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El Chile que pugna por nacer

Escrito por Francisco Herreros

La declaración de la Vocería de los Pueblos, integrada por 34 constituyentes independientes, provenientes de movimientos sociales, mediante la cual reivindican la soberanía de la convención constitucional, es en primer lugar, una excelente noticia.

Segundo -y principal- con notable sentido de tiempo y distancia, tomaron la iniciativa e instalaron en el debate, el tema central del próximo, histórico e inédito certamen, vale decir la naturaleza del mismo, en un campo donde se enfrentarán las representaciones del Chile que no termina de morir y de aquel que no acaba de nacer.

La inmediata alineación del partido del orden demuestra lo que está en juego.

Perdedores en las dos últimas elecciones en forma consecutiva, impetran la legitimidad de una elección de hace cuatro años, e insisten en encorsetar el proceso constituyente con el cepo de los dos tercios.

La presidenta del senado, Yasna Provoste, acudió a la ironía:

«Me resulta curioso venir a desconocer el Acuerdo por la Paz que da inicio al itinerario constituyente del que ellos participaron, e incluso fueron candidatos y electos».

«Cuando uno desconoce algo no se presenta como candidato», sentenció; misma tesis del ministro del Interior, Rodrigo Delgado:

«Pasa que esos constituyentes ya se sometieron a lo que fue el acuerdo, porque si fueron candidatos, fue gracias a ese acuerdo. El Gobierno validó ese acuerdo del cual ha cumplido cada centímetro, por lo tanto, no nos queda más que seguir cumpliendo».

Agustín Squella, independiente en lista del Partido Liberal, manifestó:

«No hago ningún llamado que no sea a ajustarnos a las normas previas; nunca me gustaron los dos tercios, pero es la regla que se estableció».

Fuad Chahín, único constituyente de la DC, fue más categórico:

«Pasar por encima de las reglas del juego en el fondo es pasar por encima de la democracia».

Cristián Monckeberg, convencional de RN por el distrito 10, expuso una peculiar interpretación:

«No nos produce sorpresa la actitud que han tomado algunos miembros de la Convención. Lo que se está produciendo es saltarse las reglas del juego, las reglas democráticas, y lo que nos dijo la ciudadanía y el verdadero mandato del pueblo fue: ‘siéntense a dialogar’».

Estas son las expresiones del Chile desfalleciente, moribundo, portadoras del discurso del modelo que fracasó.

Todavía no entienden que fueron destituidos por una revuelta de carácter histórico, que cierra el ciclo neoliberal, iniciado en Chile en abril de 1975, con ocasión del primer ajuste estructural, dispuesto por el ministro de Hacienda, Jorge Cauas.

Como es apenas natural, se aferran a cualquier argumento que al lado derecho del signo igual, signifique blindaje para los intereses que representan, y a los cuales se deben.

Exigidos a fondo por el guante lanzado por la vocería de los pueblos, los representantes de la república neoliberal comprenden con espanto, que aparte del discurso, y su difusión asegurada en el sistema mediático, no disponen de otros recursos para abortar el parto del Chile que pugna por nacer.

Tampoco se dan cuenta de que la revuelta canceló la política de lo posible, y su discurso justificador.

¿En virtud de qué lógica política la minoría impone reglas a la mayoría, como no sea en el universo de las extrañas matemáticas de los dos tercios, donde se puede ganar perdiendo?

¿Por qué los representantes del nuevo Chile deberían aceptar un acuerdo que no firmaron, y que los priva de potestad constituyente, en una coyuntura histórica única e irrepetible?

La democracia no consiste en respetar acuerdos espurios, a espaldas del pueblo movilizado, ni en normas dictadas para favorecer la gobernanza, ni en representaciones políticas sin revocabilidad, sino en el gobierno de mayorías.

Eso está al alcance, y el pueblo se lo ganó.

La magnitud de la revolución social chilena se puede medir por su impacto en la revuelta social de Colombia y la elección presidencial de Perú.

La principal virtud de la declaración de la vocería de los pueblos, consiste en desvelar lo que está en juego.

Impulsados por el viento histórico de cambios, que esta vez sopla de popa, los convencionales democráticos harían bien en cubrirse los oídos con cera, para no escuchar los cantos de sirena del Chile que fracasó, y con la audacia de Ulises, rediseñar Chile desde la perspectiva de la justicia social, sin condicionamientos previos.

 

[Imagen del autor – fuente: http://www.pressenza.com]

Regresan, rescatadas del olimpo cinematográfico, ‘Mulholland Drive’, ‘Cabeza borradora’, ‘El hombre elefante’, ‘Terciopelo azul’, ‘Corazón salvaje’, ‘Twin Peaks: Fuego camina conmigo’, ‘Carretera perdida’ y ‘Una historia verdadera’. El cine de David Lynch, su pureza y su intuición, nos sigue conmoviendo

David Lynch en la época de 'Carretera perdida'. Foto: Avalon

David Lynch en la época de ‘Carretera perdida’.

Uno de los grandes, decisivos temas con David Lynch es que detesta los finales, huye de ellos, quiere que las cosas no terminen porque de hecho nunca terminan. Ni tan siquiera cuando mueres. Bueno, especialmente cuando mueres. Hay un sueño dentro de otro sueño que a su vez dará con sus sueños al sumidero de una existencia incorpórea, mitológica, inquietante, ultraterrenal. En su canal personal de YouTube, casi todos los días, desde hace años, informa a sus espectadores de la climatología en Los Angeles, la ciudad cuyo sol alumbró su camino para alumbrar a su vez las oscuridades de la ciudad. Con sus “weather reports” Lynch se autoproclama el “hombre del tiempo”. Dar el parte meteorológico es tanto una socarronería como una celebración de la estabilidad climatológica del tiempo en la ciudad donde vive. Acaso uno de los secretos mejor guardados de su filmografía es que ambiciona retener la infinitud, como si la pantalla fuera un recipiente de formol y bien adentro pudiéramos contemplar la noción (in)temporal de la (in)finitud. Para Lynch, como para muchos narradores, Scherezade es la patrona del relato, la que inventó el infinito suspense, o el final que nunca llega, como forma de supervivencia.

A Laura Palmer nunca la conocimos –aunque en la película Fuego camina conmigo, 1992, podamos suponer que la hemos conocido–, pero nos quedamos enganchados a su fantasma. Y con nosotros buena parte de la ficción televisiva que hoy se digiere como fast food. A veces nos olvidamos de que fue la segunda temporada de Twin Peaks(1990-1991) –tan vapuleada–, la obra que introdujo la noción de lo ‘lynchiano’ en el imaginario popular. El tiempo detenido que rasgó algo en nuestra mirada. Por eso, como el profeta que fue de la ficción televisiva mucho antes de ‘sopranos’ y demás juegos de tronos, ha renegado una y otra vez de la pequeña pantalla para acabar volviendo a ella y revolucionar de nuevo sus formas, hasta sus audiencias y estructuras. Twin Peaks.The Return (2017) sigue siendo el gran hito audiovisual de este siglo, parcelado en 18 episodios que son como tajos en la costra del serial televisivo. Aún no sabemos definirla. Quizá solo de Godard podemos decir que cada vez que ha hecho una película el resto del cine ha envejecido al menos diez años. En otro orden de ideas, y sobre todo de ambiciones, Lynch también lo ha hecho.

Podemos pactar con la certeza de que su regreso a Twin Peaks se resolvió en monumental, obsesivo, fascinante y conmovedor bestiario del imaginario lynchiano. Pero… ¿recuerdan que el final en verdad era un principio? En una ocasión, cuando eran la pareja más célebre de Hollywood (aunque ella vivía en Nueva York y él en Los Angeles), Isabella Rosellini definió a su marido como alguien que “está obsesionado con la obsesión”. Lynch padece una incapacidad casi crónica de soltar las buenas ideas –su libro Atrapa el pez dorado es una verdadera inmersión en su proceso creativo–, y prefiere estirarlas hasta que mutan a otra cosa y luego regresan deformadas al punto de partida. Su cine se fue haciendo más y más endiablado, de estructura comúnmente circular, películas que funcionaban como bucles, espirales en eterno retorno… otro modo de no terminar nunca aunque el tiempo (el metraje comercial de un largometraje) imponga sus limitaciones. Carretera perdida (1997) fue un intento de hacer una película que no concluyera nunca, como los trazos de Escher. Cuando Lynch dice que su película más abstracta y hasta experimental es Una historia verdadera (1999) –The Straight Story: el apellido del protagonista da por nombre una historia “recta”, lineal– en verdad venía a decir que es con la que menos elementos trabajó para obtener algo muy profundo: un anciano, un tractor, la carretera. Termina levantando la cámara para filmar el cosmos. El infinito. La carretera es un motivo americano por excelencia. Lynch nos ha llevado por la senda de sus sueños bajo el influjo estético-melancólico de su infancia en los años cincuenta (Corazón salvaje, 1990, representa la implosión de ese sueño en pesadilla), y lo ha hecho por carreteras serpenteantes y oscuras, bajo la medida de su propio tiempo, en el arranque mítico de Carretera perdida, cruzando América, rastreando los desdoblamientos de Mulholland Drive (una avenida que concentra todas las fantasmagorías de Hollywood), abriendo carreteras secundarias en Inland Empire.

Laura Elena Harring y Naomi Watts en ‘Mulholland Drive’

Afirma Lynch que solo crea desde la felicidad. Desde la meditación trascendental, de la cual es un consumado evangelizador, acaso porque con ella detiene el tiempo. Desmonta cualquier teoría alrededor del genio torturado como ritual de pasaje a los horrores y la monstruosidad del mal, no en vano su afición preferida. Afirma también que no ha leído a Lewis Carroll, que nunca sintió entusiasmo por Francis Bacon, que ni ha visto a Luis Buñuel ni a Maya Deren ni a Jacques Rivette; y todavía así nos parece imposible su Laura Dern sin Alicia, ni Cabeza borradora (1977) sin los retratos del torturado pintor británico, ni Terciopelo azul (1987) sin El perro andaluz (1929), ni Carretera perdida sin Meshes of the Afternoon (1943) o Mulholland Drive (2001) sin Julie y Celine van en barco (1974)Hitchcock (el de Vértigo, al menos) sí confirma que lo conoce bien. El genio en sus películas es en verdad único y por eso lo admitimos como cierto. Hay algo en su pureza, en la intuición incesante de sus imágenes, que lo hace tan inocente y primigenio como la luna de Méliès, y asimismo tan poético y aberrante como los zombis de Tourner.

La propuesta de la distribuidora Avalon de recuperar ahora ocho de sus largometrajes en salas comerciales –en lo que sería una virtual retrospectiva– responde a una coyuntura de los tiempos pandémicos bajo la cual se vienen reponiendo con frecuencia clásicos de la historia del cine –el nuevo lustre “comercial” que adquiere el patrimonio del pasado cuando el presente está estancado–, pero esta coyuntura nos va conceder la oportunidad de saltar de una película a otra como Lynch seguramente lo ha venido haciendo en su mente, concibiendo su obra como un perpetuum mobile, un incesante work-in-progress, que como la Casa del cine rivettiana se ofrece como un laberinto de espejos ensimismado en su propio, infinito enigma. Lo pueden hacer en sus casas también. Pero saben que no es lo mismo. Se trata de Lynch, el hombre del tiempo que nos enseñó a soñar. Como el cine.

[Foto: Avalon – fuente: http://www.elcultural.com]

Ce médecin fut assassiné à Medellín, en 1987. Fernando Trueba retrace sa vie dans un beau film, faussement léger. Le récit ensoleillé d’une tragédie colombienne.

Écrit par Jérôme Garcin

Le 25 août 1987, à Medellín, le corps recroquevillé du docteur Héctor Abad Gómez, 66 ans, repose dans une mare de sang. Deux tueurs à moto viennent de le cribler de balles. Il s’apprêtait à prononcer l’éloge funèbre d’un leader syndical, assassiné également en pleine rue par des sicaires à la solde des narcotrafiquants et des paramilitaires. Dans la poche du médecin des pauvres, on retrouva, teinté de rouge vif, un poème attribué à Borges, dont le premier vers est : « Nous voilà devenus l’oubli que nous serons. »

Cette menace d’ingratitude, son fils, Héctor Abad Faciolince, l’a levée en écrivant, vingt ans après le drame, un beau livre hommage : « l’Oubli que nous serons » (Folio, 8,60 euros). C’est le portrait d’un libre penseur qu’on surnommait « l’apôtre des droits humains » et d’un père de famille affectionné. Dans les deux cas, d’un protecteur. Car le docteur Abad était un homme bon, dans la Colombie ultraviolente des années 1980. Un humaniste, dans une mégapole déshumanisée. Un juste, dans une société injuste.

 

[Photo : Nour Films – source : http://www.nouvelobs.com]

Escrito por Joaquín C. Bretel

Hace once años murió Carlos Monsiváis, uno de los grandes intelectuales mexicanos del último siglo. Monsiváis no solo dejó una importante obra literaria; fue también el principal intelectual de su época en medios de difusión masiva, en la televisión, la radio y los diarios. Particularmente destacado en el caso de Monsiváis fue su combinación del humor, la ironía y la mordacidad con un gran conocimiento de la literatura occidental y de la cultura mexicana, alta y baja, desde López Velarde a El Santo o Chavela Vargas (a quien llamó « la voz de la desolación »).

Monsiváis nació en la Ciudad de México en 1938 y perteneció a una ilustre generación de escritores que incluyó a Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes, entre otros. Estudió en la UNAM Economía y Filosofía y empezó a trabajar en revistas culturales desde que era un adolescente. Dueño de una memoria prodigiosa y una mente veloz, tempranamente se convirtió en un referente como escritor y comentarista de la vida cultural y política del país. Su trabajo como escritor fue vasto y variado: escribió ensayos, piezas de opinión, crítica de arte, crónicas, libros de historia, un poco de narrativa, y fue editor numerosas antologías.

Quizá sus obras más importantes en sus primeros años como escritor son Días de guardar y Amor perdido  (además de la temprana autobiografía Carlos Monsiváis). Pero la obra de Monsiváis es vasta, bien surtida y campechana, y hay para todos. Escribió una biografía sobre Frida Kahlo, ensayos de largo aliento sobre Amado Nervo, Octavio Paz, Carlos Pellicer y, sobre todo, sobre su querido Salvador Novo. También escribió mucho sobre cine y sobre la masacre de Tlatelolco. La colección Aires de familia reúne algunos de sus textos más memorables.

Curiosamente, Monsiváis fue un gran amante de los gatos y de la Biblia, el libro que consideraba el más importante del pensamiento humano, especialmente en la versión de Reina y Valera:

Entre nosotros, la Biblia no solo era el fundamento religioso, sino el lazo de unidad, de la razón de ser de la familia. Su papel era muy preciso, la fuente del conocimiento y del comportamiento. Para mi madre, la Biblia era el objeto del cual nunca se desprendía. Era feliz cuando daba clases de Escuela Dominical. Era bibliocéntrica, y con frecuencia en una discusión respondía con versículo.

Él mismo tenía esta misma capacidad, pues había memorizado buenas cantidades del libro.

Monsiváis fue además un excelente analista político, lúcido crítico del partido dominante en su momento, el PRI, y aparecía regularmente en los medios y programas más importantes del país. También es considerado una voz esencial en el movimiento LGBT+ en México. 

A once años de la muerte de Monsiváis no hay nadie que se le acerque como comentarista y crítico de la vida mexicana. La ausencia de un intelectual del nivel de Monsiváis es una sombra que oscurece la actualidad mexicana. 

 

 

[Foto: Flickr – fuente: http://www.pijamasurf.com]

     “

“[…] es una experiencia singular la de pertenecer

a un grupo minoritario estigmatizado y, al mismo tiempo,

sentirse completamente inserto en la corriente cultural

y en el destino político y social de la mayoría que lo estigmatiza”

Norbert Elias, Notes sur les juifs en tant que partipant à une relation établis-marginaux.

