tres guardias detuvieron su marcha para atar las piernas a la altura de los tobillos y luego las rodillas. Eichmann pidió que le aflojaran las ataduras. Los guardias lo hicieron y le preguntaron si prefería una caperuza negra. Él se resistió y finalmente observó el reloj en la pared que marcaba las once y cuarenta y cinco. Miró al auditorio, a los guardias, la soga colgando. Lo subieron al estrado y pusieron la soga alrededor de su cuello. Le preguntaron si quería decir algo. Con voz calma y monótona dijo: “Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los hombres. ¡Viva ! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! Nunca las olvidaré”. Supongo, solo supongo, que a los que asistieron les fue imposible olvidar ese 31 de mayo, más aún cuando observaron cómo convulsionaban las piernas del reo. Después quedó colgado largo rato, goteando, como una sábana sucia.
[…]
Todavía confuso, envuelto en esos sueños que arrastro desde siempre, miro por la ventanilla de la camioneta empapado de sudor, y observo que la rueda del Studebaker camina bordeando el infarto del precipicio. Me pregunto si el que conduce tiene buena visión. La cuesta es empinada. No lleva lentes y la resolana es fuerte. Estamos en otoño y una capa espesa de hojas secas colorea la tierra y es como si de ella saliese un humo que persiste a la altura de las rodillas. La tarde en su caída trae un rocío leve de sol. De a poco, el viento ayuda a la visibilidad despejando a medias las nubes de la cumbre. Tengo los pies helados. Me hago un ovillo. Mal dormido y mal comido, exijo al chofer que cierre la ventanilla. Lo hace a desgano y argumenta que el aire fresco le impide dormirse.
–Me dicen el Tucu –explica con el camino en los ojos y sonriendo con petulancia. Tiene los brazos grandes y las uñas sucias. Canta golpeando las manos sobre el volante.
–¿Le gusta la chacarera?
–No sé qué es.
–¿Usté es alemán? ¿Qué no? ¿Apolilla lindo? ¿Qué no? ¿Tení miedo del camino, chango?
En lo hubiese mandado a fusilar por impertinente, pero antes de matarlo, con la vejiga bien llena, hubiese orinado sobre él. Pero estoy en la Argentina. Me abstengo de contestar.
–Miravé, chango, que hasta a nosotros nos da cagazo este camino. Acá se han hecho pingo más de uno, compañero. ¿Cómo ti llamá?
–¿Yo? –desconcertado, demasiado dormido, llevo la mano con urgencia al bolsillo interior del saco, palpo la existencia de mi documento de la Policía Bonaerense número 1.378.538 y me quedo pensando cuándo y la manera en que conseguí en 1948 un certificado de identidad en la ciudad de Termeno, en el instante en que pasé a llamarme Ricardo Klement: soltero, natural de Termeno, de profesión mecánico en el norte de Italia, con un documento que tenía dos años de validez, razón por la que huí rumbo a Buenos Aires. Todo pasó tan rápido. Llegué a lo más alto y descendí a la misma velocidad. Mi padre fue amigo de Ernst Kaltenbrunner, él fue quien auspició mi ingreso al Partido Nacionalsocialista Obrero. Fui transferido a Berlín en 1934, a la sección de judíos. Mi ascenso fue vertiginoso. Para alguien como yo no resulta difícil estar y ser como el común de la gente. Catorce años después me embarqué en Génova junto a otros dos SS en el Giovanna C; en total viajábamos unos quince oficiales que escapábamos de Europa. El barco atracó en el puerto de Buenos Aires el 14 de julio de 1950, dejo escrito en mi cuaderno.
–¿Le pasa algo, don?
–No, no. Ricardo Klement –digo desafiante como para que en el resto del viaje no me vuelva a hacer preguntas. Pero no acusa mi modo.
–¿Y cómo te llaman?
–¿A mí? –pienso con orgullo en los distintos apodos con los que me bautizaron durante la guerra: “el zar de los judíos”, “el káiser de los judíos de Doppl” y hasta me llegaron a llamar “el papa de los judíos”.
–Klem, me llaman Klem.
–A mí, me dicen el “Tucu”. ¿Le gusta , don Klem? –dice el chofer mirándome por el espejito, al mismo tiempo que introduce hojitas verdes en la boca.
–¿Qué cosa come?
–Coca. ¿Quiere?
Tiene el buche hinchado como con un flemón.
–No, gracias.
–Allá no tienen estas montañas, ¿Qué no?
Hago que me duermo, pero él continúa un poco hablando para mí y otro poco para él. Mi mano vuelve al bolsillo interior del saco para acariciar el documento.
–Miravé, Klem, acá no llegan ni los burros.
No le contesto. Se da cuenta de mi silencio e insiste.
–¿Y la obra avanza?
–No sé nada, aun no llegué –digo de manera parca y agrego que la obra se llama Potrero del Clavo. Lo observo a través del espejo. Tiene la cara demacrada, un tanto amarilla y comida de barba; podría tener hepatitis, una sumamente contagiosa.
–¿Falta mucho?
–Ahicito, nomá. Ustedes, si me permite, maestro, son churo para hacer puentes y construir los diques, pero no se metan más en guerras. –Lo escucho. Mi rúbrica es ser anónimo–. Yo lo voy a dejar unos kilómetros antes. Muy difícil llegar hasta allí. No hay caminos, don. Yo le he dicho a unos changos para que lo esperen. –En ese momento nos detiene la marcha un grupo grande de gente que llevan algo en los hombros y que ocupan el ancho del camino.
–¿Qué es eso?
–Nuestra Señora del Valle, ¿ha visto qué bonita? Morenita como estos indios. ¿Qué no?
La Virgen es pequeña y está resguardada por un receptáculo de cristal. El sonido de los bombos hace eco entre los cerros y lo acompañan algunos violines y una armónica.
–¡Mal hoyo! Espéreme aquí.
El Tucu desciende del auto y se mezcla entre la gente para dejar un beso a las paredes de cristal que preservan a la Virgen. La bovedilla es tan grande que bien podría encerrar a una persona allí dentro. A veces tambalea peligrosamente. A la Virgen la sostienen los hombros de unos ocho costaleros, todos se internan en la montaña hasta desaparecer.

[Fuente: http://www.eltucumano.com]

  • Los perros son una de nuestras mascotas favoritas por excelencia.
  • Tanto en el cine como en la televisión y los libros, son numerosos los perros que nos han dejado huella.

Ilustración perro sobre libro
Escrito por Yolanda Galiana 

Si preguntamos por el mejor amigo del hombre nuestra mente va directamente a la respuesta más obvia: el perro. No es de extrañar que lleguemos a esa conclusión —además de por la célebre cita que todos conocemos—, pues no hay ser más leal, noble y fiel que este animal que tantas alegrías nos da. Si tienes un perro en tu vida pocas cosas te vamos a decir que no sepas: que son uno más de la familia, que son el alma de la casa y que no hay momento tan gratificante como llegar a tu hogar y que te reciba ladrando y meneando la cola.

En el mundo de la ficción son muchos los perros que nos han marcado: por ejemplo, recordamos a Beethoven, aquel san bernardo que termina en casa de una familia cuyo padre, de buenas a primeras, no lo acepta, pero que termina encariñándose de él, o al mítico Rex, el perro policía que todo lo puede. Por descontado, en literatura también encontramos una larga lista de perros que tienen un lugar especial en nuestros corazones, y nosotros no queremos desaprovechar la oportunidad de hablar de algunos de ellos.

