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Gabriel García Márquez y Rodolfo Walsh, padres de un género atribuido a Truman Capote.

Gabriel García Márquez (1927-2014), escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura en 1982

Gabriel García Márquez (1927-2014), escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura en 1982

Escrito por GUSTAVO GONZÁLEZ RODRÍGUEZ

A sangre fría ha sido durante muchos años una lectura obligatoria para los estudiantes de nuestras escuelas de Periodismo, y en América Latina prevalece la idea de que el estadounidense Truman Capote es el padre de la narrativa de no ficción. Un mérito que puede ser cuestionado con numerosos antecedentes que validan como pioneros de este género periodístico-literario a dos latinoamericanos: el colombiano Gabriel García Márquez y el argentino Rodolfo Walsh.

No se trata de instalar una disputa artificial en un terreno que será siempre controvertido, pero sí de exigir a los formadores de periodistas y divulgadores literarios un mayor rigor intelectual que los aleje de una excesiva inclinación anglosajona que termina desconociendo la histórica contribución de las vertientes latinas europeas y americanas en el afortunado maridaje de periodismo y literatura.

A sangre fría fue publicada en 1966, un año después de la ejecución en la horca de Richard Hickock y Perry Smith, quienes asesinaron en noviembre de 1959 de los cuatro miembros de la familia Clutter en Kansas.

Once años antes, en 1955, Gabriel García Márquez publicó en 14 entregas diarias en el diario El Espectador su Relato de un náufrago, un texto testimonial basado en una extensa entrevista a Luis Alejandro Velasco, tripulante de un buque militar de la Armada colombiana, que sobrevivió durante diez días en una precaria balsa tras caer al mar desde el barco.

También se adelantó a Capote el periodista argentino Rodolfo Walsh, quien en 1957 publicó Operación Masacre, sobre una serie de asesinatos que agentes del Estado cometieron en junio de 1956 durante la llamada Revolución Libertadora, nombre que se dio la dictadura militar que en 1955 derrocó a Juan Domingo Perón.

Es cierto que ni Relato de un náufrago ni Operación Masacre alcanzaron en su momento el impacto que tendría después A sangre fría, convertido en un bestseller apenas lanzado el libro. El público adquirió masivamente esta obra, que con destreza literaria, una exhaustiva investigación y numerosas entrevistas, que incluyeron a Hickock y Smith, construyó una apasionante narración del antes, el ahora y el después de un crimen que conmovió a los Estados Unidos.

También es cierto que García Márquez y Walsh publicaron sus trabajos en condiciones políticas bastante adversas que les pasaron la cuenta en su momento y postergaron el reconocimiento de los lectores y de la industria editorial.

Relato de un náufrago no es solamente una extensa entrevista publicada en 14 entregas en El Espectador, al estilo de los viejos folletines policiales y románticos. El testimonio que el futuro nobel de Literatura construyó con las palabras de Luis Alejandro Velasco es un compendio de buen periodismo y buena literatura. Sobriedad y suspenso son ingredientes que atraviesan todo el relato y transmiten el mundo interior de un modesto marino enfrentado al gran desafío de la supervivencia.

Al estilo de los viejos cronistas, García Márquez puso un extenso título a su trabajo: Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre.

Un título que es un buen resumen de la odisea de Velasco y sus consecuencias. El buque militar Caldas regresaba de Mobile, Alabama, donde había sido sometido a reparaciones. En la navegación de regreso a Colombia, Velasco cayó al océano. La versión oficial de la Armada fue que la caída se produjo a causa de una tormenta mientras el marino estaba en cubierta. Así, cuando finalmente fue rescatado tras una decena de días a la deriva en alta mar, fue recibido como un héroe, lo cual fue bien aprovechado como propaganda por la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla.

La entrevista con el joven periodista García Márquez reveló que nunca hubo tal tormenta y, aún más, puso al descubierto un escándalo de corrupción, ya que Velasco se precipitó por la borda del barco cuando intentaba con otros tripulantes contener una carga mal estibada, que contenía artículos de contrabando.

Fue tal el impacto de la denuncia que El Espectador optó por proteger a García Márquez sacándolo de Colombia y enviándolo como corresponsal a París, con una austera remuneración que desapareció por completo cuando la dictadura cerró el diario. Fue en una modesta buhardilla parisina de la rue Cujas, entre privaciones, que creó El coronel no tiene quien le escriba, su segunda novela después de La hojarasca.

El impacto que alcanzó Cien años de soledad desde su publicación en 1967 abrió las puertas de la industria editorial a textos anteriores de Gabo, como El coronel no tiene quien le escriba y el propio Relato de un náufrago, publicado como libro en 1970.

«Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar». La cita corresponde a un escrito del periodista argentino Horacio Verbistky, aunque la primera frase es atribuida indistintamente, entre otros, a George Orwell y Randolph Hearst.

Si esa condición se cumplió en Relato de un náufrago, con mayor razón se dio en Operación Masacre, un libro que, en un ambiente cargado de represión y violaciones de los derechos humanos, denunció un crimen masivo de una dictadura militar. Rodolfo Walsh construyó esta obra a partir de una hebra: un comentario que escuchó acerca de un sobreviviente de un fusilamiento. A partir de ahí fue armando la madeja, mediante entrevistas a otros peronistas que libraron con vida y a familiares de los asesinados.

El producto fue este libro, publicado en 1957, que se fue enriqueciendo en sucesivas ediciones con nuevos antecedentes y que incluso fue llevado al cine con el propio Walsh como coguionista. Operación Masacre es una gran obra literaria en el mejor sentido y no es exagerado el papel fundacional de la narrativa de no ficción que algunos estudiosos le otorgan, destacando que se adelantó nueve años a Truman Capote y su A sangre fría.

Al igual que Relato de un náufrago, Operación Masacre fue inicialmente divulgado en varias entregas en un modesto diario, Revolución Nacional, entre enero y marzo de 1957. La investigación se enriqueció y en junio del mismo año publicó otros nueve artículos en la revista Mayoría. Fue en diciembre de 1957 cuando Ediciones Sigla lanzó el libro.

Walsh fue asesinado en Buenos Aires en una emboscada de un grupo de tareas de la tristemente célebre ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) el 25 de marzo de 1977. Los marinos se llevaron su cuerpo. Es uno de los miles de desaparecidos que dejó la dictadura encabezada en sus primeros años por el general Jorge Rafael Videla y el almirante Emilio Massera.

Fue el epílogo sangriento de un periodista y escritor que en su corta vida de cincuenta años radicalizó sus posiciones y su compromiso con las letras y la revolución socialista desde las tendencias más libertarias del peronismo. En aquellos años en que predominaba como respuesta a la llamada prensa burguesa el periodismo de trinchera, teñido a menudo de panfleto y maniqueísmo, Walsh y García Márquez instalaron una narrativa de no ficción de gran calidad periodística y literaria.

Así como a Capote se le atribuye que echó las raíces del nuevo periodismo que Tom Wolfe codificó a partir de 1960 en los Estados Unidos, puede afirmarse que Relato de un náufrago Operación Masacre tuvieron un papel fundacional en las ricas expresiones que esta tendencia rupturista desarrolló en la América Latina desde un ejercicio periodístico permanentemente acosado por las dictaduras y los poderes empresariales.

Lo esencial desde nuestros autores latinoamericanos hasta Capote, Wolfe y sus seguidores está en el rescate de la alianza entre literatura y periodismo.

Un maridaje precisamente rechazado por seguidores de los formatos y técnicas que desde Estados Unidos adecuaron la redacción de las noticias a la industrialización de la prensa en la primera mitad del siglo XX. La pirámide invertida dispuso que las informaciones debían ser redactadas respondiendo a las «cinco W» (qué, quién, cuándo, dónde, por qué), en una secuencia jerarquizada que casi por obra de magia produciría objetividad.

«Los hechos son sagrados y las opiniones libres», fue una sentencia anglosajona que nos invitaba a reconocer una quinta esencia de virtud en el modelo, capaz entonces de conjugar, según el formato, el rigor informativo con la más completa libertad de expresión. La historia del periodismo, y también de la política, ofrece sin embargo innumerables episodios de invención, ocultamiento o distorsión de hechos, así como de manipulación, instrumentalización e incluso persecución de las opiniones.

Al final prevalece la ética como único canon válido para legitimar, no solo la función social del periodismo, sino sus niveles de calidad. Un terreno en que la trayectoria periodística de Truman Capote dejó zonas oscuras, según varios de sus biógrafos. Pero esto ya es materia para otro artículo.

Por ahora, consignemos que la narrativa de no ficción, el nuevo periodismo e incluso el periodismo de investigación han enriquecido el panorama literario mundial. A esta altura, cualquier enumeración puede parecer arbitraria, pero me atrevo a reivindicar una vez más a Tomás Eloy Martínez con Santa Evita y La novela de Perón y al uruguayo Ernesto González Bermejo con Las manos en el fuego, como ejemplos a mi juicio relevantes.

En 2018, el Premio Alfaguara, considerado el mayor galardón de narrativa en lengua hispana, recayó en el mexicano Jorge Volpi con Una novela criminal, texto que en la práctica no tiene nada de ficción, basado cien por ciento en un caso judicial real y reconocido por sus méritos periodísticos y literarios.

Tres años antes, 2015, la Academia Sueca otorgó el Nobel de Literatura a la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, autora entre otros libros de La guerra no tiene rostro de mujer, Los muchachos de zinc y Voces de Chernóbil, tres obras excepcionales construidas a partir de testimonios, ejemplos de narrativa de no ficción.

(*) Gustavo González Rodríguez. Periodista y escritor. Magíster en Comunicación Política, Periodista y diplomado en Periodismo y Crítica Cultural en la Universidad de Chile. Fue director de la Escuela de Periodismo de esa misma universidad (2003-2008) y presidente de la Asociación de Corresponsales de la Prensa Internacional en Chile (1992-1995). Corresponsal en Ecuador y director de la oficina de Inter Press Service en Chile, y editor de la agencia en Italia y Costa Rica. Fue corresponsal también de Latin America Newsletter (Inglaterra), El Periódico de Barcelona (España), revista Brecha (Uruguay) y diario Milenio (México). Autor de los libros «Caso Spiniak. Poder, ética y operaciones mediáticas» (ensayo), «Nombres de mujer» (cuentos) y «La muerte de la bailarina» (novela).

 

[Fuente: http://www.meer.com]

A galardoada con o Reina Sofía de Poesía Iberoamericana será a homenaxeada na feira do libro de Porto

https://cflvdg.avoz.es/sc/sJGJSP1y_pUHyRjl3UE4dWmc7Ug=/768x/2021/06/01/00121622498764266398374/Foto/j01j1000.jpg

Ana Luísa Amaral (Lisboa, 1956)

Escrito por Gala Dacosta

A poeta de Lisboa Ana Luísa Amaral (Lisboa, 1956-Porto, 2022), unha das principais autoras contemporáneas de Portugal, falecía esta madrugada aos 66 anos. A causa da morte foi unha enfermidade que levaba tempo aburando. Ademais de poeta, Amaral foi investigadora e docente de literatura angloamericana da Facultade de Letras da Universidade do Porto centro, aínda que estaba xubilada, e ademais da creación literaria tamén se dedicou á tradución.

Nada en Lisboa en 1956, viviu a maior parte da súa vida no norte de Portugal e publicou máis dunha vintena de libros de poemas, teatro, novela, literatura infantil e ensaio. Tamén foi unha figura clave no movemento e os estudos feministas do país e escribiu xunto con outra coñecida autora o primeiro Dicionário de Crítica Feminista e a edición comentada do clásico contemporáneo Novas cartas portuguesas.

Escribiu obras poéticas que foron traducidas a numerosos idiomas, entre eles o castelán, como Escuro, Ara, Ou olhar diagonal dás coisas e foi esta faceta a que lle valeu o XXX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en maio do pasado ano. Tamén cultivou outros xéneros como a crítica, o ensaio e exerceu como tradutora. Recibiu moitos galardóns como o Gran Premio da Asociación de Escritores Portugueses (APE) de 2008, o Premio Giuseppe Acerbi de Italia e o Premio Literario Casino dá Póvoa/Correntes d’Escritas, ambos en 2007, así como o Premio Leteo en 2020. Precisamente neste mes de abril, a Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega (AELG) nomeouna Escritora Galega Universal.

A súa obra e figura homenaxearanse na feira do libro de Porto que comezará o 26 deste mes. A capela ardente instalarase esta tarde en Matosinhos, onde ela residía, e mañá terá lugar o funeral.

«Vou partir de aviãou

e ou medo dás alturas misturado comigo

face-tomarme calmantes

e ter sonhos confusos

Se eu morrer

quero que a minha filha nãou se esqueça de mim

que alguém lhe cante mesmo com voz desafinada

e que lhe ofereçam fantasia

mais que um horário certo

ou uma cama bem feita

Deem-lhe amor e ver

dentro dás coisas

sonhar com sóis azuis e céus brilhantes

em vez de lhe ensinarem contas de somar

e a descascar batatas

Preparem a minha filha

para a vida

se eu morrer de aviãou

e ficar despegada do meu corpo

e for átomo livre lá non céu

Que se lembre de mim

a minha filha

e mais tarde que diga à sua filha

que eu voei lá non céu

e fun contentamento cegado

ao ver na sua casa as contas de somar erradas

e as batatas non saco esquecidas

e íntegras»

Minha senhora de quê, 1990.

 

 

[Fonte:  http://www.lavozdegalicia.es]

 

Els mitjans de comunicació catalans, sovint, fan d’altaveus d’innovacions del castellà, sense tenir en compte ni les altres llengües ni els recursos propis · Podem capgirar la tendència?

VilaWeb

Escrit per Jordi Badia i Pujol

És habitual de sentir, sobretot als mitjans de comunicació, frases com “Escoltem ara un tema dels Pets”, “Tot seguit sonarà un tema que Raimon va compondre als anys setanta”, etc. És a dir, tema com a sinònim de cançó. Els diccionaris no el recullen pas, aquest significat, però sí un de relacionat. El DIEC, per exemple, diu que un tema és el “motiu melòdic d’una composició musical”, una definició que ja havia registrat Pompeu Fabra i que també ens serveix, si fa no fa, l’Alcover-Moll (“tros de melodia que conté o expressa la idea dominant d’una composició musical”). Més endavant, en les llengües influïdes per l’anglès tema va passar a anomenar la música identificativa d’un film (banda sonora) i al final, sobretot –hi insistim– als mitjans de comunicació, va acabar designant qualsevol cançó.

Tanmateix, de fa uns quants anys en espanyol s’ha escampat un terme nou, derivat d’aquest: temazo. Amb el sufix augmentatiu –azo, tan corrent i productiu en la llengua veïna, es vol designar una cançó de molt de renom, molt coneguda, que té molta requesta; o que és molt bona en opinió de qui parla. El terme, no cal dubtar-ne, ja s’ha escampat de mala manera entre el jovent –i no tan jovent– dels Països Catalans, com deveu haver pogut comprovar si heu vist Eufòria.

I com n’hem de dir en català? 

Com que no sóc gens partidari de copiar de l’espanyol gratuïtament, sobretot quan pren solucions individuals, no compartides amb la resta de llengües, primer de tot he volgut mirar com ho diuen, per exemple, l’anglès, el francès, l’italià i el portuguès. Són llengües fortes, que creen, que sovint s’empesquen solucions més o menys “independents”. Si la recerca no ha fallat (i si ha fallat demano comprensió a l’amable lector), l’anglès en diu banger, que significa ‘automòbil vell i atrotinat’ i també ‘embotit’, tot i que probablement prové del verb to bang, ‘colpejar’; l’italià en diu pezzo forte (‘fragment fort’, ‘peça forta’) o pezzone; el francès, tuerie (‘matança’) o tube (‘tub’), tot i que són molt habituals, simplement, super chanson o chanson géniale; i el portuguès, segons les meves fonts, petardo i pedrada.

De tota manera, em fa l’efecte que la necessitat que ha tingut l’espanyol d’inventar un terme col·loquial per a aquest concepte no l’han tinguda les altres llengües. De fet, l’anglès fa anys i panys que ens va encomanar hit (‘cop’), que es va escampar per totes les llengües amb un significat semblant (‘peça musical molt escoltada, de molt de succés’).

Ara com ara, veig que les propostes que s’han fet circular als mitjans catalans són simples adaptacions de temazo. A TV3 i Catalunya Ràdio proposen temarro i, prioritàriament, temacle (!). Informalment, també s’han suggerit supertematemarraclecançonottemarracu o senyor tema. Sembla, doncs, que l’únic dubte que tinguem és si hem d’admetre temazo (amb aquest so de la zeta espanyola, aliè al català) o l’hem d’adaptar mínimament. Amb moral de perdedor, actuem sempre pensant que tot allò que ens allunyi de l’espanyol fracassarà de totes passades.

M’agradaria que encaréssim les innovacions amb moral de guanyador. Per començar, potser podríem eixamplar una mica el ventall. No cal que sempre diguem un sol mot, no cal que repetim sempre la mateixa denominació. Per exemple, podem dir que és una cançó collonuda, molt ben parida, espaterrant, de conya… I si el registre no és vulgar, podem qualificar-la de magnífica, fascinant, genial, boníssima, d’allò que no hi ha, de categoria, de primera, que fa goig… I si tant ens cal trobar una manera de dir-ho en un sol mot, nosaltres, com el portuguès petardo, també tenim un terme pirotècnic per a dir que una cosa és molt bona. Hi ha l’expressió de traca i mocador, amb un significat molt ampli. Doncs per què no en podem dir una traca, d’una supercançó? La traca no tan sols és nostra, molt nostra, sinó que, a més, ens deixa garratibats, sense alè. És so i és vibració. I festa i emoció.

No dic que aquesta hagi d’ésser la solució definitiva. Però demano que a l’hora de fer propostes siguem imaginatius i audaços, creatius i atrevits. Que no siguem submisos. Que bastim una llengua lliure, independent, sense renúncies. Que superem el mesellisme lingüístic. I que, sense apocament, fem circular aquestes propostes genuïnes pels nostres mitjans de comunicació.

Als joves, potser els hauríem de deixar alguna opció més que la còpia i la submissió.

Què hi dieu? Teniu més propostes? Podeu deixar-ne –i explicar-les– en un comentari (si sou subscriptors) o bé a Twitter (@jbadia16).

 

[Font: http://www.vilaweb.cat]

Antologia publicada na Argentina, em parceria com núcleo da USP, dá acesso inédito em espanhol à trajetória do historiador marxista cujos conceitos são chave para compreender a formação social, econômica e política do Brasil e da América Latina

Escrito por Joana Coutinho

O livro História e Filosofia 1 de Caio Prado Jr (2020) recém-publicado pela Editorial Último Recurso, com sede na Argentina,2 em parceria com o Núcleo Práxis-USP é um achado. Reúne textos inéditos de Caio Prado Jr., reconhecido historiador marxista, cujo tema de análise é a história e a filosofia. Um historiador-filósofo, cuja preocupação fundamental é propiciar recursos teóricos que nos permitam analisar a nossa realidade sem subterfúgios.