 

 

Escrito por Manu Valentín

El domingo 4 de octubre de 1903 un joven judío que apenas llegaba a los 24 años se disparaba en el pecho en el número 15 de la calle Schwarzpanierstrasse, en Viena. Se llamaba Otto Weininger y hacía poco más de cinco meses había presentado su tesis doctoral en la universidad, la había titulado Sexo y carácter. Al día siguiente de dicha presentación, en el céntrico café Grienstdl, sito en una esquina de la Michaelerplatz, Karl Krauss, Arthur Schnitzler y Franz Werfel, tres asudios del local, discutían acaloradamente sobre los párrafos más polémicos del joven. Meses más tarde, todavía con el horror dibujado en sus rostros, acudirían juntos al multitudinario entierro del suicida. Entre los asistentes encontraron a Stefan Zweig, un joven poeta que comenzaba a ser reconocido en el exclusivo ambiente intelectual vienés. Pero lo que verdaderamente llamó la atención de los tres amigos, fue un chiquillo de 14 años que apenas podía sostener el libro del difunto entre sus manos, se llamaba Ludwig Wittgenstein e iba a revolucionar la filosofía del siglo que recién comenzaba.

Aquella mañana de otoño Stefan Zweig, quizás aún sin saberlo, acababa de presenciar los efectos casi ineludibles de una profunda contradicción, una contradicción que, por otra parte, debía sentir como propia. Esta paradoja había sido construida y consolidada a lo largo del siglo XIX bajo el impulso del filósofo judeoalemán Moises Mendelsohn. Preceptor y difusor de las ideas ilustradas, había establecido las bases de la emancipación de los judíos embarcándolos en un proceso sin retorno que los llevaría a una casi irreversible secularización.

En el transcurso de dos generaciones los judíos se transformaron en una comunidad relativamente acomodada, formada mayoritariamente por clases medias pertenecientes a las diferentes capas de la burguesía cultivada, los Bildungsbürgertum. La Bildung, entendida como formación individual y libre, había permitido a los judíos apropiarse de la cultura alemana, pero la estigmatización de la que eran objeto los privaba en el ámbito público de los valores de moralidad, dignidad y respetabilidad (Sittlichkeit). Es decir, los judíos eran prisioneros de una contradicción insuperable entre Bildung y Sittlichkeit, la primera cada vez más judaizada, la segunda siempre inalcanzable. Weininger era un caso extremo y temprano de esta condición imposible, y su acto -quitarse la vida- era la punta de lanza de una tendencia que se propagaría años más tarde.

En 1903 el mundo en el que había crecido el joven Otto comenzaba ya a resquebrajarse. Desde 1848, tras el fracaso de la revolución liberal, la conciencia nacional alemana había roto definitivamente el lazo que, por un tiempo, la había ligado a los valores liberales y se había lanzado, como si se tratara de un salto al vacío, hacia el encuentro con su pasado ancestral y mitológico, lo que acabaría dando paso al auge del nacionalismo.

La muerte del joven Otto simboliza la derrota de una generación que había dedicado gran parte de sus esfuerzos a la consolidación de los valores ilustrados y que, ante el auge del lo irracional, no había podido encontrar una salida satisfactoria. Este callejón sin salida ya había sido anunciado a finales del siglo XIX por Frederich Nietzsche en su ensayo La Gaya Ciencia, donde, entre otras cosas, había pronosticado el fin de los ideales del mundo moderno y el advenimiento del nihilismo.

Como vaticinio del fin de una época, durante ese mismo año nacería en una pequeña ciudad austríaca, Robert Musil, el autor de El hombre sin atributos. Publicada en tres fases, en 1930, 1933 y póstumamente en 1943, está obra culminante representará el testimonio más crudo del derrumbamiento del antiguo régimen, convirtiéndose en el espejo de la ruina europea. Ulrich, su protagonista, es un hombre que desconfía de las verdades irrefutables, huye de la inercia irracional del mundo y apuesta lo poco que le queda a la reflexión en lugar de la emoción impuesta. En pleno apogeo del delirio irracional, su publicación cierra el círculo de la paranoia nacionalista, desde ese instante el desamparo del hombre ante los efectos del caos comienza a ser tratado con desesperada naturalidad.

El 3 de junio de 1924, veinte años más tarde de la muerte de Otto, mientras Stefan Zweig se bebía la vida en los cafés de Viena sin que se le pasara por la cabeza el hundimiento del mundo que él mismo había creado, Johannes Urzidil, un joven checo de origen hebreo, se asomaba a un púlpito improvisado en el cementerio de Praga para pronunciar un discurso en honor a su amigo recién fallecido -el amigo era Franz Kafka-, comenzaba así: “Yo soy hinternacional”. Este inicio no era casual, la combinación de la palabra hinter, que significa detrás, con nacional insinuaba una condición compartida por muchos de los presentes. Johannes estaba queriendo decir que existía un muro entre él y las naciones, que, de algún modo, vivía tras ellas, en alguna parte de los márgenes del mundo permitido. Esta combinación reflejaba la impotencia de los judíos asimilados durante gran parte del siglo XIX y parte del XX ante el auge de los nacionalismos.La cual, les empujaría a la defensa agónica del cosmopolitismo.

Cafe Griensteidl 1897

La etapa que va del fin de la Primera Guerra Mundial hasta el advenimiento del nazismo se caracterizará por una reivindicación más encarnizada si cabe de este cosmopolitismo, lo que acabará provocando una curiosa paradoja: los escritores judíos, viendo el rechazo que suscitaba su obra en el interior de Alemania, buscarán lectores más allá de sus fronteras y acabarán convirtiéndose en los representantes europeos de la literatura alemana. Joseph Roth, Soma Morgenstern, Karl Krauss, Franz Werfel, Walter Benjamin y el propio Stefan Zweig, serán la voz de la prosa alemana en el extranjero. Esta generación, que consideraba a la asimilación como un hecho consumado y no más como un objeto a alcanzar, se confrontaba ahora al ascenso de un antisemitismo violento, ya no religioso sino racial.

En un ensayo dedicado a Stefan Zweig la filósofa Hannah Arendt definió el cosmopolitismo de los escritores judeoalemanes como “una nacionalidad maravillosa que ellos reivindican desde que se les recordaba su origen judío, pareciéndose un poco a esos pasaportes que otorgan a su portador un permiso de estancia en todos los países, con excepción de aquel que lo ha expedido.

Josep Roth también incidirá en esa condición, casi natural, de los hombres de letras judíos: “El aporte indiscutible de los escritores judíos a la literatura alemana reside en el descubrimiento y la valoración literaria del urbanismo. Los judíos han descubierto e ilustrado el paisaje urbano y el paisaje mental de los citadinos. Ellos develaron todas las múltiples facetas de la civilización urbana. Mostraron el café y la fábrica, el bar y el hotel, el banco y la pequeña burguesía de la capital, los lugares de encuentro de los ricos y los barrios miserables, los pecados y los vicios, la ciudad de día y la ciudad de noche, el carácter de los habitantes de las grandes metrópolis […]

Este tipo de cosmopolitismo fue la respuesta más común ante la precariedad cada vez más acuciante del proceso de emancipación y el creciente antisemitismo. Tan sólo entre 1933 y 1938 más de 450.000 judíos emprendieron el camino del exilio.

El propio Roth -siguiendo con la condición cosmopolita- cuando se le preguntaba por su nacionalidad, solía contestar que su patria era móvil, que -estando, como él estaba, en constante movimiento- no podía escoger un solo lugar, su patria le acompañaba allá donde fuera, es decir, ésta dependía de la habitación de hotel donde se alojara en ese momento, “ […] en París: hotel Foyol; en Marsella: hotel Beaurau; en Viena: hotel Bristol; en Ámsterdam: hotel Eden…»

Ante la imposibilidad del arraigo, obligado a su condición errante, Roth opta por la vida en el limbo, sin apenas propiedades, sujeto tan sólo a tres maletas donde guardaba lo indispensable, construirá la única patria que le habían dejado tener, la única alcanzable, la que marcaban las cuatro paredes de su habitación de hotel.

En este ambiente bañado por el aroma cabaretesco de los 20, donde los hombres intentaban vivir al día, sin preocuparse de lo que vendría después, Josep Pla, joven periodista catalán, será enviado como corresponsal a Berlín para relatar los estragos de la inflación monetaria. La capital prusiana vivía por entonces en la locura más extrema, tanto en lo ideológico como en lo vital.

Como la mayoría de los corresponsales, Pla escribirá artículos sobre la brutal inflanción del marco: “Una cervesa valia tres milions de marcs i un cafè amb llet quatre milions. Una dona depredada, provinent de la guerra de l’est valia cinc-cents milions de marcs –la quarta part d’un dòlar–, a penes una pesseta cinquanta de la nostra moneda.”

Pero tras ser testigo de las primeras muestras de fanatismo, no podrá dejar de hablar de esa combinación explosiva -tan alemana por otra parte- entre obediencia ciega y totalitarismo: “Però […] el que més afectà el meu esperit i amb més profunditat, fou veure l’ordre, la disciplina, les formes d’impassibilitat, de calma, de silenci, d’obediència, que manifestà […] el poble alemany. […] Sota l’aparença de la impassibilitat la processó anava per dins. Fou perfectament possible de veure-ho clar quan fou necessari de presenciar la projecció de les masses sobre les oficines del nou partit totalitari, l’escombrada de la meravellosa constitució de Weimar, de les milícies socialistes, dels polítics prussians –homes de ferro–, de la socialdemocràcia teutònica.”

Años más tarde, escribirá en sus memorias la trágica muerta de una de sus amantes, una chica llamada Aly Herscovitz: “Era judía, tenía la familia en Leipzig, establecida en el comercio —familia proveniente de Iasi, en las bocas del Danubio, en el mar Negro—. Era muy joven (veintiún años), no muy alta, llena, rubiales, ojos grises, dentadura blanca, poco preocupada por la manera de vestir. Había recibido una enseñanza y una educación muy buenas, dominaba el francés y el inglés, y tenía una conversación agradabilísima. (…) La conocí en el café, —probablemente en el Romanisches Café, muy cerca de Kurfürstendamm—. La invité a cenar; aceptó, y al cabo de dos o tres comidas vino a vivir al piso donde yo vivía como realquilado de la señora Behrens, en una calle cuyo nombre no recuerdo, muy triste, alejada del Berlín de los extranjeros.

Estos ciudadanos del mundo son en realidad “hombres (y mujeres) sin mundo”, confinados a una condición de “falta de mundo”, como apuntaría Hannah Arendt. Estos intelectuales judíos que vivieron intensamente los años veinte, serán la vanguardia de una gran multitud de hombres y mujeres que escaparán de las garras del fascismo a lo largo de los años 30.

Durante esta década oscura la era de luz y seguridad que retrataría Stefan Zweig años más tarde en El mundo de ayer se había extinguido, la época en que Berlin contaba con 1000 salas de cine y París 30.000 cafés era un rumor en el recuerdo. Zweig recordaría un tanto decepcionado como Gustav Mahler, asqueado de sí mismo, se había visto obligado a convertirse al catolicismo para prosperar en su carrera. Las afrentas vividas en el pasado se tornaban ahora insoportables. Karl Krauss, que había abrazado la razón como el salvavidas de su generación certificaba ahora su muerte: «Bienvenido sea el caos porque el orden ha fracasado».

Joseph Roth y Stephan Zweig en Viena

Por entonces Josep Roth compartía la gran preocupación del advenimiento del nazismo con su amigo y mecenas Stefan Zweig. La pérdida de una patria compartida los hermanaba aún más. En una de las centenares de cartas que Roth escribió a su amigo se puede leer: «Nuestros libros son imposibles en el Tercer Reich […] Hágase a la idea de que los 40 millones que escuchan a Goebbels están muy lejos de hacer una distinción entre usted, Thomas Mann, Arnold Tuchyolsky y yo. Nuestro trabajo de toda la vida -en sentido terrenal- ha sido en vano. No le confunden a usted porque se llama Zweig, sino porque es usted un judío, un bolchevique cultural, un pacifista, un literato de civilización, un liberal. Toda esperanza es absurda. Esta «restauración nacional» llega hasta la más extremada locura» (Carta escrita en abril del 1933)

La Europa de la que hablaban Stefan Zweig y Joseph Roth en la primera mitad del siglo XX tenía mucho más que ver con «la Europa de los horizontes”, una Europa sin fronteras, con una circulación habitual de “pasajeros”, es decir, de hombres que pasean de un lado al otro, sin importar credo, origen y religión, aquel lugar casi mitológico de los escritores judeoalemanes contrastaba con la «Europa de las fronteras» de los nacionalismos europeos. Su coexistencia, la posibilidad de que ambas ideas convivieran, se convirtió en una quimera. Durante algunos años el optimismo casi infantil de esta generación dio la espalda a la realidad, Zwieg se quedó pronto solo con su idea de mundo, sus coetáneos fueron acumulando pérdidas y desengaños que iban a ir debilitando la esperanza de un mundo posible.

Zweig dejaría escrito unos meses antes de quitarse la vida: «Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y solo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo ese ha vivido de verdad».

Stefan Zweig se suicidó en Petrópolis, Brasil, en febrero de 1942; el alcohol acabó destruyendo a Joseph Roth en mayo de 1939 en su destierro parisino; Franz Werfel nunca regresó de Estados Unidos; Soma Morgenstern tras sufrir confinamiento en un campo de refugiados en Francia pudo cruzar el océano y trasladarse a Norteamérica, gozó de reconocimiento los últimos años de su vida; siucidio o no, Walter Benjamin perdió la vida en Portbou en 1940 mientras huía de la persecución nazi; Robert Musil murió pobre, anónimo y olvidado en 1942, tan sólo ocho amigos le acompañaron a la tumba; Hermann Broch acabó sus días en el exilio; el 4 de junio de 1938 Sigmund Freud fue expulsado de su apartamento de la calle Bergasse por la policía del NSPD, en una de las maletas guardaba las fotografías que meses antes, consciente de la inminente expulsión, había tomado en todos los rincones de su casa con la intención de tener un registro personal de lo vivido; la madrugada del 16 de julio de 1942 Aly Herscovitz fue detenida y conducida junto a más de trece mil judíos al Velódromo de Invierno de París, donde pasó cinco días de hambre y sed, luego sería trasladada a Auschwitz; Ludwig Wittgenstein murió en Cambridge, en casa de su médico, el 29 de abril de 1951, tras negarse a recibir tratamiento médico contra el cáncer de próstata que sufría…

Wittgenstein, en su agonía póstuma, había sentenciado ante la mirada incrédula de su médico“Su mundo no es nuestro mundo. El mundo de quien es feliz es otro distinto al mundo del que es infeliz».

 

[Fuente: http://www.mozaika.es]

 

 

Peter Schnyder, professeur émérite à l’Université de Haute-Alsace, publie son Journal de jeunesse, qui évoque, dans une langue délicate, sa passion humaniste pour la poésie et la musique.

Écrit par Nikol DZIUB

Peter Schnyder, professeur émérite à l’Université de Haute-Alsace, et spécialiste des littératures française, francophone et plus largement européenne du XXe siècle, vient de donner un livre comme il en paraît peu ces temps-ci : des pages de son Journal rédigées entre 1971 et 1974, alors qu’il était étudiant en lettres à Berne, à Vienne et à Paris.

S’il est assez fréquent que les universitaires se fassent romanciers (on pensera, entre autres, à Christine Montalbetti, Tiphaine Samoyault, Antoine Compagnon, Pascal Dethurens, Pierre Jourde ou encore Thierry Poyet), plus rares sont ceux qui osent révéler au public des écrits plus intimes (si ce n’est, parfois, sous le couvert de l’autofiction, comme le fit en son temps Serge Doubrovsky). Bien en a pris à Peter Schnyder, car ses pages de Journal sont remarquablement écrites, dans un style singulier où se sent l’influence heureuse de l’un des grands maîtres que le jeune diariste lisait et révérait, et sur qui il devait publier nombre de livres et d’articles : André Gide (à qui il a consacré, entre autres, deux essais : Pré-Textes : André Gide et la tentation de la critique, 1988, et Permanence d’André Gide. Écriture – Littérature – Culture, 2007).