Milú (Tintín)

Seguramente Milú es uno de los primeros en los que has pensado cuando hemos hablado de los perros más famosos de la literatura. Desde luego, no cabe duda de que Las aventuras de Tintín, una de las historietas más influyentes del siglo XX, sería muy distinta si el protagonista no hubiese contado con un fiel acompañante, ese pequeño Fox Terrier blanco que tan presente está en nuestros recuerdos de la infancia.

Creado en 1929, amo y mascota son tan inseparables que durante muchos años la serie llevó por título Las aventuras de Tintín y Milú. A lo largo de la historia, Milú tiene un papel central, siendo este el único compañero y confidente de su dueño. Si algo caracteriza al can es que es tranquilo, racional —en ocasiones, mucho más que Tintín—, ingenioso y valiente, aunque como todo perro, tiene sus debilidades: los huesos y, curiosamente, también el whisky.

Tim (Los Cinco)

Si de aventuras se trata, no podemos olvidarnos de Los Cinco: tres hermanos (Julián, Dick y Ana), su primo (Georgina, pero odia ser tratada como una chica y solo responde al nombre de Jorge) y el perro de este (Tim), que se suelen reunir en vacaciones en la bahía de Kirrin y ejercen de detectives, buscan tesoros, resuelven misterios y desenmascaran a criminales.

Tim, un perro mestizo de pelaje marrón y tamaño mediano, es uno de los personajes más memorables de la serie infantil escrita por la autora inglesa Enid Blyton. Jorge lo encontró abandonado y decidió adoptarlo, aunque sus padres no le permiten tenerlo en casa y debe confiar su cuidado a otro chico del pueblo.

Es gracias al papel crucial que tiene en una de sus aventuras, Los cinco y el tesoro de la isla, que tío Quintín y tía Fanny cambian de opinión y dejan que se quede a vivir con ellos. Esta es la primera de muchas veces que el pequeño Tim saca las castañas del fuego al grupo de amigos; fiel, inteligente e incluso feroz cuando tiene que serlo, es el digno quinto miembro de Los Cinco.

Totó (El maravilloso Mago de Oz)

Totó y DorothyTotó es el perro que L. Frank Baum creó para que acompañara a Dorothy, la protagonista de El maravilloso Mago de Oz. Muchos le recordamos especialmente gracias a la adaptación que se hizo del cuento en el año 1939. Totó es un perrito negro de pelo largo y sedoso, aunque en la historia original no se menciona su raza. Sin embargo, unas ilustraciones posteriores mostraron que se trataba de un cairn terrier, originario de Escocia.

Totó aparece ya en el primer capítulo de la obra, presentándolo como la querida y leal mascota de Dorothy Gale, una huérfana adolescente que vive con el tío Henry y la tía Em en una granja de Kansas. Él es la mayor fuente de felicidad de su dueña, a quien hace compañía en las desoladas tierras de cultivo. Su carácter amable y enérgico fue lo que consiguió que Dorothy no se convirtiera en un ser gris, que es como se describe a todos los adultos en la historia.

Tras ser arrastrados ambos por un ciclón hacia la tierra mágica de Oz, será Totó el único vínculo de la protagonista con su hogar en Kansas, donde desea volver con todas sus fuerzas.

Buck (La llamada de la selva)

Jack Landon también nos trajo en una de sus novelas, La llamada de la selva, a uno de los personajes caninos más destacados de la literatura.

Buck, su protagonista, es un cruce de san bernardo y scotch collie que vive una apacible y acomodada vida en un rancho del Valle de Santa Clara, hasta que el jardinero lo roba y lo vende. Tras ir dando bandazos de un lugar a otro, termina en Alaska al cuidado de un par de canadienses que quedan impresionados por su buen estado físico. Allí trabaja tirando de un trineo junto a Curly (una terranova), Dave y Spitz (un husky).

Buck descubrirá en esta aventura su lado más salvaje y libre, que no había podido experimentar en su anterior vida, que vivió como una mascota consentida a la que nunca le faltó de nada.

Bull’s Eye (Oliver Twist)

Bull’s Eye y Bill SikesPor último, es necesario mencionar a Bull’s Eye, que aparece en una de las novelas cumbre de Charles Dickens. A diferencia de los otros perros que os hemos presentado, este bull terrier blanco con una mancha en el ojo derecho no es el protagonista de la historia; al contrario, se trata de un antihéroe que es maltratado por su dueño, el cruel y despiadado Bill Sikes.

Bull’s Eye es el ejemplo perfecto de que la naturaleza de un perro está marcada, en gran medida, por la educación que le da su amo. Debido a la manera en la que es tratado, es un animal con una personalidad tan odiosa como la de Sikes, a quien, a pesar de sus desprecios y continuas palizas, guarda total lealtad.

Son muchos los perros inolvidables de la literatura que nos dejamos en el tintero (Argos de La Odisea, Nana de Peter Pan, Fang de Harry Potter…), y desde aquí te animamos a leer sus historias para conocerlos mejor.

 

Yolanda Galiana (Valencia, 1993), lectora empedernida desde que tiene uso de razón. Disfruta compartiendo las reseñas de sus lecturas en su blog literario.

 

 

[Fuente: http://www.lecturalia.com]

Cette 74e édition montre les hommes sous leur côté sombre à travers des récits d’artistes toxiques, de virilité douloureuse et de personnages masculins violents ou décevants.  

Dans Titane, Palme d’or 2021, le personnage en apparence viril de Vincent Lindon lutte avec ses émotions et son corps vieillissant. Mais alors que le film plonge dans un univers de plus en plus masculin, il devient aussi de plus en plus froid et oppressant. | Capture d’écran Diaphana Distribution via YouTube

Écrit par Anaïs Bordages

Il doit y avoir quelque chose dans l’air: si l’on devait résumer très grossièrement le Festival de Cannes 2021, on pourrait dire qu’il s’agissait de l’édition «men are trash». Lors du dernier festival en 2019, on avait noté et salué la multiplication d’œuvres plus focalisées que jamais sur l’expérience féminine. Cette année, le Festival de Cannes a une nouvelle fois brillé par la diversité de ses récits initiatiques féminins, avec des films comme Robuste,Rien à foutre, ou Compartiment n°6(qui a remporté le Grand Prix du jury, voir le palmarès complet de la compétition).

Mais une autre tendance semble clairement se dégager de la sélection: une remise en question, parfois brillante, d’autres fois moins aboutie, du rôle des hommes dans la culture et dans la société.

Artistes toxiques

Le premier constat, c’est une multitude de films centrés autour de créateurs masculins, en proie aux doutes sur la valeur de leur art, et la toxicité de leurs comportements. En ouverture du festival, Leos Carax, également primé, nous interrogeait avec Annette sur la séparation entre l’œuvre et l’artiste.

Cette sombre comédie musicale suit un humoriste charmant et subversif, qui cache en fait un comportement violent avec les femmes. En créant la confusion entre le personnage d’Adam Driver et le sien, Leos Carax semble lui-même se questionner sur son image d’enfant maudit, et sur sa responsabilité en tant qu’artiste –«C’est ma vision de (…) ce que le cinéma met en scène, condamne, pardonne… les films étant faits en grande majorité par des hommes», avait-il observé pendant la conférence de presse.

