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Manoel e Rosa - Blog do Severino Francisco

Escrito por Raúl Olvera Mijares

Intentar explicar la génesis de un gran autor resulta una empresa absurda si no es que imposible. Descartando factores de orden genético, social o económico, la síntesis que representa un escritor de excepción es irreducible a nada extraño a sí misma, en otras palabras, cada gran autor acuña un molde que él mismo se encarga de dar al traste. La estandarización es más un modelo proyectado por la crítica, un librero con varios anaqueles donde cada género y subgénero halla su sitio, que una realidad concreta, asible y mesurable. Habiéndosele comparado con James Joyce, por un lado, y con Juan Rulfo por otro, João Guimarães Rosa (1908-1967) fue fundamentalmente un narrador brasileño que ubicaría sus relatos en una porción del territorio al norte de Minas Gerais donde habría de venir al mundo, comprendidos también los estados de Goiás y Bahía, prácticamente una tercera parte del Brasil central, porción que se asienta en una meseta donde es posible la agricultura y sobre todo la ganadería. El término sertón es esencial para entender a Guimarães Rosa, que valdría tanto como llano o despoblado (sertão viene de “desierto”). Alguna vez esas vastas extensiones de terreno estuvieron escasamente habitadas. En medio de los sertones se encontraban acuíferos, venas de agua que brotaban y corrían en forma de una serie de arroyuelos o acequias. Veredas es una voz portuguesa que se refiere precisamente a estas fuentes de linfa, que dan origen a zonas de verdor, auténticos oasis en torno de los cuales se realizaban los asentamientos. Así la gran novela de Guimarães Rosa, Grande Sertão: Veredas (1956), viene a establecer una comparación entre los enormes llanos sembrados de pasto pero sin hombres y los veneros u ojos de agua donde se desarrolla la convivencia humana, caracterizando así una buena parte del Brasil, otrora signada por su cultura de gente a caballo, os vaqueiros, que pastoreaban los hatos de reses, no los últimos de ellos, los mansos cebúes, procedentes de India.

Se sabe que Joaozito, Juanillo, en su natal Cordisburgo, era hijo de un tendero y que en su casa hubo siempre libros. No contaba ocho años y ya había comenzado a aprender francés, luego vendría el inglés, el italiano y el español. En Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, entraría al colegio propiamente dicho, un colegio alemán donde comenzaría a aprender el idioma. Para cuando se inscribe en la facultad de medicina ya lee y traduce varias lenguas. Guimarães Rosa prestará sus servicios como médico militar y civil hasta que decide, hacia fines de los años treinta, ingresar en el servicio exterior del Brasil. Destinado a la legación de Hamburgo, pasará en Alemania de 1938 a 1944, años difíciles de reclusión para diplomáticos, ayuda clandestina hacia judíos y desencanto humano en general. Tras la guerra, será asignado a la legación de París. Después de pasar por otras embajadas, decide abandonar el servicio público para dedicarse por entero a la escritura. En 1956 se publican dos de sus más importantes volúmenes, la ya mencionada novela y el libro de relatos Corpo de bailePrimeiras estórias (1964), Estas estórias (1968) y Tutaméia. Terceiras estórias (1968) son otros tantos de sus libros de cuentos, los últimos dos aparecidos de manera póstuma. Al parecer el escritor tenía un barrunto de su muerte y le urgía dejar por escrito el mayor material que se pudiera. Tres días después de su recepción en la Academia Brasileira de Letras perdía la vida. Los textos experimentales de sus últimas recopilaciones abren un abanico de posibilidades en verdad asombroso.

El cultivo del monólogo interior y la recuperación del lenguaje en su carácter oral preñan la obra de Guimarães Rosa y parecen emparentarla con la de Joyce. En efecto, como el dublinés, el minero tomará nota del habla real de aquellos modelos que han de servirle para perfilar sus personajes. Antes de acometer esos dos monólogos legendarios, que son el de Gran Sertón: Veredas y Mi tío el jaguareté, el autor viaja por territorio bravo en busca de material para recopilar en sus cuadernos. Se informa sobre prácticas tradicionales, nombres de la flora y la fauna, sobre todo razas de reses, pormenores sobre la caza del jaguar, de la onza, del tapir, indaga en reminiscencias del pasado indígena. La curiosidad lingüística y antropológica de Guimarães Rosa no conocía límites. Había estudiado la mecánica de lenguas tan diversas y dispares como el ruso, el holandés, el checo, el árabe, el húngaro, el sánscrito, el griego y el esperanto. Desde niño mostró gran curiosidad y cariño por los animales. De Sagarana (1946), su primer libros de relatos, procede aquella historia de “El burrito pardo”, un pollino que respondía al nombre de Siete de Oros, ya viejo y por tanto sabio, único sobreviviente de una expedición que conducía innumerables cabezas de ganado y al venirse la crecida de un arroyo arrastra todo consigo, excepto al incólume rucio y su jinete. La caracterización natural y profundamente humana del burrito habla de una gran sensibilidad y respeto hacia los animales, una experiencia que se remonta con toda probabilidad a su niñez en Cordisburgo.

Rulfo y su decantación del alma nacional en un precipitado que contiene en esencia todo, menos folclorismo ramplón, constituiría el referente más próximo en el caso de la literatura mexicana. Huelga decir que, contempladas más de cerca, ambas obras tienen muy poco o más bien nada en común. Guimarães Rosa era exuberante, vasto en su escritura, que consta de miles de páginas, lo suyo podría decirse era acabar ganando la pelea por decisión técnica; Rulfo, en cambio, era parco y astuto, más dado al golpe rápido y certero para acabar venciendo por knockout. Hay mucho de lapidario y ejemplar en el estilo de Rulfo, hecho para permanecer, resistir el paso de los años. En el brasileño se dan notas y colores vibrantemente humanos aunque más frágiles, una sensibilidad a flor de piel para aquel lector que cuenta con el tesón y la paciencia necesarios para llegar hasta el final de sus obras. Un cuento como “Campo general” del libro Manuelzão e Miguelim (1964), alguna vez parte del volumen Corpo de baile, es la historia de un niño de siete años de edad, Miguelín, dotado de una sensibilidad particular, ama a todos a su alrededor, especialmente a las criaturas menudas. Hay un recelo inexplicable por parte de su putativo padre, acaso no sea hijo suyo sino fruto de una infidelidad de su mujer. Miguelín debe pasar por la muerte de un inseparable compañero de juegos, su hermano menor Dito y más adelante por el liberador suicidio del padre. Cae enfermo de gravedad, se salva y luego se presenta la ocasión de que lo regalen, para así poder ir a la ciudad, estudiar y aspirar a una vida mejor. Siendo tan fino y sensible Miguelín, quizá quien se lo lleva vaya a ser algo más que un padre para él, finalmente es quien se hace cargo y puede hacer con él lo que quiera. La duda queda en el aire confiriéndole cierta tensión dramática a la historia.

En “Mi tío el jaguareté”, uno de los relatos de Estas estórias, el protagonista sostiene un monólogo ante un visitante, apertrechado de ron y revólver, el cual por supuesto solo presta oído sin pronunciar palabra. Quien habla confunde el portugués con el tupí e incluso el guaraní. Se trata de un cazador que comercia con pieles, un indio de los contados que sobreviven por ahí y conocen el lugar como ninguno. Al rememorar una caterva de fieras que distingue por su sexo, el color y las manchas en su piel, su talla y hasta su temperamento, el cazador llega a identificarse a tal punto con su presa que él mismo llega a creerse jaguar. El totemismo de los amerindios no solo se manifiesta en la porción septentrional del continente, sino que es de aplicación universal. Entre los antiguos toltecas y los mexicas el nahual era el animal protector de cada alma. Había chamanes que podían asumir a voluntad la forma de su guardián. Esta antigua creencia vuelve en la forma de una obsesión por la sangre, presente en el cazador de jaguares quien, poco a poco, comienza a amenazar a su visita, pues advierte que es un soldado o agente de la justicia quien llega para reclamarlo, ya que no solo ha ultimado fieras sino también hombres. Guimarães Rosa se propone y consigue, por medio del lenguaje, que sus personajes vengan a existir en la acotada pero viva realidad de la ficción. Sus textos resultan difíciles al inicio, pues es justo el momento en que se presentan las convenciones retóricas, los recursos narrativos que volverán posible la ilusión de un mundo paralelo pero autónomo del real; en el caso concreto de este relato, la mezcla de lenguas, la repetición de palabras desconocidas que forman una textura verbal, verdaderas jitanjáforas en el sentido de Reyes o, como creyó Haroldo de Campos, interjecciones con valor emotivo. Hoy se sabe que el tupí, la lengua que hablan los indígenas de esa región, exige tales reduplicaciones. Aunque el lenguaje inventado por Guimarães Rosa es una mezcla de tupí (lengua aún viva) con guaraní (lengua extinta desde hace tiempo). El personaje rememora su pasado trayendo a colación ciertos eventos que exhiben su fijación en las virtudes legendarias de la bestia que cazándola pretende absorber, la rivalidad con sus iguales –otros cazadores de jaguares– a quienes tantas veces termina emboscando, su gusto por el alcohol y sus míticos escarceos con un jaguar hembra nombrado por él María-María.

Riobaldo el jagunzo, una extraña combinación de arriero, bandido y matón, es el personaje central de Grande Sertão: Veredas, novela que lleva en el título esos dos puntos colmados de misterio y metafísica. Guimarães Rosa habría de acceder a Riobaldo a través de ciertos personajes de sus estórias, como serían Augusto Esteves en A hora e a vez de Augusto Matraga y Soropita (también Surupita y Surrupita) en Dao-Lalalao. Estos bravos, salidos casi de un western americano, forajidos a la vez que justicieros, personajes patéticos por excelencia, quienes hasta en los nombres llevan cierta guasa: Matraga es matraca en portugués, por las que se acostumbraba sonar el sábado de Gloria, y dao-la-la-lao es una voz onomatopeya que alude al sonido de las campanas, algo así como ta-tá ta-tán, anunciando un acontecimiento tremebundo, para que al final nada pase, Soropita no acribilla al negro Eládio, porque este se le humilla, le rinde homenaje. Un mundo aquel del sertón, moldeado según un perfil medieval y clientelista, lleno de señores con sus mesnadas, unos cuantos mercenarios y una apabullante mayoría de siervos de la gleba, entre los descendientes de esclavos negros, ocupados en los cañaverales y trapiches, hasta la población criolla mestizada con los naturales, la cual engendra el tipo característico del sertonero, un blanco que tira a indio. La apuesta de Guimarães Rosa, por la oralidad y la exuberancia del lenguaje, vuelve desafiantes sus obras aunque no imposibles. La paciencia y esfuerzo del lector se verán recompensados al final. Los ambientes y los caracteres aparecen siempre animados por un hálito de vida, de autenticidad, de simpatía personal y efusiva. Esas comunidades en mitad del despoblado, que dependen de los ganados para subsistir, cuyos sueños idílicos no van más allá de encontrar un oasis, llevan siempre al lector a la idea de origen o génesis, la colonización y poblamiento de estas ásperas tierras de América. Cien años de soledad, de García Márquez, y otras obras que hincan sus cimientos sobre mitos fundacionales irían por la misma línea, incluso poemas extensos como Omeros, de Derek Walcott. Traducido al español, la riqueza y variedad de vocablos de Guimarães Rosa trae a la memoria ciertos momentos de la literatura cubana, en particular en Lezama Lima, Carpentier e incluso Arenas, a causa de su evocación de la naturaleza, su carácter celebratorio y giros del lenguaje en ocasiones arcaizantes. El influjo de la cultura africana juega un papel no menor.

 

 

[Fuente: http://www.jornada.com.mx]

Un recensement national à venir en Pologne va laisser la possibilité aux minorités nationales d’exprimer leur appartenance culturelle et identitaire. En Silésie, région du sud-ouest du pays, une forte identité régionale demeure. Comment la nouvelle génération de Silésiens vit-elle son héritage ?

Image for En Silésie, que reste-t-il de l'identité régionale chez les jeunes ?

 

Écrit par Thomas Laffitte

« Dans une famille, on dit souvent que la deuxième génération s’intéresse de près à ses origines. Pour notre génération de Silésiens, c’est pareil ». Pour Mateusz, originaire de la région et vivant à Rybnik, non loin de la frontière tchèque, cela ne fait aucun doute : les jeunes silésiens s’intéressent à leurs origines. Même si les jeunes générations ne maîtrisent plus aussi bien le silésien que leurs aînés, la question de l’identité régionale a persisté, et refait aujourd’hui surface. La Silésie est non seulement la région la plus riche du pays après celle de Varsovie, mais c’est également la plus peuplée, avec un taux d’urbanisation très élevé (78% d’urbains).

Mateusz et sa compagne sont finalement revenus vivre en Silésie, après avoir voyagé à Cracovie, Munich et New York. « On travaille entièrement à distance, à mi-temps pour une boîte basée à Varsovie, à mi-temps en tant qu’entrepreneurs et activistes ». Cet activisme prend la forme d’un site web dédié à la Silésie. « Nous sommes des patriotes locaux qui utilisent leur temps libre et leurs ressources pour apprendre à mieux connaître la Silésie, la promouvoir, préserver sa langue et sa « conscience régionale » ». Ce jeune couple poste donc régulièrement du contenu sur les principales attractions touristiques de la région, tout en proposant des « guides touristiques, des articles en langue silésienne, des podcasts, des vidéos».

Pour ces patriotes, l’année 2021 pourrait peut-être marquer une étape importante dans la reconnaissance de cette identité. À partir du 1er avril, un recensement d’échelle nationale aura lieu en Pologne, et s’étalera jusqu’à fin septembre. Dans le formulaire obligatoire à remplir en ligne, en plus des questions administratives classiques, les citoyens polonais vont devoir répondre à des questions portant sur la religion ou leur nationalité. Sur cet aspect, les habitants de la Silésie pourront décider de déclarer (ou non) leur identité silésienne et le cas échéant, d’indiquer s’ils utilisent le silésien comme langue du quotidien.

D’un pays à l’autre, une histoire de frontières

Pour l’eurodéputé polonais Łukasz Kohut, pleinement engagé dans la reconnaissance de la Silésie en tant que région autonome, le recensement à venir est crucial. « Ma principale mission est de combattre pour le droit des citoyens à exprimer librement leur affiliation ethnique et linguistique », nous explique-t-il. L’évocation d’un combat n’est pas étonnante quand on connaît l’histoire de la région. Historiquement, la Silésie se trouve au carrefour – d’aucuns diraient « coincée » – entre la Pologne, l’Allemagne et la Tchéquie (historiquement la Bohême). Pour M. Kohut, cette histoire mouvementée est au cœur de la définition de l’identité silésienne, alors que « les Silésiens ont été divisés par des frontières imposées par les États-nations voisins, eux-mêmes hostiles les uns envers les autres ».

Durant l’entre-deux-guerres, la Silésie a disposé d’un parlement régional (en polonais sejm, de 1920 à 1945), qui a accordé une certaine autonomie à ses minorités. L’expérience fut toutefois de courte durée, car après la Seconde Guerre mondiale, le régime communiste en place pendant près de cinquante ans ne laissait aucune place à l’expression des identités régionales. Malgré la transition vers un régime démocratique au début des années 1990, M. Kohut explique que « la politique de l’État polonais dans les dernières décennies a été de nier les régionalismes ». Il ajoute même que « le gouvernement actuel, avec son obsession nationaliste, est de loin le pire depuis 1989 ». Il croit cependant à la possibilité d’un changement. « Je crois qu’avec le temps et avec un changement politique, la situation pourrait changer. Je vois beaucoup de jeunes politiciens démocrates, qu’ils soient de gauche ou centriste, comprendre et soutenir notre cause ».

Le destin bien connu d’une langue régionale

Asia, bientôt la vingtaine, est partie étudier en Grande-Bretagne après avoir joué pendant plus de 10 ans dans la troupe du théâtre Naumiony. Selon elle, « l’identité silésienne est inséparable de son dialecte. La manière dont vous parlez, l’intonation, la force du dialecte sont inséparables de l’histoire et des traditions de la Silésie ». Lors du recensement de 2002, un peu plus de 50 000 personnes de Haute-Silésie avaient déclaré parler la langue. Cela dit, ces chiffres ne couvrent pas la totalité de la région. Pour Mikołaj, 25 ans, lui aussi étudiant au Royaume-Uni, le lien avec la langue n’est plus si évident. « Même si c’est une part essentielle de la culture, personnellement, je ne pense pas que l’identité silésienne soit liée à la langue. Je sais que certains jeunes silésiens très engagés apprennent la langue, mais il n’y a pas de possibilités de le faire à l’école ». Il ne constate pas de réelle réappropriation de la langue par la jeune génération.

Qui plus est, comme toute langue régionale, le silésien fait face à la question de son statut. Asia préfère par exemple parler de dialecte. « Malheureusement, ça n’est pas une langue, mais j’espère que ça le sera un jour ! ». Comme c’est souvent le cas des langues régionales qui ne vivent qu’à travers le quotidien de ses locuteurs, elles souffrent d’un manque de standardisation. Maciej, la vingtaine, nous explique qu’« il n’y a pas une seule langue silésienne. C’est comme un pantalon troué : il y a beaucoup de choses similaires, mais il y a aussi des ajouts différents ». Le Silésien souffre également d’un héritage difficile. « Pour certains d’entre nous, on nous a enseigné que c’était très mal vu de parler silésien. C’était d’ailleurs une idée très répandue auparavant, auprès des anciennes générations, pour qui ça pouvait être juste naze de le parler », explique Maciej. Situation dont Asia se désole largement : « j’entends dire que le silésien sonne ‘primitif’, ça me rend si triste ! Les connotations autour du dialecte silésien sont déplorables ». Enfin, la question linguistique se heurte également à un autre obstacle, à l’heure où l’apprentissage des langues est souvent envisagé d’un point de vue utilitariste. Aussi, pour Stanisław, qui vient d’avoir 18 ans, « on n’a pas vraiment l’impression que le silésien serait utile pour notre futur, qu’on imagine le plus souvent hors de Silésie ».