L’Irréel intact dans
le réel dévasté. Pages
d’un journal de
jeunesse (1971-1974)
Peter Schnyder
2021
Orizons

Littérature et musique mêlées

Non que ce Journal pastiche en aucune façon celui du « contemporain capital » : c’est bien la voix originale de Peter Schnyder que l’on entend. Mais ce dernier, comme l’auteur de La Symphonie pastorale, a le souci de d’écrire mélodieusement. Pianiste en même temps qu’écrivain, il ne cesse de parler de Bach, de Mozart, de Beethoven, et de son compositeur favori, qui était aussi le musicien de prédilection de Gide : Chopin. Il a tendance, comme Gide, à se déprécier en tant qu’interprète (« Quant à la démonstration de piano, c’est la débâcle. Je me sauve dans des considération techniques et artistiques, au lieu de jouer correctement. Quand atteindrai-je à la précision ? »), mais on peine à le croire, tant ses remarques témoignent d’une compréhension fine et délicate de la musique, ce « paradis sur terre – et moins illusoire que beaucoup d’autres ».

Il est difficile d’ouvrir le livre au hasard sans tomber sur une considération à la fois subtile et passionnée sur la musique. Prenons cette note du 2 février 1974 : « Qu’est-ce que la musique ? J’entends un morceau de piano, c’est peut-être une Sonate de Beethoven, et je me le demande. Comme Alain le dit, la musique plaît par souvenir. C’en est un aspect. » Ne définit-elle pas, en creux, la culture même, qui est l’art de thésauriser les expériences esthétiques puis de laisser réveiller d’anciennes impressions artistiques par de nouvelles ? Autre remarque qui retient l’attention : le 12 avril 1974, Peter Schnyder écoute (c’est Vendredi saint) la Passion selon saint Matthieu de Bach, et il note que « la Passion, en elle-même, n’est pas tragique, donc sa musique ne le sera pas ». Puis il ajoute : « C’est ce qui manque peut-être à Bach : l’aspect démoniaque de la musique. » Affirmation critique que l’on peut discuter peut-être, mais qui n’en ouvre pas moins des perspectives passionnantes sur l’histoire de la musique dans ses rapports d’une part avec la foi, d’autre part avec les représentations de la vie intérieure de l’homme (car les « démons » qu’évoque ici le diariste sont à la fois ceux de Socrate, ceux de l’imaginaire biblique de la déchéance, et ceux qui tourmentent le Saül de Gide dans le drame dont il est le héros éponyme).

Lire et traduire la poésie

Habité, animé par l’amour de la musique, Peter Schnyder est aussi un fervent admirateur des poètes. Écrivant en une époque pour le moins tourmentée, il fait un pari pascalien en décidant que l’esprit n’est pas mort (d’où le titre choisi pour ce volume, L’Irréel intact dans le réel dévasté), et qu’il ne se manifeste nulle part mieux que dans un poème. Il lit, pêle-mêle, et toujours dans l’original (car, né à Berne, en suisse allemande, mais écrivant en français, il oscille entre plusieurs langues), Christoph Schorer (poète et astrologue allemand de l’âge baroque, qui « était soucieux d’éliminer les mots étrangers de la langue allemande »), Malherbe, Hölderlin, Hugo, Corbière, Baudelaire, Mallarmé, Trakl, Apollinaire, Celan, Valéry, Éluard, Breton.

Il traduit aussi les poètes qui lui sont chers, notamment Rilke, et voit dans ce travail l’occasion de discipliner son art de lire : « J’ai traduit le début des Élégies de Duino de Rilke, ainsi qu’une grande page des Cahiers de Malte Laurids Brigge. Exercice d’un grand profit : je n’ai jamais lu Rilke avec une pareille concentration. » La rigueur du poème (et celle qu’elle exige de son lecteur) lui semble quintessencier les vertus de la littérature, et, se souvenant, avec le poète alsacien de langue allemande Ernst Stadler, que « la Forme est volupté », il médite sur le besoin qu’éprouve l’homme de fixer par et dans les mots la vie de sa sensibilité : « Été sur les remparts de Saint-Malo. En voyant se coucher le soleil dans la mer, je me suis dit : il est tout à fait normal que l’homme, sensible à l’harmonie, à la beauté, sensible aussi à son bonheur, l’exprime. Ce que je ressens peut être distillé par ma raison et redevenir sentiment. Sentiment moins amorphe : cristallisé ? »

Le Journal d’un humaniste

Adepte de l’économie des moyens et de l’amaigrissement de la phrase, Peter Schnyder fait des classiques – ceux du Grand Siècle, mais aussi ceux, anachroniques, des ères littéraires qui suivirent – ses modèles. Parmi ceux qui surent écrire avec « concision », sans jamais employer « un mot de trop », il compte notamment Joseph Joubert, dont les Pensées lui inspirent ce commentaire : « Ces réflexions sont comparables à une exquise liqueur, préparée avec grand soin, mûrie lentement, qu’il faut boire par toutes petites gorgées. […] Je trouve dans ces Pensées moins de raffinement, moins d’arguties que chez La Rochefoucauld, mais plus de poésie. »

L’art de dire beaucoup en peu de mots, et surtout d’exprimer directement, sans contorsions ni de la pensée ni du verbe, ce qui exige d’être dit, voilà ce qu’est, pour Peter Schnyder, la poésie. Fait-il autre chose lui-même ? Ce qui ne fait pas de doute en tout cas, c’est que le principe de mesure régit chaque page de ce Journal bien tempéré que l’on doit à un humaniste au sens plein du terme – c’est-à-dire à un homme qui, cultivant les joies sereines de l’esprit sans ignorer celles, plus inquiètes, du corps (car la question charnelle revient souvent dans ces notes quotidiennes), désire perpétuer ce que l’homme a de meilleur en l’écrivant, mais aussi (d’où la carrière de professeur qu’il fit ensuite) en l’enseignant. Témoin cette note qui résume admirablement l’ensemble de ce Journal : « Pris beaucoup de goût à enseigner des principes de mathématiques à un élève de 7; c’était là simplement un conseil d’Alain que j’ai suivi. La pensée peut très bien s’exprimer dans les chiffres. Plus tard, qui sait, j’enseignerai les harmonies en musique et retrouverai le même esprit universel, qui est volonté d’ordonner, aspiration à l’homéostasie, à l’équilibre. »

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

La productividad del sufijo inglés ‘-er’ se ha implantado en las cabezas de algunos hablantes hispanos

Escrito por Álex Grijelmo

El inglés dispone del sufijo -er, que sirve para formar adjetivos y sustantivos a partir de nombres y verbos con el fin de denotar una acción o una actividad. Cuando esa acción es continuada, se convierte a menudo en rasgo, oficio, ocupación o profesión. Por ejemplo, del verbo to lose (perder), sale loser (perdedor); del sustantivo paint (pintura), sale painter (pintor). Del verbo to teach (enseñar) se deriva teacher (profesor); y del sustantivo farm (granja), sale farmer (granjero).

Ese sufijo del inglés tiene su paralelo principal en dos elementos similares del español (que además dispone de otros): -or y -ero, como acabamos de ver: “perdedor”, “profesor”, “granjero”, “ganadero”; si bien pueden darse otras terminaciones, por ejemplo en -ín y en -ista: dancer se traduce como “bailarín”, footballer como “futbolista”. Y muchas opciones más (photographer da “fotógrafo”).

La productividad del sufijo -er en inglés se ha implantado en las cabezas de algunos hablantes hispanos, que dicen por ejemplo “es un runner” (de to run, correr: o sea, “corredor”). Y esta semana se celebrarán en Oviedo los Encuentros Cincuenter, para reivindicar el papel de una generación de mujeres injustamente penalizadas por su sexo y su edad. Y se ha acoplado incluso a nombres de marcas. Por ejemplo, youtuber (en español sería “youtubero” o “yutubero”); o instagramer (“instagramero”). Está por ver si esos anglicismos transitarán pronto el mismo camino que ya recorrió la raíz inglesa blog al pasar de blogger a “bloguero”; más lento que el vivido luego con la rápida adaptación “tuitero”.

Pero aún se ha dado otra vuelta de tuerca: la aplicación del sufijo -er a un apellido. Y ahí nos viene ayusers; o sea, los seguidores de Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña.

Antes hubo suaristas, felipistas, guerristas, marianistas Ahora se nombra a unos supuestos “sanchistas”. La derecha suele repetir mucho “sanchistas” para centrar sus ataques en el presidente, con la conocida técnica del chivo expiatorio, de tanto éxito entre nosotros.

En cambio, ayusers se ha venido usando en contextos favorables. Existe incluso una cuenta de Twitter denominada Ayusers, que se define así: “Fans de @idiazayuso. ¡Somos los #Ayusers! #YoConAyuso”. Tiene 4.059 seguidores (ellos dicen “fans”) en el momento en que lo miro, viernes 18 a las 8.44. En Instagram, la cuenta Ayusers suma 27.900 seguidores bajo el lema “Otra manera de hacer política”, lo cual sin duda responde a la verdad.

Los ayusers tienen además una tienda en línea (o sea, online para quien no lo entienda en español) donde venden camisetas, polos y bolsas con los lemas más libertinos de la presidenta regional: “Comunismo o libertad” y “A Madrid se viene a que te dejen en paz”. La tienda “de e-commerce” (o sea, de ciberventa) se llama Ayushop, por supuesto. “Ayusotienda” habría sido tomado como vulgar.

El anglocentrismo actual y la consecuente consideración inferior de nuestros propios recursos lingüísticos aparecen por doquier. Por eso les suena mejor “soy un ayuser” que “soy un ayusero”.

Las gentes del PP parecen felices con esto. Reservan la morfología del español para decir “sanchista” y acuden al sufijo inglés para su presidenta, en un rasgo de gran modernidad. No sé si también estará feliz el jefe del partido, Pablo Casado, quien tal vez andará preguntándose por qué hay tantos ayusers y no han aparecido todavía los casaders.

[Foto: Eduardo Parra – fuente: http://www.elpais.com]

Né à Tanger et ayant passé son enfance au Maroc, Jean-Marie Machado s’est toujours efforcé d’associer son jazz (auquel il s’initie très tôt en autodidacte) à d’autres cultures, d’autres esthétiques et d’autres langages, le faisant sans cesse dialoguer avec les folklores latins, la musique improvisée et la tradition classique.

Le pianiste, toujours en quête d’exploration, nous revient avec Majakka (le phare en finnois), un nouvel opus enregistré en septembre 2020 au studio La Buissonne avec le percussionniste Keyvan Chemirani, le saxophoniste Jean-Charles Richard et le violoncelliste Vincent Segal. Le recueil rassemble 10 compositions lumineuses qui, pour la plupart, ont jalonné son parcours de musicien prolifique, ponctuant une œuvre plurielle et sophistiquée, ouverte sur le monde et cultivant les échanges. Ces titres, élaborés pour de précédents projets, partagent les mêmes couleurs et s’orientent inexorablement vers une même tendance, celle de croiser les notes bleues de l’artiste aux sonorités du bassin méditerranéen et du Brésil, ou encore de les enrichir de pulsations inspirées d’Orient.

Parmi eux, figurent tout de même 3 morceaux inédits, spécialement écrits pour le quartet. Ils témoignent d’un changement dans la vie personnelle du compositeur, mais soulèvent également l’épineuse question de l’urgence climatique, dont les stigmates sont de plus en plus perceptibles. Imaginés dans un contexte de crise sanitaire pour le moins perturbé et perturbant, « Les Pierres Noires », « La Mer des Pluies » et « Outra Terra » invitent donc à la réflexion et à une prise de conscience.

«Les mélodies, les sons, les timbres, les rythmes, le nom évocateur des pièces… tout est riche et généreux sur Majakka. Poétique, ciselé, tantôt en rondeur délicate, tantôt en grande ferveur.»

Publié par HiKo

[Source : les-chroniques-de-hiko.blogspot.com]

Uali Mustafa Sayed foi o primeiro presidente da República Árabe Sarauí Democrática (ACAPS)

Uali Mustafa Sayed foi o primeiro presidente da República Árabe Sarauí Democrática (ACAPS)

Escrito por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Neste mês de junho, duas datas cruciais são comemoradas na longa luta de mais de 50 anos do povo de Saara Ocidental pela sua independência e autodeterminação, primeiro contra o colonialismo espanhol e depois contra o expansionismo marroquino.

Esta disputa épica faz parte das lutas de libertação nacional dos povos africanos pela sua emancipação. A segunda metade do século XX foi caracterizada pelo auge das guerras por independência dos povos do continente africano. Somente no ano de 1960, houve 12 casos de países que alcançaram essa façanha.

Curiosamente, nessa mesma época, surgiram três novos Estados (justamente aqueles que fazem fronteira com o território de Saara Ocidental) que venceram seus próprios conflitos contra o colonialismo: Marrocos (em 1956), Mauritânia (em 1960) e Argélia (em 1962, após uma longa e sangrenta luta em que mais de um ano e meio, na qual milhões de pessoas perderam a vida). Até hoje, Saara Ocidental é o único território colonial do continente africano.

O cenário internacional de lutas populares contra o flagelo do colonialismo encontrou receptividade na outrora chamada Província Espanhola do Saara, na qual, no final dos Anos 60, foi fundado o primeiro movimento nacionalista e anticolonialista, que defendeu a luta pacífica como meio de alcançar a independência nacional, depois de sua criação.

A nova organização, chamada MLS (sigla de Movimento para a Libertação de Saara Ocidental), busca reivindicar a independência pacificamente. Em muito pouco tempo, a organização incorporou centenas de militantes entre trabalhadores e empregados da indústria, oficiais da administração colonial, estudantes, suboficiais e militares.

Liderado por Mohamed Sid Brahim Basiri, pai do nacionalismo de Saara, o grupo foi literalmente desmembrado pelas forças militares do ditador espanhol Francisco Franco, em 17 de junho de 1970, como consequência da histórica manifestação em Zemla (bairro popular da capital de Saara), quando militantes do movimento de independência e a população civil em geral foram às ruas para mostrar seu repúdio à presença colonial espanhola e exigir a implementação das resoluções da ONU (Organização das Nações Unidas), especialmente a Resolução 1514 (XV), de 1960, que serviu como a espinha dorsal da doutrina internacional de descolonização, e que inclui o princípio da concessão da independência dos povos e países coloniais através do exercício do seu direito à autodeterminação.

Este feito histórico, que custou inúmeras vidas humanas a civis indefesos, dezenas de feridos, presos políticos e o desaparecimento do máximo líder de Saara nas mãos do exército espanhol. Seu destino continua desconhecido até hoje, 51 anos depois, embora sua lenda tenha inspirado o primeiro passo no longo caminho do seu povo na luta pela liberdade.

Pouco tempo depois, esse processo levou ao surgimento de um autêntico movimento de libertação nacional, com um programa politicamente consolidado, que escolheu a luta armada como única forma possível de erradicar o colonialismo espanhol de Saara Ocidental.

A fundação da Frente Polisário (ou Frente Popular pela Libertação de Saguia el Hamra e Rio de Ouro), em 10 de maio de 1973, por iniciativa de um grupo de jovens liderados por El-Ouali Mustapha Sayed e reconhecida pela comunidade internacional como a única e legítima representante do povo de Saara, constitui, sem dúvida, uma virada na história recente deste povo, pois abre uma nova e superior etapa na sua luta pela emancipação definitiva.

O El-Ouali nasceu em 1948, em uma localidade no deserto da Mauritânia. Sua família era nômade e se dedicava à criação de cabras e camelos. Viveu uma infância em condições de extrema pobreza, mas conseguiu, em meio a circunstâncias difíceis, o acesso à escola primária, a qual conseguiu concluir graças à grande vontade e esforço, que lhe valeram uma bolsa para estudar no Marrocos. No entanto, foi expulso do colégio onde cursava o ensino médio, pelo que foi forçado a retornar à comunidade onde vivia sua família, passando a trabalhar como operário. Pouco tempo depois, foi despedido.

Nessas condições, mudou-se para a cidade de Taroudant, onde teve os primeiros contatos com as ideias de independência de seu povo. Lá, ele conseguiu finalizar seus estudos secundários e entrar na universidade, em 1970, para estudar Direito.

Na faculdade, tornou-se ativista pela causa do povo de Saara Ocidental. Tempo depois, com a repressão em Zemla, a repressão brutal e o desaparecimento de Brahim Basiri, em 1971, ele passou a dedicar-se em tempo integral à luta pela libertação de Saara Ocidental. Viajou para a Europa e fez contatos com organizações populares e democráticas daquele continente, e também de grupos marroquinos que apoiavam a luta anticolonialista. Porém, ao não obter maior sucesso, convenceu-se de que o povo deveria obter sua independência com seus próprios esforços. El-Ouali foi detido e torturado duas vezes por sua participação de longa data na guerra pela independência.