Le Genoud’Ahed,film israélien de Nadav Lapid (récompensé lui aussi), présente quant à lui un réalisateur antipathique, dévoré par la colère contre son pays. Après avoir passé une bonne partie du film à mansplainer la vie à une jeune femme qui l’admire, il la manipule et doit faire face à la vindicte populaire. Dans Tromperie d’Arnaud Desplechin, adapté d’un livre de Philip RothDenis Podalydès incarne un auteur arrogant qui puise son inspiration dans les conversations qu’il partage avec sa maîtresse (Léa Seydoux). Dans une séquence qui semble déconnectée du reste de l’intrigue, l’homme se retrouve jugé au tribunal pour ses écrits sexistes, et se défend en râlant que «ce n’est pas parce que j’écris sur une femme, que j’écris sur toutes les femmes».

On retrouve une scène similaire dans Julie (en 12 chapitres), charmante comédie romantique du Norvégien Joachim Trier, où l’un des personnages masculins est dessinateur de BD graveleuses. Sa plus grande réussite? Avoir créé «un des trous de balle les plus iconiques» de la pop culture. Dans une séquence un peu maladroite, l’homme se retrouve sur un plateau de télévision, à débattre du supposé sexisme de son œuvre avec deux présentatrices qui lui sont hostiles, et semble à deux doigts de se plaindre qu’on ne peut plus rien dire. Dans une autre scène, l’héroïne du film (dont l’actrice a reçu le prix d’interprétation) se demande s’il est possible d’être féministe et d’apprécier «la fellation à l’ère #MeToo»,illustrant un peu plus les ruminations du cinéaste sur l’époque actuelle.

Hommes décevants

Cannes 2021, c’était aussi l’édition des hommes décevants. Toujours dans Julie (en 12 chapitres), le personnage éponyme tombe sous le charme d’un jeune homme tendre et rassurant. Mais au fil de leur relation, Julie commence à s’ennuyer et à nourrir un certain ressentiment envers lui. Cependant, le film s’intéresse moins aux défauts des hommes avec lesquels Julie se met en couple, et plutôt à son profil d’anti-héroïne, trentenaire, paumée et indécise.

«Avec “L’Histoire de ma femme”, j’invite tous les hommes tendres et honnêtes à rafraîchir et à réinventer leurs méthodes.»

Ildikó Enyedi, cinéaste

Dans Bergman Island, Mia Hansen-Løve s’inspire de sa propre relation avec le réalisateur Olivier Assayas pour raconter le déséquilibre entre un couple de cinéastes, incarnés par Vicky Krieps et Tim Roth. Elle est plus jeune que son mari, et manque d’assurance. Lui est célèbre, très charmant, et ne lui offre aucun soutien. Pour renforcer un peu plus le thème, Mia Hansen-Løve nous livre un récit dans le récit: en parallèle de l’histoire d’amour entre les deux cinéastes, on plonge dans le film conçu par l’héroïne. On y découvre une romance désenchantée entre Mia Wasikowska et Anders Danielsen Lie –qui jouait aussi le dessinateur dans Julie (en 12 chapitres), preuve que les échos entre les œuvres sont plus nombreux que jamais cette année à Cannes.

Les amours déçues sont aussi centrales dans Olympiades de Jacques Audiard, avec un personnage masculin qui ne sait pas se montrer à la hauteur de l’affection que sa colocataire lui porte… Mais aussi et surtout dans L’Histoire de ma femme, un film que la réalisatrice Ildikó Enyedi dit avoir abordé d’un point de vue masculin. On y suit un capitaine de navire effacé et de plus en plus jaloux de sa femme (incarnée par Léa Seydoux). «Avec ce film, j’invite tous les hommes tendres et honnêtes à rafraîchir et à réinventer leurs méthodes», affirmé la cinéaste, même si le récit lui-même aurait sans doute mérité un peu plus de fraîcheur.

Quand ce ne sont pas les amants qui nous laissent tomber, ce sont les pères. Dans Flag Day de Sean Penn, l’acteur et réalisateur incarne un charmant criminel qui ne parvient jamais à être à la hauteur pour sa fille.

Culture du viol et masculinité nocive

Enfin, on a aussi croisé à Cannes de nombreux récits qui explorent une certaine violence masculine et font la peau à la culture du viol. Dans le puissant Rehana Maryam Noor, premier film du Bangladesh à être sélectionné à Cannes, une prof de fac de médecine vient en aide à une étudiante violée par un enseignant –et paiera un lourd tribut pour avoir osé le dénoncer.

On suit aussi un personnage toxique dans Red Rocket de Sean Baker (qui avait auparavant réalisé Tangerine et The Florida Project). Superbement incarné par Simon Rex, Mikey est un ancien acteur porno d’abord très attachant. Mais plus le film progresse, plus il révèle une personnalité détestable, obnubilé par sa survie et son propre succès au détriment de tous ceux qui l’entourent. Situé dans l’Amérique de Trump, le film explore la dégringolade du rêve américain, rongé par le narcissisme et la violence désinvolte.

Julia Ducournau souligne que la virilité est un piège tendu à la fois aux femmes et aux hommes en les aliénant.

Mais la proposition la plus forte sur la question du genre (et peut-être la plus forte, tout court, du festival), c’est Titane de Julia Ducournau, Palme d’or de cette 74e édition. Dans ce drame fantastique, l’héroïne se transforme progressivement en personnage a-genre, adoptant une identité masculine tout en cachant une grossesse inquiétante et surnaturelle. À travers les injections de testostérone (chez le personnage de Vincent Lindon), le binding ou les scènes de sexe entre lesbiennes, Titane explore clairement l’identité queer.

Mais elle souligne aussi que la virilité est un piège tendu à la fois aux femmes et aux hommes en les aliénant. Alors que le film plonge dans un univers de plus en plus masculin, il devient aussi de plus en plus froid et oppressant. Dans une scène remarquable, un groupe de jeunes pompiers se défoulent sur une musique assourdissante, traduisant toute la tristesse d’une masculinité qui ne sait s’exprimer autrement que par la violence. Lorsque Alexia/Adrien, sans cheveux ni sourcils, et en tenue de pompier, se met à danser de manière lascive, renversant la scène d’ouverture où elle se déhanchait superbement en lingerie, c’est l’absurdité de la sexualisation féminine à outrance qui est soulignée. Que les partisans du #NotAllMen se rassurent: le festival nous a malgré tout offert une poignée d’hommes honorables et bouleversants.

C’est notamment toute la problématique d’Un Héros (primé), nouveau film d’Asghar Farhadi dans lequel un personnage masculin tente coûte que coûte de conserver son honneur. Dans Titane, le personnage en apparence viriliste de Vincent Lindon lutte avec ses émotions et son corps vieillissant. Dans La FracturePio Marmaï crève l’écran en «gilet jaune» rustre mais généreux, qui vient sans cesse au secours des autres personnages et se bat pour conserver son travail. Et dans Compartiment n°6, Iouri Borissov incarne un jeune Russe qui, derrière ses airs de voyous, révèle une vulnérabilité touchante, et accompagne l’héroïne du film dans un voyage initiatique plein de tendresse. À Cannes, 2021 aura été l’année de la déconstruction: du genre, du sexe, et même des vaches. Le résultat, c’est un cinéma riche et divers, qui signale son grand retour après plus d’un an d’arrêt imposé.