Une jeunesse très pragmatique

En vue du recensement à venir, Stanislaw ne compte pas « exprimer quoique ce soit en lien avec la Silésie ». Les questions identitaires et linguistiques sont souvent secondaires auprès d’une jeunesse très européenne, mobile et prête à saisir des opportunités à l’étranger. Stanisław l’affirme d’ailleurs sans détour : « l’identité silésienne n’a jamais été quelque chose de très important pour moi ». Maciej abonde, même s’il a entendu parler du recensement, lui non plus ne prévoit pas de renseigner quoi que ce soit de particulier en lien avec la Silésie, « du moins, rien d’extra. S’il y a une question au sujet de ‘l’ethnicité’, alors je répondrai, mais sinon je ne ressens pas le besoin de montrer mes origines ». Ces jeunes adultes ne manquent pas de souligner qu’ils ne sont pas forcément très intéressés par la politique, ou alors qu’ils ne sont pas bien renseignés sur ces sujets-là. Pourtant, un certain pragmatisme se dégage de cette jeunesse qui, si elle semble peu intéressée à l’idée de défendre le régionalisme silésien, a toutefois un certain nombre d’idées bien claires, notamment quant à la nécessité de sortir de l’industrie du charbon.

« La Silésie ne serait pas devenue ce qu’elle est aujourd’hui sans les mines de charbon », avance Asia, qui explique que les mines « font partie du paysage, elles sont partout ». De même, Stanisław souligne qu’ « un grand nombre de Silésiens pensent que le charbon est notre trésor ». Cette industrie, qui remonte au XVIIIe siècle, est la principale source d’emploi dans la région, avec près de 100 000 employés en 2015. Cela fait de la Silésie la région de la Pologne la plus dépendante à l’exploitation du charbon. Malgré cela, les jeunes sont unanimes : les mines doivent fermer. « Elles ne seront pas oubliées, au contraire, mais elles doivent être fermées le plus vite possible », explique Maciej. La plupart d’entre eux considèrent qu’une transition vers les énergies renouvelables est tout à fait possible dans un futur proche. « On peut tout à fait – et même, on doit vivre sans elles ! », affirme Asia. « On pourrait laisser l’identité industrielle rester prédominante, mais en utilisant d’autres types d’industrie, comme les énergies vertes », nous dit Stanisław. Qui plus est, « c’est possible d’avoir une institution défunte qui fonctionne toujours comme une part importante de notre culture », souligne Mikolaj.

L’horizon européen

L’autre sujet qui semble faire consensus auprès de la jeunesse silésienne est l’attachement à l’Union européenne. Stanisław compte même souligner sa qualité de « citoyen européen » lors du prochain recensement. « Je suis très attaché à la vision d’une Europe unie », nous dit-il. Au-delà du seul attachement à l’Europe, cette jeunesse semble espérer un approfondissement de l’intégration, dans une perspective fédérale. Si l’UE plaît autant, c’est aussi parce qu’elle semble représenter une solution politique moins envisageable au sein de l’État-nation polonais. Pour Mateusz, « s’il ne s’agissait que de l’UE, je serais calme et me sentirais en sécurité vis-à-vis de mon héritage silésien. Il y a clairement de la place pour les minorités au sein de l’UE, et c’est ça qui la rend si attractive et puissante ».

Les idées sécessionnistes ou séparatistes sont loin d’être la préoccupation de cette jeune génération. Mikołaj, qui compte bien mentionner son identité silésienne lors du prochain recensement, regrette que la Pologne soit si centralisée et aimerait voir plus de pouvoirs dévolus aux régions. « Évidemment, le rêve serait d’élire des eurodéputés au sein de régions qui transcendent les frontières, mais je comprends bien qu’en l’état actuel des choses, ça n’est pas à l’ordre du jour », ajoute-t-il. Un rêve à l’heure actuelle, mais peut-être une réalité quand cette génération se trouvera aux commandes.


Cet article a été réalisé en partenariat avec le Courrier d’Europe Centrale.

[Photo : Musée de Silésie à Katowice, sur le site d’une ancienne mine © Patrice Sénécal – source : http://www.cafebabel.com]

Alors que l’université de Princeton a récemment supprimé l’obligation d’apprendre le latin ou le grec pour les étudiants en lettres classiques, Raphaël Doan plaide pour raviver l’apprentissage de ces langues, outils indispensables pour réinventer notre civilisation.

«C’est en voulant restaurer l’Antiquité que la Renaissance du XVe siècle a fait naître notre modernité»

Écrit par Raphaël Doan

Depuis quelques mois, les milieux universitaires américains sont agités par une polémique improbable: l’étude du monde gréco-romain serait-elle un repaire du fameux «racisme systémique»? Accusés à la fois d’avoir servi de justification aux pratiques coloniales du XIXe et du XXe siècles, d’usurper la place de langues antiques moins connues et d’être un obstacle à la diversité sociale dans l’enseignement supérieur, le grec et le latin voient leur prééminence remise en cause par des militants adeptes de la «critical race theory». Si certains ne voulaient y voir qu’un salutaire débat sur le sens de leur discipline, il faut se rendre à l’évidence: cette offensive sert désormais à justifier la suppression du latin et du grec dans l’enseignement supérieur américain. Au nom de la lutte contre le racisme systémique, la célèbre université de Princeton vient d’annoncer que le latin et le grec ne seraient plus obligatoires pour les étudiants en classics, c’est-à-dire… pour étudier la littérature grecque et romaine. On pourra donc obtenir un diplôme de lettres antiques à Princeton sans être capable de lire un mot de grec ou de latin, ce qui est aussi logique que d’être diplômé de mathématiques sans savoir faire une addition.

Passons sur la tactique interne des départements universitaires qui espèrent probablement, en baissant ainsi les exigences, recruter plus d’étudiants pour accroître leurs financements. On comprendrait que, faute de candidats suffisamment nombreux, ils renoncent à exiger la maîtrise des langues anciennes à l’entrée dans le cursus ; après tout, on peut tout à fait commencer à les pratiquer dans l’enseignement supérieur. Mais pour la même raison, il est parfaitement illogique de renoncer à l’obligation de les étudier pendant le cursus. Une telle révolution, qui pourrait un jour ou l’autre arriver en France, est bien le fruit d’une idéologie qui vise à dénier au grec et au latin leur prééminence dans l’étude du monde antique, et, plus largement, leur utilité dans le monde moderne.

Car c’est bien de cela qu’il s’agit: au-delà des délires propres aux tenants du «racisme systémique», la place des langues anciennes dans la société contemporaine est précaire. Depuis longtemps – en réalité, depuis la fin du XIXe siècle au moins – des pédagogues en dénoncent l’inutilité, des sociologues y voient de l’élitisme, et des gestionnaires en condamnent le coût. En France, sous l’Ancien Régime et jusqu’en 1863, un apprentissage intensif du latin était la base obligatoire de toute instruction secondaire, avant même l’étude du français. Il resta prépondérant pendant toute la première moitié du XXe siècle, avant de connaître un lent déclin pour laisser place à d’autres matières jugées plus indispensables au monde moderne.

Dans toute l’histoire européenne, et particulièrement dans l’histoire de France, la fréquentation de l’antique a constitué le moteur des avancées politiques et culturelles.

Le latin et le grec se trouvent désormais dans un cercle vicieux. Leurs enseignements ayant été réduits à peau de chagrin et saccagés par de mauvaises méthodes d’apprentissage, l’immense majorité des lycéens ayant choisi cette option est aujourd’hui incapable, après cinq ans d’étude, de traduire une phrase basique, encore moins, évidemment, de lire un texte. Au bac, ils se contentent d’apprendre par cœur la traduction française, puisqu’ils connaissent d’avance le sujet de l’examen, et obtiennent 18/20. Cette situation est absurde et ne peut plus durer: qui accepterait qu’après cinq années à apprendre l’espagnol, aucun élève de la classe ne soit capable d’en lire une seule phrase? Certes, on leur inculque pendant ce temps quelques notions de civilisation antique ; mais à tout prendre, ils pourraient les recevoir en cours d’histoire. Une telle situation alimente les critiques de ceux qui ne voient dans ces langues mortes qu’une perte de temps quand nos élèves pourraient apprendre, au choix, le marketing ou le code informatique.

Face à cet échec, deux attitudes s’opposent, toutes deux compréhensibles. La première – c’est celle du grand historien Paul Veyne – serait de renoncer entièrement à l’enseignement des langues anciennes dans les études secondaires, pour les réserver à l’enseignement supérieur, où elles seraient correctement étudiées. En somme, mieux vaut apprendre le latin tard et bien que tôt et mal. Cela reviendrait à réserver les langues anciennes à une petite poignée d’experts ; le latin et le grec y auraient à peu près le même statut que le sanskrit ou les hiéroglyphes, des langues pour spécialistes. Les Grecs et les Romains ne seraient plus pour nous que des étrangers à moitié oubliés.

La seconde option, qui a ma préférence, est au contraire de raviver l’enseignement des deux langues dans le secondaire, de manière à offrir aux élèves la «familiarité avec l’Antiquité» selon laquelle, disait Guizot, «on n’est qu’un parvenu en fait d’intelligence.» Ce n’est pas un choix pédagogique ou technique: c’est, pour employer un gros mot, un choix de civilisation. Dans toute l’histoire européenne, et particulièrement dans l’histoire de France, la fréquentation de l’antique a constitué le moteur des avancées politiques et culturelles. Les rois du Moyen-Âge voulaient prolonger l’Empire romain ; notre droit y a puisé sa source ; nos artistes y ont sans cesse trouvé l’inspiration. Jusqu’à la fin des Trente Glorieuses environ, nos chefs d’État ont été baignés par les textes antiques ; Georges Pompidou échangeait des blagues en latin avec Jean Foyer au sortir du conseil des ministres. Si leurs discours nous paraissent incomparablement meilleurs que ceux du personnel politique actuel, c’est qu’ils étaient nourris de rhétorique ancienne. Ce qui relie de Gaulle et Louis XIV, Bergson et Descartes, Ingres et Poussin, mais aussi, plus modestement, le bachelier de 1930 à l’étudiant de 1770, c’est que toutes ces personnes ont lu les mêmes textes dans la même langue et ont puisé à la même source: le monde classique. En l’absence de ce lien commun, notre culture – nous le voyons bien depuis quelques décennies – risque l’archipélisation, chacun ayant ses propres références et ses propres modèles. Face à une société déboussolée, quel meilleur guide pour l’avenir que celui que nous avons toujours eu: l’Antiquité?

Là où l’idéologie à la mode aux États-Unis s’évertue à couper le lien qui nous unit à l’Antiquité, travaillons à en retrouver la fécondité.

En pratique, pour restaurer l’enseignement du latin et du grec, deux évolutions seraient nécessaires. D’abord, il faudrait permettre à tous les élèves de bénéficier d’une initiation à l’une des deux langues, avant de leur proposer de suivre un enseignement approfondi – et que cet enseignement soit proposé dans tout collège et tout lycée de France. Ensuite, il faudrait que les langues anciennes soient enseignées comme des langues vivantes, l’expression orale en moins. Ce n’est en général pas le cas aujourd’hui, où l’analyse technique de la phrase précède et obscurcit la simple recherche du sens: les élèves passent plus de temps à chercher les conjonctions de coordination ou les compléments circonstanciels qu’à tenter de comprendre simplement ce que veut dire la phrase, pour finalement apprendre par cœur une traduction sans lien avec le texte. Rappelons tout de même que le latin et le grec ont été des langues vivantes, parlées par des millions de personnes dont beaucoup étaient illettrées: il n’y a pas de raison que les élèves ne parviennent pas à les comprendre aujourd’hui encore, à condition de les enseigner… comme de vraies langues, c’est-à-dire en prenant les mots dans l’ordre, et en déduisant au fur et à mesure le sens de la phrase, sans avoir besoin de la réorganiser ni de recourir à du jargon linguistique.

C’est ainsi que l’enseignent déjà certains professeurs (1), et heureusement, de plus en plus de cercles de «latin parlé» se développent. On a même vu paraître une édition de la méthode Assimil dédiée au latin. Appuyons-nous sur ces heureuses initiatives pour apprendre les langues anciennes de manière à les comprendre. Car c’est bien le but de cet apprentissage: il faut qu’après quelques années seulement, un élève attentif puisse lire du latin dans le texte, aussi bien qu’il lirait de l’anglais. Ce n’est qu’ainsi qu’il pourra réellement apprécier le rythme et les sonorités de la poésie de Virgile, la logique des argumentations de Cicéron ou la puissance des images de Tacite. Il se forgera un goût plus sûr de la langue, de l’expression et du raisonnement. Alors seulement les langues anciennes seront réellement utiles: quand elles permettront d’accéder sans intermédiaire aux modèles qui ont forgé notre civilisation, et de s’en inspirer pour créer du nouveau. Là où l’idéologie à la mode aux États-Unis s’évertue à couper le lien qui nous unit à l’Antiquité, travaillons à en retrouver la fécondité.

Le président de la République a appelé de ses vœux, dans un récent entretien, le début d’une «nouvelle Renaissance». Mais on ne «réinvente» pas une civilisation sans modèle. C’est en voulant restaurer l’Antiquité que la Renaissance du XVe siècle a fait naître notre modernité. Restituer l’enseignement des langues anciennes, c’est tisser de nouveau une familiarité avec ce qui, depuis des siècles, nous fait donner le meilleur de nous-mêmes. Pourquoi pas une fois de plus?

(1) C’est notamment le cas du professeur Alain Le Gallo, dont j’ai suivi les cours et à qui je dois cette vision de la langue.

 

Raphaël Doan est magistrat et premier adjoint au maire du Pecq (78). Agrégé de lettres classiques et ancien élève de l’ENS et de l’ENA, il a publié Quand Rome inventait le populisme (Éd. du Cerf, 2019) et Le Rêve de l’assimilation (Passés composés, 2021).

[Photo : AFP – source : http://www.lefigaro.fr]

En 2014, le spécialiste de Bram Stoker, Hans Corneel de Roos, se penchait sur la traduction islandaise de Dracula. Publié en 1900 et intitulée Makt myrkranna (Le pouvoir des ténèbres) cette version du chef-d’œuvre gothique contenait bien plus de mots que l’original ainsi que des scènes absentes du roman officiel.

ActuaLitté

Publié par Gariépy Raphaël

Rédigé par le romancier irlandais Bram Stoker et paru pour la première fois en 1897, Dracula est aujourd’hui disponible dans quelque 29 langues, et régulièrement adapté à l’écran. Ce succès pour les aventures du sanguinaire seigneur transylvanien ne date pas d’hier et des versions étrangères de l’œuvre fleurissent depuis plus d’un siècle.

Ainsi, en 1900 était publié Makt myrkranna, ouvrage se présentant comme la version islandaise de Dracula, préfacé par Bram Stoker lui-même. La traduction était signée par le journaliste Valdimar Ásmundsson, qui avait auparavant sérialisé le livre au sein de son journal le Fjallkonan.

Près de 100 ans plus tard, en souhaitant se pencher sur la soi-disant préface de Bram Stoker, Hans Corneel de Roos a eu la surprise de découvrir une traduction particulièrement libre du classique de l’horreur. Ainsi, l’arrivée en Transylvanie du héros y est bien plus longuement décrite. Le malheureux clerc du roman, Jonathan Harker, va notamment longuement s’attarder sur l’architecture du château, abondant en détail sur les quatre ailes que comporte l’édifice.

Une fan-fiction centenaire ?

Devant cette traduction non conventionnelle du roman de Stoker, Roos s’est alors retroussé les manches et a décidé d’apprendre l’islandais pour mieux décortiquer le texte lui-même. Au cours de ses recherches, il lui apparaît rapidement que l’histoire du texte était assez complexe.

Le site web de debunkage Snopes rappelle ainsi que le texte islandais n’était pas directement basé sur l’ouvrage original de Dracula, mais semble plutôt relever d’une traduction d’un texte suédois antérieur. Cette version suédoise étant elle-même une très libre adaptation du roman anglais original.

La simili fan-fiction a donc été dans un premier temps publiée par le journal suédois Dagen en roman-feuilleton en 1899. Puis Ásmundsson s’est lui-même attelé à une traduction peu rigoureuse du suédois à l’islandais. C’est donc plus à une série d’erreurs qu’à un effort d’imagination que l’on doit l’étrange version qu’est Makt myrkranna.

Pour les curieux qui souhaiteraient accéder au texte islandais, une traduction anglaise réalisée par Hans Corneel de Roos est disponible depuis 2017. La version suédoise devrait quant à elle être traduite en langue anglaise aux alentours de 2022 par Rickard Berghorn pour CentipedePress.

[Photo : Christopher Lee dans Le Cauchemar de Dracula (1958) – source : http://www.actualitte.com]

Como ando por estas paragens, hoje apetece-me conversar um pouco sobre o nome do Porto — não só sobre a sua origem, mas também sobre o artigo que temos de usar sempre que queremos falar da cidade que deu o nome ao país.