Assim, iniciou-se organização política que reúna todo o povo de Saara Ocidental, pela qual ele percorreu não só esse território como também Marrocos, Argélia e Mauritânia. Naquele 10 de maio de 1973, quando nasceu a Frente Polisário, em seu primeiro manifesto se indicou que a organização “nasceu como única expressão as massas, que optam pela violência revolucionária e pela luta armada como meio, para que os povos árabe e africano possam gozar da sua total liberdade e enfrentar as manobras do colonialismo espanhol”.

Como líder da Frente Polisário, El-Ouali liderou as primeiras ações militares contra o exército espanhol. Foram anos de avanço e crescimento na atividade organizacional, enquanto a guerra se desenvolvia de maneira incipiente, ao mesmo tempo em que terminava em grande parte da África, com um grande número de novos Estados independentes emergindo no continente. Da mesma forma, o povo de Saara Ocidental começou a identificar-se com a Frente Polisário, e ver nela uma organização que defende o seu direito à autodeterminação. Neste contexto, El-Ouali consolidou-se como líder indiscutível não só da Frente Polisário, mas também de todo o seu povo.

A fragilidade do sistema colonial na África estava diretamente relacionada ao avanço imparável da luta dos movimentos de libertação nacional. No caso de Saara Ocidental, enquanto colônia da Espanha, essa situação se tornava evidente devido à decadência do regime de Francisco Franco, que por sua vez estava associada à doença do ditador. O país ibérico, fiel ao estado de espírito covarde e ambíguo que sua monarquia e classe política sempre demonstraram ao longo de sua história, chegou a um acordo com o Marrocos e a Mauritânia para permitir aos dois países africanos a apropriação de Saara Ocidental. Marrocos invadiu o território, ocupando à força uma parte importante do país, enquanto a Mauritânia fez o mesmo a partir do sul.

Uma boa parte da população teve que emigrar e refugiar-se nos países vizinhos, especialmente na Argélia, que assumiu desde então, e até hoje, uma solidariedade de grandes proporções com o povo de Saara e com a Frente Polisário.

Em 27 de fevereiro de 1976, foi proclamada a República Árabe Democrática de Saara, e El-Ouali Mustapha Sayed foi nomeado seu primeiro presidente. Com isso, iniciou-se uma nova etapa no caminho da independência, na qual se intensificou a luta armada contra os novos agressores.

Em uma dessas ações, realizada em território mauritano, em 9 de junho de 1976, El-Ouali perdeu sua vida, liderando um grupo de combatentes que se retirou de uma operação em Nouakchott, capital daquele país. A região havia sido definida como o elo mais fraco da aliança colonial, e por isso a maioria dos esforços militares de Saara Ocidental se dirigiram para o lugar. Seu exemplo imperecível marcaria a marca dos lutadores pela liberdade.

Em sua homenagem, todos os dias 9 de junho é comemorado o Dia dos Mártires, que honra a memória de quem é considerado até hoje o maior herói do povo de Saara.

Sua morte não acabou com a luta pela independência. Em 1979, a Mauritânia se retirou de Saara, ao ver-se incapaz de resistir à ofensiva constante do Exército de Libertação. Em 1982, a República Árabe Democrática de Saara foi reconhecida como membro pleno da então Organização para a Unidade Africana, atual UA (União Africana).

A guerra continuou até que, em 1991, foi alcançado um acordo de cessar-fogo com Marrocos, patrocinado pela ONU, que deveria organizar um referendo sobre a autodeterminação do povo de Saara Ocidental. No entanto, 30 anos depois, a situação é a mesma: Marrocos mantém uma boa parte do território ocupado enquanto seu povo, em condições muito difíceis, mantém a resistência e a luta por sua independência.

A ONU, em cumplicidade com o Marrocos e também com a Europa (especialmente França e Espanha), foi submetida à chantagem da medieval e putrefata monarquia marroquina, e, em conluio com esses países, decidiu manter Saara Ocidental sob um status colonial anacrônico e inexplicável, em pleno Século XXI.

Entretanto, o povo de Saara, tendo a Frente Polisário como seu único representante, mantém seu sentimento e desejo de independência inabaláveis. Através dos anos, a memória indelével e os exemplos de vida e dedicação de Mohamed Sid Brahim Basiri e El-Ouali Mustapha Sayed continuarão a apontar o caminho que levará à vitória e à independência.

[Fonte: http://www.cartamaior.com.br]

La reedición de « Facsímil », el libro en el que el escritor chileno plantea una experiencia lúdica para el lector y recrea con ironía la dinámica automatizada de la prueba de aptitud verbal que los estudiantes enfrentaron durante años para entrar a la universidad, revitaliza los debates sobre la simplificación de los discursos y las heridas alrededor un sistema educativo expulsivo. « Hay que reconquistar colectivamente la humildad, tal vez, y tratar de aprenderlo todo de nuevo », propone el autor, en la entrevista con Télam. 

En Facsímil, Zambra advierte sobre los riesgos de la simplificación de los discursos y las respuestas únicas cuando se trata de la patria, la familia o el amor.

En Facsímil, Zambra advierte sobre los riesgos de la simplificación de los discursos y las respuestas únicas cuando se trata de la patria, la familia o el amor.

Escrito por Ana Clara Pérez Cotten

Entre preguntas, opciones binarias y escenarios hipotéticos, el escritor chileno Alejandro Zambra propone en su libro “Facsímil” una experiencia lúdica para el lector y recrea con ironía la dinámica automatizada de la prueba de aptitud verbal que los estudiantes chilenos enfrentaron durante años para entrar a la universidad: “La prueba indicaba un solo camino. Una forma de ordenar el discurso, la correcta. Un lenguaje congelado en acepciones autoritarias, nada más”, reflexiona el autor, en una crítica a la forma despiadada en la que el sistema trata a los estudiantes y a cómo eso también se refleja en las heridas de Chile.

Zambra (Santiago de Chile, 1975) cuenta que al escribir “Facsímil” -publicado en 2014 y reeditado ahora por Anagrama – se propuso que pudiera leerse como un texto experimental que aludiera a determinadas líneas de la poesía o de la narrativa, pero que también funcionara fuera de ese circuito, en una línea más directa con los problemas que plantea: la simplificación de los discursos y las respuestas únicas cuando se trata de la patria, la familia o el amor.

Radicado actualmente en México, donde vive junto a su mujer, la escritora Jazmina Barrera y su hijo, el autor de « Bonsái », « La vida privada de los árboles », « Formas de volver a casa », « Mis documentos », « Tema libre » y la novela « Poeta chileno » que tanto se leyó durante la pandemia, cree que la simplificación es un problema con mucha actualidad y que también “en tiempos angustiosos como los que vivimos” hace falta reelaborar los diálogos, “sin disimular las contradicciones ni evitar artificialmente la complejidad de la experiencia”.

– Télam: El acceso a la educación es uno de los grandes clivajes de la política y la sociedad chilena en las últimas décadas. ¿Por qué en aquel momento tomaste como punto de partida aquel multiple choice de ingreso a la universidad que tanto impacta en la forma del libro?

– Alejandro Zambra: Había escrito un relato largo (o una novela corta) sobre 1993, el año en que dimos esa prueba, pero no me gustaba, lo sentía como una repetición. Un día me puse a parodiar ejercicios y el espacio se proyectó, se amplió, era como pintar bigotes en las fotos ajenas y también en las fotos propias. Hice parodias de los ejercicios tal y como los recordaba y luego encontré los ejercicios reales y también los parodié y luego hice también parodias de mis parodias… Un amigo me dijo que le gustaban, porque era como si “el escritor de la prueba” se hubiera vuelto loco. Esas pruebas las escriben varios, tienen varios “autores”, pero la intuición de mi amigo me gustó: en ese tiempo creíamos que era solo uno, un único Dios-dictador-autor que sabía todas las respuestas correctas y las escondía.

“Facsímil”, publicado en 2014 y reeditado ahora por Anagrama.

“Facsímil”, publicado en 2014 y reeditado ahora por Anagrama.

-T.: En lo formal, el libro propone algo muy lúdico. ¿Por qué elegiste esta forma de contar la historia? ¿La literatura es juego?

– A.Z.: Me di una vuelta larga antes de decidirlo. En esa prueba se jugaba todo, tu vida entera, eso te hacían creer. Solo podías darla una vez al año. Recuerdo que incluso nos aconsejaban cómo evitar enfermedades, porque si te enfermabas ese día estabas frito, quedabas para el año siguiente. No sé, toda ese ambiente de fin de mundo o de final de la copa del mundo… La lógica del rendimiento, del entrenamiento. Muchos preparábamos la prueba con cierta desesperación, tratando de comprender la estructura, dominarla, adivinar las trampas. Entonces muchos lectores chilenos de « Facsímil » están, por así decirlo, más “preparados” para entender una estructura como esa que para leer un poema o una novela. “Facsímil” contradice lo que la prueba inducía, porque esas normalizaciones negaban, por ejemplo, la idea de estilo o la importancia de los detalles en un relato. Esa dimensión o proyección extraliteraria me interesaba, me importaba mucho mientras escribía el libro: que se pudiera leer como un texto experimental y en ese sentido sofisticado, convocando determinadas líneas de la poesía o de la narrativa, pero también, y sobre todo, que funcionara fuera de ese circuito, en diálogo directo, no literario, con los problemas que el libro plantea.

Facsímil contradice lo que la prueba inducía, porque esas normalizaciones negaban, por ejemplo, la idea de estilo o la importancia de los detalles en un relato ».

ALEJANDRO ZAMBRA

-T: En « Facsímil », pareciera haber una suerte de interpelación al lector para que complete los blancos. ¿Imaginás a tus lectores cuando escribís? ¿Te interesa proponerles caminos o claves de lectura?

-A.Z: Bueno, eso pasa con todos los libros, “Facsímil” hace un poco más explícita esa apelación, pide más directamente lo que todo libro pide o propone. Pero no es un elige tu aventura, en ese caso más bien sería, como dijo alguien por ahí, un elige tu desventura, porque algunas decisiones son dolorosas o amargas.

Radicado actualmente en México, el auto chileno vive junto a su mujer, la escritora Jazmina Barrera y su hijo.

Radicado actualmente en México, el auto chileno vive junto a su mujer, la escritora Jazmina Barrera y su hijo.

-T.: Has dicho que se trata de “un libro contra la ilusión de una respuesta única”. ¿Por qué crees que queremos reducirlo todo a unos cuantos incisos o a un solo camino?

-A.Z: No creo que queramos eso, yo no quiero eso. Pero es natural que cada tanto reaparezca el deseo de respuestas únicas, de definiciones absolutas, de fórmulas infalibles para definir la patria, la familia, el amor, sobre todo en tiempos angustiosos como los que vivimos. De pronto aparecen unos cuantos imbéciles que prometen solucionarlo todo y la gente vota por ellos. Hace falta reelaborar los diálogos, sin disimular las contradicciones ni evitar artificialmente la complejidad de la experiencia. Reconquistar colectivamente la humildad, tal vez, y tratar de aprenderlo todo de nuevo.
La prueba indicaba un solo camino. Una forma de ordenar el discurso, la correcta. Un lenguaje congelado en acepciones autoritarias, una lectura correcta, nada más. Para entrar a la universidad tenías que saber, por ejemplo, “eliminar oraciones”. Después, creo que en 1995, quitaron esos ejercicios de la prueba, quizás se dieron cuenta de que estaban relacionados de manera vergonzosa con la censura (y por eso los “censuraron”). Mi impresión sobre ese tiempo es que te borraban los detalles, que la información era sometida a reducciones extremas, hasta llegar a su reducción final en el silencio. Y claro, éramos objeto de censura pero también aprendices de censura.

« Hace falta reelaborar los diálogos, sin disimular las contradicciones ni evitar artificialmente la complejidad de la experiencia. Reconquistar colectivamente la humildad, tal vez, y tratar de aprenderlo todo de nuevo ».

ALEJANDRO ZAMBRA

-T.: Tras la publicación de « Poeta chileno », se pueden rastrear algunos « gérmenes » que ya estaban en “Facsímil”: la figura del padre, el poeta, la pareja-matrimonio, ¿encontrás, en la mirada retrospectiva, un hilo conductor en tus libros?

-A.Z: Sí, pero me pasa igual que a ti, retroactivamente. Al escribir no pienso mucho en continuidades. Eso, puro, paraliza. A veces siento que escribo el mismo libro porque la intensidad del ejercicio es similar, pero más bien suelo pensar que mis libros son demasiado distintos entre sí. Supongo que escribo para situarme, entonces siempre es como un primer libro. Por eso me interesan más las discontinuidades que las fidelidades. El concepto de obra, de tener una obra, es un lastre, una carga innecesaria, prefiero la sensación de estar comenzando, la calidez de la tabula rasa.

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Dans certaines librairies ou sur Internet, les lecteurs les plus avisés peuvent trouver pour quelques euros des versions parfois non censurées de textes nazis. Enquête.

Dans certaines librairies ou en accès libre sur Internet, les lecteurs les plus avisés peuvent trouver pour quelques euros des versions non-censurées de textes nazis.

Écrit par Céline Delbecque

Alignés sur une dizaine d’étagères, impeccablement classés par ordre alphabétique et par éditeurs, les centaines de livres proposés à la vente par la librairie Vincent semblent attendre patiemment leurs lecteurs. En cette après-midi du mois de mai, cette petite boutique du VIIe arrondissement de Paris est vide. « Mais venez un soir de semaine à 18 heures ou lors d’une séance de dédicaces, et vous verrez toutes sortes de publics », confie le vendeur. Car ici, les clients ne viennent pas chercher le dernier prix Goncourt ou le prochain roman d’été à la mode. La librairie Vincent, qui a pris la suite de la très droitière librairie Facta – anciennement située rue de Clichy et tenue par l’essayiste d’extrême droite Emmanuel Ratier – propose à ses habitués toutes sortes de livres « dissidents », comme tient à les définir le propriétaire du lieu. « Ça va du souverainisme à l’altermondialisme, en passant par le dernier livre de Philippe de Villiers ou de Youssef Hindi », résume le libraire, lui-même installé devant un présentoir de la revue d’extrême droite Faits & Documents.

Occupant une place de choix à l’entrée de la boutique, les ouvrages de la maison d’éditions Kontre-Kulture, fondée par l’essayiste et idéologue d’extrême droite Alain Soral, y sont particulièrement mis en valeur. Sur leurs couvertures colorées, le nom de certains auteurs interpelle. Le client peut par exemple se procurer pour une vingtaine d’euros une version rééditée de Combat pour Berlin de Joseph Goebbels, ou pour une quinzaine d’euros Le Testament politique de Hitler signé d’Adolf Hitler lui-même. Un ouvrage qui se vendrait, selon le libraire, à « environ cinq exemplaires par semaine ». Moins que la version de Mein Kampf, également éditée par Kontre-Kulture et proposée à la vente pour un peu moins de 30 euros, qui ne se vendrait, elle, « qu’environ cinq fois par mois ». « Rien d’exceptionnel », estime le propriétaire en haussant les épaules : l’homme assure vendre ce genre d’ouvrages « à des étudiants, des universitaires, des curieux de tous les milieux, intrigués par la dimension historique de ces livres ». Un phénomène qui, selon lui, « reste rare ». « Plus personne ne s’y intéresse vraiment, les jeunes d’aujourd’hui sont plus attirés par les auteurs contemporains », fait-il valoir.

Pourtant, le succès des ouvrages écrits par des auteurs nazis ou fascistes ne semble pas vraiment s’éteindre – et le public séduit par ces livres « n’est pas uniquement composé d’universitaires ou de simples étudiants en histoire, loin de là », garantit Emmanuel Pierrat, avocat spécialisé en droit de la propriété intellectuelle et spécialiste de l’édition. Récemment, un exemplaire de Mein Kampf a par exemple été retrouvé au domicile de l’acolyte du « gifleur » d’Emmanuel Macron, dénommé « Arthur C. » par les enquêteurs. Et malgré la publication d’éditions critiques et contextualisées de tels ouvrages, comme la récente publication de Fayard Historiciser le mal – Une version critique de Mein Kampf (2021), différentes maisons d’éditions continuent, elles, de publier la version originale du texte d’Adolf Hitler ou d’autres ouvrages signés d’auteurs nazis ou antisémites.