 

[Source : http://www.slate.fr]

Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Vicio, placer, adicción, entretenimiento, hobby? Cualquier razón es válida para escribir. Hasta el ocio. Pero escribir “en serio” va más allá, como cualquier otro trabajo o experiencia creativa. Necesita un oficio. Pocos son los iluminados que podrían prescindir de ello y ni siquiera la iluminación basta a veces. Cuánta razón tenía el genio de Oscar Wilde. Labor…

En lo personal ¿qué me impulsó a escribir? Leer, sobre todo. Gracias a mis padres desarrollé una afición importante por la lectura. Aquello despertaría ritmos escondidos en lo profundo, que respondieron al llamado. No todos reaccionan de la misma manera a los impulsos. Quizá hubiera preferido ser músico, o pintor, pero las condiciones para ello -creo- no estaban dadas. No importa, en realidad. Crear es universal y los géneros guardan cercana distancia entre ellos. Hay ritmo y color en las palabras también. Y palabras en las notas y matices. Lo que vale es hacerlo con pasión y gusto. Jamás partir de la falsa premisa de la fama. Si llega, bien, pero no se debe escribir por el éxito. Gran error. Pero no hay fórmulas, sobre todo si hay que conjugar talento con esfuerzo y a veces elegir entre cuál va a primar. No deja de ser un juego de mesura y hasta de cálculo, lo que no está mal.

¿Hasta dónde se quiere llegar? Ya es asunto de cada uno y ajeno al juicio generalmente duro entre miembros del gremio de escritores. Creo que hay que mirar de frente a la propia obra. Nutrirse de mucho pero caminar los propios pasos. El tiempo dirá si uno se equivocó de senda. Siempre es posible retornar lo andado. Mirar atrás no nos convertirá en estatuas de sal. Pero solo mirar atrás nos hará obsoletos y eso no puede ni debe ser.

_____

[Publicado en DESLUMBRAMIENTO, 46 narradores bolivianos hablan de su escritura (responsable: Gaby Vallejo Canedo), Grupo Editorial Kipus, 2021 – reproducido en lecoqenfer.blogspot.com]

thumb image

Escrito por Enrique Alpañés  

Pedro Torrijos es arquitecto de historias. Sabe poner los cimientos de una buena narración, construye desarrollos nudos y desenlaces. Lo hace desde estas páginas, donde escribe sobre edificios, ciudades y lugares imposibles desde hace una década. Lo hace desde otras cabeceras como Jot Down o El País. Lo hace desde su cuenta de Twitter, donde levanta relatos a base de colocar un tuit sobre otro, como si fueran ladrillos.

De esta forma, no solo ha construido un buen puñado de historias, sino una comunidad de seguidores. Más de 150.000 están atentos cada jueves a #LabrasaTorrijos. Así ha bautizado a sus hilos, que se empiezan a publicar todos los jueves a las 20:30, puntual como un programa de televisión. Un programa en riguroso directo, pues a Torrijos le gusta escribir sobre el momento, como si estuviera dando un recital de piano.

Si sus hilos fueran conciertos, podríamos decir que Torrijos acaba de sacar su primer álbum de estudio. Se llama Territorios improbables y es un libro en el que repasa la historia de edificios, ciudades y lugares alucinantes. Con un brillante sentido del humor y de la pedagogía, Torrijos crea un almanaque de historias curiosas. Estas nos llevan desde un pueblo abandonado y devorado por el desierto hasta una ciudad hinchable. Desde un parque de atracciones dedicado a Jesús a los rascacielos de Benidorm. Hablamos con Pedro Torrijos para que nos dé la brasa y comparta con nosotros algunas de estas historias.

#LabrasaTorrijos da el salto de Twitter a las páginas de un libro, ¿cómo se ha fraguado este cambio?

Es una apuesta de la editorial, Kailas. Ellos me contactan cuando yo apenas tengo 14.000 o 15.000 seguidores. Y me preguntan, «Oye, ¿tú crees que esto lo podemos contar en un libro?». El libro es una recopilación de algunos textos que ya he contado en Twitter, pero te das cuenta de que a la gente no le interesa tanto el final, sino cómo lo cuentas, y aquí el formato te permite enriquecerlos, estirarlos. Y bueno, que también hay otros muchos textos que son inéditos.

El proceso de creación del libro ha sido muy divertido, pero ha supuesto mucho trabajo. He tenido que pelear con mi perfeccionismo, que a veces no me quedo nunca contento y empiezo a marear los textos. Además, al ser en papel, tan bonito, con esas fotos tan cuidadas, la portada de Lara Lars… Tienes un poco ese peso.

¿Este es un libro para amantes de la arquitectura o para amantes de las historias?

Sobre todo, es para apasionados de las historias. Si eres un erudito de la arquitectura te puede gustar, pero la vocación es gustar a más gente. No creo que llegue ni al 20% el número de mis seguidores en las redes sociales que esté relacionado con el mundo de la arquitectura. Creo que en el libro es lo mismo. Está pensado para pasar un buen rato.

Yo suelo decir que son historias para leer y que luego tú las puedas contar en una fiesta y seas el tío más guay de la fiesta. Yo siempre he querido ser ese tío, que me hagan corrillo. Y lo que hago en el libro es compartir esa capacidad de crear corrillo, explicar historias que tú luego puedes contar con tus colegas. Y les dices: «¿Sabes que había un parque temático de Jesús?».

Bueno, es que tremenda historia la del Heritage USA; con eso te hacen corrillo seguro.

Es una de mis historias preferidas. Un parque temático dedicado a Jesucristo, en Carolina del Sur, que llegó a ser más grande que Disneylandia. Tenía una versión a tamaño natural del Cenáculo y la piscina de olas más grande del mundo. Y todo esto no tiene ningún interés desde el punto de vista de la arquitectura, pero la historia es tan fascinante, se puede contar de una manera tan divertida… Heritage USA habla de la atmósfera de los pastores evangélicos en la América de los años setenta, del EEUU conservador de la época. Eso lo puedes contar desde  un punto de vista erudito e histórico o lo puedes contar con la historia de un parque de atracciones.

¿Y qué diferencias has encontrado entre contar una historia como esta para Twitter y hacerlo en un libro? ¿Qué limitaciones y ventajas tiene cada formato?

Leí una vez a alguien que decía que escribir un artículo es escribir una novela de 800 palabras. Y eso es lo que yo hago en todos los formatos. Es un hilo en Twitter, un reportaje, un libro o un podcast como estoy haciendo ahora para el museo ICO. Ahora, en verano, voy a estar en una pequeña sección en RNE. Y es lo mismo: es contar una historia, planteamiento nudo y desenlace.

Llevo diez años escribiendo en medios. Ya tengo callo para escribir en formato más largo. No creo que haya una dificultad específica. Simplemente hay que entender que el formato es diferente. Aquí, por ejemplo, hay menos imágenes. Y eso puede ser un inconveniente o una ventaja, porque te permite culebrear dentro de la historia.

Fue una de las cosas que me llamó la atención del libro, no hay demasiadas fotos.  No sé si fue una decisión consciente o impuesta.

Es que no se trataba de hacer un libro de fotos, no es un libro de Taschen. Tomamos la decisión de poner una gran foto al principio de cada capítulo, que a veces son del lugar y otras veces son meramente ilustrativas. Es lo que comentaba antes, si vas a contar historias en una fiesta, no vas a sacar las fotos y las diapositivas

Ya. Igual, si lo haces, más que el tío guay vas a ser el friki de la fiesta.