 

Escrito por Marco Neves

Pôr ou não pôr o artigo — eis a questão

Pois bem: vamos dar uma pequena volta por um recanto da gramática da nossa língua. É uma viagem um pouco mais comprida do que o esperado para, por fim (prometo!), chegarmos à origem do nome do Porto…

Repare: quando falamos do Porto, não podemos deixar de usar o artigo definido. Falamos do Porto, vamos ao Porto, dizemos que o Porto é uma grande cidade. Tal acontece com mais uns quantos nomes de terras portuguesas: a Guarda, as Caldas da Rainha, a Figueira da Foz, o Barreiro, e por aí fora (há ainda alguns nomes estrangeiros em que fazemos a mesma coisa, como a Haia).

A maioria das cidades, no entanto, não leva artigo atrás: falamos de Faro, vamos a Leiria, dizemos que Lisboa é uma grande cidade. Nada de artigos. (Diga-se que há uma construção particular em que temos de usar o artigo em todos os nomes de cidades — quando queremos especificar, por exemplo, uma Lisboa de entre muitas: a Lisboa da minha infância, o Faro que eu conheci.)

Há alguma regra clara para definir que cidades levam artigo e que cidades ficam despidas? Nem por isso. Há uma certa tendência para que os nomes com uma ligação clara a um nome comum tenham o artigo: é o caso do Porto, da Figueira da Foz, da Guarda e mais uns quantos. Mas há tantas excepções… Ponte de Lima tem uma ponte lá no nome e não leva artigo (e é apenas um de muitos exemplos).

Tenhamos pena de quem aprende português em adulto: tem de decorar quais os nomes de terras que levam artigo e quais não levam. É uma das muitas arbitrariedades da nossa gramática — uma das outras arbitrariedades é saber de que género são os nomes comuns — um inglês fica sempre espantado por perceber que, para nós, uma árvore é feminina e um arbusto é masculino. Por que carga de água?…

A dificuldade em aprender uma língua é mesmo esta: não há uma razão lógica para tal, mas um estrangeiro que queira aprender a nossa língua terá de decorar que Porto leva artigo e Lisboa não (e que «Porto» é um nome masculino e «Lisboa» é um nome feminino)… A gramática tem muito de arbitrário — e todas essas arbitrariedades são óbvias para quem fala a língua desde a infância e muito pouco óbvias para quem a quer aprender já adulto. Todas as línguas são assim — as arbitrariedades é que são diferentes de idioma para idioma…

Antes de avançarmos para a origem do nome, peço que repare num último pormenor sobre o tal artigo: quando escrevemos o nome da cidade isoladamente — numa lista ou numa placa da estrada — deixamos o artigo de fora. Assim, ao viajar de Lisboa para o Porto, as placas anunciam «Porto». Não nos aparece «O Porto». A nós, parece absurdo pensar que poderia ser doutra maneira. E, no entanto, se continuarmos mais para norte e passarmos a fronteira com a Galiza, encontramos os mesmíssimos artigos nas placas da estrada: «A Coruña», «O Grove», «A Toxa»… Isto, claro, nos nomes de terras que levam o artigo — que o galego também põe o artigo numas terras e tira noutras sem pedir autorização a ninguém.

Então e a origem do nome?

A origem dos nomes das terras está, quase sempre, envolta nalgum mistério, que é uma palavra bonita para se usar quando não sabemos alguma coisa. E, de facto, é muito difícil saber por que razão alguém decidiu chamar assim e não assado àquele local e por que razão um nome pega e outro nem por isso… Na terra fértil deste desconhecimento nascem, muitas vezes, as ervas daninhas das teorias estrambólicas.

Quanto ao Porto, tudo indica ter origem na designação latina Portus Cale. Esta designação deu o nome ao país — e por isso dizemos que o Porto deu o nome a Portugal — e ainda à cidade, que tem um nome que descende da primeira parte do nome latino. Ou seja, o Porto tem um nome que descende da palavra latina «Portus», que significava, entre outras coisas, «porto» (as palavras mudam, mas nem sempre…).

Que «Porto» vem de «portus» não será surpreendente. Já será um pouco mais interessante saber que a palavra latina terá vindo da palavra proto-indo-europeia «*pertus» (o asterisco indica que é uma palavra reconstruída através do processo comparativo entre várias línguas, como explicado, por exemplo, aqui). Este «*pertus» — uma palavra que terá sido usada há uns bons 5000 anos — significaria «passagem» e deu origem ao «portus» latino, ao «fjord» norueguês e ao «firth» do inglês (por exemplo, em «Firth of Forth»). Há mais palavras com esta origem pelas línguas indo-europeias, como, por exemplo, o «pol» persa, que quer dizer «ponte».

Ou seja: quando um iraniano fala duma ponte, usa uma palavra com a mesma origem remota do nome do Porto. As palavras do nosso mundo enredam-se de maneira muito peculiar…

O Porto noutras línguas

Andamos de viagem — começámos no artigo que pomos antes do nome, olhámos para a origem do nome e agora avançamos para as viagens que esse nome fez noutras línguas.

Comecemos pelo espanhol, onde o artigo se colou ao nome e ficou «Oporto» — um processo comparável ao que fazemos com inúmeras palavras árabes, a começar pelo nosso Algarve, que também junta o artigo à palavra original.

Já em inglês, vemos por vezes o mesmo «Oporto», mas também a versão mais próxima da portuguesa: «Porto». Uma e outra, claro está, pronunciadas à inglesa.

Estes nomes estrangeiros das cidades designam-se por «exónimos». «Londres» é o exónimo português de «London», tal como «Lisbon» e «Oporto» são exónimos ingleses das nossas duas maiores cidades. Mais uma vez, entramos no campo da arbitrariedade: há cidades com nomes em várias línguas, outras em que tal não acontece. Há, no entanto, uma tendência: dificilmente uma cidade pequena e pouco conhecida terá nomes diferentes noutras línguas. É quase uma marca de honra que outras línguas dêem nomes diferentes a uma determinada cidade — quer dizer que, em determinada época da História, o nome foi tão usado que os falantes o adaptaram à sua língua…

Olhemos de novo para o nome da cidade em inglês: será «Porto» ou «Oporto». Já o vinho, que em português leva o nome da cidade, em inglês tem um nome ligeiramente diferente: «port wine». A origem do nome é, claramente, o nome da cidade. No entanto, é uma bebida tão importante para a cultura britânica que ganhou um nome comum, em minúsculas.

E, pronto, foi uma pequena viagem a bordo do nome do Porto — que sirva de pequena homenagem a esta cidade que gosto tanto de visitar.

 

[Fonte: http://www.certaspalavras.pt]

Carolina Silva Arandia naceu en Arxentina e cando tiña catro anos a súa familia decidiu trasladarse a Vilagarcía. Seu avó, con 14 anos, emigrara de Ames a Bos Aires e tocaba o retorno. Aos 18 tomaron o camiño de volta, realizou estudos en Psicoloxía e na actualidade dá aulas no Colexio Santiago Apóstolo da capital arxentina. Desde 2018 facilita a posibilidade de aprender galego nese país de maneira virtual e xestiona en Facebook un grupo internacional de galegofalantes en galego.  

A psicóloga Carolina Silva Arandia, en Bos Aires, diante do río da Plata:

Por Antón Escuredo

-Como se introduciu no activismo galego desde Bos Aires?

Meu avó naceu en Bertamiráns e sempre mantivo a lingua e cultura galegas. Despois de moito traballo, conseguiu mercar un piso en Vilagarcía e en 2002 meus país decidiron marchar para vivir alí. Realicei todos os meus estudos nesa cidade. Sempre tiven moito amor pola nosa literatura e lingua, en gran parte grazas ás grandes mestras e mestres de galego que tiven.

Cando cheguei a Bos Aires non coñecía a ninguén. Coincidiume que ese mesmo mes Galiza era a protagonista do encontro que a cidade dedica ás colectividades exteriores nun lugar tan emblemático como a avenida de Maio. Sentínme como na casa e alí coñecín o director do Instituto galego arxentino Santiago Apóstolo, un centro que non coñecía e do que, coido, debería saberse máis. Despois achegueime ás entidades galegas. Mantéñense moitas, algunhas pequenas de concellos e outras mesmo dalgunhas parroquias.

-Comezou a dar aulas nese instituto. Como é?

É unha experiencia que impresiona… ver 500 rapazas e rapaces estudando galego en Bos Aires. Moitos nin son descendentes de galegos, hai unha importante participación da comunidade asiática. Nesa institución transmiten o amor pola cultura galega e polas culturas en xeral. É unha cuestión de darlle valor ás culturas minorizadas.

Cando entrei alí sorprendeume ver a presenza do galego en rapaces de seis e sete anos, cando nin son conscientes de onte está Galiza. Comezan coa aprendizaxe lingüística aos cinco anos en infantil e tamén con nocións temáticas de festas como o Entroido. En xeral, todos os rapaces saen falando bastante ben en galego ao rematar primaria e secundaria. Moi diferente á experiencia que vivín eu en Vilagarcía, onde rematamos o bacharelato falando galego só catro.

-Internet abriu novas xanelas para a difusión do galego na Arxentina?

Á marxe do colexio, comecei en 2018 a dar aulas particulares de lingua porque, a través dos moitos grupos de Facebook de galegos que había en Bos Aires, moita xente pedía que lles deran clases. Podo dicir que valora moito máis a cultura galega desde aquí que o que facía alá. Cando cheguei a Arxentina decateime da importancia que ten Galiza no mundo. É curioso, antes, moitas veces, non tiñamos tempo para asistir a actividades presenciais e agora coa pandemia hai moita máis actividade nos faladoiros virtuais que xurdiron.

As temáticas van desde a historia até a música nas que participan moitas persoas que non teñen ningunha relación familiar coa Galiza. Existe moito interese e tamén descoñecemento. Aínda hai quen pensa que o galego é un dialecto. Hai unha reconstrución da identidade que fan os arxentinos a través da lingua que escoitaron falar baixiño de pequenos na casa.

-Cre que desde a Administración galega debería facerse algo máis?  

Houbo unha gran transformación hai uns tres anos. En 2018 a lingua galega estaba case desaparecida en cursos e estudos, máis alá do propio instituto. Agora crean Aula Aberta, unha experiencia que debería terse iniciado moitos anos atrás. Tivo que chegar a pandemia para que se decidiran a dar cursos en liña abertos e gratuítos para todo o mundo! Certo é que nunha gran parte das asociacións galegas na Arxentina sempre se subestimou a aprendizaxe da lingua e dándolle máis valor á festa. Sorprendeume pola cantidade de xente adulta que preguntaba onde podía estudar galego.

 

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

Les sessions a distància del Voluntariat per la Llengua permeten arribar a nous públics, sobretot de fora de Catalunya

La pandèmia i les restriccions no han disminuït les ganes d’aprendre català amb les parelles lingüístiques. Un programa que es va posar en marxa el 2003 amb el Voluntariat per la Llengua i que ha vist com la covid-19 els ha ajudat a consolidar el format en línia, una modalitat que fins ara era molt residual. En un any, però, les parelles d’aquesta modalitat s’han multiplicat per vuit. De les més de 400 que es trobaven en pantalla abans de la pandèmia s’han passat a unes 3.200 i el programa ha arribat a nous públics, com ara persones que viuen fora de Catalunya. És el cas de Xavi Díaz de Jaén que porta tres anys estudiant català de forma autodidacta. Des de la covid-19 que queda per videoconferència amb Jesús Martín de Vic per practicar.

Xavi Díaz i Jesús Martín Vic són parella lingüística des de fa quinze mesos. De fet, van començar durant l’inici de la pandèmia i estan encantats d’haver-se conegut. Asseguren que la xerrada setmanal que tenen és un plaer. « En Xavi és un fenomen », afirma Martín a l’ACN durant una videoconferència, on també està connectada la seva parella lingüística. Per aquest vigatà li sembla extraordinari que una persona de Jaén hagi après tot el que sap ell de forma autodidacta.

Martín recorda que un dia li va fer molta gràcia perquè li va dir que volia practicar el català perquè « si no, tot el que havia après no se n’anés en orris ». I que quan li va dir que era una expressió poc habitual, ell li va respondre que ho havia sentit en un debat per la ràdio.

I és que per Xavi Díaz, professor d’universitat de llengua anglesa, aprendre català ha estat una cosa natural, segons ell mateix explica, motivada pel simple fet que és una llengua i una cultura que li agraden. « Mai he viscut a Catalunya ni als Països Catalans i el fet de ser gallec també fa que compartim (amb el català) la situació d’una llengua que està constantment defensant el seu espai davant una altra llengua més poderosa ». Fa tres anys va començar a seguir mitjans de comunicació en català i, després, va decidir fer un pas més i participar en el programa de Voluntariat per la Llengua. « No conec a ningú que parli català a Jaén i l’única opció era fer-ho virtual », admet.

Tots dos estan encantats amb l’experiència i afirmen que gaudeixen molt de les converses que tenen. Asseguren que ja els va bé el format en línia. Tot i això, Martín –comptable de professió- també admet que, si el seu company no estigués a Jaén, també voldria parlar amb ell en persona. « Presencialment és més humà però de forma telemàtica també és molt útil però més freda », afegeix. Díaz s’ha tret el nivell C1 de català. « Jo crec que el suspendria », diu somrient el vigatà.

Tornar-se a trobar i deixar la pantalla
Al programa, també hi ha qui tenia ganes de poder tornar a fer les trobades presencials. És el cas de Maria Dolors Vall, de Vic, i Claudine Nemer, també de Vic i procedent de França. Totes dues són jubilades i van conèixer-se durant unes classes de reforç de lectura. Aquest maig han començat a trobar-se de nou de forma presencial en un parc i mantenint les distàncies i la mascareta posada. Expliquen que fins ara han mantingut el contacte per pantalla però que ja desitjaven tornar a quedar en persona. « És completament diferent; és com artificial, a la gent les has de sentir al costat, no els sents vius quan els veus per una pantalla », afirma Vall, que porta més de set anys de voluntària.

El mateix li passa a Nemer, que explica que prefereix el contacte en persona. « No em sento bé davant de l’ordinador, per mi és millor en persona », afegeix. Està encantada amb el programa de voluntariat perquè li ha permès aprendre català i, a més a més, fer noves amistats i fer activitats plegades. Han passat a ser amigues i la pandèmia no ha impedit que perdessin el contacte. Parlaven un cop per setmana per videoconferència amb el mòbil i ara aposten per tornar al presencial.

Aquesta parella segueix el programa a Osona, on com passa a la resta de Catalunya, creuen que podran recuperar la presencialitat de bona part de la programació a partir del setembre. Mentrestant, recorden que qui vulgui fer trobades en persona han de seguir les indicacions. « Els diem que sí però complint rigorosament totes les normes: quedar a fora, amb mascareta i distància », detalla una de les dinamitzadores del programa al Centre de Normalització Lingüística d’Osona, Gemma Baladas.

Tot i les reticències a les pantalles de bona part dels participants, afirma que els ha sorprès l' »entusiasme » i les « ganes » de continuar aprenent català, fins i tot més enllà de les fronteres. « Hi ha voluntaris o aprenents que s’han enganxat al programa virtual perquè ha conegut algú molt interessant des de l’altre punta de món », com ara Miami, explica l’altra dinamitzadora del programa, Judith Vidal. No té cap dubte que la virtualitat del programa anirà en augment o que es combinaran les dues fórmules. I la prova és que, respecte el 2019, les parelles virtuals s’han multiplicat un 200% a Osona. « Jo em pensava que seria més freda i que no continuaria però la veritat és que s’ha creat igualment un vincle entre les persones participants i ho valorem molt positivament », afegeix Vidal.

El format virtual, molt positiu a tot Catalunya
La directora general de Política Lingüística del Departament de Cultura, Ester Franquesa, també fa una valoració positiva del canvi a format virtual ocasionat per la pandèmia. « Era un sistema que teníem organitzat, però que ens costava de potenciar i, de cop i volta i de manera natural s’ha fet el canvi », ha apuntat. En aquesta línia, ha assegurat mentre fa un any les trobades virtuals representaven un 3% del total, el percentatge ha ascendit fins al 50%. « Això ens permet arribar molt més lluny amb gent que té dificultats d’horari, per trobar-se o per arribar a altres països », ha assegurat. Per això ha assegura que el format en línia es mantindrà més enllà de la situació derivada per la covid.

Per Franquesa, el Voluntariat per la Llengua « facilita entorns tranquils d’ús » i és una gran eina per aquelles persones que « aprenen la llengua, però després tenen una mica de dificultat per decidir-se a parlar o per trencar barreres i començar a trobar entorns d’ús ». Un dels reptes, segons ha dit, és incorporar més participants masculins perquè predominen sobretot les dones. Per contra, en els últims anys també s’ha arribat a població més jove. En el cas de Vic, per exemple, ho han aconseguit amb estudiants de la Universitat de Vic amb qui han arribat a un acord de col·laboració.

Més de 153.000 parelles en 17 anys
Des de l’inici del Voluntariat per la Llengua el 2003, s’han creat 153.236 parelles. En total, hi ha participat 90.360 persones, 32.958 com a voluntàries i 57.402 com a aprenents. Malgrat que no hi ha dades sobre la llengua d’origen dels aprenents, sí que es coneix el seu país de naixement. Així, des del 2007 un 25% són nascuts a Espanya. Segueixen el rànquing els participants del Marroc, Colòmbia, Argentina i Perú. D’acord amb les dades de l’última enquesta de valoració feta per VxL, els aprenents s’inscriuen per dos motius: parlar millor el català (60,38%) i perdre la vergonya o la por de parlar-lo en públic (54,10%). Els qui s’apunten per aprendre català tenen una mitjana d’edat de 40 anys i més d’un 70% són dones.