Sur leur site Internet, les éditions Kontre-Kulture proposent même un coffret comprenant un exemplaire de Mein Kampf, Combat pour Berlin, Le testament politique de Hitler et les Mémoires politiques d’un magicien – signé Hjalmar Schacht, ministre de l’Économie du IIIe Reich – pour 78,30 euros. La maison d’édition Nouvelles Éditions Latines (NEL), premier éditeur du texte depuis 1934 et dont la ligne éditoriale est toujours identifiée à l’extrême droite traditionaliste, publie encore la version originale de Mein Kampf sous le titre Mon combat pour 36 euros. François-Xavier Sorlot, petit-fils du fondateur de NEL et directeur de la maison d’édition, affirme d’ailleurs à L’Express vendre « entre 300 et 500 exemplaires » de cet ouvrage chaque année – un chiffre qui serait monté à « 5000 exemplaires » en 2015, à l’occasion du 70e anniversaire de la mort d’Adolf Hitler. Et sur Internet, de nombreuses plateformes, légales ou clandestines, proposent aux lecteurs de se procurer pour quelques euros des textes nazis ou fascistes, dans de vieilles éditions parfois non censurées ou directement par PDF. « C’est un marché gigantesque, presque impossible à chiffrer, mais qui a toujours existé », affirme Emmanuel Pierrat. « Ce marché n’a pas faibli et ne s’éteint pas », souligne-t-il.

Des textes « extrêmement difficiles à contrôler »

« Se procurer un exemplaire de Mein Kampf, par exemple, n’a jamais été aussi simple », abonde Marc Knobel, historien et chercheur au Conseil Représentatif des Institutions Juives de France (CRIF). Édité depuis 1934 aux Nouvelles Éditions Latines, l’ouvrage d’Adolf Hitler est tombé dans le domaine public en 2016, permettant à des maisons d’édition telles que Kontre-Kulture ou Hadès Éditions de proposer leurs propres rééditions du texte de manière tout à fait légale. Seule barrière à la publication du livre : depuis le 11 juillet 1979, un arrêt de la cour d’appel de Paris indique que ce livre ne peut être vendu qu’en étant assorti, en tête d’ouvrage, d’un texte de huit pages mettant en garde le lecteur.

Le texte de cet avertissement a été fixé par un autre arrêt de la cour d’appel, datant du 30 janvier 1980, et qui vaut encore aujourd’hui pour chaque édition française de Mein Kampf. Cet avertissement doit « rappeler de façon précise au lecteur les crimes contre l’Humanité auxquels a conduit la mise en oeuvre systématique de la doctrine raciste […] », précise l’arrêt, décidé à la suite d’une plainte déposée à l’époque par la Ligue Internationale contre l’Antisémitisme (Lica, qui deviendra ensuite la Ligue internationale contre le racisme et l’antisémitisme, Licra).

Mais pour le reste, la majorité des livres nazis ou antisémites restent « extrêmement difficiles à interdire totalement, ou même à contrôler », indique Emmanuel Pierrat. « Car le plus souvent, ce n’est pas un livre qui est visé en tant que tel, mais certains propos écrits dans ce livre », rappelle-t-il. Puisque la loi française interdit par exemple la discrimination raciale, le négationnisme ou encore l’incitation à la haine raciale, seuls certains passages clairement antisémites, négationnistes ou racistes seront censurés dans un ouvrage. « On se retrouve donc avec des rééditions de livres dont les propos sont globalement problématiques, mais qui seront seulement allégés de certains passages particulièrement sulfureux », résume l’avocat. « Et vous pourrez les retrouver très facilement dans certaines librairies ou directement sur Internet dans leur édition précédente », précise-t-il.

« Jeu du chat et de la souris »

« C’est toujours un peu sournois : les maisons d’éditions concernées nuancent certaines choses, ajoutent un avant-propos pour que le délit ne soit plus constitué, et passent ainsi entre les mailles du filet », ajoute Virginie Lapp, avocate au barreau de Paris et spécialiste du droit de la presse. Il en est ainsi de l’ouvrage Combat pour Berlin de Joseph Goebbels, publié par les éditions Kontre-Kulture en 2018. Le 26 novembre 2019, la Licra saisissait le tribunal judiciaire de Bobigny afin d’obtenir l’interdiction de l’exposition, de la diffusion, de la distribution et de la mise en vente du livre. Le 31 mars 2021, la Cour d’Appel de Paris confirme la décision du juge des référés de Bobigny, indiquant que l’ouvrage représente un « trouble manifestement illicite », notamment pour faits d’apologie de l’idéologie nazie, confirme le service juridique de la Licra à L’Express. La Ligue obtient ainsi l’interdiction de la réédition de ce livre par Kontre-Kulture.

Mais quelques mois plus tard, Kontre-Kulture propose sur son site et en librairie une nouvelle édition de cet ouvrage, indiquant que ce dernier comporte cette fois un avertissement au lecteur de huit pages – le même texte que celui rédigé par la Cour d’appel de Paris en 1979 pour Mein Kampf. « Ainsi cette édition échappe à toutes les critiques formulées par la Licra, dont l’assignation est même publiée en annexe », se targue l’éditeur sur son site Internet. Une stratégie d’évitement qui ne passe pas auprès de la Licra. « L’arrêt de 1979 de la Cour d’Appel de Paris précise bien que l’avertissement en question porte sur le Mein Kampf des Nouvelles Éditions Latines. Il n’en fait pas un fétiche qui rendrait légale toute édition d’un texte raciste ou antisémite », rappelle l’organisme.

En 2013, la Ligue avait déjà obtenu l’interdiction pour injure à caractère racial, provocation à la haine ou négationnisme de cinq livres ou passages d’ouvrages édités par Alain Soral : L’anthologie des propos contre les Juifs, le judaïsme et le sionisme de Paul-Eric Blanrue, La France juive d’Édouard Drumont, Le Salut par les Juifs de Léon Bloy, Le Juif international d’Henry Ford et La controverse de Sion, de Douglas Reed. « Le problème, c’est qu’ils peuvent facilement réapparaître sur le marché de l’occasion, sur des plateformes parfois tout à fait légales. C’est un peu le jeu du chat et de la souris », souligne Emmanuel Pierrat.

« Il fut un temps où on pouvait faire pression sur une librairie, saisir un stock et passer au pilon ces ouvrages. Aujourd’hui, il faut se battre en permanence avec des plateformes qui ne contrôlent pas tout, ou ne le font pas avec une grande rigueur », regrette Emmanuel Debono, historien et rédacteur en chef du Droit de vivre (DDV), le journal historique de la Licra. « Il y a des choses qui se règlent en direct, des ventes manifestement illicites que l’on peut signaler, mais le travail est tellement énorme qu’il y a effectivement des ouvrages – ou des objets – qui échappent à notre vigilance », avoue-t-il.

« Si vous cherchez bien, vous trouverez toujours »

Les chercheurs interrogés par L’Express sont unanimes : le marché « clandestin » des textes nazis ou antisémites est extrêmement fourni, et accessible en quelques clics sur Internet ou en activant les bons contacts. « Certaines versions de Mein Kampf sans l’avertissement obligatoire prononcé par la cour d’appel de Paris sont encore en vente chez certains bouquinistes ou librairies spécialisées », indique ainsi Jean-Yves Camus, politologue et spécialiste de l’extrême droite.

Idem pour la version non censurée du livre de Lucien Rebatet Les Décombres, datant de 1942 et non expurgée de 125 de ses pages les plus antisémites, encore « trouvable » dans certaines boutiques, ou pour certaines versions des pamphlets antisémites de Louis-Ferdinand Céline, qui valent aujourd’hui, selon Emmanuel Pierrat, « entre 300 et 400 euros dans une brocante ou chez certains bouquinistes des quais parisiens ». « Si vous cherchez bien, vous trouverez toujours une ou deux bibliothèques militantes, un ou deux fonds d’archives dans lesquels vous pourrez trouver des textes, des ouvrages, des pamphlets d’époque », garantit Jean-Yves Camus, précisant par ailleurs que la France est certainement le pays d’Europe de l’Ouest comptant « le plus grand nombre de ces librairies ».

Galaxie de sites Internet

Mais au-delà des éditions papier, cachées au fond d’une boutique où il faut souvent « montrer patte blanche », le chercheur se dit « impressionné » par la quantité de textes désormais disponibles sur Internet, sur des plateformes comme The Savoisien ou Balder ex Libris. Sur certains sites spécialisés, « on peut littéralement télécharger un musée des horreurs », assure-t-il. Selon lui, n’importe quel internaute peut y trouver, en quelques clics, des versions numériques de textes actuels ou d’époque ne comprenant parfois ni date, ni nom de maison d’édition. « Ce sont en fait des reprises de texte élaborées par on ne sait trop qui, ou alors des versions numérisées d’une édition antérieure. Et là, vous pouvez trouver absolument tout, ou presque », explique Jean-Yves Camus. D’autant que certains ouvrages, publiés entre 1890 et 1930, sont, comme Mein Kampf, tombés dans le domaine public, devenant du même coup reproductibles sans aucun problème légal.

« Vous avez une galaxie de sites, chacun suivant son propre modèle économique et qui peuvent correspondre entre eux, et dont l’activité principale consiste à vendre des livres, pamphlets ou véritables brûlots négationnistes », confirme de son côté Marc Knobel, auteur d’un récent livre sur le sujet, intitulé Cyberhaine, propagande et antisémitisme sur Internet (Hermann, 2021). Des sites dont les publications pourraient « totalement tomber sous le coup de la loi », selon Emmanuel Pierrat. Mais il faudrait pour cela pouvoir identifier leurs auteurs, et les tracer mois après mois. « Or, ces sites sont souvent rapidement démantelés, puis réapparaissent, changent d’adresse, sont hébergés dans des pays qui n’ont pas la même réglementation qu’en France… Il est très facile de les reconstruire à l’infini », regrette l’avocat.

Attribut supposé d’appartenance

« On ne pourra jamais empêcher qui que ce soit d’acheter Mein Kampf, ou un autre livre nazi », estime de son côté Hélène Miard-Delacroix, professeure à Sorbonne Université et spécialiste de l’Allemagne contemporaine. Cela veut-il dire pour autant que ces ouvrages sont lus, analysés et décortiqués à des fins politiques ? « Pas toujours », tranche-t-elle. Si elle estime qu’une partie des clients achètent bel et bien ce genre d’ouvrage pour s’imprégner de l’idéologie nazie, d’autres y cherchent plutôt un acte militant, dans lequel la possession du livre « joue un rôle dans l’entrée dans la fachosphère, en tant qu’attribut supposé d’appartenance à un groupe », explique-t-elle.

Dans ce contexte, la chercheuse plaide pour la publication d’éditions critiques de tels ouvrages, comme celle de Mein Kampf proposée par Fayard depuis le 2 juin dernier. « C’est absolument nécessaire, afin de reconstruire par l’Histoire les véritables propos de ces textes, et enrayer l’admiration de ceux qui croient bêtement que ce livre est une bible », fait-elle valoir. « Cette réédition scientifique est très importante », abonde Marc Knobel, qui y voit l’unique moyen d’éviter « des drames ». « Quand vous mettez entre les mains de suprémacistes blancs un exemplaire non contextualisé de Mein Kampf, certains ne le liront pas comme des spectateurs béats – ils pourront passer à l’acte, parfois de manière extrêmement violente », souligne l’historien, évoquant par exemple l’attaque d’Utøya en Norvège en 2011, pour laquelle l’auteur des faits Anders Behring Breivik se serait largement inspiré du livre d’Adolf Hitler.

 

 

Hai unhas semanas, cando visitaba o Arquivo Histórico Provincial de Lugo topei dun modo totalmente casual, un testamento do ano 1862,  redactado ante notario, nunha casa de Santalla, en Ribeira de Piquín, en Lugo.

O testador era Pedro Vispalia, “hijo de Juan Vispalia y Manuela Méndez Pisón, natural del pueblo de Buzet, tierra conocida de la Baja Navarra correspondiente al departamento de Pau, en los Bajos Pirineos del imperio de Francia”dicía o documento. Pedro era castrador.

Este era o segundo castrador da mesma orixe, co que daba en pouco tempo.

Uns días antes, atopei tamén dunha forma casual no Arquivo Diocesano de Lugo, a partida de defunción dun home falecido en Monforte de Lemos en 1809, que dixo ser castrador.  E isto nun tempo, en que Galicia loitaba por se desfacer das tropas napoleónicas.

O seu nome completo era Francisco Arrateig, “hijo de Juan Arrateig y Catalina de Gora, vecinos de Santa María de Escote, provincia de Aspa, obispado de Loron, departamento de los Bajos Pirineos”, segundo declarou ás persoas que o asistiron, no seu derradeiro suspiro.

Despois dunha pequena investigación descubrin que ámbolos dous homes procedían do departamento francés, hoxe coñecido como os Pirineos Atlánticos. O primeiro era de Buziet e o segundo de Escot.  Os dous eran bearneses, como a salsa!

Esta rexión non só deu ó mundo a súa coñecida salsa. Tamén foi exportadora durante séculos de castradores, que desempeñaban o seu oficio con habelencia en toda a península. Así que, estes homes que normalmente anunciaban a súa chegada cun chifre, viñan de lonxe.

No libro “Les Crestadous” publicado en 1994 por René Arripe contan moito desta sorprendente historia dos castradores do Val de Ossau, nas terras de España e Portugal. E nos listados, que o autor elaborou con moita paciencia, podemos atopar a varios Bispalie e tamén Arrateig, que traballaron en lugares indeterminados da península.

As migracións destes profesionais eran estacionais, aínda que algúns acabaron por quedar nos lugares, onde traballaban. Co tempo, adaptaron os seus nomes á fala local e mudaron o seu acento. Espazaron as  súas visitas ós seus lugares de nacemento e ós poucos esqueceron as montañas e vales, de onde tiñan partido.

Así debeu de ocorrer cos descendentes de Pedro Vispalia, nado Pierre Bispalie, fillo de Jean Bispalie e Jeanne Marie Pissou. Grazas ó seu testamento, sabemos que o pai de Pierre, castrador de profesión, falece en Meira en 1837.

Pierre herda o oficio e casa cunha local en Xermar, Cospeito. Cando falece lega ó seu fillo Manuel unha egua pinta e á súa filla Josefa unha torda preñada. Aínda que o testamento non o di, é probable que Manuel tamén herdase o oficio, que pasaba de pais a fillos ou de tíos a sobriños. E así ata chegar a Serafín, tataraneto de Jean e bisneto de Pierre.

Serafín, alcumado “O Vispalia” será o derradeiro capador da Chaira lucense. Foi o derradeiro en herdar non só o oficio senón tamén o monopolio sobre unha ampla zoa, que ía desde Guitiriz a Outeiro de Rei e desde Friol a Terras de Meira.

A historia deste personaxe emblemático está recollida en “Os Vilares, lareira de soños”, escrito por Pas Veres. Ben! Este libro que recolle e preserva a memoria colectiva da parroquia de Os Vilares, en Guitiriz, dedica un pequeno capítulo a Serafín. Tiña que ser así! Á fin e ó cabo “O Vispalia” era como un trapeiro dos Vilares, só que os seus antepasados viñan de lonxe.

Con todo, nada se fala no libro das raíces bearnesas do “Vispalia”. Conta a autora, que nas conversas que mantivo coa familia de Serafín, algo falaron de Francia. Era algo así como un eco lonxano, que dicía: “Nous sommes hongreurs”.   

Pero, lembraban realmente, que as súas raíces están en Buziet, nun lugar do prepirineo francés que está en no camiño do Piamonte, a só tres etapas de distancia do mítico Saint-Jean-Pied-de-Port? Saberían acaso que Vispalia era a versión deturpada do apelido Bispalie?

Definitivamente, Vispalia é un apelido exótico. E tamén é máis que probable que as persoas con ese apelido, que hoxe vivan en Galicia teñan algo que ver con ese primeiro Pierre que hai uns 200 anos casou en Xermar!