Não se trata aqui de fazer uma resenha da biografia de Caio Prado, mas vale a pena fornecer alguns dados que ampliam nosso conhecimento sobre o autor. Caio Prado nasceu na cidade de São Paulo em 11 de fevereiro de 1907, dois anos depois da primeira experiência de Revolução na Rússia (1905). Morreu na mesma cidade em 23 de novembro de 1990. Caio Prado Júnior pertenceu a uma das mais ricas e influentes famílias de São Paulo. Teve uma educação esmerada, como era comum aos de sua classe social: os estudos foram orientados, primeiro, por professores particulares, depois no colégio São Luís, dirigidos pelos Jesuítas. Forma-se bacharel em ciências jurídicas e sociais aos 21 anos, pela Faculdade de Direito do Largo de São Francisco, mais tarde incorporada pela Universidade de São Paulo. Filia-se ao Partido Comunista do Brasil (PCB), em 1931. Tem uma vasta produção intelectual, sobre temas centrais para se pensar o Brasil e toda a América Latina, cujas proposições nos fazem refletir a partir das classes populares. Foi um traidor de classe, de sua classe de origem!

Caio Prado considera que o processo histórico na América Latina foi bem distinto do de outras regiões do planeta, igualmente periféricas, em relação ao capitalismo desenvolvido; a particularidade é que não tivemos no continente uma burguesia nacional; e o caráter da nossa colonização ― que se estende para toda a América Latina ― é que aqui as colônias foram marcadas por serem de exploração, diferente das colônias de povoamento nas zonas temperadas. O seu pensamento, assim como o de José Carlos Mariátegui (1894-1930), é bastante inovador e inaugura um marxismo original; sem perder3 a perspectiva da totalidade, reforça a necessidade de se pensar o nacional, o local. Pensar o país significa buscar compreendê-lo em sua totalidade e fugir das explicações simplificadoras que dão respostas superficiais a questões profundas: analisar a formação do país, como se constituiu sua gente e suas contradições.

Vamos ao livro História e Filosofia (2020, 336f). Numa tradução inédita para o espanhol, o volume reúne textos, rigorosamente selecionados, de Caio Prado Jr. Fruto de um trabalho coletivo cuidadoso e sem recursos de apoio, a tradução ― que tomou quatro anos de trabalho ― foi empreendida por cerca de vinte pesquisadores de diversas áreas: historiadores, cientistas sociais, linguistas, economistas e até psicólogos, membros e colaboradores do Núcleo Práxis da USP, entidade político-acadêmica que ao longo da última década tem demonstrado compromisso com a difusão do conhecimento crítico e a formação política popular, encontro feliz com uma editora autogestionária que coloca como ideia central ser uma editora militante.

O livro tem dez capítulos e ainda um prefácio do historiador Lincoln Secco, além de uma bela introdução de seu organizador, Yuri Martins Fontes, que é filósofo, escritor, ensaísta, autor de vários textos que discutem Brasil e América Latina e coordenador4 do Núcleo Práxis da USP. Na “Introdução”, Yuri cumpre um papel fundamental de não só apresentar o livro, mas também o autor – para que jovens que não conhecem Caio Prado e sua obra tenham um panorama das questões principais que moveram sua produção.

O “Prefácio” é uma leitura leve e obrigatória, onde podemos observar a efervescência do pensamento caiopradiano em toda sua vivacidade. Lincoln Secco oferece aos falantes do espanhol (e a todos nós) uma belíssima apresentação dos traços marcantes do autor e de sua obra e a originalidade do seu pensamento, que coloca ainda hoje desafios não só aos brasileiros mas a todos os latino-americanos. Vinculado ao Partido Comunista do Brasil, Caio Prado manteve sempre sua autonomia como pensador e militante.

A primeira parte, “Escritos político-historiográficos”,5 recupera textos sobre a colonização do Brasil. Caio Prado observa os tipos de colonização ocorridas aqui e em terras de zonas “temperadas”. As últimas constituíram colônias de povoamento, como um desaguadouro “dos excessos demográficos da Europa que reconstitui no novo mundo uma organização e uma sociedade à imagem e semelhança de seu modelo europeu”. Nos trópicos ocorre exatamente o contrário, o que dará origem a uma sociedade original; são sociedades abigarradas, como definiu o sociólogo boliviano René Zavaleta6 (1935-1984). O Brasil de hoje, observa Caio Prado, é um organismo em franca e ativa transformação, mas que não se sedimentou e não tomou forma. O mesmo se observa no terreno social: com exceção de alguns setores, as relações sociais, e em particular as de classe, conservam um cunho colonial. A essência da nossa formação está no abastecimento do açúcar, tabaco, ouro e diamante, algodão e depois café para o comércio europeu. Caio Prado vê na colonização dos trópicos, uma vasta empresa comercial destinada a explorar recursos naturais.

Importante recuperar o debate que se fazia à época: havia ou não feudalismo no Brasil. Alguns marxistas, como Astrojildo Pereira (1890-1965), Octávio Brandão (1896-1980) e Leôncio Basbaum (1907-1969), defendiam a tese do “feudalismo em declínio” como a causa do atraso. Por esse caminho tornava-se necessária uma revolução democrático-burguesa (Del Roio, 2016). Já Caio Prado sustentava que no Brasil não houve feudalismo – apoiando-se por exemplo no fato de que o povoamento do país era rarefeito, não contribuindo à consolidação da servidão; para o pensador marxista, o que houve por aqui foi um escravismo: desde os primórdios articulado comercialmente com o capitalismo europeu que se consolidava.

Ao abordar a “Economia e a agricultura de subsistência na colônia”(1942), Caio Prado afirma que a economia se assenta em algumas bases muito precárias, não constitui uma infraestrutura própria e tampouco conta com forças próprias e existência autônoma. Se uma conjuntura internacional favorece a um produto qualquer, isto impulsiona seu funcionamento; no entanto, a economia volta a cessar se essa conjuntura por alguma razão se rompe ou caso os recursos naturais se esgotem (PRADO, 2020, p.143). O que nos leva a pensar nas implicações de uma economia completamente subordinada — em vias de se tornar um capitalismo periférico e dependente.

O resultado é que vivemos uma realidade que ainda parece sofrer dos mesmos males: voltada para fora e incapaz de prover as necessidades da sua população. A produção de subsistência, que alimenta os habitantes do campo, difere muito da realidade dos centros urbanos: estes têm que recorrer à importação, já que a produção interna não é suficiente para lhes suprir as necessidades. Curioso que hoje as grandes plantações, voltadas a suprir o mercado externo, tenham transformado alimento em “commodities”; ou seja, nossas questões do passado persistem. Em toda a América Latina, desgraçadamente, o avanço do imperialismo significa (significou) uma relação de subalternidade, perda de soberania: o capitalismo dependente periférico não foi capaz de criar uma burguesia que defenda os interesses nacionais. Como nos lembra Eduardo Galeano (1940-2015) são “dominantes hacia dentro, dominadas desde fuera” (2004, p.17) e reagem com dureza a qualquer tentativa de mudança, por mais milimétrica que seja.

Um outro aspecto que parece nos fazer voltar no tempo é: como se tornou atual, nesse processo de colonização e necessidade de povoamento, o papel exercido pelos bandeirantes na captura de indígenas e escravos. Caio Prado descreve no texto “A Sociedade Colonial”7 (1942), de uma maneira clara e objetiva, o significado do bandeirismo paulista: processos brutais que os portugueses utilizavam para forçar os indígenas ao trabalho. Faziam isso percorrendo o Brasil de leste a oeste, de norte a sul, até chegarem ao sertão. Hoje, um movimento da periferia de São Paulo revive o debate quando atiça fogo na estátua do conhecido bandeirante, Borba Gato8, e reaviva a reflexão sobre os símbolos, espalhados pela cidade, que cultuam o passado. Neste caso, o passado de exploração e opressão.

Não podemos deixar de mencionar o interessante texto “D. João VI no Brasil”9, que trata da nossa independência. A vinda da família real para o Brasil, em 1808, significou a emancipação política, mas de uma forma peculiar: diferentemente do que acontece nos países vizinhos, em que foram rompidos os laços que os subordinavam às nações europeias. A diferença crucial é que, enquanto outras nações conquistavam sua independência nos campos de batalha, aqui foi o próprio governo metropolitano que, pressionado, viu-se obrigado a transformar a colônia em sede da monarquia, lançando as bases de sua autonomia. Caio Prado não cai na explicação fácil da ausência de lutas, de que não tivemos lutas internas; ao contrário, descreve com rigor as revoltas, a Balaiada, por exemplo. Mas mostra que nenhuma delas teve força e organização necessária para uma sublevação das massas. O principal aspecto da Balaiada foi a caudilhagem – e isso não permitiu que a revolta se convertesse em um movimento que pudesse ter resultados mais profundos.

Ainda nessa primeira parte, destaco o capítulo, “URSS: Um Novo Mundo”10, sobre a Revolução Russa. O relato da viagem que fez à terra de Dostoiévski impressiona pela sua observação aguda do que acontecia naquele momento e, mais ainda, pela descrição da participação dos trabalhadores no processo. No trem que o levava a Leningrado, Caio Prado pôde presenciar uma verdadeira assembleia política entre os passageiros, incluindo mulheres e empregados do trem, que participavam de um “debate acalorado” no qual palavras como socialismo, soviete, capitalismo eram ditas constantemente e com clareza do conteúdo.

Neste mesmo escrito, Caio Prado enaltece as transformações pelas quais está passando a sociedade soviética, “uma democracia das massas e não da minoria”. O socialismo é a expressão mais completa e perfeita que se pode imaginar para uma classe social nas condições do proletariado. Mas o mais importante não é debater o socialismo em si, mas o caminho que ele nos leva: as organizações políticas que levaram a sério a tarefa da condução para a realização de um programa. É mister, para uma sociedade comunista, uma transformação completa das ideias e concepções da humanidade atual. Enquanto domine o individualismo acentuado, fruto deste sistema, temos de compreender que uma sociedade comunista plena é impossível; antes é necessária a tarefa de reeducação dos homens e das mulheres sobre a base de uma solidariedade social compatível com essa nova sociedade. Nesse sentido, ele comunga com Antonio Gramsci (1891-1937) que fala da necessidade de uma reforma cultural e moral, pilar para a reeducação em uma sociedade comunista.

O livro-ensaio A revolução brasileira11, escrito em 1966, começa por discutir sobre o termo: revolução expressa o processo histórico marcado por “reformas e mudanças econômicas, sociais e políticas sucessivas” que dão origem a transformações estruturais da sociedade. Não é um momento de êxtase, mas todo o processo de construção. O ritmo da “história, não é uniforme”. Ao contrário; o texto, parece descrever as desventuras que vivemos nos dias de hoje. Afirma que o Brasil se encontra em um momento decisivo que leva a manifestações de descontentamentos e insatisfação generalizada. Situação que é causa e efeito da incoerência política, da ineficiência, dos desequilíbrios sociais, das crises econômicas e financeiras.

Em um tempo no qual se discute com tanto afinco o câncer da sociedade brasileira, o racismo estrutural, não poderíamos deixar de mencionar a passagem do texto “Vida Social e Política”12, em que Caio Prado (2020, p.168), ao discutir a formação e organização do Brasil, menciona a presença do negro e do escravo. Há que fazer uma distinção, diz ele, difícil, mas necessária, de como o escravo protagonizou a cena, mas o negro aparece em raras oportunidades. O papel do africano, diz ele, teria sido muito diferente na formação cultural da colônia se lhe tivesse sido concedida a mínima oportunidade para que se desenvolvesse. Elementos que ajudam a formular o “racismo estrutural” na sociedade brasileira.

A segunda parte do livro concentra os “Escritos filosóficos e manuscritos inéditos”. São quatro capítulos com passagens selecionadas de alguns de seus principais livros filosóficos: “Dialética do Conhecimento”13 (1952); “Notas introdutórias à Lógica Dialética”14 (1959); “O mundo do socialismo”15 (1962); e “Que é Filosofia”16 (1981). Traz ainda um derradeiro capítulo, “Cadernos e correspondências”17, com coletânea de manuscritos jamais publicados do autor, pertencentes ao Arquivo do Instituto de Estudos Brasileiros da USP.

Destaca-se “Carta ao Comitê Regional de São Paulo do Partido Comunista do Brasil” (novembro de 1932). Responde a uma comunicação interna em que é acusado de tentar fundar um periódico pequeno-burguês. A linha editorial é marxista-leninista, responde Caio Prado, e do contrário não lhe interessaria. Mas a obrigação de todo mundo é tentar, em lugar de cruzar os braços e declarar de antemão que atuar é inútil e impossível. “1937” (Paris, dezembro de 1937): escreve nessa pequena nota sobre a Revolução de 1930, no Brasil, e suas causas: a evolução centralizadora da política brasileira, provocada por vários fatores. Uma das causas é que não se extirpam velhos costumes de uma tradição do dia para a noite. As condições objetivas se haviam modificado profundamente, no entanto, não houve uma maturidade política no país. “Carta ao “companheiro” Evaldo da Silva Garcia”18 (maio de 1946) responde a uma pergunta dirigida a ele sobre sua posição política. Caio Prado responde: “continuo onde sempre estive, desde que me reconheço como gente, sou comunista, membro do PCB, tenho buscado aí harmonizar minhas convicções com uma linha política. Escrever, para um comunista, não é fazer o que lhe agrada, não é buscar louvores, é contribuir na formação e divulgação da teoria revolucionária do marxismo” (PRADO, 2020, p. 326).

“Dialética do conhecimento”19 (1952), sem alongar muito, destacamos como texto didático; faz uma breve apreciação do que seja o conhecimento metafísico e da diferença crucial para o conhecimento dialético. Qualquer leigo é capaz de compreender que o conhecimento metafísico não nos leva à compreensão completa e tampouco à necessária transformação. Parte de um exemplo simples, mas não simplista: o universo. O conhecimento metafísico é a consideração geral do universo; e o que constitui seu ponto de partida são sempre os indivíduos que compõem este universo, bem como a sua individualidade. Diferente do conhecimento dialético; a dialética não considera primeiro os indivíduos, seres, coisas, para depois considerar suas relações. Ou seja, a dialética em oposição ao método metafísico considera antes as relações, o “conjunto” e a unidade universal onde transcorrem tais relações. A dialética, afirma Caio Prado Jr., é essencialmente um método de pensamento e conhecimento.

No ensaio sobre o mundo do socialismo, o autor fala sobre países que visitou; diz que não os foi conhecer para julgá-los, mas, ao contrário, para analisar as soluções oferecidas nestes países aos problemas da revolução socialista. Interessam as lições que esses países deram, positiva e negativamente, no sentido de que cada qual “mostra o que se deve fazer e o que se deve evitar”. Mas o que é então o socialismo? Um mundo fundado em um princípio oposto, onde a cooperação entre os homens é o princípio do esforço comum, conjugado para os mesmos fins, que são de todos. Já sobre a questão da liberdade, ele faz um traço claro e definido do significado da liberdade individual nas democracias burguesas. Estas estão fundadas essencialmente nos interesses individuais, que se chocam com a liberdade dos outros indivíduos; que se restringem “desde o momento em que um começa a atuar e deve deter sua marcha pelos interesses contrários”. No socialismo, ao contrário, o ponto de partida é o interesse coletivo; a liberdade individual não é uma premissa. Por liberdade entende-se a faculdade, a possibilidade e a oportunidade de o indivíduo realizar-se. Portanto, a liberdade nas democracias burguesas não passa de ilusão – algo impossível de realizar-se plenamente.

O livro, que trata de tantos temas pertinentes aos dias de hoje, deveria ser amplamente divulgado aos falantes hispânicos, porque embora voltado a pensar o Brasil as questões e temas trabalhados pelo autor dizem respeito a toda a América Latina: as nossas colonizações, nossas organizações políticas e as nossas particularidades como continente. E, óbvio, aos lusófonos, para que aqueles que não tiveram acesso à obra completa do Caio Prado possam usufruir desses textos diversos e abrangentes, que ao fim e ao cabo dão um panorama do todo da obra do autor.

Referências

DEL ROIO, Marcos. “Sodré e o feudalismo no Brasil: uma tentativa de atualização do problema”. Revista Crítica de Sociologia e Políticavol.7, n.2, jul.-dez. 2016. Disponível em:

https://www.revistaterceiromilenio.uenf.br/index.php/rtm/article/download/1

13/89/. Acesso em: 21 dez. 2021.

GALEANO, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. México: Siglo Vientiuno, 2004.

MARTINS-FONTES, Yuri. O marxismo de Caio Prado e Mariátegui: formação do pensamento latino-americano contemporâneo. Orientador: Lincoln Ferreira Secco. 2015. 275f. Tese de doutoramento. Programa de Pós-Graduação em História Econômica, Universidade de São Paulo, São Paulo, 2015. Disponível em:

https://www.teses.usp.br/teses/disponiveis/8/8137/tde-01072015-143501/publico/2015_YuriMartinsFontesLeichsenring_VCorr.pdf.. Acesso em: 21 dez. 2021.

MARTINS-FONTES, Yuri. Marx na América: a práxis de Caio Prado e Mariátegui. São Paulo: Alameda, 2018.

PRADO JR., Caio. Caio Prado: Historia y Filosofía. São Paulo: Editorial Último Recurso/ Edições Núcleo Práxis-USP, 2020 (1ra edición).

ZAVALETA, René. La autodeterminación de las masas. Bogotá: Siglo del Hombre Editores/ Clacso, 2009. Disponível em: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/coedicion/zavaleta/. Acesso em: 21 dez. 2021.

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1Título em espanhol: Historia y Filosofía.

2 A Editorial Último Recurso é uma organização autogestionária, cuja base de atividade está nos princípios do conhecimento e na democratização do conhecimento.

3 Ver Martins-Fontes (2015).

4 Veja, por exemplo, o livro Marx na América: a práxis de Caio Prado e Mariategui de Yuri Martins-Fontes, Alameda/Fapesp, 2018.

5 A primeira parte do livro, compõe-se de cinco capítulos, escritos em momentos distintos. Capítulo 1 Evolução política do Brasil (1933); Capítulo 2 URSS um novo mundo (1934); Capítulo 3 Formação do Brasil contemporâneo (1942); Capítulo 4 História econômica do Brasil (1945/1976) e Capítulo 5 A revolução brasileira (1966).

6 Abigarradas, porque são sociedades heterogêneas, com diversas culturas e modo de produção: ocorreram em um mesmo cenário o feudalismo e o capitalismo superpostos, o que proporcionou por exemplo, que Potosí, o maior caso de descampesinização colonial (Zavaleta, 2009).

7 La sociedad colonial. In: Capítulo 3. Formación del Brasil Contemporáneo (1942).

8 A Estátua, localizada na Praça Augusto Tortorelo de Araújo, no bairro de Santo Amaro – São Paulo, é uma homenagem a Borba Gato (1628-1718), bandeirante paulista, cuja proeza além de caçar indígenas e escravos fugidos, era desbravar o sertão em busca de ouro e diamantes. Um movimento autointitulado “Revolução Periférica” ateou fogo na estátua em julho de 2021, como protesto ao símbolo que representa essa forma de opressão.