Pel que fa als voluntaris, tres de cada quatre (24.369 persones) són nascuts a Espanya. Així mateix, també hi ha 147 persones d’origen marroquí, 94 argentins i 91 francesos, entre altres. El motiu principal que els motiva a apuntar-se, segons diuen un 72% dels enquestats per VxL, és poder « fer créixer el català ».

Durant els mesos de pandèmia, Voluntariat per la Llengua va passar a fer les trobades en format virtual. En el període entre l’1 de març de 2020 i el mateix dia del 2021, en aquesta modalitat s’han constituït més de 4.600 noves parelles. De fet, les parelles fetes de manera telemàtica durant el 2020 multipliquen per vuit la xifra aconseguida en aquest format l’any 2019, que van ser 409.

Pel que fa a les perspectives de futur, Franquesa ha assegurat que els reptes estan en l’organització del Voluntariat per la Llengua, la difusió i la diversitat de fórmules en les parelles lingüístiques.

[Foto:  Lourdes Casademont – font: http://www.racocatala.cat]

Estudiar búlgaro siempre me ha hecho quedar como un bicho raro, más aún cuando intento explicar por qué decidí hace años profundizar en la poesía de una lengua hablada por algo menos de diez millones de personas – contando a los que viven fuera de Bulgaria –.

En 2015, durante mi primer viaje a Bulgaria, conseguí superar en gran parte ese complejo de friki que habitualmente me acompaña. Asistí al “Seminario de Lengua y Cultura Búlgaras” en la hermosa y monumental ciudad de Veliko Tarnovo, capital histórica del Segundo Imperio Búlgaro hasta finales del siglo XIV y, a menudo, conocida por ser la “ciudad de los Zares y ser lugar de paso del río Yantra, un afluente del Danubio. El seminario estaba organizado por la universidad de allí, financiado por el Ministerio de Educación de Bulgaria y nacía con el objetivo de reunir durante tres semanas a estudiantes, profesores e investigadores de la lengua y literatura búlgara. Asistieron entre 100 y 120 personas principalmente de otros países eslavos – Rusia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Serbia y Croacia –, pero también de países tan lejanos como Estados Unidos, Japón, China o Corea del Sur que, como yo, estudian el idioma sin tener ninguna relación directa ni familiar con el país. Además de las ponencias, el seminario ofrecía la oportunidad de asistir a un curso intensivo del idioma búlgaro, así como a actividades culturales relacionadas con el país.

Es frecuente encontrar a descendientes de búlgaros que emigraron a otros países de la región balcánica y del centro de Europa. Entre ellos – y aunque profundizaré en el tema más adelante – destacan los de Besarabia, un territorio ubicado entre Ucrania y Moldavia, donde la Rusia zarista les ofreció asentarse. Los llamados búlgaros de Besarabia han conseguido mantener las tradiciones y la lengua del siglo XIX, aunque con una evidente influencia del ruso. Algo que, unido al siglo de desconexión, ha hecho que su dialecto haya evolucionado de una forma interesante y exótica, adquiriendo vocabulario local y calcos del ruso que han penetrado incluso hasta en la gramática.

Pero, si hablamos de exotismo, al instante me vienen a la cabeza los búlgaros que emigraron a la lejana Argentina a principios del siglo XX. ¿Seguirán conservando las costumbres y cultura que, junto con sus pertenencias, llevaron consigo a más de doce mil kilómetros de distancia?, me preguntaba. Y, si hablamos también de frikis, no puedo dejar de lado a Leandro Ponce, un joven argentino de la ciudad de Berisso que, sin tener antepasados búlgaros, ni siquiera balcánicos, forma parte de la Sociedad Cultural Búlgara “Ivan Vazov” desde hace diecinueve años e incluso dirige el “Conjunto de Danzas Folclóricas Búlgaras Sedianka” desde hace once años. Según sus propias palabras, “estar inmerso en esta ciudad tan multicultural me llevó poco a poco a sentir apego por Bulgaria y sus tradiciones”.

Tal y como me cuenta Leandro, a principios del siglo XX, más concretamente entre 1920 y 1930, se produce la primera oleada de inmigrantes búlgaros (en su mayoría provenientes del norte de Bulgaria) en la ciudad de Berisso, provincia de Buenos Aires. Llegaron atraídos por las oportunidades laborales que ofrecían por entonces las fábricas de frigoríficos de la ciudad y se asentaron en la histórica calle Nueva York, un lugar plagado de almacenes y bares donde, después de cada jornada laboral, los inmigrantes se reunían para compartir anécdotas y recuerdos. Esta calle fue bautizada con este nombre por ser la calle que nunca dormía. La mezcla de idiomas la convirtieron en un lugar cosmopolita dentro de una pequeña ciudad a orillas del Río de La Plata.

Con el discurrir de los años, los inmigrantes búlgaros tuvieron la necesidad de crear un espacio donde mantener vivas las tradiciones de su añorado país. Es por ello que surgen las instituciones conocidas como “socorros mutuos”, donde además de ayudar a los compatriotas, se compartían comidas típicas y danzas tradicionales. En la década de los 30 había en Berisso tres entidades búlgaras: la Sociedad Kiril y Metodi, el Club Búlgaro-Macedonio y la Sociedad Búlgara de Socorros Mutuos.

En el año 1955 las tres deciden unirse para conformar una sola entidad y es el 14 de agosto del mismo año que fundan la Sociedad Cultural Búlgara Iván Vazov en honor al gran poeta búlgaro. Desde comienzos de su creación se dictaron cursos de idioma, se realizaron obras de teatro, se creó una biblioteca y regularmente se organizaban picnics, exposiciones, así como la celebración de las fiestas nacionales.

El folklore tuvo un papel relevante. Desde los inicios la danza tuvo un lugar destacado, transmitiéndose de generación en generación. Así fue que se creó el Conjunto de Danzas Folklóricas Búlgaras “Sedianka”, el cual lleva más de cuatro décadas difundiendo las tradiciones a través del baile en cada acto de la institución, feria o medio de comunicación en donde se presenta.

Otra de las personas que forman parte de la sociedad cultural es Ivana Cotcheff, descendiente de búlgaros de las regiones de Lovech y Vratsa. Según nos cuenta, dos de las fechas celebradas con más entusiasmo son el 3 de marzo, el Día de la Liberación de Bulgaria, y la pascua ortodoxa, en la que no puede faltar la típica merienda con kozunak y el tradicional ritual del golpeo de los huevos cocidos coloreados (chukane s yaitsá). Sin embargo, además de reunirse en estas fechas tan señaladas, antes de la pandemia solían organizar cenas y proyecciones de documentales. Hace algunos años también comenzaron a realizar cada 24 de mayo el “Día de la Educación y Cultura Búlgaras y de la escritura eslava”, un festival donde se invitaba a los conjuntos de danzas eslavas de otras colectividades de Berisso.

“Durante el mes de septiembre se realiza la Fiesta Provincial del Inmigrante, en la que participan todas las colectividades de inmigrantes. Las actividades comienzan el 4 de septiembre, el Día del Inmigrante, y continúan hasta el segundo fin de semana de octubre donde se elige al Representante Cultural de la Fiesta Provincial del Inmigrante y se realiza un desfile por la avenida principal de la ciudad, a modo de cierre de la fiesta. Durante este mes de actividades, el conjunto de danzas folklóricas “Sedianka”, en sus cinco grupos, participa todos los sábados y domingos y, además, abrimos un stand de comida típica donde se ofrecen platos como gyuvech, kebapche, banitsa, baklava, biskvitena, shopska salata, entre otros”.

Dentro de la comunidad búlgara de Berisso destaca también “La Fonda de Vazov”, una taberna búlgara de la que Ivana fue una de las fundadoras. Se trata de un espacio que remite a aquellos bares característicos de la ciudad de Berisso y, al mismo tiempo, constituye un espacio familiar con comida típica de los Balcanes siguiendo las recetas que les enseñaron sus abuelas. “La Fonda de Vazov”, fundada a finales de enero de 2021 debido a la necesidad de afrontar los gastos de mantenimiento de la sede de la colectividad, un edificio que cuenta con más de sesenta años, rescata también el ambiente característico de las fondas que reunían a los miles de inmigrantes que se encontraban después del trabajo.

En 2018 Ivana visitó por primera vez Bulgaria junto a tres compañeras de la colectividad. Durante su viaje, además de visitar la costa del Mar Negro, asistieron a un curso intensivo de búlgaro en la “New Bulgarian University” de Sofia. Desde entonces, tanto Ivana como sus amigas, no han desistido de la idea de seguir avanzando en el idioma. Así, hace ya casi un año, Ivana me contactó para preguntarme si estaba interesado en dar un curso de nivel inicial de búlgaro a ella y algunos de sus amigos de la colectividad.

La idea me emocionó mucho, ya que ser profesor de búlgaro ha sido mi sueño frustrado desde que acabé mi carrera; un sueño que se ha visto reducido a alguna que otra clase particular esporádica debido al poco interés que hay entre los hispanohablantes hacia este idioma. Aprovechando las oportunidades de la enseñanza online y el interés de Ivana y sus amigos, decidimos dar el paso. Desde entonces nos reunimos una vez a la semana durante una hora y media para estudiar la lengua de sus abuelos y bisabuelos.

Los integrantes de este grupo –de entre dieciocho y treinta años de edad– están decididos a revivir una lengua que ha ido desapareciendo de su cotidianidad. A pesar de lo eslavo que puedan sonar sus exóticos apellidos, afrontan la misma dificultad que cualquier otro hispanohablante a la hora de aprender esta lengua: de la fonética al aspecto verbal, pasando por la peculiar formación del plural y la llamada forma contable. Sin embargo, las dificultades no solo no anulan su interés por seguir avanzando, sino que ha supuesto una especie de reto vital que todos intentan superar con constancia.

En los últimos meses, además de tratar con el idioma, hemos hecho planes de cara al futuro. Desde hacer un viaje en el futuro por Bulgaria y Besarabia, de donde proviene la abuela de Maca, una de las estudiantes, pasando por una presentación de la poesía de Aleksandar Vutimski en Berisso, o quién sabe si organizar cursos intensivos presenciales durante el verano. Puesto a soñar, ¿y si resulta que alguno de mis alumnos cambia el río de la Plata por el río Yantra? ¿Y si el próximo Seminario de Lengua y Cultura Búlgaras tuviera lugar a orillas del río de la Plata?

Marco Vidal González (Sanlúcar de Barrameda, 1995) es un friki de las tortugas. Le gusta la dialectología y leer poesía, así como escribirla y traducirla. Es uno de los redactores de la revista búlgara Нова социална поезия (Nueva Poesía Social). No puede parar de escuchar Boards of Canada. Ha traducido “Nueva Poesía Social. La Antología”, “Muchacha blanca”, “El muchacho azul” y “Urban Perfume”. Puedes seguirlo en La Tortuga Búlgara.

 

 

[Fuente: http://www.fronterad.com]

Los relatos fueron publicados por Fondo de Cultura Económica, reunidos en una edición prologada y organizada por su biógrafo Benjamin Moser y traducida por la poeta Paula Abramo.

Novelista, cuentista, periodista y traductora, Lispector nació en la aldea ucraniana Chechelnik el 10 de diciembre de 1920.

Escrito por Emilia Racciatti

Todos los cuentos de la periodista, traductora y escritora ucraniana-brasileña Clarice Lispector, desde el primero que escribió a los 19 años hasta los que se encontraron después de su muerte, fueron reunidos en una edición prologada y organizada por su biógrafo Benjamin Moser y traducida por la poeta Paula Abramo, quienes dialogaron con Télam sobre la obra de una de las autoras más singulares del siglo XX, la que nunca dejó de escribir y se animó a distintos géneros y formatos.

En las primeras páginas del libro publicado por Fondo de Cultura Económica, Moser adelanta que en estos 85 relatos Lispector « invoca, ante todo, a la escritora misma » y dice que allí están « desde la promesa adolescente hasta la implosión de una artista que se acerca a la muerte -e incluso la invoca-, pasando por la seguridad de la madurez, permitiéndonos descubrimos esta figura adorada en Brasil, que es más grande que la suma de sus obras individuales ».

Novelista, cuentista, periodista y traductora, Lispector nació en la aldea ucraniana Chechelnik el 10 de diciembre de 1920, pero su familia dejó Ucrania al año siguiente y después de un intenso viaje, sus padres Pinjas y Mania Lispector lograron instalarse junto a sus tres hijas, en 1922, en el puertito de Maceió, ubicado en el Nordeste brasileño.

A sus cinco años, Clarice llega con su familia a Recife, capital del Estado de Pernambuco, también en el Nordeste y se apropia del lugar, ya que allí aprende la lengua portuguesa, esa en la que pensó, soñó, proyectó y a través de la cual expandió las capacidades de habitar lo cotidiano.

Moser descubrió a Lispector estudiando portugués cuando leyó « La hora de la estrella ». « Fue una obra tan genial que me enamoré de esa mujer, quería saberlo todo », rememora el editor, escritor y traductor que luego se dedicó a escribir « Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector », por el que fue finalista del National Book Critics Circle Award y obtuvo el Premio Estatal a la Diplomacia Cultural de Brasil por contribuir a divulgar internacionalmente su obra.

Para el biógrafo, la de Lispector es « una obra tan rica que contiene mil temas » y dice que lo que más le llamó la atención « es que escribió desde la adolescencia hasta la muerte sin interrupción ».

Desde México, Paula Abramo relata que en 2017 le propusieron este trabajo de traducción, y aunque se sintió « muy honrada », primero dudó, « por las dimensiones del reto: Clarice es difícil, por momentos muy oscura, muy adorada y estudiada, y el libro no era pequeño ».

« Además, no era una escritora con la que yo tuviera una relación de mucha intimidad. Pero, ¿cómo negarse a tan sabroso desafío? Y, además, en el trabajo de traducción, la intimidad se construye. Entonces me decidí. El proceso me llevó un poco más de dos años, con intervalos importantes », explica sobre el libro que hoy presentará a las 19 en una charla vía YouTube -en el canal de la editorial- con la escritora y editora Valeria Tentoni.

Cuenta que se preocupó por « preservar las rarezas gramaticales de la autora, sus giros sorpresivos, pero dejar que en sus momentos de sencillez y transparencia fuera sencilla y transparente también en español ». En el proceso detalla que consultó a colegas especialistas en literatura brasileña y traductores de Clarice para los puntos en los que no lograba decidirse por una u otra lectura.

« A veces las interpretaciones de todos ellos diferían entre sí, y eso me producía una sensación de libertad y vértigo. Al final grabé toda la traducción: era importante para mí saber cómo sonaba. Solo entonces revisé otras traducciones », precisa.

Su encuentro con la obra de Lispector fue a partir de « Lazos de familia », que recuerda haber leído « cuando tenía veintipocos años ». « Lo encontré, si no mal recuerdo, en una librería de viejo acá en México. Era la traducción de Cristina Peri Rossi, editada en España por Montesinos. En aquel momento lo que más me impactó fue el cuento ‘La cena‘, ese retrato inquietante de una figura masculina y poderosa, decayendo, desmoronándose en un restaurante mientras come carne. Luego, por muchos años, salvo por algunos encuentros esporádicos, dejé de leer a Lispector. Pero ese cuento, junto con ‘El búfalo’ y ‘Una gallina’, estaban siempre por allí, en mi memoria », repasa.

Abramo (Ciudad de México, 1980) dice que el conjunto agrupado en este volumen « reúne textos bastante heterogéneos, desde escritos muy poéticos, como ‘La repartición de los panes’ o ‘Silencio’, hasta un extraño auto de fe incluido en la heterogénea sección ‘Fondo de cajón’, de ‘La legión extranjera’, pasando por el demoledor ‘Mineirinho’, que es un posicionamiento político de la autora frente a la brutalidad policiaca, un texto más periodístico, que mantiene una tristísima vigencia en la actualidad ».

Lispector murió en Río de Janeiro el 9 de diciembre de 1977 a los 56 años en la víspera de su cumpleaños.

¿Cómo dialogan los cuentos con las novelas de Lispector? Para Abramo, autora del poemario « Fiat Lux », « la lectura de sus cuentos es una buena compañía para la de sus novelas, pues permite un recorrido diacrónico en el que muchas de las inquietudes y exploraciones presentes en los cuentos están también presentes en las novelas que escribió en esos mismos períodos y dialogan con ellas ».

« Clarice es un poco un pensamiento, un movimiento. Los límites entre los géneros es algo que no le interesaba para nada. Es algo académico que se ha impuesto a la obra de una escritora« .

BENJAMÍN MOSER, BIÓGRAFO

Para el escritor, que después de la biografía de Lispector se abocó a la de la escritora Susan Sontag, « algunos cuentos son casi como pinturas abstractas que no tienen nada que ver con la comprensión fácil, y muchos de esos cuentos empezaron como piezas periodísticas o comenzaron con cuentos y fueron transformándose en piezas periodísticas, porque tuvo una crónica en el Jornal de Brasil semanal durante varios años ». Ese trabajo, esas columnas son « un lujo para las ciudadanas y los ciudadanos de Río en los años 60 y 70 ».