Ja, ja, ja. Claro, aquí se trata no de mostrar fotos, sino, sobre todo, de contar una historia. El ser humano lo que hace siempre es contar historias. Las contamos a los demás, nos las contamos a nosotros mismos. Es como lo que está pasando con Samuel. Aquí hay un montón de historias que se están contando, la gente del colectivo LGTBI está contado sus historias de discriminación, de violencia. Y nosotros, los heteros, estamos escuchando y aprendiendo. Es algo que provoca cambios, reacciones, pone en marcha un montón de engranajes. Las historias son la herramienta más poderosa que tiene el ser humano, son un motor de cambio.

Eso es muy bonito, pero ¿es aplicable a cualquier campo? Quiero decir, la arquitectura, para ser apreciada, ¿debe ser contada, debe ser explicada o debería ser autoexplicativa?

Yo creo que todo lo que puedas contar siempre va a ayudar a que se entienda mejor cualquier cosa. Idealmente, todos deberíamos entender que una vacuna contra la covid puede hacer que la pandemia acabe. Pero esto hay que contarlo, hay que explicarlo. Muchas veces hay que apoyarse en palabras. Idealmente, deberías proyectar un edificio, o una ciudad, y la gente debería entenderlo. Pero no siempre pasa. A veces, muchas veces, tienes que explicar por qué esto funciona así.

Como con el Museo del Holocausto de Berlín, que explicas en el libro

Claro, si no conoces la historia que hay detrás, es más difícil apreciarlo. Es una pastilla de hormigón y zinc que recorre el lugar en un zigzag retorcido y aparentemente caótico. Pero si sabes que su arquitecto, Daniel Libeskind, es un judío polaco nacido justo después de la II Guerra Mundial, cuyos padres fueron supervivientes del Holocausto. Si conoces todas las referencias que tiene el edificio, es más fácil apreciarlo. Puedes visitar el Museo del Holocausto sin saber todo esto y no pasa nada, pero te estarás perdiendo una parte de la historia que cuenta ese edificio.

Tú vives en Madrid, ¿por dónde empezarías una #BrasaTorrijos sobre cómo está la ciudad ahora mismo?

Sobre todo Madrid es imposible. Sobre algo de cierto tamaño puedes contar historias pequeñitas sobre la ciudad, como la piscina que hubo en el río Manzanares, el parque de las Siete Tetas, cómo se peatonalizó todo… Y cómo, aunque se esté intentando echar para atrás, vamos hacia allá porque es imparable. Puedes contar cómo los bombadeos franquistas dañaron muy seriamente la Casa de las Flores, un edificio muy bonito de los años 30 donde vivió Pablo Neruda. Puedes contar una historia de Malasaña, sobre cómo pasó de ser un barrio chusco a ser un referente de modernidad. Madrid es como la Biblioteca de Alejandría, no se puede contar una sola historia sobre ella porque guarda muchas historias diferentes.

¿Y esas historias no se gastan?

Eso es lo que pienso yo casi todos los jueves, que se me han acabado las buenas historias. Y mira, luego funcionan de puta madre. Las historias no se acaban, aunque a veces se repiten de formas distintas. Es igual que Hamlet, que se ha contado mil veces. Una vez me dijo Juan Diego, el actor, en una entrevista, que al final todas las historias son ir de un sitio a otro par ser más feliz o menos feliz. En cuanto a #LabrasaTorrijos, yo tengo ahora mismo… Te lo voy a decir… [se hace el silencio al otro lado del teléfono acompañado de ligero rumor mecánico, teclas y clics]. Tengo ahora mismo 244 entradas.

¿Tienes por ahí un almacén de historias?

Sí, hubo un momento en que me coincidió que tenía que ir al médico y tenía que escribir un hilo. Ahí empecé a ser previsor y a hacer las historias de antemano. Pero no escribo las historias al completo, solo la estructura, lo más importante. Yo los hilos los escribo en directo.

¿Por qué?

Porque eso me impide manosear demasiado los textos. Esto es como salir a tocar el piano, sé que salgo a las ocho, tengo una hora de directo. Por otro lado, escribir en vivo te da un feedback constante, yo sé si la historia está funcionando más o menos bien al instante. Y te da tiempo de jugar, de improvisar. Si te fijas en mis hilos, no son una historia larga cortada en trocitos. El formato hilo es ya un subgénero en sí mismo. Hacer un buen hilo no consiste en escribir un texto y cortarlo. Yo, a veces, escribo un tuit que es solo una palabra. O solo una onomatopeya. Controlo mejor los tempos, sé dónde acelerar, dónde frenar… generas un ritmo. Todo esto tiene algo de musical.

Tú eres un arquitecto, pero no construyes edificios sino historias. ¿Te sientes menos arquitecto o menos realizado por ello?

No. A mí lo que siempre me ha gustado es contar historias. Yo he estudiado arquitectura, he hecho algún proyecto, de hecho a mi madre le he hecho su casa.  Me preguntaba el otro día una periodista, «¿Pero tú trabajas?». Y claro que trabajo, esto es un trabajo. A veces se considera que si has estudiado una cosa y no te dedicas canónicamente a ello, has fracasado. Y mira, no. Y fíjate que digo canónicamente, pero yo considero que me dedico a la arquitectura. Que contar historias es parte de esta profesión, como lo es construir edificios. Y que me llena. Puedo decir que he encontrado mi lugar en el mundo, ¿qué te parece?

Que muy poca gente puede decir eso.

Pues yo creo que sí. Y no solo por el libro, sino por los hilos de Twitter, por los podcast, por todos los proyectos que estoy llevando a cabo. Esto es un trabajo que estoy disfrutando muchísimo.

Oye, ¿y cómo se consigue eso? Encontrar tu lugar en el mundo digo.

Pues yo empecé un poco de casualidad. Yo escribía hilos antes de que existieran los hilos. Ponía un hashtag en mis tuits para agruparlos. Me lo sugirió mi pareja un poco de broma. Me dijo: «Tú lo que haces es dar mucho la brasa», así que puse esa etiqueta para que todos mis tuits se pudieran agrupar. Pero lo usaba de manera muy irregular, no era constante. Me pasó por encima la vida, por alguna razón. Y bueno, hubo un hilo que se hizo viral, tuvo mucho alcance. Y mi pareja me dijo, «Esto te hace muy feliz, deberías hacerlo con más constancia». Y le hice caso, empecé a hacerlo, Y parece que funcionó.  