9 D. João VI en Brasil. In: Capítulo 1 Evolución Política del Brasil (1933).

10 Capítulo 2 URSS Un Nuevo Mundo (1934)

11 Capítulo 5 La revolución Brasileña (1966)

12 Vida social y Política In: Capítulo 3 Formación del Brasil Contemporáneo (1942).

13 Dialéctica del Conocimiento.

14 Notas Introductorias a la Lógica Dialéctica.

15 El Mundo del Socialismo.

16 Qué es la Filosofía.

17 Cuadernos y Correspondencia.

18 Carta al “compañero” Evaldo da Silva Garcia.

19 Dialectica del Conocimiento.

 

 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Un establiment de la cadena catalana de fleques utilitza la denominació del barceloní carrer Consell de Cent de l’època de Franco

A la dictadura del criminal Francisco Franco tot es castellanitzava o enaltia el feixisme. Noms de poblacions « San Cucufate del Vallés » (Sant Cugat), « San Baudilio del Llobregat » (Sant Boi), els noms propis, per descomptat, els « Pere » passaven a ser « Pedro », volguessin o no, i també els carrers es dedicaven a personalitats enaltides pel feixisme com l’escriptor Ramiro de Maetzu o el polític Juan Vázquez de Mella, mort el 1928, però conegut pel seu tradicionalisme i per ser l’ideòleg del carlisme durant la restauració espanyola.

En el 1975, o més avall en el temps, també estan els propietaris del ‘Fornet’, la cadena catalana de fleques. Tal com mostra un client a Instagram, a l’encapçalament de la seva factura hi figura com adreça d’un dels seus locals a Barcelona, el carrer « Consejo de ciento », denominació del catalaníssim Consell de Cent de Barcelona, a l’època del dictador Franco. ‘El Fornet’ té el web en català i els seus establiments estan correctament retolats en català, malgrat que, com sol passar en aquestes cadenes de restauració, en alguns dels seus establiments el personal que atèn de cara el públic no és que no parli en català, sinó, que afirma que no l’entén, vulnerant els drets lingüístics del consumidor que ha d’optar per assenyalar el què vol, pronunciar-ho a poc a poc i els més malacostumats, es passen al castellà en un gest de falsa bona educació.

[Foto: Instagram @sarro_magallan – font: http://www.racocatala.cat]

L’himne nacional s’interpretarà en castellà i en l’idioma originari de la zona

El govern del Perú ha aprovat un decret per fomentar les llengües autòctones del país que estableix, entre altres mesures, que tothom té dret a utilitzar el seu idioma originari en els àmbits públics i privats i, per tant, a ser atès en la seva llengua per l’administració.

Per poder complir aquesta norma, es posarà en marxa un Registre de Servidors Públics Bilingües format per treballadors competents en les 47 llengües autòctones dels 55 pobles originaris que s’estima que hi ha al Perú. L’administració posarà, a més, a l’abast dels ciutadans, els mitjans de traducció directa o inversa que calgui per poder garantir l’exercici dels drets lingüístics.

Les llengües originàries seran oficials als llocs on siguin predominants i l’Estat garantirà l’accés a la salut, la justícia i l’educació dels ciutadans en el seu idioma. Amb aquesta llei, el Ministeri de Cultura peruà s’ha proposat promoure la riquesa lingüística del país i trencar amb el monopoli del castellà com a llengua de l’esfera pública.

La nova llei estableix una mesura amb un important impacte simbòlic per als peruans de llengua diferent del castellà. La norma preveu que l’himne nacional del Perú s’ha d’interpretar en castellà i en la llengua autòctona predominant a la zona on es faci l’acte en què hi hagi un acte on, segons el protocol, s’hi hagi de cantar l’himne.

 

[Font: http://www.diaridelallengua.cat]

El pleno reconocimiento institucional de la multiplicidad de idiomas en España sigue siendo una asignatura pendiente; la imposición forzosa de una con prioridad sobre las otras solo genera hostilidad

El diputado de la CUP Albert Botran, durante la intervención en la que se le retiró la palabra por hablar en catalán, el pasado 17 de mayo.

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En España hemos normalizado que la diversidad lingüística se resuelva en una lucha por la hegemonía. Sin embargo, este semillero de opresión social y política sigue sin encararse con madurez en la agenda política. Hace nueve años, los diputados de ERC Alfred Bosch y Joan Tardà vieron retirada su palabra con amable paternalismo por Jesús Posada, presidente del Congreso, por intervenir en catalán desde la tribuna del hemiciclo. Hace unos dos años el diputado del BNG Néstor Rego, y más recientemente el diputado de la CUP Albert Botran, fueron silenciados con aún mayor rigidez normativa por la actual presidenta del Congreso al negarse a emplear el castellano en sus discursos. El último incidente, aparte de pasmar a prensas extranjeras como la suiza, ha motivado que varias fuerzas políticas eleven una proposición de reforma del Reglamento parlamentario que determina el manejo de las lenguas reconocidas por la Constitución —que por otro lado, no son todas las que actualmente se hablan en nuestro país—, a imitación del que ya se aplica en el Senado. Pero todo parece indicar que el gatopardismo seguirá sojuzgando en esta materia desde la atalaya de un sedicente pragmatismo.

Esta secuencia de incidentes revela que el pleno reconocimiento institucional de la multiplicidad de lenguas en España sigue siendo una de las asignaturas pendientes del pacto constitucional del 78. La anomalía democrática que supone la censura de lenguas distintas del castellano en los órganos de la soberanía nacional confirma que los viejos odres de la revolución pasiva franquista, cuyo alcance ha analizado con perspicacia José Luis Villacañas, siguen orientando el marco ideológico desde el que se administra la visibilidad pública de estos vehículos de comunicación. Las pautas de protección de las lenguas cooficiales han fomentado durante más de cuatro décadas su encapsulamiento territorial como lenguas minoritarias, en lugar de arbitrar los cauces estructurales para extender su conocimiento en toda la nación y facilitar su coexistencia en los planes de estudio de todos los niveles educativos. Se ha optado por una política de cuotas con fundamento jurídico, pero escasa implantación social, que ha incentivado además que las lenguas periféricas pretendan reforzar su uso asumiendo ese mismo código, una perversión que expertos como Albert Branchadell han subrayado con acierto.

Aún estamos a la espera de que las oposiciones a profesorado en los centros de enseñanza estatales incluyan, siguiendo el ejemplo del Instituto Cervantes, plazas docentes de catalán/valenciano, gallego y euskera para dar cobertura a la demanda, por marginal que sea al comienzo, de los estudiantes interesados en compatibilizar el conocimiento de lenguas europeas con el de otras lenguas del Estado que no sean el castellano. Asimismo, las lenguas no sobreviven ni se fortalecen únicamente porque normas jurídicas las avalen y protejan. Si no circulan habitualmente en el medio social y cultural, su empleo se irá reduciendo tendencialmente. Por ello mismo, los medios y plataformas audiovisuales son una herramienta clave para la materialización del multilingüismo, aunque no se aprecian iniciativas en esta dirección, pues la apuesta por el valor seguro impera en este ámbito. Fenómenos como Alcarràs no dejan de ser atípicos. Abordar los problemas planteados por la variedad de lenguas nacionales desde normativas troqueladas por una ideología monolingüista propicia la extensión de un sentido común que impide percibir la violencia que encierra el “bilingüismo vertical”, por decirlo con Zumthor, establecido por la aplicación vigente de la Constitución. En efecto, la interpretación dominante del preámbulo de esta norma supone que las lenguas cooficiales en algunas autonomías rindan vasallaje a la única lengua oficial en el resto del país, una injusticia hermenéutica que solo inyecta resentimiento en la convivencia democrática.

La invención de una tradición que privilegia a una lengua sobre aquellas otras con que comparte un mismo ordenamiento político ha promovido el olvido de las asentadas experiencias de cohabitación idiomática que encontramos, por ejemplo, en el teatro del literato portugués bilingüe Gil Vicente, en cuyo Auto da Fama los personajes usan distintas lenguas —castellano, italiano y francés— según su origen. También quedan muy lejos de nosotros decisiones como la que llevó al paladín del toscano frente a la autoridad del latín que fue Dante a presentar al trovador Arnaut Daniel en el canto XXVI del Purgatorio pronunciando unos versos en su lengua, el provenzal. Para estos autores, la holgada “competencia analítica” que nos permite entender lenguas que no hablamos con destreza, que lingüistas como Juan Carlos Moreno Cabrera han preconizado ejercitar en la escuela y la calle, no era una quimera, sino una realidad social.

El espacio literario del Medievo y del Renacimiento concebía como un beneficio ser hablante pasivo de otras lenguas amén de la propia. Una preocupante regresión ha debido de ocurrir para que la pluralidad lingüística usual antaño sea recibida hogaño —en un contexto democrático, además— como antesala de una pugna de la que solo una lengua puede declararse triunfante, sometiendo al resto. La práctica de un multilingüismo sostenible transformaría de manera constructiva nuestras demandas de vertebración nacional. En cambio, la imposición forzosa de las lenguas solo siembra hostilidad entre los pueblos, de manera solapada e irreversible.

Nuria Sánchez Madrid es profesora del Departamento de Filosofía y Sociedad de la Universidad Complutense de Madrid.

 

[Foto: CONGRESO (EUROPA PRESS) – fuente: http://www.elpais.com]

Certaines personnes bilingues ont bien l’impression d’avoir deux personnalités différentes.

L'interprétation d'un même évènement peut être différente selon la langue parlée. | TheDigitalArtist via Pixabay

L’interprétation d’un même évènement peut être différente selon la langue parlée. | TheDigitalArtist via Pixabay

Écrit par Nina Bailly

«​​​Qu’y a-t-il dans un nom? Ce que nous appelons rose
Par n’importe quel autre nom sentirait aussi bon.
»

Au-delà du caractère poétique de ces mots, ce que Wiliam Shakespeare fait dire à Juliette Capulet dans sa pièce la plus célèbre n’est en réalité pas tout à fait exact. On sait désormais que la langue que nous parlons agit sur nos pensées au point d’avoir un impact sur nos représentations, nos réactions et même nos capacités cognitives. Autrement dit, nos visions du monde sont influencées par la langue que nous utilisons.

Peut-être avez-vous déjà entendu parler de la fameuse «hypothèse de Sapir-Whorf». Devant son nom aux deux anthropologues qui l’ont formulée dans les années 1960, elle affirme justement que notre vision du monde dépend de la langue ou des langues employées au quotidien. Mais cette idée, également connue sous le nom de «relativité linguistique», n’est pas contemporaine. «Elle traîne depuis des siècles, voire des millénaires. Sapir et Whorf l’ont seulement réactualisée», affirme Agnès Steuckardt, professeure de sciences du langage à l’université Paul Valéry de Montpellier.

La linguiste explique que dès le XVIIIe siècle, le philosophe allemand Wilhelm von Humboldt affirmait que notre représentation du monde dépendait du langage, une idée qui revient aussi aujourd’hui avec le concept de «langue culture». Le constat est donc plutôt consensuel. La véritable question est plutôt de savoir: jusqu’à quel point?

Le rapport à l’espace et au temps

Lera Boroditsky, scientifique née en Ukraine, travaille sur le langage et la cognition. Elle a mené avec son équipe de nombreuses recherches sur la question de la relativité linguistique, en constituant une base de données expérimentales. Elle a notamment documenté, parmi les influences des langues sur nos représentations, celles portant sur le temps et l’espace. L’un des exemples les plus parlants est celui d’une communauté aborigène australienne: les Thaayorre. En kuuk-thaayore, qui appartient à la famille des langues pama-nyungan, on utilise beaucoup les points cardinaux pour s’exprimer.

Pour se saluer, par exemple, les Thaayorre ne demandent pas comment se porte leur interlocuteur, mais dans quelle direction il se rend, ce à quoi ce dernier répondra systématiquement par une direction précise. Ainsi, des expériences menées avec des locuteurs d’autres langues ont montré que cet usage avait engendré une différence cognitive: contrairement aux autres participants, les Thaayorre sont capables de s’orienter très précisément dans l’espace, dès leur plus jeune âge.

Ce n’est pas tout: lorsqu’un Thaayorre représente le temps dans l’espace, il le fait d’est en ouest. Aussi, si le sujet se trouve face au sud, sa représentation du temps ira de gauche à droite; s’il se situe face au nord, l’inverse; face à l’est, le temps ira de l’avant du corps jusqu’à l’arrière; et inversement face à l’ouest. La majorité des personnes francophones ou anglophones, comme bien d’autres, représentent quant à elles le temps de la gauche vers la droite.

Dans le cas que nous connaissons, le nôtre, si la position du corps change, la direction du temps reste la même. Dans celui des Thaayorre, le repère est la personne qui s’exprime, et la direction du temps change par rapport à elle, ce qui induit une représentation du monde égocentrique: le sujet est au centre du monde.

Dans une conférence donnée à San Francisco en octobre 2010, Lera Boroditsky évoque une campagne publicitaire de Nestlé pour des compléments alimentaires représentant la croissance d’un enfant.

Campagne publicitaire pour compléments alimentaires Nestlé. | Capture d’écran Long Now Foundation via YouTube

Cette campagne n’a pas été interprétée de la même manière dans les différentes régions du monde où elle a été diffusée. Cela s’explique par le fait que certaines langues induisent une représentation du temps allant de la droite vers la gauche (en arabe et en hébreu notamment), puisqu’elles s’écrivent de cette façon. Aussi, pour les personnes qui parlent ces langues, le message peut paraître tout à fait différent, voire lugubre.

Interprétation et description

Lera Boroditsky évoque dans cette même conférence un autre aspect de la relativité linguistique qui peut être lourd de conséquences: l’interprétation d’un même événement dépend également de la langue. Chaque système grammatical accorde une place différente au sujet d’une action. Ainsi, certaines langues auront tendance à utiliser des formes grammaticales qui mettent en avant le sujet (voix active), comme par exemple l’anglais. D’autres, comme l’espagnol, préféreront la voix passive.

Prenons l’exemple d’un accident où une personne que l’on appellera Julia fait tomber un vase, qui se casse. Si un anglophone est amené à décrire l’événement il utilisera certainement une phrase telle que «Julia a cassé le vase». En revanche, un hispanophone préférera «Le vase s’est cassé». Les langues qui utilisent la voix passive sont majoritaires dans le monde, donc, pour de nombreuses personnes, une construction telle que «I broke my arm», qui signifie littéralement en français «J’ai cassé mon bras», est insensée, puisqu’elle suppose que l’action est intentionnelle.

Lorsque le procès-verbal contient une forme active, l’accusé est plus fréquemment déclaré coupable que s’il contient une forme passive.

Dans une expérience, Lera Boroditsky et son équipe ont montré à plusieurs personnes deux vidéos: l’une d’une action intentionnelle (un homme qui éclate un ballon de baudruche avec un crayon), l’autre accidentelle (un homme qui, sans le vouloir, fait éclater un ballon de baudruche). 80% des anglophones ont décrit la vidéo de l’accident en utilisant une forme active, contre environ 63% des hispanophones. Lorsqu’on demandait aux participants, après avoir regardé les vidéos, de choisir parmi deux photos celle de la personne ayant éclaté le ballon par accident, environ 74% des hispanophones étaient capables de la reconnaître, contre environ 82% des anglophones.

Ces différences grammaticales ont des conséquences en matière de droit. En comparant 200.000 comptes-rendus de procès du tribunal pénal de Londres, les chercheurs ont observé que lorsque le procès-verbal contient une forme active, du type «Julia a cassé le vase», l’accusé est plus fréquemment déclaré coupable que s’il contient une forme passive.

Cognition et connotation

Un autre exemple montrant l’impact de la langue sur les capacités cognitives, que Lera Boroditsky qualifie «d’effets précoces», est celui de la description des couleurs. En russe, il existe deux mots différents pour les nuances de bleu, tandis qu’il n’y en a qu’un seul en anglais.

L’équipe de recherche a demandé à des russophones et des anglophones de trouver parmi trois carrés bleus, dont deux avaient la même teinte et un autre une teinte soit légèrement plus foncée soit plus claire, lequel était l’intrus, comme dans l’image ci-dessous.

Expérience proposée à des participants russophones et anglophones. | Capture d’écran Long Now Foundation via YouTube

Les participants devaient répondre le plus rapidement possible. Il se trouve que les russophones étaient plus rapides que les anglophones, et ce, même en neutralisant le plus possible la variable du langage, c’est-à-dire en leur faisant réciter une série de nombres à haute voix pendant l’exercice.

La langue parlée construit également des connotations différentes. Par exemple, dans de nombreuses langues latines ou encore en russe, les noms communs sont genrés. Ainsi, ils sont associés à des représentations selon que leur genre est féminin ou masculin (souvent au détriment des noms associés au premier).

Les études sur la relativité linguistique montrent qu’il existe autant d’univers cognitifs que de langues.

On peut en illustrer l’impact avec l’exemple de Michel-Ange qui, au XVIe siècle, a réalisé plusieurs sculptures pour représenter différents moments de la journée: l’aube, le jour, le crépuscule et la nuit. L’artiste a représenté une femme pour le premier et le dernier stade, et un homme pour le jour et le crépuscule, selon le genre de ces mots en latin. Comme tous les noms en latin ou en russe ont un genre, ils sont tous associés à des connotations, ce qui signifie que cela affecte tout ce qui peut être désigné par un nom dans le monde.

Langage et pensée sont interdépendants

Toutes ces expériences montrent l’ampleur de l’influence des langues sur nos représentations du monde et l’imbrication constante entre la pensée et le langage. Agnès Steuckardt explique que cela va à l’encontre de la pensée classique: selon les représentations platonicienne et cartésienne de la pensée, le langage préexiste à celle-ci (souvenez-vous du le mythe de la caverne).

«C’est une idée reçue très ancrée», explique la linguiste. «Elle s’illustre d’ailleurs par des expressions telle que “Je l’ai sur le bout de la langue.”» En vérité, on ne peut pas affirmer que les idées préexistent au langage, ou que le langage préexiste à la pensée; il s’agit plutôt d’une interaction constante entre les deux.

Selon Lera Boroditsky, les études sur la relativité linguistique montrent qu’il existe autant d’univers cognitifs que de langues, soit environ 7.000. Mais cette diversité va en diminuant, puisque certains experts estiment que la moitié d’entre elles auront malheureusement disparu dans un siècle.

 

[Source : http://www.slate.fr]

Antoine Gallimard

 

Escrito por Alejandro Luque

Más que un hombre de libros, a primera vista Antoine Gallimard (París, 1947) parece una figura cinematográfica. Tal vez un personaje de la nouvelle vague. Elegante, de ojos pequeños y vivos y con una sonrisa amable dibujada en el rostro, este editor que pasea tranquilamente por el hotel Barceló Renacimiento de Sevilla es el heredero de una editorial, Gallimard, que tiene ya un siglo y sigue estando a la cabeza del sector en Francia —junto a las poderosas Hachette y Editis— con más de cuarenta mil títulos. En su catálogo figuran desde los grandes nombres de la literatura francesa (Marcel ProustJules SupervielleAndré MalrauxAntoine de Saint-Exupéry) a un buen montón de premios Nobel de todo el mundo, incluidos algunos en español como Octavio Paz o Mario Vargas Llosa

Se dice que fue el favorito de su abuelo, el legendario Gaston Gallimard, fundador de la casa, pero lo cierto es que llegó a dirigir la empresa familiar después de sonadas disputas entre los herederos de aquel, hasta imponer la paz social. Invitado por las Converses de Formentor, Antoine Gallimard accede a conversar con Jot Down en un espacio reservado, inundado por el potente sol del mediodía sevillano. Comparece escoltado por Gustavo Guerrero, uno de sus hombres de confianza para el mundo hispano, que se limitará a apuntarle algún nombre. Y, a pesar del calor que pronto empezará a hacer en la sala, no se quita en ningún momento la chaqueta. 