Lispector publicó a los 23 años « Cerca del corazón salvaje », que había escrito a los 19, y por la que recibió el premio Graça Aranha como mejor novela. Ese mismo año se casó con el diplomático Maury Gurgel Valente, a quien conoció mientras estudiaba en la universidad, y comenzó una vida familiar que la llevó a compartir destinos internacionales sin dejar nunca de lado su vínculo con la escritura.

No se dejó atrapar por convenciones ni etiquetas, estableció una intervención única y personal sobre el lenguaje que puede encontrarse en los libros de cuentos « Algunos cuentos », « Lazos de familia », « La legión extranjera » y en las novelas « La pasión según G.H. », « Agua viva » « La lámpara » o « Para no olvidar ».

« La escritura fue algo fundamental en su vida. Ella dice siendo bastante joven, a sus 25, 30 años que escribir era lo que más quería, por encima de cualquier otra cosa, hasta más que el amor mientras sospechaba que no valía la pena, que no estaba a la altura de lo que pretendía ser, esa duda la acompañó siempre. Sin embargo, a pesar de sus dudas, se fue formando mientras escribía. Es la figura fundamental de la literatura brasileña del siglo XX, cada día es más famosa, más leída y más querida », destaca Moser.

Tanto Abramo como Moser eligieron aquellos textos que prefieren de la obra de Lispector. Para la traductora, los elegidos son los que están en « El viacrucis del cuerpo » y en especial « El cuerpo » al que define como « un cuento desternillante, que me reveló una Clarice totalmente otra: desparpajada, cómica, irreverente ».

Mientras que el biógrafo se inclina por « La imitación de la rosa », un relato que define como « absolutamente genial » donde « las frases del inicio son muy normales, comprensibles y poquito a poco se va deslizando su habla y el lector se puede dar cuenta de que esa mujer se está volviendo loca. Es algo que me fascina porque la frontera entre la sanidad mental y la locura es un tema que siempre le admiré a Clarice, ella tiene la fuerza de no volverse loca, de ir, de pensar en los extremos de la experiencia humana sin pasar los limites y volver para contarlo ».

Lispector murió en Río de Janeiro el 9 de diciembre de 1977 a los 56 años en la víspera de su cumpleaños y dejó un universo que convoca a explorar los lazos familiares, los límites con lo establecido y las injusticias atravesando las tensiones que permiten la lengua y la narrativa.

 

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

 

Autor:  Álvaro Suárez Ortiz
Directora: Ana María Cabo González
Editorial/Institución editora:  Universidad de Sevilla
Ciudad: Sevilla
País: España
Año 2020
Tipo de publicación: Tesis
Tipo de tesis: Tesis doctorales
Materias de especialidad: 

Enseñanza de ELE, Enseñanza de la lengua, Historia de España, Traducción, Traducción

Descripción: 

El presente trabajo, a cargo de Álvaro Suárez Ortiz, leído en la Universidad de Sevilla en 2020, tiene como objetivo ofrecer a todos aquellos interesados en la lengua árabe un nuevo recurso que satisfaga la pretensión última de alcanzar un grado de conocimiento lo suficientemente profundo como para poder utilizarla con éxito en cualquier tipo de situación comunicativa.

Nuevos enfoques de aprendizaje en el arabismo hispano: un compendio léxico innovador español-árabe presenta de ese modo una herramienta versátil concebida con la intención de facilitar a los discentes hispanohablantes la labor de acercamiento, comprensión y asimilación de la lengua árabe, tomando como piedra angular el componente léxico del idioma.

Para ello, se ha llevado a cabo una exhaustiva labor de cotejo y selección de la información de mayor relevancia contenida en un total de cinco diccionarios de reconocido prestigio y valor docente (con material consultable, según el caso, en lengua española, inglesa o árabe). Esta información ha sido sometida a un riguroso proceso de análisis, comparación, traducción (en los casos en los que ha procedido) y complementación hasta añadir a cada una de las entradas contenidas en la herramienta información suficientemente amplia como para contextualizar el uso de cualquier lema recogido en la misma y aumentar exponencialmente la probabilidad de utilizarlo adecuadamente en el discurso oral o escrito en lengua árabe.

El material resultante de esta labor no solo recoge el saber de lexicógrafos de referencia, sino que da un paso más, incluyendo toda la información gramatical presente en los diccionarios que tratan otros pares lingüísticos, para así presentar al estudiante el vasto potencial de la lengua árabe en su máxima expresión.

Página de Internet:  https://idus.us.es/handle/11441/105502
Fecha de publicación: Domingo, 4 de abril de 2021

[Fuente: hispanismo.cervantes.es]

Depuis les années 2005, les adultes migrants en France (hors-Union européenne) doivent signer un contrat d’intégration lors du passage à l’[Office Français de l’Immigration et de l’Intégration.

Écrit par Eric Mercier

Docteur en sociolinguistique et didactique des langues, Université de Tours

Lors du discours de Troyes en 2002, Jacques Chirac annonçait une refonte de la politique d’intégration des migrants réguliers :

« Chaque nouvel arrivant s’engage dans un véritable contrat d’intégration comprenant notamment la possibilité d’accéder à des formations et à un apprentissage rapide de notre langue. »

Ainsi depuis les années 2005, les adultes migrants en France (hors Union européenne) doivent signer un contrat d’intégration lors du passage à l’Office français de l’Immigration et de l’Intégration (OFII). Le principe de ce contrat est de formaliser différents engagements du migrant et de la société d’accueil, dont en particulier l’apprentissage du français en formation spécifique.

Poursuivant un objectif prioritairement social (qui était initialement d’assurer le droit de tous à la formation en français), l’apparition du Contrat d’Accueil et d’Intégration (CAI) a fait basculer ces formations en véritable devoir pour s’intégrer. Lorsque les formations sont prescrites, la présence en formation et la passation d’un examen sont obligatoires, pouvant conditionner le renouvellement du titre de séjour. Le Contrat d’Intégration républicaine (CIR), apparu en 2016, renforce ces exigences avec l’obligation de progresser à trois tests en français.

Pourtant, différentes recherches en sciences du langage, en sociologie, ou encore en histoire, soulignent les limites de la logique « formation en langue = intégration », et une thèse récente en explore spécifiquement ses conséquences.

Imposer une formation : quels effets ?

La démarche de cette dernière étude a consisté à enseigner dans ce cadre, puis à aller à la rencontre de ses différents acteurs, participants et collègues formateurs, pour tenter de comprendre leurs démarches et leurs rapports à ces formations. Suite à ces expériences et à une vingtaine d’entretiens réalisés auprès de migrants, il ressort d’abord un certain nombre de points positifs.

D’abord, la grande majorité des participants rencontrés (plus de 200) font de l’apprentissage du français un objectif affirmé, souvent prioritaire. Certains migrants nouent des relations de confiance affirmées avec leurs formateurs de sorte que la formation constitue alors un espace d’accompagnement au-delà des contenus linguistiques. Le formateur peut alors représenter un accompagnateur social de référence, pour une écoute, un partage, et la formation peut pour certains migrants constituer un tremplin d’apprentissage voire d’intégration.

De très nombreux migrants jouent le jeu sans opposition apparente, laissant penser que ces formations obligatoires permettraient d’impliquer le plus grand nombre. Ceci étant dit, différents cas de figure se dessinent : si certains migrants font des progrès indéniables (et alors même que certains d’entre eux étaient réfractaires à se former au départ), à l’inverse d’autres semblent rester longtemps sans forcément tirer parti ou sans être pleinement satisfaits de l’apport de la formation.

Plus encore, les évaluations sur lesquelles repose désormais l’appréciation des efforts d’intégration sont déconnectées des pratiques réelles :

  • Ceux qui ont progressé de façon spectaculaire aux tests ne parviennent pas pour autant à appliquer ces savoirs en dehors de la classe. Certains d’entre eux surprendront leurs formateurs en stagnant, ou bien en perdant ces savoirs par la suite.
  • La situation inverse est courante aussi : certains migrants qui ne progressent pas aux tests ou bien ne s’investissent pas dans les formations, surprennent la classe en apprenant à travers d’autres situations (et parfois très rapidement à l’oral).

Si les formations linguistiques représentent bien un vecteur indéniable d’apprentissage, voire d’intégration, celles-ci ne sauraient représenter le point de départ et la solution exclusive de l’apprentissage du français et de l’intégration de tous.

Comment les migrants perçoivent-ils ces mesures ?

Si tous les migrants rencontrés veulent apprendre le français, un seul parmi ceux que nous avons reçus en entretien a fait état d’un accord affirmé avec le système de formations obligatoires. Pourtant, aucun n’avait laissé transparaître de réticence en classe, tous ont joué le jeu. Nombre d’entre eux ont saisi l’opportunité donnée par les entretiens pour faire part de ce dont ils ne parvenaient pas à discuter autrement. Plusieurs de ces entretiens surprennent alors par les positionnements particulièrement critiques de migrants pourtant volontaires en formation (voir exemple dans l’encadré ci-dessous).

Parmi les effets contre-productifs relevés, la formation en langue est parfois perçue comme une fausse solution, comme une impasse. Le manque de socialisation avant la formation, ou encore la déconnexion des projets ou des pratiques en France avec les contenus enseignés, participent à ces ressentis. La formation obligatoire risque alors de compromettre d’autres projets et opportunités qui peuvent se révéler tout aussi décisifs dans l’apprentissage, comme dans l’intégration (travail ou bénévolat, recherche d’un logement plus décent, des opportunités de socialisation…). Cela amène certains informateurs à exprimer se sentir sous-estimés dans leur potentiel d’apprentissage et d’intégration, ou encore se sentir empêchés de participer à la société française.

Les formations peuvent aussi être perçues comme le signe d’une intégration qui ne laisserait pas de place pour s’intégrer. De nombreux migrants s’interrogent sur le droit de parler leurs langues dans l’espace public ou à la maison, avec l’impression que le français doit venir les supplanter, voire les supprimer. Cela a parfois pour conséquence un certain renfermement, menant par exemple à imposer les seules langues d’origines à la maison pour compenser leur perte présumée.

Au final, l’obligation formative n’est selon cette étude pas une solution à rejeter, comportant un certain nombre de zones de pertinence (faire découvrir la formation/donner le pas à certains projets). Mais faire de ces formations la solution de l’intégration, fait courir le risque pour ceux qui ne peuvent s’y soumettre de passer à côté de ses propres objectifs, ou pire, d’amener à un sentiment de stigmatisation, de rejet. Au-delà de ces contradictions, l’objectif affiché des politiques comme des chercheurs est pourtant bien le même : viser à favoriser et accompagner l’intégration de tous.

Des pistes de recherche

Les entretiens réalisés soulignent l’intérêt de s’intéresser aux situations personnelles, aux histoires et aux projets de ces personnes dans le cadre d’un suivi : ce qui permettrait de comprendre et d’orienter (voire, de responsabiliser et d’engager) chacun de façon plus ouverte à différentes possibilités, dont il pourrait s’agir de tirer parti.

Lorsque la (seule) formation linguistique ne fait pas sens, d’autres solutions pourraient être cherchées en complémentarité :

  • formation/partenariats de stages professionnels ;
  • participation bénévole ou associative ;
  • participation de migrants à l’élaboration même de certains projets d’accompagnement.

Ce type d’expériences viserait aussi à mieux apprécier les possibilités d’intégration de chacun, évitant que l’on interprète systématiquement qu’un migrant qui n’a pas progressé en français ou bien à ses évaluations n’est pas sur la voie d’une bonne intégration.

Une seconde piste proposée est de travailler à la sensibilisation de toute la société à ces questions. Si l’on défend l’intégration comme un processus réciproque, la connaissance et la compréhension des migrants par la société relève alors également d’un enjeu de l’intégration, et d’une responsabilité de la société qui accueille.

 

[Photo :  Shutterstock – source : http://www.theconversation.com]

El escritor chileno Rafael Gumucio publica La piel del mundo, una serie de lúcidas y originales crónicas citadinas en Nueva York, Puerto Príncipe, Madrid y Barcelona.

Escrito por MANUEL ÁLVAREZ

Qué: libro (Random House)

Si hay algo que Rafael Gumucio sabe hacer bien es escribir no ficción, incluso hasta cuando hace ficción, como lo fue su última e hilarante novela: El galán imperfecto. Ahora, con el aval que le da el género de la crónica, Gumucio vuelve a ponerse en el centro, con sus reflexiones y, sobre todo, con su mirada como protagonista. Porque ese es el gran logro de La piel del mundo, que nosotros, lectores, veamos a través de Gumucio.

El libro entonces muestra la mirada de un cronista certero, que, como buen turista («el turista se equivoca mucho menos que el viajero sobre la naturaleza de las cosas que visita», dirá), mira con detalle la ciudad que visita. Pero no solo a la ciudad y a sus habitantes, también viajando, de esto se da cuenta el cronista, uno se conoce más a uno mismo.

Es, a su vez, el libro de un extranjero (¿no es un escritor un extranjero?) que busca mimetizarse en los lugares que le toca vivir (sea Estados Unidos, Haití o España), por más que esos años, que ese tiempo que le toca vivir afuera, como un inmigrante, no sea tan extenso. Quizás en esa fragmentación, en esas bocanadas de aire para el escritor en las que intenta aprender inglés, ser rico en un pueblo pobre o triunfar con la escritura, está la clave de la narración.

Al final, a modo de epílogo, Gumucio narra su estadía en la Nueva York pandémica de 2020, colapsada por un virus que él al principio desestimó, en donde por un accidente en la bicicleta en los Hamptons, en el que se rompe ambas muñecas, termina en un hospital saturado por pacientes de Covid. Lo que se dice un correlato.

La piel del mundo es un libro ingenioso que permite conocer la piel de un escritor, es decir, su singularidad.

Rafael Gumucio (Santiago de Chile, 1970) es escritor y guionista. Ha publicado el libro de relatos Invierno en la torre (1995) y la autobiografía Memorias prematuras (1999). A su vez, publicó las novelas Comedia nupcial (2002), La deuda (2009), Milagro en Haití (2015) y El galán (2018).

Rafael Gumucio La piel del mundo

 

[Foto: Andrés Figueroa – fuente: http://www.zonadeobras.com]

 

Una conversación con una de las últimas críticas musicales de Bulgaria

Ekaterina Docheva, decrescendo.net

Cuando recibí la invitación para sentarme en el diván del Lorca con Marco, Martina y Joe, mi primer deseo fue presentar a Katya Docheva, una magnífica crítica musical, tan llena de hermosas historias. Con un estilo inconfundible, nos permite conocer casi medio siglo de pasado socialista del que tan dolorosamente nos hemos separado y, al mismo tiempo, dibuja un presente marcado por tres décadas de transición democrática inconclusa.

Conocí por primera vez a Ekaterina Docheva en el Palacio Nacional de la Cultura durante un concierto al que esperaba asistir desde hacía años. En aquel momento mi marido trabajaba como redactor en el periódico Kultura y recibió una invitación para el recital de mi admirada Angela Gheorghio, la cual seguía manteniendo una impresionante forma vocal, resultado de la reputada escuela rumana en la que se formó. Cuando me cedió su entrada, mi marido me comentó que estaría en el concierto junto a Katya Docheva, tal y como familiarmente era conocida. Maravillosa coincidencia que acabara compartiendo aquella experiencia con una reconocida crítica musical a la que admiraba.

Desde hace tiempo seguía su columna semanal y siempre mostré un gran respeto por su afilada pluma, tan implacable y diferente del resto de los análisis de Kultura. Cuando llegué a mi asiento me encontré a la derecha una dama de pelo corto, estilosa y descuidada, que, con sus primeras palabras y una mirada elegante de intelectual, enseguida me conquistó.

De esta manera comenzó nuestra amistad, que más adelante se fue transformando en encuentros más frecuentes, con fascinantes paseos matutinos por el parque, conversaciones sobre música y mucho más. Katya es una lectora incansable que, además de seguir la actualidad musical, se interesa por cine, el teatro, la literatura, la poesía y un sinfín de artistas e historias, tanto búlgaras como europeas.

¿Cómo acabó siendo “la guerrera solitaria” en el campo de los críticos musicales en Bulgaria?

Antes de nada, me gustaría decir que se trata de una definición no del todo precisa, ya que hasta hoy en día, junto a mí hay otras personas, sobre todo señoras, que se dedican a la crítica. Es cierto que hemos quedado pocas personas, y puede que mi trabajo sea más visible, porque escribía cada semana textos de crítica en el periódico Kultura. Pero en las páginas de este periódico reflejaban noticias de la vida musical y operística con más frecuencia personas como Natalia Ilieva y Boyanka Arnaudova. Como redactora del periódico lograba atraer a veces a personas de buena pluma como los compositores Dragomir Yosifov o Mihail Goleminov. Pero sucedían rara vez. Mire, antes de los cambios políticos en Bulgaria, durante el socialismo, ante todas las limitaciones que había por entonces, había una tribuna de crítica musical. Casi todos los periódicos y diarios tenían una página dedicada a la cultura que ofrecía también reseñas de arte. Había críticos buenos y valientes. Una tribuna de crítica bastante seria hasta 1990 era la revista Bulgarska muzika, que era el órgano de la Unión de Compositores. La misma unión acabaría cerrándola, lo cual traería consigo un gran daño a la posibilidad de que se siguiera la vida musical en Bulgaria. La revista tenía una extensión de 100 páginas y cubría los eventos musicales más interesantes del país. Así que el territorio existía y el territorio mismo exigía que hubiera gente dedicada. Después del 10 de noviembre de 1989 estas ediciones se clausuraron. Quedó solamente el periódico Kultura que, junto a su continuación, seguiría existiendo hasta final de 2019. Muchos críticos musicales se rindieron porque el mundo del dinero empezó a vengarse. De repente, salieron a la luz demasiadas dependencias y empezó a resultar incómodo escribir sobre crítica actual de compositores y artistas. Bulgaria es un país pequeño y, como decimos nosotros irónicamente, en él todos somos familiares, o amigos, o compañeros. Y más aún en el sector musical. No habría manera de que no hubiera conflicto de intereses, que no tuvieran lugar pequeñas pero eficaces venganzas. Por ello, seguramente, la mayoría de las plumas se orientaron hacia el trabajo científico, hacia los medios electrónicos, y fueron abandonando la esfera de la crítica actual. El año pasado tomé la decisión de hacer este blog sobre crítica y escribir para mi propio placer.