 

[Fuente:  http://www.yorokobu.es]

Panier, viande, poulain, pommade… Bien des termes que nous utilisons aujourd’hui avaient jadis une tout autre signification. Pourquoi ne l’ont-ils pas gardée ?
Écrit par Michel Feltin-Palas
Avouez-le. Vous pestez régulièrement contre votre neveu lorsqu’il emploie un mot dans un sens « fautif ». « Conséquent », par exemple, au lieu d' »important ». Ou « trop » à la place de « très ». Alors un conseil : arrêtez de lui adresser des remarques dans ce domaine car si, par manque de chance (pour vous), il suit plus tard des études de linguistique, il vous expliquera que tout le monde fait pareil depuis la nuit des temps, vous compris. Et il aura raison.
Par exemple, il m’étonnerait que vous ne partiez pas faire le marché avec votre panier alors que, stricto sensu, celui-ci ne servait au départ qu’à transporter du pain… Le cas est loin d’être isolé. « Il arrive en effet souvent que nous ne connaissions qu’une seule des acceptions d’un mot que nos ancêtres utilisaient ou que nous utilisions ce mot avec sens différent », souligne le linguiste André Thibault en citant cet autre exemple : »Saoul voulait dire autrefois « rassasié, repu » (appliqué à quoi que ce soit, c’est-à-dire autant à de la nour­ri­ture qu’à une boisson quelconque ou à une boisson alcoolisée) ; à force de l’entendre surtout en référence à l’alcool, on a fini par interpréter ce mot comme signifiant uniquement « ivre » » .
C’est ainsi : au fil du temps, de nombreux termes changent de sens. Il suffit pour le constater de plonger dans un livre écrit voilà quelques siècles. Chez Molière, par exemple, tout à l’heure signifie « immédiatement » ; bailler veut dire « donner » et la fortune correspond au sort, propice ou funeste, comme le souligne le linguiste Jean Pruvost dans un ouvrage que j’ai déjà chroniqué et que je recommande vivement (1).
Les linguistes se sont efforcés de classer ces évolutions en plusieurs catégories.
· Les restrictions de sens. Comme saoul, bien des termes ont vu leur emploi se spécialiser. Viande, comme son nom l’indique, désignait originellement tous les aliments servant à entretenir la vie. Traire signifiait « tirer » de manière générale, avant qu’il ne finisse par désigner uniquement l’extraction du lait des animaux domestiques. Conformément au latin pullus (« jeune animal »)poulain s’employait pour les petits de tous les animaux, et pas seulement pour celui du cheval (poulet a d’ailleurs la même origine). Le verbe trépasser ne fait plus aujourd’hui référence qu’à la mort alors qu’il signifiait simplement « aller au-delà ». Quant à accident, il a longtemps eu le sens d' »événement », heureux ou malheureux, avant de n’être utilisé que dans les circonstances néfastes.
· Les extensions de sens. À l’exemple de panier, d’autres termes ont vu inversement leur emploi s’élargir. La pommade n’était au départ qu’une pulpe de pomme ; un épicier ne vendait que des épices ; on arrivait exclusivement sur une rive tandis qu’un boucher tuait uniquement les boucs…
· Les affaiblissements de sens. Certains mots n’ont pas vraiment changé de signification, mais ont perdu leur intensité initiale. À l’origine, un ravissement était un enlèvement au ciel. Charmer était l’équivalent de ensorceler (d’où l’expression jeter un charme). Être étonné signifiait que l’on semblait avoir été frappé d’un coup de tonnerre. Gâter avait la force de dévaster. L’inquiétude désignait une forte agitation ; le déplaisir, une profonde douleur ; l’ennui, un chagrin violent… Formidable signifiait « qui inspire la crainte » et terrible renvoyait à la terreur.
· Les mots qui ont acquis une connotation péjorative. L’expression art nègre en témoigne : originellement, cet adjectif n’avait pas une valeur péjorative. C’est à force d’être utilisé dans les discours racistes qu’il a fini par l’acquérir. C’est d’ailleurs aujourd’hui au tour du mot noir de subir le même sort, si bien que certains préfèrent recourir à la formule personne de couleur ou à l’anglicisme black.
· L’influence des langues étrangères. Précisément, une partie de notre lexique subit l’influence de l’anglais. Ainsi, réaliser est souvent utilisé pour « se rendre compte » alors qu’il signifie théoriquement « faire, élaborer ». Supporter prend la place de « soutenir » alors que ses sens premiers étaient « recevoir le poids », « endurer », « tolérer ».
· Les évolutions technologiques. Une invention donne souvent naissance à un nouveau mot, mais, parfois, on se contente de recycler un objet proche qui lui ressemble. La voiture était un mode de transport tiré par des chevaux ? Elle désigne aujourd’hui une automobile bénéficiant de la force d’un moteur.
· Les inversions de sens. De manière plus surprenante, quelques termes signifient aujourd’hui le contraire de ce qu’ils voulaient dire primitivement. Une personne énervée était celle qui avait subi une énervation et était donc dénuée de nerfs ? L’adjectif s’applique aujourd’hui à celle qui se trouve dans un état de nervosité inhabituel. Du temps où l’Espagne était occupée par les Arabes, les laquais étaient de hauts fonctionnaires. Ce n’est qu’à la suite de la Reconquista qu’ils ont été ravalés au rang de « valets d’armée », puis de « valets » tout court, et c’est ce sens qui s’est imposé en français, comme le souligne Henriette Walter (2). Autre exemple frappant avec rien – issu du latin rem, c’est-à-dire « chose ». À force d’être utilisé dans des formules négatives, pour renforcer ne, ce nom signifiant « chose » a fini par être senti comme un pronom signifiant « aucune chose » !
· Les erreurs. Terminons cette liste par la catégorie qui m’amuse le plus : les bévues. Celles-ci peuvent provenir d’une fausse étymologie, comme je l’ai déjà évoqué dans une lettre précédente. Souffreteux, par exemple, se rapportait à l’origine aux indigents, considérés comme des personnes en rupture avec la société, conformément à son origine latine suffringere, « rompre par le bas ». Mais sa ressemblance avec souffrir l’a conduit peu à peu à désigner un individu de santé fragile… Même attraction fatale pour rustre sur fruste alors que ces deux termes n’ont pourtant rien à voir. Frustum en latin, voulait dire « mis en morceaux » alors qu’un rustre est un homme grossier et brutal. Mais voilà : à l’oreille, les deux mots se ressemblent et fruste a fini par signifier « rude, inculte, lourdaud, primitif ».
Comme quoi, même les dictionnaires recèlent leur lot d’injustices…
(1) Jean Pruvost, Les secrets des mots, La librairie Vuibert

 

 

[Source : http://www.lexpress.fr]

Capture d’écran d’une vidéo sur YouTube [1] sur des manifestations au Pays Basque pour la protection de l’enseignement immersif

É

La France a longtemps pratiqué une politique linguistique axée sur l’imposition du français comme seule “langue de la République” tout en ignorant, voire interdisant l’usage de plus de vingt autres langues parlées sur son territoire européen. Au 21ᵉ siècle, les attitudes ont changé grâce à un regain d’intérêt pour les cultures régionales, ainsi qu’à certaines mesures législatives. Une nouvelle loi censée protéger les langues régionales passée en mai de cette année vient relancer le débat.

La nouvelle loi, intitulée Loi du 21 mai 2021 relative à la protection patrimoniale des langues régionales et à leur promotion  [2](dite aussi Loi Molac du nom du député Paul Molac [3] qui avait proposé ce projet de loi), entérine certaines avancées sur l’usage des langues régionales. Le texte législatif reconnaît ainsi l’importance de ces langues en termes généraux en leur conférant d’une part un statut de “trésor national” et d’autre part en soutenant l’enseignement des langues régionales, obligeant les communes “à contribuer aux frais de scolarité des écoles privées proposant un enseignement bilingue”.

Toutefois, la loi butte sur de nombreux aspects et continue à discriminer les locuteurs de langues régionales dans deux domaines : l’enseignement immersif et l’emploi de signes diacritiques spécifiques aux langues régionales dans les papiers d’identité.

En France, l’enseignement immersif consiste à plonger de très jeunes enfants dans un cursus où toutes les matières ou presque sont enseignées dans la langue cible. Ainsi l’histoire ou les mathématiques sont par exemple enseignées en breton ou en basque. Cet enseignement concerne 14 000 élèves [4]ce qui représente 0,1 % des élèves français, un chiffre en augmentation régulière [5].