Antes de empezar la entrevista, ¿hay alguna pregunta sobre su editorial que preferiría que no le hiciera?

Es una buena pregunta [deja una larga pausa]. Es a la vez una pregunta que me hago y que no me he hecho lo suficiente… Diría que, en mi vida, por amor a mi abuelo, a mi familia, he peleado para conservar la independencia de mi editorial familiar. Me ha gustado hacerla crecer para protegerme frente a las grandes potencias financieras, frente a los grandes grupos empresariales. He luchado por mantener esa editorial, y ha sido difícil a veces. Ahora mi madre me dice que tengo que retirarme, que hay que pensar en la siguiente generación. Esa sería una buena pregunta, pero me resulta difícil hacérmela…

Era la pregunta que tenía reservada para el final.

Es verdad que no es porque yo sea editor, mi padre lo era, mi abuelo lo era y montó esta editorial, pero un colega alemán, [Heinrich Maria] Ledig-Rowohlt, afirmaba que hacen falta al menos cuarenta años para convertirse en editor. Creo que, en efecto, se necesita tiempo. Porque hace falta que uno entienda su época, no necesariamente adaptarse a ella, pero sí seguirla, comprenderla. Y está bien coger siempre lo mejor de la generación anterior, comprender los fracasos, los éxitos… Es todo un bagaje. Está muy bien ser un joven editor loco, pero los viejos editores también tienen su calidad.

¿Cuál es la condición esencial para que una editorial perdure cien años?

Lo esencial es no ser víctima de las emociones. Saber casar de forma inteligente los libros exitosos y los fallidos, los que no tienen éxito. Tener pasión. Creer en el oficio. Cuando se publica a algún buen autor y no funciona en el mercado, hay que seguir publicándolo. Y eso es muy difícil hoy en día, cuando todo es tan precipitado. Una editorial publicaba a Faulkner durante años y no se vendía, hasta que empezó a tener éxito en Francia. Publicar a autores que no son necesariamente un éxito en el primer momento, pero que finalmente acaban leyéndose: de eso se trata. Creo que es cuestión de paciencia. Y de perseverancia. También de curiosidad.

¿Esa es otra clave, la curiosidad?

Es clave. Hay que leer revistas, leer más, ir al cine, ir al teatro, ver a los amigos y también a los enemigos.

Antoine Gallimard

Usted salvó una editorial que se hallaba en dificultades por un conflicto familiar. ¿Qué supo hacer usted que sus predecesores no supieron hacer?

Seguro que supieron hacer otras cosas… [reflexiona] Mi padre, la segunda generación, Claude Gallimard, estaba compitiendo con su primo, Michel Gallimard, que se mató junto a Camus en 1960. Creo que sufrió por esa competición. En la familia siempre hay cierta competición, y es verdad que eso hace sufrir. Al mismo tiempo… Es siempre complicado… Nada es fácil, nada es simple, sea una pelea familiar o entre amigos. Tal vez no se puedan evitar los conflictos. ¿Sabe lo que dice Lao-Tse? «Solo el ejército victorioso está triste por haber librado batalla». Yo he librado batallas con mi hermano. Me puso triste, prefería haberlo evitado. Me habría gustado más estar con los autores. Pensaba que mi editorial no debía seguir ese modelo del gran lobo que domina la distribución, los mercados, que está en todas partes, de la distribución al marketing. Yo tenía el idealismo o la inocencia de pensar que se pueden producir libros de calidad y tener éxito. Bien. No siempre. Se ven pequeñas editoriales que no han tenido éxito y que yo puedo reflotar, una editorial pequeña como P.O.L. Pienso que existe una cierta realidad y que al mismo tiempo no se debe ser demasiado prisionero de ella, que hay que hacer también cosas que acaben en fracaso. Los hombres de negocios deberían tener más fracasos de los que tienen hoy. El dinero hoy es, en exceso, la expresión de un éxito un poco vano… Es verdad, están los mercados, ¡los mercados! Hoy en Francia, creo que también en España, las librerías funcionan bien; en Francia hay nuevas librerías pequeñas. Este año han abierto sesenta. Es fantástico.

Usted se siente cercano a su abuelo, Gaston Gallimard. ¿Cuán a menudo se acuerda de él? ¿Qué rasgo de su personalidad evoca mejor?

Siempre tenía una sonrisa en los labios. Podía ser duro, podía montar en cólera, pero tenía humor. Era travieso, podía burlarse de la gente, se podía burlar de mí, que era muy joven, y al mismo tiempo era sensible al matiz, sensible a la personalidad, a la música que cada cual tocara… Tenía algo que hoy es mucho menos corriente: la capacidad para detectar que cada ser tiene su singularidad. No había redes sociales. Había combates políticos; le había marcado mucho en Francia el asunto Dreyfus, de eso me hablaba a menudo. A mí me marcó Mayo del 68, soy de esa generación. Me decía: «Tú hablas del 68, pero el asunto Dreyfus era igual de importante que el 68». Lo interesante es el momento en el que se rompe una sociedad, eso ocurrió en 1968, y con el asunto Dreyfus también. Y eso lo marcó.

¿Lo marcó también como editor?

Él tenía una enorme curiosidad. Él siempre me preguntaba qué leía, si leía a los de mi generación. Era el único que me lo preguntaba. Se pregunta poco a los jóvenes de veinte o veinticinco años qué leen. Hoy se lee menos. También es verdad que su época era muy literaria. Los escritores tenían una fama extraordinaria e influían en la vida política. Hoy lo que influye en la vida política son las redes sociales, ya no son los escritores, lamentablemente. Por eso es importante mantener revistas como Jot Down, pequeños contrafuegos. Pequeños contrafuegos, eso es. Me gusta mucho esa idea de pequeñas agrupaciones, pequeñas redes de resistencia que no dan su nombre. Todos tenemos necesidad unos de otros frente a la falta de educación, al analfabetismo funcional, esa ley del mercado que es demasiado fuerte. Y es un poco ridículo que lo diga yo, que hoy tengo una gran editorial exitosa. Pero puedo sufrir también bajo el mercado. Junto con Gustavo Guerrero, hemos elegido autores por lo que son, y no necesariamente pensando en el dinero. Cuando fichamos a Manuel Rivas o Javier Marías es porque realmente creemos en ellos. Cuando fichamos a Karina Sainz Borgo, también.

Incluso si un editor acierta mucho, siempre se recuerdan sus errores, ¿no? En el caso de Gallimard, cuando André Gide rechazó a Marcel Proust…

Voy a decir una cosa: cuando usted tiene cierta fama, es algo un poco pesado para los demás. La reputación no debe ocupar demasiado espacio: eso crea celos, envidias, y se vuelve insoportable. Es normal que pueda haber errores. Creo que la gran fuerza de la editorial no es haber cometido esos errores, sino haber sido capaz de corregirlos y de reconocerlos. Mi abuelo, Gaston, cuando se dio cuenta de que había rechazado En busca del tiempo perdido, se fue él mismo, con una carretilla, a buscar los ejemplares publicados por Marcel Proust a cuenta de autor, es decir, pagando el autor, en Grasset, los buscó y se los llevó a casa para destruirlos y editar el libro él mismo [risas]. Sí, sí, él mismo. Vale, hubo errores, pero la gran suerte de la editorial era poder corregirlos. Y a los colegas de la profesión no les gustaba la editorial Gallimard precisamente por tener esa fuerza, a la par que esa seducción, esa perseverancia para fichar a Giono, a André Malraux… Ficharon a mucha gente, también en el extranjero. Publicaron a Faulkner, por ejemplo. Claro que no están todos: no tuvimos a Beckett. Pero hoy en día, cuando tengo la oportunidad de adquirir editoriales pequeñas, compré Les Éditions de Minuit y metí a Beckett en la colección La Pléiade. Es un trabajo de no ser pretencioso, de modestia, de tomarse uno su tiempo para saber lo que hace. Hay que reflexionar juntos, con un juicio, con un gusto… Uno se puede equivocar en una cosa y acertar en otra. Hoy se mezcla todo eso, hay una precipitación. El inglés domina mucho hoy en día, y aplasta a las otras lenguas, el francés, el alemán, el italiano. Al español no, porque es la segunda lengua [mundial]. Yo intento evitar que el inglés esté en todas partes. En lugar de la concentración hay que ir a la literatura que sufre un poco, darle el sitio que se le puede ofrecer en difusión y distribución. Es un trabajo permanente.

Antoine Gallimard

Se dice que Gallimard monopolizaba los premios Goncourt. ¿Cree que su abuelo controlaba de veras el jurado?

[Risas] Sabe, creo que las redes de influencia de la época consistían en tener amigos, buenos amigos. Se hablaba de eso, se decía que había que poner fin a las redes de influencia, se acusaba de comprar al jurado, etcétera… Pero él hacía eso con su encanto. Había otras editoriales, como Grasset, que hacían mucho. También estaba el dinero. Conozco a un editor que le pagaba obras a alguien… [risas] Todo eso ha terminado, pero nada impide que haya amistades, relaciones interesadas o no, como todo en la vida. Pienso que la editorial publica mucho, se escoge bien, y es también un poco la herencia de este éxito. Respecto al premio, a nivel internacional es verdad que los jurados se han renovado, hay jurados populares. También los hay en Francia, de una radio, de la televisión, son todo jurados populares. Queda el Goncourt, que representa un gran éxito, porque se ha establecido así, pero a la vez también es una especie de símbolo, el hecho de que haya influencias a todos los niveles, quizá eso también contribuya a que sea el Goncourt. Porque no se trata de elegir un buen libro. La televisión está ahí, y no es todo tan simple. Hoy, las cosas son más claras. La influencia de los editores sigue ahí, pero mucho menos que antes.

De todas formas, su editorial acapara el mismo número de premios Nobel que de Goncourt. ¿También tiene comprada la Academia Sueca?

¿Ve? Ahí tampoco se puede decir, es imposible. Y este año, si yo fuera un poco más influyente, le habría dado el Nobel a Annie Ernaux.

Caerá el año que viene…

[Risas] Es terrible el Nobel, porque cuenta más que el Goncourt, es mundial. Michel Tournier se fue a vivir a Estocolmo para conseguirlo, para hacerle la corte al jurado. Octavio Paz lo consiguió, pero Carlos Fuentes no. Es terrible, todos los que no lo obtuvieron…

Hay cuarenta premios Nobel en el catálogo de Gallimard, ¿no?

Correcto, y con el Goncourt una cifra similar. Pero al mismo tiempo es terrible, porque se nos mira mal. Con el Nobel, vale, pero con el Goncourt es complicado, porque la editorial tiene demasiados autores que lo han recibido. Y hay quien dice: «Basta ya de Gallimard», «Gallimard y sus trucos, basta ya», «No queremos más Gallimard». Quizá me debería exiliar [risas].

¿Siente usted celos o envidia de otras editoriales? ¿Qué autores le habría gustado tener en el catálogo, sin conseguirlo?

Los celos y la envidia siempre son muy fuertes, sí, también en mi caso. Se dice a menudo que la primera generación crea, la segunda conserva y la tercera destruye la empresa. Yo soy la tercera generación, y no ha ocurrido. Y eso es insoportable para algunos. Debería haber ocurrido, y eso le molesta a mucha gente. De la cuarta generación ni hablamos [risas]. Creo que hay celos, pero, el día que yo ya no esté, la gente me echará un poquito de menos. Eso es lo que uno siempre quiere pensar, que empiecen a apreciarte entonces.

Pero estábamos hablando de autores…

Los autores que me habría gustado tener y que se nos han escapado: en su época era Beckett, no es mi generación, pero estoy muy contento de haberlo conseguido finalmente. Tengo un instrumento de seducción importante que es La Pléiade. Me habría gustado haber tenido a García Márquez, quizá a más latinoamericanos. Y contemporáneos… hay muchos. Nos gusta acompañar a los autores. Hemos acompañado a Mario Vargas Llosa toda su vida, a Octavio Paz, a Neruda. Me encanta Neruda, me habría gustado conocerlo mejor, un hombre y una obra tan fuerte. Pero los que me habría gustado tener y no hemos conseguido… En Francia sería Emmanuel Carrère, que está en P.O.L. Y Houellebecq, pero está en Flammarion [ambas editoriales compradas recientemente por Gallimard].

En el prólogo de la biografía de su abuelo escrita por Pierre Assouline, Rafael Conte, célebre crítico español, preguntaba por qué en La Pléiade no hay mucha literatura en español. Desde aquí hay mucho interés por la literatura francesa, pero no parece que sea algo mutuo, ¿no?

Están los latinoamericanos, está Borges, está Paz… Es que La Pléiade ha sido una colección que durante mucho tiempo se interesó más por las obras clásicas; contemporáneas, pero antiguas. No había, como hoy, una búsqueda del talento emergente.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Gallimard siguió una línea ambigua respecto a la ocupación alemana. ¿Cree que era la única manera posible de actuar?

No voy a juzgarlo, porque para juzgar hay que estar en esa misma situación. Su preocupación era que la editorial no cerrase y no colaborar con los alemanes. Publicaba libros alemanes, pero clásicos, no contemporáneos. En esa época no publicaba a Céline; era Denoël quien publicaba a Céline. Fichó a Céline en la posguerra, cuando Denoël dejó de hacerlo. Tenía miedo por su editorial, no quería que se la cerrasen. Tenía un colaborador, [Jean] Paulhan, que era conocido como miembro de la resistencia y él mismo publicaba a autores como Camus o Malraux, que no era algo obvio en esa época. Es verdad que la revista NRF la dirigía Drieu la Rochelle, y se puede pensar que eso era colaborar, pero nunca publicó textos hitlerianos o pronazis, para nada. Gallimard no estaba nada en ese bando, no colaboraba, protegía sobre todo su editorial, y publicaba, pese a todo, a Malraux y Camus, e incluso textos de Saint-Exupéry. Es complejo, pero el hecho de no cerrar su editorial no convierte a un editor en colaboracionista.

Antoine Gallimard

¿Qué libros favoritos tiene, hoy en día, la extrema derecha francesa? Es más: ¿leen?

La cultura en Francia no es el estandarte solo de la izquierda, también lo es de la derecha. Hoy en día, la izquierda y la derecha se borran un poco dando lugar más a una rivalidad entre comunidades, entre intelectuales, por las redes sociales, lo que moviliza a la gente son las historias alrededor del racismo, del sexismo, los trans, las redes LGBT… En mi época era más sobre el colonialismo, la salida de las colonias, el capitalismo salvaje, el comunismo excesivo, el colectivismo… Hoy existe menos esa frontera liberal/antiliberal, y más de temas que vienen especialmente de Estados Unidos, donde se considera que para traducir un poema de un black hay que ser black. No se puede traducir la biografía de Philip Roth porque el traductor habría cometido tocamientos sexuales a una chica… Es absurdo. Tal vez exista lo mismo en España con los autonomistas, independentistas o nacionalistas. Es una especie de mal contemporáneo que afecta a toda Europa, no solo Francia o España, y me parece muy peligroso porque inyecta mucha violencia en el debate sobre las diferencias ideológicas, la posición en la sociedad, su estilo de vida.

Usted tenía doce años cuando tuvo lugar la muerte trágica de su tío Michel con Albert Camus en accidente de coche, en 1960. ¿Cómo se ha recordado este hecho en su familia?

Camus era un trueno. Un terremoto. Albert Camus era muy cercano a mi familia, muy cercano a Gaston Gallimard, mi abuelo, de Michel, de Claude, quizá un poco más de Michel que de Claude. Fue una gran pérdida. Michel Gallimard, el editor, y el autor que se muere, Camus, eran esenciales para la editorial, porque representaban esa nueva generación, con una moralidad legendaria, un estilo maravilloso. Camus era a la vez editor y autor, llevaba a cuestas el peso de la empresa para darle la mayor fuerza intelectual posible, y tenía mucha carrera por delante, estaba cambiando, acababa de terminar El primer hombre. Fue sumamente triste, una tragedia. La editorial estuvo de luto durante años por esa desaparición trágica, de una manera tan brutal como ocurrió; era muy duro. Pero la editorial se recuperó, y hoy en día Camus es el autor más leído del catálogo, pero la tragedia sigue ahí y pensamos mucho en ella.

Es uno de los autores que todavía hablan al lector de hoy, ¿verdad?

Sí, a toda una generación, por su simplicidad, por esa especie de gran claridad que da a todo, llega a ligar la poesía, la moral, una filosofía, un realismo. Es una especie de triángulo filosófico, están los tres aspectos: la muerte, la vida, la esperanza. Se le lee mucho tanto en Francia como en el extranjero.

El debate sobre el colonialismo sigue siendo fuerte en Francia, ¿no?

Todavía, sí. En Francia, lamentablemente, tenemos un poco de retraso respecto a otros países para los temas sensibles. Los políticos hacen declaraciones, pero ¡cuánto ha hecho falta para que nos diéramos cuenta de la existencia de campos de concentración en Francia! Tardamos mucho más que Alemania. Hoy la herida argelina sigue abierta, hay excusas, hay que tener compasión con todo el mundo. Y vamos con retraso para reconocerlo. Francia se siente mal con su historia. Era más fácil la descolonización de Indochina. Marruecos y Túnez han tenido éxito, sin heridas especiales, pero Argelia, sí, eso sigue siendo muy fuerte. Es tan fuerte, que hasta Argelia ha tenido dificultad para construirse. Presos entre el yihadismo y los militares, tienen dificultad de encontrar un referente democrático, un camino.

¿Es Amazon el coco para los editores, el lobo feroz?

Amazon no es el lobo feroz, porque lobos feroces hay todo el tiempo, por todas partes. Para nosotros, el lobo es el analfabetismo, el analfabetismo funcional, la falta de lectura, la falta de curiosidad. El lobo es nuestra época, que es más peligrosa que Amazon. Amazon hace su trabajo, que es la distribución, y se ha convertido en el rey de la distribución, que es lo que controla. ¿Sabe? En Francia, la gente tenía miedo a la instalación del ferrocarril porque todo el mundo iba a coger el tren para comprar libros a París y no se venderían más libros en la provincia. Cuando llega la radio, la gente tiene miedo porque se dejará de leer. Cuando llega la televisión, tienen miedo a que ya no habrá ni radio ni libros. Cuando aparece lo digital, dicen que los libros en papel se habrán terminado. Hoy, todo eso nos hace sonreír, pero era un miedo real. Amazon es un lobo feroz, pero no será tan feroz si se le puede controlar. No hay que ir a cenar con él, hay que desconfiar, tener cuidado. Tenemos cuidado de controlar lo digital. Hay competencia, claro, es ley de vida, y hay que encontrar otro sistema para satisfacer a la gente, una distribución de librerías que les lleve libros a domicilio. Amazon es glotón, efectivamente se quiere comer todo, como un cocodrilo: la autoedición, la edición, están dispuestos a todo. Son muy fuertes, venden desde parafarmacia hasta pañales, todo. Es una especie de gran tienda general, pero no está especializada en libros. Las librerías deben modernizarse con el clic & collect. Durante el confinamiento, las librerías francesas no querían hacerlo, porque era peligroso, porque iba a ser caro. Amazon no duda en invertir mucho y en perder dinero con su circuito, y nosotros dudamos ante el clic & collect… Es realmente una pena. El clic & collect se expande, es evidente. La librería debe modernizarse si quiere resistir a Amazon. Pienso que la respuesta a Amazon es que se debe ser moderno y rápido, con una distribución rápida, siempre al servicio del cliente.