¿Cuál crees que es el futuro de la música clásica en Bulgaria?

No pretendo sonar muy pesimista, pero yo creo que esta esfera musical, tan importante y fundamental en el desarrollo del hombre, no tiene futuro en nuestro país. Resultó que nuestra tradición en relación a la música clásica está bastante relegada. Hoy día ella apenas es respetada por instituciones que se dedican a financiar las artes, y por ella solo se interesa una pequeña parte de la sociedad. Algo que no debería sorprendernos, teniendo en cuenta que en la educación primaria y secundaria toda la formación relacionada con la música clásica está absolutamente recortada y reducida. Mi amargo balance después de décadas en este oficio es que toda la cultura sinfónica de Bulgaria ha sido deus ex machina —rebajada—. La sociedad, el pueblo se emociona de otro tipo de música. La red de orquestas sinfónicas, teatros de ópera y coros fue creada después de 1944. Por, entre otros, el gran papel compositor y director Georgi Dimitrov. Como pedagogo, él “creó” a fantásticos directores corales como Vasil Arnaoudov, Georgi Robev, Zahari Mednikarov, Metodi Grigorov, Hristo Arishtirov… son bastantes.

Se sabe que Bulgaria era un país de coros, además de un país con muchas orquestas sinfónicas. Ellas también fueron creadas por personalidades —desde Konstantin Iliev, Dobrin Petkov, Ruslan Raychev—… Estas personas tuvieron conciencia de músico para lanzar fuerzas, para formar a la población con un repertorio desconocido, de hacer tradición. Había también conciertos educativos, conciertos por la televisión, los músicos y el Estado trabajaban para acercar al ciudadano búlgaro a las salas de conciertos. Y en gran medida esto se logró: ahora me doy cuenta de que por ello el aislamiento en el que vivíamos también contribuyó. No había muchas tentaciones, no había medios para obtener todo tipo de información. Los conciertos y los espectáculos de ópera eran una parte importante de las necesidades culturales del búlgaro medio.

Pero también en los años después de la caída del régimen la voluntad libre del pueblo dio a luz al pop folk, y el público demostró que lo anterior nunca lo habría alcanzado. Es un hecho que la frenética alegría de poder comprar tus cosas favoritas ha desplazado la idea de que la cultura común, además de material, debe poseer un individuo. En treinta años, un gran porcentaje de la población búlgara me ha transmitido que no está interesada en esto. Así que para la música clásica en Bulgaria el mercado (expresándome en lengua actual) se redujo al mínimo. Por ejemplo, para Sofía, una ciudad de dos millones de habitantes en su área metropolitana, donde los centros comerciales están llenos, el público de un concierto de música clásica está entre 1000 y 1500 personas como mucho.

Nosotros somos un país rural y por mucho que nuestros pueblos se vacíen y aumenten los habitantes de las ciudades, la gente sigue alimentada de otra cosa. A ellos les encanta alegrarse o llorar por la música, pero no añadirle emoción y sentido mientras la escuchan. Y mucho menos estar interesado en los usos de la música, además de como fondo para una de sus experiencias. A la gente le gusta el folclore, la música pop, y muchos de ellos se emocionan por el pop folk. Durante los últimos 10 años vengo escuchando que el pop folk se ha ido desvaneciendo. Pero yo no lo tengo nada claro. Lo que se ha desvanecido es la música clásica.

Las atrocidades que se cometen contra los instrumentalistas búlgaros, aquellos que tocan durante horas todos los días desde niños, a cambio de un salario mísero, con su escasa paga, los expulsan de Bulgaria. Abandonan el país y empiezan a trabajar en el extranjero. Y aquí la falta de músicos es cada vez más evidente. Las orquestas fueron recortadas, pronto empezarán a cerrarlas, directamente. El repertorio es también muy reducido, ya que la mayor parte de las orquestas estatales se convirtieron en orquestas tipo “simfonieta”, es decir, de máximo 40 miembros. En este tipo de agrupaciones no pueden tocar nada que sea de después del siglo XVIII, excepto algunas composiciones de cámara de épocas más tardías. Y el público en estas ciudades, mientras existe, suele escuchar Haydn, Mozart, Beethoven. ¡En el siglo veintiuno!

Hace poco vi un documental sobre el director Kent Nagano. Él tuvo algún problema con el público en Montreal, donde fue director general durante mucho tiempo. Observó que solo gente mayor acudía a los conciertos. Entonces se propuso llevar a la gente joven y consiguió hacerlo durante varios años. Empezó por las guarderías. ¡Lo logró! Pero allí es otra sociedad. No rechazan la música clásica como algo aburrido, elitista… En Alemania, por ejemplo, un gran porcentaje de la gente simplemente no pueden imaginarse la vida sin esta cultura musical. Después de la guerra, los alemanes vivían en la miseria, pero nunca venderían su piano, y en cada casa había uno. Igual que lo que aquí ocurrió hace tiempo: ¡un trabajador de un centro cultural destrozó un piano porque era ya muy viejo! ¿Este hecho qué os dice? Esta es la realidad. No tengo ninguna sensación de que las cosas vayan a ir a mejor.

¿Qué te hace seguir escribiendo?

Mi determinación por no rendirme.

¿Esta es tu manera de dedicarte a la música?

Me encanta la música. Es mi salvación. Me ha salvado en muchas ocasiones. De la depresión en 1990, cuando me di cuenta de que sin mis ocupaciones la vida puede seguir en Bulgaria, es decir, que soy totalmente innecesaria. Pero no me rendí. Por supuesto que durante este tiempo he trabajado en otras cosas. La crítica nunca ha sido una fuente principal de ingresos como para vivir escribiendo reseñas. Pero yo sigo, insistiendo…

Sí, a veces observo cosas que me devuelven la esperanza. Fui a un concierto de Maksim Vengerov con la filarmónica de Sofía y el director Nayden Todorov. Tocaron el primer concierto de Shostakóvich. En mi opinión, es el heredero de David Óistraj, el primero que interpretó la obra. El concierto es muy trágico, fue compuesto cuando salió el decreto de 1948, con el que se ven afectados todos los célebres compositores rusos de la época: Shostakóvich, Prokofiev, Khachaturian, Myaskovsky. A Shostakóvich lo despidieron cuando trabajaba de profesor. Él compuso esta pieza de concierto y no permitió que se interpretara hasta siete u ocho años después. Stalin tuvo que morir, y entonces pudo interpretarse.

Esta insinuación de Vengerov fue real para mí, auténtica, rompió, difundió la música y la hizo aún más influyente. El director Nayden Todorov había hecho muy bien el trabajo con la filarmónica. Allí había una audiencia real. La “Sala Bulgaria” estaba llena y entonces tenía una sensación ya muy olvidada. No se oía ni un aliento entre la audiencia. Era tal el silencio en la sala… Es cierto que lo que salía del escenario era algo muy fuerte. Tanto es así que sientes dolor físico, ganas de llorar. Y dado que el clima es tan especial ahora para muchas personas, para todas las personas, de alguna manera fue excepcional. Y luego escuché a la audiencia, escuché que todavía hay esperanza en este público, pero eran unas 500 personas. Sí, en cada ciudad aún no han muerto 500-1000 personas, para quienes esta música es importante. Y, dicho esto, no me considero muy pesimista, pero desafortunadamente una persona realista y tranquila.

El director Plamen Djurov, con quien hablamos también sobre este asunto, dijo una vez algo muy preciso: “No pudimos transmitir a los jóvenes la carga que nuestros maestros nos legaron”. Los músicos no se unieron después de los años 90. Se dividen aún más.

Los compositores de la vieja generación Vesselin Stoyanov, Marin Goleminov, Pancho Vladigerov, Lyubomir Pipkov, Filip Kutev fueron pilares serios y mantuvieron la autoridad de la música. Aunque a muchos de ellos les resultaba difícil llevarse bien. No recuerdo haber visto ninguna amistad entre estas personas, pero mantuvieron la autoridad de la música.

Después de la caída del régimen, a principios de la década de 1990, la Unión de Compositores Búlgaros se dividió en dos. La mitad quería que todo se vendiera. Se presentó una demanda. Aquí no había ya ni partidos ni gobierno. Aquí había algo un tanto retrógrado, una gran dosis de gente filistea, y por supuesto, la ideología del dinero. A una parte de los miembros de la Unión de Compositores Búlgaros la llamamos compositores, a la otra, suscriptores. La masa de gente incompetente o medianamente calificada cerró la revista Bulgarska muzika. Este fue un crimen contra la cultura musical búlgara. Fue entonces cuando abandoné la Unión de Compositores. Esta grieta expulsó de Bulgaria a personas muy capaces como Bozhidar Spasov, Alexander Kandov; se fueron por esto. Este fue el momento en que el dicho “El violinista su casa no mantiene” volvió a cobrar relevancia en nuestro país.

¿No crees que este es un problema global? Incluso los países ricos reconocen que es muy difícil trasladar la música clásica al futuro, porque el espíritu y el mundo en el que esta música nació desaparece y el mundo moderno, la cultura y la economía, no le dejan espacio. No obstante, se están haciendo esfuerzos colosales. El único arte en el que el pasado domina radicalmente el presente es la música clásica. Ni en las bellas artes ni en el teatro existe un dominio tan drástico del pasado sobre el presente.

Muchos países se enfrentan a este problema. Por ejemplo, en EEUU solo hay orquestas privadas. Se desconoce cuál será su futuro. Hay patrocinadores que financian las orquestas. La Metropolitan Opera es de propiedad totalmente privada. La orquesta de Washington, la filarmónica de Nueva York…

Pero nosotros estamos en Europa. Es cierto que cuando decimos música clásica mucha gente entiende que se trata de la música hasta mediados del siglo XX. Y estoy hablando de la música clásica como un concepto más amplio. El tema de la música contemporánea en nuestro país es bastante diferente al de otros países. No digo que la música contemporánea llene los estadios allí, pero todo es cuestión de algún tipo de práctica educacional e inclusión. ¡Curiosidad! No puedes involucrar a alguien para que escuche incluso a Schnittke cuando estudia música hasta el octavo grado y cuando además no le llegan ni siquiera más de diez compositores distintos. Luego, el entorno en sí: no puedes escuchar obras de tres estrofas y un estribillo durante todo el día y luego acercarte a una sinfonía de 30 o 40 minutos de duración. Se debe desarrollar la paciencia, la imaginación del oído, se debe mostrar la belleza al joven para descubrir la mina de este tipo de música.

¿Qué hay de la música de los compositores búlgaros que merezca ser transferida al futuro, salvada, con la esperanza de que alguien más en algún lugar pueda escucharla? Aquí está el siglo XX detrás de nosotros, tenemos bastante distancia.

Hay muchas obras de este tipo. El hecho de que no se hayan vuelto legítimas para la música europea se debe al carácter cerrado de Bulgaria y al hecho de que es un país pequeño. Además, la distribución de música requiere fondos que el Estado se niega a dar. Lo que escribieron compositores como Konstantin Iliev, Ivan Spasov, Lazar Nikolov, Vasil Kazandjiev, Simeon Pironkov es realmente significativo. También hay cosas de Lyubomir Pipkov que no me gustaría perderme en ningún caso. ¡Bueno, Dimitar Nenov! Los cuartetos de Marin Goleminov tienen un valor absoluto. Era joven, tenía unos 33 o 34 años y pasé una semana entera en Sliven; tuvieron lugar los Días del Arte del Cuarteto. Los cuartetos de Goleminov tocaban en cada uno de los conciertos junto a los cuartetos de Bartok. Quedaban tan uniformes uno al lado del otro que para mí fue un momento inolvidable de total alegría. También Dimitar Tapkov, un hombre excepcional, además de compositor. O Georgi Minchev… hay suficientes obras búlgaras de compositores de mi generación: Emil Tabakov, Stefan Dragostinov, Alexander Kandov, Plamen Djurov, Bozhidar Spasov, una generación de compositores muy capaz. Desafortunadamente, todavía no son lo suficientemente conocidos. Varias obras de Tabakov se reproducen por todo el mundo, también de Dragostinov, pero en general, la música búlgara apenas se interpreta en Bulgaria actualmente. Entonces, por qué deberíamos pretender que se escuchara fuera. ¿Qué pasará con la próxima generación? Aquí están Georgi Arnaudov, Dragomir Yosifov, Petar Kerkelov…

Tengo la suerte de haber pasado mi vida con estas personas, pero también acepto con calma la idea de que soy unа outsider total. No pretendo hacer tragedia de esto, he aceptado que a los ojos de mucha gente soy alguien marginal. Debo parecer lo mismo a los ojos de mi hija. Dejó este mundo tras veintiséis años de trabajo con el violín y ahora trabaja en los Estados Unidos. Es una muy buena persona, pero se dio cuenta de que no tiene futuro con el violín. Hizo un esfuerzo inhumano por encontrar otro camino y vivir más segura. Sí, sigue escuchando música, pero no ha tocado el violín durante al menos diez años.

¿Crees que su destino refleja la situación de los músicos en Bulgaria? ¿No es solo una elección personal?

Hay muchos niños que estudian música, luego se van y nunca regresan a Bulgaria. Y no solo por los humillantes salarios. La cuestión es también por el entorno en el que vives. Tienes que sentirte valorado por ser músico. El ridículo comentario de “Está bien, tocas, pero a qué te dedicas” no puede volver otra vez a ser relevante y actual; esto no se debe al capitalismo, se debe a la mentalidad.

¿Cómo llegaste a la música?

Mi segundo padre era contrabajista y tocaba en la pequeña orquesta de la radio. Más adelante comenzó a componer partituras. Fue el mejor copista de notas de Bulgaria. Eso podría ser perfecto. Así conoció a mi madre. Por la misma razón, todos los músicos de Sofía vinieron a nuestra casa.

Tocaba el acordeón desde muy joven, ya que mis dos tíos también lo tocaban. Mi madre era de las que pensaban que los niños deben estar muy ocupados para que no le vengan malos pensamientos a la cabeza. Empecé a tocar a los cinco años. Tenía un acordeón Hohner con teclas de nácar. Tuve grandes profesores en la escuela de música. A los doce años les dije a mis padres que quería crear música y que este era mi sueño. Se me daba bien, pero no pude llegar a ser tan buena con el piano. En 1967 me aceptaron en la facultad. Tenía 17 años y era la persona más feliz del mundo.

¿Cómo escucha música un crítico?

Cuando era joven, solía mirar y estudiar partituras. Estaba constantemente estudiando obras, leyendo sobre ellas, escuchando diferentes interpretaciones… Inevitablemente, comienzas a volverte más crítico, más exigente, a buscar lo desafiante, lo diferente, a huir de los tópicos.

¿Qué es lo que más valoras en la interpretación?

La forma. No solo la forma, pero es muy importante. Cuando un buen intérprete comienza, sabe muy bien cómo construir toda la obra para que sea una forma completa y perfecta.

¿Es posible que un músico que no sea perfecto componga muy buena música?

Ha habido casos. Incluso cuando escuchas a artistas muy jóvenes que no dominan completamente el instrumento, puedes sentir la personalidad, la individualidad. Muestran que este texto tiene algún sentido. Esto es lo más importante.

Te manejas perfectamente con varias lenguas europeas, algo que seguramente te ha ayudado a superar diversas barreras en estos años.

Respecto a las lenguas, ocurrió de la siguiente manera: mi madre y mi padre biológicos se graduaron en un colegio alemán. Empecé a estudiar francés en clases particulares, a los dos o tres años de edad. Más adelante, a los seis años, me apunté a clases de alemán. Continué con el alemán durante mucho tiempo y estuve estudiándolo con una profesora nativa que me enseñó a pensar en alemán. De mayor, estudié inglés en la Alianza, y en México aprendí español. El tercer año de mi estancia en México estuve enseñando en la Modern American School.

¿Cuáles son tus preferencias musicales?

De los compositores clásicos, aquellos que son los favoritos de los amantes de la música, para mí no hay una nota incorrecta escrita por Johannes Brahms. Hay un poder emocional latente y muy fuerte en él. Especialmente sus ciclos de piano. Hay tanto anhelo allí, tanta energía… De sus sinfonías, la segunda es la que más me gusta escuchar.

De compositores más modernos: Charles Ives – lo tiene todo, es una vanguardia absoluta. Arvo Pärt y Alfred Schnittke. De la escuela alemana: Helmut Lachenmann, Paul-Heinz Dittrich, con quien fuimos cercanos, Jörg Widmann. Y Friedrich Goldmann. También tengo una larga amistad con la compositora coreana Unsuk Chin, que vive en Berlín. Ahora es muy famosa, pero cuando la conocí en Copenhague en 1996, estaba presentando sus primeros trabajos y todavía no era tan famosa. Por último, pero no menos importante, cabe mencionar a Gia Cancelli, a quien también tuve la suerte de conocer. Luigi Nono, Luciano Berio, György Ligeti, György Kurtag, mi amigo de Argentina Alejandro-Iglesias Rossi. ¡Hay tantos, este mundo es inmenso!