[ Do blog Bisagras de Papel ]

Los relatos de Manuel Arroyo-Stephens en ‘Mexicana’ evocan la pasión del editor por el país en el que pasó muchos años

Puesto con tejidos mexicanos en un mercado de Ciudad de México.

Puesto con tejidos mexicanos en un mercado de Ciudad de México.

Escrito por ANDREA AGUILAR

Mexicana se abre con un aterrizaje alucinado y febril en el DF, una llegada agitada, pero sin prisa, en la que las tardes discurren eternas y tranquilas entre tequila y tequila, con descubrimientos y encuentros tan dispares que tienen todo el sentido, con corridos y excéntricos personajes que colocan al narrador en su sitio. Y ese lugar no parece ser exactamente el que él habría elegido, sino el que le corresponde como español trasplantado en México. En el primero de los cinco relatos que componen este libro breve, intenso y bello se habla de Valle Inclán, hay referencias al exilio republicano, y se convoca a los fantasmas de una procesión que incluye a pintores y artistas, fotógrafos de nota roja que llegan antes que nadie al lugar del crimen, y misteriosas mujeres que callan y calman. Hay un eco familiar y una mirada nueva sobre un mundo tan cercano y lejano que tiene algo de sueño.

Este no es un libro de viajes, ni unas memorias, ni un álbum de recuerdos, no es una colección de excentricidades y curiosidades. Y sin embargo Manuel Arroyo-Stephens reunió en estas páginas sus muchos viajes por México, evocó la pasión que vivió con ese país y dio forma a algunos de sus recuerdos, sin perder de vista lo maravillosa y rabiosamente extrañas que pueden ser las cosas, y sin esconder su gusto por romper, cuando fuera preciso, algunos o todos los moldes. Se habla de un día de tanto calor que hasta la luna, cuando finalmente salió, “parecía cansada”, y del mar se subraya que “siempre recuerda a la muerte” y “su inmensidad es pretenciosa, resulta excesiva”. Hay un tono poético en estas páginas, tan sincero y elegante, tan ajeno a lo absurdamente barroco como el propio autor. El exquisito editor, fallecido el pasado mes de agosto, fundó el sello Turner; su pasión por los toros le llevó a ser apoderado de un matador y su fascinación por Chavela Vargas a lanzarse de promotor musical. Un trasunto de la historia con Chavela está en Mexicana, como también el velatorio de José Alfredo Jiménez, y la muerte, ahogado en el Pacífico, de Manuel Ulacia Altolaguirre. “Una muerte hermosa y significativa al menos para un poeta”, escribe Arroyo-Stephens.

Hay tragedia y hay amor en este libro, y una sensación de estar caminando al filo, de peligro ineludible que casi se palpa mientras se lee. Así, la casa que el narrador se construye en una playa en Guerrero está junto a un manglar con lagartos. “En México el peligro no suele estar en la superficie, donde todo es amable”, advierte, y su inteligente mirada muestra sin dramatismo la violencia y cómo llega por esas carreteras de asfalto y palpita cerca, respirando casi en tu nuca.

Escritor tardío, tras el libelo que publicó como anónimo, Contra los franceses, Arroyo-Stephens sacó en 2015 Pisando ceniza, un libro en el que hilaba historias biográficas, transformadas en forma de relatos. Formalmente, aquel libro fue más osado, las estrofas de ese poema no encajaban con un mismo ritmo. En Mexicana, en pleno dominio de sus facultades como narrador apasionante, Arroyo-Stephens avanza desde el descubrimiento hacia la marcha definitiva, confesando a medida que el amor va creciendo que es pudor ese “hacer y sentir como si no se hiciese ni se sintiese nada”. No se trata de una canción de enamorado con México, pero hay en estas páginas editadas póstumamente mucho de bolero y corrido. Tan sentido, tan lindo.

MEXICANA

Manuel Arroyo-Stephens
Acantilado, 2021
106 páginas

 

 

[Foto: BJANKA KADIC / ALAMY STOCK PHOTO – fuente: http://www.elpais.com]

O negacionista não está interessado em demonstrar as razões e os argumentos de sua crença. Ele segue uma combinação de palavras sem qualquer sentido ou concordância, exceto sobre a tese que pretende instalar no imaginário grotesco dos outros. Para que isso ocorra, ele não prova a verdade de sua afirmação, mas segue jogando a responsabilidade ao adversário, mesmo quando este já lhe mostrou, em sucessivas ocasiões, a falsidade daquilo que ele acredita.

Escrito por Léo Peruzzo Júnior

A obra de Carl Sagan (1934-1996), O Mundo Assombrado pelos Demônios (The Demon-haunted wolrd), publicada em 1995, parece antecipar o caótico cenário que a pandemia tem revelado: a ciência é uma vela no escuro que precisa lidar, por um lado, com a trupe de negacionistas que a buscam apagar e, por outro, com a hipótese de que a melhor forma de vivermos bem é acreditando no poder da escuridão. É exatamente sobre a tênue linha entre ciência e pseudociência, opinião e argumentação, crença e saber sistematizado, ignorância e conhecimento que a tipografia filosófica de Sagan permite diagnosticar a existência de “demônios” que, constantemente, assombram o mundo.

Ao contrário de outros tempos, os demônios hodiernos não usurpam apenas o discurso científico (para manipulá-lo na ótica de suas insanas ideologias, entre as quais estão triturar a diferença cultural, eugenizar o comportamento e homogeneizar os próprios interesses políticos), mas procuram instrumentalizar o aparato do poder político soberano para reconstruir o discurso calcado em sua weltanschauung (visão de mundo). De qualquer modo, o diagnóstico do presente pode começar quando a igreja, uma espécie de adversária à ciência moderna, ergue-se contra os negacionistas e reafirma sua voz à favor da pesquisa científica. Afinal, teria o espaço político deixado de fomentar a ciência para iludir-se, novamente, com a imaginação grotesca do próprio pensamento?

A resposta é não. Precisamos separar, antes de mais nada, o espaço público democrático, de um lado, e a imaginação grotesca do poder político, do outro. Enquanto a ciência consolidou-se sobre o exercício do livre pensar, da crítica, da investigação e da subordinação das paixões às evidências, a imaginação grotesca busca anestesiar a pluralidade de ideias através da vigilância e eliminação dos corpos e das mentes de seus adversários. Assim, extinguir uma política pública que incide sobre a alimentação dos mais vulneráveis, por exemplo, não deixa de ser uma clara estratégia da imaginação grotesca, bem como retirar direitos e garantias trabalhistas a fim de sucumbir a existência da vida diante dos interesses da burguesia. Em nossos tempos, escassos de lucidez e bom-senso, não é preciso ser comunista para ver o esquartejamento da cultura em prol de uma ideologia arbitrária do capital, assim como também não precisamos ser judeus para assistir, mais uma vez, o genocídio contra a diversidade étnica, racial, religiosa ou de gênero.

Este horizonte político que sufoca e esmaga o pensamento crítico é aquele que também marginaliza a ciência. Assim como um médico, no qual a catarse sobre o paciente buscar encontrar a patologia e identificar suas causas e tratamento, este sujeito contemporâneo parece ter abandonado sua função na história e optado pela sofisticação espúria dos demônios que, agora, já não vivem mais da e na escuridão. Eles estão aí, ora na “praça”, ora no “mercado”, ora nas “igrejas”, ora no “gerenciamento da saúde” e, infelizmente, na “gestão do espaço público”. Não estão satisfeitos apenas em obter prazer sobre a cegueira intelectual que ronda a gênese da sociedade, mas procuram aperfeiçoar os mecanismos de controle, disciplina e automação da vida singular. Investem na disseminação de “notícias falsas”, por fim, como recurso político para incitar a polêmica vazia, obter apoio e manobrar a consciência. Não acendem velas; ao contrário, procuram apagar a credulidade daqueles que confiam na pesquisa como instrumento de aperfeiçoamento de si mesmo e da sociedade.

A imaginação grotesca só prospera porque se aproveita da ausência de solidez intelectual. Isso, obviamente, não significa que ela atinge mais fecundamente aqueles poucos que se sentaram nos bancos escolares e tiveram a oportunidade de realizar a experiência do esclarecimento. Ao contrário, a imaginação grotesca consegue ali proliferar porque encontrou matéria orgânica suficiente que fora nutrida com uma pitada generosa de má-fé. Há, portanto, em alguns casos – uma vez que toda generalização é estúpida e irracional – uma cumplicidade intrínseca entre os monstros e aqueles que obtêm o mesmo gozo no exercício da monstruosidade. É por isso que, nos tempos atuais, a ciência precisa lidar não apenas com os problemas inerentes ao método, mas também como afirmação pedagógico-política diante da colonização do seu espaço e da sua vitalidade. Como retrucou a pesquisadora Natalia Pasternak, durante depoimento na CPI da Covid-19,  a “ciência não tem dois lados”, isto é, não depende do obscurantismo para perpetuar sua identidade. “Ouvir um lado e ouvir outro”, por sua vez, é uma experiência dialética significativa desde que as armas do embate sejam argumentos, ideias e racionalidade, o que não parece ser o caso quando consideramos aquilo que a política governamental brasileira procura fomentar.

De todo modo, não podemos negar que há uma crise interna na ciência, particularmente acentuada no último século, a qual tem repensado a existência do próprio método científico. Popper, Bachelard, Kuhn, Lakatos e Feyerabend, por exemplo, dedicaram-se à história da ciência para refundar uma espécie de olhar crítico sobre a forma como a ciência adquire vida e perpetua-se no tempo. Neste sentido, se a indução é um critério insuficiente para provar a verdade de uma generalização, como afirma Popper em A Lógica da Pesquisa Científica, o problema da demarcação científica torna-se indispensável às decisões de caráter metodológico. Agora, aceitar que algo seja científico considerando apenas as possíveis experiências perceptuais de base empírica, segundo ele, é pura ingenuidade do psicologismo que abraça nosso pensamento. Os enredos e fantasias da hidroxicloroquina, por exemplo, são recheados daquilo que Popper já havia condenado.

Para polemizar o método científico é necessário um exercício mais significativo do que o sadismo das próprias paixões. Embora alguma parcela da Ciência, ou melhor, daqueles que controlam os discursos oficiais da Ciência, esteja interessada em mutilar as Humanidades, foi justamente através deste confronto que nos distanciamos da modernidade e optamos por avaliar as bases epistemológicas do modo como produzimos conhecimento. Vale recordar, aqui, a expressão de Sagan quando afirma, então, que “talvez a distinção mais clara entre ciência e a pseudociência seja o fato de que a primeira sabe avaliar com mais perspicácia as imperfeições e a falibilidade humanas do que a segunda (ou a revelação “infalível”)”. Neste caso, como poderíamos avaliar o comportamento de um negacionista que opta em colocar o ônus da prova ao adversário para sustentar suas opiniões falaciosas?

O negacionista não está interessado em demonstrar as razões e os argumentos de sua crença. Ele segue uma combinação de palavras sem qualquer sentido ou concordância, exceto sobre a tese que pretende instalar no imaginário grotesco dos outros. Para que isso ocorra, ele não prova a verdade de sua afirmação, mas segue jogando a responsabilidade ao adversário, mesmo quando este já lhe mostrou, em sucessivas ocasiões, a falsidade daquilo em que ele acredita. O negacionista, portanto, crê piamente que o adversário mostrará a verdade de seu argumento e, ao final, admitirá que na ausência de evidências suas hipóteses estavam corretas. Afinal, se B disse para S (sociedade), mesmo sem evidências ou provas, que acredita no funcionamento de C, e B consegue apoiadores para C, deve ser verdadeiro que o consenso desta ‘maioria’ esteja correto.

A falácia anterior mostra que hoje, mais do que nunca, deveríamos inverter o ônus da prova: não é a sociedade que deve provar a falsidade da pseudociência, mas é a pseudociência que deveria negar os elementos empíricos e probatórios apresentados pela ciência. Mas, por que a pseudociência parece germinar tão bem e agregar tantos seguidores e simpatizantes? Sagan tem uma resposta: “a pseudociência é adotada na mesma proporção em que a verdadeira ciência é mal compreendida – a não ser que a linguagem falhe nesse ponto. Se alguém nunca ouviu falar de ciência (muito menos de como ela funciona), dificilmente pode ter consciência de estar abraçando a pseudociência” (O mundo Assombrado pelos Demônios, p.32). Parece evidente, portanto, que o primeiro diagnóstico que temos é derivado de uma deficiência histórica de acesso à Educação. Investimos pouco e mal na formação cultural das pessoas, particularmente se considerarmos a disseminação das Humanidades como disciplina crítica na formação dos processos epistêmicos de aprendizagem.

Entretanto, a abordagem do acesso à Educação resolve parcialmente o problema dos negacionistas. Em que pese a manipulação ideológica sobre as massas, há uma proliferação de informações falsas de negacionistas altamente letrados. Nestes casos, diferente de um primeiro grupo constituído essencialmente por sujeitos carentes de formação e saber crítico, trata-se de pura má-fé. Não há ingenuidade em seus discursos, mas apenas o ranço autoritário, recalcado e patológico de sujeitos que pretendem dominar o mundo e, assim como denunciado por Sagan, torná-lo escuro. É apenas neste ambiente escuro que podem copular, digerir seu ódio e alimentar a tirania de seu próprio clã. Por isso, a espada da ciência, parafraseando Sagan, precisa também lutar contra a política e seus vícios, uma vez que “os erros estão tornando-se caros demais”.

Negacionistas, de um modo geral, são sujeitos ingênuos diante da ciência. Alimentam suas crenças em uma visão arcaica do método científico moderno, particularmente na hipótese de que o domínio da natureza ou é absoluto, eterno e imutável ou, então, os procedimentos devem ser tomados como falsos e/ou irracionais. É importante, contra eles, recordar a crítica de Paul Feyerabend, em A Ciência em uma sociedade livre: “(…) a Ciência não é sacrossanta. O simples fato de ela existir, ser admirada e produzir resultados não é suficiente para fazer dela uma medida de excelência. A Ciência moderna surgiu das objeções globais ao que ocorria antes e contra o próprio racionalismo, a ideia de que existem regras e padrões gerais que direcionam nossos negócios, inclusive os do conhecimento, oriundos das objeções globais ao senso comum” (p.22-23). Isso significa que, segundo Feyerabend, o fato de a Ciência ser plural ou anárquica em seus métodos, isto é, não ser mais uma unidade, mostra que ela não consiste apenas em fatos e conclusões extraídas de fatos. A Ciência é composta de “ideias, interpretações de fatos, problemas criados por interpretações conflitantes, erros e assim por diante” (p.33). A educação científica dos negacionistas, portanto, parece estar condicionada ao papel já assumido pelos “roedores neopositivistas” na década de 1930. Feyerabend indicará, por exemplo, que em uma sociedade democrática a ciência tem de ser protegida das ideologias, embora acredite que, em alguns casos, “a ciência deveria ser ensinada como uma concepção entre muitas e não como o único caminho para a verdade e a realidade”.

Há, por fim, uma diferença significativa entre a ciência e os “demônios” negacionistas: enquanto a primeira está interessada em colocar seus resultados à avaliação dos pares (por exemplo, no processo conhecido como double peer and blind review), ao controle das agências governamentais e à crítica do espaço público, o segundo grupo prefere enclausurar-se exclusivamente na redoma de seus apoiadores e legionários. Estes últimos estão convictos, portanto, de que a “rainha louca” de sua imaginação grotesca deve, na ausência de evidências e argumentos, impor-se através da violência do discurso oficial. Entretanto, quando este discurso oficial não produz os resultados esperados, buscam o anonimato das redes virtuais para insuflar o odor pútrido das convicções que não conseguem sustentar à luz do dia. Assim, enquanto “a ciência prospera com seus erros, eliminando-os um a um”, conforme afirma Sagan, os negacionistas e sua pseudociência procuram hipóteses formuladas “de modo a tornar-se invulneráveis a qualquer experimento que ofereça uma perspectiva de refutação, para que em princípio não possam ser invalidadas” (p.39).