Llegamos a la última pregunta, la que le anuncié al principio. ¿Continuará otro siglo la saga Gallimard? ¿Hay futuros jefes para la editorial en la familia?

Eso es difícil de contestar porque, si eso se sabe desde antes, trae mala suerte. Yo tuve suerte, porque en mi familia somos cuatro, dos chicos y dos chicas, yo soy el tercero, y no estar necesariamente designado como sucesor era una verdadera suerte porque no atrae los celos, puedes hacer tu vida con tranquilidad y no tienes presión. Creo que hay que evitar la presión. Yo tengo cuatro hijas, la que quiera… [se encoge de hombros] Pero espero que todas amen esta editorial y estén orgullosas de su pasado, es como una cátedra, magnífica. Espero que haya una sucesión para la cuarta generación, pero si designo a alguien hoy, tengo la impresión, no tanto de firmar mi condena a muerte, pero quizá sí de colocar un peso sobre esta persona. Siempre he vivido la editorial como una especie de suerte, nunca me ha pesado. Sí hay que estar muy atento, y la siento siempre como un riesgo, entre grandes potencias, grandes concentraciones. Si designo hoy a alguien, tengo la impresión de tener que explicarlo a mis hermanos y hermanas. Una editorial no es un castillo en el campo, no es un palacio, no puedo decir: «Yo me quedo con el ala derecha, tú te quedas la izquierda». No funciona así, obviamente. Está La Pléiade, el libro de bolsillo, la literatura infantil y juvenil, que se vende muy bien, aunque no sean superventas. Las cosas se hacen como se tienen que hacer, y luego se verá. Es importante gestionar los problemas financieros, las donaciones, los impuestos. Todo eso lo puedo hacer y lo he hecho. Luego, la sucesión… [silencio]. No lo tengo decidido. Es complejo [risas].

Antoine Gallimard

 

[Fotos: Ángel L. Fernández – fuente: http://www.jotdown.es]

Guía de nomes galegos, un recurso en liña coa forma estándar de máis de 1500 antropónimos que forman parte da tradición galega, moitos deles dende a Idade Media, xa pode consultarse en liña nesta mesma páxina web. Cada entrada explica a orixe e o significado do antropónimo, achega a historia ou as lendas dos personaxes que primeiro o levaron ou que o fixeron popular e recompila as correspondencias con outras linguas, entre outra información. O recurso complétase cunha listaxe de nomes femininos e outra de masculinos descargables.

A Guía de nomes galegos é un traballo do Seminario de Onomástica da Real Academia Galega coordinado por Ana Boullón Agrelo. “A finalidade principal desta obra é dar a coñecer á comunidade galega as formas estándares dos nomes persoais; esta ferramenta permitiralle galeguizalos ou escollerlles nomes ben xeitosos para as fillas ou fillos”, explica a académica de número.

Ana Boullón, o coordinador do Seminario de Onomástica, Antón Santamarina, e o presidente da Academia, Víctor F. Freixanes, presentaron esta mañá na sede da institución este novo recurso. “Con el a Academia culmina un proceso que responde a unha demanda que dende hai tempo viñan facendo os nosos usuarios: unha guía de nomes actualizada, documentada, que serve de orientación para pais e nais que queren para os seus fillos e fillas nomes propios da nosa cultura, da nosa tradición e da nosa memoria histórica. Un servizo máis da RAG á sociedade galega”, salienta o presidente.

A Academia agarda ofrecer tamén proximamente unha guía de apelidos, na que vén traballando dende hai tempo o Seminario de Onomástica, ”igual que traballa na actualización permanente do Nomenclátor”, engade Víctor F. Freixanes, en referencia ao labor de estudo e preservación dos nomes da terra que desenvolve a RAG.

Nomes silenciados nos rexistros e transmitidos oralmente
O repertorio antroponímico do galego, como acontece en todas as linguas, foise compoñendo ao longo do tempo con elementos culturais de moi diverso signo. “A relixión, a literatura, a política ou préstamos doutras linguas son parte deles. No caso dos nomes galegos, a partir do século XVI non se pode obviar o proceso de substitución polos seus correspondentes casteláns nos textos escritos, pero cómpre ter en conta que moitos seguiron a existir ata a actualidade fóra dos rexistros oficiais mais con moita vitalidade oral”, apunta Ana Boullón.

Estes nomes silenciados nos documentos escritos nalgúns casos seguiron a empregarse como nomes de casas (casa de Lourenzo) ou mantivéronse como apelidos, continuando co antigo uso patronímico (Lois) ou como haxiotopónimos, é dicir, nomes de lugar baseados en nomes de santos (Uxía, Tomé); e outro grupo conservouse nos refráns, a partir das calidades atribuídas ao santo portador (Brais). O elenco recólleos xunto a nomes galegos que non teñen unha forma diferencial con respecto ao castelán ou outras linguas da Península Ibérica, como María (nome feminino máis frecuente dende que se conservan rexistros escritos) ou Manuel. Todos eles son antropónimos con presenza significativa en Galicia –en calquera momento dende a Idade Media–, un dos criterios que se tivo en conta para a confección da guía.

Os novos nomes: dos hipocorísticos aos nomes de lugar
O repertorio tamén inclúe, xunto ás formas tradicionais, moitos nomes novos que irromperon nos rexistros dende a eliminación legal da prohibición de escoller antropónimos galegos para as nenas e os nenos (1977). É o caso de numerosos nomes de lugar (Ézaro, Deva, Aldán, Xalo, Sarela, Eume…) ou formas do léxico común (Area, Eira, Dorna), que ata daquela non foran empregados para nomear persoas.

Outra fonte importante foron as variantes familiares (hipocorísticos) que apareceron nas últimas décadas nos rexistros (Catuxa, Maruxa, Xandre, Xela). Algúns deles, dado o considerable número de concorrencias que suman, segundo o Instituto Galego de Estatística, entran na guía como lemas propios.

Finalmente, o Seminario de Onomástica tamén considerou os nomes que, procedentes doutras linguas, se acomodan ás características do galego (Xeila ou Aixa). O repertorio é, en calquera caso, un elenco aberto, porque a creatividade segue a mostrarse en novos nomes que van aparecendo nos rexistros oficiais. Cóntase tamén coa participación da cidadanía para suxerir novas incorporacións, emendar deficiencias e incrementar a información das entradas.

Unha fonte de divulgación da historia e das lendas
A entrada de cada nome ofrece información etimolóxica, as equivalencias noutras linguas, variantes e hipocorísticos, un mapa da distribución municipal proporcionado polo Instituto Galego de Estatística e un apartado de motivación que procura satisfacer a curiosidade sobre a historia ou a lenda de personaxes que se chamaron así.

O Seminario de Onomástica prestoulles especial atención aos nomes de figuras importantes da historia e da mitoloxía galegas. “Consideramos que esta guía tamén debe contribuír a un maior coñecemento da historia de Galicia, a medieval en particular, tan esquecida, agochada e mesmo negada, pois poucas veces aparece na historiografía oficial peninsular -española ou portuguesa- coa importancia que tivo o reino medieval de Galicia”, sinala o equipo na presentación da obra. E canda reis e raíñas como Afonso e Orraca, tamén abondan as referencias a persoeiros da cultura galega e universal (Rosalía, Begoña Caamaño, Xela Arias, Celso Emilio Ferreiro, Gabriela Mistral ou Óscar Wilde) e mais a autores que falaron de Galicia nas súas obras, como Isidoro de Sevilla ou Gregorio de Tours.

O equipo
A comisión académica do Seminario de Onomástica encargada da redacción e actualización da Guía de nomes galegos está formada por Xesús Ferro Ruibal, Xosé María Lema, Gonzalo Navaza, Luz Méndez, Xosé Antón Palacio, Ramón Lorenzo, Vicente Feijoo, Ana Boullón e Antón Santamarina. A obra contou ademais coa contribución de María Teresa Amado. na revisión das etimoloxías dos nomes de orixe grega, e de Patxi Salaberri, para os nomes de orixe éuscara. A edición correu a cargo de Nélida Cosme, que tamén traballou na revisión textual xunto a Carme Cambre e Adrián Estévez.

O repertorio partiu do Diccionario dos nomes galegos (Ir Indo, 1992), dirixido polo académico Xesús Ferro Ruibal e redactado no seu día por un equipo do que formaron tamén parte a académica de número Ana Boullón, o académico correspondente Xosé María Lema, Fernando Tato Plaza e Xosé María García, lembra Antón Santamarina. A Guía de nomes galegos actualiza e amplía a información daquela obra, esgotada na actualidade, e pona a disposición de toda a cidadanía na Rede, facilitando así a súa consulta e a interacción coas persoas usuarias de cara á introdución de novas entradas e a corrección de posibles erros.

 

[Fonte: http://www.academia.gal]

Escrito por EDUARDO SUÁREZ FERNÁNDEZ-MIRANDA

James Joyce pedía al lector de Ulises que dedicara su vida entera a leer su libro. Pero al mismo tiempo, le asaltaba la duda de si esos mismos lectores tendrían la suficiente paciencia para hacerlo. Conocida es la complejidad de un libro extenso y lleno de claves internas, para el que su mejor lector, únicamente, sería el propio Joyce.

Con ocasión de la celebración del centenario de Ulysses, la editorial «Galaxia Gutenberg» ha publicado el libro Todos somos Leopold Bloom. Razones para (no) leer el Ulises, de Eduardo Lago. El escritor madrileño, autor de las novelas Llámame Brooklyn o Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, ha sentido auténtica devoción por la obra de James Joyce desde que leyó Ulises en su adolescencia. Junto a Enrique Vila-Matas o Antonio Soler, entre otros escritores, creó la Orden del Finnegans –toma su nombre de un pub de Dalkey, ciudad irlandesa cercana a Dublín-, una sociedad nacida “entre el humor y la solemnidad y entre la más rigurosa disciplina y el espíritu más lúdico cuyo único ánimo era la veneración” del Ulises de Joyce, y que se reunían cada 16 de junio para celebrar el Bloomsday.

Todos somos Leopold Bloom. Razones para (no) leer el Ulises tiene su origen en las continuas peticiones que recibió Eduardo Lago para reproducir dos textos fundamentales para comprender la obra de James Joyce: Todos somos Leopold Bloom, una conferencia dictada en las Bibliotecas Nacionales de Madrid y Buenos Aires en 2015, y El íncubo de lo imposible, un ensayo que se había publicado en 2001 en Revista de Libros, donde el autor “comparaba las tres traducciones al español de la novela de Joyce entonces existentes; el ensayo obtuvo el premio Bartolomé March al mejor artículo de crítica literaria de ese año.

El libro de Eduardo Lago es una guía para adentrarse en uno de los libros más difíciles jamás escritos. Con un lenguaje claro y conciso, no exento de amenidad, nos va introduciendo en cada uno de los capítulos de Ulises, uno de esos libros en los que “cabe la totalidad de la experiencia humana, libros cuya lectura nos explica lo que somos, libros en los que caben todos los libros, el resto de los libros, los que están escritos y los que están por escribir. (…) El Ulises es como un gigantesco inventario de recursos que su autor pone a disposición de quienes formamos parte de su gremio”.

La obra del genio irlandés tuvo sus fieles seguidores, pero también encontró en su camino, feroces detractores que llegaron a quemar ejemplares de su novela. Ezra Pound o T.S. Eliot pusieron todo de su parte para que la novela viera la luz. Este último se refería al Ulises de Joyce como un libro “con el que todos estamos en deuda, y del que ninguno de nosotros puede escapar”.

Y para que ninguno de nosotros pueda escapar de su lectura, Todos somos Leopold Bloom. Razones para (no) leer el Ulises nos facilita la entrada a su fascinante universo y, de esta forma, recibir una de las “mayores recompensas estéticas e intelectuales que puede tener jamás quien de verdad ame la literatura”.

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

El adjetivo nupcial es una alternativa al anglicismo bridal.

En algunos medios de comunicación se pueden encontrar frases como «Últimas tendencias en decoración bridal», «La empresaria y cantante se ha decidido por un estilo entre bridal y lencero» o «Viktor&Rolf celebrará su primer desfile ‘bridal’ de la historia».

De acuerdo con el diccionario Cambridge, el término bridal, con el que se hace referencia a ‘todo lo relacionado con la novia o con la ceremonia matrimonial’, se puede traducir al español por nupcial, que, según el Diccionario de la lengua española, designa lo ‘perteneciente o relativo a las nupcias’, esto es, los casamientos o las bodas.

Otras alternativas adecuadas en función del contexto son de novia o para novias (cuando se emplea, por ejemplo, en desfiles de moda dedicados exclusivamente a los atuendos femeninos), de bodamatrimonial

Así, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir «Últimas tendencias en decoración nupcial», «La empresaria y cantante se ha decidido por un estilo entre nupcial y lencero» y «Viktor&Rolf celebrará su primer desfile para novias de la historia».

 

[Foto: Pixabay – fuente: http://www.fundeu.es]

Escrito por DOMÉNICO CHIAPPE

Mark non tiña a intención de seguir os pasos do seu pai, Kurt Vonnegut, autor de aclamadas obras como Matadoiro cinco ou A cruzada dos inocentes. Pero o paterno influxo pacifista e contracultural con dose de sátira hiperbólica quedou gravado no seu estilo cando, anos despois de perder a cabeza polos alucinógenos e fundar unha comuna hippy nun silvestre lugar do Canadá, decidiu escribir un libro, o único, sobre aquelas experiencias, un testemuño honesto e apaixonante.

Expreso ao paraíso. Memoria dunha tolemia —que foi publicado en 1975 e agora rescátao en castelán o selo Libros do Kultrum— comeza como unha aventura hippy dun mozo podente e cun pai famoso, con influxos do Thoreau de Walden —«era unha vida fenomenal. Non me importaban as incomodidades», escribe—, pero aborda, en realidade, a confrontación do autor coa esquizofrenia que padecía e para a que tiña certa predisposición xenética. «Unha das partes máis difíciles de lidar coa esquizofrenia é pensar que poida existir semellante horror», escribe xa ao final Mark Vonnegut (Chicago, 1947), quen chegará a superar a súa condición mental e converterse en doutor.

Pero antes da sabedoría está a tolemia. Con apenas 21 anos, rebelado contra todo, a familia, a educación, a sociedade, a posibilidade do recrutamento para a guerra de Vietnam, decidiu fuxir, axudado polas drogas e ata caer no alleamento. «O mundo habíase posto moi raro. As cousas zumbaban e viraban á miña ao redor a gran velocidade e en completo desconcerto. Logo, de súpeto, todo se detiña […]. Todo se afogaba no frenético bater das ás ao redor da miña cabeza». Con 22 anos, Mark rematou no Hollywood Hospital, especializado en adictos ao LSD.

Aí estaba Kurt, ao seu lado, pope da contracultura, tratando talvez de salvar a súa obra máis importante. Para unha reedición deste libro, hai dous decenios, o pai lembrou aquela época, e atribuíu a recuperación de Mark á «sorte».

Trátase dun interesante relato que segue un ronsel de obras emblemáticas, como Ponche de ácido lisérgico, de Tom Wolfe; Alguén voou sobre o niño do cuco, de Ken Kesey; ou Yonqui, de William Burroughs. Aínda que con final feliz. Mark regresou á universidade e cursou estudos de Medicina en Harvard. Leva máis de vinte anos exercendo como pediatra, con consulta propia en Boston.

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Convocante: Universidad de Alicante
Tipo de convocatoria: Contribuciones (call for papers)
Materias de especialidad:  Enseñanza y tecnología, Lexicología, Lingüística, Traducción, Traducción
Fecha límite de solicitud: Lunes, 31de octubre de 2022
Descripción: 

El grupo de investigación TRADECO (Traducción y Economía) de la Universidad de Alicante organiza este congreso en San Vicente del Raspeig (Alicante) del 29 al 30 de junio de 2023. El plazo de inscripción como asistente finaliza el 31 de mayo de 2023. El plazo de envío de propuestas finaliza el 31 de octubre de 2022.

Se aceptan ponencias en catalán, español, francés e inglés que versen sobre alguno de los siguientes temas:

-Estudios bibliográficos –especialmente bibliométricos– sobre la producción investigadora en materia de traducción económica en regiones de todo el mundo.
-Estudios contrastivos de nuevos géneros textuales de nivel macroestructural, microestructural o comunicativo (proceso comunicativo de la traducción), posiblemente acompañados de glosarios bilingües o comentarios conceptuales.

-Estudios basados en encuestas o corpus acompañados con resultados estadísticamente significativos que reflejen aspectos desconocidos o nuevos de la profesión en su relación con la traducción económica.

-Experiencias laborales y puntos de vista críticos y objetivables que ayuden a comprender la realidad del traductor profesional o del consumidor de traducciones.

-Estudios didácticos evaluables relacionados con experiencias o acciones educativas innovadoras en materia de traducción económica.

-Estudios históricos relacionados con las traducciones económicas (difusión del pensamiento de un periodo determinado, impacto de la traducción en el comercio internacional, etc.).

-Estudios relacionados con cualquier otro aspecto desconocido o apenas estudiado en traducción económica (proceso traductor, traducción automática, aspectos sociales, economías emergentes, etc.).

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[Fuente: hispanismo.cervantes.es]

El provocador autor francés publica ‘Aniquilación’, un ‘thriller’ geopolítico plagado de espías y atentados, y una reflexión desolada sobre la familia, el amor y la muerte

Michel Houellebecq. Foto: Philippe Matsas / Editorial Flammarion

Michel Houellebecq

Escrito por Nuria Azancot

Publicado en Francia el 7 de enero pasado, Anéantir fue considerado de inmediato como el libro del año, aunque parte de la crítica gala advirtió de los trucos de la novela, de su manierismo y aspecto deslavazado, y de su engañosa sencillez. O sea, que estamos ante Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1958) en estado puro, a vueltas una vez más con el caos, el amor y la muerte.

Pero dio igual: después de los tres años transcurridos tras el éxito de Serotonina (Anagrama, 2019), que la mayor estrella literaria europea volviera a la acción ya era el acontecimiento que lo justificaba todo. Que lo hiciera además con un aparente thriller que acaba derivando en una esperanzada reivindicación del amor, y que su protagonista, Paul Raison, fuese asesor de un futuro presidente muy parecido a Emmanuel Macron, actuó para los lectores como un imán.

Si a eso añadimos que el padre del protagonista, exresponsable de los servicios de inteligencia del país, ha sufrido un ictus y está en estado vegetativo, y que hasta el matrimonio de Paul está al borde de la disolución, encontraremos algunas de las razones que han seducido a los lectores galos y excitado la ansiedad de todos los letraheridos, ansiosos por embarcarse en las más de seiscientas páginas de la versión en castellano de la novela (la francesa, de lujo y editada por Flammarion, tiene setecientas treinta y seis).