Entrevista realizada por Christina Vassileva en febrero de 2021 en Sofía, Bulgaria.

Christina Vassileva vive y trabaja en Sofía (Bulgaria). Es poeta, cantante de cámara y solista en el trío Affettuoso, con el que realizan diferentes conciertos de piezas clásicas barrocas. Christina firmó el Manifiesto de la Nueva Poesía Social en 2016. Poeta y traductora de inglés. Publicó sus primeros poemas y traducciones en Literaturen vestnik y en la revista Nueva Poesía Social (Нова социална поезия).

[Fuente:  http://www.fronterad.com]

La joven no duda de su identidad y está orgullosa de la misma.

Por Luis Alberto Laborda

Meztli Henriquez es una joven canadiense hija de un matrimonio compuesto por una integrante de los pueblos originarios de Canadá y un inmigrante latinoamericano.

Nacida y criada en un hogar compuesto por dos universos culturales aparentemente distantes, la joven sintió desde pequeña que tenía que relacionarse, mantener y fomentar las múltiples influencias que significa su doble raíz.

A lo largo de su vida ha experimentado en carne propia las complicaciones de lo que significa el multiculturalismo, cuando sus allegados, amigos y compañeros de la escuela le decían que no era latina, indígena ni canadiense.

Muchas personas me decían que yo no soy ni salvadoreña ni dené. Para mí, eso era algo difícil de comprender… ¿Qué soy entonces? Meztli Henriquez.

Mientras crecía en su Saskatchewan natal, pronto se vio inmersa en un mundo donde el idioma que prevalecía era el inglés, y creció sin aprender la lengua indígena materna.

El lenguaje es el principal instrumento que los humanos tenemos para comunicarnos con los demás. Sin él, estamos aislados, solos. Meztli Henriquez.

Lejos de desanimarse, comenzó a estudiar el dene suliné por su cuenta.  Se trata de una lengua que se usa en la región central de Canadá y que en la actualidad es hablada por 12.000 personas, aproximadamente.

La joven creció en un hogar de madre indígena dene y padre salvadoreño.

Su interés por las lenguas llevó a Meztli a presentar un trabajo en el marco de sus estudios universitarios, en el que aborda la problemática de la preservación de los idiomas minoritarios en Canadá, principalmente los de raíz indígena.

El documento fue saludado con elogios por uno de los responsables del departamento de lingüística de la Universidad de Saskatchewan, quien no solo resaltó la preocupación de la estudiante por la preservación de la cultura de los pueblos originarios, sino que sostuvo que se trata de un aporte valioso para de comprender la relación estrecha que existe entre el idioma y el bienestar de las personas.

Por su trabajo, Henriquez fue galardonada recientemente en el marco de la Semana de los Logros Indígenas, que se propone reconocer los esfuerzos de los estudiantes mestizos, inuits y de las primeras naciones.

La joven se propone la ambiciosa meta de convertirse en impulsora de un programa de revitalización de la lengua dene suliné, para evitar que otras personas repitan su experiencia y puedan caminar por la vida conscientes de sus raíces y en contacto fluido con las mismas.

Muchos de los jóvenes de la comunidad dene no conocen el idioma de sus mayores, porque se expresan principalmente en inglés. Es necesario aumentar su número de hablantes. Meztli Henriquez.

Pero a esta inquietud, nuestra entrevistada suma otra, que es la de propiciar las instancias y multiplicar las ocasiones para que las personas mayores sigan su formación.

Henriquez quiere crear un programa de revitalización lingüística y cultural.

Meztli considera un error suponer que la educación, la instrucción y la actualización de conocimientos deben estar reservadas a los jóvenes.  Los adultos mayores, en algunos casos, viven la situación inversa, se expresan mayoritaria o exclusivamente en su idioma ancestral y, en consecuencia, cuentan cada vez con menos medios para mantenerse informados, para saber lo que sucede fuera de su entorno más cercano… Se trata de personas esenciales para mantener el dele suliné con vida…

La experiencia y anhelos de una joven que muestra con orgullo que la multiplicidad de raíces es un tesoro que vale la pena preservar y que los idiomas son parte indispensable en la tarea.

Meztli Henriquez no brinda más detalles en entrevista con Radio Canadá Internacional.

 

[ Fotos: Meztli Henriquez – fuente: http://www.rcinet.ca]

¿Quién no ha sentido que las conversaciones por las que lo llevan las clases de idiomas son totalmente falsas y postizas? Preguntar cosas inimaginables en situaciones inverosímiles parece ser tan solo uno más de los ingredientes del aprendizaje.

Escrito por Laura Sofía Rivero

Para Cynthia, para Clemente

En el último mes he pedido cuatro tickets en el aeropuerto de Orlando, convencí a una multimillonaria para que donara su dinero a un orfanato, trabajé en una farmacia del centro de Londres, di una conferencia sobre los peligros que acechan en la selva de Australia, y fui, también, un hombre mayor bastante calvo que sintió el viento frío en su nuca frente al Gran Cañón.

Yo no elegí este multifacético estilo de vida. De hecho, al empezar cada sesión, suelo preguntarme si estoy a punto de ingresar a una clase de inglés o de interpretación escénica. Tomo lecciones porque mi idioma es insuficiente para abarcar el globo terráqueo, un mundo que está mayoritariamente escrito en otra lengua. Los currículums exigen dominarla. También los mejores salarios. Y mi curiosidad tiene sed de leer con fluidez, quiere deslizarse por los textos como si fueran mantequilla, no duras vallas en una carrera de obstáculos.

Sin embargo, mis verdaderas motivaciones de bolsillo roto y mente intranquila pronto se desvanecen. Mi ánimo comienza a disiparse y la culpa no la tienen los phrasal verbs, ni el second conditional, sino esas actividades bufas en colectivo que se empecinan por familiarizarme con el inglés. “¡Disfrútalo! Úsalo como en la vida diaria”, dicen mientras me obligan a sostener conversaciones que jamás tendría en español. El idioma, las relaciones humanas, incluso las necesidades básicas rápidamente se convierten en un artificio forzado.

Primer acto: es mediodía, un supermercado con poca gente, hoy me toca ser la cajera. “¿Qué va a querer?”, pienso con palabras prohibidas. Y aquí estamos mi compañero y yo: imbuidos en este teatro del absurdo, rodeados de estantes imaginarios llenos de latas que guardan conservas inexistentes, hablando un idioma falso fabricado por nuestras mentes, un espanglish lleno de cochambre, titubeos, palabras inventadas, gestos inciertos y frustración traducida a manotazos. “Teacher, how do you say ‘papel de estraza’?”, pregunta alguien en el fondo del salón. Guardan silencio los escenarios que se replican banca tras banca. La ficción está en pausa. “Tortilla’s paper”, responde mi chispeante interlocutor. Y todos reiniciamos ese oficio del sinsentido que es el tratar de darnos a entender.

Para quienes las disfrutan, las clases de idiomas son la recuperación de su niño interior. El mundo vuelve a ser una serie de objetos sin nombre, tan solo masa, tan solo un deseo. Todo se aprende desde el principio: los colores, los números, los nombres de los animales. En el cerebro dialogan la experiencia del adulto y la ingenuidad del infante; vuelve a desplegarse el territorio de los errores, las preguntas primarias, la necesidad de hablar.

Ojalá mi ánimo fuera lo suficientemente dúctil para ver un juego en lo que más bien se me presenta como una máscara. Desearía sentirme cómoda inventando, usando las palabras que me quedan más cerca y no aquellas que busco en la oscuridad con inquietud, ser una mejor alumna y confiar en el adagio de un buen amigo: “en las clases de idiomas importa hablar, no lo que dices; la verdad queda de lado”. Pero no dejo de sentir que mi mayor lección hasta el momento ha sido saber que en inglés yo ya no soy yo, sino apenas un remedo de mí misma. Tantos rostros se han impuesto sobre el mío que ya solo me concibo como extranjera de mis propias palabras. Me he robado un vocabulario, nada de lo que digo me pertenece.

Segundo acto: comienzo a sospechar que mi maestro, más que enseñarme un idioma, me está confeccionando una vida y una personalidad. ¿Cómo decirle que este enfoque turístico de comprar boletos de tren y pedir indicaciones en la calle poco le sirve a alguien que nunca ha salido del país? ¿Remotamente imaginará que mis opiniones en clase distan por completo de lo que pienso? Un antifaz para sobrevivir: eso es mostrarme interesada en lo que no me importa en absoluto. A voluntary burden is no burden o, mejor dicho, sarna con gusto no pica.

¿Qué es lo que saben de mí estas personas que solo me conocen por lo que puedo decir, no por lo que deseo comunicarles? Mis actividades favoritas: conversar, hacer bromas, dar clases, no las puedo poner en práctica a plenitud. ¿Qué de mí no está hecho de lenguaje? Soliloquio frente a la ventana. Cae el telón. Y con esta pregunta termina el tercer acto.

Laura Sofía Rivero
Ensayista. Ganadora del Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2020 por el libro Dios tiene tripas: meditaciones sobre nuestros desechos.

[Ilustración: Oldemar González – fuente: http://www.nexos.com.mx]

La llengua udmurta, parenta del finès, pateix la pressió assimiladora de l’Estat

Escrit per Àlex Bustos

Al centre d’Euràsia, al cor de Rússia, hi viu el poble udmurt des de fa segles. La seva llar, lluny del mar i de les fronteres amb altres Estats, actualment és una república de la Federació Russa de la mida d’Extremadura, situada entre el Volga i els Urals. Amb una cultura en regressió, alguns activistes miren de reviscolar-ne la llengua o l’antiga religió.

Aquest país boscós i poc poblat és conegut dins de la Federació Russa per ser un important centre productor d’armament ja des del segle XIX, però especialment des de la creació del fusell AK-47: aquí es va elaborar el primer model d’aquesta arma que va ser la insígnia de l’exèrcit soviètic. Actualment la indústria armamentística hi manté part de la seva producció.

El museu del kalaixnikov. Udmúrtia és des de fa dècades un important productor d’armes a Rússia: aquí es va crear el famós AK-47.

Més enllà d’això, el que fa diferent aquesta part de la Federació Russa és el poble udmurt, d’origen uràlic. Com moltes altres llengües i cultures indígenes del vast Estat euroasiàtic, la udmurta també corre perill de desaparèixer. El 10 de setembre del 2019, Albert Razin, un professor universitari i activista en defensa de la cultura local, es va immolar a la porta del Parlament de la República d’Udmúrtia per protestar contra la “desaparició de les llengües indígenes de Rússia”.

Adoració de la natura
Un dels motius que va portar Razin a immolar-se va ser el canvi de les lleis russes el 2018, que van treure pes a la llengua local dins del sistema educatiu, en relegar-la a una assignatura opcional. Sobre aquest canvi, el president rus Vladímir Putin va afirmar que “obligar a una persona [a aprendre una llengua] que no és la seva llengua materna és inadmissible, igual com reduir el nivell i les hores d’ensenyament del rus. El rus és la nostra carcassa espiritual del nostre país multinacional”.

Aquests canvis van provocar descontentament en diferents pobles de Rússia com els calmucs, els baixkirs, els txuvaixos, els buriats o els mateixos udmurts, que temen que això signifiqui una desaparició gradual de les seves cultures. Els canvis a la Constitució russa de 2020 van ser una passa més enllà en la russificació: el nou document reconeix el rus com la llengua de l’ètnia “creadora” de l’Estat, implicant que l’ètnia russa és la més real.

L’udmurt, malgrat que és una de les 35 llengües oficials de Rússia, es troba “seriosament en perill” segons l’Atles de la UNESCO sobre llengües en risc de desaparició. La mateixa UNESCO estima que 463.000 persones el parlen, basant-se en dades de 2002, tot i que el cens rus de 2010 va rebaixar la xifra fins a les 325.000. Actualment viuen prop d’un milió i mig de persones en tota la república.

Andrei Perevoztxikov, activista per la conservació de la seva llengua i xaman de la religió reviscolada del poble udmurt, o Udmurt Vos, opina que “això es deu als processos globals que [fan que la gent] abandoni els pobles perquè és més fàcil trobar feina a la ciutat”. Afegeix que, malgrat que “als pobles la gent es comunica activament en udmurt”, el nombre de parlants decreix cada any. Els llocs preferits per a migrar solen ser grans ciutats com Moscou i Sant Petersburg.

“Convertir l’udmurt en una llengua opcional a les escoles provoca que per als centres educatius sigui més difícil tenir materials” en aquest idioma, explica Perevoztxikov. Afegeix que als anys 90 “s’ensenyava més activament l’idioma i hi havia més recursos”.

A més de la seva cultura, el poble udmurt també té la seva pròpia religió, que va reviure després de la caiguda de la Unió Soviètica amb el renaixement de les creences religioses al país. Pocs udmurts —prop del 2%— són creients d’aquesta fe, que es caracteritza per deïficar la natura, el sol i altres fenòmens naturals. Algunes figures de la religió són Inmar, Kyldysin i Kuaz.

L’escut de la República d’Udmúrtia té l’origen en tradicions locals. Són destacats els símbols solars que hi apareixen, importants en les creences del poble udmurt.

Aquest conjunt de creences, com les defineix Perevoztxikov, forma part de la vida d’unes poques persones que han recuperat part de les seves arrels. Actualment existeix un sincretisme entre l’Udmurt Vos i el cristianisme ortodox, la religió majoritària al conjunt de la Federació Russa.

Una de les bases de la creença és “celebrar cerimònies o festes en boscos sagrats que encara es conserven en alguns llocs d’Udmúrtia”, explica el xaman. Lamenta que l’Estat rus “no dóna suport, i fins i tot diria que obstaculitza”, el manteniment de les tradicions dels pobles de Rússia.

El futur de l’udmurt
Tot i la davallada de parlants de l’udmurt, Dmitri Iefrémov, professor de la Universitat d’Ijevsk — la capital, Ij en udmurt—, explica amb optimisme que alguns joves participen en activitats de foment de la llengua, especialment a les ciutats grans. Si bé admet que a la capital es parla poc, valora positivament la difusió per xarxes socials que en fan els més joves.

Una de les paradoxes actuals a Udmúrtia és que, segons explica aquest professor universitari, la gent dels pobles cada cop parla menys udmurt, mentre que a les ciutats la gent jove veu amb bons ulls dir expressions udmurtes: està de moda. Iefrémov conclou que tot i aquest augment de l’interès, no n’hi ha prou, ja que cada cop menys gent jove parla i entén l’idioma.

Per a consolidar la llengua, el professor universitari assegura que és important ensenyar-la des de la infantesa “perquè si l’udmurt es perd al parvulari, és molt, molt difícil recuperar-lo de nou”.

Des d’Ijevsk es mira amb certa enveja els tàtars, un altre poble del país. Iefrémov argumenta: “Sempre han estat un exemple per a nosaltres, on la gent parla la llengua tàtara a tot arreu. Això es veu al carrer, o en algun tipus d’institució administrativa o en algun altre edifici o esdeveniment: la gent es comunica en tàtar, molta gent el parla”. Aquest idioma d’origen turquès és la segona llengua nacional més parlada a Rússia, amb 4 milions de parlants.

Tot i la pèrdua d’interès general, hi ha estrangers que van a Udmúrtia a aprendre l’idioma, que forma la família finouràlica amb el finès, l’hongarès, l’estonià i altres llengües dins de Rússia. Segons Iefrémov, qui aprèn la llengua udmurta a la universitat local acostumen a ser estudiants de Filologia o de Pedagogia, així com estudiants estrangers. Alguns, explica, fins i tot arriben a parlar-la sense accent, i quan enraonen amb nadius, aquests no s’adonen de la procedència del seu interlocutor. Els anys sense pandèmia, quan poden anar a la república sense problemes, la universitat els porta als pobles perquè puguin practicar amb gent local, ja que l’idioma s’hi parla més que no pas a la capital.

“De vegades, la gent gran amb qui parlen es demana: ‘Per què el meu nét o la meva néta no estudia la llengua udmurta, i en canvi els estrangers la coneixen tan bé i vénen a estudiar-la des de tan lluny, a milers de quilòmetres de distància?’”, comenta Iefrémov.

D’altra banda, Perevoztxikov es reafirma en la necessitat d’una major presència de l’udmurt en la vida diària per a conservar-lo. Posa l’exemple de la senyalització a la via pública: “Els noms dels carrers s’haurien de duplicar [en rus i udmurt]”, assegura. També posa l’èmfasi en els mitjans de comunicació, ja que dels deu mitjans de comunicació udmurts més llegits, únicament un es pot llegir en la llengua local.

Un factor important que juga contra la conservació de les cultures minoritzades a Rússia és el fet que, a diferència de cultures com la catalana o la corsa, no hi ha projectes polítics d’abast que les promoguin o les defensin. “Desgraciadament això no existeix aquí”, afirma Perevoztxikov. Això és extensible a altres cultures com la calmuca, la tàtara o la baixkíria.

 

[Fotos de l’autor – font: http://www.nationalia.cat]

El cantante de rap Liberato Kani lanzó su primer disco Chiqapwan Takisunchis (Hablemos con la verdad), enfocado en combatir la mentira y la desinformación en el Perú.