Denunciá-los já não é suficiente. É preciso combatê-los e, rapidamente, levá-los aos Tribunais Internacionais pelos crimes omissivos e comissivos que confessam publicamente. A ciência em uma sociedade livre, portanto, não há de admitir que o jogo político da imaginação grotesca continue invertendo o ônus da prova, assombrando o livre pensar e cooptando nosso senso crítico.

Léo Peruzzo Júnior é professor de pós-graduação em Filosofia (PUCPR) e dos departamentos de Filosofia da FAE e da Faculdade Vicentina.

 

[Fonte: http://www.diplomatique.org.br]

En mi infancia, y sin medir las consecuencias, las personas encargadas de mi crianza me amenazaban con un “o te portas bien, o viene el cuco”.

El cuco

 

Escrito por GUSTAVO GAC-ARTIGAS

“¡Que viene el cuco!”, y al cerrar los ojos para dormir veía venir al cuco. Noches de terror creadas por monstruos fantasmas, una cortina moviéndose, y era “el cuco”, el rechinar de un piso de madera, y yo subía las sábanas para protegerme del cuco.

Años más tarde me topé con el cuco, cada persona tiene su cuco, así como cada cuco tiene quien le dé vida, quien lo alimente, quien le permita penetrar en la mente y hacer temblar al niño, al adulto, a la sociedad.

¡Que viene el cuco!, se escucha hoy en las calles de Lima, ¡que viene el cuco!, se escucha en Miraflores, ¡que viene el cuco!, temen los que votaron por un cambio en la sociedad.

¡Que viene el cuco!, se escucha en Jerusalén, en Chile, en Colombia. ¡Que viene el cuco!, amenazan los autócratas en Nicaragua, en Venezuela, en El Salvador, en Brasil.

Perú está jugando con fuego, y el cuco del comunismo se pasea por el campo de Marte, por las páginas de los diarios, por las declaraciones de los detentores del poder y la fortuna, en las declaraciones de individuos inmediatistas que al negar el presente asesinan el futuro.

El cuco del comunismo, aquel que pensaba había quedado atrás en la infancia de nuestra era, aquel que había sido sepultado tras la caída del muro, tras develar los errores de un sistema, la similitud de un sistema con el opuesto, donde en ambos la desigualdad reinaba, los privilegios mandaban, donde las elites cambiaban de nombre, donde la explotación, la injusticia era la misma.

El cuco es rojo, el cuco es pardo.

En Perú el cuco regresó en las manos de quienes quieren seguir viviendo en el pasado, y el cuco, chispa del incendio que puede arrasar con las esperanzas, puede llegar a los cuarteles, como antes, como en una época que pensábamos había quedado atrás, y regresar a la época de las dictaduras.

Estamos frente a lo desconocido. Para unos, el cuco es el populismo, ese cuco que conlleva el peligro de transformarse en dictadura. Para otros el cuco es el progresismo, un cuco que promete poner fin a la injusticia, que busca cambiar partidos e instituciones, un cuco que se mantiene dentro de las reglas del juego pero que podría derivar a populismo.

¿Qué hicimos para llegar, como en los miedos de nuestra infancia, a enfrentarnos con el cuco? ¿En qué momento preferimos taparnos la cabeza y ocultar la realidad? ¿En qué momento preferimos jugar con fuego a prender la luz y espantar los fantasmas?

La democracia tiene su cuco, y ese cuco es el mal perdedor, aquel que no quiere perder sus privilegios aquel para el cual el voto es válido solamente si lo favorece, aquel que juega a cambiar la suma de voluntades por la resta, aquel que piensa que el voto no tiene el mismo valor, que no vale lo mismo el de la elite de guante blanco que el del pueblo de mano sucia, el de alta alcurnia que el de la plebe.

El cuco puede comenzar, cual chispa en los secos pastizales, a pasear por las calles. A su paso, incendio incontenible, puede asaltar las instituciones del Estado, un Capitolio, en espera del cuco mayor, aquel que depositará en sus manos el poder: una dictadura. Y sea del color que sea, una dictadura es una dictadura.

La democracia tiene su cuco, el temor al cambio, y ese temor arroja los sueños de democracia en los brazos del populismo.

La democracia tiene su cuco, el creerse superior y no ver que ello alimenta al cuco.

La democracia tiene su cuco, el predicar moderación para no cambiar y conservar los privilegios y hundir la daga aún más en las espaldas de los desfavorecidos, los explotados, los despreciados, los mirados en menos.

La democracia tiene su cuco, y es la política de la calle sin que tenga una estructura clara, una propuesta clara, o al menos la base de una propuesta. La inmunidad de rebaño frente a la razón.

La democracia tiene su cuco, y son los miedos de cada uno, el mirarse al espejo y no tras el espejo, el ocultar el pasado, la realidad presente, y temblar temiendo perder sus privilegios.

La democracia tiene su cuco, el lenguaje anacrónico, aquel que se alimenta de los miedos, o de las esperanzas del pasado, aquel que repite trasnochadas consignas y no se aventura a cambiar pues teme que el cambio lo destruya, aquel que adormece el pensamiento y oprime.

La democracia tiene su cuco, la política del avestruz, el esconder la cabeza para no ver los peligros que la asechan lo que la hace presa fácil de sus enemigos.

La democracia tiene su cuco, y es aquel que se cree poseedor de la verdad, cruzado de la democracia, destructor de infieles y juega con fuego, aquel que defiende su clase sin importarle el destino de su pueblo.

La democracia es como una niña aprendiendo sus primeras letras y cuán irresponsable puede ser el maestro al manipular la palabra y enseñar a repetir y no a entender, a enseñar el miedo y transmitir el miedo al cuco, su cuco.

La democracia es como un niño, una niña que no se atreve a dar el primer paso, que vacila, que teme caerse, que no se siente segura, y la experiencia muestra lo difícil que es dar ese primer paso. Sin embargo, tras cada caída trabajosamente se levanta y un día la veremos caminando nuevamente, construyendo su propio camino, a menos que, a menos que nos sentemos a esperar que otros sean el motor del cambio, que otros decidan por nosotros, que seamos espectadores y no actores de nuestro futuro.

¡Cuidado, que el cuco anda paseando en nuestras mentes y por las calles de Latinoamérica y el mundo!

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE UU.

 

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

Écrit par CLAUDIOFZA

Gustave Flaubert et Ivan Tourgueniev se rencontrent le 23 février 1863 à Paris, au dîner Magny, où se réunissent auteurs et critiques. Flaubert a 42 ans, Tourgueniev 45. Une amitié se noue entre ces deux géants (1m 85 et 1m 91). Ils s’écriront pendant dix-sept ans. Tourgueniev traduit Trois contes en russe. Il envoie aussi à Flaubert Guerre et Paix de Tolstoï, qui vient d’être traduit en français. Tourgueniev essaie de l’aider à la fin de sa vie. Il intervient auprès de Gambetta pour lui faire obtenir un poste à la Bibliothèque Mazarine, mais en vain.

En juillet 1877, Tourgueniev rapporte à son ami de Russie une très belle robe de chambre.

Flaubert, de Croisset, le remercie le 27 juillet 1877:
« Splendide !
J’en reste béant. Merci ! mon bon cher vieux ! Ça, c’est un cadeau !
Je vous aurais répondu plus vite si le chemin de fer apportait les paquets jusques ici ! Il n’en est rien, ce qui a fait 24 heures de retard, ou peut-être 36. Le chef de gare m’a écrit hier soir seulement.
Ce royal vêtement me plonge dans des rêves d’absolutisme – et de luxure! Je voudrais être tout nu, dedans, – et y abriter des Circassiennes !
– Bien qu’il fasse actuellement un temps d’orage et que j’aie trop chaud, je porte la susdite couverture – en songeant à l’utilité dont elle me sera cet hiver. Franchement vous ne pouviez me faire un plus beau don !
Je prépare la géologie de B. & P. [Bouvard et Pécuchet]. Et lundi je me remets à écrire. Quand j’aurai fini ce chapitre-là je pousserai un beau ouf (…)

PS. Décidément, je succombe sous le poids de votre magnificence. Je vais retirer la robe de chambre.
Quel est son nom indigène ? et sa patrie ? Boukhara, n’est-ce pas ? »

Tourgueniev envoie plus tard à Croisset du saumon et du caviar.

Flaubert lui écrit le 28 décembre 1879:

« Hier soir, j’ai reçu la boîte. Le saumon est magnifique, mais le caviar me fait pousser des cris de volupté.
Quand en mangerons-nous ensemble ? Je voudrais que vous fussiez parti et revenu. Là-bas, au moins, écrivez-moi.
Ce soir, il a l’air de dégeler. Serait-ce vrai ?
Quant au roman de Tolstoï, faites-le remettre chez ma nièce. Commanville me l’apportera.
Tout à vous, mon cher vieux.
Votre VIEUX
vous embrasse

Dimanche soir.

Croisset, Mardi soir 6 janvier 1880

Merci ! Trois fois merci !
Ô S[ain]t Vincent de Paul des Comestibles ! Ma parole d’honneur ! Vous me traitez en bardache ! C’est trop de friandises.
Eh bien, sachez que, le caviar, je le mange à peu près sans pain, comme des confitures.
————————–
Quant au roman, ses trois volumes m’effraient – trois volumes, maintenant, en dehors de mon travail, c’est rude. N’importe, je vais m’y mettre. Comme à la fin de la semaine prochaine je compte avoir terminé mon chapitre (!!!) avant de commencer l’autre, ce sera une distraction.
Quand partez-vous, ou plutôt quand revenez-vous ? C’est bête de s’aimer comme nous faisons et de se voir si peu.
Je vous embrasse.
Votre vieux

Croisset, mercredi 21 janvier 1880.

Deux mots seulement, mon bon cher vieux.
1° Quand partez-vous ? ou plutôt non : quand revenez-vous ? – Êtes-vous moins inquiet sur les conséquences de votre voyage ?
2° Merci de m’avoir fait lire le roman de Tolstoï. C’est de premier ordre ! Quel peintre et quel psychologue ! Les deux premiers volumes sont sublimes. Mais le 3e dégringole affreusement. Il se répète ! et il philosophise ! – Enfin on voit le monsieur, l’auteur, et le Russe, tandis que jusque-là on n’avait vu que la Nature et l’Humanité. – Il me semble qu’il a parfois des choses à la Shakespeare ? – Je poussais des cris d’admiration pendant cette lecture – et elle est longue !
Parlez-moi de l’auteur. Est-ce son premier livre ? En tout cas il a des boules ! Oui ! C’est bien fort ! bien fort!
———————————–
J’ai fini ma Religion et je travaille au plan de mon dernier chapitre : l’éducation.
———————————–
Ma nièce est venue passer ici trois jours pleins. – Elle est repartie ce matin, – Et elle gémit sur l’abandon où la laisse notre grand ami, le grand Tourgueneff
que j’embrasse tendrement.
Son vieux

Flaubert meurt le 8 mai 1880 à 58 ans. Tourgueniev se trouve en Russie. À son retour, c’est lui que Maupassant charge de la publication posthume de Bouvard et Pécuchet. Il collecte aussi de l’argent pour faire ériger un monument à la mémoire de son ami. Il meurt le 3 septembre 1883 à Bougival, à 64 ans.

Alphonse Daudet peint ainsi l’union des deux écrivains.
« Il y avait un lien, une affinité de naïve bonté entre ces deux natures géniales. Flaubert, hâbleur, frondeur, Don Quichotte, avec sa voix de trompette aux gardes, la puissante ironie de son observation, ses allures de Normand de la conquête, est bien la moitié virile de ce mariage d’âmes. Mais qui donc, dans cet autre colosse aux sourcils d’étoupe, aux méplats immenses, aurait deviné la femme, cette femme à délicatesses aiguës que Tourgueniev a peinte dans ses livres, cette Russe nerveuse, alanguie, passionnée, endormie comme une Orientale, tragique comme une force en révolte ? »

Datcha d’Ivan Tourgueniev à Bougival, aujourd’hui Musée Ivan-Tourgueniev.

 

[Source : http://www.lesvraisvoyageurs.com]

Pergamiño completo do Privilexio de dona Urraca a Tui, asinado o 13 de xuño de 1701 © Arquivo histórico da diocese de Tui Vigo

Un artigo de Ana G. Liste

A infanta dona Urraca, filla da raíña Sancha e do rei Fernando I o Magno, asinou o Privilexio co que doou á igrexa de Tui a propiedade de parte de varios mosteiros da súa contorna, incluíndo Portugal, pois aínda faltaba un século para que se convertera en Reino, o 13 de xuño de 1071. Hai agora 950 anos. Este pergamiño consérvase no Arquivo histórico da catedral de Tui nunhas condicións nas que aínda se pode apreciar a caligrafía en letra minúscula visigótica, escrita en latín. O documento é inusualmente grande, mide 72 x 54 centímetros, unha circunstancia ligada á súa importancia para a cidade que facilitaba a súa lectura en alto.

Tui sufrira varias invasións e ficaba, como sinalou o historiador tudense Francisco Ávila y la Cueva, ″deserta, viúva e enloitada por moitos anos″. ″Tanto viquingos, como normandos, e tamén os árabes, viñeran por aquí. Pero a cidade quedou sen xente cando en 1014 resultou arrasada polos viquingos, capitaneados por Olaf Haraldson, que chegou a ser rei de Noruega. O Privilexio busca recursos para repoboar e facer unha refundación en Tui. Ao estar nun sitio estratéxico, querían recuperala″, conta Avelino Bouzón, cóengo arquiveiro e director do Arquivo histórico da diocese de Tui-Vigo.

Monograma co que asina dona Urraca o Privilexio a Tui © Arquivo histórico da diocese Tui Vigo

Dona Urraca designou con ese documento que sería para a igrexa de Tui, e para o seu bispo don Jorge, a metade do mosteiro de Albeos, en Crecente; a terceira parte do mosteiro beneditino de Veiga de Limia, en Ourense, situado xunto ao río Sorga (un afluente do Arnoia); a metade do mosteiro de Paderne, coa vila de Prado e as súas pesqueiras, ambos pertencentes a Melgaço; e a metade do mosteiro de Tibâes, na ribeira do río Cávado.

Este último mosteiro dependía do municipio portugués de Braga, hoxe a terceira cidade máis grande do país. ″Aínda non emerxera Compostela, polo que Braga é máis importante naquel momento. Entón Tui dependía máis de Braga, e a súa influencia chegaba tamén ata alí. Por exemplo, eclesiasticamente Viana do Castelo pertencía a Tui. E todo isto permaneceu así ata o século XIV″, explica Bouzón.

Considérase que estas doazóns de dona Urraca son importantes e xenerosas pola figura esencial que supoñían os mosteiros na sociedade do século XI e o seu papel dinamizador nos eidos social, económico e político. ″Coa mentalidade de hoxe, pensamos que un mosteiro é un sitio pechado e pequeno, pero antes tiñan moitos dominios e, ao mesmo tempo, a nobreza apoiábase moito neles. Eran centros de cultura, o equivalente na actualidade a un campus universitario″, describe o relixioso, tamén párroco de San Bartolomeu de Rebordáns.

O Privilexio é un instrumento xurídico que foi empregado por papas, emperadores, reis e nobres para outorgar beneficios e favores tanto a colectivos como a particulares. Bouzón conta que no preámbulo do pergamiño, que foi estudado polo filólogo e teólogo recentemente falecido Celso Rodríguez Fernández, dona Urraca pide a Deus que lle axude a manterse no amor divino e sen pecado. ″Era unha muller profundamente relixiosa e apóiase nos Santos e na forza divina para que a rexeneración de Tui se chegase a realizar″, apunta.

Cadeirado do coro da catedral de Tui, obra de Francisco Castro Canseco © Diocese Tui Vigo

Tui é coñecida como ″a cidade de dona Urraca″ debido ás doazóns e privilexios concedidos por dúas mulleres co mesmo nome e apelido: Urraca Fernández. A primeira é a que asina este Privilexio que agora fai 950 anos, coñecida como Urraca de Zamora, que foi madriña de armas de Rodrigo Díaz de Vivar, o Cid, e morreu en 1101. A segunda é Urraca I de León, que pasou á Historia como ″a Temeraria″. Filla de Afonso VI e da súa segunda esposa, Constanza de Borgoña, foi sucedida no trono polo seu fillo, Afonso VII de León, coroado en 1135 Imperator totius Hispaniae (emperador de toda Hispania) na catedral de León.