Alérgico a las entrevistas desde hace años, Houellebecq es tan capaz de esconderse y huir del país para no responder ninguna pregunta sobre su obra como de plantarse una tarde de abril en Madrid y citarse de manera sorprendente con un periodista que le pidió tiempo atrás verse con él. El afortunado, Daniel Ramírez, de El Español, acabó compartiendo con el narrador empanadas de solomillo, pulpo a la gallega y confidencias tan controvertidas como siempre (“los franceses son tremendamente difíciles de comprender. Y lo digo yo, que soy francés”; “la democracia representativa no funciona en absoluto”; “la izquierda se ha suicidado”…).

En realidad, quien haya visto alguna de sus entrevistas en las redes comprende de inmediato el reto que supone mantener una charla fluida con Houellebecq: en todas se muestra tímido y desconfiado, aburrido también, sin que parezca importarle demasiado la fluidez de la conversación, la incomodidad del periodista o la coherencia de sus respuestas.

Los sueños y la ficción

Con todo, y a pesar su alergia a los medios, el 2 de enero, es decir, cinco días antes de que apareciera la novela, Michel, el esquivo, concedió una única y extensa entrevista a Jean Birnbaum, editor de Le Monde des Livres, en la que sobre todo le habló de sus sueños, de los que, por otra parte, la novela va sobrada. Como escribe Birnbaum, de hecho “su libro, un thriller político que se convierte en meditación metafísica, está lleno de sueños. Página tras página, nos adentramos en las aventuras oníricas del protagonista”, para señalar a continuación cómo eso, los sueños, estaban ya en otras novelas del escritor, como Las partículas elementales y Serotonina, pero no de forma tan sistemática.

La respuesta de Houellebecq es contundente: “A mí no me interesa demasiado Freud […], pero sí me apasionan los sueños, y me siento muy feliz por haber incluido tantos en Aniquilación. El sueño está en el origen de toda actividad ficcional. […] Escribo cuando me despierto. […] Tengo que escribir antes de bañarme; en general, en cuanto nos hemos lavado todo se acaba, ya no servimos para nada”.

El encuentro, que se desarrolló en el estudio donde escribió la novela, durará tres horas y transcurrirá, según el periodista, en un ambiente más alegre de lo esperado, con una botella de vino blanco que el novelista agita “como un sonajero” y entre volutas de humo, olor a nicotina y ceniceros atestados de las colillas de los cigarros que el autor apura sin descanso.

Le Monde, Houellebecq hace declaraciones tan sorprendentes como: “Soy una puta, escribo para obtener aplausos. No por dinero, sino para ser amada, admirada, así que no tomes la palabra puta de forma negativa”. Y una declaración aún más asombrosa, en la que, frente a la fascinación tan generalizada en la cultura europea por el mal y la transgresión, reivindica los valores positivos del ser humano en la narrativa: “Creo que la mejor literatura se hace con los mejores sentimientos”. A lo largo de la charla, comparten alegrías infantiles, historias soñadas, impulsos poéticos, para atrapar a los lectores ansiosos por conocer la última pirueta del que en Francia consideran una suerte de dandi insolente y reaccionario.

El cuñado francés

Tan idolatrado como detestado por sus opiniones, en las que se retrata como un populista misógino y xenófobo, en Francia se le ha llegado a tratar incluso de beauf, de “cuñado”, por proferir en sus escritos, ensayos y novelas un buen puñado de opiniones banales sobre todo con más audacia que rigor, solo por epatar, por molestar al lector. Así, fue capaz de elogiar a Donald Trump y el Brexit (“Lo único que lamenté es que, de nuevo, los ingleses se mostrasen más valientes que nosotros ante el Imperio”), de cuestionar la democracia y la Unión Europea, de atacar al feminismo y defender la prostitución, la homofobia o el machismo, y de burlarse de la ecología sostenible…

Y pese al personaje en que se ha convertido, a veces profeta, a veces bufón, ha recibido la Legión de Honor de manos del presidente Macron, y el premio Goncourt en 2010 por El mapa y el territorio, pero dice seguir precisando de los demás y de los personajes de sus novelas para comprenderse. “Cada ser humano es algo extraño en sí mismo, el mayor motivo de asombro. Si quiero conocerme a mí mismo, necesito los ojos de los demás”, le dijo al periodista de Le Monde, al que también le habló de la muerte en estos tiempos descreídos, de la necesidad de olvidar los arrepentimientos y de lo difícil que le resulta escribir una novela, “porque es un calvario físico, vivir mucho tiempo al lado de un personaje”.

Comparado con Honoré de BalzacAlbert CamusLouis-Ferdinand Céline y Georges Perec, que, por cierto, nada tienen que ver entre sí, en Houellebecq resulta desconcertante hasta su verdadero nombre, Michel Thomas, y que su seudónimo sea un homenaje a su abuela paterna, que fue quien lo crio porque sus padres, un instructor de esquí y una enfermera franco-argelina, se desentendieron de él para recorrer África en un Citroën. Ni siquiera su fecha de nacimiento es segura, ya que su madre decidió envejecer su partida de nacimiento dos años porque pensaba que tenía mucho talento, por lo que habría nacido en 1958 y no en el 56, como se creyó durante décadas.

Aunque se había anunciado que Aniquilación aparecería en España a finales de agosto, Anagrama lo lanza el próximo miércoles en un nuevo capítulo de esa complicidad que comenzó en 1994 con Ampliación del campo de batalla, su primera novela. Como desveló hace meses Jorge Herralde, su editor español, en una entrevista con El Cultural, en realidad él la publicó sin leerla, solo porque la editaba Maurice Nadeau en su exquisito sello.

“Sí, para mí que a un autor le publicara Nadeau significaba que era bueno por narices, así que cuando apostó por la primera novela de un desconocidísimo autor joven, hablé con él y la publiqué, y ahí empezó el caso de este escritor que es el más vendido de Francia, el más impertinente, el más reconsagrado”. Tras Ampliación vendría Las partículas elementales (1998, Anagrama 1999), que fue la novela que le consagró y que consolidó una carrera de éxitos constantes, lejos, eso sí, de cualquier aniquilación.

[Foto: Philippe Matsas / Editorial Flammarion – fuente: http://www.elespanol.com]

 

Escrito por Orlando Rodríguez B.

« PIENSO, LUEGO EXILIO »

Título de una obra teatral del autor chileno Jorge Díaz

Desde los comienzos de la vida republicana, en las primeras décadas del siglo XIX, el exilio parece ser la condición natural de los intelectuales de nuestro continente. Mitre y Sarmiento, huyendo de los excesos del gobierno de Juan Manuel de Rosas, encontraron asilo en Chile, donde contribuyeron a su desarrollo cultural y educacional.

En este siglo, las sucesivas y prolongadas dictaduras arrojaron a los creadores lejos de las fronteras de sus patrias. Durante muchos años, la labor poética de Nicolás Guillén o la creación narrativa de Alejo Carpentier fueron realizadas en París o Caracas, pero en todo caso, lejos de Cuba. Los guatemaltecos Manuel Galich y Carlos Solórzano, por mencionar ejemplos, buscaron otros horizontes para expresarse, luego de caer el gobierno democrático de Jacobo Arbenz. La caída de Joao Goulart en Brasil abrió el camino del exilio a muchos creadores. Y el drama del Cono Sur, que en la década del 70 destruyó largos caminos democráticos o reinició el camino de los gobiernos de facto -caso Argentina- produjo un fenómeno que ha merecido el calificativo de « diáspera », por su enorme expresión cuantitativa.

Pero el camino del exilio muestra dos facetas distintas en los últimos diez años. Si bien, y es lo aplicable de manera mayoritaria en el caso de los intelectuales y artistas, el exilio se manifiesta por abiertas causas políticas, se ha agudizado el camino del exilio cultural y del exilio económico, sobre todo en el campo de profesionales, sectores medios y obreros calificados, que buscan otros horizontes en países diferentes al propio. Países como Uruguay o Chile, pueden tener en este año de 1981, a su término, una cantidad no inferior a un millón de exiliados cada uno. Argentina posee también una cantidad apreciable. La dictadura paraguaya, la más vieja de América del Sur, luce cifras que avergüenzan. Otro tanto corresponde a Haití, a Bolivia, a Guatemala. En fin, la lista es impactante. Y dentro de esa multitud que abandona su propio suelo, el creador intelectual y artístico ocupa un lugar relevante, más aún, cuando constituye la voz a través de la cual se manifiesta cada uno de estos pueblos.

Pero, en el caso de América Latina, el exilio produce resultados imprevistos por las dictaduras, cuya represión determina la nueva condición y ubicación del intelectual desplazado. Inserto en una nueva realidad, superando el problema de adaptación, su capacidad creadora y su condición ejemplificadora significa el aporte de su talento a un medio diferente, que se enriquece con la condición del exiliado, mientras el intelectual se enriquece a su vez con nuevos contactos humanos, con el conocimiento de un medio distinto, que le aportan, a su vez, los valores locales. Es decir, el exilio se convierte en un audaz desafío, que encarado con una actitud visionaria, se traduce en una acción formadora recíproca entre el hombre y el medio.

El caso del teatro 

El teatro, por su carácter de arte colectivo, realizado en equipo, requiere de diferentes especializaciones, que reunidas son capaces de producir la creación destinada a un público, en vivo, con la comunicación directa entre receptor y emisor. Eso trae, en el caso del exilio, un problema nuevo. No se trata del intelectual, creador desde un escritorio, o el profesor que proyecta su acción docente, sino de la necesidad de establecer un contacto directo entre la realidad que refleja y el público que tiene vivencias, ambiente, modismos, costumbres, formas de vida y comportamiento, similares a las que posee el artista intérprete. Por ello, aventado de su medio, el actor experimenta una situación compleja. Cambia el ambiente y las características que le son familiares. En lo relativo al lenguaje, su acento le impide, en los primeros años, asumir papeles donde ese acento lo aleja del que corresponde al nuevo medio en que vive y que le es familiar al público del espectáculo. Así, un acento rioplatense muy marcado le impide afrontar un personaje de agudas características caribeñas o un personaje medio marginal, incluso de las grandes ciudades de los países de esta zona.

Súmese a ello que en la mayoría de los países de América Latina el profesionalismo en el teatro es un proceso tardío, y que el hombre de teatro se gana la vida en el cine o, preferencialmente, en la televisión, lugar donde los acentos y formas de pronunciación parecen agudizarse, sea por los medios técnicos que recogen dichos acentos, sea porque su alcance masivo hace evidente para esas mayorías la diferencia entre la pronunciación requerida para personajes locales y la que ofrece el actor exiliado de un sector del continente donde esa pronunciación es absolutamente distinta.

En el caso de los dramaturgos, aquel que no ha vivido períodos prolongados fuera de su país -en el campo de los escritores diríamos un Cortázar o un José Donoso-, el alejamiento de su realidad le dificulta su tarea creadora, mucho más cuando el teatro ha sido, desde sus orígenes, el gran testigo de su tiempo. Y el autor teatral requiere de ese contacto diario y permanente con su realidad, con los seres que le van a servir de modelo para sus personajes, con los hechos, incluso policiales, que van a alimentar su obra. Pero, desplazado de esa realidad, el proceso de adaptación es lento, se produce una larga pausa de infertilidad, para dar paso, si es capaz de esa adaptación, a un reinicio de su producción.

Por su parte, el crítico se ha alimentado de su realidad para juzgarla. Conoce su medio, directores, dramaturgos, actores, sus cualidades creativas y la trayectoria que le permite analizar sus progresos, estancamientos o retrocesos. Al salir al exilio, también experimenta un fenómeno similar al señalado anteriormente. Desde ya, se le hace imprescindible conocer hasta donde es posible el nuevo medio escénico; las calidades y características de grupos, dramaturgos, directores, actores, realizadores, y previamente, las cualidades del proceso teatral del nuevo país, aspectos de la historia, pasado y valores que corresponden a la idiosincrasia de ese lugar de adopción.

A todo lo expuesto, agréguese además, cierto rechazo por parte de los intérpretes locales, que creen ver en el exiliado un factor de desplazamiento en su trabajo; un competidor peligroso, más aún, cuando posee una trayectoria importante y una formación y calidades superiores a las de los artistas del lugar que lo acoge.

No quisiéramos dejar pasar otros elementos, como la dificultad para encontrar trabajo o que los creadores e intérpretes, por necesidad de subsistencia, deban afrontar otro tipo de labores que las realizadas durante años, a veces una vida casi entera. La nostalgia de su terruño e incluso su capacidad o no de asimilarse al nuevo medio. El caso dramático del director chileno Pedro de la Barra, fundador del Teatro de la Universidad de Chile en 1941, desaparecido en Caracas en 1977. Invitado a Venezuela, donde volcó su capacidad en el campo de la docencia, donde se ganó el afecto de los jóvenes alumnos, pero que no logró superar la nostalgia de la tierra a la cual había estado unido por 60 años.

Estamos indicando el exilio dentro de las fronteras latinoamericanas, donde el lenguaje, la historia, las costumbres son similares; pero, los problemas se agudizan cuando al exiliado le ha tocado otro continente -España aún resulta una situación de menor dificultad de asimilación-, pero pensemos en una realidad con otro idioma, otra idiosincrasia, otras costumbres, otro clima, otra geografía.

El exilio, un incentivo creador 

Sin embargo, la distancia con el lugar de origen produce, en un alto porcentaje, una visión más clara sobre la realidad dejada atrás. La perspectiva se hace más nítida, el enfoque más agudo, el análisis más profundo, limpio de detalles nimios y situaciones superficiales que acompañan la vivencia directa o la permanencia lugareña.

Pero, esta profundización y, como también la mayor producción creativa, parece depender del mayor o menor grado de compromiso del escritor -teatral en este caso- con su realidad. Para este efecto, nos permitimos señalar un interesante ejemplo. Si comparamos la producción de los dramaturgos chilenos, realidad que conocemos mejor, entre 1963 y 1973 -año del golpe militar- y lo creado entre esa fecha y nuestros días, tendríamos que concluir que la dramaturgia ha sido más fecunda en estos últimos años. Lo que sucede es que la mayor parte de esas obras chilenas han sido escritas fuera de las fronteras de Chile. Incluso, lo refrendaremos con un ejemplo más concreto. En el Concurso de Casa de las Américas de 1978, donde nos tocó integrar el jurado de Teatro, se presentaron en este rubro un total de ochenta y cinco obras, provenientes de los diferentes países del continente. De esas, sesenta correspondían a solo tres países: Cuba, Colombia y Chile. Este último estuvo presente con dieciocho textos dramáticos, todos enviados desde distintos lugares del mundo, y ninguno, como es de suponer, desde el propio país de origen de los autores.

Cuando se realice un balance de lo creado en los años de las dictaduras que irrumpieron en la década del setenta, se van a obtener cifras y resultados sorprendentes, en cantidad y calidad.

La guerra civil española aventó a los intelectuales, gran parte de los cuales se ubicó en países de nuestro continente. En el teatro, figuras como la gran actriz catalana Margarita Xirgú, el escenógrafo Santiago Ontañón, el director Alberto de Paz y Mateos, el actor Edmundo Barbero, los dramaturgos Alejandro Casona y Max Aub, los poetas y dramaturgos Rafael Alberti y León Felipe y muchos otros, cumplieron papeles decisivos en la renovación de la escena, tanto en Uruguay, Argentina, Chile, Perú, El Salvador, México, etc.

La represión en América Latina ha significado el asesinato o la « desaparición » de destacadas figuras del teatro del continente: Víctor Jara, de Chile; Rodolfo Walsh y Francisco Urondo, de Argentina.

Al exilio han sido lanzados los creadores más representativos de sus respectivos países. Estos han respondido con una mayor acción creadora y con una actividad infatigable. Conjuntos de prestigio internacional como El Galpón de Montevideo, a quien la dictadura uruguaya le despojó de sus salas teatrales, producto del apoyo popular a la tarea del elenco, o La Compañía de los Cuatro de Chile, siguen trabajando; unos en México, donde a su tarea de representar obras del repertorio uruguayo, latinoamericano y universal suman largas giras nacionales e internacionales, actividad para los niños e intensa labor docente. Los otros, radicados en Venezuela, proyectan su acción a todo el país, en giras internacionales e incluso, en 1980, representaron a Venezuela en un festival de teatro de Strindberg, realizado en Estocolmo.

En el caso de figuras individuales, el guatemalteco Manuel Galich, incorporado a la vida cubana, a cargo del Departamento de Teatro Latinoamericano, además de sus clases en la Universidad de La Habana, director de la revista Conjunto, dedicada al teatro latinoamericano, ha creado numerosas e importantes obras teatrales en su etapa de exiliado. Pascual Abah, en reencuentro con el origen, sobre los años de la conquista de América, es una de esas obras.

El exilio se convierte para el exiliado en un impulsor que acentúa su tarea creadora, haciendo que se intensifique su necesidad de mayor vinculación y compromiso con el país y la realidad dejada atrás.

Dramaturgos en el exilio 

« Pienso que está naciendo una nueva cultura latinoamericana provocada por el exilio de muchos creadores. Uno es el exilio político, como el nuestro, otro es el exilio cultural, elegido voluntariamente.

Los creadores se han visto obligados a hacer una poesía bilingüe, una canción bilingüe, etc. Por lo demás, aquí en Europa hay muchos elementos valiosos que pertenecen a la cultura universal y que vamos tomando sin darnos cuenta, enriqueciéndonos cada día. Es un poco como las emigraciones europeas, que llegaron a nuestros países introduciendo costumbres que ahora forman parte de nuestra cultura. Cuando regresemos a nuestros países, llegaremos con lo que hemos asimilado afuera, que se pondrá al servicio de nuestra cultura, para luego formar parte de ella. A lo mejor llevando esta obra a nuestro continente, nos estamos adelantando al regreso.

No creo que uno pierda su identidad. Neruda vivió mucho tiempo fuera de mí país y no por eso es menos chileno. Pasó con él todo lo contrario: es más chileno y más universal.

De mi país claro que me acuerdo… Me acuerdo todos los días… De mi cordillera inmensa… De mi pueblo en el estadio gritando por su equipo favorito… De las micros llenas… De mis amigos… ». Quien habla es Oscar Castro, dramaturgo, director y actor, que encabeza el grupo Aleph, residente en París. (Revista Conjunto, Casa de las Américas, N° 49. La Habana, julio-septiembre 1981). Antes de exiliarse pasó, junto a su hermana y otros integrantes del grupo, por la tortura, cárceles y campos de concentración. Su madre y su cuñado fueron ‘desaparecidos’ por la DINA, después de una visita que les hicieran al campo de concentración.

Castro es la expresión de una generación más joven. En la década del sesenta, inició junto a jóvenes universitarios una actividad teatral, formándose el grupo Aleph, que hoy trabaja en Francia. Una de sus últimas creaciones, La increíble y triste historia del general Peñaloza y del exiliado Mateluna, toca el tema de este artículo. Antes había escrito, entre otras, Casimiro Peñafleta, preso político. En las obras, Castro ha trabajado en equipo con su grupo. Las obras las están presentando en francés y en castellano.

Aldo Boetto es un autor y actor joven argentino. Debió exiliarse y reside en Venezuela. Se ha dedicado de preferencia al teatro infantil, montando, junto con su esposa, los textos propios. Pero, siempre atento a la realidad que ha vivido su país en los últimos años y que vive hoy, escribió Tango en el exilio, donde compartió la nostalgia del país que dejara, con el drama de las mujeres de la Plaza de Mayo.