El disco promovido por el portal OjoPúblico cae de manera muy oportuna cuando el mundo conmemora el Día Mundial de la Lengua Materna que se celebra el 21 de febrero.

Chiqapwan Takisunchis no es solo el primero en su género, sino que reúne tres de la voces más contundentes de la música urbana en el Perú y reconoce la belleza de las lenguas originarias, indica OjoPúblico.

En los próximos días anuncia el lanzamiento del segundo tema con base en la lengua shipibo-konibo, escrito e interpretado por el artista Wihtner Fago, y un tercer tema en castellano, en la voz de Anaís Quispe, ya famosa como La Torita.

Un reportaje del programa dominical Frecuencia Latina ha vuelto popular a Liberato Kani, un joven de 27 años que pertenece a una familia de Apurímac.

Liberato Kani: “Ser quechua es ser un ciudadano del mundo”

El portal OjoPublico ha publicado una entrevista al cantante urbano Liberato Kani, que además de su talento para el rap suma un poderoso mensaje que rescata sus raíces andinas y las lleva a un plano global.

Desde que lanzó su primer disco “Rimay Pueblo” (La voz del pueblo o Habla el pueblo) en 2006, ha hecho presentaciones en Alemania, España, Estados Unidos, Cuba, Guatemala y Chile.

También ha aparecido en medios del exterior, como El País, de España, y The New York Times, de Estados Unidos. Dice que le falta ir a Bolivia, a Colombia y a la zona andina de Argentina, pero que ya llegará el momento.

Acceda a la entrevista completa a Liberato Kani con un clic en el siguiente enlace:

 

[Fuente: http://www.servindi.org]

Le ladino, ou judéo-espagnol, est une langue historiquement parlée par les Séfarades de la péninsule Ibérique et de l’Empire ottoman. Naguère en danger de disparition, l’idiome est désormais remis au goût du jour par des apprenants venus renouer avec leurs racines ou découvrir une nouvelle culture.

Des touristes visitent la synagogue historique de Tolède, érigée au XIIe siècle (et transformée en église catholique, Santa María la Blanca, au XVe siècle). Les Juifs séfarades expulsés de la péninsule Ibérique à la fin du XVe siècle se retrouvent pour une partie dans l’Empire ottoman. La langue judéo-espagnole qui y prospérait a connu un fort déclin, avant, aujourd’hui, d’attirer de nouveau de nombreux apprenants. (Espagne, 13 avril 2006.)

Écrit par Kenan Cruz Çilli

On le disait sur le point de disparaître, mais voilà qu’aujourd’hui le ladino suscite un engouement surprenant. Derrière le regain d’intérêt mondial pour cette langue se cache un événement pourtant peu exaltant : l’épidémie de Covid-19. L’une des conséquences inattendues de la pandémie est l’augmentation significative de la pratique du ladino… en ligne. Cette langue est en plein essor, comme en témoignent les nombreux cours et les conférences internationales hebdomadaires organisés sur Zoom ainsi que la multiplication des publications en ladino. Résultat : de nombreux spécialistes réajustent leurs prédictions pessimistes sur la vitalité de cet idiome.

Le phénomène ne se résume pas à l’augmentation du nombre de locuteurs et d’apprenants : les confinements successifs et le développement des activités en ligne ont également contribué à resserrer les liens de communautés séparées par des milliers de kilomètres, redonnant ainsi un second souffle à leur langue commune.

Une histoire méditerranéenne

Il suffit de jeter un œil à El Amaneser, un mensuel d’Istanbul exclusivement rédigé en ladino qui paraît depuis 2005, pour constater la forte hausse mondiale des activités liées à cette langue. En réaction à la demande florissante, le journal a décidé de publier chaque mois plusieurs pages d’articles écrits par des lecteurs, juifs ou non, qui apprennent le ladino en ligne. Ces étudiants, d’âges et d’horizons divers, contribuent à bousculer l’idée que cette langue, à l’écrit ou à l’oral, est réservée aux personnes d’un certain âge.

Avant la pandémie, les estimations du nombre de locuteurs du ladino, également connu sous le nom de judéo-espagnol, judesmo, spanyolit et djidio (en Bosnie-Herzégovine), oscillaient entre 60 000 et 400 000 individus. La base de données Ethnologue, qui recense toutes les langues…

[photo : REUTERS/Victor Fraile – lisez l’intégralité de ce billet sur http://www.haaretz.com : https://bit.ly/3kaAyGJ%5D

 

 

« Al-Kīmiyā », la revue de la faculté de langues et de traduction de l’université Saint-Joseph de Beyrouth (numéro 20)

Publié le mardi 09 février 2021 par Céline Guilleux

RÉSUMÉ

Le numéro 20 d’Al-Kīmiyā, la revue de la faculté de langues et de traduction de l’université Saint-Joseph de Beyrouth, interroge les relations indéniables qu’entretiennent les concepts de langue, de traduction et de sociétés. Elles font référence à une certaine interdisciplinarité qui s’est manifestée par l’émergence, depuis assez longtemps, de nouvelles disciplines et domaines de recherche. La sociolinguistique date des années cinquante du siècle dernier et les appels à l’institution d’une sociologie de la traduction ou d’une sociotraductologie remontent déjà à une vingtaine d’années. En effet, l’ouvrage de Jean-Marc Gouanvic, Sociologie de la traduction, la science-fiction américaine dans l’espace culturel français des années 1950, fut publié en 1999. Il s’agit donc de revisiter ces domaines plus ou moins établis pour tenter de rendre compte de l’état actuel des recherches ou perspectives de recherche dans les contextes sociaux d’aujourd’hui.

ANNONCE

Argumentaire

La thématique choisie pour le numéro 20 d’Al-Kīmiyā, la Revue de la Faculté de langues et de traduction de l’Université Saint-Joseph de Beyrouth, est « Langues, traduction et société ».

Les relations qu’entretiennent ces trois concepts sont indéniables, voire évidentes. Elles font référence à une certaine interdisciplinarité qui s’est manifestée par l’émergence, depuis assez longtemps, de nouvelles disciplines et domaines de recherche. La sociolinguistique date des années cinquante du siècle dernier et les appels à l’institution d’une sociologie de la traduction ou d’une sociotraductologie remontent déjà à une vingtaine d’années. En effet, l’ouvrage de Jean-Marc Gouanvic Sociologie de la traduction, la science-fiction américaine dans l’espace culturel français des années 1950 fut publié en 1999.

Il s’agit donc de revisiter ces domaines plus ou moins établis pour tenter de rendre compte de l’état actuel des recherches ou perspectives de recherche dans les contextes sociaux d’aujourd’hui.

La sociologie a très tôt considéré la langue comme un fait social (Durkheim cité par Wald, 2012). De son côté, le linguiste E. Benveniste a adopté une vision inverse assurant que « la société n’est possible que par la langue » (1962, p.376), ou même que « seule la langue permet la société. La langue constitue ce qui tient ensemble les hommes, le fondement de tous les rapports qui à leur tour fondent la société » (1974, cité par Boulet et Heller, 2007, p.309). Les recherches se sont alors multipliées considérant la langue comme une pratique sociale non figée, soumise aux interactions entre les acteurs de cette pratique dans le temps et dans l’espace. Cette approche parfois ethnographique s’intéresse à divers phénomènes sociaux comme le bilinguisme et le plurilinguisme mais aussi aux variations au sein d’une même langue. Loin d’être dépassées, ces thématiques de recherche méritent d’être revisitées à l’infini, au regard d’un monde où les sociétés sont en continuelles mutations. À l’air du numérique et des communications à distance, ne serait-il pas intéressant de voir ou de revoir de plus près le métissage des langues ou même la transgression de toutes les normes linguistiques surtout chez les jeunes ? Quelle serait l’influence de l’émigration intensifiée ces dernières années ? Quelles en sont les complications à l’intérieur des familles ? L’enseignement/apprentissage des langues ne devient-il pas un défi encore plus grand ? Ces questions et bien d’autres pourraient être traitées dans ce numéro. À noter aussi l’apport de la pensée de Pierre Bourdieu qui suscite l’intérêt des chercheurs depuis la publication de son ouvrage illustre sur la langue Ce que parler veut dire en 1982 . Les études ne cessent de reprendre les concepts de base qu’il a forgés, tels que l’habitus, le champ, le capital symbolique entre autres.

Modalités de contribution

Les chercheurs désireux de soumettre leur contribution sont priés de l’envoyer à l’adresse suivante : may.haddad@usj.edu.lb,

avant le 10 avril 2021.

Des propositions d’articles traitant de problématiques diverses pour la section Varia et les comptes rendus d’ouvrages seront également reçues.

La mise en forme

La rédaction se chargera du stylage des articles. Toutefois, les auteurs sont priés de respecter les consignes formelles suivantes :

  • Police : Times New Roman, Titre : 14 points en gras (en lettres majuscules). Nom de l’auteur : 10 points, nom suivi du titre académique et fonction. Résumé : 10 points. Texte: 12 points avec interligne simple. Notes de bas de page: 10 points. Pour les textes en arabe: Simplified Arabic. Titre : 16 points en gras. Nom de l’auteur: 12 points, nom suivi du titre académique et fonction. Résumé : 12 points. Texte : 14 points avec interligne simple. Notes: 10 points.
  • Les mots-clés (3 à 5) sont séparés par une virgule.
  • Les titres secondaires sont marqués en caractère gras en tête de paragraphe.
  • Les citations courtes (moins de 3 lignes) dans le corps du texte entre guillemets, les citations longues en exergue du texte en 10 points.
  • Les références bibliographiques dans le corps du texte suivent les normes : (Nom de l’auteur, date, page)
  • Les notes de bas de page sont réservées aux commentaires substantiels et informations complémentaires. Elles sont numérotées en continu.
  • La bibliographie placée en fin d’article suit les normes APA, 7ème édition. Les références doivent être romanisées. La revue adopte les règles ALA-LC (American Library Association- Library of Congress): https://www.loc.gov/catdir/cpso/roman.html

Exemple pour les monographies :

Nom de l’auteur, Initiale du prénom. (Année). Titre du livre : sous-titre. Maison d’édition.

Exemples pour les articles :

Nom de l’auteur, Initiale du prénom. (Année). Titre de l’article. Titre de la revue, volume (numéro), page de début-page de la fin.

Exemple pour les articles en ligne :

Nom de l’auteur, initiale du prénom. (Année). Titre de l’article. Titre de la revue, volume (numéro), page de début-page de la fin. Adresse URL / DOI (le cas échéant)

Présentation de la revue

Al-Kīmiyā est une revue publiée par la Faculté de langues et de traduction (FdLT) de l’Université Saint-Joseph de Beyrouth (USJ).

La revue Al-Kīmiyā, fondée en 2001-2002 sous cette appellation à partir des annales de l’Institut de langues et de traduction (ILT), publie principalement les recherches en traduction, en interprétation et en langues : traductologie, terminologie, histoire de la traduction, communication interculturelle, enseignement de la traduction, enseignement des langues et sciences du langage.

C’est une revue biannuelle plurilingue recevant des articles originaux en français, en arabe, en anglais, en espagnol, en italien et en allemand. Chaque numéro comprend un dossier thématique centré sur un sujet spécifique pouvant être commun aux disciplines propres à la traduction et aux langues, une section Varia et une section de comptes rendus d’ouvrages récents dans les domaines de la revue.

Al-Kīmiyā se veut un espace de réflexion donnant la parole aux chercheurs, enseignants, doctorants et professionnels des métiers de traduction et de langues.

Type de support : papier

ISSN : 2410-3128

En ligne : https://journals.usj.edu.lb/al-kimiya

Comité scientifique

  • Bert Barry (Saint Louis University- USA)
  • Christian Balliu (ISTI- Université Libre de Bruxelles-Belgique)
  • Enrico Monti (Université de Haute Alsace- France)
  • Gina Abou Fadel Saad (FdLT- Université Saint-Joseph de Beyrouth, Liban)
  • Hannelore Lee-Jahnke (Ex directrice de l’ETI, FTI- Université de Genève-Suisse)
  • Jean Soubrier (Université Lumière Lyon 2- Professeur émérite-France)
  • Julio Murillo (Universitat  Autónoma de Barcelona -Espagne)
  • Marianne Lederer (ESIT- Université Sorbonne Nouvelle-Paris3-Professeur émérite-France)
  • May Hobeika Haddad (FdLT- Université Saint-Joseph de Beyrouth, Liban)
  • Nadine Riachi Haddad (FdLT- Université Saint-Joseph de Beyrouth, Liban)
  • Nicolas Froeliger (Université Paris Diderot-Paris7-France)
  • Stéphanie Schwerter (Université Polytechnique- Hauts-de-France- France)

Rédactrice en chef

May Hobeika Haddad

Politique éditoriale

Les appels à contribution pour le dossier thématique sont lancés deux fois par an. Cependant, les contributions traitant de problématiques diverses et originales peuvent être reçues à tout moment de l’année pour une publication éventuelle dans la section Varia.

Al-Kīmiyā n’accepte que les articles originaux en français, en arabe, en anglais, en espagnol, en italien et en allemand, non publiés et non soumis à une autre revue. Le plagiat aboutit à un rejet automatique de l’article.

Toutes les contributions sont soumises à un processus d’évaluation :

  • Les auteurs envoient leur texte par courriel comportant :
  • Le titre de la contribution
  • Deux résumés de l’article : l’un dans la langue de l’article et l’autre en anglais, de 600 à 800 signes chacun.
  • 3 à 5 mots-clés dans les deux langues des résumés
  • Le texte :
    • L’article : 25000 à 35000 signes, espaces compris
    • Les comptes rendus : 7000 à 10000 signes, espaces compris.
  • Une notice biobibliographique de l’auteur (500 à 800 signes)
  • L’article est examiné d’abord par le rédacteur en chef qui le soumet à l’évaluation en double aveugle par deux experts du comité de lecture.
  • Les experts complètent et signent un formulaire donnant leurs avis et recommandations.
  • Les auteurs sont avertis des résultats de l’évaluation dans un délai de 6 semaines et peuvent apporter les modifications demandées dans un délai de 20 à 30 jours.
  • Le manuscrit est réexaminé par le comité de rédaction et éventuellement par un troisième expert.
  • La décision finale prise par le comité de rédaction est transmise à l’auteur.

La liste des membres du comité de lecture formé des évaluateurs est clairement mentionnée à la publication de chaque numéro.

Références indicatives

Benveniste É. (1962). Coup d’œil sur le développement de la linguistique. Comptes rendus des séances de l’Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. 106ᵉ année, (2), 369-380. doi: https://doi.org/10.3406/crai.1962.11477

Boutet, J. & Heller, M. (2007). Enjeux sociaux de la sociolinguistique : pour une sociolinguistique critique. Langage et société121-122(3-4), 305-318. https://doi.org/10.3917/ls.121.0305

Flynn, P. (2018). Ethnography. Dans L. D’hulst et Y. Gambier (dir.), A history of Modern Translation Knowledge, (p. 325-330). John Benjamins Publishing.

Froeliger. N. (2018). Pergnier, Maurice (2017) : Fondements sociolinguistiques de la traduction. Paris :Les Belles lettres (Collection Traductologiques)- Compte rendu. Sociolinguistica, 32 (1), 285-288.

Gambier, Y. (2007). Pour une socio-traduction. Dans J, F. Duarte. A. Assis Rosa et T. Seruya (dir.), Translation Studies at the Interface of Disciplines, (p.29-42).  John Benjamins Publishing.

Gambier, Y. (2007). Y a-t-il place pour une socio-traductologie? Dans M. Wolf et A. Fukari (dir.), Constructing a Sociology of Translation, (p.205-217). John Benjamins Publishing.

Gouanvic, J-M. (1999). Sociologie de la traduction : La science-fiction américaine dans l’espace culturel français des années 1950. Artois Presses Université. doi: 10.4000/books.apu.6046

Grenfell, M. (2009). Bourdieu, Language, and Literacy. Reading Research Quarterly, 44 (4), 38-448. https://ezproxy.usj.edu.lb:2134/10.1598/RRQ.44.4.8

Hanks, W. (2005). Pierre Bourdieu and the Practices of Language. Annual Review of Anthropology, 34, 67-83. http://www.jstor.org/stable/25064876

Le Manchec, C. (2002). Le langage et la langue chez Pierre Bourdieu. Le français aujourd’hui139(4), 123-126. https://doi.org/10.3917/lfa.139.0123

Pergnier, M. (2017). Fondements sociolinguistiques de la traduction. Les Belles Lettres.

Wald, P. (2012). « La langue est un fait social ». Rapports entre la linguistique et la sociologie avant Saussure: Conférence à l’Université de Tunis (décembre 1999). Langage et société, 142(4), 103-118. https://doi.org/10.3917/ls.142.0103

Wolf, M. et Fukari, A. (dir.). (2007). Constructing a Sociology of Translation. John Benjamins Publishing.

CATÉGORIES

LIEUX

  • Université Saint-Joseph de Beyrouth. Campus des Sciences humaines, rue de Damas
    Beyrouth, Liban

DATES

  • samedi 10 avril 2021

MOTS-CLÉS

  • langue, traduction, société, culture

CONTACTS

  • Hobeika Haddad May
    courriel : may [dot] haddad [at] usj [dot] edu [dot] lb

SOURCE DE L’INFORMATION

  • Hobeika Haddad May
    courriel : may [dot] haddad [at] usj [dot] edu [dot] lb

POUR CITER CETTE ANNONCE

« Langues, traduction et société », Appel à contributionCalenda, Publié le mardi 09 février 2021, https://calenda.org/839545