La Bretagne a montré le chemin en 1977 en créant les écoles Diwan qui proposent une éducation bilingue dans plus de 50 écoles [6]. Ce mouvement a été suivi pour l’occitan (écoles Calandreta [7]) ainsi que d’autres langues comme l’alsacien, le corse et le basque. Ces écoles sont dites associatives, financées par l’État et les familles, et dispensent un programme scolaire approuvé par le ministère de l’Éducation nationale avec un statut d’”enseignement privé sous contrat”, dont relèvent également la plupart des écoles privées catholiques, par exemple.

Dans la rédaction finale du texte de la loi du 21 mai, le Conseil Constitutionnel s’est référé à l’article 2 de la constitution française [8] qui déclare que “La langue de la République est le français” pour justifier l’interdiction de l’enseignement immersif en langues régionales.

Un État-nation qui impose une langue unique 

Pour l’État français, la centralisation est un élément constitutif de son identité, et ceci inclut le rôle de la langue française.

Le français est une langue romane qui a évolué à partir du latin qui se divise au Moyen-Âge en langues d’oc et d’oïl au sud et au nord du territoire de la France actuelle.

En 1539, un premier document impose l’usage du français, qui remplace le latin comme langue officielle pour tous les documents publics. Il s’agit de l’Ordonnance de Villers-Cotterêts [9] du roi François Ier. Au départ, le français reste une langue minoritaire qui cohabite avec d’autres langues, mais peu à peu il s’impose comme langue dominante et exclusive dans tous les domaines : gouvernance, jurisprudence, éducation, commerce, religion, littérature et médias.

Au 19ᵉ siècle le système éducatif renforce ce rejet des langues autres que le français en particulier sous l’égide du ministre de l’Éducation de l’époque, Jules Ferry [10], qui interdit l’usage des langues régionales à l’école sous peine de châtiments. C’est la fameuse sentence énoncée dans les écoles publiques du pays: “Interdit de cracher par terre et de parler breton [11] (ou basque, occitan ou toute autre langue régionale).

Une diversité linguistique en net déclin

Aujourd’hui, une institution étatique est en charge des langues parlées en France, la Délégation générale à la langue française et aux langues de France [12]. Elle répartit les langues en trois catégories en dehors du français: langues régionales [13] parlées en France métropolitaine, les langues non-territoriales [14]comme le yiddish, le romani ou la langue des signes, et les langues des Outre-mer [15] dont on compte plus de 50 et parmi lesquelles figurent le kanak, le tahitien, ou le créole.

Les 23 langues régionales officiellement reconnues représentent une grande diversité linguistique comportant des langues romanes (catalan, corse, occitan, francoprovençal), germaniques (flamand, alsacien), celtes (breton) et non-indo-européennes comme le basque.

Mais si ces langues étaient les principales langues maternelles de millions de Français et Françaises jusqu’au 19ᵉ siècle [16], aujourd’hui on estime le nombre de locuteurs de ces langues à 2 millions, soit un peu moins de 3 % de la population de France métropolitaine. Voilà pourquoi l’État devrait se mobiliser pour freiner ce déclin et encourager un renouveau linguistique pensé dans la diversité.

Une politique en zigzag qui semble systématiquement opposer reconnaissance de la pluralité et défense du français

Toutefois, l’État français maintient une position ambiguë au sujet des langues régionales, hésitant entre diversité linguistique et protection sourcilleuse du français. En 1992, il a tenu à faire amender la constitution de la 5ᵉ République pour stipuler pour la première fois la place officielle de la langue française, mentionnée dans ce fameux article 2 afin de défendre la langue française qui semblait en péril face à une progression de l’anglais.

De plus, la France refuse de ratifier les 39 articles de la Charte européenne des langues régionales ou minoritaires [17] qu’elle a signée, en évoquant encore une fois une contradiction avec le même article de sa constitution. Ce traité datant de 1992 du Conseil de l’Europe [18] se propose de sauvegarder la diversité linguistique en Europe et inclut “la nécessité d’une action résolue de promotion des langues régionales ou minoritaires, afin de les sauvegarder; la facilitation et/ou l’encouragement de l’usage oral et écrit des langues régionales ou minoritaires dans la vie publique et dans la vie privée la mise à disposition de formes et de moyens adéquats d’enseignement et d’étude des langues régionales ou minoritaires à tous les stades appropriés.”

Des changements interviennent en 2008 lors d’une révision constitutionnelle [19]qui mentionne ces langues dans l’article 75-1 de la Constitution : “Les langues régionales appartiennent au patrimoine de la France.” À ce sujet, le seul domaine où on peut noter un relatif engagement de l’État est l’aide financière apportée à des programmes radio et télé qui s’ajoutent à des initiatives privées principalement pour l’alsacien, le basque [20], le breton [21], le corse [22] et l’occitan. [23]

Manifestations et retour en arrière du Conseil Constitutionnel 

Suite au passage de la loi du 21 mai, de nombreuses manifestations [24] ont eu lieu à travers toute la France principalement au mois de mai pour dénoncer une censure de l’enseignement immersif qui dépend largement d’un soutien financier de l’État. Des pétitions [25] ont été lancées qui rappellent que l’article 2 de la constitution avait été élaboré et présenté comme une défense du français à l’encontre de l’anglais. Fait à noter, de nombreuses écoles bilingues français-anglais pratiquent l’immersion linguistique en France et ne semblent pas tomber sous le coup de cette loi.

Les activistes rappellent également que le président français Emmanuel Macron avait pris la défense [26] des langues régionales dès le 26 mai, s’opposant clairement à la décision du Conseil Constitutionnel qui a fini par réagir le 16 juin [27] en précisant que l’enseignement immersif est anticonstitutionnel uniquement dans l’enseignement public, mais autorisé dans le secteur privé.

Les activistes se penchent maintenant sur la définition du terme d’école associative [28] qui peut être interprété comme faisant partie du service public. La partie de ping-pong politico-législative va donc continuer. Reste à savoir si le 2 septembre, les élèves qui parlent alsacien, basque, breton, corse ou occitan retrouveront le chemin de leurs écoles.

Article publié sur Global Voices en Français: https://fr.globalvoices.org

URL de l’article : https://fr.globalvoices.org/2021/07/20/266601/

URLs dans ce post :

[1] sur YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=-hHvFsDdIEM

[2] Loi du 21 mai 2021 relative à la protection patrimoniale des langues régionales et à leur promotion : https://www.vie-publique.fr/loi/278001-loi-sur-les-langues-regionales-loi-molac#:~:text=25%20mai%202021-,Loi%20du%2021%20mai%202021%20relative%20%C3%A0%20la%20protection%20patrimoniale,r%C3%A9gionales%20et%20%C3%A0%20leur%20promotion&text=La%20proposition%20de%20loi%20apporte,enseignement%20et%20les%20services%20publics.