Mario Benedetti, consagrado poeta uruguayo, forma parte del grupo que trabaja en Casa de las Américas en Cuba. En el campo del teatro había incursionado con un texto sobre relaciones juveniles pero, la nueva realidad violenta que ha vivido su país la volcó, entre otros textos, en Pedro y el capitán, obra para dos actores que El Galpón montó en México, para luego llevarla a Europa y América Latina, en países donde se podía representar. Allí, el tema de la represión refleja la realidad que los países del Cono Sur han experimentado en esta última década.

Augusto Boal vivió la persecución, la tortura y la cárcel en Brasil, al dominar la dictadura. Exiliado en Buenos Aires, luego en Europa, ha escrito numerosas obras, una de ellas comenzada en prisión y terminada en su primera etapa de exilio en Argentina, donde la estrenará, Torquemada, montada por otros elencos en diferentes lugares de América Latina. Boal es, además, uno de los teóricos y estudiosos del teatro popular más importantes del continente.

Antonio Skármeta es uno de los narradores chilenos de mayor peso en las letras de su país. Exiliado en la República Federal Alemana, se desempeña en el campo de la docencia, realiza guiones de cine y textos para televisión, sin abandonar su preferencia narrativa. Su cuento La composición ha sido publicado en varios idiomas. En el teatro, luego de algunas incursiones juveniles como escritor y como actor, volvió a escribir en el exilio. Su ya mencionado cuento lo volcó en versión dramática. En La búsqueda planteó el drama de un chofer de taxi tratando de ubicar a su hijo detenido por la policía chilena. En La mancha y en Nopasónada, el tema de Chile bajo la dictadura y la persecución, constituye la esencia una vez más de su creación teatral.

La joven autora argentina, residente en Madrid, Roma Mahieu, estrenó el año pasado en España su obra La gallina ciega, donde el deambular por diversos países y realidades del hombre desplazado de su propia tierra se va convirtiendo casi en un círculo sin salida.

A todos estos valores habría que agregar los nombres de Andrés Lizarraga, exiliado durante varios años en España, hoy en Venezuela. Uno de los dramaturgos de mayor proyección latinoamericana e integrante del grupo generacional argentino, que ha influido en el desarrollo del teatro continental. Un compatriota, Alberto Adellach, vive su exilio en Madrid. Otro importante escritor argentino, Juan Carlos Gené, que se desenvuelve indistintamente en el teatro y en la televisión, como director, actor o guionista, reside en Caracas desde hace algunos años.

El dramaturgo chileno Alejandro Sieveking se exilió junto con el grupo que integra El Teatro del Angel, en San José de Costa Rica, donde ha realizado una labor vital para el desarrollo del teatro « tico ». Casi recién llegado escribió Pequeños animales abatidos, sobre el golpe militar en su país, obra que obtuviera el premio Casa de las Américas en 1975.

No se trata de dar una visión exhaustiva de los autores que viven en el exilio. Los hay, provenientes de América Latina, en cualquier país del mundo. Trabajan en Canadá, Colombia, Suecia, Inglaterra, Francia, Perú, las dos Alemanias, España, Portugal, etc. Pero, si los une su condición de exiliados, también se establece un nexo entre ellos, en su temática, centrada en el enfoque de la realidad del país que abandonaron. Cuando el chileno Sergio Liddid Céspedes escribe en Londres BíoBío, Cruz del sur, no está haciendo sino un recuento de la dolorosa experiencia vivida en cárceles y en el campo de concentración de la isla Quiriquina en el sur de su país, en los primeros meses del golpe militar, para luego salir al exilio.

Y cuando lo hace su compatriota Jorge Díaz, figura de nivel continental, que vive en España desde hace dos décadas, que interrumpió su estada en el exterior para viajar a Chile y ofrecer sus servicios a la Unidad Popular y que al producirse el golpe militar afirmó su residencia en la península, sigue escribiendo e impulsando acciones teatrales para denunciar el drama de Chile. Recién producido el asesinato del presidente Allende, surgió su obra Cronicanciones de urgencia, donde el compromiso de Díaz con su realidad se acentúa aún más. En los años de dictadura su tarea ha crecido y estuvo a punto de ser expulsado de España por su posición. En los últimos meses de este año ha ganado el Premio « Santiago Rusiñol », otorgado durante la realización del Festival de Sitges, en Cataluña, a su obra Desde la sangre y el silencio y se ha anunciado su montaje en Oxford. La obra de Díaz plantea los últimos momentos de Pablo Neruda, en un Chile dominado a sangre y fuego, en septiembre de 1973. Díaz, excelente autor de teatro para niños, ganó, también en 1981, el premio del concurso organizado por el teatro Tilingo de Venezuela, donde también obtuvo la única mención otorgada por el jurado. En el campo infantil, su obra El generalito plantea desde esa perspectiva su permanente vinculación con el drama sureño.

La lista de autores y de obras es larga. El exilio se ha convertido en un desafío para la creación, cuyo producto es una importante dramaturgia, que si bien hoy puede estar algo dispersa, cualquier antología o recopilación, una vez difundida, señalará cuan importante ha sido esta etapa, trágica en el transcurso de la historia latinoamericana, para ser plasmada en un teatro, testimonial y de denuncia, en el abanico amplio de variados estilos y formas de expresión, que constituye esa creación del exilio.

Día a día se suman nuevas voces en esta producción. Para marzo de 1982, se anuncia en producción conjunta de « Teatro Latinoamericano » y el teatro de la ciudad de Colonia en la República Federal Alemana, el estreno de Elmo.

« Nuestra primera obra, es un trabajo de equipo de lo que ha resultado una pieza llamada Elmo, que trata sobre el problema chileno actual de la dictadura, con algunos antecedentes del ambiente que se vivía antes del 11 de septiembre. Hace hincapié en las torturas de los presos políticos ». (Carta de César Aguilera, integrante del grupo, fechada en noviembre de 1981).

La acción teatral en el exilio 

En el Congreso Mundial de Teatro del Instituto Internacional de Teatro (ITI), que se llevó a cabo en Madrid en mayo de 1981, se planteó la necesidad de realizar un congreso y una muestra de teatro en el exilio. El término « exilio », para ese efecto, será reemplazado por otro, tal vez « Teatro en el Exterior », refiriéndose a que es hecho fuera de las fronteras de los países a que pertenecen creadores e intérpretes. El nuevo término permitiría incluir a trabajadores que por razones que no son políticas se desenvuelven fuera de sus países. Cualquiera que sea lo que se resuelva en definitiva, dicho congreso y muestra, propuesto por la filial del ITI en Suecia, se llevará a cabo en Estocolmo en 1983. Previamente, en 1982, se realizará un encuentro y muestra con los hombres de teatro y grupos que laboran en América Latina. Se ha propuesto como sede a Nicaragua. Existe la posibilidad de hacer un torneo similar en Europa, previo también al evento programado para el 83. En Suecia, se harán cargo de su organización, la filial mencionada y la filial del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT) para los países nórdicos, con sede en Estocolmo, y donde participan figuras destacadas del teatro sueco.

Este congreso y muestra indican que la actividad teatral en el exilio ha adquirido tal importancia en cantidad y calidad, que es necesario hacer una pausa para evaluar, confrontar y medir dicha actividad, expresión de una América Latina, cuya cultura en la diáspora, lejos de disminuir o debilitarse, está constituyéndose en la expresión de mayor madurez para reflejar los agudos problemas que los países del continente han vivido en estos últimos veinte años, recogidos en la denuncia, el testimonio, el análisis, el enfoque crítico, todos en una tarea creadora que crece día a día.

Si los dramaturgos han producido toda una literatura teatral del exilio, los actores, dispersos por el mundo entero, han cumplido y están cumpliendo una labor sin descanso, estando siempre presente en ellos, la imagen y el recuerdo de la realidad dejada atrás.

Más aún, para el caso de América Latina, el exilio se ha convertido en un aporte singular y precioso para el desarrollo teatral de algunos países donde el quehacer escénico estaba retrasado en relación a otros medios del continente. Señalemos un ejemplo al respecto. Hasta 1973, el teatro en Costa Rica pugnaba por avanzar con grandes dificultades y una producción escasa. A los valores nacionales se sumaba la acción de los argentinos hermanos Cattania, radicados allí por años, y la actividad del francés Jean Moulaert, quien, encabezando el grupo Arlequín, realizaba dos estrenos al año, aproximadamente. Trabajaban las universidades y algún otro elenco no profesional. En San José, la capital, la actividad era discontinua. Pero, el año 1973, a raíz de los golpes militares, inició el camino del exilio para creadores e intérpretes. Al año siguiente, El Teatro del Ángel de Chile, encabezado por la experimentada actriz Bélgica Castro, una de las fundadoras del Teatro de la Universidad de Chile, y su esposo, el dramaturgo ya mencionado, Alejandro Sieveking, se radicó allí. Instalados en San José, el grupo, tras un esfuerzo intenso, no solo se integró en la nueva realidad, sino logró la adquisición de la sala, centro de su acción, que se ha convertido en uno de los focos de irradiación de la actividad escénica de Costa Rica.

En forma paralela llegaba a esa misma ciudad, invitado por los organismos teatrales « ticos », el gran director uruguayo Atahualpa del Cioppo, figura que, más allá de las fronteras de su país y de América Latina, ha proyectado su labor hacía lugares de Europa. Maestro de más de una generación, Del Cioppo echó a andar todo un proceso de formación y de rigor en el trabajo artístico, que constituye toda una escuela en nuestro continente. Sumemos, además, la llegada de Oscar Fessler, extraordinario maestro y director argentino, de origen europeo, también formador de gran cantidad de intérpretes en el Río de la Plata, que se agrega a esta irrupción de hombres ya consagrados e insertos en esta nueva realidad. Y más aún, el total de actores experimentados y otros más jóvenes provenientes del exilio chileno suman veintitrés, todos incorporados a la representación en distintos elencos, y otros además, a la dirección y a la docencia, que pasa por las universidades, colegios y otros organismos.

Este aporte tan valioso de trabajadores de la escena del Cono Sur, transforma el teatro costarricense y hoy, el teatro se ha convertido en la principal actividad artística de ese país, habiéndose formado jóvenes valores locales, que, terminado el exilio de los sureños o compartiendo con ellos el trabajo escénico, se convertirán en los integrantes de la generación de reemplazo en el teatro futuro de ese país. En este caso, se repite con características propias el ejemplo del exilio español y su impacto en el desenvolvimiento del teatro latinoamericano. Costa Rica se coloca entonces a la cabeza del teatro centroamericano, mediante esta inyección suministrada por movimientos teatrales de mayor trayectoria, cuyos representantes se incorporaron en el quehacer escénico del país.

En Canadá, en la ciudad de Quebec, un grupo de exalumnos de la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Chile, alumnos de las especialidades de Teatro y de Cine, instalados allí, formaron un grupo para dar a conocer obras de América Latina, creando, además, obras y películas propias. La obra La República Nacional, de Rodrigo González, es una muestra de esta importante labor, realizada en estos años.

En Venezuela, mayoritariamente en Caracas, exiliados provenientes de diversos países, están aportando su experiencia al activo medio teatral local. A la ya mencionada Compañía de los Cuatro de Chile, Marcelo Romo, actor chileno que se desempeña en teatro, cine y televisión; los esposos Rocío Rovira y Oscar Figueroa, actores y mimos, figuras de teatro infantil y de títeres Tilingo y el segundo, creador del Teatro de Mimos de Venezuela, habiendo formado numerosos otros mimos, junto con desempeñarse en tareas docentes en Caracas y en la ciudad de Maracay. Los escenógrafos Héctor y Patricio del Campo, Víctor Villavicencio, el actor Lientur Carranza, la productora Elisabeth Lépez; el trabajo del polifacético Juan Carlos Gené, del actor Gilberto Vieira, ambos argentinos; de la actriz uruguaya Alma Inggiani, de la actriz argentina Esther Plaza, del dramaturgo y actor de ese país Aldo Boetto; del director boliviano Sergio Medinacelli, ya de regreso y en actividad teatral en su país, son algunos ejemplos del aporte del exilio al teatro venezolano.

En Ciudad de México, veintiocho integrantes de El Galpón se han radicado allí. Integrados como una gran familia, los realizadores uruguayos están aportando su larga experiencia al teatro de ese país. Uno de sus integrantes, actor de prestigio y experiencia, Blas Braidot, está realizando una importante labor formadora y de dirección e interpretación, junto a valores jóvenes mexicanos. El dramaturgo, cuentista y profesor chileno Armando Cassfgoli, radicado en México, realiza una labor importante en el campo docente y creativo.

En Cuba, el matrimonio formado por los actores chilenos Shenda Román y Nelson Villagra se ha integrado al trabajo teatral local. Nelson, incluso, con una actividad cinematográfica relevante. Si su trabajo en El chacal de Nahueltoro lo lanzó al conocimiento y respeto público por su calidad interpretativa, su labor realizada en el exilio en Actas de MarusiaEl recurso del método o La viuda de Montiel, señala su calidad de nivel internacional, todas ellas bajo la dirección de Miguel Littin, director cinematográfico y hombre de teatro, exiliado en México. Pero, en la película cubana La última cena, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, marcó el punto más alto de su valiosa capacidad interpretativa, formada, primero en la ciudad de Chillán y luego en el teatro de la Universidad de Chile.

En Ecuador, la directora y actriz argentina María Escudero, a través de su tarea docente de la Escuela de Teatro de la Facultad de Arte de la Universidad Central del Ecuador y de la formación y dirección de grupos, ha realizado aportes importantes al joven teatro ecuatoriano.

Pero, el caso más sorprendente se ubica en Europa. La tarea de los latinoamericanos ha rebasado las posibilidades de encontrar simplemente un refugio para sobrevivir. Allí, en diferentes países, se han agrupado experimentados y jóvenes actores, para dar vida a experimentos de actividad continua, como igualmente, impulsar la difusión de obras latinoamericanas, que expresen, de distintos ángulos, los problemas colectivos e individuales aflorados en esta etapa difícil de muchos países de esta parte del mundo.

En la « Segunda Muestra del Teatro Latinoamericano », realizada en España (Madrid y una docena de ciudades), uno de los grupos fue el Teatro Sandino, con sede en Estocolmo e integrado por actores de distintas nacionalidades latinoamericanas. Presentaron una obra del uruguayo Mauricio Rosencoff, preso y torturado en las cárceles de su país, desde hace diez años. Suecia es una realidad insólita. Cuatro grupos latinoamericanos integrados por actores exiliados de América Latina. Tres son elencos de teatro y uno de pantomimas. Un joven director chileno, Boris Koslowski, está impulsando la difusión del teatro latinoamericano en Suecia y los países nórdicos, a través de la recién creada filial del CELCIT. Y por otra parte, el intercambio de profesores y creadores teatrales entre esos países y los nuestros. Así, está programado para 1982 u 83 el envío de profesores latinoamericanos allá, mientras profesores y directores suecos vendrán a trabajar en América Latina durante un tiempo. Lo mismo se aplica a profesores daneses, noruegos o finlandeses. Los profesores latinoamericanos sugeridos son figuras del teatro latinoamericano, donde destacan varios exiliados.

En la República Democrática Alemana se formó y trabajó por varios años el grupo Lautaro, integrado por actores, directores y dramaturgos exiliados chilenos y uruguayos. Incluso, para los efectos de representar al teatro de la República Democrática Alemana en el Festival del Teatro de Naciones, 1978, los dirigentes teatrales de ese país habían propuesto lo hiciera un elenco de actores exiliados con una obra de temática latinoamericana. Finalmente lo hicieron con un oratorio del tema latinoamericano El cimarrón, por el grupo de Rostock.

En la República Federal Alemana, además del nombrado Antonio Skármeta, nació hace tres años el grupo Teatro Latinoamericano e. V., cuya labor será mostrada en su primer trabajo colectivo en el primer trimestre de 1982. En Gran Bretaña, precisamente en Londres, dos grupos de teatro latinoamericano, formados por actores exiliados, se desempeñan en los últimos cinco o seis años. Uno, integrado por jóvenes actores chilenos egresados de la Escuela de la Universidad de Chile, que salieron directamente de los campos de concentración de la dictadura hasta la capital inglesa. El otro, integrado por el matrimonio formado por Gloria Romo y Francisco Morales, se ha dedicado al trabajo de pantomimas y de formación en esta especialidad. Ambos estudiaron en la Academia de Teatro de la Universidad Católica de Chile.

En España, tanto en Madrid como en otras ciudades, varios latinoamericanos están trabajando en el teatro. A los dramaturgos ya señalados hay que sumar El Teatro de Buenos Aires y actores como el argentino Norman Briski, la actriz compatriota Cipe Linconvsky, la actriz uruguaya Dahd (« Ducho ») Sfeir, otra actriz rioplatense, Nacha Guevara, el actor argentino-chileno Julio Fischtel, el dramaturgo chileno Jaime Silva (en Cataluña); y existe un grupo de teatro, integrado por actrices chilenas que se han dado a la tarea de difundir obras de su país y de otros lugares de Latinoamérica. Algunos actores exiliados, latinoamericanos, trabajan en Italia.

No solo dramaturgos y actores viven esta etapa del exilio. Los diseñadores en el campo de la escenografía, iluminación y diseño de vestuario, también laboran en esta condición fuera de sus países.

Así, en Hungría, Amaya Clunes, diseñadora chilena que había realizado el diseño del decorado de Romeo y Julieta, de Shakespeare en versión de Pablo Neruda, se desempeña como diseñadora en teatro y televisión.

En Perú, dos diseñadores y profesores chilenos, Bruna Contreras y Remberto Latorre, aportan su experiencia al teatro peruano.

En lo relativo a la crítica, hay que recordar que el exilio español impulsó en varios de nuestros países la aparición de conceptos nuevos para enjuiciar la obra y el espectáculo teatral, de acuerdo a concepciones modernas, acordes con la renovación escénica que se había venido desarrollando desde el comienzo de siglo. En la época actual, numerosos críticos se han incorporado a la realidad escénica de otros países. E incluso, estudios importantes sobre el teatro han sido aportados por valores latinoamericanos en el exilio. Así quisiéramos mencionar Théâtre de masse et football au Chili: 1939-1979. Origine, apogée et declin du « Clasico » Universitaire, publicado por la Université de Haute-Bretagne, Rennes, Francia, 1980, síntesis de la cual se publicó con el título El Clásico Universitario: un teatro de masas de invención chilena, en la revista Araucaria de Chile, Nº 13,1981, que se edita en Madrid.

El exilio visto desde dentro 

El exilio de tan vasta cantidad de creadores e intérpretes de la escena latinoamericana preocupa a los hombres de teatro, que pese a las dificultades pueden permanecer, aunque sea transitoriamente, en su propio país. Y junto con gestiones para permitir el regreso de los exiliados, intentos de reuniones nacionales con la participación de los intelectuales que viven en el exilio, autores y grupos residentes enfocan el tema del exilio en sus creaciones. En 1978, en Caracas, con ocasión de la « IV Sesión del Teatro de Naciones », se presentó el grupo chileno ICTUS con la creación colectiva de David Benavente y el conjunto, denominada ¿Cuántos años tiene un día?, donde, de manera muy sutil, se planteó el drama del que obligadamente debió irse fuera y de los que lo recuerdan o lo lloran en la distancia.