No Arquivo histórico da catedral de Tui consérvase boa parte da historia civil, relixiosa e cultural en documentos dun ″valor incalculable″. ″Tui é unha cidade pequena pero moi antiga, perdéronse moitas cousas pero algunhas se conservan, e o arquivo é unha delas. Aquí temos documentos de todo tipo, desde actas capitulares a actas notariais desde o século XIV ao XIX, que agora se van dixitalizar″, salienta o cóengo arquiveiro Avelino Bouzón.

[Fonte: http://www.praza.gal]

O que significa, na Argentina, o presidente dizer que os argentinos se originam de barcos repletos de europeus?

Escrito por Gabriel Passetti

Uma declaração para espanhol ver

Em 9 de junho, o presidente argentino Alberto Fernández, peronista kirchnerista, em encontro oficial com o premiê espanhol, proferiu declaração com imediata repercussão. Disse que os mexicanos vieram dos indígenas, os brasileiros da selva e os argentinos de barcos que vinham da Europa, creditando a Octávio Paz uma comparação elaborada por um roqueiro argentino. Essas observações sobre mexicanos e brasileiros, carregadas de preconceitos contra os povos indígenas e afrodescendentes, sustentam um imaginário sobre a Argentina e a América Latina naquele país.

Ao declarar, naquele diálogo entusiasmado com o premiê espanhol, que as origens argentinas provinham de navios repletos de europeus, Fernández não apenas procurou aproximar os vínculos com o representante da antiga metrópole, como demonstrou a força e vitalidade de narrativa sobre a Argentina. Esta foi construída ainda no século XIX e definia aquele país como uma “Europa na América do Sul”: um país “branco e civilizado”, em oposição à América Latina indígena e negra (como o México e o Brasil).

A história do país vizinho, ainda tão pouco conhecida no Brasil, não se resume apenas a essa imagem de uma Argentina branca e europeia. Aquela foi uma região periférica no Império Espanhol durante o período colonial, com relações tensas e intensas com os povos indígenas. A própria cidade de Buenos Aires, fundada em 1536, foi abandonada e destruída, em 1541, devido à hostilidade dos povos nativos, sendo refundada somente em 1580.

O que hoje em dia é o território ocupado pelo Estado argentino abarca histórias muito distintas, violentas e contrastantes. Há desde áreas em que houve atuação de missionários jesuítas entre os povos guarani (não é para menos que uma de suas províncias se chama Misiones), até áreas andinas com costumes e tradições próximas às da Bolívia e do Peru, além da Patagônia e da Terra do Fogo, com pouco contato com os brancos até o final do século XIX.

No entanto, Fernández falava e pensava naquilo que é tido como “a essência da nação”: a Argentina dos pampas, em especial Buenos Aires, onde vive metade da população do país, de onde partem as narrativas nacionais, onde estão a grande imprensa, as elites políticas, econômicas e intelectuais. A declaração do presidente diz muito sobre como os portenhos veem a Argentina, as outras províncias e a si mesmos.

O que significa, na Argentina, o presidente dizer que os argentinos se originam de barcos repletos de europeus?

O genocídio indígena na Argentina

Até as vésperas da Guerra do Paraguai (como a conhecemos por aqui), entre 1865 e 1870, não havia Estado centralizado na Argentina, mas sim uma confederação de províncias em constante guerra. Não apenas os grupos brancos dominavam bem pouco do que hoje é território argentino (uma faixa de terras conectando Buenos Aires à Mendoza, na fronteira com o Chile, no eixo leste-oeste, e Buenos Aires e Santa Fé à Assunção e à Bolívia, no eixo sul-norte), como também, dependiam e mantinham relações econômicas, sociais e políticas com cacicados indígenas independentes e soberanos nos pampas e nos Andes.

Os indígenas controlavam importantes rotas comerciais de conexão com o Chile, que eram centrais para a pecuária e participavam ativamente da política e das guerras. O presidente da Confederação Argentina na década de 1850, Justo José de Urquiza, por exemplo, era padrinho dos filhos do mais importante cacique dos pampas, Juan Calfucurá. As alianças familiares, sociais, econômicas e militares colocavam de um lado Buenos Aires e, do outro lado, as demais províncias e seus aliados indígenas.

A vitória política e militar portenha, na década de 1860, levou o general Bartolomeu Mitre à presidência, centralizando o poder, e logo os liberais portenhos colocaram em prática uma política de enfrentamento total, a la muerte, a seus inimigos: caudilhos do interior, populações mestiças (chamadas de gauchos) e indígenas. Para o maior dos ideólogos dessa Argentina branca, o intelectual e também futuro presidente Domingo Faustino Sarmiento, havia um embate crucial entre a “civilização” e a “barbárie”.

Presidente argentino Alberto Fernández e o primeiro-ministro espanhol, Pedro Sánchez em encontro para promover acordos bilaterais (Foto: Casa Rosada/Fotos Publicas)

Os caciques, aliados dos inimigos políticos dos portenhos, reguladores das conexões comerciais com o Chile e controladores de imenso território nos pampas, na Patagônia e nos Andes, foram alvo preferencial. Eles sabiam disso e resistiram sem pretender, em momento algum, perder suas autonomias e o controle de seus territórios.

Foi então que se fundiram distintos interesses no Estado e na sociedade civil no discurso agora verbalizado pelo presidente Fernández. Pecuaristas confrontados com indígenas que não pretendiam ceder terras e eram concorrentes econômicos, militares que os enxergavam como inimigos e eram constantemente humilhados em derrotas nas batalhas, colonos que pretendiam ganhar terras de graça e não concebiam ser submetidos a indígenas, e políticos com discursos sobre o monopólio da violência e a soberania do Estado associaram-se. Ao longo das décadas de 1860 e 1870, eles deram forma a um discurso que transformou indígenas em inimigos mortais, em barreiras a serem derrubadas em nome do progresso e da civilização. Para eles, a Argentina não poderia ser um país mestiço, muito menos ter terras sob controle indígena: seu destino era ser um país “civilizado”, “branco”, repleto de “europeus que chegaram de barcos”.

Entre 1878 e 1879, o Exército argentino foi levado aos pampas para, nas palavras do ministro da guerra e futuro presidente, Julio Roca, “expulsar os índios do deserto que se trata de conquistar, para não deixar um só inimigo na retaguarda, submetendo-os pela perseguição ou pela força, sem nos apressar a extirpar o mal pela raiz e destruir esses ninhos de bandoleiros”.

A chamada “Conquista do Deserto”, como dizem os argentinos brancos, foi essa sequência de operações militares em que os indígenas foram deliberadamente eliminados. Mais de um terço deles morreu nos campos pampeanos; outro terço não aguentou as marchas forçadas no inverno chuvoso até os campos de prisioneiros.

A partir da análise dos discursos políticos e militares sobre como procederam traindo e eliminando os indígenas, dos números de mortos, da memória social nativa e da história oral, considera-se, hoje em dia, a ocorrência de um genocídio indígena naquele país, naquele tempo. Foi esse genocídio que fez a Argentina, e em especial Buenos Aires (e não Misiones ou as províncias andinas do noroeste), “branca”, “civilizada”, em um processo paralelo ao também desaparecimento das populações de origem africana. 

Direita, esquerda, volver

Alberto Fernández, o presidente da Argentina, é advogado e professor na Universidade de Buenos Aires, pertence ao Partido Justicialista e foi eleito com plataforma baseada em propostas sobre direitos de gênero e reprodutivos, direitos humanos, trabalhistas, e com uma inédita política para a comunidade afroargentina, com secretaria especial para aquela comunidade. O que explica sua declaração?

Uma ideia-fixa e um imaginário a respeito da Argentina e de Buenos Aires como “brancos” e “europeus”, enraizados nas elites econômicas, políticas e intelectuais daquele país e daquela capital e disseminados pelo espectro político. O celebrado Jorge Luis Borges declarou, por exemplo, que os argentinos eram europeus no exílio. Apenas três anos atrás, o presidente anterior e adversário dos peronistas, Mauricio Macri, pronunciou declaração muito semelhante, no Fórum Econômico de Davos. Para ambos os presidentes, ao apresentarem entusiasmadamente seu país aos europeus, era preciso falar sobre como seriam distintos da América Latina “atrasada”, “indígena”, “mestiça”, “bárbara”.

Diante da imensa repercussão da declaração racista, Fernández correu às redes sociais e pediu desculpas. Em um país com eternos ânimos políticos quentes, a oposição de direita (interna e externa) tentou embarcar nas críticas, mesmo compartilhando da mesma ideia-fixa. Para tentar sair do binarismo peronistas e antiperonistas da Argentina branca, é importante verificar como os indígenas veem essa história.

Após quase um século e meio da “Conquista do Deserto” e de sucessivos governos brancos, peronistas, liberais, ditatoriais militares, o que se vê na Argentina é pouco debate, pouca mudança e praticamente quase nenhuma participação indígena. Em Misiones, os indígenas são peões. No noroeste andino, “com cara de bolivianos”, não são tidos como argentinos. No Chaco, aqueles que organizaram movimentos de resistência estão presos. Na Patagônia, não conseguem retomar terras ancestrais, mesmo com muitos discursos e leis aprovadas, pois nelas há petróleo, minérios e até ovelhas. Para indígenas, de norte a sul do país, a constatação é de que há muita falação, proclamações interculturais, uma ou outra ação simbólica de governos… O tempo passa, os governos mudam, e a realidade pouco se modifica. Quando ocorre breve alteração, é sempre após muita pressão e luta indígena contra o huinca, como dizem. Pouco importa se de esquerda ou de direita.

Até recentemente, a nota de 100 pesos, que já foi a de mais alto valor, celebrava a “Conquista do Deserto” e seu principal personagem, Julio Roca, mas foi substituída no mandato da Cristina Kirchner pela imagem de Evita Perón. Na capital e nas principais cidades, estátuas equestres do general Roca permanecem, mesmo que constantemente atacadas e pichadas. Sarmiento é nome de cidades, avenidas, ruas, parques e toda sorte de edifícios públicos. Como Borges, Macri e Fernández nos mostram, o velho discurso de uma Argentina “branca, europeia e civilizada” está enraizado e ainda é muito forte, eficaz e central na eterna construção da identidade, nacional e racista, daquele país.

Gabriel Passetti é professor de História das Relações Internacionais no Instituto de Estudos Estratégicos da UFF e autor do livro Indígenas e criollos: política, guerra e traição nas lutas no sul da Argentina (1852-1885), pela editora Alameda.

 

[Fonte: http://www.diplomatique.org.br]

Los elegits se demandan se las escòlas immersivas poiriàn dobrir a la rintrada e se los enfants sonats Fañch, Jòrdi o Núria seràn pas pus considerats coma “franceses”

Paul Molac

La censura de la Lei Molac, de proteccion de las lengas del país en França, inquieta un nombre considerable d’elegits. 140 parlamentaris an mandat al president Emmanuel Macron una letra dobèrta ont sollicitan de cambiar la Constitucion.

Demest d’autres afars, los signataris se mòstran inquiets de la menaça que los 160 centres educatius en immersion pòscan pas dobrir a la rintrada, e mai qualques unes foncionen dempuèi aperaquí 50 ans. Dins aquel sens, vòlon  saber se Macron s’assegurarà a la rintrada del respècte de las condicions pedagogicas d’aqueles establiments, dont las calandretas, après la decision del Conselh Constitucional sus la Lei Molac.

Per quant a la mesa en causa dels caractèrs tipografics inexistents en lenga francesa pels rèirenoms, los signants comprenon “pas que, uèi, la libertat de causida dels rèirenoms pels enfants de nòstre país pòsca èsser remesa en causa” e se demandan s’aqueles enfants seràn considerats coma “franceses”.

En consequéncia, sollicitan del president qu’engatge lèu-lèu una revision constitucionala que permeta al poder public “de protegir e promòure las lengas regionalas”.

 

Per mai d’informacion:

— Libération 17.06.2021: Langues régionales: 140 parlementaires veulent changer la Constitution
— Letra dobèrta dels parlamentaris al president Emmanuel Macron
[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

Fundação Cultural no interior do Pernambuco possui um acervo que revela as artes produzidas pelo Rei do Cangaço

Lampião era artesão e fazia produtos de couro. Foto: acervo Fundação Cultural Cabras de Lampião

Escrito por Daniel Lamir

Talvez muitas pessoas não saibam, mas Lampião também foi poeta. O cangaceiro mais conhecido da história foi habilidoso como dançarino, artesão, vaqueiro e tropeiro. A lista de ofícios do Capitão Virgulino inclui até amansador de burro brabo. Mas esse outro lado de Lampião parece esquecido diante da polêmica imagem de Rei do Cangaço.

O ano 1919 marcou a entrada de Virgulino Ferreira da Silva para o Cangaço e para a História. Foi nesse ano que o pai dele foi assassinado pela polícia, dentro da problemática da questão da terra, ainda não resolvida no nosso Brasil. Entre os contextos de biografia, região ou país, ainda hoje as opiniões sobre Lampião transitam entre os extremos de herói e bandido.

Por outro lado, a certeza é que a presença de Lampião e do Cangaço permanecem acesas na arte e na cultura. Parte dessas muitas histórias estão sendo preservadas na terra natal de Lampião, a pernambucana Serra Talhada, na região do Sertão do Pajeú. Cleonice Maria é das pessoas que buscam mais respostas sobre Lampião, para além de dualismos descontextualizados.

Lampião era visto com uma pessoa pacata antes de 1919, ano da morte do pai dele.

Ela mora no sítio Passagem das Pedras, local em que Lampião nasceu ainda no século XIX, e preside a Fundação Cultural Cabras de Lampião, ambas localizadas em Serra Talhada. A Fundação completa 25 anos de existência e, na opinião de Cleonice, está mudando o imaginário sobre o tema. Para ela o ecoar da arte e da cultura amplia as lentes históricas.

“É isso que a gente trabalha, o lado cultural deixado por ele. Inclusive o xaxado, que é uma dança genuinamente masculina, foi criada por Lampião e seus cangaceiros. Algumas pessoas ainda não têm essa informação como certeza. Mas eu posso lhe afirmar que o xaxado foi criado por Lampião”, salienta.

O dançar era para preparar-se para o ataque, ou mesmo, celebrá-lo. Essa representação hoje é feita pelo grupo musical Xaxado Cabras de Lampião, em Serra Talhada.

Há um acervo de registros na Fundação Cultural Cabras de Lampião. Com base nesses dados, Cleonice afirma que há um fascínio pela biografia de Lampião no Brasil e no mundo. O fato gerou um imenso volume de informações que provocam até mesmo um paralelo com o fenômeno das fakes news, mesmo em uma época em que o rádio era a tecnologia eletrônica mais avançada.

“Eu vou citar um exemplo. Inclusive as lendas, porque esses personagens acabam virando lendas. Lampião é um personagem lendário hoje. Então temos centenas, milhares de histórias sobre Lampião, e são muito do imaginário popular. Tem uma história dele que não é verdade, é ficção, mas ela é tão contada até hoje que virou verdade, que é a história do sal”, exemplifica.

Para quem não conhece, a tal fake news do sal é contada de várias formas, mas com uma questão em comum. Diz-se que Lampião e seu bando almoçavam na casa de uma senhora e um dos cangaceiros teria reclamado de que a refeição estava sem sal. Contrariado pela ingratidão, a versão cita que Lampião teria obrigado o cangaceiro a comer sal até morrer.

A história de Lampião é pouco contada nas escolas, apesar das diversas manifestações artísticas. Foto: Márcio José Bastos Silva

De acordo com Cleonice, a proposta da Fundação com a arte e a cultura é reduzir um débito do nosso país com a própria história. Para ela, o Cangaço e outros movimentos brasileiros são esquecidos nas escolas. É dessa forma que a Fundação desenvolve atividades no audiovisual, artesanato, dança, musicalidade, culinária, poesia.

Para Cleonice, o cerco sofrido pelo bando Lampião em 1938, na Fazendo Angicos, no sertão de Sergipe, marcaria apenas um dos capítulos dessas muitas histórias.

 

[Edição: Lucas Weber – fonte: http://www.brasildefato.com.br]