[3] Paul Molac: https://fr.wikipedia.org/wiki/Paul_Molac

[4] 14 000 élèves : https://www.youtube.com/watch?v=aqhfv2-dvA8

[5] un chiffre en augmentation régulière: https://www.lefigaro.fr/actualite-france/2013/07/29/01016-20130729ARTFIG00330-le-succes-des-langues-regionales-a-l-ecole.php

[6] éducation bilingue dans plus de 50 écoles: https://france3-regions.francetvinfo.fr/bretagne/ecoles-diwan-40-ans-enseignement-bilingue-langue-bretonne-toujours-menacee-1354929.html

[7] (écoles Calandreta: http://calandreta.org/

[8] l’article 2 de la constitution française: https://www.conseil-constitutionnel.fr/le-bloc-de-constitutionnalite/texte-integral-de-la-constitution-du-4-octobre-1958-en-vigueur#:~:text=DE%20LA%20SOUVERAINET%C3%89-,ARTICLE%202.,Libert%C3%A9%2C%20%C3%89galit%C3%A9%2C%20Fraternit%C3%A9%20%C2%BB.

[9] ’Ordonnance de Villers-Cotterêts: https://fr.wikipedia.org/wiki/Ordonnance_de_Villers-Cotter%C3%AAts

[10] Jules Ferry: https://fr.wikipedia.org/wiki/Jules_Ferry

[11] Interdit de cracher par terre et de parler breton: https://www.breizh-info.com/2016/05/25/44012/frederic-morvan-de-disparition-de-langue-bretonne/

[12] Délégation générale à la langue française et aux langues de France: https://fr.wikipedia.org/wiki/D%C3%A9l%C3%A9gation_g%C3%A9n%C3%A9rale_%C3%A0_la_langue_fran%C3%A7aise_et_aux_langues_de_France

[13] langues régionales: https://www.culture.gouv.fr/Sites-thematiques/Langue-francaise-et-langues-de-France/Politiques-de-la-langue/Langues-de-France/Langues-regionales

[14] langues non-territoriales : https://www.culture.gouv.fr/Sites-thematiques/Langue-francaise-et-langues-de-France/Politiques-de-la-langue/Langues-de-France/Langues-non-territoriales

[15] langues des Outre-mer: https://www.culture.gouv.fr/Sites-thematiques/Langue-francaise-et-langues-de-France/Politiques-de-la-langue/Langues-de-France/Langues-des-Outre-mer

[16] 19ᵉ siècle: https://fr.wikipedia.org/wiki/Langues_r%C3%A9gionales_ou_minoritaires_de_France

[17] Charte européenne des langues régionales ou minoritaires: https://fr.wikipedia.org/wiki/Charte_europ%C3%A9enne_des_langues_r%C3%A9gionales_ou_minoritaires

[18] Conseil de l’Europe: https://fr.wikipedia.org/wiki/Conseil_de_l%27Europe

[19] révision constitutionnelle : https://fr.wikipedia.org/wiki/Loi_constitutionnelle_du_23_juillet_2008

[20] basque: https://www.communaute-paysbasque.fr/basque-et-gascon/basque/vivre-en-basque/les-medias-bascophones

[21] breton: https://www.missionbretonne.bzh/liens/medias-bretons/

[22] corse: https://www.isula.corsica/linguacorsa/Approche-de-la-langue-corse-a-travers-les-medias_a81.html

[23] l’occitan.: https://www.cfpoc.com/accueil/liens-utiles/medias/

[24] nombreuses manifestations: https://www.ouest-france.fr/education/enseignement/langues-regionales-ce-qu-il-faut-retenir-du-debat-sur-la-loi-molac-7279489

[25] pétitions: https://www.mesopinions.com/petition/droits-homme/justice-nos-langues/147179?utm_source=ocari&utm_medium=email&utm_campaign=20210608081501_23_nl_nl_lexpress_bout_des_langues_60bdc55a8a44675e7c7b23c6#EMID=4978ab130374749a14c630b07c77777415f957230f857034c02e5b56c20cdef9

[26] avait pris la défense: https://www.lemonde.fr/politique/article/2021/05/26/langues-regionales-emmanuel-macron-defend-leur-enseignement_6081548_823448.html

[27] réagir le 16 juin: https://www.francebleu.fr/infos/education/langues-regionales-l-interdiction-de-l-enseignement-immersif-ne-concerne-que-le-public-selon-les-1624008746

[28] école associative: http://calandreta-milhau.fr/ecole-associative/

henri_rousseau

Sabato: Usted conoció a Davobe, también era un tipo raro, ¿no?

Borges: Eran dos hermanos: Julio César y Santiago, muy distintos. Creían o simulaban creer que Morón era un lugar rarísimo. Mark Twain decía que a él no lo asombraba nadie en el mundo porque siempre había vivido en el Mississippi. Los Davobe decían lo mismo respecto a Morón. Pero, claro, me parece que en el Mississippi había más gente, ¿no? Santiago admiraba tal vez a unos pocos escritores: Poe, Cervantes, Maupassant… pero en el fondo no creía demasiado en la palabra escrita. Sin embargo, me dijo una vez que él tenía facilidad para escribir una gran novela por vivir en Morón, en donde se daban todos los tipos de humanos.

Sabato: No es una idea equivocada. Morón es un microcosmos que puede dar lugar a una gran novela. No hay temas chicos ni temas grandes: hay escritores chicos y grandes. Cézanne pinta una manzana y hace una obra memorable. Otro cualquiera pinta una crucifixión y es un mamarracho. La mesa que tenemos delante, según quien la mire, puede ser la cosa más extraña del mundo. Para uno puede ser casi nada, para otro, como Berkeley, puede implicar el cuestionamiento de la realidad entera. Es claro que hay muchos que no conciben la escritura sin recorrer el mundo. Pero en la época de Homero no había aviones, y con trirremes y cosas por el estilo no se podía ir muy lejos. Kafka no salió de Praga, casi, y fue un simple empleado.

Barone: Es que una obra de aventuras no necesariamente la escribe un aventurero.

Sabato: El arte es casi siempre un acto antagónico, y un hombre detenido puede tener mucho más imaginación que otro que recorre el planeta.

Borges: Recuerdo el caso absurdo de un holandés que se vino para escribir una novela de galeses de la Patagonia. ¿Cómo sabía que le iban a interesar, de antemano? Posiblemente le habrían interesado más sus vecinos de hotel. Sin embargo insistió en viajar y en proponerse ese objetivo.

Diálogos de Borges y Sabato
Compilados por Orlando Barone
1974-1975

* * *

Muchas de sus novelas se desarrollan en esa parte de París, el XVI, cerca de Trocadero, que no tiene nada de especial. ¿Por qué?

Por eso, porque no tiene nada de especial. Muchos lo consideran un típico barrio burgués. Pero no es así del todo. Tiene una parte de barrio anónimo, banal, sin monumentos históricos, donde uno puede imaginarse cosas. En otros barrios parisinos te sientes bloqueado por la historia. En Trocadero y sus alrededores uno puede observar las calles y la gente que las habita de una manera un poco onírica. Es un barrio donde, en determinadas calles, la gente desaparecía mucho. Como le he dicho, yo lo he comprobado con las guías de teléfonos. Hay una suerte de movilidad extraña. Es un barrio burgués, pero tiene su lado extraño… Luego están mis propios recuerdos de infancia y adolescencia…Todo es un poco confuso. Yo no conozco Madrid, pero estoy seguro de que en Madrid debe de haber barrios así…

Patrick Modiano
Entrevista con Antonio Jiménez Barca
El País, 16 de mayo de 2009

Los cuadros más célebres de Henri Rousseau representan escenas selváticas, a pesar de que él nunca abandonó Francia ni vio una jungla.

 

[Foto: El aduanero Rousseau – fuente: http://www.calledelorco.com]

 

 

[Fuente: http://www.calledelorco.com]