Un lenguaje para un tiempo dado 

La experiencia de cuarenta años de dictadura en España se expresó en el ingenio puesto por los autores para expresarse en una etapa de aguda represión. Los autores afinaron su lenguaje, utilizando algunas de las « cinco maneras de decir la verdad », según señalaba el gran autor alemán Bertolt Brecht, refiriéndose a tiempos similares. El eufemismo, las imágenes, el símbolo, la parábola y otras formas, aprendieron a utilizar los dramaturgos para poder enjuiciar su tiempo, para ser entendida, a veces, por un público iniciado, o en otras, por todo público que ya había aprendido a leer entre líneas o a comprender los aparentes ocultos significados. Pero, al caer la dictadura o desaparecido el tirano, las obras se añejaron de inmediato. La apertura en España hizo que las obras de ese tiempo pasado ya no interesaran o su texto no correspondiera a una época nueva donde se podía hablar o escribir con amplitud y con bastante libertad. Las obras se convirtieron en recuerdo de un pasado, cuyas realidades, personajes o problemas hablaban de otro tiempo.

En el caso del teatro latinoamericano, parte de ello ha de suceder con lo que con tanta dificultad y limitaciones se escribe o estrena en los países que sufren la represión dictatorial. Pero, por otra parte, la extraordinaria producción, en cantidad y calidad, permite augurar la conservación del testimonio de un tiempo, sin ocultamientos ni lenguaje cifrado, para establecer las características de « una realidad históricamente corta, pero existencialmente larga », según palabras de una joven actriz exiliada en Europa.

Resulta indudable que en estos últimos diez años la mejor dramaturgia latinoamericana se está escribiendo en el exilio. Nos gustaría señalar un dramático ejemplo. Desde la caída de Joao Goulart en 1964, no menos de ochocientas obras brasileñas fueron prohibidas o impedidas de ser estrenadas o publicadas en ese país. ¿Cuántas de ellas, al permanecer en el anonimato, lo seguirán al superarse las trabas que la larga dictadura impuso en ese país? ¿Cuánta frustración ha significado la represión a los creadores valiosos o potenciales, nacidos en América Latina y emergentes en la dramaturgia entre 1973 y nuestros días? Recordemos otro ejemplo dentro del continente. El autor teatral y poeta guatemalteco Manuel José Arce, hoy residente en Francia, escribió y publicó Delito, condena y ejecución de una gallina, premiada en un concurso centroamericano en 1969 y editada en 1971. En ella, a través de una parábola, se denunciaba las injusticias, la violencia y la represión, además de otros enfoques de la realidad guatemalteca. Era una obra cifrada para los espectadores de su país. Puesta en escena en el Festival de Manizales, Colombia, en 1973, la obra resultaba de poca eficacia, por cuanto Colombia, con gobierno de democracia liberal representativa no reprimía esos contenidos y esos lenguajes, valederos para una realidad muy concreta como la que mostraba Arce. De allí nuestra aseveración que la dramaturgia nacida y desarrollada en el exilio constituirá todo un bagaje de textos que se integrarán en los repertorios posdictatoriales, pero no solamente como el testimonio de un tiempo superado, sino como expresiones maduras de creadores que mostraron la dimensión humana de una época obscura, pero de transición para una sociedad en transformación.

Algunas conclusiones

A raíz de los cambios políticos sufridos por gran parte de los países de América Latina, la mayoría de su intelectualidad debió buscar el camino del exilio. Pero, lejos de significar la detención de un proceso creador, el silencio de los creadores e intérpretes se convirtió en un incentivo para mantener viva la imagen de los pueblos transitoriamente sojuzgados. Más aún, se convirtió en la acentuación del compromiso con sus respectivos pueblos, para colocarse como voceros de las mayorías silenciadas.

Por otra parte, al insertarse en otras realidades teatrales, sirvió el exilio para aportar nueva savia al desarrollo teatral, para el enriquecimiento personal y colectivo de los exiliados y para ir acumulando experiencia al afrontar estas nuevas realidades, que a la larga han de beneficiar con creces al país al cual han de regresar algún día.

El exilio se ha manifestado en una producción de obras y en la realización de multitud de montajes, a veces de manera bilingüe, que harán verdadera época en la trayectoria del teatro latinoamericano.

Y a esta panorámica sintetizada habría que sumar dos experiencias nuevas en América Latina: el teatro que se hace clandestinamente en los países bajo dictadura y el realizado en cárceles y campos de concentración, que ha empezado a conocerse. Un teatro que es capaz de vencer todos los obstáculos indica, no solamente la vitalidad de quienes han elegido este camino para expresarse, sino la potencialidad de pueblos que en este marco de represión están escribiendo las primeras páginas de la nueva historia de nuestro continente.

[Fuente: http://www.nuso.org]

El 63,4% dels lletrats creuen que els jutges i fiscals que vulguin exercir al país han de saber la llengua

Una enquesta encarregada per la Plataforma per la Llengua a l’empresa GESOP revela que la majoria d’advocats de Catalunya fan servir molt més el castellà que el català en la seva feina, tot i que la major part tenen aquest idioma com a llengua materna.

El sondeig mostra que el 75,7% dels lletrats es relacionen habitualment en català entre ells, però, en canvi, només el 36,6% diuen treballar en català. El fenomen és més acusat entre els advocats més joves que, tot i ser més catalanoparlants, només el 27,9% consideren el català com la seva llengua habitual.

Pel que fa a la llengua amb els clients, només el 29,3% diuen que parlen amb els clients majoritàriament en català (encara que puntualment el 80% el fan servir), mentre que el 44,3% diuen que ho fan majoritàriament en castellà. En relació amb la llengua en què presenten els escrits, un 57,3% no ho fan mai o gairebé mai en català. En el cas dels advocats catalanoparlants, aquest percentatge baixa al 40,9%, però això no vol dir que la resta els presentin en català: un 24% encara ho fa majoritàriament en castellà i menys del 34% tant en català com en castellà, o més en català.

Preguntats per la llengua en què intervenen als jutjats, el 45,8% diuen que ho fan sempre o gairebé sempre en castellà. En el cas dels advocats catalanoparlants, aquest percentatge baixa al 29%, encara que s’hi podria sumar un altre 36,9% que intervé en castellà de manera majoritària i en català minoritàriament.

L’enquesta també demana els frens amb què es troben els advocats a l’hora de fer servir el català a la feina i les propostes que els semblarien bé per incentivar-ne l’ús. En aquest sentit, el 57,1% proposen mesures per augmentar el coneixement de català entre els jutges i fiscals, i el 63,4% defensen, fins i tot, que conèixer el català sigui un requisit per als jutges i fiscals que vulguin treballar a Catalunya. A més, dos terços dels advocats creuen que a la pràctica el català està en inferioritat de condicions a la justícia i que fer-lo servir no facilita la feina als jutjats i tribunals. Aquestes opinions són majoritàries a pràcticament tots els perfils d’advocats analitzats.

Una altra dada rellevant de l’enquesta és que el 76,4% dels advocats diuen haver estudiat la carrera de Dret bàsicament en castellà. En el cas concret dels advocats joves, els que van estudiar sobretot en castellà baixen al 65,4%, però són igualment pocs els que van estudiar majoritàriament en català: només el 20,4%. En el cas dels que tenen entre 41 i 55 anys, aquest percentatge baixa al 16% i en els més grans de 55 anys, al 5,7%. Això contribueix a explicar que gran part dels advocats s’acostumin a fer servir únicament el castellà en l’àmbit professional.

Segons la Plataforma per la Llengua, l’enquesta posa de manifest que sense una formació adequada en català, ni una normativa que protegeixi i incentivi l’ús de la llengua i sense un funcionariat format i respectuós amb els drets lingüístics, el català no podrà avançar en l’àmbit de la justícia, tot i ser majoritari en la vida privada dels advocats i en les comunicacions entre advocats.

L’estudi s’ha fet amb una mostra de 800 advocats dels 32.844 que hi havia a Catalunya el 2021 i té un marge d’error del 3,5%.

 

 

[Font: http://www.diaridelallengua.cat]

El Cervantes de Nueva Delhi, el de mayor número de matrículas de la red de centros, abrirá en 2023 una extensión en la ciudad de Bangalore

Óscar Pujol; José María Ridao; el editor de la Universidad de Pune, Mashesh Deokar; S. N. Pandita, y el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero

Escrito por JOSÉ ANTONIO SIERRA

El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, de viaje en Nueva Delhi, ha presentado hoy la primera traducción al sánscrito de «El Quijote», un volumen que recupera y publica por primera vez esta obra en la lengua clásica india. Además, García Montero se ha reunido esta mañana con el director del Consejo Indio de Relaciones Culturales (ICCR), Kumar Tuhin, entidad con la que el Cervantes colaborará para intensificar las relaciones culturales con la India, y finalizará mañana jueves su agenda con un encuentro con escritores indios.

La traducción de El Quijote ha sido calificada por García Montero como «una aventura que empezó en los años 1930 con dos eruditos de Cachemira» de gran significación pues «es un reconocimiento a la tradición cultural y a una de las lenguas más antiguas del mundo».

Por su parte, el embajador de España en la India, José María Ridao, que también ha participado en el acto, expresó que «cada vez que El Quijote es traducido vuelve a su origen» en lo que supone «una lección permanente de tolerancia, en cualquier lengua y a través de cualquier lengua».

Este proyecto de traducción fue impulsado por el coleccionista de libros estadounidense Carl Tilden Keller (1872 – 1955) y realizado por los brahmanes Jaghdar Zadoo y Nityanand Shastri a partir de una traducción de El Quijote al inglés realizada en el siglo XVIII por Charles Jarvis. Tras años de indiferencia, el manuscrito escrito en Cachemira en 1936 y conservado actualmente en la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard, fue rescatado por el profesor Dragomir Dimitrov, responsable de editar el libro presentado.

La primera novela moderna, en el idioma más antiguo

El director del Cervantes de Nueva Delhi, Óscar Pujol Riembau, subrayó que se trata de «la primera novela moderna del mundo —uno de los libros más leídos y publicados del mundo—, transcrito a uno de los idiomas más antiguos del mundo». A lo que se suma la importancia del propio manuscrito, por ser «muy frágil y, especialmente, si nadie sabe que existe», señaló.

Editado por la Universidad de Pune, el volumen, contiene la traducción de ocho capítulos de la primera parte del Quijote y presenta, en páginas enfrentadas, las traducciones al inglés y al sánscrito. El texto, elaborado a partir del manuscrito, incluye una descripción de cómo fue la recepción del clásico de Cervantes en la India, un estudio sobre la historia de su traducción y un audiolibro, leído por el profesor Shrikant Bahulkar.

Al acto también han asistido Surindar Nath Pandita, nieto de uno de los traductores de la obra —Pandita Nityanand Shastri— quien señaló que «esta traducción es la prueba de una gran amistad entre Cachemira y Occidente» y el profesor de sánscrito y pali Mahesh Deokar, editor jefe del Consejo Editorial. Además, han participado con intervenciones en línea el diplomático y profesor Karan Singh, hijo del último marajá de Cachemira; y el editor, el profesor alemán Dragomir Dimitrov, quien explicó los detalles del proyecto.

Programas de cooperación e impulso a la cultura

En la reunión celebrada esta mañana con el director del ICCR, el principal instrumento de la diplomacia del Estado, García Montero manifestó la voluntad de «consolidar la presencia del Cervantes en la India», país que señaló «cuenta con un grupo importante de hispanistas y en el que cada vez hay más interés por el español, que empieza a introducirse de manera natural en los estudios» —recientemente el español ha pasado a formar parte de las lenguas que se ofrecen en la enseñanza secundaria en la India—.

Los directores, García Montero y Kumar Tuhim, han abordado propuestas para los futuros programas de cooperación indo-española, entre los que destacan, además del fomento de la enseñanza del español, la puesta al servicio de la red de centros del Cervantes, la realización de un estudio sobre la repercusión del cine y la televisión en la cultura en la India y la posible creación de una Asociación India de Hispanistas.

La agenda ha continuado posteriormente con un encuentro con hispanistas en el que se han tratado temas como las ayudas para la traducción, becas para estudiantes indios en España y la publicación de trabajos de hispanistas de la India en nuestro país.

El programa de actividades del director del Instituto Cervantes en la India finalizará mañana jueves 7 de julio con la reunión con la delegación de la Feria del Libro de Calcuta y, por la tarde, con un encuentro literario con escritores indios organizado por Sahitya Akademi, la Academia Nacional India de las Letras, entidad dedicada a la promoción de la literatura en los idiomas del país surasiático.

India: gran mercado en la enseñanza del español

Esta visita contribuye a fortalecer las relaciones con la India, un país con una elevada demanda de clases de español como demuestran las cifras del centro de Nueva Delhi; inaugurado en 2009, es en la actualidad el centro con mayor volumen de actividad docente de la red, con casi 300.000 horas/alumno y más de 6.000 matrículas en el curso académico 2021/2022.

Por ello, el Instituto Cervantes abrirá en Bangalore, cuarta urbe en población y considerada el Silicon Valley del país por sus numerosas compañías tecnológicas e instituciones de investigación, una extensión del Cervantes que impartirá cursos de español a partir de 2023.

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

Basilio Losada Castro CC-BY-SA Distrito Xermar / AELG

Basilio Losada Castro morreu este sábado en Barcelona aos 92 anos de idade. Nacido en Láncara en 1930, pasou fóra de Galicia a maior parte da súa vida e da súa intensa traxectoria profesional, pero mantivo moi presentes as orixes. En 1968 incorporouse como profesor á Universitat de Barcelona para impartir materias de lingua e literaturas galega e portuguesa e acabou por converterse en catedrático de Literatura Galego-Portuguesa. Instalado en Barcelona dende entón, converteuse nun dos grandes referentes da cultura galega en Catalunya.

Ademais do seu labor académico, que tamén o levou a universidades estadounidenses, Losada destacou como crítico literario e tradutor, realizando a tradución ao galego e ao castelán duns 150 libros en sete linguas distintas, de autores como Jorge Amado, Saramago, Rosalía de Castro, Pere Gimferrer ou Rubém Fonseca. En 1991 recibiu o Premio Nacional de Tradución por Memorial do convento, de Saramago. Así mesmo, contribuíu á proxección das letras galegas fóra de Galicia vertendo ao castelán a autores como Xohana Torres, Celso Emilio Ferreiro, Álvaro Cunqueiro ou Uxío Novoneyra.

Basilio Losada Castro durante o acto de ingreso como académico de honra na RAG © RAG

Ademais, realizou numerosos estudos críticos sobre a literatura galega, portuguesa e brasileira. Xubilouse como catedrático no 2000 e ese ano publicou o seu primeiro traballo de ficción, a novela A peregrina, ambientada na Idade Media, período no que é un grande experto.

No ano 2015 ingresou na Real Academia Galega como académico de honra, cun discurso (‘Reflexións sobre as primeiras novelas de Rosalía de Castro’) respondido por Xesús Alonso Montero. Nese texto Losada destaca que « non hai unha Rosalía que algúns adxectivaron de ‘folclórica’, no seu primeiro libro maior, Cantares gallegos. O adxectivo non se sostén. Non hai nese libro folclore. O folclore mostra o pobo como espectáculo, pero, nese libro, Rosalía é a voz do pobo, dun pobo que non ten voz, e Rosalía descóbrella ».

Recibiu outros importantes recoñecementos, tanto en Galicia, como a Medalla Castelao ou o Premio Ramón Piñeiro, como en Catalunya (a Creu de Sant Jordi), en Portugal (a Comenda da Ordem do Infante Dom Henrique) ou en Brasil (a Ordem do Cruzeiro do Sul).

Neste obituario, a profesora María Xesús Lama subliña que « a súa dilatada traxectoria docente deixou unha lembranza imborrable en moitos alumnos e discípulos que recordarían sempre o impacto das súas clases sobre lírica medieval ou sobre a literatura contemporánea de Galicia, Portugal e Brasil ». Con todo, Lama escribe que « por enriba de todos os seus méritos académicos » amigos e colegas « lembrarémolo sempre como un contador de historias ». 

Basilio Losada Castro, con Olegario Sotelo Blanco © http://www.manuelrodriguezlopez.org

« A súa voz profunda internábase na alma de quen o escoitaba cun dominio da fabulación e da dimensión sonora do verbo que anulaba mesmo o imperativo de verosimilitude cun humor sutil que podía conducir da ironía á autoparodia ou o escepticismo. O enxeño retranqueiro dos seus centos de anécdotas, a súa expresiva gratitude por calquera pequena vivencia pracenteira e o seu amor pola arte que perseguiu en múltiples viaxes, convertíano nun conversador tan ameno como inesquecible », destaca.

O seu pasamento foi xa lamentado por un gran número de institucións, entidades culturais e amizades. A Real Academia Galega destaca que dende a Universitat de Barcelona « realizou un destacado labor de animador cultural, tanto dentro como fóra das aulas, e exerceu de auténtico embaixador da lingua e a cultura galegas en Cataluña e, por extensión, en gran parte de España e Latinoamérica ». 

Pola súa banda, Miguel Anxo Fernán Vello escribe: « Cando nos deixa un mestre sabio como Basilio Losada, taumaturgo da Palabra e da Amizade, o mellor é manter un ‘silencio mudo’, como diría Rosalía de Castro, no seu honor. Calquera palabra de máis sobexa sobre tanta desolación e abatemento ». Tamén o conselleiro de Cultura e Educación, Roman Rodríguez, sinalou este domingo: « Lamentamos o pasamento do profesor Basilio Losada, divulgador da nosa cultura e da nosa lingua en Cataluña e en moitas partes do mundo ».

Basilio Losada Castro CC-BY-SA Distrito Xermar / AELG

 

 

[Fonte: http://www.praza.gal]

El Grup Enciclopèdia renova els portals que milloren l’accés al contingut i l’experiència d’ús dels usuaris

El Grup Enciclopèdia ha renovat els webs d’Enciclopèdia.cat i Diccionari.cat coincidint amb el seu 25è aniversari. Segons un comunicat difós aquest divendres pel grup editorial, els nous portals milloren l’accés al contingut i l’experiència d’ús dels usuaris. El nou Diccionari.cat conté a partir d’ara, a més del Gran Diccionari de la llengua catalana, 11 diccionaris més: el Diccionari de sinònims Franquesa, el Conjugador català i 9 diccionaris bilingües que relacionen el català amb l’alemany, l’anglès, el castellà, el francès i l’italià, a més del Diccionari der aranés. Per la seva banda, Enciclopèdia.cat estrena nou format que permet descobrir millor el seu univers de continguts.

Enciclopèdia.cat conté, a més de la Gran enciclopèdia catalana, 32 obres temàtiques de reconegut prestigi com Biosfera, Gran enciclopèdia de la música, Enciclopèdia de medicina i salut o Catalunya romànica, entre moltes d’altres. Són continguts vius que inclouen més de 350.000 articles de temàtica molt diversa com història, economia, art, política, geografia, ciència o natura.

Els dos portals estan en continu creixement i actualitzen sistemàticament els seus continguts. De fet, formen part d’un projecte ambiciós de coneixement digital que el Grup Enciclopèdia desenvolupa al voltant de tres eixos: la llengua, amb Diccionari.cat; el coneixement en tots els àmbits, amb Enciclopèdia.cat; i la ciència, amb Divulcat, l’eina de divulgació científica en català, tots de consulta gratuïta.

[Font: http://www.racocatala.cat]